Conocimiento Total Y Expansion De La Conciencia

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CONOCIMIENTO TOTAL Y EXPANSION DE CONCIENCIA

Por Fernando Baena Vejarano

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Esta conferencia es una larga justificación de su propio título. ¿cómo así que “conocimiento total” ?. ¿Qué es eso de “total” ?. ¿y con qué derecho puede aplicarse un adjetivo tan ambicioso a un sustantivo que parece, intrínseca y necesariamente limitado, parcial?. No podemos sino detenernos en los términos mismos. Solemos asociar ciencia y conocimiento, porque, luego de varios siglos de penetración, el cientificismo ha impregnado la cultura mundial. De modo que hasta pondríamos como sinónimas exactas las palabras “ciencia” y “conocimiento”, como si no hubiera conocimiento por fuera de las fronteras de la ciencia, como si fuesen un mismo territorio inexpugnable , intocable. En la biblia se lee que tal o cual mujer “no conocía varón”, con lo que se quiere decir que no había tenido intimidad sexual. Se trata de una significación ya olvidada del verbo “conocer” : en este caso, su sinónimo no es “ciencia” sino contacto corporal, experiencia sensual, fusión amorosa. Es un significado que sorprende al que relaciona el conocimiento con la distancia, la objetividad, la puesta a prueba de la naturaleza, el experimento, el aislamiento de variables, la falsación de una hipótesis, la medición exacta de un fenómeno, la cautela y la frialdad propias del laboratorio. No se habla, en las comunidades científicas de “conocimiento total”, claro que no. Y la razón es que el universo ha quedado compartimentalizado, repartido entre los especialistas. Cada ciencia se ha pedido un objeto, y lo ha resguardado con celo, lo ha defendido como un territorio que nadie debiera invadir. Más y más información se ha obtenido en más y más ciencias sobre más y más subterritorios, más especializaciones. Lo interdisciplinario resulta un diálogo entre fronteras, en las que se correlaciona información obtenida en un territorio con información obtenida en otro, para crear un tercer territorio. Pero no se consigue con ello una integración, una ampliación orgánica de los objetos de estudio asociados, ni se aspira a ello; sino que lo que se quiere es colocar una nueva bandera sobre la luna, proclamar la propiedad sobre una nueva colonia construida sobre nuevos problemas de investigación.Todo esto está bien: esta ha sido la historia de la ciencia, y no sobran razones para quienes una expresión como “conocimiento total” suena a peligro totalitarista, a sueño dogmático, a obscurantismo medieval, a fraude omnicomprensivo o a proyectos ya olvidados de la filosofía por construir una teoría sobre la totalidad: Hegel, spinoza, Marx. El enciclopedismo fué, a su modo, el sueño ilustrado por un conocimiento total. Su visión era cuantitativa e ingenua: Voltaire y Rousseau pensaban que era posible escribir un libro que fuese la suma de todos los conocimientos, y lo llamaron enciclopedia. Este es un proyecto que hoy a nadie , excepto en la literatura de Borges, se le ocurriría. Puede que internet sea ya ese libro, pero no tiene un principio ni un final, y solo a un demente se le antojaría posible terminar su lectura. Si por total se entiende la suma total, hay que ser tajantes: el conocimiento total, hasta para el más estudioso y capaz, es imposible: ni hay tiempo biográfico para adquirirlo, ni se deja de producir más y más información

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sobre más y más temas que requerirían , por lo tanto, de una vida de estudio igualmente infinita. Quedan otras alternativas. La primera, aspirar a una aceptable información general :propósito de la educación primaria y secundaria. Luego de esto, adquirir habilidades competitivas para el mercado laboral: propósito de la educación universitaria profesionalizante. Esto, sin duda, es mas o menos posible. En este caso, conocimiento e información se toman como equivalentes: y este es el gran supuesto de la educación instruccional. Quitémosle los vicios memorísticos a la educación instruccional, y hablemos de formar al alumno para adquirir habilidades investigativas, pero de todos modos lo que nos resulta es una concepción no menos obtusa, instruccional todavía en la medida en que gira en torno al objetivo de adquirir información y de saber producirla. ¿Es que educarse es sinónimo de tener y saber adquirir datos para poder realizar acciones socialmente útiles?. ¿ o es algo más ?. Somos algo más que una computadora conectada a un robot sensorio-motor. Procesar información conceptual adquirida por medios científicos y saberla usar no lo es todo. Así que un enfoque cognitivista y cientificista de la educación se sigue quedando corto. Para alargarlo, se inventó la educación en valores. Pero esta, a su vez, debería declarar sus limitaciones: no es algo que convenga al “marketing” ni a la imagen de las instituciones que se autoproclaman humanistas. La educación en valores se ha puesto de moda en un país como Colombia, por una sencilla ley de oferta y demanda. Como nos agredimos cotidianamente, demandamos a la educación que nos supla la falta. Y las universidades hacen su negocio bienintencionadamente, pero, sin confesarlo, con una desesperanza de fondo.El país no era más violento antes de que los violentólogos hicieran su debut, de lo que se deduce que el análisis de la guerra no la ha evitado, sino que lo ha seguido. La reflexión sobre la intolerancia es posterior a la intolerancia,¿pero es capaz de reducirla, y en un futuro, sería capaz de prevenirla?. Este ha sido el recurso típico de solución occidental a los problemas axiológicos y sico-sociales : empezar a tejer explicaciones, interpretaciones, teorías: cuando el análisis se ha sofisticado lo suficiente, el diagnóstico se ha vuelto multicausal, y las soluciones multidisciplinarias que se propongan serán siempre demasiado costosas, largas ,y difíciles de implementar, aún con la mejor voluntad política. Además, como en la medicina tradicional, se sabe más acerca de la enfermedad que de la salud. Se sabe más sobre el conflicto sico-social que sobre su prevención, como se sabe más sobre el pecado que sobre la santidad, sobre la violencia que sobre la paz, sobre la causa de la pérdida de los valores que sobre los métodos para preservarlos y fomentarlos. Ojalá tuvieran un enfoque más preventivo que diagnóstico o terapéutico las especializaciónes en manejo de conflictos, los talleres para padres, las terapias de pareja; y en general todas las metodologías educativas dirigidas a la llamada “formación en valores”. Hay que confesarlo : si el conocimiento adquirido por la sociedad en general, así como por sistemas y enfoques educativos en “formación en valores” hubiese sido apropiado a los ideales axiológicos, actitudinales y conductuales

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que persiguen; no tendríamos los niveles de corrupción , violencia,desorden, baja calidad de vida , mala relación con el ambiente ecológico e injusticia social que tenemos en nuestro país y en el planeta. Tampoco, entonces, puede pretenderse que los sistemas educativos actuales, por el mero hecho de agregar actividades “formativas” al currículo cognitivista ;satisfagan la necesidad de una educación integral. Además de la dimensión cognitiva y de la axiológico-social, la dimensión espiritual también parece insuficientemente abordada por la educación. Estas tres dimensiones humanas, para comenzar, no existen separadas; aunque se quiera estudiarlas por separado. Cada una queda coja sin las otras. Por supuesto, el énfasis occidental es cognitivista y cientificista: la prueba es que estamos mejor preparados para una guerra tecnológica que para una convivencia armónica, y que sabemos más sobre la estructura del átomo que sobre el desarrollo del potencial del ser humano o el propósito espiritual de la existencia , si es que aceptamos que haya alguno. Nuestros conocimientos sobre el universo no están orientados axiológicamente, porque hemos escindido el mundo de los hechos objetivos de la dimensión afectivoexistencial. Cuando la ciencia moderna nació, tuvo que hacerlo contra la religión y sus dogmas. Como en aquel entonces la religión occidental era dueña de la espiritualidad y amiga del fanatismo dogmático; los científicos se lavaron las manos respecto al problema del sentido de la vida humana y de su orientación sico-social y transpersonal ;que eran temas apropiados por la iglesia y patentados a nombre del papa. La libre investigación promulgada por la ciencia no incluyó la libre indagación sobre el sentido de la vida humana, debido a una salomónica repartición del botín del conocimiento. Las ciencias empírico analíticas tomaron para sí el mundo objetivo, el mundo de los hechos objetivables, y representaron ese mundo pre-verbal, presimbólico; con la coherencia que el método científico hipotético deductivo les aportó. Las ciencias histórico- hermenéuticas hicieron lo suyo, con el más maleable método de simbolizar símbolos y significar significaciones, en un permanente proceso de construcción cultural de interpretaciones sobre el mundo social, sujeto a intereses y subjetividades relativizables en grado sumo: su objetividad radica en la intersubjetividad de las construcciones históricas, que es cambiante y nunca fundamental. El ser humano es , en todo caso,”homo sapiens”, un animal cerebrado y lingüístico;cuyo sentido de vida el mismo inventa, en un universo desprovisto por sí mismo de sentido propio, hecho de materia dispuesta por el azar como vida. Ni siquiera las ciencias crítico-sociales, fundadas en el propósito de dar orientación axiológica a sus ciencias hermanas;tienen que suponer un sentido ontológico propio de la existencia humana y cosmológica, por lo que el sentido no puede ser sino inmanente,aunque éticamente orientado :procurar la mayor felicidad para el mayor número de seres humanos que sea alcanzable, por los medios más dialogales y armónicos que se puedan. ¿Hay, sin embargo, un sentido propio al universo, una orientación que no sea el mero producto de la imaginación y de las necesidades humanas, reductible a procesos sicológicos o sociológicos subjetivos del primate sapiens ?. ¿Estamos conectados con algo más que con nosotros mismos? ¿Hay una dimensión

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sagrada, transpersonal, transhumana?. Decir que no y dar una racionalización cualquiera, por ejemplo cantar el catecismo marxista o freudiano;puede ser una forma de abordar esta pregunta, la más usual. Cuando galileo dijo estar viendo cráteres en la luna con su telescopio, los teólogos se negaron a mirar: no era necesario, porque ya se sabía que no hay cráteres en la luna, ya que los silogismos aristotélicos dejaban demostrado que el mundo celeste es perfecto, y que una esfera irregular en su superficie no lo sería. La educación no debería dejar al educando sin la oportunidad de indagar por el sentido de la existencia, o por la existencia de lo sagrado y de lo transpersonal. Eso sería como prohibir el uso de telescopios en la época de galileo, para que los estudiantes no pierdan tiempo buscándo cráteres que no existen. Pero ese terreno de lo espiritual, como dice Ken Wilber en su epistemología de lo sagrado titulada “los Tres Ojos del conocimiento”, tiene sus propios métodos de investigación, diferentes a los que convienen a las ciencias empírico-analíticas y a las hermenéutico- histórico-sociales. Tal vez sea en este nuevo terreno donde sea posible un conocimiento no fragmentado por la necesaria especialización de los terrenos cognitivos, no imposible de accesar en su totalidad por la multiplicación incesante de información; no reducido al eudemonismo ético y humanista de la teoría Habermasiana, y no carente de una verdadera eficacia preventiva y terapéutica en lo tocante al mejoramiento axiológico del individuo y de la sociedad. A esto, entonces, sí podría llamársele “conocimiento total”. Por conocimiento total, como queda claro, no podríamos entender entonces información definitiva ni información completa sobre la totalidad de lo que existe. ¡claro que no!. En el terreno de lo cognitivo-conceptual tal utopía no es posible, por el ritmo de aumento de la información, que es geométrico;y por la capacidad temporal y cognitiva limitada del aprendiz, que suele ser finita. Ni siendo genio e inmortal se podría lograr tal monstruosidad, para desgracia del siglo de las luces. Pero en lo que toca a la formación axiológica y a la indagación por el sentido del ser ¿no será posible un conocimiento total, es decir, resolutorio sobre la totalidad de lo que existe,sobre el sentido de uno mismo en esa totalidad, sobre la relación axiológica de uno mismo con el universo, y sobre la identificación, pertenencia y entrega del propio ser a esa dimensión de lo transpersonal, de lo sagrado?. Estámos preguntándonos si es posible dar respuesta a la aspiración tradicional del buscador de la verdad. Este buscador se escindió, en la historia de occidente, en varias personalidades: el religioso, el poeta, el científico empírista, el científico social o hermeneuta, y el filósofo racional :un típico caso de personalidad múltiple. La consecuencia de la repartición de las preocupaciones humanas en diferentes facultades y departamentos universitarios fue el olvido de la aspiración epistémica fundamental, que se enuncia así : ¿hay un sentido total, o cómo puedo vivenciarlo más intensamente?. Hay un sentido, sin duda, pero no se le vivencia siempre con la misma intensidad. Vivido en su grado mínimo es crisis existencial, en el sentido

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sartriano, que casi colinda con la fé en la inexistencia de un sentido. Pero no se trata de tener fé en el ateismo ni en Dios, sino de indagar con los medios correctos:como dice Wilber, con el ojo del espíritu. Vivido en un grado algo mayor, el sentido nos deja permanecer en lo cotidiano sin mayores angustias, ocupados por objetos de satisfacción perseguidos que ocupan nuestra atención, alienados muchas veces por ellos. Luego algo nos saca de la rutina: la muerte de un ser querido, una enfermedad, una crisis afectiva, el dolor de una guerra propia o ajena: y entonces recordamos la pregunta, para poner al acontecimiento en un orden de sentido, para hacerlo comprensible: ¿hay un sentido total, o cómo puedo vivenciarlo más intensamente?. Ese sentido se filtra en las relaciones interpersonales amorosas, en el gozo estético, en la relación contemplativa con la naturaleza, y en la piedad religiosa. Pero no está a nombre de la religión, ni del arte, ni del amor romántico. No es una propiedad, sino que siempre se escurre de las manos del avaro epistemológico;y, por supuesto, ya no está en las del amante posesivo, en las del hedonista, ni en las del fanático religioso. ¿Pero ese sentido puede intensificarse ?. Mayor y mayor sentido sería mayor y mayor aproximación a la vivencia fenomenológica, vivencial, existencial, trans-istencial del sentido de la totalidad. Pero esto no supone la distancia, sino la proximidad. No una epistemología de la diferencia entre el sujeto y el objeto, sino una lúdica de la fusión entre sujeto y objeto, una erótica si se quiere, una mística si puede decirse. ¿Es posible? Esta pregunta nos conduce a otros temas . Como se trata de averiguar si un tipo de información no conceptual, sino vivencial, del sentido de la totalidad, es accesible al ser humano; se trata de nuevo de preguntar si es posible al ser humano tal conocimiento, y si, siendo posible , pudiera enseñarse hasta que forme parte del currículo de todo sistema educativo. Tal vez resuelta esa necesidad fundamental de sentido en un grado mayor al que la calidad de vida actual le permite ser resuelta; entonces también disminuirían los problemas axiológico-sociales y se lograría prevenirlos, y entonces los avances cognitivocientíficos se orientarían espontaneamente en una dirección más evolutiva. Pero ¿ cual será la capacidad del cerebro humano y del instrumento mentecuerpo, para captar en un grado más intenso el sentido de la totalidad, y adquirir conocimiento total ?. ¿ Puede el cerebro despertar a algo más que a la actividad reflexivo-conceptual, a una intuición superior, a una vivencia integradora, a un conocimiento que informe teleológica y axiológicamente al educando sobre lo sagrado ?. La epistemología se vuelve en este momento un asunto de erótica y de mística, cuando la intencionalidad cognoscitiva ya no está dirigida al análisis detallado de un fenómeno social o natural, sino a la comprensión de la totalidad, y de mi propio ser en relación con la totalidad.Lo interesante es que entonces pueda ser la misma fisiología del cerebro la que nos dé las claves sobre la epistemología de lo sagrado. La comprensión sobre nuevos paradigmas en las vanguardias de la psicología, la biología y la física; nos ilustran en dirección a una respuesta afirmativa para la pregunta de si es posible un conocimiento total. Además de esta plausibilidad teórica contamos, por supuesto, con los

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testimonios subjetivos, pero repetida y semejantemente presentes, de personas que dicen haber vivenciado, con mayor o menor intensidad, de manera más permanente o más fugaz; esos raptos de sentido y pertenencia a lo sagrado, a la totalidad.

Si fueramos, de algún modo, la totalidad; si , por ejemplo, el cerebro tuviera la capacidad de sintonizar, de fusionarse, con la totalidad, entonces el conocimiento total sobre la totalidad sería posible en y por el cerebro. Pero nos parece que el cerebro está separado del universo, porque nos figuramos que una cosa ,”adentro”, es lo que está en la caja craneal, y otra cosa “afuera” es el universo. Si están separados, entonces el sujeto no puede ser el objeto, sino solo conocer, perspectivísticamente, el objeto, y nunca del todo. Pero ¿ y si el objeto estuviera ya dentro del sujeto?.Entonces ni siquiera sería necesaria una extroversión del sujeto hacia el objeto : ¡bastaría con que el sujeto despertara dentro de sí mismo al objeto, en virtud a su identidad preestablecida con el objeto!. ¿Hay casos tales, en los que la información sobre una cosa esté presente en otra, sin que una de ellas haya tenido que “salir” a buscar a la otra para averiguar su estado y su estructura?. Sí los hay. El cuerpo humano es un ejemplo vivo de estructuras que reflejan el estado de otras estructuras.Por ejemplo, en el estado del iris de los ojos se refleja el estado de salud del organismo como un todo, cosa que ha dado origen a la cada vez más validada y científica disciplina de la iridiología.. Los acupunturistas hacen uso de la palma de la mano, de la planta del pié, de la oreja; para generar efectos en areas disímiles, a las que consideran en estado de íntima interacción con las zonas intervenidas.Este reflejo del todo por las partes es lo que algunos han llamado principio holográfico.El término alude a la técnica de fotografía tridimensional de objetos, por medio de luz laser que se hace pasar por una película en la cual cualquier parte que se tome contendrá la información total del objeto holografiado.

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