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Pablo Toribio Pérez (Sevilla, 1984) se licenció en Filología Clásica en la Universidad de Sevilla en 2007 y obtuvo, entre otros, el Primer Premio Nacional de Fin de Carrera. Se doctoró en 2011 en la misma Universidad con la tesis en la que se basa este libro, que llevó a cabo en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC (Madrid) gracias al programa JAE, como miembro del proyecto «Edición crítica de textos inéditos de Isaac Newton en lengua latina» (FFI2010-19084). Ha realizado estancias de investigación en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), en la Universidad de Leiden (Países Bajos), en la Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel) y en la Universidad de Rostock (Alemania). Su tesis ha recibido los premios de la Fundación Pastor y de la Sociedad Española de Estudios Clásicos. En la actualidad es miembro del grupo de investigación de la Junta de Andalucía «Antonio Tovar» (HUM-173) y trabaja como investigador post-doctoral en el Instituto Leibniz de Historia Europea, en Maguncia (Alemania).
Historia Ecclesiastica (De origine schismatico Ecclesiae papisticae bicornis)
La presente Historia Ecclesiastica es el texto escrito en latín por Isaac Newton (1642-1727) más extenso identificado hasta la fecha, sólo por detrás de sus célebres Principia (1687). Esta obra inacabada, que hasta el día de hoy había permanecido desatendida por la crítica, puede leerse en este libro por primera vez. En ella se aprecia el heterodoxo pensamiento de su autor sobre interpretación del Apocalipsis e historia de la Iglesia antigua: Newton entendía esta última como la historia de una corrupción dogmática y política (cifrada en la profesión de una Trinidad idolátrica), cuya profecía se encontraba en las Escrituras. El autor de la edición ha restituido el texto a partir de tres manuscritos de la colección Yahuda de la Biblioteca Nacional de Israel (Jerusalén), la principal colección de manuscritos teológicos newtonianos. El conjunto de dichos manuscritos, no publicado en vida del autor debido en gran parte al daño que le habría acarreado el conocimiento público de su «herejía», fue subastado en Londres en julio de 1936 y se encuentra en la actualidad repartido en una treintena de bibliotecas del Reino Unido, los Estados Unidos, Israel y Suiza.
Isaac Newton
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ISBN: 978-84-00-09736-3 GOBIERNO DE ESPAÑA
MINISTERIO DE ECONOMÍA Y COMPETITIVIDAD
CSIC
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Historia Ecclesiastica (De origine schismatico Ecclesiae papisticae bicornis) Isaac Newton
Edición crítica, traducción y estudio de Pablo Toribio Pérez CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS
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Historia Ecclesiastica (De origine schismatico Ecclesiae papisticae bicornis)
NUEVA ROMA Bibliotheca Graeca et Latina Aevi Posterioris 38
Comité Editorial Pedro Bádenas de la Peña, CSIC (Director) Inmaculada Pérez Martín, CSIC (Secretaria) Luis Alberto de Cuenca y Prado (CSIC) José Martínez Gázquez (Universidad Autónoma de Barcelona) Joan Carles Marset (Universidad Autónoma de Barcelona) Manuel Rojas Gabriel (Dpto. Publicaciones, Universidad de Extremadura) Jesús María Nieto Ibáñez (Universidad de León) Antonio Caballos Rufino (Universidad de Sevilla) Consejo Asesor Antonio Bravo García (Universidad Complutense de Madrid) Natalio Fernández Marcos (CSIC) Yorgos Kejayoglu (Universidad Aristóteles de Salónica) Alessandro Musco (Universidad de Palermo) Ciriaca Morano Rodríguez (CSIC) Johannes Niehoff-Panayotidis (Universidad Libre de Berlín) Aurelio Pérez Jiménez (Universidad de Málaga) Patricia Varona Codeso (Universidad de Valladolid) Juan Signes Codoñer (Universidad de Valladolid) John Victor Tolan (Universidad de Nantes)
ISAAC NEWTON
Historia Ecclesiastica (De origine schismatico Ecclesiae papisticae bicornis) Edición crítica, traducción y estudio de Pablo Toribio Pérez
NUEVA ROMA 38
CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS MADRID 2013
Reservados todos los derechos por la legislación en materia de Propiedad Intelectual. Ni la totalidad ni parte de este libro, incluido el diseño de la cubierta, puede reproducirse, almacenarse o transmitirse en manera alguna por medio ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, informático, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo por escrito de la editorial. Las noticias, los asertos y las opiniones contenidos en esta obra son de exclusiva responsabilidad del autor o autores. La editorial, por su parte, solo se hace responsable del interés científico de sus publicaciones. La edición de este libro se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigación FFI2010-19084. Catálogo general de publicaciones oficiales: http://publicacionesoficiales.boe.es EDITORIAL CSIC: http://editorial.csic.es (correo: [email protected])
GOBIERNO DE ESPAÑA
MINISTERIO DE ECONOMÍA Y COMPETITIVIDAD
© CSIC © Pablo Toribio Pérez Imagen de cubierta: Constantino manda quemar libros arrianos (detalle). Fuente: Ms. CLXV de la Biblioteca Capitular de Vercelli, fol. 2v. En: http://commons.wikimedia.org NIPO: 723-13-131-3 e-NIPO: 723-13-132-9 ISBN (CSIC): 978-84-00-09736-3 e-ISBN: 978-84-00-09737-0 ISBN (Universitat Autònoma de Barcelona): 978-84-490-3995-9 ISBN (Universidad de León): 978-84-9773-648-0 ISBN (Universidad de Extremadura): 978-84-7723-654-2 ISBN (Universidad de Sevilla): 978-84-472-1498-3 Depósito Legal: M-28980-2013 Maquetación, impresión y encuadernación: Gráficas Blanco, S. L. Impreso en España. Printed in Spain En esta edición se ha utilizado papel ecológico sometido a un proceso de blanqueado TCF, cuya fibra procede de bosques gestionados de forma sostenible.
A la memoria muy viva de mi madre, Concepción (1949-2011)
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The authority of Emperors, Kings, and Princes, is human. The authority of Councils, Synods, Bishops, and Presbyters, is human. The authority of the Prophets is divine, and comprehends the sum of religion, reckoning Moses and the Apostles among the Prophets; and if an Angel from Heaven preach any other gospel, than what they have delivered, let him be accursed. Isaac Newton, Observations upon the Prophecies of Daniel and the Apocalypse of St. John (Londres, 1733), 14. Sir I. N. was one who had throughly examined the state of the Church in its most critical Juncture, the fourth century. He had early and throughly discovered that the Old Christian Faith, concerning the Trinity in particular, was then changed; that what has been long called Arianism is no other than Old uncorrupt Christianity; and that Athanasius was the grand and very wicked Instrument of that Change. This was occasionally known to those few who were intimate with him all along; from whom, notwithstanding his prodigiously fearful, cautious, and suspicious Temper, he could not always conceal so important a Discovery. William Whiston, A Collection of Authentick Records Belonging to the Old and New Testament (Londres, 1727-8), 2, 1077. Neuton étoit intimement persuadé de l’Existence d’un Dieu, et il entendoit par ce mot non seulement un Etre infini, tout-puissant, éternel et créateur, mais un Maître qui a mis une relation entre lui et ses créatures; car sans cette relation la connoissance d’un Dieu n’est qu’une idée stérile qui laisse le Genre Humain sans morale et sans vertu. Voltaire, La métaphysique de Neuton, ou Parallèle des sentiments de Neuton et de Leibnitz (Ámsterdam, 1740), 1.
Índice
Nota preliminar. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
15
Abstract. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
19
Estudio introductorio 1. Reforma y revoluciÓn en la Europa moderna . . . . . . . . . . . . .
23
1.1. Ciencia, religión y humanismo latino . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.2. Un siglo y medio de «restitución»: 1516-1669 . . . . . . . . . .
23 26
2. Isaac Newton: bÚsqueda, heterodoxia y reticencia. . . . . . . . .
35
2.1. Lincolnshire y los anni mirabiles: 1642-1667 . . . . . . . . . . . . 2.2. Los años de Cambridge: 1667-1696 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2.3. Los años de Londres: 1696-1727 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
35 38 49
3. La obra inédita de Isaac Newton . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
57
3.1. Historia del corpus manuscrito newtoniano . . . . . . . . . . . 3.2. Los manuscritos teológicos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3.3. Los manuscritos sobre historia eclesiástica . . . . . . . . . . . .
59 64 69
4. Historia Ecclesiastica: un nuevo texto de Isaac Newton . . . .
75
4.1. El manuscrito Yahuda 19 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.1.1. Descripción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.1.2. Composición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.1.3. La relación con el ms. Yahuda 12 . . . . . . . . . . . . . . 4.1.4. La relación con el ms. Yahuda 1.5 (ff. 78r-85r) . . . 4.2. El texto resultante: Historia Ecclesiastica (De origine schismatico Ecclesiae papisticae bicornis) . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.2.1. Contenido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
75 75 79 81 82 85 86
Índice
12
4.2.2. Fuentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.2.3. Datación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.2.4. Problemas de composición . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
96 100 106
5. Criterios de la ediciÓn crítica y de la traducciÓn . . . . . . . . .
125
5.1. Edición crítica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.1.1. Presentación del texto latino . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.1.2. Aparato crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.1.3. Aparato de fuentes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5.2. Traducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
125 126 131 133 134
6. Abreviaturas y siglas usadas en la ediciÓn . . . . . . . . . . . . . . .
137
6.1. 6.2. 6.3. 6.4.
Siglas de manuscritos. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Abreviaturas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Signos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Autores y obras citados de forma abreviada . . . . . . . . . . .
137 137 137 138
Historia Ecclesiastica (De origine schismatico Ecclesiae papisticae bicornis) Texto latino . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
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TraducciÓn . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
149
Apéndices al texto latino (partes suprimidas) 1. Appendix I . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
567
2. Appendix II . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
575
3. Appendix III. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
577
4. Appendix IV. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
578
5. Appendix V . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
580
6. Appendix VI. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
588
7. Appendix VII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
589
8. Appendix VIII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
590
9. Appendix IX. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
593
Índice
13
10. Appendix X . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
595
11. Appendix XI. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
597
12. Appendix XII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
599
13. Appendix XIII . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
601
14. Appendix XIV . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
603
Bibliografía citada . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
605
Índices . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
615
1. 2. 3.
Índice de nombres en el estudio preliminar. . . . . . . . . . . . . Índice de obras citadas en el texto latino . . . . . . . . . . . . . . . Índice de nombres en el texto latino . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
615 619 621
Nota preliminar
El lector encontrará en estas páginas la primera edición crítica del texto escrito en latín por Isaac Newton más extenso que se ha identificado hasta la fecha, sólo por detrás de sus célebres Principia (1687). El texto en cuestión, inacabado, se conserva en su mayor parte en un manuscrito autógrafo de la colección Yahuda (Yah. Ms. Var. 1/ Newton 19, Biblioteca Nacional de Israel, Jerusalén) y se completa con otros dos manuscritos de la misma colección (12 y 1.5), según pude descubrir en el transcurso de mi trabajo sobre el primero. La resultante Historia Ecclesiastica de Newton, que puede leerse ahora por primera vez, constituye el texto latino de mayor entidad que refleja el absorbente interés del matemático de Cambridge por la historia del cristianismo antiguo, así como la elevada heterodoxia de su pensamiento al respecto. Este libro es el resultado de los estudios que llevé a cabo bajo la dirección del doctor José Manuel Cañas Reíllo en el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS) del CSIC, en Madrid, con una beca y contrato del programa JAE Predoc (2008-2011). La doctora Emma Falque Rey fue mi tutora en la Universidad de Sevilla, en cuya Facultad de Filología defendí mi tesis en diciembre de 2011. Tanto aquel trabajo como este libro se inscriben en el proyecto de investigación «Edición crítica de textos inéditos de Isaac Newton en lengua latina» (FFI2010-19084), dirigido por la doctora Ciriaca Morano Rodríguez; ella abrió este nuevo campo de investigación en filología clásica con su edición pionera del texto de Newton sobre el Templo de Salomón (Ms. Babson 434), que publicó el CSIC en 1996 y que puede leerse ya en su segunda edición revisada y actualizada (2009). En tiempos recientes he tenido la satisfacción de ver distinguida mi tesis con los premios de la Fundación Pastor de Estudios Clásicos y de la Sociedad
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Historia Ecclesiastica
Española de Estudios Clásicos, así como con una mención especial de la Fundación Aldama Roy; debo dar las gracias por su generosidad a los jurados y a estas tres instituciones. Al buen juicio de mi director de tesis se deben la mayor parte de los aciertos de este trabajo. Además de a él mismo, a mi tutora, la doctora Falque, y a la investigadora principal del proyecto, la doctora Morano, querría también expresar mi gratitud a todos los demás profesores que han leído distintas versiones de mi trabajo y me han regalado sus correcciones, sus comentarios y su ayuda: los doctores Juan Gil Fernández, Tomás González Rolán, Matilde Conde Salazar, Francisco Socas Gavilán, Isabella Gualandri, Dirk Sacré, Gilbert Tournoy, Jan Papy, Diana Stanciu, Rudolf de Smet, Chris Heesakkers, Wolfgang Bernard, Máximo Brioso Sánchez, Daniel LópezCañete, José Solís de los Santos, Miguel Rodríguez-Pantoja, Ana Pérez Vega, Miguel Benítez Rodríguez, Paola Moretti, José Joaquín Sánchez Gázquez, y muchas otras personas. Míos son todos los errores que persisten. También es un placer dar las gracias a los profesionales con los que he tenido ocasión de compartir espacio de trabajo y disfrutar de un enriquecedor intercambio de ideas: los miembros de la línea de investigación «Orígenes grecolatinos y bíblicos de la cultura europea» y de todo el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (CSIC), del Departamento de Filología Griega y Latina de la Universidad de Sevilla, donde me formé, y del grupo de investigación «Antonio Tovar» (HUM-173); y, en el extranjero, los miembros del Departamento de Clásicas de la Universidad Hebrea de Jerusalén, del Seminarium Philologiae Humanisticae de la Universidad Católica de Lovaina, del Instituto Scaliger de la Universidad de Leiden, del Instituto Heinrich-Schliemann de la Universidad de Rostock y del Instituto Leibniz de Historia Europea de Maguncia, al que debo actualmente mi financiación post-doctoral. Quiero dejar constancia de mi agradecimiento a Yael Okun, directora del Departamento de Archivos y Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Israel, por permitirme acceder al tesoro de los manuscritos newtonianos de la colección Yahuda en la primavera de 2010, y a las profesoras Donna Shalev y Aldina Quintana por su generoso apoyo durante dicha estancia. Del mismo modo deseo dar las gracias por su amable ayuda al personal de la Biblioteca de Cien-
Nota preliminar
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cia y Tecnología de la Universidad Autónoma de Barcelona y de la Biblioteca Tomás Navarro Tomás del CSIC, así como al resto de las bibliotecas españolas y extranjeras de cuyos recursos se ha alimentado este libro. Estoy en deuda con el doctor Pedro Bádenas de la Peña por su decisiva implicación en esta apuesta editorial, que se ha visto generosamente respaldada por el proyecto sobre inéditos newtonianos que dirige la doctora Morano Rodríguez. Asimismo agradezco su profesionalidad a Editorial CSIC y en particular a Mónica Elías por su concienzuda labor de corrección. Mi hermano Fernando, mis familiares y mis amigos han vivido muy de cerca los años de trabajo que han dado este libro, y por fortuna también Carmen en su incierta etapa final; todos ellos merecen mi agradecimiento de corazón. Lo dedico a la memoria de mis padres, Fernando y Concepción, y a la muy cercana de mi madre, a quien este libro habría dado mucha más felicidad que a mí; dis aliter uisum. Pablo Toribio Pérez
Abstract₁
This book provides a critical edition of Isaac Newton’s (16421727) lengthiest known Latin text after his Principia (1687), which is identified and edited here for the first time. This work, Historia Ecclesiastica, is contained in the largest section of a lengthy manuscript from the Yahuda collection at the National Library of Israel, Jerusalem (Yahuda Ms. 19, ff. 1-143), and complemented with a shorter one from the same collection (Yahuda Ms. 12); the beginning of the work is written in the final pages of a third manuscript (Yahuda Ms. 1.5, ff. 78-85). It consists of an unfinished work on ancient church history, most likely written towards the end of the 1680s, beginning with the stated purpose of proving through sources that «the papist Church» (identified as the two-horned Beast of Revelation) «was born from schism and heresy» in the fourth century, under the leadership of Athanasius of Alexandria and his followers; the main part of the text provides a detailed analysis of ecclesiastical events between 323 and 328. These contents are in keeping with the rest of Newton’s approximately one hundred so-termed theological writings, currently scattered in around thirty libraries in the United Kingdom, the United States, Israel and Switzerland. They all provide evidence that the Cambridge mathematician devoted decades to the pursuit of highly heterodox historical and theological research, grounded on interpretation of Revelation and considerably similar to the writings of other heterodox authors of his time. Newton only made a few close Agradezco la traducción a mi colega y amiga Irene Sánchez González.
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acquaintances aware of this aspect of his intellectual activity, which he considered intimately related to his work in Physics and Mathematics. Beginning in the last third of the twentieth century, this part of Newton’s works, the most abundant in words, has drawn attention from a growing number of historians of science, but from only a few philologists. This book consists of the following parts: 1) An introductory study, in which the fundamental issues necessary to put this text in the context of Newton’s works, his thought, and the ideological currents of his time are dealt with, as well as, more specifically, the description of the manuscripts, the constitution of the text and its problems of composition, its contents, sources and dating, and the criteria of the critical edition (made in accordance with the usual conventions for scientific editions of Neo-Latin texts). 2) A critical edition of the Latin text with apparatus criticus and apparatus fontium, along with an annotated translation into Spanish. 3) Fourteen appendices including parts of the Latin text suppressed by the author. 4) Bibliography and index of proper names for the introductory study, together with indices of cited works and proper names for the Latin text. Newton’s texts in this book are published with kind permission of the Departament of Manuscripts, National Library of Israel, Jerusalem.
Estudio introductorio
1. Reforma y revoluciÓn en la Europa moderna
La idea de reforma y la idea de restitución presiden el discurso intelectual de los siglos xvi y xvii, tanto en los distintos movimientos reformistas religiosos como en el proceso ideológico que más tarde se llamaría revolución científica. Ambos procesos (el «religioso» y el «científico»), íntimamente relacionados con la tradición humanística, constituyen los precedentes principales que explican la obra de Isaac Newton. 1.1. Ciencia, religiÓn y humanismo latino En el siglo xvi europeo nacieron y se desarrollaron con violencia distintos movimientos de reforma del cristianismo: la Reforma protestante o «magisterial», la Reforma radical y la Contrarreforma católica.1 También en el siglo xvi se inició el proceso intelectual tradicionalmente denominado revolución científica, en particular la revolución astronómica o copernicana, cargada, como es sabido, de implicaciones teológicas.2 A lo largo del siglo xvii la revolución co1 La llamada Reforma radical (compuesta por espiritualismo, anabaptismo y racionalismo evangélico) recibe ese nombre en la obra de referencia sobre ella, Williams 1992. La Reforma radical constituyó «a movement to be ranged alongside the Magisterial Reformation, the Counter-Reform, Renaissance Humanism, and Nationalism as one of the five major forces in the great age of discovery, reform, and revolt» (Williams 1992, 1303). 2 El concepto de «revolución científica», un constructo de la tradición historiográfica, se ha visto sometido a una revisión profunda, tanto en su aspecto «revolucionario» como «científico» (cf. Osler 2000, 3-22; Lindberg – Westman 1990). Para la íntima relación entre ciencia y religión en la revolución científica, cf. Brooke 1991, 52-151; para el caso inglés en concreto, cf. Westfall 1958.
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Historia Ecclesiastica
pernicana alcanzó su culminación, mientras que el enfrentamiento entre católicos y protestantes se traducía en tensiones sociopolíticas y conflictos bélicos. Al mismo tiempo la Reforma radical del siglo anterior, duramente reprimida tanto por protestantes como por católicos, fructificaba en diversas corrientes heterodoxas clandestinas, en especial creencias antitrinitarias. La revolución científica y las reformas religiosas comparten no sólo ámbito geográfico y temporal sino también actores y trasfondo ideológico. Tanto la una como las otras participan del mismo espíritu que alentó el humanismo: en ambos casos sus autores se proponen la restitución de un supuesto estado de pureza original deteriorado y corrompido por la tradición. En consecuencia, el concepto de «heterodoxia» aparece intrínsecamente ligado a ambos procesos, hasta tal punto que su desarrollo puede describirse como una polémica a menudo violenta entre heterodoxias insurgentes y ortodoxias establecidas.3 La innovación (sentida generalmente como renovación) que llevaron a cabo tanto las reformas religiosas como la revolución científica, se asentó ante todo sobre una base textual: textos antiguos distintos de los canónicos, o bien textos canónicos leídos con ojos nuevos. Ese mismo afán de volver ad fontes, de recuperar la prisca sapientia, se ve reflejado en ejemplos dispares: en la edición de Erasmo del Nuevo Testamento griego con traducción latina no Vulgata (1516); en la traducción de Lutero de la Biblia al alemán (1534), la de Casiodoro de Reina al castellano (1569) o la «versión autorizada» inglesa (1611); en el rechazo de los puritanos a aceptar los ritos eclesiásticos que no tuvieran justificación en las Escrituras; en el platonismo de Johannes Kepler; en la recuperación de la filosofía de Epicuro con la que Pierre Gassendi dio inicio a la teoría atómica moderna; en la reivindicación newtoniana de los filósofos presocráticos, o finalmente, en el tipo de lectura con que los antitrinitarios (Newton entre ellos) abordan las fuentes patrísticas para construir su «antihistoria» eclesiástica. Es cierto que la idea de «restitución» no se hace tan presente en autores del siglo xvii como Kepler, Galileo, Bacon o Descartes, que 3 Para un ilustrativo análisis general del concepto de «heterodoxia» en la ciencia y la religión de la Edad Moderna, cf. Brooke – Maclean 2005, x-xxi.
1. Reforma y revoluciÓn en la Europa moderna
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de distintas formas adoptan un tono más propiamente «revolucionario» con respecto a la tradición humanística; por ello, a propósito de la revolución científica, se habla de una primera época más bien de renacimiento o «reforma» (siglo xvi) y de una segunda época propiamente «revolucionaria» (siglo xvii).4 Sin embargo, en ningún caso se produce una ruptura con los autores antiguos, ni siquiera del todo con la tradición humanística, hasta tal punto que la «querella de los antiguos y los modernos», característica del siglo xvii en todos los ámbitos intelectuales, se ha considerado en buena medida un artificio retórico.5 La aparente polaridad entre renacimiento y revolución debe contemplarse en el contexto más amplio de la crisis epistemológica del siglo xvii, también llamada la «crisis de los dos libros» (el libro de la Escritura y el de la Naturaleza, según la metáfora agustiniana).6 De hecho, la historia intelectual de la época puede narrarse en buena medida como la historia de los distintos esfuerzos por asegurar la continuidad entre la tradición grecolatina y bíblica, y la nueva ciencia.7 En todo caso, la continuidad intelectual se constata a primera vista en el uso de la lengua latina, común a autores del siglo xvi y del xvii, a humanistas, teólogos y filósofos naturales. El latín es la lengua natural de lo que ha dado en llamarse la «república de las letras», la comunidad de intelectuales europeos entre el humanismo y la Ilustración, que llevaron a cabo sus trabajos en una época en la que todavía no existía la compartimentación disciplinar y en una Europa marcada por los conflictos de religión. Esta época constituye la última fase de la historia milenaria del latín como primera lengua de comunicación internacional en Occidente, un papel que pierde sustancialmente en el tránsito del siglo xvii al xviii.8
Cf. Grafton 1996, 203-207; Snobelen 2005a, 227-228. Cf. Webster 1982, 1-14; Gaukroger 1991, ix-xvi; para la posición de Newton en la «querella», cf. Force 1999. 6 Sobre dicha crisis en el contexto inglés y newtoniano se ocupa Markley 1993. Bono 1999, 72-76, trata de definir la posición en la misma del propio Newton. 7 Según lo describe Wagner 1976, 31, «die Barockzeit versuchte eine Lösung, indem sie in den gigantischen Aufbruch irdischer Kräfte immer noch den Himmel der Offenbarung hereinleuchten lieβ». 8 Para la «república de las letras», cf. Bots – Waquet 1997; Grafton 2009, 9-34; para unas líneas generales sobre la historia del latín moderno o neolatín, cf. IJsewijn 1990, 39-49. 4 5
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La obra de Isaac Newton se ha considerado tradicionalmente la culminación de la revolución científica; la investigación reciente ha descubierto que pertenece también a la historia de los últimos frutos del reformismo cristiano radical. En su obra se alternan el latín y el inglés, con la práctica omnipresencia de este último en los textos más tardíos.9 1.2. Un siglo y medio de «restituciÓn»: 1516-1669 Copérnico tenía ya cuarenta y tres años cuando Erasmo publicó su edición del Nuevo Testamento griego con traducción al latín clásico (Basilea, 1516);10 al año siguiente, Lutero clavaba sus noventa y cinco tesis en la iglesia de Wittenberg. Copérnico era ya un anciano cuando vieron la luz en Núremberg, el mismo año de su muerte y tras dos décadas de guerras de religión en Europa, sus De revolutionibus orbium coelestium libri sex (1543).11 La idea de restitución aparece en el De revolutionibus desde su portada.12 En su carta dedicatoria a Pablo III (el mismo papa que dos años después convocaría el Concilio de Trento), Copérnico se muestra consciente de las controversias que la hipótesis heliocéntrica habría de desencadenar, y en consecuencia se esfuerza por enmarcarla en la tradición pitagórica y antigua. La joven Reforma protestante también está presente en la obra copernicana: su prologuista anónimo es el teólogo luterano Andreas Osiander, que pone el énfasis en la exactitud de los cálculos de Copérnico y resta importancia a lo inverosímil de la hipótesis heliocéntrica, pues toda hipótesis astronómica habría de serlo. Durante los cien años que siguieron, la teoría copernicana constituiría un recurrente objeto de controversia 9 La edad de oro del latín en Inglaterra termina hacia la mitad del siglo xvii. Precisamente suelen citarse los Principia (1687) de Newton como la última contribución inglesa de relevancia a la prosa latina (cf. IJsewijn 1990, 166). 10 En atención a esta obra de Erasmo, Williams 1992, xxxvi, propone el año 1516 como comienzo de la Reforma radical. 11 Hasta entonces Copérnico sólo había publicado una traducción latina del bizantino Teofilacto Simocates (Theophylacti Scholastici Simocattae epistolae morales, rurales et amatoriae interpretatione latina, Cracovia, 1509). 12 «Habes in hoc opere iam recens nato et aedito, studiose lector, motus stellarum, tam fixarum quam erraticarum, cum ex veteribus tum etiam ex recentibus observationibus restitutos, et novis insuper ac admirabilibus hypothesibus ornatos».
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en el debate teológico, con detractores y partidarios tanto entre católicos como entre protestantes. La idea de restitución también resulta clave en otra obra fundacional publicada una década más tarde, también el mismo año de la muerte de su autor: Christianismi restitutio de Miguel Servet (Viena del Delfinado, 1553). El aragonés había asistido en su juventud a la coronación imperial de Carlos V por Clemente VII en Bolonia (1530): el espectáculo del emperador arrodillado ante el papa habría confirmado a Servet en la creencia de que el pontífice romano encarnaba a la Bestia del Apocalipsis, al Anticristo.13 Al año siguiente publicó De Trinitatis erroribus libri septem (Haguenau, 1531), obra que evidencia desde el título el alcance de su heterodoxia, situada mucho más allá del mero anticatolicismo. Servet negaba la formulación ortodoxa del dogma de la Trinidad: de acuerdo con su teología, Jesucristo es el Hijo natural de Dios, no engendrado ab aeterno; las tres personas divinas no son tres entidades metafísicas sino meras manifestaciones de la única sustancia de Dios. Esta forma de modalismo es, para Servet, la creencia que se desprende de las Escrituras, y no la formulación ortodoxa fruto del Concilio de Nicea (325), que sería el resultado de una corrupción doctrinal. A su heterodoxia sobre el dogma de la Trinidad se sumaba su heterodoxia sobre el bautismo infantil, para el que Servet tampoco encontraba ninguna base en la Escritura. Aunque el teólogo aragonés culpaba de ambas corrupciones exclusivamente al catolicismo, sus creencias lo hicieron aborrecible a católicos y a protestantes por igual; determinaron su condena in absentia y quema en efigie en la católica Lyon, y a continuación su arresto en Ginebra, proceso y muerte en la hoguera por acusación de Calvino.14 Su Christianismi restitutio, aparecida anónimamente el año de su ejecución, es hoy menos famosa por su teología que por contener la primera descrip13 Cf. Williams 1992, 55-56. Esta creencia fue recurrente lugar común entre protestantes de toda índole durante los siglos xvi y xvii. 14 La muerte de Miguel Servet ha sido objeto de una polémica secular entre los protestantes mismos y entre católicos y protestantes. A juicio de Alcalá (Hillar 2002, xi), Miguel Servet fue «the starting point of the polemics that, put in motion by protesters against his death and developed in the Enlightenment, lead to the proclamation of freedom of thought, association, and expression as natural rights of every person in a civilized society». Alcalá 2003-2007 contiene la edición de sus obras completas con traducciones al castellano, introducciones y estudios.
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ción moderna de la circulación pulmonar de la sangre. Servet había estudiado medicina en París y la había ejercido en Basilea (hacia la misma época que Paracelso); su hallazgo fisiológico, motivado por inquietudes teológicas,15 lo sitúa también en los albores de la revolución científica, aunque pasó desapercibido por encontrarse en una obra prohibida. A pesar de que la complicada teología servetiana difiere muy notablemente de las creencias antitrinitarias que se difundieron por Europa a finales del siglo xvi y durante el siglo xvii, generalmente se tiene a Servet como iniciador del antitrinitarismo moderno, y por tanto como responsable de la reaparición moderna del espíritu (aunque no de la letra) de la «herejía arquetípica»: el arrianismo del siglo iv,16 del que habrá ocasión de tratar ampliamente en conexión con la heterodoxia religiosa de Isaac Newton. Muy poco tiempo después de la muerte de Miguel Servet llegó a Ginebra el teólogo sienés Lelio Socino (Sozini), huido de Vicenza, sede de un grupo de reformistas radicales que pronto habían sufrido persecución.17 De Lelio Socino recibió su sobrino Fausto Socino las enseñanzas sobre las que éste edificaría su propia teología antitrinitaria, destinada a convertirse en la «herejía» más influyente del siglo xvii, el socinianismo. En su primera obra, Explicatio primae partis primi capitis Johannis (Alba Julia, 1562), Fausto Socino se esfuerza por probar que del prólogo del Evangelio de San Juan no puede inferirse la divinidad na15 «Servetus’ later discovery of the pulmonary circulation of the blood and the process of oxygenation was motivated in part by the desire as a physician to show (like another physician, Paracelsus) that the Word of God as Spirit (divine breath), entering the blood system by the nostrils, makes physiologically plausible the doctrine of the Virgin Birth of Christ» (Williams 1992, 500). 16 Cf. Wiles 1996, 55-56. Fock 1847, 126-127, considera que Servet emprendió «den ersten systematisch und allseitig durchgeführten Angriff nicht nur auf die herrschenden trinitarischen und christologischen Vorstellungen, sondern auch auf andere Hauptpuncte der damaligen orthodox protestantischen Theorie und Praxis». 17 Cf. Fock 1847, 131-134. La llegada de Lelio Socino a los collegia Vicentina habría tenido lugar en torno al año 1546, fecha que algunos consideran la del inicio oficial del antitrinitarismo (cf. Knijff – Visser 2004, 11, donde además el hecho se pone en relación directa con la obra de Servet); en todo caso, se han hecho importantes matizaciones sobre la existencia misma de dichos collegia (cf. Williams 1992, 878, nota 100).
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tural de Cristo. La creencia sociniana mantiene que Jesucristo no existía antes de su nacimiento como ser humano, y que sólo después de su muerte fue elevado por Dios Padre a una categoría superior y convertido en mediador entre Dios y el hombre. Socino fingió profesar la fe católica mientras estuvo al servicio de Isabel de Médicis; luego marchó a Suiza (refugio habitual de los reformistas italianos), después a Transilvania y finalmente a Polonia, donde dio cohesión intelectual a las corrientes antitrinitarias locales, bien asentadas desde la década anterior. En Cracovia publicó su obra fundamental, escrita muchos años antes: De Jesu Christo Servatore (1594). El antitrinitarismo había encontrado en Polonia un ambiente propicio entre las élites sociales. El rey Sigismundo II (1548-1572) y la nobleza polaca habían favorecido abiertamente la Reforma en todas sus variantes, y desde la década de 1560 ésta había tomado allí un rumbo radical. En 1569 los antitrinitarios «hermanos polacos» fundaron su escuela en Raków, que tras la llegada de Fausto Socino se convertiría en el foco sociniano más importante. De sus prensas salió en 1605, al año siguiente de la muerte de Socino y a partir de sus escritos, la Catechesis Racoviensis, primero en polaco, después en latín y alemán para su difusión por Europa, donde encontró la censura unánime de las autoridades eclesiásticas de todo signo. La Catechesis contiene la primera síntesis del socinianismo, que en suma se caracteriza por cuatro rasgos: negación en la forma descrita del dogma de la Trinidad, indiferencia en cuanto al bautismo, racionalismo y tolerancia de los disidentes.18 Como se mencionará un poco más adelante, el socinianismo ejercería una notable influencia en Inglaterra en la segunda mitad del siglo xvii, y desempeñaría un papel de gran relevancia en el desarrollo del pensamiento heterodoxo de Newton. 18 Cf. Knijff – Visser 2004, 16. La Bibliotheca fratrum Polonorum quos Unitarios vocant, en nueve volúmenes (Ámsterdam, 1668) y la obra póstuma de Christoph Sand, Bibliotheca Anti-Trinitariorum (Ámsterdam, 1684), son todavía obras de referencia fundamentales para el estudio de los autores antitrinitarios. Obra de referencia posterior y exhaustiva es la de Fock 1847, que engloba bajo el nombre de «socinianismo» toda la diversidad de creencias antitrinitarias y unitarias desde el siglo xvi al xix. Un estudio actual se encuentra en las páginas correspondientes de Williams 1992 (978-989, 1135-1175). El socinianismo suscita en los últimos tiempos una atención creciente, como se aprecia por los libros de Knijff – Visser 2004 y Mulsow – Rohls 2005, entre otros. Véase también Daugirdas 2011 sobre los orígenes del antitrinitarismo moderno.
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Como Fausto Socino y hacia la misma época que él, Giordano Bruno había huido de Italia acusado de herejía. Cuando todavía era un joven dominico, Bruno había comenzado una prometedora carrera con la exhibición de sus conocimientos de hebreo y sus habilidades mnemotécnicas ante el papa Pío V (1569). Sin embargo, sólo algunos años después el fraile de Nola se convirtió en prófugo de la Inquisición de Nápoles, y durante década y media anduvo como filósofo errante por el norte de Italia, Francia, Suiza, Inglaterra y Alemania; en su deambular fue excomulgado sucesivamente por católicos, calvinistas y luteranos. A su vuelta a Italia lo arrestó la Inquisición de Venecia y posteriormente fue trasladado a Roma, donde tras casi diez años de prisión fue condenado y entregado a las autoridades civiles, que lo quemaron en la hoguera a principios del año jubilar de 1600. La aspiración de la obra de Bruno es poética: poco antes de que lo apresaran publicó el poema De innumerabilibus, immenso et infigurabili, seu de universo et mundis libri octo (Fráncfort, 1591), una composición en hexámetros dactílicos de inspiración lucreciana. Su filosofía, notablemente influida por la de Nicolás de Cusa, incorpora elementos de la filosofía neoplatónica así como de la epicúrea (atomismo) y de la teoría copernicana: Bruno fue el primero en defender el copernicanismo en letras impresas y el primero también que, después del redescubrimiento de Lucrecio, incluyó consistentemente el atomismo en su sistema filosófico.19 Su creencia animista en un número infinito de mundos lo llevó a relativizar el papel redentor de Cristo. Fue a la hoguera acusado también de haber defendido el arrianismo y de no creer en la transubstanciación eucarística.20 Se ha señalado la importancia de la tradición hermética en el sistema filosófico de Bruno,21 una tradición que resulta de primera importancia para el desarrollo científico de la Edad Moderna y que se asocia fuertemente con la alquimia. A los pocos años de la publicación en Fráncfort del De innumerabilibus de Bruno salía a la luz, también en Alemania, otra obra heterodoxa: el Prodromus dissertationum cosmographicarum continens mys19 En el conjunto de sus diálogos italianos, escritos y publicados en Londres entre 1583 y 1585 (cf. Gatti 2011, 70). 20 Cf. Rowland 2010, 91-92, 300-301. 21 Cf. Yates 1964.
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terium cosmographicum (Tubinga, 1596), escrito por el matemático alemán Johannes Kepler, luterano, copernicano y platónico.22 Pronto Kepler obtuvo el cargo de matemático imperial en Praga, donde desarrolló su fructífera colaboración con el astrónomo danés Tycho Brahe. Allí publicó su Astronomia nova αἰτιολογητὸς seu Physica coelestis (1609), en la que atribuía a las órbitas de los planetas la inesperada forma de una elipse. Al año siguiente aparecía en Venecia el Sidereus nuncius magna longeque admirabilia spectacula pandens del pisano Galileo Galilei, en el que éste describía los resultados de sus observaciones telescópicas (entre ellos el descubrimiento de algunos de los satélites de Júpiter, que Galileo dedicaba a la casa de Médicis). La obra recibió enseguida la crítica elogiosa de Kepler (Dissertatio cum sidereo nuncio, Praga, 1610). En 1616, en el contexto de la renovación del debate sobre la teoría heliocéntrica suscitada por el trabajo de Galileo, el De revolutionibus de Copérnico ingresó en el Index romano. Por entonces tuvo lugar el intercambio epistolar sobre exégesis bíblica entre Galileo y el cardenal Roberto Bellarmino,23 que ya en tiempos del proceso de Giordano Bruno ejercía como consultor del Santo Oficio. Si la fundamental aportación de Kepler a la revolución astronómica fue de índole matemática, la de Galileo fue su eficaz propugnación retórica.24 Kepler publicó su última gran obra, Harmonices mundi libri quinque (Linz, 1619), cuando Centroeuropa comenzaba a sufrir las devastaciones de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648). Una década más tarde, muerto Kepler y con el copernicanismo proscrito por Roma, Galileo sacó a la luz su obra más conocida, el Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo (Florencia, 1632),25 que con apariencia de neutralidad presenta argumentos a favor y en contra del 22 Barker 2000, 84-88 describe el mensaje religioso de esta obra, evidente desde su título. 23 Para el detalle del mismo, cf. Blackwell 1991. 24 Cf. Moss 1993. 25 El Dialogo es la única obra fundamental de la revolución científica que no está escrita originalmente en latín (aunque se difundió en traducción latina: Dialogus de systemate mundi, Leiden, 1635, también con el nombre de Systema cosmicum). Comparte esta peculiaridad con otra obra de hondas repercusiones en la historia intelectual: el Discours de la méthode (Leiden, 1637) de René Descartes, también difundido en latín (Specimina philosophiae seu dissertatio de methodo, Ámsterdam, 1644; sobre las traducciones al latín de obras escritas en lengua vernácula durante el siglo xvii, cf. Waquet 1998, 106-109).
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geocentrismo ptolemaico y el heliocentrismo copernicano. Al año siguiente su autor tuvo que comparecer ante la Inquisición romana; tras su condena, el toscano pasó en arresto domiciliario los nueve años que le quedaban de vida. Galileo murió en su villa florentina de Arcetri el ocho de enero de 1642 según el calendario gregoriano de Italia. El día de Navidad de ese mismo año, según el calendario juliano de Inglaterra,26 nacía Isaac Newton en una casa solariega del condado de Lincolnshire, en plena guerra civil inglesa (1642-1651), que sus contendientes sentían como una guerra de religión. A mediados del siglo xvii el copernicanismo estaba ya bien asentado en Inglaterra, en buena medida gracias a la obra de John Wilkins, obispo de Chester. Por la misma época se introdujo también el atomismo moderno a través de la Physiologia Epicuro-Gassendo-Charltoniana de Walter Charleton (Londres, 1654), epítome inglés de la obra del francés Pierre Gassendi (1592-1655). Se debe a Gassendi, sacerdote católico, opositor de Descartes y biógrafo de Copérnico, la recuperación del atomismo para la ciencia moderna.27 También a mediados del siglo xvii estaba firmemente establecida en Inglaterra la persecución del antitrinitarismo. Ya en 1614 el rey Jaime I había mandado quemar públicamente la copia latina de la Catechesis Racoviensis que le habían enviado los socinianos polacos. En 1648, al iniciarse el régimen de Oliver Cromwell, se promulgó «An Ordinance for the Punishing of Blasphemies and Heresies», en la que se contemplaba la pena de muerte por negar la Trinidad. Sin embargo, la ordenanza nunca se aplicó con toda su dureza: John Biddle, graduado en Oxford y maestro de escuela en Gloucester, salió libre precisamente al comenzar el régimen de Cromwell, después de pasar en la cárcel buena parte de la guerra civil por difundir escritos antitrinitarios propios y traducidos. Bajo Cromwell, Biddle sufrió un destierro de tres años por la difusión de sus creencias entre las clases populares londinenses. Tras su vuelta a la capital,
26 El 4 de enero de 1643 según el calendario gregoriano, que el Reino Unido no adoptó, por motivos de religión, hasta 1752. 27 Las obras completas de Gassendi, escritas íntegramente en latín, se publicaron póstumamente en Lyon en 1659. Sobre su papel como vindicador de Epicuro, cf. Joy 1987.
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ya en tiempos de la Restauración, fue de nuevo arrestado y enviado a prisión, donde murió en 1662. Por esa época se producía en Polonia la expulsión de los socinianos. En la década de 1620 habían comenzado a sufrir persecución popular y estatal, y presiones por parte de los jesuitas. En 1638 el senado de Varsovia ordenó la destrucción de la escuela de Raków. Ese año comenzó la progresiva migración de los socinianos polacos a Holanda, que se hizo general con la expulsión definitiva, ordenada en 1659.28 A Ámsterdam llegó en 1668 el joven prusiano Christoph Sand (1644-1680), cuyo padre había sido destituido del elevado cargo oficial que ocupaba en Königsberg por profesar creencias antitrinitarias. Sand había estudiado en las Universidades de Königsberg y de Oxford en la misma época en que Newton lo hacía en Cambridge. En Ámsterdam encontró trabajo en el mundo de la imprenta y dedicó la exigua década de vida que le quedaba a la difusión clandestina de sus creencias y las de sus correligionarios. La fe de Sand no era sociniana sino más bien semejante al arrianismo clásico (es decir, creía en la existencia de Cristo antes de su nacimiento humano, aunque no en su generación ab aeterno);29 en todo caso se contaba a sí mismo como un miembro más de la familia antitrinitaria, como lo atestigua su obra póstuma, Bibliotheca Anti-Trinitariorum (Ámsterdam, 1684). El mismo año de su llegada a Ámsterdam, a la edad de veinticuatro, Christoph Sand publicó el primer libro de su Nucleus historiae ecclestiasticae, una «historia de los arrianos en tres libros» de honda erudición y clave en la historiografía antitrinitaria.30 Al año siguiente (1669), en la otra orilla del mar del Norte, Isaac Newton, que sería lector del Nucleus, obtenía con veintisiete años la cátedra lucasiana de matemáticas de la Universidad de Cambridge.
28 Para la progresiva llegada de socinianos a los Países Bajos, pese a la hostilidad también de las autoridades holandesas, cf. Knijff – Visser 2004, 19-24. 29 Szczucki 1967, vii, prefiere considerarlo simplemente «platónico». 30 La primera edición completa con sus tres libros se publicó en Ámsterdam al año siguiente (cf. Knijff – Visser 2004, 134, ítem 3122). Sobre la historiografía antitrinitaria de finales del siglo xvii y principios del xviii, cf. Szczucki 1979.
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La de Isaac Newton constituye una vida consagrada a la búsqueda intelectual.1 Dicha búsqueda se desarrolló de una forma altamente heterodoxa, tanto en la investigación físico-matemática que le dio la fama, como, de modo más patente, en la investigación exegética, histórica y teológica que él consideró su empresa más valiosa. Su carácter reticente y la índole de sus convicciones religiosas, así como el sistema de represión institucional, lo llevaron a mantener en secreto la mayor parte de su obra y a velar notablemente el contenido de la parte publicada. Actualmente tiende a contemplarse el conjunto de la obra de Isaac Newton como un proyecto unitario de reforma religiosa en sus dos vertientes, Naturaleza y Escritura.2 2.1. Lincolnshire y los anni mirabiles: 1642-16673 Isaac Newton nació prematuramente la madrugada del día de Navidad de 1642, en Woolsthorpe, la casa solariega de su familia en el condado de Lincolnshire, como hijo póstumo de Isaac Newton, un próspero granjero analfabeto. Cuando tenía tres años, su madre, Hannah, volvió a casarse con un pastor anglicano y dejó al niño a cargo de sus abuelos maternos. Se ha puesto de relieve el carácter «... the pursuit of truth, most importantly though not exclusively scientific truth, formed the essence of his life» (Westfall 1980, xi). Westfall 1980 debe considerarse la biografía de referencia. Es clásica la biografía psicológica de Manuel 1968. Otros ensayos biográficos de relevancia son los de Christianson 1984 (de aspiraciones más literarias que documentales) y Hall 1992. Proliferan las biografías divulgativas, como las recientes de Panza 2003 e Iliffe 2007. 2 Cf. Snobelen 2005a. Manuel 1974 es la obra clásica sobre la fe de Newton. 3 Adopto la periodización de Manuel 1968. 1
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traumático de la infancia de Newton, pasada sin madre ni padre, para explicar su complejo desarrollo psicológico e incluso el sentido mismo de su posterior actividad intelectual.4 Tenía ya once años cuando su madre enviudó por segunda vez y regresó a Woolsthorpe con tres nuevos hijos. De su padrastro, graduado en Oxford, Newton heredó una considerable biblioteca teológica que pudo resultar de relevancia para el desarrollo de sus estudios años más tarde. Al poco de regresar la madre, su hijo comenzó a asistir a las clases de la escuela de gramática de Grantham, donde se alojó en la casa del farmacéutico, amigo de la familia; esta circunstancia suele recordarse cuando se trata de la posterior dedicación de Newton a la alquimia. En la escuela de Grantham se enseñaba latín, griego y Biblia.5 En 1659, un año después de la muerte de Oliver Cromwell, el adolescente Isaac Newton marcó en latín su propiedad sobre los dos primeros libros que conservan su firma: el Píndaro bilingüe de Stephanus (1560) y el comentario de Sabinus a las Metamorfosis de Ovidio (1593).6 Libros aparte, Newton dio muestras en Grantham de grandes habilidades mecánicas, de las que abundan las anécdotas (los biógrafos recuerdan la construcción famosa de un reloj de sol y de un molino en miniatura). En cierto momento su madre lo reclamó de vuelta a Woolsthorpe para que se hiciera cargo de las propiedades que estaba destinado a heredar. El hijo volvió en contra de su voluntad, pero su propia negligencia en los trabajos rurales y las presiones tanto del director de la escuela de Grantham como de su tío materno, graduado en Cambridge, lograron convencer a su madre Hannah Smith Newton de que su hijo debía recibir la formación preparatoria para la universidad. En 1661 ingresó en el Trinity College de Cambridge, aun4 La búsqueda teológica de Newton se ha descrito como la búsqueda del padre verdadero y el desenmascaramiento del padre falso (Manuel 1974, 17-19). 5 Sobre el plan de estudios de las Free Grammar Schools inglesas, cf. Westfall 1980, 55-58. 6 Cf. Harrison 1978, 2. La de Píndaro es primera edición; el comentario de las Metamorfosis del humanista alemán Georgius Sabinus (Georg Schuler) se publicó por primera vez en 1554. En ese mismo año de 1659, Newton escribió este dístico en el que luego sería su cuaderno de notas de Cambridge: Quisquis in hunc librum teneros conjecit ocellos / nomen subscriptum perlegat ipse meum: / Isaac Newton, Martii 19, 1659 (Trinity College Ms. R.4.48c, f. 3r).
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que pese a la prosperidad de su madre ingresó como sizar, es decir, como sirviente de fellows y estudiantes con más recursos. Es verosímil que Newton hubiera recibido una educación puritana;7 ese tono puritano habría de agudizarse en la Universidad de Cambridge, bastión del protestantismo. La primera manifestación conocida de la religiosidad de Isaac Newton data de su segundo año en la universidad, cuando una crisis de conciencia lo impulsó a escribir una lista de sus pecados el día de Pentecostés de 1662. Es lugar común citar los dos que mejor ilustran el carácter traumático de su infancia: «threatning my father and mother Smith to burne them and the house over them», «wishing death and hoping it to some»; otros ilustran por primera vez la índole de su fe en Dios: «not turning nearer to Thee for my affections, not living according to my belief, not loving Thee for Thy self, not loving Thee for Thy goodness to us».8 Newton se encontró en Cambridge con el escolasticismo «aristotélico» que había imperado en la Universidad desde su fundación, así como con el estudio de las litterae humaniores introducido un siglo antes.9 Sus cuadernos de notas muestran cómo en poco tiempo el matemático en ciernes se había adentrado en la filosofía de vanguardia de la época, la «filosofía mecánica» de Descartes, Gassendi y Galileo. Hacia 1664 comenzó una serie de Questiones quaedam philosophicae bajo cuyo título añadió un lema elocuente: Amicus Plato, amicus Aristoteles, magis amica veritas.10 En las Questiones se encuentra ya el germen de la investigación en filosofía natural que culminaría 7 Manuel 1974, 5 define la religión de Newton a su llegada a Cambridge como una «strict Church of England religion..., as centered around the Bible as any Dissenter’s, as repelled by Papists and enthusiasts as any young Englishman’s of the Restoration». 8 Editado en Westfall 1963. 9 Cf. Westfall 1980, 81-87 para los planes de estudio de Cambridge en tiempos de Newton. Es habitual todavía, como lo era entonces, identificar el escolasticismo que imperaba en las universidades europeas del siglo xvii con la filosofía del propio Aristóteles; sin embargo, Müller 2006 muestra cómo, al menos en cuanto a física, la filosofía propiamente aristotélica tenía poco que ver con el escolasticismo medieval. 10 Las Questiones (sic) están editadas en McGuire – Tamny 1983. El lema está extraído directamente de la mencionada Physiologia de Walter Charleton (1654, p. 3): cf. Westfall 1971, 325. A su vez es adaptación del conocido proverbio Amicus Plato sed magis amiga veritas, originario de la Ética a Nicómaco del propio Aristóteles (1096a, 16-17) y alusivo a su vez a Platón (República, 595b-c); se habría hecho popular en el siglo xvii debido a su ocurrencia en el Quijote (II, 51): cf. Tarán 1984.
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no muchos años después, y también un primer interés en cuestiones teológicas, relacionadas con los problemas que planteaba la filosofía mecanicista con respecto a la relación entre el alma y el cuerpo, y alentado probablemente por la obra de Henry More y los platónicos de Cambridge. También entonces Newton se introdujo fructíferamente en las matemáticas (a la inversa, de Descartes a Euclides), y se entregó con pasión a la práctica del nuevo método científico basado en la experiencia: sus biógrafos mencionan las noches pasadas en vela a la espera de cometas y el experimento óptico con el que arriesgó uno de sus propios ojos. En 1665 pasó los exámenes de graduación; ese mismo año la universidad cerró sus puertas por causa de la peste negra que se había abatido sobre Londres y se extendía ahora por toda Inglaterra, y Newton se retiró a su Woolsthorpe natal, donde permanecería el resto de ese año y el siguiente. La tradición biográfica newtoniana ha considerado el año 1666 como su annus mirabilis, aunque los trabajos que culminaron entonces habían comenzado en 1664. En aquella época, en sus propias palabras, se dedicó a las matemáticas y la filosofía natural más que en ningún momento posterior.11 A finales de 1666 (el año del gran fuego de Londres), aislado en la campiña de Lincolnshire, Newton se había convertido secretamente en el primer matemático de Europa y había establecido las bases de su posterior aportación fundamental a la filosofía natural: había desarrollado los fundamentos del cálculo infinitesimal y había diseñado sus experimentos con prisma para probar que la luz está compuesta por cada uno de los colores del arco iris y formular su teoría corpuscular de la luz; además, se había acercado a la formulación de sus leyes del movimiento y había intuido que la fuerza que hizo caer el fruto de un manzano de Woolsthorpe era la misma que mantiene en sus órbitas los cuerpos celestes. 2.2. Los aÑos de Cambridge: 1667-1696 Poco después de que la universidad volviera a abrir sus puertas, Newton se convirtió en fellow del Trinity College, categoría que lo instalaba en el mundo académico de por vida. Pronto advirtió su 11 «In those days I was in the prime of my age for invention and minded Mathematicks and Philosophy more then at any time since», citado en Westfall 1980, 143.
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valor intelectual el profesor Isaac Barrow, helenista, teólogo y primer ocupante de la cátedra lucasiana de matemáticas; a través de éste llegó a conocimiento de la Royal Society londinense el tratado de Newton De analysi per aequationes numero terminorum infinitas, una primera muestra de sus hallazgos en el cálculo que Newton había mostrado a Barrow para probar su prioridad sobre la obra recién publicada de Nicolaus Mercator, Logarithmotechnia (Londres, 1668). Por reiterada negativa de Newton, sin embargo, De analysi no se imprimiría hasta varias décadas más tarde.12 En 1669, a propuesta de Barrow, Newton se convirtió en su sucesor en la cátedra lucasiana. La construcción de un telescopio reflector lo hizo famoso en la Royal Society, y a través de ésta en el continente, donde motivó las alabanzas del matemático holandés Christiaan Huygens. Siempre por correspondencia, Newton dio a conocer en Londres su teoría óptica y ofreció una descripción de los experimentos que lo habían llevado a ella, que se publicaron en las Philosophical Transactions como «New Theory about Light and Colours» (1672). Pero la relativa apertura de Newton a la comunidad académica duró poco tiempo. El artículo recibió las críticas de Robert Hooke, influyente miembro de la Royal Society y de cuya obra era en parte deudora la de Newton; también recibió las críticas de un jesuita francés, Pardies, que aducía problemas de reproducción del experimento, y después las del propio Huygens. Newton se mostró extremadamente susceptible a las críticas, a las que respondió con irritación, y se retiró del escenario académico. Pero no sólo lo impulsó a este aislamiento su susceptibilidad, sino la dedicación absorbente a otros intereses intelectuales. Desde mediados de la década de 1670 hasta mediados de la de 1680 se extienden los «años de silencio»13 de Newton, en los que el matemático se manifestó a la comunidad académica en muy contadas ocasiones: por una parte, para responder airadamente a las críticas de dos jesuitas ingleses en el continente que se habían sumado
12 En 1711. Se dispone de edición facsímil con traducción y estudio en Durán Guardeño – Pérez Fernández 2003. 13 La denominación es de Westfall 1980.
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Historia Ecclesiastica
a las objeciones de Pardies;14 por otra parte, para enviar en 1675 y 1676 dos nuevos artículos a la Royal Society, «An Hypothesis Explaining the Properties of Light» y «Discourse of Observations», destinados a corregir su teoría corpuscular de la luz (convertida ahora en hipótesis) y disipar así las críticas de Hooke. Surgió sin embargo una nueva desavenencia con este último, que se solucionaría sólo provisionalmente. Newton argumentaba en estos trabajos a favor de la existencia de un éter que sería en última instancia responsable tanto de los colores como de la fuerza de la gravedad. La naturaleza de semejante hipótesis revela la influencia de uno de los campos de estudio a los que se había entregado con avidez desde la época de su nombramiento como catedrático lucasiano: la alquimia.15 En efecto, ya en 1669 Newton había leído los Symbola aureae mensae duodecim nationum (Fráncfort, 1617) de Michael Maier y el Novum lumen chimicum (Colonia, 1610) de Michael Sendivogius, dos alquimistas de la «ilustración rosacruz»;16 también se había provisto de hornos y material de experimentación, y había instalado un laboratorio en sus dependencias del Trinity College. En los sesenta años que le quedaban de vida no perdería el interés por la alquimia, en cuya práctica estuvo absorto durante buena parte de la década de 1670, cuando también mantuvo correspondencia con varios miembros de la críptica comunidad de alquimistas de Londres. Esta dedicación de Newton no resulta estridente en el contexto general de la revolución científica y tampoco dentro del marco de su propia investigación:17 la búsqueda de la fuerza que cohesiona y vivifica el microcosmos responde al cabo a la misma aspiración que la búsqueda de la fuerza que mantiene la armonía de las esferas. 14 No mitigaba la irritación de Newton el hecho de que fueran precisamente católicos jesuitas quienes se obstinaban en poner en duda su integridad científica (cf. Iliffe 1999, 112-117): la vehemencia de Newton ante las críticas de éstos debe considerarse a la luz de los estudios teológicos en los que ya por entonces se hallaba inmerso. 15 Sobre la alquimia de Newton trabaja desde 2004 el proyecto «The Chymistry of Isaac Newton» de la Universidad de Indiana. Además de la página web de dicho proyecto, cf. Figala 2002 para una introducción actualizada al tema. Dobbs 1991 puede considerarse la obra de referencia. 16 Para este término y sus críticas, cf. Coudert 1999, 17-29. 17 Cf. Webster 1982. El irlandés Robert Boyle (1627-1691), químico «canónico» de la revolución científica, compartió el mismo interés.
2. Isaac Newton: bÚsqueda, heterodoxia y reticencia
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Como se ha dicho, desde el principio Newton abordó la filosofía mecanicista, en concreto la de Descartes, con reservas de índole teológica. En su inédito De gravitatione et aequipondio fluidorum el matemático de Cambridge argumenta contra la filosofía cartesiana por sus supuestas implicaciones ateas (la materia no sería directamente dependiente de la voluntad divina).18 La alquimia constituyó para Newton un camino fructífero para acercarse al conocimiento del mundo natural, que no creía explicable sólo mediante átomos y vacío. Además, sus concepciones alquímicas guardan una estrecha relación con las concepciones teológicas (y en concreto cristológicas) que desarrolló por la misma época.19 En efecto, Newton no llenó sólo con alquimia sus «años de silencio»: si con su investigación alquímica rastreaba la actividad de Dios en el mundo natural, hacia la misma época comenzó a rastrear la actividad divina en el curso de la historia, a partir de la interpretación de los libros apocalípticos de la Biblia (Apocalipsis y Daniel). La antigua metáfora de los dos libros de Dios (la Naturaleza y la Escritura) simboliza bien la unidad de los estudios naturales, alquímicos e históricos de Isaac Newton.20 El dominio absoluto de Dios sobre su creación puede considerarse la noción unificadora de toda la actividad intelectual newtoniana.21 Según se evidencia en sus textos inéditos, Newton se consideraba uno de los pocos cristianos con la privilegiada capacidad de alcanzar un conocimiento de las Escrituras más profundo que el común de los creyentes. La correcta interpretación de la profecía divina permitiría comprobar la efectiva ejecución de la voluntad de Dios sobre el curso pasado de la historia (en cambio, en ningún caso sería dable a la inteligencia humana predecir hechos futuros a partir de la Escritura). El desarrollo de esta capacidad, la de descifrar la voluntad divina codificada en la Biblia, constituiría para quienes 18 Publicado por primera vez en Hall – Hall 1962, 90-121. Westfall 1980, 301, lo data a finales de la década de 1670; actualmente se fecha a mediados de la década de