Lima obrera 1900-1930 [2]

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Este segundo tomo ik. la serie Lima Obrera 1900-1930 contiene tra

bajos de varios miembros

íel equipo de investiga

ción que Steve Stein for ano en 1981, para estu-

iiar los cambios sociales

/ políticos ocurridos en la capital,

durante

ese

'.'•.inodo.

Laura Miller. histo

riadora de Wesleyan UniVíisity. nos presenta en ij trabajo La Mujer Obrera I 900-1 930. un in-

tiresante

y exhaustivo

"inálisis socio-histórico de

la vida de la mujer obrera.

Un segundo capítu lo de Katherine Roberts. :,istoriadora

de

Duke

Univcisity reconstruye, a

-nodo de biografía com

puesta, la vida de una fruijer obrera forzada por jas condiciones de vida a ¿ntrar en la prostitución 31 (aso Rosario.

En Raza y Clase Social: Los Negros de Lima.

1900-1930 Susan

Slokes. politicóloga de .Staníord

University

se

sumerge en las caracte rísticas de un grupo étni co, bastante ignorado en los estudios de la Lima

histórica. Stokes analiza utilizando diversas fuen

tes los dos tipos de racis mo, el estructural y el ideológico, que se dai) simultáneamente

en

la

Lima obrera.

El último trabajo

del

antropólogo

Jos/

Antonio Lloréns del In$ tituto de Estudios Perua

nos, De la Guardia Vieja a la Generación de Pim-

glo:

Música Criolla y

Cambio Social en Limaj 1900-1940,

estudia

la

música criolla como ex

presión de los cambio^ socioculturales que ex perimentaba la ciudad de Lima en aquellos años. Tratándose

de

un

grupo social que perma nece al margen del testi monio escrito los investí -

gadores utilizan como fuente primordial la his toria oral para la recons trucción de la vida coti diana

de

estos

actores

principales en la vida ur bana, sin dejar de lado otras fuentes menos tra

dicionales pero no por ello

menos

ricas.

Esto,

aspecto metodológico en riquece aún más el valio so

testimonio de

estos

trabajos.

Diseño

de

la

portada

José Alcalde Manco

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ediciones

5£3cELcVIR8gcY

Colección

Historia Social y Cultura Popular en América Latina

Serie

:

Director

Lima Obrera 1900-1930 Tomo II Steve Stein

PRIMERA EDICIÓN

ENERO, 1987 ©

Steve Stein

©

De esta edición Ediciones EL VIRREY

Miguel Dasso 141 - Lima 27

Perú

Tel. 400607

Impresión: Servicios Editoriales A.Arteta IMPRESO EN EL PERÚ

índice Capítulo 1: La mujer obrera en Lima, 1900-1930. Laura Miller Una reseña estadística Estado civil Alfabetismo

11

17 19

Trabajo

19

Maternidad

24

Mortalidad infantil

25

Anexo estadístico

29

El contexto ideológico La mujer: Un ser sensible y suave

44

La mujer : La coqueta limeña

48

La mujer : Una Eva caída La mujer : Una niña buena

49

La mujer : Sus múltiples caras en el vals criollo

53

50

Las mujeres hablan Cuando yo era niña

66

Yo he trabajado

77

59

Se necesita muchacha: servicio doméstico

85

En la cocina: el trabajo de la cocinera Con la escobilla y el almidón: el trabajo de la lavandera En la plaza: la mujer vendedora

90 93 97

La pobre obrerita: la costurera

102

Teníamos horario fijo: la obrera en la fábrica

108

Hay mujeres que tienen suerte con los hombres y otras que no tieneri . La mujer, "Reina del hogar"

Yo hacía todo para mis hijos Bibliografía Capítulo 2: El caso de Rosario. Katherine Roberts La prostitución El caso de Rosario Conclusiones

115

136 144

150 153 155 158 166

Capítulo 3: Etnicidad y clase social: los afro-peruanos de Lima, 1900-1930: Susan C. Stokes Introducción

171 173

Explotación y racismo: algunas reflexiones preliminares

173

Raza y clase en el Perú

174

Primera parte: Los negros en la historia del Perú La esclavitud negra en el Perú

El afro-peruano después de la abolición Segunda parte: Los afro-peruanos en Lima, 1900-1930 Tendencias demográficas La ubicación geográfica de los afro-peruanos

177

181

183

— La nación

189

— La provincia de Lima — Lima Metropolitana: el distrito censal — Lima Metropolitana: la vecindad El racismo y la segregación racial

190

192 193 195

Los afro-peruanos y la estructura racial de las profesiones

196

— "Una profesión negra": la construcción civil

201

— Las causas de la estructura racial de las profesiones El racismo ideológico: categorías raciales e identidad negra

209

Tercera parte: la cultura negroide, 1900-1930

206

219

El culto al Señor de los Milagros

220

— La generalidad del culto — La heterogenización social del culto -• El culto, el Estado y la Iglesia

222

El Club de Fútbol Alianza Lima

234

Reflexiones generales Bibliografía

248

220 229

250

Capítulo 4: De la Guardia Vieja a la generación de Pinglo: música criolla y cambio social en Lima, 1900-1940. José A. Lloréns

La Guardia Vieja El período crítico

253 256 262-

La generación de Pinglo

267

Expresiones del cambio

273

Textos citados

280

Capítulo i LA MUJER OBRERA EN LIMA

1900 -1930

Laura Miller

Este trabajo está dedicado a: Elvira e Isabel

Eas abuelas que me contaban Sus vidas.

Alejandrar María

Las madres que me enseñaban muchas artes.

Pilar y Eda

Las hermanas que me daban fuerza en la lucha.

Gloria y Magdalena

Las futuras mujeres

que me animaban con sus sonrisas.

Ya todas las mujeres que han trabajado y luchado. Tenemos el derecho a nuestra historia. Setiembre 2], 1982 Lima, Perú.

El hombre más oprimido del mundo puede oprimir a otro ser, que es su mujer.

La mujer obrera es la proletaria del mismo proletario. Flora Tristán, Unión Obrera (1)

E l estudio de la historia debe enfocar y aclarar hechos del

pasado, y también tiene implicancias importantes para la sociedad actual. Para evaluar la problemática de la mujer obrera hoy en el Perú, es indispensable tener en cuenta su participación en el trabajo y su rol dentro de la familia en la historia. Con esta visión del pasado, entenderemos mejor la ubicación de la mujer actual y hasta qué punto ha cambiado su situación. La situación de la mujer obrera requiere estudio como gru

po aparte con una dinámica especial dentro del estudio de la clase obrera a principios del siglo veinte. Este enfoque permite aclarar su condición de oprimida dentro de la clase obrera además de su opresión como miembro de la misma clase. Mientras que compartían una misma pobreza, existían diferencias fundamentales que son necesarias analizar. El estudio de la mujer desde 1900 hasta 1930 es un aporte a la creciente bibliografía sobre la mujer peruana. Ya existen es tudios de la mujer actual de varios estratos sociales, de la mujer campesina y sobre aspectos psicológicos, pero la mujer obrera del pasado es un tema poco estudiado hasta ahora. Las palabras escri tas dejadas por mujeres progresistas de la época como Elvira Gar cía y García, María Jesús Alvarado Rivera, Zoila Aurora Cáceres y Magda Portal nos dan una idea de la participación de la mujer en la política y de la creciente conciencia feminista en el país. Pero sus palabras no iluminan la vida de las mujeres que componían las grandes mayorías nacionales. Las mujeres que tra bajan en Lima a principios del siglo, sea en fábricas, en casas parti culares, en talleres o en sus propias casas no han dejado palabra es-

(1)

Flora Tristán, Unión Obrera (Barcelona, 1977), p. 23. 15

crita, y su historia muere con ellas. Es esencial descubrir y escribir la historia de la mujer obrera para darle el valor que ella merece. La historia de la mujer obrera no es una historia dramática de participación en las luchas políticas, aunque había cierto nivel de participación, ni es la historia de la lucha por los derechos civi les de la mujer. Pero sí, la historia de la mujer obrera es una histo ria de lucha; quizás la lucha más difícil, por la sobrevivencia. Ella vivía y sobrevivía en un mundo de pobreza aguda, sujeta a fuertes restricciones impuestas por las normas de una sociedad, iglesia y educación no sólo clasista sino también sexista.

El análisis del sexismo dentro de la clase obrera y en la so

ciedad en general nos dirige a una lucha importante para cambiar la situación actual. La frase arriba citada de Flora Tristán, una fe

minista del siglo diecinueve cuyo análisis es perspicaz e incisivo tanto para su época como para la nuestra, cristaliza la doble opre sión que sufre la mujer obrera. Al estudiar la dinámica de las opre siones de clase y de género y luchar para cambiarlas, se llegará a una igualdad social verdadera. Este estudio se divide en tres partes. La primera es una aproximación estadística de aspectos de la vida de la mujer obrera, como estado civil, trabajo, alfabetismo y mortalidad infantil. La segunda parte es un análisis de varios textos literarios de la época, señalando los temas e imágenes que formaban el contexto ideoló gico en el cual la mujer obrera construía su vida. La parte final consiste en el testimonio de las mujeres mismas, basado en entre vistas hechas en Lima entre Octubre 1981 y Agosto 1982. La par te final es la más importante. En una historia de esta naturaleza, el papel del historiador es dejar que los que han vivido la época des criban su vida. Es justo, además de más rico y tangible, que ellas mismas relaten su historia. Ninguna fuente sola ha sido suficiente para el estudio, pero por medio de la combinación y confrontación de información, llegaremos a entender mejor la realidad de la mu jer obrera de Lima a principios del siglo veinte (*).

Para una ampliación del tema, véase "Yo he trabajado": Working - Class Women in Lima, 1900 - 1930, Tesis de bachillerato de Laura Martín Mi ller, Wesleyan University 1984. Se encuentra archivado en el Centro de Documentación de la Universidad Católica.

16

UNA RESEÑA ESTADÍSTICA

La estadística es una entre varias maneras de acercarse a la

vida de la mujer obrera en Lima a principios del siglo. Siendo im posible una encuesta formal posterior de un grupo representativo, las fuentes estadísticas de la época sirven para formar una idea del perfil demográfico de la mujer de la clase obrera. Las cifras de los censos de Lima de los años 1908, 1920 y 1931, junto con informa

ción de los Boletines Municipales de Lima y las Memorias de la Municipalidad de Lima nos permiten ver, aunque desde lejos, as

pectos importantes de la vida cotidiana de la mujer, como parte de un sector social. Profundizaremos esta visión de un sector social entero con el testimonio oral de unas cuantas mujeres. Con las en

trevistas, pondremos carne y sangre al esqueleto estadístico. ESTADO CIVIL

En términos de estado civil, hay que señalar dos puntos

claves: el alto porcentaje de parejas convivientes, con la consecuen te tasa alta de ilegitimidad; y la diferencia entre las edades de casa miento del hombre y de la mujer.

En primer lugar, los censos indican una proporción baja de matrimonios. En cada uno de los tres años censales 1908, 1920 y

1931, entre un tercio hasta la mitad de la población mayor de 14 años se autodistinguía como soltero (ver Cuadro 1, Estado Civil en Lima: Los tres años Censales).* Y como es obvio, con esta alta tasa

Ver Anexo Estadístico en pág. 29 a 43. 17

de solteros de ambos sexos, hay una correspondiente alta tasa de

nacimientos ilegítimos —alrededor del 50°/o a lo largo de la época (ver Cuadro 2, Condición Civil de Nacidos). Convivencia era la manera más común de vivir y construir una familia dentro de la clase obrera. Según vemos en el Cuadro 3, Estado Civil en 1908, según las Razas, la proporción de solte ros autoclasificados es muy alto para hombres de las razas indí

gena y negra, las razas característicamente obreras. Según el censo de 1908, el

número de familias definitivamente construidas (es) in

mensamente superior a la cifra de matrimonios. . . en nues

tro bajo pueblo, el hogar ilícito, no sancionado por la ley eclesiástica o la civil, se ofrece al que lo estudie con más frecuencia que el hogar lícito (2). Convivencia era común en la clase obrera en parte porque

el acto de casarse no daba ningún apoyo económico a la pareja. Como veremos en las entrevistas, la relación entre hombre y mujer estaba caracterizada por la gran importancia de consideraciones económicas en lugar de otros valores de comprensión y afecto. Al considerar las cifras, hay que considerar el efecto de convivencia en la mujer que vivía en una sociedad que premiaba la

virginidad femenina y el matrimonio. Convivencia no necesaria mente indica una mujer que está abandonada por su hombre; más bien puede indicar una inestabilidad familiar y la impotencia de la mujer para reclamar sus derechos legales y económicos. Se puede apreciar el dilema psicológico de la mujer frente al compromiso examinando las cifras de viudas (ver cuadro 1V La población de Lima se auto-clasificó en los censos de 1908, 1.20 y 1931, y era posible representarse como uno quería. En cada uno de los tres años censales, hay de dos a cuatro veces más mujeres viudas que hombres viudos. Decir que una es viuda puede ser una manera más respetada para decir que es mujer con hijos, pero sin hombre presente. Las cifras pueden indicar normas sociales que

exigían el matrimonio para la mujer que a su vez vivía una realidad muy distinta. Las cifras en cuanto a la edad de los contrayentes de ma

trimonio son un aporte más a la descripción de los varios elemen

tos de la opresión de la mujer (ver Cuadros 4, 5 y 6, Matrimonio

(2) 18

Censo de la Provincia de Lima (Lima, 1908), p. 82.

según Edades de Contrayentes). En más del 75o/o de los casos, el hombre lleva unos diez años a la mujer. Estas cifras indican una situación en la cual el hombre pro bablemente ejercía una mayor autoridad para dirigir la vida y ac ciones de la mujer a raíz de su mayoría de edad. La mujer, res tringida y dominada por su padre en la niñez, pasa con la convi vencia o el matrimonio, a la misma situación de subordinación con

otro hombre mayor que ella, su marido. Irónicamente aunque la mujer obrera fuera menor que su esposo en la mayoría de los ca sos, ella no podía vivir el sueño de ponerse en las manos de un

hombre protector para vivir siempre tranquila. Ella tenía que tra bajar desde muy joven y enfrentar un mundo difícil sin la protec ción económica atribuida a un hombre mayor. Estas cifras sobre matrimonio reflejan una pequeña parte de una sociedad en la cual la convivencia dominaba. Pero la infor

mación presenta pautas significativas en cuanto a la conformación de la pareja que puede extenderse a las parejas que no se casaron. ALFABETISMO

Para el período 1900 a 1930, la tasa de alfabetismo es alta y generalmente igual entre hombres y mujeres, (ver Cuadro 7, Al fabetismo en Lima: Los Tres Años Censales). Cerca del 70°/o de

la población podía leer y escribir. Esta información refleja que an tes de la gran ola de migración de la Sierra, que solamente comien za a notarse en la última década del período, el sistema educacio nal cubría las necesidades básicas de una población relativamen te pequeña. La alta tasa de alfabetismo también indica que la gran mayoría de la población, hombres y mujeres igual experimenta ban la misma enseñanza y las mismas importantes lecciones de so cialización. TRABAJO

La consideración de las cifras sobre la mujer en el trabajo es fundamental para el estudio de la mujer obrera. Es esencial se ñalar no solamente la naturaleza única del trabajo femenino, sino también los cambios en la concentración de mujeres en varios sec tores de trabajo a través de la época. Hay una advertencia muy importante que hacer antes de considerar las cifras de los censos. Muchos estudios del trabajo de la mujer en la actualidad enfatizan la naturaleza eventual e infor19

mal del trabajo femenino. Esos estudios indican que la mujer tra

baja en más de una ocupación. La mujer que se auto-clasificaba co mo lavandera la noche que se tomó el censo de 1908 podía haber

se levantado la mañana próxima para ir a una casa particular para lavar y también cocinar. Por la tarde cuando llegara a su casa, po día haber preparado una torta para venta en la calle. Esta mujer entonces sería no solamente lavandera, sino cocinera y vendedo ra también.

Este problema de la auto-identificación es aún más agudo cuando tratamos de conocer la vida y el trabajo de la mujer que se identificaba como "sin profesión" (en los censos de 1908 y 1920), "sin datos" (en 1920), o que se ocupaba en "labores domésticas" (en 1908 y 1920) o "cuidado del hogar" (en el censo de 1931).

Las palabras "ama de casa" y "labores domésticas" ocultan un mundo de pequeños trabajos y servicios informales no reconoci

dos como la ocupación principal, pero que pueden ser el único ingreso fijo en la familia. Solamente el testimonio oral puede ayu dar a superar estas limitaciones en nuestra visión de la mujer en el trabajo. No obstante estas limitaciones sabemos que a través de la época, por lo menos un tercio de la población económicamente activa eran mujeres (ver Cuadro 8, Población Económicamente Activa Masculina y Femenina en Lima: Los Tres Años Censales). Estas cifras incluyen solamente mujeres que se clasifican en tra bajos formales remunerados. Dentro de este mundo de trabajo la mujer mayormente se dedicaba a servicio, haciendo las labores tradicionalmente femeninas de limpiar, coser, cocinar y cuidar a niños. Se dedicaba a los oficios aprendidos en su casa desde la ni

ñez para el trabajo remunerado fuera del hogar. Por presión eco nómica, la mujer obrera tenía que salir de su casa para trabajar, pe ro seguía en la misma categoría de actividad (ver Cuadro 9, Par ticipación Femenina por Sector de Trabajo). Según los censos, las profesiones con mayor participación femenina eran corte y confección (22.86°/o de la Población Eco nómicamente Activa Femenina en 1931), servicio doméstico (18.12o/o), lavado y planchado (14.59°/o), cocina (9.59o/o), y comercio (3.93°/o). Las categorías de empleada (3.21°/o), religio sa (2.22°/o), estudiante (13.05), y profesora (3.30o/o) también muestran un alto porcentaje de mujeres (ver Cuadro 10, Ocupa ciones con la más alta participación de la población económica mente activa femenina: Los Tres Años Censales). La categoría de corte y confección incluye los oficios de bordadoras, camiseras, 20

chalequeras, modistas, sastres y sombrereras, y no sabemos hasta qué punto incluye a mujeres que cosían en sus casas haciendo tra bajos eventuales.

Algunas ramas de empleo eran casi exclusivamente femeni

nas. En 1908, las ocupaciones con más del 50o/o de mujeres eran costureras, telefonistas, amas de leche, amas de llave, cocineras, lavanderas, domésticas, planchadoras, enfermeras, obstetrices y meretrices. La categoría "sin profesión" era representada mayor

mente por mujeres y esa clasificación puede indicar que la mujer

tenía una multitud de trabajos informales.

Lasalternativas de trabajo para la mujer eran muy limitadas.

Un análisis de matrimonios por profesión de los contrayentes sir

ve como buen ejemplo. Las mujeres que se casaron en 1907 (427

en total), eran agriculturas, cocineras, costureras, cigarreras, do mésticas, jornaleras, empleadas, fruteras, institutrices, lavanderas,

modistas, vendedoras y "sin datos" -amas de casa o mujeres con empleo informal y eventual. Estas 13 categorías se comparan con

las 56 categorías de trabajo varonil en la muestra. En este ejemplo hay 4 veces más tipos de trabajo abiertos al hombre que a lamujer. Sin embargo, hay que notar que el campo de trabajo tam bién era restringido parael hombre de la clase obrera. Era muy co

mún que los hombres siguieran a sus padres en la selección de un trabajo, y esas limitaciones eran aún más notables en los casos de ciertos grupos raciales de la clase obrera. Como nota Susan Sto kes en su estudio sobre los negros, el trabajo del hombre de esta ra za se limitaba a unos 5 ó 10 empleos dentro de un sistema de com

padrazgo y racismo. Eso era aún más marcado en el caso de lamu jer negra. El análisis de los empleos de este grupo no sólo nos muestra que ellas estaban restringidas a un grupo de empleos tradi

cionalmente femeninos, sino que aún dentro de este grupo, ella su fría una restricción a trabajos de bajo prestigio por su origen racial

(ver Cuadro 11, Ocho Profesiones con más de 50 Mujeres Negras en el Año 1908). 72.5o/o de las mujeres negras en la población

económicamente activa trabajaban en ocho profesiones de poco

prestigio, mientras que solamente 58.2Q/o de las mujeres indias, 53.20/0 'de mujeres mestizas, 19.7°/o de mujeres amarillas y 13.0°/o de mujeres blancas tenían empleo en estos oficios. Hay

una alta concentración de mujeres negras en lavado (33.1°/o de las mujeres negras eran lavanderas), en cocina (15.3°/o) y en em

pleo doméstico (11.7/o), mientras que hay una alta concentra

ción de mestizas en las categorías de costura (20.6o/o) y ama de

casa (22.1°/o). Estas cifras muestran que después del valorizado 21

trabajo en fábrica, la costura tenía más prestigio, mientras que el trabajo en lavado, cocina y empleo doméstico era menos prestigio so.

La época del estudio -1900 a 1930— es un período de grandes cambios en Lima y en la estructura de la fuerza de traba jo. Estos cambios son visibles en las concentraciones de mujeres en trabajos a través del período.

Las mismas ocupaciones femeninas salen en cada uno de los tres censos, pero hay cambios interesantes en los porcentajes de participación, (ver Cuadro 10). Durante los treinta años estu diados, se ve una baja en el porcentaje de la población femenina económicamente activa (PEA femenina) en lavado, costura, plan chado y cocina. Hay un alza notable de mujeres en servicio domés tico, especialmente en el censo del año 1931. Estas cifras reflejan dos elementos claves en la historia del Perú y de Lima. El alza en el número de mujeres en trabajo domés tico se explica en gran parte por la creciente migración a Lima que empezaba con fuerza entre los años 1920 y 1931. Varios estudios de servicio doméstico indican que es el ramo de trabajo más co mún entre mujeres recién llegadas de la Sierra a la capital. Aún en 1908, las serranas tenían la más alta participación en este empleo; 39.2°/o de las domésticas eran serranas, mientras que 15.8°/o de mujeres negras y 34.1°/o de mujeres mestizas trabajaban en este oficio, (ver cuadro 12 Profesiones de Alta Concentración de Mu jeres Negras). Esta alza es una expresión numérica del fenómeno humano clave de la migración a Lima. Trabajo en servicio domésti co era el trabajo en el cual la mujer sufría el mayor grado de explo tación y grandes números de las mujeres de la Sierra compartían esa experiencia. Los sectores

de servicios e industrias y artes manuales te

nían la tasa más alta de participación femenina, y al final del pe ríodo, el sector de industrias sobrepasa el sector servicios (ver Cuadro 9, Participación Femenina por Sector de Trabajo: Los Tres Años Censales). Había un flujo del sector más explotado de servi

cios, que incluía amas de leche, cocineras, lavanderas, domésticas y planchadoras, hacia el mundo de trabajo más formal. Sin em bargo, el sector de industrias y artes manuales incluía muchos ofi cios artesanales como bordadora, canastero, florista, modista,

sombrerero y zapatero; estos sobrepasan largamente el trabajo fe menino en las fábricas. Como veremos en las entrevistas, las condi

ciones de trabajo en pequeños talleres no eran tanto mejores como los trabajos en servicio. Había muy pocas mujeres trabajando en 22

fábricas que gozaban de las ventajas del trabajo organizado, y, en algunos casos, sindicalizado.

A pesar de la naturaleza más artesanal que industrial del sector de industria, había una entrada notable de la mujer a los oficios formales. Un resultado del aumento de presencia femenina en esta fuerza de trabajo más visible era la promulgación en 1919 de la ley 2851 Sobre Trabajo de Mujeres y Niños. La ley era una respuesta al

aumento considerable de las mujeres que trabajan, fenó meno explicativo de la gran crisis económica de los hoga res pobres, donde para mitigar al hambre, es menester ena jenar los esfuerzos de la madre y las hijas (3).

Mientras que se proclamó que la ley era un ejemplo de "al tísimo humanitarismo y previsión social" (4) es mucho más facti ble que la ley fuera una reacción a la crisis vjgente en el Perú en el año 1919, debido a la escasez de artículos de primera necesidad y las huelgas obreras estremeciendo Lima. Con tono característicamente paternalista, la ley señaló que:

La cooperación de la mujer y el niño en los diversos aspec tos de la actividad comercial o fabril eleva cada día sus coe

ficientes y hace por lo mismo, más necesaria e interesante, la intervención de los organismos administrativos para que la tutela de la ley que tiende a defender de todo peligro o expoliación a esas clases trabajadoras (5). La ley propuso proteger a la mujer y el niño con las si guientes medidas: fijó horas de trabajo para la mujer y el niño me nor de 18 años; prohibió el trabajo nocturno; fijó dos horas de descanso diario; e institucionalizó el descanso dominical. Esta le

gislación también requería que la mujer descansara antes de y des pués del alumbramiento y ordenaba que centros de trabajo con un alto número de mujeres con hijos tenían que proveer un lugar en donde las mujeres podían atender a sus bebés menores de un año (6).

(3) (4)

(5) (6)

Anales de la Inspección de Trabajo de Mujeres y Niños del Concejo Provincial de Lima, Genaro F. Salmón, (Lima, 1924), p. II. Ibid., p. 27. Las Memorias de la Ciudad de Lima (Lima, 1925), p. 174. Los Boletines Municipales de la Ciudad de Lima (Lima, 1920). 23

En la ley, hay poca mención de mujeres en trabajo even tual o en el sector de servicios. Hasta hoy día hay poca atención legislativa para este tipo de trabajo que es en gran parte el mundo del trabajo femenino. Como veremos en las entrevistas, la gran ma yoría de mujeres de la época tenían trabajo eventual o en servicios y sus condiciones de trabajo nunca estaban sujetas a reglamenta ción, ni tenían sueldo fijo ni jubilación. MATERNIDAD

La mujer obrera llevaba la carga de ser madre y esposa en cima del peso de su trabajo. Como veremos en las entrevistas, la jornada de la mujer obrera no era de unas meras 10 o' 12 horas, si no de 17 ó 18. Ella hacía el trabajo de cocinar, lavar, limpiar y cuidar a su familia, en sus momentos desocupados, en la mañana temprano antes de ir a su trabajo, o en la noche al llegar a su casa.

Si ella trabajaba a domicilio, integraba sus quehaceres de esposa y madre con el trabajo de la calle. Esta jornada matadora era úni camente experimentada por la mujer obrera; el hombre obrero su

fría, por eso, un menor grado de opresión. La mujer obrera empezaba su vida como madre y esposa

muy joven. En el año 1907, más del 50o/o de las mujeres que se casaron tenían entre 12 y 25 años (ver Cuadro 4, Matrimonio según la Edad de los Contrayentes). Ellas empezaban a tener rela ciones sexuales en estos años, dentro de la pareja casada o aún más común, en una relación de convivencia. Madres entre las edades de 21 y 25 daban a luz el número más alto de hijos —30.94% de los

hijos nacidos en 1910 eran de madres entre 21 y 25 años (ver Cua dro 13, Maternidad según la Edad de la Madre). Pero había muje res que daban a luz hasta los 50 años y en números importantes hasta los 40 años —7.08°/o de los hijos nacidos en 1910 eran de

madres de 36 a 40 años. La vida de madre comenzaba muy tem prano para la mayoría de mujeres y para muchas, "nunca termi naba".

La mujer obrera desempeñaba su rol de madre dentro de

condiciones que ponían en peligro no solamente su vida, sino, y en mayor grado la vida de sus hijos. Ella hacía labores pesadas has ta unos días antes de dar a luz. El mismo trabajo de cargar y cuiTexto de la ley 2851 "Sobre el trabajo de Mujeres y Niños", 2 de Octubre, 1920. p. 7363. 24

dar a sus numerosos hijos la cansaba físicamente, envejeciéndola antes de tiempo. La altísima tasa de mortalidad infantil refleja no solamente las pésimas condiciones de vivienda, subsistencia y la falta de atención pre-natal; también indica que la mujer estaba en cinta frecuentemente sin tener la dicha de ver a sus hijos sobrevivir más de cinco años. Como veremos en las entrevistas, la alta tasa de

mortalidad infantil tenía un efecto profundo en la mujer y no sólo en términos físicos. Ver a sus hijos morir por caucas que ella no podía cambiar le causaba un sentido de fracaso y tristeza profun

do que era compartido solamente hasta cierto punto por el hom bre obrero.

MORTALIDAD INFANTIL

Las cifras de mortalidad infantil para la época son sorpren dentes y chocantes. Este fenómeno refleja una multitud de facto res que afectaban a la clase obrera con más fuerza que a otros sec tores de la sociedad. Al analizar las causas de la mortalidad infan

til, salta a la vista la falta de recursos para la clase obrera y la es pantosa pobreza que estorbaba la vida y llevaba a la muerte. Como decía una autoridad médica de 1906, por las condiciones de vida la mayor parte de estos niños están "condenados a morir antes de vivir"(7).

Era la mujer más que cualquier otro la que tenía que en frentar las frustraciones y dificultades de 9er pobre, como la falta

de comida y las condiciones de vida malsana. El hombre podía escapar de estos problemas yendo a la calle, pero la mujer, definida en términos de la casa y sus hijos, sentía directamente el peso de la mortalidad infantil y el conjunto de factores que la causaba. La mortalidad en los primeros años de vida representaba una gran parte de la mortalidad general del período (Ver cuadro 14, Mortalidad Infantil como proporción de Mortalidad General). La muerte de jóvenes de 0 a 10 años constituía el 46.6°/o de las defunciones en 1930. Un informe publicado en Las Memorias de la Municipalidad de Lima en 1906 indicaba que las defunciones en los primeros cinco años de vida componían hasta 33°/o de la mor talidad general (8) y en 1925 se publicó el hecho de que la mortali dad de niños menores de dos años constituía poco menos que un

(7)

Las Memorias de la Ciudad de Lima (Lima, 1906), p. III.

(8)

Ibid, p. V. 25

tercio de las defunciones de menores de edad (9). Los cuadros para

mortalidad infantil indican que la mayor tasa de muerte es n el

primer año de vida (ver Cuadro 15, Mortalidad Infantil según Eda des: 0 a 5 Años y Cuadro 16, Gráfico de Cuadro 15). Dentro del primer año, la gran mayoría morían dentro de los primeros cuatro meses (ver Cuadro 17, Mortalidad Infantil según Edades: 0 a 12 Meses, y Cuadro 18, Gráfico de Cuadro 17). La mujer se preocupaba por la comida y el aseo del niño y

era la que lo cuidaba y trataba de curarlo cuando padecía de la multitud de enfermedades que amenazaban la vida de los niños de la clase obrera. Las enfermedades más virulentas entre la población infantil de Lima a lo largo de todo el período eran diarrea y enteri

tis, bronco-neumonía, debilidad congénita, meningitis, tuberculo sis, paludismo, sarampión, coqueluche, bronquitis y tétanos. La enteritis mataba a más de un tercio de los niños en casi todos los

años a lo largo del período. La gran mayoría de estas enfermedades estaban causadas

por las condiciones de pobreza de las cuales no se podía escapar. Enteritis, el "rey" de las enfermedades infantiles se originaba en: defectos de alimentación, (y) la salud de las madres se halla muy lejos de ser suficiente para la lactancia debido a afecciones gastro-intestinales producidas por mala alimen tación (10). Era la tarea de la mujer buscar y preparar la comida para toda la familia, pero los numerosos avisos sobre la mala calidad de

la leche y escasez de otros víveres dificultaba su vida y la conde naba en cierto sentido al fracaso en cuanto a su rol como madre.

En 1906, el médico inspector de la Municipalidad documentaba un aumento de muerte infantil durante los meses de verano debido al

calor que "descompone la leche y da lugar a la enteritis" (11). La mujer que trabajaba afuera de su casa enfrentaba aún más proble mas para la alimentación de sus hijos. Es irónico que este mismo médico, salido de las clases acomodadas, informara que "es la falta

Las Memorias de la Ciudad de Lima (Lima, 1925), p. XVV.

O) (10)

Los Boletines Municipales de la Ciudad de Lima (Lima, 1903).

(11)

Junio, 20, 1903, p. 1039. Las Memorias de la Ciudad de Lima (Lima, 1906), p. iv.

26

de régimen en las mamadas la causante de enfermedad" (12), sin buscar más las causas de esa "falta de régimen". Insalubridad de la vivienda también amenazaba la vida

de los niños, como notaban las autoridades del período: "la mayor mortalidad (era) en los barrios malsanos y en las brepobladas" (13). Obviamente estas condiciones santes de la mortalidad infantil afectaban más a la a cualquier otra clase social, tal como explicaba comentario de la época:

habitaciones sode vivienda cau clase obrera que este desdeñoso

Se encuentra un gran número de callejones en los cuales las

personas habitan, con el más absoluto desconocimiento de las triviales reglas de higiene; en cuartos pequeños y húme dos, faltos de luz y de aire, viven hacinados una serie de in dividuos en los cuales hacen presa fácil y con mayor razón en los pequeños, todas las enfermedades (14). También había peligros pre-natales que perjudicaban la vi da del infante. Según el informe de 1906 acerca de la mortalidad

infantil, "la madre, del pueblo se entiende, (está) mal alimentada y viviendo en lugares antihigiénicos y entregada hasta el último mo mento en sus ocupaciones habituales" (15). Por supuesto, los ins pectores médicos de las clases acomodadas no buscaban más allá

las causas de estas condiciones de una vida espantosa. Como era común en la época, este artículo culpaba a la poca'habilidad de la mujer obrera para cuidar a su hijo, comentando que había una gran "falta de conocimiento necesario para la crianza de ellos" (16) entre la clase popular. Insalubridad de vivienda, falta de alimentación de buena

calidad y falta de cuidado pre-natal eran factores que afectaban a la clase obrera más que a otros sectores. Relacionando estos he

chos a la más alta incidencia de convivencia en la clase obrera, no es de extrañar que "fallecieron en mayor número los ilegítimos: nacen y crecen en medio de la pobreza y faltos de cuidado y co-

(12)

Ibid. p. V.

(13)

Los Boletines Municipales de la Ciudad de Lima

(Lima, 1919).

Diciembre 1, 1919. p. 7348.

(14)

Las Memorias de la Ciudad de Lima (Lima, 1906), p. III.

(15)

Ibid. p. IV.

(16)

Ibid. 27

modidades que rodean en general a los legítimos" (17). Hasta en el derecho a la vida, la clase obrera estaba marginada.

El punto clave para recordar, frente a las cifras frías de mortalidad infantil y descripciones de vivienda y salud en general, es que las normas de la sociedad enseñaban que la vida de la mujer tenía que girar en tomo a su casa y sus hijos. Por la pobreza en que vivía, la mujer obrera estaba condenada a pasar una vida extrema damente dolorosa, caracterizada por un sentido de fracaso frente a la ideología dominante que no reflejaba la realidad que ella vivía. Se puede apreciar aún más los sentimientos e ilusiones de la mujer obrera después de considerar el mundo ideológico que la rodeaba.

(17) 28

Ibid.

ANEXO ESTADÍSTICO

ESTADO CIVIL

Cuadro 1. Estado Civil en Lima: Los Tres AñosCensales.

Menor de 14 Soltero

Casado Viudo

í

Divorciado Sin Datos Total

1931

1920

1908

H°/o

Mo/o

HO/o

MO/o

28.4 50.4 16.9 3.6

28.5 40.8 17.6 12.4

29.9' 46.2 19.5 3.7

29.5 40.0 19.1 11.1

.7 100.0

.7 100.0

.2 99.9



.7 100.0

H o/o

M o/o

33.9 41.9 20.4 3.1 .3 .4

34.3 36.0 20.2 8.8 .3 .4 100.0

100.0

Fuente: Censos de Lima, 1908, 1921 y 1931 Cuadro 2. Condición Civil de Nacidos. AÑO

LEGÍTIMOS NO

1901 1902 1903 1904 1907 1910 1912 1915 1919 1922 1923 1931*

1558 1607 1712 1754 1705 1930 1820 2177 2603 3654 3655 1235

o/o 46.9 .45.4 47.6 47.8 48.0 48.0 47.4 48.3 53.5 52.7 54.5 54.8

ILEGÍTIMOS NO

o/o

1758 1932 1883 1914 1847 2089 2018 2326 2261 3276

63.1 54.6

3055 1017

52.4 52.2 52.0 52.0 52.6 51.7 46.5 47.3 45.5 45.2

TOTAL

3316 3539 3595 3668 3552

4019 3838 4503 4864 6930 6710 2252

* Números de primer trimestre de 1931 solamente Fuente: Boletines Municipales, 1901 - 1931 29

O

9.85

13

21.21

28

48.31 83.86

1287 4531

37.12

406 610

59.13

7579

49

2.94 3.53 3.86 5.85 3.03 156 164

495

824

654

17.73 14.76 14.12 15.24 11.29

3941 3442 1810

41.58 47.11

7963 2861 789 41

9244 10987

37.10 34.14 22.32 29.62 .76

8247

0/o NO

No

o/o

o/o

Viudo

No

Casado

o/o

Soltero

No

Menor de 14

24

99.98 2.37 5

11.37

16.11

34

29.38

62

40.75

100.00 99.99 12817 100.00 99.99 2664 5403 100.01 100.00 42 31.82

26 59

132

23322

22231

.65 .45 .57 .97 1.09 106 73

145

o/o

Total

o/o

No

211

NO

Sin Datos

74

29540 24179

1.32

.76 .87

.04

1.05

86

1

4

639

o/o

1

3596 1916 28

NQ

42

4013 1432 569 48

o/o

Total

99.60 100.00 99.99 8501 3986 100.00 82 100.00 128 184

12.23 11.00 12.49 16.03 4.88

3614

17.40 16.60 16.84 14.56 58.54

5141

41.89 38.53 42.30 48.07 34.15

12375 9316

28.04 33.11 27.49 20.57 1.22

8282 8005 2337 820 2661 1062



o/o

No

o/o

No

Sin Datos

o/o

Viuda

No

Casada

°/o

Soltera



Menor de 14

Fuente- Censo de Lima, 1908.

AMARILLA RAZA INDEFINIDA

NEGRA

BLANCA MESTIZA INDÍGENA

HOMBRES

BLANCA MESTIZA INDÍGENA NEGRA AMARILLA RAZA INDEFINIDA

MUJERES

Cuadro 3. Estado Civil en 1908 Según Las Razas.

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3

37

oo

5.5

5.7

Fuente: Censo de Lima, 1908.

2.2

38.0

54.2

25.9 21.1 31.9 20.6 37.0 10.8

15.1

29.0

14.1 42.2

41.9 18.4 16.1 54.0 38.1 6.8 22.3

14.9 13.6 9.1 6.2 9.0 53.7 8.0 28.4 41.1 60.5

18.2 49.7 20.0 36.0 39.2 13.4

India o/o

11.1 21.8 55.2 41.9 34.1 60.9

Mestiza °/o

16.4 5.0 4.8 4.3 10.7 10.6

Blanca °/o

54.3 23.5 19.9 17.7 15.8 15.1

Negra °/o

Año 1908

1T.iDaio: rroiesioií e s a e A l i a o o n c e i iraciun ue ¡vi uj

* Cuadro preparado por Susan Stokes.

Ambulantes

Vendedoras

Tejedoras

Amas de llave Industriales Comerciantes Meretrices Amas de Leche

de Comercio

Empleados

Domésticas Planchadoras

Cocineras

Jornaleros Lavanderas

Agricultores

Profesión

uaaro L¿*.

0.6

3.9

0.1 0.2

0.1

Amarilla °/o

99.9

100.1 100.1 99.9 100.0 100.0 100.0 99.9

100.0 100.0 100.0 100.0 100.0 99.9

TOTAL

5o

6

tO

CS rH

CN

es

to

rH

1061 16.48

168 3.04

834 20.29

967 26.32

CO CN

1190 18.48

1233 22.29

1044 25.39

« LO

291 7.08

299 8.14

to eo

CS

o Tf

•s

O

312 4.24

599 10.83

10.24

159

9.23

594

798 14.43

465 11.31

562 15.30

eo

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la eo

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O

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10

CO

CO -*

es

o 1T5

'i

o

0.26

17

136 2.46

5 0.12

14 0.38

0.65

34 0.53

5.12

283

36 0.88

1.88

69

Tf

rH

CS

m •>*

•s

O

Datos para 1924 refieren a Enero a Agosto. También las categorías eran diferentes: 12 a 20, 21 a 30, 31 a 40 y 41 a 50.

46.42

721

1618 25.14

1102 19.92

31.06

1277

1137 30.94

LO CN es

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O

CO

O

CN

•a

o

532 14.48

620 39.92

17 0.26

0.01

1

46 1.12

0.16

§

c

O

o>

rH

l/i

EDAD DE LA MADRE

Fuente: Boletines Municipales, 1903-1924.

+

o/o

No

1924 +

o/o

1919 No

o/o

1915 No

o/o

No

1910

o/o

N° de hijos

1903

AÑO

148 2.67

43

C

co

113 2.75

87 1.35

CA

O CS

XI

86 2.34

2.77

0.01

1

98 1.77





0.05

2

iri

O.

es

¡3

es

Cuadro 13. MATERNIDAD: Nacimiento Según la Edad de la Madre.





1508 23.42

945 17.08









O

i

O

j

100.00

1553

6439 99.99

5531 99.62

4111 100.00

3674 99.99

H O t-i


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:

137

recían de desagüe y los desperdicios humanos también entraban al botadero debajo del caño.

El callejón en Lima era un sitio antihigiénico desde todos los puntos de vista. El Médico Demográfico Municipal en 1909 describe lo que podría ser considerada una vivienda obrera típica: La casa citada, que desde su fachada demuestra su estado

ruinoso y antihigiénico, consta en la parte exterior, además de la puerta principal, de dos tiendas al lado izquierdo, de dicadas una a la venta de frituras y la otra a la de carbón, y al lado derecho otra, ocupada por una encomendaría. To das esas tiendas, sobre todo las dos primeras, son muy peque ñas, como es de imaginárselo, dada la contigüidad en que se encuentran el despacho de carbón y el de frituras. Al pasar el zaguán de la casa, nos encontramos en un patio, en el cual se han construido, con tablas viejas, dos habitacio

nes, reduciendo el área de aquel de una manera muy apre

ciadle. Continuando a la derecha, seguimos por un callejón tortuoso y sinuoso en su piso, debido a que el pavimento, tanto de éste como del resto de la casa, está constituido

por tierra; al terminar el citado callejón, hay un segundo patio y en uno de sus lados cuatro cuartos pequeños en es tado de ruina, en la actualidad habitados, y al lado de éstos tres corrales, dedicados, dos de ellos, a la cria de animales domésticos y el otro a encerrar burros, y como la limpieza no debe hacerse con mucha frecuencia, es tal la cantidad

de inmundicia acumulada, que hace imposible la perma nencia en dicho lugar, ni por breves instantes (90). En estas condiciones, el problema sanitario de los callejo nes era enorme: ¿Puede ser más lamentable el estado de los callejones y casas de vecindad, aparte de la estrechez de las habitaciones hay carencia absoluta de ventilación y de luz; donde no hay sino uno, o a lo más, dos pequeños caños pa ra abastecer por lo menos a 80 ó 100 inquilinos y en los

cuales el agua corre a determinadas horas del día; donde cada desaguadero es un foco de infección, y cada recoveco o esquina un pequeño muladar, y donde una atmósfera hú. meda y hedionda predispone a todas las enfermedades y epidemias? (91).

(90)

Los Boletines Municipales de la Ciudad de Lima (Lima, 1909).

(91)

Anarquismo y Sindicalismo en el Perú, Piedad Pareja (Lima, 1978),

Julio 17. 1909.

p. 34. 138

En este mundo, la mujer hacía sus quehaceres de la casa y también su trabajo para la calle. Se publicó en Las Memorias de la Ciudad de Lima, en 1901, que gente de la clase obrera: viven allí en espantosa condición, mujeres, niños, y hom bres y animales domésticos de toda clase, sin que haya una sola regla que garantice la vida y la salud... se ven en redu cidísimas habitaciones de dos o tres metros cuadrados alo

jarse familias de cuatro, seis o más miembros, allí se crían toda clase de animales, en el mismo cuarto se hace la coci

na, el lavado de la ropa,tanto para la familia cuanto de las casas de la ciudad, pues las inquilinas son lavanderas, y bien sabe Ud. que en esa ropa puede venir el elemento infectante de la fiebre tifoidea, de la viruela y de otras in fecciones (92).

Pero lo que el Inspector de la Municipalidad no reconocía era que el "ambiente infeccioso" era donde esa mujer lavandera vivía, preparaba comida y criaba a sus hijos. La lucha para la sobrevivencia que experimentaba cada mu jer que vivía en un callejón significaba, entre otras cosas, estar en conflicto casi permanentemente con otras mujeres por los escasos recursos que les permitirían acercarse, aún un poco, a la imagen de la buena madre y esposa. La forma más visible del conflicto entre los habitantes de los callejones era el chisme. En el callejón, no ha bía intimidad. La mujer no podía vivir su vida aparte de los demás por el ambiente donde dominaba el chisme. El chisme afectaba más a la mujer que al hombre porque ella pasaba horas en el calle

jón. Según una mujer, el caño era el sitio en donde más se chismea ba:

Allí es donde se forma todo. Se paran allí y se ponen a conversar en el caño, y el caño es donde se forma todo pues. Conversan de todo, de la vida ajena, y todo... Hay

unas que hablan solamente lo necesario, pero son pocas así. Las paredes de los cuartos del callejón eran delgadas y se escuchaba todo lo que pasaba en los otros cuartos. La "vida ajena"

era parte de la vida común del callejón. Según una mujer: Se escucha todo. Igualito se escuchaba como de ésta, se es cucha, lo de allá, lo de allí también, igualito. La gente de acá la vida de ésta, sabe la vida de la otra, de ella, y sabe lo

de uno. No ves al callejón delgadito y todo lo que se dice se escucha. Y se sabe la vida de todos.

(92)

Memorias de la Ciudad e Lima (Lima, 1901). Anexos, p. XXIX. 139

ion vy colnn a U" en aSífCt° ^table la vida elentemor un calle jón, como nT'K notábamos la sección sobre de la niñez, del

chisme era uno de los elementos que motivaba la prohibición de

amigas para las niñas. Se tenía que cuidar de las amigas, porque se

gún una mujer:

H M '

cuPnVf"Ia ÍUa se,cret°) c°mo amiga, pero de cólera, se lo un hijo anormal, como mariconcito, y da vergüenza pues

cuenta, y todo el mundo se entera. Por ejemplo, si tiene

Trata de vergüenza y sale lo que sabemos (como chisme)!

En las palabras de otra entrevistada:

amSeneo eSt°,yle e" "i1 ho^ar' Puede una amiga, no \°Je0r' falta unoSÍque puede decir que yo ^r soydemala nííp es J^^V51'^6 eSt°í qUe el otro' mi sl, uno el