Historia del arte; el arte al traves de la historia

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PRESENTED

The University of Toronto

/3OA c*-£*¡ta

de Roma, haciéndole aparecer tan sólo como uno de los discípulos de Giotto. Pero consta que Cavallini pertenece á la generación anterior al Giotto y que de Ruma pasó á decorar una parte de la nueva basílica de San Francisco, en Asís,

donde debió encontrarse seguramente con Cimabue;

allí

pudo comunicar

al

joven maestro florentino los consejos y la técnica del viejo arte romano medioeval de la pintura al fresco, que Cavallini con' ^ía con todos sus secretos.

no un discípulo de los la misma obra de la del todo romano. Sus mosaicos de

Resulta, por lo tanto, Pietro Cavallini un maestro y florentinos; todo lo más, es su colaborador, trabajando

restauración clásica, aunque con espíritu

en

Santa María del Transtévere son seis composiciones de

recuerdan

los

tal grandiosidad que grandes días del arte cristiano, cuando estaba aún saturado de la

técnica clásica .María la el

(figs.

tomo segundo de

muy

26 y 27); por ejemplo, los mosaicos de la basílica de Santa las miniaturas del Génesis de Viena, reproducidas en

Mayor, en Roma, ó

antiguo, pero

esta obra.

además

las

Los

frescos de Santa María se conocían ya de de

crónicas romanas y el Líber poníificalis hablaban

de trabajos de Pietro Cavallini en

la basílica

del Vaticano y en Santa Cecilia del

Transtévere. Estos últimos írescos fueron descubiertos recientemente. Lañarte

PIETRO CAVALLIM inferior

de

pero en

lo alto

la iglesia

de

23

ha sido blanqueada,

la

misma existen im-

portantes restos de un Juicio

final,

pinta-

do allí por Cavallini y que nadie podía examinar por razón de la clausura. Hállanse estos frescos

en

lo alto del coro,

y recientemente se conseguieron permisos

para estudiarlos y fotografiarlos 28 y 29). Son de una belleza clá-

(figs.

y no recuerdan para nada

sica,

la

es-

cuela oriental ó bizantina a que alude el

Sus

Vasari.

tipos

son romanos, mejor

dicho, transtiberinos, ó sea del barrio de

Roma

llamado el Transtévere (el otro

lado del Tíber), que tiene una psicología especial. El ángel

en

la fig.

28,

que reproducimos

parece anticiparse

al tipo

de belleza femenina romana, eternizado por Rafael. Aquella cabeza es

muchacha con

el

peinado

la

de una

típico

del

Pietro Cavallini. Fresco

Fig. 28.

de Santa

Transtévere.

Roma.

Cecilia in Transtévere.

Sin embargo, un maestro tan gran-

de como Cavallini, pasa casi sin dejar rastro; su espíritu fluye hacia Toscana y Cimabue y Giotto, comienza un renacimiento que

Florencia, donde, por obra de

ya no debe interrumpirse.

He

aquí

las

propias palabras del Vasari para explicar la

formación de Cimabue,

el

primer gran

maestro de la escuela de Florencia: «Éste era de la noble familia de los Cimabue; su padre lo envió para aprender á un fraile pariente suyo, que enseñaba á novicios en Santa

los

María

Novella;

pero habiendo sido llamados algunos pintores de Bizancio para pintar

la

ca-

llamada de los Gondi, Cimabue, interesado por sus trabajos, dejaba á mepilla

nudo su estudio para pasarse

el

día

(Mi-

tero viendo trabajar á los dichos pintores;

por

que su padre, y también aqueconociendo que él era

lo

llos extranjeros,

favorecieron su vo-

apto para

la pintura,

cación, y,

ayudado por su natural'

bien dispuesta

muchísimo

para

el

arte,

sobrepasó

el estilo de pintar de los bi-

zantinos, los cuales, fijos en su Fig.

2c,-r¡etro

de Santa Cecilia

in

Cavallini.

Fresco

Transtévere. Roma.

se Preocupaban zar.»

ni

Basta decir solamente

art
s

Desiderio

de Settignano, Benedetto de Majano, Mino de Fiesole, Agostino da

Duccio y ron

al

el

Pollajuolo.

Todos

lleva-

arte decorativo los principios

de elegancia y finura que saturaban las obras de los más grandes escultores, como Dónate! lo y el Yerro chio. Ejecutaron

monumentos

principalmente de vasto

funerarios

conjunto, llenando toda una capilla,

como

el

del cardenal portugués para

quien Antonio de Rosellino hizo una

tumba que la

iglesia

es su obra maestra, en

de San Miniato, cerca de

Florencia; ó bien dentro de nichos

Fie

120.

— Agostino da Duccio. Madona.

Museo

del Louvre. París.

en el muro, dos de Santa Croce, obra de Bernardo Rosellino y de Desiderio de Settignano, para los secretarios de la república, Leonardo Bruni y Carlos Marsupini. Siempre estos decoradores cuatrocentistas adoptan el mismo sistema de subgrandiosos, abiertos

como

los

dividir los elementos arquitectónicos en multitud de frisos, cartelas y recuadros, que adornan con rizos de hojas de acanto, con guirnaldas de flores, ovas y palmetas. Los simples, clásicos conjuntos de entablamentos, sobriamente colocados sobre una serie de columnas ó pilastras, que serán los preferidos durante el siglo xvi, no aparecen todavía; las líneas arquitectónicas han sido multiplicadas

tan sólo para dí y las pilastras,

r

En

los

tímpanos

más bien

alegorías,

lugar á nuevos enriquecimientos decorativos.

subdivididas en recuadros, aparecen ángeles ó

siempre en relieves exageradamente planos; estos escultores cuatrocentistas rentinos hacen grandes esfuerzos para infundir en

el

flo-

una sensación de plano del cuadro. Muchas relieve

luz y de color, sin levantar apenas las formas sobre el \eces acentúan su efecto con una discretísima policromía, con ligeros toques de oro y azul, acentuando las líneas ó llenando los fondos con un tono mate;

pero, otras veces, esto resulta imposible y los fondos están materialmente invadidos por el esfumado del relieve, los penachos de cabelleras y las alas de ángeles hisi

i.i.i.

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13.

^

HISTORIA DEL ARTE

98

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j* /_¿^* •%mo si estu

propio Julio

....... r Cúpula de del santuario .

Fig. 1S6.

la iglesia

de Loreto.

,

,

.

S

HISTORIA DEL ARTE

ya terminada, con

la

leyenda: Tcmpli

Petri instauratio. El día 18 de Abril

de 1506 el Papa descendía á la enorme excavación practicada para los cimientos del ábside de la nueva iglesia,

^queriendo

él

mismo

colocar

la pri-

mera piedra, que llevaba una inscripción conmemorativa, y después de proclamar

las

allí

indulgencias conce-

didas á los bienhechores

de

regresaba en procesión con

la obra,

cruz

al-

comenzaron por

la

la

zada á su palacio del Vaticano.

Los

trabajos

parte posterior: el ábside y los pilares

de

la

cúpula. Julio II dejó que

mante derribara todo necesario de

impuso sólo

la la

lugar central, Fig.

i

~.

^Cúpula déla

lo

el

Bra-

que iba siendo

antigua basílica; se le

prohibición de tocar el

donde

está la confesión

de San Pedro, una especie de pozo que nunca había sido violado y en que se

iglesia

de San Carlos. Roma.

supone enterrado el cuerpo del apóstol, pn eticó en lo que quedaba en pie de la antigua iglesia; más tarde se hizo una capilla provisional sobre el sepulcro, hasta que quedó del todo terminado el nuevo templo. Una mínima parte de lo que Por mucho tiempo

el

culto se

de conservarse se almayor desorden, en los subterráneos que quedan entre el pase creyó digno

macenó, en

el

vimento antiguo de

vimento de

la

la basílica

actual,

que

y

es

el

pa-

mucho

hay fragmentos de escultumbas de los pontífices, de ciertos altares y el sepulcro de Otón II, que estaba en el patio dei ante

más

alto. Allí

turas de las

de la

la

fachada de

la iglesia.

Pero toda

decoración de los antiguos mosaicos

cristianos, los frescos

de Giotto y tanprimer rena-

tas otras bellas obras del

cimiento fueron destruidas sin respeto.

El pueblo de tas,

Roma

y las personas cul-

entre ellas algunos cardenales, no

presenciaron indiferentes aquel vandalismo; imponíase la excusa de

que

la

vieja construcción amenazaba ruina, pero así y todo, se elevaron voces de

Fig. 18S.

— Cúpula de Santa

María de Loreto.

Foro Trajano. Roma.

BRAMANTE Y LA CONSTRUCCIÓN DE SAN PEDRO DE ROMA protesta contra

151

Papa y

el

sobre todo contra

el

Bra-

mante, que no pensando

más que en sus

fantasías

parecía poseído de furor desarquitectónicas,

tructivo.

truido a

Él hubiera des-

«

Roma

universo

dido,- dice la

entera y

un

de

escritor

La gente

época.

el

hubiese po-

si

del pue-

aguda y maliciosa

blo, tan

Roma, decía en el Bramante tendría que quedarse fuera del cielo, porque San en

la vieja

sus sátiras que

Pedro, irritado por haberle

destruido su vieja basí-

lica,

no

A

le la

mante se

dejaría entrar.

muerte del Brale

encargó á de la de San Pe-

Rafael la dirección

nueva dro,

iglesia

Fig. 189.

— Vignola. Iglesia del Jesús.

Roma.

por creerse que sería

primitivo. Rafael era

corte pontificia,

al

el que más fielmente podría desarrollar el proyecto también de Urbino, como el Bramante, y su carrera en la

decir del Vasari, había

comenzado por

la

protección del gran

arquitecto. Pero Rafael no

era

el

genio más indicado

para una construcción gantesca

como

gi-

que había proyectado Bramante en San Pedro del Vaticala

no, y aunque le auxilió Antonio de San Gallo,

gran constructor y cialista

espe-

en arquitectura,

las

obras no avanzaron mucho.

Por

fin,

muerto Rafael, y

algunos años después Antonio de San Gallo, nadie

pareció capaz

buen término

de la

llevar á

construc-

ción sino el viejo Miguel HÉitfr

Ángel, que sobrevivía todo el mundo, crecic Fig. 190.

— Interior

de

la iglesia

del Jesús.

Roma-

á

cada día su reputación.



HISTORIA DEL AR'IE

152

«Habiendo muerto Antonio de San Gallo

dice

año 1546,

el

Vasari

el

,

—y

faltando

quien dirigiese la fábrica de

San Pedro,

hubo

diferentes

pareceres, hasta que Su Santidad, inspirado

por Dios, se

resolvió á confiarla á Miguel

Ángel,

cual rehusó dicien-

el

excusarse de

do, para

esta

que no era su arte el de la arquitectura. Finalmente, no admitiendo sus escrúcarga,

pulos, la

Papa

el

le

mandó que muy

aceptase, por lo que,

contra su voluntad, tuvo que entrar en aquella empresa...»

Suprimió Miguel Ángel

infi-

nidad de detalles del último proyecto de San Gallo, torres y

más

torres, agujas

y colum-

natas del exterior, que quita-

ban



Bramante y Rafael. Logias ó galerías del patio de San Dámaso. Vaticano.

Fig. 191.

á la iglesia la

clásica,

tivo

simplicidad

pero que siendo mo-

de gastos cuantiosos, pa-

recían complacer á los administradores de la fábrica, concitándose con esto la

animosidad de

que veían su provecho en dar largas á

los

la

construcción, en

cuyos trabajos se llevaba ya empleado cerca de medio siglo. En cambio, para desvanecer toda sospecha, Miguel Ángel exigió que en el motu-proprio que le nom-

braba director de

la

obra, con entera autoridad de hacer y deshacer, añadir y que él servía allí á la Iglesia sin ninguna recompensa

quitar, se hiciese constar

y sólo por el amor de Dios. El papa Paulo III, que veía en el glorioso escultor el genio que convenía para terminar la iglesia, sostuvo siempre á Miguel Ángel contra

las intrigas

de sus enemigos.

administradores en

que no

1

las distraigan

55

guadagno

perdo tempo

:

c

«

Vuestro cometido,

— es tener cuenta de

los ladrones; el plan

cambio, de mi cuenta.» io

1,

E

voltossi al

che se qitcste

fafiche

Papa,

y

— decía

que lleguen

los dibujos

disse:

che io duro

ropera.» II Papa, che lo amara,

,

las

de

la

el

«Padre Santo,

védete quel che

non mi giovano



messe

le

escultor á los

limosnas y vigilar iglesia corren, en all' anima, io

maniin

snlle spalle

«Voi guadagnate per V anima c per il corpo, non dubitalc.» La intervención de Miguel Ángel en el proyecto de San Pedro consiste, pues, principalmente en simplificar la planta, la idea general del Bramante, quitando elementos accesorios que debilitaban la construcción, pórticos y aberturas que reducían la resistencia de los muros. En cambio, en cuanto á la alzada, levantó la cúpula á una altura mucho mayor de la que había proyectado Bramante; éste quería repetir la cúpula romana del Panteón, grandiosa por den-

e disse:

MIGUEL AXGEL COMO ARQUITECTO pero sin visualidad por

tro,

fuera.

Miguel Ángel

tituyó

por una cúpula como

la

la

subs-

de Santa María de las Floy así lo que le quitaba al

res,

edificio en extensión, se lo aumentaba en altura. Xo hay duda que lo que caracteriza

hoy

exteriormente

la iglesia

de San Pedro, de Roma, es la cúpula, con su altura colosal de 151 metro-, todo

dominando

el edificio (fig.

183).

Sobre los cuatro grandes pilares, que ya había proyectado Bramante, levanta Miguel Ángel un tambor cilindrico con columnas pareadas, entre Fig. 192. — Bram :nte. Nicho monumental que se abren unas ventaen el Belvedere. Vaticano. encima corre aún el friso con guirnaldas, motivo harto sencillo para que se pudiera ver de lejos, y, por fin, la doble bóveda algo peraltada, como en la cúpula de Florencia (fig. 72). Miguel Ángel murió cuando la cúpula estaba solamente en el arranque, pero dejó un modelo detallado que se conserva todavía. Su sucesor en la dirección de la obra fué también su discí-

las

nas;

pulo predilecto, Giacomo della Porta, quien no se contentó con proveer discre-

tamente á

las

que además

grandes dificultades de

alteró

con gracia

cada, ya casi barroca. Esta ligera nota superficie gris

de

la

construcción de la bóveda colosal, sino

la

la linterna superior,

haciéndola más rica y complilo alto de la curvada

más moderna, en

cúpula, cubierta de planchas de plomo, acaba de completar

campiña ropoco accidentada del Lacio; es lo que caracteriza más el paisaje de Roma, cuyo recuerdo es molvidable. Como toda la ciudad queda á un lado del Vaticano, el sol en Roma se pone siempre detrás de la cúpula, recortando su silueta en los la

belleza de aquella obra magnífica. Vista desde lejos, de toda la

mana

cúpula de San Pedro, sobresaliendo de

se distingue la

crepúsculos luminosos del cielo de Italia

(fig.

184).

Es verdaderamente una entidad moral dotada de rística propia,

tan igual y tan distinta de

la

la llanura

espíritu,

con su caracte-

cúpula de Florencia y de todas

las

que se hicieron después á su imitación. El efecto de la cúpula de San Pedro sobre los artistas fué

tal,

que, á partir

por grande ó pequeña que sea, (pie no quiera tener también su cúpula, en correspondiente testimonio de admiración de la de San Pedro de Roma. No sólo en Italia, sino en todos los demás países de de

la

mitad del siglo xvi, no hay

Europa adonde llegó

el

iglesia,

Renacimiento, en iglesias rurales de

también en HIST.

la

DEL ARTE.

de

los

ladrillo, revestidas

y más tarde el mismo repítese siempre Inválidos, de París, siempre,

de estuco, ó en grandes monumentos como

— T. III.— 20.

la

iglesia del Escorial,

HISTORIA DEL ARTE

154

Fig-

tema de una

iglesia

T 93»

— El palacio Farnesio. Roma.

en planta de cruz con una cúpula, sobre un tambor

cilin-

drico en el crucero.

Las modificaciones, tratando de mejorar

de la cúpula de San también cuan acertada era la

los detalles

Pedro, en sus imitaciones posteriores, prueban solución de

la

obra de Miguel Ángel que apenas consentía mejora. En

sobre todo, los arquitectos del siglo xvi glosaron

el

mismo asunto en

Italia,

curiosas

variaciones. Así, por ejemplo, la iglesia de Santa María de la Consolación, en

Todi, de principios del

siglo,

cuando en

Roma

hacía furor

el

plan del Bramante

para San Pedro, posee una cúpula más modesta, cuyo tambor tiene ventanas alternadas con nichos de un efecto todavía

muy

severo

(fig.

185).

Lejos de Roma, pero dentro aún del territorio pontificio, los Papas tenían el

singular santuario de la Santa Casa de Loreto, erigido para contener la reli-

quia de la casa de

la

Virgen en Nazaret, transportada á

Italia

por los ángeles.

Para cubrirla se levantó un templo, cuya cúpula, que parece obra del San Gallo, viene á ser una regresión hacia el tipo de la cúpula de Brunelleschi en Florencia (fig. 186).

En Roma, la ciudad de las cúpulas, se ven á centenares las imitaciones de la enorme masa de la cúpula de San Pedro, pero no hay ninguna como ella de curva tan elegante. Una de las más discretas, la de la iglesia nacional de los florentinos, en Vía Giulia, fué obra del discípulo de Miguel Ángel y continuador de su obra, Giacomo della Porta. El remate y la decoración del tambor se resienten del gusto barroco, que triunfa, pero causa bellísimo efecto la zona de grandes ventanales entre columnas que sostienen un entablamento. A fines del siglo xvi la linterna de remate se hace cada vez más complicada, como si para

MIGUEL ÁNGEL COMO ARQUITECTO

Fig. 194.

— Patio

del palacio Farnesio.

Roma.

sostenerla tan sólo se hubiera construido la cúpula, y el

adorna con motivos arquitectónicos barrocos

Además de

la

(figs.

tambor

cilindrico se

187 y 188).

cúpula, puede decirse que, á excepción de

la

fachada, todo

exterior de la iglesia de San Pedro es obra de Miguel Ángel;

la que había Bramante hubiera sido absolutamente distinta, con sus múltiples pórticos y logias abiertas. En el ábside de San Pedro es donde se comprende el estilo propio de Miguel Ángel como arquitecto, tan distinto de todos los demás de su tiempo; los altísimos muros curvos de los ábsides rematan en un simplicísimo ático horizontal, que debía dar toda la vuelta al templo, sostenido aparentemente por colosales pilastras corintias, también de toda su altura. En los espael

proyectado

el

abren balcones y ventanas, sin muchos adornos, tan grandiosos, que vuelven á dar al edificio el carácter de religiosidad que había perdido con las formas de los detalles clásicos. La obra de Miguel Ángel en San Pedro es cios lisos se

poco conocida; generalmente queda ohidad? detrás de la impresión barroca de la plaza y de id fachada, ejecutadas mucho más tarde; pero al dar la vuelta al edificio, si el ánimo no está ya cansado por tantas sensaciones diversas, al ver la iglesia enorme, con sus muros severamente arquitectónicos, y elevar la vista hasta aquella altísima cornisa, recorriendo con la mirada aquellos lienzos de picha, únicos en

el

mundo por

sus dimensiones y nobleza, vuelve á sentirse

emoción religiosa que producen las catedrales de la Edad media. Miguel Ángel consiguió, con su espíritu elevado, dar un sentido nuevamente místico á la obra fastuosa que proyectaba la Roma pagana del Renacimiento. (Lám. IX.) el

mismo

efecto de

1

HISTORIA DEL ARTE

56

Fig. 195.— Palacio Mássimo.

En

los principios establecidos

arquitectos de

la

por

Uno

escuela romana.

las

Roma.

obras de San Pedro se formaron los

de los discípulos de Miguel Ángel, Do-

menico de Vignola, los divulgó con un Tratado de arquitectura. Además trabajó en San Pedro, construyendo allí dos cúpulas que flanquean la grandiosa central, ya mucho más ligeras y abiertas, con grandes ventanales en la base. Pero la obra más importante del Vignola es la iglesia del Jesús, en Roma, también con una cúpula y una sola nave, con capillas laterales; el desenvolvimiento final de la idea iniciada por León Bautista Alberti en la iglesia de Mantua. El crucero, ancho, está iluminado por la cúpula; la trarresta

como

por

las capillas laterales

(fig.

190).

bóveda de medio punto

La fachada

se con-

del Jesús se de Gia-

ya algunos detalles de decoración tan poco que muestran los progresos del barroquismo. Hay encima de la puerta un escudo del que cuelgan unas guirnaldas, dentro del estilo de Miguel Ángel, aunque más complicado y retorcido. La disposición general de la fachada del della Porta, quien introdujo

clásicos

Roma, es todavía la propuesta por León Bautista Alberti en Santa María Novella, de Florencia, que se conservaba por tradición desde el siglo anterior: un cuerpo bajo con un orden de pilastras, y un cuerpo superior que ter-

Jesús, de

mina en un frontón

Como

el

de

la

cuerpo bajo es más ancho, porque tiene nave central y las capillas), y el superior no tiene de anchura más que la de la nave central, estos dos pisos están reunidos por una forma curva ondulada que acaba en dos volutas. Así el cuerpo alto se ensancha ingeniosamente para combinarse con el piso inferior. Esta so-

ia

(fig.

189).

amplitud de las tres naves



Lámina IX,

Ábside de San Pedro de Roma, por Miguel Ángel. El coronamiento barroco es obra del siglo xvir.

Tomo

111

LA ESCUELA ROMANA DE ARQUITECTURA lución, popularizada por los

li-

bros de los tratadistas del Renacimiento, logró singular fortuna,

más adoptada

siendo la forma

para

las

fachadas de

iglesias

las

de esta época. Pero

el

siglo

no era

el

más

á propósito para edificios religiosos; ya

hemos

que sólo

visto

el

genio superior de Miguel Ángel consiguió

impregnar de una

grandiosidad moral

proyecto

el

de San Pedro. Los Papas del Renacimiento, mejor de

la iglesia

que varones piadosos, eran hom-

de Estado, come

bres

Julio II,

como Cuando Mi-

ó eruditos y aficionados

León

X y Paulo

III.

guel Ángel labró para Bolonia estatua de Julio

manos un que

el

II,

libro abierto,

gran pontífice

dió diciendo

que

la

puso en sus

lo

le

por

lo

repren-

que

Fig. 196.

— La Farnesina. Roma.

hacía

él no era hombre de lecturas. Mettevi non so letterc. Conocida es la frase del cardenal Bembo recomendando leer lo menos posible la Biblia, para no corromper el latín. Estos hombres, en cambio trataban de restaurar en todos sus detalles la vida clásica, y su preocupación se ha de transparentar en la más social de todas las artes, la arquitectura. El primer edificio con carácter de habitación que debemos citar de esta época, es el propio palacio del Vaticano. El conjunto del Vaticano es una construcción muy compleja en la que cada Papa ha

falta

en su retrato era una espada, pues

una spada, che

io

,

ido introduciendo nuevas dependencias, pero

el

plan

puede reducirse, en sus elementos esenciales, á las habitaciones que rodean el patio llamado de San Dámaso y á las

dos largas alas paralelas este núcleo al pa-

que reúnen

bellón del Belvedere, donde

están los teca,

Museos y

la

rios del palacio

pi >ntifi
us amigos literatos.

Pero, ¡cuan




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Fig. 311.



su estilo, lo que

.

Tintoretto. Adoración

él

valor material de

los

quería era pintar, nada

con imágenes.

tos

de

la

Magos. Satola

más que

di

San Rocco. Venfcia.

pintar, llenar vastos

paramen-

A menudo

no pedía más retribución por su trabajo que el pintura. Su esposa, Faustina, de la noble familia de Vescovi,

cuidaba de su propio dote y procuraba regular los gastos del pintor. Cuéntase que en su juventud, para poder pintar, rogaba á sus vecinos que dejasen llenar de frescos las fachadas de las casas, y así pintó varias de ellas. Su primer conjunto de grandes pinturas en Venecia, hubo de ejecutarlo también

le

por

ni'

-do análogo.

Por cien ducados se ofreció

al

prior

de Santa María dell'Orto

inmensas paredes del coro. El prior aceptó su oferta, comprendiendo que así no le pagaba ni los gastos. De la misma manera, casi por

para decorarle favor, obtiene

de

la

Librería,

las

permiso para decorar varios lienzos de pared entre

que estaban pintando Ticiano y

el

las

ventanas

Veronés. Los encargos para

hubo de conseguirlos también con no poca dificultad, y, por último, su grande obra maestra, la decon de la casa de la cofradía de San Roque, le fué encargada tan sólo gracias su genio violento, arrancándola casi á la fuerza de sus jueces. La cofradía de

ejecutar sus magníficas decoraciones del palacio ducal,

,

San Roque buscaba un pintor, y había abierto un concurso: varios dieron

uno

o

el

artistas acu-

día señalado, llevando un boceto, pero Tintoretto llevó ya terminado

ndes

fué admitido en

la

lien/i

is,

pintado

cofradía y no se

como por relámpagos. Desde movió más, punir

aquel

momento

decirse, de aquella casa;

HISTORIA DEL ARTE

Fig. 312.

— Bonifack

>.

La parábola

Ic^íSÍW s»

del rico Epulón. Yenecia.

^ Uq^^h

i

% ni

,^ñh-

%v

B^'c^r* ^?^ mí ->*5

Fig- 3

X

3'

— Lorenzo Lotto. El yugo nupcial.

Museo dtl Prado. Madrid.

BONIFACIO. LOTTO. MORONI. TIÉPOLO sesenta pinturas, lo mejor de su espíritu, llenan las salas

y

Scuola di San Rocco; para conocer

al

la iglesia allí

de

la

hay que

maestro en todo

plendor de su arte: millares de

ir

es-

el

figuras,

inolvidables, destellos de halos y sombras profundas, escorzos acumulados por un titán neurótico; percepciones de un mundo supraterrestre. Allí, en la Scuola di San Rocco, hay que conocer al Tintoretto, el pintor moderno, el impresionista, admirado de Rembrandt y Velázquez; el maestro de un joven, recién llegado de Creta, que debía ser conocido después con el nombre de Greco. Tintoretto y el Greco, he aquí dos nombres que enlazan claridades

dos escuelas, y explican cómo el arte italiano del Renacimiento, en su última

1

tierra y otra sangre. conociendo las circunstancias de

naturaleza, en el

mundo

la

del espíritu,

Es imposible describir aquí como hemos hecho con

toretto,

ni

314.

.

1

— Moroni. Un abogado.

Galería Nacional. Londres.

en otra Cuanto más se van

etapa, se injerta en espíritu

producción artística, mejor se ve que la tampoco suele obrar por saltos. aun las más importantes pinturas del Tin-

las del

Ticiano y otros maestros. Realmente, no se recuerdan sus

del Tintoretto

obras una por una, sino su

modo de

luz y su

A

sición.

agrupar

estilo, la

su

compo-

veces se contiene á



mis-

mo, procurando ser correcto y académico, como en las bellas composiciones del antecolegio, en

que

el

palacio ducal,

parecen del Veronés

casi

(fig.

309).

En otras, manteniéndose aún dentro de

la

normalidad, agita ya

las figuras

con una convulsión radiante de formas tempestuosas. Así, por ejemplo, es interesante

comparar

la

Asumpta, tan

veneciana, del Ticiano, con toretto,

en

el

demia de Venecia

cuando

(fig.

51

-Moroni. Un

Galería Xaáonal.

I

sastre.

.ondres.

la

310).

Tin-

Aca-

Pero

Tintoretto se encuentra, por

decirlo así, solo consigo

Fig. 3

la del

mismo museo de

dell'

* &*» R°CC0

° lvida

>

mismo, como la Scuola

Orto ó en

en Santa María

el

aire terrestre

v la luz natural é ilumina sus figuras

2

HISTORIA DEL ARTE

54

Fig. 316.

— Tiépolo. La oración m

el

huerto.

Museo

del Prado.

Madrid.

por medio de rayos oblicuos que vienen á caer inesperadamente sobre los cuerpos, envueltos en la sombra (fig. 311). Entonces es cuando el mágico furioso hace prodigios: en la cena de San Jorge il Maggiore, todo el ambiente de la sala está lleno de nubes luminosas, entre las que apenas se adivinan los ángeles; el Señor derrama luz, otras luces salen de ia cabeza de los apóstoles, una lámpara quiere dar luz también... Y todo resulta tan real que el observador se pregunta qué

mundo

es aquél

y á qué paraje sobrenatural ha sido transportado.

Tintoretto murió en 1594, á la edad de setenta y cinco años, trabajando,

como

el Ticiano, hasta sus últimos momentos. Contemporáneamente á estos grandes maestros, desde los días del Giorgione hasta fines de siglo, pintaron en Venecia otros artistas, á manera de astros de pequeña magnitud, ofuscados por tan grandes genios, pero que en otro lugar

y tiempo hubieran sido considerados

bueno de

como

pintores excelentes; fueron éstos

un pintor de grupos de santos

el

de dulce amor, entretenidos en piadosas conversaciones; el delicado Bonifacio, el pintor de los conciertos y también de los íntimos coloquios (fig. 312). Anterior á éstos fué Lorenzo Lotto, quien, aunque se había formado en Venecia, hubo de trabajar Vivarini,

principalmente en

Roma;

llenos

espíritu joven, sentimental, poseía algo

de

la finura

BONIFACIO. LOTTO. MORONI. TIEPOLO

Fig. 317.

— Tiépolo. La coronación de

espinas.

Museo

del Prado.

Madrid.

aunque no tan profundo (fig. 313). Lotto no era véneto de origen, pues había nacido en Bérgamo, como Moroni, pero ambos experimentan la inñuencia de atracción predominante en el Xorte de Italia por aquella

estética del Giorgione,

época, que era

la

que nos presenta

de

la

escuela veneciana, Moroni es un especialista en retratos,

á sus figuras

seres vivos (figs. 314 y 315

A

fines del siglo xvi,

con una realidad tan clara que asombran como

I.

Vcnecia, en

el

terreno del arte, parecía agotada por

tanto esfuerzo, pero tenía que producir aún otro pintor genial en

de quien son

el

delicado

el

palacio real de Madrid. Tiépolo

I

íépolo,

las bellas

fué

el

el siglo xviii,

decoraciones del salón del trono, en

artista

de

los

grandes efectos esceno-

gráficos de luz y perspectiva; sus frescos de Madrid, claros y brillantes, como el techo se abriera \ en las nubes apareciesen figuras y alegorías, dan perfe le

ta

su estilo,

i'i

ro

propia Venecia, en

donde hay que estudiar las

á

si :ta

Tiépolo en toda su fuerza es en y Labia. Las

decoraciones de los palacios Mezzónico

paredes están pintadas figurando arquitecturas de fachadas, con pórticos mag»s,

entre los que discurren graves personajes; los fondos prolongan nuevas

perspectivas y

riqueza

1

figs.

3

la

sala

[6 y

3

17

se \.

ensancha en un horizonte interminable de

luz y

de



!

HISTORIA DEL ARTE

56

Resumen.



La

pintura veneciana empieza á fines del siglo xv, con los hermanos Juan y el pintor de las Madonas apacibles, su color luminoso y brillante; de él

Gentil Bellini. Juan es

aprende Carpaccio, artista distinguido, que hace prodigios en las representaciones de leyendas de santos. Simultáneamente á la escuela de los Bellini, dos pintores nuevos, Giorgione y Ticiano, inician una nueva escuela de pintura. Giorgione muere joven; sólo se conocen de él una docena de cuadros; sin embargo, parece haber sido el verdadero iniciador de la mayoría de los temas que Ticiano desarrolla después tan sabiamente. Ticiano era oriundo del Cadore, en los Alpes vénetos, y su color refleja las maravillas de luz del país que le vio nacer. Trabaja principalmente al servicio de los Austrias, Carlos V y Felipe II. Contemporáneos de la larga vejez del Ticiano son el Yeronés y el Tintoretto, pintor de las grandes apoteosis teatrales el primero, creador el segundo de milagros de luz nunca imaginados. En el siglo xvnr, Yenecia produce aún un último artista, el gran decorador llamado Tiépolo. Bibliografía.

— Carlo

— Berenson:

Ridolfi:

De

meraviglie dell'arte, overo

le

vite degl 'illustri piítori

Taine: Voy age en The Venenan Painters of the Renaissance, 1894. Cook: Giorgione, 1900. Fry: Giovanni Bellini, 1899. — Rosenthal: Carpaccio, 1906. Italie. Crowe y Cavalcaselle: Tiziano, 1877.— Malcom Bell Leonello Ventdbi: Giorgione. Hamel: Tifien, 1904. — Caliari: Paolo Veronese, 1888.— y H. Miles: T he work of Titian. Janitschek: Tintoretto, 1876. A. Bell: Paolo Veronese, 1905. Yfiarte: Paul Veronese, 1888. — Thode: Tintoretto, 1901. Stoughton Holborn: Jacopo Robusti, called Tintoretto 191 2. Veneti, 1648.







— Heemasn:



— —





Tiepolo, 1S97.

Fig. 318.

— Carpaccio. Ángel músico. Academia de Venecia.

,

Fig. 319.

— interior de San Juan de los Reyes. Toledo.

CAPÍTULO XI — —

LAS CONSTRUCCIONES MUZÁRABES Y FLAMEANTES EL RENACIMIENTO EN ESPAÑA. EL GRECO ROMANO. EL LLAMADO ESTILO PLATERESCO. DEL TIEMPO DE LOS REYES CATÓLICOS ARTES MENORES. LA ESCULTURA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVI.





España está invadida de artistas extranjeros. Los Reyes de su carácter tan nacional, llaman ó admiten arquitectos y decoradores flamencos y alemanes para dirigir sus nuevas construcciones. Vienen también entalladores y escultores del norte de Fiancia y de Borgoña; durante el reinado de Carlos V, los italianos acuden en masa y todos son bien recibidos. La España del siglo xx, que pretende hacerse castiza, excluyendo /\

fines del siglo xv,

¿\.

Católicos, á pesar

lo

poco que pin

'la

llegarle

desde afuera, debería recordar cómo se hizo grande

absorbiendo y asimilándose todas las corrientes artísticas de la Europa del Renacimiento. "n solo arte, que podríamos llamar peninsular, se defendía de aquella invasión, n

mientras

sepulcro del

el

cardenal venía á el

lla

323).

(fig.

ocupar

centro de

lugar en

Todo

muro

el

de cerramiento es una

filigra-

como una

na flameante, ría

su

la capi-

lace-

de piedra llena de intere-

santes figuras.

Pero esta profusión de molduras y relieves tenía que ser superada

aún en

la capilla

llamada del Condestable, de catedral de Burgos, cons-

la

truida por su esposa D. ría

a

Ma-

de Mendoza durante

los

años que D. Pedro Fernández

de Yelasco, que así se llamaba el Condestable, pasó en la

guerra de Granada.

pilla

La

proyéctase fuera de

planta de

la

cala

catedral de bur-

como un pequeño monumento aparte; su cimborio caracteriza hoy la silueta exterior de la catedral, como las gos,

Fig. 324.

— Fachada del hospital

de Santa Cruz.

Toledo.

torres de fachada y la linterna

del crucero. Su autor, llamado Simón de Colonia, era hijo de un tal Hans ó Juan de Colonia, que ya había sido tro de la obra de la catedral en 1466. La labor que Simón de Colonia hubo de realizar en la capilla del Con-

testable reúne á la suntuosidad las

de la capilla de Mendoza, el buen gusto de mejores obras flameantes borgoñonas y alemanas (fig. 325). El sepulcro illa también en el centro, como un suntuoso sarcófago, sobre el que des-

cansa, tendida, resulta también

la

estatua del condestable.

mucho más ordenada que

La composición la

de

la

capilla

general déla capilla

de Mendoza,

las

262

HISTORIA DEL ARTE des están

decoradas

con grandiosos escudos de piedra y en lo alto corre una bellísima galería

de circulación.

Los

retablos, también

de piedra, son de

estilo

flameante alemán, uno

de

ellos,

obra de un co-

laborador de Simón de Colonia, Siloe, á

un

tal

quien

Isabel encarga

de

la

padres

Fig. 325.

— Capilla

del Condestable- Catedral de Burgos.

reina

más

tar-

decoración de

capilla sepulcral

Juan

de

Gil

la

II

rey Doña y el

la

de sus

Don Isabel

de Portugal, en la de Aliraflores.

car-

tuja

Estas son las figu-

más eminentes del reinado de los Reyes Católicos: Egas, Güas, y Simón de Colonia; nombres que subsisten unidos á grandes obras, pero

ras artísticas

Siloe

que no evocan todavía en nosotros el recuerdo de una personalidad espiritual bien caracterizada.

Su origen y su vida

son todavía un enigma: sólo sus obras siguen pregonando

su gran fantasía decorativa y la nacionalización profunda

de su espíritu en el noble solar de Castilla, donde encuentran una generación sedienta de grandeza. Sin embargo,

el

que mire

con atención los monumentos reproducidos en las pági-

nas anteriores, encontrará acaso que poco ó nada tienen de las formas clásicas tradicionales que restaura en Italia el Renacimiento. Más adecuadas serían, al parecer,

como

manifestaciones

en Castilla de la escuela borgoñona q u e de un locales

Fig. 326.

- Fachada de la Universidad. Salamanca

,

EL LLAMADO ESTILO PLATERESCO arte nacional, y, sobre

todo, dentro órbita

mos

de

lo

ya de la qne llama-

Renacimiento.

el

Pero la misma vacilación se advierte

en

la

y no obstansiempre hemos con-

literatura, te,

siderado

al

Santillana y

marqués de al marqués

de Villena como dos precursores del Renacimiento en Castilla,

aunque

visten y hablan

a veces

como hombres En los cu-

medioevales.

riosos Cancioneros del

tiempo de los Reyes Católicos, que son las maniléstaciones poéticas la

más

interesantes de

como el canGato ó el

época,

cionero de

de Baena, las imitaciones del Petrarca están mezcladas cun sátiras y letrillas también tradicionales castellanas.

Con sucede y

mismo Egas ;

Güas son

tructores

de

los arquitectos

lo

los

los cons-

de San Juan

Fig. 327.

— Torre del palacio de Monterrey. Salamanca.

Reyes, pero tam-

bién lo son de la catedral de Granada, del todo clásica en sus haces de columal lado de su arte gótico borgoñón, empalmado con el dan vida á un estilo nuevo, propio de España, el arte extraordinariamente nacional y original que llamamos plateresco. Es punto algo obs-

nas corintias. Además, espíritu mudejar,

el saber cómo se produjo este estilo nuevo, que se llama plateresco porque aplica á las grandes arquitecturas de piedra las formas de los orfebres ó plateros. Según unos, fué el mismo Enrique de Egas quien se entusiasmó con la técnica de un platero alemán, Enrique de Arfe, establecido en Castilla i principios del siglo xvi, cuya fama y habilidad hicieron que se le encargaran un sinnúmero de cruces y custodias para las grandes catedrales y colegiatas de

curo aún

Castilla.

Las obras de Enrique de Arfe eran admirables: sus custodias, más que joya edificios de oro y plata; la custodia de Toledo, pesa 200 kik

son pequeños

HISTORIA DEL ARTE

264

tiene en sus contrafuertes y aberturas

más de 260 estatuillas. (Lám. XIX.) Se comprende que estos edificios eje-

cutados por un platero pudieran inte-

resar á un arqui-

como muy dado

Egas,

tecto

ya á

transformar en joyas

de piedra

mente

sus

excesiva-

edificios

decorados.

Algo extraño parece, sin

embargo,

que un

artista solo

inventara un estilo

nuevo; contraría

al

el

menos,

hecho

todas las leyes del arte,

en

nuevo

el

que un

repertorio

de formas aparece siempre por evoluFig. 328.

— Portalada de

Ayuntamiento. Sevilla.

ción; pero lo cierto es

que una de

primeras y más características obras del estilo plateresco fué la fachada del hospital de la Santa Cruz, de Toledo, empezado por Enrique Egas en 1504, las

por virtud de un legado testamentario del famoso cardenal Mendoza

La

puerta, encuadrada por pilastras

que

lo

mismo

las

324).

un

y candelabros, igual que una dos ventanas superiores, que parecen compuestas

remate á manera de pequeño templete con

obra de platería;

(fig.

se encorvan en la archivolta, tiene figurillas

de piezas aplicadas, pequeños elementos metálicos retorcidos y afinados con el buril, que se han unido formando un marco de piedra en miniatura. A Egas se atribuye también la fachada de la Universidad de Salamanca,

que semeja un

de piedra decorado enteramente con escudos y motivos groinferior es aún de arcos rebajados, gótica en su trazado y en sus molduras; sus curvas bajas aumentan el efecto de magnitud del relieve superior, dividido en recuadros por frisos y pilastras. En lo alto hay una crestería interrumpida por candelabros, dibujada toda ella como la crestería tescos

(fig.

tapiz

326).

La doble puerta

que un platero pudiera labrar para una custodia. Los temas decorativos en la arquitectura plateresca son principalmente italianos, mejor dicho, lombardos, del estilo de decoración usado en Lombardía á fines del siglo xv. Vemos aparecer, sobre todo en un principio, las columnas metálica, en miniatura,

EL LLAMADO ESTILO PLATERESCO

26:

de fustes con ensanchamientos y collares,

como

los empleados en la Cartuja de Pavía y en otros

monumentos milaneses.

Los

grotescos ó ara-

bescos recuer-

dan también más fácilmente la decoración lombarda que la romana; los nichos son bó-

vedas en forma

de pechina;

las

peanas y recuadros, y,

todo,

sobre

los

can-

deco-

delabros

rativos, están repartidos pro-

fusamente en cresterías

ronan tras.

y co-

las pilasFig. 329.

Es curioso,

— Iglesia de San Cristóbal. Almorox. Toledo.

pues, que las formas de este arte plateresco, que depende más que ningún otro del arte lombardo cuatrocentista, se produjeran en España por la obra de un platero alemán, como era Enrique Arfe, quien, además, solía emplear en sus custodias formas góticas, que él y su hijo Juan de Arfe llamaban obra moderna. Juan de Arfe, también ilustre orfebre, escribió un ditirambo en verso de la obra de su padre, y en él reconoce que Enrique Arfe empleó la manera gótica; en efecto, en sus custodias se ve la profusión de adornos de todo el arte de aquel tiempo, y ciertamente podrían haber contribuido á despertar la inspiración de Egas y otros arquitectos coetáneos, pero hay necesidad de suponer otra intervención francamente italiana ó lombarda para explicarnos la producción del plateresco español.

¿Quién fué este

artista italiano,

á Lombardía para aprender

venido á

el estilo

Castilla,

ó qué artista castellano pasó

milanés, en la primera mitad del siglo xvi,

antes que vinieran Herrera y Berruguete con sus técnicas romanas miguel-angeproblema parece todavía muy obscuro y es tanto más interesante

lescas? El

porque 1

.

el

plateresco se fué desarrollando paralelamente con

DEL AKTE. —

T. III.— 34.

el

greco-romano

y

HISTORIA DEL ARTF

266

en

preparando cierto

modo

el

terreno para las

formas barrocas.

Por mucho tiempo

el

plate-

resco sólo cambió las formas

de

la

decora-

ción; las bóve-

das

ban tico

conservael tipo

gó-

flameante

con sus nervios estrellados,

y sólo en claves, á

las

veces

colgantes, aparecían de nuevo los

Fig. 330.

— Fachada de

relieves y

molduras emla iglesia

de San Cristóbal. Almorox. Toledo.

pleados en las fachadas.

por ejemplo, tienen aún bóvedas góticas

Así,

de Granada y la lonja de Zaragoza, cuyas altas columnas y puertas pertenecen completamente al estilo plateresco. Sorprende ver en la lonja de Zaragoza los altos fustes, gigantes, que sostienen la bóveda de la gran sala con el mismo perfil de una de las columnitas de platero usadas en

las custodias;

capiteles jónicos sobre los

la catedral

tienen á media altura un collar y unos anchos

que apoyan

los

haces de aristones, y en su arranque,

amorcillos con escudos.

más que nada, en las fachadas; así es el marade Monterrey, de Salamanca que quedó sin concluir, y que, de haber sido terminado, con sus cuatro fachadas, como se había propuesto, huEl Renacimiento se nota,

villoso palacio

el palacio particular más grande del mundo. Fué construido para conde de Monterrey, ex virrey de México; tiene en la fachada tres torres que terminan con una crestería de platero. Los dos pisos inferiores de las alas del palacio, tienen paramentos lisos y las ventanas carecen de decoración; toda la escultura se ha acumulado, con exquisito gusto, en la loggia del segundo piso y en la crestería de remate (fig. 327). Más avanzado ya dentro de las formas clásicas, en todos sus detalles, es el

biera sido acaso el

bello edificio, todavía plateresco del todo,

de las Casas Consistoriales de Sevilla 28 )> cuyas obras, empezadas en 1527 bajo la dirección de un tal Diego de Riaño, duraban aún en 1564. Es el edificio más característico de España en esta segunda etapa del plateresco, cuando ya no queda rastro de formas góticas en la (fig- 3

decoración; pero interiormente tiene aún bóvedas ojivales, aunque invadidos

El.

LLAMADO ESTILO PLATERESCO

267

nervios, aristones y paños por guirnaldas,

del techo

escudos y amores,

mo que

las

lo mis-

fachadas

del

exterior y del patio. Si se

compara

palacio de

este

por ejemplo, con hospital de la Santa

Sevilla, el

Cruz, en Toledo

(fig.

324»,

se advertirán los progresos

que ha hecho

el

plateres-

co, en sentido de italiani-

en

zarse, sólo

el

transcurso

de unos treinta años. Cierto es que en las Casas Con-

de Sevilla de-

sistoriales

bían trabajar decoradores italianos,

resulta

pero el conjunto

muy

español

;

aquel

monumento habla aún de los grandes días de Sevilla,

convertida por los con-

quistadores en

la

puerta de Fig- 331.

Recibida esta influencia

de los

lombardos,



Fachada del convento de frailes de Escalona de la Albercha. Toledo.

las Indias.

decoradores el

plateresco español debía

empleando

ir

asimilándoselos y convirtiendo en subs-

columnas de fustes complicados y los candelabros decorativos, escudos rodeados de guirnaldas, medallones y nichos; pero la decoración se acumula cada vez más en ciertas partes de las fachadas, y el genio austero castellano empieza á deleitarse en los grandes muros desnudos, tancia propia. Continúa

las

sólo divididos por algunas fajas de molduras. Así

vemos ya

esta concentración

Universidad de Alcalá, que forma contraste con aquella otra de Salamanca, toda rellena de arabescos. La fachada de la Univerdecorativa en

la

fachada de

la

sidad de Alcalá tiene un cuerpo central encuadrado por columnas de gusto

muy

con la excusa de envolver una ventana del prin er piso y el escudo de Carlos V, en el piso superior. A cada lado las líneas de ventanas aparecen ordenadas con poco relieve, y, en lo alto, el piso con la galería abieita, como en el palacio de Monterrey. Un ejemplo de cómo el estilo castellano del Renacimiento había ya reconodiscutible, pero todos los relieves se introducen

pequeño monumento, c¡ bí desconocido, de la iglesia de San Cristóbal de Almorox, en la provincia de Toledo (figs. 329 y 330). La decoración está toda debajo de un arco que forma una especie de pórtico en la fachada; allí dentro, una bella puerta de estilo cido su propio espíritu, á mediados del siglo xvi, es

que llena una pechina y sus relieves genuinamayor contraste que pueda darse con la sólida

plateresco, con su remate arcuado

mente españoles, constituye

el

el

HISTORIA DEL ARTE

268

fachada de

sillares

ninguna

sin

escuadrados

decoración. Pero,

qué buen gusto se advierte en este repartimiento y en la dife-

rente altura de los cuerpos, ferior tan

el in-

alto mientras el piso

como un

superior forma

friso!

Otro ejemplo de la popularización de estas formas en Castilla es la fachada de un conven-

de

viral

to

P**»m^JI

cia

en Escalona de

frailes

Albercha, también en

(fig.

331).

la

provin-

de Toledo y hasta ahora

desconocido

0U

la

La

casi

entra-

da se encuadra por dos contra-

^i!»

fuertes y entre ellos está la puerta,

con un

friso

que rematan dos

candeleros en los

extremos y

un plafón plateresco con dos nichos, donde habría

más

"'»•

33 2

-

— Claustro principal

arriba

sendas estatuas. Así en los gran-

del monasterio

como

des monumentos,

de Lupiana. Guadalajara.

de Zaragoza, en

como

de Monterrey, y

el

Consistoriales

pequeñas les, el

la lonja

los ricos palacios,

de

las

Casas

en

Sevilla, ó

las

y conventos ruraarte plateresco dominaba en iglesias

España, triunfador, con su lujo de

que habían

formas, las

substituido á

gótico-muzárabes de fines del

siglo xv.

Toda

la

vida

española

iba á

cambiar en poco tiempo, debido á las

guerras de Italia y la conquista

de América.

En

lugar de las residencias ce-

rradas medioeva'es,

vemos

alzarse

colegios y palacios nobleza, con grandes patios

universidades,

para

la

tan ricos de decoración

como

las

mismas fachadas. Hasta los conventos tienen claustros así bordados de obra de platero, con antepechos que parecen labrados en metal y balaustres torneados Fi g-

333-— Picota en

la

plaza de

Almorox. Toledo.

cluso los

(fig.

332). In-

más pequeños monumen-

EL tos,

como

LLAMADO ESTILO PLATERESCO

26g

cruces de térmi-

las

no, las fuentes, las picotas para

exposición de los malhechores

en

el

centro de

la

mayor

plaza

de cada pueblo, se decoran con ornamentos platerescos: candelabros, cresterías y columnitas

(fig.

333).

Mientras los magnates se edificaban mansiones tan sun-

tuosas

como

el

palacio de los

duques del Infantado, en Guadalajara, el

de los Monterrey,

en Salamanca, ó el de los Mendoza, en Toledo, la monarquía

no disponía en Castilla de una residencia real digna del esplendor

que

había alcanzado

España después del descubrimiento de América. Los Reyes Católicos residieron casi siem-

pre en

castillos,

como

Muta, cerca de

Campo, ó en

el

de

Medina

aposentos,

la

del

como

que tenían en el convento de San Juan de Ávila, y el contiguo al hospital real en Santiago, construido también por el

Fig. 334.

— Palacio de Carlos V. Alhambra.

que durante sus estancias en Granada habitaran en la propia Alhambra; por lo menos consta que destinaron algunas sumas á su conservación y restauración. Carlos V hubo de sentir muy pronto esta necesidad de una residencia digna de la corona. Su primera iniciativa en este sentido es la construcción del palacio nuevo an los jardines de la Alhambra, al lado del viejo alcázar musulmán. El arquitecto es un español educado en Italia, llamado Pedro Machuca, que había ellos.

Es

fácil

aprendido en

Roma del Bramante

la característica

de

la

y de Rafael

(fig.

334).

La

disposición quiere ser

escuela romana: tiene una planta circular con

un

patio

de columnas. Recuerda, pues, la disposición del patio semicircular de la villa del papa Julio II, en Roma, y la del palacio Farnesio, en Caprarola. El gran edificio de Carlos V, en la Alhambra, quedó sin terminar; la crujía superior del patio no llegó á cubrirse. Pedro Machuca se olvida, en Granada, de que está en España; ni un solo instante se impresiona con las maravillas que dejaron los árabes á pocos pasos de su nueva obra. Es un convertido; central y dos pisos

Italia y en los modelos que ha visto en Roma. Al ocurrir mitad del siglo, aún faltaba mucho para concluir el palacú Alhambra; Luis Machuca, su hijo, prosigue la obra con el plai

no piensa más que en su muerte, hacia imperial de la

la

HISTORIA DEL ARTE

270

su padre, pero

el

colo-

estaba des-

sal edificio

tinado á no ver nunca su terminación. El

mu-

ro exterior es también circular, regularísimo

y

monótono, con sus ventanas todas iguales; sólo

hay un cuerpo de una

lachada, plano, con

gran puerta y ventanas, que no carece de dig-

nidad

(fig.

334).

El palacio de Carla

Alhambra,

es el primer

monumen-

los

to

V, en de



estilo italiano del

xvi que se levan-

siglo

en

centro de Es-

el

paña; tal es su novedad, tal su contraste

con

castizo plateres-

el

co español, que se siente la necesidad de darle F¡ g. 335-

— Alcázar

un nombre, y

los

castellanos,

tratadistas

que ven allí algo más de lo que era común en la península, lo bautizan con el nombre infelicísimo de estilo greco-romano, denominación tan desdichada como la de estilo latino-bizantino, con que hasta hace poco se designaba al arte neo-visigótico asturiano. El estilo del palacio de Carlos V, como tantas otras obras del grecoromano italiano, nada tiene de griego; debería llamarse, á lo más, simplemente

clásico

romano, pero romano del Renacimiento. Casi al mismo tiempo que el palacio de la Alhambra, Carlos V empieza la reconstrucción del alcázar de Toledo; ésta vut,\e á ser una obra nacional; el greco-romano no hacía fortuna, por más que el gran emperador tuviera siempre el

pensamiento

fijo

en

Italia (fig. 335).

El arquitecto del alcázar de Toledo difícilmente podía olvidar

llamábase Alfonso de Covarrubias, y

como yerno y sucesor que

Egas, aun sin quererlo, tenía que reincidir en tiene una forma

más

regular que

el

el

la tradición;

era de

En

iq

i
sobre todo, la gran escalera monumental que proyecta fuera de la fachada, tan tradicional de los castillos franceses y tan poco clásica, rom(fig-

piendo todas

con sus rampas inclinadas. Así estaba ya en el palacio de el castillo de Meillant, en el Berry (fig. 372); escalera del patio del edificio de Francisco I, en Blois, es un triunfo de la las líneas

Jacques Coeur, en Bourges, y en la

construcción tradicional francesa sobre los gustos

En el

la

y métodos de los fachada que da

italianos. al

exterior,

contraste entre los dos estilos resulta

aún más evidente:

los arquitectos ita-

que construyeron en el castillo de deseaban aprovechar seguramente

lianos ó italianizados el ala

Blois, la

de Francisco

I,

situación del edificio sobre los altos

bastiones medioevales

para hacer una

fachada abierta, con galerías ó Fig. 37 6

-

— Emblema de Francisco Castillo

de

Blois.

I.

desde

las

que

logias,

se verían los elegantes

parterres de los jardines de aquel lado.

LOS CASTILLOS DE FRANCISCO El resultado fué

de

lo

muy

distinto

que podía esperarse:

galerías

no

290

I

las

tienen profundi-

dad, son realmente series de

balcones cubiertos, unos sobre otros, que dejan

la

facha-

una serie de cuerpos verticales, como contrafuertes, entre los que el da dividida en

espacio intermedio se aprove-

cha para estos miradores. Hallaremos aplicada esta

misma

solución en otros castillos de


la

moda de

Italia (fig. 388).

La

escultura, propiamente dicha, se

HISTORIA DEL ARTE

312

Fig- 39 1 -

ve aparecer muy como Benvenuto

— Palacio Lasbordes (interior del patio principal). Tolosa.

raramente; hasta cuando á Fontainebleau llega un escultor Cellini,

se le

encargan objetos

artísticos,

ó esculturas, para

decoración.

Sólo en los monumentos sepulcrales la escultura hace obras algo más que puramente decorativas; generalmente, los mausoleos de los Valois forman un templete abierto con columnas clásicas, en cuyo interior se halla la caja mar-

mórea. En

lo alto, arrodillados,

están

el

monarca y su esposa; sobre

las

gradas

Lámina

Tumba de

Luis XII y

Ana de

XXI

Bretaña, en Saint Denis. Francia.

Tomo

111

CONSTRUCCIONES DE ENRIQUE del

II

Y CATALINA DE MÉDICIS

3U

pedestal hacen guardia

alegorías de las Virtudes. Así

era el mausoleo de Luis XII

y Ana de Bretaña, en Saint Denis (lám. XXI y fig. 389), y así fueron también los de I y Enrique II, y hasta los de ciertos consejeros

Francisco

como

el

cardenal Duprat; es

un modelo que hizo fortuna y que realmente estaba dentro spíritu de la época. Recordemos que Miguel Ángel también proyectaba el sepulcro del papa Julio II como una logia abierta, con esta-

tuas de profetas y virtudes.

Varios nombres suenan como autores de estos sepulcros y de otras obras de escultura de la Francia de los

Valois, pero

dadas

pro-

las

porciones de este manual, de-

bemos

limitarnos á llamar la

atención sobre tor

el

único escul-

Fig. 392.

— Palacio

Sully. París.

verdaderamente genial de

ia

época, Juan Goujon,

ci
sa

el

colaborador de Lescot en

el

Louvre. Suya es

la deli-

tribuna de las cariátides, destinada á los músicos, en el salón de baile del

Louvre

(fig.

Hoy

395).

este

museo de esculturas griegas y romanas; en un extremo, en un gabinete, está la Venus de Milo,

salón sirve de

y,

sin

embargo,

las

obras de

Juan Goujon soportan graciosamente la compañía. En colaboración también con Lescot,

labró

Juan Goujon

la

fuente llamada de las Ninfas,

en París, que es un modelo de gracia decorativa. Primero estaba adherida á un edificio,

después se

Fig. 303.

msi .di

— Iglesia de i.

m.— 40.

la

Dalbadc. Tolos a.

la aisló

de todo

lo

rodeaba, reproduciendo su misma fachada en la parte posterior, y más tarde que

la

HISTORIA DEL ARTE

?>4

aún, los relieves de las fuentes de las

Ninfas fueron substituidos por copias

y los originales pasaron

XXII

(Lám. toda

la

y

gracia

de

grandes días del ga á dominar

la

Louvre.

Tienen

obras de los

las

arte,

al

397.)

fig.

cuando se

lle-

técnica y no se sien-

ten aún deseos de virtuosismo. Las ninfas

de Juan Goujon son bellas y

jóvenes,

como

los frisos del Parte-

nón ó los relieves del Ara Pacis, aunque no los igualen en profundidad de contenido. Juan Goujon no es solamente el

primero

sino

también

el

más

grande escultor del Renacimiento francés.

A

pesar de

las

pocas obras

suyas que conocemos, su técnica

sostiénese hasta nuestros días. Sólo Rodin rompe bruscamente esta tradición

aristocrática y refinada 1'

594-

'K-

de

~

Palacio Assezat. Patio interior. Tolosa.

escultura francesa del Renacimiento para lanzarse románticamente unas

la

veces hacia

mas

puras

las

for-

hacia

griegas, otras

de

los primitivos franceses la

Francia gótica.

sabemos

Poco persona y t

Acaso

roujon.

de

la

vida de Juan

la

fue

oriundo

de Normandía, como liana de Poitiers; al menos

Je

1

se cree suya la

marido de tedral

1

Mana, en

de Rúan. En

encontraba donde

se le

paseí

d

calles

tumba

'

de

i

condenó te

la capital,

á

ca-

la J

54

íuiuuuiühiiiiii ;¡iiii

se

ya en París.

laman

ber asistido

I

del

p
r

las

por ha-

un sermón

hugonote, y a presenciar después la muerte en la fo >güera del predicador protestante. Después, en

1

544,

por encargo del Condestable de Montmo-

trabaja

reney, en Ecotien. y en se-

Fig. 393.

-Tribuna de

las cariátides.

Palacio del Louz:

CONSTRUCCIONES DE ENRIQUE

II

Y CATALINA DE MIÍDICIS

¡*iS~

-

-

,11-í

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3

mibu

11

I

5

111

¡lSk^L^^í

\

¿

mF

Vr?

m Fig. 396.

— Tumba

de Luis XII. Fragmento.

Fig- 397-

Dos

Saint Díttis.

ninfas

— Juan Goujon. de su fuente. París.

guida, acaso protegido por Diana de Poitiers, ya elevada al rango de favorita del rey, es asociado á

Como

Pedro Lescot para

las

obras del Louvre.

testimonio de estas relaciones entre Juan Goujon y Diana de Poitiers

queda su famoso retrato de la favorita representada como Diana, con el ciervo y los perras. Es una de las obras más excelentes de la escultura francesa de idi »s los tiempos; el cuerpo eternamente joven de Diana tiene proporciones bií n francesas y está colocado con singular elegancia. Diana, completamente desnuda, sentada sobre la cieña (fig. 398). Este retrato parece haber sido ya '-timado como una maravilla desde sus primeros días. Estaba en el castillo de Anet, residencia de la favorita; en los dibujos de Du Cerceau se ve dibujado en medio de un patio, la cour de la Diane, que parece haber sido construido expresamente para esta escultura de Juan Goujon. Después, cuando Anet fué destruido por la revolución, fué un verdadero milagro que se respetara esta escultura, que ha pasado finalmente al Louvre. La pintura produce aún menos que la escultura; no hay arte original francés de pintura del tiempo de Francisco I; se vive de los italianos; en Fontainebleau, el Primaticio y el Rosso hacen todo lo que pueden para la decoración del palacio. Vienen, por lo demás, pintores ilustres; Francisco I llama á Andrea del Sarto y á Leonardo de Vinci, que pasó en Francia los últimos años de su vida. Sus decoraciones en el palacio de Amboise han desaparecido; recientemente se ha descut
g-

399-

-Clouet Diana de Poitiers en ; Colección Cook. Richmond.

e!

baño.

gestivo

(fig.

muy

su-

399).

Deberíamos

hablar

Lámina XXII.

Juan Goujon y Lescot. Fuente de

las

Ninfas

P

Tomo

III

LAS ARTES MENORES

de

ahora, para terminar,

menores.

La cerámica

31?

las artes

caracterís-

de Bernardo de Palissy, y los de ingenuidad flamen-

tica

tapices, llenos

ca aunque coloridos de tonos

ita-

dos artes más originales en que empieza á mani-

lianos,

son acaso

las

de estos

festarse el gusto francés

tiempos de transición

Fué

ésta,

época de

(fig.

sobre todo,

401). la

gran

de Bruse-

las tapicerías

que se reconocen por su marca dos 9B. No se hacían sólo

las,

de

las

en

la

propia ciudad de Bruselas, sino

también en

las

nas, Tournai,

Enghien, Audenarde,

poblaciones veci-

y hasta en la antigua Brujas. Sus grandes tapices, con asuntos alegóricos y mitológicos, están

rodeados

generalmente por una ancha orla de y frutos. Grandes figu-

flores, hojas

ras llenan el cuadro, es inimitable.

acuden

al

Hasta

los

manda

arte italiano se

el

Fig. 400.

italianos

— Retrato de Carlos de Amboise.

Brabante para adquirir

sus tapices y Rafael

Así

cuya ejecución

allí

sus famosos cartones para labrar los del Vaticano.

hace sentir pronto en

artistas del país siéntense

sugestionados por

el

las

fábricas locales; los

Renacimiento

clásico, y

mismos muchas

de

las alegorías y símbolos medioevales que aun en los primeros años del siglo xvi aparecían en los tapices de Bruselas, son substituidos por temas bíblicos ó clá-

sicos.

Los colores también

se hacen

más

brillantes: así

vemos

los bellos asuntos

evangélicos en los tapices de Rafael, los triunfos de los dioses, del palacio de

Madrid, asuntos

de caza y cuadros casi natu-

En Pahabía también muchos ta-

ralistas. rís

lleres

de tapices

Enrique II estableció uno

y

en á

la

Trinidad,

modo de

ten-

de que después serán los Gobetativa inicial lo

hnOS.

Fig. 401.

— Tapicería francesa

del siglo xvi.

HISTORIA DEL ARTE

3i8

Los muebles de la época de los primeros Valois son aún de carácter gótico con alguna mezcla de formas clásicas; citaremos, como ejemplo, la sillería con taraceas del castillo de Gaillon, hoy en el Museo de Cluny, muy típica de este estilo. Los maestros italianos de Fontainebleau imprimen al arte suntuaria francesa su carácter clásico definitivo.



Resumen. Una primera importación en grupo de artistas italianos se verifica ya en tiempo de Luis XII, quien los instala, formando una colonia, en el castillo de Amboise. El más notable de este grupo era un tal fray Giocondo; su compañero más joven, y discípulo, Domenico de Cortona, se queda en Francia hasta su muerte, ejecutando obras tan características como el ala de Francisco I del castillo de Blois, acaso el singular castillo de Chambord y un edificio tan importante como el Hotel de ville de París. Francisco I construye también los castillos de Saint Germain, el de Boulogne, llamado de Madrid en recuerdo de su cautiverio, y el de Fontainebleau, donde se instala otra colonia de artistas italianos, de la que los más notables fueron Rosso de Ferrara y el Primaticio. Benvenuto Cellini fué también una temporada huésped de Fontainebleau. El segundo Valois, Enrique II, con su favorita Diana de Poitiers, prestan su atención á las obras de reconstrucción del Louvre, según una planta nueva, iniciadas por el arquitecto Pierre Lescot, con la colaboración del gran escultor Goujon. Lescot deja sólo terminado un ángulo del patio cuadrado, pero su estilo se impone á sus sucesores. Mientras tanto, la reina Catalina de Médicis construye su palacio de las Tullerías, que con el tiempo debía unirse al Louvre. El arquitecto de las Tullerías, el lionés Filiberto de l'Orme, era por temperamento pendenciero y exaltado, aunque también gran artista, más notable que Lescot por muchos conceptos. Filiberto' de l'Orme construye una infinidad de otros edificios principescos, entre ellos el castillo de Anet, para Diana de Poitiers, donde estaba la famosa estatua de Diana por Juan Goujon, actualmente en el Louvre. Juan Goujon es el único escultor verdaderamente francés de la época; además de la decoración del Louvre, labró, en colaboración con Lescot, una fuente llamada de los Inocentes, con relieves de ninfas echando agua que son una maravilla. En pintura, sólo Clouet hace obras originales y francesas con sus retratos; todo lo demás es puro arte italiano.

—De l'Orme: — Du Cerceaü:

Nouvellts inventions pour bien batir a petits frais, 1561. L' arLes plus excellents bastiments de France , 1576. Chevalier: Histoire de Ckjnonceaux, 1 868. Palustre: La Renaissance en France, 1889. L' architecture de la Cot rajod: Origines de la Renaissance, 1901. Renaissance, I -92. Geymuller: Die Baukunst der Renaissance in Frankreich, 1901. Lemonnier: Philibert de l' Orme, 1910. Ward: 7 he architecture of the Renaissance in France, 191 1. Pierre de Xolhac: Les chateaux de France. Bibliografía.

chitecture,

1567.









t



Fig. 402.

-



El palacio de Pierre. Tolosa.



»

FOT. NEUE

Fig- 405-



Vista del castillo de Heidelberg

CAPITULO EL

desde

la

photoípapmsc^cs gcsells: wa c t.

otra orilla del Neckar.

XIII

RENACIMIENTO EX ALEMANIA DURANTE LA REFORMA.

— ARQUITECTURA Y ESCULTURA.

ALBERTO DURERO, LUCAS CRANACH Y HOLBEIX.

El

renacimiento artístico que agitó cutió

extrañamente en Alemania.

la

No

Europa durante fué en

ella,

el siglo xvi,

como en

Italia,

reper-

una ten-

de resurrección del arte clásico, ó una penetración del arte italiano, como en Francia y España, sino una renovación intensa del espíritu germánico, sobreexcitado por la Reforma, y el afán de saber, exacerbado en todo el tativa feliz

mundo por

aquel tiempo. Durero, á quien tendremos que citar muy á menudo escritos, y que es todavía hoy la representación más

en este capítulo por sus

como Leonardo y San Gallo, sobre el arte dimensiones y proporción del cuerpo humano, sobre geometría, arquitectura y pintura. «No obstante, otros vendrán, estoy seguro de ello, dice Durero, que escribirán de estas materias y pintarán mejor que yo, porque yo conozco el verdadero valor de mis obras y sus faltas. Pluguiera á 1 )ir>s que yo pudiese ver las obras y aprender del arte de los grandes maestros elevada del arte germánico, teoriza,

de

la

fortificación,

sobre



de

las

las



generaciones futuras. ¡Oh!, ¡cuan á

menudo en mis ensueños he

perci-

que se han desvanecido al despertar, perdiendo hasta el recuerdo dulce que en mí dejaron! Que nadie se avergüence, pues, de aprender, porque una gran obra requiere consejo y estudio. bido grandes obras de

arte, y bellísimas cosas,

HISTORIA DEL ARTE

320

Fig. 404.

— Patio

del castillo

de Heidelberg.

Este párrafo es para nosotros una revelación de toda

la

Alemania de esta

época. Algo semejante dirían Leo-

nardo y

Miguel Ángel, pero

¡con

qué otro acento que en la confesión de Durero! También ellos estudian, analizan, ciitican... también ellos esperan algo, pero su ideal de belleza

no

un sueño,

es

es la realidad de las

cosas vivas; sus maestros no son los futuros, sino los antiguos,

ron esos mármoles

aún

que

labra-

palpitantes

que resucitan al abrir el suelo ó de entre los escombros de las ruinas.

Como

ya hemos dicho, en

lo

único

en que coinciden los grandes espí-

de Italia y Alemania por este tiempo es en el afán de averiguar, en una especie de emancipación críritus

que

tica

científico

Fig. 405. — Castillo

de Heidelberg. Ala del tiempo del elector Otón Enrique.

en

el

de

la

los

fué

preludio

del espíritu

de nuestros tiempos. Pero

terreno del arte, en estos países

Reforma, el ideal nuevo, como ensueños de belleza de Dnrero,

1

EL RENACIMIENTO EN ALEMANIA DURANTE LA REFORMA

Fig. 406.

— Palacio

32

comunal de Brema.

más benéReforma en otras di-

se desvanecía antes de despertar, sin llegar á precisarse nunca. Nadie

volo que

el

autor de este libro para la obra general de

la

no puede menos de reconocer que sus resultados fueron bien escasos. En el transcurso de este capítulo podremos estudiar las obras de dos ó tres grandes pintores verdaderamente ilustres, pero ni un solo escultor cuyo nombre evoque para nosotros algo nuevo, ni un arquitecto genial, en esta

recciones, pero en arte

época de lucha de

la

Reforma. Mientras en

la

odiada

Roma

Babilonia apocalíptica de los dibujos de Durero, se levanta

de los Papas, en la

la

colosal obra de

iglesias y palacios maravillosos, en Alemania, agitada luchas políticas y religiosas, apenas en algunos edificios públicos, casas

San Pedro, y tantas otras por

las

las formas de una nueva arquitectura. Reforma de Alemania fuese deliberadamente contraria a

gremiales y palacios municipales, aparecen

Y

no es porque

la

Las grandes iglesias y las catedrales góticas se conservaron Melanchthon recomienda conservar también las vidrieras, «porque ellas nunca fuc.on objeto de culto». En muchas ciudades la Reforma se hizo gradualmente, lo mismo que en los espíritus. Todavía hoy resulta difícil precisar si Erasmo, Durero y Holbein fueron protestantes en el sentido que á esta palabra damos actualmente. Los resultados y la transcendencia de la Reforma no se hicieron patentes hasta más tarde; los intelectuales fnmdistas alemanes no se daban cuenta de toda la importancia de sus actos cuando restablecían la comude

las cosas

arte.

casi intactas;

misa en lengua vulgar. Hasta algunas órdenes como los benedictinos y agustinos, cooperaban á esta obra, que parecía sólo una reforma inofensiva. La ruptura con Roma no hubiera sido nión bajo

las

dos especies y celebraban

religiosas,

HIST.

DEL

A1IIK.

1.

III.

— 41.

la

HISTORIA DEL ARTE

322

completa

si

no hubiese

convenido por razones económicas y políticas. El emperador Maximilia-

que

no

solía decir

ria

romana sacaba de

sus estados él

el

la

cu-

doble que

en contribuciones. Las

tierras del

imperio esta-

ban disgregadas en pequeñas nacionalidades y repúblicas casi independientes, y éstas, desaten-

grandes razo-

diendo

las

nes de

conciencia que

proclamaban algunos, se conservaban ó no adictas á Roma según convenía á su política en aquel instante. Así se explica

que

la mitad de Alemania sea aún católica; que, en Sui-

cantón de Friburgo cambiase de religión va-

za, el

rias

veces, según varia-

ban

las circunstancias,

y

que en las puertas mismas de Ginebra, la gran ciudad calvinista, toda la

Fig. 407.

— Casa de los mercaderes

dera Reforma religiosa,

la

fiel

de paños. Brunswick.

Saboya permaneciese al

Papa, sin

ligera infiltración

la

más

de pro-

testantismo.

La verda-

restauración de todas las cosas en Cristo,

como pedía

San Pablo, y en nuestros días Pío X, está aun por venir. Hemos hecho esta digresión para explicarnos en cierto modo cómo un movimiento de tan grandes consecuencias sociales como la Reforma, resultó casi estéril en el terreno del arte. Sus hombres nos interesan, es cierto, pero no sentimos por ellos ni por sus obras mucho entusiasme-; nos interesa Erasmo, por sus viajes y su espíritu original y observador, pero podríamos muy bien pasarnos sin su Elogio de la Locura. No hubo una verdadera conversión del espíritu

en

la

mayoría de

gran

las gentes.

La Reforma

se hacía entre burlas y veras, sin aque-

y entusiasmo que levantan los corazones;

más tarde, con las guerras de religión, aparecen los grandes caracteres, pero entonces la lucha impide que haya calma suficiente para la aparición de una nueva escuela artística. Lo más singular es la insignificante penetración del arte italiano, que, sin lla

fe

EL RENACIMIENTO EN ALEMANIA DURANTE LA REFORMA

Fig. 408.

— Casas

Fig. 409.

antiguas. Francfort.

— Casa de Brema.

embargo, se reconoce como superior. La mayoría de los literatos y artistas alemanes del siglo xvi han viajado por Italia, y Alemania, á su vez, está llena de arquitectos italianos, cuya eficacia, en el sentido de hacer prosélitos, parece

mucho menor qu. la de los italianos que trabajaron en Francia y España. La nómada de Maximiliano y de Carlos Y tiene su residencia oficial en Habs-

corte

burgo, ciudad de allí

más

la

sentir su influencia El

ruinas,

Alemania del Sur, y por esto la influencia italiana resulta el Norte, en cambio, el estilo de los Países Bajos deja

sensible; en

mucho más.

más famoso monumento

del siglo xvi, en Alemania, es el castillo, hoy

en

guerras de

la

de Ileidelberg, incendiado por

Revolución y restaurado sólo en parte

los franceses

cuando

Hoy

las

aquel

sitio

pinto-

403 y 404). la romántica juventud estudiantil, que va á buscar en aquellos muros ruinosos las visiones de los padres de la Germania actual, que pretende nació su espíritu en los días de Durero y resco y sentimental es

el

(figs.

peregrinaje obligado de

Martín Lutero. La situación del edificio, en

la

vertiente de una verde colina, es

HISTORIA DEL ARTE

324

~rf Fig. 410.

—Casa

admirable

antigua. Hildesheim.

403). El castillo en

(fig.

Fig. 411.



— Casa

del ángel de oto. Hildesheim.

mismo, que tiene una planta cuadrada

al-

rededor de un patio, es una reunión de construcciones de diferentes épocas (fig.

404). El ala del tiempo del elector

que da fisonomía

al castillo,

es de gusto flamenco

Otón Enrique, de mediados

del siglo xvi,

fué añadida á construcciones anteriores

muy acentuado;

(fig.

405) y

escultores de los Países Bajos fueron con-

tratados para labrar las estatuas de las fachadas. El ala del tiempo de Federico IV,

que ha sido recientemente restaurada,

pero todavía resulta más sensible en nes de

las

es

una imitación de

ella la influencia

fachadas rematan en una silueta curvilínea,

Flan des y Holanda. Este es casi el único edificio principesco de

Alemania, pero

las

la

la anterior,

flamenca; los altos piño-

como en

los edificios

de

época que se conserva en

grandes ciudades libres poseen aún espléndidas casas comu-

nales en las

que se percibe también algo del una casa comunal ya de principios del

estilo del

Renacimiento. Habsburgo

la que su autor, que había visto en sus viajes, como el palacio ducal de Venecia y la Basílica de Vicenza. Algunos de estos palacios comunales alemanes tienen una logia ó pórtico inferior, con una terraza ó balcón en el primer piso; así son los pórticos del palacio comunal de Rotenburgo y el tan característico de Brema, que reproducimos en la figura 406. Existen también en él, adosadas al muro exterior, las estatuas de reyes y electores que encontramos en los edificios municipales góticos de Alemania, pero

tiene

Elias Holl, quiso imitar los grandes

el

siglo

monumentos

xvn, pero en italianos

pórtico inferior es italianizado; en cambio, el cuerpo central y las lucernas per-

tenecen más bien tiene

una

al estilo

de los Países Bajos.

logia de dos pisos

Jas del palacio

de Brema.

En

Colonia,

el

palacio municipal

con arcadas, de gusto más puramente clásico que

ARQUITECTURA Y ESCULTURA

Fig. 412.

— La Santa Cena. Retablo

de

la iglesia

325

de San Jaime. Rotenbürgo.

Las casas gremiales son también á veces de grandes dimensiones, pero conservan con mayor persistencia liana se aplica sólo los pisos se

en

el

antiguo carácter germánico.

La decoración

los detalles;

superponen

sin respe-

to á la proporción clásica y termi-

nan en complicados piñones,

lle-

nos de esculturas y relieves.

Una

más características

es la

de

las

casa de los mercaderes de paños ó tejidos de Brunswick, toda ella de

piedra

(fig.

407).

Las viviendas par-

ticulares tienen la

ción alargada y las

misma

alta,

disposi-

que recuerda

casas de la época gótica

(

figu-

408 y 409); sólo cambia la decoración, con cariátides y volutas complicadas; á veces la parte suras

perior es de madera; otras, la fachada está revestida de estuco con una ingenua policromía de gusto

más ó menos rísticos

clásico. Son caractetambién, como motivos

alemanes de decoración, liscos

los

obe-

que se aplican por remate de

los contrafuertes y pilastras.

Fig. 413.

— Alberto

Durero. Auto-retrato.

Museo del Prado. Madrid.

ita-

HISTORIA DEL ARTE

326

En

región del Hartz, madera es tan abundante, las casas se hacen de

donde

la

la

ensamblados

leños, con sus

verticales y proyectando los pisos hacia afuera, como en la Edad media (figs. 410 y 411). Sólo los adornos van haciéndose clásicos, pero ¡cuan

difí-

cilmente y aun á medias!

Esta breve enunciación de algunos edificios alemanes del siglo xvi dará lo

una

no de

idea,

que hay, sino de

lo que

Xo creemos haber olvidado ningún monumento importante, y, sin embargo, cuan poco es, positivamente grande y moderno, lo que hemos podido señalar, en comparación con lo que se producía en Italia, Francia y España por esta falta.

Lo mismo

época. Fig. 414.

— Alberto Durero. Auto-retrato.

sucede en

escultura: los artistas conti-

Pinacoteca de Munich.

núan en sus temas medioevales, persisten en la composición de

las

ropas y en

decoraciones polícromas y doradas, con las que consiguen al sentido de la imitación

las

aveces grandes resultados, aunque ajenos siempre elevada de

la

realidad hacia el cual se había orientado el arte italiano.

Reprodu-

de San Jaime, obra de un gran escultor llamado Riemenschneider, quien trabajaba ya denpara que se vea cuan poco hay de moderno todavía en la tro del siglo xvi, talla de las estatuas que lo adornan (fig. 412). cimos

el

famoso



altar del

cenáculo de Rotenburgo, de

la iglesia



Finalmente, entramos en

cambian, pues en

él

el

campo de la pintura, y aquí sí que las cosas lo menos tres grandes maestros modernos:

aparecen por

Durero, Cranach y Holbein. Alberto Durero era hijo de Nuremberg; con orgullo añadía siempre

las

pa-

firmar sus cartas y pinturas. Sin embargo, el padre del mejor pintor de Alemania no era alemán, sino 111 platero oriundo de Hungría.

labras náricus civis

«Hombre puro memorias,

— no

al

y hábil,

pasó su vida en gran labor,

teniendo nada más que

el

era bastante para sostener á su esposa y sus hijos. Él



— escribe

el hijo

en sus

producto de su trabajo, que apenas

me

envió á

la

escuela



hasta que supe leer y escribir, sigue diciendo Durero; entonces me tomó para sí, para enseñarme su propio arte. Pero yo, estimando más el arte del pintor

que

el

del platero, se lo

perdido, hasta que

me

comuniqué

llevó

á mi padre, causándole

de aprendiz

á

pena del tiempo Miguel Wohlgemuth, para que le sir-

»

ALBERTO DURERÜ

por

viera

años. Durante este

tres

tiempo, Dios

me

dio diligencia para

aprender, pero tuve que sufrir

mu-

cho de sus ayudantes.

A

la

de Wohl-

salida del taller

getnuth, empieza Durero sus viajes por Alemania. Wanderjahre, por

cuatro años,

como un

de nuestros

Afeister

Guillermo

días.

pecto físico entonces,

la iglesia

los jesuítas.

*>„

del Colegio

Loyola.

in-

contrario, en

De

re-

Herrera

podríamos decir con verdad que era más clásico que el Palladin y Miguel Ángel.

Por esto sucedió que, acá-

HISTORIA DEL ARTE

382

Fig. 4S8.

bada

la férrea

—Templo de

Nuestra Señora del

Pilar.

Zaragoza.

dictadura de Herrera y sus discípulos los Mora, cuando España Italia estaba entregada á aquel divino extravío del barroco, se;

que

se enteró de

entró de prisa por el camino de las nuevas originalidades. Pronto toda España se reconstruyó,

Lo

España é Escorial.

mo

puede

decirse,

con columnas salomónicas, cartelas y

repisas.

único positivo acerca de las relaciones entre las escuelas barrocas Italia,

seguida pasó éste á ser un personaje importante, ocupando

En

de

es la venida del arquitecto italiano Crescenzi para terminar el el

mis-

cargo de superintendente de obras públicas que habían desempeñado Egas

Su capilla panteón del Escorial no demuestra más que un relativo buen gusto, y un barroco muy debilitado en virulencia (fig. 485). Ni tan sólo parece haber sido Crescenzi el primero que se atrevió á emplear las libertades del barroco. Caveda, á cuyas páginas hemos de acudir todavía, por desgracia, ya dice que «el arco diseñado por Alonso Cano, el año 1649, para la entrada en Madrid de la reina Doña María Ana de Austria, fué, sin duda, uno de los primey Herrera.

que tuvieron lugar entre nosotros». de Crescenzi duró hasta su muerte, en 1660. Los jesuítas, por su parte, adoptaron oficialmente el estilo; la iglesia de su colegio de Loyola es un modelo delicioso en la planta y en el alzado (figs. 486 y 487). A principios del siglo xvii comienza la reconstrucción del gran templo de Nuestra Señora del

ros ensayos del estilo borrominesco

La

influencia

de Zaragoza, que no se ha concluido hasta nuestros días. El plan, debido á Francisco Herrera, el Mozo, es muy español en su disposición; nada de cúpula central ó de una gran nave que sea el elemento preponderante del con-

Pilar,

un

tal

junto

Hay en el Pilar una cúpula más alta, pero está rodeada de otras número de once; además, en los cuatro ángulos debían levantarse barrocas, de las que se han construido sólo dos. ¡Qué santuario más singu-

(fig.

488).

cúpulas, en torres

cuando todo su enjambre de cúpulas y torres se alzará, terminado, bajo y rutilante de la tierra aragonesa! Un sólo santuario español supera al Pilar en riqueza ornamental: la vieja catedral románica de Santiago, vestida exteriormente de muros barrocos. Es de

lar,

el cielo claro

INTRODUCCIÓN DEL BARROCO EN ESPAÑA

una

503

munificencia imponente, dominando aquella

plaza tan española con su gigantesca superposición obeliscos, cartelas y volutas. (Lám. XXVI). Fué proyectada por Fernando Casas y Nova, en los últi-

de

mos jas

días del barroco; sin

de

la

estilo, la

embargo,

obra se resienten ya de

la

si las

partes ba-

decadencia del

dos torres, magníficas de verdad, son ad-

mirables por su silueta y han podido ser imitadas

recientemente

americanos en

La

como cosa la

ultramoderna por

los

Exposición de California.

parte del ábside de la catedral románica de

Santiago está también,

de un muro barroco

como en un

(fig.

estuche, dentro

484). Produce bellísimo

efecto la superposición de los tejados del crucero,

como bellamente enriquecidos con

tan nobles

largas

balaustradas.

Hablando del de

la

Pilar

y de

la

decoración exterior

hemos dado al olvido Nada hemos dicho aún de Chu-

catedral de Santiago,

obras anteriores.

rriguera, que pasa por ser

¡*f

el

Fig. 489.

culpable, aun-

%

que de



Torre de Zaragoza.

la

Seo.

indirecto,

tales extravíos.

Don

José de Churriguera

parece, en cambio, haber sido

más bien un

genio pacífico y ecuánime, que hubiera sido académico de nacer en nuestro tiempo. No

como el Bernini, un impulsivo genial, que se dejaba llevar por su arte. Su primera obra es la puerta de la catedral nueva de Salamanca, y lo que le hizo famoso fué el proyecto de catafalco mortuorio para la reina María Luisa de Borbón, que fué para el barroco, en España, lo que el baldaquino del Bernini, en San Pedro de Roma, para el barroco italiano. Desde aquel momento, era,

ya no hubo más reserva

ni vacilación; sin

embargo, Churriguera, en su fachada de la Casa consistorial de Salamanca, muéstrase aún serio y juicioso. Sus discípulos, que fueron sus dos hijos y un tal Quiñones, no "

se salieron

cación de

tampoco de

Fueron Fig. 490.

-Torre de Santa Catalina. Valencia.

Tomé,

esta prudente apli-

los principios del barroco.

los churriguerescos: Narciso

autor de

la

fachada de

dad de Yalladolid; Rovira,

el

la

Universi-

arquitecto del

HISTORIA DEL ARTE

3§4

Fig. 491

— Fachada de Santa María.

Fig. 402.

Puerta de

la iglesia

de San Juan.

Valencia.

Alicante.

Dos Aguas, en Valencia (fig. 497); Pedro Ribera, que hospicio provincial de San Fernando, en Madrid (fig. 498); Jaime

palacio del marqués de

proyectó

el

Bort, autor responsable de la fachada de la catedral

más, que

así

en

vías del barroco.

de adornos,

los caracteriza á todos; pero,

en un arte como

el

un

En

estilo propio.

de Murcia, y tantos otros

como en las provincias se lanzaron sin freno por las Un mismo afán de libertad, y el mismo gusto por la profusión

la capital

además, ya se puede comprender que

barroco cada individualidad un poco fuerte tiene, á su

vez,,

ciertos edificios todo son líneas curvas, frontones arcuados,

entablamentos ondulantes, columnas salomónicas y cartelas y volutas en espiral. como en los ejemplos citados del palacio del marqués de Dos Aguas

Otras veces, y

el

hospicio de Madrid, se prodigan las colgaduras é imitaciones de florestas en

Tomo

III

Lámina XXVI.

Fachada de

la

catedral de Santiago de Galicia.

CHURRIGUERA Y SUS DISCÍPULOS

tilo

fin, hay un cierto esde formas planas, como milla-

res

de piezas

385

piedra; por

la

ensambladas unas

dentro de otras, lo que los alemanes llaman plattenstill, del que da-

mos un ejemplo:

la colegiata

San Hipólito, en Córdoba

(fig.

de

493).

El barroco español vióse inte-

rrumpido en su desarrollo por

la in-

francés con los arquitectos de Felipe V. Se comprende que el nuevo rey, que troducción del

estilo

£2

era francés en cuerpo y alma, quisiera tener

en España algo que se

asemejara á los palacios de

la

corte

de Francia. La presencia de estos arquitectos franceses y de otros ita-

en

lianos afrancesados, fué,

cierto

---

V Fig. 493.

Puerta de

la

colegiata

de San

Hipólito.

Córdoba.

modo como un calmante del barroco español. la

autoridad de

la

para

las locuras

Francia, gracias á

Academia, siempre man-

teniéndose clásica, taba con

En

el

barroco se manifes-

mucha moderación, sobre todo en

el aspecto exterior de los edificios, aunque por dentro se extremaran también todas las

fantasías del rococó.

Los dos más conocidos arquitectos franceses del tiempo de Felipe V, en Es-

paña, son los constructores del palacio real

de

la Granja,

Renato Charlier y Esteban

Boutelou, que hicieron también obras importantes en Madrid y trabajaron en AranFig. 494.

— Puerta lateral de

la iglesia

de Belén. Barcelona. JIIST.

DEL ARTE.

— t. m.— 49.

juez, arreglando la escalera y los jardines.

Sin embargo,

la

obra mayor de esta época,

HISTORIA DEL ARTE

386

— Iglesia del santuario de Nuestra Señora de la Gleba,

Fig. 495.

y acaso

la

más francesa por su

Fig. 496.

— Cruz. Patio

del Hospital.

cerca de Vich.

estilo, el palacio real

Barcelona.

de Madrid, fué proyectada

y dirigida por dos italianos. El viejo alcázar de Madrid, análogo al de Toledo y restaurado también en tiempo de Carlos V, había sido destruido por un incendio el

el

año 1734. Felipe V se propuso en seguida levantar un nuevo palacio en lugar que ocupaba el antiguo, y para ello llamó al abate siciliano Felipe

mismo

de Juvara, discípulo del Bernini, para que proyectara la obra. Juvara trazó los primeros planos, con una grandiosidad tal que asustó á los propios soberanos, principalmente á la reina, y por esta causa sufrió demora el comienzo de los trabajos.

Mientras duraban las vacilaciones, moría Juvara en Madrid, habiendo designado como sucesor suyo, antes de morir, á Juan Bautista Sachetti, quien, ayudado del español D. Ventura Rodríguez, que había sido ya ayudante de Juvara, llevó por buenas vías la construcción del gran palacio. Las obras empezaron en 1737 y tardó unos treinta años en ser habitable el edificio, aunque su completa terminación puede decirse que data de nuestros días. El emplazamiento del palacio real en un extremo de la ciudad, sobre una cortadura del terreno

,

por cuyo fondo se desliza

belleza. El edificio se desarrolla alrededor

circulación

en

los cuatro lados del patio,

Exteriormente,

las

el

Manzanares, es de

de un patio cuadrado, con

como en

fachadas tienen, cada una,

el

el

sin igual

galerías

palacio Farnesio de

de

Roma.

cuerpo central, que avanza

lige-

Fig. 407.

— Palacio del marqués de Dos Aguas. Valencia.

Fig. 499. —Patio

de casa Dalmases. P.arcelona.

Fig. 49S.

— Fachada del

hospicio

provincial de San Fernando.

Fig. 500.

— Escalera del palacio

real.

Madrid.

Madrid.

HISTORIA DEL ARTE

388

Fig. 501.

— Palacio real de Madrid

(fachada que mira

al

Norte.)

ramente. y otros cuerpos en los ángulos, que proyectan también algo fuera del plano de la fachada. El piso bajo

una

forma como

mento

especie de basa-

rústico sobre el

que

se le-

vantan las columnas de un orden gigantesco,

que abrazan

pisos superiores

absoluto,

la

(fig.

los

dos

501). Es, en

misma disposición

proyecto del Bernini para la

del fa-

chada del Louvre, hasta en muchos detalles del cornisamento y las ven-

Los franceses criticaban al por haber hecho para el Louvre un proyecto de edificio putanas.

Bernini

ramente te,

italiano

,

y,

por consiguien-

inadecuado para residencia prin-

cipal

de

aquel

de Francia, pero que en Madrid vemos

los reyes

lo curioso es

mismo proyecto rechazado en

París, ejecutado

por italianos, y, sin embargo, con un carácter francés extraordinario. Acaso esto dependa de que Juvara, aunque siciliano de origen, venía entonces del PiamonFig. 502.

— Altar de

Santa María del Mar.

Barcelona.

te, y la corte de Turín era por aquel tiempo completamente afrancesada;

EL BARROCO EN LA DECORACIÓN la

389

gran obra de Jurara, antes

de venir á España, la iglesia de la Superga, en Turín, tiene cúpula francesa y una fachada con pórtico análoga á la de del Panteón

los Inválidos y

París. Estas son, pues, las

de

fuentes originales del palacio real

de Madrid los recuerdos de fachada para :

del proyecto el

Louvre, del Bernini, y los

propios modelos de París, adla corte de Turín. demás, que el Louvre, y sobre todo Versailles, eran el prototipo de palacio real

mirados en

Por

lo

del siglo xviii hasta para los italianos, lo

demuestra

el

pa-

de Caserta, cerca de Ñapóles, empezado pocos años más tarde que el palacio lacio real

de Madrid, obra del famoso

Vanvitelli, y que

una

copia alargada

sailles

en

es como de Ver-

Italia.

Fig. 503.

Fig. 504.

— Altar barroco. Palafrugell.

— Altar mayor y presbiterio de la catedral.

Lima.

HISTORIA DEL ARTE

390

El patio central del palacio de

Madrid resulta algo frío; edificado con piedra granítica, que no se presta á la escultura, carece, por decirlo así, de adornos. Sus líneas precisas, académicas, no producen entusiasmo de los grandes monumentos inspirados. Igual puede decirse de la escalera (fig. 500) y de los vestíbulos. Son los grandes saloel

nes plenamente barrocos, el del trono y

el

llamado de Gasparini, y que dan un poco de

la capilla, los

carácter nacional

al

palacio de

Ma-

drid, con su pompa roja y sus decoraciones alegóricas en los techos-

De

todos modos, en conjunto es un

edificio al

que

los españoles

no pro-

fesan gran cariño, pues se resiente

de su origen francés, tanto por el como por

rey Borbón que lo inició

sus arquitectos directores. Las deco-

raciones de sus mejores salas no son

de pintores españoles, son del Tiépolo ó de Mengs; puede decirse que

único genuinamente español del

lo

vasto edificio es su emplazamiento: el

paisaje tan castellano

que se

di-

desde sus ventanas, con el Manzanares en el fondo y la sierra visa

Guadarrama en el horizonte. Las obras más agradables, sin embargo, de esta escuela española de gusto francés son los jardines. Tanto los de la Granja como los del

de Aranjuez, adornados con fuentes Fig. 505.

— Pulpito

de

la iglesia

de S.

Blas.

Cuzco.

y dispuestos los paseos en grandes avenidas, según la moda de Versailles,

to.

Cada región de España

cipalmente á

la

sintió el

tienen aún

barroco de un

dirección que le diera

el

modo

hoy singular encan-

particular,

más extremado de

debido prin-

los arquitectos loca-

les. En Salamanca, como es natural, fué la impulsión de Churriguera la que hubo de predominar; en Aragón forma escuela Herrera el Mozo, con su obra del Pilar; en Murcia es el estilo de Jaime Bort el que- caracteriza las obras de la región; en Granada, todos los decoradores aprenden algo de acumulación de

estalactitas y volutas

de

la sacristía

de

la Cartuja,

en que empleó su vida entera

EL BARROCO EX LA DECORACIÓN

391

*P

Fig. 506.

— La sacristía de

Manuel Vázquez (fig. más adentro de lo que

el P.

había llegado

por

el

el

la

Cartuja, vista

506).

desde

En Cataluña

la

puerta de ingreso. Granada.

barroco penetra también, acaso

el

gusto

greco-romano;

además de las iglesias de los Jesuítas, cuya obra maestra es la de Belén, en Barcelona ifig.

494), las otras

órdenes

religiosas se

interesan también por el

barroco.

Las

igle-

Hospital y de Santa Marta, en Bar-

sias del

celona;

e!

palacio del

Abad tía

y la gran sacrisnueva, en Poblet;

a

bella iglesia dé

Nuestra Señora de

la

Fig. 507.

— Patio de

la

casa del marqués de Sollerich.

Palma

de Mallorca.

HISTORIA DEL ARTE

392

Gleba, cerca de Vich, y tantas otras de Lérida,

Gerona

y Tortosa,

prueban que el país catalán no fué insensible á los hechizos del ba-

Digna de menuna escuela de barroco, medio italiano y medio catalán, que rroco.

ción es

se forma en Mallorca.

Fig. 508.

— Patío de

Las grandes residencias de Palma, reconstruidas en esta época de prosperidad para la la

casa del marqués de Vivot

Mallorca

tienen por lo re-

isla,

gular

un patio

central con ar-

cos rebajados que recuerdan la

tradición de los patios gó-

que

ticos catalanes, sólo

las

molduras y los capiteles son barrocos (figs. 507, 508, 509 y 510.

Algunos tienen un pozo centro; á un lado sube la monumental escalera, como en los palacios de Genova. El palacio Dalmases, de Barceen

el

lona, tiene el Fig. 509.

— Patio de casa Olesa. Mallorca.

mismo plan de

composición, con patio y es-

más de-

calera abierta,

corado que ningún otro de

Palma

ra 499).

Muchas de

(figues-

tas casas barrocas ca-

talanas tienen

un

dín á

del piso

la altura

principal,

jar-

con bancos

piedra y arriates. Mallorca posee, adede-

más, grandes rales á la

villas ru-

moda

italia-

na; los jardines de las

de Raxa y Alfabia son de gusto semitoscano Fig. 310.

— Patio de

la

casa Berga.

Mallorca

(fig.

Su)-

EL BARROCO EN LA DECORACIÓN

393

El arte francés áulico tuvo en

provincias escasa penetración; sólo

de

el interior

del Pilar, en

la iglesia

Zaragoza, puede compararse acaso,

por su magnitud y suntuosidad, al de Madrid, pero, por

palacio real

hemos

de fuera, ya

dicho que

silueta del Pilar resulta

muy

La antigua catedral

ca.

zana de

el

también una torre ba-

Pilar, tiene (fig.

489). El tipo antiguo de

cruces

de término se modifica

rroca las

zarago-

Seo, que rivaliza con

la

la

barro-

también en

período barroco, y es

el

frecuente hallar el soporte central retorcido

como columna salomónica

496). Hasta las pequeñas igle-

(fig.

sias rurales se

fican

transforman ó reedi-

de nuevo por esta época, con

Cuando

torres y cúpulas barrocas.

no se altera

el edificio

se renuevan

altares, substituyendo muchas

los

veces

los

antiguos

retablos por

Fig.

SU.

Entrada á

Palma

les jardines

de

Alfabia.

de Mallorca.

grandes composiciones de columnas salomónicas y entablamentos superpuestos, llenos de relieves

policromadas pulpitos, lo

y figuras

502 y 503). Los

(figs.

mismo que

muebles

los

son también labrados de nuevo, contribuyendo no poco las litúrgicos,

obras las

de

esta época á caracterizar

actuales iglesias de toda

España

y de sus colonias (fig. 505).

En

los

muebles de

particulares se hizo influencia

de

las casas

sentir

más

los estilos franceses

la

de

época de los Luises, mas para los conventos y corporaciones civiles las formas del barroco español conla

tinuaron desarrollándose basta finalizar el siglo xviii.

Recuérdense

grandes billones de cuero,

las

los

mesas

de ballesta con dos piede hierro torneado, los famosos vargueños, las camas con doseles castellanas

zas

Fig. 512. (fig.

513), los arcones (fig. 514), y,

HIST.

DEL ARTE.

-- T. III.— 50.

— Fuente de

Verlumno.

Jardines de Aranjues.

HISTORIA DEL ARTE

394

sobre todo,

las

alcobas adornadas

con ménsulas doradas y pintadas, que se encuentran descritas en las ordenanzas y libros de viaje y que en tanto número se conservan aún

en España.

de

Todas las industrias artísticas España plateresca continuaron

la

vivas y evolucionando durante los

siglos xvh y xvhi. La orfebrería, por ejemplo, sin contar con persona-

como los Arfe y innumerables centros

lidades poderosas Becerril, tiene

de producción de

joyas,

regular conservan

muy

que por

lo

bien su sa-

bor nacional (figs. 515 y 516). El arte de herrería continúa produciendo aún obras interesantes, en verjas lios

de hierro fundido, en utensi-

y muebles

(fig.

517).

Los cueros

de Córdoba, los guadamaciles dorados, continúan usánFig- 513- — Cama mallorquína de So; Moragues. dose para tapizar sillas y paredes, cambiando los dibujos primitivos del plateresco por los ramajes y volutas del barroco español. Lo mismo ocurre repujados

con

las telas

cados

(fig.

que en

más

á

y bro-

518), aun-

éstas se nota

menudo

la in-

fluencia del estilo

francés de los Luises.

Una

antigua in-

dustria española, que por este tiempo se desarrolla en nue-

vas manufacturas, es la

de

la

cerámica. Ci-

taremos las renombradas fábricas de

Talayera y Puente del Arzobispo, cuyo origen data del período anterior y que

continúan produciendo nuevos tipos dentro del gusto ba-

Fig. 514

— Arcón taraceado de Sineu. Mallorca.

EL BARROCO EN LA DECORACIÓN

Fig- 515-

— Relicario

de la Santa Duda. Catedral de Gerona.

395



Candelabro de la catedral de Palma. Mallorca.

Fig. 516.

Además, dos nuevas fundaciones importantes se llevaron á cabo por este la fábrica del conde de Aranda, en Alcora, y la real del Retiro, que se debió á iniciativa personal de Carlos III. El conde de Aranda, que se proponía principalmente imitar la cerámica francesa de Sevres y Moustiers, escogió Alcora para emplazar su fábrica, porque allí había ya una tradición local de esta industria. Sin embargo, el jefe técnico que le dio era un francés llamado Ollery, que hizo venir de Moustiers y á quien trató siempre con particular cariño. La idea del conde de Aranda no podía ser más patriótica; se trataba de labrar en España la porcelana con la misma perfección que en Francia, Italia ú H< danda. Se habían traído con rroco.

tiempo:

grandes dispendios del extranjero,

no sólo operarios, sino hasta

la tierra

y los materiales para ha-

La empresa, sólo empezar, en I/26, había COS-

cer los hornos. al

F¡g> 5l7

._ Brasero

del Municip ¡

Museo

del Parque.

de Barcelona,

HISTORIA DEL ARTE

396

tado ya al conde de Aranda cincuenta mil

duros. Pocos años después Alcora producía ya, con gran per-

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figuras de niños,

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teniendo guirnaldas ó

3b rwfrwt *^ r

cestos o>n frutas, cartelas,

mesas de centro

para

salones y otros muebles de porcelana, estatuas, cornucopias,

y hasta una cámara entera se había deco-

rado,

paredes y

te-

placas de cerámica.» En 1750 el conde de Aranda

chos, con

vendió esta fábrica á

una compañía,

nombra

la cual

director á un

alemán llamado Knipfer,

quien se comproá

producir en

Alcora

las imitaciones

mete

de la porcelana de Dresde. Otros franceses y alemanes se su-

ceden en

dirección

la

de

la fábrica

ra,

que

hasta

de Alco-

continúa casi

nuestros

días

produciendo sus tipos Fig.

5 1

8.

— Telas barrocas.

originales ysus taciones de

imi-

Dresde,

Moustiers y Leeds. En 1789 el conde de Aranda, aunque sólo era un accionista de la compañía, se interesa aún para que « las pastas sean de primera cali-

dad por su excelencia y duración». Tiene también que litigar para proteger á un francés, llamado Cloostermans, que había sucedido al alemán Knipfer en la dirección de la fábrica. Cloostermans era mirado con envidia por los obreros españoles, y,

además, mal quisto por sus ideas

hombre de Estado

le

religiosas.

protege siempre; ambos,

el

El generoso conde é ilustre

noble protector y

el

ceramista,

mueren en 1798.

Como la

se ve, toda su larga vida la

emplea

fabricación de la porcelana en España.

A

el

conde de Aranda en fomentar el duque de Híjar pasó á

su muerte,

El

Fig. 519.

BARROCO EN LA DECORACIÓN

— Fachada oeste de

la

catedral de Santo

397

Domingo, Primada de América.

de la fábrica de Alcora, que continuó produciendo, aunque flojamente, hasta mediados del siglo xix (fig. 527). La fábrica del Retiro, en las mismas puertas de Madrid, fundóla Carlos III,

ser el propietario y director

á imitación rios,

de

la

fábrica real

y los útiles del trabajo,

de Ñapóles, en Capodimonte. Los primeros operafueron traídos expresamente en varios bergantines,

desde Ñapóles á Alicante y de allí á Madrid, en 1759. La tendencia de la fábrica del Retiro era reproducir las porcelanas chinas, entonces de gran moda, y por ello el

pueblo madrileño

la bautizó

con

el

nombre de fábrica de

la China.

Un

gabinete del palacio real de Madrid y otro del de Aranjuez están profusamente decorados con estas imitaciones chinescas. La lámpara que cuelga del techo, los

muros y

el

techo mismo están cubiertos enteramente de millares de piezas

no era una empresa patriótica é industrial, como la del conde de Aranda en Alcora, sino una simple manufactura real, destinada á satisfacer las necesidades de la corona en regalos regios y para la ornamentación de sus palacios. Después de la muerte de Carlos III, consintió ya su hijo, Carlos IV, que se vendieran algunos de los productos del Retiro. En un principio, su estilo era puramente el de la fábrica napolitana de Capodimonte, pero en 1803 don Bartolomé Sureda marchó á París para estudiar la manera de trabajar de la

La

fábrica del Retiro

HISTORIA DEL ARTE

?98

fábrica de Sevres, y

su regreso fué nombrado director á

la del Retiro. Dos obreros de Sevres

de

vinieron

también

á

Madrid, y desde este momento ya se com-

prende que en

el

imitaron de preferencia las

Retiro se

porcelanas francesas. Subsistió la fábrica Fig. 520.

— La

Catedral.

Bogotá.

del Retiro

guerra de

hasta la

la

Inde-

pendencia, en que la China fué destruida por los cañones franceses. Fernando VII

de nuevo la antigua manufactura en la Moncloa, á orillas del Manzade Madrid, y allí se continuaron produciendo porcelanas hasta 1849. Tanto los productos de la fábrica de Alcora como los del Retiro llegaron á exportarse al extranjero, y especialmente las imitaciones de Alcora se toman hoy instaló

nares, cerca

con bastante frecuencia, en

el

comercio europeo de porcelanas, por originales de

Moustiers y Leeds. la

Hemos dado noticia al lector de los monumentos é industrias España del siglo xvm, anterior á la reacción neoclásica; pero los

Fig. 521.

— La Catedral. La

Habana.

artísticas

de

estilos espa-

BARROCO EN LA DECORACIÓN

EL

ñoles se desarrollaron también inten-

samente fuera de

península, en

la

América, donde son hoy objeto de

un cultivo y una admiración que permiten augurar nuevas y grandes victorias

para

el

barroco español, sobre

todo en los Estados Unidos. España hizo por América mucho más de lo que generalmente se quiere reconocer; en muchas naciones americanas, sus monumentos más grandiosos y bellos son aún del tiempo de la colo-

Debemos

nización española.

primer término,

la

citar,

en

catedral de Santo

Domingo, donde se conservan los de Colón, de un plateresco que

restos

empieza apenas á delatar

exigen-

las

Las dos puertas, divididas por un pilar central, tienen sus líneas fugando en barroco

cias del

(fig.

perspectiva, ingenuo

mayor

rentar

519).

modo de

apa-

grandiosidad, visto

el

que se usó ya en el palacio Farnesio y en las iglesias barrocas de Roma. La catedral de la Habana tiene una bella fachada española barroca, de piedra, flanqueada p— El Greco. El hombre de Museo del Prado. Madrid.

dio la vida, la verdadera vida, su profunda inteligencia del

le

la

mano.

mundo

comprendido mejor que nadie la belleza del alma castellana, sino que, á su vez, parece haber sido comprendido por los espíritus más representativos de su época. Es cierto que un pedante como Pacheco (que escribe copiando impunemente del Vasari) encuentra no poco que reprochar al y de las cosas. El Greco no sólo ha

Greco, pero los grandes ingenios,

Góngora, Paravicini,

mucho y

lo elogian.

nes religiosas y los

le

aprecian

Las corporaciocabildos de To-

el Greco enojosas que suelen suscitarse

ledo tienen con diferencias,

siempre entre las corporaciones y personalidades más eminentes,

las

pero no se cansan por ello de en-

Toledo decorada por el

cargarle cuadros y retablos. está materialmente

Greco: íara es la iglesia que no

muestre

una obra suya en

lugar

preeminente.

No sabemos quién introdujo al Greco en la corte; lo cierto es que

Fig- 536.

— El Greco. Museo

Retrato de un médico.

del Prado.

Madrid.

HISTORIA DEL ARTE

408

Felipe II

encarga sus dos famo-

le

sos cuadros del Escorial,

Mauricio (lám.

do

XXVII)

y

la Gloria de Felipe II,

el

San

llama-

el

donde

el

rey está arrodillado entre sus santos predilectos y en la visión del cielo y

rece que

muy

el

rey no

complacido;

más

de

fantástica

la tierra.

Pa-

hubo de quedar el

cuadro de San

Mauricio no llegó á adornar

el altar

que en el Escorial le estaba destinado y fué substituido por una pintura italiana.

Museo

Hoy

se halla en

del Escorial y es la obra

sugestiva de todas las

allí

el

más

reunidas.

de los soldados de la legión romana tiene lugar á lo lejos; en primer término hay un grupo de El martirio

*ig-

537-

El Greco. Retrato de un desconocido.

Museo del Prado. Madrid.

caballeros en

animada

plática,

cuyos

gestos dan la impresión de lo extraordinario; en lo alto aparece

una visión de ángeles entre

las

fulgurantes nubes

de un día apocalíptico. Al Greco le agradaban extrañamente estas visiones de nubes luminosas, en

- El Greco. Santiago. 5 38. Hispanic Society. Nueva York.

Fig.



El Greco. La Sagrada Familia. Hispanic Society. Nueva Yopk.

Fig- 539-

Tomo

III

Lámina XXVII.

El Greco. San Mauricio. Museo del Escorial.

LA PINTURA ESPAÑOLA. RIBERA las

4O9

que ya se había especializado el Su cuadro más lamoso, llamado: «Entierro de conde de

Tintoretto. el

Orgaz», tiene esta misma doble la mitad inferior la

composición: en

fúnebre comitiva,

compuesta

de

y caballeros, que rodean á San Agustín y San Esteban, que han venido para enterrar á su devoto el frailes

señor de Orgaz; pero en

mitad

la

superior, otra vez las nubes y ángeles,

que acompañan

cielos,

junto

pintura,

de toda

que la

el

alma hasta

los

trono de Dios. Esta

al

es

como

el

resumen

obra del Greco, está aún

en Toledo (de donde tantas otras han emigrado), en la misma iglesia para la que fué pintada: la parte inferior, con su hilera de retratos,

una intensidad psicológica no ni aun por Velázquez. (Lám. XXVIII.) Es curioso que el primer elogio de este cuadro, en es de

superada

nuestros tiempos, se halle en la obra

de Barrow,

titulada:

Spain. El interés por

The Biblc el

Fig. 540.

in

— Auto-retrato de Ribera.

Museo

Greco, en

de los Uffici.

España, data de pocos años.

un repertorio más extenso que Morales y los pintores de su como todos los grandes artistas, no tiene ningún reparo en repetir

El Greco posee época, pero

sus asuntos, con la ligera variante de sentimiento que es

el secreto del arte. Sus temas preferidos son los apostolados, ó series de trece cuadros con Jesús y los apóstoles (figs. 534 y 538); la estigmatización de San Francisco, la Anunciación

Sagrada Familia (ñg. 539), y, sobre todo, sus maravillosos retratos (figs. 535, Nadie mejor que este bizantino supo comprender la sociedad espa536 y 537 ñola de su tiempo. Cuando murió, todavía los libros griegos eran los que predoy

la

).

minaban, con

los italianos,

fueron dos griegos, que,

en su

como

él,

librería.

Los dos

testigos

de su testamento

debían haberse naturalizado en Toledo. Pero

Greco comprendió más que nadie

el alma de Castilla. de asimilación y de carácter de la España de los siglos xvi y xvii se ve en el caso de otro artista, el valenciano José Ribera, que habiendo residido en Italia desde los diez y ocho años, se conserva siempre español, firma sus el

La

fuerza

como valentino y es llamado por todos cómo pasó Ribera á Italia; las noticias de

No sabemos

cuadros

el Spagnolcío.

qué

su vida hállanse principalmente

ni

por

en un libro lleno de embustes, llamado el Falsario, que se publicó en Ñapóles y de los pintores napolitanos, y entre ellos se incluye, como es natural, al

trata

Ribera. Éste, según parece, había trabajado en HIST.

I>KÍ.

ARTE.

— T.

Iir.

— 52.

Roma

algunos años, en

la

escuela

HISTORIA DEL ARTE

4io

del Caravagio,

donde

se formó su

talento y su estilo. Protegido por

un

cardenal, que lo recoge hambriento

de

la calle,

Ribera escapa, por impul-

de

sión histérica,

tuosos, llenos

de

los salones sun-

criados, para reco-

brar la libertad y la vida de los por-

dioseros de

Por este concon la naturaleza

calle.

la

tacto prolongado

en toda su verdad, el joven discípulo del Caravagio acaba de hacer-

se hombre. Por

siempre más

complacerá en

pintar las carnes

macilentas, que ha visto

de

los andrajos

de

al

se

través

los pordioseros;

buscará sus asuntos en

que van desnudos, en

los filósofos

los penitentes

y los santos martirizados, cubiertos de heridas, desollados y chorreando sangre. Fig. 541.

— Ribera. Martirio de San Bartolomé.

Museo Municipal. Barcelona.

F'g-

542.

- Ribera.

El sueño de Jacob.

Los

viejos decrépitos, los

haraposos anacoretas respiran

menos

el aire,

que es de todos,

Museo del Prado. Madrid.

al

sin

LA PINTURA ESPAÑOLA. VELAZQUEZ

limitaciones, desde que

4 II

el

mundo, percibiendo esa eternidad de los fenómenos vivos que rara vez pueden

mundo

es

sentir los

maniquíes disfrazados

que van en

las carrozas

de

los

grandes. V, sin embargo, guir su historia,

al

prose-

Ribera

dica; va á Ñapóles, y

allí,

clau-

en

la

corte de los virreyes, se

impone

por su arte magistral;

los

en-

cargos que recibe, tanto de Ñapóles

como de España,

le

per-

miten á su vez tener carroza y llevar una vida de prodigalidad

Su como su

fué tan

v ostentación.

fin

fantástico

vida: en su

taller

de pintor de renombre

visitaba el virrey,

Fig. 543.

— Velázquez. Los discípulos de Emaús.

Colección Alt/na».

Nueva York.

le

que era entonces un príncipe de la sangre, el propio hermano de Felipe IV; éste se enamora de la

Ribera, y para obtenerla la hace raptar y llevarla á Palermo, donde la deposita en un convento. El infeliz pahija del

más

fácilmente,

dre, loco de dolor, vive en sus postreros años como un monomaniaco, encerrado en su casa de Fosilipo,

hasta que un día desaparece sin dejar rastro.

En Ñapóles hubo de

sos-

pecharse que había vuelto á su patria, Gandía, en el reino de Valen-

donde no había estado desde su Lo positivo es que no se habla más de él ni se conoce detalle alguno de su muerte, aunque su cia,

juventud.

partida de enterramiento ha apare-

cido por fin en Ñapóles.

Ribera ocupa en pintura española un

la historia

sitio

de

la

mucho más

elevado aún del que generalmente se concede. Aquel español emigrado

le

en Ñapóles, aquel valenciano expaque parecía haber de tener

triado Fig.

544.- Velázquez. Adoración de

Museo

del Prado.

Madrid.

los

Reyes.

P°ca Ó ninguna influencia en los destinos del arte de la península,

1

HISTORIA DEL ARTE

412

Fig. 545.

— Velázquez. Los Borrachos. Museo del Prado. Madrid.

lin-lL

/!

-*r

-

Velázquez.

La

#.

>íe

*

1

1

¡fí^V Fig. 546.

Ifl

.j||

fragua de Yulcano.


EI.

AKTK.

— T.

(fig.

684). El recién llegado Millet sentía

su elevado naturalismo;

— Rosa Bonheur. La feria de caballos.

III.— 63.

él

era

Museo

el

de

la

verdadero pintor de

Nueva

York.

HISTORIA DEL ARTE

49 8

campos y de los humildes campeRousseau eran vecinos de Barbizon é íntimos amigos. A menudo Rousseau, que disponía de más recursos, tenía que acudir en auxilio de Millet. Cuando allí murieron, con los

sinos. Millet y

pocos años de diferencia, fueron enterrados uno

al

lado de otro; Corot,

que les sobrevivió, tuvo que señalar una pensión á la viuda de Millet. Detallamos estas anécdotas personales

para que se vea

el

cariño, el

amor

sincero con que trabajaban aquellos artistas.

no es un colorista extraSu pintura es algo opaca y terrosa. « De una manera ruda é imperfecta produce Millet sus admirables efectos», escribe Arsenio Millet

ordinario.

Fig. 6Sq.

— Regnault. Museo

El general Prim.

Alexandre.

del Louvre.

además, criticaba de sus cuadros. «Hace

Beaudelaire, los

asuntos

alarde de un sombrío y fatal embrutecimiento en los campesinos, que excita

Fig. 690.

— E. Manet. Olimpia.

Museo

del Louvre.

LOS IMPRESIONISTAS

Fig. 691

— E. Manet La

dama de

Museo de Nueva

la

cotorra.

499

Fig. 692.

— Whistler. Un retrato.

Museo de Nueva

Trork.

York.

nuestro furor. Parecen decirnos: somos los desheredados del mundo y los únicos que producimos con nuestro trabajo. » Algo de verdad hay en todo esto, pero Millet buscaba una cosa que era indiferente á la sensación de color y que no



« Cuando pintéis, una casa como un bosque ó un campo, ó el cielo, ó el mar, pensad siempre en el hombre que lo habita ó lo contempla. Entonces una voz interior os hablara de su familia, de sus ocupaciones y trabajos. Esta idea os llevará dentro de la órbita universal de la humanidad. Pintando un paisaje pensaréis en el hombre, pintando el hombre pensaréis en el paisaje que lo rodea.' Millet dedicó todo su interés á los pobres campesinos; alguien tenía que inmortalizar al humilde peón abrumado de trabajo. En uno de sus cuadros, dos de ellos

podía comprender nunca un bohemio como Beaudelaire. decía Millet,

— tanto

si

es

cortan un árbol, sus piernas se doblan para hacer senta á un pobre labrador cuando,

al

más

fuerza.

dejar su trabajo,

al

Otro cuadro repreanochecer, apenas

puede tenerse en pie; otro á las espigadoras trabajando bajo el sol ardiente del mediodía: una de ellas no puede más, la espalda le duele. El Ángelus (figura 686); las dos figuras tan conocidas en medio del paisaje, el campanario lejano, ¡qué creación! Diga Beau ielaire lo que quiera, estos campesinos de Millet,

como

los

campesinos de nuestras

tierras,

viven intensamente, tienen sus

HISTORIA DEL ARTE

500

compensaciones; no son ciegos, no son brutales máquinas de trabajo, gozan tam-

bién del mundo.

He

aquí

dos pasto-

las

de Millet que ven pasar

ras

la

bandada

¡Cómo aspiran las dos mujeres el aire aromático y suave del otoño! Otras dos figuras parecen gozar de

las ocas.

en éxtasis

equivocaba

paz del campo. Virgilio se

la al

decir á los labriegos: «Si

conocierais vuestra felicidad

incapaces de

les

do. El

creyéndo-

»,

percepción del mun-

la

campesino de Millet goza del

pai-

de otro modo que el hombre intelectual, pero hasta que se trasladan á

saje

las el

Fig. 693.

— Sisley.

ciudades y corrompen su pastor y

el

espíritu,

gañán tienen también

in-

Iglesia rural

en día lluvioso.

tensa conciencia de

lo

bello.

Los pintores de la esde Barbizon fueron

cuela

combatidos ó ignorados por la turbamulta que acudía á los salones románti-

cos del segundo imperio; sin

embargo,

los efectos

de su reacción contra

la

Fig. C94.

La

— Claudio

iglesia

Monet. de Vernon.

pintura de asuntos de Dela-

croix y sus discípulos se hizo sentir en otros artistas,

como Courbet, el realista de paisajes ra 687);

pintor (figu-

Rosa Bonheur,

la

pintora insuperable de ani-

males

(fig.

688); Jules Bre-

tón, otro pintor

de escenas

campestres; Bonnat, Carolus

Duran y Regnault,

re-

tratistas (fig. 689). Fig. 605.

— Pissarro. El Boulevard Montmartre.

Mientras los paisajistas

LOS IMPRESIONISTAS y naturalistas atacaban sólo la falsa idealidad de la escuela romántica, se formaba otro grupo

más

avan-

zado, sobre otra técnica y una

nueva teoría de la luz y el color. Les llamaban impresionistas cuyo nombre se originó de un cuadro de ,

Monet, titulado: Impresiones que el Salón de [867. La nueva escuela tenía por principio la .

presentó en

reproducción más exacta no del

del natural, pero

posible natural

adulterado, mejorado y arreglado en el

taller,

sino de la luz y el color en

toda su crudeza. Era

la

misma co-

rriente de ultranaturalismo de Zola

v sus amigos de

Medán,

ponía también en

la

(pie se im-

pintura. Este

naturalismo pictórico trataba de justificarse

sobre

por

la

con las hipótesis

la luz

y

el

físicas

ciencia elemental.

No

— Mary Cassat. Madre é

Fig. 696.

color, vulgarizadas

Museo de Nueva

existe

hija.

York.

ningún objeto con un color determinado, decían los impresionistas;

color de

el

ción y

un objeto depende de

modo con que

dad y de

la

recibe la

luz,

la inclina-

de su

intensi-

La

refracción de los colores vecinos.

retina percibe diferentemente por la diversa pro-

ximidad de un color ú otro; por ejemplo, al lado de un color simple la retina tiene tendencia á ver su complementario. La sombra no será nunca, pues, carencia de color, sino otro color, con ten-

dencia

al

complementario del color de

parte

la

iluminada del objeto mismo. Esto cu cuanto color; en cuanto á

la

al

forma, tampoco existe, no

hay más que masas de color, y aun estas masas no son uniformes, sino acumulación de manchas

de colores. Nada, pues, de contornos;

manchas y golpes de

pintar con

mulados en sión de

la

la retina,

producirán

naturaleza. Por lo

los impresionistas eran

lia\

que

pincel, que. acula

misma impre-

que toca á

la técnica,

también revolucionarios:

es absurdo, decían, mezclar los

en

1

la

pa-

para producir los medios tonos: las tierras que componen los colores se hacen opacas ion esta combinación; mejor será asociai las impre-

leta

Fig. 607.

— Renoir.

El Baile.

siones en

la

retina, situando

en

el

cuadro pin-

HISTORIA DEL ARTE

502

celadas vecinas

yuxtapuestas

ó

de coiores sim pies que se mezclen al contemplar el conjunto.

Algunas de estas observaciones

no pue-

de negarse que eran justas, y los pintores

mo-

dernos se han

aprovechado de las

experiencias

de

los impresio-

nistas,

sea cual

fuere la escuela Fig. 698.

— Degas.

Las

Bailarinas.

Museo

del Louvre.

á

que

pertene-

cían.

La única

de los impresionistas era la variedad de su expresión. Quenada más que pintores, extremando su indiferencia absoluta para la belleza física y moral. Un hombre con una pipa, he aquí un tema para un cuadro; mientras la armonía de color sea bella, todo es suficiente. Por desgracia, los colores usados por algunos de estos impresionistas se han ennegrecido bastante y no queda en sus cuadros más que la forma, que es bien poca cosa, y el recuerdo de las discusiones que provocaron cuando su aparición. Así, por ejemplo, la famosa Olimpia, de Manet, que después de exhibida en el Salón de los Rechazados, en 1864, llegó al Louvre en 1907, con gran escándalo aún (fig. 690). Sin embargo, Manet era un artista sincero, que por su fe y entusiasmo se hacía estimar como jefe de la escuela por sus compañeros de doctrina. A veces resulta molesto por el desenfado con que descuida cuanto podría hacer agradable el cuadro, pero diseca la luz con tanta pasión, que todo se olvida para no pensar mas que en su interesante vida de artista completamente dedicado á su ideal. En torno suyo estaban Sisley (fig. 693), Pissarro (fig. 695), Renoir falta

rían ser pintores,

(fig.

697), su cuñada

Mary Cassat

(fig.

696),

la

dulce ninfa del impresionismo;

694), y Degas, acaso la más profunda personalidad del grupo, porque lo que era enojoso á veces en Eduardo Manet,

Claudio Monet,

el

gran paisajista

(fig.

desaparece por completo en Monet y Degas, cuyos asuntos predilectos s