Linguistica Y Filosofia

  • 0 0 0
  • Like this paper and download? You can publish your own PDF file online for free in a few minutes! Sign Up
File loading please wait...
Citation preview

ariel quincenal í o11■ '.vion fundada por AlíiXAHD RE

A lU .U L U ÍS

y

JltS tiP

M . C a is ^ m ic lia

Cubierta: Raí Ferrer {"Onomalopeya")

1/ e dición : abril 1983

(E¡> (983: Mario Bunge

©

198.1: Editorial Arfe!, S. A. Córcega, 270 - Baieeluna-S

IS B N : 84 344 M ió 3 D e p ó aiL o L e s a l : B. 12117 - !983

Im preso en España

A los m aestros de la lengua castellana, custodios de la Comunidad HispanoAmericana, hoy lingüística y sentim ental, m añana total y efectiva.

S e ha d icho del filósofo que es una persona que sabe un poco de lodo. ( Lo que equivale a afir­ m ar que et filó so fo ignora lo m ás de todo.) Nada pued e serle del tndo ajeno toda la vida: debe sen tir curio sid a d por las estrellas y los m anos, p o r la política y la historia, por las ideas abs­ tractas y las palabras. De todos tos especialistas, él es el generalista. E sta m ú ltip le y co n sta n te curiosidad que carac­ teriza al filó so fo auténtico le lleva a veces a m e­ terse en cam isas de once varas. E n ocasiones m e­ rece el reproche que en la Edad M edia solía diri­ girse al lingüista: G ram m aticus ipsa arro g an tía est. Pero al (ríenos no podrá acusarse al filó so fo de indiferencia. Valga esto com o excusa por ha­ berm e m etid o con la lingüística o, por m e jo r de­ cirlo, con algunos problem as de ¡a lingüística y. en particular, de la lingüistica generativo-transfo rm a cio n a l iniciada por N oatn C hom sky. Agradezco al p ro feso r E. F. K onrad K oerner (D e p a rtm en t o f L inguistics, U niversity o f O ttaw a) el h a berm e in vitado a exponer lo esencial de esta trabajo en el X I I I Congreso Internacional de Lin­ güistas (T o kio , 1982). T am bién les estoy agradeci­ do a m i a lu m n o M tke D illm ger ( D epartm ent of L in g u istic s} y a m is colegas H arry B racken (De*

p a rtm tn t o f P h ito so phy) y M ichei Paradis unto de a firm a r q u e la «com peten­ cia» lingüística incluye un conocim iento tácito de la g ra m á tic a u n iversal, o e s tru c tu ra com ún a todas las lenguas. Según la GGT, una g ra m á tic a d e u n a lengua debe «generar» todas las oraciones de esta lengua y so lam en te ellas. El térm in o «generación» se lom a de la m atem ática , donde u n a fó rm u la que define un c o n ju n to dado de o b jeto s (p. ej., u na fam ilia de funciones) se dice que los genera. Pero ei m ism o C hom sky h a aclarad o ocasionalm ente

que el térm in o «generación» no debería in te rp re ­ tarse lite ralm en te, o sea, en sentido ontológico. (Sólo el ce reb ro h u m an o , o algún s u b s titu to a rti­ ficial del m ism o, puede g en e rar oracio n es en el sen tid o literal del térm ino.) H ablando con propie* d ad, una regla g ram atical sólo puede carac te rizar, especificar o an a liz ar las oraciones bien form adas. Una novedad de la GGT, adem ás de que inclu­ ye reglas de tra n sfo rm ació n , es que el ú ltim o paso en la «generación» o «derivación» de una oración co n siste en e je c u ta r la operación q u e Chom sky llam a lexical in sertio n (inserción lexicográfica). E sta operació n con siste en lle n a r los blancos in­ dicados p o r las d iversas categorías con p alab ras específicas. P or ejem plo, las «reglas* A rt —» la y S ~ * m ñ a , ap licad as a la cadena categorial A r t # S , «generan» la cad en a term in al la.#niña. P ero éstas n o son reglas p ro p iam e n te dichas, en ninguna de las acepciones reco nocidas de la p alab ra «regla». Son ejem p lo s d e categorías lexicográficas y, por se r ejem plos, no p u ed en fo rm a r p a rte de u n m o­ delo co n cep tu al genera! com o es u n a g ram ática. É sta no es u n a observación trivial, porque, si tales «reglas» de ejem plificación no son reglas p ro p ia ­ m ente dichas, entonces no puede sosten erse que u n a g ra m á tic a genere oraciones p a rtic u la re s: sólo puede decirse que «genera» (d escrib e, especifica, analiza) tip o s de oraciones. H ay m ás: e n tre la «generación» d e oraciones y la deducción lógica de pro p o sicio n es no hay sino una sim ilitu d o analogía. E n efecto, fas oraciones se «derivan» con ay uda —o, m e jo r dicho, p e rm i­ so— de reglas g ram aticales m ás ejem plificaciones («inserciones lexicográficas»). P ero no se deducen

al m odo de teo rem as. (P o r este m otivo, llam ar a xiom a a la o ració n inicial n o pasa de se r una b rom a.) P o r lo tan to , c o n tra ria m e n te a lo q u e sostienen C hom sky y sus d iscípulos, au n q u e las g ram áticas se parecen a teorías, no son teorías. Sólo descri­ ben y codifican ciertos asp ecto s del lenguaje: no explican (Foley 1977, p. 4). P o r cierto, u n a g ram á­ tica, si es ad ecu ad a, «cubre» o su b su m e to d a o ra­ ción posible d e la lengua respectiva. P ero la subsunción no es u n a explicación p ro p iam e n te dicha (véase B unge 1983 b). Sólo la n e u ro lin g ü ístic a, la ps ico lingüística y la sociolingüística p o d rá n even­ tu alm en te exp licar cóm o p roducim os y en tende­ m os o raciones, al ex h ib ir los m ecanism os de la p ro d u cció n y co m p ren sió n de oraciones. Análo­ g am en te, la b io q u ím ica puede ex p licar la elabo­ ració n d e alim en to s p re sc rip ta p o r los lib ro s de cocina, y la ciencia social p o d rá explicar la con­ d u c ta social p re sc rip ta p o r los códigos ju ríd ico s. P ara co m p re n d e r que la relación lógica de consecuencia o d ed u c tib ilid ad no figura en ningu­ n a regla gram atical, co n sid érese las reglas que d escrib en la tran sfo rm ació n de u n a oració n en su negación o en la p re g u n ta co rresp o n d ien te. Evi­ den tem en te, no puede decirse q u e u n a oración im plica su negación, y m enos aún ¡a co rresp o n ­ d ie n te in terro g ació n . 0 , p a ra se r m ás específicos, co n sid eram o s las siguientes reglas de e stru c tu ra de frase y ejem plilicaciones: O FW

FN + FV A r t -f- 5

F V ^ V + FN

A r t —*■un, una S —> m uchacho, niña, libro V —* leyó, vio d o n d e los sím bolos que figuran a Ja izquierda de­ sig n an categ o rías lexicográficas: O, o ra ció n ; FN, fra se n o m in al; FK, frase v e rb a l; S, su stan tiv o ; V , verbo, y A rt, artícu lo . E stas reglas y ejem plificacio n es «generan» oraciones tales com o im m u ­ chacho vio una nifía, una niña leyó un libro, un m uchacho leyó una niña y un libra vio una niña. P ero ninguna de estas oracio n es se sigue lógica­ m e n te de tales reglas y ejem plificaciones, P o r con­ siguiente, las g ra m á tic as no son teorías. Y las teo ría s acerca de g ra m á tic as no son m eta teorías. C hom sky h a afirm ado re p etid am en te que las reglas g ram aticales no son n o rm as que sirven p a ra can o n izar o excom ulgar expresiones p ro ­ n u n ciad as o e sc rita s p o r h ab ían le s reales: según éí, tales reglas d escriben la com petencia (no el co m p o rta m ien to real o desem peño) de un hablan te-oyente ideal. T am bién h a p ro p u e sto una c a ra c ­ terizació n form al, aunque sibilina, de una regla, a sab er, com o un p a r o rd en ad o < X , Y > tal que X - + Y , que a su vez lia de leerse: «reescríbase X com o Y* (C hom sky & M iller 1963, p. 292). Aho­ ra bien, si < X , Y > es u n a regla de form ación (o d e e s tru c tu ra d e frase), entonces sólo afirm a que X está co m p u esta de (y, p o r lo tan to , puede an a­ lizarse com o) Y. Y si es una regla de tran sfo rm ació n , sólo afirm a q u e X se transform a (o b lig ato ria u o p tativ am en te) en Y. C oncebidas de esta m an era, las reglas g ram aticales no son ins­ tru ccio n es o p rescripciones p ara h acer algo, sino

q u e e s t á n e n u n pie de igualdad con las leyes

algebraicas de ia asocialividad y la d istrib u tiv id ad . (Acaso no fue p o r descuido que C hom sky 1957, página 49, identificó reglas con leyes.) P o r su­ puesto, tales o raciones pueden interpretarse prag­ m áticam en te, esto es, com o instrucciones, p o r ejem plo, p a ra an a liz ar una fórm ula. P ero esto vale para toda fó rm u la y, en p a rtic u la r, para todo en u n ciad o de ley. (M ás precisam ente, todo enunciado de ley sirve de base p ara dos reglas o prescripciones: u n a p a ra h ac er algo y o tra p ara ev itar que algo s u c e d a ; véase B unge 1969, 1983 a.) En definitiva, u n a regla gram atical de la fo rm a « X -^ Y» só ío afirm a que u n a expresión de tip o X puede an alizarse com o u n a sucesión de expresio­ nes de tipo Y (C hom sky 1962, p. 539), E sta co n cepción de tas reglas gram aticales es muy d iferen te de Ja concepción com o entes con p o d er g en erativo, q u e es com o Jas concibe C hom sky c u a n d o hace psicolingüística. Así, p o r ejem plo, nos dice que conocer u n a lengua «es poseer c ie rta e s tru c tu ra m en tal co n sisten te en un sistem a de reg las y prin cip io s que gen eran y relacion an rep resen tacio n es m entales de varios tipos» (C hom sky 1980, p. 48). Aquí las reglas ya no son d escrip cio n es o análisis, sino entes activos, si bien in m ateriales, que e m p u jan o guían la fo r­ m ación de p ro ceso s m entales de la m anera com o los m íticos ego, superego, id y libido del psicoaná­ lisis nos hacen sen tir, pen sar y hacer c iertas co­ sas. E stá claro que es preciso elegir: o bien las reglas g ram aticales son co n stru c to s que describen o p rescrib en , o bien son com ponentes de u n a *es­

tru c tu ra m ental* que tiene el p o d er de g en erar estados m en tales. La elección e n tre estas dos in terp re tacio n es ri­ vales es sencilla. E n p rim e r lugar, la noción de u n a « e stru c tu ra m ental» activa y sep a rad a de un cereb ro activo es grotesca, au n q u e sólo sea p o r­ que las e s tru c tu ra s (c o n ju n to s de relaciones) no pueden o b ra r so b re las cosas de las q u e son e stru c­ tu ra s. (N o hay e s tru c tu ra s en sí: to d a e s tru c tu ra es la e s tru c tu ra de alguna c o s a ; véase B unge 1979.) En segundo lugar, la h ip ó tesis m en talista de q u e la m en te es algo d istin to de un co n ju n to de funciones cereb rales carece de so p o rte em p íri­ co. (V olverem os so bre este asu n to en los capítulos siguientes.) En te rc e r lugar, tam b ién carece de apoyo em p írico la hipótesis de C hom sky de que la m ente tiene co m p o n en tes activos y pasivos. En resolución, pod em o s h ac er a un lado la idea de que las reglas g ram aticales son en tes qué poseen un p o d er generativo. Exam inem os las dem ás po­ sibilidades. Q uedan las siguientes posibilidades m u tu am en ­ te exctuyentes: tas reglas g ram aticales son, bien convenciones, bien reg u larid ad es o b je tiv a s ; y, si lo ú ltim o, son ya leyes sin excepción, ya tenden­ cias. A p rim e ra v ista, la opinión de q u e las g ram á­ ticas son convencionales es abiológica y ah istó rica. P ero no to d as las convenciones son a d o p tad a s li­ b rem en te o im p u estas p o r la fuerza. P o r ejem plo, llam ar, a u n a silla, silla, chai se o S tu h l constituye o tra s ta n ta s convenciones, ninguna de las cuales fue ad o p ta d a p o r u n a asam blea o im p u esta p o r un désp o ta. «Convencional» no es sino el dual de ■natural» o «legal» (en co n fo rm id ad con la ley

n a tu ra l). A diferen cia de las leyes (n a tu ra le s), las convenciones pued en ser obedecidas o violadas, y ello de d iversas m an eras y m ás o m enos conscien­ tem ente, De m odo que, en p rin cip io , és posible que las g ra m á tic as sean convencionales. Sin em bargo, la investigación de universales lingüísticos, la h is­ to ria del lenguaje y la in teracció n e n tre lenguaje y sociedad hacen concebir d u d as acerca de la ver­ dad de la h ip ó tesis de que las lenguas sean p u ra ­ m ente convencionales. La posibilidad re sta n te es c o n sid e ra r las re­ glas g ram aticales com o proposiciones q u e repre­ sen tan reg u larid ad es lingüísticas: si n o leyes, al m enos tendencias. En este caso debem os e n fre n ta r el p ro b lem a d e las excepciones a las reglas g ra­ m aticales: d eb em o s sa b e r cóm o reconocer expre­ siones g ram aticalm en te in co rrectas y qué h acer con ellas. (C om o se verá en un m om ento, éstos no son sino dos asp ectos de un m ism o pro b lem a.) El e m p irista co n secuente se re sis tirá a a d m itir la existencia m ism a de expresiones g ram aticalm en te In co rrectas: sólo accederá a c o m p ro b a r si la sos­ pechosa figura en el corpus que le es a c c e sib le ; si no figura, la d e c la ra rá poco frecuente. En teo ría, el e m p irista d eb ería p re d ic ar la d o c trin a a n a rq u is ­ ta dé que to d o está p erm itid o . E n cam bio, el r a ­ cio nalista co n secu ente desech ará com o in co rrecta loda expresión que no se a ju s te a su g ram ática. De esta m an era se ev itará el disgusto de co n tem ­ p la r cóm o su m odelo fav o rito es a rru in a d o p o r algún m iserable c o n tra ejem plo. Y, p a ra salv ar la tesis in n atista con la m ism a p ied ra , im p u ta rá in­ corrección a «accidentes de desem peño», jam ás

a la «com petencia», a la que considera perfecta, in v ariab le y universal. E s p ro b a b le q u e los gram ático s de la vida real, los que se ocu p an de e sc rib ir gram áticas o ana­ lizarlas, no sean em p iristas estricto s ni racionalis­ tas estricto s, sino m ás bien racioem piristas que a d m itiría n tan to reg u larid ad es gram aticales como excepciones a éstas. (V éase B unge 1983 b para una sín tesis de em p irism o y racionalism o.) Es proba­ ble que a d m itan que, ta n to los cor por a com o las g ra m á tic a s q u e in ten tan d a r cu en ta de ellos, son im p erfecto s. Y es p ro b a b le q u e em pleen algunas excepciones p a ra re fo rm u la r algunas reglas, y al­ g u n as reglas p a ra reg u larizar a los irregulares o incluso rechazarlos. No hay en esto círculo vi­ cioso, sino u n d a r y to m a r e n tre dato s em píricos y m odelos conceptuales, com o en cu alq u ier otra ciencia. La d iferen cia es que ei lin g ü ista — al igual q u e el tecnólogo, p e ro en c o n tra ste con el cien tí­ fico n a tu ra l— puede a lte ra r el lenguaje, si bien sólo en m uy p eq u eñ a m edida en la m ayoría de los casos. E n efecto, los p o rtero s lingüísticos, com o los crítico s lite rario s y los m iem b ro s de fas aca­ dem ias de lenguas, así com o los refo rm ad o res y p lan ead o res lingüísticos, hacen precisam ente eso. Piénsese en re fo rm ad o res de la lengua taies com o A ndrés B ello y G eorge B ern ard Shaw , quienes re fo rm aro n reglas fonéticas y regularizaron verbos irreg u lares. Q uien ad o p te esta terc era p o stu ra adm itirá tá c ita m e n te que las reglas g ram aticales rio son convenciones p u ra s ni leyes estricta s, sino m ás bien tendencias que, com o tales, son corregibles en aras de la gen eralidad, la sencillez u ía eufonía.

En o tra s p alab ras, el lenguaje no es com pleta­ m ente convencional ni co m p letam en te n atu ral. Es, en cam bio, resultado de la invención lim itada por leyes y circunstancias. A este respecto, e¡ len­ guaje no difiere de la ciencia, el a rte o la política: los cu atro , y o tro s con ellos, son creaciones h um a­ nas en las que se unen la necesidad, el azar y el artificio. (D icho sea de paso, C hom sky se c o n tra ­ dice cu an d o niega q u e las lenguas sean creaciones hum anas al m ism o tiem po q u e in siste en la crea­ tividad lin g ü ística de cada uno d e n o so tro s.) El próxim o p u n to de n u estro ord en del día es éste: ¿d ó n d e resid en las g ra m á tic a s? Chom sky (1972, 1975, 19S0) afirm a que las g ra m á tic as e stán «rep resen tad as» en la m en te, y la g ra m á tic a uni­ versal desde el m o m en to de nacer. (M ás aún, Chom sky im ag in a q u e e! infante es capaz de deci­ d ir qué g ra m á tic a se a ju s ta m e jo r a las m u estras lingüísticas que le d an. V olverem os a este p u n to en el cap. ó.) Sin em bargo, C hom sky no dilucida lo que en tien d e p or «rep resen tació n » ni explica la m an era com o las g ra m á tic as e sta ría n «represen­ tadas» en la m ente: ¿se tra ta de un m ap a fiel, de u n a proyección o de q u é? La tesis es tan im p re­ cisa, que se red u ce al lu g ar com ún de que las g ra­ m áticas son co n stru c cio n es conceptuales. Sólo los co n d u c tista s rechazarían la tesis de que las g ra m á tic as son c o n s tru c to s; p ero el p ro ­ pio C hom sky los h a c ritic a d o eficazm ente {Choms­ ky 1959, 1972, 1975, 1980). El p ro b lem a in tere sa n te es el de si las g ra m á tic as residen en un esp íritu in m aterial, en el ce reb ro o en ninguno de ellos. La p rim era p o sib ilid ad es d esc artad a p o r la psi­ cología fisiológica, q u e concibe la m ente com o una

colección de funciones (p ro ceso s) c e re b ra le s ; tam ­ bién es im p tau sib le a la luz de la neurología, que m u e stra que el ag ram atism o (o habla telegráfica) es u n a d isfu n ció n cerebral. Con todo, el fracaso del m en talism o — o, p o r lo m enos, su incom pati­ bilidad con la n eu rociencia co n tem p o rán ea— no n os obliga a a d o p ta r la hipótesis d e q u e la g ram á­ tica está en el ce reb ro , p o r ejem plo, com o circ u i­ to n eu ro n al, o asam blea de neu ro n as, o engram a, o siq u ie ra com o m era disposición o propensión a que se efectú en c iertas conexiones neuronales. La razón de ello es q u e la g ra m á tic a de u n a len­ gua, en el sen tid o de e s tru c tu ra de ésta, no es sep arab le de la lengua m ism a. La p re g u n ta co­ rrecta, en cam bio, p arece ría ser; «¿D ónde reside la lengua?» Sin em bargo, tam bién esta nueva p re­ g u n ta está m al concebida, p o rq u e presu p o n e que el lenguaje, com o el sol o el rey, debe e s ta r loca­ lizado en alguna p arte . Si el lenguaje se concibe com o un c o n stru c to (recu érd ese c u a d ro I, del ca­ p ítu lo 1), en to n ce s no puede e s ta r en n in g u n a p ar­ te, p o rq u e sólo los en tes m ateria le s e stá n locali­ zados. Lo q u e si tiene localización espaciotem poral es el proceso d e h a b la r o, m e jo r dicho, el sistem a del h ab la: las «áreas» de W ernícke y B roca ju n to con el ó rgano vocal. En o tra s p a la b ra s, el habla —o, m ás b ien, la producción y co m p ren sió n de expresiones lingüísticas—■es locaiizable e identificable con p ro ceso s fisiológicos. Lo que vale p a ra la g ra m á tic a com o e s tru c tu ra del lenguaje vale tam bién, m u ta tis m u tañáis, p a ra la g ram ática com o m odelo de tal e stru c tu ra . Así, p o r ejem ­ plo, la GGT del castellan o no e stá en ninguna p a r­ te; no e s tá «rep resentada* e n la m en te ni en el

cerebro. Al igual que los dem ás cons tra c to s, la GGT del castellan o existe sólo cónjo proceso: a se­ m ejanza del h ab la (paróte, speeck), es generada y en ten d id a p o r alguno^ cerebros. (M ás sobre el s ta tu s de los c o n stru c to s, en B unge 1981.) C oncluirem os este c a p ítu lo con u n a observa­ ción so b re la p lu ralid ad de sintaxis. Üna sintaxis es p a rte de la e s tru c tu ra in te rn a de u n a lengua (recu érd ese cap. 1). P o r ello, u n a sintaxis carece de existencia independiente: sólo existe realm en ­ te com o p a rte de la e s tru c tu ra in te rn a del habla real. (Las e s tru c tu ra s son p ro p ie d a d e s ; y las p ro ­ piedades, en p a rtic u la r las relaciones y coleccio­ nes de las m ism as, carecen d e existencia a u tó n o ­ ma. Lo que existe realm en te es siem pre alguna cosa m ateria] d o tad a de p ro p ied ad es: véase B u n ­ ge 1977.) P o r el m ism o m otivo, u n a sintaxis no tien e p o d e r gen erador: puede se r «generativa» sólo en sen tid o m etafórico. Y, p u esto que u na sintaxis fo rm a p a rte de ia e stru c tu ra de u n a len­ gua, hay ta n ta s sin taxis com o lenguas, dialectos e incluso ídíoléctos. Sin em bargo, no to d a s estas sin tax is se incluyen en lo que los lin g ü istas teó ri­ cos llam an «la g ra m á tic a de u n a lengua». E n efecto, ésta incluye solam ente la sintaxis d e la v aria n te canónica; p o r ejem plo, la sin tax is del castellan o p ero no la del arg en tin o . E n cam bio, los lin g ü istas de cam po e stu d ia n h ab las reales an tes que m odelos idealizados de las m ism as. Lo q u e acab a de decirse tien e u n a consecuen­ cia m etodológica im p o rtan te e in q u ietan te: que lo q u e cu en ta com o excepción p ara el lin g ü ista teó­ rico acaso no cu en te com o tal p a ra eí lingüista de cam po. El p rim ero puede in te n ta r c o n sid e ra r las

d esviaciones respecto de su m odelo conceptual com o in co rreccio n es an tes que com o co n traejem ­ plos. E sta situ ació n es inevitable en las disciplinas que tra ta n de p au tas hechas p o r el h o m b re, pau­ tas q u e son m ezclas de ley y convención, (E s decir, e stá s p au ta s no son p u ra m e n te convencionales, corno tas leyes de la m atem ática, ni pu ram en te n atu ra le s u o b jetiv as, com o las de la física.) El fra n c o reco n o cim iento de esta situ ació n debería c o n trib u ir a d ism in u ir la tensión e n tre los lingüis­ ta s teó rico s y los de cam po. E sto concluye p o r el m o m en to n u e stro exam en dé la sintaxis. El a s u n to de ta e stru c tu ra proíund a versu s la e s tru c tu ra superficial, que habíam os Incluido en n u e s tro ord en del día, será tra ta d o en el c a p itu lo siguiente. Ahora ab an d o n am o s el do­ m in io de la te o ría exacta p a ra e n tra r en e! de la in tu ició n y lo que en inglés se llam a hütid-wavtng.

CAPÍTULO 4

SEMANTICA

Antes J e C hom sky (1965), los lin g ü istas solían ten er buen cu id ad o de no aven! tirarse en las b ru ­ m osas co lin as d e la se m á n tic a ; a h o ra vagan, p e r­ didos, p o r ellas. C hom sky y su escuela tuvieron la excelente idea de su b ra y a r que, ya q u e el signifi­ cado es un asp ecto del lenguaje, la teo ría lingüís­ tica d eb ería te n e r una co m p o n en te sem ántica. (E sta idea era un lu g ar com ún p a ra los filósofos desde Peirce y Frege, p ero no se h ab ia d ifu n d id o a ia lingüística.) T am bién tu v iero n la b u en a idea de exactificar ía im precisa tesis, de los g ra m á ti­ cos de P o rt Royal, de q u e la plena com prensión de una o ra ció n exige p o n e r a la luz las ideas que ella expresa. E sta in tu ició n llevó a dos innova­ ciones: la d istin ció n e n tre e s tru c tu ra superficial y e stru c tu ra p ro fu n d a , y la tesis de que esta ú ltim a d eterm in a el significado. La esencia del concepto de e stru c tu ra p ro fu n ­ da es que «expresa el contenido de u n a oración» (C hom sky 1965, p, 136), P or ejem plo, un indio te enseñó y ella apren dió de un indio tienen e s tru c ­ tu ras superficiales diferen tes pero la m ism a es­ tru c tu ra p ro fu n d a. Más aún, am bas oraciones significan lo m ism o pese a que p re sen tan a p a rie n ­ cias d istin tas: en el fondo son iguales. E sta in tu i­

ción fue g en eralizada y un ta n tito elab o rad a en ja llam ada tesis de K atz-Postal (K atz & Postal 1964), la cual fue in co rp o rad a a la llam ada «teo­ ría están d a r» de la GGT (C hom sky 1965). La sem án tica p arecía h a b e r logrado finalm en­ te u n a base firm e. D u ran te un tiem po hubo entu­ siasm o en las filas de La GGT. Pero el entusiasm o no d u ró m ucho: se em pezó a ver algunas d ificulta­ des en la tesis de K atz-Postal, y C hom sky (1971) la reem plazó p o r la tesis de que tam b ién la e stru c­ tu ra superficial c o n trib u y e a) significado. E sta d o ctrin a se conoce con el n o m b re de « teo ría e stán ­ d a r extendida», si bien n a es una teo ría propia* m en te d ich a. M ás aú n , está lejo s de h a b e r g an a d a la ap ro b ació n de la m ayoría d e los lingüistas genera ti vis tas. , Aquí nos o cu p arem o s de ¡os p ro b lem as siguien­ tes: a ) ¿ q u é es la e s tru c tu ra p ro fu n d a ? ; b) ¿cóm o se d e te rm in a u n a e stru c tu ra p ro fu n d a ? ; c) ¿qué es ei significado según la GGT?, y d) ¿de qué m a­ n era las e s tru c tu ra s y las reglas d eterm in a n el significado según la GGT? E n co n tra rem o s que la GGT n o da re sp u e sta s c la ra s a e sta s preguntas: no define claram en te la noción d e e s tru c tu ra pro­ fu n d a y carece d e un concepto claro de significado. (La GGT ni siq u iera distin g u e e n tre sentido y referencia, d istin ció n reconocida p o r todos los filósofos.) La cosa e stá tan difusa co m o lo estab a p a ra los g ram ático s filosóficos d e P o rt R oyal; la única d iferen cia re sid e en que a h o ra se dispone de u n a jerg a técnica que sirve p a ra o c u lta r la au­ sencia d e u n a teo ría exacta. El p ro p io Chom sky, con su fran q u ez a h ab itu al, a d m ite ,q u e «no hay u n a “te o ría de la rep resen tació n sem án tica” que

sea suficientem ente c o n c reta o esté bien definida» {Chom sky 1971, p. 183). El lecto r b u sca rá en vano un sistem a h ip o tético-deductivo q u e dilucide y sistem atice las nociones de referencia o de sentido en el volum inoso tra ta d o de Lyons (1977), la única exposición sistem ática de las d o ctrin a s sem án­ ticas p o r un sim p atizan te de Chom sky. E n to d o casó, según la te o ría e s tá n d a r (1965) o e stá n d a r extendida (1971), p a ra d e te rm in a r signifi­ cados debem os d esc u b rir e s tru c tu ra s p ro fu n d as. D esgraciadam ente, no parece h a b e r u n a definición clara y general de este concepto: to d o lo q u e hay son ejem plos. M ás aún, no puede ex istir un p ro ­ cedim iento efectivo p a ra d e te rm in a r e stru c tu ra s p ro fu n d as. En efecto, la m áxim a m etodológica M2 (cap. 2) recom ienda p o stu la r inobservables p ara d a r cu en ta de las apariencias, en lu g ar de in ten ­ ta r in fe rir Jos p rim ero s a p a r tir d e las segun­ das. De m o d o , pues, q u e es m en este r c o n je tu ra r las e s tru c tu ra s p ro fu n d as. E sto n o sería o b je ta ­ ble si su p iéram o s a ciencia cierta q u é son las es­ tru c tu ra s p ro fu n d as. E n ausencia de tal conoci­ m iento, su búsq u ed a se parece a la b ú sq u ed a del sag rado grial tal com o la describ ió M ark Tw aín. No o b sta n te , nos las arreglam os p a ra co n jetu ­ ra r e s tru c tu ra s p ro fu n d as (no cho tn sk y an as) sin la guía de la GGT. C onsidérese, p o r ejem plo, la oración to m ó et libro prestado, que está afectad a de am b ig ü ed ad estru c tu ra l. Puede «derivársela» de (o m o s tra r que es co m p atib le con) to m ó pres­ tado el libro, o to m ó el libro que había sido o bte­ nido en p résta m o (ta l ve 2 p o r u n tercero ). C uando se le p re sen ta la oración original (o su e stru c tu ra superficial), el o y ente o le c to r debe ad iv in ar la

p ro p o sició n designada am biguam ente p o r aquélla, o debe h ac er u n a averiguación. La GGT no le ay u d a rá a c o n je tu ra r ni a in q u irir, p o rq u e éstas son cuestiones de conocim iento substantivo, no de g ram ática. Lo que puede h ac er la GGT es a n a ­ lizar el p roceso en térm in o s de e s tru c tu ra s p ro fu n ­ d as y reglas de tran sfo rm ació n . En o tra s palab ras, la p erso n a confu n dida p o r la oració n acerca del lib ro p re sta d o a p re n d e rá de la CGT lo q u e ya sabe, a sab er, la e s tru c tu ra superficial de la oración. A p rim era v ista, esta situación parece sim ilar a la q u e se p re se n ta en física, donde, d ad a la com ­ posición atóm ica de un m aterial, es posible d e te r­ m in a r sus m acro p ro p ied ad es, en tan to que el p ro ­ b lem a in verso carece de solución única. Sin em ­ b arg o , h ay u n a im p o rta n te d iferencia, a saber, q u e la física co n tiene teorías generales y exactas q u e relacio n an e s tru c tu ra s atóm icas y m olecula­ res (o sea, p ro fu n d a s) con p ro p ied ad es m acrofísicas (o superficiales). M ientras que el físico po­ see un co n ocim iento exacto y a b u n d a n te de sus e s tru c tu ra s p ro fu n d as, el lin g ü ista carece dei co­ n o cim ien to co rresp o n d ien te. P or lo ta n to , así com o el físico puede p ro c ed er racio n alm en te, e] lingüis­ ta d ebe p ro c ed er in tu itiv am en te . O tra disanalogía es ésta: la m icrofísica puede p re d ecir algunas m acro p ro p ied ad es tales com o la su p erco n d u cti­ vidad y la superfluidez, desconocidas p o r la mac r o fís ic a ; o sea, la p rim era puede co rreg ir y en­ riq u ec er a la segunda. En cam bio, al lingüista no le es d ad o co rreg ir o en riq u e cer las oraciones y s u s e s tru c tu ra s superficiales a la luz de su an á li­ sis p ro fu n d o . E n conclusión, p arece ría que no sabem os con

ex actitu d q u é es ta e s tru c tu ra p ro fu n d a ni cóm o d eterm in a rla. Sin em bargo, existe una solución sencilla del p rim ero de esto s pro b lem as: puede resolverse redefiniendo el concepto de e stru c tu ra pro fu n d a y p rocediendo com o sigue (B unge 1972, 1973, 1974a, 1974b}, P rim ero, identifiqúese el ob­ jeto que subyace a la o ración dada con la p ro p o ­ sición (o las p ro p o sicio n es) designada(s) p o r la oración de m arras. (R ecuérdese que las p ro p o si­ ciones, com o los co nceptos que las com ponen, son objeto s concep tu ales, no lingüísticos, y q u e una proposición d ad a p u ed e ex presarse de diversas m an eras en c u a lq u ie r lengua. Más aún, las p ro ­ posiciones so n in v aria n te s resp ecto de cam bios de lengua, al m enos d en tro de la fam ilia de len­ guas que poseen el m ism o p o d er expresivo.) Se­ gundo, identifiq ú ese la e s tru c tu ra del o b jeto p ro ­ fundo con la fo rm a lógica de la proposición (H artnan 1972), P o r ejem p lo , la fo rm a lógica de la proposición d esig n ada p o r la o ració n la niña lee e l libro es Lab, donde L d en o ta el acto d e leer, a n o m b ra a la niña y b al lib ro en cuestión. La fo rm a lógica de la p ro p o sició n que subyace a la oración pasiv a el lib ro es leído p o r la niña es Rba, d o n d e R es ía co n versa de R. Y la de la p ro p o si­ ción d esig n ad a p o r la niña lee ahora el libro es R'abc, d o n d e c d en o ta el m om ento actual y R ' es ah o ra una relación m ás com pleja (te rn a ria en lu ­ g a r de b in aria). La a lte rn a tiv a p ro p u e sta resuelve el p roblem a de c a ra c te riz a r e s tru c tu ra s p ro fu n d as, ai identifi­ ca rlas con fo rm as lógicas, pero no el p roblem a de d eterm in a rlas. E fectivam ente, sigue co rresp o n ­ diendo al oyente-lector la ta re a de d ecid ir qué

p ro posición es d esignada p o r la o ración que le in teresa. (E l an álisis sin táctico no ayuda a revelar la fo rm a lógica. Así, p o r ejem plo, las oraciones ella acaba de llegar, she ju s t carne y sie ist eben g eko m m en , au n q u e e stru c tu ra l m ente diferentes, designan la m ism a proposición.) Si la oració n es am b ig u a, el oyente te n d rá que ad iv in ar y ensayar, o bien h ac er alg u n a averiguación p a ra d e te rm in a r la p ro posición q u e el h a b lan te ten ía in m en te cuando p ro n u n ció o escrib ió ia o ración. A este res­ pecto, el in d iv id u o no e stá m e jo r p re p ara d o que con la GGT, p ero al m enos a h o ra sab e q u é debe b u scar. El m éto d o p ro p u e sto no sim plifica necesaria­ m ente las cosas. P o r el c o n tra rio , es capaz de ex­ h ib ir co m p lejid ad es ocultas. P o r ejem plo, exam í­ nese la p a la b ra a b rió en las o racio n es siguientes: 1. 2. 3. 4.

La p u e rta se M aría ab rió M aría a b rió M aría a b rió

abrió. la p u erta . la p u e rta ayer. la p u e rta ayer con esta llave.

En 1) «abrió» designa un p red icad o u n a rio al que po d em o s lla m a r At. La fo rm a lógica de la proposición d esig n ada p o r 1) es, pues, Aip, donde p designa la p u e rta . En 2) la m ism a p a la b ra de­ signa un p red icad o b in ario Ai, y la fo rm a lógica es Aimp, donde m d en o ta a M aría. En 3) el concepto designado p o r la p alab ra «abrió» es un predicado te m a rio At; la fo rm a lógica co rresp o n d ien te es Aunpa. F in alm en te, la proposición subyacente a 4) tiene la fo rm a lógica Attnpal, donde At, es un pred icad o d e c u a rto grado. C ada uno de estos an á­

lisis c o rresp o n d e a u n a in te rp re ta c ió n diferente de la p alab ra d ifu sa «abrió». (In v ito a l lecto r a p ro p o n e r co n cep to s a ú n m és com plejos designados p o r la m ism a p alab ra.) En resolución, el análisis conceptual pued e exhibir u n a co m p lejid ad insos­ p ech ad a al nivel lingüístico superficial. En p a rtic u ­ lar, pued e ex h ib ir la dependencia d e la e s tru c tu ra sin táctica resp ecto del significado, E n re su m en , el p ro ced im ien to p ro p u e sto se re­ duce a d istin g u ir las p alab ras de los conceptos que alg u n as de ellas designan, y las oraciones de las pro p o sicio n es q u e algunas d e ellas designan. (N o todas las p alab ras designan conceptos. P or ejem plo, de carece de significado indep en d ien te cuando ap arece en la ex p resió n acaba de llegar, que en u n a lengua m e jo r c o n stru id a d eb ería es­ crib irse acabade llegar, o incluso llegaracaba, Aná­ logam ente, no toda oración designa u n a p ro p o si­ ción. P o r ejem p lo la libertad libera, digna de un H eidegger o de un S a rtre , carece de significado.) E n o tra s p a la b ra s, el p ro ced im ien to consiste en exhibir (o, m ás p recisam en te, c o n jetu ra r) las capas conceptuales que subyacen a las lingüísticas. E ste m éto d o tiene dos v en tajas. El p rim e ro es que existe u n a teoría, a saber, la lógica, q u e nos ayuda a d esc u b rir la form a lógica d e cu alq u ier proposición, y ello de m an era inequívoca. (La am ­ bigüedad es siem pre lingüística, n u n ca lógica.) Se­ gundo, existe u n a teoría, a sab er, la sem ántica fo rm u lad a p o r el a u to r (B unge 1972, 1973, 1974a, 1974b), que asig n a u n significado a to d o concepto y a to d a p ro p osición. Aun cu an d o esta teo ría Fue concebida p a ra an a liz ar sistem as hipotético-deductivos fo rm u lad o s de m an era exacta (o sea, m ate-

m átícam en te), acaso sea aplicable tam bién, con los d ebidos cam bios, a tas lenguas n aturales. E xplorem os esta posibilidad, d ejando la investi­ gación d etallad a al lingüista. La esencia de n u e stra sem ántica es que todo con cep to y toda p roposición tienen tan to un sen ­ tido com o u n a referencia, y que el significado de u n co n stru c to (concepto o p ro posición) es el par o rd e n ad o fo rm ad o p o r su sen tid o y su re feren ­ cia. Am bos son con tex tú ales p o r dep en d er del cu erp o de con o cim ientos en que se p re sen ta ei co n stru c to en cuestión. Más aún, el sentido de un co n stru c to en un co n tex to d eterm in a d o se define com o el c o n ju n to de todos sus im plicantes (o pre­ su p u esto s) e im plicados (o consecuencias), o sea, com o su ascendencia lógica m ás su progenie lógi­ ca. Y la (clase d e) referencia de un co n stru c to es el c o n ju n to de lodos los o b jeto s (m ateriales o con cep tu ales) a los que se aplica, sea verdade­ ram en te o no. (O bsérvese que ia referen cia difiere en general de la extensión o dom inio de validez. O bsérvese tam bién que el significado precede a la v erd ad .) Llám ese ScícO al sentido y R,Ac) a !a refe­ rencia de un c o n stru c to (concepto o proposición) c en un co n tex to (o cuerpo de conocim ientos) C. El significado de c en C, entonces, está dado p o r la definición Afr(c) = < S c(c), /W c ) > . V éanse la figura 2 y e! Apéndice 2. (Ja n e t F odor 1977 y algunos o tro s lingüistas identifican el significado con lo que, en nu estra teo ría, no es sino una p a rte del sentido de un

S U P E R F IC IE

Con» (roclo

PROFUNDIDAD

— scnttrfü

(p }~

sitfoiiicado

- L R c (pl

Significado

referencia

Fk., i. la d ü u rjc iu n uim [)i upijaiciuti i> que IKI:> un significado M ,(p) e» el c o n id i o . C. La proyeccidii izquierda S cí p ) del significado es el senlicto, y la derecha RJ_P) la refe­ rencia de (i en C.

co n sim cto , a sab e r, el c o n ju n to de los constructos que im pJica. S m ith & W ilson 1979 p roponen u n a m odificación de esa d o ctrin a del significado. N inguno d e esto s a u to re s se ocupa de ía re feren ­ cia, n in guno de ellos usa h erram ien tas m atem áti­ cas p ara exactificar y siste m a tiz a r estas nociones, y ninguno de ellos m enciona mí teoría.) En caso de d u d a, n u e s tra sem án tica puede ay u d ar a p o n e r en claro de qué se está h ab lan d o (referen cia) y qué se está diciendo (sentido). Tóm ese p o r ejem p lo la frase los am antes de Ve­ rana. E sta frase designa am b ig u am en te las p ro p o ­ siciones

5. Los p erso n ajes cen trales de la tragedia de S hakespeare, R o m e o and Juliet y 6. Las p erso n as que h an v isitado V erona. La raíz de la d iferencia e n tre 5) y 6) es la diferencia e n tre sus clases de referencia: m ien­ tras q u e 5) se refiere a Rom eo y Ju lieta (e im plí­ citam en te tam b ién a S hak esp eare y su tragedia), 6) se refiere a u n a colección m uchísim o m ás n u ­ m erosa de p erso n as (e n tre las cuales no figura S hak esp eare, q u ien nunca p u so el pie en V erona). La d iferen cia de referencia ac a rre a u n a dife­ rencia de sen tid o . Así, p o r ejem plo, 5) im plica que S hak esp eare escrib ió p o r lo m enos u n a trag ed ia, en ta n to q u e 6) p re su p o n e q u e V erona es visitable, (O bsérvese q u e nos h em o s lim itad o a c ita r un des­ cen diente y un an tec eso r lógico en cada caso. Esto se debe a que, en u n co n tex to ab ierto y difuso com o es el co n o cim iento o rd in a rio , es m uy difícil u b icar to d o s los p re su p u esto s y las consecuencias de u n co n stru c to . Las cosas cam b ian en el caso de una teo ría m a te m á tic a o científica: en este caso, los im p lican tes d e u n a p roposición son todas las prem isas de las q u e se concluye, y los im plicados todas las pro p o sicio nes q u e se siguen lógicam ente de ella.) Uno de los fam osos ejem p lo s de C hom sky es el p a r de oraciones 7. P ersu ad í a un especialista que exam ine a Juan. 8. P ersu ad í a J u a n que se haga ex am in ar p o r un especialista.

C hom sky (1965, p. 23) p ro p u so que las e stru c­ tu ra s p ro fu n d as q u e subyacen a 7) y 8) son, res* pectivam ente, 7 ’. P ersu ad í - a u n esp ecialista - un especialis­ ta exam inará a Ju an . P ersu ad í - a Ju an - un especialista exam ina­ rá a Juan. E n n u e stra term inología, las pro p o sicio n es que subyacen a 7) y 8), respectivam ente, son las con­ ju n cion es 7". P ersu a d í a u n especialista & u n especia­ lista exam inará a Ju an . 8". P ersu ad í a Ju an & un especialista exam i­ n a rá a Ju an . Sin em b arg o , esta construcción puede hacerse m ás n a tu ra l o b serv an d o que, en el fondo, la rela­ ción d e p e rsu a d ir es te rn a ria : x p ersu ad e a y que llaga z• P o r consiguiente, las pro p o sicio n es a n te ­ rio res no son sino diferen tes ejem plos de Pxyz: 7 '". Pabc, donde a ~ yo, b = un especialista, c = ex am in ar a Juan. 8'". Pade, donde d = Ju an , e = ser exam ina­ do p o r un especialista. N u estro pró x im o ejem plo es Ja p a re ja 9. J u a n se sonríe. 10. J u a n se m ueve.

E stas o raciones se analizan de la m ism a m a­ n e ra en la g ram ática de la e stru c tu ra de frases. No es necesario co c in a r u n a e stru c tu ra lingüística p ro fu n d a p ara a d v e rtir que hay u n a diferencia e n tre las pro p osiciones designadas p o r las o ra­ ciones an terio res. B asta ob serv ar que, m ien tras «sonreírse* es un predicado u n ario (o de una va­ riab le), «m overse» es b inario, ya que to d o m o­ vim iento es relativ o a algún m arc o de referencia (p. ej., u n a caSa). E n o tra s p alab ras, m ien tras que la fo rm a lógica dé 9) es Pa, la de 10) es «existe p o r lo m enos un individuo x tal que x es un m arco de referencia, y Qíi.x». De m odo que, au n cuando 9) es sin tácticam en te sim ilar a 10), las proposiciones c o rresp o n d ien tes son e stru c tu ra lm e n te (lógica­ m en te) d iferen tes. (Lo m ism o vale p ara el fa­ m oso p a r de C hom sky: John ¡s easy to piense y John is eager to please.) O tro caso fam oso, p o r no decir infam e, es: las verdes ideas incoloras du erm en furiosam ente. E n 1957, C hom sky declaró que esta oración es g ra m atical, pero en Í965 m udó de opinión. Según n u e stro crite rio , esta o ración es g ram aticalm en te in o b jetab le y, m ás aún, tiene sentido, y es por esto q u e la d escartam o s. La d escartam o s p o r ser c o n tra d ic to ria , ya que n ad a puede ser a la vez incoloro y verde. Adem ás, involucra un e rro r categorial (category m ista ke). com o d iría A ristóte­ les, ya que el se r verde y d o rm ir no puede p redi­ ca rse de las ideas. E sta predicación es incorrecta p o rq u e las pro p o siciones re su ltan te s, «las ideas son verdes» y «las ideas duerm en», son falsas (no c a ren tes de sentido), No puede esp e rarse que la

g ram ática su p lan te a ta lógica □ ¡sum inistre co­ nocim iento fáctico. N u e stras o bservaciones finales se re fe rirá n a algunos co n tra ejem p lo s a p a ren tes a la llam ad a teoría im p licativ a del significado, según la cual el significado de u n a o ración es igual al c o n ju n to de las consecuencias lógicas de la p ro p o sició n co­ rresp on d ien te. S m ith & W ilson (1979, cap. 6) sos­ tienen que, aun cuando las oraciones I I ) y 12) que siguen tienen las m ism as consecuencias, no son sinónim as: 11. 12.

Juana le h abló a Alex. Ju a n a le h abló a Alex.

Las o raciones esc rita s p o d rá n ser iguales, pero las h ab lad as no lo sqn, com o lo sugieran los sub­ rayados. De hecho, designan pro p o sicio n es dife­ rentes, a sab er: U '. 12*.

« Juana, y nadie m ás, le h ab ló a Alex.» « Ju an a le h ab ló a Alex, y a nadie m ás.»

O tro p a r de o racio n es q u e re fu ta ría d icha teo­ ría sería el q u e sigue: 13. 14. yaso.

Shelley fue un poeta. Shelley fue un poeta o Ibsen fue un pa­

Puesto q u e 13) im plica a 14), el significado de 14) debería e s ta r in cluido en el de 13), lo que va c o n tra la in tu ició n . Es verdad, p ero esto y cosas peores pu ed en o c u rrir en contextos ab ierto s. La

teoría im plicativa del significado o, m ejo r dicho, de p a rte de éste, fue c o n stru id a p a ra ser aplicada estricta m e n te sólo a tos lenguajes exactos. En ésto s no está p erm itid o in tro d u c ir nom bres y p re­ dicados u n a vez que se h an in tro d u cid o ios b á ­ sicos (p rim itiv o s); p o r consiguiente, en tales con­ textos ce rra d o s el p rin cip io lógico de adición («Si p, entonces p o q») ija p o d rá hacer líos. Analogía: la g eom etría elem ental se aplica exactam ente sólo a o b je to s g eom étricos ideales, y ap ro x im ad am en te a o b je to s reales tales com o u n a línea co stera es­ cab ro sa. La ú n ica m an era de ap lic a r la geom etría elem ental a situ acio n es reales es d esdeñando las irreg u larid ad es de éstas. Si uno desea re p re se n ta r m ás fielm ente' o b jeto s reales irreg u lares, ten d rá que serv irse de g eom etrías m ás avanzadas. Así com o la te o ría de los fractales (que incluye di­ m ensiones fra c c io n a ria s) puede tr a ta r con líneas co steras irreg u lares, es posible que u n a versión refin ad a de la teo ría im plicativa del sentido dé cu en ta de las co m p lejid ad es del lenguaje o rd in a­ rio. P ara te rm in a r: la noción de e stru c tu ra p ro ­ fu n d a de C hom sky e, incluso, la tesis de KatzP ostal, co n tien en algo de valor. La intuición valio­ sa d e trá s de estas ideas es c a p tu ra d a p o r la teoría sem án tica según la cual los conceptos y las p ro ­ posiciones, p e ro no las oraciones, son los p o rta d o ­ res de significado, y q u e éste tiene dos com ponen­ tes o proyecciones: el sen tid o y la referencia. La reo rien tació n de la sem án tica que proponem os tiene, en tre o tras, las consecuencias siguientes: I. La te n ta tiv a de c o n stru ir o d e sc u b rir re- eglas g ram aticales que efectúan la a flo ra d ó n de

e s tru c tu ra s p ro fu n d as (o sea, el m apeado de es­ tru c tu ra s p ro fu n d as en superficiales) está conde­ n ad a al fracaso no sólo p o r la vaguedad de la n o ­ ción de e s tru c tu ra p ro fu n d a en GGT, sino tam bién p o rq u e lo q u e «subyace» a las oracio n es son p ro ­ posiciones, no o tra s oraciones, II. Las ta fe a s de d e s c u b rir significados y de re in a rlo s son tare as del análisis co n cep tu al y de la co n stru cció n de teo ría s, no de la g ram ática. III. Dado que los significados son co n tex tú a­ les, es preciso re alizar el análisis conceptual en co n textos cognoscitivos d eterm in ad o s, no al nivel lingüístico, q u e es su p u estam en te n eu tra l e n tre la v erd ad y la falsedad. IV. El an álisis sin táctico tiene lim itaciones que sólo el an álisis lógico o sem ántico pueden trascen d er. En p rim e r lugar, el an álisis sin tácti­ co se aplica sólo a las o racio n es (o expresiones g ram aticales), las q u e n o co n stitu y en sino un su b co n ju n to de la colección de expresiones lin­ g ü isticas significativas. Piénsese en «¿Más café?», «¡V áyase!», o incluso «¡Ay!» y «jU ff!» (V. Robinson, 1975). En segundo lugar, a veces la sin ta ­ xis ni siq u iera puede resolver el p ro b lem a de iden tificar las categ orías lexicográficas, P or ejem ­ plo, en la o ra ció n uno es poca cosa, «uno» puede d e n o ta r sea el n ú m ero uno, sea al h ab lan te. E n el p rim er caso, «uno» será identificado com o un subs­ tan tiv o , y en el segundo, com o un p ro n o m b re ; pero en c u a lq u ie r caso la sintaxis, lejos de ser previa a c u a lq u ie r o tro conocim iento, va a la cola. {Otro ejem plo: en el dicho te ja n o the bigger the better, la p alab ra the no es el a rtíc u lo d eterm in a­ do n i significa lo m ism o en su s dos posiciones.)

V. M ientras q ue el análisis sintáctico es lin­ g ü ísticam en te c o n se rv ad o r (p u esto que se lim ita a an a liz ar un corp u s lingüístico), el análisis lógico y sem ántico p u ed e re v elar defectos que sugieran la conveniencia de re fo rm a r la lengua. P or ejem ­ plo, la o ració n arreglam os toda clase de calzado e s tá bien fo rm a d a y es acep tab le p ara casi todos los h isp an o h ab lan tes, Sin em bargo, está m al con­ cebida, p o rq u e el z a p atero no puede to car clases con su lezna: sólo toca zapatos individuales. La expresión co rre c ta es arreglam os zapatos de todas clases, VI. R evelar fo rm a s lógicas ayuda a ap reh en ­ d e r aspectos lin g ü ísticam en te invariantes, o sea, a re v elar u n iv ersales cognoscitivos p o r deb ajo de p ecu liarid ad es y accid en tes lingüísticos. P ero el tem a de los univ ersales m erece ca p ítu lo aparte.

UNIVERSA LES LINGÜÍSTICOS

Los lin g üistas, no m enos que o tro s científicos y h u m an istas, desean d e sc u b rir la u n id ad en m e­ dio de la d iv ersid ad , y la p au ta b a jo el caos ap a­ rente. No es d e so rp re n d e r en to n ces que, an tes del interreg n o em p irfsta en lingüística, vario s fi­ lósofos y lin g ü istas hayan especulado sobre ta exis­ tencia de u n iv ersales lingüísticos, en p a rtic u la r so b re ios rasgos categoriales, sin táctico s y fono­ lógicos que pu ed an c o m p a rtir las lenguas co­ nocidas. En el caso de los filósofos, la base de la co n jetu ra d e la existencia de tales universales fue la tesis de la u n id ad de la especie h u m ana. (E n aquel tiem po, esta tesis fu e rech azad a p o r los ra ­ cistas y no p a sa b a de s e r un p reju icio liberal.) Sin em bargo, poco se hizo p o r d e sc u b rir sem ejan­ tes universales, con excepción del tra b a jo de Jfakobson so b re los rasgos fonológicos c a ra c te rís­ ticos. C hom sky no se so rp re n d ió p o r el fracaso de íos lingüistas clásicos en su em p resa de d e sc u b rir universales, p o rq u e se habían lim itad o a e stru c­ tu ra s superficiales, ias cuales v arían considerable­ m ente de un lenguaje a otro . En cam bio, la idea de e s tru c tu ra p ro fu n d a y !a hipótesis del innatisrno conducían in evitablem ente a la búsqueda de

u n a g ra m á tic a q u e se a ju sta s e a to d a s la$ lenguas n atu ra les. (M ás de u n a hipótesis científica tiene u n o rig en esp úreo. El árb o l de fam ilia de una hip ó tesis im p o rta poco co m p arad o con su verdad y su p o ten cia explicativa.) C uando fo rm u ló la «teoría están d a r» de la GGT, C hom sky (1965) y a estab a firm em ente com ­ p ro m e tid o con la idea de Ja g ra m á tic a universal (GU). Al com ienzo la definió com o «el e stu d io de las condiciones q u e deben sa tisfa c e r ¡as g ram á­ ticas de to d as las lenguas h um anas» (1972, p. 126). M ás ta rd e re p u d ió esta ca racterizació n , a d o p ta n ­ do en cam b io esta o tra : la GU es «el estad o ini­ cial de cu a lq u ie r a p ren d iz de c u a lq u ie r lengua», o sea, es la fa cu ltad in n ata d e lenguaje (1979, p a ssim , y 1980, p. 69). Y, aun m ás recientem ente, el «estad o inicial» es identificado con un ente, el «dispositivo de adq uisición del lenguaje» (tanguage acq u isitio n device, o LAD). É ste a c tu a ría com o una c a ja n egra q u e recibe ínsum os em píricos y p ro d u ce la g ra m á tic a (C hom sky 198Í, p. 35). Pa­ sem os p o r alto los e rro re s de identificar un estad o (d e u n a cosa) co n u n a cosa y de c re e r que u n m o­ delo de c a ja n eg ra, ta l com o el LAD ( = GU), pue­ de ex p licar algo. Las ca ja s negras describen y en ocasiones pred icen , pero no pueden explicar: sólo las ca ja s tran slú cid a s, o m ecanism os, pueden ex­ p licar: véase R unge 1983 b. C hom sky logró q u e el e stu d io de los un iv ersa­ les lin g ü ístico s se to m a ra un p ro b lem a resp etab le luego de un larg o eclipse, pero las principales investigaciones en este te rre n o h an sido hechas fuera de su escuela. E llas se h an conducido casi siem p re sin la ayu da de la GGT (lo q u e es una

p en a ) y sin e! auxilio de la h ip ó tesis dé que todos los h u m an o s nacem os con un conocim iento tácito de la GU (lo q u e es u n a su erte). Las investigaciones em p íricas m ás notab les de los u n iv ersales lingüísticos son las llevadas a cabo p o r G reenberg (1966) y los lin g ü istas influi­ dos p o r éste (G reenberg et al., 1978). E stos inves­ tigadores han u tilizado u n a tipología q u e a g ru p a las lenguas re sp ecto del ord en d e las categorías lexicográficas básicas: ¡sujeto (S ), o b je to (O ) y ver­ bo {V). Así, el castellan o es del tip o SVO , com o se ve p o r la o ració n Pepe patea pelotas. E n cam ­ bio, el jap o n és es del tip o S O y y el galés del tipo TASO; los tip o s VO S y O S V tien en pocos re p re­ sen tan tes, y el tip o O V S parece no ten er ninguno. Sin em bargo, alg u nas lenguas parecen desprovis­ tas de su je to , a s u n to éste de ac alo rad o s debates. Además, es fácil e n c o n tra r excepciones. Y el uso dé las ca teg o rías de la GGT (o sea. Frase nom inal, frase verbal, etc.) llevaría a u n a tipología d iferen ­ te. (D icho sea de paso, la tipología de G reenberg no es u n a clasificación p ro p iam e n te dicha p orq ue no es exhaustiva. En efecto, parece que algunas lenguas, p o r ejem plo, el latín clásico, carecen dé un orden básico de p alab ras, ya q u é p erm iten todas las p erm u tacio n es de las p rin cip ales categ o rías lexicográficas.) Se puede d istin g u ir e n tre categorías universa­ les, tales com o V y FV, y paulas universales (p rin ­ cipios, reglas o leyes), tales com o las de Facilidad de pro n u n ciació n y percepción. En principio, am ­ bas categ o rías p o d ría n se r Fonológicas, sin tácticas y sem án ticas, au n q u e es dudoso q u e haya un iv er­ sales sem án tico s. Pero no todos los universales

son estricto s o absolutos: algunos no son sino tendencias o in v arian tes en ciertas fam ilias de len­ guas, au n q u e no en todas. (E stos universales re ­ gionales se den o m inan in correctam ente «estadís­ ticos#.) P o r ejem plo, el ruso carece d e artículo, y en la m ayoría de las lenguas (n o en to d as) toda o ració n tiene su jeto y el su jeto precede al objeto. O tro universal regional: las lenguas cuyo ord en básico es V SO tienen preposiciones en lugar de posposiciones. La noción m ism a de universal lingüístico p la n ­ tea p o r lo m enos dos pro b lem as de interés filosó­ fico: cóm o en c o n tra rlo s y cóm o explicarlos. El p ri­ m ero es un p ro b lem a m etodológico. La solución o b via es que los u n iversales lingüísticos sólo pue­ den estab lecerse e stu d ian d o m uchas lenguas y, m ás precisam en te, u n a m u e stra re p resen ta tiv a de las 4.000 lenguas conocidas. É sta es ta estrateg ia a d o p tad a p o r to d o s los investigadores serios. En cam bio, la escuela de C hom sky ha elegido la e stra ­ tegia o p u esta: sostiene que, puesto que la g ra­ m ática u niversal es innata, un e stu d io profundo y sin crónico de u n a sola lengua (q u e p o r casuali­ d ad re su lta se r el inglés) debería b a s ta r para d e sc u b rir los universales. Como era de prever, e s ta prescrip ció n m etodológica h a sido severa­ m en te critica d a com o anticientífica (véanse Givón 1979 y C om rie 1981). T ra ta r de d esc u b rir la «esencia del lenguaje» (o la «com petencia» lingüística) exam inando una ú n ica lengua es com o tra ta r de e n c o n tra r la «esen­ cia de la vida* e stu d ian d o una sola b io esp ed e y, lo q u e es peor, in vestigando una especie ex trem a­ d am en te co m p leja com o la n u estra , en lugar de

alguna m o d esta b ac te ria. El enfoque a p rio rista y sincrónico no ha p ro d u cid o ningún universal lingüístico. Lo poco q u e se conoce se ha averi­ guado estu d ian d o algunos centenares de lenguas. Y este estu d io no ha exhibido h asta ah o ra una g ram ática u niversal cabal, lo que no im pide que lus tra n sfo n n a c io n a lista s hablen de la GU com o si hubiesen visto su p a rtid a de nacim iento. La explicación d e la p re su n ta existencia de universales lin g ü ístico s no ofrece dificultades p a ra Chom sky, p u esto q u e ha p o stu lad o que )a GU es in n ata y, m ás aú n , q u e es el «dispositivo de ad­ quisición del lenguaje». P or este m otivo, h a re ­ chazado en érg icam en te to d a ten tativ a de explicar los universales lingüísticos en térm in o s evoluti­ vos o histó rico s, de la m an era com o los biólogos explican los univ ersales biológicos (ta l com o Ea m olécula de DNA) o los h isto ria d o re s explican los universales sociales (ta l com o eí intercam b io ). Aunque C hom sky h a sugerido que la lingüís­ tica d ebería cu ltiv arse com o u n a ciencia n a tu ra l, rechaza la h ip ó tesis d e que el lenguaje hu m an o proceda de un siste m a m ás p rim itiv o de com uni­ cación y p en sa m ie n to (C hom sky 1980). La razón que aduce p a ra este rechazo es que el lenguaje hum ano «se b asa so b re prin cip io s en teram en te diferentes» de los d e la com unicación anim al. P o r esto, «esp ecu lar so b re la evolución del len­ guaje h u m an o a p a r tir de sistem as m ás sim ples» le p arece «quizá Can a b su rd o com o esp ecu lar acer­ ca de la “ev o lu ció n ” de los átom os a p a r tir de nubes de p a rtíc u la s elem entales» (1972, p. 70). Sin em b arg o , tos físicos y quím icos, a p a r tir de P ro u t, h an esp ecu lado acerca de la evolución a tó ­

m ica y m o le c u la r; hay incluso un resp etad o Jour­ nal o f M olecular E volution. Más aú n , tal investi­ gación está siendo cada vez m enos especulativa, y p arte de ella es hoy dia co n stitu y en te de la bio­ logía evolucionista. El rechazo p o r C hom sky del enfoque evolucionista del lenguaje, ju n to con su in n atism o , p ro vienen de su m en talism o , así com o de su in co m p ren sió n de la te o ría d e la evolución. En efecto, C hom sky cree q u e ésta niega la em er­ gencia d e n ovedades radicales, qiie son p recisa­ m en te las que tra ta n de explicar los biólogos evo­ lucio nistas. (P a ra c rític a s adicionales, véase Piatek 1982.) C hom sky va m ás allá y niega explícitam ente q u e el len g u aje sea u n a creación hu m an a que h a evolucionado ju n to con la cu ltu ra . P regunta: «¿H em os "h echo” el inglés u sted y yo? E sto p a re ­ ce ca re c e r de sen tid o o se r falso. No tuvim os |a p o ­ sib ilid ad de elegir el lenguaje q u e a d q u irim o s; sim plem ente, éste se d esa rro lló en n u estra s m en­ tes en v irtu d de n u e stro esta d o in te rn o y n u e stro am b ien te. ¿F ue el len g u aje "h ech o ” p o r n u estro s an teceso res re m o to s? E s difícil a trib u irle sentido a esta opin ió n . E n efecto, no h ay m ás razones p a ra p e n sa r q u e el len g u aje ha sido “hecho’* que p a ra c re e r que el sistem a visual h u m an o y las diversas fo rm as q u e to m a h an sido “hechos p o r el hom bre"» (1980, p. 11). Al p re g u n ta r si u n a lengua es o b ra de un indi­ viduo, C hom sky se dirige a un e sp a n ta p á ja ro s: la tesis de que el lenguaje es u n a creación h u m an a debe en ten d e rse en un sentido social e h istórico. A nálogam ente, la m atem ática no fue o b ra de un solo in d ividuo, sin o de m iles de p erso n as en el

cu rso de railes de años. Sin em bargo, la m a te ­ m ática es una creación h u m a n a e incluso una creación co m p arativ am en te reciente: ias teorías m atem ática s no se en c u en tran en la n atu ra leza y e ran desconocidas hace unos pocos m iles dé años. Sin duda, «el lenguaje se d esa rro lló en nues­ tras m en tes en v irtu d de n u e stro estad o in tern o y n u e stro am biente», p ero esto vale tam b ién p ara el resto de n u estro eq u ip o m en tal y cu ltu ra l. (A p ro p ó sito , obsérvese la confusión, tal vez delibe­ ra d a, en tre d esarro llo , u ontogenia, y evolución, o filogenia. Si el d esa rro llo individual recapitulase la evolución, com o creía H aeckel, en to n ces el es­ tudio de la m an era com o los in fan tes y ios niños ad q u ieren ciertas d estre?as y conceptos nos en­ señ aría cóm o los ad q u irie ro n los h om ínidos y los h o m b res p rim itiv o s, com o lo h an sugerido P a rk e r y G íbson 1979. P ero la «ley» d e H aeckel no es una ley. Los in fan te s no tienen un sistem a nerv io ­ so m a d u to y no se g anan la vida ni la deñ en d en de bestias feroces y o tra s am enazas am b ien tales.) C hom sky tiene u n a visión e stá tic a dél lengua­ je. E sta visión c o n tra sta vio len tam en te con la bio­ logía evolucionista, la a n tro p o lo g ía y la h isto ria h u m an a, ninguna de las cuales h ab la de u n a na­ tu raleza h u m an a in v arian te, en p a rtic u la r de un eq u ip o m en tal co n stan te . Com o solía d ec ir Dobzhansky, en la biología nada tien e sentido si no es a la luz de la ev o lu ció n ; lo m ism o puede de­ cirse de la psicología y de las ciencias sociales. D espués de todo, la com unicación es p a rte de la c u ltu r a ; m ás aún, es un co m ponente esencial de la e s tru c tu ra social h u m an a. Y la c u ltu ra debe e stu d iarse no sólo sincrónicam ente, sino tam bién

d iacró n icám en te. En p artic u la r, es preciso estu ­ d ia r la evolución del lenguaje a p a r tir de m odos m ás p rim itiv o s de com unicación, así com o los cam b io s diacrónicos de sintaxis, sem án tica y fo­ nología, si p reten dem os co m p re n d er el estado actu al del lenguaje. Es verdad que hay m uy pocos d alo s em píricos acerca del origen y la evolución del lenguaje h u ­ m a n o ; esto es de e sp e ra r tra tá n d o se de un cam po de investigación joven y asediado p o r el ejército m en talista. Sin em bargo, ya hay algunos re su lta ­ dos, tales com o el estu d io de la em ergencia, com ­ p arativ am en te recien te, de nuevas lenguas (creoles) a p a r tir de lenguas c h a p u rra d a s (pidgins) en H aw aii y o tro s lugares (B ick erto n 1982). O tro es la identificación del «área» de B roca en un p a r de crán eo s de h om ínidos q u e vivieron hace dos m illones de añ os. (Si se confirm ara, este ha­ llazgo d eb ilita ría con sid erab lem en te la curiosa hipótesis de que el lenguaje se form ó hace tan sólo unos pocos m iles de años, com o lo sostiene Jaynes 1976.) E n to d o caso, todos los estudios h istó rico s están afectad o s de pobreza de d ato s y m uchos de ésto s son inevitablem ente c irc u n sta n ­ ciales. La reco n stru cció n h ip o tética de u n a p ro ­ tolengua, com o el p ro to ín d o eu ro p eo , es tan a rries­ gada com o la reco n stru cció n h ip o tética de la fase inicial de la expansión del universo. P ara im p u lsa r la investigación del origen y la evolución de las lenguas, deberíam os e lab o rar, en­ tre o tra s, las h ip ó tesis siguientes: P rim era, el cu erp o de los hom ínidos (en p a r­ tic u la r su ce reb ro y su a p a ra to vocal) debe h aber estad o preadaptado p a ra la adquisición de la

facultad del le n g u a je ; o sea, la posibilidad de a d q u irir esta ú ltim a debe h ab e r preexistido. En o tras p alab ras, algunos h om ínidos c a ren tes de lenguaje deben h ab e r estad o eq u ip ad o s con los circu ito s n eu ro n ales adecuados p ara p ro d u c ir y co m p ren d er trozos de h abla de algún tipo. (La p read ap tació n no es m iste rio sa. La m ayoría de las ad ap tacio n es son de este tipo: la evolución es o p o rtu n ista, no p rin cip ista. Por ejem plo, la larin ­ ge y la lengua no fu ero n «diseñadas», sino sólo «usadas» p ara h ab lar.) Segunda, es posible que sólo los lenguajes sim bólicos, o sea, capaces de e x p resar pensam ien­ tos, sean típ ic am en te h um anos. T ercera, deb id o a la u n id a d de la especie h u ­ m ana —o sea, a su origen a p a r tir de u n a única especie an c e stra l— , es p ro b a b le q u e to d as las lenguas hayan evolucionado a p a r tir de un tronco com ún. A unque esta hipótesis goza de poco favor e n tre los lin g ü istas, esp ecialm en te los transform acionalistas, es in ev itable en u n a p erspectiva evo­ lucionista. C u arta, p u esto q u e el habla no es sólo un m e­ dio de co m u nicación, sino tam bién una h e rra ­ m ien ta p ara p en sar, debe haber evolucionado ju n ­ to con el co n o cim iento. E s pro b ab le que los len­ g u ajes sim b ó lico s se hayan to m a d o posibles so­ lam ente cu an d o se fo rm a ro n razonam ientos y ap a­ reció la necesid ad de discu tirlo s. Antes de esa épo­ ca, puede h a b e r b astad o un lenguaje m ucho m ás p rim itiv o . La hip ó tesis de la coevolución del len­ g u aje y el co n o cim iento es refo rzad a p o r la psi­ cología del d esa rro llo , la cual m u estra que la «fa-

cu itad » del len guaje no está se p a ra d a de las dem ás «facultades» m entales. Q u in ta y ú ltim a, pu esto q u e el h ab la no es so­ lam en te «el esp e jo del alm a», sino tam bién una relación social, el conocim iento de la organización social d eb ería d ecirnos algo acerca del nivel de evolución necesario p ara que el lenguaje desem ­ peñe c iertas funciones sociales. En definitiva, es posible e s tu d ia r el origen y la evolución del le n g u a je ; m ás aú n , tai estu d io ya e stá en m a rc h a (p. ej., H a rn ad com pil. J976). P ero esta investigación no va a av an zar ráp id am en te a m enos que se elim inen tres o b stácu lo s filosófi­ cos. Uno es el co n sejo e m p irista de aten e rse a los d a to s y e v ita r la c o n jetu ral Si se obedeciera esta m áxim a, jam ás se b u scarían d a to s de nuevas cla­ ses, su g eridos p o r hipótesis. No debem os ev itar la c o n je tu ra , sino sólo la especulación in c o n tra s­ ta b le e in fru c tu o sa ( p. ej,, la h ip ó tesis de que na­ cem os con un co n ocim iento tácito de la g ram ática u n iversal). El segundo o b stácu lo es la tesis de que la fa c u lté de langage (o «com petencia» lingüística, o GU, o LAD) es in n ata e invariable. P orque, si lo es, en to n ces no hay evolución p o r investigar. El te rc e r o b stácu lo es concebir el lenguaje de m ane­ ra q u e sólo las lenguas m odernas se aju ste n a la definición, sin que quede lu g ar p ara las m enos d esa rro llad as. Debem os d a r un lugar a estas úl­ tim as au n q u e sólo sea p ara d a r cuenta de las que ya conocem os, tales com o el balbuceo in fantil, el h ab la telegráfica y las lenguas c h a p u rra d a s (pidg in s). Es p ro b ab le que las g ra m á tic as que e stu d ia ia GGT sean ad q u isiciones relativam ente recien­ tes. Y la GU puede h a b e r sido la g ra m á tic a de la

p ro to len g u a (o lengua universal), la m ás p rim iti­ va de to d as aquellas a p a r tir de las cuales se de­ sarro lla ro n las m o d ernas. E sta h ip ó tesis no es m ás especulativa que la c o n je tu ra de la m era existen­ cia d e la GU. (E s posible q u e la p ro to len g u a haya tenido so lam en te dos ca teg o rías léxico-sintácticas: su stan tiv o y verbo. D espués de to d o , en lógica elem ental sófo n ecesitam os n o m b res y predicados. P or ejem plo, María es m orena se concibe com o «M aría m orenea».) P a ra te rm in a r este ca p ítu lo , sospecho que hay m ás universales lin güísticos que los d esc u b ie rto s h asta ah o ra, au n q u e quizá no ta n ta s com o sospe­ cha Chom sky, M ás aún, parece claro que los u n i­ versales lin g üísticos son m anifestaciones o acom ­ p añ an tes de universales cognoscitivos (perceptuales y co nceptuales), los cuales a su vez tienen sus raíces en universales neuronales, a m b ien ta les y sociales an tes q u e en u n a m ítica m e n te h u m an a co n stan te. T odos los seres hu m an o s, sean ab o rí­ genes au stra lia n o s, presid en tes su d am eric an o s o p arisin o s refinados, nacen con cereb ro s sim ilares, y to d o s ellos resp iran , com en, excretan, se m ueven, am an, o d ian , ap ren d en , piensan y se com unican. P or esto, al o cu p arse de sus asu n to s diarios, todos los seres h u m an o s hacen cosas sim ilares en todas las sociedades, tales com o aco starse, levantarse, m over las m anos y h a b la r o u sa r algún su b stitu to , com o el lenguaje de los so rdom udos. Y, sean in­ telectuales o cam p esinos, todos saben algo acer­ ca dei m undo circ u n d an te y todos in te ra c tú a n con éste. E stos u niversales an ató m ico s, co nductuales, m en tales y am b ien tales, así com o un origen bioló­ gico com ún, son las fuentes de los universales

cognoscitivos, los cuales son a su vez )a base de los universales lingüísticos. Dados tales u n iversales cognoscitivos, lo sor­ p re n d en te no es que haya universales lingüísti­ cos, sino q ue h asta ah o ra se hayan descubierto tan pocos. H ay dos explicaciones posibles de esta p arq u ed ad , y estas explicaciones son com patibles e n tre sí. Una es q u e sólo unos pocos universales cognoscitivos tienen c o n tra p a rte s lingüísticas, p o r­ que el len guaje es u n a h e rra m ie n ta m uy artificio­ sa. O tra es que los universales lingüísticos han sido afirm ados o negados an tes que objeto de in­ vestigación. C u alq u iera que sea ía razón, es d u ­ doso que se en cu en tren nuevos universales lingüís­ ticos a m enos q u e se investigue u n a m u e stra re ­ p re sen tativ a de to d as las lenguas conocidas {pese a la opinión de C hom sky) y a m enos que se em ­ plee u n a te o ría lin g ü ística m ás refinada (com o in siste en d ecirlo C h o m s k y , con toda razón). E n resu m en , la h ip ó tesis de la g ram ática u n i­ v ersal es in tere sa n te y fru ctífera , p ero todavía es difusa y está p o r confirm ar. No sabem os aún si to d as las lenguas co m p arten una e stru c tu ra b ási­ ca ; a fo rtio ri, no sabem os cuál pueda ser esta e s tru c tu ra (GU) ni cóm o se originó. Sin em bargo, esa c o n je tu ra im precisa y no confirm ada está en la raíz de la p sicolingüfsíica in sp irad a p o r Chom s­ ky. A ésta le ded icarem os el ca p ítu lo siguiente.

CAPITULO e m odo q u e cabe so sp ech ar q u e el m en talism o de C hom s­ ky no es m eram en te o p o rtu n ista (m etodológico), sin o p rin c ip ista (m itológico). C hom sky h a insistido, desde el com ienzo de su c a rre ra y con toda razón, en la necesidad de i r m ás aílá de la d escripción: es p reciso explicar. D esgraciadam ente, su p ro p ia noción de explica­ ción oscila e n tre la su b su n ció n (coverage) y la p en e tració n ( in sig h t). En ciencia, explicar un gru­ p a de hechos es d esc rib ir o c o n je tu ra r su m eca­ n ism o (m ecánico, eléctrico, quím ico, fisiológico o lo q u e fu e re) con ay u d a de u n a teo ría confir­ m ad a em p íricam en te (B unge 1983b). E xplicam os la p ro p ag ació n de la luz al d esc u b rir la genera­ ción de la co m p o n en te m agnética de] cam po p o r la eléctrica y recíprocam ente. E xplicam os una reacció n quím ica com o un choque in elástico de áto m o s o m oléculas. E xplicam os el origen de la vida en térm in o s de la au to asa m b le a de un id ad es su b célü lares, las cuales a su vez se h ab ría n autoco m p u esto a p a rtir de m oléculas. E xplicam os la ideación en térm in o s de la actividad, ya espon­ tán ea , ya cau sad a, de sistem as n eu ro n ales plás­ ticos. Y explicam os la fo rm ación y desintegración de sistem as sociales en térm in o s de relaciones sociales. En cad a caso u n a explicación, a diferencia de u n a m era sub su n ción, involucra un m ecanism o que, au n q u e no sea n ecesariam ente m ecánico, es necesariam en te m ateria l. (P ara la definición de ■m ateria», véase B unge 1981.) La ciencia no cono­ ce m ecanism os m entales p o rq u e lo m ental no es ni m ás ni m enos que una colección de funciones

(p ro ceso s) cereb rales. Lo que la ciencia está des­ cu b riendo son los m ecanism os neurales que ex­ plican los fen ó m e n o s m entales. En cam bio, las « estru c tu ras m entales» que «subyacen» a las «fa­ cu ltades m entales», p o stu lad as p o r C hom sky, no d escriben nada: son m eras redescripciones de los hechos ya conocidos, con la d esv en taja d e que los rodean de u n a esp esa niebla q u e no puede ser p en etrad a p o r el exp erim en to ni p o r la m odelización m atem ática. Echem os un vistazo a la m an era com o la p si­ cología fisiológica y, en p a rtic u la r, m i p ro p ia teo­ ría (B unge 198üa), p o d ría n ex p licar la generación y co m p ren sió n de frases o, en form a m ás realista, «los aco n tecim ien to s m ás am plios en que figuran oraciones, así co m o d e te rm in a n te s (cues) no v er­ bales» (M enzel & Jo h n so n 1976). La hipótesis cen­ tra l es que la ideación, en p a rtic u la r la fo rm ació n o co m p ren sió n de segm entos del habla, es la fu n ­ ción especifica (activ id ad o proceso p ec u lia r) de ciertos sistem as p lástico s de neu ro n as que llam o psicones. Un sistem a de n eu ro n as se llam a plás­ tico si su co n ectiv idad, en p a rtic u la r su conectividad sin áp tica, es v ariab le en el cu rso del tiem po después del nacim iento. La p lasticid ad se opone a ia rigidez c a ra c te rístic a de los sistem as n eu ro ­ nales cuya organización está p ro g ram ad a gené­ ticam ente y que son los que co n tro la n funciones innaLas tales com o re s p ira r y c h u p a r. (P a ra d e ta ­ lles, véase el A péndice 3.) Según e s ta teo ría, u n a idea sim ple es la ac ti­ vidad efím era de un psicón y u n a idea com pleja es la activ id ad de dos o m ás psicones activados sea sim u ltán eam en te, sea sucesivam ente. (C ada

p 5icón está co m p u esto p ro b ab lem en te de m ílesi de n eu ro n as, y el q u e uno cu a lq u ie ra tenga u n con cep to es un p roceso que, presum iblem ente, d u ra sólo u n a fracció n de segundo.) P or ejem plo, p en sa r la p ro p o sición expresada p o r la oración quiero a m i m am á es tal vez idéntico a la activa­ ción sucesiva d e dos psicones, uno p a ra la frase verbal y o tro p a ra la nom inal. A nálogam ente, la form ación de la idea de flor bonita pued e c o n sistir en la activación, sim u ltán ea □ sucesiva, d e p sico n es p a ra «flor» y p a ra «boni­ ta» resp ectiv am en te. El ord en de esto s conceptos pu ed e no im p o rta r a un nivel m ás p ro fu n d o , p ero im p o rta rá si el p en sam ien to es expresado v erb al' m ente. SÍ h ab lam o s castellan o , el psicón p a ra «flor» d eb erá s e r activado a n te s q u e el psicón p a ra « b o n ita» ; en cam b ia, si h ab lam o s ingles o c u rrirá al revés ( b ea u tifu l flow er). Los e rro re s del h ab la, en p a rtic u la r las p ro n u n ciacio n es invo­ lu n ta ria m e n te in co rrectas, ios fenóm enos dislécticos y los tru eq u e s (sp o o n e rim s), pueden expli­ ca rse com o conexiones in adecuadas. P or ejem plo, si digo Pepe la pelota pateó, en lu g ar de la frase co rre c ta (en p ro sa ), ta l vez sea p o rq u e el psicón p a ra pateó fue re ta rd a d o p o r la inhibición o p e ra ­ d a p o r algún p iro psicón. No hay d u d a de que e sta s explicaciones neurofisiológicas de fenóm e­ nos lin g ü ístico s so n toscas y sólo tentativas: la teo ría está aú n en pañales. P ero son explicaciones científicas p o sib les, p o rq u e arm o n izan con la neu­ ro ciencia, a d iferen cia del m entalism o. P ara co n cluir, sugiero que la psicalíngüísfica d eb ería a b a n d o n a r el m en talism o , incluso el crípto m en talism o del cognitivism o o funcionalism o

(que se in sp ira en las co m p u tad o ras an tes que en el cereb ro ), Los p sicolingüistas d eb erían con­ v ertirse en lin g ü istas fisiológicos (y genéticos y evolucionistas y sociales). E! m otivo es q u e p ro ­ ducim os y en ten d em o s frases con el ce reb ro , no con el alm a, ni m eaos a ú n con la co m p u tad o ra. Las v en tajas de la re o rien tació n que propongo son m últiples: i. La psicología fisiológica (y genética y evo­ lucionista y social) m ira h acia delante, en tan to que la m ent alista está a ta d a a la filosofía tra d i­ cional y a la teología. ÍL Loa lingüistas fisiológicos pueden inves­ tig ar un cú m u lo de p ro b lem a s nuevos que ni si­ q u iera se puede fo rm u la r d en tro dél estrech o m arco m en talista. E jem plos: ¿qué tip o s de co­ nexiones n eu ro n ales se estab lecen cuando el in­ fan te fo rm a su p rim e ra oración?, ¿ p o r q u é favo­ rece el bilingüism o el ap ren d izaje de cu a lq u ie r asu n to ?, ¿cóm o afecta la d ro g a (o lesión) X a la pro d u cció n o co m p rensión de! h a b la ? II L Los p s lc o lin g ü is ta s fisiológicos p u e d e n h a c e r Uso d e la p sic o lo g ía d el d e s a rro llo y d e la p sic o lo g ía e v o lu c io n is ta ( c o m p a r a d a ) , ig n o ra d a s p o r él m e n ta íis m o .

ÍV, Los p slco lingüistas fisiológicos in ten tan explicar la pro d u cción y co m p ren sió n del h ab la revelando los m ecanism os cereb rales de estos procesos. V. E sta m an era d e concebir la investigación psicolingüística facilita su fusión o integración con o tra s disciplinas, en p a rtic u la r la neurociencia y la ciencia social. (V olverem os a este p u n to en el cap. 8 .)

PUESTA A PRUEBA DE TEORÍAS LINGÜISTICAS

A Q uienquiera que provenga de las ciencias n atu ra les, g ran p a rte de la lingüística le parecerá u n a ocupación de gabinete, com o la fue la a n tro ­ pología an tes de n u estro siglo. En p artic u la r, le a s o m b ra rá o ír a un tra n s fo n m c ío n a lis ta d iscu tir las h ip ó tesis q u e hacen in fan te s h ip o tético s cu a n ­ do sopesan los m érito s relativos de gram áticas h ip o tética s re sp ecto de cu erp o s de dato s h ip o té­ ticos. A m en u d o los su p u esto s dato s que iiguran en sem ejan tes especulaciones no so n sino anéc­ d o tas, al igual que las h isto ria s de lejanas tierras q u e v iajero s y m isioneros solían n a r ra r a los c ré ­ d u lo s an tro p ó lo g o s del siglo xix. O tras veces los d ato s son genuinos p ero co n stitu y en u n a m u estra d em asiad o pequeña y a rb itra ria del corptts lin­ g ü ístico to tal, lo que explica p o r qué tan tas de las hip ó tesis que fo rm u lan los transform acionalista s su cu m b en a co n traejem p fo s no bien se ¡as publica. P or cierto , es preciso em pezar p o r alguna p ar­ te, y un p u ñ ad o d e ejem plos bien elegidos es m ás sugestivo que u n a m u e stra al azar, (Dos ejem plos fav o rito s de C hom sky son las siguientes oracio­ nes, q u e se d istinguen p o r su am bigüedad estruc-

ttiral, John is certain to teave, y visiting relalives can be a nuisance, Pero es d u d o so q u e sem ejantes am bigüedades se p resen ten con igual frecuencia en o tra s len g u as; en todo caso, no está p robado que el inglés sea una lengua típica y, por esto, digna de c o n c e n tra r casi toda la atención de los gram áticos.) Sin em bargo, u n a vez que se ha fo rm u lad o una hipótesis a la luz de un p u ñ ad o de ejem plos su­ gestivos, es preciso c o n fro n ta rla con a b u n d a n te s d ato s em p írico s si se p reten d e ju stific ar su eva­ luación com o verd adera o falsa. En u n a palab ra, m ien tras que es aconsejable seleccionar ios datos en la e ta p a de la fo rm ulación de hipótesis, es obli­ g ato rio so m eterlo s a an álisis estad ístico en la eta­ pa de Ja pu esta a prueba. A este respecto, no de­ bería h a b e r d iferen cia alguna e n tre la lingüística y las dem ás ciencias. S in em b arg o , la hay, y no sólo debido a la ten d en cia especulativa de los tran sfo rm acio n alistas, sino tam bién p o r razón de la n atu ra leza m ism a de los d ato s lingüísticos. Sugiero q u e es posible ag ru p a r los dato s lin­ güísticos en dos clases bien diferentes: fácticos y fác tico-norm ativos. El esq u em a del d alo «eí h ab lan te W, p erte n ecie n te a la com unidad lingüís­ tica X, p ro n u n ció la oración O estan d o en el estad o Y y en la c irc u n sta n cia Z» es del tipo fáctico. En cam bio, el esq u em a «la oració n O es gram atical (o acep tab le) en la lengua h en el contexto X* es de tipo fác tico-norm ativo, por excluir m uchos d ato s fáctico s, a sab er, to d as las expresiones g ra­ m aticalm en te «incorrectas» en la lengua e stá n d a r en cuestión. La d istin ció n que acabam os de hacer e n tre

d ato s fác ticos y d ato s fáctico-norm ativos ayuda a co m p re n d er ta función de las excepciones y la n atu ra leza de la p redicción en lingüística. Como vim os en el cap . 3, en ta n to que en las ciencias n atu ra les el d escu b rim ien to de excepciones a una g eneralización suele o bligar a m odificar esta úl­ tim a, en la lin g ü ística p u ra es posible d e sc a rta r las excepciones. E n efecto , es posible d eclararlas n o g ra m a tic a le s ; los tran sfo rrn acio n aiistas pue* den d ecir que no están d e acu erd ó con la «intui­ ción lingüística» del «habíante-oyente ideal». Por ejem plo, la o ració n p erfec ta m e n te lógica yo peiné yo es co n d en ad a com o no gram atical y obligada —en v irtu d de ciertas reglas— a tra n sfo rm a rse en yo m e peiné. E stá claro entonces q u e los datos fácticos tienen p o d e r p ara confirm ar o re fu tar, m ien tras q u e los fác tico-norm ativos carecen de él. Un p ro b lem a relacio n ad o con el a n te rio r es !a m an era com o la escuela de C hom sky suele hacer a un lado cierto s d ato s desfavorables a sus teorías. P or ejem p lo , según la te o ría e stá n d a r, «el signifi­ cado in trín seco de u n a oración y sus dem ás p ro ­ piedades g ram aticales están d eterm in ad o s p o r reglas, no p o r condiciones de uso, co n tex to lin­ güístico, frecu en cia de las p a rte s, etc.» (C hom sky 1972, p, 150). Si alguien exhibiera co n traejem p lo s que m o strasen q u e las pro p ied ad es sem ánticas (y fonológicas) de c ie rta oració n son sensibles al co n tex to y al uso, un p a rtid a rio fanático de la GGT so sten d ría q u e tales facto res externos pueden afe c ta r al desem peño (perfo rm a n ce), no a la com ­ petencia. La d istin ció n e n tre com petencia y de­ sem p eñ o se usa así p ara b lo q u ear toda disconfir­ m ación posible. B otha (1973, 1978) ha d ad o n um e­

ro so s ejem plos de esta láctica em p lead a a m e­ n u d o p o r los tra nsfo r m acion al i stas. (L as llam o hip ó tesis ad hoc de m ata fe p a ra d istin g u irla s de las hip ó tesis ad h o c de buena fe, que pueden p o ­ nerse a p ru e b a in d ep en d ien tem en te y se p ro p o ­ nen p a ra re p re se n ta r grupos estrech o s d e hechos en lu g ar d e serv ir exclusivam ente p ara p ro teg er a o tra h ip ó tesis: véase B unge 1983.) Givón (1979) llam a a esta m an io b ra «el d estrip am ien to de la base de datos». Los lin güistas, en p a rtic u la r los tran sío rm a cio n alistas, so stien en a m enudo que u n a teoría lingüística, com o c u a lq u ie r o tra teo ría fáctica, d eb ería se r capaz de p redecir. P ara to rn a r p lausi­ ble esta afirm ación, fo rm u lan algunas de sus o ra­ ciones de m an era que se parecen a predicciones au tén tica s. P or ejem plo, en lu g ar de d ec ir «la exoresión X es aceptable», acaso digan «la ex p re­ sión X será aceptable». (B ó th a 1981, cap. 8 , trae u n a discusión d etallad a p ero d iferen te de la p re­ dicción lingüística.) A los o jo s de un m etodólogo, este tru co estilístico no co n v ierte un enunciado fáct ico-norm ativo, sea d ato o h ip ó tesis, en una predicción. Una razón de esto es que, com o vim os hace un m o m en to , un en u n ciad o de ese tipo no dice lo q ue es, sino lo q u e debe ser. O tra es que las predicciones (y tam bién las posdicciones) se refieren a hechos, en ta n to que la afirm ación de q u e cierta expresión pertenece a u n a g ram ática (o, incluso, a un co rp u s) no es un hecho. Expli­ quém onos. En las ciencias, sólo los hechos son o b jeto de predicción o posdicción. Y los hechos son estad os o cam bios de estad o (o sea, acontecim ientos o p ro ­

cesos) de cosas concretas, sean átom os, personas o sociedades. P or ejem plo, el que una persona p ro n u n c ie una frase, y su in te rlo c u to r la oiga y entien d a, son h e c h o s; en p rin cip io , estos hechos serían p red lctib les con ayuda de u n a psicolingiíística m uy avanzada. Igualm ente, podem os p re­ d ecir que, si una p a la b ra e x tra n je ra q u e contuvie­ se la sílab a va fuese in co rp o rad a al castellan o , la sílaba se p ro n u n c ia ría / b a / . É sta, au n q u e posi­ b lem ente falsa, es u n a predicción a u tén tica p o r­ q u e se refiere a un hecho posible. En cam bio, el que una frase d ad a sea g ram atical o aceptable no es un hecho objetivó: no es un estad o de una cosa co n creta ni un cam bio de estad o de un ente m ateria l. P or lo tan to , no es p red ictib le ni impredictible. A nálogam ente, el q u e u n a fórm ula m a­ tem ática d ada sea bien fo rm ad a (o tenga un sen­ tid o en u n a teo ría dada, o sea verdadera p ara u n o b jeto p a rtic u la r) no es p red ictib le, p o rq u e no es u n hecho. En general, la co n fo rm id ad con un e s tá n d a r m ás o m enos convencional (y las g ra­ m áticas son en p a rte convencionales, com o vim os en el cap. 3) es un d ato p ero no un h ec h o ; por to tan to , no es pred ictible. En resum en, la lingüísti­ ca pura no puede hacer predicciones. Dicho en fo rm a negativa: las predicciones que dicen hacer los tran sfo rm acio n alistas son ilusorias. La teo ría lin g ü istica pu ra, que se ocupa cen­ tralm en te de g ram áticas, no hace predicciones. P ara h ac er predicciones lingüísticas hacen falta teo rías psicoíingüisticas, n eurolingüísticas y sociolin g üísticas. Así, p or ejem plo, «la expresión IV es (o p o d rá ser) u tilizada p o r los hablantes de la co m u n id ad lin g ü ística X cuando se hallan en

d estado Y en las circu n stan cias Z» es un esque­ m a p red ictiv o genuino. En efecto, predice algo acerca de un aco n tecim iento posible. P or ejem plo, podem os p re d ecir q u e la expresión ese coso es fen ó m en o es acep tab le en tos b a rrio s po p u lares de Buenos Aires pero inaceptable p a ra los lecto­ res de la R evista de O ccidente. O bsérvese que no estam os tra ta n d o de un d eta­ lle sin im p o rtan cia. En efecto, si las teo ría s lin­ g üísticas son p red ictivas, en to n ces deb erla po­ nérselas a p ru e b a de la m ism a m an era que las teo rías fís ic a s ; pero, si no lo son, d eb eríam o s ponerlas a p ru eb a de u n a m an era d iferen te. Su­ giero que se las pone a p ru e b a c o n tra stá n d o la s con g ram áticas, no con la re alid ad lin g ü ística; y que, a su vez, las g ra m á tic as se ponen a p ru e b a sólo en p a rte p o r c o n tra ste con los hechos lingüís­ ticos, y esto p o r ser n o rm ativ as tan to com o des­ crip tivas, com o sostuvim os en el ca p ítu lo 3. El propio C hom sky ha insistido en que u n a g ram á­ tica no sólo d eb ería co n c o rd ar con el corpus d is­ ponible, sino que d eb ería ser capaz de an alizar el discurso, asig n an d o a cada oración su c la ra des­ cripción e s tru c tu ra l (o m a rc a d o r de frase). En principio, diversas g ra m á tic as pueden d a r cuenta de un co rp u s lingüístico d ad a. ¿C óm o ele­ g ir en tre eílas? Según C hom sky (1957), la elección se funda en g ran m edida en la intuición y la sen ­ cillez. Más precisam ente, estip u la que, sí las g ra ­ m áticas Gi y Gj co n cu erd an igualm ente bien con los datos, en to n ces G( es p re fe rib le a Ga si, y sólo si, a) Gi d a m ejo r cu en ta q u e G 2 de las «intuicio­ nes lingüísticas» del h a b lan te nativo de la lengua, y b) Gi es m ás sim ple que G 1 .

D esgraciadam ente, C hom sky no dilucida estas nociones clave de intuición y de sim plicidad. Sin em bargo, sabem os que no es confiable re c u rrir a la in tu ició n , p o rq u e lo q u e es intuitivo p ara una persona es p arad ó jico p ara o tra (B unge 1964). Y re c u rrir a la sim plicidad es engañarse, p orque hay m uchas clases de sim p licid ad lingüística (sin ­ táctica, fonológica, sem ántica, p ra g m á tic a ) y a l­ g u n as de ellas son m u tu am en te incom patibles (B unge 1963). P o r consiguiente, el que Gi concu erd e m ejo r q u e Gi con la intuición del lingüis­ ta no d eberla c o n ta r com o elem ento de p ru e b a ; y el q u e G( sea m ás sencilla q u e G¡ (¿en qué resp ecto ?) no d eb ería c o n ta r com o razón. P or su puesto, C hom sky p o d rá replicar q u e la evalua­ ción lin g ü ística debe fu n d a rse sobré la intuición y la percepción de sim plicidad del hablante-óyente idea!. P ero ésta no es u n a co n trastació n em ­ pírica, p o rq u e no hay p erso n as ideales. En reso lu­ ción, la GGT carece de un p ro ced im ien to de eva­ luación co m p arab le con el q u e se usa en las cien­ cias. E n lin g ü ística, com o en cu alq u ier o tra ciencia, debem os c o n ta r con elem entos de p ru e b a (o evi­ dencias em p íricas) de dos tipos: intradisciplinario e in terd iscip lin ario . (Un elem ento de pru eb a e relevante a u n a hipótesis perten ecien te a un cam po de investigación C se llam ará intradisciplinario si, sólo si, e perten ece exclusivam ente a C ; e interdisciptinario si, adem ás, pertenece a algún o tro cam po de investigación.) B otha (Í973) h ab la de evidencia in te n ta y externa respectivam ente y o b serva que, en ta n to q u e los d ato s sincrónicos acerca de una lengua constituyen elem entos de

p ru eb a in tern o s en fav o r o en c o n tra de una teoría lingüística, los diacrónicos, dialectales, n eu ro lin­ güísticos y psico lingüísticos so n externos. Los racionalistas: h acen poco casp de unos y o tro s, y los etn p iristas tien d en a d esd eñ ar los d a to s exter­ nos (in terd iscip lin ario s).’ E n cam bio, los re alistas d eb erían a p re c ia r tan to a unos com o a o tro s, ya que el co n o cim ien to h u m an o es uno, y las fro n te ­ ras d iscip lin arias son algo a rb itra ria s . A unque C hom sky no niega el valor de tos d ato s in terd iscip lin ario s o ex tern o s p a ra la teo ría lin­ g ü ística, no h ace u so de ellos en su s tra b a jo s cien­ tíficos. E n p a rtic u la r, no u tiliza d a to s neurolin giiístieos o socio lingüísticos, au n cu an d o éstos son ind isp en sab les p ara co m p re n d e r el m ecanis­ m o de la p ro d u cció n y co m p ren sió n de ex p resio ­ nes lin g ü ísticas (cap. 6). Igualm en te, m uchos o tro s lin g ü istas no se sienten in clin ad o s a e x a m in a r h i­ p ó tesis lin g ü isticas p a ra las cuales n o hay d ato s in trad iscip lin ario s, y esto no sólo p o r p ru d en cia, sino tam b ién p o rq u e creen en la au to n o m ía d e la lingüística p u ra. C onsidérese, p o r ejem plo, la h ip ó tesis de que el h o m b re p rim itiv o h ab lab a (u n a lengua p rim iti­ va). Dado q u e la e sc ritu ra y la g rab ació n son in­ venciones m uy recientes, no puede h a b e r p ru e b a em p írica d irecta en fav o r o en c o n tra de esta hip ó ­ tesis. P ero tam p o co hay p ru eb a em p írica d irecta en fav o r de las hip ó tesis de que el h o m b re prim itivo d o rm ía, pensaba o am ab a. La poca evidencia em ­ pírica d isp onible es circ u n sta n cial e in terd iscip li­ n aria , a sab er, p o r la vía de p rin cip io s generales de la biología, la psicología y la sociología. P or ejem plo, estam o s seguros de q u e el hom ­

b re prim itivo tenía n u e stra s m ism as necesidades (a u n q u e no los m ism os deseos), p o rq u e la b io ­ logía nos dice que p erten eció al m ism o género que n o so tro s; estam o s seguros de que pensaba, p o rq u e tenía un crán eo g ran d e y p o rq u e la m a­ n u fa c tu ra de h e rra m ie n ta s — en p artic u la r, de h e rra m ie n ta s p a ra h a c e r h e rra m ie n ta s— re q u ie­ re im aginación, p revisión, planeación y com u­ n icac ió n ; y estam o s razonablem ente seguros de q u e h ab lab a, p o rq u e la lengua es un au x iliar del pen sam ien to , u n a h e rra m ie n ta de com unicación y una co m p o n en te de la e s tru c tu ra social. En sum a, h acem os uso de p ru e b as em píricas c ir­ cu n stan ciales e in terd iscip Jin arias en v irtu d de cierto s p rin cip io s generales tom ados de ciencias vecinas. El lingüista au tó n o m o no puede p er­ m itirse sem ejan tes libertades. V olverem os a este asu n to en ef ca p ítu lo siguiente. La ligura 3 resu m e lo que precede. B otha (1981, pág in a 437) tra e un esquem a d iferen te, m ás con­ fo rm e con las id eas de C hom sky.

F iu 3. Rasgos so b re sa lie n te s lie la relación e n tre tas teo rías t;n lingüística |U!f a (g rain a lo lo g ia) y las te o ría s en psicotm süislica, y e n tre esas (corlas y los datos, a sí com o hechos (¡tis huí; c o n stitu y en un su pe i-conjunto de los da tus). O bsér­ vese quu solo tíii stibcofijunlo de la to ta lid a d de los d ato s (a s a b e i, los datos lingüísticos p ro p iam en te dichos) es direc­ tam ente relevante a la lingüística pura.

CARACTER DE LA INVESTIGACION LINGÜÍSTICA

¿C óm o se investiga de hecho en lingüística, y cóm o d eb erla in v estigarse? ¿D ebería tra b a ja rs e de una m an era p u ra m e n te conceptual o a priori, com o en m atem ática, o ta n to em p írica com o con­ cep tu alm en te, com o en qu ím ica? Y la lingüística ¿d eb ería co n sid erarse com o u n a ra m a de las h u ­ m an id ad es, a la p a r de la crítica lite ra ria y la his­ to ria de la lite ra tu ra , o bien u n a ciencia tal com o la an tro p o lo g ía? Los lin g ü istas d eb aten estas cuestiones, y o tras relacio n ad as co n ellas, p o rq u e aú n no han alcan­ zado un co nsenso acerca del a su n to a que se refie­ re su disciplina. P o r cierto , todos los lingüistas co n cu erd án en q u e la lingüística se ocupa de len­ guajes, p ero no e stá n de ac u erd o en q u é sea ei lenguaje ni, p o r lo tan to , en cuál sea la m e jo r m an era de e stu d ia rlo . E sto se debe en p a rte a la frag m entación de los estu d io s lingüísticos y en p a rte al h echo de q u e la cuestión de la n atu ra leza del len g u aje no es u n a estre ch a cu estió n técnica. E n efecto, es un problem a filosófico-científico del tipo de los p ro b lem a s de la n atu raleza de la m ente o de la sociedad. P o r consiguiente, no puede ser ab o rd ad o con éxito p o r ningún especialista es­ trecho.

No h ay d u d a d e q u e el fenóm eno del habla es m uy co m plejo. Las expresiones lin g ü ísticas son p ro d u cid as, en ten d id a s (o m al en te n d id a s) y u tili­ zadas (p a ra bien o p a ra m al) p o r p erso n as reales com o p a r te d e su vida m en tal y su s in teraccio n es sociales. P o r co n siguiente, el h a b la es un fenóm e­ no ta n to m en tal (n e u ra l) com o social, y p o r este m otivo es estu d iad o no sólo p o r g ram ático s, siiiü tam b ién p o r neurocientíficos, psicólogos y cien tí­ ficos sociales. Adem ás d e se r estu d ia d a com o p ro ­ ceso re a l en ce reb ro s y sociedades, es d ecir, cóm o parole, el h ab la es estu d ia d a en a b stra c to , o sea, com o tartgue. En efecto, la lin g ü ística teó rica no se ocu p a de hech o s lingüísticos, sino de u n m ode­ lo del h a b la real, a sab er, u n a lengua, o incluso del lenguaje en g eneral (recu é rd ese el cap. 1). E ste m odelo d e sc a rta las circu n stan cias co n cretas, en p a rtic u la r fisiológicas y sociales, de los ac to s lingüfsticoS p a rtic u la re s, fío h ay n ad a q u e o b je ta r a sem eja n te e stu d io a condición de que no se olvide que tra ta de un c o n stru c to y a condición de q u e d e vez en cu an d o se establezca algún con­ tacto con los hechos. D esgraciadam ente, ninguna de estas p recau cio n es se observa en todos los casos. E n p a rtic u la r, los tran sfo rm acio n alistas tra ta n el lenguaje com o una idea p lató n ica desli­ gada de su u so (H a rris 1981). La lin g ü ística es en to n ces un cam p o de inves­ tigación h íb rid o o m estizo, no hom ogéneo. (La geografía, la silv icu ltu ra y la ciencia espacial son o tro s tan to s cam p o s h íb rid o s.) No es u n a ciencia p u ra m e n te n a tu ra l po rq u e, au n q u e el h ab la es u n a función biológica, está fu e rte m e n te influida p or la so cied ad . T am poco es la lingüística u n a

ciencia exclusivam ente social, p o rq u e la fo rm a­ ción y com prensión de expresiones lingüísticas so n tam b ién fenóm enos subjetivos, Adem ás, la lin g ü istica tam b ién estu d ia la lengua com o si fu ese un o b jeto ex istente p o r sí m ism o, desligado ta n to de los cereb ros com o de las sociedades. Por consiguiente ia lin g ü ística actu al se parece a un m o n stru o de tre s cabezas (véase fig. 4), E l c a rá c te r h íb rid o de la lingüística, aunque evidente, no siem pre es reconocido. P or ejem plo, L

PsícnL 5, de m odo que su clase de referen cia e s B U M U f l = f l U M . En g eneral, estip u lam o s que la clase de rejer e n d a de un p re d ic ad o «-ario P, que figura en un co n texto C y tiene la form a P : A X B X ... X N ^ S , es el c o n ju n to de los m iem b ro s de todos los fac­ to res que figuran en su dom inio. En sím bolos, R ¿ P ) = A ü B U ... U N. T am b ién estip u lam o s que la clase de re feren ­ cia de u n a p ro posición es igual a la unión de tas

clases de referen cia de todos los pred icad o s que figuran en ella, in d ep en d ien tem en te de los conec­ ta re s q u e co n ten g a, P o r ejem plo, la clase de refe­ rencia d e «todos los casto res C onstruyen algunas presas» es la m ism a q u e la de «algunas p re sas son c o n stru id as p o r castores», a sab e r, la u n ió n de la clase d e los ca sto res y la colección de presas. O bsérvese que el sentido y la referen cia fue­ ron definidos p rescindiendo de la noción de ver­ dad. En cam bio, la extensión d e u n p re d ic ad o in­ volucra esa noción. P or ejem plo, la clase de refe­ rencia d e «a trae* es el c o n ju n to d e los o b je to s de los q u e pensam os (c o rrec ta o in co rrectam e n te ) que se a tra e n e n tre sí. En cam bio, la extensión de «atrae* es el p ro d u c to ca rtesian o del co n ju n to de los entes físicos, que se atra e n efectivam ente e n tre sí, p o r sí m ism o. O tro ejem p lo : la referencia de «taquión» es el c o n ju n to de todos los entes fí­ sicos que v iajan m ás ráp id a m en te q u e la luz. Que sepam os, no liay tales entes, de m odo que la ex­ tensión de «taquión», en el co n tex to de la física del m o m en to , es vacía. Y el sen tid o de «taquión» está dado p o r la to talid a d de las fó rm u las co n te­ n id as en la teoría del taquión (q u e la hay).

EXPLICACIÓN NEURGFISIOLÜGICA DE LO M ENTAL

Suponem os q u e la form ación y com prensión de frases son p ro cesos m entales y que a su vez ésto s son p rocesos cerebrales. M ás precisam ente, supo n em o s que los procesos m entales son cam ­ bios que o c u rre n en sistem as de n eu ro n as que llam am os p sico n es. Un psicón es un siste m a de n eu ro n as co n ectad as e n tre sf p o r vínculos (p. ej., co n tacto s sín áp tico s) variab les en el tiem po. Los psicones pued en ten er localizaciones espaciales fijas (com o su p o n ía H ebb 1949) o variab les (com o su p o n ía B in d ra 1967). Lo ca ra c te rístic o de un psicón, a diferencia de los sistem as n eú ro n ales encargados d e funcio­ nes in n atas, es que tiene u n a conectividad varia­ ble en el cu rso del tiem po. La form ación de u n a idea nueva (p a ra el an im al) se identifica con la form ació n de un nuevo psicón (en ei cerebro del anim al). Si la idea nueva es tra n sm itid a por estí­ m ulos Sensoriales (p. ej., im ágenes en u n a p a n ta ­ lla de televisión), h ab lam o s de aprendizaje. Si la id ea nueva se p re sen ta esp o n tán eam en te, o sea, en ausencia de tales estím u lo s exteriores, habla­ m os de creación o invención. (Com o es sabido, el co n d u c tism o y, en g eneral, la psicología em p irista niegan la p o sib ilid ad de la creación, y ello porque no se ocupan del ce reb ro o p o rq u e creen que éste

ac tú a so lam en te cuantío está som etido a estím u ­ los externos. La n eurociencia h a d escu b ierto la actividad esp o n tán e a de jos sistem as neuronales, así com o el hecho de q u e ios estím u lo s van acom ­ p añados de in hibiciones.) Ambos p rocesos, el ap ren d izaje y la creación, son procesos de cam bio de cotiectividades neuroriales. Un ce reb ro funcionalm ente rígido, com o el de un in v erteb rad o , no puede a p re n d e r sino a in­ hibir ciertas reacciones: ap ren d e a no hacer, no a hacer, Un ce reb ro p arcialm en te plástico , com o el de un m am ífero o un ave, puede ap ren d er, ade­ m ás, a e je c u ta r tare as no p ro g ram ad as, esto es, no d eterm in ad as p o r el genom o. E stam o s p ro ­ gram ad o s no p ara p en sa r lo que pensam os, sino p ara a p re n d e r (y d esa p ren d e r) a p en sar. Dicho de o tra m anera, lo ú n ico q u e sabem os al n acer es cóm o a p r e n d e r ; e incluso este s a b e r se m odifica a m edida que ap rendem os. Las nociones de conectividad v ariab le y de fun­ ción específica pueden d ilu cid arse com o sigue (B unge 1979, 1980a). Llam em os CabU) al v a lo r de la in ten sid ad de la conexión e n tre las n eu ro n as a y b en el in s ta n te í ; en general, CabU) * C ba{í). Si la conexión es ríg ida (p ro g ram ad a ), C ab(t) p er­ m anece p rá cticam en te c o n sta n te . Una conexión variable (o p lá stic a ) es aquella p a ra la cual C ab(t) cam bia, ya len ta, ya rá p id a m en te. P resum iblem en­ te, estos cam b io s so n lentos en el caso del in fan te y rápidos en el del joven. Una m an era de a g ru p a r todas las conexiones n eu ro n ales d e n tro de un psicón co m p u esto p o r n n eu ro n as es fo rm a r la m a ­ triz j) C a b (t) ¡j de n Alas y n colum nas. E sta m a­ triz nos da u n a descripción in sta n tá n e a del esta ­

do del psicón. Una de las m etas de la psicología fisiológica d eb ería se r e n c o n tra r las leyes ca rac­ te rísticas de la evolución de las conectividades de los psicones de d istin to s tip o s. (E v en tu alm en te, esto s tipos o especies de psicones deberían p o d er ser ca racterizad o s p o r las leyes que satisfacen.) Un psicón d esem peña funciones m entales y o tra s que no lo son. E n tre e sta s ú ltim as figuran el m etab o lism o y la sín tesis y degradación de cier­ tas p ro teín a s. Lo p ecu liar o específico de la ac­ tividad de un psicón puede ca rac te rizarse com o sigue. Llám ese ti (4', T) ál proceso (activ id a d ) to ­ tal que o c u rre en el psicón ¥ d u ra n te el perío d o T. (E ste p roceso o activ id ad puede definirse com o el c o n ju n to de los v alo res que to m a la función de estad o de '1' d u ra n te el p erío d o T, p a ra los cuales dicha función tiene u n a tasa de variación d istin ­ ta de cero.) Si de la activ id ad to tal ic ('?, T ) de ’P su b stra e ­ m os las activ id ad es com unes a todos los dem ás su b siste m as del sistem a nervioso N del que 'P fo r­ m a p a rte , nos q u e d a la actividad específica de esto es, aq u ello q u e solam ente 'P es capaz de hacer. En sím bolos, iU * , T ) = * (♦ , r ) — U i i x , T) x < N d onde u T) d en o ta la actividad del subsistem a x de N, d iferen te de (P ara detalles sobre siste­ m as en g eneral, b io sistem as en p a rtic u la r y sus activ id ad es específicas, véase Bunge 1979; p a ra n u e stra teo ría de los psicones, véase B unge 1979, 1980a.)

C reo que esta teo ría de la m en te h a b ría con­ tado con la ap ro b ación del m ás grande neurocientífico del siglo. En efecto, R am ón y C ajal n o sólo d efen d ía lá tesis de q u e los pro ceso s m entales son procesos cereb rales, sino tam b ién la hipótesis de que el ap ren d izaje se explica « tan to p o r el ro b u s­ tecim iento de las vías nerviosas (c o n je tu ra suge­ rid a p o r Tanzi y L ugaro) excitadas p o r el paso de la o n d a, com o p o r la creación de nuevos ap én d i­ ces celu lares (crecim ien to de nuevas d e n d rita s y alarg am ien to y ram ificación de co laterales n er­ viosas, no co n g én itas), su scep tib les de m e jo ra r el a ju ste y la extensión de los co n tacto s, y au n de o rg an izar relaciones ab so lu tam en te nuevas en tre neuronas p rim itiv am en te inconexas» (C ajal 1923, p. 188 de la edición de 1981),

B aranyi, A. & Fehér, O. (1981), «Svnaptic facilitad o » requires p aired activ atio n of convergent pathw ays ¡n the neocorlex», Nüture, 290:413-415. B ar ti e n , F. (1958), Thinking: An Experimental «mí Sociáí Stttdy, Basic Books, Nueva York. B índra, D. (1976), A Theory of InteUigenl fíehavior, Wiiey, Nueva York. B ickerton, D. (1982), Roots of Langmge, K am m a, Ann A rbor, M idi. Bíiss, T. V. P. (1979), «Synaptic plasticity in th e hippocam pus», Trends in Ñeurosctence, 2:42-45. B otha, R. P, (1973), The Justificaticm of Linguistic Hypotheses, M outon, La Haya. B otha, R. P. (1978), «P rotecling general-linguislic bypotheses from refu tatio n ■>, Sieltenbosch P a p en ¿ti Lingitistics, 1:1-38. B olha, R. 0 . (1981), The Conduct of Linguistic Inquiry, M outon, La Haya. Bunge, M, (1963), The Myth of Sintpiicity, P rentice Hall, Englew ood Cliífs, N, J, Bunge, M. (1964), Intuición y ciencia, Eudeba, Buenos Aires, Bunge, M. (1969), La investigación científica, Ariel, Barcelona (edic, rev. 1983). Bunge, M, (1972), «A p rogram fot* ílte sem antícs of Science», J, Phitosophical Logic, 1:317-328. Bunge, M. (1973), «M eaning in science», Proc. X V th Worid Congress of Philosophy, 2:281-286. Bunge, M. (1974a), Sense and Reference, Reidel. Dordrecht.

ÍNDICE

P r e fa c io ..................................................................... In tro d u c c ió n .............................................................. 1. 2.

L enguaje y l i n g ü i s t i c a ................................. 13 E l lev an tam ien to de C hom sky . . . .

7 9

26

Tesis lin g ü isticas...................................... 30 Tesis p s i c o l ó g i c a s ................................ 3! Tesis m etodológicas .

.

.

.

.

.

3. 4.

S i n t a x i s ........................................................... 38 S e m á n t i c a ................................................... 52

5. ó. 7. 8. 9.

U niversales lin g ü ís tic o s ................................ 68 Adquisición de le n g u a je ................................. 80 Puesta a p ru eb a de teorías lingüisticas . . C a rá c te r de la investigación lingüistica . C o d a ................................................................... 117

Apéndice 1. Apéndice 2. Apéndice 3.

32

99 109

Arboles y transform aciones . . 121 S i g n i f i c a d o ................................... 124 E xplicación neurofisiológica de lo

m e n t a l ....................................................127 B ib lio g ra fía ..............................................................131