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Spanish Pages [523] Year 1982
Alianza Universidad
Otras obras de Leszek Kolakowski en Alianza Editorial LB 251 El hombre sin altcrnatioa LB 658 Husserl y la búsqueda de certeza AU 276 Las principales corrientes del marxismo 1. Los fundadores
L eszek Kol akowslci
Las principales del marxismo.
co~rientes
Su nacimiento, desarrollo
y disolución II. La edad de oro Versión española de Jorge Vigil
Alianza Editorial
Título original; GlOWIIC Nurty Marksizmu JI
© Leszek Kolakowskí, 1976, 1977, 1978 © Ed. casr .: Alianza Editorial, S. A., Madrid 1982 Calle Milán , 38; 'JI" 2000045 ' ISBN; 84-206-2976·6 (O. C.) ISBN: 84-206·2314-8 (Tomo 2) Depósito legal; M. 27.185·1980 Compuesto en Linotipias Fernández, S. A. Oudrid, 1L Madrid-20 Impreso' en Closas-Orcoyen, S. 1. Pol ígono Igarsa Paracuellos del jarama (Madrid) Printed in Spain
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El marxismo
y la Segunda Internacional . La ortodoxia alemana: Karl Kautsky .. Rosa Luxemburg y la izquierda revolucionaria . Bernstein y el revisionismo . jean jaures: El marxismo como soreriología .. Paul Lafargue: Un marxismo hedonista . Georges Sorel: Un marxismo jansenista . Antonio Labriola: Un intento de ortodoxia abierta .. 9. Ludwik Krzywicki: El marxismo como instrumento de la sociología ~ .. 10. Kazimierz Kelles-Krauz: Una rama polaca de la ortodoxia . 11. Stanislaw Brzozowski: El marxismo como subjetivismo histórico . 12. Austromarxistas, kantianos en el movimiento marxista, socialismo ético . 13. Los comienzos del marxismo ruso 14. Plekhanov y la codificación del marxismo .. 15. El marxismo en Rusia antes de la aparición del bolchevismo . 16. El ascenso del leninismo .. 17. Filosofía y política en el movimiento bolchevique . 18. La fortuna del leninismo: De una teoría del Estado a una ideología de Estado . oO • • •
Indice analítico
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Capítulo 1
EL MARXISMO Y LA SEGUNDA INTERNACIONAL
El periodo de la II Internacional (1889-1914) puede ser denominado sin exageración la edad de oro del marxismo. La doctrina marxista había sido definida con suficiente claridad como para constituir una escuela, de pensamiento reconocible como tal, pero no estaba rígidamente codificada o sometida a una ortodoxia dogmática como para excluir la discusión o la defensa de soluciones rivales a los problemas teóricos y tácticos. Con seguridad, ni en esta época ni en ninguna otra puede identificarse al movimiento marxista con la ideología de los partidos que pertenecieron a la II Internacional. Las múltiples fuentes del socialismo europeo' no se habían agotado, pero tenían poca importancia en comparación con las teorías de Marx, aparentemente consistentes y universalmente aplicables. Sólo en Alemania fue posible, a pesar de la larga tradición del Iassallisrno, elaborar y mantener por tiempo considerable una ideología uniforme basada en premisas marxianas o generalmente consideradas como tales. El partido francés dirigido pOI Guesde podía haber reivindicado la ortodoxia para si, pues su programa había sido redactado bajo los auspicios y con la ayuda del propio Marx; pero el movimiento socialista francés estuvo durante algún tiempo en estado de desmembramiento, y la tradición marxista era más viva en unos que en otros sectores. En Austria, Rusia, Polonía, Italia, España y Bélgica y en cualquier otro país con un movimiento socialista de trabajadores, su ideología estuvo permeada por el marxismo en mayor o menor grado. La influencia del marxismo fue menor en Inglaterra, el país en que se había formulado su doctrina básica: 9
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Las principales corrientes del marxismo
el socialismo inglés era más deudor de las ideas de Owen, Bentham y S. Mill. En general en Europa ser socialista no era necesariaI?e.nte
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ser marxista pero, a excepción de en Inglaterra, 1~ teoría socialista había sido obra de personas que se declaraban marxistas, aun cuando cada una de ell as entendiera este término a su modo . No había una clara distinción entre socialistas teóricos y prácticos : adem ás de los muchos teóricos del socialismo, los líderes de partido como Bebel, Guesde Víctor Adler y Turati, que no eran intelectuales ni tenían la ambici ón de desarrollar la teoría socialista , eran, sin embargo, hornbres cultos y suficientemente capaces de tomar parte en las discu~io nes teóricas . El calibre intelectual general de los líderes de partido no alcanzaría nunca un tan alto nivel, ni entre los socialdemócratas ni entre los comunistas. El marxismo parecía estar en la cúspide de su 'fuerza intelectual. No era la relig ión de una secta aislada, sino la ideología de un poderoso movimiento político; por o tra parte, .no tenía medíos de silenciar a sus oponentes, y los hechos de la vida política le obligaban II defender su posición en el terreno de la teoría, De esta forma, el marxismo apareció en los medios intelectuales como una doctrina seda, que incluso sus adversarios respetaban. Tenía formidables defensores como Kautsky, Rosa Luxemburg, Plekhanov, Bernstein, Lenin, JaUIeS, Max Adler, Bauer, Hilíerding, Labriola, Pannekoek Vandervelde y Cunow pero también críticos eminentes como Croce 'Sombart Masaryk, Simmel, Starnmler, Gentile, Bohm-Bawerk y Pet~r ·Stru ve.' Su influencia se extendía más allá de~ círculo inmediato de sus fieles, a historiadores, economistas y SOCIólogos que no profesaban el marxismo pero adoptaron determinadas ideas y categorías marxistas. Las principales características de la doctrina marxista estaban lógicamente ligadas a su situación social y su función política., Muchos fueron los factores que contribuyeron a su desarrollo como ideología del movimiento obrero, pero al mismo tiempo, en tanto este desarrollo estuvo afectado por las corrientes políticas del momento, su alcance se v io limitado en muchos aspectos. El cuarto de siglo de la II Internacional conoció la publicación de muchas obras teóricas importantes sobre los problemas generales del materialismo histórico, la interpretación marxista de las diversas etapas y sucesos históricos y la economía del imperialismo. Surgió una escuela roa.rxista de a;te y estética (Plekhanov, Lafargue, Mehring , Klara Zetkin y Henriette ~~land Holst) y se publicaron diversas obras sobre teoría de la religión y etnología (Cunow, Krzywicki y KeJles-Krauz)., Sin embar~o, ?? hubo un desarrollo similar en los ámbitos más estrrctamente filos óficos de In cpistemologfa y la antropología. Quienes se consideran a sí mismos
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El marxismo y la Segunda Internacional
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marxistas pueden dividirse en dos grul?.9.~_ según su actitud hacia las premisas filosóficas del marxismo. Un grupo adoptó la idea de que el marx ismo era una teoría del desarrollo social y en especial de la sociedad capit alista y su inevitable colapso, y de que esta teoría podía ser complementada y enriquecida sin contradicción por doctrinas filo. s éficas derivadas de otras fuent es, en particular por el kantismo y el positivismo. De esta forma intentaban unir el materialismo histórico con la ética kantiana (como hada el socialismo ético ) o la epistemología empireocriticista (por ejemplo, los seguidores rusos de Ernst Mach y de Fr iedrich Adler). Sin embargo, la mayoría ortodoxa mantenía que la doctrina marxista contenía respuestas a todos o a la mayor parte de los problemas de la filosofía y que las obras de Engels, en especial el Anti-Diibring y Ludtoing Feuerbacb, eran el desarrollo natural de las teorías económicas y sociológicas de Marx. Quienes consideraban al marxismo como un todo singular y uniforme -por ejemplo, Kautsky, Plekhanov y Lenin- no añadían mucho a la filosofía popular de Engels y se limitaban por lo general a repetir sus conclusiones sumarias, o a aplicarlas a la crítica de nuevas tendencias idealistas . Tras la muer-' te de Engels, los socialistas alemanes publicaron muchas de las obras de Marx previamente desconocidas -como las Teorías sobre la plusualia, parte de la Ideología Alemana, la correspondencia con Engels y con otras personas y la tesis doctoral- pero seguí an sin publicarse otros textos de gran valor filosófico, como por ejemplo, los Manuscritos de París de 1844, la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel y los Grundrisse. Algunos seguidores, como Sorel y Brzozowski, intentaron distinguir el materialismo de Engels de la antropología rnarxiana, pero estos intentos no conformaron una tendencia signifi cativa y no desempeñaron un papel decis ivo. En conjunto, el marxismo como teoría filos ófica general se convirtió en letra muerta o adoptó una forma ecléctica, a pe sar de la gran cantidad de literatura in terpretativa de las premisas principales del materialismo hist órico, Se conocían y citaban las Tesis sobre Eeuerbacb, pero más como piezas retóricas que como objetos de análisis serios. Las categorías tales como alienaci ón, reificación y praxis, tan frecuentes hoy día , recibieron una . escasa atención en la literatura marxista. La II Internacional no fue una organización uniforme y centralizada con un cuerpo de doctrina elaborado y reconocido por todos sus miembros, sino más bien una amplia federación de partidos y sindicatos que actuaban independientemente pero unidos por su fe en el socialismo. No obstante, la Internacional parecía ser la primera encarnación del sueño de Marx, que también 10 fue de Lassall e, de un matrimonio entre la teoría socialista y el movimiento de tr abajadores,
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Las principales corrientes del marxismo
entre la lucha de clases y el análisis científico de los procesos sociales, dos fenómenos de origen independiente, condenados a la impotencia en tanto no alcanzaran este estado de simbiosis o identidad. Aunque las tradiciones del socialismo no marxista no hubieran perdido su fuerza (el lassallisrno en Alemania, el proudonismo y el blanquisrno en Francia, el anarquismo en Italia y España, el utilitarismo en Inglaterra), fue el marxismo el que se convirtió en la forma dominante del movimiento obrero y en la verdadera ideología del proletariado. Al contrario que la 1 Internacional, que fue un centro ideológico más que una organización del movimiento obrero, la IX Internacional fue una unión de los partidos representativos de las masas. Sin embargo, ¿qué significaba ser marxista dentro de los veinticinco años anteriores a la 1 Guerra Mundial? En relación a los estereotipos de! período, la noción del marxismo puede definirse simplemente enumerando algunas ideas clásicas que distinguían a los marxistas de los partidarios de todas las formas de socialismo utópico y anarquismo, y a [ortiori de las doctrinas liberales y cristianas. Era marxista quien aceptaba las siguientes proposiciones: Las tendencias de la sociedad capitalista, y en especial la concentración de capital, han activado la tendencia natural del proceso histórico hacia el socialismo, que es la consecuencia o bien inevitable o bien más probable de los procesos de acumulación. El socialismo supone la propiedad pública de los medios de producción y por tanto la abolición de la explotación y de los beneficios no trabajados, del privilegio y la desigualdad derivados de la desigual distribución de la riqueza. Con él no habrá discriminación de raza, nacionalidad, sexo o religión, ni tampoco un ejército permanente . Habrá igualdad de oportunidades para la educación, libertad democrática para todos -libertad de expresión y reunión, representación popular a todos los niveIes- y un sistema global de bienestar social. El socialismo interesa a toda la humanidad y hará posible el desarrollo universal de la cultura y el bienestar, pero quien determina los standards en la lucha por el socialismo es la clase trabajadora como productora directa de todos los valores básicos y como la clase más interesada en la abolición del trabajo asalariado. El progreso hacia el socialismo exige una lucha económica y política por parte del proletariado, que debe luchar por la mejora de su situación a corto plazo dentro del sistema capitalista y debe hacer uso de todas las formas políticas, y en especial de las parlamentarias; para luchar en favor del socialismo el proletariado debe organizarse