Historia de las ideas y de la cultura en Chile: desde la Independencia hasta el Bicentenario. Volumen III

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Historia de las ideas y de la cultura en Chile

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Bernardo Subercaseaux

HISTORIA DE LAS IDEAS Y DE LA CULTURA EN CHILE Desde la Independencia hasta el Bicentenario

VOLUMEN III

EDITORIAL UNIVERSITARIA

© 2011, BERNARDO SUBERCASEAUX Inscripción Nº 207.648, Santiago de Chile Derechos de edición reservados para todos los países por EDITORIAL UNIVERSITARIA, S.A. Avda. Bernardo O’Higgins 1050, Santiago de Chile [email protected] Ninguna parte de este libro, incluido el diseño de la portada, puede ser reproducida, transmitida o almacenada, sea por procedimientos mecánicos, ópticos, químicos o electrónicos, incluidas las fotocopias, sin permiso escrito del editor. ISBN 978-956-11-2347-2 Texto compuesto en Trebuchet MS 10/13,5 Se terminó de imprimir esta PRIMERA EDICIÓN Corregida, aumentada y completa de 3.500 ejemplares, en los talleres de Andros Impresores, Santa Elena 1955, Santiago de Chile, en octubre de 2011. DISEÑO DE PORTADA, ARTE E ILUSTRACIONES Tatiana Zentsova DIAGRAMACIÓN Y CORRRECIÓN DE TEXTOS Reditext

w w w. u n i v e r si t a r i a .c l IMPRESO EN CHILE/ PRINTED IN CHILE

Agradecemos al Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes (FONDART), por el apoyo para llevar a cabo esta obra. También a FONDECYT que contribuyó durante dos décadas a la investigación que la hizo posible. Finalmente, y de modo muy especial, a Elisabet Prudant, Megumi Andrade y Ana María Ledezma, de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, que colaboraron en la búsqueda y procesamiento de datos, y en las tareas de corrección y revisión. También a Tatiana Zentsova, que tuvo a su cargo la selección de imágenes y la ilustración.

ÍNDICE DE VOLUMEN III

Tomo V

Política y Cultura

9

Memoria Visual

321

Índice Onomástico

353

Índice Analítico y Temático

391

Índice de Imágenes

423

Cuadro Cronológico

427

POLÍTICA Y CULTURA TOMO V

ÍNDICE TOMO V

Introducción

15



a) La política, lo político y la cultura

15



b) Conciencia de clase y conciencia étnica

17



c) Política y arte

19



d) Contradicción y perdurabilidad

21



e) El caso de Chile

23

I.

Imaginarios políticos de transformación

27



a) Del liberalismo al reformismo

27



b) Imaginarios políticos y pulsiones culturales

52



c) Vigencia de un imaginario político bipolar d) Síntesis y proyecciones

57 77

II.

Estado y cultura

85



a) La noción de Estado

85



b) Trayectoria del Estado

92



c) Democratización y democracia cultural

99



d) Paradigmas operantes

101



e) Sensibilidad política y cultura

110



f) Tiempo histórico y modelo vigente

115



g) Universidades y organización de la cultura

116

h) Desde una sociedad estadocéntrica a una sociedad mercadocéntrica

137



i)

140



j) Síntesis y proyecciones

El Estado como agente directo de cultura

145

III.

Marxismo, antimarxismo y postmarxismo

149



a) Horizonte ideológico y cultural

149



b) Movimiento social y pensamiento

151



c) Partidos políticos y pensamiento

157



d) Intelectuales, juventud y transformación de la sociedad 162



e) Canonización literaria y pensamiento político

167



f) Historia y cambio social

174



g) Ciencias sociales y energías políticas

182



h) Pensamiento social cristiano y marxismo

187



i)

199



j) Pensamiento antimarxista

202



k) Postmarxismo

212

IV.

Música, conciencia crítica y cambio social

215



a) Agronacionalismo, neofolklore y Nueva Canción Chilena 216



b) Violeta Parra (1917-1967)

227



c) Escenario artístico y musical

231



d) Nueva Canción: un movimiento diverso

233



e) Difusión y golpe militar

243



f) El Canto Nuevo

247

V.

Desconcierto y nueva sensibilidad

253



a) 11 de septiembre, 1973

253



b) Los desafíos de la incertidumbre

258



c) Ayer y hoy

260



d) La crisis del progresismo

261



e) Nueva sensibilidad y horizonte “post”

262



f) Desde la literatura hasta la gráfica y las actitudes vitales 265



g) Una estética común: el horizonte “post”

Cristianismo y marxismo: un testimonio

271

VI.

Democracia, globalización y cultura

279



a) La tentación autoritaria

279



b) Caminos de libertad

282



c) Pueblos originarios y otros colectivos

284



d) Política y cultura

287



e) El escenario moderno (a propósito del Bicentenario)

290



f) La massmediatización de la cultura

293



g) La vertiginosa generación de cambios tecnológicos

297



h) Creación artística y políticas culturales

298



i) Desequilibrios

301



j) El caso de Pelarco

303



k) Nación, centralismo y regiones

310



l)

312

Algunas

El malestar de la cultura consideraciones finales

317

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INTRODUCCIÓN

a) La política, lo político y la cultura Este quinto y último tomo se centra en el período 1930-2010. Nuestra tesis es que lo relevante y distintivo para gran parte de este período, y lo que permite desplegar la historia de las ideas y la cultura, tanto hasta 1973 -en una escenificación del tiempo histórico nacional de transformación- como también después -en un escenario de globalizaciónson las características que adquiere la relación entre política y cultura. Entendemos por política -en las naciones modernas- la articulación entre sujetos, ideologías, proyectos y prácticas sociales, cuyo contenido específico es la lucha por dar una dirección a la realidad en el marco de opciones diversas. Desde esta perspectiva, la política se expresa, fundamentalmente, como acción y como lucha por el poder. Deviene, por lo tanto, un lugar desde donde se construye la historia. Reservamos el concepto de política, en un sentido restrictivo, para lo que tiene que ver con el gobierno y con el manejo de “la máquina del Estado”. Estamos conscientes de que la política no es solo el ámbito de lo fáctico y del poder, sino también un ámbito -como lo conciben desde Aristóteles hasta los filósofos políticos contemporáneos1- en que el ser humano se relaciona con otros y con el mundo, un espacio de diálogo, deliberación y disenso, en que el imaginario alimenta horizontes de expectativas y utopías, en que se hace presente lo deseable frente a lo realmente existente y a lo posible, un ámbito en que se abre paso a la ciudadanía social. Reservamos para ese espacio y para la reflexión sobre su especificidad o diferencia con

1 Hannah Arendt, La condición humana, Barcelona, 1993; Jacques Ranciére, Política, policía, democracia, Santiago de Chile, 2006.

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respecto a otro tipo de actividades, el concepto de lo político. La política tiene que ver con las prácticas de la política convencional y lo político con el modo mismo en que se instituye la sociedad 2. Si bien la política y lo político son instancias interrelacionadas, la distinción conceptual resulta operacionalmente necesaria. Hoy en día puede afirmarse, por ejemplo, tanto para Chile como para América Latina, que en la opinión pública y en la academia hay un descrédito de la política como acción fáctica y ejercicio del poder, pero no así de lo político ni menos con respecto a la reflexión sobre aquello3. En cuanto a cultura, entendemos por tal el orden de sentido y la dimensión simbólica presente tanto en la cultura considerada en términos antropológicos (costumbres, lenguaje, identidad, modos de ser, expresividad social), como en la cultura entendida como expresividad artística e intelectual en sus más diversas áreas: como obras de arte y de pensamiento, como expresividad social (cultura popular) y como producción simbólica para el mercado (cultura de masas). Se trata entonces de un concepto que abarca desde la creación individual, colectiva e industrial de significados hasta las concepciones de mundo y los modos de sentir y actuar. En el plano de la creación artística la cultura es un campo de autonomía relativa, puesto que se trata -en una sociedad en que confluyen intereses diversos- de un campo en disputa, de una trama de interpretaciones vinculada a los nexos y hegemonías sociopolíticas, y, por ende, a las circunstancias históricas, a las ideas y pensamientos de una época. Estamos conscientes de que desde esta definición el concepto de cultura abarca prácticamente la totalidad de lo real y en ello reside -como han señalado Schoder y Breuninger- su debilidad 4. La cultura, sin embargo, forma parte -como ya señalamos- de las relaciones sociales e históricas, y no está, por ende, por encima de éstas. De allí que nos inclinemos por recurrir a este concepto en una perspectiva relacional, como una variable más, como una lógica diferente pero siempre “en

Chantal Mouffe, En torno a lo político, Buenos Aires, 2007. Véase al respecto, Marcos García de la Huerta, “El giro político en la filosofía contemporánea” Mapocho, 68, Santiago de Chile, 2010. 4 Gerhart Schröder y Helga Breuninger, Teoría de la cultura, Buenos Aires, 2009. 2 3

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y cultura

relación con”, en este caso, con la lógica política y del poder. La dimensión conflictiva de esta relación se hace particularmente presente en las naciones modernas, en países en que las fronteras políticas no coinciden con las fronteras culturales. Se trata de un desajuste que propicia los nacionalismos, los regionalismos separatistas y hasta los fundamentalismos étnico-culturales. La mayor parte de los conflictos ocurridos en las últimas décadas, o que aún subsisten, pertenecen a este tipo de tensiones entre política y cultura. Piénsese, por ejemplo, en la ex Yugoslavia, en Ruanda, en algunos países islámicos, en Rusia y en la ex Unión Soviética, o en la España actual y sus autonomías regionales.

b) Conciencia de clase y conciencia étnica Interesa, por ende, interrogarse y examinar algunos casos de la relación entre el ámbito de la política y de la cultura. Un caso puntual fue lo ocurrido en Chile durante el período de la Unidad Popular (1970-1973) en que la Reforma Agraria fue uno de los puntales del programa de gobierno encabezado por Salvador Allende. En las movilizaciones políticas urbanas o rurales, en las marchas y proclamaciones, en el imaginario colectivo y en las transformaciones políticas que se estaban llevando a cabo, e incluso en el aglutinamiento de la oposición (uno de cuyos ejes fue la defensa de la propiedad privada), en todos estos espacios el tema de la Reforma Agraria fue clave. En este contexto, el problema mapuche y la recuperación de sus tierras ancestrales jugó un rol emblemático y catalizador en torno a las reivindicaciones discursivas de la reforma agraria. El despojo más que centenario que afectaba a los mapuches convirtió a ese pueblo en una punta de lanza –a nivel de imagen– con respecto a la necesidad y justicia de una transformación del régimen de propiedad agraria en el país. Desde este punto de vista, se totalizó a los pueblos originarios de la zona de la Araucanía como ejemplo de un sector que había sido despojado de tierras que legítimamente les correspondían, de terrenos que por herencia y tradición constituían su referente simbólico y su único medio de vida. Con una mirada eminentemente política (y en el marco de una ideología que consideraba la lucha de clases como motor de la historia), se concibió entonces la reivindicación de la tierra de los mapuches como una reivindicación de clase, en circunstancia de que

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Chile

se trataba de una reivindicación de carácter étnico y cultural. Se tomó como conciencia de clase lo que en realidad era más bien una conciencia étnica. Con esta mirada, y asimilándolos a la clase campesina, se percibió la lucha que desde la Colonia venían llevando a cabo esos pueblos. La aplicación de la Reforma Agraria se realizó sin considerar la variable étnico-cultural, recurriendo a un mecanismo único de asentamientos, parejo para todo el país, mapuches incluidos. El sistema de asentamientos fue en la Araucanía, y entre los mapuches, en gran medida un fracaso, pero no solo por la pobreza de la tierra o los rudimentarios métodos de trabajo agrícola, sino más bien porque en su aplicación práctica este sistema se tradujo en un manejo técnicopolítico de los asentamientos por parte de individuos no indígenas, pertenecientes a la sociedad mayor. No se consideró entonces que la lucha de los mapuches era una lucha contra los “huincas” (blancos) y que la reivindicación por el derecho a la tierra formaba parte de una reivindicación étnico-cultural más amplia. Se enfocó, por ende, el problema exclusivamente desde una lógica política en el contexto de la lucha de clases, desconociendo su dimensión cultural. Desencuentros similares al que ocurrió con el pueblo mapuche, aunque desde otro ángulo, se dieron en todos los movimientos de transformación social de la década de los sesenta en América Latina. Así ocurrió con respecto a los movimientos de santeros y yorubas en Cuba al comienzo de la revolución, o con los indios miskitos en la revolución sandinista de Nicaragua. En ambas situaciones lo étnico cultural fue totalizado desde una perspectiva política, vale decir, desde una lógica instrumental se superpuso una consideración de clase sobre lo que en realidad era una conciencia identitaria de carácter étnico-cultural. Otro tanto, aunque desde una perspectiva de construcción de la nación, ocurrió en África desde 1950, con la creación de nuevos países producto de las luchas de liberación nacional y del proceso de descolonización. Mozambique, por ejemplo, luego de que dejó de ser una colonia portuguesa, se vio abocado al dilema de tener que conformar una nación a partir de componentes diversos. Por una parte, con residuos de la cultura colonial portuguesa; por otra, con elementos de la cultura científico-técnica occidental necesaria para el desarrollo del país, y, por último, con el enorme y heterogéneo bagaje de las culturas tradicionales 18

Política

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de signo étnico y tribal. Desde un punto de vista político, el desafió fundamental era -en el contexto de una nueva nación- la unidad del país. Desde esa perspectiva, entonces, se eligió institucionalizar al portugués como lengua oficial y nacional de Mozambique. Fue una decisión que no favorecía la preservación de las identidades étnico-tribales y que en cierta medida resultaba contradictoria con una lógica de descolonización y de resguardo y fomento del patrimonio multicultural del país. Fue también una opción en términos políticos, probablemente necesaria para un país nuevo cuya población estaba compuesta por diversas etnias y lenguas, en su mayoría de origen bantú. En todos estos ejemplos el predominio de la lógica política por sobre la lógica cultural tendrá con el tiempo un costo para la sociedad, al alimentar tensiones que tarde o temprano van a reaparecer. Cabe señalar que así como hay totalizaciones desde el punto de vista de la política, también las hay que provienen de la lógica cultural, fundamentalismos y racismos que de alguna manera se hicieron presentes en el siglo pasado en el ideario pangermánico de superioridad de la raza aria, o en el régimen de Pol Pot en Camboya, y también hoy día en algunos sectores de las sociedades islámicas.

c) Política y arte Con respecto a la relación entre política y cultura, entendida esta última como obras de arte y pensamiento, la ex República Democrática Alemana constituye un caso extremo de absorción desde la esfera política y del poder. En las artes plásticas, el régimen favorecía, con parcialidad indisimulada, la tendencia a la pintura figurativa, una pintura destinada a estimular el trabajo y a construir “un futuro feliz”, al mismo tiempo que desincentivaba u oprimía a pintores abstractos y constructivistas, o a todos aquellos que seguían una estética intimista o de cultivo de su propia interioridad. Hasta la década del setenta predominó un realismo tradicional preñado de optimismo histórico, un arte de partido, de agitación y de propaganda. Mientras a un lado del muro el arte se regía por los principios y métodos propios de una búsqueda estética vanguardista en un contexto en que se fomentaba el ejercicio de la libertad, al otro surgía -en el marco de un ideario socialista administrado por el poder- un arte 19

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por encargo, impregnado de retórica. A “pie forzado” se desarrolló en la Alemania Oriental un arte “realista”, mientras en Alemania Occidental se vivía un medio artístico que favorecía los lenguajes de la abstracción y de la experimentación. En la RDA se fue creando una cultura nacional de corte tradicional, completamente diferente a la que se desarrolló en la Alemania Federal. Disciplinas de pensamiento como la filosofía también fueron fagocitadas o absorbidas por la política, convirtiéndose en una simbiosis de ideología y doctrina de partido. De hecho, la filosofía en la RDA llegó a ser, literalmente, ideología de afirmación del poder. Estaba limitada a una doctrina: al marxismo-leninismo, articulado en materialismo-histórico y dialéctico, en economía política y comunismo científico. “La historia de la filosofía acababa en Karl Marx: toda la filosofía anterior, sobre todo el idealismo alemán clásico de Kant a Hegel, se veía solo como un ‘preámbulo’ de éste… y todo lo que venía después, desde Lukács a Habermas, se consideraba (despectivamente) como revisionismo”5. La “reina de las ciencias” actuaba de “doncella de la política”. No se permitía ninguna publicación que no elogiara la construcción del socialismo y llamara a la lucha contra las fuerzas imperialistas, que no celebrara a la RDA y sus éxitos como una verdadera victoria de los ideales humanísticos y que no declarara, finalmente, al marxismo como la ideología más avanzada del siglo XX. La filosofía se había privado del propio pensamiento. En síntesis -dicen Breuer y Mersch- la filosofía de la RDA “era marxista igual que el Estado y su política: por tanto, la filosofía era directamente política e idéntica con el poder, al igual que éste estaba directamente legitimado filosóficamente. Pensamiento y poder significaban lo mismo”. Sería, empero, un error pensar que esta tendencia a la absorción y control del arte y la cultura por parte de la política es solo privativa de los socialismos reales. Tal vez alcanzó en ellos su máxima y más duradera expresión, se trata, sin embargo, también de un fenómeno que aparece y reaparece con distintas graduaciones en la historia de Occidente.

5 Ingeborg Breuer y Dieter Mersch, “Al final de una filosofía. Sobre el ocaso de una disciplina humanística en la antigua República Democrática Alemana”, Humboldt, Berlín, 1991.

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Piénsese, por ejemplo, en la Alemania de Hitler y en la intrahistoria de la filosofía académica en los años de Heidegger, o en el régimen de Franco y su férreo control a la expresividad incluso lingüística de las regiones, o más cerca aún, en lo que ocurrió en el Chile de Pinochet, sobre todo entre 1973 y 1982, con la censura previa y la mordaza que operó en el espacio público, en la vida universitaria y en las actividades culturales. Tanto en el socialismo como en el capitalismo, el ejercicio o la tendencia al monopolio del poder siempre ha aspirado al monopolio del saber y al control de los imaginarios culturales.

d) Contradicción y perdurabilidad Si se mira el mapa de conflictos y desafíos en los distintos continentes (desde los pueblos originarios en América Latina hasta Nepal, la India y Pakistán) se constata que tras cada uno de ellos subyacen problemas de índole cultural, problemas que, por lo tanto, obligan a tener en cuenta dicha variable. Son conflictos que, por otra parte, indican la existencia de una contradicción histórica de larga data entre la lógica de la política y la lógica de la cultura. Situaciones en que la realidad cultural (sea la lengua, los valores tradicionales, la conciencia étnica o la creatividad) ha sido totalizada o negada desde el ámbito del poder. El ámbito de la política aparece entonces como el ámbito de la voracidad, de la impaciencia y de lo contingente. Pero también del cambio y de la modernización. Como una dimensión que responde básicamente a una lógica instrumental en la que a menudo con el propósito de mantener el poder el fin justifica los medios. Por el contrario, el ámbito de la cultura aparece como el dominio de la paciencia, del tiempo largo y de la tradición. Como un ámbito en que opera una lógica expresiva, vinculada a las dinámicas de autoimagen e identidad de las sociedades. Cuando en una situación histórica determinada opera una totalización desde un punto de vista político, ceñida por ende a una lógica instrumental, ello no implica la desaparición de la “dimensión cultural”. La perdurabilidad de esta dimensión vis a vis la fagocitación por la política, se mantiene latente, aun cuando como variable de análisis (o realidad) ella haya sido obviada o cooptada durante largo tiempo. Precisamente, uno de los rasgos más sobresalientes de la cultura, concebida en términos antropológicos, 21

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es su persistencia, su pulsión por perdurar, su capacidad para subsistir, para mimetizarse y luego reaparecer. El caso de la ex Unión Soviética es, en este sentido, sintomático. Después de más de medio siglo, la Unión de Repúblicas Socialistas -una unidad lograda por razones políticas- se desintegró, transformándose en una serie de naciones en las que hoy se despliegan con fuerza las antes sojuzgadas identidades culturales a través de reivindicaciones de tipo étnico-cultural y nacionalistas. El espesor cultural de una sociedad, aun cuando esté cooptado u opacado temporalmente por otras dimensiones, estará siempre allí, latente y a la expectativa. El caso de Perú es, a este respecto, pertinente. El Imperio incaico como realidad política concluyó hace casi cinco siglos, sin embargo, la cultura heredada de ese Imperio sigue de alguna manera viva. Precisamente, algunos problemas de fondo del Perú derivan de la no integración cultural de ese país; del hecho de que durante un largo período, debido a nexos y hegemonías sociopolíticas determinadas, hayan coexistido (sin integrarse) el Perú de la costa y el de la sierra, el Perú blanco y el Perú indígena, plasmándose una ficción política de uniculturalismo en desmedro de una realidad pluricultural, realidad que se hace patente en la literatura peruana, desde Vallejo hasta Arguedas y Vargas Llosa. Si convenimos que la cultura es el soporte de los procesos de identidad y autoimagen de una sociedad, no resulta extraño que en el pasado en el Perú se haya dado una patología que podría calificarse como de esquizofrenia, que dio lugar a fenómenos como el milenarismo indígena y Sendero Luminoso. La contradicción entre ambas lógicas ¿es acaso histórica o permanente? ¿Data del comienzo de la modernidad, de la época renacentista y del pensamiento de Maquiavelo? ¿O es acaso fruto del iluminismo del siglo XVIII y de la Revolución Francesa? ¿O se trata de una contradicción que se hace presente solo en el siglo XX, en regímenes que conciben a la política como una suerte de ingeniería social? La mirada al pasado indica más bien que la lógica instrumental es inherente al ámbito del poder y, que por lo tanto, está presente en la política desde siempre, pero con gradualidades y diferencias. En efecto, el Renacimiento en el siglo XV, las concepciones teleológicas de la utopía ilustrada en el siglo XVIII y las revoluciones socialistas, y la massmediatización de la política en el siglo XX son hitos en un proceso de creciente secularización de la política.

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Un proceso a través del cual la esfera de la acción política se ha ido separando de otras esferas, para convertirse en una especie de técnica en que importan más los resultados que los medios y los procedimientos. Resulta por ende comprensible que la lógica propiamente política se haga patente de modo más descarnado a partir de cada uno de estos hitos. Con respecto a la contradicción delineada, cabe advertir el peligro de una visión maniqueísta que equipare la política al mal o a lo demoniaco, y la cultura al bien. Precisamente, la historia muestra que lo negativo reside en la distancia y el desencuentro entre ambas lógicas. Un distanciamiento y unilateridad que se propicia a veces también desde la esfera de la cultura. En efecto, las ortodoxias y desencuentros se dan desde ambas lógicas, como lo muestran las posturas que propician el purismo o fundamentalismo cultural en países con alta población indígena.

e) El caso de Chile A diferencia de otros países de la región (como Brasil, Paraguay o Bolivia) se puede constatar en el caso chileno un déficit de espesor cultural de origen étnico, demográfico y migratorio. Se advierte, además, que la identidad nacional y las energías culturales han sido a lo largo de su historia en gran medida un vagón de cola de la política, y que ésta y la práctica social son las que han generado los procesos identitarios y la autoimagen de la nación, y no las dinámicas étnicas culturales como ha ocurrido en otros países del continente. Tal diagnóstico explica que Chile todavía (a comienzos del siglo XXI) sea un país en el que por razones históricas de nexos y hegemonías, las diferencias culturales de base étnica o demográfica no se han potenciado, en que los diversos sectores culturales regionales que integran la nación no se han convertido en actores culturales a plenitud (lo que significa que desde cierto punto de vista aun no la integran). No es casual que en el Chile contemporáneo no exista ningún gran narrador transcultural de presencia internacional, al modo en que lo son Miguel Ángel Asturias en Guatemala, José María Arguedas en Perú, Augusto Roa Bastos en Paraguay o Jorge Amado en Brasil. El que en el país no haya habido -en términos comparados con otros países- interculturalidad, se debe a que la nación y la identidad nacional

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de las ideas y de la cultura en

Chile

se han construido básicamente desde la vertiente ilustrada y desde el centralismo del Estado, a partir de la política y de la práctica partidaria y social que emana desde ella. Es desde allí que se han generado los flujos de energía y los momentos más dinámicos en la historia de la cultura y el arte del país. Así ocurrió con la generación de 1842 en el siglo XIX, o con el proceso que se expresa en el Frente Popular y en los gobiernos radicales en la década de 1930, proceso en que se genera el movimiento cultural que se conoce como la generación del 38. La dinámica del Frente Popular no solo se expresa en las distintas áreas artísticas sino también en la propia organización de la cultura, una organización que desde el Estado posibilita la modernización y desarrollo de la cultura de elaboración artística, autonomizándola respecto al tutelaje y gusto oligárquico, fenómeno que fue en gran medida posible por la consolidación de las disciplinas artísticas al interior de la institucionalidad estatal y, en particular, en las universidades públicas. Al instalarse el teatro, la música y la plástica en el sistema universitario se aseguraron no solo recursos humanos y materiales para su producción y posibilidades inéditas de creación, sino también sólidas condiciones para su reproducción, basadas ahora en una profesionalización garantizada por el Estado 6. En cuanto a la producción cultural en la década de los sesenta, los proyectos de emancipación política -la revolución en libertad propiciada por el gobierno de Eduardo Frei Montalva y el proceso de la Unidad Popular encabezado por el gobierno de Salvador Allende- van a tener una enorme repercusión en las más variadas expresiones artísticas y de la industria cultural. Fenómenos como la Nueva Canción Chilena, el muralismo y el arte público, la masificación del libro a través de Quimantú, el nuevo cine chileno al amparo de Chile Films, los intentos de darle un sendero ilustrado a la cultura de masas con experiencias como las revistas Paloma y Cabro Chico, o el propósito de “enseñar a leer” el Pato Donald y las revistas de Walt Disney, llevado a cabo por Ariel Dorfman y Armando Mattelart, son todos fenómenos en que las energías culturales están accionadas y movilizadas por el proceso político. Por otra parte, en cuanto a pensamiento político, el ideario marxista -en sus distintas

6 Véase al respecto Documentos de Trabajo, CENECA, Santiago, entre 1983 y 1990, sobre las transformaciones del sistema cultural chileno en el siglo XX.

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variantes- tuvo una importante proyección en la historiografía, en el arte y en las ciencias humanas y sociales del período. En síntesis, todo lo señalado hasta aquí nos permite vislumbrar la productividad que implica abordar las ideas y la cultura, desde el punto de vista de la relación entre política y cultura en sus distintas alternativas.

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CAPÍTULO I IMAGINARIOS POLÍTICOS DE TRANSFORMACIÓN

Instalación de un imaginario bipolar En la actividad política chilena, durante gran parte del siglo XX operó un imaginario de transformación de la sociedad. Imaginario que (en sus disyuntivas) fue paulatinamente imponiéndose, y dejó su impronta en los más diversos órdenes de la vida política, social, intelectual y cultural del país. En términos del sentido común, este imaginario puede describirse como el de una época en la cual se concebía y se aceptaba que el mundo podía ser cambiado, pero que para cambiar la realidad había que tener una idea o un proyecto, y eso se realizaba a través de la política7. Nos proponemos rastrear la instalación en el espacio público de este imaginario en la década del Centenario y en el primer gobierno de Arturo Alessandri Palma. También su vigencia entre 1930 y 1973. Más que definir dicho imaginario en abstracto, interesa perfilarlo y examinar tanto su instalación como sus momentos de tensión y convergencia a lo largo del siglo XX.

a) Del liberalismo al reformismo Al estudiar con cierto detalle el periodo que va de 1915 a 1925 y resaltar el discurso de Alessandri, no nos interesa emitir un juicio ni hacer la apología del mandatario, sino simplemente mostrar su rol en la instalación

7 Manuel Antonio Garretón, “La revolución como contenido sin método revolucionario”. Rodrigo Baño (editor), La Unidad Popular treinta años después, Santiago de Chile, 2003.

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de un imaginario político bipolar de transformación social, poniendo de relieve su acción como comunicador. En el ámbito del republicanismo laico y liberal en que se formó, Arturo Alessandri Palma (1868-1950) fue, desde joven, un político sensible -en la perspectiva de la elite- a los problemas que afectaban a los trabajadores. Su tesis para graduarse de abogado en la Universidad de Chile (1893) versó sobre las viviendas obreras. Siendo diputado liberal por Curicó, fue uno de los pocos parlamentarios que condenó la matanza de Santa María de Iquique. En 1913, siendo Ministro de Hacienda, hizo una propuesta tributaria con un claro sesgo de justicia social. Por un lado, fue sensible a un movimiento socio cultural por los cambios, del que participaron en la década del Centenario estudiantes y trabajadores; pero por otro, no fue del todo ajeno a la concupiscencia que caracterizó a la política en esos años8. Documentos y cartas fechadas en 1908-1909 muestran que utilizó su cargo para negocios personales vinculados al salitre9. Siendo diputado, se benefició del cohecho y de las lacras que caracterizaron al parlamentarismo oligárquico en las primeras décadas del siglo. Si bien la historiografía discute si hubo o no transformación del ideario alessandrista durante su campaña para ser electo senador por Tarapacá (1915), en la que se ganó el apodo de león, sí hay acuerdo en afirmar que a pesar del ambiente de amenazas y violencia en que ésta se llevó a cabo, fue una elección distinta, en el sentido de que cada voto contó y que el triunfo de Alessandri fue un triunfo contra el cohecho y el caciquismo, representado en la zona por el senador liberal balmacedista Arturo del Río10. Por otra parte, si bien en 1915 Alessandri no politizaba todavía -como lo hará en 1920- la cuestión social, algunos periódicos, como La Provincia, del Partido Radical, lo posicionaban ya como un representante de las aspiraciones obreras, resaltando la

“Las diputaciones y senaturías tenían un precio, y la política era una especie de sport, como las carreras de caballo o la vida social”. Carlos Keller, Un país al garete, Santiago de Chile, 1932. 9 Mario Valenzuela Lafourcade, Cartas en sótano de embajada: Arturo Alessandri Palma 1908-1909, Santiago de Chile, 2006. 10 Verónica Valdivia, “Yo, el león de Tarapacá. Arturo Alessandri Palma”, Historia, N°32, Universidad Católica, Santiago de Chile, 1999. Julio Pinto y V. Valdivia, ¿Revolución proletaria o querida chusma? Socialismo y Alessandrismo en pugna por la politización pampina (1911-1932), Santiago de Chile, 2001. 8

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condena que realizó en 1907 a la matanza de Santa María de Iquique11. Aun cuando respecto a su candidatura y a la elección misma hubo en la prensa de Tarapacá posturas discrepantes12, no cabe duda de que sectores oligárquicos de la capital percibieron su triunfo como una amenaza a los modos tradicionales de hacer política controlados por la oligarquía. La experiencia de Tarapacá, y el contacto directo con un movimiento de trabajadores que vivía una “politización desde abajo”13, surgida de las condiciones laborales en la pampa salitrera y de la apropiación de ideologías de redención social, incidió en los rasgos que fue adquiriendo el discurso de Alessandri luego de 1915. El triunfo de Alessandri en 1915 y su agenda de cambio representaron, entonces, la apertura de un horizonte de confrontación al interior del parlamentarismo y de la propia elite. En 1918, siendo Ministro del Interior, dirigiéndose a miembros del Partido Conservador, les advertía: “No crean sus señorías que pueden contener la evolución histórica por que atraviesa la República en estos instantes… ¡Vano intento! … No habrá hombre que pueda hacerlo, ni partido que lo consiga, porque abriendo las páginas de la Historia, se encuentra que el propósito evolutivo y avance de las ideas, no respeta vallas ni se detiene jamás”14.

11 La Provincia, Iquique, 22-1-1915, “Alessandri hará repercutir en el seno de la alta cámara hasta el más humilde de los clamores que el dolor o la miseria arranquen al pueblo trabajador en esta apartada provincia”. El periódico, dirigido por Víctor Domingo Silva, lo presenta como el campeón de “la regeneración social y política”. La provincia, Iquique, 3-3-1915, editorializa sobre el carácter moderno de estas elecciones en que el voto es una herramienta para derribar un régimen oprobioso y recuperar la libertad y los derechos legales de los trabajadores. 12 En La Patria, Iquique, 20-1-1915 y en El despertar de los trabajadores, Iquique, 1 y 2-1915, el Partido Obrero Socialista (dirigido por L. E. Recabarren) señala que ambos candidatos, Alessandri y del Río, son iguales: “de la misma clase y condición. De la clase capitalista y explotadora del pueblo”. Del candidato de la Alianza dice: “18 años diputado por Curicó… nadie le conoce ninguna labor por el pueblo ni por el progreso”. Luego del triunfo de Alessandri, El despertar de los trabajadores, Iquique, 9-3-1915, señaló: “Una vez más se ha impuesto la fuerza del dinero ante el socialismo”. Este medio habla de “feria electoral en vez de elecciones”. 13 “La acción obrera de la provincia de Tarapacá… se desarrolla bajo el alero de Luis Emilio Recabarren entre 1911 y 1915”, politización que responde “a impulsos provenientes del propio mundo popular”, y que fue “una expresión básicamente autónoma de politización”. Julio Pinto y V. Valdivia, op. cit. 14 Augusto Iglesias, “30 años de política chilena”, Zig-Zag, Nº 1566, 29 de marzo, 1935.

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En la campaña de 1920 y durante su primera presidencia, esta confrontación adquiere plena visibilidad. Las ideas y el discurso de Alessandri experimentan una transformación y él mismo será un actor comunicacional exitoso, que convoca a las masas y que ejerce una “politización desde arriba”. “El candidato -escribe Carlos Vicuñadespertaba un delirio amoroso, un misticismo decidido y creciente… una fe búdica. La oligarquía se asustó”15. Su discurso en defensa y dignificación del mundo del trabajo se conjuga con la “politización desde abajo” y con el discurso de “emancipación de los trabajadores”, que venía dándose, fundamentalmente vía Luis Emilio Recabarren y la prensa obrera, desde comienzos de siglo. Son dos opciones contrapuestas, pero que en determinadas instancias, como veremos más adelante, convergen y se complementan. Y no es casual que así ocurra, considerando algunos antecedentes de la trayectoria del movimiento popular y el trasfondo conceptual común (el pensamiento ilustrado y liberal) que subyace a ambas vertientes de pensamiento. Haciendo la cronología del movimiento popular, Sergio Grez distingue tres momentos en su desarrollo: el primero “hunde sus raíces -dice- a mediados del siglo XIX cuando algunos artesanos y obreros levantaron un ideario de regeneración del pueblo, en base a una lectura avanzada y popular de los postulados liberales”16. Ideario laico y democrático, que tenía más bien un carácter de cooperación y no de lucha de clases, lo que en la práctica se expresó en el mutualismo y en organizaciones de tipo asistencialista. Un segundo momento, que corresponde a la “politización desde abajo”, se da desde fines del siglo XIX y comienzos del XX, con un ascenso del movimiento obrero, con la apropiación de las ideologías de redención social, y con una metamorfosis en la doctrina, lo que se expresa ya en las primeras décadas del siglo XX en la idea de “emancipación de los trabajadores” y “en el surgimiento del sindicalismo y la adopción por parte del movimiento obrero y popular de los nuevos credos de liberación social”: “anarquismo” y “marxismo”. Con todo -dice

Carlos Vicuña, La tiranía en Chile, Santiago de Chile, 1928. Sergio Grez, De la “regeneración del pueblo” a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890), Santiago, 1998, y “Salvador Allende en la perspectiva histórica del movimiento popular chileno”, Universum, Nº 19, 2, Talca, 2004. 15 16

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Grez- a pesar de la mutación, un tronco de tipo ilustrado y regenerativo representó una cierta continuidad entre esas dos fases o momentos del movimiento popular17. La tercera fase, a partir de 1930, corresponde a una etapa en que el movimiento popular inserto en la sociedad civil pasa a ser mediatizado por los partidos de izquierda y opta por incorporarse al juego político institucional, “retomando -después de algunas veleidades rupturistas- un transitar más evolutivo y parlamentario, viraje que en la práctica se va a concretar en sucesivas alianzas que van desde el Frente Popular pasando por el Frente del Pueblo, el Frente de Acción Popular o FRAP y finalmente la Unidad Popular”18. Algunos estudiosos le han conferido a la transformación de Alessandri el carácter de oportunismo y demagogia19, señalando que su discurso no siempre fue coherente con su acción. Sus ideas y su habilidad comunicativa están, empero, ampliamente documentadas, y son -durante su primer gobierno- consistentes en sí mismas y con respecto a las circunstancias que vivía el país. Cabe recordar la organización y avance que durante las dos primeras décadas alcanzaban los sectores obreros, sobre todo en el centro y norte del país, así como también las presiones sociales que esa expresión por las transformaciones y los cambios generó. Desde antes de 1900, en Iquique y otras ciudades, las organizaciones mutualistas de carácter asistencialista van dando lugar a sociedades de resistencia, a sindicatos y a mancomunales. Unas 200 huelgas, entre 1902 y 1908 -casi la mitad victoriosas- evidencian un fuerte crecimiento del movimiento sindical. Los gobiernos parlamentarios se declaran al margen de los conflictos de los trabajadores, pero de hecho intervienen regularmente, y con brutalidad, tal como lo evidencian los sucesos de Valparaíso, en 1903; de Santiago, en 1905; de Santa María, en Iquique, en 1907; y de Punta Arenas, en 192020. Las organizaciones de obreros no solo se preocupan del tema salarial, sino que también de la formación moral y educativa

17 Sergio Grez, “Salvador Allende en la perspectiva histórica del movimiento popular chileno”, op. cit. 18 Ibíd. 19 Ricardo Donoso, Alessandri, agitador y demoledor. Cincuenta años de historia política de Chile, México, 1952 y 1957. 20 Citamos y resumimos a Hernán Loyola, Neruda. La biografía literaria, Santiago de Chile, 2006, y a Simon Collier y William E. Sater, Historia de Chile 1808-1994, Madrid, 1998.

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de los trabajadores. Paralelamente, el país vive la crisis del desgobierno y de la dominación oligárquica, asunto que desde el Centenario venía siendo tematizado en la prensa y el ensayo. Es en este contexto de producción que hay que situar el discurso de Arturo Alessandri. Resulta difícil, por lo tanto, aceptar la perspectiva de Gabriel Salazar, quien, desde un fundamentalismo abajista, concibe su emergencia únicamente como la de un caudillo que ahogó a la sociedad civil de la época21. Hacia 1917, al amparo de la revolución rusa, debatiéndose entre el evolucionismo de la tradición asistencialista y la perspectiva de cambio de algunas mancomunales y sindicatos, los sectores obreros viven un salto en número y combatividad (con más de 130 huelgas entre 1917 y 1920). En 1918, la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional consigue realizar en Santiago y otras ciudades enormes manifestaciones de protesta. El gobierno responde con medidas represivas que culminan, en febrero de 1919, con el estado de sitio por dos meses en Santiago y Valparaíso. La movilización popular, sin embargo, no cede. Son años en que el movimiento obrero es ya un actor permanente en la escena política. En 1920, aunque silenciado por la prensa, Luis Emilio Recabarren fue, junto con Barros Borgoño y Alessandri, uno de los candidatos a la presidencia. Son años de crisis de la industria del salitre y de las arcas fiscales. En las ciudades más importantes: Santiago, Valparaíso, Concepción e Iquique, fenómenos como la urbanización, la migración campo-ciudad, la industria cultural (revistas, cine-mudo y, más tarde, la radio) permiten hablar de una incipiente cultura de masas. En este contexto hay que situar la transformación del discurso de Alessandri, su contacto con la “politización desde abajo” en Tarapacá, su impacto masivo en la década del veinte y su tránsito desde un liberalismo oligárquico a un reformismo estatista de tinte socialdemócrata, con rasgos de paternalismo social22.

21 Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia de Chile Contemporáneo, Volumen I, Santiago de Chile, 1999. 22 El Código del Trabajo que impulsó Alessandri siguió las recomendaciones de la Conferencia de la “Internacional Labor Office”, 1919, que a su vez fue influenciada por las ideas socialdemócratas, “Seven articles on South America”, Fortune, New York, 1937.

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La elección de 1920 “Hannibal Ad-Portas”, advierte en tono de amenaza un aviso en la primera página de El Mercurio de Santiago en abril de 1920, apuntando lo que significaría para el país la elección del recién nominado a la presidencia de la República por la Convención de la Alianza Liberal, integrada por los Partidos Liberal, Radical y Demócrata. Los 1.230 convencionales asistentes eligieron candidato por 810 votos en segunda vuelta al senador por Tarapacá, Arturo Alessandri Palma. La advertencia, que rememora el peligro de Hannibal cruzando los Alpes, va acompañada de una denuncia que ocupa un cuarto de página: “El político que se ha paseado -dice- por el país como el programa viviente de las envidias regionales, de los odios de clases y de las más avanzadas tendencias comunistas, encarna hoy también las aspiraciones de la Alianza Liberal. Toca a los hombres de bien de todos los credos políticos agruparse en torno a los vitales intereses del país gravemente amagados. Pueden contribuir aun a dominar la roja marea de la anarquía y el maximalismo añadiendo su esfuerzo a la labor patriótica de la Unión Liberal que lucha por poner diques a sus avances destructores. ¡Hombres de Orden: se trata de los supremos intereses nacionales, de vuestra propia y personal seguridad! ¡Corred a defenderla!”23.

Todo indica que el aviso -que apareció sin firma responsable- fue obra de la Unión Liberal integrada por los Partidos Conservador, Nacional y un sector liberal. Fue pensado y preparado, por ende, con antelación a los resultados, con apoyo del periódico y del sector de la elite que percibía al nominado como una amenaza24. Poco antes de que Alessandri fuera ungido Presidente, en un encuentro casual con su mentor político Fernando Lazcano (Alessandri fue diputado por Curicó y Vichuquén a los 30 años, en 1898, y reelegido en 1900,

El Mercurio, Santiago de Chile, abril, 1920. Durante la campaña, la Unión Liberal y la Alianza arrendaron espacio en el periódico. Agustín Edwards Mc Clure, propietario, orientó, desde Londres, una política editorial receptiva a Alessandri, lo que motivó la renuncia de Joaquín Díaz Garcés, quien ocupaba entonces un importante cargo en el diario. El aviso apareció el 26 de abril, al día siguiente de la convención, junto con un llamado a inscribirse en la Unión Liberal. 23 24

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1904 y 1908), el patriarca liberal le enrostró que en los últimos años había desoído sus consejos: “usted ahora -le dijo- es un bolchevique y hará Gobierno sovietista, del que yo abomino, y por eso le combatiré con las pocas energías que me quedan”25. Pero no solo los sectores más conservadores percibieron en Alessandri una propuesta de transformación de la sociedad, también algunos sectores que formaban parte del movimiento sociocultural por los cambios en la década del Centenario26. De hecho, Alessandri recibió en 1920 el apoyo formal de distintas agrupaciones de trabajadores: en Antofagasta e Iquique se llegó a formar un Comité Obrero Ejecutivo a favor de su candidatura. En el periódico obrero El Socialista de Antofagasta (9 de mayo, 1920), Luis Belsen, refiriéndose al discurso de proclamación del candidato, señalaba que “el político liberal reconoce el movimiento maximalista que agita de un ámbito a otro el universo… (El) candidato… ha sabido interpretar el sentimiento del proletariado, dándole esperanzas de conseguir lo que constituye su anhelo más vivo: la transformación del régimen rancio de hoy por otro más adecuado al sentir que palpita en el alma del proletariado universal”.

¿Qué representaba y qué representó Alessandri entonces para el parlamentarismo y el orden oligárquico? ¿Y para el mundo de los trabajadores? ¿Se proponía, acaso, transformar el orden existente en sus fundamentos, como pensaban Fernando Lazcano y Luis Belsen? ¿Buscaba derrocar el Estado burgués y construir en su lugar un Estado de obreros y campesinos? ¿Era el suyo -como sostenían quienes le atacaban- un discurso “maximalista”, que obedecía a una estrategia de revolución social? Y si no lo era ¿cómo se explica que haya sido percibido como tal? Conciliación entre capital y trabajo Durante su primer mandato, entre 1920 y 1925, las matrices estructurantes del pensamiento de Alessandri son básicamente cuatro: integración social

Ricardo Donoso, op. cit. Véase Bernardo Subercaseaux, Historia de las ideas y la cultura en Chile, El Centenario y las vanguardias, Santiago de Chile, 2004, caps. 3 a 13. 25 26

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sobre la base de la armonía entre capital y trabajo; evolucionismo de connotaciones organicistas y biológicas; instauración de un nuevo orden social y ampliación de la democracia. En sus cartas y discursos, Alessandri una y otra vez se refiere a la dualidad capital-trabajo. En telegrama a la Asociación de Productores de Salitre, en enero de 1921, señala: “Espero que en la amistosa insinuación que me permito hacerles no vean otro propósito que el cordial sentimiento de armonía y mutua cooperación que deseo ver entre el capital y trabajo, mientras se dicta la legislación que resuelva estos asuntos”27. Algunos días más tarde, en “Carta a sus Ministros”, también en enero de 1921, les dice: “los problemas sociales van adquiriendo entre nosotros caracteres de excepcional gravedad, no admiten ya más… dilación… Es absolutamente necesario que se dicten reglas fijas para producir la armonía sincera y definitiva entre el capital y el trabajo, única base sólida y eficaz de la paz y del orden social”. Cuando Alessandri habla de trabajo se refiere a los obreros, a la clase asalariada, a la que percibe -junto con la clase media- como activos del progreso, como actores sociales de la vida moderna, no a los campesinos, a los que raramente menciona. Percibía a los obreros como símbolo del mundo del trabajo, portadores de una identidad de autonomía y rebeldía, mientras los campesinos seguían anclados en una identidad de subordinación. La propuesta de armonía entre capital y trabajo supone que, a pesar de una relación antitética, ambos se necesitan en función de la consolidación del país. Para Alessandri, patrones y obreros tienen derechos y deberes que el Estado debe garantizar y arbitrar. Es el mundo del trabajo, sin embargo, el que debe recibir la mayor ayuda a través de una red de protección social. “Es deber del Gobierno -dice en 1920proteger y amparar al proletario, que es (en la relación laboral) el (más) débil, sin herir fundamentalmente los derechos del patrón, así lo exige la riqueza pública y la tranquilidad social”28.

27 El presidente Alessandri y su Gobierno. A través de sus discursos y actuación política, Santiago de Chile, 1926 (compilación sin autor). 28 Discurso de proclamación 25 de abril, 1920. El Mercurio, Santiago de Chile, 264-1920.

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Durante su presidencia, deviene en política de Estado la noción según la cual la mediación entre patrones y obreros y la regulación jurídica de las condiciones laborales, constituían la única vía para evitar la revolución. Una de sus mayores preocupaciones fue el Código del Trabajo que presentó al Parlamento en su primer año de gobierno y que solo consiguió que se promulgara varios años más tarde29. En ocasiones, como Jefe de Estado, ejerció una acción mediadora, impulsando el diálogo y el arbitraje en la solución de conflictos laborales. El primer gobierno de Alessandri también tuvo, sin embargo, responsabilidad en la represión: persiguiendo y obstaculizando algunas movilizaciones anarquistas, estudiantiles y de trabajadores. Discursivamente, empero, el Presidente retomaba rápidamente su papel de protector y mediador, ratificando a la legalidad como único marco posible para canalizar las demandas sociales. La historiografía más reciente ha morigerado su juicio sobre su responsabilidad en las matanzas de San Gregorio (1921) y en La Coruña (1925), no así en la del Seguro Obrero (1938); también, su juicio sobre la relación con quien representó en la época una opción revolucionaria antitética a la suya: Luis Emilio Recabarren30. Alessandri planteó la necesidad perentoria de armonizar intereses, a los que reconocía como contrapuestos y de clase. Percibía a la sociedad como un organismo conformado por patrones y trabajadores, ricos y pobres, y con solo dos caminos posibles por seguir: la lucha o la conciliación, inclinándose su propuesta claramente por esta última vía. Evitar la revolución fue un objetivo estratégico de su pensamiento político. Utilizando sus dotes oratorias adecuaba su discurso a las distintas audiencias, pero manteniendo siempre la misma idea matriz. Aun cuando en las convenciones liberales de 1907 y 1913, y en un proyecto de ley de

29 “Mi primera preocupación fue la dictación del Código del Trabajo… presenté un proyecto en que se consultan todas las aspiraciones del proletariado… en el mensaje del año 21 pedí que se activara el despacho de este Código, insistí sobre este punto el año 22, clamé e imploré por su pronta aprobación en el mensaje de este año y hasta ahora no se ha despachado por el Congreso ni una sola ley social” (“Discurso ante el pueblo”, noviembre, 1923). El presidente Alessandri y su Gobierno. A través de sus discursos y actuación política, op. cit. 30 Julio Pinto y V. Valdivia, ¿Revolución proletaria o querida chusma?, op. cit; Floreal Recabarren, La matanza de San Gregorio, 1921: Crisis y tragedia, Santiago de Chile, 2003. Según este autor, Recabarren fue más bien parco en la condena del gobierno de Alessandri respecto a las dos matanzas.

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1910 del diputado Manuel Rivas Vicuña, se hizo presente el discurso de la armonía, los términos que utiliza Alessandri son poco frecuentes en el lenguaje de la elite liberal. “Capital”, “trabajo”, “clase asalariada” son voces que pertenecen de preferencia al léxico de la prensa obrera, de las mancomunales, del Partido Demócrata y Socialista (o Comunista, a partir de 1922). Un texto de Recabarren sobre trabajo y capital utiliza el mismo léxico y campo semántico que Alessandri, pero para plantear precisamente lo contrario: que la armonía entre capital y trabajo es un imposible31. Un texto en prosa de Pablo Neruda, de 1921, permite asomarnos a las connotaciones semánticas que tenía entonces el término “capital”: “Sé de tu vida febril -le dice Neruda al obrero- de la cama a la calle, de ahí al trabajo… Nosotros lo llamamos explotación, capital, abuso. Los diarios que tu lees en el tranvía… lo llaman orden, derecho y patria”32. Sergio Grez, estudiando los mecanismos de conciliación y arbitraje en el movimiento popular en Chile, entre 1890 y 1924, concluye: “Aunque la aspiración a la revolución estuvo presente en el imaginario de vastos sectores populares durante el primer cuarto del siglo XX, sus asideros ideológicos eran más bien débiles. Bastaba un sustantivo cambio de política desde el Estado respecto de la ‘cuestión social’ o el surgimiento de un caudillo populista (como Alessandri Palma), para que los mismos segmentos de trabajadores transitaran desde posiciones revolucionarias a posturas proclives a la integración y la cooptación”33.

En el mundo del trabajo de Tarapacá y Antofagasta, entre 1915 y 1925, en la competencia entre las dos alternativas, lideradas una por Alessandri y el Partido Radical y la otra por Luis Emilio Recabarren, el Partido Obrero Socialista, la FOCH y la prensa obrera, se da una oposición discursiva, pero también un traspaso de votos e incluso un pacto que permitió que Recabarren fuese elegido diputado con el

31 Luis Emilio Recabarren, Recabarren: escritos de prensa [1898-1924]. Recopiladores: Ximena Cruzat, Eduardo Devés, Santiago de Chile, 1985-1987, 4 tomos. 32 Hernán Loyola, Neruda. La biografía literaria, op. cit. 33 Sergio Grez, “¿Autonomía o escudo protector? El movimiento obrero y popular y los mecanismos de conciliación y arbitraje (Chile, 1890-1924)”, Historia, 35, Santiago de Chile, 2002. El resaltado es nuestro.

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apoyo de la Alianza Liberal (que incluía entonces a los Partidos Liberal, Radical y Demócrata). Históricamente, por ende, tanto en Chile como en otros países, la confrontación entre ambos polos incluyó también desplazamientos y momentos de fluidez34. Alessandri no pretende cambiar los fundamentos del sistema, pero sí corregir los defectos que ponen en riesgo la cohesión del “organismo social”. Evolución para evitar la revolución, reforma como opción alternativa a la revolución, y también viceversa. Revolución con minúscula (cambios dentro del orden) frente a Revolución con mayúscula (nuevo sistema social). La propia formulación y la persistencia de las disyuntivas indican que ambos caminos están interconectados, que tienen aspectos que los vinculan (rol protagónico del Estado, desarrollo económico hacia adentro) y otros que los separan y oponen (los grados de transformación de la sociedad). Desde los días de Alessandri, la reforma como proyecto y utopía va a tener como sombra a la revolución; a su vez, la revolución, como proyecto y utopía, va a oscilar con frecuencia hacia la reforma. Oposición y lucha entre los dos polos, pero también imbricación, movimiento pendular y un mapa conceptual común desplazándose de un lado a otro en el movimiento social y en los partidos. Biologismo y organicismo Alessandri jamás utilizó el concepto “socialismo” para identificar sus ideas, a pesar de que en las primeras décadas, en la tradición reformista, uno de sus usos europeos hacía equivalente “socialismo” a “toda aspiración que tiende al mejoramiento de la sociedad”35. Percibía su programa como uno de “redención y renovación”, y a sí mismo como un “redentor social”, dentro de la tradición del organicismo de Spencer y del sicólogo social Gustave Le Bon. En una carta de 1922, a propósito de la necesidad de reformar la Constitución y volver a un régimen presidencialista, le dice a

34 Véase al respecto Julio Pinto y V. Valdivia, op. cit. Cabe señalar que Pinto y Valdivia realzan la competencia y oposición entre estas alternativas, pero también dan datos que avalan el movimiento pendular. 35 La frase es de Joseph Proudhon (1809-1865). Considerado por algunos marxistas como el ideólogo de la pequeña burguesía, Proudhon, en un momento de la lucha contra Luis Napoleón, propició una alianza de sectores medios y proletarios. Mermeix, El socialismo, París, 1907.

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su interlocutor: “una ley biológica irresistible impone fuerzas dinámicas poderosas a todos los organismos en el sentido de adaptar sus funciones a las necesidades orgánicas de su crecimiento y conservación”36. Esa ley de connotaciones biológicas y organicista, que le dio densidad intelectual a su sensibilidad social es la que está en el trasfondo de su propuesta de reforma. Así se lo hizo ver a Gustave Le Bon cuando en 1924, en su alejamiento obligado de Chile, lo visitó y cenó con él en París. El organismo social chileno requería, para sobrevivir y crecer, evolucionar; reformarse era una necesidad biológica. El uso de términos como “desbordes subversivos” para referirse a las posturas anarquistas, o “funcionamiento atrofiado” para referirse al Parlamento, además de frecuentes alusiones con connotaciones darwinistas o eugenésicas (habla de “la virilidad y energía de nuestra raza, forjada en la lucha”) revela también esta filiación biologista37. Cuando el organismo social está maduro deben hacerse las transformaciones necesarias pero conservando el “orden”. Se trata de una propuesta organicista de reforma, muy diferente al proceso de emancipación o revolución. Su concepción organicista, evolucionista y teleológica de la historia alimenta su crítica a la revolución y a posturas maximalistas que implicaban, según su punto de vista, la destrucción de la sociedad, a la que percibía como un organismo que debía cambiar pero sin trastornos. “Trastorno” en el sentido biológico de ruptura, de mutación, de salto abrupto o impedimento en el curso natural de un proceso evolutivo38. En diciembre de 1923, en una gira por la zona sur del país, Alessandri pronunció un discurso con claras connotaciones biologistas:

Carta al Sr. Roberto Espinoza (30-11-1922), El presidente Alessandri y su Gobierno, op. cit. 37 Véase discurso pronunciado el 12-10-1923, en El presidente Alessandri y su Gobierno, op. cit. 38 En 1920, Alessandri decía: Presiento “que el país” ha “llegado a un período histórico” en que sonó “la hora de una grande y trascendental evolución. El estudio de la historia me” ha “enseñado que toda evolución” (o reforma) “que se retarda, impone la revolución y el trastorno”. Carta s/fecha, probablemente de 1924, en El presidente Alessandri y su Gobierno, op. cit. 36

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“Entre las clases trabajadoras -dijo- hay unos pocos espíritus perturbados que desean la revolución social y yo os debo decir con toda franqueza que la desorganización social es un mal para la República porque la vida es un conjunto de células movidas a impulsos de leyes biológicas... La dislocación del orden social sin tener con qué reemplazarlo por otro, significaría la disgregación de las células, la muerte del país. Por eso yo no acepto la revolución social. No por temor, puesto que mis ideas en esta materia son avanzadas”39.

De hecho, la concepción evolucionista de la historia que sustenta Alessandri es, en su perspectiva teleológica y determinista, prima hermana del marxismo, hijos ambos del organicismo y del materialismo decimonónico. En el pensamiento de Alessandri se mezclan, entonces, el ideario positivista, biológico y social-darwinista del siglo XIX, con el imaginario moderno de transformación social. La idea de evolución implicaba cambios orgánicos y pacíficos, en oposición a la violencia y a los trastornos, se trataba de seguir -como decía el tribuno- el camino laico de la fraternidad y no del odio. Es dentro de esta línea de pensamiento, y en un escenario de integración para la cohesión social, que Alessandri buscaba reformar la Constitución y el sistema político del país, para construir un orden distinto, pero dentro de la modernización capitalista. El nuevo orden “Mi llegada a La Moneda significó -decía Alessandri- el fin de un régimen y el comienzo de otro”40. ¿A qué apuntaba el Presidente cuando suponía el término de un antiguo orden? Pensaba fundamentalmente en un cambio de dirección de la sociedad con respecto a lo ocurrido en los últimos cien años, en un cambio sustantivo en la política chilena, integrando a nuevos actores sociales al gobierno y al Estado, pero no en un cambio de sistema.

39 El alma de Alessandri (“Cuatro discursos clamorosos”), Santiago de Chile, 1925. El resaltado es nuestro. 40 “Discurso”, El Alma de Alessandri (“Cuatro Discursos Clamorosos”), Santiago de Chile, 1925. En varias oportunidades se refirió de esta manera a la significación histórica y trascendental de su gobierno, calificando al pasado de ancién règime, uso similar al que se hacía para referirse a la monarquía durante la Revolución Francesa.

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En una carta a un tal profesor Troesi, de Rosario, Argentina (enero de 1924), Alessandri le dice: “Durante toda nuestra vida independiente este país fue guiado por una oligarquía, un Gobierno de pocos en beneficio de los pocos que lo constituían. El proletariado”, en cambio, vivió “durante cien años, alejado de las actividades de Gobierno, sin participación alguna en su origen y sin que le alcanzaran tampoco los beneficios y las atenciones a que tenía derecho… La clase media… que es... donde se encuentra el núcleo de la fuerza espiritual y de la inteligencia, vivía también alejada de toda participación en el Gobierno”41.

Alessandri concebía su labor de redención como la manifestación de una fuerza espiritual nueva que buscaba dignificar el mundo del trabajo. Sirviéndose de la libertad que otorga una carta privada, le decía a su interlocutor que tal como en otras épocas de la historia, “las fuerzas tradicionales de este país estuvieron en mi contra: el capitalismo con su poder e insolencias, los bancos, las grandes y poderosas empresas industriales, los clubs sociales, los aristócratas de abolengo, el Gobierno, y finalmente, el Congreso en su mayoría”42. Se trata de un discurso que se hace cargo del movimiento sociocultural de los estudiantes y trabajadores, en la medida en que reconoce la dinámica de la lucha de clases y recurre a expresiones que en tono y contenido se asemejan al discurso revolucionario. Son devaneos antisistema que evidencian una comunidad discursiva en cuanto a campo léxico y semántico, una suerte de intersección y convergencia entre ambos polos. La estrategia de Alessandri es, sin embargo, sincerar las contradicciones (enfatizar el carácter explosivo de la situación), para neutralizar las respuestas extremas y posibilitar los acuerdos, en una perspectiva de reformas parciales43.

“Carta de respuesta a profesor Troesi, de Rosario”, El presidente Alessandri y su Gobierno, op. cit. 42 Ibíd. 43 En su proclamación de 1920 terminó su discurso diciendo: “Señores, ha sido costumbre oír a los que han tenido la honra de alcanzar el honor que ahora vosotros me discernís, que no son una amenaza para nadie. Yo -en cambio- quiero ser una amenaza para los espíritus reaccionarios, para los que resisten toda reforma justa, porque esos son los 41

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Los intereses creados, los poderes fácticos representan para Alessandri el espíritu reaccionario que ampara el privilegio: “son los enemigos de la reforma -dice- y cuando son fuertes y poderosos, la contrarían y la hacen imposible, hasta que el estallido arrasa con todo y (se) la impone por la violencia”44. Para Alessandri, entonces, en última instancia, la causa de la revolución no estaría en “los de abajo” sino en “los de arriba”, por no haber sido capaces de abrir el camino del diálogo y la armonía social. Serían las consecuencias de una modernización en que emergen nuevos actores sociales, que se hacen presentes y demandan los beneficios de la transformación sin que sean atendidos. Su discurso buscaba ampliar el sistema político a los sectores no elitistas de la sociedad, propiciando un Estado benefactor en una estrategia de compromisos y acuerdos. Alessandri también planteó la necesidad de otorgar mayores derechos civiles y mejorar la condición legal de la mujer. En su proclamación como candidato a Presidente, en abril de 1920, señaló: “la mujer carece de toda libertad y vegeta reducida al capricho de la voluntad soberana del marido”. En 1922, siendo Presidente, apoyó el proyecto sobre derechos civiles y políticos de la mujer, elaborado por Amanda Labarca, Delia Rouge y Martina Barros, entre otras45. Se trataba en este y otros aspectos de promover un orden social nuevo pero a través de un cambio pacífico, sin trastornos ni violencia. En varias ocasiones se refirió a los soviets en Rusia como uno de los peores despotismos de la historia. También criticó la estrategia rupturista de Recabarren y del Partido Obrero Socialista; instruyó a sus Intendentes que les “trataran con rigor” y puso desde el gobierno cortapisas a sectores que consideraba “maximalistas” y “subversivos”, como a la Federación de Estudiantes de Chile46. “Se hará el juicio que se quiera de mi Gobierno”, escribió, luego que fue obligado a abandonar el poder, en septiembre de 1924, “pero nadie dejará de reconocer que siempre amparó los derechos y aspiraciones

propagandistas del desconcierto y del trastorno”. “Discurso del candidato”, El Mercurio, Santiago de Chile, 26-4-1920. 44 “Carta s/fecha”, probablemente de 1924. El Presidente Alessandri y su Gobierno, op. cit. 45 Alejandra Castillo, “Una nueva escena: partidos políticos femeninos en Chile”, Mapocho, Nº 67, Santiago de Chile, 2010. 46 Siendo Ministro del Interior, Pedro Aguirre Cerda propició una Federación de estudiantes paralela.

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de la clase media y del proletariado, que forman la inmensa y fecunda mayoría del país”. Concebía su obra como una revolución espiritual a diferencia de la revolución materialista de Rusia47. Un nuevo orden, entonces, pero dentro de uno antiguo. Esta paradoja, el tratamiento con guante blanco a los hacendados y el hecho de que vicios del régimen parlamentario, como la rotativa ministerial, hayan continuado durante su primer mandato, han dado pie para que algunos historiadores hayan percibido a Alessandri como una punta de lanza de la oligarquía, como un recurso cooptativo dirigido hacia los trabajadores para que así la oligarquía, como clase, pudiese seguir manteniendo sus privilegios. Fue -dice Gabriel Salazar- un caudillo populista que ante los embates de la sociedad civil instauró un Estado protector para estabilizar el capitalismo, pero no para transformarlo48. Desde un punto de vista histórico, los elementos de continuidad entre uno y otro orden, no debieran, sin embargo, ser obstáculo para reconocer lo nuevo. De hecho, en cuanto a continuidad, el modelo de la hacienda colonial (que se consolida en el siglo XVII) persistió sobre todo en regiones de escasa sindicalización campesina, como la zona del Maule, hasta por lo menos la década del 60 del siglo XX. Carlos Vicuña, abogado y diputado de izquierda, contemporáneo de Alessandri y uno de los críticos más lúcidos de la época, luego de expresarse negativamente sobre la matanza de San Gregorio y las persecuciones a la Federación de Estudiantes, refiriéndose a su primer gobierno, escribió en 1928 lo siguiente: “A pesar de estas fallas, su Gobierno pasará a la historia, porque durante él se cristalizó la portentosa transformación social de Chile. La democratización fue real: los oligarcas dejaron de tener los privilegios irritantes que guardaban desde antiguo. Hombres modestos de todas las esferas fueron llevados a los más altos cargos administrativos y a las elevadas magistraturas judiciales, y hasta la carrera diplomática,

47 Arturo Alessandri Palma, “Carta a Guillermo Feliú Cruz”, Atenea, Nº 299, Concepción, mayo, 1950. Guillermo Feliú Cruz, “La evolución económica y social de Chile”, Anales Universidad de Chile, Santiago de Chile, 1960. 48 Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia contemporánea de Chile, I, Santiago de Chile, 1999.

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antes feudo cerrado de los hombres y pollos de la aristocracia, empezó a llenarse de hombres salidos de filas más modestas…” 49.

Entendiendo el imaginario como un conjunto de representaciones que se constituye tanto en la esfera de la ideología como también de la cultura y las mentalidades, puede afirmarse que Alessandri, comunicacionalmente, contribuyó a instalar un nuevo imaginario político en el espacio público, a través de un discurso de transformación en el que siempre estuvo presente la disyuntiva reforma y revolución, siempre, sin embargo, con una inequívoca y reiterada opción por la primera. También incidió en el tránsito desde un Estado oligárquico a un Estado mesocrático y de bienestar. Resulta sintomático que en enero de 1925, cuando le solicitaron que regresara desde Europa a concluir su mandato, el telegrama que se le envió fue el siguiente: “Comité Nacional Obrero, formado por la Federación Obrera de Chile, Federación y Comité Ferroviarios, Unión Empleados de Chile, Partido Comunista, Unión Metalúrgica y 14 organizaciones autónomas, han adherido plenamente al nuevo Gobierno y ruegan querido Presidente Alessandri vuelva inmediatamente a reasumir cargo, único medio mantener paz pública y salvar la patria. Momento de gravedad trascendental única en historia de Chile. Usted no puede abandonarnos. Firman Vicuña Fuentes - Hidalgo - Carlos Alberto Martínez - Moyano - Loyola”.

Los que solicitaban su regreso, los Partidos Liberal, Radical, Demócrata y Comunista, y las organizaciones de trabajadores, en definitiva, sectores modernizantes e innovadores de la elite y representantes de la clase media, de los artesanos y del proletariado, constituyen los actores sociales y el referente objetivo al que apelaba el nuevo orden. Son también los mismos que a lo largo del siglo XX darán vida a la disyuntiva reforma o revolución, y a un Estado social como motor del desarrollo.

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Carlos Vicuña, La tiranía en Chile, op. cit.

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Ampliación de la democracia En su crítica al parlamentarismo y al dominio oligárquico, Alessandri siempre se situó en una perspectiva de defensa y ampliación de la democracia liberal y representativa, la que se proponía lograr mediante cambios en el sistema político. Su práctica como candidato que ejerció la “politización desde arriba” formó parte de esa estrategia (estrategia que buscaba romper la apatía popular respecto a la democracia). En la campaña de 1920 y la administración que le siguió, Alessandri, mediante el uso de recursos oratorios (“populistas” según algunos), procuró seducir a un actor social hasta entonces poco permeado por los mensajes oficiales, llevándolo a sentirse partícipe de una empresa “que abarcaba al conjunto de la nación. El éxito logrado en dicha tarea fue lo que en definitiva hizo de Alessandri -según Pinto y Valdivia- un factor clave en la apertura del sistema político chileno durante el siglo XX, estableciendo un lazo de comunicación...”50, con un espectro social amplio. Alessandri, a diferencia de Irigoyen en Argentina y de Leguía en Perú, quienes también se autopercibían como modernizadores, fue un fenómeno comunicacional, un político que formó estados de ánimo y de opinión, el primer presidente que en Chile utilizó la radio como medio masivo, un comunicador de masas en el sentido moderno del término. Las prácticas viciosas del parlamentarismo habían desnaturalizado -decía en 1924- la democracia. Se hacía necesario, entonces, proclamar cambios institucionales que pudiesen sintonizar con los nuevos sectores presentes en el espacio político51. Se requería una nueva Constitución y el cambio de un régimen parlamentario a uno de corte presidencialista. A su regreso de Europa, luego de un breve destierro, Alessandri expresó su pensamiento sobre cómo debía llevarse a cabo la elaboración de una nueva Constitución. El 1 de abril de 1925, en una reunión con personajes del mundo político, se manifestó por un Poder Constituyente de carácter democrático:

Julio Pinto y Verónica Valdivia, op. cit. “La Constitución que nos rige tiene ya cerca de cien años de vida y es estrecha para nuestro progreso y el momento histórico que atravesamos. Ella exige reformas que importen un cambio absoluto de nuestro régimen institucional”. “Carta de respuesta a profesor Troisi, de Rosario” en El presidente Alessandri y su Gobierno, op. cit. 50 51

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“Para mí lo primordial -dijo- es… que nuestras resoluciones se ajusten a la voluntad soberana del pueblo. Esta es la razón fundamental que aconseja la reunión de una Asamblea Constituyente... Ahora bien, mi pensamiento sería que esta Constituyente se formara de dos tercios de elección popular, y el tercio restante con representantes de las actividades de las fuerzas vivas de la nación”: “la Universidad, algunos gremios, las actividades obreras, la Iglesia, el Ejército y la Marina”52.

Coincidía, entonces, con sectores del movimiento popular e intelectual que entre el 7 y 10 de marzo de 1925 se habían reunido en número de 1200 delegados (elegidos por sus bases) para discutir y proponer los principios constitucionales que debía contemplar la nueva Carta Magna. Movimiento social que con una perspectiva de corporativismo demandaba la conformación de una Asamblea Constituyente elegida con cupos predeterminados (45% proletariado; 20% empleados; 20% profesores; 7% estudiantes; 8% intelectuales)53. Presionado por los militares y los partidos tradicionales, Alessandri, argumentando factores de tiempo y de lo que era posible realizar dado estas presiones, no pudo -o no quiso, según otros- convocar a la Asamblea de la manera y con las cuotas en que estaba planificado, y terminó nombrando, en cambio, una Comisión Consultiva integrada solamente por representantes de todos los partidos (11 liberales, 5 conservadores, 2 nacionales, 6 balmacedistas, 13 radicales, 7 democráticos, 5 comunistas y 4 independientes). Finalmente, la Constitución fue redactada por un grupo aún más reducido de juristas, y sometida a plebiscito, siendo aprobada por una fracción de un universo electoral que no superaba el 7% de la población54. Aun considerando esta mengua democrática en su génesis (que contrariaba los deseos expresados por el propio Alessandri, en abril de 1925), la nueva Constitución estableció un régimen presidencial con un ejecutivo fuerte, la separación de la Iglesia y el Estado, un poder legislativo con dos cámaras, y consagró un

52 Reunión con personajes del mundo político, 1-4-1925, en El presidente Alessandri y su Gobierno, op. cit. 53 Gabriel Salazar, “Asamblea Constituyente de 1925: un olvidado ejercicio de soberanía popular”, Revista Página Abierta, Santiago de Chile, quincena del 30 septiembre al 13 de octubre, 1991. 54 Juan Carlos Gómez, “Todavía Chile se rige ‘manu militari’”, PUNTO FINAL, 18-52001, en línea URL: http://www.puntofinal.cl/010519/nactxt.html De l.002.304 electores, votaron tan solo 134.421.

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Estado social de derecho que fue perfeccionándose durante su evolución entre 1925 y 1973. Fue en el marco de esa Constitución y de las ideas de Alessandri que se fue gestando en la década del treinta un Estado protector, desarrollista y (a partir de 1938) de compromiso, a cuyo amparo se dignificó el mundo del trabajo, de la mujer, del liceo, del empleado fiscal y de la escuela pública, régimen que si bien no consiguió acabar con la inequidad, fue paulatinamente democratizando la vida social y política del país. Si regresamos, entonces, a las preguntas que hacíamos, respecto a la recepción que tuvo el programa de Arturo Alessandri Palma en 1920, tenemos que decir que Fernando Lazcano y la derecha tenían razón al percibir en su gobierno una amenaza para el orden tradicional y oligárquico, pero no la tenían al pensar que significaba la posibilidad de destrucción de las relaciones de dominio imperantes. De la misma manera, los sectores obreros y sindicales que lo apoyaron estaban en lo cierto al considerar que su propuesta favorecería a los trabajadores, en cuanto a protección social y al paso desde un Estado oligárquico a uno de bienestar; pero no la tenían al pensar que a corto plazo abriría el camino al socialismo. El discurso de Alessandri fue básicamente un discurso de reforma y modernización capitalista, como lo fue también su primer gobierno. La sobrelectura que tuvieron en la época unos y otros deja entrever la proximidad entre reforma y revolución como horizontes utópicos que en alguna medida se interceptan, pero que también se oponen y constituyen alternativas diferentes. “Lecturas” equivocadas desde trincheras opuestas, como las de Fernando Lazcano y Luis Belsen, se explican, precisamente, porque el imaginario político bipolar estaba ya operando, tanto en los partidos como en el movimiento social. Sintonía internacional En su discurso de proclamación de 1920, Alessandri se refirió a la necesidad de estar en sintonía con lo que sucedía en el mundo55: ¿A qué hechos se

55 “En los momentos actuales -dijo- la humanidad entera atraviesa por… una gran transformación social; asistimos… al nacimiento de un nuevo régimen, y es ciego y sordo quien no quiera verlo… surge una exigencia perentoria, reconocida por todos los pensadores y por los más eminentes estadistas, en orden a resolver con criterio de estricta justicia

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refería? ¿Estaba acaso pensando en la Revolución rusa de 1917? ¿En la Revolución mexicana, que se prolongó entre 1910 a 1917? ¿En el surgimiento de los partidos socialdemócratas y socialistas europeos? ¿O más bien en la Segunda (1889) y Tercera Internacional (1919)? ¿En el socialismo reformista o en el socialismo revolucionario? ¿En el movimiento estudiantil de Córdoba de 1918? ¿En los primeros gobiernos social demócratas que se constituyeron entre 1917 y 1919 en Suecia, Finlandia y Alemania? ¿O en las ideas demo liberales del presidente Woodrow Wilson y los principios que animaron el Tratado de Versalles en 1919? ¿O tal vez en toda esa gran oleada de ideas y hechos, con un trasfondo de cambio? En la Europa de las primeras décadas, ante crecientes presiones sociales del proletariado, presiones que se arrastraban desde el siglo XIX y que se incrementaron en el primer decenio, se producen dos grandes movimientos: por una parte, un proceso de equilibrio en que los sectores dominantes hacen concesiones en términos de participación y protección social, llegando incluso, como ocurrió en la Inglaterra de 1906, a establecer un seguro de desempleo. Papel importante en el avance del movimiento obrero europeo fue la creciente fuerza de los partidos socialdemócratas y también de algunos partidos socialistas que hasta la primera guerra mundial estuvieron alineados en una estrategia de reforma. El segundo movimiento, también de carácter contestatario, estuvo alimentado por el socialismo seguidor de Marx (en parte también por el ideario anarquista), movimientos partidarios de no transar con los sectores dominantes, y cuya utopía era (en el caso del socialismo) establecer la propiedad colectiva de los medios de producción para consolidar al proletariado como eje y conductor de las transformaciones sociales, arribando finalmente a una sociedad sin clases. La Segunda Internacional, creada en 1889 en París, entre otros, por Friedrich Engels, agrupó a los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas europeos. Convivían en ella tendencias reformistas con tendencias revolucionarias. A raíz sobre todo de la Primera Guerra Mundial se produjeron en su seno profundas divisiones entre una corriente que

y equidad los derechos que reclama el proletariado”. Discurso de A. Alessandri Palma, Convención de la Alianza Liberal, Santiago, 25-4-1920. El Mercurio, Santiago de Chile, 26-4-1920.

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apoyaba a sus respectivas naciones y a los partidos llamados entonces “burgueses”, y otra que se oponía a la guerra y a la colaboración con la “burguesía”, levantando las banderas del internacionalismo proletario. Esta última consideraba que las contradicciones de clase eran inconciliables y que era necesario derrocar al Estado burgués para construir, en su lugar, un Estado de los trabajadores. Luis Emilio Recabarren escribió en la prensa popular local favoreciendo las posturas de quienes, desde el internacionalismo proletario, se oponían a la guerra56. En Europa, la fractura entre socialistas reformistas y revolucionarios se tradujo en la escisión y desintegración de la Segunda Internacional. Luego de 1917, una oleada revolucionaria recorrió el mundo: en España, entre 1917 a 1919, se habla de un “bienio bolchevique”; movimientos estudiantiles en Pekín y Córdoba en 1918, y los primeros gobiernos socialdemócratas accediendo al poder en Suecia, Finlandia, Bélgica y Alemania57. En marzo de 1919, en Petrogrado, por iniciativa del Partido Comunista ruso, se crea la Tercera Internacional, agrupación que se proponía luchar por la superación del capitalismo y por la realización del socialismo. Hacia 1920, más de un millón de afiliados a los partidos socialistas y socialdemócratas europeos se han alineado en la Tercera Internacional conocida como Komintern. Se trata de un contexto en que se da claramente una proximidad conceptual y un trasvasije, pero también una diferencia entre las propuestas reformistas y revolucionarias, entre una política que pretende la reforma social progresista del capitalismo basada en los intereses de los trabajadores, y otra que busca su reemplazo por el socialismo concebido como un régimen capaz de acabar con la apropiación capitalista del trabajo asalariado. En la década del veinte, importantes pensadores como Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci se distancian de las posturas más ortodoxas de la lucha de clases y del ideario bolchevique, aproximándose en alguna medida al polo reformista, por lo menos en determinadas circunstancias. Para Rosa Luxemburgo, por ejemplo, la democracia no debía considerarse

56 57



Recabarren: Escritos de prensa, Tomo 2, op. cit. Eric Hobsbawn, Historia del siglo XX, Buenos Aires, 1998.

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como un valor puramente instrumental, solo estimable como un camino para crear mejores condiciones para el advenimiento de un proceso revolucionario58. Más que las condiciones históricas objetivas, para la comunista alemana lo fundamental en el proceso al socialismo era la intervención y participación conscientes de mujeres y hombres en el proceso histórico59. Para Gramsci, en una sociedad en que opera la hegemonía impresa por el sector dirigente, toda la sociedad termina por hacer suyos la moral, las costumbres, los valores, las leyes y el respeto a las instituciones de ese sector. Esta hegemonía se ejerce de modo no coercitivo y fundamentalmente por vía de la educación, los medios de comunicación y la cultura, generándose así un conformismo social. La pugna por esa hegemonía abre paso a una representación de las clases dominadas en el sistema político democrático burgués. Según Gramsci, esa participación instala un espacio de confrontación social y de lucha política, en el cual los sectores dominados pueden conquistar ciertas “posiciones”. Las consecuencias prácticas de este tipo de reflexiones implicaban, en alguna medida, alejarse del camino único “bolchevique”, que planteaba el asalto al poder y la lucha frontal entre burguesía y proletariado, postura ésta que patrocinaba la Tercera Internacional. Incluso el propio Lenin, al constatar el fracaso en Hungría del modelo bolchevique, admitió la posibilidad de examinar la situación de cada país. En síntesis, la cuestión de reforma o revolución era también un asunto de táctica y de estrategia, tal como lo fue en muchos de los Partidos Socialistas y Comunistas de América Latina. En Chile, el cambio de nombre en 1922 del Partido Obrero Socialista -fundado en 1912- a Partido Comunista, no fue un mero cambio de nombre. En Argentina, el Partido Socialista fundado por Juan B. Justo (1896) se

58 Daniel Campione, “La articulación entre socialismo y democracia”, [email protected] Revista electrónica de estudios latinoamericanos, Vol. 4, 16, Buenos Aires, 2006. 59 Su lenguaje con respecto a las posiciones reformistas se alejaba de la descalificación: “Quien para transformar la sociedad se decide por el camino de la reforma legal en lugar y en oposición a la conquista del poder, no emprende, realmente, un camino más descansado, más seguro, aunque más largo, que conduce al mismo fin, sino que, al propio tiempo, elige distinta meta: es decir, quiere, en lugar de la creación de un nuevo orden social, cambios por el momento no sustanciales en la sociedad ya existente”. Rosa Luxemburgo, Reforma social o Revolución, México, 1989.

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dividió en 1918 en Partido Socialista Internacional (más tarde Partido Comunista) y luego en el más moderado Partido Socialista Independiente, que posteriormente entraría en alianzas con partidos de los sectores medio y medio alto. Cuando José Carlos Mariátegui llegó en 1920 a Italia, el Partido Socialista italiano estaba en plena discusión: o plegarse a la Tercera Internacional en la estrategia de clase contra clase, o inclinarse por una alianza y la formación de un Frente Único. César Falcón, Raúl Haya de la Torre y César Vallejo fueron, a través de crónicas en diarios del Perú y de América Latina, mediadores de estas polémicas europeas. De regreso, instalado Mariátegui en Perú, se opuso en 1928 a transformar el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) en partido único, inclinándose por un Frente en alianza con sectores progresistas de la burguesía. Mariátégui, tal como Gramsci, toma cierta distancia de las posiciones de la Tercera Internacional, que en ese momento realizaba un viraje desde posiciones frentistas a la dictadura de clase contra clase. En América Latina, los argentinos Aníbal Ponce, Victorio Codovilla y el chileno Luis Emilio Recabarren están con la Tercera Internacional y critican al pensador peruano. Mariátegui, en cambio, tal como algunos partidos socialdemócratas europeos ante la Primera Guerra Mundial, está por unir la cuestión nacional (el problema del indio, en el caso del Perú) con la perspectiva de clase. Por el contrario, Ponce, Recabarren y el peruano Eudocio Ravines menoscaban el fenómeno nacional en pro de un internacionalismo que privilegie el factor clase60. Estos procesos de sintonización con los acontecimientos políticos internacionales implican polémicas y un giro hacia la izquierda, que va a continuar durante todo el período que estamos considerando (desde la crítica al sistema capitalista y el entusiasmo socialista a propósito de la gran depresión en la década del 30, hasta la revolución cubana y la guerra de Vietnam en los sesenta). Sintonía internacional y contemporaneidad que reafirman, en la apropiación de ideas que estos acontecimientos suscitan, una constante oscilación, intersección y disputa, entre los polos de reforma y revolución. Los partidos, ejes articuladores de lo social, toman opciones en la perspectiva de transformar el modelo socioeconómico en función de estos vaivenes.

60 Samuel Arriarán Cuellar, Multiculturalismo y globalización. La cuestión indígena, México, 2001.

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En síntesis, en Chile, entre 1915 y 1925, en el movimiento socio cultural en pro de las transformaciones y los cambios, se va instaurando la confluencia de una “politización desde abajo” con una “desde arriba”. Con Recabarren y con Alessandri como actores fundamentales desde trincheras opuestas, se va instalando en el espacio público un imaginario político bipolar. Se trata también de un epifenómeno en sintonía con lo que ocurría en Europa. La figura de Alessandri desempeñó un rol significativo en la instalación de este imaginario, y en situar en el debate público expectativas de protección y transformación social al amparo del Estado, apelando, con mecanismos de resguardo y contención, a la mayor presencia de sectores medios y populares. En su primer gobierno contribuyó, entonces, a una perspectiva que va a implicar, por lo menos hasta 1973, en el plano de los partidos y de la sociedad civil (sociedad civil que durante ese período fue básicamente articulada pero también en cierta medida cooptada por los partidos políticos) un giro de las ideas y de la sociedad hacia la izquierda. Desde el punto de vista de su ideario, Alessandri fue un continuador de las ideas de los dos líderes más importantes del Partido Radical de comienzos de siglo: de Valentín Letelier y su propuesta de socialismo de Estado, es decir, moderado, con inclinaciones proteccionistas en lo económico, reconociendo la lucha de clases o de partidos que la representaban, y de Enrique Mac Iver, su contendor, que la negaba, y que era partidario del liberalismo económico y de la instrucción y elevación del obrero, pero fundamentalmente para prevenir la expansión del “socialismo de combate”61. Ambos fueron, sin embargo, -como Alessandri- críticos del parlamentarismo y del régimen oligárquico.

b) Imaginarios políticos y pulsiones culturales Hablamos de imaginario político como un conjunto articulado de representaciones con un núcleo ideológico y un campo léxico y semántico común, que involucra también una dimensión cultural e incluso emocional. En cuanto representaciones, éstas portan un contenido ideológico, un

61 1912.

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Ángel C. Espejo, El partido radical, sus obras y sus hombres, Santiago de Chile,

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marco conceptual, un determinado lenguaje y una retórica, referentes simbólicos y pulsiones culturales. El componente ideológico y racional apunta en sus polos de reforma y revolución a la idea de transformación de la sociedad. Este eje conceptual común involucra opciones distintas: por un lado, reforma y por otro, revolución. La primera procura transformar ciertos aspectos del orden social en beneficio de los sectores más desposeídos, en pro de la justicia y armonía social, pero sin destruir o cambiar los fundamentos de ese orden, ni las relaciones de poder existentes, ni tampoco el régimen democrático. Revolución, en cambio, apunta a transformaciones estructurales, a cambiar las relaciones de poder existentes, de modo que los sectores antes dominados, fundamentalmente el proletariado, asuman la conducción del proceso con el consiguiente cambio de las instituciones económicas, políticas y sociales. Ambos polos han sido alimentados por la apropiación de corrientes de pensamiento que vienen desde los siglos XVIII y XIX europeos, y que abarcan desde el racionalismo ilustrado, el socialismo y el marxismo en todas sus variantes, hasta corrientes de pensamiento económico y social provenientes del positivismo, del socialdarwinismo y del socialcristianismo. Hablamos de bipolaridad en el siglo XX porque desde antes de la década del treinta hasta la del setenta, los datos históricos muestran en los partidos políticos de centro y de izquierda cierta oscilación pendular, e incluso, en algunas etapas, una convergencia entre ambos polos. Los análisis tradicionales tienden a subrayar una polarización excluyente y antitética que efectivamente se dio (en la América Latina de los sesenta, por ejemplo, fue la disyuntiva entre la vía electoral y la vía armada); sin embargo, los antecedentes históricos a lo largo del siglo revelan, en cambio, algo diferente: una suerte de imbricación, de etapas de convergencia y momentos de dialéctica bipolar. Bipolar, porque se trata de episodios de desplazamientos constantes y consecutivos, en que las ideas y los partidos transitan -como en la bipolaridad siquiátrica- entre un extremo y otro. Por otra parte, tal como señalamos en la introducción, entendemos lo político no solo como un espacio en que prima la lógica instrumental o de poder, sino también como un ámbito en que los seres humanos se relacionan entre sí y con el mundo, como un ámbito que alimenta un horizonte de expectativas y utopías. En esta perspectiva, no es casual que desde Alessandri -que fue en realidad el primer Presidente que politizó 53

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la “cuestión social”- se produzca una reorientación de los partidos, los que comienzan a plantearse los problemas políticos desde un ángulo económico y social62. Los cambios de nombre, las divisiones, oscilaciones y ciclos pendulares que se advierten en los partidos de centro y de izquierda, desde 1930 hasta la década del 70, no son, entonces, meros cambios formales, sino vaivenes que trasuntan y articulan intereses sociales más profundos, intereses que en gran medida se desplazan por el imaginario bipolar que hemos perfilado. El imaginario político porta -como decíamos- no solo un núcleo ideológico y un ideario desde el cual se orientan discursos y prácticas, sino también una pulsión cultural y existencial que apela a lo intuitivo y a lo no racional, y que en el espacio simbólico confiere identidad a los individuos, a los grupos y partidos políticos. Implica, además, determinados usos lingüísticos y retóricos. Hacia 1971, documentos gráficos de la Universidad de Concepción y del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile muestran a jóvenes del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionario) con barba y boina, y con una indumentaria de motociclistas o mochileros (como las que usaba Ernesto “Che” Guevara); los jóvenes comunistas en fotos de la misma época, en cambio, aparecen casi siempre vestidos de manera sobria, con el pelo corto, los adultos con ternos raídos y corbata, como empleados fiscales o como obreros en un día domingo. Son modos de vestirse que funcionan como indicadores o señas identitarias, que responden a elecciones individuales pero que también son colectivas. Los modos de vestir y los modos de ser son ofertas identitarias que ofrece el campo político y que operan en los procesos de constitución de sujeto. Los procesos de individuación y de construcción del sujeto no se dan en términos de un sujeto abstracto preexistente, ni en un vacío existencial, sino a partir de un campo de determinaciones y posibilidades históricamente situadas, en que el sujeto emerge en el momento que hace una elección, en que elige racional o intuitivamente ciertas ideas y valores, y en ese momento se hace cargo y se identifica con ellos; se constituye y es modificado, por lo tanto, en diálogo continuo con el “otro”, con las formaciones discursivas y con los mundos político-culturales existentes. Así ocurre

62

cit.

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Julio Pinto y Verónica Valdivia, ¿Revolución proletaria o querida chusma?, op.

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cuando el “yo” se asume como sujeto político y se adhiere a una colectividad o a un partido. Ese es el espacio en que se constituye lo que en ciencias sociales se ha llamado el “sujeto sociológico”63. Así ocurrió, por ejemplo, con individuos de muy distinto origen social, como fue el caso del tránsito de Neftalí Reyes a Pablo Neruda, poeta y militante comunista, y de Vicente García Huidobro a Vicente Huidobro, también durante varios años autoproclamado militante revolucionario y comunista. En el período 1920-1973, el imaginario bipolar entre la reforma y la revolución forma parte de estas “determinaciones y posibilidades”, de estas “ofertas identitarias”, cuya presencia creciente hasta la década del setenta del siglo veinte y el giro hacia la izquierda del imaginario político va a la par con una mayor democratización y politización de la sociedad. Una democracia de partidos representativa que pasa a ser, entre 1960 y 1973, crecientemente participativa. En este escenario, los partidos políticos van creando fronteras simbólicas y narrativas que les confieren identidad cultural y que los distinguen entre sí. En todos los partidos se produce, por ende, una confluencia entre ideas y pulsiones culturales, confluencia que incide en los estilos de vida, en las maneras de entretenerse, en la vestimenta, en las preferencias musicales, en los usos lingüísticos y hasta en los colegios a los cuales se envía a los hijos, conformando lo que en antropología se denomina una subcultura partidaria64. Ser radical (o ser democratacristiano, o ser socialista, o ser comunista) es, por lo tanto, también una manera de ser65. Las identidades culturales de los partidos son factores que operan más allá de las ideas y del componente ideológico o polo en que esté o no situada la agrupación. De hecho, quienes dejan de pertenecer a un determinado partido, o cuando una colectividad se divide, los que se van no por ello dejan de identificarse con la subcultura del sector. Con respecto a los radicales, tanto estudios antropológicos como el sentido común admiten ciertas señas identitarias: la confraternidad, la cultura de los favores mutuos, el

Stuart Hall, “The question of cultural identity”, en S. May, D. Held y T. Mcgrew, Modernity and its failures, Londres, 1992. 64 Larissa Adler Lomnitz y Ana Melnick, La cultura política chilena y los partidos de centro. Una explicación antropológica, México, 1998. 65 Ibíd. 63

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comistrajo, la amistad y el ser librepensadores; de los democratacristianos: la importancia de la familia, de la Iglesia, y el rol de la madre en la transmisión de los valores cristianos; de los comunistas: la sobriedad del rebaño, la austeridad y cierto conservadurismo en lo moral; de los socialistas: la raigambre nacional y americana de sus ideas, además de una mayor apertura en los temas valóricos o de familia66. Son componentes culturales que forman parte de los imaginarios políticos y se vinculan a rasgos que marcan fronteras simbólicas entre las distintas agrupaciones. Por ejemplo, los Partidos Comunistas y Socialistas en distintos momentos de su trayectoria han compartido ideas, programas y proyectos, pero también han tenido importantes diferencias. Una de las más persistentes ha sido la presencia constante en el discurso socialista de una filiación nacionalista y latinoamericana. En el discurso del Partido Comunista, en cambio, predominó una perspectiva internacionalista y una dependencia ideológica casi permanente del pensamiento y las posturas de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), gravitación que ha sido documentada por Olga Ulianova y Alfredo Riquelme67. El sentido común y la intuición popular advierten que estas fronteras implican pulsiones culturales e identitarias: de los radicales se dice “radical, bombero y masón”; a los socialistas se los llama “sociolistos”; de los comunistas se decía que cuando “llovía en Moscú se abrían los paraguas en Chile”; de los democratacristianos, “que en el balneario de Cachagua los árboles y el coirón suelen tapar a los Mercedes Benz”68, y del hoy disuelto MAPU, que fueron “los boyscouts del marxismo”. Son referencias intuitivas que apuntan a la agenda no visible (o a la dimensión cultural) de ciertas alineaciones ideológicopolíticas del pasado y del presente. El componente cultural forma parte, entonces, de los imaginarios, y resulta fundamental para un análisis más fino de las disonancias y desplazamientos que se producen a partir de la década de 1920.

Acerca de la subcultura del partido radical y democratacristiano, véase Adler Lomnitz y Ana Melnick, op. cit. 67 Chile en los archivos soviéticos 1922-1991, Santiago de Chile, 2005. Uno de estos episodios fue el apoyo del PC chileno a la invasión rusa a Checoslovaquia, postura que este autor, siendo en esos años un “militante disciplinado” e ignorante, aplaudió. 68 Balneario de la costa central de Chile en que tienen casas de veraneo varios dirigentes de la Democracia Cristiana. 66

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c) Vigencia de un imaginario político bipolar Desde el Frente Popular a la Unidad Popular A partir de la década del treinta y hasta la del setenta se advierte en el horizonte político-partidario otro pulso temporal, y el dominio de una escenificación del tiempo histórico nacional en la perspectiva de una transformación de la sociedad69. Aun cuando la bipolaridad persiste, se constata, tanto discursivamente como en el movimiento social, un giro lento pero ascendente desde el polo de la reforma hacia el polo de la revolución. Resulta significativo, por ejemplo, que en 1938, en vísperas de las elecciones presidenciales, hasta el ibañismo haya intentado presentarse como un movimiento revolucionario, de la “auténtica izquierda”, con el objeto de conseguir el apoyo del Partido Socialista. Aludiendo a la vigencia del imaginario de transformación y a coyunturas de proximidad entre ambas vertientes, el dirigente demócratacristiano y ex Presidente de la República, Patricio Aylwin, rememorando sus inicios políticos en la década del 50, dijo: “en esa época dudé mucho entre hacerme socialista o falangista porque, más allá de los valores cristianos que profeso y que heredé de mi familia, la verdad es que tenía cierto espíritu revolucionario que aspiraba a cambios profundos para construir una sociedad más justa, más libre, más solidaria”70. Incluso en el campo religioso se percibe este giro, en las ideas del Padre Hurtado sobre sindicalismo en la década del 40, en las comunidades eclesiales de base en las décadas del 60 y 70, y en el movimiento de cristianos por el socialismo en 1971. Se buscaba entonces una confluencia entre la doctrina social de la Iglesia y el imaginario de transformaciones y cambios. Así como se dieron instancias de proximidad, se dieron también momentos de tensa polarización, como, por ejemplo, las ocurridas durante el gobierno de Eduardo Frei Montalva.

69 Entendemos por escenificación del tiempo histórico nacional una vivencia colectiva del tiempo que se manifiesta en una trama de representaciones, estableciendo relaciones de anterioridad, simultaneidad y posterioridad. Véase. Bernardo Subercaseaux, “Escenificación del tiempo histórico (nacionalismo e integración)”, Cuadernos de Historia, Nº 22, Santiago de Chile, 2003. 70 “Ex presidente culminó su vida política”, El Mercurio de Valparaíso, Valparaíso, 28-07-2007.

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El imaginario de transformación social convocó también una gama variada de pulsiones contrahegemónicas. Precisamente, en el período que estamos recorriendo se hace presente un pensamiento conservador con un proyecto autoritario de raigambre católica, que discute las ideas y los valores democrático-liberales y el ideario de transformación social (a los que considera materialistas y antesala del comunismo). Un proyecto que busca recomponer el antiguo régimen oligárquico en una perspectiva que integre a los nuevos sectores sociales, un proyecto que tiene en la década del treinta un tinte corporativo y espiritual71. Son pulsiones que se expresan en una mezcla de nacionalismo hispano católico, fuertemente antipartido y antiliberal en lo político, contrario al intervencionismo del Estado en lo económico, y partidario de un capitalismo de corte pragmático, pero también en algunos casos de tinte corporativista. Las milicias republicanas, creadas en 1933 y que tuvieron una fuerte presencia en la vida pública hasta su desmovilización en 1937, son también en su ideario nacionalista y de integración nacional, expresiones de este pensamiento. Son posturas marcadas en sus estrategias argumentativas por su antagonismo al pensamiento democrático-socialista y a la escenificación del tiempo histórico nacional en clave de transformación. Son pulsiones y corrientes contrahegemónicas, cuya genealogía e hitos entre 1930 y 1973, y luego entre 1973 y 1989, han sido bien estudiados para el caso de Chile72. La vigencia de la escenificación del tiempo histórico nacional de transformación, a partir de la década del treinta, no significa, por lo tanto, que no haya otras corrientes o que la escenificación nacional en clave de integración desaparezca, pero sí que ésta deja de ser hegemónica en el plano de las ideas. En efecto, a partir de esa década y hasta 1973,

71 Véase las revistas Milicia Republicana, Santiago, Chile, 1933-1934; Caupolicán. Magazine Republicano, Santiago, Chile, 1935-1937. También la revista Lircay, 1934-1940, órgano de los jóvenes conservadores. 72 Véase el estudio y seguimiento de esta genealogía en Gonzalo Catalán, “Notas sobre proyectos autoritarios corporativos en Chile”, en J.J. Brunner y G. Catalán, Cinco estudios sobre cultura y sociedad, Santiago de Chile, 1985; Carlos Ruiz y Renato Cristi, El pensamiento conservador en Chile: seis ensayos, Santiago de Chile, 1992; Renato Cristi, El pensamiento político de Jaime Guzmán. Autoridad y libertad, Santiago de Chile, 2000; Sofía Correa, Con las riendas del poder. La derecha chilena en el siglo XX, Santiago de Chile, 2005; Isabel Jara, De Franco a Pinochet. El proyecto cultural franquista en Chile, 1936-1980, Santiago de Chile, 2007.

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los datos muestran claramente que la escenificación del tiempo histórico nacional ha variado73, y que prima una dirección cultural compleja en la perspectiva de transformación y cambio de la sociedad, lo que se expresa tanto en el movimiento social y cultural, como en los partidos políticos de centro y de izquierda. Un clima en que los devaneos antisistema dejan de ser tales para convertirse en propuestas partidistas (de los Partidos Radical, Socialista y Comunista en la década del 30) y en programas de gobierno más tarde (de la Democracia Cristiana en 1964 y de la Unidad Popular, en 1970), proyectos estos últimos que tienen sus raíces en el Frente Popular de 1938, alimentados todos por una nueva utopía, en la que se fue imponiendo la idea de transformación de la sociedad, mientras perdía relevancia la idea de integración o de cohesión social de la misma. Si en el período que hemos señalado se examina la trayectoria de liderazgos, grupos y escisiones de los distintos partidos y frentes de centro e izquierda, todos, sin excepción, han tenido vaivenes y ciclos en que se instalan en uno u otro polo. Cabe señalar, además, que en el período que va de 1930 a 1973 todos los partidos de relevancia han sido, en algún punto de su trayectoria, de gobierno y de oposición. No se trata, como decíamos, de meros cambios de lugar o de nombre. Los partidos políticos, para bien o para mal, además de instancias de poder, son, junto con la ciudadanía y sus expresiones, actores fundamentales de la democracia: espacios deliberativos en que se conjugan sujetos, prácticas sociales y proyectos, que buscan darle una dirección a la realidad en el marco de distintas opciones. Mirados históricamente son también manifestaciones de fenómenos más profundos: de ideas, de tendencias y de identidades sociales y culturales. Los cambios que los afectan requieren, por ende, de una lectura más fina en la que no debe estar ajeno el imaginario político que predomina en la época. Particularmente, considerando que en el período 1930-1973 la sociedad civil y el movimiento social fueron en gran medida mediatizados (o cooptados, según la visión de Gabriel Salazar74) por la política partidaria. En alguna medida, los partidos operaron como

73 Para una discusión teórica del concepto de escenificación del tiempo histórico nacional, véase primer capítulo de Bernardo Subercaseaux, Historia de las ideas y la cultura en Chile, Tomo IV, Santiago de Chile, 2007. 74 Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia de Chile contemporánea, Volumen I, Santiago, 1999.

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mediadores fundamentales ante el Estado, en desmedro del movimiento social y de la sociedad civil; la política avasalló, así, lo político. Síntomas de cambio Varios acontecimientos políticos y culturales de la década del treinta son síntomas del escenario de transformación y de cambio de rumbo que hemos señalado. Entre otros: las variaciones programáticas del Partido Radical, la acusación contra el ministro Salas Romo en 1934, y el clima intelectual y cultural en boga. Desde comienzos de siglo, convivían dos tendencias en el Partido Radical; una encabezada por Enrique Mac Iver, más tradicional, cercana al Partido Liberal y a una economía manchesteriana, y otra de avanzada, liderada por Valentín Letelier, “defensora de las clases menesterosas” y partidaria de “incorporar… doctrinas socialistas de intervención del Estado en la vida económica nacional” 75. El Partido Radical, que apoyó el primer gobierno de Alessandri, estuvo dominado por la corriente de Mac Iver. La crisis del sistema capitalista en 1929 y sus repercusiones en Chile, y el fracaso de la dictadura de Ibáñez incidieron en que en la Convención de 1931 se produjera un cambio, imponiéndose plenamente la corriente de avanzada que incorporaba el ideario socialista e incluso planteamientos de inspiración marxista. El “actual régimen capitalista -decía una declaración radical de esos años- apoyado fundamentalmente en el individualismo y en la propiedad privada de los medios de producción, ha hecho crisis… debe ser reemplazado por un sistema en que los medios de producción sean patrimonio de la colectividad; y en que el principio individualista se reemplace por el de (la) solidaridad”. Como “medio de llegar a este cambio de régimen social, el Partido Radical preconiza el proceso evolutivo debiendo comenzar en Chile con la expropiación a justo precio de los grandes medios de producción hasta obtener que todos éstos sean patrimonio de la colectividad”; a continuación señala que, “siendo una realidad social la lucha de clases, el Partido Radical frente a esta lucha,

75 Darío Poblete y Alfredo Guillermo Bravo, El Partido Radical y el Frente Popular, Santiago de Chile, 1936.

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está de parte de las clases asalariadas que pretenden la reivindicación de sus derechos sociales”. Finalmente, como una manera de marcar la impronta partidaria, la declaración señala que el Partido Radical “repudia como medio para el cambio de régimen… toda clase de dictaduras, sean estas militares, capitalistas o proletarias”76. Pese a la instalación de su discurso en el polo antisistémico de la revolución, el Partido Radical formó parte durante dos años del segundo gobierno de Alessandri (1932-36), gobierno cuya orientación con respecto al primero fue de un viraje hacia la derecha. Ante este viraje, entre 1931 y 1933, un sector del Partido Radical se desgajó, formando un Partido Radical Socialista, que no estuvo dispuesto a una alianza con la derecha. También, en esos años, surgen varias organizaciones de tendencia socialista, algunas “evolucionistas” y otras de raigambre anarquista y más bien “maximalistas”. La tensión entre ellas se formaliza el año 1933, cuando se agrupan en distintos puntos del imaginario político: en un Partido Socialista Marxista, en un Partido Socialista Unificado y en un referente que se autodenomina Orden Socialista de Nueva Acción Pública, presidido por Eugenio Matte Hurtado. En 1934, un sector significativo de los radicales se aleja del segundo gobierno de Alessandri, inclinándose a la izquierda. Ese mismo año marca el quiebre del Partido Radical con el gobierno de Alessandri. A fines de ese año, sectores del radicalismo junto con los partidos de izquierda denuncian como “una entrega al imperialismo norteamericano” y como “una felonía contra la nación” el acuerdo Ross-Calder, mediante el cual se suscribió un convenio extremadamente favorable a la Southern Power Company, pacto promovido por el Ministro de Hacienda de Alessandri, Gustavo Ross Santa María. Los mismos sectores criticaron duramente la represión a campesinos en Ranquil (1934). En 1935, la mesa directiva del Partido Radical presentó una acusación constitucional contra el Ministro del Interior, Luis Salas Romo, miembro de ese partido. La acusación, motivada en la represión de una huelga ferroviaria y en el cierre y censura aplicada al periódico radical La Opinión, marcó el quiebre definitivo con el gobierno de Alessandri, y llevó a que éste, en una alocución radial, sindicara a los principales dirigentes del radicalismo como “hombres

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Darío Poblete y Alfredo Guillermo Bravo, op. cit.

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descarriados”, subversivos y “aliados del partido comunista”77. Alessandri acusó también al Partido Socialista de ser partidario de la dictadura de Ibáñez. Se va generando así un clima propicio para la confluencia de los partidos de izquierda y de centro, y para la creación del Frente Popular. Es en este contexto que se justifica un discurso que percibe al primer gobierno de Alessandri como parte de una estrategia de cooptación, que buscaba anular la agitación popular para consolidar el dominio oligárquico. En 1936, sin embargo, algunos dirigentes del Partido Radical propiciaron una reincorporación al gobierno de Alessandri, después de que desde 1934 se habían distanciado de él78. Al interior del Partido Radical se daba una discusión entre “centristas” y “frentistas”; ayudó, sin embargo, al triunfo de estos últimos la persecución que desencadenó el gobierno contra los “radicales descarriados”. Las alternativas son dos, escribía en 1936 uno de ellos: “o un régimen fascista de derecha… o un régimen popular, lealmente democrático con cierta tendencia socializante en lo económico”79. En febrero de 1936, en medio de una huelga de ferrocarriles y de un aumento de la agitación social y política, el Ejecutivo dispuso la clausura del Parlamento. Fue en este “ambiente afiebrado… de amagos de tiranía y de fe irreductible en la libertad, que se levantó por primera vez la bandera del Frente Popular” 80. Fue la Asamblea Radical de Santiago la que votó favorablemente la constitución de un Frente Popular. A partir de ese voto, en octubre de 1936, la Asamblea de Santiago solicitó a la Junta Central del partido que convocara al bloque de izquierda, a los Partidos Comunista y Socialista y también a “las organizaciones obreras, empleados, campesinos, artesanos, estudiantes, profesionales, intelectuales, a las asociaciones culturales y deportivas, y a todos los hombres leales y honestos del país, sin distinción de ideologías, creencias o religiones”, para conformar “un vasto movimiento de todo el pueblo en su invariable decisión de luchar por la liberación nacional, por las libertades democráticas y por el mejoramiento y seguridad de las masas trabajadoras”81.

77 Radio Cooperativa Vitalicia, 18 de febrero, 1935, reproducido parcialmente en: En defensa del régimen constitucional, 1935, folleto sin pie de imprenta, que reproduce también la defensa y debate. 78 Darío Poblete y Alfredo Guillermo Bravo, op. cit. 79 Ibíd. 80 Ibíd. 81 Ibíd.

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En 1937, en un contexto internacional antifascista, se produce una unidad en el polo reformista entre radicales, comunistas y socialistas, más la Confederación de Trabajadores de Chile. A imagen de los Frentes Populares europeos, se consolida el Frente Popular, alcanzando el poder con Pedro Aguirre Cerda en 1938, político radical que había sido Ministro del Interior en el primer gobierno de Arturo Alessandri Palma (1920-1925). El clima intelectual y cultural en la década del treinta, particularmente en los últimos cinco años, fue extraordinariamente sensible y de solidaridad con la lucha antifascista europea, sobre todo con la república española. Basta para comprobarlo examinar los catálogos editoriales de la época. En 1934, la editorial y librería Walton, la misma empresa que publicó ese año La próxima, de Vicente Huidobro, ofrecía en su catálogo una serie de Cuadernos de Educación Proletaria, además de obras que examinaban con mirada favorable el avance del socialismo en el mundo y los casos de Rusia y China. Otro ejemplo es la extraordinaria velocidad con que se traducían y editaban en Chile obras favorables a la lucha de los republicanos españoles. En 1937, la empresa Letras, de propiedad de Amanda Labarca y de su marido, el político radical Guillermo Labarca, publicó en su colección “Studium”, con traducción del propio Labarca, Detrás de las barricadas españolas, crónica del periodista inglés John Langdon-Davies, editada apenas un año antes en Europa. La editorial Ercilla, que en esos años llegó a publicar un título por día, editó en 1936, entre otros, El socialismo y el movimiento social, de Werner Lombart; ¿Qué es el socialismo?, de Alberto Schaeffle; La religión y el marxismo, de Nicolás Berdaiev; Carlos Marx y la Primera Internacional, de Franz Mehring y El Antiimperialismo y el APRA, de Raúl Haya de la Torre. Son indicios claros de la presencia en la década del treinta de una importante comunidad de lectores de capas medias, políticamente motivadas e interesadas en las transformaciones anticapitalistas que estaban ocurriendo en el mundo. Escritores, estudiantes y profesionales, siguiendo los pasos del Congreso de Intelectuales de Valencia, crearon en 1937 la Alianza de Intelectuales para la defensa de la Cultura. Participaron en ella, entre otros, Pablo Neruda, Alberto Romero (que la presidía), Rosamel del Valle, Volodia Teitelboim y Benjamín Subercaseaux. El Frente Popular y sus sucesivos gobiernos -Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), Juan Antonio Ríos (1941-1946), sin contar el interregno antidemocrático de Gabriel 63

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González Videla- contribuyeron a una izquierdización del espectro político e incluso del Estado. Al interior del Frente Popular, en sus tres gobiernos (que se prolongan hasta 1952), se van a producir, empero, tensiones y distanciamientos entre los propios partidos y sectores que lo integran. Por ejemplo, en el gobierno de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), el ala izquierda del Partido Radical se opone a lo que califica de giro a la derecha del gobierno. En 1939, un documento “confidencial” de un sector del Partido Socialista planteaba la posibilidad de penetración del poder armado del Estado para constituir un gobierno exclusivamente socialista y acelerar así los cambios82. A comienzos de 1941, el Partido Socialista y el movimiento obrero se retiran formalmente del Frente Popular. También, en 1943, durante el gobierno de Juan Antonio Ríos, los socialistas se distancian catalogando al gobierno de “demasiado derechista”. Al interior de ese partido se da en esos años una pugna entre “colaboracionistas” y “depurados”; hasta que en 1944 se produce una ruptura y Marmaduque Grove funda el Partido Socialista Auténtico. En 1946, en la 16ava Convención Ordinaria del Partido Radical, se imponen sectores izquierdistas y emiten una declaración que señala: “solo en una democracia económica fundamentada en un régimen socialista, en que los medios de producción dejen de ser propiedad individual y sean reintegrados a la comunidad, puede asegurarse el pleno desarrollo de la personalidad humana”. El voto político aprobado decía que el régimen democrático no se realizaría plenamente “mientras no se (establecieran) conjuntamente con los derechos políticos (los derechos económicos y sociales)”. Gabriel González Videla, que lideraba el ala izquierda del Partido Radical, resultó elegido en 1946 gracias al apoyo del Partido Comunista y de la izquierda, luego del fallecimiento prematuro del presidente Juan Antonio Ríos. En efecto, en 1946 el candidato radical fue instalado como el “más genuino representante del pueblo” y en su proclamación hicieron uso de la palabra el poeta cubano Nicolás Guillen y el dirigente comunista

82 El Diario Ilustrado, Santiago de Chile, 2 de julio, 1939 (periódico conservador). Citando este “documento confidencial”, denuncia: “Un golpe de Estado, planeado desde el Gobierno hacia el Pueblo” por el Partido Socialista.

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César Godoy Urrutia, apoyando un programa de corte estatista y con importantes medidas de apoyo a los trabajadores83. Posteriormente, en 1948, el gobierno de González Videla excluyó a ese partido, iniciando contra él una persecución mediante la Ley de Defensa Permanente de la Democracia (legislación que la Revista Topaze calificó como Ley de Defensa de la Aristocracia84). La tensión constante al interior del Partido Radical entre centrismo y frentismo fue también producto de la adscripción de unos y otros a los polos de la reforma y de la revolución. Los vaivenes y cambios se hicieron sentir en la opinión pública; la revista Topaze bautizó al Partido Radical como un “partido presupuestal”, una caricatura de la época muestra a unas damas gruesas y elegantes y a unos caballeros mofletudos de frac y habanos, subiendo por un camino que se dirige hacia el Palacio Gubernamental. Bajo el título de “Marcha por la Burocracia”, las señoronas avanzan con un cartel que reproduce el lema del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, pero en vez de “Pan, Techo y Abrigo”, dice “Pan, Techo y Abrigo (de pieles)”. Si se observa la trayectoria del radicalismo durante el siglo veinte, resulta ajustada la descripción que de él hace Tomás Moulian: “organización policlasista, de carácter reformador y de pronunciada tendencia estatista”85, descripción que es coherente con su carácter intermedio en el espectro político y con su constante vaivén entre los dos polos del imaginario que hemos descrito. Un tránsito, que tal como en el caso del primer gobierno de Arturo Alessandri, estuvo también vinculado a factores internacionales y al movimiento social y cultural de la época. En efecto, en la década del treinta, la propia constitución del Frente Popular estuvo en sintonía con una ola europea de Frentes Populares antifascistas, fundamentalmente en Francia y España. Después de Pedro Aguirre Cerda, el Frente Popular, en 1942, se amplía para elegir a Juan Antonio Ríos, sumando a falangistas, a democráticos y a un sector liberal disidente. En 1946, tal como ya señalamos, nuevamente el Frente Popular (en esta oportunidad, radicales, socialistas y comunistas), conquista

83 Jorge Guzmán Hernández, Gabriel González Videla. Biografía. Análisis crítico de su programa, Santiago de Chile, 1946. 84 Topaze fue una excelente revista política que a pesar de las ideas más bien derechistas de su fundador Jorge (Coke) Délano, ejerció entre 1931 y 1970 una crítica inteligente y llena de humor sobre la política del país. 85 Tomas Moulian, Fracturas, Santiago de Chile, 2006.

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por tercera vez el gobierno, con otro radical (Gabriel González Videla) a la cabeza. Finalizada, sin embargo, la Segunda Guerra Mundial, el gobierno de Estados Unidos se embarca en la Guerra Fría y se pliega, en su visión de América Latina, al imaginario bipolar. De allí que en las próximas décadas el objetivo fundamental de la política norteamericana será apoyar al polo reformista para evitar que se expanda el polo de la revolución. Se trata de una política que incide en el gobierno de Gabriel González Videla, gobierno que, recordemos, puso fuera de la Ley al Partido Comunista. Con anterioridad, en el Partido Conservador se había producido un desgaje de la colectividad y el surgimiento de la Falange Nacional, la que instalada en la doctrina social de la Iglesia, y más tarde en pensadores como Maritain, dará origen en 1957, al Partido Demócrata Cristiano, agrupación ésta que en el contexto de la Guerra Fría será punta de lanza del polo reformista, abogando por una tercera vía entre capitalismo y socialismo 86. No es casual, entonces, que en la elección de 1958 se produzca una escisión en el polo reformista y un aislamiento del polo revolucionario, lo que redunda en cuatro candidatos: por una parte el FRAP (Frente de Acción Popular), integrado por socialistas y comunistas, coalición que lleva de candidato a Salvador Allende; por otra, el radicalismo, que lleva de candidato a Luis Bossay, y la democracia cristiana, que lleva a Eduardo Frei Montalva, mientras la derecha apoya con el carácter de apolítico y técnico a Jorge Alessandri, postulante que en definitiva ganó la elección, con un programa que incluso le hacía un guiño a la reforma agraria y al imaginario de transformación de la sociedad. Más adelante, luego de la Revolución cubana (1959), movimiento que en un principio fue saludado por el gobierno norteamericano como parte de la opción reformista, se fue gestando en América Latina una sensibilidad para la cual había llegado la hora de la liberación definitiva del continente, produciéndose en la década del sesenta, en todos los partidos de centro y de izquierda, un giro y una oscilación desde el polo reformista al revolucionario. En este clima de utopía y cambio social, el campo léxico semántico puso en evidencia la imbricación y ósmosis entre

86 “Jacques Maritain et la naissance de la democratie chretienne sud-americaine: le modèle malgré lui”, en Annick Lamperiere et autres, L’Amerique Latine et les modèles européenes, París, 1998.

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ambos polos, el concepto de revolución fue utilizado por unos y otros, aunque el apellido en los gobiernos de Frei padre y de Allende fuese distinto: “revolución en libertad” en un caso, y “revolución socialista, a la chilena”, en el otro. El programa del gobierno demócrata cristiano se autopostuló no como reforma sino como revolución en libertad, impulsando una fuerte participación de sectores populares, y tensionando la semanticidad implícita en el concepto de revolución. Eduardo Frei, en un discurso pronunciado en el contexto de las elecciones de 1964 y la marcha de la Patria Joven, adelanta una estrategia participativa del pueblo en la renovación del Estado y la nación: “mi gobierno -dice- será la primera etapa de una larga construcción”87. Los historiadores Simon Collier y William F. Sater, al resumir este período utilizan un lenguaje que deja entrever la imbricación de ambos polos: “Entre 1964 y 1973 -dicen- dos gobiernos reformadores, con distintas formas de retórica revolucionaria, trataron de producir profundas reformas estructurales en un esfuerzo por remediar los graves problemas sociales y el lento crecimiento económico de Chile”88. Sofía Correa, junto a otros autores, en Historia del siglo XX chileno, refiriéndose a la época de Frei Montalva, titula una sección de su libro con la pregunta ¿Reforma o Revolución? 89 En 1967, el Partido Socialista en el contexto de la Conferencia de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina) descarta las “ilusiones electoralistas” y se pronuncia por un camino no de alianzas sino de clase contra clase 90, postura que se revierte completamente con el proyecto de la Unidad Popular. Los cambios, la imbricación y ósmosis entre ambos polos se hacen patentes también en el programa del candidato demócrata cristiano, Radomiro Tomic, proyecto que en 1970 no fue, en lo sustantivo, muy diferente al programa de la candidatura de Salvador Allende y de la Unidad Popular; los dos tenían una perspectiva de transformación del sistema, pero la diferencia residía en que se insertaban

Discurso pronunciado el 21 de junio de 1964. Simon Collier y William F. Sater, Historia de Chile 1808-1994, op. cit. 89 Sofía Correa, Consuelo Figueroa, Alfredo Jocelyn-Holt, Claudio Rolle y Manuel Vicuña, Historia del siglo XX chileno, Santiago de Chile, 2001. 90 Congreso de Chillán, 24 a 26 de noviembre, 1967, en Julio César Jobet, El Partido Socialista de Chile, Santiago de Chile, 1971. 87 88

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en ámbitos distintos de la Guerra Fría, uno, en el orbe norteamericano occidental y el otro, más bien en el orbe soviético. En 1970, con el triunfo de Salvador Allende, el Partido Demócrata Cristiano experimentó fuertes tensiones internas, debatiéndose entre quienes, como los militantes juveniles, salieron a las calles a celebrar el triunfo de la izquierda, y aquellos para los cuales ese triunfo produjo gran alarma91. Son años en que la tensión bipolar está latente; de hecho, en 1969 se desgajan del Partido Demócrata Cristiano, adoptando posturas revolucionarias, el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria) y, más tarde, en 1972, la Izquierda Cristiana. También al interior de la Unidad Popular, sectores del socialismo cercanos al MIR perciben y atacan al Partido Comunista y también a la Unidad Popular tildándolos de reformistas. Fue la polémica entre la vía institucional de transformaciones graduales hacia el socialismo de Salvador Allende y el Partido Comunista, y el “avanzar sin transar” empuñado por el MIR y un sector de los socialistas, entre la batalla de la producción y los cordones industriales92. El gran interés internacional que concitó el gobierno de la Unidad Popular se debió a un proyecto de transformación inédito, en la medida en que pretendía conciliar una propuesta de camino al socialismo manteniendo el Estado de Derecho y la democracia, vale decir, articulando el imaginario de la revolución con el imaginario de la reforma. Puede incluso aventurarse la hipótesis de que durante el gobierno de la Unidad Popular la coexistencia y tensión entre ambos polos, al interior y fuera del conglomerado -incluso entre los propios trabajadores-, alimentada por los recursos de la Guerra Fría, fue un factor que gravitó decididamente en lo ocurrido e impidió la síntesis dialéctica entre esos polos, hibridación que el presidente Salvador Allende siempre buscó. Ya en 1970, en el programa básico de la candidatura del gobierno de la Unidad Popular se perciben las dos estrategias respecto a la vía a seguir. Por una parte, se plantea la creación de un nuevo Estado, “a través de la movilización organizada de las masas a todos los niveles”, en un proceso de abajo hacia arriba, creando una Asamblea del Pueblo

Sofía Correa et al., Historia del siglo XX chileno, op. cit. Véase María Angélica Illanes, “Reforma+revolución”, La batalla de la memoria, Santiago de Chile, 2002. 91 92

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y “una (nueva) institucionalidad: el Estado Popular”93. Por otra parte, las transformaciones en el campo económico y educativo señaladas en el programa tienen como supuesto la mantención y expansión del Estado histórico, accionando dentro de la legalidad instituida y la subordinación a lo que ese Estado -por encima del movimiento social- estableciera como prioridades. Esta contradicción, que obedece en el fondo a la coexistencia de enfoques estratégicos con matices dispares en el seno de la Unidad Popular -reforma y revolución- se manifiesta también en el plano del discurso sobre política cultural. El programa perfila una cultura nueva, que no se creará por decreto, que surgirá de la “organización de las masas para ejercer su derecho a la cultura”, lucha que será canalizada a través de un “Sistema Nacional de Cultura y una extensa red de Centros Locales de Cultura Popular”. Paralelamente, como tarea encomendada al Estado, se plantea democratizar el capital cultural que circula en la sociedad, asegurando el acceso de las mayorías a los bienes artísticos; política extensionista que aparece contemplada dentro de las primeras 40 medidas con la creación de un Instituto Nacional del Arte y la Cultura. Por una parte, entonces, una nueva cultura popular, que debía adquirir gradualmente un carácter hegemónico, y, por otra, la integración a través del agente estatal de una cultura mesocrática, con una cultura popular y con las culturas subalternas (históricamente desplazadas). Política que continúa y expande la que venía realizando el Estado docente y el Estado de bienestar desde la década del treinta. Cabe señalar que el clima cultural, los estilos intelectuales y las disparidades estratégicas con respecto a las vías a seguir presentes en el Chile de la década de los 60 estaban en sintonía con un clima internacional de Occidente. Fueron años en que en Europa el llamado “tercer mundo” era considerado como el sujeto histórico (real o invocado) de los debates político-sociales y culturales de la década. Hasta comienzos de los años 70, el “tercer mundo” fue una sombra omnipresente, que llevó a los intelectuales euroatlánticos a imaginar sus propias sociedades desde la periferia y a pensar el norte desde el sur. El cambio y la revolución fueron

93 1970.

Programa básico de gobierno de la Unidad Popular, Santiago de Chile, junio,

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también ejes articuladores de sus utopías. Las ciencias sociales con sus productos fundamentales (el neomarxismo -desde Althusser a Poulantzas-, las teorías de la dependencia y de la marginalidad) cumplieron un rol ancilar de la política. Se trató de productos revestidos de certidumbre ideológica y de una fe casi ciega en el carácter redentor del “tercer mundo” y en la inevitabilidad de la revolución. Fue precisamente ese clima internacional que colocó en el foco del interés de Occidente tanto a la Revolución cubana como al gobierno de la Unidad Popular. Figuras La historia no la hacen los individuos aislados, por muy relevantes que ellos sean. Sí hay, empero, algunos individuos que desempeñan un rol significativo, sobre todo cuando su discurso, sus proyectos y su acción interpretan necesidades, intereses y movimientos sociales amplios, cuando sintonizan con la escenificación del tiempo histórico nacional y con las ideas y los imaginarios políticos en boga. También cuando están dotados de coraje, de genio y de imaginación para postular lo deseable y lo posible. Individuos que además de surfear las olas de la historia, son capaces de agenciar la dirección que éstas toman94. Desde este punto de vista, los personajes políticos más relevantes del siglo XX, en el caso de Chile, son, en una perspectiva democrática, Arturo Alessandri Palma (1868-1950), Eduardo Frei Montalva (1911-1982) y Salvador Allende Gossens (1908-1973). Los tres tienen varios rasgos en común, pero también -dentro del espectro bipolar en que se desplazaron- grandes diferencias. Alessandri fue elegido diputado por Curicó en 1897 y al año siguiente, cuando todavía no cumplía los 30 años, Ministro de Obras Públicas, en pleno parlamentarismo. Más tarde regresó a la Cámara ejerciendo como diputado durante 18 años, antes de asumir la presidencia de la República por primera vez, en 1920. Luego, en la década del cuarenta fue senador, y al fallecer, en 1950, era presidente del Senado. Frei fue en 1945 Ministro de Obras Públicas del gobierno de Juan Antonio Ríos, cuando solo tenía 34 años; en 1949 fue elegido senador por Atacama y Coquimbo; en 1958 fue candidato a la presidencia por primera vez y

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Debo esta metáfora al profesor Eduardo Devés.

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luego ganó las elecciones en 1964. Después de dejar la presidencia fue elegido senador por Santiago con primera mayoría, en 1973. Allende fue elegido diputado por Valparaíso en 1937. Un año más tarde, cuando solo tenía 31 años, fue Ministro de Salud del gobierno de Pedro Aguirre Cerda. En 1945 fue elegido senador por provincias del sur, en 1953, por Tarapacá y Antofagasta, en 1958, candidato a la presidencia de la República, en 1961, senador por Valparaíso y Aconcagua, en 1964, nuevamente candidato a la presidencia, en 1969, senador por Chiloé y Aysén y, finalmente, elegido Presidente en 1970, como candidato de la Unidad Popular. Se trata, por lo tanto, de políticos con una larga experiencia parlamentaria o en funciones de gobierno, una trayectoria que en conjunto abarca desde fines del siglo diecinueve hasta casi fines del siglo veinte. Los tres tuvieron vínculos con el Partido Radical y con el centro político. Alessandri resultó elegido e hizo su primer gobierno con el apoyo -y con las ideas- de ese partido. Allende y Frei fueron ministros de gobiernos del Frente Popular liderados por el radicalismo, y un sector del Partido Radical fue parte de la Unidad Popular. La pasión por la política y este cúmulo de experiencias en un mundo que ellos querían cambiar les dio a los tres una gran capacidad de maniobra. Alessandri fue considerado uno de los políticos más hábiles de su tiempo; Frei obtuvo rotundas victorias electorales como senador y Presidente (la más contundente del siglo veinte), y de Salvador Allende se llegó a decir que tenía una “muñeca (política) de oro”. Gracias a estas habilidades fueron también innovadores en un mundo en que primaban los modos de hacer política del pasado, capaces de ir promoviendo un orden nuevo al interior del tradicional. Alessandri en su primer gobierno abrió el sistema político a sectores no oligárquicos de la sociedad, reafirmó el papel del Estado y del poder ejecutivo, estableciendo constitucionalmente la separación de la Iglesia, creando el Banco Central, y sentando las bases para un Estado Social y Benefactor. Frei impulsó decididamente la reforma agraria, la sindicalización campesina, la participación popular, la primera etapa en la nacionalización del cobre y también formas asociativas en el ámbito de la sociedad civil como el cooperativismo, las juntas de vecinos y los centros de madre95. Su gobierno contribuyó

95 Cristián Gazmuri, Patricia Arancibia y Alvaro Góngora, Eduardo Frei Montalva (1911-1982), Santiago de Chile, 1996.

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desde el Estado a generar tejido social en las ciudades y en el campo, entre campesinos y pobladores, amplió también la acción del Estado desarrollista hacia algunos sectores industriales como la petroquímica y el acero. Con el rótulo de “revolución en libertad”, la propuesta de la democracia cristiana apuntaba a transformar la realidad hacia lo nuevo, y efectuaba también un guiño al clima de ideas predominantes en la década de los sesenta. Fue un proyecto que, amparado en la doctrina social de la Iglesia, pretendía corregir el sistema, en ningún caso destruir sus bases, un proyecto al estilo de los gobiernos socialdemócratas europeos, pero a diferencia de ellos, con un sustrato católico y con bases económicas y productivas bastante débiles. Allende intentó abrir el camino al socialismo sin partido único y dentro de un Estado de Derecho, en que se respetaran las garantías democráticas, proyecto no solo inédito en el país, sino en el mundo. Continuando lo iniciado por el gobierno de Frei, amplió la democracia política y social, completó la nacionalización del cobre (con apoyo unánime del Parlamento) y en una línea desarrollista, incrementó el rol del Estado en la economía, ampliando el sector social de la misma. Todo ello en un clima de creciente polarización interna, agravado por posturas no siempre convergentes al interior de la propia coalición gobernante, en un país que -como documentó en el Senado norteamericano la Comisión del senador Frank Church- llegó a ser el escenario de las fuerzas más oscuras de la Guerra Fría 96. En definitiva, una situación que fue generando un ambiente de caos y de desorden generalizado. Para algunos -como la empresa El Mercurio- se trataba de un caos destructivo, antesala del comunismo y del fin de la democracia, una situación que era propicia entonces para la intervención de los militares; para otros, en cambio, se trataba de un caos creativo que contribuyó a activar el tejido social, convirtiendo al movimiento popular y sus partidos en sujetos de la historia (es la visión que se desprende, por ejemplo, del documental La batalla de Chile, de Patricio Guzmán); un caos propio de los momentos parteros de la historia como lo fueron el fin de la monarquía en la Francia de 1789 o el fin del régimen zarista en la Rusia de 1917. Se trata

96 En 1975, la Comisión Church emitió el Informe “Covert Actions in Chile: 19701973”, que documenta ampliamente la intervención de la CIA y del gobierno norteamericano con el objeto de desestabilizar al gobierno de la Unidad Popular.

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de lecturas u ópticas interpretativas diversas, que tensionan hasta el extremo los polos de reforma y revolución, cortando casi el hilo que las imbricaba (decimos “casi” porque posteriormente la Concertación y el triunfo del NO, en 1989, fue zurciendo esos hilos). Son puntos de vista sobre los cuales se puede especular, pero que nunca podrán ser zanjados plenamente, por una parte porque desconocemos lo que habría ocurrido si el camino hubiese sido el del plebiscito que se proponía convocar el presidente Allende, y, por otra, porque ignoramos el futuro, porque no sabemos qué ocurrirá en la historia de larga duración, por ejemplo, ante la eventualidad de que el día de mañana la constelación del mercado y la globalización entren en crisis. Lo que sí sabemos con certeza es que lo que ocurrió tuvo un costo significativo en términos de derechos humanos, de Estado benefactor, de democracia y de tejido social, un costo con respecto a lo que venía construyéndose desde las primeras décadas del siglo en el marco de un imaginario bipolar de transformación de la sociedad. Un pasado que, sin embargo, persiste en la memoria y, sobre todo, en la figura de Salvador Allende, icono por excelencia del imaginario de emancipación, un icono que a estas alturas vuela con dos alas, una de reforma y otra de revolución. Alessandri, Frei y Allende fueron comunicadores de masas en sentido moderno, capaces de discursos agitativos y de persuasión; los tres instalaron en política una marca que se proyecta más allá de sí mismos, en quienes llevan sus apellidos. Tanto Alessandri como Frei y Allende fueron defensores de la democracia o de lo que ellos entendían por tal. Los tres contribuyeron a ampliar el círculo de inclusión social y acortaron -sobre todo Frei y Allende- la brecha entre las instituciones democráticas y la vida efectivamente democrática de la mayoría. No es casual, entonces, que hayan tenido que enfrentarse a amenazas o a golpes de Estado, por parte de unas Fuerzas Armadas de frágil convicción democrática, de instituciones que se percibían a sí mismas como gendarmes de la patria por sobre los otros poderes del Estado. Cuando el ruido de sables llevó a Alessandri a dimitir y salir del país, el Presidente tuvo un ofrecimiento de los militares para hacerse cargo de todo el poder y llevar a cabo los cambios que se proponía, sin interferencias del Parlamento97, ofrecimiento

97 Armando Donoso, Conversaciones con don Arturo Alessandri Palma, Santiago de Chile, 1934.

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que rechazó en aras del Estado de derecho y de la democracia. Frei, en 1973, situándose en la óptica de la reforma, percibió el proceso de la Unidad Popular como una destrucción del Estado de derecho. En carta a Mariano Rumor, presidente de la Unión Mundial de la Democracia Cristiana, de noviembre de 1973, justificó la intervención militar en aras de salvar a la democracia, error de apreciación que posteriormente reconoció en los hechos, al desempeñar hasta su muerte un rol importante en la lucha contra la dictadura. Allende, con el apoyo de un sector de la Unidad Popular, hizo esfuerzos por conducir su gobierno en un marco de libertades democráticas (“revolución a la chilena”). En su último discurso y en su propia muerte confluyeron los valores de la democracia y del socialismo aunando simbólicamente -por el modo en que eligió morir- los polos de la reforma y de la revolución 98. “Pagaré con mi vida -dijo- la defensa de principios que son caros a esta patria”. Así como estas figuras tuvieron aspectos en común, tuvieron también grandes diferencias. En el plano biográfico, mientras Alessandri y Allende fueron librepensadores, declarado el primero y militante el segundo (Allende ingresó a la masonería en 1929), Frei, en cambio, fue un católico ferviente; Alessandri y Frei abogados, y Allende, en cambio, médico; Alessandri y Allende estudiaron en la Universidad de Chile, mientras Frei lo hizo en la Universidad Católica, lo que en esos años implicaba culturas muy diferentes; la poetisa predilecta de Frei fue Gabriela Mistral, de Allende, en cambio, Pablo Neruda. Son antecedentes, preferencias y convicciones que incidieron tanto en sus vidas privadas como en sus estilos y filiaciones intelectuales. Pero más allá de estas características personales, el factor fundamental que los distancia y que permite hablar de fisuras históricas fue el lugar que ocupó cada uno de ellos en el imaginario bipolar de transformación. Arturo Alessandri fue, tal como lo demostramos latamente, una figura que contribuyó a instalar el nuevo imaginario político en el espacio público, asumiendo -sobre todo en su primer gobierno- con declarada parcialidad el polo de la reforma (su gran tesis política fue, recordemos, llevar a cabo una reforma para evitar la revolución). Más tarde, en su segundo gobierno y ante la crisis y movilizaciones de la década del treinta, retrocedió en sus ideas. Así lo

98 “Últimas palabras”, en Salvador Allende. Obras escogidas, Gonzalo Martner (comp.), Santiago de Chile, 1992.

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evidencian el affaire Ross-Calder, su quiebre con el Partido Radical, la relegación en 1935 de Salvador Allende al puerto de Caldera, cuando éste era secretario regional del Partido Socialista en Valparaíso, y el lenguaje arcaico de político decimonónico que empleó en las conversaciones que sostuvo durante su segundo gobierno en 1934, con Armando Donoso99. Allende desde muy temprano se instaló discursivamente en el polo de la revolución, pero con una óptica que afirmaba la independencia del Partido Socialista con respecto a los planteamientos de la Tercera Internacional. En una intervención parlamentaria de 1939, Allende dijo: “El partido socialista, leal a la dialéctica marxista, se ha constituido como partido de clase, resuelto a empujar la lucha hasta la conquista del poder por los trabajadores, manuales e intelectuales, y la implementación de un régimen socialista. Condena los errores de los partidos de filiación internacional: la beligerancia suicida de las fracciones obreras, el agresivo desprecio por las clases medias o pequeños burgueses y la práctica de teorías universales, que no contemplan la realidad indoamericana”100.

Se trata de un ideario que se proyectará en su trayectoria por más de tres décadas, que está presente en 1970, en la Unidad Popular, e incluso en sus “Últimas palabras”. Durante casi cuarenta años, Allende se mantuvo en el polo de la revolución, pero siempre participando paralelamente del Parlamento y de un ámbito que el marxismo ortodoxo consideraba como un espacio burgués, en la medida en que camuflaba el dominio y el conflicto de clases. Aun cuando el Partido Socialista en el Congreso de Chillán de 1967 fustigó las ilusiones electoralistas y coqueteó con la estrategia de la lucha armada, no fue Allende el que lideró esa postura. Más que de clase contra clase, su postura fue siempre una de alianzas y coaliciones en democracia (Frente Popular, Frente del Pueblo, FRAP y Unidad Popular), que se situaba en el polo de la revolución (pero a la chilena, con empanadas y vino tinto, dentro del Estado de derecho, con vía electoral reforzada por movilización popular). De allí la imbricación constante en el pensamiento de Allende, a veces de modo tácito y a

99 1934.

Armando Donoso, Conversaciones con Don Arturo Alessandri, Santiago de Chile,

“Intervención parlamentaria. Cámara de Diputados. Sesión 8a. Miércoles 7 junio 1939”, en Salvador Allende. 1908-1973. Obras Escogidas, op. cit. 100

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veces de modo explícito, con el polo de la reforma, concebida ésta como una táctica para abrir el camino del socialismo en el país, pero como un medio -la democracia- que resultaba en sí mismo un fin. Según Carlos Altamirano, máximo dirigente del Partido Socialista en 1973, la adhesión “a las leyes y a las libertades públicas de Salvador Allende era profunda, honesta y excesiva -dice- considerando la naturaleza de su proyecto”101. “El allendismo del período de la Unidad Popular -dice Sergio Grez- fue la expresión de una tentativa abortada por resolver, en una síntesis dialéctica, la disyuntiva entre reforma o revolución que el contexto histórico de los años 70 -ahora lo percibimos con claridad- no permitía solucionar”102.

Frei se sitúa, en cambio, desde la creación del Partido Demócrata Cristiano en 1957, y aún desde antes, desde la época de la Falange, en el polo de la reforma. Entre 1964 y 1970, las pulsiones antisistema del programa de “revolución en libertad”, de acuerdo con sectores críticos de su propio partido, se fueron quedando a medio camino. Los llamados sectores “rebeldes” de la democracia cristiana terminaron por retirarse del partido y constituir otros referentes (los partidos MAPU e Izquierda Cristiana), desde donde plantean que el gobierno no llevó a cabo la “revolución en libertad”, programa que para ellos y para un sector importante de la juventud demócrata cristiana, equivalía a una vía no capitalista de desarrollo y a la construcción de una sociedad comunitaria103. Dentro de las propias filas de la democracia cristiana se fue produciendo, entonces, una escisión que hizo patente las pulsiones bipolares de transformación social en una época en que el plano internacional la balanza -con el ejemplo de Cuba y de Ernesto Che Guevara- se inclinaba hacia el polo de la revolución. En la década de los sesenta, Frei planteaba una integración latinoamericana de cuño desarrollista y cepaliana, con el trasfondo de un panamericanismo104, Allende, en cambio, estaba permeado con la idea

Gabriel Salazar, Conversaciones con Altamirano, Santiago de Chile, 2010. Sergio Grez, “Salvador Allende en la perspectiva histórica del movimiento popular chileno”, op. cit. 103 Luis Moulian y Gloria Guerra, Eduardo Frei, Biografía de un estadista utópico, Santiago de Chile, 2000. Entre estos “rebeldes” se destacan Jacques Chonchol, Julio Silva Solar, Rafael Agustín Gumucio y Alberto Jerez, alguno de los cuales tendrán un rol destacado en el gobierno de Salvador Allende. 104 Eduardo Frei Montalva, América Latina tiene un destino, Santiago de Chile, 1967. 101 102

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de que en América Latina se vivía una situación inminente de definición histórica, en términos de independencia y soberanía, con un trasfondo antiimperialista. Frei fue una figura internacional en el ámbito de los intereses norteamericanos y de la Alianza Para el Progreso, representando la opción reformista de América Latina frente a Fidel Castro, que encarnaba (para los latinoamericanos) la opción revolucionaria y (para el gobierno de Estados Unidos), la opción comunista o prosoviética. Este rol lo llevó a desempeñar un papel significativo como líder natural del Partido Demócrata Cristiano, con respecto a los sectores medios y al derrocamiento de la Unidad Popular. Durante el gobierno de la Unidad Popular, en la medida en que el polo de la revolución se fortaleció y se hizo carne en una democracia participativa, la postura reformista, en medio de un clima crecientemente polarizado, se fue radicalizando y aliando con sectores de derecha, hasta (casi) cortar el hilo del imaginario bipolar de transformación social, dialéctica que se dio no solo en Chile, sino también en otros países de América Latina. Por cierto, Alessandri, como figura política, no alcanzó a participar de estos dilemas, pues fue, tal como lo hemos señalado, solo una figura en la instalación de un imaginario bipolar y en los inicios de un tiempo histórico de transformación social del cual él no participó plenamente.

d) Síntesis y proyecciones El imaginario político bipolar de cambio y transformación social es un régimen de representaciones que incide en la construcción de sentidos e induce a pautas de acción que operan en todos los órdenes de la realidad, tanto en sujetos individuales como colectivos. Se trata de un régimen de representaciones que incide también en la focalización retrospectiva de la memoria, en las narrativas de futuro y en los relatos de la nación. Un imaginario político de transformación social implica, por ende, no solamente ideas, sino también, y de modo fundamental, construcción de sentido, representaciones, proyectos y un horizonte utópico. Confluye con el concepto de visión de mundo, en la medida en que afecta a diversos comportamientos: individuales, políticos e intelectuales. El imaginario bipolar no solo incidió en destacadas figuras y en los partidos políticos, sino también en movimientos sociales e instituciones, como por ejemplo, 77

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en los militares (recuérdese la República Socialista de Marmaduque Grove, en 1932), en el movimiento poblacional, en el gremio del magisterio en sus distintas etapas, en el movimiento femenino (recuérdese la creación del Partido Cívico Femenino, en 1922, la creación del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer o MEMCH, en 1935, y su alianza con el Frente Popular) o en la Iglesia (recuérdese los Cristianos por el Socialismo, y los sectores católicos que en la década de los sesenta se autopercibían como agentes de cambio y de revolución). Son innumerables los ejemplos de toda índole, individuales y colectivos, que transitan por dicho imaginario: el libro Un movimiento ideológico (Santiago, 1935), de Eliodoro Domínguez, es prácticamente un diagnóstico del derrotero que en esa perspectiva recorre en la década del treinta la Asociación General de Profesores de Chile, organización que estuvo entre 1922 y 1928 -según el autor (que fue uno de sus dirigentes)- en “rebeldía lírica”, manteniéndose ajena a los partidos en la óptica de un sindicalismo no contaminado; luego, después de 1930, hizo un mea culpa plegándose a una óptica que vincula la reforma educacional a una transformación de la realidad y del sistema. El propio Rodríguez, profesor de matemáticas y dirigente de la Asociación, fue fundador del Partido Socialista Marxista en 1931 y del Partido Socialista en 1933, después se afilió al Partido Radical, desempeñándose como senador entre 1941 y 1949, y Ministro de Educación del gobierno de Gabriel González Videla en 1952. El imaginario de transformación operó asimismo en el campo intelectual, académico y artístico; corrientes como el desarrollismo, la sociología de la dependencia, el cooperativismo, la promoción y educación popular, la teología de la liberación, fueron energizadas por uno u otro polo. También fenómenos o movimientos artísticos como la generación literaria del 38, el muralismo, la nueva canción chilena, el cine revolucionario o la idea del “artista comprometido” en la década de los sesenta, en la que el pueblo y la revolución eran los significados trascendentes de obras que se proponían transmitir una visión de mundo, cuya utopía de cambio social había sido -como señala Nelly Richards al referirse al didactismo revolucionario de los sesenta78

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preformulada desde la política105. El imaginario de transformación social operó no solo en Chile, sino también en toda Latinoamérica; Octavio Paz, en su discurso de agradecimiento del Premio Nobel de Literatura, en 1990, expresó: “Nosotros adoramos el cambio, motor del progreso y modelo de nuestras sociedades. El Cambio tiene dos modos privilegiados de manifestación: la evolución y la revolución, el trote y el salto”106. En el plano latinoamericano, las polémicas intelectuales y literarias entre Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, por un lado, y Octavio Paz, Mario Vargas Llosa y Jorge Edwards, por otro, estuvieron también signadas por la ubicación de los interlocutores en el “trote” o en el “salto”, en el Chile de Eduardo Frei Montalva o en la Cuba de Fidel. El imaginario político bipolar operó, entonces, en el campo de las ideas y en los comportamientos político-partidarios, pero también, como ya señalamos, en el plano de las identidades personales y colectivas. Operó en los procesos de individuación en que él (o la) sujeto se constituyen a sí mismos a partir de las relaciones que establecen con otros (u otras) y con los contenidos que circulan en la época en que le correspondió vivir. En la medida en que los imaginarios vigentes en una sociedad inciden tanto en las identidades personales como colectivas, son también parte de la historia social y cultural del período. Nuestro interés por la instalación de un imaginario político bipolar nos llevó a analizar con cierto detalle el ascenso y primer gobierno de Arturo Alessandri Palma, entre 1915 y 1925. Durante ese período, la escenificación hegemónica del tiempo nacional se inscribe en una perspectiva de integración -tal como lo demostramos en el volumen anterior, lo que resulta evidente, por lo demás, en el modo como el discurso de Alessandri se parcializa en pro del polo reformista, perfilando al opuesto como una disyuntiva que había que desechar. Se trata, hasta 1930, de una etapa de encabalgamiento, en la que subyace la hegemonía de una escenificación del tiempo histórico nacional en clave

105 Nelly Richard, “Arte y política; lo político en el arte”, en Pablo Oyarzún, Nelly Richard y Claudia Zaldivar (editores), Arte y Política, Santiago de Chile, 2005. 106 “La búsqueda del presente”, Estocolmo, 8 diciembre, 1990.

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de integración, escenario que cambia a partir de la década del treinta en una perspectiva de transformación social. Entre 1930 y 1973, “la política fue, a través de un sistema partidario, la forma básica de constitución de nuestra sociedad”107. Cabe señalar que la hegemonía del imaginario que hemos recorrido y la escenificación de un tiempo histórico nacional en clave de transformación, va a generar también, como ya señalamos, un pensamiento contrahegemónico con diversas caras108, que luego del golpe militar se conjugan e inciden en una desarticulación del Estado social y desarrollista vigente hasta 1973. Observado desde la distancia, el imaginario político bipolar y su operatividad en el período 1920 a 1973 ofrecen aspectos que pueden destacarse y otros que son susceptibles de una mirada crítica. Entre los primeros, la invitación a soñar, el fomento a la conciencia utópica, el latinoamericanismo; sentimientos como el de solidaridad o el de justicia social hacia los más pobres o figuras icónicas de trascendencia ética y alta apelación identitaria, sobre todo para los jóvenes, como la del Che Guevara. El imaginario político de transformación de la sociedad fue también, por una parte, un producto de nuevos y diversos sectores y actores sociales, y, por otra, un factor que contribuyó a darle mayor visibilidad a esos sectores, realzándolos como colectivos de filiación e identidad. Nos referimos a sectores medios y obreros en los años de Arturo Alessandri y del Frente Popular; a campesinos y pobladores en la época de Frei Montalva; y a obreros, campesinos, pobladores, sectores marginales e indígenas en los años de la Unidad Popular. En su dimensión bipolar contribuyó a activar una interpretación diferencial de un proyecto histórico de sociedad. El imaginario de transformación política ofrece también, sobre todo en sus versiones más ideológicas, aspectos susceptibles de una reflexión crítica, como por ejemplo, la absolutización de la política y de algunos dogmas intransigentes sobre el curso de la historia. Ideas que dieron pie a visiones estereotipadas y excesivamente confrontacionales de la

107 Manuel Antonio Garretón, “Política y sociedad en Chile. Una mirada desde el Bicentenario” en Maximiliano Figueroa y Manuel Vicuña (coordinadores), El Chile del Bicentenario, Santiago de Chile, 2008. 108 Gonzalo Catalán, op. cit. y Carlos Ruiz, op. cit.

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sociedad, a la desvalorización de la democracia y a visiones parciales sobre los socialismos reales, a cierta desconfianza de la participación ciudadana cuando no pasaba por estructuras partidarias, o a la totalización de aspectos étnicos, culturales o de género desde el vector de la política, totalizaciones que indujeron a equívocos, como por ejemplo, la lectura clasista de la realidad agraria, que llevó a considerar la lucha por la tierra de los mapuches como una expresión de conciencia de clase, en circunstancias de que lo era -como ya señalamos- de conciencia étnica. O, como lo que señala Julieta Kirkwood respecto a la ceguera de los partidos políticos de izquierda durante la década de los sesenta en relación con la variable de género109. La irrupción militar del 11 de septiembre de 1973 y el régimen a que ésta abrió paso se perfilan con características diferenciales respecto a lo que había sido la evolución político-social anterior del país. Fue, en lo sustantivo, una dictadura reactiva al imaginario de transformación de la sociedad (tanto al polo de la reforma como al de la revolución) y a los sectores sociales que lo sustentaban. Una dictadura que abrió paso al modelo neoliberal, en un proceso que desestimuló las conductas asociativas, convirtiendo en principio regulador de las relaciones sociales al mercado, y a la integración a la sociedad del individuo solo por la vía del consumo, del deporte y de la cultura de masas. Algunos autores, sin embargo, entre ellos, Tomás Moulian, Eugenio Tironi, Joaquín Lavín, Sofía Correa et al., extienden uno de los polos del imaginario que hemos descrito, el de la revolución, hasta la dictadura de Pinochet. Lavín habla de la “revolución silenciosa”, Moulian y Tironi, de “refundación o revolución capitalista”, y Sofía Correa et al. perciben una continuidad en las últimas cuatro décadas, entre las “planificaciones globalizantes de la Revolución en Libertad de la Democracia Cristiana, la revolución a la chilena de la Unidad Popular y la revolución neoliberal de Augusto Pinochet”. De esta última, dicen: “lejos de erigirse en una contrarrevolución extirpando el espíritu revolucionario con que Chile estaba impregnado hace ya un tiempo, participa y se aprovecha de la

109 Julieta Kirwood, Ser política en Chile. Las feministas y los partidos, Santiago de Chile, 1990.

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misma lógica revolucionaria de la época, aunque con un signo distinto”110. Hablan de una paradoja. Se trata, en estos autores, de un uso categorial difuso, que induce a confusión, en la medida en que no se hace cargo de la historicidad de las ideas y de los climas intelectuales. El campo léxico y semántico del término revolución obedece en estos casos, a otro ámbito, a la escenificación del tiempo nacional en clave de globalización, al ámbito de la tecnología y del mercado, a la nueva fase del capitalismo globalizado en que estamos insertos, distanciándose, por ende, e implicando un quiebre con la semanticidad del imaginario que hemos descrito. Se trata de una transformación, pero de una transformación de otra índole, que se inscribe en la globalización y no en el carril de la modernidad ilustrada, ni de la tradición que se inició con la Revolución Francesa y luego con el pensamiento socialista y marxista. A partir de 1989 y del gobierno de Patricio Aylwin, se inicia la transición a la democracia, una transición pactada en la que se conservan la Constitución y algunos rasgos centrales del modelo instaurado por la dictadura, rasgos de diseño económico que en el contexto de una nueva escenificación del tiempo histórico globalizado van a perdurar durante todos los gobiernos de la Concertación -con una perspectiva de corrección de sus efectos más negativos. Con la recuperación de la democracia reaparecen y se hacen visibles las huellas del imaginario político de transformación social, pero solo como huellas y memoria histórica, como pulsiones y ya no como energía hegemónica. Incluso en la postdictadura se produce en la Concertación de Partidos por la Democracia una aproximación y, en algunos casos, una fusión entre ambos polos en el vértice de la reforma, pero ahora biodegradados, despojados casi por completo de sus componentes utópicos y de transformación social. Es otra época, una en que -como señala Manuel Antonio Garretón- el sentido común prevaleciente corresponde a la idea de que el mundo no se puede cambiar, solo cabe adaptarse a él o transformarlo muy lenta y parcialmente111. En este proceso, la política varía de registro, se desdramatiza, pierde su aura épica y utópica, al mismo tiempo que se massmediatiza y se convierte en el desafío de

Sofía Correa et al., Historia del siglo XX chileno, op. cit. Manuel Antonio Garretón, “La revolución como contenido sin método revolucionario”, op. cit. 110 111

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buscar acuerdos con el propósito de darle la mejor administración posible a lo que ya existe, con la intención de enfrentar sin prisa, pero también sin pausa, los problemas de la pobreza y de la inequidad de oportunidades. Como señala Ernesto Ottone, destacado miembro de la Concertación y ex militante del Partido Comunista: “Se trata ahora de reivindicar el reformismo con todas sus letras”, “es el sello distintivo del progresismo moderno. No rompe con la aspiración de justicia social que nos inspiró cuando éramos revolucionarios, pero se nutre de nuestra experiencia de vida, de haber conocido por dentro el socialismo totalitario. Nuestra convicción es que la democracia y la libertad son valores permanentes que no pueden ser sacrificados en el altar de la justicia social y que, por el contrario, deben ser parte del esfuerzo por alcanzarla. Ello significa caminar no solo más lento, sino de otra manera. De una manera que rechaza las visiones absolutas. Quienes somos progresistas no creemos encarnar el curso de la historia, no tenemos un modelo de sociedad a construir, definitivo, finalmente armonioso, en el que todos seremos felices. A diferencia de los revolucionarios, los reformistas no tenemos una doctrina y una interpretación de los fenómenos sociales basadas en la clave central de la lucha de clases y la destrucción del capitalismo. Tampoco leemos la sociedad a partir de un solo eje, ya sea de género, ecológico o étnico. Nos separa una enorme distancia de los nacionalismos, los integrismos religiosos, los doctrinarismos neoliberales o los postulados antimodernos”112.

Son huellas del imaginario de transformación social del siglo XX en sintonía con el llamado pensamiento blando de tinte posmoderno y las incertidumbres del siglo XXI. Se trata también de un pensamiento que está en sintonía con el reflujo de las utopías revolucionarias entre los intelectuales euroatlánticos. Una serie de hechos históricos (los retrocesos y caídas de los socialismos reales, las experiencias autoritarias en América Latina y África, desde Pinochet a Idi Amin) conforman un clima propicio para una revalorización de la democracia y la disipación de las certidumbres ideológicas, para el reemplazo de los grandes proyectos imbuidos de una concepción heroica de la política, por una perspectiva de cambios

112



Ernesto Ottone y Sergio Muñoz Riveros, Después de la quimera, Santiago de Chile,

2008.

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graduales, por acciones menos grandilocuentes y menos espectaculares. La política deja de ser así el desafío de lo imposible y se convierte cada vez más en el arte de lo posible. El viaje intelectual de un Regis Debray, desde que teoriza y promueve la guerra de guerrillas en América Latina, hasta convertirse en defensor de la idea de una Europa que no sea devorada por la política de bloque, ejemplifica bien los cambios y la trayectoria en el pensamiento euroatlántico entre la década de los 60 y la de los 80113. Hay que señalar, sin embargo, que este pensamiento de revalorización de la democracia y de la Realpolitik, encuentra su contraparte y su comentario en una serie de encuestas realizadas en Chile y América Latina, encuestas que indican una desafección por la actividad política y la democracia, sobre todo entre los jóvenes y sectores populares. La democracia ha dejado de ser -como lo fue hacia 1980- un ideal, particularmente la democracia en su forma de mercado, solo representativa y con una sociedad civil débil y casi inexistente, una sociedad civil que hasta el año 2010 se hace presente solo en algunos temas como los medioambientales, los derechos reproductivos y de género114. (Situación que cambia radicalmente al año siguiente con el movimiento estudiantil en torno a la educación). Digamos, finalmente, que nuestro interés por examinar la instalación, la vigencia y las huellas del imaginario político de transformación de la realidad reside en la relevancia que este proceso tiene con respecto a las ideas y a la cultura chilena en el siglo XX, en un país en que, como hemos señalado reiteradamente, las energías culturales han sido con frecuencia movilizadas por los imaginarios políticos.

113 Norbert Lechner, “De la revolución a la democracia. El debate intelectual en América Latina”, Opciones, 6, Santiago de Chile, 1985. 114 Un Estudio Nacional sobre Políticos y Sistema Electoral, realizado en marzo-abril del 2008 por centros de estudio de todo el espectro político, con una muestra de 1.505 personas mayores de 18 años, residentes en 146 comunas de Chile, solo el 45% estima que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Solo un 6% confía en los partidos políticos, un 16% en el Congreso y un 53% en la Fuerzas Armadas (actuales).

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CAPÍTULO II ESTADO Y CULTURA

a) La noción de Estado La noción de Estado apunta a una institución que operacionalmente es vivencial y tangible (nos referimos a los aparatos coercitivos, persuasivos, protectores y reguladores del Estado-nación), pero también a una idea abstracta, a una dimensión simbólica que linda en lo metafísico. Se trata de una noción y de un aparato que en el curso del tiempo han experimentado transformaciones en ambos planos, como facticidad y ente histórico, y como idea incorpórea portadora de prestigio y de una carga simbólica que trasciende sus desempeños fácticos. Esta complejidad se hizo patente en el debate que provocó el Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile (1982), de Mario Góngora, uno de los análisis más estimulantes publicados en el país sobre el tema. Según la tesis de ese libro, en el caso chileno -a diferencia de Perú o México- “el Estado” habría “sido la matriz de la institucionalidad y de la nación”, la que no existiría sin el Estado que a lo largo de los siglos XIX y XX la configuró. A partir de esta tesis, el autor revisa el itinerario de la historia del país. Muestra que desde la Independencia hasta 1973, el Estado jugó un rol central en la conformación y cohesión de la nación, en aspectos que abarcan desde el territorio, la población, la educación y la institucionalidad, hasta el sentido de pertenencia e identidad. Publicado en plena dictadura, obra de un autor al que se consideraba un notable historiador pero identificado más bien con el pensamiento conservador, el libro provocó revuelo en amplios sectores, en la medida en que contenía una crítica al neoliberalismo y al principio de subsidiariedad, según el cual el Estado debía ser reducido a su mínima expresión, y no 85

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ocuparse de aquello que podía ser resuelto por el mercado o por grupos intermedios o unidades menores de la sociedad, “Principio casi único del gobierno de Pinochet”, que “ha derivado” -sostenía el autor- en una “tendencia francamente antiestatal”115. El ensayo provocó variadas respuestas116. Se le criticó a Góngora que no explicara con suficiente detención ni claridad teórica la noción de Estado117. Se trata, en efecto, de un estudio que -como corresponde al género ensayo- carece de prurito científico. Su autor no aclara ni precisa el concepto de Estado al modo en que lo haría un tratado, sino que lo hace a través de un recorrido, mostrando el rol central del Estado en Chile a lo largo de los siglos XIX y XX. Itinerario que va desde el Estado manejado por la fronda aristocrática (con una noción de Estado tradicional, de cuño europeo e ilustrado), pasando luego por el “Estado en forma” del ministro Portales, que posteriormente va a ser aggiornado y se transforma -según el autor- en el Estado liberal presidencialista, Estado que a fines del siglo XIX cambia su base de apoyo de la aristocracia a la plutocracia, para, más tarde, a partir de la segunda década del siglo XX, incorporar a sectores medios y populares, inaugurando -luego de los gobiernos de Alessandri e Ibáñez- el Estado benefactor, modalidad que se prolonga hasta la década del sesenta. Se trata de una etapa en que el Estado -afirma Góngora- va a ser cooptado por partidos políticos, dando lugar, entre 1964 y 1973, a un período que el autor califica como la etapa de las “planificaciones globalizantes”. Aunque no lo dice explícitamente, de este recorrido se desprende que para el historiador el Estado no es una entidad etérea y ahistórica, sino una institución que se transforma y cambia, y que, por ende, las formas estatales no son ni arbitrarias ni estructuralmente indeterminadas, sino que están en sintonía con los cambios económicos, sociales y políticos, y, en consecuencia, también con los nexos, los intereses

Mario Góngora, Ensayo histórico sobre la noción de Estado en Chile, siglos XIX y XX, Santiago de Chile, 2003. 116 Nos referimos a críticas o comentarios de Arturo Fontaine Talavera, Bernardino Bravo Lira y Alfredo Jocelyn-Holt. Otros críticos apuntaron a la sobredimensión de la guerra como factor en la constitución del Estado, y a una sobrevaloración del Estado portaliano. 117 Arturo Fontaine en Economía y sociedad, 2a época, 3, Santiago de Chile, 1982. 115

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y las hegemonías que se dan en ese plano118. En esta perspectiva, el autor, sin proponérselo, usando otros términos y otro lenguaje, se aproxima a Gramsci y a su idea de que el Estado equivale a la sociedad política más la sociedad civil, vale decir, a la hegemonía reforzada por la coerción119. Por otra parte, Góngora, por aquí y por allá, realiza afirmaciones que apuntan a la idea de permanencia y trascendencia del Estado, a su hálito aurático y a una dimensión organicista y espiritual del mismo. En esta perspectiva suscribe y cita la visión contractualista de Edmund Burke, para quien el Estado “es una sociedad no solo entre los que viven sino también entre los que no están vivos, los que han muerto y los que nacerán”120. Realzando el rol del Estado como fuerza moral ordenadora, Góngora se aproxima a la visión hegeliana del Estado como objetivación de la idea del bien y de la moral, como un organismo cuyas células se transforman o mueren, mientras el organismo persiste, como una forma de vida que trasciende a sus partes. El Estado sería, por ende, una entidad constituida por encima de los intereses y conflictos de la sociedad. Se acerca de este modo a la idea tomista del Estado como encarnación del bien común. En definitiva, aun cuando Góngora no despeja ni analiza al modo de un tratado la noción de Estado, la asume en su complejidad y deambula entre una concepción histórica y una concepción esencialista del mismo. Hay sí cierta contradicción entre ambas concepciones, antagonismo que el autor no termina de aclarar. Desde nuestro punto de vista, optamos por prescindir de la concepción esencialista, en la medida en que ella supone la idea de que el Estado es un ente ahistórico, y que como tal, por su propia naturaleza, tendría siempre que cumplir tareas de cohesión social y bien común. El pasado, por el contrario, proporciona innumerables ejemplos, incluso en Chile, de que el Estado (recurriendo a las llamadas “razones de Estado”) no

Agustín Cuevas, “Análisis postmarxista del Estado latinoamericano”, Cuadernos del pensamiento latinoamericano, 2ª época, Santiago de Chile, 2008. 118

Antonio Gramsci, “Notas sobre política y Estado moderno”, Política y sociedad, Santiago de Chile, 2006. 120 La cita proviene de Edmund Burke, Reflexiones sobre la Revolución en Francia (publicado originalmente en 1790). Edmund Burke (1729-1797) fue un pensador tradicionalista pero también pragmático. 119

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siempre cumple tareas de esa índole121. De hecho, el planteamiento de Mario Góngora solo considera la dimensión inclusiva, unificante y asimilacionista del Estado, pero no el anverso: su dimensión de exclusión, represión y ocultamiento122. Recuérdese, a este respecto, el Estado nacionalsocialista en Alemania o las “razones de Estado” que llevaron a la República Democrática Alemana a construir el muro de Berlín; son situaciones que dificultan la visión que esencializa al Estado como encarnación del bien común. Prescindir de esa visión esencialista no significa, empero, desconocer la dimensión simbólica que implica la noción, ni ignorar el aura que irradia el Estado -como símbolo máximo del poder- hacia ámbitos no estatales de la sociedad. Prescindir de esa vertiente tampoco implica ignorar la contradicción entre la idea de Estado como un ente que conlleva el punto de vista del todo, y su facticidad o realidad histórica, infiltrada siempre por intereses políticos en lucha por el poder, lo que conlleva necesariamente una parcialidad, una mirada en que el Estado recorta a la sociedad desde una parte, desde un lugar que no es neutro sino que encarna lo políticamente dominante. Otro alcance al libro de Góngora proviene de autores que concuerdan con su tesis respecto al rol del Estado en la configuración de la nación, pero que movilizan el proceso en el tiempo, ya sea retrotrayéndolo a un momento pre-Independencia, en un caso, o postergándolo a la segunda mitad del siglo XIX, en el otro. Uno de estos autores sostiene que no fue el Estado republicano quien configuró a la nación, sino el Estado indiano y colonial, que sería el que verdaderamente conformó la nación en un proceso cuyas raíces se remontarían al siglo XVII123. De modo que el Estado decimonónico solo habría contribuido al robustecimiento y expansión de una nacionalidad ya constituida. Se trata de una afirmación que no distingue el Estado absoluto o teocrático colonial del Estado moderno; mientras el primero se funda en un principio externo -ley divina o tradición sacralizada-, el Estado moderno se funda en una

Agustín Cuevas, “Análisis postmarxista del Estado Latinoamericano”, op. cit. Ximena Troncoso Araos, “El retrato sospechoso: Bello, Lastarria y nuestra ambigua relación con lo mapuche”, Atenea, Nº 488, Concepción, 2003. 123 Bernardino Bravo Lira, “La crisis de la idea de Estado en Chile, durante el siglo”, Política Nº, 5, Santiago de Chile, junio, 1984. 121 122

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normativa que emana de la propia sociedad124. El Estado posterior a la Independencia es una instancia básica de una nueva cohesión social, y la cohesión social es una producción política. De allí el hálito fundacional que se hace patente no solo en la elite criolla y letrada sino también en casi todos los gestos, actos y discursos del Estado decimonónico. Un hálito que gravita decisivamente en la formación de la nación y en el sentido de pertenencia e identidad de sus habitantes. Aun cuando hay elementos de continuidad entre la Colonia y la post- Independencia, sobre todo en el plano de las mentalidades y de la cultura, en el ámbito de las ideas y de lo político institucional –aspectos fundamentales en lo que concierne al Estado- los elementos de cambio, innovación y diferencia son considerablemente más significativos. Si bien es efectivo -como señala el comentarista del ensayo de Góngora- que en la Constitución de 1833, tal como ocurría en la Colonia, además de la patria y de la ley, se invoca también de modo destacado a la divinidad125, se trata, sin embargo, de una apelación formal, que opera como un rezago simbólico (similar a los juramentos por la Biblia que se efectúan en los tribunales de un Estado laico y moderno). El Estado posterior a la Independencia no es, entonces, ni un Estado teocrático, ni un Estado absoluto, como el que menta la famosa frase pronunciada por el Rey Sol, Luis XIV, en 1655: “l’ etat ce moi”. A partir de 1810 se pretende, en cambio, sentar las bases de un Estado moderno, de cuño ilustrado y republicano, fundado en la razón, en el derecho de los ciudadanos, en una Constitución inscrita en la trama del progreso y de la perfectibilidad social, vale decir, en una concepción de la historia lineal y profana, que, a diferencia de la religiosa, no tiene término, ni es cíclica, ni consulta un juicio final. En sintonía con esta concepción se va instalando una escenificación del tiempo histórico nacional que se inscribe en un registro fundacional de carácter inaugural, registro de raigambre iluminista que se prolongará a lo largo de todo el siglo XIX, y que incide

124 Norbert Lechner, “Política y cultura y viceversa”, Estado y Cultura, Cuadernos del Foro 90, Nº 5, Santiago de Chile, 1993. 125 “En el nombre de Dios todopoderoso, Creador y Supremo Legislador del Universo, la Gran Convención de Chile llamada por la ley de 1 de octubre de 1831 a reformar o adicionar la Constitución Política de la Nación, promulgada el 8 de agosto de 1828…”.

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en las más diversas formaciones discursivas y culturales, como también en los imaginarios políticos y en las concepciones y olvidos del pasado. Otro historiador, señalando que la idea de Góngora de una nación creada por el Estado supone un Estado ya constituido en el momento de la Independencia, sostiene que ello no fue así. Según su punto de vista, la conformación del Estado habría ocurrido bastante más tarde de lo que plantea la historiografía tradicional. “Lo que suele aparecer como Estado -señala- no es más que un poder oligárquico que tiende a confundirse con una estructura supuestamente impersonal. El Estado como tal no era otra cosa que un instrumento al servicio de una elite social cuya base de poder residió en la estructura social más que en (un) aparato propiamente estatal”126. Solo a partir de los llamados gobiernos “liberales”, entre 1861 y 1891, se podría hablar -según este autor- de la conformación de un Estado moderno; antes habría solo formas autoritarias de resolución de desavenencias o conflictos, formas que fueron agenciadas por la elite tradicional basadas en un dominio de tintes coercitivos. ¿Cuáles son los requisitos que permiten hablar de un Estado ya instalado? ¿Puede acaso datarse con exactitud la conformación de un Estado en el Chile del siglo XIX? Cabe señalar que la conformación de un Estado no es un hito con fecha precisa, sino un proceso, y como tal no puede datarse como hecho concluido en un determinado año o en otro. Según Jorge Pinto, todo Estado supone cuatro elementos y una condición: los elementos son territorio, población, justicia o cuerpos legales y aparato burocrático militar, y la condición es que existan individuos leales e identificados con la nación127. A partir de estos requisitos es claro que se trata de un proceso, de una dirección, pues el territorio definitivo del Estado chileno ni siquiera estaba plenamente consolidado a mediados del siglo XIX, y, con respecto a la población, hay procesos de migración o de no inclusión que se prolongan hasta el presente (como sucede en el caso de sectores significativos de mapuches que no se sienten identificados con la nación chilena). Precisamente, la condición señalada

126 Alfredo Jocelyn-Holt, El peso de la noche. Nuestra frágil fortaleza histórica, Santiago de Chile, 1997. 127 Jorge Pinto Rodríguez, La formación del Estado y la nación, y el pueblo mapuche (De la inclusión a la exclusión), Santiago de Chile, 2000.

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por Pinto requiere que el Estado recurra a todo el instrumental simbólico disponible para fomentar persuasivamente el sentido de pertenencia (a la retórica, a la historiografía, a la educación, a la bandera, al escudo, al himno nacional, a las fiestas cívicas y a la hagiografía militar). Su función disciplinadora, unificante y coercitiva requiere también del monopolio de las armas, ambas instancias disponibles solo desde los años posteriores a la Independencia. Ahora bien, que en el siglo XIX detrás de esta operación estuvo la elite tradicional y la oligarquía fue una situación que no hace por ello al Estado menos Estado. Ya en 1817, Bernardo O’Higgins iniciaba sus decretos identificándose como “Director Supremo del Estado de Chile”. Lo que interesa reafirmar es que, a diferencia de lo que plantea la concepción esencialista del Estado, la trayectoria del Estado moderno en Chile (como también en el resto de América Latina) pone en evidencia que el Estado no está por encima de los conflictos, ni de los intereses sociales, ni de los nexos y hegemonías que se dan en la sociedad. Tampoco opera ante ellos como un ente puramente neutral. Por el contrario, siempre estará teñido por los intereses de un cierto sector, en función del cual ejerce no solo sus poderes coercitivos, sino también los persuasivos e incluso los metafísicos. Todo dominio -como señala Gramsci- implica hegemonía, la que se ejerce no como una imposición exterior que actúa sobre receptores inertes, ni por medios coercitivos, sino por la vía de la educación, de la cultura, de la prensa y de los valores (valores que en la perspectiva gramsciana terminan siendo internalizados como propios por una parte significativa de la sociedad). De modo que en la acción formativa y en la construcción de la nación que ejerce el Estado, siempre habrá fisuras y espacios que van configurando a la cultura no como un coto cerrado que refleja en bloque y de modo mecánico los intereses de un sector (sea de la aristocracia o de la oligarquía, en el caso del Chile decimonónico), sino como un campo vivo y en disputa, que está expuesto a diversas y complejas variables. Así lo muestra, por lo demás, el estudio de la trayectoria liberal de figuras como José Victorino Lastarria, autor que no fue, en tanto sujeto social, un simple efecto de las estructuras de poder o de la constelación de la ciudad letrada (como sugiere Ángel Rama128), sino más bien una figura que construyó, reconstruyó, y que,

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Ángel Rama, La ciudad letrada, EE. UU., 1984.

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con frecuencia también, deconstruyó las legitimidades que sustentaban esas estructuras de poder.

b) Trayectoria del Estado El Estado, en definitiva, siempre estará históricamente signado y tendrá en consecuencia un apellido. En el siglo XIX será, según sea el enfoque, Estado aristocrático, Estado conservador, Estado en forma o Estado liberal clásico, apellido que en todos los casos apunta a un Estado conformado por la elite y la oligarquía criollas, ya que ellas fueron las que condujeron el proceso de construcción de un Estado independiente de la metrópoli. Fue ese Estado el que va construyendo la nación en base a un ideario republicano e ilustrado, y al instrumental simbólico disponible en la educación, en la historiografía, en los rituales cívicos, en la narrativa pictórica, escultórica o literaria y en la hagiografía militar. Fue ese Estado el que construyó en términos formales y constitucionales (vale decir, solamente legales) una nación de ciudadanos. Una nación que en la vida real fue una sociedad estamental y de elite, teóricamente abierta pero en la práctica excluyente; excluyente en términos sociales, en términos étnicos y en términos de género. Una nación en la cual una minoría tenía el monopolio del poder y del saber, lo que se tradujo en el monopolio de la cultura visible y socialmente valorada, mientras era como si no existiesen los circuitos y flujos culturales no visibles. Se fue generando así un mercado cultural estrecho, selectivo y cerrado, con barreras estamentales que obstaculizaban el acceso de los “ciudadanos” al capital cultural establecido y circulante en la sociedad129. Se produjo, en consecuencia, un aprovechamiento de la máquina del Estado en beneficio de un sector de la sociedad, fundamentalmente, en la segunda mitad del siglo diecinueve, de la oligarquía agraria y de la plutocracia minera. Cabe señalar, sin embargo, que más allá de la realidad operante, aun dentro de las filas de la elite se dieron en el plano de las ideas algunas disputas y quiebres entre los letrados con respecto a la

129 José Joaquín Brunner y Gonzalo Catalán, Cinco estudios sobre cultura y sociedad, Santiago de Chile, 1985.

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concepción del Estado. Por ejemplo, para un liberalismo clásico como el que esgrimía José Victorino Lastarria, el Estado no podía colocarse por encima de los individuos; su rol fundamental y único consistía, según él, en servir de garante a la libertad. En este contexto de exclusión y elitismo, a fines del siglo XIX, en medio de un proceso de modernización acelerada, una serie de factores fue horadando esas barreras: las luchas sociales en las grandes ciudades y en el norte del país, la presencia creciente de sectores medios y populares y la apropiación intelectual de corrientes europeas (desde el positivismo y el cientificismo laico hasta el socialismo de Estado de Bismarck130, desde la encíclica Rerum Novarum, de León XIII, hasta el pensamiento marxista y anarquista)131. Como resultado de este proceso, en las primeras décadas del siglo XX la crisis del Estado liberal oligárquico dio lugar a una cierta democratización del Estado, a una ampliación del concepto de nación y a una ideología de integración social que se proyectó también en la cultura y en un nacionalismo que se abrió a nuevas realidades, un nacionalismo distinto al nacionalismo decimonónico de raigambre ilustrada y liberal. En sintonía con estas transformaciones, a partir del primer gobierno de Arturo Alessandri, el Estado se fortalece como instancia de integración social, sentándose así las bases para lo que será un Estado benefactor, un Estado de tonalidad mesocrática y secular. Las tradiciones o voluntades políticas que alimentaron esta transformación fueron, en el plano del pensamiento laico, básicamente dos: el liberalismo o republicanismo decimonónico (pensamiento que gravitó en el proceso de secularización y en la instauración del Estado docente) y el ideario

130 Otto von Bismarck (1815-1898) fue canciller de Alemania y motor de su unificación entre 1871 y 1898. Mediante mecanismos de seguridad a los obreros intentó paliar las desigualdades generadas por la revolución industrial y el capitalismo. Sus ideas fueron conocidas y apropiadas, entre otros, por Valentín Letelier y una corriente del Partido Radical. 131 León XIII (1810-1903), Papa católico entre 1878 y 1903. En la encíclica de 1891 manifestó su preocupación por los pobres y la opresión por parte de los ricos, al mismo tiempo que condenó las ideas socialistas. Sus ideas tuvieron influencia en la Iglesia chilena. Durante la Guerra del Pacífico, León XIII bendijo a las tropas chilenas antes de la batalla de Chorrillos y del ingreso a Lima.

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del Partido Radical vinculado al pensamiento social demócrata europeo, que instaló en su agenda -vía Valentín Letelier, entre otros- el modelo de Staatsozialismus (socialismo de cátedra o socialismo desde arriba) del canciller alemán Otto von Bismarck (1815-1898). Un ideario que propendía y confiaba en mecanismos de previsión y seguridad social, en apoyo a la vivienda, a la salud pública y a la educación, para integrar así a los trabajadores y cohesionar a la nación. El Estado debía, en buenas cuentas, asumir la tarea de superar las disfunciones que generaba el sistema. Dinámica que está en la base del Estado de bienestar, e implica un rol significativo del Estado y de sus políticas públicas en favor de la cohesión y del bienestar de todos los “ciudadanos”. Si bien esta perspectiva en alguna medida está ya presente en la década del veinte en los primeros gobiernos de Arturo Alessandri y Carlos Ibáñez del Campo, ella se estabiliza y consolida -como política de Estado- en los gobiernos del Frente Popular de Pedro Aguirre Cerda (1938-1941) y de Juan Antonio Ríos (1941-1946). “Pan, techo y abrigo”, “Gobernar es educar”, fueron los lemas de estos gobiernos, lemas que apuntan al rol del Estado como instancia de protección para los sectores más desvalidos, sobre todo en términos de vivienda, salud, previsión y educación. Luego de la gran crisis de 1929-30 se puso en evidencia que el capitalismo y los mercados, abandonados a su propia dinámica, generaban grandes desequilibrios sociales, y que ponían en peligro incluso al propio sistema. Se hizo por ende evidente el fracaso del Estado liberal clásico. En el plano económico, el Estado de bienestar se guiaba por las ideas del economista inglés John Maynard Keynes, cuya doctrina, el keynesianismo, planteaba la intervención del Estado en la economía como un resguardo contra el poder del mercado y sus irracionalidades. El Estado, por tanto, era el instrumento indicado para asumir un rol estratégico en áreas productivas y de servicios, para promover la industrialización, el desarrollo económico y el bienestar social. Perspectiva que al mismo tiempo implicó cierta democratización del Estado y de la sociedad, lo que se hace patente en lo que se ha llamado el Estado de compromiso. En ciencias sociales, refiriéndose a los gobiernos del Frente Popular, se les califica como Estado de compromiso, aludiendo con ello no a una determinada característica del Estado en sí, sino más bien a una 94

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forma de compartir el poder, una forma en que partidos políticos que representan a distintos sectores sociales consolidan mecanismos de negociación en torno al centro político, alrededor del cual establecen la mediación de sus antagonismos (en el caso de Frente Popular fue el Partido Radical y los sectores medios). Todo ello redunda en un Estado de acentuada tonalidad mesocrática y en un consenso sobre diversos tópicos sociales tal como lo indican los lemas de los primeros gobiernos del Frente Popular132. Opera también, sin embargo, un grado latente de disenso, que está en sintonía con las variaciones que experimenta la bipolaridad ideológica entre reforma y revolución. El fuerte rol que cumplen los partidos con respecto a la sociedad civil y al movimiento social es -para bien o para mal- una constante de esos años (se habla de un “Estado de partidos”), situación que se va a mantener hasta 1973, y que para algunos historiadores significó una cooptación de la sociedad civil y de los movimientos sociales por parte del Estado. Gabriel Salazar, refiriéndose al período 1938-1973, habla incluso de una “democracia populista”133. En el transcurso de este proceso, el Estado se convierte en el más importante empleador, dando lugar -si se toman en cuenta las instituciones paraestatales- a una verdadera frondosidad estatal. El Estado deviene al mismo tiempo un campo ocupacional y un espacio de influencia para la sociedad política, en el contexto de un imaginario bipolar que se desplaza entre las alternativas de la reforma y la revolución. Al Estado de bienestar, a partir de los gobiernos radicales, se lo califica también de Estado desarrollista por su intervención en la planificación, diseño y aplicación de estrategias económicas que se encuadran en la utopía racionalista de un cambio social programado con fundamentos técnicos. En el horizonte de este ideario, entre la década del treinta y del setenta, se crearon una serie de instituciones, de empresas productivas y de servicios, instituciones de previsión, de protección social y de desarrollo económico, algunas estatales y otras paraestatales. Entre ellas, la Caja de Empleados Públicos y Periodistas (CANAEMPU), en 1930; la Corporación de Ventas del Salitre y Yodo, en 1934; la Caja de Habitación

132 Carlos Catalán y Gisselle Munizaga, Transformaciones en el sistema cultural de Chile 1920-1960, Documento de Trabajo, CENECA, Santiago de Chile, s/f. 133 Gabriel Salazar, Ser niño “huacho” en la historia de Chile (siglo XIX), Santiago de Chile, 2006.

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Popular, dependiente del Ministerio del Trabajo, en 1936; la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO), en 1939; la Empresa Nacional de Electricidad (ENDESA), en 1944; la Compañía de Acero del Pacífico (CAP), en 1946; la Dirección de Crédito Prendario, en 1949; la Empresa Nacional de Petróleo (ENAP), en 1950; la Industria Azucarera Nacional (IANSA), en 1952; la Corporación de la Vivienda (CORVI) y la Empresa de Transportes Colectivos (ETC), en 1953; la Empresa Nacional de Minería (ENAMI), en 1960; la Corporación de Reforma Agraria, en 1962; el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), en 1964 y la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), en 1965. Algunas empresas estratégicas fueron chilenizadas o estatizadas: la gran minería del cobre, en 1966 y 1971, y la Compañía Chilena de Electricidad (CHILECTRA), en 1970. También se crearon nuevos ministerios o dependencias ministeriales como el Ministerio de Agricultura en 1930, la Dirección General de Educación, en 1931; el Ministerio de Economía y Comercio, en 1942; la Defensa Civil de Chile, en 1945, la Dirección de Asuntos Indígenas, dependiente del Ministerio de Tierras y Colonización, en 1953, y el Ministerio de la Vivienda, en 1965. Desde el punto de vista de la identidad, se va conformando con este proceso un imaginario fiscal de tonalidad mesocrática, un imaginario que sitúa como ejes a la movilidad social, al libro, al liceo, al empleo digno, seguro y de terno; un imaginario en que también hay pulsiones que dignifican y contemplan un espacio laboral y profesional para la mujer. Hacia la década del sesenta, el esfuerzo desarrollista no ha logrado plenamente lo que se proponía, y por ende ya no se lo puede reducir meramente a su dimensión económica y al enfoque tecnocrático. Se hace evidente la necesidad de involucrar también dimensiones educativas, de organización social y de profundización de la democracia. A partir del gobierno de Frei Montalva (1964), el Estado de bienestar se va ampliando hasta constituir un Estado social, vale decir, un Estado que extiende su acción a todos los órdenes de la sociedad. El concepto de Estado social, tal como lo entienden tratadistas españoles, tiene un contenido ético del que carece la voz “Estado de bienestar”, un contenido que apunta a un esfuerzo por acabar con las exclusiones y hacer operantes para todos los sectores de la sociedad los principios y derechos formales 96

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de libertad e igualdad que se proclaman en el texto constitucional134. Es en este contexto que el Estado desarrollista deviene Estado social. En síntesis, el tránsito desde el Estado de bienestar al Estado social ocurre en Chile desde la década del sesenta hasta 1973, haciendo la salvedad de que en el período de la Unidad Popular, la conformación de un área estatal de la economía -además del área privada y mixta-, apuntaba a la conformación de un Estado en tránsito hacia el socialismo con visos de conformar un Estado popular, en la medida en que contemplaba la conjugación de democracia y Estado de derecho (reforma), con socialismo y empoderamiento de los trabajadores (revolución), propuesta que implicaba, en el plano internacional, un camino nuevo e inédito con respecto a los regímenes socialistas existentes. En el plano identitario, ello implica un imaginario en que el empleado fiscal se convierte en trabajador y en “compañero”, un imaginario en que hasta la plana mayor de los gerentes se vistió de casco y overol. La valoración de esta trayectoria del Estado ha sido dispar. En el caso de la izquierda y del centro político, los puntos de vista están sujetos a los vaivenes ideológicos del imaginario de transformación de la sociedad (entre reforma y revolución), y, en el caso de la derecha, a un discurso promercado y decididamente antiestatal, en la medida en que ese pensamiento sostiene la necesidad de prescindir del Estado como instancia reguladora en lo económico y en lo social. En consecuencia, para algunos autores, el Estado durante este período fue en sus distintas modalidades (bienestar, desarrollista y social) un factor fundamental en la modernización económica, política y socio-cultural del país, un Estado que amplió sus bases de reclutamiento y afianzó su legitimidad, dando cabida a nuevos sectores sociales, un Estado que contribuyó a diversificar el origen social de la elite y a la creación de una nación moderna llamada a destacarse en el ámbito latinoamericano. Para otros, en cambio, fue un Estado que cooptó al movimiento social, frenando a la sociedad civil y a la ciudadanía, un Estado que congeló la transformación profunda de la sociedad, supeditando lo social a lo político, lo democrático a lo parlamentario y los movimientos sociales a lo estatal135. Para otros,

134 135



Miguel Agudo, Estado social y felicidad, Madrid, 2007. Gabriel Salazar y Jorge Pinto, Historia de Chile Contemporáneo, op. cit.

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el Estado, en su frondosidad, se convirtió en fuente de burocracia, de empleomanía, de cuoteos políticos y de una gestión mediocre de empresas públicas, generando además una situación macroeconómica deficitaria que afectaba a toda la sociedad. En cuanto al discurso más de derecha y antidemocrático, el Estado en el periodo 1930-1973 fue una instancia que abrió las puertas al marxismo, a la destrucción del derecho de propiedad, a una economía proteccionista y sobreestatizada que ahogó el desarrollo del país y que lo llevó, finalmente, al caos. Al amparo de este pensamiento de derecha, el gobierno del general Pinochet justificó el golpe de 1973 esgrimiendo como uno de sus ejes una crítica al Estado en todas las modalidades que hemos reseñado, crítica que se tradujo en un Estado autoritario eminentemente reactivo a la cultura política del pasado, un Estado militarizado que llevó a cabo intervenciones de control y represión en el espacio público y en los más diversos órdenes, con el propósito de deshacer todo el legado del período anterior (económico, político, social, educativo y cultural). Paralelamente, bajo el amparo de la doctrina de seguridad nacional y del integrismo corporativista, la figura decimonónica de Diego Portales fue levantada como ejemplo y figura tutelar que había que proseguir, como paradigma de un Estado autoritario o de un “Estado en forma”. A los pocos años del golpe, cuando se asume la doctrina económica libremercadista como espina dorsal del modelo, se plantea con fuerza la idea de un Estado subsidiario. Paralelamente, se realza al mercado como el más eficiente planificador en todos los aspectos de la vida económica y social, un Estado que sintoniza, por ende, con la globalización y el neoliberalismo, un Estado enjuto (salvo en sus Fuerzas Armadas) que privatizó la previsión y los servicios, desmembrando a la mayoría de las empresas estatales o paraestatales mencionadas anteriormente, un Estado que abandonó las actividades culturales y la televisión a las leyes del mercado, que desincentivó la asociatividad, generando un deterioro de los espacios públicos y de los referentes de afiliación colectiva, un Estado que promovió, en consecuencia, la privatización no solo de las empresas, sino que también de las relaciones y de la vida social. Transformación que conlleva un cambio en el imaginario social, en que empresarios, y más tarde los “emprendedores”, pasan a ocupar el sitial de honor, un imaginario en que los malls (no las plazas públicas) se convierten en los espacios simbólicos socialmente valorados. 98

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A partir de 1990, y de la recuperación de la democracia, si bien se sigue en el plano económico el diseño del Estado neoliberal y globalizado (limitando su rol en otras áreas al de un Estado regulador), en el plano político va recobrando (lentamente) la fisonomía de un Estado democrático, un Estado reparador de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura (aunque tibiamente, según las Agrupaciones de Derechos Humanos), un Estado que luego de más de dos décadas fue recuperando algunas dimensiones del Estado anterior. En definitiva, un Estado que en lo económico está en sintonía con un tiempo histórico neoliberal y globalizado, en que el protagonismo histórico reside en los empresarios (o en los emprendedores), pero al mismo tiempo un Estado con rasgos eclécticos, en la medida en que en su accionar conviven rasgos del Estado neoliberal con iniciativas propias del Estado de bienestar y del Estado social, y con algunas voces que incluso abogan por la necesidad de una nueva Constitución. Un Estado que también está enfrentando un cambio -se habla incluso de una crisis- en el imaginario de la nación (interpelado por las demandas de los pueblos originarios, de las mujeres, de los estudiantes y de las regiones), situación que implica nuevos desafíos en la tarea de cohesión y de unificación nacional.

c) Democratización y democracia cultural Cabe examinar las repercusiones que tuvo entre 1930 y 1973 esta trayectoria del Estado (considerando también las ideas y pulsiones que la alimentaron), tanto en la organización de la cultura (vale decir, en el orden o estructura básica de producción, circulación y consumo cultural), como en las más diversas manifestaciones del campo artístico y cultural. Ahora bien, en el período señalado, el Estado de bienestar o el Estado social, en su fase final, va a estar tensionado por la polaridad ideológica, tensión que se manifestó tanto en los discursos como en la propia actividad cultural. En cuanto a políticas públicas, en el ámbito de la cultura, la idea de extensión será la orientación básica de la acción del Estado y de los organismos paraestatales. En las actividades de extensión, la bipolaridad se expresa, por una parte, en el paradigma de la democratización cultural (que sintoniza con un proyecto político de reforma) y, por otra, en el paradigma de democracia cultural (que 99

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sintoniza, más bien, con un proyecto de revolución y de transformación profunda de la sociedad)136. La democratización cultural corresponde a una concepción extensionista que busca facilitar el acceso de las mayorías a los bienes artísticos y culturales, bienes que desde una perspectiva ilustrada contemplan de preferencia las expresiones legitimadas por la tradición y por la estructura social preexistente (alta cultura y cultura popular de corte tradicional). En este paradigma subyace la idea de un capital cultural único, con una lógica que a la postre conlleva a la homogeneidad y al uniculturalismo, un paradigma que privilegia el polo de la oferta por sobre el de la demanda o de las necesidades culturales, que valora el rol del poder central en la elaboración y gestión de los asuntos culturales y que tiende a concebir la vida cultural como una recepción pasiva, como una ciudadanía “esponja” más que como un proceso activo, plural y participativo. En líneas generales, puede señalarse que este modelo de redistribución del capital cultural fue el que predominó en las actividades de extensión cultural estatales y paraestatales llevadas a cabo en el período. Paralelamente, sin embargo, este paradigma estuvo tensionado por otro, por un paradigma de democracia cultural que concebía la cultura como una pluralidad de culturas y subculturas, lo que implicaba la participación plena de cada grupo o sector social en la vida cultural, no solo como receptores sino también como emisores o actores de la misma. Desde este paradigma se buscó democratizar más las actitudes que las obras, más la participación activa en el proceso que en la recepción del producto, de prestar más atención a la demanda y a las necesidades que a la oferta cultural. En este paradigma subyace la idea de que en la sociedad coexiste una pluralidad de culturas y subculturas, y que solamente en la medida en que esa heterogeneidad sea reconocida y favorecida por el Estado, se estarían sentando las bases para que el movimiento creador de cada individuo pueda expresarse plenamente. Este ideal supone, por supuesto, como precondición, la existencia de una democracia política y económica.

136 Véase Bernardo Subercaseaux, “Políticas culturales y democracia”, en Historia, literatura y sociedad. Ensayos de hermenéutica cultural, Santiago de Chile, 1991.

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Cultura, para este punto de vista, no es solo una acumulación de obras y conocimientos que una minoría produce, recoge y conserva para ponerla al alcance de todos, o que un país rico en tradiciones y en patrimonio ofrece a otros países. No se trata de algo que hay que conquistar o poseer, sino de una dimensión que ya está presente en toda persona o grupo social. Cultura es, entonces, el conjunto de rasgos distintivos -espirituales, materiales, intelectuales y afectivos- que caracteriza a un grupo social o a una sociedad. Engloba, además de las artes y las letras, los modos y las condiciones de vida de ese grupo o sociedad, los sistemas de valores, las tradiciones, las creencias y las diversas formas en que se expresa y se desarrolla un individuo. La cultura concebida como creatividad social sería un proceso continuo, móvil y dinámico (no cabría, por lo tanto, pensarla como algo que cabe “preservar” o “redistribuir”). Todo esto implica una concepción de la extensión y de la cultura muy diferente a la que conlleva el paradigma de democratización cultural.

d) Paradigmas operantes Aun cuando la conceptualización de los dos paradigmas no se dio en los términos tajantes que hemos planteado, ya desde la década del 30 es posible advertir las huellas y latencia subyacente de ambos. En el campo del teatro, mientras un sector planteaba al gobierno la necesidad de crear una compañía de teatro estatal que diera a conocer a lo largo del país las grandes obras del teatro clásico y moderno, otros, en cambio, con Antonio Acevedo Hernández a la cabeza, estaban por desarrollar un teatro obrero, un teatro de artesanos, un teatro campesino, un teatro minero, un teatro carcelario, y así sucesivamente; un teatro con obras, temas y actores que representaran y dieran vida en la escena a cada una de estas realidades. Durante el primer gobierno del Frente Popular emergen, en 1939, los “teatros-carpas”, desarrollados como teatro aficionado por grupos universitarios e independientes en centros y organizaciones populares, escuelas y barrios. En los sesenta surgen experiencias de teatro testimonio en la zona de Huachipato y Lota, en que los mineros son actores y participan en la producción de las obras137.

137 Luis Pradenas, Teatro en Chile. Huellas y trayectorias. Siglos XVI a XX, Santiago de Chile, 2006.

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Se trata de grupos de aficionados que buscan expresar dramáticamente su “verdadera realidad”, desarrollando así lo que para Acevedo Hernández era un genuino arte dramático popular. Entre los sindicatos y gremios que participaron en asambleas públicas de apoyo al Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo (creado en 1932 y desarticulado a comienzos de la década siguiente), hubo sectores que planteaban que el organismo debía transformarse en una Dirección General de Cultura Obrera, repito: de cultura obrera y no de cultura sin más. En la década del treinta, con respecto a la iniciativa de crear universidades populares, algunos de sus propulsores postulaban que éstas debían ser una prolongación de la educación superior y de la cultura artística (ya consagrada), orientadas a trabajadores adultos que no tenían acceso a ella, postura en la que subyace un paradigma de democratización de la cultura y que sintonizaba con las ideas de reforma. Se trataba de dar a los obreros dignidad e integración social, pero también integración al sistema. “El obrero -proclamaba Carlos Oliver Schneider en el acto inaugural de la Universidad Popular de Temuco (el 22 de noviembre de 1931)necesita formación integral, (necesita) emplear en forma agradable la tranquilidad del descanso”, “si posee estas cosas sus protestas contra las condiciones en que vive serán menos duras y menos agrias y tal vez podría expresarlas en una forma más eficaz y las quimeras sociales y económicas no lo embriagarían”. “El espíritu del obrero hoy se halla en estado de inquietud y de necesidad. Requiere un elemento vital que lo tranquilice”. “En el ambiente en que vivimos… la Universidad Popular puede ser una fuente de equilibrio, de estabilidad y de razonable esperanza”138. En otros discursos, en cambio, la universidad popular es concebida de modo distinto, como un instrumento para fortalecer “la clase proletaria”, en la perspectiva de un cambio profundo de la sociedad. La Asociación General de Profesores de Chile, que en una etapa de su trayectoria se opuso a la vinculación entre política y educación, en 1935 hace un mea culpa de su visión tecnocrática de la pedagogía y plantea

138 Carlos Oliver Schneider, La visión de una Universidad Popular, op. cit., y Hacia la cultura colectiva, op. cit.

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su convicción de que no hay posibilidad de mejorar la educación pública en Chile si no se hace un cambio total al sistema; “todo fenómeno social se resuelve, en último término -señalaba uno de sus directivos- en el terreno político; sin crear previa o simultáneamente una nueva política” -vale decir, un nuevo modelo de sociedad- “no es posible hacer una nueva educación”139. La tensión entre ambos paradigmas se dio también en la concepción de lo nacional-popular. Para los profesores de folclore y cultura popular de las Escuelas de Temporada de la Universidad de Chile -pensamos en Yolando Pino, en Oreste Plath y en Tomás Lago- lo popular era sencillamente lo creado por el pueblo, ya sea en el plano material o espiritual, expresión de sus condiciones de vida y de trabajo, de su cosmovisión del mundo. Fue dentro de esta concepción, y dándole sobre todo relieve a la expresividad campesina y al rescate de lo nacional criollo, que la Universidad de Chile creó, en 1943, el Museo de Arte Popular, dirigido por Tomás Lago. Se trata, en última instancia, de una concepción que percibe la cultura popular como una forma vacía de carácter universal, y que por ende la sustrae de la disputa política y social. Por otra parte, ya en la década del treinta se hacen también presentes otros discursos que implican una lectura política de lo popular, en que se lo percibe como socialmente contestatario, lo que implica concebir a la cultura como un campo en disputa, y a la cultura popular como una dimensión que interactúa y confronta a la cultura hegemónica, en una lógica de lucha y emancipación. En esta perspectiva se inscriben planteamientos para crear centros y organizaciones populares con actividades culturales que expresen la propia realidad, en una perspectiva de emancipación social y libertaria. También se inscriben en el paradigma de la democracia cultural algunos de los “teatros-carpas” o de los grupos de teatro-testimonio surgidos en el período. Ahora bien, dentro de las propias instituciones estatales o paraestatales –como, por ejemplo, en el Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo- o en la propia Universidad de Chile y en espacios de la sociedad civil, los paradigmas de democratización y de democracia cultural conviven, o entran en disputa, pero también conforman -tal

139



Eliodoro Domínguez, Un movimiento ideológico en Chile, Santiago de Chile, 1935.

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como en los vectores de reforma y revolución- espacios de contacto y fluidez, de contigüidad e interacción, en la medida en que ambos comparten un parámetro de transformación de la sociedad. En términos cronológicos, hasta la década del sesenta hay un predominio del paradigma de democratización de la cultura; a partir de los gobiernos de Frei Montalva y Allende, adquiere mayor vigencia el paradigma de democracia cultural. Más tarde, hacia 1970, en la Universidad de Chile se elabora una reconfiguración doctrinaria de la actividad de extensión, distinguiendo entre los conceptos de difusión y extensión. A la difusión se la ubica dentro del parámetro tradicional, y a la extensión se la concibe, en cambio, como una actividad que enfatiza la participación. Se distingue además la extensión intrauniversitaria (aquella que acrecienta la formación humanística e integral de los miembros de la propia comunidad universitaria) y la extrauniversitaria (aquella que está orientada sobre todo a los sectores marginales, y que debe ser entendida como una actividad que contribuye “a lograr la liberación del hombre, mediante el enriquecimiento de su conciencia crítica”, y debe “colaborar a la facilitación de un cambio profundo de la sociedad chilena hasta obtener un sistema socio-económico justo y digno”)140. Incluso después de 1973, durante el régimen de Pinochet, las ONG contestatarias al régimen, que se ocuparon de la cultura, operaban en la línea de la democracia cultural, en la medida en que buscaban trasladar el protagonismo político a la sociedad, a los propios grupos, dándole énfasis a lo que entonces se llamó la “cultura de base” o la “cultura local”. En síntesis, las huellas de ambos paradigmas y las concepciones de cultura y vida cultural que ellos implican dejan su impronta en todo el período, en sintonía con el vector del imaginario político que en los distintos momentos estaba en alza. Detrás de ambos paradigmas subyace, en todo caso, la idea del rol del Estado como eje coordinador de lo social y de la organización de la cultura.

140 “Aspectos doctrinarios y políticas de extensión universitaria”, Comisión Nacional de Extensión y Comunicaciones, Universidad de Chile, 1970.

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Ministerio del Trabajo y cultura La primera instancia estatal que alojó un proyecto de acción cultural con perspectiva nacional, orientado hacia el mundo obrero y popular fue, a comienzos de la década del treinta, el recién creado Ministerio del Trabajo. En efecto, el 6 de julio de 1932, Carlos Dávila, Presidente provisional y sobreviviente de la brevísima (y por entonces ya destituida) República Socialista141, firmó un decreto que establecía como una Secretaría de Estado independiente al Ministerio del Trabajo (antes era solo una división del Ministerio de Bienestar Social). Con su creación se proponía abordar las altas cifras de desempleo, la inquietud laboral y paliar las críticas al sistema capitalista a raíz de la gran depresión de esos años. A los pocos meses, en agosto de 1932, se creó en el Ministerio un Departamento de Extensión Sociológica y Cultural. Asumió su dirección el escritor y antiguo funcionario del Ministerio de Bienestar Social, Tomás Gatica Martínez (1883-1943), ex director de la revista Zig-Zag y autor, entre otras obras, de la novela La cachetona (1913). La forma en que se organizó el Departamento (en cuatro secciones) y las personas designadas a cargo, indican claramente los alcances que se buscaba darle a la propuesta. La sección ‘Docente’, cuyo jefe era Joaquín Edwards Bello, se encargó de organizar cursos gratuitos de problemas sindicales y leyes sociales, pero también conferencias sobre temas de cultura general o de disciplinas incipientes en la época, como la sicología y la sociología. La sección ‘Biblioteca’, que estaba a cargo de Neftalí Reyes (Pablo Neruda), manejaba la conservación y catalogación de libros, pero también la formación de bibliotecas rotatorias en sindicatos y gremios. La sección ‘Espectáculo’ estaba a cargo del dramaturgo René Hurtado Borne, y contaba con la colaboración de Antonio Acevedo Hernández. Su tarea fue promover el teatro popular y obrero, organizar veladas artísticas gratuitas semanales y mediar en los problemas de los gremios artísticos. Finalmente, la sección ‘Propaganda’ estaba a cargo de Tomás

141 A raíz de un movimiento cívico militar fue derrocado el Presidente del gobierno transitorio Juan Esteban Montero, por una junta encabezada por Eugenio Matte Hurtado, el coronel Marmaduque Grove (socialistas) y Carlos Dávila (ibañista). Luego de doce días, la Junta fue derrocada, permaneciendo solo Dávila como Presidente provisional por 100 días, hasta la elección de Arturo Alessandri Palma. Grove y Hurtado fueron apresados y enviados a la Isla de Pascua.

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Lago, quien se ocupaba de divulgar las actividades del Departamento, programando las conferencias semanales de índole científica, técnica, sociológica o artística. En un folleto del año 1932, que señala las actividades realizadas en los primeros meses de funcionamiento del Departamento, se consignan 426 funciones gratuitas para obreros (de cine, teatro, conciertos y circo), habiéndose repartido 280.000 localidades en teatros de Santiago y Valparaíso142. Entre estas actividades se destacan un concierto de Claudio Arrau, conferencias como “El alma portuguesa”, por el propio Director del Departamento, un ciclo de charlas sobre el teatro de Antonio Acevedo Hernández y una disertación sobre “La República española y el trabajo”, dictada por José María Souviron. Algunas de estas conferencias, dice el folleto, serán editadas y divulgadas por la editorial Nascimento. Se incluyen también pronunciamientos de organizaciones gremiales (sindicatos de zapateros y panaderos) que aplauden la labor del Departamento y piden al gobierno la creación de un Teatro del Estado, y que el Teatro Municipal de Santiago pase a depender del Ministerio del Trabajo. El folleto incluye también un apartado sobre Cultura Popular, entendiendo por tal la formación integral de los trabajadores, en una perspectiva de extensión, pues se trata en concreto de promover “conferencias para el pueblo y para los funcionarios del Ministerio, distribución de bibliotecas en todo el país, teatro del pueblo, espectáculos culturales gratuitos”, incluso la idea de realizar síntesis de obras literarias y teatrales demasiado extensas, para que así -considerando las escasas horas de descanso que tienen los trabajadores- puedan ser leídas por todos. El concepto eje es por ende el de extensión, como una actividad que permitirá “la formación integral del proletariado”. En resumen, un Estado generador de cultura o, como señala el Director del Departamento, “un Estado que ya no es solo una fría organización que dicta y controla leyes, sino que es también una entidad humana que reconoce… los más amplios y universales principios de conciencia social”. El Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo (instancia que a poco andar perdió el calificativo de “sociológica”)

142 El Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo, Santiago de Chile, 1932.

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operó como órgano de política cultural del Estado por lo menos hasta comienzos de la década del cuarenta, orientado hacia los trabajadores y los sectores populares, siendo siempre su director Tomás Gatica Martínez (quién falleció en 1943). En el año 1936, un plan de trabajo anual del Departamento menciona actividades culturales en Santiago y provincias, destinadas al público obrero y popular adulto e infantil, acciones reeducativas y conferencias o charlas sobre sociología, biología, moral, historia, literatura y arte. También un concurso teatral para aficionados y un certamen destinado a estimular las aptitudes e intereses literarios, artísticos y científicos de los obreros143. El Departamento de Extensión Cultural tuvo una fluida interacción con gremios y sindicatos de Santiago. Como resultado de esa relación se conformó un Consejo Obrero de Cooperación al Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo. En una reunión pública de este Consejo, celebrada el 29 de agosto de 1937 en el Teatro Balmaceda, los participantes reafirmaron la necesidad de que “el clamor de la cultura resuene ya entre los obreros casi tanto como el del pan y del descanso físico”. En el documento síntesis de la reunión, se proclama que “la masa trabajadora, consciente de sus deberes, sacude su apatía y así como lucha heroicamente por las conquistas de su sustento, aspira también a satisfacer las necesidades de su espíritu y ello solo se puede alcanzar por los medios que la cultura le ofrece, no como simple esparcimiento, sino como vía de superación moral y social de su condición de ser pensante”144.

Acordaron, también, dirigirse solemnemente al Presidente de la República, Sr. Pedro Aguirre Cerda, para darle a conocer algunas peticiones respecto al Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo. Le solicitaron, en efecto,

143 Tomás Gatica Martínez, Año cultural de 1936. 1º de abril a 31 de diciembre. Departamento de Extensión Cultural, Ministerio el Trabajo, Santiago, 1936. 144 “Conclusiones de la concentración pública efectuada el 29 de agosto de 1937 en el Teatro Balmaceda por el Consejo Obrero de Cooperación al Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo”. Fondo Ministerio del Interior, volumen 9270, Archivo Nacional Administrativo.

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“ampliar los servicios del Departamento… bajo el rubro de DIRECCIÓN GENERAL DE CULTURA OBRERA”. Es “indispensable -señala el documentoque el Supremo Gobierno y el Congreso Nacional le proporcione en el grado más amplio los medios económicos que le permitan desarrollar íntegramente una intensa y efectiva labor cultural a través de todo el país…a saber: equipos de cine, con dotación de películas adecuadas, camiones-bibliotecas, radios transmisoras, brigadas culturales, grupos corales, cursos de especialización, Escuelas y Universidades Populares, taller de imprenta para la publicación de folletos y otros medios”.

Abogan también por lo nacional popular como contenido cultural y artístico, con una curiosa referencia al tango argentino, propia del nacionalismo “religiosa y políticamente correcto” de esos años: “Es anhelo de los obreros -dice la síntesis- que los programas artísticos y culturales del Departamento se hagan a base del arte nacional en sus distintas manifestaciones, por estimar que es un deber difundir los motivos artísticos chilenos antes que los otros de otras razas con las cuales no hay similitud. En todo caso si se incluyen motivos extranjeros, los obreros declaran que debe darse importancia a las producciones americanas, como las de México, Perú, Colombia y Bolivia. Esto no quiere decir que propiciemos el tango”145.

El Consejo, a su vez, reconoció como una tarea complementaria a la del Estado la que debían realizar los propios trabajadores, instruyendo, en consecuencia, a los dirigentes obreros de todo el país para que impulsen la creación de bibliotecas populares en cada sindicato con más de 100 miembros, instándolos también a la formación de conjuntos orquestales o coros en cada provincia. La extensión del saber y de la cultura al mundo de los trabajadores fue una idea-fuerza frecuente en la década del treinta en el campo de la educación en todos sus niveles, desde la educación primaria hasta la educación superior. De modo que la preocupación por la educación de los obreros y por la extensión cultural se dio tanto en ámbitos paraestatales como en espacios de la sociedad civil.

145 “Conclusiones de la concentración pública efectuada el 29 de agosto de 1937”, op. cit.

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La Asociación General de Profesores de Chile (agrupación de profesores normalistas y primarios, que en la década del treinta llegó a contar con más de 7.000 maestros y 100 agrupaciones a lo largo del país), promovió y auspició la creación de universidades populares. Lo hizo inspirada y haciendo suyas las ideas de la Reforma Universitaria de Córdoba, de 1918, tomando como referente a la Universidad Popular Lastarria, creada el mismo año al alero de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile. En el contexto de la Reforma Universitaria y del manifiesto de Córdoba, de 1918, los estudiantes declararon su adhesión a una serie de principios, uno de los cuales era la “extensión universitaria, considerada como medio de vinculación efectiva de la Universidad con la vida social”146. Otro referente fue la Universidad Popular González Prada, de Perú, fundada en 1920 por Raúl Haya de la Torre147. A partir de estas experiencias se creó, en 1931, la Universidad Popular de Temuco y, en 1932, la Universidad Popular de Concepción; se trataba -tal como lo señaló Carlos Oliver Schneider148 en sendos discursos inaugurales- de educar al adulto y al obrero, de sembrar y esparcir la cultura, para así contribuir a la formación integral de los trabajadores. Y, al mismo tiempo, proveerlos de conocimientos útiles para la vida cotidiana, como la apicultura o la cría de gallinas. En Santiago, la Universidad Popular Lastarria funcionó hasta mediados de la década del treinta; más tarde, en 1940, la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, creó la ENOC, Escuela Nocturna para Obreros de la Construcción.

José Carlos Mariátegui, “La reforma universitaria: ideología y revindicaciones”, en Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Lima, 1968. 147 Carlos Oliver Schneider, La visión de una Universidad Popular, Concepción, 1932. Eliodoro Domínguez, Un movimiento ideológico en Chile, Santiago de Chile, 1935. 148 Carlos Oliver Schneider, La visión de una Universidad Popular (Conferencia dictada en acto inaugural de la Universidad Popular de Temuco, Teatro Central, 22-11- 1931), Concepción, 1932. Hacia la cultura colectiva (Conferencia dictada en la inauguración de Universidad Popular de Concepción, 1932). Schneider fue un joven naturalista uruguayo, Director del Museo de Historia Natural de Concepción, paleontólogo, etnógrafo y arqueólogo. Realizó numerosas investigaciones en la zona y fue condecorado por el presidente Pedro Aguirre Cerda. 146

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e) Sensibilidad política y cultura En la década del treinta, y sobre todo en la segunda mitad de la misma (coincidiendo con el primer gobierno del Frente Popular), se produjeron algunos hechos internacionales que afectaron notablemente al mundo intelectual y político, particularmente entre los jóvenes. El clima intelectual y cultural de esa década fue -como lo revelan varios testimonios- extraordinariamente sensible a la solidaridad con la lucha antifascista europea, sobre todo, con la República española. Entre escritores, estudiantes y profesionales de sectores medios se creó la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura (1937-1940), imitando al Congreso de Intelectuales de Valencia, alianza antifascista en la que jugaron un rol destacado, entre otros, Pablo Neruda, Alberto Romero (que la presidía), Rosamel del Valle, Volodia Teitelboim y Benjamín Subercaseaux. “Vimos -recuerda Domingo Piga, uno de los fundadores del Teatro Experimental de la Universidad de Chile- a García Lorca recién asesinado, más con el corazón que con los sentidos. Se nos unía la poesía con lo dramático, con la Guerra Civil española… era la emoción artística mezclada con la emoción humana, con la lucha política e ideológica. Éramos antifascistas militantes, que habríamos dado nuestra vida por esa causa. Nosotros, los de entonces, estábamos en las mismas trincheras que esos compañeros europeos perseguidos, encarcelados, torturados, asesinados por el nazismo. Estábamos en la lucha por cambiar el mundo y la sociedad en que vivíamos. Queríamos cambiarlos con la emoción y con la razón, con toda nuestra fuerza pasional”149.

Evocando el año 1936, Luis Oyarzún, escritor y profesor universitario, a su vez rememora: “Era el año 1936” cuando “de pronto sobrevino algo que vino… a cambiar considerablemente el destino de la literatura y de la historia: la Guerra Civil Española. Los que hoy tienen menos de 30 años -Oyarzún escribía en 1969- apenas sí podrán imaginar el efecto que aquel hecho produjo en

149

2001.

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Domingo Piga, Teatro Experimental de la Universidad de Chile, Santiago de Chile,

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todo el mundo, y especialmente entre los escritores latinoamericanos. Aún a los más jóvenes nos obligó a un examen de conciencia y a una toma de posición. ¿Por qué? … Era, en verdad, el primer episodio inequívoco de la gran división del mundo que la Segunda Guerra Mundial revelaría después en todos los continentes, mares y cielos de la tierra. El fascismo en armas destruía de golpe todas las ilusiones amables y mostraba la otra cara, la cara sombría de nuestra época…”150.

El Frente Popular y sus sucesivos gobiernos -Pedro Aguirre Cerda (1938-1941), Juan Antonio Ríos (1941-1946), con el interregno antidemocrático de Gabriel González Videla (1948-1950)- contribuyeron -como señalamos en el capítulo anterior- a este clima y a una izquierdización del espectro político e incluso del Estado. En efecto, del Estado provino la ayuda oficial al viaje del Winnipeg, viejo barco de carga que en agosto de 1939 zarpó de un puerto francés a Valparaíso, trayendo aproximadamente 2.200 refugiados españoles, entre los que venían cientos de intelectuales, profesionales y artistas, algunos de los cuales contribuirían decisivamente al desarrollo cultural del país (entre otros, los pintores José Balmes y Roser Bru, el dramaturgo y escritor José Ricardo Morales, el historiador Leopoldo Castedo, el diseñador Mauricio Amster, el escenógrafo Héctor del Campo y los hermanos Soria, editores). Varias de las obras más significativas de la generación literaria del 38, entre otras, Hijuna (1934), de Carlos Sepúlveda Leyton; Angurrientos (1940), de Juan Godoy; Los Hombres oscuros (1939) y La sangre y la esperanza (1943), de Nicomedes Guzmán, son novelas de vocación documental y de una denuncia marcadamente explícita de las condiciones de vida y de trabajo del mundo obrero, de los conventillos y espacios periféricos. Son obras organizadas narrativamente -a diferencia de la novela criollista- con un ideologema de exclusión y transformación de la sociedad151. Una literatura social que es nacional y popular en la medida en que los escritores aplican el bisturí a los espacios oscuros del país y recrean o viven como propias las ideas y sentimientos de los sectores

Luis Oyarzún, Temas de la cultura chilena, Santiago de Chile, 1969. Cristián Montes, “El cronotopo de la exclusión en tres novelas de la generación del 38”, Revista Chilena de Literatura, Nº 73, Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2008. 150 151

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marginales. Son años en que a Federico García Lorca, con su teatro popular La barraca y su trágica muerte, se lo convierte en figura mítica y emblemática de los ideales y luchas de la época. En relación con el nombre que se le intentó dar a quienes se identificaban con estos ideales, Volodia Teitelboim, argumentando la necesidad de reconocer a su generación como la generación del 38, y no del 40, señala: “Sería tal vez más significativo y ubicado denominar a la nuestra ‘generación de 1938’ o ‘el 38’ a secas. La mayoría de los componentes frisaba entonces los veinte años y se precipitó a la vida civil y literaria bajo el torbellino sonoro del Frente Popular. Su victoria fue el hecho distintivo de la época, a tal punto que, con el lenguaje característico de nuestra euforia, nos complacíamos en decir que ese año, como en el Valmy de Goethe, “comenzaba una nueva era”. Chile ya no sería más objeto sino sujeto de la historia. Los aprendices de escritores pusimos algo de nuestra alma en esa lucha y nos sentimos parte del pueblo. Nos impulsaba un ansia apasionada y vaga de cambiar la vida nacional, de dar al obrero y al campesino y también al escritor y al artista un sitio de dignidad bajo el sol…”152.

Ahora bien, el hecho de que los ideales del 38 y su estética de realismo social fuese un clima dominante no significa que no se dieran controversias. Los ideales del 38 tuvieron ácidos enemigos en el pensamiento político, en sectores conservadores ligados al hispanismo y al integrismo católico, antirrepublicanos y partidarios del franquismo153. También en el plano estético, en la vanguardia: Huidobro llegó a calificar a García Lorca de “gitano profesional”, y el grupo La Mandrágora irrumpió en la Casa Central de la Universidad de Chile acusando a la Alianza de Intelectuales Antifascistas, y concretamente a Pablo Neruda (al que apodaban “bacalao”), de haberse robado los dineros recolectados en solidaridad con los niños de la República española.

152 Gonzalo Rojas, “Chile y América en los encuentros de escritores”, Diez Conferencias, Universidad de Concepción, 1963. 153 Isabel Jara Hinojosa, El proyecto cultural franquista en Chile, 1936-1980, Santiago de Chile, 2007.

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La Comisión de Cultura Popular Considerando el ansia “apasionada y vaga” de cambio que flotaba en el ambiente, y lo realizado por el Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo, el gobierno de Pedro Aguirre Cerda se propuso darle mayor proyección a la acción del Estado en el campo artístico y cultural. Con este objetivo creó en enero de 1939, una Comisión de Cultura Popular, a la cual se le encomendó elaborar el proyecto de una Dirección General de Extensión Cultural, Propaganda y Publicidad (del Estado). Dirección que dependería del Ministerio del Interior y se nutriría del Departamento de Extensión Cultural del Ministerio del Trabajo y de las actividades realizadas por la Escuela de Bellas Artes y el Conservatorio Nacional de Música de la Universidad de Chile. La idea era, entonces, por una parte, potenciar una política nacional de extensión cultural de mayor envergadura y, por otra, propagar y dar a conocer a la opinión pública las realizaciones del gobierno del Frente Popular. Participaron en la Comisión que redactó el proyecto destacados políticos y personajes de la cultura de la época: el Ministro del Interior Raúl Rettig, el profesor de historia y político radical Alejandro Ríos Valdivia, el dibujante y cineasta Jorge Délano, el poeta Neftalí Reyes (Pablo Neruda) y el actor y empresario teatral Alejandro Flores. La finalidad principal de la Dirección de Extensión Cultural, Propaganda y Publicidad que propuso la Comisión era doble: “desarrollar en las masas populares, de obreros y campesinos, la cultura en todas sus manifestaciones, llegando hasta donde la acción de la escuela no ha podido llegar”, y “proporcionar informaciones de la política y labor del Gobierno a toda la prensa del país y del extranjero, a las agencias informativas, a los representantes diplomáticos”154. Se trataba de un organismo bastante más frondoso que el Departamento de Extensión del Ministerio del Trabajo; su aspecto más innovador era el uso de los medios, sobre todo de la radiodifusión y del cine, para llevar a cabo actividades de extensión cultural y de publicidad gubernamental. Entre la serie de acciones propuestas, las de mayor envergadura eran

154 “Informe del 20 de marzo de 1939 elevado al Ministro del Interior por la Comisión de Cultura Popular (organizada según decreto 327, 19 enero, 1939)”, Fondo Ministerio del Interior, volumen 9999, Archivo Nacional de la Administración.

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las relacionadas con la cinematografía, las cuales contemplaban un plan de trabajo que abarcaba todo el circuito del cine, desde créditos blandos para la industria hasta exhibiciones ambulantes de películas a través de los denominados “auto-cinemas”. El proyecto también consideraba actividades de estímulo para el teatro, la música, el canto, la danza y las artes plásticas, incluso para las industrias culturales, fomento que se pensaba debía tener una orientación nacional-popular y latinoamericana. Los destinatarios de la propuesta de la Comisión de Cultura Popular eran, ahora, no solo los obreros, sino también los campesinos, los sectores medios y, en general, toda la población del país. La propuesta consideraba, además, el fomento del circuito artístico en su totalidad: desde el apoyo a la enseñanza y producción de las distintas manifestaciones de arte, hasta la recepción y el consumo cultural. Fue una propuesta ambiciosa, y que en consecuencia pudo llevarse a cabo de modo parcial y por etapas. En su dimensión de propaganda y publicidad, se realizó a través de la Secretaría General de Gobierno. En su dimensión de fomento, desarrollo y extensión cultural, la propuesta sería paulatinamente asumida por otras instancias estatales o paraestatales. En efecto, a partir de la década del cuarenta, el Departamento de Extensión del Ministerio del Trabajo y las tareas propuestas por la Comisión de Cultura Popular serán abordadas por las universidades estatales, sobre todo por la Universidad de Chile, pero también por universidades semiestatales, como la Universidad de Concepción, o incluso por universidades privadas, como la Universidad Católica. En cuanto a la cinematografía, a fines del año 1941, la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) crea Chile Films, con una perspectiva de fomento de la industria. Se trata de una empresa cuyos accionistas principales son la CORFO, la Universidad de Chile y, minoritariamente, dos privados: la Compañía Chilena de Navegación Interoceánica y el político liberal Mariano Puga. La misión de Chile Films fue producir películas para el mercado nacional y latinoamericano, y también un noticiario informativo para ser exhibido en todas las salas del país155.

155 Carlos Ossa, Historia del Cine Chileno, Santiago, 1971. Datos de accionistas corresponden a la Quinta Memoria Anual, Santiago de Chile, 1947.

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La presencia estatal en el campo de la cultura durante la década del treinta y hasta comienzos de la década siguiente y los discursos que al respecto circularon ameritan algunas reflexiones. Estas apuntan, por una parte, a las relaciones entre política, Estado y cultura, y por otra, a las transformaciones del campo artístico cultural a que dio origen esta organización de la cultura, instaurando una dinámica y un modelo que se prolongará hasta 1973 e, incluso, en tanto memoria histórica, más allá de esa fecha.

f) Tiempo histórico y modelo vigente La escenificación del tiempo histórico nacional en una perspectiva de transformación de la sociedad (entendida como una dirección cultural hegemónica) se manifiesta, entonces, ya claramente en la década del treinta. El Frente Popular y el Estado de compromiso son cristalizaciones de este proceso, de un fenómeno que implica un Estado que amplía sus bases de reclutamiento en los diversos sectores sociales, y que reformula su rol como un organismo que debe abrir cauces no solo al desarrollo económico (creación de la CORFO y proteccionismo a la industria nacional) y educacional (Estado docente), sino también al desarrollo cultural, transformándose en una especie de garante (a través de instituciones estatales y paraestatales, y a partir de la década del cuarenta, a través de las universidades) de la creación, experimentación y difusión artística y cultural, bajo el concepto eje de extensión con predominio del paradigma de democratización. Se instaura así un modelo de organización de la cultura que se va a prolongar hasta 1973, y que va a incidir incluso en la televisión pública y en el hecho de que en sus primeros diez años de funcionamiento, el desarrollo de la TV fue confiado a las universidades, conformando una situación única en América Latina, en que este medio de comunicación quedó sustraído al dominio de la empresa privada. Este itinerario muestra que en la sociedad moderna la cultura, a pesar de ser un campo en disputa, puede al mismo tiempo -como el Estado- ser una instancia de cohesión y de regulación social (lo que implica una función política de la misma). El modelo conlleva también algunas intervenciones del Estado como agente cultural directo; en el cine a través de Chile Films; en los libros 115

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escolares a través del proceso de licitación y compra; en la televisión operando a partir de 1970 una red nacional (Canal 7); y en la industria editorial, a través de Quimantú entre 1971 y 1973, además de ejercer una suerte de mecenazgo para artistas y creadores en el servicio diplomático (entre otros, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Gonzalo Rojas, Luis Enrique Délano, Humberto Díaz Casanueva, Marta Brunet y Jorge Edwards). Un modelo que en la perspectiva de formación integral extiende el Estado docente a la cultura y se inscribe en la tradición ilustrada; un modelo que busca mantener un equilibrio político y armonizar la presencia y los intereses culturales de nuevos sectores sociales (alta cultura y cultura de contenido nacional popular), un modelo en que el tono mesocrático de movilidad social (y no oligárquico) otorga -con un trasfondo de transformación social- su tinte a la cultura del país. Este modelo contempla también la participación directa de los partidos políticos como agentes culturales y comunicativos, todo ello en un escenario en que el Estado no fomenta -pero tampoco obstaculiza- el crecimiento de la industria cultural y de la cultura de masas. Son antecedentes que avalan la hipótesis de que los momentos de mayor actividad artística y despliegue de energías culturales, como también de avances en la organización de la cultura, se corresponden en el caso del Chile del siglo XX con momentos de activación política en un horizonte de transformación y de utopía social en que el Estado y los partidos desempeñan un rol fundamental.

g) Universidades y organización de la cultura En el sistema cultural del período 1930-1973, la Universidad de Chile, pero también el resto de las universidades estatales o paraestatales (como la Universidad de Concepción o la Universidad Técnica del Estado) e incluso la Universidad Católica, es decir, todas las hoy llamadas “universidades tradicionales”156, desempeñaron un rol significativo en la organización de la cultura. Un rol que incidió en la formación y profesionalización

156 El sistema universitario chileno experimentó un cambio abrupto a partir de la Ley de Educación Superior del Gobierno Militar (1981), la cual promovió el sector privado, provocando en dos décadas un aumento de las instituciones de educación superior de 8 a 68.

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de recursos humanos y circuitos artísticos, en la modernización de algunos de los campos culturales más relevantes (teatro, música, cine, danza, plástica), en investigación y cultivo del folclore y de las artes populares, en la difusión de las más variadas expresiones artísticas en distintos sectores sociales a lo largo del país, en la instalación con criterios de extensión (y no meramente mercantiles) de editoriales y medios de comunicación masivos (radios y, muy fundamentalmente, la televisión), en el intercambio y apertura a tendencias artísticas y culturales del escenario internacional, ubicadas tanto en la tradición como en la vanguardia. Este rol contó con el aval y en gran medida con el aporte financiero del Estado, un Estado de compromiso que a partir de 1938 entendía su función de apoyo al desarrollo no solo en el ámbito económico y de los servicios, sino también en el social y cultural. Tarea que el Estado delegó en las instituciones de educación superior, particularmente en la Universidad de Chile. Las universidades fueron, en esta perspectiva, un brazo de un Estado garante en el campo artístico cultural, un brazo que tenía la virtud de una relativa autonomía frente a los cambios políticos de coyuntura. En esta perspectiva, tanto el Estado como las universidades estatales se convierten en un ancho espacio de sustentación para los grupos sociales en ascenso y para sus intereses culturales157. El proceso de desarrollo y modernización del campo cultural se traducirá en su autonomización respecto del tutelaje y del gusto aristocrático; fenómeno en gran medida hecho posible por la consolidación de las disciplinas artísticas al interior de las universidades. Por otra parte, tal como lo plantean Carlos Catalán y Gisselle Munizaga, “al introducirse y legitimarse en el seno de la institucionalidad estatal bajo la cobertura de sus espacios académicos y universitarios, la práctica artística se torna especialmente sensible a los contenidos y formas expresivas de los nuevos grupos…en ascenso”158. También a los imaginarios políticos por los que se inclinan estos grupos, en el contexto de una escenificación del tiempo histórico nacional en clave de transformación.

157 Véase los documentos de trabajo de CENECA, realizados entre 1983y 1990 sobre las transformaciones del sistema cultural en el siglo veinte, en varios de los cuales el autor participó. Para el caso que estamos examinando, Carlos Catalán y Gisselle Munizaga, Transformaciones en el sistema cultural en Chile 1920-1960, s/f. 158 Carlos Catalán y Gisselle Munizaga, op. cit.

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Universidad de Chile:¿un Ministerio de Cultura? La Universidad de Chile, la más antigua y por esos años la más grande del país, desempeñó en el proceso que hemos descrito un rol pionero y de alta significación. En 1930, la Universidad aprobó un proyecto de extensión artística de la Facultad de Bellas Artes, que dependería del Rector, quién elevó la propuesta a consideración del gobierno, para obtener financiamiento. La idea era “impulsar y dirigir la difusión artística” en todos los sectores, “y dar a conocer en el extranjero la cultura chilena”. Ese mismo año se crea el Departamento de Extensión Cultural de la Universidad, entidad que en el primer año “de labores organizó -según un documento de la época- conferencias cotidianas, conciertos populares a cargo del Conservatorio Nacional de Música, una de las mejores exposiciones de pintura de los últimos años, cursos de filosofía, bellas artes, urbanismo, ciencias, publicó una obra consagrada a conmemorar el cincuentenario de la Academia de Bellas Artes; organizó, además, numerosas veladas conmemorativas, un Salón de Bellas Artes en Valparaíso y ocho cursos de alta cultura en la Academia de Guerra”159. En los cuatro períodos del rector Juvenal Hernández (1933-1953), la extensión se legitimó como actividad permanente y regular de la vida académica, otorgándole un estatus paralelo a la docencia y a la investigación. Así queda de manifiesto en la Memoria que presentó el Rector tras expirar su cuarto período: “La universidad que no vibra con el medio social -proclamaba el Rector, en 1953- es una cosa muerta”…La Universidad de Chile se ha organizado para responder a sus deberes sociales… ha incorporado a su trabajo la extensión universitaria con carácter legal, como si se tratase, en el hecho, de una enseñanza propia de sus aulas en la sociedad ambiente… La extensión cultural es el instrumento que emplea la Universidad para responder a los anhelos de superación de los no universitarios, de los que por dedicarse a faenas vitales no pudieron sentar plaza de estudiantes… Debe llegar hasta el campesino, el obrero, la dueña de casa, el artesano, y no en forma esporádica, sino como un río caudaloso y permanente”160.

Luis Galdames, “La Universidad de Chile, 1843-1934”, Documento Manuscrito, s/f. Memoria presentada por el ex rector de la Universidad de Chile, don Juvenal Hernández, al expirar su cuarto período el 26 de septiembre de 1953, Santiago de Chile, 1953. 159 160

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En 1934, la Facultad de Bellas Artes inaugura la radiodifusión, con el objetivo de “ir más allá de las salas de conciertos y de los lugares de exposición” 161. A partir de los primeros años de la década del treinta -señalaba Juvenal Hernández- la extensión universitaria se ha incrementado hasta convertirse en la mayor y más importante de las agencias de superación cultural”. En 1936, Amanda Labarca funda y organiza las Escuelas de Temporada, “con el objeto de desarrollar y proyectar el aprecio y valor de las temáticas culturales a los distintos sectores de la sociedad”162. La Universidad, institucionalizando estas actividades de fomento y difusión cultural como parte de la vida académica, en el formato de extensión, llegó a ser una suerte de Ministerio de la Cultura. Desempeñó una función de alianza complementaria con el Estado, diferente sí a la que tuvo en el pasado, cuando llegó a ser una suerte de superintendencia con capacidad para orientar y fiscalizar la educación pública. Básicamente, fue en los rectorados de Juvenal Hernández Jaque, entre 1932 y 1953; de Juan Gómez Millas, entre 1953 y 1963, y de Eugenio González Rojas, entre 1963 y 1967, que la Universidad tuvo políticas de avanzada social en sintonía con el Estado de compromiso y con el Estado social. Los tres rectores condujeron la casa de estudios en la idea de una universidad pública y laica, formando profesionales aptos y comprometidos con el desarrollo y la derrota de la miseria en el país. También con una pasión por impulsar las actividades artísticas y culturales: “Chile no tiene -decía el rector Eugenio González- como los viejos países europeos un Ministerio de Cultura… por eso la Universidad de Chile debe llenar ese vacío y está obligada a ofrecerle un espacio a los grandes creadores de este país y también a los que recién inician este camino”. Fue una universidad inserta en el país, participando activamente en el desarrollo económico, social y cultural, integrando sus conocimientos a la sociedad por la vía de su quehacer académico y de la extensión. Después de 1967, en el fragor de la reforma universitaria, durante años de intensa radicalización y distanciamiento (entre las dos alas del

161 Jorge Cáceres Valencia, La Universidad de Chile y su aporte a la cultura tradicional chilena, 1933-1953, Santiago de Chile, 1998. 162 Ibíd.

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imaginario político de transformación), en los rectorados de Ruy Barbosa (1967-1969) y de Edgardo Boeninger (1969-1973), las actividades de extensión continúan, pero ahora partidizadas y con cierto menoscabo en su organicidad institucional. La Universidad de Chile fue, como señalamos, pionera en la institucionalización académica de la extensión. Desde la creación en 1930 del Departamento de Extensión, la Universidad le hizo presente al Supremo Gobierno que no disponía de fondos para el funcionamiento del mismo, solicitando apoyo del Estado. Esta situación se volverá a repetir cada vez que la universidad institucionaliza una actividad de extensión cultural; siempre fue escuchada y recibió, si no la totalidad, gran parte del presupuesto solicitado. Incluso en más de una oportunidad, como ocurrió en 1948, el propio Estado le traspasó (con financiamiento) a la Universidad ciertas actividades o tareas que realizaba alguna dependencia estatal relativa a la cultura, para que esta se hiciera cargo de ellas. El decreto 4.794 del 5 de junio de 1948, que implementó la ley 8939 del 3 de enero de 1948, dispuso la “reestructuración de la Dirección General de Información y Cultura y el traspaso de su personal, servicios, funciones y bienes a diversas entidades, entre ellas, la Universidad de Chile”. Según señala el decreto legal: “A la Universidad corresponderá encargarse del Estadio Recoleta”…para que procure con “dirección científica y técnica… la educación física del pueblo”. Se consideran también como funciones de la Universidad “la investigación, fomento y divulgación de las Bellas Artes y de la Música Popular”, además, “el acopio, clasificación y distribución en el país y en el exterior, por propia iniciativa o a requerimiento (del Estado), de las informaciones concernientes a la vida cultural, económica, social y jurídica de Chile. También “la radiodifusión de tipo cultural y artístico, para lo cual (la Universidad) solicitará los espacios que necesite a la Secretaría General de Gobierno… y en general las diversas formas de orientación, realización y fomento de la cultura, que no habiendo sido específicamente señaladas en las disposiciones precedentes, constituían el objeto de atención de la Dirección General de Informaciones y Cultura, tales como las proyecciones cinematográficas, las publicaciones periódicas y extraordinarias, los anuarios y guías, las bibliotecas y discotecas, las colecciones y exposiciones de obras de arte, los teatros móviles, el furgóncine y demás equipos ambulantes para la divulgación cultural”. Además, se establece que “para que la Universidad de Chile tenga los fondos

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necesarios para desarrollar estas funciones, el Ministerio de Hacienda le traspasará un caudal específico”163.

Durante los mismos meses en que se dictaba este decreto, el gobierno de González Videla empezó a operar con la Ley de Defensa de la Democracia (o “ley maldita”), persiguiendo a los miembros del Partido Comunista, partido que inicialmente formaba parte de su gobierno. Siendo Pablo Neruda senador, debió huir del país mientras escribía Canto General (1950). Años más tarde, en 1954, el poeta, de regreso, le obsequiaba su valiosa biblioteca personal a la Universidad de Chile. Son indicios de una relación entre Estado y Universidad en la que ésta es concebida como una aliada natural del Estado en el terreno cultural e informativo, una relación que va mucho más allá de una simple entidad peticionaria, una relación que avala las palabras del rector Eugenio González, cuando en 1967 señalaba que la Universidad era casi un Ministerio de Cultura. Pero, al mismo tiempo, son indicios que muestran una relativa autonomía de la Universidad con respecto al gobierno de turno, puesto que en tiempos de la Ley de Defensa de la Democracia, el maccartismo del gobierno de González Videla no llegó a las aulas académicas. Fue así como la Universidad de Chile, ya desde la década del treinta, pero especialmente a partir de 1940, pudo emprender una serie de tareas de fomento y extensión cultural e informativa, tanto en Santiago como en varias provincias del país, con el apoyo del Estado, pero también con independencia y relativa autonomía. Cabe mencionar, entre estas actividades, a la Revista de Arte y a la radiodifusión de música que emprende desde 1934 la Facultad de Bellas Artes, actividades impulsadas por el decano Domingo Santa Cruz. “Se trataba -escribe el decano- de ir más allá de las salas de conciertos, de los lugares de exposición… de dirigirnos al país, a aquel público general, anónimo, al ancho mundo de quienes se interesan por nuestras artes o que ajenos a ellas, pudieran ser atraídos hacia sus manifestaciones”164.

163 Leyes, Decretos y Reglamentos, Tomo I, Recopilación y notas de Enrique L. Marshall, Santiago de Chile, 1953. 164 Jorge Cáceres Valencia, La Universidad de Chile y su aporte a la cultura tradicional chilena, 1933-1953, op. cit.

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Las Escuelas de Temporada (de invierno y de verano), creadas en 1936 por Amanda Labarca, se prolongaron por varias décadas y tenían por objetivo “desarrollar y proyectar el aprecio y valor de las temáticas culturales a los distintos sectores de la sociedad”. Se trataba de escuelas que concitaron el apoyo de embajadas e institutos binacionales, y en las que predominaron cursos e invitados relativos a América Latina y al folclore y la cultura popular chilena, cursos de los que nacieron varios conjuntos folclóricos165. Las Misiones Culturales, orientadas a difundir manifestaciones culturales entre el gran público de fuera de Santiago, contaron con la cooperación del Teatro Experimental, el Coro Universitario, el Instituto de Extensión Plástica y equipos y material divulgativo de los departamentos de Foto-Cinematografía y Radiodifusión166. Los cursos de perfeccionamiento y de recuperación con certificados, destinados a completar “cultura general, profesional o técnica”, eran cursos en los cuales los alumnos estaban “sometidos a un reglamento, pero no a la obligación de pagar suma alguna por la enseñanza” que recibían167. Las Conferencias de Extensión en el Salón de Honor de la Universidad, conferencias sobre las más variadas materias de alta cultura, gratis y abiertas a todo público, eran actividades que en el año escolar de 1943 sumaron -considerando también a los cursos- más de 400 actividades168. En el período 1940-1973, la Universidad realizó, además, varias tareas auxiliares del Estado, entre ellas, clínicas jurídicas y una Escuela de Estudios Políticos y Administrativos para los servidores del Estado en convenio con la ANEF (Agrupación Nacional de Empleados Fiscales)169. Y tal vez una de las tareas de mayor significación: en 1969 inauguró la televisión pública en el país, por encargo y concesión del Estado, el cual le concedió a la Universidad el manejo de uno de los dos primeros canales de la televisión que funcionaron en Chile, cuestión a la que nos referiremos más adelante.

165 Entre 1936 y 1953 pasaron por sus aulas 43.543 alumnos. Memoria presentada por el ex-rector Juvenal Hernández al expirar su cuarto período el 26 de septiembre de 1953, op. cit. 166 Máximo Pacheco Gómez, La Universidad de Chile, Santiago, 1953. 167 Anales Universidad de Chile, N° 49 a 52, Año CI, Número conmemorativo del Centenario de la Universidad, Santiago de Chile, 1943. 168 Ibíd. 169 Revista ANEF, órgano oficial de la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales, Año 1, 2ª época, N° 1, Santiago de Chile, mayo-junio 1954.

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El Teatro Experimental El Teatro Experimental de la Universidad de Chile (ITUCH), creado en 1941, es un buen ejemplo de las transformaciones que posibilitó una organización de la cultura en que las universidades cobijaron el desarrollo cultural con apoyo y patrocinio del Estado. En primer lugar, cabe señalar que su creación fue de alguna manera un resultado natural de la evolución de grupos e inquietudes artísticas preexistentes: de la Orquesta Afónica, conjunto coral estudiantil que animaba las veladas bufas en la segunda mitad de la década del treinta, cuyo director escenográfico era Pedro de la Barra; también del Centro de Arte Dramático del Instituto Pedagógico (CADIP), grupo teatral conformado por alumnos del Pedagógico y de la Escuela de Derecho, que existía desde 1934, dirigido por Pedro de la Barra, y del que fueron en algún momento participantes Pedro Orthous y Bélgica Castro. Al interior de esos grupos se incubó la necesidad de una renovación teatral, la necesidad de distanciarse del modelo de teatro decimonónico que ellos mismos practicaban, así como también del teatro profesional cómico y comercial que ofrecían con notable éxito en esos años la compañía Córdova-Leguía (de Lucho Córdova y Olvido Leguía) y, más tarde, la compañía de Alejandro Flores. Urge, decía Pedro de la Barra, primer director del Teatro Experimental, “formar gente nueva que supere esta generación e inspirarla en valores de alta calidad estético-social”170. La urgencia de renovación estética iba, como advierte Pedro de la Barra, acompañada de un compromiso político presente en los fundadores del Teatro Experimental y en la mayoría de sus miembros. Rubén Sotoconil, uno de sus fundadores, recuerda el contexto internacional de esos años: “Habíamos sufrido -dice- la paralizadora crisis económica de 1930, que desnudó nuestra condición dependiente y monoproductora. Vimos, siendo niños, las colas del hambre, las ollas comunes, el tarro de hojalata de puerta en puerta, los albergues de cesantes, la miseria ondulando entre el cielo y la tierra de nuestro largo país. Se había proclamado la República

170 Citado por Javiera Emilia Del Campo, “La actuación cómica en Chile”, Tesis para titularse de actriz en la Facultad de Artes, Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2004.

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Española en 1931; había surgido Hitler en Alemania; había aparecido el Frente Popular en Francia y Francisco Franco había asaltado el poder en España con ayuda de Hitler, Mussolini y los conservadores ingleses. Los que fundamos el Teatro Experimental teníamos, pues, el alma llena de terrores y esperanzas. Nuestro barquito de clase media era mecido por ecos de cañonazos, despojos, cámaras de gases, industrialización de la piel humana, genocidios, incendios y pesadillas de muerte”171.

A su vez, Domingo Piga, otro de los fundadores del Experimental, relaciona la creación del teatro y otras actividades de extensión llevadas a cabo por la Universidad, con la situación política del país, en un párrafo que citaremos in extenso, porque muestra, una vez más, que en varios momentos de la vida cultural chilena fueron las energías y la voluntad políticas (entendiendo a la política en su sentido más amplio) las que activaron las energías culturales: “Accedió a la Presidencia de la República el Profesor Pedro Aguirre Cerda. Por primera vez había un gobierno de contenido ideológico popular, de la clase media, se decía entonces, con profesionales, con trabajadores, con gobernantes sin apellidos vinosos… se habían abierto (así) las puertas de entrada al siglo XX. Esos grandes y significativos cambios produjeron inmediatas creaciones que hicieron crecer a la Universidad de Chile como universidad rectora de la cultura nacional”… “Después de gobiernos… que actuaron” casi siempre “a espaldas de la realidad social de Chile, se produce este despertar como una eclosión excelsa del alma popular, que se expresaba en las formas más diversas. Por eso surgió una respuesta en el arte musical con la Orquesta Sinfónica que antes de ser creada dentro de la Universidad, había tenido un origen clasista con aureola privativa para especialistas y melómanos ya iniciados. ¿Dónde podía cobijarse el arte con todas las expresiones que surgían de esta revolución del espíritu nacional y popular? ¿Dónde podían realizarse, dónde concretarse los ideales de creación artística? Solo en la Universidad de Chile que ofrecía garantías de independencia, de seriedad, de estabilidad, bajo la garantía de su autonomía”172.

Rubén Sotoconil, Almanaque teatral, Santiago de Chile, 2002. Domingo Piga, op. cit. También, Domingo Piga y Orlando Rodríguez, Teatro chileno del siglo XX, Santiago de Chile, 1964. 171 172

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El Teatro Experimental, creado en 1941, como decíamos, por estudiantes del CADIP y de la Facultad de Derecho, recibe ayuda e institucionalidad de la Universidad y, a partir de 1942, el Ministerio de Educación le otorga una subvención anual. Participaron en su fundación, entre otros, Chela Álvarez, Agustín Siré, María Cánepa, Bélgica Castro, Pedro Orthous, Roberto Parada, María Maluenda, Rubén Sotoconil, Domingo Piga, el dramaturgo José Ricardo Morales y el escenógrafo Héctor del Campo, ambos exiliados españoles; también Pedro de la Barra, su primer y más importante director y, sin duda, una de las figuras más relevantes de esta oleada de modernización del teatro chileno. Casi todos ellos tuvieron una larga trayectoria en el teatro del siglo veinte e incluso algunos siguen vigentes hasta el día de hoy. A partir de su primer estreno en 1941, el Teatro Experimental montó ininterrumpidamente hasta 1973 más de 110 obras, no solo en Santiago sino también en provincias: piezas del teatro clásico y moderno, nacionales, europeas y norteamericanas. Desde Eurípides, Cervantes y Shakespeare, hasta García Lorca, Pirandello y Samuel Beckett; desde Chejov, Ibsen y Brecht, hasta Dino Buzatti, Tennessee Williams y Peter Weiss; desde Acevedo Hernández, Isidora Aguirre y Luis Alberto Heiremans, hasta Arthur Miller, Edward Albee y Jean Paul Sartre. Paulatinamente, se va dando una profesionalización del Teatro Experimental. En 1946, la Universidad garantiza el pago de un sueldo mensual a 10 actores; un año después, el Teatro crea una Escuela de Arte Dramático, que a partir de 1948, y ya oficializada por la Universidad, imparte formación teatral en horario diurno y vespertino. En esa Escuela estudió dirección teatral Víctor Jara, quien fue asistente de Pedro de la Barra y, más tarde, entre 1963 y 1979, uno de los directores estables del Experimental. Desde 1954, el ITUCH tuvo un espacio teatral propio. Son pasos fundamentales, como señala Domingo Piga, uno de los primeros directores de la Escuela: “La experiencia indica que los grupos artísticos que dependen de organismos de gestación política, están sujetos a los vaivenes de ambiciones, caprichos e intereses siempre mezquinos, de quienes detentan el poder político. En la Universidad, en cambio, el artista” encuentra un lugar “estable, independiente, sometido solo a las normas que la buena marcha artística requiere en su organización, sin ser jamás perseguido o de alguna manera

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presionado por razones o móviles políticos… No interesa su creencia o ideología, sino su calidad como artista, que sea un buen creador…”173.

Lo que era así para esos años, no lo fue del todo en los años de confrontación política exacerbada, inmediatamente antes del golpe de 1973, y, mucho menos aún, durante la dictadura, en que no solo no hubo libertad de cátedra sino que por sus ideas se exoneró a numerosos académicos y artistas, y en algunos casos se llegó a la tortura y desaparición. En general, sin embargo, puede afirmarse -como lo señala Domingo Pigaque hasta 1973 la práctica artística y cultural se dio en la Universidad de Chile en un espacio académico abierto y en un marco de libertad de creación no condicionada por restricciones ideológicas ni por censuras estatales. Cabe recordar también, como lo hace el propio Piga, que en su etapa de formación y consagración, el Teatro Experimental tuvo el apoyo de importantes políticos de la época, entre otros, de los radicales Exequiel González Madariaga, Ángel Faivovich, de los liberales Gregorio Amunátegui y Arturo Alessandri Palma, del socialista Salvador Allende y de los comunistas Elías Lafferte, Volodia Teitelboim y Luis Corvalán. También, de dirigentes obreros como Juan Vargas Puebla y Clotario Blest174. La estabilidad laboral de los actores fue acompañada por otras modernizaciones propias de la actividad teatral, como la incorporación desde los primeros años de teorías actorales y escénicas innovadoras (el método de Stanislawsky, creador del Teatro del Arte de Moscú, o las teorías de Piscator, Antoine y Copeau), lo que justifica el nombre de Teatro Experimental. Podemos mencionar, además, la participación en los montajes de escenógrafos, vestuaristas e iluminadores profesionales, con conceptos plásticos alejados del realismo tradicional; el destierro del recurso del estrellato y de las primeras figuras o divos, recurriendo, en cambio, al trabajo colectivo; y el contacto e interacción de varios de sus miembros con las nuevas tendencias teatrales y la dramaturgia internacional (Pedro de la Barra viaja a Inglaterra, donde hace una estadía entre 1947 y 1950; Agustín Siré realiza una estadía de dos años en Estados Unidos y Europa, y a su vez, el Teatro invita a varios directores extranjeros a montar obras en Chile).

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Domingo Piga, op. cit. Domingo Piga, Teatro Experimental de la Universidad de Chile, op. cit.

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El sistema universitario y el rol que ocupaba la extensión en la Universidad de Chile aseguró a la práctica artística no solo de recursos humanos y materiales para su producción y posibilidades inéditas de creación, sino también de sólidas condiciones para su reproducción, basadas ahora en una profesionalización garantizada por el Estado175. Como lo recuerda el rector Juvenal Hernández: “Desde sus comienzos, la acción del Teatro Experimental ejerció su influencia no solo a través de las representaciones para el público en general, sino en forma muy especial por medio de funciones dedicadas a los estudiantes universitarios, secundarios y de enseñanza primaria, por medio de presentaciones y charlas explicativas en los locales de los sindicatos de obreros y empleados, realizando giras a diversos puntos del país y colaborando activamente en la organización de grupos teatrales entre los estudiantes y empleados, tanto en Santiago como en provincia”176.

Explicando esta interacción con la sociedad, Rubén Sotoconil recuerda: “Estábamos convencidos de que los sostenedores de la sociedad, obreros, campesinos, trabajadores, empleados, merecían lo mejor. Teníamos que hacerlos participar en la alegría del teatro”177. Con ese propósito, el Teatro crea en 1944 una Comisión Sindical encargada de programar funciones para los obreros y de poner en pie una pequeña compañía ambulante y educadora. Habría que agregar, a partir de 1955, las monitorías teatrales en los sectores populares, los festivales de teatro aficionado y, desde 1960, la movilidad de un teatro carpa178. Como señala Domingo Piga, eran años en que “la Universidad (tenía) una misión cultural superior y no (era) su misión ganar dinero” -ni tampoco la mera entretención- “sino que dar cultura y extenderla a todos los

175 Carlos Catalán y Gisselle Munizaga, Transformaciones en el sistema cultural en Chile 1920-1960, op. cit. 176 Memoria presentada por el ex Rector de la Universidad de Chile, Don Juvenal Hernández al expirar su cuarto período el 26 de septiembre de 1953, op. cit. 177 Rubén Sotoconil, Almanaque teatral, op. cit. 178 Sergio Pradenas, Teatro en Chile. Huellas y trayectorias, Siglos XVI a XX, Santiago de Chile, 2006.

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sectores y a todo el país…” “Fueron otros tiempos, en que el Estado comprendía muy bien su responsabilidad y su deber con la sociedad”179. Después de 1973, el Teatro Experimental se deshizo y varios de sus miembros más destacados emigraron o salieron del país exiliados (varios directores, dramaturgos y actores vinculados a los teatros universitarios se establecieron en Costa Rica). Víctor Jara fue cruelmente asesinado y otros permanecieron en el país, al principio como submarinos, asomando solo de vez en cuando sus periscopios. Actividad teatral en otras universidades Influidas por la experiencia de la Universidad de Chile, y haciéndose cargo del clima intelectual y político de la época, desde la década del cuarenta todas las universidades hoy día llamadas “tradicionales” se van plegando al modelo de extensión universitaria, creándose de este modo en el teatro (pero también en otras manifestaciones artísticas) una vasta red de protección y circulación de productos culturales sobre la base de la estructura del sistema de enseñanza superior, con apoyo y patrocinio directo o indirecto del Estado180. En 1943, un grupo de estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica, entre ellos Pedro Mortheiru y Fernando Debesa, junto a Teodoro Lowey y Gabriela Roepke, de música y literatura, fundan el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica, sobre los mismos fundamentos que había nacido el Teatro Experimental de la Universidad de Chile. Desde esa fecha estrenan ininterrumpidamente obras clásicas y modernas, y desde 1957 hasta fines de la década del setenta llevan a cabo montajes de autores chilenos, privilegiando piezas de contenido nacional popular; obras de Armando Moock, Antonio Acevedo Hernández, Alfonso Alcalde, Isidora Aguirre, Fernando Cuadra, Nicanor Parra, Luis Alberto Heiremans, Sergio Vodanovic, Alejandro Sieveking y Jorge Díaz, entre otros. Tal como el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica creó una Escuela de Teatro y contribuyó a profesionalizar y modernizar la actividad. En sintonía con el clima de

Domingo Piga, Teatro experimental de la Universidad de Chile, op. cit. Carlos Catalán y Gisselle Munizaga, Transformaciones en el sistema cultural en Chile: 1920-1960, op. cit. 179 180

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transformación social, también se esforzó por llevar su práctica artística a otros sectores sociales. En 1966, por ejemplo, subvencionada por el Estado realizó una “Campaña Popular de Difusión del Teatro”, movilizando su teatro carpa desde el centro de la ciudad hacia las poblaciones periféricas de la capital, montando diversas obras, en una tentativa de recomposición del tejido social, en conjunto con las organizaciones de Juntas de Vecinos y Centros de Madres181. En la Universidad de Concepción surge, a fines de la década del cuarenta, un teatro universitario conformado por alumnos y aficionados, dirigidos por el profesor de la Escuela de Derecho, David Stitchkin, grupo que va a ser reconocido y oficializado como Teatro de la Universidad de Concepción (TUC) a partir de 1951. Su director se convertiría más tarde, en 1956, en Rector de la Universidad, dándole desde entonces un extraordinario apoyo a las actividades culturales y de extensión, generando un polo cultural descentralizado de gran relieve en la región, en el cual la actividad teatral fue una entre otras de las prácticas artístico-culturales que se fomentaron. Desde el rectorado de Stitchkin, el TUC contó con una planta estable de actores y directores -entre otros, Delfina Guzmán, Gustavo Meza, Nelson Villagra, y el propio Pedro de la Barra, que se empeñó en desarrollar “un teatro nacional popular, libre, creativo y verdadero”182. Entre 1950 y 1973, el TUC montó más de 70 obras, casi todas de autores del siglo XX, europeos, norteamericanos, latinoamericanos y, sobre todo, chilenos. Obras como Población esperanza (1958), de Isidora Aguirre y Manuel Rojas, o Las redes del mar (1959) y Umbral (1967), de José Chesta, piezas que escenificaban las inequidades y los conflictos no resueltos de sectores económica y socialmente en pugna, y que obedecían al compromiso social y político que el teatro debía establecer (según el imaginario político de entonces) con los trabajadores y con los grupos marginales. Aunque también se montaron obras de Carlos Cariola, de Egon Wolff y de Eugéne Ionesco, fue sobre todo un teatro que vibró y sintonizó con el clima político de los sesenta y con el auge del imaginario revolucionario de transformación social. Cuando en 1971 se puso en escena Los pequeños burgueses, de Máximo Gorki,

Luis Pradenas, Teatro en Chile. Huellas y trayectorias. Siglos XVI-XX, op. cit. Marta Contreras, Patricia Henríquez, Adolfo Albornoz, Historias del Teatro de la Universidad de Concepción, Concepción, 2003. 181 182

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la difusión del montaje señalaba que la obra “llegaría a los trabajadores y pobladores de Talcahuano, Penco, Lirquén, Tomé, Schwager, Coronel y Lota”. Se invitaba, paralelamente, a un ciclo de cine sobre la vida en la Unión Soviética, y el director de la obra, Alberto Villegas, planteaba que el montaje contribuiría a “la lucha de la clase obrera, desnudando las manifestaciones de la ideología burguesa. Demostrando que sus vicios y sistemas son incompatibles con la moral de (una) nueva sociedad”183. En 1958, en la Universidad Técnica del Estado (hoy Universidad de Santiago), un grupo de alumnos, con el apoyo de esa casa de estudios, forma el Teatro Teknos, montando desde esa fecha hasta 1973 más de 20 obras de teatro clásico y moderno, de autores chilenos, latinoamericanos, europeos y norteamericanos; también realiza giras al norte y al sur del país, y lleva sus montajes a varias ciudades, poblaciones y colegios, llegando a localidades apartadas del norte, centro y sur de Chile184. También hubo teatro universitario en la Universidad Católica de Valparaíso, entre 1947 y 1953; en la Sede Chillán de la Universidad de Chile, en 1949; en la Universidad de Chile de Antofagasta, en 1962 y en la Universidad de Chile de Temuco, en 1965. Como señala Grínor Rojo, a fines de la década del 60 “el teatro universitario chileno, que treinta años antes no era más que una locura de estudiantes, había logrado construir una red de la que se empezaba a hablar con respeto en el extranjero”185. Las actividades que hemos reseñado con respecto al teatro, instaladas en el espacio académico, se constituyen en una de las etapas más significativas en la historia del teatro en Chile, una etapa cuya incidencia en lo propiamente teatral opera hasta el día de hoy -aun cuando las circunstancias han cambiado radicalmente el modelo de organización de la cultura. Se trata de una etapa que contribuyó a formar generaciones de actores, dramaturgos, escenógrafos, diseñadores, vestuaristas e iluminadores; emergió también, a partir de este proceso, una crítica teatral especializada. La modernización de la práctica teatral se tradujo en una notable diversidad y riqueza de montajes, lo que contribuyó a

183 Citado por Marta Contreras en Historias del Teatro de la Universidad de Concepción, op. cit. 184 Mario Cánepa Guzmán, Historia del Teatro Chileno, Santiago de Chile, 1974. 185 Grínor Rojo, Muerte y resurrección del teatro chileno, Madrid, 1985.

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desplazamientos en el tejido cultural y simbólico. Los espectadores (sean jóvenes, obreros, estudiantes, creadores o mujeres) se abrieron así paso a nuevas subjetividades e imaginarios, y a nuevos modos de habitar y ser en el mundo. Esta trayectoria, que no hubiera sido posible sin contar con el auspicio y apoyo del Estado y de las universidades, contribuyó a situar a la práctica artística teatral en un plano superior a la del teatro comercial o de mera entretención de las primeras décadas del siglo; llevó a cabo una labor considerable de educación estética y de democratización cultural, aportó también a la democracia cultural, fomentando la actividad teatral independiente y aficionada, e incluso contribuyó, en las últimas décadas, paradójicamente, a profesionalizar la industria cultural y la cultura de masas a través del aporte de actores y profesionales del teatro a la cinematografía y a la televisión. Extensión de otras artes Aunque a modo de ejemplo lo hemos examinado en detalle, el teatro no fue la única práctica artística que experimentó notables transformaciones en el período 1930-1973. En el contexto de una organización de la cultura en que las universidades cobijaron el desarrollo cultural, ocurrió otro tanto con la música, la danza, la plástica y, en menor medida, con el cine y la literatura. En cuanto a la música, las universidades fomentaron la investigación y la docencia de música culta y popular folclórica, fundaron orquestas, crearon escuelas y conservatorios, formaron compositores e intérpretes, y fueron educando a un público amplio a través de la radiodifusión o de conciertos en espacios no tradicionales a lo largo del país. En 1940, la Universidad de Chile crea, durante la gestión de Domingo Santa Cruz como decano de Bellas Artes, el Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile, al que se integraron la Orquesta Sinfónica, el Coro de la Universidad de Chile y el Ballet Nacional. También se fundó en esos años un Instituto de Investigaciones del Folklore Musical. La investigación no se quedaba encerrada en las aulas, sino que era vehiculizada -con criterio mesocrático popular- por distintas vías, más allá de las aulas universitarias. Ya en la década del cuarenta, concretamente en 1944, el Instituto de Investigaciones del Folklore Musical, creado por Eugenio Pereira Salas, Carlos Lavín 131

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y Carlos Isamitt, produjo -en convenio con RCA Víctor- un álbum con diez discos bajo el título de Aires tradicionales y folklóricos de Chile, compuesto por 25 melodías de música vernácula recopilada y calificada por sus difusores como “auténtica”. Acompañaban al álbum dos folletos explicativos escritos por Jorge Urrutia Blondel y Eugenio Pereira Salas. La difusión de estas y otras recopilaciones llevadas a cabo por el Instituto se realizaban en conciertos populares en el “local de la Escuela Anexa 141 y en la Escuela Pedro Aguirre Cerda, con el apoyo de Margot Loyola y su hermana, y de Amanda Acuña. También se ofrecían conciertos en distintos teatros y a través de transmisiones dominicales por la Radio Nacional de Agricultura”186. En cuanto a la arquitectura, en la década de 1930 la Universidad fue centro de un intento de renovación y modernización de la disciplina. En el seno de la Escuela de Arquitectura se conformó un grupo de acción estudiantil del que surgiría la revista ARQuitectura, publicada en Santiago entre agosto de 1935 y abril de 1936, y dirigida inicialmente por Waldo Parraguez y Enrique Gebhard. Fue una publicación que entendía la arquitectura como una disciplina que no podía abstraerse del contexto de cambio social y político, una actividad que debía sintonizar con la renovación espiritual y con el imaginario de transformaciones que se estaba viviendo187. Por otra parte, académicos y profesionales de la Universidad incidieron -como profesionales y funcionarios públicos- en las prioridades que tuvo el Estado en la arquitectura y el urbanismo de la época. Como señalan Humberto Eliash y Manuel Moreno, entre las décadas del treinta y del sesenta se dio un aumento progresivo de la influencia del Estado en la construcción de viviendas y obras públicas. Influencia que se manifestó a través de la ejecución directa de obras (MOP, CORVI) o a través de empresas mixtas (EMPART, CORMU, Sociedad Constructora de Establecimientos Educacionales), y también por medio de leyes especiales de incentivo al

186 Jorge Cáceres Valencia, La Universidad de Chile y su aporte a la cultura tradicional chilena, 1933-1955, op. cit. 187 Andrés Tellez y Horacio Torrent, “Publicaciones de periferia: en los márgenes de la vanguardia”, Revista 180. Arquitectura-Arte-Diseño, Nº 24, Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2010.

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sector privado, como la Ley Pereira, DFL 2 de 1959188. Con respecto a los años del Estado de compromiso, los autores señalan que “las tipologías y los lenguajes propuestos en edificios estatales” obedecían “a pautas culturales” que reflejaban un alto “grado de consenso social”. Un boletín de la Dirección de Arquitectura de la época -citado por Eliash y Morenoseñala que “la expresión arquitectónica de la edificación pública”, sin decoraciones superfluas, “constituye la imagen de la institucionalidad del Estado: austera, trascendente en lo conceptual, duradera en lo material, funcional… y respetuosa de las tradiciones culturales de la sociedad y del paisaje en que se localiza”. Margot Loyola y Violeta Parra Margot Loyola y Violeta Parra, recopiladoras e intérpretes destacadísimas que carecían de formación académica especializada (Violeta Parra era técnicamente una autodidacta), encontraron apoyo en espacios universitarios. Fue una situación que hoy día -con la rigidez de las normas y de los requisitos de ingreso a la academia en las “universidades tradicionales”- resultaría prácticamente imposible. Margot Loyola participó en las grabaciones del Instituto de Investigaciones Folklóricas de la Universidad de Chile, fue docente durante 14 años, ejerciendo en casi todas las Escuelas de Temporada, y realizó, además, una gira con su hermana por todo el país, financiada por el Estado a través del Ministerio de Educación. Consultada sobre la gestión académica y su participación en el Instituto de la Universidad de Chile, en una entrevista de 1995, Margot Loyola respondió: “… fue excelente, había grandes iniciativas. Se hicieron cosas muy importantes como el primer álbum de aires tradicionales y folklóricos de Chile… programas en grandes teatros a lo largo de todo el país, empezando por el Teatro Municipal de Santiago. La Sala Cervantes -que era un lugar para la música de cámara- también presentó programas de folklore”189.

188 Humberto Eliash y Manuel Moreno, Arquitectura y Modernidad 1925-1965. Una realidad múltiple, Santiago de Chile, 1989. 189 Agustín Ruiz Zamora, “Conversando con Margot Loyola”, Revista musical chilena, año XLIX, 1995, Nº 183, Santiago de Chile, 1995.

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En cuanto a Violeta Parra, luego de intentar sin éxito en la Universidad de Chile, encontró su espacio y fue contratada por la Universidad de Concepción en 1957, para realizar una recopilación de canciones y costumbres de la zona. En poco más de un año estaba inaugurando un “Museo de arte folklórico chileno” en dos salas de la Facultad de Artes de la Universidad. En los años del rector Stitchkin, la Universidad de Concepción vivió un clima de extraordinaria actividad cultural. El poeta Gonzalo Rojas, encargado de extensión de la Universidad, convocaba conferencias internacionales de escritores, a las que asistían los autores más significativos de la generación del 38 y del 50; escritores latinoamericanos, como Mariano Picón Salas, Augusto Roa Bastos, Alejo Carpentier, José María Arguedas, José Bianco, Carlos Fuentes, Mario Benedetti y Octavio Paz; los norteamericanos Allen Ginsberg y Ferlinghetti; el arquitecto brasileño Oscar Niemayer, entre otros. También figuras celebres de la ciencia, como Linus Pauling y el profesor Alejandro Lipschutz. Bajo el amparo de la Universidad se realizaron exposiciones de Nemesio Antúnez, Guayasamín, Brito y Roberto Matta. También Escuelas de Temporada con la participación de Violeta Parra, Santos Chávez, Nemesio Antúnez, José Balmes, Mario Carreño, Carlos Hermosilla e Inés Puyó. Además, se practicó el muralismo con obras como “El Despertar de América”, del mexicano González Camarena, o el mural de la farmacia Contreras Maluje, del chileno Julio Escámez. La propia Violeta Parra, en un encuentro de folcloristas, dialogaba con pares latinoamericanos como Efraín Best, Augusto Raúl Cortázar y Paulo de Carvalho Neto. En síntesis, una efervescencia en que una provincia, históricamente al margen, pasó a ser un centro cultural del país. Más tarde, en 1959, Violeta Parra es contratada por la Universidad de Chile para hacer una investigación sobre cantos folclóricos, con Gastón Soublette. La reticencia de musicólogos y estudiosos del Instituto de Investigación del Folklore -como Eugenio Pereira Salas- para incorporar a Violeta Parra, frente a su preferencia por Margot Loyola, se debe a que ambas representaban dos visiones diferentes del folclore y de la música tradicional, dos concepciones en el fondo distintas de lo nacional popular. Mientras Margot Loyola tenía una visión purista del folclore, que propiciaba un rescate arqueológico y un respeto absoluto a la tradición, Violeta Parra era iconoclasta y se permitía transformaciones e interpretaciones personales de aquello que ella “desenterraba” en sus 134

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tareas de recopilación. La música y costumbres campesinas eran para ella una experiencia viva que no podía congelarse en una campana de vidrio, una parte integral de su medio ambiente, una tradición operante no racionalizada. La “canción -decía Violeta- es un pájaro sin plan de vuelo, que odia las matemáticas y ama los remolinos”. Fue una estudiosa a su manera, recopiladora de la tradición campesina, pero también madre arisca de la nueva canción chilena; su aporte radica -decía José María Arguedas- en haber transformado una categoría segregante, como es el folclor, en una unificante, como es el arte”190. Detrás de esta diferencia laten dos concepciones distintas de lo nacional popular. Para Margot Loyola -y en ello coincide con Eugenio Pereira Salas y los investigadores del Instituto de Investigación del Folklore Musical de la Universidad de Chile- el folclore y la cultura popular son la expresión de la personalidad de un pueblo. Se trata de una postura próxima a la concepción romántica de lo popular, que concibe al pueblo como un todo homogéneo y autónomo, cuya creatividad espontánea sería la manifestación más alta de los valores humanos y la esencia pura de lo nacional; de allí la necesidad de rescatar el pensamiento, las costumbres y el folclore en sus fuentes originales y de preservarlas en su pureza. Para Violeta Parra, en cambio -y ello se trasluce en sus creaciones- lo popular no existe como una entidad metafísica a priori, sino que se forma en la interacción de las relaciones sociales; se trata de una realidad viva, contaminada, puesto que en la interacción social lo nacional popular no solo elabora contenidos de las condiciones de vida y trabajo de los sectores populares, sino que también resemantiza contenidos y lenguajes de otros sectores sociales, incluso provenientes tanto de la llamada “alta cultura” como de la cultura de masas191. Detrás de esta diferencia laten, por una parte, dos concepciones distintas de la identidad nacional, y también, como ya lo hemos señalado, desplazamientos en el imaginario político de transformación. Son posturas que explican la reticencia que tuvieron en la década del cuarenta y principios de los cincuenta los investigadores de la Universidad de Chile para trabajar con Violeta

190 Juan Pablo González, “Violeta, después de vivir un siglo”, El Mercurio, Santiago de Chile, 30-09-2007. 191 Los diversos trabajos de Néstor García Canclini son fundamentales para comprender esta diferencia.

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Parra, y su inclinación y sintonía, en cambio, por Margot Loyola, aun cuando ambas son figuras centrales de la música y de la cultura popular chilena del siglo XX. La televisión pública Pero el Estado no solo delegó en las universidades el tutelaje y desarrollo de la cultura nacional, sino que también, como ya hemos señalado, confió a las universidades el medio de comunicación más importante de las últimas décadas: la televisión. En efecto, el Decreto Ley 7.039 del 28 de octubre de 1958 otorgaba privilegios y granjerías al manejo de la televisión por parte de las universidades, sustrayendo a este medio del dominio de la empresa privada, y orientándolo en una línea de TV educativa. En este contexto, se les entregó simultáneamente concesiones de televisión a la Universidad Católica y a la Universidad de Chile, estableciendo una suerte de equilibrio (no exento de connotaciones políticas) entre el mundo laico y el católico. La definición de la televisión como cultural y educativa (lo que hoy día se llama “paleotelevisión”), sustrayéndola del dominio de la empresa privada, se inscribía en la perspectiva del Estado docente, que gozaba de amplia aceptación en el espectro político de la época. Un Estado que operaba con el parámetro de un Estado social no estaba dispuesto a autorizar la televisión privada. Se trataba de una postura casi única en América Latina192. Como señala María de la Luz Hurtado, “el privilegio de que (las universidades) puedan operar canales de TV, expresa la valoración de su función educacional pública en el contexto de la ideología del Estado docente”193. En los dos primeros años, las transmisiones fueron experimentales y en horario reducido. Solamente con el Campeonato Mundial de Fútbol de 1962, los canales universitarios ampliaron su horario y cobertura. La ley de 1958, que prohibía a los canales universitarios hacer publicidad, tenía vacíos en términos de financiamiento, y suponía lo que resultaba imposible: que los canales se financiarían con el presupuesto

192 Carlos Portales, Poder económico y libertad de expresión. La industria de la comunicación chilena en la democracia y el autoritarismo, México, 1981. 193 María de la Luz Hurtado, Historia de la TV en Chile (1958-1973), Santiago de Chile, 1988.

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normal de las universidades. Poco a poco, sin embargo, las autoridades universitarias y los directivos de los canales se percataron de que los fondos resultaban insuficientes para operar los canales, incluso en un formato programático de televisión educativa. Debieron, por lo tanto, recurrir paulatinamente a financiamiento publicitario, generando así un modelo mixto, educativo y comercial. En la parrilla de programación convivieron, en consecuencia, contenidos próximos a la concepción ilustrada de cultura, con contenidos de la cultura de masas orientados a la entretención, programas nacionales y programas envasados adquiridos en el mercado internacional. Por su parte, durante el trienio de la Unidad Popular, los departamentos de prensa, noticiarios y programas políticos se tiñeron con el clima confrontacional de esos años, el canal de la Universidad Católica (canal 13) se identificó con la derecha y la oposición al régimen de Salvador Allende, mientras la red nacional, operada desde 1970 por el Estado (canal 7) y el canal de la Universidad de Chile, estaban con el gobierno democráticamente elegido y su “vía chilena al socialismo”. Los canales conformaban así en su parrilla programática una extraña mezcla. Entregaban cultura ilustrada con propósitos educativos (cuyo modelo era la BBC de Londres o algunos canales estatales de los países escandinavos); difundían cultura de masas con el formato de shows y mera entretención (cuyo modelo eran los canales comerciales de Estados Unidos), y funcionaban, además, como espacios de interlocución política en que se expresaban tanto las diferencias internas que se daban en el espectro de izquierda (reforma versus revolución), como también vehiculizaban la creciente polarización entre partidarios y opositores al gobierno de la Unidad Popular.

h) Desde una sociedad estadocéntrica a una sociedad mercadocéntrica La televisión como medio y como industria cultural y la universidad (particularmente la Universidad de Chile) son tal vez los espacios culturales que experimentaron una mayor transformación a raíz del golpe militar y del advenimiento de un régimen que sacralizó al mercado y al mercantilismo como instancias reguladoras de la vida económica y social. En una primera etapa, la intervención de las universidades por el gobierno militar eliminó todo vestigio de pluralismo y cercenó 137

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gravemente la libertad académica. En el caso de la Universidad de Chile, esta fue jibarizada en sus recursos materiales y humanos (cientos de académicos fueron exonerados y la Universidad perdió todas las sedes de provincia, e incluso el Instituto Pedagógico), su presupuesto fue castigado y paulatinamente reducido, forzándola hasta el día de hoy a autofinanciarse, viéndose compelida a tomar medidas como la venta del canal de televisión. La Universidad de Chile, desde entonces, como todas las universidades estatales, se vio obligada a autofinanciarse en más de un 80% de su presupuesto operativo, lo que se ha traducido en una merma académica, sobre todo en áreas no directamente rentables del conocimiento, así como también en una reducción y pérdida de perfil en la actividad de extensión cultural, con respecto a las características que ella tuvo en el pasado. Por otra parte, en todos los canales de televisión que operaban en 1973, tanto en los universitarios como en la red estatal, el control ideológico durante la dictadura empobreció los contenidos periodísticos y culturales, y se llegó incluso a utilizar el canal estatal para poner en pantalla supuestas “confesiones” de opositores sometidos a tortura. Paralelamente, a partir de los años en que el criterio mercantil se convierte en la espina dorsal del modelo, el discurso del mercado se convirtió en una retórica que caló en todos los ámbitos de la sociedad, incluso en la propia Universidad de Chile, que se vio obligada en el momento de considerar aranceles y matrículas a tratar (veladamente) a sus “estudiantes” como “clientes”. En este contexto, los canales de televisión se integraron plenamente a la lógica mercantil y a una dependencia total de los ingresos publicitarios. En cuanto a la Universidad de Chile, el modelo de universidad pública cedió el paso a una institución de perfil esquizofrénico, obligada a moverse entre su pasado (con su patrimonio imaginario de universidad estatal y pública) y su presente (de institución de educación superior estatal compelida a vivir una realidad de autofinanciamiento y de mercado). Esta desarticulación entre universidad y Estado-nación ha sido bautizada por un filósofo como un big-bang que abrió paso a la disyunción entre sociedad, Estado-nación, cultura y universidad; en definitiva, el big-bang de la globalización neoliberal194. Se trata de

194

1996.

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Willy Thayer, La crisis no moderna de la Universidad moderna, Santiago de Chile,

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un big-bang que va a la par con una crisis de los mapas cognitivointelectuales, en que cambia el imaginario político predominante y las claves de interpretación del pasado ya no funcionan195: la política -para bien o para mal- pierde su pujanza ideológica y su horizonte de utopía, convirtiéndose en gran medida en la mera administración de lo que existe. La educación, la cultura y los medios de comunicación son percibidos como bienes transables, similares a otros, y que requieren por lo tanto ser desarrollados con criterios mercantiles y mediante una gestión eficiente: la meta es concluir con números azules aun a costa de los principios. En cuanto al teatro durante el régimen militar, luego de un período de 17 años de censura y autocensura por parte del Estado, en que las compañías de teatro independiente aprendieron a eludir la censura y a decir sin decir, desde entonces, tanto el teatro universitario que sobrevivió como las numerosas compañías teatrales independientes (que hoy son la mayoría) se han tenido que ocupar en primer lugar de su autofinanciamiento, sobreviviendo, desde 1990, gracias a la participación de actores y directores en teleseries u otros programas de televisión, barajándose -a veces esquizofrénicamente- entre la cultura de masas y la cultura artística, entre Shakespeare y una teleserie como “El señor de la querencia”, creando o participando en escuelas de teatro privadas, instalando la práctica teatral en un modelo de mercado asistido, que requiere presentar proyectos a algunos de los fondos competitivos que alberga el Estado (FONDART, Fondo del Libro, Fondo de la Música, etc.). En este nuevo escenario, que implicó un cambio radical en la organización de la cultura, se produjeron, sin embargo, algunas obras estéticamente notables, como La negra Ester (1988), de Andrés Pérez (en su versión original) o algunos montajes de la compañía teatral La Troppa, como Gemelos (1999) y Jesús Betz (2003), lo que indica que aun en las condiciones más adversas la creatividad no se apaga y pueden emerger obras memorables.

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Norbert Lechner, op. cit.

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i) El Estado como agente directo de cultura Falta referirnos al Estado como agente directo de cultura -sin mediación universitaria- lo que no solamente se dio en la década del 30 a través de Ministerio del Trabajo, sino que también posteriormente, en un momento en que las energías políticas en alza pulsaron una vez más a las energías culturales. En efecto, a comienzos de la década del 70, cuando se pensaba que había llegado la hora definitiva de liberación para América Latina, cuando se creía que la experiencia de Cuba podía ser complementada desde otro ángulo por el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular, se dio en Chile una experiencia inédita en cuanto al rol del Estado como agente directo y generador de cultura. Se trata de la creación de la empresa editorial Quimantú. El nombre de la editorial ya es significativo de una dimensión en que coinciden los distintos sectores sociales y políticos que conforman el bloque de gobierno. Voz mapuche (Kim: saber, co­nocer, antu: sol), que apunta a la idea de un Estado que garantiza el acceso de las mayorías a los libros, y en general a la cultura. Tras esta óptica común (a la que se adscriben los partidos que representan a sectores medios y populares), subyace una concepción con­gruente con el proyecto global de profundización democrática del gobierno. Se está también así, de alguna manera, aproximando la producción de libros a lo que el Estado social venía realizando en aéreas artísticas subvencionadas, por la vía de las universidades. Línea “extensionista” que se manifiesta en 1971 en la colección “Quimantú para todos”, formada en su mayor parte por títulos consagrados de la literatura universal y chilena (Hambre, de Knut Hamsun, e Hijo de ladrón, de Manuel Rojas, por ejemplo), títulos editados en tirajes de 50.000 ejemplares y distribuidos a precios populares. En las otras tres colecciones que operan en 1971, tituladas “Nosotros los Chilenos”, “Camino Abierto” y “Cuadernos de Educación Popular”, sucede algo diferente. Con la colección “Nosotros los Chilenos” se apunta a la constitución de una identi­dad cultural nacional, en que se reparen las exclusiones del pasado y en que el patrimonio popular -tradicionalmente postergadoingrese al canon vivo de la sociedad y de la cultura nacionales. Este propósito de la colección adquiere, empero, rasgos diversos al con­cretarse 140

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los títulos que se publican, títulos tras cuya selección editorial subyacen en algunos casos el paradigma de democratización cultural, y en otros, el de democracia cultural, así como también las dos concepciones de lo nacional popular examinadas a propósito de Margot Loyola y Violeta Parra. La Colección “Camino Abierto” es de pensamiento y análisis político. En ella, más que en otras, se disputan la línea editorial los dos partidos ejes de la Unidad Popular (socialistas y comunistas); por una parte, una cultura política de cuño autoctonista y latinoamericano, y, por otra, un pensamiento teórico-político vinculado al marxismo-leninismo como tronco del socialis­mo internacional. También esta colección estará cruzada por las disparidades estratégicas respecto a la vía institucional a seguir. La Colección “Cuadernos de Educación Popular”, de 1971, dirigida por Marta Harnecker, tenía por objeto explicar el proceso de transición al socialismo que se estaba impulsan­do y buscar la participación de los destinatarios en una estrategia de transformación del Estado tradicional en Estado popular. A diferencia de “Quimantú para todos”, en estas tres colecciones afloran, entonces, distintas variantes de cultura política y las dos estrategias -la reformista y la revolucionaria- que cruzan el proyecto de la Unidad Popular. La activación estatal de la industria del libro, canalizada a través de Quimantú, estará por lo tanto desde el primer momento mediada por los partidos y las corrientes ideológicas que integran la Unidad Popular, por la identidad cultu­ral de los sectores sociales que representan esos partidos y por la capacidad de presión que tiene cada uno de ellos respecto al Estado. Es desde esta mediación (e incluso, a veces, creando secciones o departamentos para satisfacerla) y en la práctica misma del manejo de la empresa, que se va gestando una política edi­torial, una política que desde el Estado va a incorporar el libro al consumo masivo y popular. Tras la “opción Quimantú” hay, por ende, una valoración de la cultura tipográfica y del producto libro como un medio superior a otros medios, una visión iluminista de la cultura que la enfatiza como un legado al que se accede solo a través de ciertos objetos capa­ces de contenerla: los libros. Explica también la política de una editorial estatal, que más que servir de cauce a los nuevos espacios culturales y creativos de la sociedad civil, se propone satisfacer necesidades predefinidas desde el 141

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Esta­do y desde los partidos que integran la Unidad Popular, llevando a cabo -en una línea de democratización cultural- una redistribución del capital cultural que ya poseía la elite de la sociedad. En los años 1972-1973, la democratización del capital cultural que realiza el Estado a través de Quimantú se traduce en una masificación del libro inédita en el país. Son años en que la política editorial ya está definida, en que a las colecciones que operaban desde 1971 se suman “Minilibros”, “Cordillera”, “Cuncuna” y “Documentos especiales”. La colección “Minilibros” es tal vez la que mejor ilustra la diferencia con respecto a la producción y tiraje tradicionales. Esta se inicia en agosto de 1972, y contempla 4 títulos por mes, incluyendo, hasta agosto de 1973, un total de 55 títulos, con un tiraje promedio de 80.000 ejemplares196. La producción se mantiene a un ritmo similar hasta agosto de 1973, produciendo un total de 3.660.000 libros en un año (entre agosto de 1972 y agosto de 1973). La colección “Minilibros” corresponde a un conjunto de obras narrativas (solo hay dos poemarios) entrega­das en versión original y seleccionadas con un criterio literario de divulgación, que privilegia a autores consagrados de la literatura universal. En total son 23 títulos europeos, 12 norteamericanos, 8 rusos, 6 latinoamericanos y 6 chilenos. Si se tiene en cuenta que los tirajes promedios, antes de 1970, apenas llegaban a los 2.000 ejemplares, las cifras parciales y totales de la colección re­velan una producción masiva inédita en el país. Si se suma “Minilibros”, las colecciones “Quimantú para todos” (dos títulos quincenales a un promedio de 50.000 cada uno), “Nosotros los chile­nos” (también quincenal, con 50.000 ejemplares cada título), la colección “Cordillera” (de obras literarias escogidas, 5.000 ejemplares por mes) y la colección infantil “Cuncuna” (con 20.000), tenemos un pro­medio de producción eminentemente literaria que arroja una cifra de 525.000 libros mensuales. Cifra a la que si se le suma el tiraje de las series “Camino Abierto” y “Do­cumentos especiales” (La ITT, Fidel en Chile, Vivir o morir, etc.), de las reediciones y de una producción pequeña pero constante de textos educativos, da un promedio que

196 Datos y cifras provienen de Bernardo Subercaseaux, Historia del libro en Chile. Desde la Colonia hasta el Bicentenario, tercera edición aumentada, corregida e ilustrada, Santiago de Chile, 2010.

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supera los 800.000 libros mensuales. En buenas cuentas, Quimantú llegó a producir en un mes lo que Zig-Zag en un año; y en doce meses, lo que producían todas las editoriales del país (privadas o semiestata­les) en casi 4 años. Todo esto, en un contexto en el cual existían problemas de escasez de papel (a veces -se sospechaba- generados intencionalmente por parte de empresas proveedoras del sector privado). Destinada en su totalidad al mercado interno, y con el propósito de llegar a los sectores populares, la masificación de la pro­ducción se apoya también en algunos cambios en el sistema de circulación y consumo. La distribución tradi­cional vía librerías resultaba insuficiente para el capital cultural puesto en movimiento. Además, las librerías especializadas en libros se ubicaban exclusivamente en sectores de ingresos medios o altos, conformando por lo tanto circuitos culturales diferenciados. En estas circunstancias, Quimantú re­curre a nuevas formas de distribución. En primer lugar, a los quioscos, cubriendo la red completa de ellos, desde Arica a Magallanes. “Minilibros”, “Quimantú para todos”, “Nosotros los chilenos” y “Documentos especiales” circulan y se venden hasta en un 70% de su tiraje a través de esta red. Se trata de una red que cubre casi todos los sectores sociales y que confiere así mayor equidad a los canales de circulación cultural. Además, por la mecánica de su funcionamiento, obliga a la empresa a respetar y mantener una periodicidad en sus colecciones. En segundo lugar, Quimantú monta un sistema de distribución mediante visitas a centros la­borales y universitarios, con vendedores que ofrecen los libros directamente, recorriendo tales centros a lo largo del país. La venta es asimismo apoyada por exposiciones ambulantes en circuitos populares. A través de estos meca­nismos, y llegando cada vez a sectores más vastos de público, se alcanzan en pocos meses cifras de ventas que antes requerían años. Los medios de la época titulan reportajes con frases como “Hierve la caldera editorial” y “Renacer editorial”. Esta visión auspiciosa de la acción del Estado fue, sin embargo, debatida por sectores de la oposición al gobierno, señalando que el notable aumento en ventas de libros se debía a la escasez de otros bienes disponibles y al carácter propagandístico y en algunas circunstancias al obsequio de los ejemplares editados197. Si bien es posible que las “Cartillas de Educación

197



M. Isabel Castro, La industria editorial chilena, Bogotá, 1982.

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Popular” hayan sido distribuidas gratuitamente, ellas conforman un sector ínfimo en la produc­ción total. Las evidencias indican más bien una producción que se vende por distintas vías y que llevó a un aumento espectacular de la lectura en diversos sectores sociales. Un aumento de lectores que se explica por factores de contexto que estimulan y hacen posible esa práctica. Hay factores económicos, como el bajo precio de los libros, un alto índice de empleo y cierta escasez de bienes de consumo durables o suntuarios. Hay factores político-ideológicos que convocan a nuevos actores sociales a la escena cultural. Y hay también un proyecto de transformación de la sociedad que propende a la valoración social del co­nocimiento y del saber, y que exige, por lo tanto, reparar desigualdades pasadas en el acceso y distribución del capital cultural. El entorno explica además la baja relativa en la adquisición de libros a partir de marzo de 1973. La apela­ción que tuvo Quimantú, que al comienzo fue amplia, se va luego -con la creciente y extrema polarización del clima político- angostando, de modo que la demanda y la lectura de libros no pudo abstraerse de una pugna que copó día a día los diversos ámbitos de la vida social, y que puso un signo estrecho a toda actividad que se desarrollase, por más que en términos reales fuese tan inocua como la lectura de una novela sobre Tom Sawyer editada por Quimantú. Cabe señalar que algunas editoriales del sector priva­do empiezan a participar de la masificación y de los circuitos abiertos por Quimantú. Editorial Nascimento, por ejemplo, crea una Biblioteca Popular, una colección de bajo costo con prólogos explicativos y destinados fundamen­ talmente a la red de quioscos y a satisfacer las nuevas necesidades de lectura. Editorial Universitaria trata de llegar a diversos públicos a través de su bibliobús. Los nuevos sectores sociales que se incorporan a la lectura empiezan a influir en la gestión editorial de algunas industrias privadas. En un clima favorable a los principios de la reforma universitaria, las editoriales universitarias paraestatales continúan desarrollándose en la perspectiva de la extensión. La Universidad Técnica del Estado crea su propio sello edito­rial. Ediciones Universitarias de Valparaíso, que naciera como un simple departamento de publicaciones de la Universidad Católica porteña, en agos­to de 1972, a un año y medio de su creación, alcanza 55 títulos. Aunque estas ediciones son de tirajes pequeños y solo circulan en libre­rías, no escapan empero al perfil estatal y popular que caracteriza las transformaciones editoriales del período. Se trata 144

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de publicaciones universi­tarias, pero dirigidas a un espectro mucho más amplio, publicaciones que buscan establecer el diálogo y la síntesis entre los distintos espacios de la cul­tura nacional. No es casual, por ejemplo, que las Décimas de Violeta Parra hayan sido editadas por primera vez por la Vicerrectoría de Comunicaciones de la Universidad Católica de Valparaíso. En suma, la masificación del libro a partir de una activación estatal directa, mediada por los partidos de gobierno, fue probablemente el fenómeno de mayor relieve editorial del siglo XX, un fenó­meno que pretendía integrar una cultura mesocrática de cuño ilustrado (las colecciones y títulos escogidos) con una cultura popular (la masividad hacia los nuevos receptores-lectores); un fenómeno que trajo consigo una enorme ex­pansión de las posibilidades de lectura. Esta masificación del libro no alcanzó, sin embargo, a cristalizar plenamente, y se vio a la vez beneficiada y perjudicada por el contexto y la polarización creciente de los dos últimos años del gobierno de la Unidad Popular y por un sector de la sociedad que simplificó la injerencia de lo cultural en la disputa político-ideológica. Un sector que percibió a Quimantú solo como un aparato al servicio de “doctrinas foráneas”, como un aparato que debía ser sofocado e inhibido, tal como efectivamente lo fue a pocos días del golpe militar del 11 de septiembre de 1973.

j) Síntesis y proyecciones Luego de este largo recorrido que examina la relación entre el Estado y la cultura (relación mediada por la vivencia de un tiempo histórico nacional en clave de transformación) a lo largo del período que va de 1930 a 1973 (y también en algunos años posteriores al golpe), puede afirmarse, en síntesis, que la que Norbert Lechner llamó la “sociedad estadocéntrica”198, caracterizada porque la coordinación de la sociedad se hace en todos los órdenes desde el Estado, incidió en los más diversos aspectos de la vida cultural. Esta incidencia la observamos en la organización de

198 Norbert Lechner, “Tres formas de coordinación social”, en Revista de la CEPAL, Nº 61, Santiago de Chile, 1997.

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la cultura, en las expresiones artísticas, en las industrias culturales y comunicativas, por la vía de un Estado que hasta 1973 democratizó la cultura desde arriba hacia abajo, pero también, en alguna medida (si prescindimos de la dimensión étnica y de género), desde abajo hacia arriba. Un Estado que luego de 1973 se transformó en un Estado autoritario que se propuso desandar lo andado y que impuso durante varios años el control del espacio público, demonizando el espíritu de transformación y de utopía. El paisaje cultural pre 1973 fue reemplazado por otro, por una sociedad y una vida cultural coordinadas y centradas en el mercado, amparándose en la idea de que el orden social es un orden autorregulado y autorganizado por la vía de la oferta y la demanda, siendo el mercado quien realiza la coordinación social. Esto último en el campo cultural se tradujo en una hipertrofia de la cultura de masas (que siempre será la que tiene mejores posibilidades de mercado) y del consumismo, en un desincentivo de la vida comunitaria y del asociacionismo, y en una privatización de las relaciones sociales, todo ello en sintonía con una vivencia del tiempo histórico en clave de globalización. Con respecto al tránsito desde una sociedad estadocéntrica a una mercadocéntrica, las valoraciones son dispares y están orientadas básicamente por la visión política de quien las emite. Desde la derecha, y con una mirada economicista, se caracteriza a la sociedad estadocéntrica como una coordinación de la sociedad ineficiente, que fomenta la burocracia y la empleomanía, como un modelo que restringió la creatividad y la libertad empresarial y que estuvo subyugado a los intereses de la política y de los partidos. Una etapa que se caracterizaría por la gestión mediocre de las empresas e instituciones estatales, sujeta a intereses mezquinos, empresas que a menudo acumulaban pérdidas que a fin de cuentas debía pagar todo el país. Se exhibe como triunfo del nuevo modelo el acceso mayoritario a la educación superior y a bienes de consumo: refrigeradores, microondas, teléfonos celulares, televisión a colores, vuelo en avión y automóviles, en circunstancias que décadas atrás se trataba de bienes que solo eran asequibles a sectores muy restringidos de la sociedad. Desde la centro izquierda, si bien en alguna medida se acepta el diagnóstico anterior (de hecho, los gobiernos de la Concertación validaron el modelo de mercado), se rescata y valora cierta coordinación

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del Estado, señalando sus aspectos positivos: su rol en el pasado como motor y regulador del desarrollo económico, fomentando un proceso de industrialización sustitutiva. Se valora, sobre todo, con una mirada que pone énfasis en lo social, el rol del Estado en la extensión paulatina de la ciudadanía política y cultural, así como también su papel en la educación, en la salud y en la formación de un sector profesional meritocrático. Se percibe que una sociedad exclusivamente coordinada por el mercado (como lo plantea el ideal neoliberal) enfrenta serias limitaciones, en la medida en que acentúa las desigualdades, fomenta la exclusión y generaliza las tendencias a la desintegración social. Por otra parte, la izquierda más radical, en una postura diferente, se distancia y critica el modelo actual; por una parte, desde una crítica a un sistema que va en desmedro del trabajo y de los trabajadores, puesto que posibilita que un capitalista especulando en la bolsa gane en una semana lo que un trabajador de la construcción o un profesor demorarían doscientos años en ganar. Por otra parte, hay también quienes critican no solo a la sociedad mercadocéntrica -el neoliberalismo ha significado la destrucción del hombre social199- sino también a la estadocéntrica, sosteniendo que el Estado y los partidos políticos han sido en el pasado quienes cooptaron la participación popular y el movimiento social, impidiendo el empoderamiento de los pueblos originarios, de la sociedad civil y de la ciudadanía. Desde nuestro punto de vista, sumando y restando, y con una mirada extensa que incorpora otros juicios y puntos de vista200, se puede afirmar que en los logros y virtudes del Chile actual están inscritas las huellas y la memoria del Estado docente, del Estado de bienestar y del Estado social, huellas que se manifiestan en el espíritu cívico y solidario, en el pensamiento crítico y en pulsiones culturales y democráticas que, aunque a veces se ocultan, siguen todavía presentes -en la medida en que todavía hay agentes vivos de esa historia- en la memoria colectiva de vastos sectores de la sociedad, sobre todo en los jóvenes.

Gabriel Salazar, Conversaciones con Carlos Altamirano, Santiago de Chile, 2010. Citando a Kant y explicando la perspectiva historiográfica de Hannah Arendt, Fina Birulés habla de “mirada extensa” en el sentido que la utilizamos. Fina Birulés, “Historia, narración y sujeto”, en Pablo Aravena, Los recursos del relato, Santiago de Chile, 2010. 199

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CAPÍTULO III MARXISMO, ANTIMARXISMO Y POSTMARXISMO

a) Horizonte ideológico y cultural Como teoría de la emancipación de la clase trabajadora y superación del capitalismo, el pensamiento marxista constituye, sin duda, el núcleo de ideas más significativo en Chile y, en general, en América Latina, desde la década del veinte hasta la década del setenta del siglo pasado. Fue significativo en términos de lucha y movimiento social; de ideas y praxis de los partidos políticos; de influencia en el campo intelectual y creativo, y también en términos de modelo teórico de la historiografía, de las ciencias sociales y humanas. Como doctrina cortó con las concepciones teológicas de la evolución social, elaborando leyes con pretensión científica y reclamo de universalidad. Fue una teoría del capitalismo (Marx) y de la acción para superarlo (Lenin). Como filosofía, se distanció de la filosofía anterior, señalando que ésta se había limitado a explicar el mundo: “desde ahora -decía Marx- se trata de transformarlo”. Como concepción de la historia, tuvo rasgos teleológicos, utópicos y hasta proféticos, perspectivizando a los obreros y trabajadores como sujeto social protagónico y artífices de un porvenir sin clases, teóricamente feliz. Se puede hablar de una constelación de ideas y de sentidos simbólicos trabados entre sí por una expectativa de transformación de la sociedad, de una cultura que durante el siglo XX se hizo presente en los más diversos ámbitos, abarcando desde el pensamiento y la acción política hasta la religión, la literatura, el teatro y la pintura. Piénsese en expresiones artísticas, como Canto General (1950), de Neruda, la “Elegía a Lenin”, 149

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de Huidobro, en algunos poemas de Pablo de Rokha, en la novela La sangre y la esperanza (1943), de Nicomedes Guzmán, en obras teatrales de Acevedo Hernández e Isidora Aguirre, en canciones como “Al centro de la injusticia” y “La carta”, de Violeta Parra; en La cantata de Santa María, de Luis Advis; en las canciones de “lucha y esperanza” de la Nueva Canción Chilena, en el muralismo de las Brigadas Ramona Parra, en ciertos cuadros y proclamas de Roberto Matta, en el uso del color rojo y del trazo desafiante en la pintura de José Balmes, en los escritos de teólogos de la liberación, o en las categorías con que Armando Mattelart y Ariel Dorfman desmenuzaron las aventuras del Pato Donald. Son, en un sentido amplio, elaboraciones simbólicas, textos e imágenes traspasados por la utopía socialista, en que asoma el lenguaje de las expectativas y el voluntarismo constructivista, en que flota la denuncia o la deconstrucción crítica del sistema existente. Se trata de expresiones y discursos que escenifican un tiempo nacional de transformación, en cuyo trasfondo el concepto de nación se vincula al de clase, revolución y antiimperialismo, discursos en que importa más la transformación de la sociedad para acabar con la injusticia y la desigualdad, que la cohesión o integración de la misma. Son expresiones que remiten a una matriz de pensamiento de transformación sustantiva de la realidad, una matriz que si bien interactúa con otros códigos propios de la tradición, opera con filtros ideológicos que responden a una utopía política de base, una utopía que tiene en el pensamiento de Marx y en el imaginario de la revolución su piedra angular. Por cierto, no se trata solo de un fenómeno local, solo chileno. Si desde el presente observamos el siglo XX, se puede afirmar que el marxismo (acompañado de su correlato: el antimarxismo) fue la máxima ideología supranacional durante gran parte de la centuria, y lo fue tanto en América Latina como en Europa (donde se gestó), en Asia y África. Fue -como dijo en una oportunidad Jean Paul Sartre- “el horizonte cultural de nuestra época”, un horizonte -agregamos nosotros- de naturaleza y de raigambre políticas.

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b) Movimiento social y pensamiento Tal como señalamos en un volumen anterior, desde fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, se hace presente en Chile un variopinto movimiento social, presencia que desafía y cuestiona el discurso hegemónico de integración nacional sostenido por la elite. Un movimiento a través del cual se manifiestan obreros, artesanos, mujeres y estudiantes; que se expresa en organizaciones como las mancomunales y sociedades de resistencia, la Liga de Sociedades Obreras, la FOCH (Federación de Obreros de Chile) y la I.W.W. (International Workers of the World) , de filiación anarquista. En partidos políticos, como el Partido Demócrata, el Partido Obrero Socialista y, más tarde, los Partidos Comunista y Socialista de Chile. También en algunas agrupaciones femeninas y de estudiantes, como la Sociedad Emancipadora de la Mujer, la Sociedad de Costureras, la Gran Federación Femenina de Chile y la Federación de Estudiantes de Chile (FECH). Fue un movimiento de reivindicaciones laborales, sociales y políticas que se expresó por décadas en numerosas huelgas, muchas de ellas violentamente reprimidas por los gobiernos de turno, tanto en la capital como en el resto del país201. Fue un movimiento cuyas huellas y memoria histórica quedaron grabadas extensamente en la prensa de la época, estudiada y rescatada, entre otros, por Osvaldo Arias Escobedo. En una tesis de grado de 1950 (publicada como libro en 1970: La prensa obrera en Chile (1900-1930)), Arias Escobedo identifica alrededor de cuarenta periódicos o boletines de tendencia demócrata; más de una cincuentena de tendencia anarquista; otro tanto de tendencia socialista y comunista, y un número indeterminado de prensa independiente, que no se identifica con ninguna tendencia doctrinaria de las anteriores, pero que expresa aspiraciones gremiales y de mejora de las condiciones de vida de los trabajadores. El estudio de Arias Escobedo ha sido completado por investigaciones posteriores que han rescatado la prensa femenina y estudiantil de la época202.

201 Véase Fernando Ortiz, El movimiento obrero en Chile (1891-1919), Santiago de Chile, 2005. 202 Carola Agliati y Claudia Montero, “Explorando un archivo desconocido. Prensa de mujeres en Chile, 1900-1920”, CEME, Archivo Chile, en línea URL: http://www.archivochile. com/Medios_de_Comunicacion/html/text_gen/comutextgen0014.pdf

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Los nombres de la mayoría de estos periódicos o boletines son ya de por sí significativos: La igualdad; La aurora feminista; El trabajo; La doctrina popular; La voz del obrero; La protesta; El luchador; La obrera sindicada; Claridad; La voz del Pueblo; El proletario; El defensor de la clase proletaria; El rebelde; La revuelta; El obrero libre; El oprimido; La democracia; El derecho; La locomotora; El defensor de la clase proletaria; Verba roja; La nueva aurora; El despertar de los obreros; Tierra y libertad; La semana roja y El obrero ilustrado. Son periódicos, revistas o micromedios que se publican no solo en las grandes ciudades, sino también en las cabeceras de provincias del centro y norte del país. Se trata de títulos que son un indicio de un fondo de pensamiento que si bien no es teóricamente preciso, se desplaza en torno a algunos núcleos eje del código y de la práctica marxista, como son, por ejemplo, la lucha de clases; el protagonismo del sector obrero; el antagonismo entre capital y trabajo; los derechos de la mujer; el valor de la educación y de la solidaridad internacional; y, sobre todo, la posibilidad de superación del capitalismo y de transformación sustantiva de la sociedad. Se trata de títulos cuya semanticidad los sitúa en el contrapunto entre reforma y revolución, vertientes modernas del pensamiento ilustrado, de una matriz según la cual el curso de la historia sería un fenómeno cuyo desarrollo se vislumbra y, más aún, gracias al pensamiento de Marx, se conoce de antemano. Ahora bien, cabe preguntarse: ¿Cómo o por qué vía, obreros del salitre, sastres, costureras, trabajadores metalúrgicos, estudiantes y peluqueros, entre otras profesiones, llegan a conocer y apropiarse de elementos del pensamiento marxista? De partida, hay que señalar que se produce una confluencia entre la vida y la acción política espontánea de los trabajadores y artesanos con las ideas en circulación, entre sus reivindicaciones sociales y laborales y esas ideas. Se trata de un proceso de apropiación o de una conjunción in situ; resulta, por lo tanto, inoficioso el ejercicio de pensar qué precede a qué: si la acción a las ideas o las ideas a la acción. Ya en otra oportunidad hemos llevado a cabo una amplia discusión sobre los nexos, circunstancias y hegemonías que operan en los procesos de apropiación de ideas, ocasión en que desvirtuamos el concepto de influencia y la visión simplista del pensamiento chileno o latinoamericano (ya sea político o estético) como simple subproducto o como receptáculo inerte de ideas foráneas. 152

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De lo que sí tenemos datos y antecedentes abundantes es de cómo se fue dando este proceso de apropiación. Con respecto a los movimientos sociales y a la organización y lucha de los trabajadores desde las últimas décadas del siglo XIX y a lo largo del siglo XX, existen numerosos estudios que abarcan desde los movimientos y organizaciones reformistas hasta los revolucionarios y anarquistas; desde los movimientos estudiantiles hasta los de género. Estos estudios cubren, además, movimientos sociales más recientes, como el de los campesinos, las capas medias asalariadas (entre 1965 y 1970), el movimiento de pobladores, el de los “sin casa” en las décadas del 60 y 70, y el movimiento de los pueblos originarios en las últimas décadas203. Refiriéndose a las primeras décadas del siglo XX, Augusto Iglesias recuerda que fueron años en que, aunque penosamente, el pueblo ya empezaba a leer. Ese “vergonzoso analfabetismo que obscurecía la mente del país, no era”, sin embargo, óbice -dice Iglesias- “para impedir que por las miserables hendiduras que filtraban la luz, un grave ambicionar de días mejores, se encarnara en la inteligencia de la nación…” “Fueron años -dice Iglesias- en que “un libro barato y revolucionario, con efigie del autor en la portada blanca, principió a circular entre la clase media, los obreros y los estudiantes, estremecidos por el brote intelectual. Este libro barato y revolucionario era el que editaba la Casa F. Sempere y Cía., de Valencia, España”. “Marx, Kropotkine, Malato, Fauré, Luisa Michel, la falange libertaria que en el viejo mundo encendió, entre la clase trabajadora, la tea de las reivindicaciones sociales, ofrecida a un peso el ejemplar en las vitrinas de todas las librerías del país. El fermento revolucionario caía en terreno fecundo”204. La Casa Sampere, más tarde editorial Prometeo, publicó la obra de Charles Darwin, también obras de Voltaire y de Nietzsche, y fue la editora de un autor de gran fama en América Latina: Vicente Blasco Ibáñez, considerado el maestro del más crudo naturalismo español. Augusto Iglesias recuerda también la Biblioteca Sociológica Internacional, de

203 Véase, entre otros, estudios y trabajos de Hernán Ramírez Necochea, Fernando Ortiz, Gabriel Salazar, Julio Pinto, Sergio Grez, Luis Vitale, Edda Gaviola, Julieta Kirkwood. 204 Augusto Iglesias, “30 años de política chilena”, Zig-Zag, Nº 1566, Santiago de Chile, 29 de marzo de 1935.

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Barcelona, editorial que difundía y comercializaba libros sobre las distintas vertientes del pensamiento socialista europeo, obras, por ejemplo, de Jean Jaures, fundador del Partido Socialista Francés. Todo esto en las primeras décadas del siglo XX. “Lecturas -dice Iglesias- que venían a justificar y dar forma a un cúmulo de ideas vacilantes, de inquietudes, de imprecisos vuelos de la imaginación creadora”205. “Leíamos todo esto a medias, con glotonería”, recuerda Armando Donoso, refiriéndose a su época de estudiante en el Liceo de Talca. “La editorial Sempere alimentaba nuestras juveniles inquietudes revolucionarias… Leíamos de prisa sin entender a veces mucho de lo que leíamos y sin digerirlo. Debo confesar que el anarquismo y el nihilismo me parecían a mí las doctrinas ideales para gobernar el mundo”206. Haciendo la crónica de la huelga de la carne del 22 y 23 octubre de 1905, desde un “balcón” de la oligarquía, un periodista la presentaba en los términos que siguen: “Acudían elementos populares, citados por los jefes de varias instituciones obreras”, se pedía la derogación del impuesto al ganado argentino para bajar la carestía de la carne. El punto de reunión era la Alameda. El cronista habla de una “turba enfurecida”, calculada entre 25 y 30 mil personas. El gremio del abasto era el principal convocante a la manifestación, realizada en plena primavera: “A la caída de la tarde las fieras se retiraban a sus guaridas… los pedestales de la estatuas (de la Alameda) sirven de tribuna a los más audaces, quienes desde allí dirigen la palabra a las turbas, exhortándola a continuar su obra destructora. Lenguaje procaz producto de la excitación alcohólica y de odios y malos instintos largamente contenidos, exacerba más y más al pueblo enloquecido… Grupos de civiles armados aparecen en la Avenida para ayudar a la policía montada y la situación empeora… rostros patibularios: vociferan los desgraciados contra el Gobierno y los ricos, lanzan al espacio insultos y obscenidades, y algunos de ellos, con las cadencias de populares himnos religiosos, entonan cantos revolucionarios… El balance de este desorden popular arrojó 128 muertos y 860 heridos”207.

Ibíd. Andy Daistman, “Escritor y sociedad en Talca hacia el siglo XX”, Universum, Nº 14, 1999, Talca, Chile. También reconstituye este ambiente Carlos Real De Azúa, “Ambiente espiritual del 900”, Revista Número, año 2, números 6, 7 y 8, Montevideo, 1984. 207 Crónicas de un pimiento, Santiago de Chile, 1947. 205 206

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La Revolución rusa en 1917 fue un acontecimiento que activó las perspectivas de transformación social. Se leía “a los rusos rebeldes… Kropotkin, Bakunin, Tolstoi, Gorki… En las pequeñas bibliotecas de los estudiantes se veían libros como los siguientes: La propiedad es un robo, El dolor universal, Palabras de un rebelde, La gran huelga”. En un libro con título decidor: Indecisión y desengaño de la juventud. Proceso de las generaciones jóvenes de Chile (1935), Domingo Melfi rememora el clima de lecturas e ideas en los jóvenes de 1920, estudiantes que veían cómo en Rusia todas las instituciones jurídicas de la democracia liberal habían sido aniquiladas, cómo políticos de la burguesía habían sido fusilados por traidores, y de qué manera artistas e intelectuales eran perseguidos por haber mistificado una concepción individualista del arte. En Rusia, “junto con la Revolución se aspiraba a crear un arte nuevo, una filosofía nueva, unas costumbres nuevas, una mentalidad nueva, una economía nueva”. “Toda esta serie de concepciones… pasó... a formar parte de la mentalidad joven… y de esta suerte, sobre una organización jurídica liberal, comenzó a actuar el espíritu revolucionario de la juventud, que no quería nada con el pasado que aquel estado y aquella organización representaban. La contradicción entre el anhelo de la juventud y la realidad escueta del ambiente era, pues, impresionante”208.

En 1918, Arturo Alessandri, sirviendo la cartera del Interior, advertía a los miembros conservadores de la coalición respecto a la explosiva conjunción que se daba en el país entre acción política e ideas: “las ideas germinan -decía- y se extienden, se difunden, encuentran obstáculos en su camino -como la corriente poderosa de un río que baja y se desliza atravesando todo tipo de vallas- pero por fin es tan poderosa la fuerza de ellas, que se transforman en sentimientos, y transformadas así, constituyen el alma nacional que derriba los más poderosos obstáculos”209. Entre 1880 y 1917 se da lo que el estudioso polaco Eugeniusz Gorski caracteriza como la etapa inicial del pensamiento marxista en América

208 Domingo Melfi, Indecisión y desengaño de la juventud: proceso de las generaciones jóvenes de Chile, Santiago de Chile, 1935. 209 Augusto Iglesias, op. cit.

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Latina, una etapa en que están presentes los temas y puntos básicos de ese ideario, pero de manera confusa, sin una conciencia teórica definida y más bien, como hemos visto, trabados con la vida y la práctica contingente. En esta situación, teóricamente difusa, todavía sin un modelo o referente que pusiera en práctica el pensamiento marxista, ejerce una fuerte atracción el pensamiento anarquista. Es un período en que las corrientes obreristas, anarquistas y libertarias conciben a la lectura como uno de los medios más eficaces para combatir la ignorancia y estimular la emancipación, y en que tiene, por lo tanto, gran importancia la práctica del autodidactismo210. Es también un momento que coincide con los inicios del pensamiento y los escritos de Luis Emilio Recabarren, escritos en los que se advierte una concepción ilustrada y laica de la historia, pero también salvífica y con un fondo casi religioso respecto al rol del proletariado, una época en que son además conocidas las discusiones vinculadas a la Segunda Internacional en torno a las disyuntivas de reforma o revolución211. En el ámbito de esta polémica afloran discusiones que inciden en las distintas tendencias que se dan al interior del movimiento social respecto a las perspectivas de cambio y superación del sistema. Se trata -para bien o para mal- de una producción ideológica directamente vinculada a la lucha política y que revela, como ya hemos señalado, que las escenificaciones del tiempo histórico nacional son procesos fluidos y líquidos, en que si bien en el período entre fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX predomina una escenificación del tiempo histórico en términos de integración nacional, por debajo se va gestando un proceso emergente, que alimenta un tiempo histórico de transformación sustantiva de la realidad socioeconómica, una vivencia colectiva en que importa más el cambio de la estructura social que la integración o cohesión de la nación.

Joaquín Navarro, A la revolución por la cultura, Valencia, 2004. Eugeniusz Gorski, Dependencia y originalidad de la filosofía en Latino América y en la Europa del Este, México, 1994. Coinciden con él Jaime Concha y Agustín Cuevas. 210 211

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c) Partidos políticos y pensamiento Partidos Comunista, Socialista y Radical Con la Revolución rusa de 1917 se inicia una segunda etapa del pensamiento marxista en América Latina y Chile, etapa que se extiende -según el estudioso polaco Eugeniusz Gorski- hasta 1935, y que él llama “revolucionaria”, etapa que según otros autores como Jaime Concha y Agustín Cuevas se extendería hasta la Segunda Guerra Mundial212. Corresponde a un período de polémicas y desarrollo del pensamiento revolucionario, en que son los Partidos Obrero-Socialista, primero, y más tarde Comunista y Socialista, pero también el Partido Radical, los que llevan a cabo un fuerte debate en medio de un proceso de construcción de identidad ideológica. Este debate se da con ciertas diferencias: algunos son internacionalistas, seguidores de Lenin y del modelo soviético, otros adoptan una postura latinoamericanista y toman distancia de la Tercera Internacional, sin embargo, todos están permeados por el optimismo histórico y por una visión expectante con respecto a la Revolución rusa. Corresponde a una etapa en que los partidos se erigen como representantes de los intereses y reivindicaciones que se dan en la sociedad civil, de modo que cooptan o intentan cooptar al movimiento social. Perspectiva ésta que continuará hasta el gobierno de la Unidad Popular, lo que se hace patente en el comportamiento ideológico de los partidos de ese gobierno y del Partido MIR con respecto al movimiento de los pobladores “sin casa”, o al movimiento de los cordones industriales o de las aspiraciones indígenas, campesinas y de género. El estudioso polaco distingue cinco fases o etapas en el pensamiento marxista en América Latina: la primera, de 1880 a 1917, corresponde a aquella a que ya nos hemos referido. Luego, una segunda, que él llama período revolucionario, y que va de 1917 a 1935, caracterizada por las distintas posturas y polémicas que ya mencionamos. En seguida se refiere

212 Eugeniusz Gorski, Dependencia y originalidad de la filosofía en Latino América y en la Europa del Este, op. cit., 1994; Jaime Concha, “¿Nacionalismo en el pensamiento de Mariátegui?”, Araucaria de Chile, Nº 22, Madrid, 1983. Agustín Cuevas, “El análisis postmarxista del Estado Latinoamericano”, Cuadernos del pensamiento crítico latinoamericano, Nº 2, Clacso, Buenos Aires, 2007.

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a una etapa de estancamiento que iría de 1935 a 1959 (otros autores discrepan de esta denominación, pues corresponde a la etapa en que el marxismo se instala en las aulas universitarias), y luego, a partir de la Revolución cubana (1959), una etapa de fermento y desarrollo que se prolonga hasta la caída del muro de Berlín, en 1989, para finalmente llegar a la etapa actual, desde 1990 hasta hoy, que Gorski califica de crisis y decadencia213. Desde el punto de vista del pensamiento y la acción política, el debate en los Partidos Comunista y Socialista desde la década del 30 hasta el gobierno de la Unidad Popular estará marcado por la toma de posiciones ante las distintas experiencias revolucionarias que a nivel mundial se inspiraban en el pensamiento de Marx: la Revolución rusa y sus alternativas a partir de 1917, la Revolución china a partir de 1949, y la Revolución cubana a partir de 1959 214. Son discusiones que se dan dentro del ámbito del marxismo y no fuera de él, así como también dentro del imaginario de la revolución y no fuera de este. En 1932, la República Socialista liderada por Eugenio Matte Hurtado y Marmaduque Grove marcó un momento en que las ideas socialistas fueron vistas con simpatía incluso por miembros de las Fuerzas Armadas. De Eugenio Matte se llegó a decir que era el Lenin chileno, y de Grove, el Trotsky. Fueron años en que en sectores del Partido Socialista se daba un rechazo al modelo soviético. Cabe señalar, sin embargo, que a pesar de la latinoamericanización que siempre buscó ese partido, en los aspectos fundamentales del marxismo casi siempre coincidió con el Partido Comunista (fiel seguidor del leninismo y del modelo soviético). Por ejemplo, en 1940, en el tema de la dictadura del proletariado, la revista Rumbo, órgano oficial del Partido Socialista, en un año de discrepancias políticas con el PC y de cierto distanciamiento del estalinismo, planteaba lo siguiente:

213 Eugeniusz Gorski, Dependencia y originalidad de la filosofía en Latino América y en la Europa del Este, op. cit. 214 Véase al respecto, Michael Lowy, El marxismo en América Latina. Antología desde 1909 hasta nuestros días (Edición actualizada), Santiago de Chile, 2007.

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“En el 5º Congreso General de la Federación de la Juventud Socialista debe destacarse la urgencia por aniquilar el capitalismo. Dicho régimen se basa en una suerte de igualdad teórica de los derechos, pero se caracteriza, al mismo tiempo, por una aguda desigualdad social. Por tal razón lo principal es la lucha de clases. Se requiere pasar por una dictadura de los trabajadores, los que deberán apoderarse del poder político”215.

Ya nos hemos referido a la presencia de categorías del pensamiento marxista en el discurso del Partido Radical, agrupación política de centro que se autopercibía como representante de los sectores medios, partido que sin ser marxista dialoga con ese pensamiento y lo asume desde su perspectiva -tal como vimos en un capítulo anterior216. Cabe señalar que lo mismo puede decirse con respecto al otro gran partido de centro en la segunda mitad del siglo XX, el Partido Demócrata Cristiano, tema que examinaremos con mayor detención al referirnos al diálogo entre el pensamiento social cristiano y el marxismo. Con respecto al marxismo, tal como fue concebido por los partidos de izquierda y también de centro izquierda, desde la década del 30 hasta la del setenta, resulta adecuada la descripción que hace el estudioso y político boliviano Álvaro García Linera: “El marxismo” -dice- fue “una ideología de modernización industrial del país en lo económico, y de consolidación del Estado nacional en lo político” (no restrictivo a la elite y a la oligarquía, agregamos nosotros). “En el fondo, todo el programa revolucionario de los distintos marxismos… tendrá objetivos similares. El marxismo llegó a formar una cultura política extendida en sectores obreros, asalariados y estudiantiles basada en la primacía de la identidad obrera por encima de otras identidades, en la convicción acerca del papel progresista de la tecnología industrial en la estructuración de la economía, del papel central del Estado en la propiedad y distribución de la riqueza, de la nacionalización cultural de la sociedad en torno a estos moldes y de la inferioridad histórica y clasista de las sociedades campesinas. Esta narrativa modernista y teleológica

215 Walter Blanco, “Los problemas de la juventud trabajadora”, Rumbo. Órgano Oficial del Partido Socialista, Santiago de Chile, febrero, 1940. El resaltado es nuestro. 216 Véase la visión histórica con categorías del materialismo dialéctico, en Alfredo Guillermo Bravo y D. Poblete, en El partido radical y el frente popular, Santiago de Chile, 1936.

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de la historia, por lo general adaptada de los manuales de economía y filosofía, creará un bloqueo cognitivo y una imposibilidad epistemológica sobre dos realidades que serán el punto de partida de otro proyecto de emancipación” “que con el tiempo se sobrepondrá a la propia ideología marxista: la temática campesina y étnica del país”217.

García Linera apunta, sin duda, al proyecto del gobierno de Evo Morales, del cual él formaría parte. En alguna medida, este bloqueo operó también en el caso chileno, particularmente respecto a los pueblos originarios, lo que se manifestó entre 1970 y 1973 en la postura que tuvieron los Partidos Comunista y Socialista en relación con el pueblo mapuche y con una reforma agraria que ignoró la variable étnica. La perspectiva de García Linera describe adecuadamente el predominio de un marxismo clásico que concebía al proletariado como el sujeto social preponderante en la producción de futuro, en la transformación de la sociedad y en la construcción de una economía socialista de base industrial. Partido Demócrata Cristiano El Partido Demócrata Cristiano, fundado en 1957, heredero de la Falange que se desprendió del Partido Conservador hacia 1940, se nutrió fundamentalmente del pensamiento de Jacques Maritain, filósofo cristiano de la democracia, que planteaba la idea de una tercera vía entre capitalismo y socialismo, una vía alimentada por la doctrina social de la Iglesia y por un humanismo integral218. En 1936, Maritain estuvo en Buenos Aires, generando polémica por su postura antifascista y antinacionalista, que difería de las posiciones mayoritarias de la elite católica argentina. Otro autor importante de esta corriente fue León Bloy, autor muy difundido en Chile y Latinoamérica. Aunque esta tendencia

217 Alvaro García Linera, “El desencuentro de dos razones revolucionarias: el indianismo y marxismo”, Clacso. Cuadernos del Pensamiento Crítico Latinoamericano, 3, Santiago de Chile, 2008. 218 Olivier Compagnon, “Jacques Maritain et la naissance de la democratie chretienne sud-americaine: le modele malgré lui” en Annick Lamperiere, Georges Lomné, Frederic Martinez et Denis Rolland (coordinadores), L`Amerique Latine et les modèles européens, Paris, 1998.

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fue atacada por sectores de la Iglesia chilena (por ejemplo, el presbítero Luis Arturo Pérez, en Talca), fue bien recibida por otros, particularmente por los jesuitas y por el pensamiento del padre Alberto Hurtado. Luego de la Segunda Guerra Mundial emergen en Europa importantes líderes de la democracia cristiana, como Adenauer, De Gasperi y Bidault 219, que apoyaron decididamente a las colectividades democratacristianas de América Latina. En 1947, Eduardo Frei Montalva, que era uno de los dirigentes de la Democracia Cristiana chilena, se reúne en Montevideo con Maritain, coincidiendo en una posición que le otorga prioridad a lo social y que rechaza el comunismo y el fascismo como instancias totalitarias. En 1949 se constituye con estos lineamientos la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). El pensamiento democratacristiano fue siempre crítico al marxismo, planteándose como una alternativa, pero, por otra parte, reconocía que para encarar lo social era necesario enfrentarse con las estructuras de dominio oligárquico y cambiarlas (eso sí, dentro de una gobernabilidad democrática), particularmente en el mundo del agro. El pensamiento de los ideólogos de la Democracia Cristiana chilena, como fue el caso de Jaime Castillo Velasco, está impregnado de las ideas de Maritain, pero en una apropiación que intenta latinoamericanizarlas. En 1964, el paisaje político en cuanto a pensamiento está dominado por dos bloques ideológicos: reforma y revolución, o, revolución en libertad y revolución socialista, o en términos partidarios, Democracia Cristiana y partidos marxistas, ambos con distintas variantes internas. Ambos bloques, en el plano global, tienen padrinos: Estados Unidos y la Unión Soviética. En el discurso de la “Marcha de la Patria Joven”, en el contexto de las elecciones en que será elegido presidente Eduardo Frei Montalva, varias columnas de jóvenes avanzaron hacia el Parque Cousiño. Fue un evento en que con una estrategia participativa y de apertura se convocaba más que a un partido, a los jóvenes y a los pobres del país. En su discurso, Frei plantea que el propósito de su gobierno será “alcanzar una justicia social que garantice igualdad de oportunidades. Las riquezas no pueden ser propiedad de unos pocos, el Estado debe proporcionar el marco institucional para una distribución justa”. Es el discurso de la Patria Joven que quiere dejar atrás a la Patria Vieja:

219

Ibíd.

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“Vamos a construir una nueva Patria”, dice el candidato, “mi gobierno será la primera etapa en una larga construcción”220. Aun cuando el pensamiento democratacristiano se presenta como contrario al marxismo, tiene, como resulta evidente en el discurso de la Patria Joven, puntos de coincidencia que ya hemos analizado al estudiar los vaivenes entre las ideas de reforma y revolución. De hecho, a fines de la década de los sesenta, dentro de sectores de las propias filas de la democracia cristiana emergen sectores “rebeldes” o “terceristas”, que motejan al gobierno de Frei de “oficialista”, y que sin renegar del pensamiento de Jacques Maritain o de Eduardo Castillo Velasco, integran a ese pensamiento contenidos provenientes del marxismo. Sectores que terminan por dar origen a dos nuevos partidos políticos: el Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU), en 1969, y la Izquierda Cristiana (IC), en 1972, los que se unen al gobierno de la Unidad Popular, presidido por Salvador Allende. En definitiva, la distancia teórica y la oposición explícita del Partido Demócrata Cristiano con respecto al marxismo no impidieron el diálogo entre ambas corrientes de pensamiento, es más, fue en ese marco en que se dieron algunas coincidencias en la práctica política.

d) Intelectuales, juventud y transformación de la sociedad La escenificación del tiempo histórico de transformación de la sociedad entre 1930 y la década del setenta, además de los partidos, tuvo como agente fundamental a la intelligentzia, a los pensadores, creadores y estudiantes universitarios, quienes con frecuencia fueron también miembros o simpatizantes de partidos políticos. Como señala Gorski con respecto al siglo XX: “ninguna escuela de pensamiento ha tenido tanta penetración entre los intelectuales latinoamericanos como el marxismo”221. Coincidimos con su afirmación, pero reemplazando el concepto de “penetración” por el de “presencia” o “apropiación”. Fenómenos históricos como las alternativas de la Revolución rusa, china

220 Michael Metzeltin, Annette Frank y Martina Meidl, “Un discurso identitario: la marcha de la Patria Joven de Eduardo Frei Montalva”, Boletín de Filología, Tomo XL, 2004-2005, Universidad de Chile, Santiago de Chile. 221 Eugeniusz Gorski, Dependencia y originalidad de la filosofía en Latino América y en la Europa del Este, México, 1994.

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y cubana tuvieron gran importancia en este proceso, en torno a ellas y a distintas corrientes de pensamiento -estalinismo, trotskismo, maoísmo, castroguevarismo- se alinearon y disputaron intelectuales y creadores, siempre, como ya señalamos, sin salirse del ámbito del marxismo y del imaginario de la revolución. Impulsados por estos fenómenos históricos, destacados escritores fueron lectores prematuros de marxismo, como es el caso de Vicente Huidobro. Como testimonio de esas lecturas, antes de morir, Huidobro recordaba en una entrevista: “Empecé a leer a Marx en el año 1917 movido por la curiosidad y el entusiasmo que despertó en mí la Revolución Rusa. Lo abandoné en 1919. Pero seguramente sus ideas me quedaron trabajando en la cabeza. Leí a Lenin. Luego sufrí una crisis de conciencia bastante larga, una crisis algo semejante a esas crisis místicas, terriblemente angustiosas… Luego poco a poco me fui serenando, empecé a ver más claro. Seguí cursos de economía y sociología, como antes había seguido de filosofía general. Volví a estudiar a Marx, a Engels, a Plejanov y a Lenin. Asistí a cursos de marxismo. Debo confesar que al principio leí a los comunistas peleando con ellos, me eran mucho más simpáticas las teorías anarquistas de Bakunin y del príncipe Kropotkin que había leído en mi primera juventud. Pronto perdí esa especie de estado de rebelión contra el marxismo y me rendí ante su evidencia”222.

Parte de esta rendición fue “Elegía a Lenin”, un extenso poema que muestra su inscripción activa en las causas internacionales de izquierda antifascista y un imaginario poético aéreo, permeado por una utopía y por una ansia de libertad (espiritual) sin ancla, anhelo que traspasaba incluso las restricciones del lenguaje y de la palabra. El imaginario de transformación social y espiritual alimenta su poesía en una dimensión más profunda y distinta a la mera referencia o a la poesía política que se inscribe en la estética del realismo socialista. En algunos de sus poemas se dan la mano -como pensamiento de fondo- los dos grandes modernos del siglo XIX: Nietzsche y Marx. En 1933, Huidobro se afilió al Partido Comunista; en la etapa final de su poesía, el imaginario de

222 Citado por José Tomás Cordero, Vicente Huidobro, un intelectual transatlántico del siglo XX, Tesis de grado Universidad Finis Terrae, Santiago de Chile, 2008.

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transformación se hace patente en la revista-manifiesto Total (1936), en que toma distancia de algunos aspectos del creacionismo y proclama la necesidad de vincular la literatura con un cambio integral de la sociedad. Ese mismo año, el poeta publicó la revista Primero de Mayo, aludiendo al día internacional de los trabajadores, publicación que se autodefine como un “Aporte de los escritores revolucionarios a sus camaradas del proletariado”. En esa revista, Huidobro expresa el punto máximo en su identificación como miembro del Partido Comunista: “Los escritores revolucionarios debemos -dice- formar la vanguardia de la ideología nueva, trabajar en defensa de los explotados, sintiendo sus ansias de justicia, comprendiendo el momento histórico del mundo y colaborando a la construcción del gran futuro del hombre y de su alto destino. Solo después del triunfo de la revolución podrá nacer una verdadera cultura humana y no una cultura mutilada, una cultura de clase”223.

Más tarde, en la década de 1940, debido al pacto germano-soviético y al asesinato de Trotsky, Huidobro, considerando que Stalin se había apartado de la línea leninista de la Revolución rusa, explica, poco antes de morir, las razones de su distanciamiento del partido en el texto Por qué no soy comunista, de 1947. Otros intelectuales, sin ser grandes lectores de marxismo, como fue el caso de Pablo Neruda, llegaron a asumir ese pensamiento por su origen social y por circunstancias históricas (la Guerra Civil Española), por su vida político partidaria o por una intuición poética visceralmente materialista no solo con respecto a la sociedad sino que -como lo muestran sus ‘Odas’- con respecto a todo lo existente. Tal como señala Alain Sicard, estudioso francés de su obra, Neruda accede al marxismo a una edad relativamente tardía; en efecto, desde 1936 existen huellas perceptibles de este contacto en toda su obra. El marxismo, dice Sicard, “llegó a ser parte integrante del pensamiento poético nerudiano. Pero lo impregnó sin confundirse nunca con él. Esta situación, que fue fuente de malentendidos y dificultades para la crítica, se debe al hecho de que el

223 Primero de Mayo, Santiago, 1936, citada por Marina Alvarado Cornejo, “Vicente Huidobro ‘nomoteta’: totalidad y espacialidad de las revistas literarias”, Isla Flotante, Academia de Humanismo Cristiano, Nº 2, Santiago de Chile, otoño, 2010.

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materialismo histórico penetra en una poesía que ya ha inventado su propio materialismo” (Sicard se refiere a su materialismo de la naturaleza). El marxismo, del cual Neruda llegó a tener el conocimiento que cualquier intelectual comunista tenía en su época, no fue el núcleo generador de su materialismo poético, sino que más bien al revés. “¿Sonreirían nuestros amigos filósofos -se pregunta con picardía Alain Sicard- si calificásemos a Neruda de un materialista por naturaleza?” 224. Como hace patente en Confieso que he vivido (1974), sus memorias póstumas, Neruda vivió tironeado espiritualmente por la poesía y la política, cada una por su lado, mientras él buscaba el equilibrio o la conjunción de energías, desde su quehacer poético, pero sin perder de vista la utopía de cambio social. Babel, revista de arte y crítica, dirigida por Enrique Spinoza (seudónimo del argentino Samuel Glusberg), que se publicó en Chile en su segunda época, entre 1939 y 1951, es una muestra de la presencia y heterodoxia marxista entre los intelectuales en la época de los gobiernos del Frente Popular 225. Entre otros, escriben en ella, Eugenio González, Manuel Rojas, José Santos González Vera, Julio Barrenechea, Ernesto Montenegro, Gabriela Mistral, Jorge Jobet, Mauricio Amster y extranjeros como Hannah Arendt, José Carlos Mariátegui, Rodolfo Mondolfo y Miguel Hernández. “Por nuestra formación exclusivamente literaria -escribe el director- no hemos pertenecido a lo largo de un cuarto de siglo a ningún círculo marxista, sin dejar de interesarnos muchas veces en varios y fundamentales aspectos del marxismo”. La revista se sitúa así en el ámbito del marxismo, pero a condición de que se salvaguarde la independencia política como signo de la independencia intelectual, postura que en Babel se manifiesta en la crítica a la sociedad capitalista, pero también en la crítica al estalinismo y al marxismo de manual, despojado de espíritu libertario y creador 226. Manuel Rojas, en un artículo sobre “El socialismo y la libertad,” argumenta que entre ellos “existe una relación vital… siendo la primera

Alain Sicard, “Pablo Neruda: Entre lo inhabitado y la fraternidad”, Pablo Neruda. Antología General, Real Academia Española, Edición Conmemorativa, Santiago de Chile, 2010. 225 La primera época se publicó en Argentina entre 1921 y 1928. 226 Véase Patricio Gutiérrez, “Heterodoxia, praxis y marxismo creador en la revista Babel”, Babel Revista de Arte y crítica, reedición de textos escogidos, Santiago de Chile, 2008. 224

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condición sine qua non de la segunda”. Señala, además, que considerando que “en Rusia no existe la libertad que el socialista” de principios morales “concibe como tal, llegamos a un final inesperado aunque fatal: el socialismo de la Unión Soviética no es el socialismo de Marx, de Engels ni tampoco el que diseñó Lenin en su famosa obra El Estado y la Revolución” 227. Eugenio González, en “Nosotros y Europa”, aboga por una suerte de marxismo autóctono, que se haga cargo de la realidad histórico-social criolla y rural de América Latina, y que tome distancia, en consecuencia, de esa ideología marxista que responde a una mentalidad urbana y a una sociedad mecanizada y utilitaria228. Eugenio González representa con estas ideas la postura del Partido Socialista. Décadas más tarde, Manuel Dinamarca, dirigente de ese partido, sostendrá que Lautaro y otros líderes mapuches fueron los precursores del socialismo en Chile 229. Enrique Espinoza, por su parte, en un número de 1948 escribe un artículo titulado “El fantasma mete ahora miedo en América”, donde concluye que “a cien años del Manifiesto (de Marx), la burguesía se ha uniformado en todas las latitudes de la tierra en contra del espectro del cuarenta y ocho. Lo que viene a confirmar la vigencia universal del reto irónico que formulan Marx y Engels en las últimas líneas de su ardiente alocución. Y como el miedo es mal consejero, inflando al fantasma solo consigue difundirlo”. Sobre la operación burguesa con el panfleto, señala “Atacándolo como a un fantasma (la burguesía) no ha hecho más que ver su propia ruina reflejada en él”230. En definitiva, la revista Babel, como su nombre lo indica, es un espacio amplio y diverso, una “Babel -como señaló un apologista de la publicaciónen que todos se comprenden,” pero una Babel, por decirlo así, en que ese “todos” se ubica en el amplio espectro del anticapitalismo, una

227 Manuel Rojas, “El socialismo y la libertad”, Babel, Nº 30, noviembre-diciembre, Santiago de Chile, 1945. Rojas distingue 4 tipos de socialistas: 1. El socialista intelectual. 2. El socialista por afanes o principios materiales. 3. El socialista por afanes o principios administrativos, y 4. El socialista por afanes o principios morales; tipo este último con el cual él se identifica. 228 Eugenio González, “Nosotros y Europa”, Babel, Vol. I, 7, Santiago de Chile, noviembre, 1939. Enrique Espinoza, “El fantasma mete ahora miedo en Europa”, Babel, Nº 44, marzo-abril, Santiago de Chile, 1948. 229 Manuel Dinamarca, La república socialista chilena, Santiago de Chile, 1987. 230 Enrique Espinoza, “El fantasma mete ahora miedo en América”, Babel, 44, marzo-abril, Santiago de Chile, 1948.

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Babel cuyos límites están señalados por las diferentes aproximaciones al marxismo, lo que supone la confianza en la capacidad creadora de ese pensamiento más allá de las prácticas o de las realidades históricas que lo distorsionaban. En la década del 60, la juventud universitaria se impregnó de la idea de transformación de la sociedad, incluso en sectores de jóvenes de formación católica. “Nos habíamos hecho marxistas -señala un testimonio- un poco de la noche a la mañana, y hasta leninistas; andábamos con los clásicos y manuales en un bolsillo, en el otro teníamos (creíamos tener, diríamos ahora) las riendas de la historia. La ciencia decimonónica nos llevaría donde quisiéramos pues la realidad tenía un destino y nosotros éramos remeros y pilotos de esa embarcación que iba por aguas turbulentas, es verdad, acercándonos a puerto seguro: a la felicidad y a la plenitud para nosotros, a la emancipación del proletariado para la sociedad, también al poder” 231.

e) Canonización literaria y pensamiento político En cuanto a creación y mundo literario, es significativo para ejemplificar el vínculo entre pensamiento marxista e imaginario literario (o, si se quiere, entre política y cultura), el caso de Nicomedes Guzmán (seudónimo de Oscar Vásquez Guzmán) y de su novela La sangre y la esperanza (1943). La crítica lo ha canonizado como el escritor que representa más cabalmente a la generación de 1938, en la que se inscriben, entre otros, Fernando Alegría, Francisco Coloane, Óscar Castro, Andrés Sabella, Juan Godoy, Carlos Droguett, Reinaldo Lomboy, Volodia Teitelboim, Guillermo Atías y Mario Bahamondes. A pesar de que casi todos estos narradores publican sus obras después de 1940, se les conoce en antologías, historias literarias y en la crítica como generación de 1938. Se les nombra y agrupa, por lo tanto, a partir de un hecho político: la elección de Pedro Aguirre Cerda

231



Eduardo Devés, Escépticos del sentido, Santiago de Chile, 1984.

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y el primer gobierno del Frente Popular en 1938, un hecho que en rigor fue un acontecimiento extraliterario. ¿Cuáles son las características de la obra de Guzmán -particularmente de su novela más difundida- que lo hacen un escritor paradigmático, cabeza de serie de esta generación, y un “clásico de la literatura social chilena” y de la novela proletaria? 232. La trama de La Sangre y la esperanza se despliega en el espacio del conventillo, del suburbio como espacio de sociabilidad solidaria y de resistencia a la realidad exterior al mismo. Pero también un espacio de la marginalidad, sin alumbrado público, con piso de tierra, sin agua potable y sin baños, un espacio que en el imaginario de la “cuestión social” se asociaba a la promiscuidad, la enfermedad y la delincuencia. El núcleo del relato lo compone la familia Quilodrán, padre del narrador y empleado tranviario, narrador que es hermano de la pareja del protagonista: el joven de ideales revolucionarios, Abel Justiniano. “El sector representado es, básicamente, un conventillo del barrio Mapocho, lugar donde se expresa un mundo donde convive la miseria (prostitución, violencia sexual, robo, alcoholismo, abulia, entre otras lacras sociales) con la dignidad de quienes luchan por cambiar la realidad que los oprime (líderes sindicales, mujeres trabajadoras, familias sólidamente constituidas, profesores idealistas, jóvenes revolucionarios, entre otros personajes en quienes habita la utopía). El título de la novela se nutre, justamente, de esta vocación de justicia revolucionaria que impulsa al pueblo a salir adelante y conquistar su futuro”… para superar algún día la miserable condición de los asalariados.

El asunto de la novela es la huelga tranviaria de la década de 1920, que contó con el apoyo de la Federación Obrera de Chile. En el conventillo vive Abel Justiniano, joven líder de la huelga. El marxismo y la lucha de clases serán su inspiración para alcanzar la dignidad buscada. El propósito de Nicomedes Guzmán fue “trascender lo que definió como la tradición

232 Integramos y citamos en extenso el análisis de La sangre y la esperanza, de Cristián Montes, “El cronotopo de la exclusión en tres novelas de la generación del 38”, Revista Chilena de Literatura, Nº 73, Santiago de Chile, 2008. Cristián Montes se desempeñó como coinvestigador del proyecto Fondecyt “Política y cultura”, coordinado por el autor, y su trabajo fue realizado en diálogo e interacción con éste.

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literaria y estética con la que la literatura burguesa había estigmatizado el espacio del conventillo. Mostrarlo desde adentro, en su complejidad social, sin juicios ni prejuicios, otorgándole la dignidad merecida”- lo que se da en la figura y relaciones que rodean al protagonista- pero también mostrando la miseria y la pobreza del lugar. El conventillo aparece así como un desecho de la nación, que “pulveriza cualquier discurso de integración social”. Es un espacio de exclusión que contraviene cabalmente la escenificación de un tiempo histórico de integración y de homogeneidad, como el que prevaleció en las primeras décadas del siglo. “La huelga de los tranviarios resulta exitosa y esto les otorga valor para salir de los conventillos a luchar por sus demandas. Por calle Bulnes se dirigen a la Alameda hasta llegar a los pies del monumento a O´Higgins, lugar dónde el joven Abel Justiniano toma la palabra para apoyar la marcha. El conventillo ha roto los límites de su encierro y ha alcanzado el centro de Santiago con toda su simbología y emblemas representativos de la nación. La represión es inmediata y no discrimina a niños ni mujeres. Al final de la jornada, la autoridad ‘y la traición habían triunfado’. Ni la feroz represión ni la sangre vertida clausurarán las expectativas del pueblo, ya ‘que al pueblo no se le engaña, no puede engañársele’. A pesar de que el joven revolucionario es acribillado por la espalda, su pareja, quien es hermana del narrador, será madre de un niño en el que se centra la esperanza y la utopía por un mundo mejor. El amor al servicio de la praxis política y el motivo de la mujer proletaria se han fundido en el deseo revolucionario”.

El mundo representado del conventillo, al mismo tiempo que es lugar de exclusión y segregación, se despliega como “un lugar privilegiado para una praxis política que permita liberar el aislamiento y gestionar el cambio revolucionario”. Se trata del Chile postrado que Julio César Jobet, en un texto de 1940, ejemplifica como el Santiago donde hay más de 3.000 conventillos, con una población de 250.000 personas; aquel Santiago donde un tercio de la población de la ciudad vive en condiciones de miseria233.

233



Julio César Jobet, “Visión del Chile postrado”, Rumbo, Nº 9, Santiago de Chile,

1940.

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Nicomedes Guzmán -comenta Cristián Montes- ha hecho suyo el postulado de Zhdánov, quien en el primer congreso de escritores soviéticos, en 1934, postulaba buscar la heroicidad en el mundo obrero y generar un romanticismo revolucionario enfocado en el presente y en la lucha social: “La proclama de Zhdánov encarna en lo que Nicomedes Guzmán considera el imperativo moral de un escritor, esto es, ser fiel a la realidad social y política que lo circunda”. Como él mismo señala: “Los hechos políticos que figuran en las novelas son parte de la vida misma. El autor tiene la obligación de interpretar la vida y si esta vida implica la lucha social, el autor, fiel a los asuntos humanos no puede desconectarla a trueque de falsear la realidad”. “Dicha posición ante el arte y la literatura revela la necesidad del escritor por denunciar la explotación que caracteriza al orden burgués”.

Podría pensarse que estamos sencillamente ante un remedo de realismo socialista simplista y estéticamente ramplón. Sin embargo, “tal función -de denuncia, dice Montes- es desplegada en una estructura narrativa abigarrada de discursos, donde la secuencia de hechos narrados se enriquece con textos poéticos, elementos visuales, recortes de crónicas, letras de canciones… la novela logra construir una peripecia con solidez narrativa, lo que ayuda a construir una visión de mundo coherente”. Coherente también -agregamos nosotros- con la concepción de la historia, y con algunos principios y códigos básicos del pensamiento marxista, con la lucha de clases, con el lenguaje de las expectativas y del constructivismo social, y con la idea de que la lucha de clases conduce a la revolución social. La sangre y la esperanza, desde su aparición en 1943, recibió comentarios críticos que proponían sentidos o interpretaciones de intención canonizadora, realzando rasgos formales, semánticos y artísticos, lo que continuó por lo menos hasta la década del setenta. La crítica y la historiografía literaria la han llamado “un clásico de la novela social chilena”, obra señera de la generación del 1938, “friso monumental de la vida popular”, una “obra que rompió con el criollismo que se centraba en la naturaleza y en el paisaje y no en el drama humano”, y se calificó a su autor como “novelista del pueblo”, “estrella de nuestra célebre generación de 1938”. Cuando fue publicada por la editorial Quimantú en

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una tirada significativa, en medio del fragor del gobierno de la Unidad Popular, un crítico la calificó de “obra excepcional del realismo chileno. La sangre y la esperanza -señaló- resurge en el momento oportuno, cuando la época de cambios que rige en el país se encamina a solucionar los problemas sociales de nuestro pueblo, los mismos problemas que conmovieron al gran novelista y que él también reveló y denunció” 234. Se trata de un juicio canonizante emitido a partir de un contexto social de transformación y cambio social. El proceso de canonización como conjunto de juicios constitutivos de valor revela, en el caso de la novela de Nicomedes Guzmán, una urdimbre de códigos ideológicos que claramente dan cuenta del carácter hegemónico de una escenificación del tiempo histórico en la perspectiva de una transformación sustantiva de la realidad social y económica. Se trata de un punto de vista que está presente en la mayoría de los escritores de la generación del 38, autores que reaccionan contra el criollismo anterior, sensibilidad cuyos prosistas sufrían -dice Fernando Alegría- “un dramático caso de anemia ideológica y creativa”235. Se postulaba ahora una literatura comprometida, en palabras de Volodia Teitelboim, un realismo crítico en que el “proletariado y el campesinado estén presentes como fuerzas nuevas y dirigentes. La novela chilena cuenta ya en este sentido con obras como Ranquil, de Reinaldo Lomboy; La sangre y la esperanza, de Nicomedes Guzmán, y últimamente, Carbón, de Diego Muñoz, y Tierra Fugitiva, de Manuel Guerrero”236. Canonización del boom Un proceso similar de canonización, pero con connotaciones geográficas y culturales más amplias, se dio -tanto en Chile como en América Latinaen la década de los sesenta, con respecto a la llamada literatura del boom. Se trata de un fenómeno cuya etapa más plena ocurre entre 1960 y 1973. La palabra boom apunta a auge, a una cotización en alza. ¿Cómo

Santiago 236 Santiago 234

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Mayoría, Nº 5, Santiago de Chile, 17 noviembre de 1971. Fernando Alegría, “Los nuevos prosistas chilenos”, Pomaire, año III, Nº 16, de Chile, 1958-1959. Volodia Teitelboim, “Tradiciones realistas en la literatura chilena”, Aurora, de Chile, diciembre, 1954.

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se produjo este auge? Por una parte, se dio un grupo de obras narrativas de autores de distintos países, entre otros, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Juan Rulfo, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, José Donoso, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Augusto Roa Bastos, Mario Vargas Llosa y José María Arguedas, autores de distintas edades y sin un ideario estético común. Muchos de ellos venían publicando desde hacía varias décadas, pero sus obras no habían alcanzado todavía difusión masiva y solo eran conocidas por un pequeño círculo de iniciados. Antes de 1960, las obras de Cortázar, Asturias y Onetti apenas alcanzaban ediciones de 2 000 ejemplares, ediciones que permanecían por largos años en las librerías; en el momento del boom, las mismas obras alcanzaron tirajes promedios de 20 000 ejemplares anuales y con frecuencia se agotaban, lo que requería de dos o tres ediciones por año237. Se asiste a un fenómeno inédito: a un público lector y a una demanda y circulación masiva de obras de autores latinoamericanos, en que juegan un rol importante una serie de editoriales que actúan como mediadoras y promotoras del boom. Editoriales argentinas (Losada, Emecé, Sudamericana y Galerna), mexicanas (Joaquín Mortiz, Fondo de Cultura Económica y Era), españolas (Seix Barral, Lumen y Anagrama), además de las uruguayas como Arca, o de la Editorial Universitaria, en el caso chileno. Un fenómeno editorial que estuvo acompañado de vedetismo o de star system, de escritores capaces de articular un discurso interesante y de opinar sobre los temas y utopías políticas más candentes del momento. Las revistas y sobre todo la entrevista a los autores se convirtió en un género periodístico de moda, afianzando así un sistema de marketing que para las editoriales tenía en la práctica un costo cero. Convertido el escritor en una estrella, se generó así una presión por parte del público lector -presión que fue mediada por las editoriales y por la crítica literaria- para que los novelistas aumentaran su productividad y su presencia pública. A partir de estas circunstancias, se asistió entonces a un fenómeno nuevo en Chile, en América Latina y en España: el paso de un mercado de consumo literario ilustrado y

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Ángel Rama (editor), Más allá del boom: Literatura y mercado, México, 1981.

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de elite a uno de masas, con participación importante de la juventud universitaria. ¿Qué factores incidieron en este proceso? ¿Cómo se explica un fenómeno inédito de estas características? La explicación fundamental de su emergencia, y su posterior desdibujamiento a mediados de la década del setenta, reside en un clima intelectual de época y en una vivencia del tiempo histórico nacional y continental en términos de transformación social. Un imaginario que fue reactivado por la Revolución cubana, que operó como foco de una nueva etapa de latinoamericanismo, de un clima ideológico que luego de la caída del muro de Berlín y el conocimiento de lo ocurrido en los llamados “socialismos reales” terminó diluyéndose. En definitiva, fue el macrorrelato de una utopía socialista latinoamericana y del concepto identitario tercermundista, lo que explica en gran medida el boom como también la canonización, los alineamientos, tensiones, polémicas, roces, distanciamientos y epítetos que se dieron entre los escritores que formaron parte del fenómeno. Recuérdese, por ejemplo, los discursos antiborges a raíz de la falta de entusiasmo del escritor argentino por la Revolución cubana y por las transformaciones en curso. O el distanciamiento de Vargas Llosa de Cortázar y García Márquez. Todos los datos revelan que el éxito de la literatura latinoamericana y su canonización en la década del sesenta se vincula con la convicción -compartida tanto en el continente como fuera de él- de que la tormentosa historia de América Latina había entrado a una etapa resolutiva. Ello le da una eficacia significativa a motivos nada nuevos en la conciencia latinoamericana, como el antiimperialismo, el carácter de periferia o la postulación de una unidad de raíz y destino para la región238. Hay en el fenómeno del boom literario, entonces, una suerte de reverberación y de producción de presencia con respecto a lo que estaba ocurriendo en Chile y en América Latina en el plano sociohistórico. Ello explica que gran parte del interés de los lectores y de la prensa por los escritores se relacionara con su grado de “compromiso” o “engagement” (Sartre dixit) con el pueblo y la revolución. Fue un clima cultural en que la política y el imaginario de transformación socioeconómica en

238 Tulio Halperin, “Nueva narrativa y ciencias sociales hispanoamericanas en la década del sesenta”, en Ángel Rama, Más allá del boom, op. cit.

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clave revolucionaria ocupaban un lugar preponderante, especialmente para la juventud, pues allí residía el terreno de la épica, de la utopía, del futuro, del cambio y del espíritu de vanguardia. Fue, en síntesis, un imaginario muy diferente al que se vivió luego, a partir de la década de los ochenta. Lo ocurrido con la narrativa de la generación del 38, con la obra de Nicomedes Guzmán, como con la narrativa del boom, revela que un conjunto importante de autores, de críticos o estudiosos percibía y canonizaba la literatura con criterios axiológicos movilizados por energías y utopías políticas, en un clima intelectual en que se entendía la utopía de una sociedad socialista al modo en que Karl Mannheim entendía el concepto de utopía: como una “verdad prematura” 239. A partir de la década de los ochenta, junto con la declinación del marxismo, paradójicamente será la racionalidad económica y de mercado la que determine el campo de la política, lo que coincide con el remplazo del clima anterior por un clima anti-utópico, por un clima de incertidumbre y de democracia en su versión más restringida.

f) Historia y cambio social En el volumen anterior concebimos a la historia, en sus distintos géneros -crónica, monografía, memoria, biografía e historia nacional o general- como una producción narrativa de pasado, pero también como producción de presente y de futuro. Ello resultó particularmente así en las concepciones historiográficas que se inscriben en una matriz teleológica, en que la narración del pasado apunta a movilizar el imaginario con respecto a lo que va a ocurrir, buscando estimular la voluntad de transformación de la vida social y de todo cuanto existe. Se trata no solo de comprender el mundo sino -como señalaba Marx- de transformarlo. El relato histórico, en esta perspectiva, puede llegar a tener elementos de voluntarismo, y también aspectos mesiánicos, en la medida en que releva a un determinado actor social y sobredimensiona sus capacidades salvíficas

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Karl Mannheim, Ideología y utopía, Madrid, 1997.

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como conductor de cambios. La historia es, por otra parte, en el mejor de los sentidos posibles, una disciplina acomodaticia, que se instala en los climas y corrientes epocales, lo que incide en la focalización de su mirada, en los temas que privilegia e incluso en el tono que asume. Así ocurre con respecto al pensamiento y la historiografía que se guía por el modelo teórico del marxismo en la segunda mitad del siglo XX. La visión del mundo obrero en dos obras breves de comienzos de ese siglo, ajenas a ese modelo teórico, resulta significativa para delimitar las características de la narrativa histórica que se inscribirá más tarde en la inteligibilidad marxista. Se trata de la Monografía de una familia obrera de Santiago (1903), de Guillermo Eyzaguirre y Jorge Errázuriz, y del estudio de Luis Galdames “Los movimientos obreros en Chile” (1908)240. Ambos son estudios focalizados en el mundo obrero, pero con un enfoque muy diferente a la historiografía de las décadas posteriores a 1950. La Monografía de 1900 es un estudio marcadamente descriptivo en términos positivistas, que busca mostrar a través de lo que puede considerarse un estudio de caso, la realidad del mundo obrero en el contexto de una industrialización incipiente, con el fin de estimular la sensibilidad y caridad en los sectores oligárquicos. Aunque se denuncian con moderación temas como los préstamos usureros de las casas de empeño o la miseria de las habitaciones obreras, se trata de un diagnóstico con las características de un inventario, pero sin ninguna perspectivización de los obreros como clase o como sujeto histórico. El trabajo de Galdames, que puede considerarse como el primer intento de historiar el movimiento obrero, tiene una perspectiva marcadamente evolucionista, con elementos de darwinismo social. La idea central que recorre el texto es el origen étnico y rural de base indígena que conforma al proletariado chileno, el cual se encuentra siempre en una relación de servicio con un grupo blanco dominante que desciende de europeos. Se trata de un enfoque en que el autor, si bien denuncia las condiciones de vida y de salario de los obreros, está permeado de una mirada racista propia de la época, mirada que se encuentra también en la obra temprana de Encina.

240 Publicado en Cuadernos del Cuarto Congreso Científico celebrado en Santiago de Chile en diciembre de 1908 , Volumen X, Tomo III, Santiago de Chile, 1911.

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“A las diferencias de origen y posición entre ambos grupos” -señala Galdames- se añade “una mirada no menos acentuada y de cultura y hasta de capacidad intelectual… nadie ignora que la capacidad mental del bárbaro es inmensamente inferior a la del hombre civilizado” 241. Da antecedentes de la formación del Partido Democrático y el surgimiento de aspiraciones comunes entre los obreros; sin embargo, en todo el texto el autor sostiene la superioridad de la cultura europea sobre la nativa. Afirma incluso que uno de los puntos que ha permitido el mejoramiento de la situación del proletariado es, justamente, la irrupción de sangre no indígena en el país. El proletariado, desde esa mirada, lejos de ser un actor social, es una especie de recipiente que necesita ser fermentado por la raza europea y por la educación. Muy distinto será el enfoque de los estudiosos que conforman lo que se ha llamado la escuela marxista chilena, historiadores que empiezan a publicar en la década del cincuenta y que coinciden con la instalación del marxismo de cátedra en la formación universitaria. Se trata, entre otros, de Julio César Jobet, Hernán Ramírez Necochea, Luis Vitale, Fernando Ortiz, Jorge Barría y Marcelo Segall. Las características fundamentales de la labor historiográfica de estos autores son las siguientes: a) Focalización en el mundo obrero como sujeto y actor social preferente del cambio histórico. b) Concepción de la lucha de clases como elemento dinamizador del cambio y como categoría de explicación de diferentes escenarios y acontecimientos históricos. c) Atención preferente a lo económico, básicamente a las relaciones de producción, como factor que determina en última instancia los procesos anteriores. d) Incorporación de la categoría de imperialismo (como fase superior o final del capitalismo) en el análisis y en las explicaciones históricas.

241 Luis Galdames, “Los movimientos obreros en Chile”, op. cit. En su más voluminosa Historia de Chile (1906), el autor se aproxima a la historiografía político-institucional de corte liberal.

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e) Perspectiva preestablecida y teleológica del decurso histórico, conocimiento que obedece a un metarrelato narrativo que encuentra su matriz en el pensamiento de Marx. Vale la pena detenernos en cada uno de estos aspectos del modelo teórico y examinar su presencia en algunas obras de los autores mencionados. Respecto a la focalización en el mundo obrero, no se trata de estudiar un sector como mero componente, entre otros, de un paisaje social mayor. No se trata solo -como señala Julio Pinto- de una democratización del sujeto histórico o de una pluralización de los protagonistas de la historia 242, sino que se trata, además, de un pensamiento y de una estructura teórica que lo alimenta... Luis Vitale explicita este punto de vista teórico desde el propio título de su monumental Interpretación marxista de la historia de Chile en varios tomos. Julio César Jobet, en Ensayo crítico del desarrollo económico y social chileno (1951), refiriéndose a las primeras décadas del siglo XX, plantea que ese período se caracteriza por la “presencia de la clase obrera, como conjunto poderoso con intereses, anhelos y aspiraciones propias, claramente determinadas ante las demás clases”. Relatando los acontecimientos de la Asamblea de Alimentación y de la Federación Obrera de Chile (FOCH), señala el paso desde un movimiento obrero reformista a uno revolucionario: en una convención de 1919 se adopta como postura la necesidad de la total abolición del régimen capitalista. Estamos “ante un movimiento obrero de carácter marxista”, dice Jobet. Hernán Ramírez Necochea, en Historia del Movimiento Obrero en Chile (1956), señala que: “el proletariado es en Chile -lo mismo que en todo el mundo- la clase a la que pertenece el porvenir. Siendo engendrada por un modo de producción que en Chile todavía no ha alcanzado su plena madurez, el proletariado es, dentro de ese modo de producción, la vanguardia que tiene en sus manos, en su cuerpo y en su espíritu la única fuerza creadora para la sociedad: el trabajo” 243.

242 Julio Pinto, “Estudio preliminar: la historia y la causa”, en Hernán Ramírez Necochea, Obras escogidas, Volumen I, Santiago de Chile, 2007. 243 Hernán Ramírez Necochea, “Historia del Movimiento Obrero en Chile”, en Obras Escogidas, Volumen I, Santiago de Chile, 2007. El resaltado es nuestro.

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La clase obrera es percibida como el sujeto social en que recae la responsabilidad de ser agente del cambio y de la producción de futuro, debido al rol que ella desempeña -según la teoría marxista- en el modo de producción de una sociedad en vías de industrialización y de aumento de sus fuerzas productivas. La historia se focaliza en un agente que va siempre de un menos a un más, como parte de una historia teóricamente preestablecida, generando así una narrativa que no solo es un recurso de escritura sino un modo de inteligibilidad. Pero el rol que se le asigna a este agente es trascendente: según Marcelo Segall, en el movimiento obrero reside “el futuro de la sociedad humana integral. La liberación total del hombre. El proletariado -afirma- no puede liberarse sin suprimir sus propias condiciones de existencia”244. La presencia de intereses socioeconómicos diferentes y la lucha de clases son en la historiografía marxista -en todas sus variantes- factores dinamizadores de la trama y del cambio histórico. En Historia del movimiento obrero en Chile (1891-1919), Fernando Ortiz estructura el relato de cada capítulo en torno a un problema distinto de los que aquejan al proletariado de la época (salarios, desocupación, costo de la vida, miseria, condiciones de trabajo). Con respecto a las remuneraciones, dice: “el nivel de los salarios determina fundamentalmente la correlación de las fuerzas de clase entre el proletariado y la burguesía… Las luchas entre asalariados y capitalistas será principalmente, por largo tiempo, en torno del monto de los salarios”245. La lucha de clases es la columna vertebral del relato. Pero no solo del movimiento obrero en el siglo XX, sino que también con respecto a situaciones anteriores se recurre como categoría explicativa a la lucha de clases. En Balmaceda y la contrarrevolución de 1891 (1958), Ramírez Necochea percibe como trasfondo de ese acontecimiento la pugna, por un lado, entre la burguesía comercial retardataria y la oligarquía, aliadas al imperialismo inglés, y por otro, la burguesía industrial que ve impedido su desarrollo por sectores que desean mantener relaciones de producción semifeudales, impidiendo la instalación de un capitalismo nacional más maduro. De allí que Ramírez Necochea haya bautizado al movimiento contrario a

244 Marcelo Segall, Desarrollo del capitalismo en Chile: cinco ensayos dialecticos, Santiago de Chile, 1953. 245 Fernando Ortiz, El movimiento obrero en Chile (1891-1910), Madrid, 1985.

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Balmaceda como la Contrarrevolución de 1891, aludiendo a que el sector derrotado representaba la posibilidad de llevar a cabo una revolución democrática burguesa, preestablecida por Marx y Lenin como una de las etapas de la evolución socioeconómica para desarrollar las relaciones de producción. Marcelo Segall, en Desarrollo del capitalismo en Chile: cinco ensayos dialecticos (1953), encabeza uno de sus ensayos citando una frase de Marx: “La historia de toda nuestra sociedad hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, nobles y siervos, maestros y compañeros, burgueses y proletarios”246. Precisamente es la lucha de clases la que explica el rol protagónico del proletariado: “La clase obrera -escribe Jorge Barría en Breve historia del sindicalismo chileno (1956), es la que experimenta con mayor intensidad la explotación de la sociedad capitalista y que representa, por eso, objetivamente, el núcleo central del movimiento de los trabajadores”247. La atención preferente a lo económico se hace patente no solo en la historiografía clásica marxista con respecto al siglo veinte, sino que también con respecto a procesos históricos como la Independencia y la Guerra Civil de 1891. A propósito de Antecedentes económicos de la Independencia de Chile (1959), de Hernán Ramírez Necochea, Julio Pinto señala que al desenterrar los antecedentes económicos de un acontecimiento emblemático como fue la ruptura con España, Hernán Ramírez se distancia de la explicación tradicional en clave política o militar. Señala que no se trata de caer en un economicismo absurdo, sino de encontrar una matriz explicativa más rica, “que dé cuenta de las bases objetivas que situaron el proceso de la Independencia como una necesidad histórica”248. En esta perspectiva, el aspecto económico se presenta como el que determina, en última instancia, los procesos históricos. Marcelo Segall, en su Desarrollo del Capitalismo en Chile (1953), le da una importancia central al desarrollo minero, no solo en términos de acumulación de capital, sino también en la formación del pensamiento

Marcelo Segall, Desarrollo del capitalismo en Chile, op. cit. Jorge Barría, El movimiento obrero en Chile, Síntesis histórico-social, Santiago de Chile, 1971. 248 Julio Pinto, “Estudio preliminar: la historia y la causa”, en Hernán Ramírez Necochea, Obras escogidas, Volumen I, Santiago de Chile, 2007. 246 247

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positivista y del historicismo. Cabe señalar que historiadores como Álvaro Jara, Rolando Mellafe y Mario Góngora, que no pueden ser catalogados como historiadores marxistas, prestaron también atención preferente a las estructuras económicas y sociales, renovando la historiografía tradicional sobre la Colonia, que solía privilegiar los acontecimientos políticos y militares. A partir de la teoría del imperialismo de Lenin y paralelamente a la teoría sociológica de la dependencia, la historiografía marxista clásica incorpora la categoría de imperialismo, que se aplica incluso al dominio español durante la Colonia, y luego al imperialismo decimonónico inglés y norteamericano en el siglo XX. El imperialismo aparece como un fenómeno de regresión histórica, de expresión de la lucha de clases a nivel internacional. Como fenómeno histórico se expresa en una estructura económica de dominación, pero también en términos de dominio político y cultural. En su Historia del imperialismo en Chile (1960), Ramírez Necochea examina este proceso de dominación y concluye con un capítulo donde se le confiere un rol antiimperialista al movimiento popular dirigido por la clase obrera y, en especial, por el Partido Comunista chileno249. La perspectiva teleológica en que el decurso de la historia está preestablecido es un aspecto fundamental en el enfoque y tono del relato de estos estudiosos, no solo en términos de focalización y contenido, sino que también en términos del tono escritural y de las expectativas que invoca un relato histórico que, como tal, siempre mira hacia atrás, pero convocando, paralelamente, una producción de futuro, una transformación de la realidad, un porvenir. Esta perspectiva obedece a la idea de Marx de que no solo se trata en la historia de comprender el pasado sino de transformarlo, tiene también sus fundamentos como pensamiento en cierto evolucionismo y organicismo, propio de casi todas las doctrinas sociales decimonónicas. Fue, por ende, en gran medida una historiografía militante, alineada con el Partido Comunista, o, en términos más amplios, con el socialismo. Nótese, por ejemplo, el tono de las frases de Ramírez Necochea en su Historia del movimiento obrero en Chile (1956):

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“El imperialismo quiere provocar -dice- un movimiento de regresión histórica: tales objetivos, sin embargo, no serán logrados; es imposible detener la historia o hacerla marchar hacia atrás, impedir que una sociedad evolucione, crezca y se desarrolle es tan absurdo como impedir que un ser humano crezca y de se desarrolle y, llegando a la edad adulta, se emancipe de la tutela paterna”.

En el capítulo que titula “Amanecer del movimiento socialista en Chile”, Ramírez Necochea cita a pie de página un fragmento que resume los fundamentos de la concepción teleológica que subyace a todos estos historiadores: “Marx y Engels, los grandes maestros del proletariado, fueron, por oposición a los socialistas utópicos, los primeros que pusieron en claro que el socialismo no es el fruto de las cavilaciones de unos soñadores (utopistas), sino el resultado necesario del desarrollo de la moderna sociedad capitalista. Pusieron de relieve que el régimen capitalista se hundirá, lo mismo que se hundió el régimen feudal, y que el propio capitalismo engendra, con el proletariado, la fuerza que habrá de enterrarle. Y señalaron que solo la lucha de clases del proletariado sobre la burguesía, librará a la humanidad del capitalismo, de la explotación”.

Cabe señalar que entre 1950 y 1973, la historiografía de la llamada escuela marxista clásica no fue la única que se realizó, sin embargo, fue la que suscitó mayor interés en las aulas universitarias, entre los jóvenes, en la industria editorial y, en general, en el ámbito intelectual. Más tarde, a partir de la década de los 80, esta escuela dejó de ser discurso hegemónico, fundamentalmente, porque la producción de futuro y el porvenir que se auguraba fueron desmentidos por la realidad. Con la caída del muro de Berlín, el conocimiento de lo que ocurría en algunos países socialistas, la energía política y utópica que alimentaba esa historiografía se fue diluyendo. El marxismo ha perdido vigencia no en su análisis teórico y económico del capitalismo del siglo XIX, sino como guía para la acción política. En ningún país del mundo -ni siquiera en Albania- la revolución proletaria está a la orden del día. Por otra parte, los conflictos de clase no agotan las contradicciones sociales, como lo han hecho evidente los movimientos feminista, ecologista o de los pueblos originarios.

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g) Ciencias sociales y energías políticas La sociología se establece en Chile, como planificación del desarrollo económico y social, a partir de 1949, con las investigaciones de Raúl Prebisch y sus colaboradores en la CEPAL (Comisión Económica para América Latina), de las que surgen -con propuestas que combinan el keynesianismo con el marxismo- las bases de la teoría de la dependencia. El equipo de Prebisch -que dirigió la CEPAL hasta 1962- argumentaba que la economía mundial estaba dividida entre “centro” industrial -Estados Unidos y Europa Occidental- y “periferia”, productora de materias primas o commodities. Esta situación de mercado y comercio internacional generaba un deterioro permanente en los términos de intercambio, situación que manejaban las arcas fiscales con endeudamiento externo que siempre afectaba a la periferia, con la consecuente relación de subdesarrollo, dependencia y dominio. Se trataba de un problema estructural en la relación con el centro o con el poder metropolitano, situación que históricamente se venía reproduciendo, en cierta medida, desde la propia Conquista. Para romper este cordón umbilical, la propuesta cepalina consideraba la racionalización, control y dinamización de la economía por parte del Estado y por un gobierno que en consecuencia debía controlar los precios y promover una demanda interna más efectiva como parte de una estrategia nacional coherente con un modelo de sustitución de importaciones. Se trata de estudios y propuestas que van a constituir la base de la teoría de la dependencia, la cual va a ser profundizada y difundida con la instalación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) y, posteriormente, en la sociología y la vida académica, con la creación de la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile, en 1957, y la Escuela de Sociología de la Universidad Católica, años más tarde. La revolución, la dependencia, el imperialismo, la lucha de clases y la alternativa socialista serán los temas fundamentales y los velos analíticos de las ciencias sociales en la década del sesenta250. Es en este contexto que la sociología aparece como la más prestigiosa de las ciencias sociales. Son años en que se redescubre la teoría marxista, la cual disputa con la

250 Sebastián Góngora, “Un poco de historia y agenda sociológica en Chile”, Revista La Pala. La sociología como pregunta, noviembre 30, revista virtual, Santiago de Chile, 2007.

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teoría funcionalista, pero también se fusiona con algunos elementos: “el marxismo-ciencia impulsa en las ciencias sociales universitarias una rápida sustitución del programa de investigación articulado en torno a la teoría de la modernización” y el desarrollismo -cuyo modelo operativo fue la Alianza para el Progreso del presidente Kennedy- “por la teoría de la dependencia”, la cual, a partir de la Revolución cubana, va a tener un punto de atizamiento251. En la década de los sesenta se produce así una redefinición de la sociología en lo que Pedro Morandé ha llamado una “sociología comprometida”, vale decir, una sociología de orientación marxista que critica la sociología funcionalista, y que está en directa relación con las transformaciones políticas en curso. Son años en que “la sociología se practica con una perspectiva heterocéntrica, no desde la ciencia hacia los intereses sociales, sino desde las demandas sociales (por transformar la sociedad) hacia la ciencia”252. Pedro Morandé reconoce en la “sociología comprometida” de la década de los sesenta un cierto esfuerzo por “latinoamericanizar” la disciplina, sin embargo, ello se transformó, dice, en una toma de partido en el contexto de la Guerra Fría. “El compromiso, que desde el punto de vista de la disciplina solo podía ser la reivindicación de su autonomía para recibir críticamente a la sociología importada, se transformó en un compromiso con la política de bloques definida por las políticas mundiales. No fue reconocimiento de la especificidad latinoamericana, sino toma de posición frente al conflicto Este-Oeste, que no podía más que reafirmar el heterocentrismo de la sociología (chilena y) latinoamericana”253. En definitiva, en el florecimiento de la sociología como disciplina universitaria en la década de los sesenta y comienzos de los setenta, las energías académicas están vehiculizadas por las energías políticas, por energías políticas dinamizadas por el convencimiento de que se vivía una etapa definitiva para la independencia (o, al menos, para la no dependencia) y liberación del continente, expectativas y producción de futuro ancladas en el pensamiento marxista y, más concretamente,

Ibíd. Pedro Morandé, Cultura y modernización en América Latina. Ensayo sociológico acerca de la crisis del desarrollismo y de su superación, Santiago de Chile, 1984. 253 Ibíd. 251 252

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en las teorías del imperialismo, de la dependencia y, en el plano de la cultura y las comunicaciones, en el ideario de la Escuela de Frankfurt. En este clima intelectual se produce en Chile una conjunción de cientistas sociales y académicos europeos, brasileños y chilenos, algunos trabajando en la Escuela de Sociología de la Universidad de Chile, otros en la Flacso, en el Centro de Estudios Socioeconómicos (CESO) de la Universidad de Chile y en el Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN) de la Universidad Católica. Cristóbal Kay, que fue parte de esta hornada, recuerda al CESO como un semillero de marxismo y de la teoría de la dependencia de América Latina254. Nos referimos, entre otros, a Fernando Henrique Cardoso, a Theotonio Dos Santos, André Gunder Frank, Franz Hinkelammert, Armand Mattelart, Enzo Faletto, Ruy Mauro Marini, Emir Sader, Orlando Caputo, Julieta Kirkwood, Marta Harnecker, Tomás Moulian, Vania Bambirra, Cristóbal Kay, Tomás Vasconi, José Bengoa, el teólogo de la liberación Gonzalo Arroyo, Norbert Lechner y Manuel Antonio Garretón. Se trata de autores que tuvieron y aún tienen un fuerte impacto en las ciencias sociales latinoamericanas, de estudiosos que vehiculizaron la contribución teórica del marxismo a las ciencias sociales y a la teoría crítica. En esos años se publican de Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, Dependencia y desarrollo en América Latina (1969); de Enzo Faletto, Eduardo Ruiz y Hugo Zemelman, Génesis histórica del proceso político chileno (1972); de Orlando Caputo y Roberto Pizarro, Imperialismo, dependencia y relaciones económicas internacionales (1970); y de André Gunder Frank, Capitalismo y subdesarrollo en América Latina (1967) y Sociología del desarrollo y subdesarrollo de la sociología. El desarrollo del subdesarrollo (1969). En el prefacio de uno de sus libros, Gunder Frank escribió: “Estos ensayos fueron escritos para contribuir a la revolución en América Latina y en el mundo, y se encuentran compilados aquí con la esperanza de que ayuden a contribuir a la revolución más de lo que lo ha podido

254 Cristóbal Kay, Memoria, “André Gunder Frank (1929-2005): pionero de la teoría de la dependencia y mundialización”, Revista mexicana de sociología, 68 Nº 1 (enero-marzo 2006), México, D.F.

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hacer el autor. Los ensayos surgen del intento del autor, al igual que de millones de otras personas, de asimilar la revolución latinoamericana y la inspiración que ésta encuentra en la Revolución Cubana, cuyo décimo aniversario glorioso celebramos al momento de escribir estas líneas”255.

Se reeditan o publican también algunos textos teóricos de marxismo, como Los fundamentos del marxismo (primera edición de 1939, reeditado en 1964), de Julio César Jobet, Los conceptos elementales del materialismo histórico (1969), de Marta Harnecker, y El leninismo y la victoria popular (1972), de Carlos Cerda. El libro de Marta Harnecker fue editado por Siglo XXI en más de 60 ediciones, logrando un éxito de ventas en el continente que resulta altamente sintomático y decidor en la medida en que nos habla del clima reinante en América Latina, un clima que posibilitó la recepción favorable de una síntesis pedagógica y rigurosa del materialismo histórico. Este trabajo, realizado por la socióloga Marta Harnecker es, sin embargo, un tanto árido, puesto que se proponía presentar al marxismo como una ciencia de las formaciones sociales, sin escabullir el léxico y los tópicos duros de esa doctrina, un libro con el estilo de un manual, pero también imbuido de un sentido profético de la historia. En el campo de la cultura y las comunicaciones, se publica Para leer al Pato Donald (1972), de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, estudio que se presenta como un “manual de descolonización” que deconstruye la ideología imperialista subyacente en los cómics de Walt Disney. El Pato “Donald es la metáfora del pensamiento burgués -afirma Héctor Schmucler en la introducción- que penetra insensiblemente en los niños a través de todos los canales de formación de su estructura mental”. Imbuidos de una perspectiva frankfurtiana y marxista, los autores muestran cómo las ideas y relaciones subyacentes en los cómics de Disney resultan producciones materiales de una sociedad que ha alcanzado un determinado desarrollo de sus fuerzas productivas. Se trata de una superestructura de valores y juicios. “Mientras la cara risueña (del Pato Donald) deambule inocentemente por las calles de nuestro país” y “mientras Donald sea poder y representación cotidiana -advierten los autores, en una profecía

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Reproducido por Cristóbal Kay, op. cit.

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que hoy día parece de ciencia-ficción- “el imperialismo podrá dormir tranquilo”256. Resulta también sorprendente el éxito de este sofisticado análisis de la cultura de masas, con traducciones a varios idiomas y más de 36 ediciones en español. Resulta además decidora la lectura afín a la teoría de la dependencia que ha tenido este ensayo: “Las historietas de Disney, más que un entretenimiento infantil serían -dice un comentario en Internet- no solo un reflejo de la ideología dominante sino que, además, (los monitos de Disney) serían cómplices activos y conscientes de la tarea de mantenimiento y difusión de esa ideología. Las historietas de Disney, más que un entretenimiento infantil, son un manual de instrucciones para los pueblos subdesarrollados sobre cómo han de ser las relaciones con los centros del capitalismo internacional”.

Si bien con el golpe militar todas las instituciones mencionadas y el saber académico fueron duramente reprimidos, algunos de esos autores siguieron en el país desempeñando un aporte notable a las ciencias sociales, como fue el caso de Norbert Lechner, José Bengoa, Tomás Moulian, Julieta Kirkwood y Manuel Antonio Garretón. Un aporte que en sus contribuciones, a partir de la década del 80, adoptó un estilo más argumentativo y menos ideologizado, más específico y fino en el plano analítico, haciéndose cargo, por una parte, de la mitificación del mercado y auge del neoliberalismo, y, por otra, de la caída y desprestigio de los socialismos reales y de algunos esquemas o tópicos propios de la “sociología comprometida” -como el de centro y periferia, o la totalización en la conciencia de clase de la identidad étnica y de la identidad femenina, o la idea de que la revolución proletaria estaba a la orden del día. Agustín Cuevas, estudioso ecuatoriano, reconociendo este cambio de itinerario, afirma que “lo mejor de las ciencias sociales en Sudamérica ha cambiado de marcha… alejado del tema de la dependencia y del análisis de clase inspirado en la tradición marxista. El marxismo ha declinado en su actitud crítica hacia la democracia formal… intelectuales latinoamericanos han revalorizado las instituciones democráticas y se han desplazado hacia nuevas formas de las ciencias sociales, donde se acentúan los valores…, la cultura y

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Ariel Dorfman y Armand Mattelart, Para leer al Pato Donald, op. cit.

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las instituciones, mientras se presta menor atención a las clases y a la dependencia”257.

h) Pensamiento social cristiano y marxismo Desde las primeras décadas del siglo XX, al amparo de la doctrina social y de la encíclica Rerum Novarum (1891), operó en la Iglesia de Santiago una instancia con el nombre de Acción Social Católica. En 1924, el Director Eclesiástico de esa unidad publicó una traducción del libro La Cuestión Social, del sacerdote y filósofo neoescolástico italiano Francesco Olgiati. Destinado a los feligreses que participaban de la acción social de la Iglesia, el texto hace una distinción entre marxismo y bolchevismo, rescatando al primero y diferenciándolo del segundo, al que critica. Olgiati hace, sin embargo, alguna que otra mención positiva del pensamiento de Carlos Marx, mientras que critica duramente al anarquismo y al bolchevismo. En un libro que tiene las características de manual, el autor plantea la solución cristiana de la cuestión social, diferenciándola de la propuesta marxista; explica con gran claridad y hasta cierto punto de modo neutral el pensamiento de Marx, para luego refutarlo. Son antecedentes que, sumados a otros, expresan el pensamiento y la doctrina social de la Iglesia católica en la primera mitad del siglo veinte. Figuras fundamentales en la difusión y práctica de esa doctrina fueron dos sacerdotes jesuitas, Fernando Vives Solar (1871-1935) y Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952). Ambos pertenecían a familias pudientes o de sectores medio altos, siguieron la carrera de derecho antes de ingresar a la Compañía de Jesús, completaron sus estudios religiosos y vivieron por largo tiempo en Europa, donde conocieron la renovación del pensamiento social cristiano a la luz de las encíclicas Rerum Novarum (1891) y Quadragessimo Anno (1931). A su regreso a Chile, formaron y activaron organizaciones que pusieron en práctica la doctrina social de la Iglesia, llevando a cabo una extensa labor de acción social. El padre Vives encauzó al proletariado católico a través de la Liga de Acción Sacerdotal,

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Agustín Cuevas, op. cit.

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la Liga Social y el Secretariado Económico Social. Fue, además, profesor de Historia, director espiritual del padre Alberto Hurtado y crítico del paternalismo caritativo con que los sectores dirigentes abordaban los temas sociales. El padre Hurtado formó el Hogar de Cristo y la Revista Mensaje (1951), con el objeto de difundir la doctrina y el pensamiento social de la Iglesia. Ambos escribieron y publicaron extensamente, divulgando el catolicismo social, pero matizándolo con aportes reflexivos propios, especialmente el Padre Hurtado. Fueron, por lo tanto, pensadores e intelectuales de fuste, pero también hombres de acción. El padre Vives, estando en Europa entre 1918 y 1931, fue un colaborador permanente de la Revista Católica, que se editaba en Chile con artículos que abordaban el pensamiento social cristiano en Alemania, Francia e Italia, así como también el comunismo y la realidad de la Unión Soviética. En un artículo de 1929, analiza los problemas económicos de la Unión Soviética para elevar la producción y las contradicciones insalvables de lo que Vives considera un capitalismo de Estado. “El comunismo -vaticinacaerá por sus propias culpas, por sus propios defectos. Asistimos al prólogo de una lección de cosas por demás interesante”. “Como doctrina -señala- es un delirio, como sistema social, una utopía”258. Al regresar a Chile, sus escritos apuntan a convencer a la Iglesia y a los católicos respecto a la necesidad de poner en práctica la doctrina social de la Iglesia. “El mundo católico ha descuidado notablemente -escribe en 1933- la parte social de su formación. Es una laguna que hay que llenar”. “La educación de las masas” en la doctrina social de la Iglesia “es un punto importantísimo para reconquistar el mundo obrero, descarriado e ignorante”. El padre Vives cuestiona el sistema educacional y sobre todo a los colegios católicos, en los cuales considera que importa más “la música o la gimnasia sueca” que “la doctrina social de la Iglesia”. Refiriéndose a las desigualdades y a la injusticia social, señala: “No se sabe y se tiene miedo a saber, se prefiere no informarse por temor de avergonzarse delante de la Iglesia”259. Recalca el valor

258 Fernando Vives Solar, “Correspondencia especial: el comunismo soviético”, Revista Católica, Nº 658, Santiago de Chile, 25 de mayo de 1929. 259 Fernando Vives Solar, “La cuestión social y la Iglesia”, La Unión, 18 de mayo de 1933, en Escritos del padre Fernando Vives Solar (Recopilación a cargo de Rafael Sagredo), Santiago de Chile, 1993.

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de la solidaridad con los más pobres y las acciones que tienden al bien común como preocupaciones centrales del catolicismo social, ideas que según el autor han sido marginadas desde la Revolución Francesa y la laicización del Estado, generando un ambiente de individualidad y escasa solidaridad. “La revolución (francesa) destruyó desde los cimientos (el) magnífico edificio católico-social. La secularización fue una operación muy simple, el Estado dijo a la Iglesia: quítate tú para ponerme yo”260. Insta a católicos y a sectores “acomodados” a intervenir en los problemas sociales con urgencia: “Si las clases acomodadas dirigen el movimiento con espíritu de generosidad y de justicia, pasaremos el abismo sin catástrofe; si quieren desconocer el problema y su solución, las masas organizadas como torrente devastador invadirán el campo, destruyendo la sociedad actual hasta en sus más profundos cimientos”261. Se conjugan en estas ideas del padre Vives el pensamiento reformista del discurso de Arturo Alessandri, la doctrina social de la Iglesia y la idea de restauración de la clase dirigente, que a la sazón planteaban sectores del pensamiento conservador. El padre Vives, tal como las encíclicas Rerum Novarum y Cuadragesimo Anno, establece las diferencias entre cristianismo social y socialismo. Y lo hace en el año de la república socialista, advirtiendo que en el programa del nuevo gobierno “nada hay que pueda ser tomado como socialismo verdadero, o sea, de aquel que es inaceptable para un católico”. Señala que la contradicción fundamental entre ambas doctrinas es que “el socialismo es materialista y el catolicismo, espiritualista. El socialismo prescinde del origen y del fin sobrenatural del hombre”262. Para el catolicismo, el derecho de propiedad es sagrado por ser un derecho natural, mientras para el socialismo éste derecho no existe. Sin embargo, establece también puntos de contacto entre ambas doctrinas: señala que tanto el catolicismo como el socialismo convergen en la transformación social que anhelan. Citando al papa Pio XI, dice:

260 La Unión, Santiago de Chile, 10 de junio de 1932, en Escritos del padre Fernando Vives Solar, op. cit. 261 La Unión, Santiago de Chile, 6 febrero de 1932, en Escritos del Padre Fernando Vives Solar, op. cit. 262 Fernando Vives Solar “Socialismo y cristianismo ¿son términos contradictorios?”, Revista Católica, Nº 728, 23 de julio de 1932, Santiago de Chile.

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“Diríase que aterrado por los principios y consecuencias que se siguen del comunismo, el socialismo se inclina y en cierto modo avanza hacia las verdades que la tradición cristiana ha enseñado siempre solemnemente, pues no se puede negar que sus peticiones se acercan mucho a las de quienes desean reformar la sociedad conforme a los principios cristianos”263.

Alberto Hurtado, discípulo del padre Vives, y hoy día canonizado como Santo de la Iglesia, sostiene ideas similares a su profesor y director espiritual, pero también va bastante más allá. Cuestionando, por ejemplo, de modo más radical al sistema capitalista, reflexiona extensamente sobre el sindicalismo como instrumento de defensa e identidad de los obreros; aunque no la aprueba, reconoce la lucha de clases y utiliza a menudo un léxico que en algunos aspectos se aproxima al léxico marxista. Refiriéndose a los males del capitalismo, recoge palabras del papa León XIII, para quien el sistema capitalista es un régimen en que se han acumulado las riquezas en muy pocos y empobrecido a la multitud, la cual ha quedado indefensa ante el capital. Previo a la actual organización económico capitalista existió un orden social conforme a la recta razón, que habría sido destruido por el actual sistema. El capitalismo -señala- viola el recto orden de la justicia cuando el capital esclaviza a la clase obrera264. Alberto Hurtado sostiene que el liberalismo, promoviendo ansias de riquezas sin límites, atropelló todos los escrúpulos y llegó a constituir una verdadera ciencia económica distanciada de la ley moral. Sostiene que es el régimen liberal el que ha preparado el terreno para la irrupción del comunismo, dejando hundido al mundo en una triste ruina: “La fe y la moral de los obreros sufrieron horriblemente en las fábricas dominadas por la mentalidad capitalista”265, señala en 1947. Pero el Padre Hurtado no se queda solo en el diagnóstico de los males del capitalismo, sino que propone también remedios encaminados a realizar la unidad del cuerpo social: habrá que frenar -dice- y ponerle ciertos límites a la libre concurrencia, principio de la ciencia económica individualista (así

Ibíd. Alberto Hurtado, El orden social cristiano en los documentos de la jerarquía católica, Santiago de Chile, 1947. 265 Ibíd. 263 264

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llama al régimen de mercado), que desconoce el carácter social y moral del mundo económico. Señala que, puesto que el régimen económico moderno descansa principalmente sobre el capital y el trabajo, deben conocerse y ponerse en práctica los preceptos de la recta razón o de la filosofía social cristiana, que conciernen a ambos elementos y a su mutua colaboración. “Hay que regular las relaciones entre socialismo e individualismo”, basándose en las leyes y la caridad cristiana. “El liberalismo y el laicismo carecen de sólidos fundamentos… son edificios mal construidos… no tienen una base segura pues no se apoyan en la figura de Jesucristo”. Es importantísimo -señala- que los poderes, sobre todo el económico, estén efectivamente sometidos a la autoridad pública y a las reglas de la justicia, para que así la actividad económica, fundamental en un sistema social, se encuadre dentro de un orden de vida sano y bien equilibrado266. Alberto Hurtado sostiene que las ideas que él plantea están presentes en la encíclica Rerum Novarum de 1891, en la que el papa León XIII, en plena época del liberalismo, defendió la agremiación obrera. De allí surgieron -dice- todo tipo de organizaciones e ideas; “la acción de Rerum Novarum fue tan fecunda que merece ser considerada como la carta magna de la acción social” 267. En esta línea se va a ocupar, tanto intelectualmente como en la práctica, de promover el sindicalismo, entendiendo que los sindicatos constituyen un instrumento fundamental para resolver los problemas de la clase obrera con espíritu cristiano y a favor de la paz social268. Considera que la redención del proletariado es una acción que debe ser encarada por toda la sociedad con prontitud, lo que solo podrá llevarse a cabo si se forma un movimiento sindical fuerte, consciente y disciplinado. Su libro Sindicalismo: historia, teoría práctica (1950) tiene por objetivo fundamental explicar lo que él y la doctrina social de la Iglesia entienden por un “sindicalismo fuerte, consciente y disciplinado”269.

Ibíd. Ibíd. 268 Alberto Hurtado, Sindicalismo: historia, teoría, práctica, Santiago de Chile, 1950. 269 Ibíd. 266 267

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Es un decidido promotor del sindicalismo en la medida en que es un instrumento eficaz para defender los intereses de los asociados, pero también un mecanismo para establecer el entendimiento entre patrones y asalariados, para instaurar la paz social y el bienestar de los trabajadores y, en consecuencia, de toda la sociedad. Asociarse -dice, citando la Rerum Novarum de León XIII- es un derecho natural y legítimo del hombre. Apunta con el dedo a los enemigos del sindicalismo, a industriales, comerciantes y patrones que prefieren reglar los salarios de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda. También a quienes ven en el sindicato solo un sinónimo de la revolución, la huelga y la anarquía. Para ellos, “toda organización obrera -dice- aunque la organice el párroco, ha de terminar en manos de los comunistas”270. Alberto Hurtado distingue varios tipos de sindicalismo: en primer lugar, el revolucionario, que pretende liquidar el sistema. Señala que el marxismo, una vez llegado al poder, como es el caso de la URSS, deja de considerar el sindicalismo como un medio de reivindicación y “pasa a servirse de él como un marco que encuadra y disciplina a las masas trabajadoras orientándolas hacia una más intensa producción”271. En segundo lugar, estaría el sindicalismo reformista, que busca un entendimiento con los patrones y “pretende humanizar el régimen existente de una manera constante, positiva, dejando al porvenir el cuidado de mejorar la condición proletaria” y la renovación social. Finalmente, existiría un sindicalismo oportunista (aquel que solo busca finalidades inmediatas y de corto alcance, como el salario) y el sindicalismo realista (aquel que condiciona sus exigencias inmediatas a las posibilidades reales y que lucha por una reforma que haga más humana la condición del asalariado). Este último busca, tal como el sindicalismo reformista, no exacerbar la lucha de clases, sino suprimir sus causas, desarrollando una auténtica democracia, sin superioridad de unos sobre otros. El Padre Hurtado valora y concibe como sindicalismo “fuerte, consciente y disciplinado” al sindicalismo reformista y al realista, ambos recurren a la huelga solo en casos extremos y como último recurso. En general, se manifiesta contrario a ese recurso en la medida en que ocasiona enormes daños para los propios asociados y para miles de otros hogares del país. La Iglesia, señala, debe propiciar y apoyar abiertamente al sindicalismo

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realista con propósitos reformistas, el cual se constituye en un instrumento para la redención de los trabajadores, para la concordia y la paz social. En Moral social, obra escrita en 1952, año de su muerte, pero publicada póstumamente en el 2004, el Padre Hurtado insiste con mayor radicalidad en algunos de sus planteamientos anteriores. Su diagnóstico abarca ahora no solo la relación capital-trabajo, patrón-obrero, sino también los términos de intercambio desfavorables entre países, entre las actividades de la industria y de la agricultura, entre la extracción de materias primas y la transformación de las mismas. Llama la atención sobre los sectores marginales de las grandes ciudades, los campamentos y las poblaciones callampas que se repiten con distintos nombres en América Latina, y que constituyen -dice- un doloroso escándalo. Sobre la injusta distribución de la riqueza, cita la encíclica Quadragesimo Anno de Pío XI, apuntando al capitalismo salvaje y al darwinismo económico como factores que subyacen a la injusticia social: “Esta acumulación de poder y de recursos, nota casi originaria de la economía moderna, es el fruto que naturalmente produjo la libertad infinita de los competidores, que solo dejó supervivientes a los más poderosos, que es a menudo lo mismo que decir los que luchan más violentamente, los que menos cuidan de su conciencia. A su vez, esta concentración de riquezas y de fuerzas produce tres clases de conflicto: la lucha primero se encamina a alcanzar ese potentado económico; luego se inicia una fiera batalla a fin de obtener el predominio sobre el poder público, y consecuentemente de poder abusar de sus fuerzas e influencias en los conflictos económicos; finalmente, se entabla el combate en el campo internacional, en el que luchan los Estados pretendiendo usar su fuerza y poder político para favorecer las utilidades económicas de sus respectivos súbditos o, por el contrario, haciendo que las fuerzas y el poder económico sean los que resuelvan las controversias políticas entre las naciones”. “¿Quién no comprende al escuchar estas palabras del Papa -pregunta el padre Hurtado- multitud de hechos de nuestra organización económica contemporánea; quién no ve en ellas la historia íntima de tantas tragedias políticas que han llegado hasta la sangre en nuestros países y en el mundo entero; quién no descubre en sus tristes advertencias la clave de los últimos conflictos internacionales?” 272.

272 Alberto Hurtado, Moral Social. Obra Póstuma del Padre Hurtado S. J., Santiago de Chile, 2004.

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Distingue también en su última obra diferentes clases sociales: las clases dirigentes, “que algunos llaman -dice- impropiamente superiores”; las clases medias formadas por profesionales, empleados, pequeños rentistas y pequeños propietarios; y la clase obrera formada por los trabajadores del campo o la ciudad. “La redención del proletariado -afirma- solo puede realizarla el proletario. No puede esperarla de la iniciativa espontánea de sus patrones que miran principalmente a sus propios intereses, ni del Estado, sin vender su libertad”273. Es firme partidario de la armonía y la paz social entre estos distintos sectores: “En el cuerpo de Cristo que es la Iglesia -dice- no hay mayores ni menores, sino miembros que ejercitan distintas funciones”. Aunque en estos diagnósticos y en el supuesto de la necesidad de transformación de la sociedad hay puntos de contacto con el pensamiento marxista, constantemente el padre Alberto Hurtado señala las diferencias. Por ejemplo, dice que la teoría marxista, al considerar que el sustrato último de todo problema social y de la conciencia humana son las relaciones económicas y de producción, se desentiende de las ideologías y desconoce la importancia de la opinión pública y del imaginario social, lo que constituye -señala- una “limitante para la comprensión de la cuestión social”. Critica también a la teoría y al pensamiento marxista en la medida en que toda referencia a lo eterno le parece una hipocresía; el marxismo, dice, “no reconoce ningún valor que pueda juzgar al hombre desde el exterior y desde lo alto”. Critica también la concepción teleológica y mesiánica de la historia en una línea predeterminada, la idea de la historia como un fenómeno cuyo desarrollo se conoce de antemano; aspecto en que se evidencia cierta contradicción, puesto que tanto en los escritos del padre Vives como del Padre Hurtado se reafirma aquí y allá la idea de que el acontecer histórico, desde la propia creación, responde a un camino preestablecido presente en el metarrelato católico. Por otra parte, en los escritos del Padre Hurtado hay temas valóricos tratados conforme al tradicionalismo católico enemigo de la modernidad, como por ejemplo, en la década del cuarenta escribe un folleto sobre el cine, al que considera un desborde de sexualidad vacío de ideas, recomendando a niños y adolescentes abstenerse del biógrafo (diversión que cataloga

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de insana), dándole preferencia al deporte, los paseos y, en general, a las actividades al aire libre274. En definitiva, en el pensamiento del Padre Hurtado se manifiesta una doctrina social cristiana avanzada, plenamente instalada en una escenificación del tiempo histórico nacional en clave de transformación, pero con una óptica situada en el polo reformista. Sin embargo, en su obra se da un constante diálogo -con filtros- con el polo de la revolución y el marxismo, conviviendo también con puntos de vista conservadores en temas valóricos o de dogma religioso. La doctrina social cristiana, tal como la entendió el Padre Hurtado, va a dejar una herencia significativa en pensamiento y en acción, uno de cuyos legados fue el Hogar de Cristo, y en el área sindical, un líder católico destacado como Clotario Blest, en cuya postura como presidente de la CUT (Central Única de Trabajadores) confluían el pensamiento marxista con el social cristiano (incluso en su aspecto físico, con su larga barba blanca, Clotario Blest aparece como una mezcla de Jesucristo, de Marx, de Tolstoy y de Solschentizin). En algunos de sus discursos, Clotario Blest sitúa al proletariado como sujeto histórico protagónico: “La humanidad -dice- vive incuestionablemente una situación revolucionaria, cuyo principal actor es el proletariado”. A fines de la década del cincuenta, el dirigente afirmaba que solo a través de la lucha directa y de conjunto será posible “quebrarle la mano al intransigente gobierno del más genuino representante del capitalismo criollo: Jorge Alessandri Rodríguez”275. Hacia la década del sesenta, en tiempos de la revolución en libertad de Eduardo Frei Montalva y de la revolución a la chilena de Salvador Allende, ya no serán solo algunas figuras de la Iglesia las que plantean y practican la doctrina social de la Iglesia, sino que sus máximas autoridades y la Conferencia Episcopal, que representa la voz oficial. En 1970, en una intervención del cardenal arzobispo de Santiago, monseñor Raúl Silva Henríquez, titulada “Iglesia, sacerdocio y política”, este sostiene que la Iglesia no se desvincula de la política, sino que, por el contrario,

Alberto Hurtado, Cine y moral, Valparaíso, 1943. Textos citados por Luis Vitale, Los discursos de Clotario Blest y la revolución chilena, Santiago de Chile, 1961. 274 275

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se muestra atenta y participativa frente a la circunstancia de cambios que vive el país”. “Un cristiano -dice- no deja de ser ciudadano”. Sin embargo, señala que esta participación no está ni debe estar ligada a estructuras partidarias276, idea que es reafirmada en un documento de la Asamblea Plenaria del Episcopado en pleno régimen de la Unidad Popular, aclarando que si bien la Iglesia se distancia de las estructuras partidarias, no deja de reconocer la importancia de participar en otras instancias organizativas: “La vida nacional -señalan los obispos- no se forja totalmente en el seno de ningún partido político, sino en organismos donde concurren representantes de todas las corrientes, como deben ser los organismos de gobierno… o administrativos, los centros de planificación y, especialmente aquellos que se denominan estructuras intermedias y que constituyen la trama vital de la sociedad: los sindicatos, institutos de educación, escuelas, juntas de vecinos, centros de madres, organizaciones culturales, etc.… es aquí donde los cristianos deben unirse en la lucha por los valores humanizantes y personalizantes”.

La idea de la lucha de clases se unía con la lucha del hombre en contra de los bienes y las cosas que lo enajenan. El concepto de alienación no era ajeno al pensamiento cristiano. En la lucha social confluían una dimensión interior con una exterior 277. En el documento “Evangelio, política y socialismos”, los obispos reafirman: “Los efectos liberadores del Evangelio”, que deben ser “integralmente vividos” para que repercutan… “en el ambiente social, cultural, y político”… “Si de verdad amamos a los pobres, este amor debe mostrarse eficazmente liberador y traducirse en la superación audaz y profunda de

276 Cardenal Raúl Silva Henríquez, “Iglesia, sacerdocio y política”, Intervención en Teletrece, lunes 20 de julio de 1970, en Documentos del Episcopado. Chile 1970-1973, Santiago de Chile, 1974. 277 Marx y América Latina (varios autores, entre otros, Jaime Concha y José Arico). Centro de Estudios para el Desarrollo y la Participación, Lima, 1980.

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todas aquellas estructuras injustas que actualmente oprimen a gran parte de nuestro pueblo y aparecen como causa de marginación y miseria”278.

En definitiva, la Asamblea Plenaria de Obispos convoca a los católicos a una participación activa en la política desde el movimiento social y la sociedad civil 279. Estas orientaciones resultan fundamentales en la constitución de un sujeto popular cristiano en los ámbitos poblacional urbano y campesino, un sujeto llamado a ser participante activo de los cambios. Se trata de una apelación que será fundamental en la constitución de comunidades eclesiales de base, comunidades que luego de 1973 desempeñaron un rol importante en la defensa de los derechos humanos y en la lucha contra la dictadura. En 1971, el cardenal Silva Henríquez, reconociendo cierta confluencia entre marxismo y cristianismo, afirmó que “en el socialismo hay más valores evangélicos que en el capitalismo”280. Se trata de una Iglesia de avanzada que tiene antecedentes internacionales y repercusiones locales: en 1962, el Concilio Vaticano II y el papa Juan XXIII, profundizando las encíclicas Rerum Novarum y Quadragesimo Anno, abrieron el mundo de la Iglesia a la vinculación con la política y a la transformación de la sociedad. Es una década en que germina y se manifiesta en América Latina la Teología de la Liberación, con la presencia y el pensamiento, entre otros, de teólogos chilenos como Ronaldo Muñoz y Pablo Richards. Son los años en que llega a Chile Paulo Freire y su Pedagogía del oprimido (1968), con planteamientos que rompen los enfoques paternalistas y asistencialistas del catolicismo conservador281. Ideas todas que influyen en el movimiento de curas obreros que asumen un compromiso de vida

278 “Evangelio, política y socialismos”. Documento de trabajo propuesto por los obispos de Chile, Santiago, 27 de mayo de 1971 (producto de Asamblea Plenaria realizada en Temuco del 15 al 22 de abril, 1971), en Documentos del Episcopado. Chile 1970-1973, Santiago de Chile, 1974. 279 “Evangelio, política y socialismos”, en Documentos del Episcopado. Chile 19701973, op. cit. 280 Citado por Irma Bravo y Felip Gascón, “Cristianismo y marxismo en Chile”, Artigos, PCLA, Nº 3, julio-agosto, España, 2003. Mencionan como fuente a Jaime Ruiz Tagle, “Cristianos, sacerdotes y política”, Revista Mensaje, Nº 198, Santiago de Chile, Mayo, 1971. 281 Irma Bravo y Felip Gascon, “Cristianismo y marxismo en Chile”, op. cit.

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cotidiana, instalándose en poblaciones y campamentos, y también en el Movimiento Obrero de Acción Católica y en el movimiento de Cristianos por el Socialismo. Cabe señalar que la Iglesia de la época hace una distinción entre socialismo y marxismo, señalando que no necesariamente deben coincidir. Esta postura, producto de una Asamblea Plenaria del Episcopado, aparece también en la “Carta a los sacerdotes (chilenos)” que había sido firmada como un “Mensaje a los Cristianos de América Latina”, en La Habana, el 3 de marzo de 1971. En ella se expresa la postura de la Iglesia frente a la situación política, distanciada de las militancias partidarias o de asumir en plenitud el ideario marxista, pero consciente de la necesidad de manifestarse y participar en la construcción de una sociedad más justa. “Creemos -dice la carta- que los sacerdotes y todos los cristianos deben trabajar generosamente por una sociedad… que permita la igualdad de opciones, obligaciones y derechos a todos los miembros de la comunidad chilena y propiciar cambios audaces y urgentes para desterrar las injusticias y hacer que los servicios de educación, trabajo, descanso, alimentación y salud estén al alcance de todos…”

Los obispos reprueban, sin embargo, la actitud político-partidista sostenida por el grupo de sacerdotes y aspirantes al sacerdocio que redactaron la carta firmada en La Habana en 1971282. A pesar de que la Iglesia por varios años enfatizó a sus miembros del clero sobre la necesidad de mantenerse alejados del plano de la adhesión político partidaria explícita, no dudó en hacer una defensa pública de uno de sus presbíteros, el padre Raúl Hasbún, quien tuvo una participación que puede calificarse de político partidaria y que fue acusado por el poeta Pablo Neruda de estar involucrado en la muerte de un obrero en Concepción, en un asunto netamente político283. En definitiva, la

282 “Carta a los sacerdotes que firmaron el Mensaje a los Cristianos de América Latina en La Habana, el 3 de marzo de 1971”. Asamblea Plenaria del Episcopado. Punta de Tralca, 11 de abril de 1972, en Documentos del Episcopado. Chile 1970-1973, op. cit. 283 “Carta de adhesión al Presbítero Sr. Raúl Hasbún”. Asamblea Plenaria del Episcopado. Punta de Tralca, 11 de abril de 1973, en Documentos del Episcopado. Chile 1970-1973, op. cit.

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voz oficial de la Iglesia, conjugando energías políticas y religiosas, se inscribió plenamente en la idea de un cristianismo liberador; se trataba, según su propia voz -un mes antes del golpe militar- de continuar en la tierra “la misión de Cristo y liberar a todos los hombres de todas las esclavitudes a que los tienen sujetos el pecado, la ignorancia, la miseria y la opresión, en una palabra, la injusticia y el odio que tienen su origen en el egoísmo humano”284. Paralelamente, trata de mantener la unidad y cohesión como Iglesia, lo que la llevó a cuestionar al grupo de Cristianos por el Socialismo, debido a que otorgaban una excesiva función social a la Iglesia, introduciendo su nombre y potencial congregador en las luchas y reivindicaciones políticas contingentes. Todo ello, por cierto, la hizo caer en contradicciones internas que no son muy diferentes a las que vivieron algunos partidos políticos de la época.

i) Cristianismo y marxismo: un testimonio Más allá de las posturas oficiales de la Iglesia, se dieron también posturas y situaciones particulares de miembros del clero que constituyen un testimonio vivo de la interacción entre cristianismo y marxismo. Un caso significativo es el del padre Esteban Gumucio, hijo de un dirigente conservador con gran sentido social y simpatía por la Falange. El padre Gumucio es, a su vez, hermano de un destacado político democratacristiano que abandonó ese partido para formar la Izquierda Cristiana e integrarse a la Unidad Popular. El padre Esteban Gumucio fue ordenado sacerdote en 1938 y elegido en 1947 superior provincial de la Orden de los Sagrados Corazones, cargo que ocupó hasta 1953. En 1955, siendo Maestro de Novicios, recuerda que en esa época “la inquietud por los pobres fue creciendo entre nosotros”, “el anhelo era servir a los pobres con una obra entre los pobres”285. En la década de los sesenta, el padre Gumucio señala que en la Congregación se hizo cada vez más presente el tema de la inserción y compromiso social con los pobres, hasta que en 1963,

284 “Fe cristiana y actuación política”. Conferencia Episcopal de Chile, Santiago, agosto de 1973, publicación hecha el 16 de octubre de 1973. En Documentos del Episcopado. Chile 1970-1973, op. cit. 285 Cristián Venegas y Enrique Moreno, Conversaciones con Esteban Gumucio, Congregación Sagrados Corazones, Santiago de Chile, 2000.

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el Provincial aceptó la realización de un trabajo permanente de la Congregación en la población Joao Goulart, en la zona sur de Santiago. Cuatro o cinco sacerdotes se insertaron en el sector en el paradero 18 de Santa Rosa, viviendo in situ la pobreza: “lo único que teníamos para movilizarnos -recuerda- era una bicicleta”. Se dedicaron a ayudar a los pobladores en distintos trabajos y a la formación de comunidades eclesiales de base, siguiendo la apertura al mundo de la Iglesia post Concilio Vaticano II, así como también en plena sintonía con lo que estaba ocurriendo en el país: “Había empezado -recuerda el Padre Gumucio- un camino de mayor toma de conciencia social por parte de la gente; los trabajadores se iban haciendo más conscientes de su dignidad y también de su poder, (el mismo) gobierno de Frei (Montalva) favoreció la creación de instituciones y organizaciones populares que antes no existían: los centros de madres y las juntas de vecinos… solo en la población Joao Goulart había unos 40 centros de madres… yo estuve muy ligado a todo eso… las mujeres eran las que más luchaban… ellas siempre estaban al frente de todas las necesidades… que el agua potable, que la pavimentación, la atención de salud, la educación, las viviendas mismas… Ellas se movían por todo”286.

Ya avanzada la década del sesenta recuerda que: El “ambiente se politizó mucho… había -dice- un clima de aspiraciones crecientes y los partidos socialistas, comunista y demócrata cristiano, tenían, al menos en sus principios, el anhelo de que el pueblo llegará al poder… Ese ambiente se palpaba. Había mucha esperanza. Por eso el hecho de que Allende llegara a ser Presidente… fue la conclusión de un proceso”.

Luego se refiere al período de 1970 a 1973: “En nuestra zona sur (que comprendía las comunas de la Granja, La Florida y lo que hoy es La Pintana) los sacerdotes teníamos una actitud de mayor avanzada respecto del movimiento social… Cercana a las posturas de la izquierda en que el marxismo era importante… surgió la inquietud

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por estudiar el marxismo… Se formó el grupo de los 80 y organizamos un curso que lo dio el Padre Gonzalo Arroyo (jesuita)… Algunas cosas del análisis marxista me parecían verdaderas. No el fondo materialista, ni la historia como una especie de fatalidad… era crítico frente a eso… pero me parecía posible caminar juntos tras algunos objetivos, como las conquistas sociales para los pobres”287.

El padre Gumucio fue uno entre cientos de sacerdotes, tanto chilenos como extranjeros, que vivieron una experiencia más o menos similar. Luego del golpe militar, a algunos les tocó vivir en carne propia la violación a los más elementales derechos humanos, otros, incluida la jerarquía eclesiástica, la Conferencia Episcopal y el cardenal Raúl Silva Henríquez, jugaron un rol destacado en la defensa de los derechos vulnerados, primero creando el Comité de Cooperación por la Paz o Comité Pro Paz, organización ecuménica que luego derivó en la Vicaría de Solidaridad, organismo en que participaron miembros del clero y laicos, marxistas y católicos, hombres, mujeres y jóvenes, militantes comunistas, socialistas, democratacristianos e independientes. Otro tanto puede decirse de las comunidades eclesiales de base. Tal como sucedió en el plano político, con el regreso a la democracia, la crisis del marxismo y del socialismo, esa mística quedó concentrada solamente en los familiares más inmediatos de los que desaparecieron o de los que vieron sus derechos dramáticamente vulnerados. En el resto, incluida la Iglesia, esa mística se fue -como fuego de campamento- paulatinamente apagando. Cabe señalar, empero, que este diálogo entre pensamiento social cristiano y marxismo tuvo también una amplia expresión artística y cultural, sobre todo en la música y en la liturgia. En 1968, Los sicodélicos componen y estrenan “La Misa para la Gente Joven”, primera misa rock compuesta en el país, que incluye textos que abordan el tema de la guerra de Vietnam y otros temas políticos candentes de la época. La liturgia se tornó más participativa y menos autoritaria; se incorporan instrumentos como la guitarra y otros, e incluso la Misa Chilena, de Fidel Sepúlveda y Fernando Carrasco, estrenada en 1998, incorpora resonancias de la Nueva Canción Chilena y de “Gracias a la Vida”, de

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Violeta Parra. Una vez más comprobamos que también en este ámbito las energías políticas dinamizaron las energías culturales, incluso aquellas propiamente religiosas que alimentaban la liturgia.

j) Pensamiento antimarxista El pensamiento marxista y la escenificación de un tiempo histórico de transformación de la sociedad, si bien fue hegemónico en Chile hasta la década de los setenta, estuvo siempre acompañado -en el debate intelectual y partidario- por su correlato contrahegmónico: el antimarxismo, avalado por una concepción teológica de la historia pre-ilustración. Desde las primeras décadas del siglo, el Partido Conservador planteaba que para corregir el problema de la pobreza y la “cuestión social” no se requería de una transformación de la sociedad, ni menos de un cambio de sistema. Todo era cuestión de fraternidad, de impulsar el amor entre los de arriba y los de abajo. El camino para reparar las injusticias sociales era el de la caridad, tanto personal como de las organizaciones, dirigida a ayudar al pobre y a la Iglesia. “Virtud, abnegación y fraternidad sincera”, sumadas a la caridad, era el programa para que no existieran ni opresores ni oprimidos. Así lo planteaba la voz oficial del Partido Conservador, Carlos Walker Martínez, en la Convención Nacional del partido en diciembre de 1901288. Esta línea de pensamiento -coincidente en esos años con la postura oficial de la Iglesia católica- va a ganar en sofisticación después de la crisis de 1930, luego de que durante un par de décadas el movimiento social hizo evidente que la caridad, aunque podía contribuir a paliar la desigualdad, no bastaba. El pensamiento de derecha de mayor densidad intelectual de esos años se canaliza en la revista Estudios, publicación con una trayectoria que abarca desde 1932 hasta 1957. Se trata de una revista mensual, dirigida por Jaime Eyzaguirre y animada, entre otros, por el padre Osvaldo Lira, Julio Philippi, Roque Esteban Scarpa, Clemente Pérez y Jaime Larraín. En lo ideológico, se define por su adhesión integral

288 Citado por Guillermo Feliú Cruz, “La evolución política, económica y social de Chile”, Anales. Universidad de Chile, Santiago de Chile, 1960.

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a un modelo político-económico corporativo, crítico de la teoría liberal democrática y comprometido con el tradicionalismo hispánico. En el plano internacional se plantean críticamente frente a Manuel Azaña y a la República Española, admiran las ideas de Gil Blas y, más tarde, la política franquista289. Se trata de un pensamiento que percibe a la ilustración, al individualismo y al liberalismo como la alfombra ideológica que posibilitó el marxismo. Son críticos de la modernidad y contrarios al keynesianismo y a la intervención estatal en la economía. Comparten la idea weberiana de que a mayor modernización, menor religión. Se caracterizan también por la confluencia de un modelo corporativo autoritario con algunos aspectos de la doctrina social de la Iglesia planteados en la encíclica Quadragesimo Anno de Pío XI (1931)290. Se trata de un pensamiento autoritario y corporativista, en la medida en que plantea una crítica al sufragio universal como un método que no garantiza la selección de los mejores. Siguiendo a Rerum Novarum, culpan al liberalismo -pero no al capitalismo, en lo que difieren de la encíclica- de ser el factor determinante de la conducta social imprudente de la clase dominante, de una oligarquía egoísta que ha ocasionado el fermento de la emancipación política en el pueblo. Reconocen que el orden oligárquico debe ser rectificado, pero que son las fuerzas vivas, los gremios y la doctrina social de la Iglesia los que deben jugar un rol fundamental en ese proceso. Son partidarios, en consecuencia, de una sociedad orgánica, con una clase dirigente restaurada sobre la base de las fuerzas vivas de la nación, en un modelo corporativo, jerárquico y autoritario -rescatan la figura de Portales- en una idea del orden y de las jerarquías que se aproxima a la concepción medieval291. Un estudio reciente de la historiadora Isabel Jara plantea, con documentos, que el pensamiento de integristas hispanos como Vázquez

Gonzalo Catalán, “Notas sobre proyectos corporativos en Chile: la revista Estudios 1933-1938”, en José Joaquín Brunner y Gonzalo Catalán, Cinco estudios sobre cultura y sociedad, FLACSO, Santiago, 1985. 290 La encíclica habla del “imperialismo económico” y del “imperialismo internacional del dinero”; critica la especulación en el mercado salvaje de tiburones que se comen a las sardinas; ve como escollos el individualismo y el socialismo; critica el materialismo convertido en comunismo; percibe a la modernización como responsable del creciente paganismo; y postula como solución la filosofía social cristiana. 291 Gonzalo Catalán, “Notas sobre proyectos corporativos en Chile”, op. cit. 289

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de Mella, Ramiro de Maeztu y Gonzalo Fernández de la Mora fue apropiado por intelectuales e instituciones chilenas de la época (Jaime Eyzaguirre, Arturo Fontaine Aldunate, Sergio Fernández Larraín, el padre Osvaldo Lira, Julio Philippi, el padre Florencio Infante, Juan de Dios Vial Larraín, Juan Antonio Widow, el Instituto Chileno de Cultura Hispánica, las Academias Chilenas de la Lengua y de la Historia, entre otros). Este pensamiento de integristas hispanos es una oferta intelectual europea que se caracterizó por su dogmatismo religioso, la exaltación nacionalista, la nostalgia aristocratizante y un mesianismo antidemocrático, rasgos que, más adelante, se instalarían -vía el pensamiento de Jaime Guzmán- en el régimen de facto del presidente Pinochet292. La revista Estudios condenó siempre al marxismo; con respecto al avance del comunismo, Jaime Eyzaguirre escribió: “Nuestro pueblo está envenenado, sin duda, por la práctica insidiosa del marxismo, pero si no le proporcionamos otro ideal, y si ese ideal no lo saca de la postración y del envilecimiento en que vegeta, haremos de los delincuentes, mártires, y de los engañados, víctimas inocentes que aguardarán sin descanso el día de la justicia”. Eyzaguirre señala que el marxismo “no ha crecido en Chile únicamente porque voces forasteras… han soplado su doctrina en el oído de nuestros obreros”, se ha instalado también, señala, debido a que “una sociedad egoísta, injusta y carente de sentido fraternal” los ha abandonado293. Aunque Jaime Eyzaguirre y sus colaboradores se declaraban independientes en cuanto a militancia, muchas de sus ideas se encuentran en el pensamiento del Partido Conservador y en la revista Lircay, publicación de la juventud de ese partido, que circuló entre 1934 y 1940. El nombre de la revista es ya de por sí un homenaje a la derrota de los liberales en el siglo XIX y a la figura de Portales. “Contra el Estado absorbente -señala uno de los primeros números- nosotros levantamos la concepción de un Estado descentralizado, pluralista, con menos intervención directa en lo económico, pero con más poder político para promover el bien

292 Isabel Jara, De Franco a Pinochet. El proyecto cultural franquista en Chile 19361980, Santiago de Chile, 2007. 293 “Nota editorial”, Estudios, 176, Santiago de Chile, febrero, 1947.

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común de una sociedad organizada corporativamente”294. Perciben que en cuanto a ideas y concepciones filosóficas, hay solo dos doctrinas: el cristianismo, que defiende y promueve los valores del espíritu, y el marxismo, “la doctrina que no ve en el hombre elemento espiritual alguno y para quien la felicidad humana no tiene otro horizonte que la satisfacción directa de los instintos y necesidades materiales”295. Perciben también al liberalismo y a los errores de la clase dirigente como el contexto que pavimentó el camino al comunismo: “el problema del comunismo, que es la encarnación del materialismo absoluto y la consecuencia lógica de los errores liberales, debe ser abordado en su total amplitud para ser resuelto. Hay que considerarlo en todos sus aspectos: moral, intelectual, social, político y económico. Y hay que ir al fondo de la cuestión para extirparlo de raíz…” Hay que reconocer, señalan, que “sobre las sociedades contemporáneas se cierne en esta época el símbolo de la hoz y el martillo como castigo supremo por pecados largo tiempo acumulados”296. Están conscientes de la prevalencia de un imaginario de transformación de la sociedad inspirado en el marxismo: “Hay quienes no se dan cuenta del peligro marxista -dice una nota editorial de la revista- parecen ignorar que desde los establecimientos educacionales se está preparando la revolución futura; parecen desconocer la existencia de una prensa que está sembrando entre las masas el espíritu de revuelta y de anarquía; parecen olvidar, en fin, todos los factores, morales, políticos, económicos y sociales, que forman un ambiente propicio” para esa doctrina297. Para enfrentar este clima convocan a una restauración de la clase dirigente: “hoy, por hoy, ser derechista a outrance es ser reaccionario, caballero de capa y espada, plutócrata, latifundistas, etc. Pertenecen a ese grupo… quienes han sido cegados por sus intereses particulares… los mancos insensibles al dolor de los humildes”298 .

“Hacia un ideal político”, Lircay, Nº 6, Santiago de Chile, 24 de octubre de 1934. “Doctrinas políticas”, Lircay, Nº 10, Santiago de Chile, 8 de mayo de 1935. 296 Ibíd. 297 “La lucha contra el comunismo”, Lircay, Nº 44, Santiago de Chile, 5 de diciembre de 1936. 298 “Derecha e izquierda”, Lircay, Nº 11, Santiago de Chile, 29 de mayo de 1935. 294 295

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“La izquierda -afirman- solo se acabará… cuando otra fuerza política que pueda llamarse tal, y que dé muestras de interesarse… por la suerte del pueblo chileno, atraiga a sus componente por la convicción”. “No hay que olvidar -concluyen- que el socialismo no es solo una doctrina: es un movimiento social. Y es en este aspecto donde reside su fuerza”299.

A partir de algunas de estas ideas y de la no renovación de posturas en el Partido Conservador se va gestando la escisión de esa colectividad y el desgajamiento de la Falange (en la década del treinta), que se convertirá, más adelante, en 1957, en el Partido Demócrata Cristiano. Las ideas de estos grupos conservadores van a permanecer en el tiempo, reapareciendo con fuerza con el golpe militar, expresándose en medios de comunicación como la revista Qué Pasa de la época, o animando el pensamiento de la dictadura paralelamente con otras corrientes de pensamiento como la y el neoliberalismo. También en historiadores como Gonzalo Vial, en su Historia de Chile y en sus columnas en distintos periódicos y revistas, o en el único texto de marxismo que fue permitido en los años de censura previa; nos referimos a la Síntesis crítica del marxismo leninismo (1981), de José Miguel Ibáñez, crítico literario que ejerció como docente de marxismo del general Augusto Pinochet. Se trata también de ideas que van a reaparecer con fuerza durante la dictadura en la vida académica, amparadas incluso por la Universidad de Chile. Seminario de anti-marxismo Por ejemplo, en agosto de 1987, en pleno gobierno de Pinochet, se realizó en Santiago, convocado por la entonces militarmente intervenida Universidad de Chile, un seminario internacional con el título de “Latinoamérica frente al terrorismo”. El encuentro tuvo una extensa y amplia cobertura mediática y contó, según las fotos de la época, con una nutrida presencia de público uniformado. Los resultados de este encuentro fueron publicados en el libro “Latinoamérica frente al terrorismo”,

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“La lucha contra el comunismo”, Lircay, op. cit.

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financiado por la Oficina del Procurador General de la República300. El seminario escuchó, entre otras, las ponencias de José María Bordaberry, ex Presidente de Uruguay entre 1972 y 1976; del entonces general Luis Felipe Cisneros Vizquerra, del Perú, ex Ministro del Interior y de Guerra en los gobiernos del general Francisco Morales Bermúdez y de Fernando Belaúnde Terry, en las décadas del 60 y del 80, respectivamente; del abogado e integrante de la Ilustrísima Corte Suprema entre 1976 y 1983, y desde entonces hasta 1990 Ministro de Justicia del Régimen de Pinochet, Hugo Rosende; del periodista de El Mercurio y miembro de la Sociedad Interamericana de Prensa, Tomás Mc Hale; del cientista político chileno Andrés Benavente Urbina y del ex Procurador General de la República y abogado, Ambrosio Rodríguez. También del último Ministro de Relaciones Exteriores del régimen, Ricardo García Rodríguez. Considerando las coincidencias, los tópicos, el tono, las referencias históricas, el eje semántico y los puntos de vista comunes que circularon en el seminario, puede considerárselo, por su carácter compacto y monocorde, como una formación discursiva única, que tuvo como sujeto del discurso a la derecha antidemocrática y antimarxista latinoamericana de las últimas décadas del siglo XX. Un pensamiento de tinte corporativista y autoritario, que recoge y le da presencia a varios de los tópicos planteados por Jaime Eyzaguirre, por la revista Estudios, por Gonzalo Vial y por los sectores más conservadores de la derecha en las décadas previas a 1973. ¿Cuál fue el punto de enunciación de esta formación discursiva? ¿Desde qué lugar se habló en el seminario? El lugar epistémico desde donde se observó el fenómeno del terrorismo está señalado en la apertura del encuentro: el Rector Delegado de la Universidad, José Luís Federici, lo expresa claramente: “nuestra común posición frente a valores como la libertad, el orden, (el) respeto y la convivencia pacífica… nos ubica dentro de la denominada cultura cristiano-occidental”301. La idea de la defensa de los valores trascendentes vinculados al cristianismo y a la esencia divina del ser humano está en todos los ponentes, pero no solo como una postura declarativa. De esta esencia se desprenden consideraciones

300 Latinoamérica frente al terrorismo, Seminario realizado en Santiago de Chile. Editado por la Oficina del Abogado Procurador General, Santiago de Chile, 1987. 301 José Luis Federici, “Discurso inaugural del Seminario”, op. cit.

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sociopolíticas que alimentan las distintas posturas esgrimidas por los convocados. José María Bordaberry, el ex Presidente de Uruguay, distingue -con respecto a la libertad- por una parte los que llama derechos esenciales, como el derecho a la vida, al honor, a la dignidad personal, a la propiedad, al trabajo y a la familia; y por otra, los derechos que llama secundarios, que serían los derivados del uso libre de la razón, como la libertad de pensamiento, el sufragio universal, la libertad de reunión, la libertad de prensa, la tripartición del poder, etc. Los primeros corresponderían -sostiene el ex Presidente- a la libertad en sentido cristiano, son -dice- un don entregado por Dios, que distingue al hombre del resto de los seres vivos. Hasta la Revolución Francesa, el orden social se habría sustentado en estos principios esenciales y en una finalidad trascendente del ser humano, cual es su perfeccionamiento espiritual. Para el liberalismo posterior a 1789, en cambio, los principios derivados, que son, argumenta Bordaberry, de menor rango que los esenciales, habrían pasado a ser tan importantes como estos, abriendo así la puerta a las futuras utopías de la razón302. De allí el materialismo histórico y la fe ciega en la ingeniería social, fuentes de las que fluyen posturas que ignoran la trascendencia del ser humano y que justifican medios como el terrorismo y el extremismo. De estas consideraciones se deriva también la idea de que la patria y la bandera son conceptos vinculados a los principios esenciales, principios superiores, por lo tanto, a la Constitución, que es solo una construcción intelectual liberal vinculada a la razón y a los principios libertarios de menor rango. “Después que el racionalismo filosófico abandonó a Dios -señala uno de los ponentes- y lo sustituyó por la razón humana, tuvo que encontrar una base para radicar el poder y la encontró en una ficción: en el concepto de pueblo, ficción que sustituyó la antigua concepción que hacía emanar el poder de Dios”303. Para el general Cisneros Vizquerra, del Perú, la universidad, la prensa y también los “derechos humanos” serían instrumentos para el embate “contra los conceptos de Dios y de Patria”. Los que usan estos recursos,

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José María Bordaberry, “Terrorismo y democracia”, op. cit. Ibíd.

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dice, piensan que “Dios no existe, que el hombre ha creado a Dios y no Dios al hombre; que primero fue la materia y después el espíritu”304. Vincula luego estas ideas al pensamiento de José Carlos Mariátegui, fuente del comunismo peruano y del accionar subversivo en la zona de Ayacucho. Ahora bien, en la formación discursiva que estamos comentando, junto con esta postura epistémica que se autopercibe como cristiana y occidental, el discurso aquí y allá paga tributo a los valores del republicanismo y de la democracia, pero lo hace siempre con indisimulada reticencia y solo de modo declarativo, señalando también que esos valores debilitan la defensa de los valores esenciales y la lucha contra el materialismo extremo. Se trata de un mapa conceptual que tiene su filiación en el pensamiento conservador europeo, en autores que van desde Joseph de Maestre (1753-1821) a Gonzalo Fernández de la Mora (1924-2002) y Jean Francois Revel (1924-2006). Para todos los participantes, el terrorismo es únicamente una forma de agresión marxista. Hay largos análisis que se remontan a Lenin y al accionar de los partidos comunistas en América Latina, pasando por la Revolución cubana, por el Che Guevara y por el foquismo, por el sandinismo nicaragüense, por el oro de Moscú y por el atentado al general Pinochet, ocurrido en 1986305. Como explicita una de las ponencias, hablar en la década del ochenta de terrorismo es hablar de agresión marxista. “Si no se cree -dice un ponente- en la existencia de Dios, pero a pesar de ello se cree en la existencia del mal, la consecuencia es implacable, no teniendo el mal su fuente fuera del hombre, la tiene en el hombre”306. Y el mal que encarna una ideología que desconoce los valores esenciales del ser humano hay que combatirlo, eliminarlo; ronda también la metáfora del cáncer, del tumor y de la necesaria cirugía. De allí a la lógica de la guerra hay solo un paso. El discurso del Occidente cristiano anti-ilustración, y el regreso a las concepciones teológicas de la historia con intervención divina, se

304 Luis F. Cisneros V., “Problemas de una democracia en transición frente al terrorismo”, op. cit. 305 Andrés Benavente, “La insurrección en Chile: bases teóricas y conexiones políticas”, op. cit. 306 José María Bordaberry, citando a Marcel Clement, en “Terrorismo y democracia”, op. cit.

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hilvana entonces con otro discurso que circula en América Latina desde fines de la Segunda Guerra Mundial: el de la Guerra Fría y su derivado: la doctrina de Seguridad Nacional. Es la “nueva cruzada”. Llama la atención que en todo el seminario no haya ni una sola referencia a extremismos o terrorismos de otro origen, como por ejemplo, a los terrorismos de cuño nacionalista o regionalista, de corte religioso y fundamentalista, o étnicos y culturales, así como tampoco al ideario anarquista, y menos aún, al terrorismo de Estado o a posturas que explícitamente justifican la violencia que a veces ejerce o puede llegar a ejercer el aparato estatal. Llama también la atención cierta laxitud conceptual. Se utilizan indistintamente, como si fueran sinónimas, las voces de terrorismo, extremismo, subversión o accionar subversivo, así como también revolución, e incluso el concepto de insurrección. Como se sabe, y como lo indica el diccionario, cada una de estas voces apunta a un énfasis y a contenidos que, aunque son vecinos, son también diferentes. El extremismo, por ejemplo, es la tendencia a adoptar ideas extremas o exageradas, especialmente en la política, pero no solo en ella. Hablar de extremos conlleva implícita la idea de que quien habla está situado en el centro, en el justo medio. Subversión, en cambio, es la acción o efecto de subvertir o trastornar el orden, pero puede tener distintos grados que van desde interrumpir el tránsito mediante una manifestación o escribir un graffiti en una propiedad privada, hasta derrocar un régimen o a un Estado de derecho. Incluso hay justificaciones conceptuales destinadas a apoyar esta sinonimia y a otorgarle un blindaje al discurso antiterrorista frente a la posible argumentación de que este discurso “ve la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio”. El cientista político Andrés Benavente, para justificar el uso del concepto de insurrección como equivalente al de terrorismo, acude a la diferencia entre los conceptos de “insurrección” y “rebelión”. La insurrección -afirmaconsiste en un proceso que busca, por una parte, destruir el orden vigente, y por otra, fundar un nuevo orden social. Benavente distingue, por lo tanto, un respaldo teórico que sirve de fundamento al proceso de insurrección, respaldo que ha sido, dice, -en Chile y América Latina- el marxismo. La rebelión, en cambio, no tiene tras de sí un pensamiento coherente: es visceral y espontánea. La insurrección equivale a la revolución, busca por lo tanto institucionalizarse en un modelo de sociedad totalizante, mientras la rebelión, que es fruto de crisis políticas y de movilizaciones 210

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sociales, no sabe para dónde ir; cuando triunfa -señala Benavente- se detiene alelada, confusa en su mismo éxito. A partir de esta distinción conceptual, el estudioso excluye del ámbito del terrorismo a los golpes de Estado, puesto que serían solo rebeliones y no insurrecciones, como lo serían las que se han dado en Cuba y Nicaragua. Desde 1958, dice el autor, todas las experiencias insurrecciónales de América Latina, las exitosas y las fracasadas, reconocen una inspiración marxista307. Otro aspecto central del seminario, en que coinciden con el grupo de la revista Estudios, fue la idea de la debilidad e incapacidad de la democracia liberal en América Latina para enfrentar al marxismo y a las ideas extremistas. Esta indefensión tendría como causa de fondo al racionalismo filosófico y a los dogmas liberales y republicanos post 1789. Pero más allá de esta causa, habría en la propia democracia diversas instancias que en su funcionamiento constituyen una suerte de caballo de Troya para la “penetración marxista”. Entre ellas, el Parlamento, la prensa, la justicia, la autonomía universitaria y la libre circulación de ideas. Varios ponentes caracterizan al Parlamento como el lugar donde se instala el “brazo legal” de la insurrección marxista. En el modelo de la democracia tradicional resulta -dicen- imposible un Parlamento sin la presencia de partidos de izquierda o socialistas. En América Latina, señala el Ministro de Justicia de Chile, la aparición y fermento del terrorismo ha coincidido históricamente con la vuelta de un país a un sistema de democracia abierta y libre, constatación que invalida -según él- a quienes argumentan que el terrorismo y el marxismo son solo una reacción contra un sistema autoritario. Se va perfilando, así, frente a la “antigua democracia formal”, la idea de una democracia anti-civil, una democracia tutelada por las fuerzas armadas, las cuales serían expresión de la totalidad de la nación y la única instancia capaz de salvaguardar la estabilidad institucional y el orden público308. La universidad, sobre todo las universidades públicas o estatales, son otro bastión de las ideas extremistas309. En este sentido se justifica

307 Andrés Benavente, “La insurrección en Chile: bases teóricas y conexiones políticas”, op. cit. 308 Hugo Rosende, “Terrorismo y democracia”, op. cit. 309 Tomás Mac Hale, “Libertad de información y cobertura del terrorismo”, op. cit.

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-plantean- su intervención. De hecho, la Universidad de Chile, lugar en que se celebró el seminario, era en esos años una universidad intervenida, en que no había libertad de cátedra, de pensamiento, ni de organización estudiantil o académica. Para algunos participantes en el seminario, la propia Constitución y la justicia contribuyen a la indefensión de la democracia. La postura más radical en esta perspectiva fue la del ex presidente Bordaberry, quien señaló, sin ambages, que la agresión terrorista internacional y local encuentra un campo fértil y fácil en la democracia tradicional: “pienso que la democracia liberal está irremediablemente derrotada, no importa el plazo”; ella “lleva en sí misma la simiente de su destrucción”310. En síntesis, se trata de un seminario en cual el pensamiento y las pulsiones antimarxistas se plantearon en una perspectiva de extirpación de raíz del imaginario de transformación social, llegando incluso a promover la disolución del contexto que históricamente le otorgó a ese imaginario sus condiciones de posibilidad. Más tarde, luego de la caída de los socialismos reales y del muro de Berlín, con la crisis y decadencia del pensamiento marxista, tendió también a declinar y a diluirse como ideología el antimarxismo, aunque persisten críticas al modelo historiográfico marxista, pero ya más bien desde un punto de vista meramente historiográfico, como por ejemplo, las rectificaciones o críticas que realizan desde distintos ángulos Gabriel Salazar y Sergio Villalobos311.

k) Postmarxismo Luego de 1980, con respecto al modelo teórico marxista para la historiografía, solo persisten sus huellas en lo que puede considerarse como postmarxismo, presente, fundamentalmente, en la obra de Gabriel

Ibíd. Véase Gabriel Salazar, La historia desde abajo y desde dentro, Santiago de Chile, 2003, y Sergio Villalobos, “La historia por la historia. Crítica de la historiografía actual”, en Hernán Cortés y Milton Godoy (editores), XII Jornadas Nacionales de Historia Regional de Chile, La Serena, 2007. 310 311

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Salazar y en los historiadores de lo social popular. Son autores en que el sujeto protagónico ya no es la clase obrera sino que el movimiento popular en toda su diversidad y sin tutela partidaria. Una historia que, si bien desecha algunas postulados clásicos del marxismo y de la historiografía obrerista (como el rol protagónico de la clase obrera), todavía se mueve en la perspectiva de una historia que busca conocer para transformar, una historiografía con interés de presente que plantea su trabajo como una herramienta para generar un proyecto alternativo a la sociedad actual, creando una cultura cívica por el cambio social desde abajo, promoviendo una alianza entre estudiantes, sectores marginales, trabajadores, grupos poblacionales y culturales312. La historiografía movimientista ha realizado aportes significativos al estudio de los movimientos sociales en el siglo XIX y XX, historiografía que tiene en Gabriel Salazar a su figura más destacada, y de la que participan también historiadores más jóvenes, entre otros, Sergio Grez, María Angélica Illanes, Leonardo León y Mario Garcés. Se trata, sin embargo, de un discurso historiográfico que en ningún caso es hegemónico, sino que más bien, en cuanto a ideas o planteamientos operantes en la realidad de la educación escolar, resulta hoy día de proyección limitada, valioso sí como saber histórico, en la medida en que rescata evidencias empíricas de sujetos y realidades sociales que no habían sido tratados ni por la historiografía tradicional ni por la escuela marxista obrerista clásica. De alguna manera esta renovación historiográfica está emparentada con el proceso de renovación política socialista ocurrido en la década del ochenta, y con algunos de sus planteamientos, como la revalorización de la democracia, la necesidad de comprender la política más allá de la esfera estatal, la afirmación de una perspectiva democrática y antiestatista del socialismo y el desplazamiento de la categoría “clase obrera” por una de límites más difuso como es la de “pueblo”313. Son planteamientos cercanos a los debates que se dieron en la revista Nueva Historia, editada en Londres en la década de los ochenta, por jóvenes

312 Gabriel Salazar, en Prefacio a La violencia política popular en las “Grandes Alamedas”, Santiago de Chile, 2006. 313 Miguel Valderrama establece esta conexión en Debates y reflexiones. Aportes para la investigación social, Documento 5, Predes, U. de Chile, Santiago, 2001.

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historiadores chilenos exiliados en Inglaterra, estudiosos que se empeñaban en criticar los sistemas teóricos que habían dominado la investigación en ciencias sociales en los años sesenta y setenta, que eran partidarios de renovar la historiografía, pero conservando un marxismo mínimo. Entre ellos había historiadores económicos y sociales. Son historiadores que en alguna medida, en su perspectiva movimientista renuncian -como quería Nietzsche- a su inquietud por conocer lo que realmente ocurrió en toda su amplitud, a favor de aquellas representaciones del pasado que fomentan las ilusiones que nos mantienen todavía en marcha314. Por otra parte, la historiografía postmarxista va a remover la nostalgia por un porvenir que está en la memoria y en el saber popular, pero que no llegó a ser, un porvenir que, sin embargo, -considerando lo que ha ocurrido recientemente en Egipto y en otras realidades del Medio Oriente- podría llegar a ser masivo a partir del movimiento social, pero ya no al amparo de un modelo estrictamente marxista, modelo que parece estar sepultado en la tumba que le labró Nicanor Parra en su antipoema “Los rollos del Marx muerto”, autor que en su primera juventud también fue miembro del Partido Comunista. Lo que sí llegó a ser, a pesar de la frustración del horizonte de expectativas vinculado a una determinada concepción de la historia, son las creaciones culturales de valor estético que perduraran más allá de la matriz y del clima ideológico que las alimentó: estamos pensando, para citar solo algunos ejemplos, en La cantata de Santa María, de Luis Advis, interpretada por el conjunto Quilapayún; en Arriba en la cordillera, de Patricio Manns; en Que dirá el Santo Padre, de Violeta Parra; en algunas de las novelas de Nicomedes Guzmán y Carlos Droguett; en el poema Alturas de Machu Picchu y en Canto General, de Pablo Neruda315; en la pintura de José Balmes y de Guillermo Núñez; en el Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin; en La Batalla de Chile, de Patricio Guzmán, y en un largo etcétera.

314 Siegfried Kracauer, Historia. Las últimas cosas antes de las últimas. Kracauer atribuye este deseo a Nietzsche, Buenos Aires, 2010. 315 Para Alain Sicard, Canto General y Las uvas y el viento comparten la visión teleológica del marxismo, según la cual cada momento del movimiento histórico está determinado por su fin: la revolución. Pablo Neruda. Antología General, op. cit.

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CAPÍTULO IV MÚSICA, CONCIENCIA CRÍTICA Y CAMBIO SOCIAL

Uno de los movimientos musicales más destacados que se distingue en el período a que estamos abocados, es el que se conoce con el nombre genérico de Nueva Canción Chilena, movimiento de música urbana que se gesta a partir de la década del cincuenta del siglo pasado, y que se prolonga, en el Canto Nuevo y en sus epígonos, hasta las primeras décadas del siglo XXI. Sobresale como memoria histórica que simboliza una etapa de Chile y de América Latina; una memoria que conlleva sonidos de lucha y esperanza, de utopía y cambio. Internacionalmente se asocia con la figura de Salvador Allende y con el régimen de la Unidad Popular, y se le destaca porque por décadas constituye uno de los polos creativos más dinámicos de la música nacional, logrando sus principales cultores e intérpretes proyectarse –por su calidad musical– en el extranjero. También gracias a la identidad política del movimiento. Hablamos de música urbana, porque la Nueva Canción surge en un contexto de modernización y transformación de la sociedad; se desarrolla y difunde en espacios citadinos (principalmente en Santiago, Valparaíso, Concepción y Valdivia), a través de sindicatos, peñas, auditorios universitarios, radio, discos y televisión. Aunque su estética tiene raíces campesinas o del folclore, no es folclore (para una mirada esencialista, este es necesariamente anónimo y oral), ni representación de una supuesta “tipicidad” chilena. No tiene como oyentes a los radioescuchas rurales, así como tampoco es música popular de consumo o mesomúsica de mercado, ni música docta, aun cuando pueda tener elementos formales o mecanismos de difusión vinculados a estas especies. Desde mediados de la década del cincuenta, años en que emerge la Nueva Canción con Violeta Parra, hasta hoy en día, la música viene siendo -junto con el teatro- el espacio artístico por excelencia en que se despliega la conciencia crítica y creativa de la sociedad. Así ocurrió 215

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y ocurre a través de distintos géneros, desde la canción protesta, la canción contingente o comprometida y el rock con raíces, pasando por el rock contestatario, hasta el hip-hop y el rap. Sin embargo, si se observa la trayectoria de los intérpretes, grupos, bandas, conjuntos y movimientos musicales del siglo pasado, ello no siempre fue así. Se trata de un fenómeno que se hace patente solo a partir de la segunda mitad del siglo veinte.

a) Agronacionalismo, neofolclore y Nueva Canción Chilena ¿Cuáles son, entonces, entre las décadas del veinte y del treinta las características de la música de raíz folclórica? ¿Qué justifica que esa corriente haya sido bautizada como “agronacionalismo”? ¿Cómo se produce y explica el cambio de un movimiento musical que al ser concebido en la década de los sesenta como “neofolclore”, convirtió en anquilosado al que lo precedió, y, a su vez, cómo se explica que la “Nueva Canción” (desde el punto de vista de sus actores) convirtiera en “caducos” a los dos fenómenos musicales que la antecedieron? Entendiendo que en la música (como en todas las artes) nada es completa y totalmente nuevo, ¿qué es aquello que separa y determina a cada una de estas corrientes? Desde comienzos de la década del veinte, al amparo de la radiodifusión y la discografía, emergió un formato musical y performativo que el estudioso Rodrigo Torres ha bautizado como agronacionalismo316. Se trata de diversos conjuntos de huasos que cantan principalmente tonadas y cuecas, música típica campesina, casi siempre de tendencia paisajística y melancólica, en la que se evoca y recrea con nostalgia al mundo rural, idealizándolo desde el punto de vista de la hacienda. Son grupos que también interpretan composiciones de contenido patriótico y otros géneros de mesomúsica: composiciones consideradas “típicas” de diversos países de América Latina. Algunos de estos conjuntos son: Los Huasos de Chincolco (1921-1930), Los Cuatro Huasos (1927-1953), El Dúo Rey Silva (1935-1991), Los Huasos Quincheros o Los Quincheros (1937 hasta

316 Rodrigo Torres, “Cantar la diferencia. Violeta Parra y la canción chilena”, Revista Musical Chilena, v. 58, Santiago de Chile, 2004.

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el presente), Los Provincianos (1938), Los Cuatro Hermanos Silva (1945), Silvia Infantas y los Cóndores (1960) y Los Huasos del Algarrobal (1966). Son grupos fundamentalmente masculinos, que recurren a la guitarra como instrumento casi único, utilizando la indumentaria del huaso elegante -de corte andaluz- con zapatos negros estaquillados (nunca con ojotas), sombrero de fieltro alón o chupalla almidonada, faja, poncho corto y de colores. Se trata de una figura socialmente transversal y transclase; de hecho, el atuendo del huaso dueño de hacienda es similar al del huaso pobre vestido para el domingo. Como tipo humano, el huaso fue una figura que la sensibilidad criollista, con Mariano Latorre a la cabeza, convirtió desde la década del veinte en el ícono identitario del país. Son conjuntos que interpretan arreglos y composiciones de autores como Osmán Pérez Freire (1880-1930), Nicanor Molinare (1896-1957), Clara Solovera (1909-1992), Francisco Flores del Campo (1907-1993) y Donato Román Heitman (1915-2004). Los grupos que en este formato alcanzan mayor éxito y renombre -tanto nacional como internacional- son Los Cuatro Huasos y Los Quincheros, ambos formados por jóvenes que provenían de los estratos altos de la sociedad, y que tenían el propósito de recrear y difundir el repertorio del campo chileno con sentido de representación de lo nacional 317. Según Juan Pablo González y Claudio Rolle, se trata de jóvenes de “élite con fuertes vínculos con la tierra, que sienten como un deber patriótico, al tiempo que una ocasión de distracción y evocación, el hacer música de tradición campesina”318. Su gran aceptación por parte de sectores de estratos altos, los medios de comunicación y la industria musical los convirtió en un símbolo del folclore chileno y de la música campesina, aunque ninguno de sus músicos tuviera ese origen. En la década del treinta, en un contexto de rémoras nacionalistas, sus tonadas y cuecas -que antes eran cantadas solamente por cantoras campesinas- fueron valoradas como portadoras de lo específicamente chileno. El músico Pedro Humberto Allende, en un artículo de 1935, realza la labor de Los Huasos de Chincolco, Los Cuatro Huasos y Los Campesinos,

Ibíd. Juan Pablo González y Claudio Rolle, Historia social de la música popular en Chile, 1890-1950, Santiago de Chile, 2005. 317 318

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considerándolos auténticos representantes de nuestra música popular y defensores de ella frente a la invasión de “tangos, rumbas y la música falseada de los negros norteamericanos”319. En 1940, Gabriela Mistral, en un artículo publicado en Brasil y reproducido en Chile, destaca y celebra a Los Cuatro Huasos como “cuatro garridos garzones” que conectan a la audiencia directamente con el campo chileno320. Muy distinta fue la valoración de este formato de música huasa en la segunda mitad del siglo. A comienzos de la década del sesenta, influenciados por conjuntos argentinos como Los Chalchaleros y Los Fronterizos, surgen conjuntos que se distancian de los códigos y del formato que caracteriza a la canción agronacionalista. Se trata de conjuntos que se distinguen por arreglos musicales estilizados, que introducen distintas voces y tonalidades, y el famoso tatareo del dubi-dubi-dubi-du, conjuntos que reemplazan el traje de huaso por el smoking o por tenidas urbanas elegantes, y que usan la guitarra pero también el arpa y otros instrumentos. Se trata, entre otros, de Los Cuatro Cuartos (1962-1985), Las Cuatro Brujas (1963-2009) y Los de Las Condes (1964-1972). Compositores e intérpretes como Pedro Messone, el Chino Urquidi (creador de Los Cuatro Cuartos) y Willy Bascuñán son las figuras más destacadas y constituyen la base de lo que se conoce como neofolclore. A este movimiento, que tiene raíces folclóricas, pero que incorpora nuevos instrumentos, armonías y voces, se acercan, por breve lapso, compositores e intérpretes como Rolando Alarcón, Patricio Manns, Osvaldo Rodríguez e incluso Víctor Jara. Perciben al neofolclore como un espacio de afirmación de los valores nacionales frente a una escena comercial dominada por conjuntos que usaban la guitarra eléctrica y seguían a Elvis Presley. Fueron años en que los intérpretes “agringaban” sus nombres y apellidos, como un Patricio Núñez que se convirtió en “Pat Henry y los Diablos Azules” (1963-1969), los Hermanos Carrasco en los “Carr Twins”, y Peter Mociulski en “Peter Rock”. También, conjuntos de apellidos locales que se bautizaban como “Los Blue Splendor” (1963), a

319 Pedro Humberto Allende, “Nuestra música popular”, El Mercurio, Santiago, 1-11935. Reproducido en J. M. Varas y J. González, En busca de la música chilena, Santiago de Chile, 2005. 320 Gabriela Mistral, “La música americana de los Cuatro Huasos”, El Mercurio, Santiago de Chile, 1-12-1940.

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pesar de que cantaban en español (aprovechando el auge de la Nueva Ola). En este contexto “agringado” se dio a comienzos de los 60 una aproximación al neofolclore por parte de Rolando Alarcón, Patricio Manns, Osvaldo Rodríguez y Víctor Jara, pero fue un paso breve. Ya en 1964, en la campaña presidencial en que fue abanderado de la izquierda Salvador Allende, y luego de que en 1965 se fundara la Peña de los Parra, los compositores e intérpretes mencionados se alejan del neofolclore, manifestando una visión crítica del mismo, al tiempo que reconocían a Violeta Parra y a Atahualpa Yupanqui como los precursores de lo que estaban llevando a cabo. Los propios cultores de la Nueva Canción han explicado este distanciamiento: según Osvaldo (Gitano) Rodríguez: “Mientras el neofolklore seguía adelante con sus pompas de jabón y sus multicolores fantasías, a nosotros nos empezaron a buscar los universitarios, nos llamaron y comenzaron a causar polémicas… entonces empezamos a sustentar posiciones, a hablar de la penetración cultural imperialista, e íbamos abriendo brecha contra viento y marea… contra los medios de información… contra la censura… cantábamos en centros universitarios, en peñas, en centros de trabajo. La CUT (Central Única de Trabajadores) se dio cuenta que esta era una canción que la clase obrera y campesina necesitaban para sus luchas, que era bandera de sus reivindicaciones y nos llamó a recitales con los trabajadores”321.

Son años en que se vive, desde 1959, la “época de gloria” de la Revolución cubana, en que la guerra de Vietnam (1964-1975) es percibida como la lucha de David contra Goliat, una década en que se instaura el marxismo de cátedra en las universidades, en que los actores sociales -sobre todo trabajadores, estudiantes y campesinosincrementan su presencia pública, y en que los jóvenes, intelectuales y artistas, experimentan la sensación de que la revolución y la segunda independencia de América Latina son fenómenos inminentes. Un contexto en que la tercera candidatura presidencial de Salvador Allende fue vista por todo el continente como un desafío a la dominación norteamericana. En este escenario, intérpretes y compositores, todos citadinos, perciben

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Osvaldo Rodríguez, Cantores que reflexionan, Madrid, 1984.

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al agronacionalismo y al neofolclore como una “música bálsamo que cumple un papel desmovilizador” que procura ocultar las heridas sociales y que aparta a los trabajadores de sus ansias y reivindicaciones. Son canciones que idealizan el campo, que le cantan a la china de trenzas negras, al álamo huacho, a la nostalgia del arroyo, a la tranquera, a las tinajas de greda, a la vieja casa de campo (siempre la casa patronal), canciones que promueven -dice Patricio Manns- una imagen “paternal y bondadosa del terrateniente”, destinada a “perpetuar la tradición de las familias sirvientes que nacen, viven y mueren en las haciendas patriarcales”322. Se critica también a la música de mercado extranjera porque carece de nacionalidad e implica una penetración cultural. Son canciones altamente digeribles e interesadamente condescendientes. Se critica, en definitiva, a la música popular de raíz folclórica y a la música popular de consumo porque carecen de conciencia crítica frente a la pobreza y a la injusticia que reina en el continente, y porque no opinan ni se comprometen con la transformación de esa realidad. Son perspectivas que obedecen claramente a una matriz de pensamiento político alimentada por acontecimientos internacionales como la guerra de Vietnam y la Revolución cubana, fenómenos que alertaron las conciencias frente a lo que se percibía como imperialismo cultural. Perspectivas de apreciación musical que no solo se dan en Chile, sino también en otros países del continente, particularmente en Argentina, Uruguay, Brasil y Cuba, donde emergen corrientes musicales paralelas a la nueva canción, como el movimiento del Nuevo Cancionero y la Nueva Canción, en Argentina y Uruguay, el movimiento liderado por Chico Buarque, en Brasil, y la Nueva Trova, en Cuba. Según el director del conjunto Quilapayún, “es después de 1965 que se hace” más patente este “proceso de politización de la música popular”; “la nueva canción es -señala- una superación del neofolklore en la medida que lleva y profundiza los principios contenidos en éste: hacer una música popular nacional basándose en el folklore y contrarrestando de este modo la penetración foránea”. La Nueva Canción es por lo tanto, fruto de la necesidad de una música nacional y latinoamericana y, al mismo tiempo,

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Patricio Manns, Violeta Parra, la guitarra indócil, Madrid, 1978.

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resultado de la exigencia de hacer de esa música un arma de lucha y de transformación social. Desde esta perspectiva, aunque tiene raíces en el folclore, no se queda en ese ámbito; es una canción que extrae su savia de la tradición, “pero que fructifica -dice Carrasco- uniendo la corriente profunda de nuestro pueblo con la respuesta a las exigencias políticas y artísticas de la situación”323. Se trata de un movimiento musical que conjuga sus ritmos con los del tiempo histórico. En un encuentro de músicos vinculados a la Nueva Canción, celebrado en París en 1978 y convocado por la revista Araucaria (en el que estuvieron presentes Eduardo Carrasco, Sergio Ortega, Ángel Parra, Isabel Parra, Horacio Salinas, Patricio Manns, Daniel Salinas, Hugo Arévalo, Charo Cofré, Osvaldo Rodríguez, Fernando García, Trabunche, Hans Stein y Eulogio Dávalos), uno de los participantes describe el rol político de la Nueva Canción de modo descarnado y casi brutal: “En la década de los sesenta el movimiento de la Nueva Canción Chilena pasó -dice- a constituir una arma político-cultural en la lucha por la conquista del poder; luego, en la década de los setenta será un arma de apoyo al Gobierno y al programa de la Unidad Popular, y hoy en día (1978) constituye -afirma- una importantísima arma contra la dictadura de Pinochet”324.

Como veremos más adelante, la Nueva Canción, aunque responde en parte a esta caracterización, es también mucho más y mucho menos que eso. A pesar de que se trata de una descripción algo rígida que restringe el fenómeno, apunta por otra parte a la motivación política que le otorgó identidad. Desde esta perspectiva, el movimiento tiene como uno de sus factores relevantes tanto a la política como a lo político. A la política, porque con sus canciones varios de los conjuntos e intérpretes estuvieron involucrados en campañas y movilizaciones electorales de todo orden, con el propósito de ayudar a las fuerzas de izquierda, primero para lograr el poder y luego para mantenerlo. Así lo testimonian himnos y marchas como “Venceremos”, “El pueblo unido”, “Himno de la CUT”, “Chile resistencia”, composiciones que carecen de

323 324

“Discusión de la música chilena”, Araucaria, Nº 2, París, 1978. Ibíd.

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raíces folclóricas; también una serie de canciones de contingencia que fueron compuestas y cantadas durante los años de la Unidad Popular325 y que constituyen una suerte de agenda subliminal del proceso. Tema este que ha sido investigado por Claudio Rolle, quien ha registrado una serie de composiciones contingentes e instrumentales a la circunstancia, canciones como “Las cuarenta medidas”, de Richard Rojas; “El canto del programa”, interpretado por Inti-illimani; “La cueca de la organización”, de Ángel Parra; “Parando los tijerales”, de Víctor Jara; “Ahora sí el cobre es chileno”, de Payo Grondona; “El desabastecimiento” y “Las casitas de barrio alto”, de Víctor Jara; “La marcha de la producción”, cantada por Quilapayún; “Lindo es ser voluntario”, de Víctor Jara; “Póngale el hombro mijito” y “La hormiga vecina”, de Isabel Parra; “Canto al trabajo voluntario”, de Osvaldo (Gitano) Rodríguez; “El que no salta es momio”, “Onofre sí, Frei” y “Vox populi, páralo, páralo”, de Sergio Ortega y Quilapayún326, canción esta última que muestra bien el tono contingente y de batalla de este tipo de composiciones. “Vox populi, páralo, páralo La voz del pueblo te lo plantea Salvador. Páralo, páralo, paremos al conspirador. Esta sí es la democracia del pueblo trabajador miren qué tremenda gracia botarse a conspirador. No crean que conspirando la cosa se vuelve atrás mejor no sigan soñando que el pueblo los va a parar. En casa de Oranguchea se juntan a conspirar

325 Claudio Rolle, “La Nueva Canción Chilena, el proyecto cultural popular y la campaña presidencial y gobierno de Salvador Allende”, Revista electrónica de historia, Nº 2, 2002. Rolle estudia el proceso en detalle. Los datos sobre las canciones de contingencia provienen de su trabajo. 326 Ibíd.

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fabrica bombas la abuela, Juan Pablo las va a tirar. La Paula Cocodrizábal se ha comprado una mansión y con los Hipopotegui preparan la gran traición. Que empiece no más la fiesta los momios no pasarán les sacaremos la cresta como dijo Corbalán. Páralo, páralo, la voz del pueblo te lo plantea Salvador. Páralo, páralo, ¡A PARAR LA SEDICIÓN!”

En una perspectiva más trascendente, la Nueva Canción fue también un diálogo con lo político, con la solidaridad por los pobres, con la intolerancia a la injusticia, tanto nacional como internacional, con la prepotencia de los poderosos, con la voluntad de cambiar un sistema que resultaba inaceptable, con la esperanza de una utopía que posibilitara un mundo mejor y más humano. Fue, en definitiva, un sentimiento, un espíritu y una ética, que en la década del sesenta compartieron sobre todo los jóvenes y los estudiantes, que se sentían así participes de un movimiento internacional por la libertad y por la paz. Víctor Jara, figura emblemática de la Nueva Canción, en una entrevista de 1966 explicita el modo en que lo político activó sus pulsiones musicales y las cuerdas de su guitarra: “Cada vez -dijo Víctor Jara- me conmueve más lo que sucede a mi alrededor. La pobreza de mi propio país, de América Latina y de otros países del mundo. He visto la huella del horror de una matanza de judíos en Varsovia, el pánico de la Bomba (atómica), el golpe mortal causado por la guerra que desintegra al hombre y todo lo que de él surge y nace. En fin, tantos otros desastres que cansa enumerarlos. Pero también he visto lo que el amor puede hacer, lo que la verdadera libertad puede hacer, lo que la fuerza y el poderío del hombre feliz pueden hacer… Por todo esto y porque anhelo la paz, es que la madera y las cuerdas de una guitarra me hacen falta, para desahogar algo triste o alegre… alguna estrofa que

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abra el corazón como una herida, o algún verso que quisiera nos diera vuelta de adentro hacia afuera para ver el mundo con ojos nuevos”327.

Con esta ética se escriben canciones precursoras como “¿Qué dirá el Santo Padre?” y “La carta”, de Violeta Parra, “A desalambrar” y “Dale tu mano al indio”, cantadas por Ángel e Isabel Parra, o “La plegaria del labrador”, de Víctor Jara. A partir de este vínculo de la Nueva Canción Chilena con la política y lo político, se sitúa el hecho de que el gobierno de Pinochet y los medios adictos al régimen, en los primeros años después del golpe, consideraron a la quena y al charango -dos instrumentos típicos del movimiento- como instrumentos subversivos. Según uno de los participantes en el encuentro sobre la música chilena realizado en 1978, el gobierno de Pinochet, además de ser responsable del asesinato de Víctor Jara y de la clausura y cierre de todas las peñas, habría reunido -inmediatamente después del golpe- a los folcloristas que se quedaron en el país, advirtiéndoles de su postura crítica ante el uso de esos instrumentos328. Las energías políticas que pulsaron a la Nueva Canción explican el modo en que esta fue abriéndose paso en la década de los sesenta. Como señala Fernando Barraza, “la Nueva Canción nació subrepticiamente, puertas adentro de peñas y recintos universitarios. Ajena en sus comienzos a todo circuito tradicional de distribución, difusión y popularización”, como fueron los rankings, los “discjockeys, las revistas juveniles y las copuchas del mundo artístico”329. Según testimonio de Barraza, en la década del 60, en el medio radial “se llegó al extremo de presionar para que algunos pocos programas que daban cabida a la Nueva Canción Chilena quedaran huérfanos de auspicio. Los comentaristas de discos preferían los temas foráneos o aquellos que no rozaban la epidermis del orden establecido. Y las revistas juveniles… evitaban cuidadosamente dar cabida a los autores o cantantes que cultivaban la Nueva Canción”330.

El Siglo, Santiago de Chile, 18-6-1966. “Discusión de la música chilena”, Araucaria, Nº 2, op. cit. 329 Fernando Barraza, “La nueva canción chilena”, en Nosotros los chilenos, Santiago de Chile, 1972. 330 Ibíd. 327 328

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El nombre y el reconocimiento como “Nueva Canción” solo se oficializa y adquiere carta de ciudadanía en julio de 1969, con ocasión del primer encuentro y festival que con esta denominación organizó la Vicerrectoría de Comunicaciones de la Pontificia Universidad Católica de Santiago (a instancias del periodista y productor radial Ricardo García). Fue un encuentro que convocó a compositores, intérpretes y productores cuya actividad artística se venía inclinando -como recuerda el director del Quilapayún- “hacia un tipo de canción que si bien todavía no había encontrado su denominación, se distinguía claramente de lo que se conocía como folklore y, algunos años antes, como neofolklore”331. El festival lo ganan Víctor Jara, con “La plegaria del labrador”, y Richard Rojas, con “La chilenera”. El encuentro causó también polémica: los medios de comunicación tradicionales dieron tribuna a voces que planteaban que el folclore es uno solo, que viene desde antiguo y que no se puede hacer de nuevo, y que, por lo tanto, no correspondía hablar de una “Nueva Canción”, ya que este concepto sería una distorsión, una amenaza a la auténtica música folclórica. “La canción chilena no tiene doctrina y ni siquiera puede buscar novedades”, decía un medio, refiriéndose negativamente “al compromiso político del movimiento”332. Más tarde, a raíz del triunfo de Salvador Allende y de la posibilidad de justicia social que ese gobierno representaba, la Nueva Canción alcanza gran difusión y presencia pública. Baste señalar que el tema con que abría muchos de sus programas el Canal Nacional (por entonces el de mayor audiencia en el país) fue, entre 1970 y 1973, “Charagua”, pieza instrumental compuesta por Víctor Jara y popularizada por el conjunto Inti-illimani, una pieza cuyos sonidos andinos evocaban un mensaje de esperanza y cambio. Aun cuando la Nueva Canción Chilena alcanza su carta de ciudadanía en el período que va de 1969 hasta el golpe militar del 73, sus antecedentes y su presencia datan de mucho antes. Todos los cultores reconocen a Violeta Parra como la madre -a la vez tierna y arisca- de la Nueva Canción. Fue ella -dicen- quien desde la década del 50 rescató y le dio contenido al género de la tonada, con canciones como “Yo canto a la diferencia”,

“Discusión sobre la música chilena”, Araucaria, Nº 2, op. cit. Tania Da Costa García, “Canción popular, nacionalismo, consumo y política en Chile entre los años 40 y 60”, Revista Musical Chilena, año LXIII, Santiago de Chile, 2009. 331 332

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revitalizando un género que había sido estilizado y desvitalizado por los movimientos anteriores. Fue ella la que recuperó ritmos olvidados como el cachimbo, propio de la zona de Tarapacá, estructura rítmica que más tarde será utilizada por la mayoría de los intérpretes de la Nueva Canción; fue ella la que integró en sus canciones motivos y contenidos propios de la religiosidad popular (de los oprimidos); la que se aproxima a través de su propia creatividad a la música docta a través de canciones de gran complejidad sonora, como “El gavilán”; fue ella, en fin, la que recreó motivos de las canciones revolucionarias de la guerra civil española. Como dice un integrante del conjunto Inti-illimani: “Con Violeta Parra nace la personalidad madre de este movimiento… con Violeta se crea la primera peña (se refiere probablemente a la de sus hijos)… Violeta entrega investigación folklórica, recreación, elaboración y abstracción, ampliando así las posibilidades creativas de todos los demás artistas”333.

Pero junto y más allá de su canto, lo que se reconoce en Violeta, aquello que la lleva a ser percibida como pionera, es su actitud ante la música y la vida, una postura que fue al mismo tiempo contestataria, comprometida y creativa, actitud que en términos generales caracteriza a la Nueva Canción y que justifica, como ya advertimos, su denominación. A partir de Violeta -dice Osvaldo (Gitano) Rodríguez- “comienza a llamarse al pan, pan y al vino, vino”. Violeta introduce un cambio en la relación entre la tradición, la música y la sociedad. Se trata de una actitud y un código ético que están sintetizados en dos expresiones de la cantautora: “Yo canto la diferencia”, dice una de sus composiciones, “que hay de lo cierto a lo falso. /De lo contrario no canto”; en otra oportunidad describió a la canción como “un pájaro sin plan de vuelo, que odia las matemáticas y ama los remolinos”. No es casual que algunas bandas juveniles del 2010 -una de ellas, en homenaje oblicuo, se llama Violeta Perra- consideren a la cantautora, que jamás compuso o tocó un rock, como la primera “rockera” del país334.

“Discusión de la música chilena”, Araucaria, Nº 2, op. cit. Entrevista realizada personalmente a Patricio González, Encargado de las Escuelas de Rock del Consejo de Cultura, 10-3-2011. 333 334

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b) Violeta Parra (1917-1967) El quiebre de la disonancia entre lo popular y lo masivo que logra la música de Violeta Parra es resultado de una trayectoria biográfica y creativa que se conjuga con circunstancias históricas y sociales, y con la vivencia colectiva de un tiempo de utopía y de cambio social. Una peripecia que establece un puente entre lo campesino y lo urbano, entre la tradición y lo moderno, entre el folclore y la música comprometida. Sus canciones -como señala Javier Osorio- “instalan poéticamente una diferencia social y cultural, a la vez que elaboran, desde una musicalidad ligada a lo folclórico, una representación (y un punto de vista) de los sujetos populares en la moderna sociedad urbana”335, superando así los límites que definen a ambos mundos y conjugando un eje mixto campociudad, que se prolongará en la Nueva Canción Chilena. Su trayectoria se inicia en San Carlos, pequeña comunidad rural, próxima a Chillán, donde su padre ejerció como profesor primario. Su recorrido creativo logró, en menos de cuatro décadas, un alto nivel de reconocimiento como expresión auténtica de identidad nacional, con plena fuerza artística y espesor sociocultural. Cuatro etapas pueden distinguirse en su itinerario: la primera corresponde a un aprendizaje no institucionalizado en su comunidad campesina; el canto y la música (rondas, cuecas, chapecaos y periconas) forman para la niña que era entonces una experiencia de vida, tal como el olor de la manzanilla y el tejido a bolillo. Se trata de una tradición no asumida racionalmente, puesto que constituye parte natural de su medio ambiente y de su entorno campesino. Esta primera etapa se proyecta posteriormente en sus décimas y creaciones como un mundo de inocencia feliz, y va a ser también, en el futuro, un factor que en su labor de investigación y recopilación excluye la mirada externa; lo campesino no será nunca para ella -como ocurre con el investigador académico- una “otredad”, sino que forma parte de su propia cultura. La investigación resulta así una forma de introspección.

335 Javier Osorio, “Modernidad, tradición, espacio político y Nueva Canción Chilena”, Tesis de Magister Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2007.

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La segunda etapa abarca desde la adolescencia hasta cerca de los 30 años, desde más o menos 1930 hasta fines de la década del cuarenta. Son los años en que su padre profesor pierde el trabajo durante el primer gobierno de Carlos Ibáñez (1927-1931), y la familia se dispersa. Como recuerda en sus décimas: “Fue tanta la dictadura que practicó este malvado / que sufre el profesorado / la más feroz quebradura”. Corresponde a un período en que ella se traslada a Santiago, es una etapa de conocimiento y confrontación con la diversidad musical y cultural del país, con el tango, el bolero, el corrido, la polka y otros géneros de música popular en boga. Canta en distintos locales nocturnos de barrios populares, forma con Hilda, en 1947, el dúo de las hermanas Parra. Compone e interpreta desde valses hasta corridos, fandangos y seguidillas336. Son años -sobre todo cuando su padre pierde el trabajo- en que conoce de cerca la cara sucia de la pobreza, sus miserias y alevosías. Es la época en que recibe apoyo y consejo de su hermano Nicanor, que siempre la estimula y celebra sus múltiples talentos. En una tercera etapa, cuando se empina a los 30 años, Violeta se enfrenta a la autoproclamada universalidad de las formas musicales y culturales predominantes en la capital y en los medios masivos, fundamentalmente en la radio, y emprende una vasta tarea de investigación, recopilación y recreación, para ampliar y reafirmar lo que ella encarnaba. Sus estudios pertenecen a un plano muy diferente al rigor mortis de las investigaciones académicas. Casi sin apoyo institucional y temporalmente separada de sus hijos, viajó por distintas zonas y lugares del país, redescubriendo y desenterrando tradiciones campesinas y populares, no para introducirlas en una campana de vidrio y preservarlas, sino para hacerlas “correr”, recreándolas a partir de sus propias circunstancias personales y sociales, dialogando también con lo político. “Ya está añejo -dijo en una oportunidad- cantar a los arroyitos y a las florcitas. Hoy la vida es más dura y el sufrimiento del pueblo no puede pasar desatendido”337. Apuntaba, así, hacia una última etapa en su trayectoria artística.

“Discusión de la música chilena”, Araucaria, Nº 2, op. cit. Citado por José Manuel García, La nueva canción chilena, 2001, en línea: URL http://mgiuras.tripod.com/nueva_cancion_chilena.html 336 337

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Los años finales de su vida, desde mediados de los 50 hasta 1967 (fecha de su muerte), corresponden a un período de diversa e intensa labor creativa, de difusión y promoción tanto en Chile como en el extranjero. Fue la etapa en que compuso e interpretó la mayoría de sus alrededor de 150 composiciones, abarcando o sintetizando de manera magistral las diversas regiones y componentes folclóricos desenterrados en su recorrido por el país. Composiciones que abarcan desde temas de amor doliente hasta temas sociales, de denuncia a la pobreza y la injusticia; temas del folclore tradicional, del canto a lo humano y a lo divino; temas instrumentales nortinos; temas con armonías complejas similares a las de la música docta; temas insuflados del alma y del drama mapuches; temas en que se manifiesta la religiosidad popular y la mirada burlesca hacia la Iglesia oficial; temas, en fin, vinculados a sus propias vivencias de madre y de mujer. Algunas de sus canciones son compuestas en colaboración con Luis Advis, con Patricio Manns, con sus hijos Ángel e Isabel; utiliza también letras de Pablo Neruda, de Gonzalo Rojas y de Nicanor Parra. Entre 1954 y 1957 compone “Casamiento de negros”, “Los burgueses”, “Hace falta un guerrillero”, “Yo canto a la diferencia”, “Santiago penando está”, “La jardinera”, “La Juana Rosa”, “Parabienes al revés”; entre 1960 y 1963, “El pueblo paseaba sus banderas rojas”, “La carta”, “¿Qué dirá el Santo Padre?”, “Hasta cuándo”, “Arauco tiene una pena”, “El quillatún”, “Porque los pobres no tienen”, “Según el favor del viento”; entre 1964 y 1965, “Cachimbo”, “Camanchaca”, “Corazón maldito”, “Maldigo del alto cielo”, “Los pueblos americanos”, “Rin del angelito” y “Gracias a la vida”. Paralelamente, Violeta realiza su obra pictórica en el formato de arpilleras bordadas con lana de formas y colores sorprendentes; también escribe su autobiografía, utilizando la modalidad de las décimas, propias de los payadores, de los poetas populares y de la tradición hispana. Fue también en esta última etapa que Violeta lleva su canto a los locales nocturnos de París (1955-1956; 1961-1965), lo que será, como señala Rodrigo Torres, “la base del tipo de evento y performance musical… más característico… en el desarrollo de la Nueva Canción Chilena: las peñas”. Cristalizó así un “nuevo ritual de comunión entre cantor y público”, anulando las distancias “que los separaba en el formato de los grandes espectáculos en teatros y auditorios”338.



338

Rodrigo Torres, “Cantar la diferencia. Violeta Parra y la canción chilena”, op. cit.

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Violeta Parra logró transmitir el conocimiento que emanaba de sus fuentes campesinas y populares, compartiéndolas a través de una voz distinta y renovada. Su obra y legado ético, su canto de irreverencia y denuncia, su recreación festiva de la tradición, su manejo intuitivo de complejidades musicales, su creatividad poética serán con el tiempo (no siempre fue así) reconocidas como la base de la Nueva Canción Chilena. Su obra y su voz, aunque son propias, son también compartidas, en la medida en que proyectan el mundo popular campesino y urbano, entendido como tradición, como elaboración de las propias condiciones de vida, de sus penas, trabajos y alegrías; se trata de una voz desenfadada y sin servilismo ni con los partidos ni con las doctrinas, composiciones casi nunca vinculadas directamente a la política contingente, pero que siempre están en contacto con la vida, desocultando aspectos inéditos de la identidad popular chilena. Su obra, por lo tanto, se vincula dialógicamente con lo político y no así con la política. Ello explica cierta mirada de reojo que se dio hacia ella en la década del 60 entre los conjuntos partidariamente comprometidos, distanciamiento que se diluyó después de su muerte. Lo señalado por Víctor Jara refleja bien un reconocimiento que se hace unánime luego de que deja de existir: “La presencia de Violeta Parra es como una estrella que jamás se apaga. Violeta, que desgraciadamente no vive para ver este fruto de su trabajo, nos marcó el camino; nosotros no hacemos más que continuarlo y darle… la vivencia del proceso actual”339. Víctor Jara se refiere al proceso de la Unidad Popular; cabe recordar, sin embargo, que ese proceso -como vimos en los capítulos anterioresno comienza en 1970, sino que es continuidad de otro mayor que se inicia en la década del 20, que se prolonga en el Frente Popular hasta la Revolución en Libertad del gobierno de Frei Montalva en la década del 60, un proceso que desde el punto de vista político tuvo sus logros y debilidades, pero que sin embargo, fue paulatinamente ampliando la democracia social y cultural, y, paralelamente, en el plano de la construcción de subjetividades, la conciencia crítica y la utopía de un cambio social. En su obra, Violeta Parra le dio vivencia a ese proceso desde el ángulo de la sociedad civil y del mundo de lo nacional popular,

339

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Citado por José Manuel García, La Nueva Canción Chilena, op. cit.

Política

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pero siempre libre y fiel a sus emociones, sin atarse ni a la tradición, ni a la política contingente, ni a lo panfletario.

c) Escenario artístico y musical ¿Cuál era el escenario artístico y musical entre mediados de la década del 50 y comienzos de los 60, cuando se difunden las primeras composiciones de Violeta Parra y se inicia la Nueva Canción Chilena? Contamos con un excelente testimonio de un empleado español de la ballenera Indus, que operaba en esos años en la caleta de Quintay en la provincia de Valparaíso, registro que nos proporciona antecedentes importantes y un testimonio de época al respecto. Luis Pita Sanclaudio, que así se llamaba el funcionario, llegó en el Winnipeg a Chile y trabajó durante un largo período en Quintay. Como el campamento de la ballenera era de solteros, todos los fines de semana los empleados y trabajadores viajaban a Valparaíso, enterados por los diarios La Estrella y La Unión de los espectáculos en cartelera. Eran años en que se estrenaba “Quo Vadis”, con Robert Taylor y Deborah Kerr, en el teatro Metro; “El espectáculo más grande del mundo”, con Charlton Heston, en el teatro Valparaíso; “Fantasía”, de Walt Disney, con Leopold Stokowsky, en el teatro Real; “Vivirás tu vida”, protagonizada por Marlon Brando, en el teatro Condell; “La legión del Desierto”, con Alan Ladd, en el teatro Victoria; “Qué suerte tiene el marino”, de Dean Martin y Jerry Lewis, en el teatro Victoria; “Ivanhoe”, con Robert Taylor y Elisabeth Taylor; “Salomé”, con Rita Hayworth y Charles Laughton; “Amor en el Infierno” (Battle Circus), con Humphrey Bogart; “Tarzán y las Sirenas”, con el inevitable Johnny Weissmuller. En cuanto a lo musical, triunfaban las canciones promovidas por Raúl Matas en los programas de radio Minería. Los preferidos eran artistas cubanos, argentinos y mexicanos, aunque por entonces ya eran muy famosos los chilenos Lucho Gatica y Antonio Prieto, con canciones como “Solamente una vez”, “La Novia” o “El Reloj”. Por aquellos años iniciaba su carrera artística, seguida de una gran repercusión internacional, la joven santiaguina Monna Bell. Las canciones de éxito también cruzaban el Atlántico, igual que los emigrantes procedentes de España, y desde hacía ya años que el mallorquín Bonet de San Pedro arrasaba con el “Rascayú”. 231

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Los boleros interpretados por el cubano (nacionalizado español) Antonio Machín, la argentina (nacionalizada mexicana) Libertad Lamarque y las coplas españolas de Estrellita Castro, Antonio Molina, Luis Mariano, Juanito Valderrama y Miguel de Molina, así como las interpretadas por las jovencísimas Sarita Montiel, Lola Flores y Carmen Sevilla, eran las canciones que más se tarareaban. Más movidos eran los ritmos de los cubanos Pérez Prado, con sus célebres mambos, y los vallenatos del ingenioso Ñico Saquito, todavía hoy bien conocidos, como “María Cristina me quiere gobernar” o “Que me coma el tigre”. Los éxitos musicales en el Chile de aquella época fueron las canciones latinas interpretadas por Nat King Cole, con su característico acento extranjero al cantar en español, así como también las divertidas composiciones del italiano Renato Carosone. No hay que olvidar que, además, en esos años irrumpe en escena un nuevo ritmo, una evolución del swing que revolucionará la escena musical: el rock and roll. La primera canción de este nuevo estilo que entró en las listas de éxitos del año 1954 fue “Rock Around The Clock”, interpretada por Bill Haley & His Comets. Al año siguiente se confirmaría el liderazgo del rock and roll con la aparición de uno de sus máximos himnos: “Johnny B. Goode”, del genial guitarrista Chuck Berry. Entre los espectáculos habituales en lugares como el Café Checo de El Almendral o en el Stromboli, en la calle Pedro Montt, estaban el Dúo Rey-Silva o el humorista Mario Carrillo. Pero la que, sin duda, dejó un recuerdo imborrable tras su gira por Valparaíso fue la exótica bailarina cubana La Tongolele, cuyas actuaciones prendieron de tal manera en la memoria de los chilenos que quedó, ya como una frase hecha, el dicho “te mueves más que La Tongolele”340. Son los años, a comienzos del 60, en que aparece La Nueva Ola, vinculada al fenómeno de Elvis Presley, Pat Boone, Frankie Avalon y Chubby Checker, en los Estados Unidos. Una de las figuras de la vorágine nueva olera fue el joven antofagastino Javier Astudillo, que dobló su nombre al inglés, bautizándose como “Danny Chilean”. Más tarde vendrán la

340 Hasta aquí el testimonio de Luis Pita Sanclaudio, elaborado por su hijo Luis, y presentado en exposición de la Fundación Quintay, marzo del 2011.

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“incomparable” Cecilia, Buddy Richard, Gloria Benavides, José Alfredo Fuentes (“el pollo”), y muchos más. Es en este contexto y escenario musical de los sesenta que se va instalando, con dificultad, -y “subrepticiamente”, como recuerda Fernando Barraza- la Nueva Canción Chilena341.

d) Nueva Canción: un movimiento diverso La Nueva Canción fue un movimiento unitario en la perspectiva ética frente a la injusticia y la miseria, un movimiento solidario en la convicción de que se vivía en un sistema injusto no solo en Chile sino en toda América Latina e incluso en el mundo. Es, en este sentido, un movimiento homogéneo en el plano de lo político. La Nueva Canción fue -como vimos a propósito de una entrevista a una de sus figuras emblemáticas- uniforme en el sentimiento, en el corazón, en la ética, pero heterogénea en el plano de las ideas y afinidades político partidarias y, más importante aún, en el plano musical, en los instrumentos utilizados, en sus composiciones y en las corrientes sonoras que la habitaron. La mayoría de sus integrantes nacieron entre 1935 y 1950. En cuanto a su origen social, todos los conjuntos -Quilapayún, Inti-illimani, Aparcoa, Amerindios, Los Blops, Los Curacas (de Santiago); Los Jaivas, Congreso y Tiempo Nuevo (de la región de Valparaíso), e Illapu (formado en Antofagasta)- están integrados por jóvenes de sectores medios o medio altos, la mayoría universitarios. Entre los compositores y cultores individuales, varios son profesores primarios o hijos de profesores primarios (Rolando Alarcón, Patricio Manns, Richard Rojas), otros son universitarios (Martín Domínguez, Payo Grondona, Osvaldo Rodríguez), otros provienen de una tradición familiar campesina (Víctor Jara, los hijos de Violeta, Isabel y Ángel Parra, y su sobrino Nano Parra, de la zona de Chillán; y Quelentaro, de Temuco), mientras que otros vienen

341



Fernando Barraza, “La Nueva Canción Chilena”, op. cit.

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del conservatorio y del mundo académico (Sergio Ortega, Luis Advis, Fernando García y Gustavo Becerra). En cuanto a indumentaria y estilo performativo, hay también diversidad; algunos como Quilapayún, Inti-illimani, Amerindios, Aparcoa y Quelentaro se presentan con ponchos largos de color negro o más bien oscuros, y con frecuencia con barbas. Otros, como Los Curacas e Illapu, usan ponchos andinos más claros, y otros, como Los Jaivas, adoptan una puesta en escena más próxima a las bandas de rock: pantalones pata de elefante, beatles de colores, chalecos de lana, cabellos y barbas largas. También los Blops y Congreso, aunque con una indumentaria más sencilla y casual. Algunos conjuntos, especialmente Quilapayún, se presentan con un planteamiento escénico teatralizado, en que la vestimenta marca un estilo de combate en sintonía con los acordes fuertes y tajantes de muchas de sus canciones. Quelentaro se presenta con camisas oscuras y un poncho araucano en el hombro de uno de sus miembros, marcando así su ascendencia mapuche. Los cultores e intérpretes individuales, como el Gitano Rodríguez, Ángel Parra, Isabel Parra y Patricio Manns, cantan con ropa cotidiana de tonos oscuros, aunque este último recurre a veces a un poncho rojo; Víctor Jara, con camisa, jeans o pantalón de tela y con una puesta en escena sencilla; Tito Fernández, “El temucano”, suele presentarse con un poncho típico de la Araucanía. En cuanto al repertorio y el tipo de música y canciones, la variedad es significativa. Va desde cuecas y tonadas hasta cantatas, himnos y marchas; desde canciones contingentes, políticas o revolucionarias, hasta mesomúsica popular (tango, corridos, vals peruanos); desde rock con raíces hasta canción de protesta; desde canciones de lucha y esperanza hasta música puramente instrumental; desde canciones narrativas hasta canciones conversadas. En cuanto a géneros musicales, ritmos y danzas, la variedad incluye desde sirillas, refalosas, guajiras, corridos, chacareras, sambas y copecaos, hasta marineras, tristes, malambos, polkas, mazurcas y cantatas. En esta heterogeneidad se dan también tensiones entre puristas y experimentales, entre quienes practican la canción protesta y quienes practican la canción política, entre los conjuntos partidariamente inscritos y aquellos que no lo estaban, entre los grupos de provincia y los de Santiago. El director del Quilapayún, en 1978, por ejemplo, se refiere a las canciones que solo denuncian con

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insistencia la injusticia, el dolor y la miseria, canciones que califica -con cierta ironía- como permanentemente doloridas, llenas de muerte y de sangre, canciones que olvidan que también existen -dice- los “jardines”342. Por otra parte, el director del Quelentaro, grupo aludido por esta declaración, refiriéndose a las doloridas y fuertes canciones de denuncia que interpretan, y a la marginación que vivieron por parte del sello DICAP (de las juventudes comunistas), dijo años antes: “En comparación con lo que hacíamos (nosotros), los cantantes de la Nueva Canción parecían niños de colegio de curas”. Pensando probablemente en el conjunto Quilapayún, cuyos miembros eran entonces integrantes de las juventudes comunistas, señaló: “simplemente, nos parecía mal cambiar la bandera del pueblo por la de un color determinado”. En cuanto al tipo y forma de canciones o de composiciones musicales practicadas por los cantores y conjuntos, pueden distinguirse, en base a las propias opiniones de los integrantes del movimiento343, varias categorías: - Canción de lucha y esperanza (también llamadas “canciones políticas o revolucionarias”); son composiciones de combate o de denuncia, pertrechadas de conceptualidad ideológica. - Canción de protesta, que se diferenciaba de la anterior porque, a partir de variantes tibias de la música llamada comercial, quiere expresar un repudio sin ideología al sistema, al maltrato ecológico, a la organización social y familiar. - Composiciones puramente instrumentales andinas, de carácter generalmente evocativo. - Cantatas de largo aliento, que implican un relato y una historia. - Rock con raíces folclóricas o americanas. - Canciones conversadas - Himnos y marchas. - Mesomúsica con intención. - Canciones recreadas basadas en la tradición folclórica.

“Discusión de la música chilena”, Araucaria, Nº 2, op. cit. Casi todas ellas distinguidas y definidas por quienes participaron en la “Discusión de la música chilena”, Araucaria, Nº 2, op. cit. 342 343

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Aunque la mayoría de los intérpretes y conjuntos tienen gran versatilidad, hay claramente identidades musicales que tienden a marcar a los participantes: los Quilapayún, Víctor Jara y, en cierta medida, Intiillimani, se identifican con la canción política incluso hasta 1973, con himnos, marchas y canciones contingentes. Los Jaivas, Congreso y Los Blops, con el rock de raíces folclóricas o americanas y con la canción protesta (Congreso se autodefine como una síntesis de Los Beatles y Violeta Parra); Los Curacas, con la música instrumental andina; Payo Grandona y Tito Fernández “El Temucano”, con las canciones conversadas o de relato; los Quelentaro, con la canción revolucionaria y de protesta; Patricio Manns, Isabel y Ángel Parra, con canciones recreadas de base o tradición folclórica. La variedad y versatilidad musical de la Nueva Canción indican que fue un movimiento abierto a los sincretismos y a los diferentes contextos sonoros, lo que se refleja bien en la instrumentación que utilizan sus integrantes. Los solistas o dúos tocan de preferencia solo la guitarra y muy ocasionalmente el guitarrón, el arpa y, en el caso único de Payo Grandona, el banyo. Los conjuntos, en cambio, utilizan una extraordinaria variedad de recursos e instrumentos: Inti-illimani, además de guitarra, charango, cuatro, quena, zampoña, bombo, cajón peruano, flauta dulce y guitarrón, incluye, después de 1973, estando en el exilio, clarinete, violín, contrabajo y flauta traversa. Quilapayún utiliza guitarra, quena, zampoña, piano, cuatro, charango, quenacho, tiple, mandolina, bongo y flauta traversa. Los Jaivas, guitarra, batería, percusión, quena, zampoña, saxo, flauta, teclado, guitarra eléctrica, trutruca y acordeón. Los Curacas, quena, charango, bombo, caja y zampoña. Aparcoa, guitarra, quena, tarka, flauta traversa, trompeta, pandero, tañedor, vibráfono, contrabajo y piano. Congreso utiliza guitarra, batería, cello, bajo, flauta, piano, saxo, teclado y percusión. La materialidad instrumental es significativa: indica sincretismo y también una apertura a la música y a los ritmos de raíz folclórica caribeños, afro e indoamericanos. La mezcla de instrumentos nativos con instrumentos europeos manifiesta la confluencia entre tradición y modernidad, entre el mundo del campo y el urbano, entre lo autóctono y lo foráneo, entre la música popular y la música culta. Se trata de una apertura y ósmosis musical que se manifiesta en tres planos en el curso del movimiento: 236

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- En la apertura a la música latinoamericana y a la idea de unidad del continente.



- En la interacción con la música culta.



- En la porosidad respecto a algunas corrientes musicales contemporáneas de Occidente, particularmente ante el rock.

Son rasgos que van a caracterizar a la Nueva Canción y que justifican utilizar el concepto de “movimiento” para referirse a ella. Vale la pena, por ende, examinarlos con cierto detalle. Al utilizar instrumentos autóctonos junto a los europeos, se los estaba enalteciendo, enviando un mensaje musical pero también ideológico y político: la trutruca y el charango tienen tanta dignidad como el piano o el violín. Detrás de esta confluencia late un sentimiento americanista, la preocupación por los pueblos aborígenes, por construir un sincretismo y una identidad musical y humana desde lo propio, pero sin cerrarse al contacto con la tradición y los logros musicales euronorteamericanos. Se trata de un latinoamericanismo que tiene también en la década del 60 -tal como lo tuvo el boom de la narrativa- un trasfondo político, la convicción compartida por la mayoría de estudiantes, artistas, intelectuales, trabajadores y no pocos miembros de la Iglesia, de que la tormentosa historia del continente estaba entrando, después de la Revolución cubana, en una etapa resolutiva. Se vive una conciencia americanista que reflota el pensamiento de Simón Bolívar y de José Martí, que postula -frente al imperialismo del norte- una unidad de raíz y destino para la región. Actitud que se expresa también en otras áreas artísticas, como la plástica, el muralismo y el cine. En los años 1964 y 1965, Violeta Parra escribe y compone la cueca “Los pueblos americanos”, que explicita este sentimiento: “Mi vida, los pueblos americanos, mi vida, se sienten acongojados, Mi vida, porque los gobernadores, mi vida, los tienen tan separados. Cuándo será ese cuando, señor fiscal, que la América sea

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solo un pilar. Cuándo será ese cuando, señor fiscal. Solo un pilar, ay sí, y una bandera, que terminen los líos en las fronteras”.

En esta apertura de horizontes, que sobrepasa las fronteras de las naciones decimonónicas, se da también una apertura y confluencia en lo musical que encuentra incluso sus vías y modalidades fuera del continente: “En París -recuerda el Gitano Rodríguez- Violeta, Ángel e Isabel se familiarizan con el cuatro venezolano, el charango del alto Perú, Bolivia y Argentina, el tiple colombiano, la tumbadora, la quena y el pincullo. La Nueva Canción Chilena -señala- nace enraizada no solo en el folklore chileno, sino con el folklore de América Latina”344.

En una entrevista realizada por Luis Bocaz, en 1978, al músico Gustavo Becerra, éste explica el trasfondo político que llevó a reemplazar en la década del 60 -como ha señalado el musicólogo Juan Pablo González- el nacionalismo musical por el americanismo musical345. “La identidad chilena no puede estar determinada por los malos mapas que había en Valladolid cuando se creó la Capitanía General de Chile, con el absurdo de considerar la cordillera de los Andes como una frontera. Chile es cultural, económicamente, una cosa indisoluble con la Argentina, con Bolivia y con el Perú. Esto es algo que hay que empezar por entender, entonces nosotros recién entenderemos por qué en nuestra música popular se oyen quenas, pincullos, tambores legueros, por qué en nuestro folklore tenemos que hablar de folklore boliviano, argentino peruano. Ahí recién nos explicamos la chilenidad de Atahualpa Yupanqui, que es nuestro, de la misma manera que la cueca chilena encuentra su mayor desarrollo en la provincia de Cuyo y no en la provincia de Linares”346.

“Discusión de la música chilena”, Araucaria, Nº 2, op. cit. Juan Pablo González, “Tradición, identidad y vanguardia en la música chilena”, Aisthesis, Nº 38, Santiago de Chile, 2005. 346 Luis Bocaz, “Gustavo Becerra: música e identidad cultural”, Araucaria, Nº 2, op. cit. 344 345

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Entre los cultores de la Nueva Canción Chilena se dio desde muy temprano un interés por los ritmos nortinos y por la música del nordeste argentino, de Jujuy, Salta y de la quebrada de Humahuaca, todo lo cual se consideraba como música andina. También un interés identitario por los pueblos originarios de América, lo que los motivó incluso a escoger el nombre que se dieron a sí mismos varios conjuntos: Quilapayún quiere decir “tres barbas” en mapudungún, el idioma de los pueblos mapuches; Inti-illimani es la combinación de un vocablo quechua y aimara que significa “sol del Illimani” (el Illimani es un monte nevado imponente que se divisa desde la Paz, Bolivia). Por su parte, el conjunto Los Curacas se llama así utilizando una voz quechua con que se nombraba a los jefes locales de los ayllus en el antiguo imperio incaico. El americanismo musical se manifiesta también -con el pensamiento de la Escuela de Frankfurt en ristre- contra el imperialismo que se ejerce en las industrias culturales. Tema que estaba en boga en la época, como vimos al referirnos a Para leer el Pato Donald (1972), de Armand Mattelart y Ariel Dorfman, libro que se planteaba como un manual de descolonización cultural. Ante la pregunta por la poca presencia de Violeta Parra y Atahualpa Yupanqui en la discografía y radiodifusión local, Gustavo Becerra señala que para comprender estas discriminaciones hay que percatarse de quién es quién en la distribución de productos culturales. “Aquí entramos -dice- al problema del imperio creado por los grandes monopolios internacionales que están detrás de la industria fonográfica. Son ellos quienes determinan qué es lo latinoamericano y qué no es, qué es chileno y qué no lo es, y lo… que es gravísimo, proponen, por ultimoaunque ello no corresponda a la realidad- qué debe llamarse bueno y qué debe llamarse malo, imponen también una escala de valores. Una escala falsa, distorsionada, porque es bueno lo que tiene éxito y para ellos éxito no es calidad sino negocio, es porcentaje de ganancias; o sea tiene éxito aquello que es barato de producir, se produce rápido y se vende bien, se vende mucho y se vende caro”347.

La interacción entre la música culta y popular en la Nueva Canción Chilena se dio por distintas vías. Entre sus propios cultores, por la vía

347

Ibíd.

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intuitiva (como fue el caso de Violeta Parra, una autodidacta) o por una decisión racional y con formación musical (en el caso de Payo Grondona). La cantautora compuso “El gavilán” (1959-60), canción para voz y guitarra de extraordinaria elaboración sonora, también sus “Anticuecas” (1960), obras instrumentales en que transita entre lo culto guitarrístico y la tradición folclórica, elaborando un discurso sonoro altamente complejo348. Payo Grondona, con formación musical, compuso “La oficina”, parafraseando al compositor barroco alemán George Telemann349. Por otra parte, varios compositores con formación académica colaboran con intérpretes de la Nueva Canción escribiendo armonías y arreglos. Luis Advis es coautor de por lo menos media docena de composiciones de Violeta Parra (“Canción final”, “El amor”, “Epílogo”, “Los parientes”, “La esperanza”, “La infancia”). Cuando se trata de conjuntos, colaboran por un tiempo prolongado, lo que en la práctica convierte al músico docto en un miembro más del grupo. Tanto Luis Advis como Sergio Ortega (ambos discípulos de Gustavo Becerra) trabajaron por largos períodos con el conjunto Quilapayún. Se trata de un aporte fundamental; de esa colaboración surge “Venceremos” (Sergio Ortega) y la “Cantata de Santa María” (Luis Advis), esta última, una de las obras musicalmente más significativas del movimiento. La cantata, forma musical que data del siglo XVII, caracterizada por su extensión y por sus arias y formas vocales contrapuestas, deviene uno de los formatos musicalmente más productivos de la Nueva Canción. Sergio Ortega compuso varias cantatas, una de las cuales la trabajó con el grupo Aparcoa. También interactúan y colaboran en distintas modalidades con la Nueva Canción, entre otros, los músicos doctos Celso Garrido, Fernando García, Cirilo Vila y Gabriel Brncic. Paralelamente a la colaboración en la composición conjunta de canciones, se dio un proceso de enseñanza a través de un curso vespertino organizado por Sergio Ortega en el Conservatorio de la Universidad de Chile350, escuela que se convirtió en un punto de encuentro entre músicos doctos y populares. Se impartieron

348 Chistian Spencer, “Folklore e idiomaticidad: Violeta Parra y su doble pertenencia a la industria cultural”, Actas del III Congreso Latinoamericano de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular, Bogotá, 2000. 349 “Discusión de la música chilena”, Araucaria, Nº 2, op. cit. 350 Entrevista realizada personalmente a Eduardo Carrasco, Director de Quilapayún, 16-3-2011.

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allí clases de composición, contrapunto, armonía y orquestación, a las que asistieron, entre otros, los fundadores de los conjuntos Quilapayún e Inti-illimani, así como también Eduardo Gatti, Juan Pablo Orrego y su hermano Andrés, ambos de Los Blops. Esta escuela musical vespertina funcionó entre 1966 y 1973 351. La confluencia entre música culta y popular tuvo fundamento propiamente musical, siguiendo lo que ha ocurrido con frecuencia en la música docta de Occidente, en la que hay destacados compositores que se han nutrido de esta ósmosis. Pero además de un fundamento musical, fue una colaboración que se nutrió de una opción política compartida en torno al proceso de transformación que estaba viviendo el país, en algunos casos, como el de Sergio Ortega, incluso partidaria. El abanderamiento político en la época de la Unidad Popular y luego en la primera década del gobierno de Pinochet, facilitó el contacto entre músicos cultos y populares, pero, por otra parte, incidió en valoraciones negativas políticamente motivadas, en la medida en que algunos destacados músicos cultos -como Samuel Claro (1934-1994) y Alfonso Letelier (19121994)- tomaron distancia crítica de la Nueva Canción o del Canto Nuevo. Samuel Claro, en Oyendo a Chile (1979), libro que se proponía ofrecer una visión completa de la música que ha existido y existe en el país, ignoró completamente la presencia de la Nueva Canción Chilena; apenas menciona a Violeta Parra, situándola junto a Ginette Acevedo y Scotie Scott. Por su parte, Alfonso Letelier, de regreso de un viaje a Europa, escribió el comentario que sigue: “Poco después del golpe -dice- estaba (yo) en la noche, en München, mirando la televisión junto a mi mujer. De pronto, un locutor anunció un comentario sobre Chile. Con emoción forzamos la atención para entender su contenido… Aproximadamente durante veinte minutos, se explicó cómo el Gobierno de Pinochet no solo se “desinteresa”, sino que “persigue y obstruye” las expresiones artísticas. Estas, por lo tanto, han debido “refugiarse” en las “peñas” y los “talleres” universitarios, para poder subsistir.

351 Juan Pablo González, “Tradición, identidad y vanguardia en la música chilena”, op. cit.

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Chile

Tanto las peñas como los talleres -continúa Letelier- que aparecían en esa transmisión televisiva eran locales sórdidos, feos y en los cuales unos cuantos jóvenes de ambos sexos, mal vestidos, y ante un público heterogéneo, cantaban y tocaban con guitarra y alguno que otro instrumento altiplánico, música o canciones folklóricas de protesta. En suma -concluye el musicólogo- espectáculos decadentes, artísticamente insignificantes, pero de claro contenido político”352.

Proferidos en un contexto dictatorial, este tipo de discursos revela, contrario sensu, que la interacción entre lo culto y lo popular constituye un indicador del nivel de democracia (política, social y cultural) que ha alcanzado un país. Un tercer aspecto que revela la apertura de la Nueva Canción apunta a su porosidad con respecto a corrientes musicales no autóctonas, fundamentalmente respecto al rock. El rock surge en Estados Unidos en la década del 50, con intérpretes que logran una gran audiencia en Chile (y América Latina), y que crean una vorágine de entusiasmo con respecto al rock and roll como baile, con piezas interpretadas, entre otros, por Little Richard, Bill Haley, Chubby Checker y, sobre todo, por Elvis Presley. En la década del 60 se conforma la matriz anglosajona con grupos británicos, entre los que destacan los Rolling Stones, los Beatles y Led Zepellin. El rock tuvo en esos años una dimensión contestataria en una perspectiva más bien existencial y social (en sentido amplio), tuvo también un carácter de afirmación identitaria que se expresó incluso en los peinados y en las vestimentas de sus cultores. En Chile, como en otros países, se crearon conjuntos que se apropiaron del arquetipo, algunos de los cuales fueron logrando una expresión más personal y menos sometida a la matriz británica-norteamericana, dando lugar a un rock situado y con raíces. Uno de ellos fue High and Bass, que se formó en Viña del Mar en 1963, y que posteriormente, en 1969, se pasó a llamar, definitivamente, Los Jaivas. El cambio de nombre conlleva un cambio musical hacia un rock con raíces; el conjunto vive un proceso de sudamericanización, produciendo una música de vivencia cósmica, pero con historia. Así, musicalizan poemas de Pablo Neruda, se conectan

352 Cfr. Bernardo Subercaseaux, “El canto nuevo en Chile (1973-1980)”, Cuadernos Americanos, Nº 4, México, 1980.

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con Machu Picchu y con el vuelo del cóndor en las alturas. Producen una música que va a confluir con la Nueva Canción Chilena, a la que aportan elementos del rock, como la práctica de la improvisación en las actuaciones, logrando una relación más dinámica con el público, e incorporando también una música menos rígida y con mayor coloratura. En 1971 lanzan su primer disco, fusión de música latinoamericana y rock. Los Blops y Congreso siguen una senda similar, conformando, por lo tanto, una de las vertientes de la Nueva Canción Chilena, corriente que se mantiene activa y se prolonga hasta hoy día. Otro autor que estuvo vinculado al rock en sus inicios fue Payo Grondona, que en 1965 compuso “La muerte de mi hermano”, para Los Mac´s, grupo que, junto a Los Vidrios Quebrados, representa el carácter contracultural y en general contestatario del rock de los 60 en Chile. Posteriormente, con el nacimiento del grupo Los Jaivas, el rock sin más devino un rock con raíces, geográficamente instalado, posibilitando con ello su fusión con la Nueva Canción Chilena. Para este encuentro entre ambas corrientes musicales algunas figuras operaron como verdaderos puentes, una de las cuales fue Víctor Jara, quien colaboró con Los Blops juntando guitarras eléctricas y órgano, con un sonido ligado a las raíces folclóricas. Cabe recordar que la Nueva Canción, como ya señalamos, estableció también una conexión creativa con otros movimientos e influencias sonoras de América Latina y España, como por ejemplo, con la Nueva Trova Cubana, con la Nueva Canción argentina y uruguaya, y con la Nueva Canción catalana liderada por Joan Manuel Serrat.

e) Difusión y golpe militar Si bien en la década del 60 la Nueva Canción se hace presente “subrepticiamente”, poco a poco fue encontrando modalidades para conectarse con sus auditores; primero en el espacio de lo íntimo, a través de las peñas, y luego, en los años de la Unidad Popular, en el espacio de lo público a través de sellos discográficos dedicados casi exclusivamente a divulgarla, así como también por medio de presentaciones en la radio, televisión y en los más variados escenarios. La llamada Peña de los Parra fue creada por los hijos de Violeta, Ángel e Isabel, luego que regresan, en 1964, de una estadía en Francia con su madre. Recrean, en una casa

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antigua de la calle Carmen un espacio parecido a los pequeños locales nocturnos de café-concert que habían conocido en París, pero con un aspecto acriollado y rústico, con un brasero, empanadas y vino tinto. Fernando Barraza entrega una crónica testimonial del lugar: “El público -dice- paga una entrada, recibe un vaso de vino y una empanada, se acomoda en bancas o en el suelo y sigue religiosamente el espectáculo. Incluso, si lo desea, puede participar, cantando o coreando los temas que escucha. La decoración es con redes, botellas viejas, caracoles marinos, volantines. Velas iluminan las mesas y un brasero quita el frío y sirve para calentar el agua para el mate. El público se olvida de que está en un espectáculo pagado y se imagina en su propia casa. No hay escenario -apenas una tarima pequeña- lo que facilita la comunicación entre intérpretes y espectadores”353.

Pasando de boca en boca, el formato “peña” tuvo éxito de inmediato, atrayendo sobre todo a estudiantes, artistas, intelectuales y políticos, funcionando así durante ocho años. Por la Peña de los Parra pasaron los principales intérpretes y conjuntos de la Nueva Canción Chilena, e incluso, en su primera etapa, grupos del neofolclore, como Las Cuatro Brujas y Los Cuatro Cuartos. Fueron “ocho años -diría Ángel Parra, en cita que reproduce José Manuel García- en que el trabajo artístico y el trabajo político se reúnen, en que la comunicación era directa, en que conocíamos la fuerza de movilización de cada canción”354. Las características del recinto creaban en los asistentes una sensación de complicidad. Fue una empresa cultural sin fines de lucro, un espacio en que se daban la mano el progresismo y la cultura de izquierda de los 60 con una afirmación de lo nacional y de lo latinoamericano. Imitando el modelo surgieron otras peñas en Santiago, Valparaíso, Concepción y también en recintos universitarios. Entre ellas, la Peña Chile, Ríe y Canta, de René Largo Farías (que tenía un espacio radiofónico con el mismo nombre), La Peña Chilena y la Peña de la Universidad Técnica del Estado, hoy Universidad de Santiago.

353 354

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Fernando Barraza, La nueva canción chilena, op. cit. José Manuel García, La nueva canción chilena, op. cit.

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Otro camino de difusión de importancia fueron los sellos discográficos. La Nueva Canción Chilena, temáticamente, como señala Fernando Barraza, “apuntaba abierta o sutilmente hacia un cuestionamiento crítico de la sociedad, del orden establecido”, diferencia en el modo de tratar la realidad que significó que algunos intérpretes (los más sutiles) de la Nueva Canción pudieran ser editados por sellos trasnacionales como EMI o Warner; tal fue el caso de Violeta Parra, que grabó “Las últimas composiciones” con RCA Víctor, en 1966 y, más tarde, de Illapu, que grabó en 1972, con Warner Music, su disco “Música Andina”. En otros casos, resultaba imposible contar con la acogida de los sellos trasnacionales; fue, por ejemplo, la situación del long play “Por Vietnam” (1967) de Quilapayún. Para editarlo, las Juventudes Comunistas, con el apoyo de los hermanos Larrea, crearon, en 1967, el sello DICAP (Discoteca del Cantar Popular). Hay que recordar que en la exacerbada confrontación política de los años 1970-1973, se escribieron y cantaron canciones que constituían un registro polarizado de lo que estaba ocurriendo en el país. Basta revisar “La Batea”, de Toni Taño y Quilapayún: “Mira la batea, como se menea Como se menea el agua en la batea. El gobierno va marchando, qué felicidad, La derecha conspirando, qué barbaridad, Va marchando, conspirando, Pero el pueblo ya conoce la verdad. Por el paso de Uspallata, qué barbaridad El momiaje ya se escapa, qué felicidad. En Uspallata hacen nata, que se vayan y no vuelvan nunca más, Ya perdieron la cordura, qué barbaridad, sabotear la agricultura, qué fatalidad, que chuecura las verduras los culpables son de Patria y Libertad”.

Frente a este tipo de canciones de batalla, algunos conjuntos, musical y socialmente pasatistas, como Los Quincheros, elaboraron la contraparte: canciones con una lírica comprometida con la derecha y con el movimiento que buscaba derrocar al gobierno legítimamente constituido. 245

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El sello DICAP, que tuvo originalmente una vocación más militante que comercial, no solo grabó canciones contingentes. Hasta su allanamiento y clausura en 1973 (con destrucción de las matrices de los discos), produjo 67 elepés, 18 de ellos bajo la etiqueta inicial Jota Jota (Juventudes Comunistas) y 49 con el rótulo definitivo de DICAP. Entre los primeros, hay discos de Quilapayún, Inti-illimani, Víctor Jara, El Trío Lonqui y Huamarí; y luego, con la etiqueta DICAP, discos de Isabel Parra, Los Blops, el elenco de la Peña Chile Ríe y Canta, Los Curacas, Payo Grondona, Amerindios, Homero Caro, Rolando Alarcón, Combo Xingú, el Dúo Coirón, El Temucano, Osvaldo Rodríguez, Marta Contreras, Fabián Rey, Roberto Parra y Margot Loyola. DICAP fue, por lo tanto, un sello abierto que estaba en una línea de ampliar su repertorio. También hubo otros sellos pequeños y de corta vida, como el de La Peña de los Parra o el de Chile Ríe y Canta. El golpe militar de 1973 desarticuló no solo los soportes de difusión de la Nueva Canción Chilena, sino que también a sus intérpretes; se trataba de suprimir de raíz una cultura, una estética e incluso una apariencia personal de izquierda (la barba, el pelo largo), una cultura que desde el punto de vista de la derecha y los militares había instalado -con música ad hoc- un “tumor canceroso” en el cuerpo de la sociedad chilena. Casi todos los conjuntos que estaban en el país dejaron de existir: Quilapayún e Inti-illimani se encontraban en Francia e Italia, como embajadores culturales, salvándose de un destino probablemente similar al de Víctor Jara. Numerosos intérpretes y compositores se asilaron o salieron al exilio, dejando así el espacio libre para los Huasos Quincheros, Willy Bascuñán, el folclore tradicional y, sobre todo, para la música comercial y de mercado. El movimiento de solidaridad internacional con la democracia y el gobierno de Salvador Allende alcanzó, empero, proporciones inusitadas, lo que permitió que los grupos que estaban en el extranjero y los intérpretes que se exiliaron tuviesen posibilidades de seguir creando y difundiendo su música en Europa, en Estados Unidos, en Asia y en los, por entonces, países socialistas. Se produjo así una internacionalización, sin precedentes, de una corriente musical chilena, y en el 2010, transcurridos casi cuarenta años del golpe, es posible encontrar en una calle de Tokio a un grupo de muchachos japoneses cantando “La Muralla”, usando los instrumentos y atuendos del Quilapayún. O también a jóvenes egipcios que en su reciente lucha por la democracia (2011) 246

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entonaron el “Venceremos” y “El pueblo unido”, con letra en árabe pero utilizando las composiciones y arreglos originales. O al músico docto norteamericano Frederick Rzewski, que compuso una serie de variaciones para piano sobre la base de la canción “El Pueblo Unido”, de Sergio Ortega y Quilapayún. Como constata Wikipedia, “«El pueblo unido jamás será vencido» es conocida en el mundo entero como una de las más famosas canciones de protesta de la historia por su música pegajosa y enérgica, destacando su estribillo que es un grito o consigna solo con percusión, lo que facilita adaptarla para cualquier idioma”. En Chile, por su parte, las canciones “Gracias a la vida”, de Violeta Parra, y “Arriba en la cordillera”, de Patricio Manns, resultaron elegidas como las dos mejores canciones chilenas del siglo XX. En términos de identidad y representación -en el momento del Bicentenario, a diferencia de lo que ocurrió en 1973 y años siguientes- la Nueva Canción apela no solo a un sector de la sociedad sino a casi toda ella.

f) El Canto Nuevo Después de 1973 se produce un vacío musical y cultural que será, sin embargo, solo transitorio. A pesar de la ausencia de infraestructura adecuada y de los inconvenientes de una realidad política que demonizó símbolos y espacios vinculados a la Nueva Canción, poco a poco se va manifestando un movimiento musical que hace suyos los valores de esta última, que los hereda, pero que también va conformando un fenómeno distinto. Los propios integrantes lo bautizaron como Canto Nuevo, aunque todo indica que se trata de una prolongación de la Nueva Canción, en circunstancias muy diferentes. De hecho, algunos cantautores que se perfilan como integrantes del Canto Nuevo (Payo Grondona y Nano Acevedo, entre otros) se formaron al alero de la Nueva Canción, lo mismo que algunos conjuntos como Illapu, creado en 1971. Cronológicamente, pueden distinguirse tres etapas en el Canto Nuevo. La primera se caracterizó por el auge de la música andina, y abarca desde poco después del golpe hasta los primeros dos o tres años del régimen militar. Durante esta etapa, la sensibilidad heredada de la Nueva Canción se repliega y busca su cauce a través de un desarrollo de tipo instrumental. Surgen varios grupos que en base a aerófonos 247

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andinos recrean o experimentan temas instrumentales. Enfrentados a un clima oficialista y a un control del espacio público que los identifica con una determinada corriente política, algunos conjuntos desaparecen. Se produce, entonces, una decantación de la cual sobreviven los grupos de mayor calidad, como Barroco Andino e Illapu. El afán por una buena ejecución técnica y por experimentar son los aspectos más destacados. Barroco Andino, por ejemplo, interpreta con instrumentos andinos desde “Eleanor Regby”, de John Lennon, hasta la Suite para flauta y cuerda N° 2 de Bach. Esta mezcla de géneros populares con música docta -sin abandonar las connotaciones folclóricas- indica una apertura y experimentación sonora que no se pone límites. Las condiciones de trabajo para estos grupos, en esta primera etapa, son extremadamente duras; la Iglesia (parroquias y actos solidarios), junto al grupo Cámara Chile (peñas ocasionales y recintos universitarios), constituyen el principal apoyo en esos años. Las composiciones musicales de estos grupos operan en los oyentes como memoria y reconstrucción sonora de un legado musical y de un pasado que ya no está, creándose cierta complicidad que le otorga connotaciones de vivencia política incluso a los temas instrumentales. Más tarde, a partir de 1976, en lo que puede considerarse una segunda etapa, surgen varias instituciones autónomas o -como se decía entonces- “alternativas”, orientadas a la organización de actividades, al Canto Nuevo y a albergar eventos de cultura de base. Se destaca la Peña Javiera Carrera (que empieza a operar en 1975), la primera peña estable posterior al golpe, y la productora Nuestro Canto, que sale al aire con un programa radial en mayo de 1976. Posteriormente, en octubre de 1977, más de veinte conjuntos forman la AFU, Agrupación Folclórica Universitaria, que luego, ampliando sus actividades, cambiará su nombre por el de la ACU, Agrupación Cultural Universitaria. Un factor fundamental de esta etapa será la creación del sello Alerce en 1976, por parte de Ricardo García. Este sello se hizo cargo del catálogo del desaparecido DICAP. Alerce edita su primera producción en 1976 (“Tierra de Alerces”, del grupo Chamal); se trata de un compilado de música chilota que incluía una melodía de Violeta Parra, lo que constituía para la época todo un gesto. El segundo título editado fue un disco del grupo Ortiga, uno de los conjuntos importantes del Canto Nuevo. Más tarde, a principios de los 80, el sello Alerce -que se subtitulaba “La otra música”- editó algunos 248

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títulos de Quilapayún e Inti-illimani355. En el catálogo del sello se incluyen títulos del Canto Nuevo, de la Nueva Canción Chilena, del folclore, de autores cubanos, como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y del Nuevo Rock Nacional (Fulano, De Kiruza, entre otros). Para el sello Alerce fueron años difíciles, su fundador y propietario, Ricardo García, experimentó seguimientos, persecución de impuestos internos, confiscación de una partida de discos de la Nueva Trova Cubana, e incluso fue detenido una semana y procesado por la Ley de Seguridad Interior del Estado. Estas organizaciones y el sello Alerce constituyen un signo de vitalidad, y contribuyen a la supervivencia del Canto Nuevo, confiriéndole una fisonomía en la perspectiva de la lucha por los derechos humanos y la recuperación de la democracia. El año 1977 es un año de mayor presencia pública, de grabaciones, recitales y festivales en los teatros Cariola y Caupolicán. En esta etapa aparecen grupos como Ortiga y Aquelarre. Fue un período que se caracterizó por algunas creaciones originales, pero, sobre todo, por la recreación de temas de la Nueva Canción Chilena. Sin embargo, debido a que en la recreación se enfatizan los arreglos musicales, no se trata de una simple repetición, sino que más bien de una renovación. Así, por ejemplo, cuando Osvaldo Díaz con el grupo Kamara reinterpretan “Arriba en la cordillera”, de Patricio Manns, lo hacen con una instrumentación en estilo jazz, utilizando flauta, viola, guitarra y batería. Desde 1978, se va afianzando una etapa de creaciones originales y se van dejando atrás las recreaciones de la Nueva Canción. Ese año se graba un disco larga duración con el título de Canto Nuevo, que implica la consolidación del movimiento. Surgen conjuntos como Santiago del Nuevo Extremo, que en un primer momento tiene como referente a la Nueva Canción, pero que luego experimenta con teclados y saxo, y en la década del 80 sirve de base para el nacimiento de Fulano, un grupo de jazz rock 356. A la búsqueda de formas musicales novedosas y a la preocupación por una buena ejecución técnica, se agrega ahora el afán por textos de altura poética, por canciones que “digan sin decir” y que midan las palabras “sin pasarse ni quedarse”. En esta perspectiva se destacan,

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Datos obtenido en el sitio web del sello Alerce, en línea URL: www.selloalerce.cl Enciclopedia de la música popular, en línea URL: www.musicapopular.cl

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además de Santiago del Nuevo Extremo, conjuntos como Cantierra, Sol y Medianoche (que llega a experimentar con música étnica mapuche y rock), dúos como Schwenke y Nilo, solistas como Isabel Aldunate, Pato Valdivia, Eduardo Peralta, Óscar Andrade y muchos otros. En cuanto a la temática, las letras y composiciones originales son más matizadas, la utopía política no es ya el cambio social sino sencillamente una vida cotidiana y social sin las restricciones de la dictadura: un café para Platón, como dice una canción de Fernando Ubiergo. El parámetro de lo político y de la política ha variado. Salvo grupos como Sol y Lluvia, la mayoría de los conjuntos e intérpretes tienen cierta distancia con los partidos y con ideologías demasiado estructuradas. Se trata de un factor que incide en una menor rigidez musical, en experimentaciones más variadas y en un cierto distanciamiento de los parámetros más comprometidos de la Nueva Canción Chilena. Son, por otra parte, años en que hay mayor apoyo en los medios con programas radiales conducidos por Pirincho Cárcamo (“Hecho en Chile”, en radio Galaxia) y Miguel Davagnino (“Nuestro Canto”, en radio Chilena). En la década del ochenta, empiezan a regresar del exilio intérpretes y conjuntos de la Nueva Canción y, por otra parte, grupos como Illapu y cantautores identificados con el Canto Nuevo hacen giras por el extranjero, especialmente por países en que hay exiliados chilenos y latinoamericanos. Los cambios en el Canto Nuevo con respecto a la Nueva Canción, o a lo que era la Nueva Canción hasta 1973, se explican porque se vive y crea en un contexto sociohistórico muy diferente. Cabe señalar que los propios grupos y cantautores más emblemáticos de la Nueva Canción que viven en el exilio también experimentan cambios. Cantan a petición de los auditorios las canciones e himnos del pasado, pero componen música nueva, en que se distancian de las antiguas banderas y abordan nuevas temáticas e incluso se abren a las influencias sonoras de los países en que fueron acogidos. Sin embargo, la conciencia crítica persiste; conjuntos como Inti-illimani y Quilapayún son iconos del pasado, emblemas de un mundo que no fue, pero también innovan y se mantienen vigentes con nuevas creaciones en las que a veces suele asomarse el eclecticismo y el descreimiento. En las últimas décadas son sobre todo las numerosísimas bandas juveniles de rock y de hip hop nacional las que expresan un espíritu crítico

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actualizado, alertas frente al consumismo y la publicidad que acarrea la globalización, a la hipocresía de la Iglesia y de las instituciones, grupos confrontacionales en términos de generación y en términos de la matriz cultural dominante, más que en términos de izquierda y de derecha357. Son bandas urbanas, casi todas ellas autogestionadas, que tienen gran respeto por el legado de Violeta Parra, de la Nueva Canción y del Canto Nuevo, pero que, sin embargo, están, como dicen ellos, “en otra”, un “otra” que abomina de la política pero no así de lo político.

357 Entrevista realizada personalmente a Patricio González, Encargado de las Escuelas de Rock del Consejo de Cultura, 10-3-2011.

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CAPÍTULO V DESCONCIERTO Y NUEVA SENSIBILIDAD

a) 11 de septiembre, 1973 El imaginario de transformación de la sociedad, en su vertiente revolucionaria (pero también en la reformista), experimentó -a partir del 11 de septiembre de 1973- un abrupto remezón con el golpe militar y la dictadura. Un proyecto político se frustraba, pero no solamente eso: un conjunto de ideas, de creencias y de anhelos se desmoronaba. Un proyecto en el que un sector significativo de la población, sobre todo trabajadores y jóvenes, habían puesto muchas esperanzas, mucha generosidad y también mucha obsesión. “Yo nací -escribió Mauricio Wácquez (1939-2000)- en un mundo revolucionario, acribillado de ideas que movían a los hombres en todas las direcciones. Ideas que solo… cambiaban o morían mediante la fuerza” 358. A lo acontecido en el país se sumó el conocimiento de lo que ocurría en los llamados “socialismos reales”, la caída del muro de Berlín y la desarticulación paulatina del sistema soviético y del ideario que lo sostenía. El quiebre de ideales trajo consigo una poderosa resaca sicológica, que revolvió y desordenó la subjetividad de los afectados359. Un estado individual y colectivo que puede describirse como de desconcierto. Según el diccionario, la voz “desconcierto” significa confusión y apunta a la desorientación que siente una persona, generalmente debido a algo inesperado. Implica también paralización del ánimo. Como señala un

Maurico Wácquez, Frente a un hombre desnudo, Barcelona, 1981. Gabriel Salazar se refiere así al efecto de la derrota, en La violencia política popular en las Grandes Alamedas, Santiago de Chile, 2006. 358 359

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testimonio de un joven universitario de esos años: “Se nos cayó el ropaje teórico con que nos cubríamos… se nos hizo humo todo el conjunto de valores que nos impulsaban”360. Fue un desconcierto intelectual y político que ocurrió en una sociedad en que la identidad, el sello y el cemento cultural obedecían en gran medida a la política361, desde donde se totalizaban los más diversos ámbitos. El desconcierto afectó, por ende, a toda la gama de lo humano, desde la familia hasta el arte, desde la vivencia del tiempo y del espacio hasta las expectativas e ideas de futuro. El desconcierto post golpe constituye, en consecuencia, una etapa en la historia de la subjetividad chilena, una etapa que fue corta para algunos y larga para otros, pero en cualquier caso bastante generalizada. Cabe preguntarse: ¿Qué tan extendido fue este desconcierto? ¿No estaremos exagerando acaso su impacto? Un antecedente que permite vislumbrar su alcance es la circulación y venta que tuvo el Diario, de Ernesto Che Guevara, después de su muerte, en octubre de 1967. Se trata de un testimonio que cubre desde la instalación del foco guerrillero en la zona de Ñancahuazu, en noviembre de 1966, hasta octubre de 1967. Editado por Cuba al año siguiente, el Diario circuló profusamente en Chile y en otros países de América Latina, en ediciones locales que fueron leídas con gran interés por jóvenes, estudiantes, trabajadores, religiosos y dueñas de casa. En el país se vendió en quioscos y en forma seriada, alcanzando un tiraje y una venta importante. Hay que considerar que en esos años, mientras las librerías apenas sobrepasaban la centena, existían, como hoy día, varios miles de quioscos dispersos en todos los barrios y sectores del país. Es improbable que quienes compraron y leyeron el Diario del Che en Bolivia hayan sido marxistas o que hayan compartido su tesis foquista, menos aún su idea de instalar en Bolivia un Ejército de Liberación Nacional (ELN), que desde la zona selvática del país andino serviría como columna vertebral de una lucha armada que se proponía liberar a toda América Latina. El Che Guevara despertó interés fundamentalmente como símbolo y figura ética, no como una figura política. Esa fue la base axiológica que posibilitó que su Diario fuese un objeto que se leyera y consumiera masivamente, por la vía de

Eduardo Devés, Escépticos del sentido, Santiago de Chile, 1984. Manuel Antonio Garretón, “La casa de los espíritus. Vida, política y teatro en Chile”, La Tercera, Santiago de Chile, 5-6-2010. 360 361

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los mecanismos de la cultura de masas. Se trata, en definitiva, de un fenómeno cultural ocurrido pocos años antes del golpe, que permite pensar que el desconcierto fue un estado mental que afectó y tuvo un alcance bastante más allá de quienes eran a la sazón partidarios de la Unidad Popular. De hecho, saber de un bombardeo en el centro de Santiago, ver muertos en las calles y en el río Mapocho, quemas de libros, toque de queda, la sospecha que despertaban quienes tenían el pelo largo o usaban barba, la violación de correspondencia, exoneraciones de académicos, despidos en la televisión, intervención militar en las universidades públicas, disparos en la noche, enterarse de desaparecidos y de torturas, todo ello produjo un desconcierto y una confusión en un amplio espectro de la población, incluso en quienes en un principio pueden haber sido partidarios del golpe. La cultura mesocrática y popular que amparaba los comportamientos y la vida cotidiana se hacía trizas. Cabe, por lo tanto, hablar de un desconcierto político e intelectual, pero también de un desconcierto ético y cultural, que incidió en una desestabilización de las subjetividades. Desde el punto de vista de las ideas, este desconcierto produjo diversas reacciones. Algunos tomaron el camino del escepticismo radical y militante con respecto al sentido de la historia, pero de una “militancia” -como plantea Eduardo Devés- “soterrada”362. Otros variaron su estrategia y táctica pasando de un pensamiento reformista a una radicalización revolucionaria en la línea de la lucha armada; otros se inclinaron por una renovación del pensamiento socialista en la matriz reformista y en la perspectiva de ampliar el centro político y dar una batalla concertada por la recuperación (ahora valorizada) de la democracia; otros, que festejaban el desconcierto, celebraron el triunfo al compás de las bandas militares y del restablecimiento del “Estado en forma”, de Diego Portales. Las nuevas ubicaciones en el espectro político trastornaron la escenificación del tiempo histórico nacional en clave de transformación: para algunos, la estrategia de la Unidad Popular fue una cadena de equívocos, otros no tardaron en iniciar una crónica idílica del período pre 1973 (democracia ilimitada y profunda, igualdad y movilidad sociales, respeto a la institucionalidad, país modelo

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Eduardo Devés, Escépticos del sentido, op. cit.

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en derechos humanos y libertad de prensa), otros demonizaron no solo los últimos tres años de la Unidad Popular sino todo el período que lo antecede, desde la elección de Arturo Alessandri Palma e incluso más atrás, desde la época del presidente Domingo Santa María. Pero el desconcierto no fue solo intelectual, sino que también fue humano y personal, ético y estético, sobre todo entre los que quedaron en el camino. Y las actitudes o respuestas al respecto fueron muy diversas: tanto las individuales como las colectivas. Hubo quienes siguieron luchando, encendiendo la plancha los días viernes para producir un cortocircuito como un acto planificado de rebeldía; estaban los que continuaron -según un cronista de esos años- leyendo a Lenin como epopeya, pero también los que lo leían como comedia o tragedia: “los que la DINA jodió definitivamente y los que la DINA no pudo joder… los que olvidaron eso que nunca debe olvidarse: la lucha de clases… los que viven como si nada hubiera ocurrido y todo sigue igual… los que cambiaron a Marx por Hare Krishna… los que terminaron por sentarse a la vera del camino… los que trabajaban en Fundaciones suecas… los que vivían de la solidaridad internacional…los que fijaron su residencia en París… los que estaban esperando el momento propicio para incorporarse a la vida pública… los que sobre todo en el mundo se abocaron a cuidar su propia pega, mucho más que la propia dignidad…”363.

En definitiva, un desconcierto que afloró en una variada gama de comportamientos individuales, que fue rumiado durante varios años, y que incluso -en el plano intelectual- estaba todavía latente en 1999, a juzgar por el título de un libro convocado por editorial Planeta ese año, un libro cuyo subtítulo tenía el aire de quienes se encuentran al borde del precipicio: se subtitulaba “Proposiciones y conjuros para sobrellevar el fin de siglo”. Con la tachadura pública del pasado, las reacciones y comportamientos eran también formas de estabilizar lo que había sido desestabilizado y de ponerse de pie para vislumbrar un camino hacia el futuro. Los creadores también experimentaron un cambio de parámetros y una búsqueda que

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Ibíd.

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les permitiera mantenerse de pie. Así lo testimonia “Luz negra”, una canción compuesta por el director del Quilapayún e incluida en el LP La revolución y las estrellas (1982): “Todas las banderas que flamearon se han ido desgarrando con el tiempo. Habría que decir que ya no estamos cantando por las grandes alamedas. Ya no es la misma siembra en la guitarra Ya no es el mismo canto el que da vida. Habría que afirmar valientemente que un mundo nos separa de ese mundo y un mundo es lo que queda destruido y un mundo por hacer es la tarea”.

Biográficamente, nosotros mismos fuimos parte de ese desconcierto, y como sujeto que intenta articular un relato se nos hace muy difícil hablar de lo ocurrido desde un punto de vista neutral, punto de vista que resulta por lo demás solo un simulacro o una convención en la práctica histórica. Desde el momento que se elige un periodo, un tema, un archivo y un lenguaje, se está asumiendo una parcialidad e interviniendo el pasado y, más aún, constituyéndolo como tal. El desafío consiste en que el pasado hable y el historiador retroceda. Incluso el propio pasado de quien investiga y escribe, cuando le concierne, tiene también que hablar. Las voces del pasado son, sin embargo, múltiples. Sabemos que no hay respecto al pasado una verdad absoluta o única. Desde esta perspectiva, no solo la historia del tiempo presente sino que la historia sin más, resulta desde el punto de vista de una supuesta objetividad y de una imparcialidad total, un imposible. De allí que se justifique incluir un texto nuestro que pensamos y expusimos a comienzos de los 90, convocados por un pregunta límite. ¿En qué sentido hay sentidos aún?, rezaba la interrogante; pregunta que en su misma formulación se hacía cargo de cierta confusión y de la pérdida de sustento intelectual y cultural, una pregunta que invocaba en los participantes la necesidad de pensar caminos para no caer en el abismo, para evitar el solipsismo de un yo encapsulado, solitario y sin proyecto colectivo. Respondiendo a esa inquietud y buscando salida por la vía de la creación y de una sensibilidad que se hiciera cargo 257

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del nuevo contexto, participamos en el Seminario Internacional que con el título de Utopía (s) fue convocado por la División de Cultura del Ministerio de Educación el año 1993. Lo que hicimos fue llevar a cabo una reflexión que le otorgaba sustento histórico al cambio de sensibilidad, queríamos exorcizar la desesperanza en que habíamos vivido y ahuyentar el fantasma de una existencia precaria.

b) Los desafíos de la incertidumbre ¿En qué sentidos hay sentidos aún? Tal fue la pregunta que nos convocó en la exposición que hicimos. Pregunta legitimada en una corriente de pensamiento que apunta (pero que también se resiste) a sepultar los grandes relatos de la modernidad, particularmente el que ha sustentado nuestro progresismo (Ilustración, liberalismo, positivismo y materialismo histórico). Interrogante traspasada por cierto tono jeremiaco, de lamento y de naufragio. De alguna manera, lo que se preguntaba era ¿en qué medida son posibles todavía los proyectos histórico-políticos colectivos? ¿En qué sentido hay sentidos compartidos, “aún”? Y en el trasfondo de ese “aún” latía la idea de la “crisis de los grandes relatos de la modernidad”, de Lyotard, Vattimo y compañía. El referente sociohistórico de la pregunta fue un proceso de involución y de pérdida de certidumbre de corrientes intelectuales que habían permeado el progresismo de los últimos sesenta años. Una situación regresiva en que la vida continúa, pero la suerte de los individuos se disocia de un sentido colectivo, en que se carece de un marco sustitutivo de lo que fueron idearios y proyectos compartidos. En que hay una cierta ausencia o falta de visibilidad de un eje histórico que legitime, que regule o que les otorgue el aura de un sentido trascendente a los comportamientos individuales (salvo para los partidarios de la dictadura). Un estado de ánimo de incertidumbre, de desconcierto, de quedar si no en una situación de naufragio, por lo menos “al garete”. Queríamos compartir dos reflexiones que relativizaran los supuestos jeremiacos que permeaban la pregunta. En primer lugar, una acotación respecto a la productividad que han demostrado históricamente esos momentos en que la cultura como seguridad -como el ámbito que nos provee de techo- se desvanece, en que las subjetividades padecen una 258

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orfandad de sentido; una productividad que se ha manifestado sobre todo en el campo de la literatura y el arte. Los ejemplos en la historia de la cultura europea y chilena son numerosos. Piénsese en el caso de Jean Paul Sartre y de los autores más significativos del existencialismo. Una de las primeras obras importantes del autor galo fue La Náusea, de 1938. El protagonista de esta novela es Roquentin, un ser desarraigado, que carece de proyecto. Se trata de una obra en que se ficcionaliza la vivencia metafísica del sin sentido, experiencia cuyo momento culminante se da, precisamente, en una biblioteca, la institución que encarna la síntesis de los sentidos y de las utopías preexistentes. Allí Roquentin vivencia a fondo el absurdo de su cuerpo y de sus manos que, desligadas de intencionalidad, pasan a ser vivenciadas como gusanos que se mueven con total independencia. En la conciencia del protagonista se corta todo vínculo entre lo vegetativo del cuerpo y lo proyectivo del intelecto, entre la inmanencia y la trascendencia. De esa experiencia metafísica del sin sentido va a surgir todo el edificio de la filosofía sartreana: el tema del proyecto, de la libertad situada, de la elección, de la intersubjetividad, del otro, del ser y de la nada. La obra de Sartre -incubada en una Europa amenazada por el fascismo y la barbarie- es un ejemplo de la productividad estética y reflexiva de la búsqueda de sentido en un entorno en que las subjetividades y la racionalidad de Occidente estaban amenazadas. Lo mismo puede decirse de obras como El extranjero (1942) y Calígula (1944), de Albert Camus. Si retrocedemos en el tiempo, hay ejemplos como Don Quijote de la Mancha (1605), novela que puede ser leída como una obra que se nutrió de la crisis de la utopía caballeresca medieval; como una novela que productivizó la pérdida de referentes simbólicos y la distancia entre un horizonte de expectativas (que provenía del honor y de los códigos caballerescos) y una realidad (en que ese mundo ha desparecido). Incluso en nuestro propia literatura se encuentran ejemplos como Altazor (1929), de Vicente Huidobro, poema del hombre solo ante el cosmos, de la crisis de la racionalidad moderna, de un quiebre de sentido que abarca hasta el lenguaje y la propia palabra. Son obras que muestran la productividad estética que tiene en la literatura y el arte la erosión de los órdenes previos y la orfandad de un sentido colectivo. El estar, como decíamos, desconcertados y culturalmente “al garete”. 259

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Cabe señalar que la imaginación utópica -que es la contraparte de la carencia de sentido- también es portadora de energía y productividad estética. Basta pensar en autores como Pablo Neruda y su Canto General (1950), en Ernesto Cardenal y sus utopías retrospectivas. En todo caso, la historia del arte y la literatura nos entrega numerosos ejemplos que llevan a relativizar el tono de lamento de la pregunta que nos convocaba, y que ponen en evidencia las energías creativas que acarrea el desplazamiento del péndulo entre la utopía y el sinsentido propios del desconcierto.

c) Ayer y hoy En el país reflexivo, el diagnóstico de una atmósfera de desencanto, de pérdida de certidumbre, de relativismo y de pensamiento blando no es de ninguna manera una novedad; así lo hemos podido constatar al estudiar la historia de las ideas y de la cultura. Al respecto, baste citar una publicación más que centenaria, la revista Chile intelectual, de 1898. Un editorialista reflexiona sobre el tema de la pérdida de perspectiva y la crisis del liberalismo del siglo XIX, sobre la crisis de la utopía fundacional de Simón Bolívar y de la racionalidad positivista y cientificista de fines de siglo: “Un profundo malestar nos invade, por todas partes se perciben las apatías que consumen y los desalientos que matan. El cuerpo social y político gime bajo el peso abrumador de sus propias desgracias. El descontento y la desesperanza han contaminado a la mayoría de los hombres de pensamiento y de acción, y a la propia juventud”. La misma revista, en un número posterior, realizando un balance y un diagnóstico de fin de siglo, señala lo siguiente: “El hombre no perece, sino que empezará de nuevo a vivir aquella experiencia sin voluntad de que nos hablara Eugene Pelletán, una existencia sin sentido colectivo, sin trascendencia… apretando el zumo de los frutos sobre sus labios, como el niño el pecho de su nodriza. Porque (el hombre actual) no funciona, no piensa, … se echa en brazos de la indiferencia, del desencanto, de la incertidumbre y de los escepticismos más absolutos”.

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La brigada Ho Chi Minh Pues bien, setenta años después de estas reflexiones, quien escribe llegó un día de julio de 1970 becado a la Universidad de La Habana, como parte de un intercambio académico. Era el año de los diez millones de toneladas de azúcar y, por lo tanto, la ciudad se había vaciado para volcarse al campo y a la zafra. Los diez meses del período académico estuvimos allí, en un Central azucarero en la provincia de Matanzas, cortando caña en la brigada Ho Chi Minh (así se llamaba el equipo de trabajo), laborando desde la mañana a la noche, trabajando con gran entusiasmo hasta doce horas diarias y más. Y quien esto escribe sentía una certidumbre absoluta de que lo que estaba haciendo era lo que había que hacer. Creía no solamente que estaba apoyando a la Revolución cubana, sino también a la liberación de América Latina, de la clase obrera, del campesinado, de los trabajadores, de Vietnam y de todos los pobres del mundo, del presente y del pasado. En las noches, después de una ardua jornada, con las manos ajadas y callosas de tanto machete, mirábamos desde unos troncos cercanos al campamento, los enjambres de luciérnagas y de estrellas, y nos invadía una sensación íntima de trascendencia respecto a lo que estábamos llevando a cabo. Nuestra certidumbre histórica era absoluta. Entre estar allí y estar tendido en la arena de la playa de Zapallar, no cabían dudas.

d) La crisis del progresismo Hoy, cuando han pasado varias décadas de esa zafra, miramos hacia atrás, y no tenemos, por decir lo menos, la misma seguridad ni certidumbre de entonces. Más bien tenemos inquietudes, muchas dudas y no poca incertidumbre. ¿Qué estamos planteando? Que la historia en su despliegue nos muestra un campo cambiante e indeterminado de fuerzas, con desplazamientos pendulares que transitan entre las utopías y el desencanto, entre las certidumbres y las perplejidades. También, que estos desplazamientos no son universales, que tienen siempre un referente sociohistórico concreto y que los individuos son libres y pueden, por lo tanto, -dentro de ciertos márgenes- elegir.

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Sorpresas y perplejidades El sentido pendular de la historia se presenta, sin embargo, para la curiosidad intelectual, como un espectáculo motivador, aunque en algunos casos resulte (para quienes lo padecen) abominable. Regresemos por un instante a los textos de 1898 que citábamos. Pensemos qué ocurrió después de ese fin de siglo, y hagamos el ejercicio de un breve inventario de lo sucedido en el curso del siglo XX: la Primera Guerra Mundial, la Revolución mexicana, la Revolución de Octubre, la Segunda Guerra Mundial, la descolonización de África, las dictaduras de América Latina, el quiebre de los socialismos reales, el resurgimiento de los nacionalismos, la mundialización y globalización de la economía y de las comunicaciones. Pensemos también en una perspectiva de futuro: ¿Qué nos espera hacia adelante, en lo que queda del siglo XXI? ¿Tendremos acceso a nuevos mundos en otros planetas? ¿La realidad virtual será acaso el día de mañana la realidad cotidiana de todos? ¿Qué escenificación del tiempo sucederá a la del tiempo globalizado? ¿Qué ocurrirá con el multiculturalismo y los múltiples ejes de sentido que están explotando en el arte y en la sociedad civil? ¿Hacia dónde se desplazará el péndulo en las próximas décadas…? En todo caso, cualquiera que sea el resultado de estas interrogantes, mirando hacia atrás se puede tomar cierta distancia y afirmar que las utopías pasadas tenían, aun cuando sus certidumbres resultaran a la postre equivocadas, cierta aura que no se encuentra en las modas intelectuales al uso, en la preocupación por una vida sin colesterol, y en los varios indicios de la que es tal vez la más privada de las utopías o, por lo menos, para no ofender a nadie, la que tiene menos sentido colectivo: la utopía del yo autosuficiente. Esa es la única utopía que, a juzgar por el tono jeremiaco de la pregunta que nos convocó en 1993, parecía poner al alcance el contexto del país (antes del desplazamiento del péndulo) a quienes habíamos vivido la experiencia del desconcierto.

e) Nueva sensibilidad y horizonte “post” Alejándonos del seminario sobre Utopía(s) -que en su conjunto fue un testimonio de orfandad y de búsqueda- digamos que el desconcierto 262

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se manifestó también, como ya señalamos, en el campo artístico, en el contexto de un cambio de escenario que se produjo con respecto al clima intelectual y cultural anterior al golpe, vale decir, con lo que de modo genérico se conoce como “década de los sesenta”, década que acarreaba también imaginarios políticos anteriores. Una somera enumeración de las transformaciones que trajo consigo la dictadura (y que anotamos con el único propósito de darle anclaje contextual al tema que nos ocupa) debiera considerar, al menos, los siguientes aspectos:

- Presencia de múltiples formas de disciplinamiento y control de la sociedad, con el consiguiente estrechamiento e inhibición del universo ideológico-cultural364. Restricciones que a su vez fomentaron el uso de prácticas discursivas elípticas, metafóricas o interpelantes.



- En el espacio popular urbano, durante la dictadura son fundamentalmente la Iglesia y las comunidades cristianas de base -más que los partidos de izquierda- las que articulan las actividades culturales de signo contestatario o testimonial.



- Se da, por otra parte, de modo paralelo, un resurgimiento de la utopía democrática. Transformación de parámetros motivacionales en un sector significativo de la cultura política de izquierda: de la “revolución” a la “renovación” y la “democracia”. De la “política como arte de lo imposible” a la “política como arte de lo posible”; de la concepción “heroica”, “mesiánica” y “confrontacional” de la política a la concepción “pragmática” y “secular”. De las “certidumbres” de los 60 a la crisis de identidad y de proyecto365.

364 Véase Jorge Edwards, “La censura que no se atreve a decir su nombre”, Ictus informa, Santiago de Chile, 1987; Lidia Baltra, Atentados a la libertad de información en Chile 1973-1987, Santiago de Chile, 1988; José Aylwin, “Los derechos económicos, sociales y culturales en Chile”, en Derechos Humanos en Chile, diagnóstico y propuestas, Santiago de Chile, 1988. 365 Véase Norbert Lechner, “De la revolución a la democracia. El debate intelectual en América del Sur”, Opciones, Academia de Humanismo Cristiano, Santiago de Chile, agosto, 1985.

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- Balcanización o aislamiento creciente de los distintos circuitos culturales (alta cultura, cultura popular, cultura alternativa o de resistencia), tanto en sus instancias de producción como de consumo.



- Crecimiento e inflación de la cultura de masas, segmento que a través de los distintos medios -sobre todo de la televisión- llegó a copar la escena nacional. El mundo rural y las culturas étnicas o locales prácticamente desaparecen de dicha escena.



- El país se convierte en un mercado de cierta importancia en América Latina para la industria del entretenimiento y para los productos provenientes de los circuitos de uniformación transnacional de la cultura y el espectáculo.



- El mecenazgo cultural que antes ejercía el Estado o las universidades se desplaza paulatinamente, sobre todo en los circuitos de alta cultura, a la empresa privada. A la visión de la cultura como un bien social susceptible de ser democratizado, se superpone la concepción de la cultura como un bien económico, sujeto a los vaivenes de la oferta y la demanda.



- Aislamiento y desconexión del resto de América Latina. Se percibe, en este sentido, una involución con respecto al proceso de diálogo e intercambio cultural de las décadas anteriores, de la época del APRA y de los Frentes Populares, de la Revolución en Libertad y de la Unidad Popular. La migración económica reemplaza a la migración político cultural de los 60.



- El movimiento de izquierda, que en las décadas precedentes fue el eje articulador de gran parte de la actividad cultural, ve después de 1973 disminuido su rol. En los primeros años de la dictadura, ello se explica por la represión y el exilio; y luego, en los años que siguen, porque las certezas y utopías de transformación social que otrora alimentaron al progresismo, entran en crisis.



- Emergencia de una postura de reivindicaciones y derechos de la mujer y de los pueblos originarios, las que se expresan en distintos ámbitos del arte y en el discurso cultural, generando prácticas culturales (sobre todo literarias) con una “causa”.

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- Surgimiento de una nueva sensibilidad artístico-cultural que encuentra audiencia sobre todo en jóvenes de sectores urbanos medios y medio-altos. Se trata de una sensibilidad que pulsa sus energías en el contexto del nuevo escenario que vive el país, y que se sitúa en el vértice de tensiones irresueltas: más acá y más allá del pinochetismo, con y en contra del pasado, al anverso y al reverso de la modernización. Una sensibilidad que a nivel internacional presenta coincidencias con el horizonte “postmoderno”.

Los rasgos señalados no se dieron, por cierto, de modo homogéneo ni con la misma fuerza durante los 17 años de autoritarismo. Cabría, por ende, realizar una periodización y distinguir etapas. Algunos de estos aspectos son una consecuencia más o menos directa del régimen de Pinochet; otros, en cambio, obedecen a procesos más complejos y que no necesariamente tienen una relación de causa y efecto con la dictadura. Con el cambio de régimen, algunas de las características mencionadas desaparecen o tienden a desaparecer, otras, en cambio, se proyectan hacia la democracia y forman parte del escenario de ella.

f) Desde la literatura hasta la gráfica y las actitudes vitales Entre los rasgos destinados a perdurar como parte del mapa intelectual y cultural se encuentra -como decíamos- el surgimiento de una nueva sensibilidad; una energía cultural que en el ámbito de la expresividad artística, en las décadas de fines del siglo XX, se fue manifestando en casi todas las áreas. En poesía, esta nueva sensibilidad se manifiesta en dos autores clave: Juan Luis Martínez y Diego Maquieira. Uno de los primeros poemarios de Martínez se titula, paradójicamente, La nueva novela (1977). Se trata de un palimpsesto de discursos culturales en que todo anverso tiene su reverso, un pastiche escritural y visual en que se da un juego permanente de construcción y deconstrucción, un ludismo en que el sentido último permanece en suspenso. No hay en esta obra un sujeto concéntrico de referencia: el gesto del autor es tacharse a sí mismo y ofrecer en

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cambio una hibridación diacrónica de distintas escrituras, aludiendo así a la imposibilidad de una instancia totalizadora y omnicomprensiva366. La Tirana (1983), de Maquieira, es también una aglomeración de restos de discursos culturales, un texto en que interactúan el discurso religioso, místico y pornográfico, el discurso que parodia al conquistador, el discurso de un niño, de un drogado, de la primera penetración y de la virgen. Un mundo en que cohabitan Sam Peckinpah, Greta Garbo, la virgen-puta de la Tirana, Diego de Velásquez, la Inquisición y el Hotel Valdivia. Se trata de una poesía blasfema y orgiástica, que saquea y relativiza las jerarquías de la historia y de la cultura de Occidente, pero que al mismo tiempo expresa la orfandad del presente. Un buen ejemplo de ese registro de desencanto que recorre este conjunto de poemas es “El Gallinero”: Nos educaron para atrás padre bien preparados, sin imaginación y malos para la cama. No nos quedó otra cosa que sentar cabeza y ahora todas las cabezas ocupan un asiento, de cerdo. Nos metieron mucho Concilio de Trento mucho catecismo litúrgico y muchas manos a la obra, la misma que en esos años repudiaba el orgasmo. Siento que esta pasta era la única experiencia física que escapaba a la carne. Y tanto les debíamos a los Reyes Católicos que acabamos con la tradición

366 Sigo en esta caracterización ideas vertidas en un seminario sobre poesía que se llevó a cabo en CENECA, durante 1983. Participaron, entre otros, Adriana Valdés, Luis Vaisman, Diamela Eltit, Raúl Zurita, Gonzalo Muñoz, Patricio Marchant y Bernardo Subercaseaux.

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y nos quedamos sin sueños. Nos quedamos pegados pero bien constituidos familias bien constituidas. Y así, entonces, nos hicimos grandes: aristocracia sin monarquía burguesía sin aristocracia clase media sin burguesía pobres sin clase media y pueblo sin revolución.

Los mismos rasgos que señalábamos anteriormente se encuentran en Los Sea Harrier en el firmamento (1986), también de Maquieira. Conjunto de poemas en que una especie de Rambo apocalíptico se disputa la palabra con una voz ecléctica de raigambre renacentista. Son textos que hasta cierto punto no saben de sí mismos, puesto que no manejan el total de sus claves. Son, por lo tanto, textos de superficie, impermeables a toda intelección desde la tradición que no sea la de la seducción estética. Por otro lado, la desestabilización del yo y el sujeto travesti que caracteriza la poesía de Juan Luis Martínez y Diego Maquieira está también presente en la voz desconyuntada, torcida y profética de Raúl Zurita en Purgatorio (1979) y Anteparaíso (1982) o de Diamela Eltit en Lumpérica (1983). Una estética que tiene sus precedentes en los desvaríos del Cristo de Elqui (1975-1978), de Nicanor Parra, o en el energúmeno vociferante de París, situación irregular (1977), de Enrique Lihn367. Es una literatura de máscaras que sintoniza el desconcierto con el lenguaje del delirio. Una literatura vinculada a la escena de avanzada y a la plástica conceptual de esos años. En 1996, en el prólogo-manifiesto a la antología Mc Condo, Alberto Fuguet y Sergio Gómez proclaman no la orfandad ni la incertidumbre del desconcierto (como lo hacen Diego Maquieira y Juan Luis Martínez), sino su costado afirmativo y hedonista. Vivimos, sostienen, una nueva

367 Matías Rivas en “Literatura, visualidad y fantasma”, Arquitectura, arte y diseño 180, Universidad Diego Portales, Santiago, 2011.

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época en que la disyuntiva para los escritores ya no es entre “el lápiz o la carabina”, sino “entre Windows 95 y McIntosh”. Sostienen también que basta de visiones estereotipadas, premodernas y lloronas sobre América Latina. Argumentan, por ejemplo, que MTV Latina -transmitiendo música desde Miami- ha hecho más por la unidad cultural del continente que los discursos de Simón Bolívar. El desconcierto, entonces, en esta otra vertiente da lugar a una afirmación (con frecuencia acrítica) de un nuevo escenario massmediático y globalizado. En cuanto a la dramaturgia, uno de los puntales de la nueva sensibilidad en la década de los 80 fue Jaime Vadell y su grupo La Feria. En obras como A la Mary se le vio el Poppins (1981) desmontó con inflexión escéptica y ácrata las utopías y certidumbres del período de la Unidad Popular. El Tijeral (1982) perfila un mundo descentrado, carente de referentes sólidos: un mundo sin techo cultural, condenado a estar para siempre a la intemperie. Son obras que muestran la distancia entre el “espacio de la experiencia” y el “horizonte de las expectativas”, en buenas cuentas, la distancia existente entre el tiempo de las vivencias mesiánicas de las décadas anteriores y un presente de expectativas inciertas y limitadas que carecen de resguardo ideológico368. En síntesis, textos que muestran una vidas y existencias precarias. También se inscriben en la nueva sensibilidad dramaturgos como Ramón Griffero y Marco Antonio de la Parra. El primero con Cinema utopía (1985), obra que utilizó un cine de barrio decadente para indagar la experiencia de un joven exiliado, recurriendo, con este propósito, a la emocionalidad de lo retro y a las claves del melodrama, logrando una visión irónica, desencantada y carente de sustentos ideológicos pre-constituidos. Se trata de una sensibilidad a la deriva, puesto que se mueve eclécticamente, evitando cualquier maniqueísmo, aun en temas tan propios de la contingencia (como el exilio). Griffero propone, además, un lenguaje teatral distinto, un lenguaje no literario ni discursivo, sino predominantemente gestual y visual.

368 “Espacio de la experiencia” y “horizonte de las expectativas” son términos tomados de Hugo Achugar (que a su vez los tomó de Habermas), “Literatura/Literaturas y la nueva producción literaria latinoamericana”, Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, N° 29, Lima, 1989.

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Marco Antonio de la Parra, en La secreta obscenidad de cada día (1984), situaba a Marx y a Freud -los dos grandes “santones” de la época moderna- en función de voyeristas: divertimiento irónico, pero también alusión a la crisis de autoridad del racionalismo y de la cultura ilustrada y moderna de Occidente. De alguna manera, en esta obra el espectador se transforma en voyerista de la retórica y de los equívocos de los dos más importantes discursos de la modernidad: el marxismo y el psicoanálisis. Otra obra de Marco Antonio de la Parra, que contó con montaje de Griffero, fue El deseo de toda ciudadana (1987). Se trata de una pieza de sentido plural y abierto, en que texto y puesta en escena recurren con frecuencia a mecanismos de la cultura de masas: a instancias gestuales y codificadas del cine mudo, del vodevil y de los gags publicitarios. Aun cuando cada uno de estos dramaturgos tiene una identidad creativa propia, no cabe duda de que, en cuanto a sensibilidad, se sitúan en las antípodas del realismo sicológico o sociológico de autores como Juan Radrigán, o de obras como Pachamama (1987), de Omar Saavedra, o de los Diálogos de fin de siglo (1988) y otras obras montadas por el teatro ICTUS en esos años. La nueva sensibilidad se expresa también en el ámbito arquitectónico y del diseño. El grupo de arquitectos de la revista ARS (Humberto Eliash, Cristián Boza y Manuel A. Moreno) realizó en esos años una crítica sostenida a la arquitectura funcionalista o moderna tipo Torres del San Borja o Tajamar. En sus escritos y diseños postulaban una arquitecturaarte, el “revival” de lo retro y un eclecticismo histórico en sintonía con propuestas en boga en el plano internacional. El “Gran Premio de Gráfica Utilitaria” de 1988 fue obtenido por el libro-objeto Esa ciudad imaginaria, definido por sus autores como “una experiencia de lenguaje postmodernista y neo-conceptual, donde las autorías se entrecruzan en un objeto lúdico en que el lector deviene coautor y espejo de su imaginación”. En el campo de las artes visuales, habría que mencionar, además, a un sector de lo que Nelly Richard llama la “escena de avanzada”, artistas como Eugenio Dittborn, Carlos Leppe y Gonzalo Díaz, que en sus obras proceden por asociaciones de imágenes dentro de una narrativa visual rota o descentrada, utilizando distintos soportes y borrando a menudo las fronteras entre los géneros pictóricos y letrados369.

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Nelly Richard, Margins and institutions. Art in Chile since 1973, Melbourne, 1986.

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Entre los jóvenes, la nueva sensibilidad se manifiesta sobre todo en las revistas de historietas y en la música. Los propios títulos de algunas revistas de esos años (comics) son reveladores de la energía cultural que las anima y de la instalación de identidades nómades, desterritorializadas, fragmentadas, híbridas que no están integradas en el concepto de “identidad nacional”, y que a veces buscan mediante un forcejeo amortiguar los efectos de la globalización en curso. Son, entre otras, El new quiltro, Abusos deshonestos, Sudacas, Masturbio, El comicsario, De nada sirve, Enola Gay, El espíritu de la época, Ácido y el diario Nor-este. Se trata, en la mayoría de los casos, de revistas efímeras, que aparecen y desaparecen y que existen solo por la iniciativa y esfuerzo de los grupos que las produjeron. Son historietas que combinan una gráfica retro, porno o futurista, y en las que predomina el mundo del “feeling”, del pop-rock, de la tecno-computación, del hedonismo y de los flipper. A menudo, los personajes de estas publicaciones emiten frases que sintetizan toda una propuesta vital: “No entregues tu cabeza a los grupos, tu cabeza te pertenece a ti”, “Ni militantes ni militares”, “En la fraternidad cósmica aprendamos a sentirnos una cagada dentro del Universo”, son frases que reniegan tanto del paradigma capitalista como del socialista, frases que implican una distancia de la política pero no así de lo político, frases que en el plano internacional se conectan con otras: por ejemplo, con ese graffiti que en los muros de la Cinemateca uruguaya proclamaba BASTA YA DE BENEDETTI, refiriéndose al novelista uruguayo y a la estética del compromiso y del realismo que él representaba. En música habría que mencionar a grupos de rock en español (en sus distintas variantes), como Fulano, Los Pinochet Boys, Los huasos caóticos y los Ka-KA. También a Florcita Motuda, que en su música y gestualidad mezcla el estilo serio con el cómico y la caricatura, o la tradición del cantautor con la del saltimbanqui y la del trovador. Son corrientes que se distancian netamente de lo que se conoce como Nueva Canción Chilena o canto joven. En la década del 80 las “ondas” de la nueva sensibilidad se desplazan por ciertos espacios en desmedro de otros. Encuentran en los años de la dictadura mayor sintonía en el Garage Matucana (ex taller de automóviles ubicado en un barrio viejo de Santiago, transformado en un recinto de actividades culturales); en la revista APSI (semanario político cultural

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vinculado al socialismo renovado); en la plaza Mulato Gil (recinto de exposiciones y actividades artísticas próximo al cerro Santa Lucía, en el centro de Santiago); en los Kiwi Boys (menos ideológicos y más hedonistas que los “Chicago boys”, los yuppies criollos); en el barrio Bellavista (sector artístico y bohemio de Santiago que emergió como tal en la década de los 70); en algunas poblaciones del sur de Santiago; en la revista Solidaridad y hasta en la plaza de Cauquenes (ciudad agrícola parsimoniosa y tradicional del centro-sur del país). Desde la poesía hasta las actitudes vitales, en cada una de las áreas y expresiones artísticas que emergieron durante el autoritarismo se hace presente el cambio de sensibilidad. Hemos mencionado solo unos pocos ejemplos, los que sin duda podrían ampliarse y extenderse.

g) Una estética común: el horizonte “post” ¿Cuáles son los rasgos que vinculan a toda esta expresividad artística? ¿Es posible hablar de una visión de mundo con elementos comunes o de una estética compartida que tuvo su piso en el desconcierto y en la orfandad cultural post 73? Algunas de las características que comparten la mayor parte de los autores y obras mencionadas son las siguientes:

- Uso frecuente del pastiche, de la cita y de mímica de otros discursos y estilos culturales, con lo que se alude, de alguna manera, a la imposibilidad de una voz o de un estilo personales (en sentido tradicional) y a la fragmentación del sujeto tradicional, del sujeto ciudadano y del sujeto como persona autónoma y racional.



- Uso irreverente e iconoclasta de tramas culturales anteriores, particularmente de las vinculadas a la cultura de los 60 y a los imaginarios de transformación social previos.



- Rescate y privilegio de la experiencia sensual de los textos culturales. Predominio, en consecuencia, de estrategias compositivas de seducción por sobre estrategias referenciales de carácter realista o de despliegue sicológico.

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- Tendencia a desdibujar los límites entre cultura de masas y alta cultura, así como también a borrar la distancia entre los distintos géneros en cada una de las áreas.



- Reflujo del sentido heroico del arte y la literatura (entendidos como instancias de “concientización”), alejamiento del modelo del intelectual carismático, “intérprete del pueblo” y portador de un sentido de la historia.



- Distanciamiento del populismo artístico, del realismo social y del nacionalismo cultural.



- Nostalgia por formas de vida pretérita -la “onda retro”-, apelando emocionalmente a las carencias del presente.

Se trata, en síntesis, de una sensibilidad que opera en un campo polar de tensiones que no es nuevo: tradición-innovación; pasado-presente; alta cultura-cultura de masas; lo nacional-lo cosmopolita, etc. Lo novedoso es que las tensiones y los polos no son concebidos ahora en forma maniquea, de modo que los primeros términos ya no aparecen como automáticamente privilegiados por encima de los segundos, ni tampoco viceversa370. En el caso de Chile, la nueva sensibilidad no es ajena a los acontecimientos histórico-políticos del país y al desconcierto que ellos generaron. La crisis de las utopías y de las certidumbres históricas, cierto agotamiento en el “duelo” por la tragedia del 73 (sobre todo entre los jóvenes que no la vivieron); el desencanto de la política como un espacio de ideas e ideales, (no así de lo político); la experiencia súbita de la modernización tecnológica y la omnipresencia de la cultura de masas, son todas realidades aprendidas con el “golpe” y la “transición pactada” (y no solo en los libros de Lyotard o de Vattimo). Pero la nueva sensibilidad no es, sin embargo, una isla peculiar de este país. Forma parte más

370 Varias de las características sintonizan con las señaladas por Andreas Huyssen en “Guía del postmodernismo”, Punto de vista, Nº 29, Buenos Aires, 1987; también con las que menciona Frederic Jameson en “Posmodernismo y sociedad de consumo”, en Hal Foster, La postmodernidad, Barcelona, 1985. Ambos textos referidos a Europa y a Estados Unidos.

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bien de un archipiélago de sensibilidades en expansión. En efecto, en las últimas décadas del siglo XX, en sectores significativos de la cultura occidental se produjeron cambios en el clima intelectual y cultural371, cambios que pueden caracterizarse como un conjunto de supuestos que conforman lo que se conoce como “postmodernismo”. Se trata de un estilo intelectual y cultural cuyas ideas matrices se desplazan, a lo menos, en cuatro ámbitos diferentes: Filosófico y epistemológico: los grandes metarrelatos de la época moderna (“el progreso indefinido”, “la sociedad sin clases”, “la revolución”, etc.) habrían perdido credibilidad 372. Las verdades omnicomprensivas de los 60, en su pretensión de verdades absolutas y totalizantes, estarían en bancarrota. El ilumismo, la sobreideologización y las utopías de antaño habrían cedido el paso al relativismo y a una especie de teoría de la no teoría: la pragmática. El horizonte post implicaría una negación de los discursos totalizantes y teleológicos de la historia (Ilustración, hegelianismo, marxismo, filosofías de la historia). Esta crisis epistemológica de los paradigmas del saber se traduciría en una pérdida de nuestra capacidad para situarnos históricamente, en la incertidumbre de una historia sin sujeto y sin fines, y en la óptica de filósofos escépticos y cuestionadores como los que proclaman y siguen la teoría de la deconstrucción. Teoría social: estaríamos viviendo -se piensa- en los albores de una nueva época caracterizada por los cambios tecnológicos, la mundialización de la economía y la uniformación transnacional de la cultura de masas vinculada a las industrias culturales; también por un paulatino desdibujamiento de las antítesis de poder tradicionales y de las fronteras entre los mal llamados primero, segundo y tercer mundo. Una época en que las nuevas tecnologías y la caída en los costos de las comunicaciones significarían que el factor distancia habría perdido su relevancia política, económica y cultural, y los proyectos nacionalistas o aislacionistas no tendrían ya vigencia, por lo que nos encontraríamos, en definitiva, en el marco de una sociedad post-industrial globalizada. Se trata de un mundo en que el desarrollismo y el marxismo, junto con la planificación económica y social desde el Estado, han perdido audiencia en el plano de la teoría

371 372



Véase Andreas Huyssen, “Guía del postmodernismo”, op. cit. Jean Francois Lyotard, La postmodernidad, Barcelona, 1987.

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social. Hay también quienes hablan de un nuevo tipo de sociedad, de un capitalismo tardío o multinacional, caracterizado por una lógica global de mercado, por una vocación de consumo sin precedentes, lo que implicaría un nuevo escenario para las ciencias sociales373. Estético: en el ámbito de la expresividad, estaríamos frente a una nueva sensibilidad o a un reciclamiento, en una perspectiva distinta, de estrategias artísticas y lenguajes previos 374. Una sensibilidad que desconfía de los códigos y lenguajes unívocos, y que reniega de la visión heroica del arte como fuerza de cambio social o como resistencia a un cambio indeseado. Los modos recurrentes de la nueva estética serían el pastiche, la simulación, la parodia, la plurisignificación y la promiscuidad intertextual. La frecuencia de estas modalidades apuntaría a un intento por borrar las huellas del pensamiento teleológico y erosionar la idea tradicional de la unicidad del sujeto cartesiano como fuente de significación. Actitudes vitales: se expresarían en cierto escepticismo sobre la política y lo público, y en el predominio de una visión inmanente y más bien lúdica e iconoclasta de la vida, en algunos casos hasta cínica e individualista (dándose preeminencia al hedonismo y al “derecho a pasarlo bien”). Entre los jóvenes habría que mencionar algunos aspectos de la sociabilidad “yuppie”, pero también de la contracultura “punk”, “passota”, “freak” y “hiphopera”, con el consiguiente bagaje de gustos y preferencias, que abarcarían desde la vestimenta hasta el tipo de corte de pelo y el uso del tiempo libre, o frases como “¡No estoy ni ahí!”. Actitudes y comportamientos que muestran algunos de los personajes de Sobredosis (1990), Mala Onda (1991) y Cuentos con Walkman (1993), de Alberto Fuguet. Todos estos ámbitos se proyectaron, además, en algunos gestos y predisposiciones en el plano político. Desde el punto de vista del statu quo, en la mitificación de la economía de mercado, de la tecnología y de la sociedad de consumo. También en una postura autocomplaciente proclive al escenario actual. Desde el progresismo (y bajo la guía del

Frederic Jameson, “Postmodernismo y sociedad de consumo”, op. cit. Eduardo Subirats, La crisis de las vanguardias y la cultura moderna, Madrid, 1985. Sostiene que en las artes visuales la nueva estética se caracteriza por una monumentalidad desmedida y por el culto al poder tecnológico. 373 374

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pragmatismo) se perfila un arco que va desde la renovación socialista que apuesta al cambio dentro de los parámetros de la democracia, concibiendo a la política como un espacio de pensamiento blando en que solo fructifican “negociaciones” y “acuerdos”, hasta el solipsismo que la concibe como un terreno de realización personal. Desde el punto de vista contestatario la crisis de las verdades omnicomprensivas de los 60 y el desencanto por una “alegría que no llego”, generan un terreno fértil para la emergencia de posturas anarquistas, sobre todo entre los jóvenes375. Algunas preguntas Cabe interrogarse: ¿Qué ventajas o problemas presenta la inscripción de una determinada sensibilidad chilena (latinoamericana) de fines del siglo XX en el registro de lo “postmoderno”? ¿Resulta acaso un concepto útil y operativo para situar históricamente a una sensibilidad, o se trata solo de una moda compulsiva por estar “terminológicamente” al día? ¿Los diferentes ámbitos del horizonte “post” son acaso solidarios entre sí? ¿La presencia de una estética postmoderna operando en la década de los 80 en Chile implica acaso que vivimos una etapa postmoderna o postindustrial, desde el punto de vista de la teoría social? ¿Se puede hablar de postmodernismo en un país en que todavía persisten enclaves premodernos? ¿Cuál es la incidencia de las nuevas tecnologías y de la globalización en el horizonte “post”? ¿Podemos acaso afirmar que desde fines del siglo XX vivimos una condición postmoderna en circunstancias de que esta sensibilidad es solo una entre otras? El término “postmoderno” ha sido utilizado de modo polivalente o de multiuso. Está presente en la academia y en los periódicos, en la crítica literaria o artística, y hasta en las crónicas políticas o sociales. Se lo encuentra en Europa, Estados Unidos y también, aunque en menor grado, en América Latina. Se utiliza para describir una película de Almodóvar, una novela de Bryce Echeñique, el periódico The Clinic, un determinado tipo de barba, la decoración de una pieza, la postura epistemológica que

375 El lema de la recuperación de la democracia y de la campaña del NO fue, en 1989, “La alegría ya viene”.

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privilegia la conciencia pragmática frente a la utópica, el comportamiento iconoclasta frente a las jerarquías, el corte de un traje, el estilo de un edificio o incluso, a veces, en el lenguaje cotidiano para referirse a una situación inusitada que produce desconcierto, y así suma y sigue. Es, por lo tanto, un término laxo, de semanticidad difusa, que funciona en distintos niveles y que apunta más a una atmósfera que a un significado preciso. Su uso y abuso, sin embargo, es indicio de que un número creciente de hablantes con intereses diversos percibe que hay algo lo suficientemente significativo en el concepto “postmoderno” como para utilizarlo376. Indica también la carencia de otra voz que connote lo que este término connota. Su polivalencia y multiuso pueden leerse también, por ende, como señales de complejidad semántica377. Lo anterior no quiere decir que la sensibilidad que hemos perfilado carezca en términos locales de arraigo. Lo cultural siempre ha sido y seguirá siendo directa o indirectamente parte del campo social e intelectual en disputa. De hecho, la sensibilidad “post” en la medida que existe está objetivada en obras, obras y discursos que obedecen a un contexto de producción que hemos descrito. Ello no implica que la lógica de la literatura o el arte sea simétrica o simplemente reductible a la lógica de los hechos sociales o de las ideas. Todo indica, empero, (como nos enseña la teoría de la recepción) que el rol corrosivo y liberador que desempeño la sensibilidad postmoderna durante el autoritarismo no tiene el mismo signo durante la democracia. Cabe señalar también que en el espectro más amplio de la creación artística, la sensibilidad descrita es solo una entre otras y que, por lo tanto, durante la dictadura persisten espacios creativos articulados con una causa (por ejemplo la literatura étnica, de género o de denuncia), espacios que tienen cierto techo ideológico y que funcionan casi siempre amparados en estéticas tradicionales. La inscripción de un sector de la sensibilidad chilena en el registro postmoderno sitúa a éste en una atmósfera finisecular, vale decir, en

Dick Hebdige, Hiding in the light, London, 1988. Para un ejemplo de este tipo de uso, véase Julio Ortega, “Postmodernism in Latin America”, en Postmodern Fiction in Europe and the Americas, Amsterdam, 1988. 376 377

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una perspectiva de tránsito o de bisagra entre un siglo (y sus correlatos sociales e intelectuales) y otro (cuyos correlatos aún no están plenamente definidos). Expresa una etapa de transición desde una escenificación del tiempo histórico de transformación a una escenificación del tiempo histórico globalizado. Expresa, por lo tanto, por una parte, una nueva propuesta con un perfil claro y distinto, y por otra, una atmósfera de negación o desencanto con respecto a esquemas pasados. El hecho de que la sensibilidad postmoderna se manifieste en países centrales y periféricos expresa una situación mundial globalizada, en que las fronteras axiológicas del arte ya no coinciden con las fronteras político culturales, y en que esta dispersión no puede, por ende, ser concebida en términos de un “afuera” y un “adentro”. La sintonía internacional de esta sensibilidad no significa, como decíamos, que lo postmoderno sea en Chile un fenómeno puramente imitativo, o una tendencia cultural postiza, carente de piso orgánico. El sustrato que legitimó la apropiación de esta tendencia, y que posibilitó la sintonía de una energía endógena con una corriente internacional, se hace patente en el clima de desconcierto que describimos. Se trata de un nicho que conforma la vivencia de toda una generación (la que nació entre 1935 y 1955), generación que estuvo (o creyó estar) instalada férreamente en el sentido de la historia, y cuyo itinerario biográfico transita -como dijo en una oportunidad Marco Antonio de la Parra- desde El entusiasmo (1967) de Antonio Skármeta a La desesperanza (1986) de José Donoso. Una generación que, vivió la experiencia del autoritarismo y la globalización, la experiencia de una dictadura que en términos de práctica social habló un doble lenguaje: el de la represión y el de la modernización en estilo neoliberal. Es precisamente este doble lenguaje el que está en la génesis de casi todas las transformaciones culturales que hemos descrito, transformaciones que también están, de alguna manera, movilizadas por una energía política en retroceso, un retroceso que responde al desconcierto y a la desestabilización de los sujetos, en el ámbito de una existencia históricamente precaria.

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CAPÍTULO VI DEMOCRACIA, GLOBALIZACIÓN Y CULTURA

a) La tentación autoritaria Durante el gobierno de Pinochet, entre 1973-1989, el rasgo fundamental de la vida cultural fue -tal como ya lo hemos señalado- el control y administración del espacio público. La dinámica de control se manifestó excluyendo y desarticulando espacios sociales previos, fuesen estos culturales, institucionales, políticos o comunicacionales. Todo ello en el contexto de un autoritarismo y de una dictadura que se perfiló desde su inicio como reactiva a la cultura política del pasado y a los sectores sociales que la alimentaron. Los ejemplos de esta dinámica en los 17 años de dictadura son múltiples, constantes y variados. Van desde la quema de libros en los primeros años, hasta la prohibición de ingreso a cantantes como Joan Manuel Serrat. ¿Quién (no) recuerda la censura que operó entre 1973 y 1983? ¿Y las restricciones a la libertad de información y circulación de nuevas publicaciones? ¿Y la exoneración de académicos? ¿Y la violación de correspondencia? ¿Quién (no) recuerda que Carlos Bombal, un connotado alcalde de Santiago, revocó -por presiones del régimen- el Premio Municipal de Literatura en 1985 (galardón que ya había sido concedido a la obra Regreso sin causa, del exiliado Jaime Miranda), en circunstancias de que el veredicto del jurado había sido publicitado en todos los periódicos? En fin, si se hiciera un inventario sobre las restricciones, controles y atropellos que experimentó la vida cultural durante la dictadura, el resultado sería un voluminoso complemento a los informes sobre la violación a los derechos humanos de las Comisiones Rettig (Informe de la Comisión de Verdad y Reconciliación, 1991) y Valech (Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura, 2000). 279

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La dinámica de control y administración del espacio público (ceñida a la doctrina de seguridad nacional y a una lógica de guerra) se tradujo en un estrechamiento del universo ideológico cultural en la esfera pública. Se transitó así desde un espacio participativo y desde un Estado cuya legitimidad (y cuyas crisis) descansaban en una cultura reivindicativa, enmarcada en un activo (y, a veces, excesivamente polarizado) pluralismo ideológico, a un Estado destinado a constreñir el ámbito público y a ejercer una función de control y vigilancia en el campo cultural. La exclusión autoritaria de corrientes culturales consideradas progresistas se tradujo en una merma temporal del patrimonio creativo y de las fuentes y circuitos que alimentaban la vida cultural. En paralelo con la dinámica de control y de negación, se dio, sin embargo, durante la dictadura, una dinámica de afirmación cultural, alimentada por tres corrientes discursivas y de pensamiento: una de cuño nacionalista autoritaria, otra integrista espiritual y una tercera de corte neoliberal. La vertiente nacionalista autoritaria expresó a los grupos militares y civiles más directamente involucrados en el golpe. Su eje fue una concepción telúrico-metafísica del ser chileno, según la cual éste es concebido como una esencia forjada en el entrecruzamiento del hombre con la naturaleza, esencia que estaría latente en todos los habitantes del territorio nacional. Desde esta concepción, la cultura fue percibida como manifestación de una esencia invariable, que se revela y encarna en la idiosincrasia chilena. Esta visión niega el espacio cultural como un campo de coexistencia de visiones plurales que a veces entran en conflicto, puesto que ello vulneraría la integridad del cuerpo social y el “alma del país”. La segunda corriente que incidió en la vida cultural durante la dictadura fue la vertiente integrista espiritual, vinculada a capas altas y a sectores ligados al tradicionalismo católico y al Opus Dei. Desde esta vertiente discursiva, el mundo cultural fue percibido como un bastión del espíritu y de la belleza, como una espiritualidad trascendente, desligada de las contingencias económicas, políticas y sociales. La tercera corriente que alimentó la cultura de la época -y que corresponde, en cierta medida, a una tendencia internacional- es la que 280

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asigna al mercado un rol preponderante no solo en la vida económica, sino también en la vida social y cultural. Desde esta vertiente, se concibió a la cultura como un bien transable, similar a otros y que requiere, por lo tanto, ser desarrollado con criterios mercantiles de eficiencia y gestión empresarial. Esta corriente subyace al crecimiento exponencial que ha tenido en las últimas décadas la cultura massmediática, debido a que constituye el segmento más rentable del espacio cultural. Estas tres corrientes alimentaron la vida cultural de la época, y también los principales lineamientos doctrinarios que asumieron varias de las nuevas universidades privadas, instituciones que fueron creadas en virtud de la Ley de Educación Superior de 1981. En un terreno más amplio, el autoritarismo generó, como resistencia, una cultura contestataria de aspiración democrática, cultura que muchas veces (en el teatro, en la música, en la poesía y en la plástica) se sirvió de los intersticios y contradicciones de las vertientes anteriores para alcanzar cierta presencia en el espacio público. Se ha caracterizado al tiempo de la dictadura como una etapa de “apagón cultural”, afirmación que conviene matizar. Lo que sí hubo fue un férreo control del espacio público y de los circuitos artísticos y comunicativos. Control que tuvo, sin embargo, efectos contradictorios: por una parte, inhibió la creación y la vida cultural del país; pero, por otra (aun cuando se proponía lo contrario), la estimuló, en la medida en que dio lugar a una imaginación contestataria y a un horizonte cultural de ideales democráticos y libertarios. No es casual, entonces, que el documento “Bases Programáticas de la Concertación de Partidos por la Democracia” (elaborado para la candidatura de Patricio Aylwin) se inicie en lo referente a cultura y comunicaciones con una sección en que se establecen los “principios orientadores de una cultura democrática”: principios que se sintetizan en la libertad, el pluralismo, el diálogo y la apertura. En 1989, el año de recuperación de la democracia, la Concertación estimó necesario resaltar estos valores como una manera de marcar una diferencia con un pasado de intervenciones administrativas de carácter restrictivo. En su aspecto propositivo, las Bases Programáticas reafirmaban la libertad y el pluralismo como principios básicos y esenciales para el desenvolvimiento de la cultura, concebida ésta tanto en su dimensión antropológica como en su dimensión artística. 281

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b) Caminos de libertad En 1990, con el primer gobierno de la Concertación, se inicia, entonces, una etapa en que se terminan o se van desvaneciendo los sistemas de control y, lo que es más importante: el miedo. Hablamos de caminos de libertad porque no todo ocurre de la noche a la mañana, no es -como veremos más adelante- que con el término de la dictadura se hayan deshecho ipso facto todas las amarras y controles que la misma estableció. Hay que considerar también que las libertades son múltiples; no se trata solo de las libertades individuales (de creación, de expresión, de circulación, de publicación, de cátedra, etc.), sino también de libertades colectivas que abarcan el cuerpo, el género y las etnias. No es casual que en 1989, en el Teatro Cariola, durante la presentación de las políticas culturales del gobierno de Aylwin, hayan irrumpido las “Yeguas del Apocalipsis”, grupo integrado entonces por Pedro Lemebel y Francisco Casas, ante la mirada atónita y siempre sonriente del futuro Presidente (luego que fue elegido se pudo comprobar que su gesto sonriente correspondía a un tic no controlado). Fue una interrupción que no estaba programada, pero que resultó significativa, porque de hecho será a partir del NO y del triunfo de la Concertación que se abren y perfilan caminos de tolerancia y libertad en los espacios públicos, como el que se dio en el Teatro Cariola en esa ocasión. Basta considerar algunos ejemplos del panorama cultural del último año del gobierno del presidente Aylwin, en 1993, para percatarse de los cambios ocurridos. Ese año, el pintor Guillermo Núñez inauguró una gigantesca y magistral exposición retrospectiva, que contó con el auspicio de El Mercurio. La exposición de Núñez incluyó la famosa serie de “Jaulas” pertenecientes a una muestra que fue clausurada en la época de Pinochet, exhibición que le costó al pintor, literalmente, tortura y exilio. El teatrista Oscar Castro, que fue expulsado del país con “El Aleph”, debiendo establecerse en Francia, tuvo una serie de obras en cartelera. Los conjuntos Illapu e Inti-illimani se paseaban por Chile y América Latina, ocupando lugares destacados en el ranking de ventas. Joan Manuel Serrat, al que antes se le pusieron trabas para ingresar, volvió varias veces al país. Chile se abrió a flujos internacionales y a relaciones con países con los que se tuvo en el pasado una larga tradición de intercambios culturales, como ocurrió, por ejemplo, con México. Regresaron artistas 282

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y académicos que vivían en el exilio, vinieron conjuntos teatrales, musicales, exposiciones y escritores de jerarquía, celebrándose festivales y congresos de toda índole. En definitiva, con el primer gobierno de la Concertación se instalan en el país y adquieren legitimidad oficial los ideales de una cultura libertaria, abierta y democrática. Hablamos de caminos de libertad porque se trata de sendas abiertas, que en el primer gobierno de la Concertación avanzaron sustantitivamente, pero que no llegaron plenamente a destino. La libertad, tal como la entiende Thomas Hobbes, significa propiamente ausencia de impedimentos externos378. Cuando se trata de creatividad o de la autodeterminación de los sujetos, de las comunidades y los colectivos, la libertad, como el aire, nunca es suficiente379. En las décadas de la Concertación, en el plano de la libertad de expresión y creación, y de las libertades individuales, los caminantes debieron sortear algunas vallas, casi todas vinculadas en última instancia a la cautela (aplaudida por unos y criticada por otros) de una transición pactada; prudencia que llevó al gobierno a evitar -con criterios de eficiencia y gobernabilidad- conflictos más allá de los necesarios. Así ocurrió con el libro de Francisco Martorell sobre las correrías de un ex embajador argentino, en que el gobierno se hizo parte de la prohibición de circulación, también con las presiones del Ejecutivo para que no se diera por TV Nacional la entrevista en que el ex agente de la DINA, Michael Townley, implicaba en el asesinato de Orlando Letelier al general Contreras y a un alto oficial en servicio activo; con la censura -entre muchas otras- a la película española Bilbao, por “atentatoria contra la moral y las buenas costumbres”, según el Consejo de Calificación Cinematográfica380. Durante los gobiernos de la Concertación han subsistido, además, algunas restricciones y cortapisas que derivan no de presiones del gobierno sino más bien de la propia sociedad, de una sociedad que todavía parece tener cierto temor a la discusión abierta y a los puntos de vista diferentes, sean estos de etnia,

Thomas Hobbes, Leviatán, Madrid, 2005. Schönberg sostenía, con respecto a la libertad de creación, que “la completa libertad, único medio en que puede desarrollarse el arte, nunca será absoluta. A cada período le corresponde”, decía, “una cuota determinada de libertad”, en Wassily Kandinsky, Sobre lo espiritual en el arte, Buenos Aires, 2003. 380 Entidad creada en 1974, en la que participaban tres representantes de las Fuerzas Armadas, situación que solo fue modificada a comienzos del 2003, con la ley 19846. 378 379

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de género o de sector social. Recuérdense, al respecto, la marejada crítica que desató en 1997 la Agenda de la Mujer y el viaje de la entonces Ministra del Sernam, Josefina Bilbao, a Pekín; o el ruido que generó la obra sobre Arturo Prat de la joven dramaturga Manuela Infante; también las discusiones sobre el divorcio o las campañas contra el SIDA y en pro del condón y la píldora del día después. Cabe constatar, empero, que en las últimas décadas la propia sociedad ha evolucionado hacia la tolerancia y la libertad. Hoy en día, por ejemplo, los temas de la homosexualidad y de las preferencias sexuales son abordados con mucha mayor apertura que hace algún tiempo. La foto de Tunick y la estampida de desnudos corriendo por las calles, incluyendo una abuelita, fue de alguna manera un evento emblemático al respecto: una expresión del cuerpo y de lo privado irrumpiendo -con significado político- en el espacio público. No cabe duda de que aunque en ocasiones haya sido el propio gobierno el que ejerció un llamado a la prudencia, el clima instaurado por los regímenes de la Concertación -en sintonía con lo que estaba ocurriendo en el plano internacional- incidió en un proceso de apertura y modernización valórica. Los enclaves restrictivos que persistieron, como, por ejemplo, la discriminación ejercida por algunos municipios que se negaron a proporcionar la “píldora del día después”, provenían no del gobierno, sino de la sociedad, o más bien de la Iglesia Católica y de los sectores más conservadores de ambas.

c) Pueblos originarios y otros colectivos Tratándose de etnias, de género, de grupos etarios o de sector social, el tema de la libertad no es solo una decisión o un derecho que compete a cada individuo; la preservación de la cultura necesita de la interacción con otros. En la medida en que la cultura no depende de la libre decisión individual sino de la existencia de una comunidad que la sostenga y la alimente, ello implica, por parte del Estado, el resguardo para esa comunidad (o minoría) de ciertos derechos colectivos y de algún grado de autonomía política381. El desafío, en este plano, será armonizar las

381 Carlos Peña, “¿Reconocer a los pueblos indígenas?”, El Mercurio, Santiago de Chile, 2003, citado en elmostrador.cl, 24-10-2003.

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libertades y derechos individuales con las libertades y derechos colectivos; articular los derechos de la igualdad con los derechos de la diferencia. Articular la nación mapuche -nación en un sentido cultural- con el Estadonación chileno. Durante los gobiernos de la Concertación se dieron algunos tímidos pasos en esa dirección. En 1992, por primera vez se incluyeron en el censo datos étnicos, estableciéndose la existencia de casi un millón de personas mayores de 14 años que se identificaban con alguna etnia o pueblo indígena (el 9,6 % de la población total)382. En 1993 se aprobó la Ley de Pueblos Indígenas que contempla el fomento y apoyo a la vida cultural de las principales comunidades étnicas del país. Se crearon becas para estudiantes y oficinas locales de pueblos indígenas, con presencia y participación de la comunidad en el sur (mapuches y huilliches), en el centro (pascuenses) y en el norte (quechuas y aimaras). Hoy en día, gracias a estas iniciativas, son comunidades étnicas las que manejan algunos sitios arqueológicos y naturales de valor turístico situados en el entorno de San Pedro de Atacama, lo que implica una reafirmación del particularismo cultural y de las identidades locales, además de beneficios económicos para la comunidad. En el 2001, el gobierno del presidente Lagos creó la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas, comisión que emitió dos años más tarde un informe con el propósito de orientar una incorporación adecuada de los sectores indígenas a la sociedad nacional. El informe apunta a resguardar ciertos derechos colectivos para los pueblos originarios, entre ellos, para el más numeroso, el pueblo mapuche. Todo indica, sin embargo, que queda en este camino un largo tramo por avanzar. Una cosa son los informes, los discursos, las leyes, las mesas de diálogo y las declaraciones que han tenido al respecto los gobiernos recientes y también el actual, y otra, muy diferente, es la realidad operante. Entre los mapuches subsisten problemas de tierra, de pobreza campesina y urbana, de demandas culturales y de demandas políticas insatisfechas, las que incluyen –para algunos dirigentes e intelectuales indígenas– la demanda de cierta autonomía, formando parte de un Estado-nación pluricultural.

382 PNUD, “Desarrollo Humano en Chile”, Vol. I y II, Nosotros los chilenos: un desafío cultural, LOM, Santiago de Chile, 2004.

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Respecto al trato de la sociedad mayor, Juan Guzmán, un ex juez de la República, que ha recibido reconocimiento internacional por su defensa de los derechos humanos, ha sostenido en reiteradas oportunidades que los mapuches han sido víctimas de persecución policial y de parcialidad por parte de los fiscales y del aparato judicial chileno. Al amparo de una legislación que viene desde la dictadura -la Ley de Conductas Terroristas- se ha perseguido y condenado a dirigentes mapuches “que hoy están recluidos, lo que implica una abierta discriminación y una manera de torcer la ley” con tal de tenerlos amordazados, “perpetrando así una forma de terrorismo estatal frente a actos de protesta o demanda social legítimos”383. Opiniones similares han manifestado comisiones internacionales vinculadas a los derechos de los pueblos originarios. También subsisten problemas en la sociedad mayor, problemas de racismo y discriminación. En una encuesta realizada en el Gran Santiago (2001), un 88% de los entrevistados estimó que los mapuches son discriminados por los chilenos384; sin embargo, en otra encuesta, llevada a cabo en el 2005, un 45 % de los entrevistados opinó que el hecho de que Chile esté mejor económicamente que Bolivia y Perú se debía a que tiene una menor población indígena385. Durante los gobiernos de la Concertación también se avanzó, pero queda todavía bastante por hacer, respecto a la libertad y los derechos colectivos de la mujer o de grupos etarios como los jóvenes y la tercera edad. La deuda mayor, sin embargo, es con ciertos colectivos sociales que carecen de presencia en la escena nacional; nos referimos sobre todo a los campesinos y trabajadores. Alguna responsabilidad tienen en este silenciamiento los medios de comunicación, pero también los gobiernos de la Concertación que han privilegiado el mundo de los empresarios y sus organizaciones. En Suecia, en pleno centro de Estocolmo, en el Palacio Legislativo, junto a las estatuas de personajes históricos, se levanta una estatua del albañil que construyó la obra. La diversidad social y su dignificación constituyen una fuente de energía para la elaboración artística y cultural de un país; en la medida en que la diversidad y los particularismos culturales puedan fluir libremente, se incrementa el patrimonio creativo de la sociedad.

383 Nación, 384 385

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Juan Guzmán (Decano de Escuela de Derecho de la Universidad Central), La Santiago de Chile, 21-10-2007. PNUD, Vol. I, op. cit. La Segunda, 6-12-2005.

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Cabe señalar, sin embargo, que aun cuando se diera una situación utópica en que los circuitos culturales estuviesen completamente despejados, sin interferencias ni restricciones externas, aunque viviéramos caminos de libertad pavimentados y con buena señalización (las políticas culturales de la Concertación avanzaron algo en ese plano) nada aseguraría, empero, el valor estético, la significación y trascendencia de lo que por ellos podría circular. La creación artística no es un producto que responda solo a factores externos o que pueda ser planificado como puede serlo, por ejemplo, la producción de energía. Un diagnóstico de las prácticas artísticas y culturales indica que a éstas las afectan algunos problemas de larga data y también otros más recientes y coyunturales. Los primeros dicen relación con un tema de arrastre: la relación entre política y cultura, y los segundos, con la presencia de un nuevo escenario comunicativo y cultural.

d) Política y cultura En la constitución de las naciones no siempre se produce una relación armónica entre la lógica política y la lógica cultural, sino que más bien lo que se da es una tensión. En América Latina, las fronteras políticas no coinciden con las fronteras culturales, lo que de por sí implica una tensión en estado latente. Desde el punto de vista de la lógica política, la nación es una territorialización del poder que se inscribe en la matriz ilustrada (en la idea de contrato social, de individuos gobernados por una ley y representados por una asamblea de la que emerge la ley, base de la distinción entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial). Desde la lógica cultural, en cambio, la nación está constituida por una herencia de imaginarios, por el lenguaje, por las costumbres, por los modos de ser, por los particularismos culturales, en síntesis, por la idiosincrasia. Hay naciones que se han constituido, en términos históricos e identitarios, en una relación armónica y más o menos articulada entre estos dos polos; otras, en cambio, se han construido con un énfasis en el polo cultural, y otras, como es el caso de Chile, con un claro predominio de la lógica política. En otra ocasión hemos mostrado cómo, a lo largo del siglo XIX y XX, la construcción de nuestra identidad nacional se ha inscrito ostensiblemente en el carril ilustrado bajo la conducción de las elites. Se trata de una trayectoria cuyo objetivo ha sido conformar un país de ciudadanos, un país civilizado y de progreso en que van quedando sumergidos 287

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y sin presencia sectores que no armonizan con esa utopía republicana, como los mundos de los particularismos culturales y de las etnias. Junto al itinerario histórico cuyos principales hitos hemos revisado386, concurre la concepción de una identidad chilena homogénea, más bien europea (el mito de la “Suiza” o la “Inglaterra” de América Latina), y la autoconciencia de un país de excepción en el concierto latinoamericano. Es dentro de esta modalidad de construcción de la nación que se va a hacer patente la tesis de un déficit de espesor cultural de origen étnico o demográfico, y de un predominio de lo ideológico-político en que la cultura ha sido una suerte de vagón de cola de esa dimensión (no en una relación de causa y efecto, pero sí como un factor, entre otros, relevante). Tal como señalamos en la introducción a este volumen, la tesis del déficit de espesor cultural diagnostica un proceso de larga data en que han incidido factores diversos y complejos. Se trata, además, de una tesis que subyace a gran parte de la obra que el lector tiene entre manos. Chile ha sido, comparativamente con otros países de América Latina, un país de una interculturalidad abortada, un país en que, por nexos y hegemonías sociopolíticas, las diferencias culturales de base étnica o demográfica no se han potenciado, en que los diversos sectores culturales, sociales y regionales que integran la nación no se han convertido en actores culturales a plenitud (lo que desde cierto punto de vista significa que aún no la integran). Cuando ocasionalmente esos sectores han aflorado y adquirido visibilidad en el imaginario nacional, ello ha sido motivado por circunstancias políticas, por desastres naturales, por terremotos, pero no por la fuerza cultural que emana de ellos mismos. Es desde la dimensión de la política y la práctica social que se han generado, entonces, los flujos de energía y los momentos más dinámicos en la historia de la cultura del país (en las primeras décadas del siglo XX, las movilizaciones estudiantiles y obreras, la bohemia y la vanguardia; posteriormente, el Frente Popular y la generación del 38; luego, en la década de los 60, los proyectos de emancipación y el gran movimiento cultural que incluyó la Nueva Canción Chilena y otros, etc.). Esta situación, que representa para algunos una debilidad y para otros una fortaleza, explica en cierta medida el hecho de que al término de la dictadura no se haya producido, sin más, una

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Véase Bernardo Subercaseaux, Chile o una loca historia, Santiago, 1999.

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efervescencia creativa, puesto que la transición pactada significó enfriar las dimensiones utópicas de la política con la consiguiente pérdida de sentido épico. Este enfriamiento y la pérdida de ideales repercutió en una suerte de desactivación de las energías culturales que habían sido activadas durante la dictadura por la imaginación contestataria y por los ideales libertarios y democráticos, vale decir, políticos. En términos de identidad nacional, se advierte en Chile, entonces, un déficit de espesor cultural socialmente circulante. Muy diferente es, por ejemplo, la situación de Brasil, país donde una cultura local, la afrobahiana, que tiene su origen en componentes étnicos y demográficos, nutre a la identidad brasileña desde la samba al bossa nova, las macumbas y los sincretismos religiosos hasta la obra de Jorge Amado y el carnaval. Entre nosotros, la inmigración tampoco ha significado un aporte sustantivo y permanente al espesor cultural. No ha llegado a tener la significación que tuvo la inmigración europea en Argentina, donde, como consecuencia de ella, se altera y cambia el panorama lingüístico e identitario del país. De lo antes señalado no debe colegirse que en Chile no haya espesor cultural de origen étnico y demográfico; sí lo hay, pero el problema es que ha permanecido enghettado, con escasa circulación y casi sin proyección en la identidad nacional. Ello explica, por ejemplo, la poco frecuente ósmosis entre lo culto y lo popular que se da en la producción artística nacional (en comparación con lo que ocurre en la vida cultural mexicana o brasileña). En este sentido, la obra teatral “La negra Ester”, de Andrés Pérez, que se estrenó en su versión original en 1988, fue más bien la excepción que la regla. El Informe del PNUD sobre Desarrollo Humano del 2002 detectó a través de una encuesta que lo chileno o la identidad nacional eran percibidos como una herencia gris, bastante difusa y cuestionada387. Estudiosos y ensayistas suelen con frecuencia plantearse preguntas e inquietudes respecto a la cuestión de la identidad y lo que significa ser chileno. ¿Es posible darle cauce, aún, a la diversidad cultural del país, particularmente a la de raigambre étnica y social? ¿Es factible enriquecer el espesor cultural chileno por la vía del fortalecimiento de los procesos interculturales? ¿Cuáles son los principales desafíos para articular la

387



PNUD, op. cit.

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lógica política con la lógica cultural? ¿Las dinámicas de arrastre que informan el campo cultural son susceptibles, acaso, de afectarse por la vía de políticas públicas? ¿O es que los fenómenos culturales se moldean y sedimentan solos y en el tiempo largo? ¿Es factible, en definitiva, una suerte de ingeniería del tejido cultural y de la identidad nacional? En el ámbito internacional, se dan casos en que las políticas públicas refuerzan o abren el camino a los espesores e identidades culturales regionales y locales, como ha ocurrido, por ejemplo, en la España postfranquista, gracias al fortalecimiento consensuado de las autonomías y gobiernos regionales. Está también el caso de Canadá y sus políticas multiculturales. Son instancias que buscan articular la lógica política con la lógica cultural. En el caso chileno, considerando el peso que han tenido en la construcción de la identidad nacional la política y la práctica social, las respuestas y posibles soluciones tendrán que provenir de esa misma zona. Todo apunta, entonces, a la necesidad de profundizar la democracia en términos de deliberación y participación, como un camino para abrir cauce a la diversidad y creatividad cultural y, paralelamente, lograr una mayor integración y cohesión social. Profundizar la democracia implica avanzar, por lo menos, en tres espacios: en el espacio de la regionalización y descentralización del país; en el espacio de una ciudadanía responsable, emancipada y participativa; y en el espacio de la diversidad cultural y social. Se trata de promover la democratización de la democracia de modo que el ámbito de lo político ayude a destrabar las interferencias y los déficit de arrastre en el plano cultural. En esta tarea, el Estado, que es por definición una institución homogeneizante, requiere la concurrencia de la sociedad civil y de otros sectores, con el objetivo de articular lo político y lo cultural, para destrabar una traba de arrastre y enriquecer la producción artística, la creatividad social y cultural del país (siempre con la conciencia de que aun produciéndose ese destrabe, nada garantiza la trascendencia estética de esa producción).

e) El escenario moderno (a propósito del Bicentenario) En la actual oleada de modernización se instala un nuevo escenario comunicativo y cultural que afecta al ámbito artístico, nuevo escenario 290

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que para algunos analistas es una manifestación más del advenimiento de una nueva época en todo el globo. Desde el primer Centenario, Chile ha cambiado; así lo muestran el paisaje sociocultural y las cifras. En 1910, la población del país alcanzaba apenas a 3.334.613 de habitantes388, en el año 2011 llegaremos casi a 18.000.000389. Mientras la ciudad de Santiago tenía entonces apenas un 10% de la población del país390, actualmente alcanza a más del 40%391. En 1910, Chile era una sociedad rural de tono oligárquico con una población agraria de 44 % y una urbana de 56%. En el 2010, la población urbana alcanza un 87% y la que vive en el campo, solo a un 13% (estamos hablando, además, de una población rural crecientemente urbanizada, que remplazó el caballo por la bicicleta, y de temporeras que trabajan en la agroindustria o en las vendimias, que usan celular y ven teleseries). Entre estos años también se han producido cambios en la educación: en 1910, la población analfabeta llegaba a un 60%, en el 2010, a menos del 4%392. Son datos que revelan un aumento significativo de la cobertura escolar, que se proyecta desde la base hasta la cúspide de la pirámide: mientras en 1910 solo existían dos universidades con un total de alrededor de 1.000 alumnos393, en el 2010 la educación superior, incluyendo universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica, alcanza casi a 1.000.000 de alumnos394. Reveladoras resultan también las variables de género y sector social: en 1910, las mujeres que cursaban estudios superiores eran menos del 2%, y en el 2010, el porcentaje de mujeres en la Universidad llega casi a un

388 Proyección según los índices de crecimiento demográfico sobre la base del censo de 1907 (3.249.279 habitantes). Instituto Nacional de Estadísticas (INE en adelante). 389 Chile, proyecciones y estimaciones de población del país 1950-2050, CEPAL, INE, 2005. 390 Proyección según los índices de crecimiento demográfico sobre la base del censo de 1907 (332.724 habitantes en Santiago), INE. 391 Chile, proyecciones y estimaciones de población del país 1950-2050, op. cit. 392 En el censo de 1907, el 40% de la población era alfabeta. La cifra del 2010 corresponde a la proyección del 4,2% del censo del 2002. 393 Estadísticas de Chile en el siglo XX, INE, 1999. 394 Según Estadísticas de Chile en el siglo XX, op. cit. Los datos del 2010 son una proyección sobre la base de los 800.000 alumnos del año 2007. Según Andrés Díaz Trujillo, “El complejo escenario de la educación superior para el bicentenario”, en línea: URL www. articulachile.wordpress.com.

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50%, el mismo que el de hombres395. El que una mujer de clase media llegará a ser Presidenta de la República ni siquiera formaba parte, en 1910, del imaginario de lo posible. Otras transformaciones tienen que ver con el tiempo libre y las comunicaciones. En 1910 había 54 teatros, en los que se presentaban zarzuelas, variedades, sainetes, obras dramáticas y algo de cine mudo396. No había radios y solo una multitienda para la elite: Gath y Chaves. En el 2010, además de las 350 salas de cine397, hay más de 5.000.000 de aparatos de televisión398, más de uno por vivienda; alrededor de 7.000.000 de receptores de radio, alimentados por más de 1.100 estaciones A.M. y F.M.399, y sobre 20.000.000 de teléfonos móviles400, aparatos que hoy tienen cámaras fotográficas, radio, televisión y correo electrónico. El 28% de los hogares cuenta actualmente con videojuegos401; existen alrededor de 3.000.000 de computadores en el país402; y más del 50% de la población ha usado Internet403. Desde Arica a Punta Arenas hay -contando los que están en construcción- más de 70 malls 404, visitados

395 Proyección realizada sobre la base del 47,3% del año 2002. Tatiana Rojas Leiva, La educación superior en Chile durante los últimos 25 años: una aproximación de género, Santiago, diciembre, 2003. 396 Cálculo estimativo sobre la base de los 60 biógrafos de 1913. La Semana Cinematográfica, 16-5-1918. 397 Número estimativo sobre la base de las 312 del 2004. Anuario de la cultura y tiempo libre, INE, 2004. 398 Cálculo estimativo sobre la base de los 2.300.000 aparatos del 2002, según un estudio del Dr. Fernando Vió, Director del Instituto de Nutrición y Alimentación, Universidad de Chile. 399 Estimación sobre la base de los 354 aparatos por cada 1.000 habitantes. Estudio realizado por la Corporación Participa. Para las estaciones de radio, éstas alcanzaban a 1.128 el año 2004. Anuario de la cultura y tiempo libre, op. cit. 400 Cálculo estimativo sobre la base de los 12.866.000 del año 2006. Datos del Boletín de transportes y Telecomunicaciones, INE, 2006. 401 Estimación sobre la base del 26% de hogares del 2002. Televisión y nuevas tecnologías. Equipamiento y acceso, Consejo Nacional de Televisión, marzo del 2003. 402 Cálculo estimativo sobre la base del crecimiento explosivo de las ventas de computadores y de los 1.800.000 del año 2007. Ricardo Stevenson, gerente general de International Data Corporation Chile (ICD). 403 Cálculo estimativo sobre la base del 41,2% de la población que el año 2004 había utilizado Internet. Anuario de la cultura y tiempo libre, op. cit. 404 Proyección estimada sobre la base de los 42 registrados el año 2004 por el Ministerio del Trabajo (dentro de ellos se contabilizan malls, centros comerciales y zonas francas).

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por sectores populares (sin pueblo), por sectores medios (sin libros) y por la elite (con apellidos de origen árabe, croata, italiano, y solo unos pocos apellidos vinosos). En las carreteras (con peaje) circulan hileras de automóviles conducidos por médicos, gásfiters, abogados, profesores, bedeles, taxistas, torneros, jueces (con chofer), vendedores de multitienda, feriantes, diputados (también con chofer), empleados bancarios, monjas (sin chofer), laboratoristas dentales, jardineros, obreros, choferes (de asueto), secretarias, jóvenes y adultos de la tercera y de la cuarta edad. Son transformaciones que apuntan a la cara integradora de la modernización y a una sociedad de masas globalizada, pero también a un proceso que tuvo y sigue teniendo su lado oscuro. Ya no, como en 1910, en la mortalidad infantil, en el alcoholismo o en obreros del salitre amarrados al cepo, pero sí en las subculturas de la droga, de la delincuencia, en el aumento de las enfermedades mentales y del stress, así como también en los indicadores de desigualdad, los que según estudios de la CEPAL nos ubican entre los países más inequitativos en la distribución del ingreso de América Latina. Los conventillos de ayer son los 600 campamentos, las emergencias posterremoto, las viviendas populares y la marginalidad urbana y rural (sobre todo mapuche) de hoy en día. También las piezas hacinadas con familias peruanas en el bajo centro de Santiago. Se trata de un escenario moderno desequilibrado, en que sus distintos componentes (económico, social, político y cultural) no están a la misma altura; una mesa de cuatro patas que cojea al menos en un par de ellas. En este contexto, con todas las contradicciones que en él se dan, se han ido asentando importantes transformaciones en el plano cultural y comunicativo. Concurren a ellas tres factores: la instalación con pocos matices de una sociedad de mercado, la massmediatización de la cultura y las permanentes transformaciones tecnológicas, aspectos que forman parte de la llamada globalización.

f) La massmediatización de la cultura Si hacemos la historia del tiempo presente, uno de los diagnósticos que resalta es -en sintonía con la globalización- la organización audiovisual o massmediatización de la cultura, fenómeno que se sustenta en las industrias de la publicidad y del entretenimiento y en una vorágine 293

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imparable de cambios tecnológicos. Se trata de una massmediatización que incide y afecta a todo tipo de actividades, desde la política a la educación, desde el teatro y la literatura hasta el lenguaje, la religión, el deporte y el tiempo libre. Los medios, sobre todo la televisión, han dejado de “mediar”, pasando a constituirse en mediaciones socioculturales de sí mismos, en co-constructores de las representaciones de la realidad. En política, las campañas y el posicionamiento comunicacional son más decisivos que las ideas o que lo efectivamente realizado. Quien tiene los focos y las cámaras tiene también los votos. Las grandes figuras de la televisión son candidatos virtuales a todos los cargos. En un cónclave celebrado en el sur del país, para sellar su unidad, los partidos de la Alianza (hoy gobernante) lo hicieron no con ideas o fundamentos racionales, sino con la mímica del amor de uno de los temas más famosos del dúo argentino Pimpinela: la senadora Lily Pérez (de Renovación Nacional) actuó como Ella y el diputado Darío Paya (de la UDI) como Él: ¿Quién es?, dijo ella, Soy yo, respondió él. ¿Qué vienes a buscar?, retrucó ella, A tí…, musitó él. Bajo el influjo de lo audiovisual, la política se ha convertido en espectáculo, pensando en sondeos y ratings, importan las gestualidades, el carisma electrónico y evitar a toda costa el tedio de las audiencias. La política se ha distanciado de las ideas y de lo político, erosionando el interés ciudadano. A ello se agrega un déficit de legitimidad democrática en la génesis de la Constitución y un sistema binominal con exclusiones, heredado de la dictadura, todo lo cual genera desinterés por la política, particularmente en la juventud; protestas antisistema que también corren el riesgo de ser tergiversadas o convertidas por la televisión en un espectáculo. La TV abierta y los medios juegan incluso un rol fundamental con respecto a la lengua: autorizan neologismos e inciden en la aceptación de ciertos usos coprolálicos o de “palabras saco”, son, a la vez, la caja de resonancia y de difusión de la empobrecida situación lingüística que afecta al habla nacional. En casi todos los barrios del país hay espacios globalizados: niños que en sus casas o en el negocio de la esquina o en algunas de las casi 400 bibliotecas públicas que cuentan con Internet (gracias al apoyo de Microsoft)405 pasan tiempo jugando a Spiderman, al fúbol, a Red Alert, a Guitar Heroe o a la nueva versión de Mario para Nintendo Wii, el best seller

405

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Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, DIBAM.

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de la compañía japonesa; niños que están más al tanto de las alternativas del Play Station que del pasado de sus propias comunas. Niños que vibran con unos monitos japoneses en que la sangre y la violencia corren a raudales; niños que se manejan mucho mejor con los bit que con la palabra, y que chatean con el compañero de curso o con alguien que está a miles de kilómetros de distancia, utilizando un lenguaje -como dicen ellos- “bacán”. La tecno y video cultura ocupa un espacio cada vez más importante en la educación informal, promueve una ética y una actitud de impaciencia, que convierte a la lectura en un soberano aburrimiento. “Hazla cortita” es una de las frases de moda entre los adolescentes. Ampliando su sentido a la educación implica un no a los libros, un no a la lectura (“que la hace larga”) y una reticencia al conocimiento que implica hábitos de estudio, de procesamiento y de graduación en el aprendizaje. Según un estudio del año 2007, el 46% de los jóvenes que ingresan a la universidad no entiende lo que lee y casi el 32% no cuenta con la capacidad para asociar contenidos de más de una disciplina406. Es frecuente encontrarse con alumnos de todos los niveles que tienen serias deficiencias, tanto en la lecto-escritura como en el pensar abstracto, pero que son extraordinariamente diestros en el manejo computacional, ya sea de imágenes o de sonidos. ¿Está el homo videns reemplazando -como sugiere Sartori- al homo sapiens? 407 Según Neil Postman, estudioso norteamericano, el carácter de espectáculo y entretención que privilegia la massmediatización no es el problema, el problema de fondo es que el entretenimiento y el espectáculo se han convertido en el formato natural de casi toda experiencia humana. Desde la educación hasta la religión y la política requieren hoy un formato de entretenimiento, formato que conlleva el riesgo de la superficialidad y la banalización408. Por otro lado, sería necesario investigar hasta qué punto la massmediatización de la cultura infanto-adolescente incide en los fenómenos de anomia y matonaje escolar, o en los problemas de lecto-escritura, o, para

“Casi la mitad de los estudiantes universitarios no entiende lo que lee” (se refiere a un estudio del Consejo Superior de Educación), en La Tercera, Santiago de Chile, 29-7-2007. 407 Giovanni Sartori, Homo videns. La sociedad teledirigida, Madrid, 1998. 408 Neil Postman, Divertirse hasta morir. El discurso público en la era del “show business”, Barcelona, 1991. 406

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ponerlo en términos extremos, en una desestabilización gnoseológica y epistemológica que podría estar afectando al seno de nuestra cultura409. También se puede mirar el tema desde otro ángulo: ¿No estaremos acaso ante un cambio importante, pero un cambio, al fin, como ha habido otros a lo largo de la historia, un cambio desde una cultura tipográfica a una cultura de la imagen y de las percepciones complejas? Son interrogantes que requieren investigación y reflexión, pero que aún no podemos responder con certeza. De lo que sí tenemos evidencia es que en la religión, como en el deporte, el arte y la política, la legitimación y la valoración social están vinculadas de modo creciente a la variable audiovisual. Y tras esta variable están las industrias culturales, con la televisión a la cabeza, que es -con su férrea lógica mercantil- la industria audiovisual hegemónica que moviliza a otras industrias y que es implacable en su voracidad de mercado, lo que redunda en una hiperinflación de la cultura de masas y en el riesgo -gracias a la censura invisible que ejerce el mercado- de una creciente homogeneización cultural. Tal como afirma Santiago Castro Gómez, hoy en día la cultura medial “reemplaza a la cultura letrada en su capacidad para servir de árbitro del gusto, los valores y el pensamiento. La ventaja de la cultura medial sobre otros aparatos ideológicos radica” -según Castro Gómez- “en que sus dispositivos son mucho menos coercitivos. Diríamos que por ellos -afirma el autor- no circula un poder que vigila y castiga, sino un poder que seduce”410.

En cuanto al tiempo libre, la televisión es para las mayorías el medio preferido de entretenimiento y descanso. Con las pantallas de plasma, el advenimiento de la televisión digital y el perfeccionamiento vivencial de las imágenes, es muy probable que lo siga siendo. Se trata, como señala Álvaro Cuadra, no de la “paleotelevisión” (que era el modelo antiguo de la TV civilizadora), sino de la “neotelevisión”, el modelo de televisión que interactúa con la cultura de masas 411 y que repele a todo aquello

Es lo que plantea Álvaro Cuadra, en Hiperindustria cultural, e-book, 2007. Santiago Castro Gómez, “Althusser, los estudios culturales y el concepto de ideología”, OEA para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en línea: URL www.oei.es/ salactasi/castro3htm. El resaltado es nuestro. 411 Álvaro Cuadra, Hiperindustria cultural, op. cit. 409 410

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que no cuenta con la complacencia del mercado expresado en el rating. Ahora bien, no se trata de demonizar a la TV, siempre ha habido y habrá algunos programas valiosos en términos informativos o artísticos. La TV abierta juega también un rol significativo en situaciones de catástrofe y de solidaridad. No se trata, en definitiva, como ya señalamos, de negar a la TV en cuanto medio, ni de estigmatizar sin más el entretenimiento, sino de reflexionar críticamente sobre lo que implica la massmediatización de la cultura en un escenario como el que estamos viviendo.

g) La vertiginosa generación de cambios tecnológicos La organización audiovisual de la cultura y las posibilidades o peligros que ello implica caminan a la par con una permanente posta de cambios tecnológicos. De la televisión al video, del video al cable, del vinilo al casete, del casete al compact disk, del compact disk al MP3, al pendrive, al iPod y al celular; de la carta al fax, del fax al correo electrónico y al mensaje de texto por celular; del cable submarino a la fibra óptica y, en la punta, los adelantos que permiten la interacción entre lo textual, lo visual y lo auditivo, abriendo el horizonte de lo multimedial. Son cambios que en cada rubro están incentivados por el mercado, por la promoción de nuevas demandas. Cambios que también inciden en las relaciones y en los imaginarios interpersonales, alimentando la estética del zapping y del video clip, esa estética en que priman los significantes por encima del significado, una estética que fomenta la impaciencia y la información “urgida” que reniega de lo denso y a veces incluso del conocimiento y del intelecto (todo lo cual suele identificarse con el libro). Son cambios que sobre todo comprimen y afectan nada menos que a las vivencias del tiempo y del espacio. La diferencia (económica) entre comunicarse local, nacional o globalmente se está anulando. La palabra, la imagen y, lo que es más complejo, los flujos de capital, pueden volar en segundos de un país y hasta de un continente a otro. La producción y circulación de la cultura y la información están hoy en día interrelacionados con estos cambios tecnológicos y espaciotemporales. Ellos constituyen de modo creciente el contexto de producción, circulación y recepción de la cultura. Un estudiante de la Universidad de La Frontera, en Temuco, encuentra más y mejor información sobre sus vecinos mapuches de Puerto Saavedra en los múltiples sitios de Internet 297

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dedicados al tema indígena, que en los diarios locales o nacionales. La globalización implica un cambio profundo en las coordenadas del espacio y del tiempo, que son nada menos que las coordenadas fundamentales en que los individuos y las sociedades habitamos. Las tecnologías multimediales e Internet que posibilitan este contexto son, sin embargo, herramientas que sirven para un “barrido y un fregado”. En educación, pueden utilizarse para generar información y cumplir con la tarea escolar o universitaria, incluso como averiguador universal, pero también para googlear y presentar como propio un trabajo ajeno bajado de la red y pegado con “ctrl-alt edición”. Son tecnologías que pueden cumplir roles -como de hecho los cumplen- apoyando la reivindicación del patrimonio de los pueblos originarios o en las luchas políticas por la educación, por la democracia y el medioambiente, pero también son tecnologías funcionales al capitalismo especulativo y bursátil. Son indicios de que ni la nación -ni el Estado- pueden controlar los flujos comunicativos y culturales. De allí que el ciberespacio tenga connotaciones de territorio libre, de una democracia universal (aunque en inglés). No se trata, empero, de demonizar ni de mitificar o fetichizar a las nuevas tecnologías y a Internet; a fin de cuentas, son solo instrumentos que, si bien pueden generar redes sociales y contribuir a la pluralidad y diversidad cultural, también pueden obstruirlas y alterar los patrones epistémicos tradicionales. Resulta, por otra parte, paradójico y preocupante que la mayor disponibilidad de información y de recursos tecnológicos para el aprendizaje en toda la historia del país coincida con una educación de muy escasa calidad.

h) Creación artística y políticas culturales Antes de pasar al tema del nuevo escenario comunicativo y cultural globalizado, y analizar su efecto en el caso concreto de una comunidad campesina, vale la pena señalar lo realizado en las últimas décadas por el Estado, en el plano de las políticas públicas vinculadas a la cultura. Cabe sí hacer una consideración preliminar. La creación y elaboración artística en sus diversas áreas tiene sus ritmos y sus tradiciones; en términos de trascendencia y significación estética, no es fácil conducirla para uno u otro lado. El hecho de que la poesía chilena tenga mayor relevancia en el siglo XX que la argentina y que, por el contrario, la narrativa de ese país sea en términos generales superior a la chilena, sigue siendo, básicamente, 298

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un misterio. Resulta, en esta perspectiva, arriesgado establecer relaciones de causa y efecto entre las políticas culturales y los logros estéticos. Lo que sí puede hacerse es vincular las políticas culturales con cantidad, con oportunidades y con flujos de circulación. También examinarlas en términos históricos, comparándolas con las de otros períodos del país. En la transición a la democracia se dieron avances significativos en términos de políticas culturales con respecto al período anterior. Las políticas se modernizaron en dos sentidos: en primer lugar, se las concibió con una mirada más compleja, entendiendo que la vida cultural contemporánea es una trama múltiple, y que los agentes, los medios y los fines de las políticas que afectan a esta trama son también plurales y variados. El campo cultural se abordó en su diversidad, contemplando básicamente tres sectores: el espacio comunitario o de cultura local, las industrias culturales y la cultura artística o especializada en sus diversas áreas. En segundo lugar, se asumió que el rol del Estado debía ser de facilitador y de fomento, pero no de agente directo, como lo fue en el pasado (a través de las universidades públicas en la década del 50 o de empresas como Chile Films y Quimantú, en los 60). En esta perspectiva, se establecieron una serie de fondos concursables, los que desde que se instauraron se han ido perfeccionando en cuanto a recursos, áreas cubiertas y descentralización. También se han establecido políticas sectoriales con la participación de los sectores involucrados: en el caso del cine, la música y el sector del libro, y, recientemente, con el actual gobierno, respecto al patrimonio. Paralelamente con la instalación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (y los consejos regionales) presidido por un funcionario con rango de Ministro, se ha dado un avance en la institucionalidad. La gestión de la Concertación elaboró un conjunto de líneas estratégicas, objetivos y medidas a impulsar que han sido continuadas por el gobierno de la Alianza. Se trata de políticas públicas que contemplan el desarrollo de algunas industrias culturales, que se proponen enfrentar el tema de la inequidad en el acceso, la expansión del mercado en algunas áreas, la descentralización de las actividades artísticas, el desarrollo nacional del libro y políticas de preservación del patrimonio. Son políticas culturales de fomento, de facilitación, que buscan mejorar la equidad en el acceso y políticas de mercado asistido, reconociendo que hay algunos productos como el libro que no pueden estar sujetos solo a los vaivenes del mercado, sobre todo tratándose de un mercado pequeño y algo deprimido como el 299

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chileno. En definitiva, un diseño de políticas culturales que se hace cargo de varias de las constataciones de lo ocurrido en la vida cultural de estas últimas décadas, manteniendo, además, como principios orientadores, la libertad, la diversidad y la participación. Hay varias constataciones que se pueden hacer con respecto a la actividad artística de las últimas décadas. En primer lugar, en algunas áreas fundamentales de la creación, como el teatro, la música, la pintura y el cine, aunque no hay estadísticas pormenorizadas por año, los datos parciales y la información disponible permiten constatar un crecimiento en cuanto a obras y películas estrenadas, a grupos musicales, a exposiciones y, en el caso de películas chilenas, a presencia e interés de espectadores, siendo vistas a lo largo de todo el país, exhibidas en canales de televisión y a través de videos. Aunque gran parte de esta actividad se concentra en Santiago, ha habido también un aumento en provincias, especialmente en Valdivia, Concepción, Valparaíso y Temuco. La segunda constatación es que la relevancia, presencia y valoración que tiene en el conjunto de la sociedad cada área artística, está en relación más o menos directa con los vínculos y la presencia que esta tiene con la cultura massmediática y la lógica del espectáculo. Se destacan, en este sentido, el cine, el teatro (cuando los personajes de la obra son también personajes de las teleseries) y la música popular. Las instancias de formación en las áreas mencionadas se han incrementado notablemente, sean éstas academias, institutos, carreras, universidades o escuelas. La tercera constatación es que áreas tradicionales vinculadas a la cultura letrada y tipográfica, como la del libro, la literatura y la industria editorial, han perdido relevancia y valoración social. Luego de una recuperación inicial, los índices posteriores a 1998 han caído, a pesar de celebraciones en torno a las figuras de Pablo Neruda y Gabriela Mistral (caídas en número de librerías, números de libros leídos por año, producción de libros por habitante, cifras de exportación e importación)412.

412

2005.

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Política Nacional del Libro y la Lectura, Ministerio de Cultura, Santiago de Chile,

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La cuarta constatación es que el espacio comunitario de cultura y expresividad artística local, vinculado a los 346 municipios que hay en el país, ha sido en cuanto a actividad artística, muy desigual, debido a la disparidad de recursos financieros e infraestructura cultural con que cuentan los municipios. Algunos, gracias a las contribuciones e impuestos que recaudan, tienen presupuestos significativos para actividades culturales, otros, en cambio, tienen recursos muy exiguos y deben darle preferencia a la basura o la pavimentación. La inequidad en infraestructura también ha incidido en el acceso y consumo cultural. Este desequilibrio no se refleja, empero, en el acceso a la cultura de masas. La quinta constatación es que incluso áreas que han experimentado un repunte, como es el caso de la industria del cine y el audiovisual, siguen teniendo una situación difícil y en desventaja con respecto a la industria internacional del cine y a los intercambios de bienes simbólicos que implica la globalización.

i) Desequilibrios Con respecto a esta última constatación, cabe señalar que Internet se ha transformado en una posibilidad de bajar películas y música de todas partes del mundo y casi sin costo. Resulta sin embargo iluso, como ya señalamos, pensar que Internet y las nuevas tecnologías multimediales constituyen por sí mismas una idílica democracia cósmica. Los fenómenos de poder internacional y las relaciones de dominación Norte–Sur siguen operando. Y operan no solo en los flujos de capital, sino también en otros órdenes. En el año 2000 se estrenaron en Chile 225 películas, 14 de ellas chilenas (solo el 6%), 195 norteamericanas (87%) y 16 de otros países, la mayoría europeos (7%)413. Son antecedentes que indican la importancia de la integración regional de las industrias culturales del continente y del fortalecimiento de las relaciones de toda índole con otros países, la importancia de reconstituir las redes de un “nosotros latinoamericano” en los flujos y circuitos culturales. Los convenios y la

413 Octavio Getino, “Aproximación a un estudio de las industrias culturales en el MERCOSUR”, Documento de Trabajo, Seminario Internacional, Santiago de Chile, mayo, 2001.

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colaboración gasífera y energética constituyen un ideal en que están empeñadas las naciones del continente, pero deberían ir a la par con una integración cultural, con una verdadera y profunda amistad regional que nos permita unir fuerzas y aminorar los riesgos de una participación aislada, en calidad de meros apéndices -y, por ende, subordinados- en la globalización. Resulta absurdo que hoy en día se pueda ver más y mejor cine latinoamericano en San Francisco y en Barcelona que en Santiago o en Bogotá. Situación que está directamente vinculada a problemas y controles en la distribución y circulación de películas. No hay que olvidar tampoco que los gadgets y la incesante posta de nuevas tecnologías, e incluso las máquinas buscadoras de Internet, son mercancías que se transan en el mercado, que se mueven en un mundo de patentes y licencias en el que un país pequeño y con poca innovación científico-tecnológica tiene muy poco que decir. Es muy probable, y ya está sucediendo, que lo que es gratuito en Internet empiece a tener un costo, y que la red se potencie sobre todo como un instrumento de transmisión de información pagada y de comercio o de modernización de los servicios. Ahora bien, las inequidades en la distribución de las imágenes y el intercambio desigual de bienes simbólicos que indican los datos sobre cine no son inocuos. Hoy en día, y cada vez más, la existencia social y la identidad pasan por el lenguaje audiovisual y por la pantalla. La constitución de un “nosotros” chileno, andino o latinoamericano requiere del lenguaje audiovisual. Desde esta perspectiva, la industria cinematográfica y la industria televisiva son industrias prioritarias en términos de conformación de imaginario e identidad. Los países con mayor capacidad de producción y comercialización de productos y servicios culturales no solo logran reafirmar la identidad y los imaginarios colectivos de sus pueblos, sino que a la vez están en mejores condiciones para influir en otras identidades o imaginarios. Es un hecho, como señala José Joaquín Brunner, que la cultura popular norteamericana ejerce en Chile una genuina atracción, “con su base multi-étnica, su apertura a la experimentación, su orientación hacia el consumo masivo y sus valores diversos, en constante innovación, desde los rapistas a Madonna, del cine de Tarantino a las series de televisión, del footing al new age, de los best sellers manufacturados en serie a los westerns, del fast food a los blue jeans, de la música rock a los videos, las revistas soft-porno” y Google. Es verdad también que “hay algo en toda esa constelación que se conecta vitalmente con los ritmos, los deseos y los miedos de 302

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la modernidad”414 y de la globalización. Pero esas pulsiones y deseos, que aparecen como tan “genuinos”, tienen que ver también con la omnipresencia multimediática de esa cultura y con ciertos nexos de poder y hegemonía del capitalismo trasnacional en las industrias culturales. Las imágenes de USA son tan abundantes en la aldea global -dice Octavio Getino- que la gente en los lugares más apartados del mundo aspira a sentirse como en Estados Unidos415. En lugares tan distantes y apartados, agregamos nosotros, como la pequeña comuna de Pelarco, en el centro sur de Chile, cerca de Talca.

j) El caso de Pelarco Pelarco es una comuna campesina de cerca de 8.000 habitantes, ubicada en el valle central, en la provincia de Talca, en una zona que simboliza la ruralidad y las tradiciones del Chile criollo. En el portal de información de la página de SERNATUR, en Internet, se la describe como una comuna huasa por excelencia, con presencia de la trilla, el rodeo, el charqui, el pan amasado y los hornos de barro. Un lugar en que las tradiciones y costumbres campesinas están vivas y que tiene en la ruralidad su condición natural. En el pequeño pueblo habitan no más de 2.000 personas, y las restantes 6.000 están desperdigadas en tierras de riego y rulo, en casas de adobe con tejas, en un paisaje en que alternan trigales, arroz, tomates, la vid y potreros rodeados de álamos. Durante varios años, la alcaldesa más prominente de Pelarco, una diva de la televisión, casada entonces con un agricultor de la zona, puso gran parte de sus esfuerzos edilicios en la realización en gran estilo de un concurso que ya existía, de un evento que durante su mandato concitó la atención massmediática de todo el país: la elección de Miss Pelarco. Con el apoyo de distintos sectores y medios publicitarios de la capital, el evento se realizó en el gimnasio de Pelarco, imitando el formato audiovisual de uno de los programas de mayor audiencia y mercado en la industria global del entertainment: la elección de Miss Universo.

414



José Joaquín Brunner, Globalización cultural y posmodernidad, Santiago de Chile,

1998. 415 Octavio Getino, “Aproximación a un estudio de las industrias culturales en el Mercosur”, op. cit.

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Un locutor de smoking, con jóvenes campesinas que se esforzaban por disimular su timidez, entrenadas y vestidas por modistos de Santiago, paseándose en bikini o con vestidos forrados en brocato y glamour. Cámaras, las preguntas de rigor a las concursantes y el consabido llanto de la coronación. Periodistas y locutores de radio de distintos puntos del país siguiendo el espectáculo. El evento consiguió en esos días lo que la alcaldesa y diva se proponía: instalar en el imaginario de las muchachas y campesinos de Pelarco el sueño de una noche globalizada. La elección de la reina y su resultado fueron cubiertos por todos los medios del país. Un periódico de circulación nacional señaló que la varita mágica de la alcaldesa había tocado a la comuna. La dama de marras fue también una gran promotora de la fiesta de Halloween; ella misma se disfrazó en más de una ocasión de bruja. Y más tarde, cuando se peleó con su ahora ex marido, fue acusada por su sucesor de llevarse los muebles antiguos del municipio416, convirtiéndose para los periódicos en el “último capítulo de La Quintrala”417 (personaje histórico y pseudobruja de la tradición criolla, a la que en el pasado la autoridad municipal había representado en una famosa serie de televisión). A estas alturas, para los corrillos campesinos de Pelarco y del país entero, el trasvasije massmediatizado era total: ya no se sabía dónde terminaba la pantalla y dónde comenzaba la realidad. En el esfuerzo de la ex alcaldesa subyacía un supuesto que comparten muchos: la idea de que por efecto de la comunicación y la televisión hoy en día todas las culturas y subculturas tienen elementos comunes y que, por lo tanto, subirse a ese carro homogeneizador e igualitario era la mejor forma de situar a la comuna en el mapa y en la modernidad. Y así efectivamente ocurrió. El Pelarco invisible de antes se hizo en el año 2001 famoso: fue cubierto por todos los medios, e incluso Canal 13 de Televisión realizó un programa extenso sobre el evento. Hasta el día de hoy, cuando ya la ex diva no es alcaldesa (pero continúa siendo figura de la TV), siguen consultando al Municipio desde otras comunas del país para indagar datos de la producción e interiorizarse sobre el

416 En Pelarco se rumorea que ella misma habría adquirido estos muebles, entre ellos un escritorio Luis XIV, para otorgarle glamour al recinto. 417 “Pelarco: el último capítulo de La Quintrala”, El Periodista, Santiago de Chile, 36, 12-5-2003.

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referente audiovisual que sirvió de modelo. Una artista plástica de avanzada realizó la performance “Esperando”, a la que subtituló: “El fans club de Miss Pelarco espera su arribo a Santiago en la esquina de las calles Estado con la Alameda”418. María Magdalena Arenas, que así se llamaba la candidata que fue coronada reina en el año 2001, recibió como premio un curso de modelaje en una academia de la capital, se quedó a vivir allí, y actualmente forma parte de la guardia del Palacio Presidencial, con el nombre de la “carabinero Arenas”. El asunto, sin embargo, involucra aspectos que van más allá del destino individual de la reina de turno. La cultura local y la identidad rural de la comuna, de por sí debilitadas por el predominio de lo moderno en los medios audiovisuales, ¿no resultan más erosionadas aún después del evento y de la parafernalia que éste concitó? ¿No es acaso Miss Pelarco un rito audiovisual que tiende a uniformar el imaginario y los hábitos de consumo, los sueños de vida e incluso las prácticas culturales de los habitantes de la zona? ¿Puede hablarse, a partir de este caso, del rol que cumple la cultura massmediática en la desestabilización de los anclajes identitarios tradicionales? ¿No estaremos frente a un hecho sintomático que refleja el intercambio desigual de bienes simbólicos que afecta al país, y que se manifiesta en una hiperinflación de la cultura de masas? ¿No estaremos, acaso, ante signos de que la dominación y la hegemonía -entendidas como consentimiento acrítico del modelo de mercado- son las que rigen plenamente al país en este bicentenario? Las respuestas a estas interrogantes dependerán, en gran medida, de la valoración que se tenga de tales fenómenos y de la agenda político intelectual de cada quien. Algunos estudiosos, como José Joaquín Brunner, tienden a negar o a diluir la existencia de un específico cultural rural, chileno o, para el caso, latinoamericano. Nos anuncian el ingreso irreversible a la modernidad: “todo el antiguo imaginario fiscal y mesocrático -dice Brunner- incluso todo lo que es tradicional, rural, apartado, folklórico, pasa a formar parte ahora de la conciencia cultural de la modernidad mediante un proceso de continuas hibridaciones y recombinaciones. Nadie escapa de esta (ola) ni puede situarse fuera de sus límites, los que se expanden como

418 Performance de la artista Soledad Infante Meza, realizada en noviembre del año 2004, en línea: URL soledadinfante.artelista.com

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el universo”419. Otros, como Jesús Martín Barbero420 y Renato Ortiz421, afirman que en la globalización, la nación ha experimentado un deterioro como contenedora de lo social y de lo cultural, y que es sobre todo en la trama de la cultura de masas y en la comunicación audiovisual donde se juegan, de modo creciente, dimensiones clave del ser social. Sostienen así que el melodrama y otros géneros propios del mundo de la televisión relevan aspectos fundamentales de la cultura popular latinoamericana, negados por la mirada racionalista y elitista de la intelligentzia ilustrada. Son autores que desde distintos ángulos se aproximan a lo que Beatriz Sarlo ha llamado el neopopulismo cultural422. Autores que perciben la modernización como parte central de la tradición y de la identidad latinoamericanas (en lo que tienen razón), pero que omiten o cierran los ojos frente a las tensiones y conflictos de este proceso. Son autores para quienes pareciera no haber argumentos válidos para sostener que Violeta Parra o Atahualpa Yupanqui son más expresivos de la latinoamericanidad que el dúo Pimpinela o la cantante Shakira. Otros pensadores, como Néstor García Canclini423, sostienen que hablar hoy en día de cultura campesina con respecto a una comuna rural como Pelarco es un forzamiento, puesto que las culturas en un mundo interconectado no son monolíticas ni puras, sino híbridas y complejas, con zonas de tradición y de cambio. En Pelarco se manifestaría, de alguna

José Joaquín Brunner, Globalización cultural y posmodernidad, op. cit. Jesús Martín Barbero, De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, Barcelona, 1987; Televisión y melodrama, Bogotá, 1992. Aunque Barbero está consciente de que lo masivo oculta las diferencias sociales conflictivas, sostiene que la oposición tajante entre lo masivo y lo popular es una falacia teórica que solo puede ser concebida por el purismo arquetípico y congelado de lo popular, o por un marxismo ortodoxo y dogmático que percibe a los fenómenos de masas solo como un efecto de la dominación ideológica de las clases propietarias sobre las trabajadoras. Percibe también en el rechazo a lo masivo las huellas de un nacionalismo populista. 421 Renato Ortiz, Mundializacao e cultura, Sao Paulo, 1994. 422 La autora define el neopopulismo cultural como una salida de emergencia frente a las “nuevas” situaciones vividas por el arte frente a la hegemonía del mercado, las industrias culturales y la “democratización” y, por ende, desacralización del arte. Postura que vincula al relativismo respecto a los valores estéticos y a la aceptación acrítica del estado de cosas existentes. Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y video cultura en la Argentina, Buenos Aires, 2001. 423 Néstor García Canclini, Consumidores y ciudadanos, México, 1995; La globalización imaginada, Barcelona, 1999. 419

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manera, esta hibridez. En el plano internacional, para García Canclini, Shakira sería una expresión híbrida, que basaría su éxito precisamente en la combinación de elementos de la inmigración árabe, del rock en español y de la música colombiana, pero proyectados como producto a la globalización. Si bien podemos analíticamente compartir lo que señala García Canclini, particularmente en la perspectiva de que las culturas no pueden ser entendidas como totalidades cerradas intocadas por la modernidad, en términos de políticas culturales y de asumir la globalización desde una perspectiva no subordinada, hay que tomar decisiones y de alguna manera establecer prioridades (sobre todo cuando hay presupuestos limitados y preocupación por preservar el patrimonio material e intangible). De Shakira se encarga el mercado; hoy en día canta en inglés y mañana probablemente lo hará en chino mandarín. Pero de Violeta Parra y de Atahualpa Yupanqui, cuando estaban vivos y produciendo, o de las tradiciones huasas y rurales de Pelarco, ¿quién se encarga? Para responder a esta y otras interrogantes quisimos conocer la realidad de Pelarco. Una integrante de nuestro equipo recorrió y llevó a cabo un estudio de campo preliminar sobre la base de una serie de preguntas semiestructuradas424. Nos preocupaba saber si no estábamos pensando como arqueólogos del imaginario social, aferrándonos a la defensa de algo que probablemente ya no existía y que ha perdido su sentido en una sociedad donde las culturas campesinas y tradicionales ya no representan la parte mayoritaria de la cultura popular, y donde lo popular ya no es vivido ni siquiera por los sujetos populares (o rurales) con una complacencia viva o melancólica hacia sus tradiciones425. ¿Aferrarse a eso en pro de una defensa abstracta de la pluralidad y diversidad no sería, acaso, cegarse ante los cambios que han ido redefiniendo a estas tradiciones en las sociedades rurales crecientemente globalizadas? La investigación de campo arrojó varias sorpresas. En primer lugar, el número de televisores (a color) por casa (y en viviendas modestas) era

424 La ayudante Ana María Ledesma, a quien agradecemos su valiosa colaboración, recopiló información y procesó las encuestas. 425 Tomamos estas preguntas de Virginia Rodríguez Peyto, citadas por Álvaro Cuadra, en Hiperindustria cultural, op. cit.

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elevado: de dos a cuatro, dato que avala el creciente rostro mediático de la cultura. Otra sorpresa fue comprobar que Miss Pelarco no era el único concurso, ya que también hubo otros. En el año 2000, por ejemplo, se realizó el evento de Miss Chiquitita, en que niñas de la comuna de entre 5 y 10 años eligieron a una reina, evento en el cual la animadora tenía 8 años, y las candidatas, tal como en el Miss Universo, desfilaron y bailaron el “sau-sau” en pareo. Las respuestas a las preguntas que indagaban el efecto de Miss Pelarco en el imaginario social de la comuna no fueron concluyentes. Los menores de 30 años se identifican con el evento, y para ellos no tiene peso la memoria ni las tradiciones. Para la población mayor, sin embargo, sigue vigente el imaginario rural y privilegian eventos como el rodeo o el Festival del Arroz, tradición que en su 21ª versión tuvo como jurados e invitados especiales, nada menos que a dos figuras de la farándula local: la Licenciada Tetarelli y el modelo Álvaro Casanova, ex pareja de Carla Ballero (si alguien, por casualidad, llegase a leer este texto en 100 años más, tendrá serias dificultades para establecer quiénes fueron estas “personalidades”). La alcaldía actual está intentado reincorporar en los distintos eventos al folclore y a cantores populares, pero esa dimensión, comenta el edil, no interesa a los medios (apunta así a lo que podría calificarse como censura del mercado con respecto a aquello que no tiene un pre-público asegurado). Todos reconocen, sin embargo, la presencia e importancia del concurso de Miss Pelarco y manifiestan cierto orgullo por el mismo. La mayoría de las candidatas entrevistadas perciben al evento como una contribución a la identidad local, sostienen que les permite conocer gente “importante”, jurados que han visto en la televisión y que nunca pensaron que tendrían la oportunidad de conocer. Entre ellos, han sido invitados especiales la modelo Mónica Aguirre y Marisela Santibáñez, panelista del programa de farándula SQP. Otra entrevistada señala que el concurso le permitió conocer en vivo y en directo al diputado Alberto Cardemil y al “chico” Zaldívar (actual senador). Perciben estas experiencias como muy valiosas y únicas. Lo local se enaltece con la gente importante de “afuera”, políticos que valen no en tanto personas, sino como personajes vistos en la pantalla. Las imágenes ficcionalizadas desde la televisión u otros medios masivos distancian y sacralizan a quienes allí aparecen. La mirada externa le otorga visibilidad a Pelarco y es constitutiva de 308

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su existencia. El alcalde actual quiere marcar cierta distancia con su antecesora; ha bajado -dice- el presupuesto de las actividades que, según sus palabras, “farandulizaron a la comuna”, y está decidido a potenciar aspectos más propios de la zona, que tengan que ver con las “raíces” huasas de la región. El relacionador público y encargado cultural de la Municipalidad sigue siendo el motor de Miss Pelarco, concurso al que le otorga gran importancia como símbolo de la comuna. Se trata -dicede un espectáculo que fomenta el sentido de pertenencia. Cuando se explaya sobre la forma de selección de las postulantes dice “mejor una bonita tonta que una fea inteligente. A la primera la puedes preparar (las preguntas a las candidatas se las dan antes y durante las dos semanas en que se preparan, les dan las respuestas y les enseñan a hablar), pero con la segunda no hay remedio”. En síntesis, el estudio preliminar del caso Pelarco revela que el imaginario massmediatizado, a pesar de las valoraciones dispares sobre su evento insignia, está ya instalado en la comuna, y que convive con un imaginario rural, bastante alicaído entre la población menor de 30 años. Pudimos comprobar en terreno que la globalización que se extiende por doquier, y que llegó hasta Pelarco, no solo implica -como señala Peter Sloterdijk- la conquista del espacio geográfico, sino también la conquista de la subjetividad y de los mundos interiores426. Desde este punto de vista, se puede sostener que la televisión y la organización massmediática y globalizada de la cultura sí desempeñan un rol en la desestabilización de los anclajes identitarios tradicionales, sobre todo entre adolescentes y jóvenes. ¿Dejar de preocuparse por las tradiciones y por el pasado no implica acaso olvidarse del sentido histórico y de la posteridad? ¿No se tiende, así, a conformar un manto que vela las diferencias y la pluralidad cultural de base demográfica, étnica y geográfica en el país? ¿No se corre el riesgo, acaso, de instalar sujetos precarios, incapaces de reconocer su origen y su pasado? No se trata, por supuesto, de hacer una defensa irreductible de las modalidades culturales previas a la organización audiovisual de la cultura. De lo que se trata es de propender a un mayor equilibrio en las prácticas, circulación y consumo de bienes culturales, entre la cultura como entretención (cultura de masas), la cultura como

426 Peter Sloterdijk, En el mundo interior del capital. Para una teoría filosófica de la globalización, Madrid, 2007.

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elaboración y experimentación estética que indaga en las más variadas dimensiones de la condición humana (cultura artística) y la cultura como expresividad social, o como resemantización o negociación simbólica provenientes de los sectores populares y subalternos (cultura popular).

k) Nación, centralismo y regiones Podría argumentarse que lo ocurrido en la comuna de Pelarco constituye un caso aislado, que no representa lo que ocurre en la mayoría de las comunas de Chile. Si bien es cierto que se trata de un caso extremo, la tendencia está allí, y los propios funcionarios de la Municipalidad pelarquina nos señalaron que son objeto de constantes consultas provenientes de otros municipios que desean imitar la experiencia. Pelarco revela, además, otro desequilibrio, un desequilibrio compartido plenamente por todas las comunas no metropolitanas de Chile. Se trata de una creciente y extrema centralización del país. Centralización que en el Bicentenario se manifiesta en una capital que alberga a más del 40% de la población427, una urbe que se ha convertido en una megalópolis, creciendo como una mancha de aceite, una urbe que literalmente se ha tragado el suelo agrícola, bajo la égida del mercado inmobiliario y sin considerar (según los especialistas) una planificación urbana. Una megalópolis que es también el foco de la massmediatización de la cultura, un espacio que otorga y quita certificaciones de legitimidad y que regula el tránsito noticioso desde lo local a lo nacional. Para el Pelarco del evento, cultural o comunicativamente hablando, Talca, la capital de la región, no es un referente. La descentralización del país, en todos los planos, burocrático-administrativa, política, económica, comunicacional, cultural y sobre todo mental, es un desafío que todavía, para el Bicentenario, aparece como tarea pendiente, desafío que tiene su correlato en un proceso multifacético que apunta a la construcción social y cultural de cada una de las regiones. Chile, como nación, ha sido construido por y desde el Estado. De allí la larga tradición centralista y estatal, tradición que se remonta a la

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Chile proyecciones y estimaciones de población del país 1950-2050, op. cit.

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Independencia, e incluso, según algunos autores, como Claudio Véliz, a la Colonia428. Ese centralismo, que fue reafirmado por el liberalismo decimonónico, tiene su contraparte en una larga tradición de pensamiento republicano y comunalista, una tradición que abogaba por la soberanía local y regional, y por el ‘ser social’ por sobre el concepto de individuo. Esta tradición, tal como la reseñan Gabriel Salazar y Julio Pinto, ha sido desde el siglo XIX sistemáticamente cercenada por el poder central429. Si bien es efectivo, como señalan los autores, que los distintos gobiernos y proyectos, desde el Estado portaliano y liberal hasta el Estado benefactor y desarrollista, han cercenado o desatendido el concepto comunal y regional de ciudadanía, la tradición está allí; al menos en los gobiernos de Frei Montalva y de la Unidad Popular se hizo patente en el incentivo a la participación social y a una ciudadanía activa, vestigios que todavía operan, al menos en la memoria colectiva. Durante la época de Pinochet hubo una descentralización administrativa desde arriba, un proceso que, sin embargo, desincentivó la participación en los términos que se venía dando en el país, aunque le otorgó a los 346 municipios responsabilidades en el campo de la educación y de la salud (con resultados más bien negativos). Coincidimos con Salazar y Pinto cuando sostienen que la descentralización de las regiones y los municipios, ocurrida por decreto durante la dictadura, fue diseñada por el poder central como una descentralización administrativa y burocrática del Estado, y no como una descentralización en pro de una comuna autónoma, ni como un proceso de empoderamiento ciudadano o de construcción social de las regiones. Fue, sugieren, un perfeccionamiento administrativo en pro de la racionalidad del mercado. Durante la Concertación, el déficit de participación ciudadana persistió; incluso nos atreveríamos a decir: persistió como diseño institucional (aun cuando se dieron algunas excepciones que responden más bien a características de la autoridad local). La construcción social de las regiones y del poder local se vería, sin duda, beneficiada con una democracia más participativa que enfatizara dimensiones de ciudadanía y del ser social, más allá de la simple participación en las elecciones o en tanto individuo consumidor.

Claudio Véliz, The New World of the Gothic Fox, California, 1994. Véase al respecto, Gabriel Salazar y Julio Pinto, Historia Contemporánea de Chile, Vol. I. op. cit. 428 429

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La existencia de medios de comunicación con una mirada desde la región, medios con los ojos puestos en lo propio más que en lo mediático capitalino, resulta también fundamental para equilibrar el nuevo escenario cultural y comunicativo. La construcción de malls en casi todas las regiones del país, nuevo espacio de prestigio simbólico que incentiva y democratiza el individualismo consumista en desmedro del ser social, no apunta precisamente en esa dirección430. Si bien este nuevo escenario que estamos viviendo no es exclusivo, y se da en gran parte del mundo en desarrollo (“la era del vacío” la llamó Gilles Lipovetsky431), en el caso de Chile presenta excesos y particularidades que llaman la atención. Francia, decía Roberto Matta, no es un país, es una causa: la de la libertad y la cultura, una causa que a pesar del diagnóstico posmoderno de los pensadores galos, sigue operando. Luego del Bicentenario, es difícil decir lo mismo de Chile. Según Nicanor Parra, “Chile no es un país, es un paisaje”. La lógica de mercado, la hiperinflación de la cultura de masas y la imitación compulsiva parecieran no tener entre nosotros contrapeso. Todo indica que en las proximidades del Bicentenario carecemos de piso, de proyecto común, de “alma”. Como señala un informe del PNUD, “los chilenos viven con perplejidad este hallarse cada vez más cerca unos de otros, pero sintiéndose extraños entre sí”432.

l) El malestar de la cultura En las últimas décadas y de cara al Bicentenario, se ha producido, como señalamos anteriormente, un incremento de la cultura artística. En cuanto a temas y contenidos, un sector importante de esta actividad artística refleja un malestar por el estado de cosas imperantes. Temática y estilísticamente, las figuras de la ironía, de la parodia, de la hipérbole y de la crítica satírica a las características de la modernización globalizada que estamos viviendo y a la reorganización de la cultura gestionada por lo

Beatriz Sarlo, Escenas de la vida posmoderna, op. cit. Gilles Lipovestky, La era del vacío. Ensayos sobre individualismo contemporáneo, Barcelona, 1986. 432 PNUD, Desarrollo Humano en Chile, Vol. I y II, “Nosotros los chilenos: un desafío cultural”, Santiago de Chile, 2004. 430 431

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audiovisual, la publicidad y el mercado, son en esta producción artística motivos y temas recurrentes. También lo son la anomia familiar y social que allí se instala. Se trata de motivos que reflejan un malestar de la cultura, aunque lo hagan a veces con la estridencia de una sola frase, como por ejemplo el famoso “¡Puta la huueeeva!”, del grupo musical Los Tres. Un malestar frente a la excesiva dirección económica de lo social y frente a lo que se percibe como síntomas de neoliberalismo. The Clinic, probablemente el único periódico que no depende solo de la publicidad y del avisaje (por lo tanto del mercado), sino que de sus lectores, es una viva expresión de este malestar. Malestar de la cultura frente a la política, al modelo económico y social, al consenso con el autoritarismo del pasado y con las tentaciones autoritarias del presente, malestar sobre todo frente a las restricciones a la libertad que permean los modelos comunicacionales y la mirada “opus dei” (siempre los empresarios y nunca los trabajadores) enquistada en los grandes medios. De allí que los modos de referencia que utilice este periódico sean de preferencia la ironía, la parodia, el pastiche, el humor sarcástico y la polisemia, en una perspectiva casi siempre irreverente e iconoclasta, cruzando géneros y transitando -sin mediaciones- desde la cultura artística a la cultura de masas, y viceversa. Aunque los contenidos y los guiños sarcásticos se repiten, parece no cansar a sus lectores, sobre todo a los jóvenes. Su éxito refleja bien el malestar de la cultura433. El malestar de la cultura se expresa también en una producción artística dividida cuando se trata de la memoria y los derechos humanos, una producción que no ha procesado ni realizado su catarsis. A pesar de que moros y cristianos cantan “Te recuerdo Amanda”, de Víctor Jara, la sociedad sigue dividida, con una memoria histórica que no logra hacerse común: mientras el conjunto Quilapayún celebra sus 40 años de actividad artística y los 100 años de la matanza de Santa María de Iquique, adaptando “La Batea” a los problemas del Transantiago, por otro lado Los Huasos Quincheros conmemoran sus 70 años con el “patito chiquito”, cantándole al álamo huacho y a la tinaja de greda.

433 Véase al respecto la tesis de Hyejin Nah, “El posmodernismo en Chile: el caso de The Clinic”, Magíster en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile, Santiago de Chile, 2007.

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En la literatura, el malestar se expresa en novelas como Por favor rebobinar, de Alberto Fuguet, en que el gran héroe de la generación es el músico Pascal Barros, descrito como “el enemigo número uno del establishment criollo”, “como el espejo trizado de toda una generación desencantada, idiotizada, apática, solitaria, taimada, sobreestimulada y adicta”. En la joven literatura chilena son frecuentes, como ha señalado Rodrigo Cánovas, textos que perciben la orfandad como el espacio del sujeto contemporáneo, textos en que el “ay de mí” individual se vincula con el “ay de mí” del país434. También refleja -oblicuamente- este malestar de la cultura un autor como Álvaro Bisama, cuando echa de menos una novela que se haga cargo de las nimiedades generadas por la farándula, “por las modelos descerebradas y los galanes de medio pelo”. “No hay que indagar demasiado -dice- los temas están ahí, en todos los programas (de televisión) del mediodía: alfombras rojas rasgadas; modelos que intercambian novios futbolistas; las horas muertas de la Teletón; joyeros rusos o evangélicos; versiones horrorosamente pop del pinochetismo: Marlene Olivari y Paulina Nin, toneladas de ravotril, valium y prozac; los salones VIP donde suena el reggaetón a todo volumen; los pasillos de los canales de televisión”. “No sé”, se pregunta Bisama como cronista, “quién podría escribir esa novela y transformar toda esa grasa en arte”435. Está también la obra de Bolaño, figura que se sitúa en las antípodas de ese mítico escritor en cuya tumba dicen que se lee “Quiso ser escritor, pero acabó siendo escritor chileno”. El malestar también se hace presente en la cultura popular de expresividad social. Por ejemplo, en las numerosísimas bandas de rock o hip hop poblacionales y barriales que hay en Santiago, Valparaíso y otras ciudades, muchas de las cuales definen su identidad antisistema en los nombres que usan. Bandas que están lejos de los grandes escenarios y de las radioemisoras -aunque sin negarse absolutamente a ser difundidos por estos medios- bandas que tienden a autogestionarse y que conciben sus presentaciones y tocatas como una forma de descargarse contra lo que perciben como las promesas no cumplidas de la democracia. Bandas

434 Rodrigo Cánovas, Novela chilena, nuevas generaciones, el abordaje de los huérfanos, Santiago de Chile, 2007. 435 Álvaro Bisama, “Fama”, El Mercurio, Santiago, 30 septiembre, Santiago de Chile, 2007.

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con nombres como “Índice de Desempleo”; “Lacra Social” o “Los Ateos gracias a Dios”. Bandas que crecen en las esquinas del barrio o de la “pobla”, que se apartan de la reproductividad del modelo imperante y se autoperciben como instancias que, en alguna medida, contribuyen a una regeneración celular de la sociedad436. Bandas que utilizan líricas contestatarias, con un lenguaje y temas de la vida cotidiana, rehuyendo palabras metafóricas o rebuscadas. Se trata de lo que Peter Burke llama contracultura, la cultura que se diferencia y rechaza a la cultura dominante de la elite y del mercado437. Pero el malestar obedece también a ciertos procedimientos a que se ha visto llevada la producción cultural para poder subsistir. En determinadas circunstancias, quienes producen bienes y servicios culturales se han visto obligados a privilegiar proyectos que tienen una venta asegurada por estar ya consagrados en el rating massmediático. Los productores y directores teatrales buscan con frecuencia montar sus obras con algún actor que tenga un nicho de mercado asegurado en la industria televisiva. Lo mismo ocurre con otras industrias culturales. En la industria editorial, por ejemplo, el libro Jurel tipo Salmón, de la doctora Cordero, o, en la industria cinematográfica las películas del Rumpy, basadas en exitosos programas radiales. Productos que no siempre tienen calidad artística, pero que sí tienen una venta y un pre-público asegurados. El gran tamaño de la capital como mercado ha contribuido a centralizar la producción artística. En el año 2000 se estrenaron 207 obras de teatro, todas en Santiago. De las 135 galerías de arte que hay en el país, 127 de ellas están en la capital438. Aún más, si se hiciera un catastro y un mapa de las salas de cine, galerías de arte, librerías (de libros), bibliotecas, museos y teatros del país, con toda seguridad un altísimo porcentaje está ubicado en las 6 comunas más pudientes de la Región Metropolitana. El

436 Daniel Sierra, “De los gritos contra el sistema a la acción en el barrio: apuntes para un análisis historiográfico de las bandas barriales de rock. Conchalí, 1990-2006”, en Nuestra Historia, Revista de Estudiantes de Historia, Universidad de Chile, año 2, Nº 2, diciembre 2007. 437 Peter Burke, “Oblique approaches to the history of popular culture”, en Approaches to popular culture, Londres, 1976, citado por Ana María Zubieta et al., Cultura popular y cultura de masas, Buenos Aires, 2000. 438 PNUD, Desarrollo Humano en Chile, op. cit.

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espacio comunitario de cultura y expresividad artística local, vinculado a los 346 municipios que hay en el país, ha sido, en cuanto a actividades de arte, muy desigual, debido a la disparidad de recursos financieros e infraestructura cultural con que cuentan los municipios. Lo que sí se constata a lo largo y ancho del país es que los malls están bastante mejor distribuidos que la infraestructura cultural439. Este desequilibrio ha incidido en el acceso y consumo de la cultura artística; inequidad que no se refleja, empero, con respecto al acceso a la cultura massmediatizada. Tal como señala un informe del PNUD, “donde los bienes y servicios culturales se transan en el mercado, las barreras de la disponibilidad de ingresos constituye una brecha insalvable entre quienes pueden y quienes no pueden hacer efectivas sus demandas de consumo cultural. O bien entre aquellos que están conectados y aquellos que no lo están”440. En términos generales, como sector, el área de elaboración artística ocupa un lugar restringido en la totalidad cultural del país, entendida ésta como un espacio diverso de prácticas de significación, de elaboración y circulación de bienes y sentidos simbólicos. El neopopulismo cultural parece aceptar este desequilibrio de la cultura artística (que afecta también a la cultura popular) en relación con el sitial que ocupa la cultura de masas, situación que para otros pensadores no resulta para nada aceptable. Inaceptable, porque la cultura de elaboración artística en todas sus áreas, desde la música hasta el teatro, desde el cine hasta la fotografía, desde la pintura hasta la literatura y la danza, tanto la que se inscribe en la llamada tradición culta como en la popular, tanto la tradicional como la experimental o de vanguardia, constituyen experiencias que enriquecen lo más propiamente humano de la existencia social. Negarse a luchar por su expansión y porque este sector sea algo más que una mera “franja cultural”, significa acomodarse a lo existente y hacer tabla rasa de una de los grandes ideales de la modernidad y de la democracia: la pedagogía de los valores estéticos y de las humanidades, la educación artística y ciudadana de las mayorías.

439 El mall, universalización del mercado por excelencia, sintetiza la combinación de consumo, paseo público y esparcimiento. 440 PNUD, Desarrollo Humano en Chile, op. cit.

316

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES

La massmediatización de la cultura y de la política es un fenómeno que está presente en distintos grados en la mayoría de los países, constituyendo una de las manifestaciones de la escenificación de un tiempo histórico globalizado. Los ejemplos y casos concretos son múltiples. En Chile, sin embargo, la colonización que ejerce la racionalidad massmediática sobre la racionalidad política o sobre la racionalidad sin más, sobrepasa lo razonable. Una de las actividades más difundidas en la celebración del Bicentenario fue el entierro en la Plaza de Armas de Santiago de una cápsula de acero que contenía objetos considerados propios de la idiosincrasia nacional. Entre estos objetos -y en un lugar de privilegiose encontraba la foto y la biografía del personaje más representativo e importante para los chilenos, personaje que fue elegido por votación popular (vía Internet). En una final reñida, entre Don Francisco y Spike (el perrito de Lipigas), el animador de televisión, residente en Miami, se quedó con la victoria. En el discurso presidencial que acompañó el entierro de la cápsula, el presidente Piñera recalcó que lo que se estaba enterrando era un legado de la chilenidad actual, para que las nuevas generaciones -que abrirán la cápsula en el año 2110- conozcan un poco más de nuestra realidad e idiosincrasia. “Es muy importante comprender -dijo el primer mandatario- que la esencia de la chilenidad, nuestra historia, costumbres, valores, tradición y cultura no tienen por qué cambiar. Queremos que el Chile del Tricentenario retenga estos valores y esta identidad de la cual nos hemos sentido tan orgullosos este año 2010, cuando hemos tenido la oportunidad de celebrar nuestro Bicentenario”. Dos años antes, el mismo animador fue condecorado por la presidenta Michelle Bachelet por servicios meritorios a la República. El entierro de la cápsula y la parafernalia que lo acompañó fue un episodio sintomático que confirma el diagnóstico que realizamos en el 317

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

capítulo final sobre la massmediatización cultural. Tal vez, en cien años más, cuando se abra la cápsula, la lectura de ese capítulo pueda aportar algo, o al menos ofrecer un punto de vista para quienes se encuentren con una cantidad de objetos diversos (entre ellos un “indio pícaro”) y con la biografía de Don Francisco, como un personaje que en el momento del Bicentenario fue elegido por votación popular (vía internet) como el más genuino representante de la idiosincrasia chilena. *** Desde la instalación de un imaginario político de transformación social, que le otorga un rol central al Estado y a los partidos de centro izquierda, alimentados por una apropiación del pensamiento marxista (que se proyecta incluso en la música y en el fenómeno de la Nueva Canción) se hace patente como matriz discursiva y como clima hegemónico una escenificación del tiempo histórico nacional que se prolongará hasta la década del setenta. Se trata, como se vislumbra en los cuatro primeros capítulos, de un tiempo de transformación: de una vivencia colectiva del tiempo que pretende un cambio (parcial o total) de la estructura socioeconómica (en sus variables de reforma o revolución) en beneficio de los trabajadores y de los sectores más desposeídos. Se trata de una escenificación en que se pretende superar un pasado oligárquico, una escenificación traspasada por la utopía socialista y, hacia la década del sesenta, por la convicción de que la tormentosa historia de América Latina ha entrado, por fin, a una etapa resolutiva. Una escenificación en que predomina el lenguaje de las expectativas, de la convicción y del voluntarismo constructivista. Una etapa en que la política se aproxima a lo político y se va –en esa conjunción– abriendo paso a la ciudadanía social. Luego de la política económica del gobierno militar, y particularmente en las últimas décadas, se va instalando una vivencia del tiempo globalizado, un tiempo en que las nuevas tecnologías y la información han doblegado al espacio y también al tiempo, comprimiéndolos al alcance de la mano. Desde la imagen del mercado-mundo se escenifica el presente como un “ahora” que podría conducir al “crecimiento económico”, a la utopía del “yo” autosuficiente y a un “mañana moderno”, un “mañana” que también acarrea altas cuotas de incertidumbre respecto al sentido de 318

Política

y cultura

la vida o al resguardo de la identidad cultural, o a la posibilidad de enfrentar con éxito la inequidad y la distribución desigual del ingreso. Un tiempo global que se presume compartido por todo el mundo, una post-hegemonía en que desempeñan un rol preponderante la tecnología, el mercado y la convergencia de lo audiovisual con la política y la cultura. Una etapa en que la política se tecnifica y se distancia de lo político, inhibiendo la ciudadanía social. Un tiempo en que los Estados (cuyo rol protagónico en algunas áreas pertenece al “ayer”) han perdido soberanía, particularmente en el plano de lo económico y en lo cultural vinculado a los nuevos dispositivos tecnológicos. Un tiempo en que la mundialización equivale a occidentalización, a flujos de capitales golondrina, a sociedad de consumo y a massmediatización de la cultura. *** A partir del quinto capítulo historiamos un período que cubre desde la década del setenta hasta el Bicentenario, etapa en la cual nosotros mismos vivimos, y en la que participamos activamente en el espacio de la política y la cultura. Se trata, en el 2011, de un pasado, pero para nuestra subjetividad, ese pasado es también, de alguna manera, presente y actual. Sin embargo, en toda historiografía, por muy lejano que sea el pasado que se aborde, hay siempre algún interés de presente, incluso en la historia del imperio romano de Mommsen. La historia, como pensaba Hannah Arendt, es siempre interpretativa. Nos hace fuerza el argumento de la filósofa alemana de que una explicación objetiva de lo ocurrido tendrá siempre el carácter de una justificación de lo que aconteció. Se trata de mostrar lo ocurrido sin al mismo tiempo justificarlo. No basta con una explicación objetiva a la que luego se añada una condena de los hechos. Se trata no de una historia subjetiva “sino que, frente a la categoría de objetividad” … Hannah Arendt aboga por lo “que denomina la imparcialidad; esto es, reconocer que hay puntos de vista, que hay partes implicadas en la descripción”441. Precisamente porque fuimos parte y estuvimos implicados en ese período asumimos en los dos últimos capítulos un punto de vista más marcado, que se manifiesta por momentos

441 Hannah Arendt, citada por Fina Birulés, “Historia, narración y sujeto”, en Pablo Aravena Núñez, Los recursos del relato, Santiago, 2010.

319

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

en un tono ensayístico, en otros, en un tono íntimo, y en otros, en un relato armado con algo de humor e ironía. Escribir sin esa mirada -señala Arendt refiriéndose a su relato con indignación del totalitarismo nazisería eliminar una parte integrante del objeto que se describe. *** ¿Cuál será la próxima vivencia del tiempo colectivo en Chile, en América Latina y en el mundo? ¿Qué vendrá después? ¿Habrá tantas guerras en el siglo XXI como las que hubo en el siglo XX? ¿Seremos capaces de mantener la paz y solucionar los problemas pendientes con Bolivia y Perú? ¿Resucitaran los rollos del Marx muerto? ¿En el 2110, cuando se desentierre la cápsula del Bicentenario, recordarán los chilenos a Don Francisco? ¿Hacia dónde nos llevará el cambio epocal que estamos viviendo? ¿Qué ocurrirá con el deterioro climático de la tierra? ¿Habrá, acaso, vida en otros planetas? ¿Superaremos los efectos perversos de la modernización globalizada? No sabemos, y ese no saber, esa ignorancia, esa duda e incertidumbre implica que desconocemos el futuro y, por lo tanto, también, de alguna manera, el pasado.

320

MEMORIA VISUAL 1930 - 2010

IMAGEN DE CHILE

Memoria Visual

FIGURAS POLÍTICAS, INTELECTUALES Y ARTISTAS

Arturo Alessandri Palma (1868-1950)

Carlos Ibáñez del Campo (1877-1960)

Marmaduke Grove (1878-1954)

Mariano Latorre (1886-1955)

Gabriela Mistral (1889-1957)

Armando Moock (1894-1942)

Pablo de Rokha (1894- 1968)

Eugenio Matte Hurtado (1895- 1934)

Manuel Rojas (1896-1973)

323

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Marta Brunet (1897-1967)

Domingo Santa Cruz (1899)

Clotario Blest (1899-1990)

Juan Gómez Millas (1900-1987)

Alberto Hurtado Cruchaga (1901-1952)

Benjamín Subercaseaux (1902-1973)

Claudio Arrau (1903-1991)

Pablo Neruda (1904-1973)

Cardenal Raúl Silva Henríquez (1907-1990)

324

Memoria Visual

Salvador Allende (1908-1973)

Jaime Eyzaguirre (1908-1968)

Francisco Coloane (1910-2002)

Eduardo Frei Montalva (1911-1982)

Andrés Sabella (1912-1989)

Nicomedes Guzmán (1914-1964)

Radomiro Tomic (1914-1992)

Esteban Gumucio (1914-2001)

Jaime Castillo Velasco (1914-2003)

325

Historia

326

de las ideas y de la cultura en

Chile

Nicanor Parra (1914)

Augusto Pinochet (1915-2006)

VolodiaTeitelboim (1916-2008)

Violeta Parra (1917-1967)

Nemesio Antúnez (1918-1993)

Margot Loyola (1918)

Patricio Aylwin (1918)

Isidora Aguirre (1919-2011)

Roser Bru (1923)

Memoria Visual

José Balmes (1927)

Jorge Díaz (1930-2007)

Víctor Jara (1932-1973)

Gabriel Salazar (1936)

Juan Radrigán (1937)

Patricio Manns (1937)

Sergio Ortega (1938-2003)

Don Francisco (Mario Kreuzberger) (1940)

Jaime Vadell (1940)

327

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Ariel Dorfman (1942)

Tito Fernández (1942)

Ángel Parra (1943)

Florcita Motuda(Raúl Alarcón) (1946)

Michelle Bachelet (1951)

Roberto Bolaño (1953-2003)

Ramón Griffero (1954)

Raquel Argandoña (1957)

Álvaro Bizama (1975)

328

Memoria Visual

Conjunto Los Huasos Quincheros

Conjunto Quilapayún

329

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

ACTIVIDADES SOCIALES

SPORTING CLUB VIÑA DEL MAR, CARRERAS DE CABALLOS

NORMALISTAS DE CHILE MUESTRAN SU GRADO DE CULTURA FÍSICA, SANTIAGO, 1942

330

Memoria Visual

FORO DE DELEGADAS AL CONGRESO, MOVIMIENTO POR LOS DERECHOS DE LA MUJER (VOTO FEMENINO), SANTIAGO

MUCHACHA EN VESPA, 1960

331

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

ESTADIO NACIONAL, EN LA INAUGURACIÓN DEL MUNDIAL DE FÚTBOL 1962, SANTIAGO

TRABAJOS VOLUNTARIOS, 1972

332

Memoria Visual

EL TRIUNFO DEL NO, SANTIAGO, 1988

TELETÓN, SANTIAGO, 2010

333

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

TRILLA, LIMACHE, 2006

CELEBRACIÓN FIESTA DE SAN PEDRO, VALPARAÍSO, 2010

334

Memoria Visual

PASEO MALL, VIÑA DEL MAR, 2010

MARCHA ESTUDIANTIL, SANTIAGO, 2011

335

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

PAISAJE URBANO Y VIVIENDAS

FACULTAD DE DERECHO, UNIVERSIDAD DE CHILE, SANTIAGO, 1938

336

Memoria Visual

CALLE CON AUTOS, 1930 APROX.

TEATRO VALPARAÍSO, 1942

337

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

VILLA PORTALES, SANTIAGO, 1963

UNIVERSIDAD TÉCNICA DEL ESTADO, SANTIAGO, 1960 APROX.

338

Memoria Visual

PLAZA DE ARMAS, SANTIAGO

EDIFICIO TELEFÓNICA, SANTIAGO, CONSTRUIDA EN 1996

339

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

INTERIOR DE MALL, VIÑA DEL MAR, 2010

BENCINERA, SANTIAGO, 2010

340

Memoria Visual

EDIFICIO MUTUAL DE SEGURIDAD, SANTIAGO, CONSTRUIDO EN 1999

BARRIO DE OFICINAS, SANTIAGO, 2011

341

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

CONSTRUCCIÓN EDIFICIO COSTANERA CENTER, SANTIAGO, 2010

VIVIENDA EN RIBERA RÍO MAPOCHO, SANTIAGO, 2010

342

Memoria Visual

PROGRESO TECNOLÓGICO Y ACTIVIDADES INDUSTRIALES

LÍNEA AÉREA NACIONAL, 1950

LABORATORIO UNIVERSIDAD DE CONCEPCIÓN, 1960

343

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

FÁBRICA DE CEMENTO BÍO BÍO

PUERTO DE VALPARAÍSO

344

Memoria Visual

METRO DE SANTIAGO

PEAJE DE CARRETERA RUTA 68

345

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

PANELES SOLARES

TELEFONÍA MÓVIL

346

Memoria Visual

TIENDA ELECTRÓNICA, VIÑA DEL MAR, 2010

COMPUTACIÓN, INTERNET

347

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

PINTURA Y ARTES GRÁFICAS

MATILDE PÉREZ (1920), “SIN TÍTULO”

XIMENA CRISTI (1920), “VALENTINA Y SU MAMÁ”

348

Memoria Visual

JOSÉ BALMES (1927), “BANDERA Y PIEDRAS”

ROSER BRU (1923), “CORAZÓN CON SIETE ESPADAS”

349

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

MARIO CARREÑO (1913-1999), “ATARDECER”

NEMESIO ANTÚNEZ (1918-1993), “VALPARAÍSO DE NOCHE”

350

Memoria Visual

ROBERTO MATTA (1911-2002), “ESPEJO DE CRONOS”

CARLOS MATURANA, BORORO, (1953), “FÁBRICA DE PATÉ DE CHUNGUNGOS”

351

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

CLAUDIO BRAVO (1936- 2011), “LEGUMBRES Y MORTERO”

ALFREDO JAAR (1956), “CHILE, 1981, ANTES DE PARTIR”

352

ÍNDICE ONOMÁSTICO

IMAGEN DE CHILE

Índice Onomástico

ÍNDICE ONOMÁSTICO

A Abarca, Agustín II: 166. Acevedo Guajardo, Remigio II: 177, 432. Acevedo Hernández, Antonio I: 453, 458; II: 56, 106, 120, 317, 424, 442, 446, 449, 451-452, 454; III: 101-102, 105-106, 125, 128, 150. Acevedo, “Nano” (Cantor) III: 247. Acevedo, Juana (Poetisa popular) I: 262, 452. Acuña, Heraclio (“El ciego Acuña”, poeta popular) I: 452. Advis, Luis III: 150, 214, 229, 234, 240. Aguirre Cerda, Pedro I: 284, 290; II: 201, 305-306; III: 63-65, 71, 94, 107, 111, 113, 124, 167. Aguirre, Isidora III: 125, 128-129, 150. Alarcón, Pedro Antonio de I: 445. Alarcón, Rolando III: 218-219, 233, 246. Alberdi, Juan Bautista I: 14, 64, 87, 105, 119, 192. Alcalde, Alfonso III: 128. Alegría, Fernando I: 70, 103, 108, 169, 171, 230, 235, 453; III: 167, 171. Alessandri Palma, Arturo I: 284, 289, 290, 292, 331; II: 42, 45, 53, 59, 63, 66, 73, 81, 92, 98, 112, 151, 167, 169, 183, 223, 267, 269, 291, 304-305, 316, 319, 325-326, 390, 393, 417, 419, 439, 453; III: 27-54, 60-66, 70-71, 73-74, 77, 79-80, 86, 93-94, 126, 155, 189, 256. Allende G., Salvador I: 284, 290, 292; II: 305; III: 17, 24, 66-68, 70-76, 104, 126, 137, 140, 162, 195, 215, 219, 225, 246. Allende Padín, Ramón I: 228. Allende, Juan Rafael I: 294, 299, 313, 323, 338, 411, 414, 436, 454; II: 448. Allende, Pedro Humberto II: 88, 165, 177, 180, 184, 317, 428-430, 436; III: 217. 355

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Alone (Hernán Díaz Arrieta) I: 169; II: 68, 82-84, 88, 108-109, 147, 150151, 368, 371. Altamirano Orrego, Carlos III: 76. Álvarez Sotomayor, Fernando II: 114, 157-158, 160-163. Amster, Mauricio III: 111, 165. Amunátegui Jordán, Gregorio III: 126. Amunátegui Rivera, Domingo I: 408. Amunátegui Solar, Domingo I: 88, 144, 149, 153, 165, 247; II: 388. Amunátegui Solar, Miguel Luis I: 88, 144, 149, 153, 165, 247. Amunátegui, Ximena II: 90, 110. Anguita, Bernabé I: 424-425. Antúnez, Nemesio III: 134. Aparcoa (Conjunto) III: 233-234, 236, 240. Arancibia, Abilio I: 216. Araneda, Rosa (Poetisa popular) I: 262, 452, 466-467. Aravena, Pepa (Seudónimo del poeta popular Rómulo Larrañaga, también conocido como Rolak) I: 262. Araya, Alfredo II: 167. Araya, Esteban (Poeta popular) I: 453. Araya, Juan Agustín II: 137, 371. Arcos, Santiago I: 120-121, 123. Arellano Machuca, Víctor José I: 335, 407-408. Arenas, Braulio II: 68, 197-201, 203. Arévalo, Hugo III: 221. Arguedas, Alcides II: 307. Arguedas, José María II: 25; III: 23, 134-135, 172. Arrau, Claudio III: 106. Arroyo, Gonzalo III: 184, 201. Arteaga Alemparte, Domingo I: 131, 144, 148, 170, 264. Arteaga Alemparte, Justo I: 131, 144, 148, 151, 191, 193, 198-199, 201-202, 264. Atias, Guillermo III: 167. 356

Índice Onomástico

Avendaño, Onofre I: 411. Aylwin, Patricio III: 57, 82, 281-282. Azagra, Lucila II: 413, 419, 426. Azócar, Rubén II: 146.

B Bachelet, Michelle III: 317. Bakunin, Mijail II: 55, 57-58, 68; III: 155, 163. Balmaceda Toro, Pedro I: 249, 253, 305, 385, 389-391, 393, 456. Balmaceda Valdés, Gustavo II: 98. Balmaceda, Daniel II: 178. Balmaceda, José Manuel I: 9, 26, 157, 245-246, 265-471; II: 9, 42, 67, 220, 251, 259, 411; III: 178. Balmes, José III: 111, 134, 150, 214. Balzac, Honorato de (Honoré de Balzac) I: 150-151, 155, 156, 176, 405, 446. Bañados Espinoza, Julio I: 281-282, 285-286, 291, 300. Bañados, Luis I: 244. Barahona V., Clemente I: 437. Barbero, Jesús Martín I: 459; III: 306. Barbosa, Orozimbo I: 286. Barella, Carlos II: 127, 136. Baroja, Pío I: 178, 376, 378. Barrenechea, Julio III: 165. Barres, Maurice II: 280, 320. Barriga, Juan Agustín I: 324. Barrios, Eduardo II: 369, 443, 446. Barros Arana, Diego I: 88, 90, 188, 227-228, 231, 284, 301, 355, 398; II: 377, 395. 357

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Barros Grez, Daniel I: 398, 406; II: 332. Barros Luco, Ramón II: 43-44, 50, 94, 43-44, 50, 94. Barros Méndez, Luis I: 413. Barros, Martina III: 42. Basaure, Peta (Dueña de la famosa fonda El Arenal) I: 452. Bascuñán, José S. I: 330, 411. Bascuñán, Willy III: 218, 246. Baudelaire, Charles I: 368, 370, 373, 384, 390, 396; II: 68, 98, 296. Becerra, Gustavo III: 234, 238-240. Bécquer, Gustavo Adolfo I: 352; II: 124. Bell, Sara I: 303, 308, 311-313, 436, 466. Bello, Andrés I: 14, 29, 38, 41-52, 56, 61-64, 79, 83-90, 114, 120, 149153, 189, 192, 230, 245; II: 386. Bello, Juan I: 62. Belsen, Luis III: 34, 47. Benedicto XIV (Papa) I: 36. Bengoa, José I: 327; III: 184, 186. Bentham, Jeremías I: 27, 31, 34-35, 41, 44-45, 53. Bergson, Henri I: 365-367; II: 82. Bernard, Claude I: 237-238. Bernhard, Sara I: 417-418. Bertrix, Enrique II: 163. Best, Efraín III: 134. Bèze, Francisco de I: 335, 408, 422. Bilbao, Manuel I: 92-93, 110, 182. Bilbao, Francisco I: 62-63, 105, 120, 123, 144, 148, 150, 191-193, 197, 298, 336, 338-339, 343, 408-409. Bío-Bío, Juan Mauro (Seudónimo de Carlos Pezoa Véliz) I: 454, 456; II: 340. Bisama, Álvaro III: 314. Blanco Fombona, Rufino II: 25. 358

Índice Onomástico

Blanco White, José María I: 31, 39. Blanlot Holley, Anselmo I: 305. Blasco Ibáñez, Vicente III: 153. Blest Bascuñán, Alberto I: 389. Blest Gana, Alberto I: 52, 74, 113, 151, 153-159, 170, 176, 182, 185-186, 247, 286, 446; II: 332. Blest Gana, Guillermo I: 113, 148, 398, 404, 442. Blest Gana, Joaquín I: 113-114, 144-148, 150, 152-153, 155, 165. Blest, Carmen I: 140. Blest, Clotario III: 126, 195. Bloy, León III: 160. Boeninger, Edgardo III: 120. Bolaño, Roberto III: 314. Bolívar, Simón I: 14, 192, 194, 198, 201; II: 23, 249, 320, 457; III: 237, 260, 268. Bombal, Carlos III: 279. Bombal, María Luisa II: 89, 191. Bontá, Marco II: 175. Borges, Jorge Luis II: 188, 207, 344; III: 172. Bórquez Solar, Antonio I: 322, 380, 389, 395; II: 97. Bossay, Luis III: 66. Brandau, Valentín II: 287. Breton, André II: 115-118, 131, 198-199. Briceño, Ramón I: 88. Brito, Abraham Jesús (Poeta popular) I: 452-453. Brncic, Gabriel III: 240. Bru, Roser III: 111. Brummel, Beau I: 309, 311, 371. Brunet, Marta III: 116. Brunner, José Joaquín I: 348, 352, 443; III: 302, 305. 359

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Bührle, Arturo II: 442, 445-446. Bulnes, Manuel I: 64, 83, 120-121, 123; II: 39. Bunge, Carlos Octavio II: 249, 306. Bussenius, Gabriela II: 105, 106, 423, 427. Bustamante, Alejandro I: 335. Bustos, Pedro (Fray) I: 452. Byron, Georges Gordon I: 46, 67, 110, 114, 132, 150-151.

C Cabero, Alberto II: 218-220, 250, 264, 293, 325. Cabezas, Joaquín II: 301. Cabrera, Marcial II: 133. Caldera, Daniel I: 435. Campanella, Tomás I: 408. Campoamor, Ramón I: 396, 404; II: 126. Campomanes, Conde de (Pedro Rodríguez) I: 29, 31, 41, 53. Canepa, María III: 125. Cano, Leopoldo I: 433. Caputo, Orlando III: 184. Cárcamo, Pirincho III: 250. Cardoso, Fernando Henrique III: 184. Cariola, Carlos II: 120, 424, 442, 449; III: 129. Carlyle, Thomas I: 409. Caro, Homero III: 246. Carrasco, Eduardo III: 218, 220-221. Carrasco, Fernando III: 201, 218. Carreño, Mario III: 134. Carrera Pinto, Ignacio I: 286, 408. 360

Índice Onomástico

Carrera, José Miguel I: 71, 292, 408. Carrera, Juan José I: 292. Carrera, Luis I: 292. Casas-Cordero, José Hipólito (Poeta popular) I: 452, 464. Casanova, Mariano I: 271, 407, 414, 427. Casas, Francisco (Integrante Colectivo Las Yeguas del Apocalipsis) III: 282. Castedo, Leopoldo I: 280, 305, 342; III: 111. Castelar, Emilio II: 126. Castillo Velasco, Jaime III: 161-162. Castro Hurtado, Daniel I: 303, 312. Castro, Bélgica III: 123, 125. Castro, Fidel III: 77. Castro, Oscar III: 167, 282. Cerda, Carlos III: 185. Cervantes, Miguel de I: 53, 66, 70-71, 144, 169; III: 125. Chateaubriand, Françoise René de I: 46, 90. Chávez, Santos III: 134. Clapier, Pedro José (Cultor de la poesía popular) I: 454. Claro, Samuel III: 241. Clay, Henry I: 197. Codovilla, Victorio III: 51. Cofré, Charo III: 221. Collins, W. Wilkie I: 445-446. Coloane, Francisco III: 167. Comte, Augusto I: 214-215, 219-223, 230, 232-233, 245, 262, 400, 402, 413; II: 27-28. Concha Subercaseaux, Juan Enrique I: 337, 339. Concha, Malaquías I: 322, 338. Congreso (Conjunto) III: 234, 236, 243. 361

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Constant, Benjamin I: 27, 31-32, 34, 44-45, 53, 177, 195, 262. Contreras, Francisco I: 306, 322, 380, 389, 393-395, 418; II: 133-135. Coppeta, César II: 46. Cordero, Rafael (Poeta popular) I: 452-453, 462. Correa, Rafael II: 158. Cortázar, Julio I: 13; II: 25; III: 79, 172-173. Corvalán, Luis III: 126. Cotapos, Acario I: 287; II: 114. Courcelle-Seneuil, Jean Gustave I: 196. Cousin, Víctor I: 44, 64, 75, 105. Cowper, Franck I: 276. Cox Stuven, Mariana (Shade) II: 80, 83-84. Crespo Toral, Remigio I: 383, 392. Crisóstomo (Justo Abel Rosales) I: 427. Croce, Benedetto I: 365, 367. Cruz Ocampo, Luis David (Licenciado Vidriera) II: 137. Cuadra, Fernando III: 128.

D D’ Halmar, Augusto (Augusto Goemine Thomson) II: 56, 107, 120, 331, 344, 348, 362, 367. D’Annunzio, Gabriel I: 371; II: 129. Darío, Rubén I: 112, 240, 248, 251-253, 257, 259, 305, 378-385, 389-394, 396, 398; II: 30-31, 70-71, 74, 123-124, 126, 129, 131, 141-142, 194, 369. Darwin, Charles I: 398, 408; II: 277, 287; III: 153. Daudet, Alfonso I: 390. Davagnino, Miguel III: 250. Dávalos, Eulogio III: 221. Dávila Larraín, Benjamín I: 284. 362

Índice Onomástico

Dávila, Carlos III: 105. De Gilbert, A. (Seudónimo de Pedro Balmaceda Toro) I: 393; II: 9. De la Barra, Bernabé I: 90. De la Barra, Eduardo I: 205, 218, 223, 247, 355, 398, 400-401, 404-406; II: 243. De la Barra, Franklin I: 40-41, 249. De la Barra, Marcos I: 335, 411. De la Barra, Pedro A. III: 123, 125-126, 129. De la Parra, Marco Antonio III: 268-269, 277. De la Vega, Daniel II: 121, 142, 167, 296, 372, 441, 442, 449. De Maeztu, Ramiro III: 204. De Mora, José Joaquín I: 29, 31, 34, 36, 38-44, 47, 56, 61, 66, 80, 88. De Musset, Alfred I: 132. De Nerval, Gerardo I: 110; II: 199. De Rokha, Pablo de (Carlos Díaz Loyola) I: 398, 456; II: 97, 106, 108-109, 113, 125, 128, 132-133, 138, 140, 145-148, 151-152, 163, 184, 185, 207, 296, 372; III: 150. De Rokha, Winnét de (Luisa Anabalón Sanderson) II: 146. De San Martín, José I: 14, 272; II: 320. De Vigny, Alfred I: 97, 110. Debussy, Claude II: 177, 428, 430. Del Campo, Héctor III: 111, 125. Del Casal, Julián I: 380, 394. Del Río, Agustín I: 286. Del Río, Arturo III: 28. Del Solar Armstrong, Enrique I: 406. Del Valle Inclán, Ramón I: 376; II: 54, 129. Del Valle, Rosamel III: 63, 110. Délano, Luis Enrique III: 116. Díaz Casanueva, Humberto III: 116. 363

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Díaz de la Maza, Manuel II: 441, 442. Díaz Gana, Pedro I: 157, 262. Díaz Garcés, Joaquín (Ángel Pino) II: 84, 106, 107, 120, 134, 161, 164168, 332, 336-338, 365, 369, 371, 429. Díaz Rodríguez, Manuel I: 380. Díaz, Carlos I: 407. Díaz, Eloísa II: 82. Díaz, Gonzalo III: 269. Díaz, Jorge III: 128. Díaz, Porfirio I: 360, 363; II: 249. Dickens, Charles I: 176, 446. Dittborn, Eugenio III: 269. Domeyko, Ignacio I: 398. Don Francisco (Mario Kreutzberger) III: 319, 322. Donoso Castro, José (Poeta popular) I: 453. Donoso Cortés, Juan I: 409. Donoso Yáñez, José III: 172, 277. Donoso, Armando I: 40, 55, 249; II: 108, 112-133, 134, 137, 151, 256, 297, 368-369; III: 75, 154. Donoso, Ricardo I: 200, 214, 377, 384, 388. Dorfman, Ariel III: 24, 150, 185, 239. Dos Santos, Theotonio III: 184. Dostoievski, Fedor I: 368. Droguet, Carlos III: 167, 214. Dublé Urrutia, Diego I: 306, 322, 397, 411; II: 75, 120, 134, 331, 335, 340, 346-347, 351-352, 354, 362, 369, 371. Dumas, Alejandro I: 47, 90, 151, 181, 251, 433; II: 95.

364

Índice Onomástico

E Eastman, Adolfo I: 301. Echaurren Valero, Víctor I: 300. Echegaray, José I: 433. Echegaray, Miguel I: 433. Echeverría de Larraín, Inés (Iris) II: 11, 37, 49, 59, 80, 82-84, 88, 106, 151, 157, 173, 291. Echeverría, Esteban I: 14, 66. Edwards Bello, Joaquín II: 44, 46, 48-49, 59, 98, 106, 108, 114, 116, 121, 143, 148-150, 185, 229-231, 297, 332, 337, 372, 454; III: 105. Edwards Valdés, Jorge III: 79, 116. Egaña, Juan I: 14, 30-32, 61. Egaña, Mariano I: 30, 245. Eliash, Humberto III: 132-133, 269. Emar, Juan (Álvaro Yáñez) II: 114, 143, 145-146, 148, 170, 173-175, 179, 258, 422. Emerson, Ralph Waldo I: 226; II: 82. Emeth, Omer (Emilio Vaïsse) II: 68, 72, 84, 97, 120, 131, 134-135, 151152, 194, 368, 383. Encina, Francisco Antonio I: 157, 171, 263, 280, 290, 316, 402-404, 423, 446; II: 48-49, 54, 102, 139, 218-219, 242-243, 246-257, 260, 262-263, 266, 268, 270, 290, 293, 316, 320, 325, 342, 379-382, 384-406, 410411, 461; III: 175. Engel, Federico III: 48, 163, 166, 181. Errázuriz de Subercaseaux, Amalia II: 94. Errázuriz Echaurren, Federico I: 298, 300, 325. Errázuriz, Isidoro I: 284, 287, 337; II: 409. Errázuriz, Jorge I: 329-330, 332, 351-352; III: 175. Errázuriz, Ladislao I: 284; II: 68. Escámez, Julio III: 134.

365

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Espinoza, Enrique III: 166. Espinoza, Januario II: 120. Eyzaguirre, Guillermo I: 329-330, 332, 351-352; III: 175. Eyzaguirre, Jaime I: 307, 325, 384-385; III: 202, 204, 207.

F Falcón, César III: 51. Faletto, Enzo I: 115; III: 184. Federici, José Luis III: 207. Feijoó, Benito Jerónimo (Fray) I: 44. Feliú Cruz, Guillermo I: 45, 327, 453; II: 384, 388. Fernández Albano, Elías II: 43. Fernández de la Mora, Gonzalo III: 204, 209. Fernández García Huidobro, María Luisa II: 80, 83, 85, 88, 90-91, 129. Fernández Larraín, Sergio III: 204. Fernández Montalva, Ricardo I: 395. Fernández Peña, Carlos II: 242-244, 246, 248, 253, 255, 264, 268, 299, 325. Fernández, Tito (El Temucano) III: 234, 236. Figueroa, Emiliano II: 43, 49. Figueroa, Pedro Pablo I: 157, 398; II: 378. Figueroa, Virgilio I: 398; II: 245, 378. Filangieri, Gaetano I: 34, 53. Flaubert, Gustave I: 176, 251. Florcita Motuda (Raúl Alarcón) III: 270. Flores del Campo, Francisco III: 217. Flores Pinaud, Alejandro III: 113, 123. Floridablanca, Conde de (José Moñino y Redondo) I: 29. Fontaine Aldunate, Arturo III: 204. 366

Índice Onomástico

Fraga, Ventura I: 424; II: 47. Frei Montalva, Eduardo I: 342; III: 24, 57, 66-67, 70-80, 96, 104, 161-162, 195, 200, 230, 311. Freire, Paulo III: 197. Freire, Ramón I: 30. Fretes, Juan Pablo (Canónigo) I: 37. Frías Collao, Rafael I: 286. Froebel, Augusto I: 354. Fuenzalida Grandón, Alejandro I: 40, 50, 54, 83, 165-166, 170-171, 196, 205, 223, 229, 235, 237, 250, 253, 389, 398. Fuguet, Alberto III: 267, 274, 314.

G Galdames, Luis II: 49, 253, 256, 268, 325, 377, 386, 388; III: 175. Galeano, Eduardo III: 79. Gallo, Ángel Custodio I: 166, 210. Gandarillas, Manuel José I: 30, 34. Gana, Federico II: 88, 120, 332, 350, 367, 369. Gandulfo, Juan II: 64, 92. García Canclini, Néstor I: 468; III: 306. García del Río, Juan I: 87; II: 91. García Lorca, Federico III: 110, 112, 125. García Márquez, Gabriel III: 79, 172-173. García Oldini, Fernando II: 68, 150-152; III: 221, 234, 240. García Rodríguez, Ricardo III: 207, 221, 248-249. García, Nicasio (Poeta popular) I: 452. Garcín, León (Francisco Contreras) I: 393. Garretón, Manuel Antonio III: 82, 184, 186. Garrido, Celso III: 240. 367

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Gatica Martínez, Tomás II: 344; III: 105, 107. Gatica, “Lucho” III: 231. Gauguin, Paul I: 370; II: 113, 170, 176. Gautier, Teófilo I: 132, 373. Gay, Claudio I: 87. Gery, A. D. (Seudónimo de Emilio Rodríguez Mendoza) I: 393-394. Giambastiani, Salvador II: 105. Gigovich, Arturo I: 402. Glusberg, Samuel III: 165. Gobineau, José Arturo I: 403; II: 250, 276, 279. Godoy Urrutia, César III: 65. Godoy, Domingo I: 289. Godoy, Juan III: 111, 167. Gogol, Nicolás I: 97. Gómez de la Serna, Ramón I: 371. Gómez Hermosilla, José I: 47. Gómez Millas, Juan III: 119. Gómez Rojas, José Domingo II: 56-57, 64, 68-70, 75, 106, 120, 143. Gómez, Juan Vicente I: 359. Góngora, Mario I: 32, 298, 341; II: 54; III: 85-90, 179. González González, Abel I: 417. González Madariaga, Exequiel III: 126. González Martínez, Enrique II: 70, 140. González Vera, José Santos II: 56-58, 64, 99, 332-333, 352, 361-362, 429. González Videla, Gabriel III: 64-66, 78, 111, 121. González von Marées, Jorge II: 134, 385. González, Eugenio III: 119, 121, 165-166. González, Juan Francisco I: 323; II: 58, 114, 156-157, 159-161, 163-166, 168, 173, 349, 429. González, Juan Ramón I: 452. González, Pedro Antonio I: 306, 322, 323-380, 389, 395, 406; II: 97, 124, 128, 133. 368

Índice Onomástico

Gorbea, Andrés I: 29, 40. Gordon, Arturo II: 160, 165-166. Gramsci, Antonio I: 18; III: 49-51, 87, 91. Granada, Nicolás I: 433. Grandona, Payo III: 236. Grau, Almirante II: 411. Grez, Sergio III: 30-31, 37, 76, 213. Grez, Vicente I: 73, 288, 390. Griffero, Ramón III: 268-269. Grimaldi, Juan I: 433. Gris, Juan II: 175. Grove, Marmaduke III: 64, 78, 158. Guajardo, Bernardino (Poeta popular) I: 262, 452-453, 456. Guevara, Ernesto “Che” III: 54, 76, 80, 209, 254. Guevara, Laureano II: 165, 173. Guevara, Tomás II: 274, 288, 317, 378-380, 383. Guizot, Françoise I: 63, 75-76. Gumucio, Esteban (Sacerdote) III: 199-201. Gunder Frank, André III: 184. Gutiérrez Nájera, Manuel I: 380. Gutiérrez, Juan María I: 87. Guzmán Blanco, Antonio I: 359. Guzmán Cruchaga, Juan II: 136. Guzmán, Delfina III: 129. Guzmán, Ernesto II: 71, 134, 137, 151. Guzmán, Jaime III: 204. Guzmán, Juan (Juez) III: 286. Guzmán, Nicomedes III: 111, 150, 167-168, 170-171, 174, 214. Guzmán, Patricio III: 72, 214. Guzmán, Rafael Luis II: 165.

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de las ideas y de la cultura en

Chile

H Hansen, Federico I: 354, 400. Harnecker, Marta III: 141, 184-185. Hasbún, Raúl (Sacerdote) III: 198. Haya de la Torre, Raúl III: 51, 63, 109. Hayens, Herbert I: 376. Hederra, Francisco II: 332, 344, 367. Heine, Enrique I: 132, 252. Heiremans, Luis Alberto III: 125, 128. Helsby, Alfredo II: 58, 114, 160, 349. Henríquez, Camilo I: 14, 29-32, 37, 66, 146; II: 39. Herder, Johann Gottfried von I: 57, 62-64, 77, 81, 101; II: 311. Hermosilla, Carlos III: 134. Hernández C., Roberto I: 431, 433, 440; II: 378. Hernández, Juvenal III: 118-119, 127. Herrera y Reissig, Julio I: 380; II: 140. Hinkelammert, Franz III: 184. Hostos, Eugenio María de I: 54, 228, 295. Hübner Bezanilla, Jorge II: 136. Hübner de Fresno, Sara (Magda Sudderman) II: 80, 83. Hugo, Víctor I: 46, 66, 97, 105, 108, 110, 115, 132, 247, 338, 408. Huidobro, Vicente I: 387, 398; II: 11, 30, 36, 48, 57, 63, 65, 68, 71-73, 76, 78, 80, 88, 90-91, 106, 108-117, 125-133, 136, 138, 140, 142-153, 163, 174-175, 184-185, 189, 191, 193-202, 221, 227, 258, 293-294, 296, 372, 454, 459, 460; III: 55, 63, 112, 150, 163-164, 259. Humboldt (Carlos Guillermo, Barón de) I: 195. Humeres, Carlos II: 259. Huneeus Gana, Jorge I: 221-222, 337. Hurtado Borne, René II: 449; III: 105.

370

Índice Onomástico

Hurtado Cruchaga, Alberto (Padre) III: 57, 161, 187-188, 190-195. Huysmans, Joris Karl I: 368-369, 373-374, 394.

I Ibáñez del Campo, Carlos II: 269, 305, 321, 327, 385, 435, 437; III: 60, 62, 86, 94, 228. Ibáñez, José Miguel III: 206. Ibo-Alfaro, Manuel I: 446. Ibsen, Henrik I: 368, 373; II: 82, 443; III: 125. Iglesias, Augusto III: 153. Illapu (Conjunto) III: 233-234, 245, 247-248, 250, 282. Infante, Florencio (Sacerdote) III: 204. Inostroza, Jorge II: 405. Inti-illimani (Conjunto) III: 222, 225-226, 233-234, 236, 239, 241, 246, 249-250, 282. Irarrázaval, Manuel José I: 337, 390. Isamitt, Carlos II: 165, 177, 179, 428-430; III: 132.

J Jara, Álvaro III: 179. Jara, Ramón Ángel (Presbítero) I: 414. Jara, Víctor III: 125, 128, 218-219, 222-225, 230, 233-234, 236, 243, 246, 313. Jarry, Alfred I: 368; II: 198. Jobet, Jorge III: 165. Jobet, Julio César I: 82, 247, 263-264, 282-283; III: 169, 176-177, 185. Johow, Federico I: 354, 400. Jotabeche (José Joaquín Vallejos) I: 115, 127; II: 332.

371

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Jovellanos, Gaspar Melchor de I: 29, 41. Juárez, Benito I: 360.

K Kahlo, Frida II: 216. Kant, Emmanuel I: 408; III: 20. Keller, Carlos II: 218-220, 250. Kirkwood, Julieta I: 115. Klickmann, Jorge I: 406. König, Abraham I: 337; II: 42, 96. Körner, Emilio I: 275, 356, 411. Kropotkin, Pedro (Príncipe) I: 409; II: 68; III: 153, 155, 163.

L Labarca, Amanda I: 355; II: 11, 80, 82, 96, 100, 106, 296-298; III: 42, 63, 119, 122. Labarca, Guillermo III: 63. Larrañaga, Rómulo (Rolak, poeta popular) I: 262. Lagarrigue, Juan Enrique I: 223, 231, 400, 413; II: 28. Lago, Tomás III: 103, 106. Lamarca Bello, Carlos II: 149. Lamartine, Alonso de I: 89, 105, 132; II: 134. Largo Farías, René III: 244. Laromiguière, Pierre I: 41. Larra, Mariano José de I: 66-67, 126, 233. Larraín Castro, Carlos J. I: 194. Larraín Gandarillas, Joaquín I: 130; II: 38. Larraín, Bruno I: 249. Larreta, Enrique I: 358, 380. 372

Índice Onomástico

Las Cuatro Brujas (Conjunto) III: 218, 244. Lastarria, José Victorino I: 9-264, 269, 298, 307, 323, 379, 388-392; II: 9, 220, 250, 270, 382, 386; III: 91, 93. Lastarria, Miguel I: 53. Lathrop, Carlos Segundo I: 312, 436, 442. Latorre, Mariano I: 61; II: 88, 97, 107-108, 120, 151, 281, 295-296, 317, 325, 332, 337-340, 345, 350-352, 359-361, 365-366, 369-370, 450-451; III: 217. Laval, Ramón II: 317, 351. Lavín, Carlos II: 177-180, 317, 428-430; III: 131. Lazcano, Fernando III: 33-34, 47. Le Bon, Gustavo I: 403; II: 167, 219, 225, 245, 248-250, 276-280, 285, 291-292, 320, 342, 387, 396, 398, 462; III: 38-39. Lechner, Norbert III: 145, 184, 186. Leconte D’Lisle, Charles M. I: 368, 373, 390. Lemebel, Pedro III: 282. Leng, Alfonso II: 165, 177, 179, 317, 428-430, 432. Lenin, Vladimir Ilich III: 50, 149, 157, 163, 166, 178, 180, 209, 256. Lenz, Rodolfo I: 354, 398-400, 452, 457-458, 466, 317, 365. León XII (Papa) I: 337. León XIII (Papa) I: 315, 409; III: 93, 190-192. Lepe, Carlos III: 269. Letelier, Alfonso III: 241-242. Letelier, Ambrosio II: 407, 409-410. Letelier, Valentín I: 223-224, 228, 280, 291-292, 337, 340, 341, 353-355, 398-401, 412-413, 423; II: 28, 30, 62, 96, 243, 343; III: 52, 60, 94. Lillo, Baldomero II: 120, 134, 135, 333, 340, 349, 362, 367. Lillo, Eusebio I: 120, 123, 149; II: 41. Lillo, Samuel II: 120, 201-202, 281, 325, 331, 340-341, 348, 351-352, 369, 371, 454, 460. Lindsay, Santiago I: 61-62, 73, 90. Lihn, Enrique III: 267 373

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Lipschutz, Alejandro III: 134. Lira, Osvaldo (Sacerdote) III: 202, 204. Lira, Pedro II: 156, 158. Littin, Miguel III: 214. Littré, Emile I: 219, 402; II: 28. Lizama, Desiderio I: 453. Locke, John I: 33, 44-45. Lois, Juan Serapio I: 216, 398, 412-413. Lomboy, Reinaldo III: 167, 171. López de Ayala, Abelardo M. I: 433. López Soler, Ramón I: 67. López, Vicente Fidel I: 65, 83, 91-93, 97, 119. Los Cuatro Cuartos (Conjunto) III: 218, 244. Los Cuatro Hermanos Silva (Conjunto) III: 217. Los Cuatro Huasos (Conjunto) II: 434, 436; III: 216-218. Los Huasos de Chincolco (Conjunto) II: 434, 436. Los Huasos Quincheros (Conjunto) III: 216-217. Los Jaivas (Conjunto) III: 233-234, 236, 242-243. Lovejoy, Arthur I: 104. Loyola, Margot III: 132, 133-136, 141, 246. Lozier, Ambrosio I: 43. Lugones, Leopoldo I: 380; II: 70, 140, 307. Luis XV II: 46. Luna, Pedro II: 57, 156, 160, 163, 317, 349. Luxemburgo, Rosa III: 49. Lynch de Gormaz, Luisa II: 80, 83, 90, 92, 100, 172-173. Lynch, Patricio II: 408-409.

374

Índice Onomástico

M Mac Iver, Enrique I: 249, 337, 341, 422-423; II: 41, 218; III: 52, 60. Mc Clure de Edwards, María Luisa II: 94. Mackenna, Juan I: 300. Maeterlinck, Maurice II: 82. Magallanes, Manuel II: 159, 167, 441, 443. Mahler, Gustav II: 177, 179, 428. Mallarmé, Stéphane I: 368; II: 57, 116. Maluenda, María III: 125. Maluenda, Rafael II: 120, 134, 317, 325, 332, 335, 340, 350, 352, 359361, 365, 369, 424, 441-443, 449-450; III: 125. Manet, Edouard I: 373; II: 170. Manns, Patricio III: 214, 218-221, 229, 233, 234, 236, 247, 249. Manzoni, Alejandro I: 97. Maquieira, Diego III: 265-267. Mariátegui, José Carlos II: 30, 186, 212; III: 51, 165, 209. Marín, Juan II: 146, 150. Marinetti, Filippo Tommaso II: 65, 71, 130, 142, 150. Maritain, Jacques III: 66, 160-162. Mármol, José I: 110. Márquez, Alberto II: 39. Márquez, Germán II: 227. Martí, José I: 202, 256, 380-381; II: 23, 25, 29, 31, 70, 212; III: 237. Martínez de Rozas, Juan I: 29, 34. Martínez, Felicito (Poeta popular) I: 452. Martínez, José R. I: 216. Martínez, Juan Luis III: 265, 267. Martínez, Manuel II: 177. Martínez Quevedo, Mateo I: 437. 375

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Martner, Daniel II: 260, 378. Marx, Carlos I: 408; II: 68, 79, 118; III: 20, 48, 149-150, 152, 153, 158, 163, 166, 174, 177, 179-181, 187, 195, 256, 269, 275. Matta Pérez, Luis I: 311-315, 466. Matta, Francisco I: 121. Matta, Guillermo I: 204, 215, 232, 248, 389, 398, 404. Matta, Manuel Antonio I: 149. Matta, Roberto III: 134, 150, 312. Matte Hurtado, Eugenio III: 61, 158. Matte, Claudio I: 353. Matte, Delia II: 80, 100-101. Matte, Rebeca II: 80, 88. Mattelart, Armando III: 24, 150, 184-185, 239. Maurras, Charles II: 249, 280, 320, 368. Mc Hale, Tomás III: 207. Medina, José Toribio I: 188, 398, 401; II: 378, 386, 395. Melfi, Domingo I: 305, 310; II: 42, 83, 334; III: 155. Mellafe, Rolando III: 179. Menéndez Pelayo, Marcelino I: 378; II: 126. Meneses, Daniel (Poeta popular) I: 262, 452, 453. Meneses, Francisco I: 43. Mesonero Romanos, Ramón I: 126. Messone, Pedro III: 218. Meza, Gustavo III: 129. Meza Fuentes, Roberto II: 57. Michelet, Jules I: 64, 75, 77, 79, 87-88, 101, 105, 132. Mistral, Gabriela (Lucila Godoy Alcayaga) I: 387-398, 456; II: 82, 88-89, 106, 108, 125-126, 128, 133, 143, 191, 220-221, 246, 296, 372, 434, 462; III: 74, 116, 165, 218, 301. Mitre, Bartolomé I: 90, 132, 194, 358. 376

Índice Onomástico

Mociulski, Peter (Peter Rock) III: 218. Molina Herrera, Evaristo II: 136. Molina Núñez, Julio II: 137, 296, 371. Molina, Enrique II: 243, 255-257. Molinare, Nicanor III: 217. Mondaca, Carlos II: 134. Monet, Claude II: 170. Montaigne, Michel Eyquem (Señor de) I: 244. Montenegro, Ernesto II: 369; III: 165. Montesquieu, Charles de Secondat I: 28, 31-32, 34, 53. Montt, Jorge I: 298-299, 302, 326, 356. Montt, Julio II: 408. Montt, Manuel I: 121, 123-124, 143, 156, 159-161, 166, 179, 181, 183, 273; II: 44, 220, 270, 348. Montt, Pedro II: 41, 43-44, 49-50, 62. Monvoisin, Raymond I: 64. Moñino, José (V. Floridablanca) I: 31. Moock, Armando II: 120, 443, 449-451; III: 128. Moraga, Manuel (Poeta popular) I: 453. Morales, José Ricardo III: 111, 125. Morales, Luis Joaquín I: 345. Moreno, Florencio I: 444. Moreno, Manuel III: 132-133, 269. Moreno, Mariano I: 30. Mori, Camilo II: 57, 68, 114, 143, 145, 156, 160, 163, 166, 169-170, 173, 175, 184. Morla Lynch, Carlos II: 40-43, 46, 59. Morla Lynch, Carmen II: 83, 88, 90, 92. Morla Lynch, Ximena II: 80, 83, 88, 90, 92. Morris, Williams I: 370, 446. 377

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Moulian, Tomás III: 65, 81, 184, 186. Munizaga, Julio II: 136. Muñoz Brito, Diego III: 171. Muñoz, Ronaldo III: 197.

N Napoleón Bonaparte I: 33, 194. Napoleón III (Carlos Luis Napoleón Bonaparte) I: 191. Nercasseaux, Enrique I: 49-50, 55, 170, 216. Neruda, Pablo (Neftalí Ricardo Reyes) I: 12, 187, 387, 398, 456; II: 68, 108, 125, 143, 146-147, 200-201, 221, 296; III: 37, 55, 63, 74, 105, 110, 112-113, 116, 121, 149, 164-165, 198, 229, 242, 260, 300. Nervo, Amado II: 71, 124, 126, 129, 147, 194. Newton, Carlos I: 400. Nietzsche, Federico I: 365-367, 372-374; II: 57, 68, 118; III: 153, 163, 214. Nolasco Cruz, Pedro I: 171, 253; II: 120, 149, 152. Nordau, Max (Maz Simón Sudfel) I: 372-375, 383, 421; II: 287. North, John I: 282, 290, 293. Núñez de Arce, Gaspar I: 392, 396, 404. Núñez, Guillermo III: 214, 282. Núñez, José Abelardo I: 353.

O O’Higgins, Bernardo I: 14, 29-30, 71; III: 91. Ohnet, Jorge I: 445-446. Olavide, Pablo de I: 29. Orrego Barros, Antonio II: 120, 331, 365, 371, 449. Orrego Luco, Augusto I: 284-285, 287-288, 389, 398. 378

Índice Onomástico

Orrego Luco, Luis I: 249, 253, 275, 285-288, 304-305, 308-309, 315, 390, 398, 405-406; II: 48, 59, 61, 120, 219, 292, 332, 344. Orrego Vicuña, Eugenio II: 444. Ortega, Sergio III: 221-222, 234, 240-241, 247. Orthous, Pedro III: 123, 125. Ortiz de Zárate, Eliodoro I: 430; II: 177, 432. Ortiz de Zárate, Julio II: 57, 114, 143, 156, 160, 163, 165, 169. Ortiz de Zárate, Manuel II: 114, 143, 169, 331. Ortiz, Fernando III: 176, 178. Ottone, Ernesto III: 83.

P Padín, María II: 414, 420. Palacios, Nicolás I: 316, 383, 402-404, 423; II: 48-49, 139, 218-220, 224225, 228, 243, 250, 253-254, 264, 270, 273-274, 280-293, 295, 297-298, 307, 318, 320, 325, 337, 342, 347, 379-380, 399, 454. Palacios, Senén II: 38, 121, 429. Palacios, Zenón II: 332, 341-343. Pantanelli, Clorinda I: 73. Parada, Roberto III: 125. Pardo Bazán, Emilia I: 240. Pardo y Aliaga, Felipe I: 64. Parra, Ángel III: 221-222, 233-234, 236, 244. Parra, Isabel III: 221-222, 224, 233-234, 236, 246. Parra, Juan II: 57. Parra, Nicanor I: 456; II: 202; III: 128, 214, 267, 312. Parra, Roberto III: 246. Parra, Violeta II: 215; III: 133, 134-136, 141, 145, 150, 202, 214-215, 219, 224-231, 233, 236-237, 239-241, 245, 247-248, 251, 306, 307. 379

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Passaman, José I: 29, 39. Passi García, Ricardo I: 214, 222-223, 232. Paz, Octavio I: 381, 384; II: 23, 27, 30, 74, 132-133; III: 79, 134. Pedro II (Emperador del Brasil) I: 359. Pequén (Juan Rafael Allende) I: 454. Peralta, Juan Bautista (Poeta popular) I: 452, 460, 462, 466. Pereira Salas, Eugenio III: 131-132, 134-135. Pérez Araya, Andrés III: 139, 289. Pérez Freire, Osmán III: 217. Pérez Galdós, Benito I: 231, 405, 433; II: 54, 95. Pérez Rosales, Vicente II: 332. Pérez, Clemente III: 202. Pérez, José Joaquín I: 160-161, 165-168, 194, 199-200, 207, 213. Pérez, Luis Arturo (Presbítero) III: 161. Petit, Henriette II: 114, 143, 160, 163, 166, 169-170. Pezoa Véliz, Carlos I: 306, 397, 401, 411, 454, 456; II: 97, 106, 120, 123, 134-135, 296, 325, 331, 333, 339, 340, 352, 356-359, 366, 369-371, 429. Pezoa, Francisco II: 64. Philippi, Julio III: 202, 204. Philippi, Rodolfo Amando I: 398, 401. Picón Salas, Mariano III: 134. Piga, Domingo III: 110, 124-127. Pino, Ángel (Joaquín Díaz Garcés) II: 106, 134. Pino, Yolando III: 103. Pinochet Le Brun, Tancredo I: 157, 316, 402-404, 423; II: 48-49, 121, 139, 218-220, 223, 238, 242, 250, 253, 260-264, 325. Pinochet Ugarte, Augusto II: 385; III: 21, 81, 83, 86, 98, 104, 206-207, 209, 221, 224, 241, 265, 279, 282, 311. Pinto Durán, Carlos II: 218-220, 250. Pinto, Aníbal II: 384, 408. 380

Índice Onomástico

Pinto, Francisco Antonio I: 28, 30-31, 34-37, 40, 43-44, 245-249; II: 220. Pío XI (Papa) I: 214; III: 189, 193, 203. Pizarro, Juan Agustín (Poeta popular) I: 452. Pizarro, Roberto III: 184. Plath, Oreste III: 103. Plaza, Exequiel II: 156, 160, 162, 166. Ponce, Aníbal III: 51. Portales, Diego I: 43-47, 56, 82, 175, 183, 221, 314, 418-419; II: 23, 122; III: 98, 203-204, 255, 256. Prado Gómez, José A. I: 414. Prado, Pedro II: 68, 73, 76-77, 79-80, 88, 90, 108, 136, 147, 332, 350, 368, 372, 430. Prat Chacón, Arturo I: 455; II: 122, 229, 298, 381-382, 408; III: 284. Prats Bello de Sarratea, Teresa II: 80. Prieto Letelier, Jenaro II: 167. Prieto, Antonio III: 231. Prieto, José Joaquín II: 39. Proudhon, Pierre Joseph II: 68. Puelma, Guillermo I: 284, 286. Puente, Francisco (Presbítero) I: 38. Pushkin, Alejandro I: 97. Puyó, Inés III: 134.

Q Queiroz, Eça de (José María) I: 446. Quelentaro (Conjunto) III: 233-236. Quezada, Alejandro II: 62-63, 71, 97. Quezada, Armando II: 96.

381

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Quilapayún (Conjunto) III: 214, 220, 222, 225, 233-236, 241, 245-247, 249-250, 257, 313. Quinet, Edgard I: 75, 105, 225. Quiroga, Horacio II: 188.

R Radrigán, Juan III: 269. Ramírez Necochea, Hernán I: 282-283, 350; III: 176-181. Ramírez, Pablo II: 173. Ravel, Maurice II: 68, 157, 177-178, 428. Ravines, Eudocio III: 51. Recabarren, Luis Emilio I: 294, 416, 452; II: 52, 59, 97, 106, 221, 263; III: 30, 32, 37, 42, 49, 51-52, 156. Reclus, Eliseo I: 409. Reissig (Herrera y Reissig, Julio) I: 380; II: 127, 140. Renan, Ernest I: 251, 367, 388, 390; II: 312-314, 382. René-Moreno, Gabriel I: 165, 231. Rettig, Raúl III: 113, 279. Reyes, Adolfo (Poeta popular) I: 262. Reyes, Salvador II: 148, 150, 227. Richards, Pablo III: 197. Riesco, German II: 43-44, 62. Rimbaud, Arthur I: 368, 369-370, 384; II: 57, 68, 116, 198, 296. Ríos Valdivia, Alejandro III: 113. Ríos, Juan Antonio III: 63-65, 70, 94, 111. Riquelme, Daniel I: 438. Rivadavia, Bernardino I: 30, 39. Rivadeneira, Manuel I: 65. Rivas Vicuña, Manuel II: 45, 264; III: 37. 382

Índice Onomástico

Rivas, Renato II: 436. Robinet, Carlos Toribio I: 248. Rodó, José Enrique I: 201, 251, 376-377, 380, 384; II: 39, 51, 63, 74, 396. Rodríguez Bravo, José I: 170. Rodríguez Mendoza, Emilio I: 271, 389-390, 393-395; II: 218-220, 332, 341-342. Rodríguez Mendoza, Manuel II: 422. Rodríguez Peña, Demetrio I: 144, 152, 165. Rodríguez, Ambrosio III: 207. Rodríguez, Manuel I: 292. Rodríguez, Osvaldo (Gitano) III: 218-219, 221-222, 226, 233-234, 238, 246. Rodríguez, Simón I: 64. Rodríguez, Zorobabel I: 445. Roepke, Gabriela III: 128. Rojas Jiménez, Alberto II: 114, 148, 150. Rojas, Gonzalo II: 198; III: 116, 134, 229. Rojas, Manuel II: 56; III: 129, 140, 165. Rojas, Richard III: 222, 225, 233. Román Heitman, Donato III: 217. Romero de Torres, Julio II: 158. Romero, Alberto III: 63, 110. Romero, Francisco (Pancho) I: 452. Rosales, Justo Abel I: 314, 324, 426-427. Rosende Subiere, Hugo III: 207. Ross Santa María, Gustavo III: 61. Rossi, Teresa I: 73. Rouge, Delia III: 42. Rousseau, Jean Jacques I: 27-28, 31-32, 41, 45, 53, 338, 408; II: 311. Rugendas, Mauricio I: 64. 383

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Ruiz, Eduardo III: 184. Rulfo, Juan II: 216, 361; III: 172.

S Saavedra, Abel II: 268. Saavedra, Cornelio I: 207, 210. Saavedra, Julio II: 243, 251-253, 255, 260-261, 325, 370. Saavedra, Omar III: 269. Sabella, Andrés III: 167. Sader, Emir III: 184. Sáez, Carlos I: 276. Salamanca, J. Óscar I: 446. Salas Edwards, Ricardo II: 268. Salas Romo, Luis III: 60-61. Salas Viu, Vicente II: 180. Salas, Darío II: 243-246, 251, 254, 325. Salas, Manuel de I: 475. Salazar, Gabriel III: 32, 43, 95, 212-213, 311. Salgado, Liborio I: 452. Salinas, Horacio III: 221. Samper, José María I: 192. Sánchez, Ricardo II: 296. Sanfuentes, Juan Luis II: 44, 263, 391. Sanfuentes, Salvador I: 87, 112, 147. Santa Cruz, Domingo III: 121, 131. Santa Cruz, Elvira II: 80. Santa María, Domingo I: 201, 245-247, 275, 412. Santiván Fernando II: 56, 108, 120, 134, 332, 348, 369. 384

Índice Onomástico

Sargosa, Gregorio (Poeta popular) I: 453. Sarmiento, Domingo Faustino I: 14, 64-66, 83, 87, 90-92, 105, 112, 119, 123, 128, 153, 196, 243, 358. Sárraga, Belén de II: 96, 99-100, 191, 298. Satie, Erik II: 157, 177-178, 428. Scarpa, Roque Esteban III: 202. Schiller, Federico I: 251, 388. Schneider, Carlos Oliver III: 102. Schönberg, Arnold II: 157, 177. Schumann, Robert II: 178. Scott, Walter I: 39, 53, 67, 97, 132, 144-145. Segall, Marcelo III: 176, 178-179. Sepúlveda Leyton, Carlos III: 111. Sepúlveda, Fidel III: 201. Shakespeare, William I: 377, 433; II: 197; III: 125, 139. Shelley, George I: 132; II: 75. Sienna, Pedro II: 106, 136, 420, 442, 445. Sieveking, Alejandro III: 128. Silva Castro, Raúl I: 171, 261, 305, 458. Silva Henríquez, Raúl (Cardenal) III: 195, 197, 201. Silva Vildósola, Carlos I: 406; II: 332. Silva, Ignacio II: 368, 371. Silva, José Asunción I: 380. Silva, Víctor Domingo II: 97-98, 106-108, 111, 120-121, 133-134, 296, 331, 336, 352, 368-369, 371-372, 441-443. Silvestre, Armand I: 252, 390. Simmel, George I: 365-367. Siré, Agustín III: 125-126. Sismondi, Leonard de I: 75. Skármeta, Antonio III: 277. 385

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Smith, Adam I: 408; II: 266. Soffia, José Antonio I: 252. Solovera, Clara III: 217. Soria, Arturo III: 111. Soria, Carmelo III: 111. Soro, Enrique II: 180, 431. Soto, Salvador I: 314. Sotoconil, Rubén III: 123, 125, 127. Sotomayor, Justiniano II: 268, 325. Sotomayor, Ramón II: 408. Soublette, Gastón III: 134. Soulié, Fréderic I: 67, 110, 151. Spencer, Herbert I: 44, 223, 316, 337, 399-400, 408-409, 413, 417; II: 2728, 225, 248, 277, 280, 287, 462; III: 38. Spengler, Osvaldo II: 396-397, 401. Stäel, Madame de I: 46, 108. Stitchkin, David III: 129, 134. Stuart Mill, John I: 44, 221. Subercaseaux Morla, Pilar II: 87. Subercaseaux, Benjamín II: 221; III: 63, 110. Subercaseaux, Guillermo II: 102, 242, 260, 265-269, 325. Subercaseaux, Julio I: 327. Subercaseaux, Pedro II: 156. Sue, Eugenio I: 110.

386

Índice Onomástico

T Taine, Hyppolite I: 238; II: 249-250, 276, 387. Tamayo y Baus, Manuel I: 433. Teitelboim, Volodia II: 126; III: 63, 110, 112, 126, 167, 171. Thayer Ojeda, Luis II: 274, 317, 378. Thayer Ojeda, Tomás II: 386. Thierry, Agustín I: 75-76. Tocornal, Manuel Antonio I: 87, 161, 165. Tocqueville, Alexis de I: 196, 222. Tolstoi, León I: 409; III: 155. Tomic, Radomiro III: 67. Tondreau, Narciso I: 253, 389, 406. Tornero, Santos I: 65. Turguenef, Iván I: 446. Tzara, Tristán II: 116, 148.

U Ulloa, Antonio de I: 80. Ulloa, Jorge Juan de I: 80. Unamuno, Miguel de I: 376-378; II: 228. Urriola, Pedro I: 123. Urrutia Blondel, Jorge III: 132. Urzúa, Adolfo II: 417, 446.

V Vacher de Lapouge, Georges II: 225, 248, 250, 277, 279-281, 462. Vadell, Jaime III: 268. 387

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Vaïsse, Emilio (Omar Emeth) II: 84, 97, 120, 131, 135, 368-369. Valderrama, Adolfo I: 301, 458; II: 332. Valdés Vergara, Ismael I: 284; II: 268. Valenzuela Llanos, Alberto II: 160. Vallejo, César II: 186; III: 51. Vallejo, José Joaquín (V. Jotabeche) I: 147; II: 332. Varas, Antonio I: 87, 160. Varela, Federico I: 217. Varela, Juan I: 395. Vargas Llosa, Mario III: 22, 79, 172-173. Vargas Puebla, Juan III: 126. Vargas Rosas, Luis (Integrante del colectivo Montparnasse) II: 57, 114, 143, 156, 160, 163, 166, 169-170. Vasconcelos, José II: 216, 307. Vásquez, “Ñato” (Poeta popular) I: 452. Velasco, Fanor I: 291. Venegas, Alejandro (Valdés Canje, Julio) II: 49-54, 59, 106, 139. Vergara Antúnez, Rodolfo (Presbítero) I: 418. Vergara, José Francisco II: 408-409. Verlaine, Paul I: 368, 392; II: 68, 296. Verniory, Gustavo I: 328. Vial Larraín, Juan de Dios III: 204. Vial, Gonzalo I: 292,-293, 339, 456; II: 54; III: 206-207. Vial, Román I: 406. Vial, Wenceslao I: 90. Vicuña Cifuentes, Julio I: 398, 458; II: 293, 317, 369. Vicuña Fuentes, Carlos II: 64-65. Vicuña Mackenna, Benjamín I: 14, 63, 88, 149, 166, 188, 191-195, 199203, 211, 228, 247, 264, 283; II: 229, 377, 382, 447. Vicuña Subercaseaux, Benjamín I: 305, 398, 402; II: 218-219, 273, 337. 388

Índice Onomástico

Vicuña, Carlos I: 289; III: 30, 43. Vicuña, Claudio I: 272, 291. Vila, Cirilo II: 175; III: 240. Vila, Pepe I: 440. Villagra, Nelson III: 129. Villiers de L’Isle-Adam, Augusto (Conde de) I: 368; II: 98. Vitale, Luis III: 176-177. Vives, Fernando (Padre) III: 187-190, 194. Vodanovic, Sergio III: 128. Voltaire (Françoise Marie) I: 27-28, 31-32, 37, 196, 409; III: 153.

W Wagner, Ricardo I: 373, 430. Walker Martínez, Carlos I: 337, 404; III: 202. Walker Martínez, Joaquín II: 94. Walter, Bruno II: 177. Washington, Georges I: 194. Weininger, Otto II: 288. Wheelwright, Guillermo I: 217. Wilde, Oscar I: 311, 368, 371, 374, 471; II: 57, 95. Wilms Montt, Teresa II: 11, 80, 83, 88, 98-99, 108, 110-111, 143. Wolff, Egon III: 129.

Y Yáñez Silva, Nathanael II: 120, 152, 175, 443. Yáñez, Eleodoro II: 145. Yáñez, Mina II: 166, 175. Yupanqui, Atahualpa III: 219, 238-239, 306-307. 389

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Z Zapiola, José I: 28, 38-39, 51. Zola, Emilio I: 176, 235-236, 238-240, 250-251, 253-255, 389, 394, 402, 408, 446; II: 280, 339. Zorrilla, José I: 150, 433. Zuloaga, Ignacio II: 158. Zurita, Raúl III: 267.

390

ÍNDICE ANALÍTICO Y TEMÁTICO

IMAGEN DE CHILE

Índice Analítico y Temático

ÍNDICE ANALÍTICO Y TEMÁTICO

A Academia

- De Bellas Letras I: 168, 217, 221, 224, 227-231. - De Guerra I: 275.

Affaire Dreyfus I: 402 Afrancesamiento I: 269, 308-316, 360, 381, 392-393, 395, 402-404; II: 9-10, 46, 85-86 218, 290. Agiotista, mentalidad I: 310-311, 313, 336; II: 47. Alessandrismo III: 28-31. Alianza

- De Intelectuales de Valencia III: 63, 110. - De Intelectuales para la defensa de la Cultura II: 201; III: 63, 110.

Americanismo I: 45, 191-203; II: 220, 315. Americanismo literario I: 149-150, 153, 203-207. Anarquismo I: 316, 324, 331, 335-336, 339, 343, 378, 409, 413, 415, 426; II: 55-59, 64, 66, 221, 307, 339, 447; III: 30, 36, 39, 48, 61, 93, 151, 153, 154, 156, 274. Antiguo Régimen (o Ancien Regime) I: 14, 37, 75, 139, 194, 274. Antioligárquico I: 130, 216, 262, 308, 316-317, 322; II: 47, 64, 66, 96, 262, 316. Antirracionalismo I: 269, 378, 384, 470; II: 84, 87. Antirrealismo I: 379, 388. Apropiación

- Concepto de I: 304, 469-470; II: 21. - Cultura de I: 269, 311, 304, 316, 322, 353, 378-392, 410, 449, 393

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile



459, 468, 470. - Modelo de I: 470-471; II: 22-26, 119, 190. - Proceso de I: 269, 335, 316, 322, 331, 335, 377-392, 399, 449, 459, 468-470; II: 168-173, 184-185, 189, 193.

Arielismo I: 380, 384, 425; II: 53-54, 62. Arte

- Comprometido III: 219-231. - Nuevo (art nouveau) I: 396, 370-371, 395; II: 112-115, 142, 167, 173, 183, 258. - Público III: 24. - Realista III: 19-20.

Asamblea

- Constituyente I: 34; III: 46. - De Alimentación Nacional II: 183, 390-392. - De Notables I: 283. - Radical de Santiago III: 62.

Asociación

- De Socorros Mutuos I: 343-344. - General de Profesores de Chile II: 153; III: 78, 102, 109. - Nacional de Educación Nacional II: 244-246, 252-256, 293, 299, 301-304.

Autoritarismo III: 265, 271, 277, 279, 281, 313.

B Ballet Nacional III: 131. Banca, banqueros I: 282-283, 295 303, 307-308, 311, 327, 337, 350, 352, 359. Bandera chilena I: 291; II: 235, 241-242, 348. Bandidos II: 339-341. Batalla

394

- De Chacabuco I: 94.

Índice Analítico y Temático



- - - -

De De De De

Concón I: 272, 276. Lircay I: 43. Placilla I: 274, 276, 300-301, 311. Rancagua I: 70-71.

Batallón Mulchén I: 271. Bellas Artes, Escuela de II: 157-158, 161, 164, 168-169, 173-175. Belle époque I: 255, 257-258, 269, 304, 309, 331, 371, 404, 418; II: 9, 11, 31, 36, 70, 74, 217, 238-239, 276, 286, 297-298, 344, 352. Biblioteca Nacional I: 29, 457; II: 36. Bicentenario III: 247, 290-296, 305, 310-312, 317-320. Bienio bolchevique III: 49. Biologismo I: 366, 383, 423; II: 300, 393. Bolchevique III: 34, 49, 50, 187. Bolivarismo I: 191-192, 194, 198-203. Bolsa, especulación en la I: 310-311; II: 298, 381. Bomberos, Cuerpo de I: 301, 436.

C Caja de Empleados Públicos y Periodistas (CANAEMPU) III: 95. Caja de Habitación Popular III: 95-96. Caliche I: 348. Canal 13 III: 137, 304. Canal 7 III: 116, 137. Canción

- Agronacionalista III: 216-226. - De protesta III: 234-235. - Folclórica III: 216-226. - Nueva III: 216-226. - Popular I: 447, 454; III: 225.

395

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Canto Nuevo

- Agrupación Folklórica Universitaria (Agrupación Cultural Universitaria) III: 248-251.

Cantores populares I: 452, 453; III: 235, 308. Capitalismo I: 271, 310, 328, 347-352, 358, 360, 362-363, 375, 388, 406, 425, 469; II: 457; III: 21, 40-43, 47, 49, 58, 60, 82, 94, 147, 149, 152, 176, 178-179, 190, 193, 203, 173, 198, 303. Cápsula del Bicentenario III: 317-320. Casa Ackermann I: 39, 41. Casta o linaje I: 284-290. Catolicismo I: 387, 407-408, 412-420; III: 188-189, 197. Censura I: 46, 153, 160, 162, 183-184, 224; II: 94-96, 117, 307, 419, 461; III: 21, 61, 139, 206, 219, 279, 283, 309. Central Unitaria de Trabajadores (CUT) III: 195, 219. Centro Social Obrero I: 408. Certamen Varela I: 248, 252, 287, 391-392. Cine

- Chile Films II: 422; III: 24, 114-115, 299.



- Mudo II: 418-427; III: 32, 269, 292.



- Revolucionario III: 78.

Científico(s) naturalistas I: 401. Circos I: 430, 439-440; II: 239. Círculo de Amigos de las Letras I: 152, 165-168, 192. Círculo Lastarria I: 244. Cités I: 328; II: 37, 183. Clasicismo II: 127, 163. Clericalismo I: 124, 135, 283, 337, 344, 412-413, 415; II: 403. Club(es)

- Conservador de Curicó I: 415.



- De la Unión I: 289, 301, 308, 310-311, 313; II: 91, 165; II: 239, 268.

396

Índice Analítico y Temático



- Del Progreso I: 284.



- De Señoras II: 81, 100, 103, 173; II: 426.



- Hípico I: 286, 314; II: 35, 46.

Coalición

- Conservadora I: 412.



- Liberal I: 284-285, 412.

Cohecho I: 298, 303, 311, 316, 421-422; II: 67. Colegio

- De Santiago I: 44.



- Para Señoritas I: 39.



- San Agustín I: 416.

Comics III: 185, 269-270. Comisión de Cultura Popular III: 113-115. Compañía

- Chilena de Electricidad (CHILECTRA) III: 96.



- De Acero del Pacífico (CAP) III: 96.

Comuna Autónoma I: 303. Confederación

- Obrera I: 336, 408.



- Perú-Boliviana I: 64, 246; II: 229.

Conferencias de Extensión de la Universidad de Chile III: 122. Conferencia de la OLAS (Organización Latinoamericana de Solidaridad con los Pueblos de África, Asia y América Latina) III: 67. Consciencia

- De clase I: 289, 322-324, 331-332, 336-340, 344-345, 410, 447, 451, 459, 467; III: 17-19.



- Étnica III: 17-19, 21.

Consejo

- De Higiene II: 104.



- De Instrucción Pública I: 398; II: 62.



- Obrero de Cooperación III: 107. 397

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Consumo cultural III: 99, 114, 301, 316. Contrarrevolución I: 245, 283. Contrato social I: 28, 34, 53; III: 287. Convención

- Conservadora (de 1895) I: 340.



- De 1931 III: 60.



- Radical I: 341, 354.

Conventillos I: 328, 331, 410; II: 37, 51, 107, 183, 234, 299, 451, 455. Coro de la Universidad de Chile III: 131. Corporación(es)

- Corporación de la Vivienda (CORVI) III: 96, 132.



- De Fomento de la Producción (CORFO) III: 96, 114-115.



- De Reforma Agraria III: 96.

- De Ventas del Salitre y Yodo III: 95.



- Obreras de Ayuda Mutua I: 339, 417.

Corrupción I: 28, 121, 288, 298, 303, 305, 311, 316, 345, 421-422, 424425. Cosmopolitismo I: 307-315, 377, 381, 391, 393, 396, 404, 469; II: 9, 11, 30, 47, 52, 79, 92, 102, 187. Costumbrismo I: 126-128, II: 73, 79, 84, 90, 120-121, 151, 159, 163, 167, 179, 317, 332, 365, 446, 450-451. Creacionismo II: 73, 91, 111, 113, 132, 142-144, 184, 195, 197. Criollismo I: 322, 406; II: 84, 120, 122, 151, 162, 317, 337, 350, 359, 365-367, 372, 393, 430, 445,447, 451, 461. Crisis de fin de siglo I: 421-428. Cubismo II: 68, 116, 141-142, 144, 157, 163, 170, 186, 189. Cuestión social, la II: 45-49, 51, 106, 183, 219, 263, 299, 316, 351-352, 455, 458; III: 28, 37, 54, 168, 187, 194, 202. Cultura(s)

398

- Campesina I: 332, 419, 451, 460, 462, 464; III: 303-304, 307308.

Índice Analítico y Temático





- Concepto de I: 297, 354-355; II: 93, 154; III: 16-17, 101. - Contestataria III: 281. - De masas I: 322, 437-447, 465-467; II: 413-428, 301-310; III: 16, 24, 32, 81, 116, 131, 135, 137, 139, 146, 186, 255, 164, 269, 271-272, 273, 296-297, 301, 305-306, 310, 312-313, 316. - Democracia cultural III: 99-101. - Democratización I: 430-447; III: 99-109, 131, 141-142. - Diversidad cultural I: 429-447; III: 290, 298. - Industria cultural I: 322, 345, 447; III: 24, 32, 116, 131, 137. - Massmediática I: 276, 299, 342-34, 443-447; III: 281, 294-298, 300, 303, 305, 315, 317. - Oral I: 449-455, 459-468; II: 242, 317, 434, 435. - Políticas culturales III:99-109, 115-116, 140-145, 282, 287, 298-300, 307. - Popular I: 447, 449-468, III: 16, 69, 100, 103, 106, 113-114, 122, 135-136, 145, 264, 302, 306, 307, 310, 314, 316.

D Dadaísmo II: 116, 144, 148, 150, 152, 188. Dandy, Dandysmo I: 131, 311-315. Darwinismo social I: 316, 372, 403, 423; II: 219, 225, 245, 249-250, 266, 275-281, 300, 308, 310, 320, 404, 462. Decadentismo I: 373; II: 138, 152, 368. Defensa Civil de Chile III: 96. Democracia

- Representativa 45-47.

Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Chile III: 118. Departamento de Extensión Sociológica y Cultural III: 105. Derechos humanos

- Agrupaciones de III: 99. - Comisión de Verdad y Reconciliación (Comisión Rettig) III: 279. - Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Comisión Valech) III: 279. 399

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile



- Comité de Cooperación por la Paz (Pro Paz) III: 201. - Violaciones I: 272, 276; III: 99, 197, 201, 249, 279, 286, 314.

Desarrollismo I: 16, 423. Día Internacional de los Trabajadores III: 164. Diario de Ernesto Che Guevara III: 254. Dictadura

- De Ibáñez II: 327, 385, 435-437, 444; III: 60, 62. - De Pinochet II: 203; III: 74, 81-82, 85, 99, 126, 138, 197, 206, 221, 253, 258, 263-265, 279-282, 286.

Dirección

- - - -

De Asuntos Indígenas III: 96. De Crédito Prendario III: 96. De Extensión Cultural, Propaganda y Publicidad III: 113. General de Educación Física II: 306.

Disolución social, concepto de I: 427-428. Doctrina

- De Seguridad Nacional III: 98, 206, 210, 280. - Del progreso I: 335.



- Social de la Iglesia III: 57, 66, 72, 160, 187-195, 203.

E École Normal Superieure I: 354. Ecumenismo I: 381, 470; II: 85. Editorial

- Ediciones Universitarias de Valparaíso III: 144.



- Editorial de la Universidad Técnica del Estado III: 144.



- Quimantú III: 24, 116, 140-145, 170, 299.



- Universitaria III: 144, 172.

Educación laica I: 399-400. Ejército

- Prusianización del I: 275-276.

Élan vital I: 366. 400

Índice Analítico y Temático

Elite ilustrada I: 187-190, II: 9, 22-23, 212. Empirismo

- Instrumental I: 368. - Mercantil I: 381.

Empresa

- De Transportes Colectivos (ETC) III: 96.

Empresa Nacional

- - - -

De Electricidad (ENDESA) III: 96. De Minería (ENAMI) III: 96. De Petróleo (ENAP) III: 96. De Telecomunicaciones (ENTEL) III: 96.

Encíclica - Quadragesimo Anno III: 187, 189, 193, 197, 203. - Rerum Novarum I: 337, 339; III: 93, 187, 189, 191, 197. Enclaves precapitalistas I: 363. Enganchador I: 326. Escena de avanzada III: 269. Escenificación del tiempo (histórico) nacional

- Colonial I: 13. - De integración I: 13-14, 16-17; II: 21-463; III: 79-80. - De transformación I:, 13, 15, 16-17; III: 27, 80-84, 115-117, 149-252. - Fundacional I: 13-14, 16, 21-471. - Globalizado I: 13, 15, 16-17; III: 253-317.

Esclavitud I: 359. Escolasticismo I: 29. Escuela

- De Arquitectura de la Universidad de Chile III: 132. - De Artes y Oficios II: 261, 268. - De Bellas Artes II: 157-158, 161, 164, 168-169, 173-175; III: 113. - Militar I: 275.

401

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Escuadra Nacional I: 281, 287, 289, 295; II: 46. Espiritualismo

- Aristocrático I: 269, 369, 371, 379, 394, 398. - De vanguardia II: 80, 82-92, 129, 184.

Esplín, el I: 112. Estado

- Aristocrático III: 86, 92. - Benefactor III: 35, 42, 73, 86, 93-95. - Conservador III: 92. - De bienestar II: 213; III: 44, 69, 94-97, 99, 147. - De compromiso III: 94-95, 115-117, 119, 133. - Desarrollista III: 72, 95-97. - Docente I: 321, 353-355; II: 236, 248; III: 69, 93, 115-116, 136, 147. - Mesocrático III: 44, 95. - Moderno III: 88-91. - Oligárquico III: 44, 47. - Social III: 44, 47, 41, 80, 96-97, 99, 119, 136, 140, 147.

Esteticismo, esteticistas I: 365-398. Estilo Liberty I: 370. Estudios literarios I: 270; II: 21, 191. Eugenesia II: 277, 281, 295, 299-300, 303, 305, 307. Evolucionismo sociológico I: 400, 413, 470. Evolucionistas, teorías I: 413. Exiliados I: 300; III: 125, 128, 214, 236, 246, 250, 264, 268, 279, 282283. Exposición

- Internacional II: 158-160.

Expresionismo II: 159, 164, 188-189.

402

Índice Analítico y Temático

F Fábrica Anwandter I: 351. Facultad de Bellas Artes III: 118-119, 121. Federación de Estudiantes de Chile (FECH) II: 57, 61-68, 80, 93, 99, 157, 217, 221, 319; III: 42, 151. Federación Obrera de Chile I: 408; II: 327; III: 44, 168, 177. Federalismo I: 30, 273. Feminismo

- Aristocrático II: 79-84, 86-87, 92, 100-101.

Feria Internacional de Santiago I: 217. Folklore I: 399, 450-451, 459; II: 317, 365, 428, 430,433, 435; III: 103, 117, 122, 131, 133-135, 215, 217, 225, 227, 229, 238, 246, 149, 308. Folletín(es) I: 443-445. Fondas I: 447, 451-452, 456. Frente

- De Acción Popular (FRAP) III: 31, 66, 75. - Popular II: 196, 200-201, 203; III: 31, 57-60, 62-65, 71, 75, 78, 80, 94-95, 101, 110-113, 115, 165, 168, 230, 288. - Populares antifascistas III: 65.

Fusión liberal-conservadora I: 159-161-175, 213-214. Futre(s) I: 289, 302, 438, 464-465. Futurismo II: 116, 131, 141-142, 152, 157, 368.

G Gañanes: 320, 326-327, 330, 447, 453, 465. Gauchesca, poesía I: 453. Gaucho I: 358, 363. Generación

- de 1842, I: 61-67, 86, 90, 103, 108, 147-148, 152. 403

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile



- de 1898 I: 376-378.



- de Mayo I: 61.



- del 38 III: 24, 111-112, 134, 171, 174, 288.

Golpe de Estado III: 80, 98, 126, 137, 145, 186, 201, 206, 225, 243, 246, 253-258, 280. Gran Federación Femenina de Chile III: 151. Gran Minería del Cobre en Chile (GMC) III: 96. Guerra

- Civil de 1891 I: 271-297, 304-306; II: 276, 316.



- Civil Española II: 196, 201; III: 110, 164, 226.



- de Vietnam III: 51, 201, 219-220, 226.



- del Pacífico I: 280, 429; II: 225, 229-230, 233,235, 273, 275, 316, 318, 336-338, 381, 383, 392, 398, 405-411.



- Fría III: 66, 68, 72, 183, 210.



- Primera Guerra Mundial II: 233; III: 48, 51, 262.



- Segunda Guerra Mundial II: 312; III: 66, 111, 157, 161, 210, 262.

Guardia Nacional I: 274.

H Hedonismo I: 303-304, 308-315. Hinterland I: 358. Historia

- Concepción liberal de la I: 79-89.



- Filosófica, filosofía de I: 65-66, 72, 75-89, 92-101.



- Narrativa I: 75-79, 85-87, 92-93.



- Social I: 270; II: 154; III: 79.



- y Literatura I: 38, 66-67, 89-97, 270.



- y Nación II: 375-384.

Historicismo I: 78, 88-89, 100, 149, 366; III: 179.

404

Índice Analítico y Temático

Historiografía

- Cultural II: 29, 93, 154, 192.



- Liberal II: 377-378.



- Literaria III: 170.



- Marxista III: 149, 175-181, 212-214.



- Nacionalista II: 397-411.



- Positivista II: 378-379; III: 175.



- Restauracionista II: 379, 384-397.

Huaso I: 403, 438, 464-465; II: 107, 336-339; III: 216-218, 314. Huelgas I: 295, 331; III: 31-32, 62, 151, 154, 168, 192.

I Idealismo

- Alemán I: 79; III: 20.



- Espiritualista I: 369.



- Liberal I: 140-141.



- Metafísico I: 75-76, 230.

Identidad

- Cultural I: 336, 339, 449-468; III: 55, 140-141, 287-290, 320.



- Nacional II: 217-222; III: 23, 135, 227, 270, 287-290.

Ideologismo I: 343-345. Igualitarismo, igualitarios I: 375, 409. Iluminismo I: 365. Ilustración I: 31-33, 335-336, 353, 358, 361-362, 387, 397-407, 458-459; II: 266, 312, 316. Imperialismo

- Inglés I: 282-283, 290-291, 293; III: 178.

Imperio, Segundo I: 114, 190.

405

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Imprentas

- El Amigo del País I: 416. - La Unión I: 415.

Impresionismo I: 370, 374, 392; II: 159-160, 177. Industrialización I: 282, 284, 293, 310, 326-330, 348-351, 358; II: 222223, 259, 262-264, 323-324; III: 94, 147, 175, 177. Inquisición I: 53, 93, 133. Instituto

- De Extensión Musical de la Universidad de Chile III: 131. - De Investigaciones Agropecuarias (INIA) III: 96. - De Investigaciones del Folklore Musical de la Universidad de Chile III: 135.

Intelligentzia II: 10, 321, 324-326, 458, 462; III: 162, 306. Instituto

- Nacional I: 34, 43-45, 86-87, 416. - Pedagógico I: 354; II: 50, 243, 431; III: 54, 138.

Interculturalidad II: 214-216; III: 23. Isla Juan Fernández I: 44.

J Jacobinismo, jacobinos I: 119-124. Jeunesse dorée I: 312. Jugendstil I: 370. Junta de Gobierno I: 301-302.

L Laicismo I: 335, 409, 412-420. Laissez faire I: 129, 157, 160. Latifundio I: 295. 406

Índice Analítico y Temático

Latinoamericanización III: 158. Ley

- Ley de Defensa Permanente de la Democracia III: 65, 121.

Leyenda negra de España I: 80, 84. Liberación nacional

- Movimientos de III: 62.

Liberalismo

- Alegoría I: 175-186. - Doctrinario I: 26, 33-38, 44-47, 56-60, 105, 412; III: 203, 205, 258. - Económico I: 337, 388; III: 52, 190, 203. - Ilustrado I: 33-38, 131, 399. - Político I: 29, 47, 50, 56, 388; III: 32, 191.

Libertad

- De comercio I: 31. - De conciencia, pensamiento I: 124, 140; III: 208. - De culto I: 124. - De imprenta I: 121. - De prensa I: 30, 299, 342-345; III: 208, 256. - Electoral I: 303.

Librecambistas I: 351. Liceo

- Amunátegui I: 295. - De Chile, colegio I: 39-44, 52. - De Chillán I: 295. - De Copiapó I: 216. - De Curicó I: 320. - De damas II: 81, 94, 102.

Literatura - Boom, del III: 171-174, 237. - De la Crisis I: 402-404. - Representación de lo nacional (nacionalismo literario) II: 331373. 407

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Lucha de clases III: 17-18, 41, 49, 52, 83, 152, 159, 168, 170, 176, 178182, 190, 192, 196, 256.

M Marxismo

- Anti-marxismo III: 150, 202-212.



- Cátedra de III: 158, 176, 219.



- Ciencias sociales y III: 182-187.



- Doctrina III: 20, 30, 53, 75, 141, 149-150, 158-160, 163-168, 185, 204.



- Marxismo-leninismo III: 20, 141, 206.



- Postmarxismo III: 212-214.

Masificación del libro III: 24, 142-145. Masones I: 280, 337, 415; III: 74. Massmediatización de la cultura III: 293-297. Materialismo Histórico I: 282; III: 20, 40, 165, 185, 205, 208-209, 258. Mecenazgo cultural III: 116, 264. Mesianismo I: 400; III: 204. Mesocrática

- Bohemia I: 323, 395, 442; II: 57-59.

Migración, migrantes I: 316-317, 320, 325-328; II: 53, 103, 105, 212, 215, 225, 243, 251, 276, 279, 280, 283, 285, 289, 307, 322, 397, 415; III: 32, 90, 289, 307. Milicias republicanas III: 58. Ministerio - De Agricultura III: 96.



- De Economía y Comercio III: 96. - De la Vivienda III: 96.



- De Tierras y Colonización III: 96.



- Del Trabajo III: 96, 105-109, 140.

408

Índice Analítico y Temático

Minería, mineros I: 273, 282-283, 303, 307-308, 310-311, 331, 335, 337, 348, 351, 360, 465; III: 96. Misiones Culturales III: 122. Modernidad

- Concepto de I: 348; II: 78-79, 107. - Cultural I: 322, 429-468; II: 94, 102-105, 117-118, 132, 171, 183.

Modernismo

- Chileno I: 305-306, 387-398; II: 113, 123-129, 132-141, 184, 194, 368. - Concepto de I: 348, 375. - Europeo I: 365-375. - Hispanoamericano I: 305-306, 378-385; II: 74, 140-141. - Peninsular I: 376-378.

Modernización

- Del Agro I: 351-352. - Europea I: 347, 361-364. - Oligárquica II: 36, 183. - Proceso de I: 115, 123, 271, 281, 294, 296, 319, 322, 347-361, 363-364, 419, 422; II: 104-107, 183, 217, 316, 321-323.

Monroe, doctrina I: 197-200. Montparnasse, grupo de II: 68, 114, 145, 156-157, 160, 163-164, 166175. Monttvaristas I: 284, 412. Mundonovismo II: 122, 135. Muralismo III: 24, 78, 134, 150, 237. Museo de Arte Popular III: 103. Música

- Chilena docta II: 176-177, 179, 416, 428-430; III: 226, 229, 248. - Europea contemporánea II: 177-179. - Folclórica II: 432-435; III: 219, 222, 227-231, 233-239. - Modernista II: 178.

409

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile



- Popular II: 427, 435-438; III: 220, 231-233, 234, 239-241. - Tradicional II: 431-432.

Mutuales, mutualista I: 331; III: 30, 31.

N Nacionalismo I: 282, 316-317, 322, 352, 400, 418-419, 423, 435-437; II: 25, 38-39, 49, 121-122, 151, 162, 223, 233-271, 309-329, 363-364; III: 17, 58, 93, 108, 216-218, 262, 272. Naturaleza, concepto de I: 19. Naturalismo I: 232-241, 391, 399, 405; II: 120-122, 124, 334, 345, 365. Neoclasicismo I: 304; II: 136, 158. Neofolclore III: 216, 218-222, 244. Neógrafos, grupo de los I: 400. Neoliberalismo I: 392; III: 85, 98, 147, 186, 206, 313. Neoplatonismo I: 57. Neotomismo I: 417. Nihilismo I: 370, 373; II: 77, 79. Novela(s)

- Criolla (de costumbres) I: 155, 406; II: 73, 76-79. - Francesa I: 369, 445-446. - Histórica I: 67-74, 305, 315-317; II: 82, 91. - Modernista I: 250-259, 376, 395. - Nacionalista I: 144-157, 406; II: 38, 121. - Naturalista I: 315-316, 405; II: 149. - Realista I: 391.

Nueva Canción

- Argentina III: 220, 243. - Chilena III: 215-226, 233-247. - Uruguaya III: 220, 243.

Nuevas tecnologías III: 273, 275, 297-298, 301-302, 318-320.

410

Índice Analítico y Temático

O Occidentalización I: 15, 361, 469; III: 319. Oligarquía

- Ilustrada I: 281, 297, 300, 302-304, 360, 429, 455. - Plutocrática I: 129, 159, 282-283, 289, 295-296, 298, 302-303, 307, 325; II: 217-218, 344.

Ópera I: 309, 430-432; II: 176-177. Organicismo I: 401; II: 219, 250-251; III: 39-40, 180. Orquesta

- Afónica III: 123. - Sinfónica de Chile III: 124, 131.

P Padovani, empresa artística I: 430. Panamericanismo I: 197-198; II: 76. Parlamentario, período I: 279-281, 297-306; III: 31, 43, 45. Parnasianismo, parnasianos I: 269, 368-369, 373, 378, 390, 392, 396, 470; II: 129. Parnaso balmacedista I: 304. Parodia I: 405; III: 266, 274, 312-313. Partido(s)

- Comunista III: 44, 50, 51, 56, 64, 68, 121, 157-160, 163-164, 180, 214.



- Comunista Ruso III: 49.



- Concertación de Partidos por la Democracia III: 73, 82, 146, 281-286, 291, 311.



- Conservador I: 83, 300, 303, 307; II: 93-94, 101, 250-251, 267268; III: 29, 33, 66, 160, 202, 204, 206.



- Demócrata I: 294; II: 447; III: 38, 44, 66, 151.



- Demócrata Cristiano III: 68, 76-77, 159-162, 206.



- Democrático Progresista II: 401; III: 176. 411

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile



- Izquierda Cristiana III: 68, 76, 162, 199.



- Liberal I: 120, 161, 246, 258, 307; II: 45, 264, 268; III: 38, 44, 60.



- Liberal Doctrinario III: 28.



- Liberal-Democrático (Balmacedista) I: 300; III: 56, 76.



- Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) III: 62, 68 .



- Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) III: 54, 68, 157.



- Nacional I: 307; II: 103, 325.



- Nacionalista II: 267-269.



- Obrero Socialista II: 103; III: 37, 42, 50, 151.



- Radical I: 163, 210, 214, 216, 223, 228, 280, 284; II: 93, 98, 103, 246, 250; III: 28, 37-38, 44, 52, 60-62, 64-65, 71, 75, 78, 94-95, 157-160.



- Socialista III: 51, 57, 61, 154, 157-160.



- Socialista Auténtico III: 64.



- Socialista de Chile III: 62, 64, 67, 75-76, 78, 158.

Pastiche III: 265, 271, 274, 313. Payadores I: 456; III: 229. Pelarco III: 303-311. Pelucones I: 83, 121, 160, 166, 179, 217. Pensamiento

- Conservador III: 58, 85, 189, 209 . - Liberal I: 38, 49-51, 123, 284-290; III: 30. - Nacionalista I: 316-317, 322, 419, 423. - Reformista III: 41-43, 189, 255. - Social-cristiano III: 187-199.

Peña(s)

- Chile Ríe y Canta III: 244-246. - De los Parra III: 219, 243-244, 246. - Javiera Carrera III: 248.

Peones I: 320, 326. Periódicos 412

- Arte y literatura I: 299, 343, 443-446.

Índice Analítico y Temático



- Conservadores y católicos I: 344, 445; II: 46-47, 93, 95, 102.



- Empresa periodística I: 344.



- Liberales I: 299, 445; II: 93, 96; III: 61.



- Obreros y afines I: 342-344; II: 55; III: 28, 34, 151-152.



- Oficiales e institucionales I: 343-344; III: 276, 279, 312.



- Satírico-burlescos I: 299, 345; III: 276, 312.

Pije I: 314-315. Pintura

- Académica II: 156-158, 160, 163, 166, 168, 184.



- Social II: 157, 161-164, 166, 168-169; III: 316.



- Vanguardista II: 157, 163-164, 166, 168-171, 173-175.

Pipiolos I: 30, 43, 83, 121. Plan Concéntrico de Educación I: 354. Plutocracia, plutocratización I: 283, 293, 303-304, 307-317, 324, 327, 329, 332, 337, 352, 378, 382, 401, 418, 430, 455; III: 86, 92. Poesía

- Popular (lira) I: 295, 304, 312, 447, 449-468; II: 214, 317, 333, 338, 340, 367, 405, 415.

Poetas populares I: 451-455; II: 367. Polémica

- Educacional I: 399-400.



- Laicismo-clericalismo I: 412-420; II: 94.

Política

- Política, la III: 15-16, 60, 221, 224, 230, 250-251, 270, 272, 294, 319-320.



- Político, lo I: 336, 341-342; III: 15-16, 53, 60, 81, 221, 224, 228, 230, 233, 250-251, 270, 272, 290, 294, 319-320.

Portaliano

- Régimen I: 274, 280.

Positivismo I: 47, 221,214-232, 316, 337, 355, 358-360, 372, 374, 383, 387-407, 413, 417, 422-423; II: 27-30, 52, 139, 249, 251, 377, 386. Postimpresionismo, postimpresionistas II: 157, 160. 413

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Postmodernismo III: 271-278. Pragmatismo II: 74; III: 275. Presidencialismo I: 280; III: 38,45. Proletariado I: 329-332, 408, 416; III: 34, 41, 43-44, 48, 50, 53, 106, 156, 158, 160,164, 171, 175-179, 181, 187, 191,194-195. Proteccionismo III: 115. Providencialismo histórico I: 362, 365, 367. Pueblos originarios

- - - - - -

Derechos de los III: 17-18, 284-286, 298. Guerra de Arauco I: 392, 398, 404, 411; II: 392, 398, 404-411. Ocupación de la Araucanía I: 207-212, 327. Pacificación de la Araucanía I: 207-212. Postura y política liberal de la Araucanía I: 207-212. Reducciones indígenas en la Araucanía I: 327, 328.

Publicista I: 43, 58.

Q Quijote, el I: 63, 127, 144, 169; III: 259.

R Racionalismo

- Científico I: 335, 362, 367, 371-372, 374, 377, 400-401, 413414, 416-417, 426, 464-465. - Laico I: 335, 401.

Radio

- y cultura de masas II: 438-439; III: 32, 45, 113, 117, 119, 121, 215-216, 228, 243, 304.

Raza 414

- Chilena II: 224-231, 273-275, 281-295; III: 176. - Educación física y deportes II: 240, 245. - Género y crítica II: 295-298.

Índice Analítico y Temático



- y ejército II: 228. - y políticas públicas II: 298-308.

Realismo I: 155; II: 113, 120-122, 124, 135, 161, 167; III: 19, 112, 163, 170-171, 269, 270. Reforma Agraria III: 17-18, 66, 71, 160. Reforma y revolución III: 44, 47, 51, 53, 69, 73, 95, 97, 104, 152, 161162. Regeneración

- Plan de I: 56-60, 112. - Social I: 112, 305, 315, 317, 405.

Reproducción

- Concepto de, II: 22-26. - Modelo de, II: 22-26.

República

- Española II: 200; III: 63, 110, 112, 203. - Socialista III: 78, 105, 158, 189.

Republicanismo (Humanismo Cívico) I: 31-33; III: 28, 93, 209. Restauración

- Francia, de la I: 137, 155. - Napoleónica I:149.

Revista(s)



- ARQuitectura III: 132. - ARS III: 269. - Artes y literatura II: 68, 71-72, 81, 89-90, 105, 108, 126-130, 133-135, 141-142, 146-147, 150, 157, 178, 180, 186-188, 193195, 197-198, 200, 202; III: 121, 164-166, 221, 279. - Católicas III: 188, 202, 271. - Cinematográficas II: 419-420. - Educacionales III: 24. - Magazinescas II: 102, 105, 121, 135; III: 105, 269, 270. - Oficiales e institucionales II: 62, 68; III: 158, 204. - Teatro y zarzuela I: 434.

415

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Revolución

- Cubana II: 213.



- Democrático-burguesa I: 283.



- Francesa I: 120, 131, 137; II: 310-311, 313, 320, 396.



- Rusa II: 78, 106, 174.

Revue de deux Mondes I: 249. Rock en español III: 201, 216, 226, 234-237, 242-243, 249, 270, 302, 307, 314. Romanticismo

- Antirromanticismo I: 113-114, 144, 151.



- Europeo I: 104, 110, 114, 131, 147, 375, 433; II: 74, 311-312, 365, 368.



- Hispanoamericano I: 103, 108, 112-116, 153; II: 87, 124, 180.



- Postromanticismo, postrománticos II: 125-128.



- Social I: 105, 110.

Romántico, estatus del término I: 104-107, 112. Roto chileno I: 455; II: 48, 107, 122, 220, 224-225, 228-231, 276, 285, 288-290, 298, 317, 326, 336-341, 347-348, 391-392, 424, 434, 438, 454-455, 462.

S Salitrera(s)

- Industria I: 249, 282, 284, 290-291, 293, 308, 310, 316, 326, 330, 348-350 .



- Oficinas I: 330, 348-349.

Sara Bell, crimen I: 311-315. Sátira alegórica I: 169-175, 294. Sectores medios I: 54-55, 317-325; II: 224, 238, 240, 246, 267, 276, 316, 333, 341, 344, 352, 382, 387, 393, 415-416, 420, 433, 439, 443, 451. Secularización I: 20, 43, 124, 131, 214, 245, 322, 254-255, 352-353; III: 22, 93, 189. Segunda Internacional III: 48-49, 156. 416

Índice Analítico y Temático

Seminario Internacional Utopía(s) III: 258-262. Sibaritismo I: 371, 373. Simbolismo I: 368, 373, 378, 390, 396; II: 116, 129, 152, 349-350, 368. Sindicalismo

- Realista III: 192.



- Reformista III: 192.



- Revolucionario III: 192.

Siútico(s) I: 55, 286-289, 296, 303. Socialismo I: 316, 324, 336-342, 407-412; III: 20-21, 38, 48-50, 52-53, 57, 63, 66, 68, 72, 74, 76, 83, 93-94, 137, 141, 166, 180, 186, 189, 196-198, 262. Sociedad de consumo III: 274, 319. Sociedad Estadocéntrica I: 281-282, 284, 356-357; III: 145-147. Sociedad Mercadocéntrica III: 137-140, 145-147. Sociedad

- De Costureras III: 151.



- De Fomento Fabril I: 293, 328, 350; II: 223, 260, 264.



- De la Igualdad I: 120-121, 123.



- De la Unión Americana I: 192-193.



- De Sastres I: 411.



- Emancipadora de la Mujer III: 151.



- Literaria I: 61-67.



- Nacional de Agricultura I: 350; II: 147.



- Nacional de Bellas Artes II: 166, 168.



- Nacional de Minería I: 350.

Sociedades

- De Resistencia I: 331, 336; II: 55, 58; III: 151.



- De Socorros Mutuos I: 322-, 331.



- Mancomunales I: 331, 339, 344; III: 31, 32, 37, 151.



- Obreras III: 151.

Societé Scientifique du Chili I: 402; II: 9. 417

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Spleen(o “esplín”) I: 127, 112-114. Staatsozialismus III: 94. Subcultura I: 312-315, 323, 415; III: 55, 100, 293, 305. Surrealismo II: 68, 115-116, 197, 199-200, 202-203.

T Teatro

- Campaña popular de difusión del teatro III: 129. - Censura teatral II: 94-96. - Costumbrista I: 406, 436, 437; II: 121. - De crítica político social II: 122, 451-455. - De variedades III: 292. - Dramático I: 433-436; III: 102, 292. - Lírico I: 430-432. - Movimiento pro teatro nacional: II: 440-447. - Patriótico I: 406; II: 447-451.

Teatro, salas de

- Apolo (de Madrid) I: 441. - Cerro Santa Lucía I: 299, 441, 437, 440. - Municipal I: 309, 430, 432; II: 61, 99; III: 106, 133. - Nacional I: 440; II: 99. - Odeón I: 440-441. - Politeama I: 440-442; II: 95. - Romea I: 436, 440. - Victoria I: 430, 433, 440; III: 231.

Teatro Universitario

418

- Centro de Arte Dramático del Instituto Pedagógico (CADIP) III: 123, 125. - De Ensayo de la Universidad Católica de Chile III: 128-129. - De la Universidad de Concepción (TUC) III: 129-130.

Índice Analítico y Temático



- Experimental de la Universidad de Chile (ITUCH) III: 110, 123128.



- Sede Chillán de la Universidad de Chile III: 130.



- Teatros-carpas III: 101, 103.

- Teknos de la Universidad Técnica del Estado III: 130.

- Universidad Católica de Valparaíso III: 130.



- Universidad de Chile de Antofagasta III: 130.



- Universidad de Chile de Temuco III: 130.

Televisión

- Neotelevisión III: 296.



- Paleotelevisión III: 136, 296.



- Pública III: 115, 122, 136-139.



- y Religión III: 296.



- y Política III: 304-306, 309-310.



- y Educación III: 294-296.

Tercera Internacional (Komintern) III: 48-51, 75, 157. Tercera República I: 371. Terrateniente(s) I: 282, 307, 308, 310, 327. Terrorismo III: 206-212, 286. Transición Democrática III: 82, 283-284, 289, 299.

U Ultraísmo II: 188. Ultramontana(s), ultramontanos I: 124, 138, 159, 165, 213, 227, 400, 413, 426. Unidad Popular III: 17-18, 24, 31, 57, 59, 67-777, 80-81, 97, 137, 140142, 145, 157-158, 162, 171, 215, 221-222, 230, 241, 243, 255, 264, 268, 311. Unión

- Liberal III: 33.



- Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) III: 22, 56, 192. 419

Historia

de las ideas y de la cultura en

Chile

Universidad(es)



- Católica I: 414; III: 74, 114, 116, 128, 136, 182, 184, 225. - De Chile I: 9, 65, 79, 84, 87, 89, 149, 153, 156, 193, 391, 398; II: 228, 252, 255, 299, 301, 343, 438; III: 103-104, 109-114, 116-128, 130-131, 138, 182, 184, 206, 212, 240. - De Concepción III: 114, 116, 129, 134. - Extensión universitaria III: 109, 118-119. - Intervención militar III: 255. - Populares III: 102, 108-109. - Privadas III: 114, 281. - Públicas o estatales III: 24, 114, 116-117, 138, 211, 255, 299. - Técnica del Estado III: 116, 130, 144, 244. - Tradicionales III: 116-117, 133.

Urbes darwinianas I: 331. Utopía democrática III: 263.

V Vanguardia



- Artística II: 68, 71, 73, 92, 112-118, 124-125, 127, 130-132, 136-137, 141-152, 173-176, 180-181, 183-191, 193, 195-197, 221. - Política II: 68, 73, 92, 144, 181, 195-197, 202-203.

Vaudeville francés I: 442. Vichuquén I: 299, 318-320. Vitalismo I: 366-367; II: 78.

W Winnipeg III: 111, 231.

420

Índice Analítico y Temático

X Xenofobia II: 252, 328.

Z Zarzuela

- Compañías de I: 440-443; II: 95. - Española, Gran Compañía de I: 441.

421

ÍNDICE DE IMÁGENES

ÍNDICE DE IMÁGENES

Memoria visual siglo XIX

Volumen I

473

Figuras políticas e intelectuales

475

Actividades sociales: populares y de elite

480

Paisaje urbano y viviendas

487

Progreso tecnológico y actividades industriales

493

Pintura y artes gráficas

499

Memoria visual 1900-1930

Volumen II

465

Figuras políticas e intelectuales

467

Actividades sociales

472

Paisaje urbano y viviendas

479

Progreso tecnológico y actividades industriales

486

Pinturas y artes gráficas

491

Memoria visual 1930-2010 Volumen III

321

Figuras políticas, intelectuales y artistas

323

Actividades sociales

330

Paisaje urbano y viviendas

336

Progreso tecnológico y actividades industriales

343

Pintura y artes gráficas

348

CUADRO CRONOLÓGICO

IMAGEN DE CHILE

IMAGEN DE CHILE

IMAGEN DE CHILE

IMAGEN DE CHILE

1812

1811

1810

AÑO

ESCENARIO INTERNACIONAL Cortes de España decretan igualdad de derechos entre peninsulares y americanos. Estallidos revolucionarios en Hispanoamérica. J. J. Fernández de Lizardi: Letras satíricas. Junta de Caracas: A los cabildos de América. En Brasil se crea la Sociedad de hombres de letras y se funda la Biblioteca Nacional. Cortes de Cádiz decretan libertad de imprenta. Primer congreso en Caracas: Independencia de Venezuela y Constitución liberal. Colombia: Congreso sanciona constitución federal propuesta por Camilo Torres. Paraguay proclama su independencia. En Hispanoamérica, arremetida generalizada de ejércitos realistas. Guatemala: sublevación indígena. En Cuba: levantamiento general de esclavos bajo José Antonio Aponte, movimiento fracasa. A. Valdés abre imprenta en Cuba. Simón Bolívar: Manifiesto de Cartagena. G. W. Hegel: Ciencia de la lógica.

PANORAMA CULTURAL Radicado en Chile pintor mulato peruano José Gil de Castro. Circula en Santiago Catecismo Político Cristiano dispuesto para la instrucción de los pueblos de América meridional, de José Amor de la Patria. Se llama a formar juntas de gobierno, en nombre del rey. Llega a Valparaíso primera imprenta. Tras adquisición de ésta, se contrata a tipógrafos que vienen en el mismo barco. Manuel de Salas: Diálogo de porteros. Nace José Joaquín Vallejo (Jotabeche). Camilo Henríquez: Proclama; Sermón. La Aurora de Chile, primer periódico, director C. Henríquez, publica 62 ediciones (1812-1813). C. Henríquez: Escritos; Nociones fundamentales sobre los derechos de los pueblos. En Cádiz se publica Venida del Mesías en gloria y majestad, de Manuel Lacunza, confiscada por la Inquisición.

PANORAMA HISTÓRICO POLÍTICO BIOBIBLIOGRAFÍA J. V. LASTARRIA

Cabildo de Santiago y Real Audiencia destituyen al Capitán General y Gobernador García Carrasco, en favor de Mateo de Toro y Zambrano. Cabildo de Santiago convoca a Cabildo abierto. Se proclama Junta de Gobierno: libertad de puertos y convocatoria a la elección de un congreso.

Manuel de Salas presenta al Congreso declaración de libertad para hijos de esclavos negros en Chile, aprobada. Se suprime Real Audiencia de Santiago. Junta de Gobierno aprueba decreto de libre comercio. Golpe de José Miguel Carrera: disuelve el Congreso.

Bajo dictadura de J. M. Carrera se crean: Reglamento Constitucional Provisorio de 1812, bandera de Patria Vieja y primer escudo nacional. Criollos independentistas republicanos se consideran herederos legítimos de araucanos. “Araucano” llegó a ser un modo de decir “chileno”.

Sociedad y cultura liberal: J.V. Lastarria. 1810-1888

Cuadro Cronológico

429

Vuelve Fernando VII, los patriotas sufren importantes derrotas en Venezuela, Colombia y México. San Martín prepara la invasión patriota para recuperar Chile. En Argentina, José Gervasio Artigas envía al congreso primer programa de reforma agraria: Reglamento provisorio sobre tierras. Simón Bolívar: Carta de Jamaica. Toda Latinoamérica, con excepción de Río de la Plata, está nuevamente bajo el poder del rey de España. Muere Francisco de Miranda en la prisión de Cádiz. Fernando VII incrementa la represión. Patriotas hispanoamericanos emprenden desde territorios liberados la expansión de sus acciones político-bélicas. San Martín cruza los Andes por paso Bermejo (río Aconcagua) con Ejército Libertador.

Juan Egaña Risco es enviado preso a isla Juan Fernández, allí escribe El chileno consolado en los presidios o la filosofía de la religión. J. I. Molina: Analogías menos observadas de los tres reinos de la naturaleza. C. Henríquez: Ensayo acerca de las causas de los sucesos desastrosos de Chile. Casimiro Marcó del Pont emite uno de sus últimos bandos de buen gobierno, prohibiendo los carnavales, juegos y mascaradas. C. Henríquez: La Camila o la patriota de Sudamérica. B. O’Higgins ordena fundación de escuelas primarias. Pedro Fernández Niño: Cartilla de campo y otras curiosidades dirigidas a la enseñanza y buen éxito de un hijo.

Batalla de Rancagua: derrota patriota; realistas entran triunfantes a Santiago. O’Higgins y Carrera: Manifiesto conjunto. Carrera desconoce Tratado de Lircay.

Fernando VII autoriza retorno de jesuitas. Confinamiento de reos políticos en isla Juan Fernández. En el valle del Mapocho se inaugura primer canal de regadío.

Manuel Rodríguez actúa entre Argentina y Chile como espía mensajero, al servicio de San Martín. Comienzan preparaciones de ofensiva del Ejército Libertador.

Nace José Victorino Lastarria (J. V. L.) el 19 de marzo en Rancagua. Hijo de comerciante de “fortuna no muy considerable”. Batalla de Chacabuco: triunfa el Ejército Libertador. O’Higgins Director Supremo. Abolición de títulos de nobleza y órdenes de caballería.

1814

1815

1816

1817

1813

Simón Bolívar realiza la “Campaña admirable”, es proclamado “Libertador”. Argentina: Asamblea Constituyente se declara soberana. Simón Bolívar: Decreto de guerra a muerte. Jane Austen: Orgullo y prejuicio.

El Monitor Araucano sustituye a la Aurora de Chile. Se funda la Biblioteca Nacional. Se publican los periódicos Semanario Republicano y La Ilustración Araucana. Juan Egaña: Los derechos del pueblo.

Depuesto José Miguel Carrera del poder, reemplazado por Bernardo O’Higgins. Desembarco de tropas realistas en el sur provenientes del Perú. Primer censo de población de Chile: 621.866 habitantes

Historia

430

de las ideas y de la cultura en

Chile

Bolívar: Discurso de Angostura. Tropas patriotas apoyadas por el Ejército Libertador toman Bogotá, triunfan en Nueva Granada.

Se consolida el salón literario como forma Se reafirma la independencia en Hispade sociabilidad cultural. Mercedes Marín noamérica, Perú último reino español del del Solar preside el más importante. Sur. Champollion descifra la piedra roseta. México proclama su independencia. Nace Bartolomé Mitre. Hegel: Lecciones sobre filosofía del derecho. Reunión privada en Guayaquil entre Bolívar y San Martín. Brasil independiente, Pedro I Emperador. EE.UU. reconoce independencia, invita a formar confederación. Fin prohibición católica contra escritos de Copérnico. Independencia de América Central. Simón Bolívar en Quito y Lima. EE.UU. Doctrina Monroe. Campaña francesa en España: ocupan Madrid; Fernando VII se traslada de Sevilla a Cádiz.

Juan Egaña: Cartas Pehuenches, de carácter nacional y moralizante; primera versión: artículos “por entrega”.

Fray Pedro Nolasco Zárate: Cartilla del Padre Zárate. Se instala la primera imprenta y taller privado en Santiago. Imprentas privadas en La Serena y Concepción. Decreto impulsa sistema de educación Lancaster. C. Enríquez publica el periódico estadístico Mercurio de Chile. Durante gobierno de O’Higgins se reabren Instituto Nacional y Biblioteca Nacional. Llega a Chile proveniente de Europa doña Isidora Zegers y Montenegro. Nace Francisco Bilbao.

“Guerra a Muerte” entre patriotas y montoneros realistas al mando de Vicente Benavides en el sur.

Derrota de realistas en el sur gracias a estrategias de Cochrane. El canal San Carlos entra en funcionamiento en Santiago.

Fusilan en Mendoza a José Miguel Carrera. Se inaugura servicio de diligencia entre Valparaíso y Santiago.

Primer préstamo extranjero: 1 millón de libras esterlinas (Inglaterra). Freire se subleva en Concepción. Elecciones parlamentarias. Se promulga Constitución Política. Terremoto entre Illapel y Chiloé.

Abdicación de O’Higgins, exilio en Perú. Ramón Freire Director Supremo. Abolición de esclavitud. Decreto Supremo: Indígenas propietarios de tierras, posibilidad de enajenación individual.

1820

1821

1823

1822

1819

1818

Triunfa Ejército Libertador. José de San Martín: A los limeños y habitantes de todo el Perú. Simón Bolívar: El correo del Orinoco, queda bajo la dirección de Fco. Antonio Zea. En Cuba se decreta la libertad de comercio.

Bartolomé Hidalgo: Cielito a la acción de Maipú. Juan Cruz Varela: Oda a la victoria de Maipú. Ignacio Andia y Varela crea Monumento del campo de Chacabuco. Fundación de Instituto Nacional.

Patriotas consiguen victoria en Batalla de Maipú. Proclaman independencia 12 de febrero. Fusilan en Mendoza a hermanos Juan José y Luis Carrera. Asesinato de Manuel Rodríguez. O’Higgins: Proclama a los araucanos.

Cuadro Cronológico

431

432 Se suceden crisis políticas, guerras internas y disensiones en las nacientes repúblicas hispanoamericanas. N. Niepce fabrica las primeras cámaras fotográficas portátiles.

Nace en Santiago el destacado poeta, periodista y político Eusebio Lillo y Robles. Expediciones de Robert Fitz-Roy por estrecho de Magallanes y zona austral. Instituto Nacional: reformas educacionales de A. Lozier. M. Magallanes: La chilena, obra teatral. Llega Dr. Guillermo Blest. Surge El Mercurio de Valparaíso, diario regional más antiguo en circulación. Formación de Sociedad de Lectura. Llegan J. J. de Mora y Claudio Gay. J. Miguel Varas: Lecciones elementales de moral, influencia de Rousseau. Ley de imprenta. Se inaugura Liceo de Chile, con apoyo del gobierno. Llega Andrés Bello: funda Colegio de Santiago. Muere el jesuita -expulso- Juan Ignacio Molina.

Tratado de Tantauco: Isla de Chiloé se incorpora a Chile. Constitución Federal. Manuel Blanco Encalada primer Presidente. Fracaso del ensayo federal.

J. V. L. ingresa de interno a estudiar Gramática castellana y latina en Santiago. Rebelión de provincias contra gobierno central. Renuncia de Freire, lo sucede Fco. Antonio Pinto. Elecciones de Congreso Constituyente.

J. V. L. ingresa a aula del presbítero Francisco Puente en calle Santo Domingo. Constitución de 1828, redactada por J. J. Mora. Supresión del mayorazgo.

J. V. L. ingresa al liceo que funda J. J. de Mora. Portés, discípulo de Laromiguière, es uno de sus profesores. Concepción, levantamiento conservador de Joaquín Prieto. Guerra civil.

1825

1826

1827

1829

1828

Alto Perú pasa a llamarse República de Bolívar y luego Bolivia. Papa León XII condena independencia de países latinoamericanos.

Juan Egaña: La abeja chilena. Muere en Santiago Camilo Henríquez, destacado patriota, escritor y diputado.

Se disuelve Congreso. Parlamento General de Tapihue: mapuches terminan apoyo a corona española. Derogación Constitución de 1823.

1824

Argentina: Lavalle enfrenta y pierde frente a E. López y Juan Manuel de Rosas. En Guatemala se decreta el derecho a castigo corporal a los asalariados.

Masificación en Hispanoamérica de programas políticos liberales. Fracasa proyecto de unidad grancolombiana. En Argentina, golpe del general Lavalle. Independencia del Uruguay.

de las ideas y de la cultura en

Frente a la renuncia de Rivadavia en Argentina vuelve a caer el poder central. Nueva guerra civil. Se firma la paz entre Argentina y Brasil. Víctor Hugo: Prefacio de Cromwell. Muere el destacado compositor Ludwig van Beethoven.

Perú: Batalla de Ayacucho, triunfo patriota. L. V. Ranke: Para una crítica de los nuevos historiadores. Inglaterra: derecho a huelga.

Según Carlos Vega, llega a Chile la cueca, que proviene de la zamacueca peruana y que en Chile adopta características propias.

Freire gobierna con atribuciones de dictador. Se concede a la Sociedad Portales-Cea el estanco del tabaco a cambio de pagar deuda externa.

Historia Chile

Zarpa desde Inglaterra expedición, viaja como naturalista Charles Darwin. Estallan en Jamaica las revueltas sociales protagonizadas por esclavos. Se extinguen en Uruguay los charrúas, últimos indígenas libres. Fernández de Lizardi: Catrín de la Fachenda. Mueren J. W. Goethe, W. Scott y J. Champollion. J. M. de Rosas emprende en Argentina campaña contra los indios del sur. Inglaterra desconoce derechos argentinos y se apodera de Islas Malvinas. Víctor Hugo: Lucrecia Borgia. Georges Sand: Lelia. Balzac: Eugenia Grandet. En Venezuela se decreta la libertad de cultos. Llega escapando de Italia, Garibaldi a Brasil. Cuádruple Alianza, firmada entre Gran Bretaña, Francia, Bélgica y España. Dictadura de Juan Manuel de Rosas en Argentina. Rebelión republicana y federalista en Brasil, participa G. Garibaldi. A. Tocqueville: La democracia en América.

En febrero, J. J de Mora tomado preso y deportado por el gobierno de Portales. Domingo Faustino Sarmiento llega a Chile. Nace Benjamín Vicuña Mackenna. Instituto Nacional adopta en su plan de estudios ideas de J. J. de Mora. Andrés Bello: Principios del derecho de Gentes. Juan Egaña: Voto particular. Por iniciativa gubernamental se crea un curso de Ciencias Médicas en el Instituto Nacional y en el Hospital San Juan de Dios. Andrés Bello: La cometa. Flora Tristán visita Valparaíso. Bello enseña Derecho basándose en Bentham y Constant. Por falta de recursos cierra Colegio de Santiago. Se funda Escuela de Matronas. A. Bello: Principios de la ortología y métrica de la lengua castellana. S. Ballarma: Compendio de Gramática Castellana.

En junio, J. V. L. pasa a estudiar Filosofía al Instituto Nacional con Ventura Marín. Joaquín Prieto elegido Presidente bajo auspicios del Ministro Portales.

J. V. L. rinde exámenes de Metafísica, Lógica, Moral e Historia de la Filosofía. Estudiantes relegados a Juan Fernández. Se descubre plata en Chañarcillo.

J. V. L. participa en la revuelta del 5 de septiembre en el Instituto Nacional. 80 estudiantes de este Instituto se presentan al rector gritando contra Portales. Se promulga la Constitución de 1833.

J. V. L. asiste a cursos de Gramática, Literatura y Derecho Romano en casa de Andrés Bello. Portales asegura la continuidad del sistema de mayorazgos.

Portales Ministro de Guerra y Marina. Terremoto de Chillán. Censo: 1.010.832 habitantes. A cargo de Wheelwright: primera línea de vapores entre Callao y Valparaíso.

1831

1832

1834

1835

1833

1830

Muere Simón Bolívar. Venezuela se independiza de Colombia. Revolución de Julio, en Francia. Víctor Hugo: Hernani. Stendhal: Rojo y negro. B. Thimmonier, máquina de coser que funciona de manera regular.

Polémica pública entre Bello y Mora. Gobierno retira apoyo económico a Liceo de Chile. Bello funda El Araucano. Claudio Gay firma contrato para estudiar y explorar territorio chileno.

J. V. L. rinde exámenes de Latín y Geografía. Estudia francés. Fin guerra civil: batalla de Lircay, triunfo conservador. Portales, como Ministro, reorganiza el Estado. República autocrática.

Cuadro Cronológico

433

434 Uruguay declara guerra a Argentina. Nueva Constitución Política en Perú. Mijaíl Lérmontov termina Un héroe de nuestro tiempo. Federico Chopin: 24 Preludios. Ch. F. Schonbein descubre el ozono. Nacen el pintor francés Paul Cézanne y el pensador y patriota puertorriqueño Eugenio María de Hostos.

J. V. L. El Diablo Político, lema del periódico: “No más, no más callar”. Profesor de Legislación y Derecho de Gentes, Instituto Nacional. Se casa con Jesús Villarreal. Victoria sobre Confederación: fin de la guerra. Triunfo de Yungay recibe gran publicidad. Exaltación patriótica. Santiago: 46.000 habitantes.

1838

1839

de las ideas y de la cultura en

Se reabre el teatro en Santiago. J. Benavente: Cartas patriotas. Aumenta circulación de libros franceses. Decreto de ley da nombre de Universidad de Chile a la hasta entonces Real Universidad de San Felipe. A. Bello traduce y adapta al teatro Teresa de Dumas.

Confederación Perú-Boliviana enfrenta crisis interna. Bloqueo francés en el Río de la Plata. Buenos Aires: Asociación de la Joven Argentina. E. Echeverría: El matadero. Bartolomé Mitre: Santos Vega.

J. V. L. enseña Derecho de Gentes, Ortolo- Llega Ignacio Domeyko junto a Carlos gía y Geografía Universal en el colegio de Lambert. Se funda el Club Alemán de Romo. El Mercurio publica su discurso de Valparaíso, el más antiguo de su género entrega de premios en el colegio. Manual en Chile y América del Sur, su sede se de testamentos. Lecciones de geografía. encuentra hasta hoy en el Palacio Ross.

1837

Las Cortes de España reconocen a repúblicas hispanoamericanas. En Argentina nace la generación del 37: E. Echeverría, J. B. Alberdi, M. Sastre, J. M. Gutiérrez. Ch. Dickens: Oliver Twist, novela por entrega. S. Morse: telégrafo eléctrico. Inglaterra: Victoria I reina.

Se instaura el 18 de septiembre como “la” fiesta nacional. Mercedes Marín del Solar: Canto fúnebre a la muerte de Diego Portales. Se crea el Ministerio de Culto e Instrucción Pública. Andrés Bello asume como senador.

J. V. L. edita El nuncio de la guerra. Realiza clases de Legislación Universal. Asesinato de Portales por oficiales sublevados; se atribuye a Confederación, guerra gana adeptos. Tratado de Paucarpata: firma de paz y posterior desconocimiento por Chile.

1836

A. de Santa Cruz proclama la Confederación Perú-Boliviana. México: jóvenes se agrupan en Academia de Letras para impulsar y emancipar la literatura. España reconoce la independencia de México. Sarmiento regresa a Argentina.

J. V. L. da clases en colegios de Hermanas Polémica en periódicos acerca de la edad Cabezón y del presbítero Romo. Recibe en que debe enseñársele gramática a los grado de Bachiller en Cánones y Leyes. niños. Muere Juan Egaña Risco. Escribe primer artículo para El Araucano. Declaración de guerra contra Confederación Perú-boliviana.

Historia Chile

1842

1841

1840

El Salvador: Asamblea Constituyente declara al país independiente y soberano. Se separa de la Federación Centroamericana. Tras la victoria de Ingavi, Bolivia garantiza su independencia. Gómez de Avellaneda: Sab. Pese a triunfos de Rosas, prosigue guerra civil en Río de la Plata. Ballivián invade el Perú y firma la paz por mediación de Chile. Fin guerra civil en Colombia. Tabasco se reincorpora a México. Se proclama la independencia de Paraguay. Ch. Darwin redacta la primera versión de su teoría de las especies. Augusto Comte: Curso de filosofía positiva. C. Marx inicia su escritura en la Gaceta del Rhin.

García Reyes, Gabriel Palma y Lastarria: La Gaceta de los Tribunales. Gracias a Lastarria, Sarmiento publica primer artículo en El Mercurio de Valparaíso. A. Bello: El incendio de la Compañía. V. F. López: Revista de Valparaíso. Sociedad Literaria: primer certamen literario, El Semanario de Santiago. Polémica en torno al romanticismo. Controversia filológica por la publicación de “Ejercicios populares en la Lengua Castellana”, de P. Fernández Garfias. Se crea la Escuela Normal de Preceptores, dirigida por Sarmiento.

J. V. L. funda con Pedro Ugarte periódico El Miliciano para apoyar candidatura liberal. Es nombrado director del colegio de Romo. Bulnes elegido Presidente. Se propone una política de concordia con la oposición.

J. V. L. dirige Sociedad Literaria. Discurso inaugural. Discurso en entrega de premios, Instituto Nacional. Alumnos y amigos: A. Pinto, D. Santa María, J. Bello, M. A. Matta, M. Blanco Cuartín y el argentino Franklin Villanueva. Funda la revista El Crepúsculo Rengifo restablece deuda externa: empréstito de Londres. Inaugurada Quinta Normal. Ley sobre caminos, puentes y calzadas.

Derrota de Lavalle en Argentina: inicio ascenso de Juan Manuel de Rosas. D. F. Sarmiento vuelve a exiliarse en Chile. Alexander Simón Wolcott, tras perfeccionar el daguerrotipo, inventa el prototipo de la cámara fotográfica. Nacen Auguste Rodin y P. I. Tchaikovsky. Fallece Niccolo Paganini.

Santos Tornero, editor español, inaugura Librería Española. Los libreros Lasserre y Marieux de París abren un depósito en Santiago. Cunden las tiendas y modas francesas. Llega a Valparaíso la primera cámara de daguerrotipo, traída en la fragata belga L’Oriental.

J. V. L. traduce El proscrito de Soulié. Bautiza a su hijo: Washington. Pronuncia discurso central en repartición de premios del colegio de Romo. Bulnes, el héroe de Yungay, se casa con hija de presidente Pinto, inicio de reconciliación. Corte Suprema condena a El Diablo Político. Inicio de línea de vapores del Pacífico.

Cuadro Cronológico

435

436 Repercusiones internacionales por bloqueo de Argentina a Uruguay: Inglaterra y Francia bloquean costas argentinas. E. Echeverría: Manual de enseñanza republicana. P. H. Proudhon: Filosofía de la Miseria. Primer carnaval en Brasil. EE.UU. declara guerra a México. Fuga desde la cárcel de Ham de Luis Napoleón. Juan María Gutiérrez: América poética (primera antología latinoamericana).

Ignacio Domeyko: Araucanía y sus habitantes. Sarmiento: Civilización y Barbarie, Vida de Juan Facundo Quiroga (Facundo). El Copiapino es fundado por Jotabeche. Claudio Gay: Documentos, compilación de “fuentes” utilizadas en su Historia física y política de Chile. Se editan Leyendas, de Zorrilla, Escenas matritenses, de Mesonero Romano.

Se decreta la Ley de colonización “selectiva”, autorizando las colonias extranjeras por el norte desde Copiapó y al sur después del Bío-Bío. Se pretende “solucionar” así el problema indígena.

J. V. L. miembro del Consejo de Censura Teatral. Elementos de derecho público constitucional. Redacta Memoria del Ministerio del Interior. Desarrollo de la minería en el norte. Bulnes reelecto, nombra algunos ministros liberales.

1845

1846

de las ideas y de la cultura en

1844

Penetran, por el río Paraná, once barcos franceses e ingleses. Montevideo sitiada. Alberdi, Mitre, Sarmiento y Gutiérrez atacan desde Chile al gobierno de Rosas. Acción militar de Argentina contra Uruguay hace que Brasil envíe misión a Europa para gestionar una intervención conjunta. Alejandro Dumas: Los tres mosqueteros; El conde de Montecristo.

Bilbao publica Sociabilidad Chilena, acusado de blasfemo e inmoral, texto condenado: ejemplares requisados y quemados. Se imprimen Los misterios de París y El judío errante, de Eugenio Sue. En Santiago se realizan jornadas de ópera con gran éxito. Comienza la publicación de Historia física y política de Chile de Claudio Gay, que culmina en 1871.

J. V. L. lee primera memoria académica en Universidad de Chile. Investigaciones sobre la influencia social de la conquista y el sistema colonial sobre la historia de la República chilena. Debido a censura contra Bilbao, renuncia a Ministerio del Interior. Redactor de El Siglo: “Bulnes sin Montt”. España reconoce independencia de Chile. Primeros proyectos de colonización del sur.

1843

En México se proclama Segunda República Centralista, encabezada por Santa Anna. En Cuba vuelve trata negrera. En Santo Domingo levantamiento general: separación de Haití. Petrópolis se funda en Brasil para albergar a Corte Imperial. Francia ocupa Tahití. J. B. Alberdi: El Edén. S. Kierkegaard: Diario de un seductor.

F. Bilbao traduce dos obras de Lamennais. Inauguración de la U. de Chile, primer rector, Andrés Bello: Discurso inaugural de la Universidad de Chile. Sarmiento: Mi defensa, se le nombra miembro de la Facultad de Filosofía y Humanidades. Alfredo Gana: enviado a perfeccionarse a Europa.

J. V. L. Oficial del Ministerio del Interior. Forma parte de claustro de 86 profesores con que se inaugura la Universidad de Chile. El mendigo. Funda el semanario El Crepúsculo. Elegido diputado por Elqui y Parral. Ocupación del Estrecho de Magallanes. Creada Oficina de Estadísticas. Población total del país: 1.085.801 habitantes.

Historia Chile

Se editan A. Dumas El conde de Mon- En Lima, Congreso de Plenipotenciarios tecristo y G. Gómez de Avellaneda Americanos: Perú, Bolivia, Ecuador, Nueva Guatimozin. A. Bello: Gramática de Granada y Chile. James Young Simpson la lengua castellana para uso de los introduce uso de anestesia en el parto. americanos. E. Lillo redacta el actual Inglaterra, primera ley social: 10 horas de jornada laboral. Himno Nacional. Nace Vicente Grez. EE.UU. trata de comprar Cuba por US$ 100 millones. Con México firma tratado de Guadalupe-Hidalgo, el que le cede su territorio. Europa caída del antiguo régimen: “La primavera de los pueblos”. Marx y Engels: Manifiesto Comunista. México: Guerra racial en Yucatán. Prohíben huelgas en Francia. J. S. Mill: Sobre la libertad. Ch. Dickens: David Copperfield. Papa Pío IX: encíclica antisocialista Nostris et nobiscum. Nace Ivan P. Pavlov. Mueren Edgar Allan Poe y F. Chopin. Población: Brasil: 8 millones; México: 7,6; Perú: 1,8; Colombia: 1,49; Cuba: 1,186. EE.UU. revoca convenio Clay, sobre esclavitud en California. Latinoamérica: pintura retratista. Ecuador: Reglamento de Instrucción pública. Primera ley sobre bibliotecas populares en Inglaterra.

Bello, Arcos y hermanos Blest Gana colaboran en Revista de Santiago. Se edita Compendio de la historia moderna, de Michelet. Gobierno contrata al geógrafo Amado Pissis para descripción cartográfica, geológica y minera de Chile. Cicarelli: Academia de Pintura y Escuela de Bellas Artes. Brunet des Baines, Escuela de Arquitectura. Surge Escuela de Artes y Oficios y Conservatorio Nacional de Música. Revista de Santiago, represalias por “El manuscrito del diablo”. Continúan actividades de Sociedad de la Igualdad. Participa Lillo, Bilbao, Zapiola, artesanos y obreros. Sarmiento, publicista de Montt. U. de Chile: Escuelas nocturnas. I. Zegers Presidenta de Academia Superior de Música. Instituto Nacional se traslada a su actual edificio.

Comisión de U. de Chile rechaza como texto de estudio Elementos de derecho público de J. V. L. “Rosa”, Bosquejo histórico de la Constitución Chilena. Pipiolos, seguidores del doctrinarismo liberal francés y utopistas buscan unirse en un partido. Se crea Escuela Náutica de Valparaíso.

J. V. L. fundador de Revista de Santiago. Edita Aguinaldo para 1848, dedicado al bello sexo chileno y El alférez Alonso Díaz de Guzmán. Minas de plata en Copiapó. Minas de carbón en Coronel. Adopción del sistema métrico decimal gracias a iniciativa de Andrés Bello.

J. V. L. funda Club de la Reforma: intento de transformación de Constitución de 1833. Elegido diputado por Rancagua. “El manuscrito del diablo”. Escribe sección “Crónica” de Revista de Santiago. Bajo su orientación se organiza el Partido Liberal.

J. V. L. es tomado preso, tras liberación redacta y publica Acta del partido progresista. Escribe, junto con F. Errázuriz, Bases de la Reforma. Grupos opositores de Bulnes se alzan o rebelan. Revuelta de San Felipe. Sectores de gobierno: candidatura de Manuel Montt. Primeros establecimientos industriales.

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Idiomas más estudiados en Chile: francés Abolición de esclavitud en Perú. Vicente con 1.491 estudiantes, latín con 1.293, Fidel López, primera edición argentina de inglés con 1.034. En Chile, Sarmiento La novia del hereje. Ch. Dickens: Tiempos promueve las bibliotecas públicas. difíciles. Iluminación a gas instalada en Río de Janeiro.

Precaria paz entre Confederación y Buenos Aires. Colombia: separación de Iglesia y Estado. EE.UU. compra a México 103.000 km² en una suma importante. V. Hugo: Castigos. J. Gobineau: Ensayo sobre la desigualdad de las razas. G. Verdi: La Traviata.

J. V. L. Historia Constitucional del medio Jesuitas se reinstalan en Chile. Por ensiglo. Defiende litigios mineros en Copiapó. cargo del gobierno, R. Philippi realiza Telégrafo eléctrico entre Santiago y Valpa- viaje científico al desierto de Atacama. raíso. Montt busca robustecer principio de A. Blest Gana: Una escena social. Fco. autoridad. Acuerdo comercial con Bolivia. Bilbao: Los Mensajes del Proscripto y La revolución en Chile.

1852

J. V. L. se traslada a Valparaíso. Sigue ejerciendo como abogado. Población del país: 1.439.000 habitantes. Niños en edad escolar: 235.000; 10% recibe educación.

Cae Rosas en Argentina. Polémica entre Alberdi y Sarmiento sobre la cuestión argentina. H. Spencer acuña concepto “evolución”. A. Comte: Catecismo positivista. Brasil: ciclo del caucho.

Manuel Bilbao, exiliado en Perú: El inquisidor mayor. Carta de Santiago Arcos a Francisco Bilbao, documento precursor del pensamiento socialista. Nacen José Toribio Medina y Valentín Letelier.

J. V. L. regresa desde Lima a Copiapó donde trabaja como abogado. Identifica a Santiago con gesto despótico de Montt. Abolición de mayorazgos. Se funda Casa de Orates. Inicio trabajos ferrocarril Santiago-Valparaíso.

1851

de las ideas y de la cultura en

1853

José Marmol: Amalia. Sarmiento: Recuerdos de provincia. A. Gonçalves Diaz: Últimos cantos. H. Melville: Moby Dick. A. Bello: miembro honorario de la Real Academia Española. Golpe de Estado en Francia: Luis Napoleón prorroga 10 años su mandato en contra de la Asamblea Nacional.

Juan Bello, hijo de Andrés Bello, toma parte en levantamiento de Urriola. Siguen editándose traducciones de novelas de Eugenio Sue. Nace el historiador Gonzalo Bulnes. Muere Benjamín Muñoz Gamero, explorador nacional. Manifiesto del partido conservador, Anónimo.

Pese a que no participó en el motín de Urriola, Bulnes desafuera a J. V. L. y lo deporta. “Carta sobre Lima”. Hermanos Amunátegui le dedican su primer libro. Primer ferrocarril. Militares se levantan contra Bulnes para evitar sucesión de Montt: movimiento sofocado. Montt electo Presidente.

Historia Chile

Intervención norteamericana en Nicaragua. Flaubert: Madame Bovary. Nace Sigmund Freud. Polémica sobre Tamoios en Brasil entre Domingo José Gonçanves y José de Alencar. Se inaugura Teatro Colón en Buenos Aires. En Río de Janeiro se funda Academia Imperial de Música y Ópera. José M. de Alencar: O guarani. Charles Baudelaire: Las flores del mal. Bartolomé Mitre: Historia de Belgrano. México, tras la huida del Presidente, Benito Juárez asume gobierno. Fin del primer cable entre América y Europa (transoceánico). Sarmiento: Anales de la educación común. Th. Gautier: la novela de la momia. H. Taine: Ensayos de crítica y de historia.

Pedro Díaz Gana: Historia de Sebastián Cangalla. Liberales organizan Sociedad de Instrucción Primaria. Se promulga ley ingreso y condición de insanos, Casa de Orates. Liberales fundan imprenta en Santiago. Marín del Solar: Canto a la patria. Vicuña Mackenna: El ostracismo de los Carrera. Domeyko Revista de Ciencias y Letras. Se inaugura el Teatro Municipal. Guillermo Blest Gana funda Revista del Pacífico. Alberto Blest Gana: El primer amor. Martín Palma publica síntesis de ideas socialistas utópicas. Fco. Bilbao: El gobierno de la libertad. Muere José Joaquín Vallejo (Jotabeche).

J. V. L. se propone reunir sus proyectos de ley y discursos parlamentarios. La Constitución Política de la República de Chile comentada. Sectores eclesiásticos se disgregan del gobierno.

J. V. L. se opone a participación del Estado en ferrocarriles. Defiende proyecto de amnistía política, rechazado por gobierno. Se divide partido de gobierno: nacionales y conservadores. Población: 1.558.000 habitantes.

J. V. L. propone reforma Constitución de 1833. Peregrinación de una vinchuca. Edita Aguinaldo de 1858. Elegido diputado por Valparaíso. Primeros pasos fusión liberalconservadora. Estado de Sitio en diciembre. Suprimida la prensa independiente.

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Benito Juárez, desde el ministerio, promueve reformas liberales en México. Sarmiento director de El Nacional. Comienza como escritor Joaquim Machado de Assis. España: ejecutado dirigente de Junta Central de Directores de la Clase Obrera: Huelga general. Walt Whitman: Leaves of grass. H. Spencer: Principios de Psicología.

G. Matta restablece Revista de Santiago. M. Bilbao: El pirata del Guayas. Llega Courcelle-Seneuil, moldea generación de economistas partidarios del laissezfaire. M. Gonzales Prada cursa estudios en el Colegio Inglés. El paisaje nativista irrumpe gracias a Antonio Smith.

J. V. L. Miscelánea literaria, primera recopilación de ensayos, novelas históricas y cuadros de costumbres. Diputado por Caldera y Copiapó. Banco de Valparaíso: primer autorizado legalmente. Vicente Pérez Rosales: agente colonizador en Alemania (Cónsul en Hamburgo). Código Civil.

Cuadro Cronológico

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1862

Fin de la guerra civil en México: triunfo reformista. En Argentina se instala la primera línea telegráfica. G. A. Becker: Rimas. Baudelaire: Los paraísos artificiales. Nace Anton Chejov. Muere Arthur Schopenhauer. México: Benito Juárez proclamado Presidente constitucional. En Paraguay se inaugura el ferrocarril nacional. Guerra civil en EE.UU. España anexa Santo Domingo. J. Machado de Asís: Desencantos. F. Hebbel: Los nibelungos. H. Spencer: Educación: Moral Intelectual, Física. P. Proudhon: Teoría del impuesto. Mitre, amigo personal de Lastarria, asume la presidencia de Argentina. Victor Hugo: Los miserables. Debut de Sarah Bernhardt. Periódico La Nación Argentina es fundado por Bartolomé Mitre.

Jacinto Chacón restablece Revista del Pacífico. Desaparece La Semana. José J. de Mora designado miembro honorario de la Facultad de Filosofía, U. de Chile. Muere Salvador Sanfuentes Revista Sudamericana, en Valparaíso. El 18 de septiembre carteles fijados en las esquinas de Santiago anuncian Cuadro histórico de la administración Montt. D. Alemparte compila primer tomo de Colección de historiadores de Chile y de documentos relativos a la historia nacional. Alberto Blest Gana: Martín Rivas. Varios miembros del Círculo de Amigos de las Letras ocupan cargos en el gobierno. Francisco Bilbao: América en peligro. Se forma Gran Logia de Chile.

J. V. L. elegido Decano de la Fac. de Filosofía U. de Chile. Después de casi dos años regresa al Congreso. Don Guillermo. Promulgación de Ley de Instrucción Primaria, que establece la responsabilidad del Estado en educación.

Siendo Portales figura venerada de partido conservador, J. V. L. publica Juicio histórico sobre don Diego Portales. En colaboración con Barros Arana, Santa María y Marcial González: Cuadro histórico de la administración Montt. Pérez electo Presidente: clima de conciliación. Ley de Amnistía.

J. V. L. designado ministro de Hacienda por Pérez. El libro de oro de las escuelas. Los liberales rojos o radicales de Matta y Gallo se separan de la alianza con los conservadores.

de las ideas y de la cultura en

1861

1860

1859

En Latinoamérica se suceden guerras civiles. José Martí y su familia regresan a Cuba desde España. Retorna a San Petersburgo Dostoievski tras prisión. Darwin: El origen de las especies por selección natural. Stuart Mill: Ensayo sobre la libertad. Nace Edmund Husserl.

Hermanos Arteaga Alemparte: La Semana. Se publica La Beata: cuento drami-trajicómico, de Barros Grez. Socialistas utópicos: Club de la Opinión en Valparaíso. Bilbao: Iniciativa de América. Idea de un Congreso Federal de las Repúblicas…

J. V. L. funda Círculo de Amigos de las Letras. No dice nada frente a alzamiento mapuche. Estalla revolución contra Montt y Varas, sofocada por ejército. Copiapó: centro de levantamiento. Patrocinan movimiento sectores mineros librecambistas del norte.

Historia Chile

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Escuadra española se apodera de guaneras del Perú, reivindicándolas como de su propiedad. Se apodera también de islas Chinchas. Fin de guerra de secesión en EE.UU.: triunfo del Norte. Asesinato de Lincoln. Lewis Carroll: Alicia en el país de las maravillas. R. Wagner: Tristán e Isolda.

J. V. L. elegido diputado por Valparaíso. En Muere en España José Joaquín de Mora. agosto designado diplomático con rango de Se disuelve Círculo de Amigos de las Ministro en República de la Plata. Letras. F. Bilbao: El evangelio americano. F. Bilbao muere en Argentina. Andrés Bello muere en Santiago. Declaración de guerra a España. Salitre cobra importancia en desierto de Atacama. Vicuña Mackenna inicia Historia Crítica y Social de la ciudad de Santiago. Comienza auge de ‘Lira Popular’. Carlos Walker Martínez: Manuel Rodríguez (teatro). A. Blest Gana nombrado diplomático en EE.UU.

Ignacio Domeyko es designado Rector de Los ingleses dominan el intercambio y la Universidad de Chile. Nace el escritor cabotaje en la costa del Pacífico. JorBaldomero Lillo. ge Isaacs: María. Nace Rubén Darío en Nicaragua.

Siendo ministro diplomático en Buenos Aires, J. V. L. escribe La América. Población del país: 1.800.000 habitantes. Se autoriza a no católicos a celebrar cultos en privado.

J. V. L. Historia General de la República de Chile (en colaboración con otros). Renuncia a misión diplomática. Españoles bloquean costas chilenas y Méndez Núñez bombardea Valparaíso. Tratado con Bolivia: explotación de guano y salitre paralelo 24.

J. V. L. elegido diputado por La Serena. Durante este período se destaca como orador enfrentando a la fusión. Nuevo Código de Comercio.

Se reanuda guerra entre España y Perú. En EE.UU. (Tennessee) se funda Ku-KluxKlan. Estanislao del Campo: Fausto. Dostoievski: Crimen y Castigo. M. Bakunin: Catecismo revolucionario. Alfred Nobel inventa dinamita. Nacen Benedetto Croce y V. Kandinski.

Francia invade México. Inauguración de primera línea del Metro de Londres. En EE.UU., Lincoln proclama libertad de esclavos en el sur, ofrece indemnizaciones.

Blest Gana: El ideal de un calavera. Barros Arana nombrado Rector Instituto Nacional. Campaña liberal contra enseñanza del latín. Bello renuncia a Rectoría de U. de Chile.

J. V. L. Instituto del derecho civil. Viaja a Perú como diplomático. Regresa tras 6 meses, por salud. Ferrocarril de Santiago a Valparaíso. Incendio de iglesia de la Compañía.

Cuadro Cronológico

441

Polémica entre clericales o ultramontanos y liberales progresistas invade la palestra cultural. Manuel Aldunate presenta su proyecto de Mercado Central de Santiago, basándose en los mercados parisinos. Nace Inés de Echeverría (Iris). Vuelve a funcionar el Círculo de Amigos de las Letras. Presentaciones en el Teatro Municipal. Es creado el Club Hípico de Santiago. Emilio Garreaud: Vistas de la Patagonia, del Estrecho y de Tierra del Fuego, álbum de 22 fotografías. Gobierno cancela permiso para que el Círculo celebre reuniones en el Teatro Municipal. Llegan traducciones de Edgar Allan Poe. En incendio se destruye el Teatro Municipal de Santiago. Surge periódico La Discusión de Chillán.

J. V. L. lee a Comte. Recopila su producción de 30 años: Miscelánea histórica y literaria. Propone como modelo político el self-government de EE.UU. Elementos reformistas de la oposición a Pérez forman el Club de la Reforma. Exterminio mapuche en Malleco.

J. V. L. pronuncia discurso de reinauguración en Círculo de Amigos de las Letras. “Noticias biográficas de don Miguel Lastarria”, escritas por su nieto. El gobierno concede una suma importante para financiar viaje de obispos chilenos a Roma, medida criticada por Lastarria.

J. V. L. Primer chileno designado Miembro Correspondiente por la Real Academia Española. Electo diputado por octava vez. Descubrimiento del mineral de plata en Caracoles. Lastarria y otros liberales progresistas se oponen a candidatura de Federico Errázuriz.

1868

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1870

de las ideas y de la cultura en

Tras la guerra, la población de Paraguay pasa de 1.300.000 a 300.000 habitantes. Venezuela establece la instrucción pública gratuita y obligatoria. Martí es perdonado de cumplir su condena de seis años de presidio. Comienza la guerra franco- prusiana.

Golpe de Estado en Ecuador. Primeros escritos patriotas de Martí. Alzamientos indígenas en Bolivia. Flaubert: L’Education sentimentale. Tolstoi: La guerra y la paz. J. Verne: Veinte mil leguas de viaje submarino. En Bélgica Gramme inventa la electricidad.

Estallan las guerras de independencia en Puerto Rico y Cuba. Sarmiento elegido Presidente en Argentina. Surge el movimiento impresionista. Se descubren en Francia los restos del hombre llamado Cro-Magnon, autor del arte rupestre. M. Alcott: Mujercitas. Nace M. Gorki

Historia Chile

Asisten a la Academia de Bellas Letras, entre otros, los hermanos Arteaga Alemparte, Barros Arana, los hermanos Amunátegui, Vicuña Mackenna y liberales de la nueva generación. Destacan como socia honorífica a Rosario Orrego. Pedro Lira va a estudiar a Europa.

J. V. L. regresa a Santiago, funda la Academia de Bellas Letras, es electo como su director. En discurso de inauguración ratifica el carácter positivista de la organización. Decreto de Barceló: enseñanza religiosa no es obligatoria. Deterioro de fusión conservadora terminará con la expulsión de los conservadores del gobierno.

1872

1873

Perú y Bolivia firman tratado secreto contra Chile. Chile y Argentina fijan su frontera. Intervención armada norteamericana en las ciudades de Panamá y Colón. Crisis económica mundial: EE.UU. y Europa adoptan el patrón oro. Rimbaud: Una temporada en el infierno. Tolstoi: Ana Karenina.

Eugenio María de Hostos llega a Chile, Se inaugura el telégrafo en Australia. Se promueve la lucha por la independen- abre el Museo Metropolitano de Nueva cia de Cuba y Puerto Rico. Primera York. Se funda en Argentina la primera exposición en Santiago de Pedro Lira. sección latinoamericana de la Asociación Benjamín Vicuña Mackenna presenta Internacional de Trabajadores. José Hersus modificaciones del entorno urbano nández publica Martín Fierro. de Santiago.

J. V. L. se traslada a Caracoles para tentar fortuna en la minería. Escribe Cartas descriptivas del mineral de Caracoles. Benjamín Vicuña Mackenna nombrado Intendente de Santiago. Explotación del cobre en el norte adquiere importancia. Santiago: 130.000 habitantes.

1871

Se desata una epidemia de fiebre amarilla en Argentina. Se dicta en Brasil la libertad de vientre para los esclavos. La comuna de París. Termina la guerra franco-prusiana con la rendición de París. Pottier y Degeyter: La Internacional, himno proletario. Ch. Darwin: La descendencia humana y la selección sexual. Nacen Marcel Proust y Paul Valery.

José Zapiola: Recuerdos de treinta años. Víctor Torres Arce: Las aventuras de un pije. Continúa la polémica por suprimir el carácter obligatorio de los estudios de latín. Se inaugura la sede de Santiago de Libros Simón y Montaner de Barcelona. La enseñanza de la higiene pasa a ser obligatoria en los colegios.

J. V. L. se autodestierra al norte, desilusionado por actitud de liberales. En la frontera enseña primeras letras a los hijos de los mineros. Más tarde, un Presidente de Bolivia crea una escuela con su nombre. Errázuriz elegido Presidente (candidato de la fusión). Por ley se prohíbe reelección presidencial. Llega a Iquique John North, 12 años más será el Rey del Salitre.

Cuadro Cronológico

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1877

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Román Vial escribe piezas de teatro que retratan condición desmedrada de la mujer. Pedro José A. Pissis: Geografía física de Chile. Clausura de Exposición Internacional (iniciada año anterior), con gran éxito de expositores y público. Gracias a impulso del Ministro de Educación, surge Decreto Amunátegui: las mujeres entran a la Universidad.

J. V. L. electo senador por Coquimbo. Presidente Pinto lo nombra Ministro del Interior. Crea El Diario Oficial en reemplazo de El Araucano. Aníbal Pinto, discípulo de Bello, electo Presidente con apoyo de Errázuriz y liberales. Nace L. E. Recabarren.

Terremoto en el Norte: Arica, Iquique y Antofagasta asoladas por movimiento sísmico y tsunami.

Guatemala: decreto reconoce y aprueba trabajo forzoso indígena. H. Spencer: Principios de sociología. Muere J. M. de Rosas

Argentina y Paraguay firman paz. En Argentina se aplica Ley de Inmigración y Colonización. Exposición Internacional de Filadelfia, por centenario de EE.UU. M. Twain: Tom Sawyer. Graham Bell inventa teléfono. Macleod descubre la insulina.

Presidente de Ecuador, García Moreno, es asesinado. Agitación anticlerical en Argentina. Alfonso XII es reconocido rey de España. Bernardo da Silva Guimaraes: A escrava Isaura. José Martí: Amor con amor se paga. Eça de Queiroz: El crimen del padre Amaro. Thomas Mann nace en Alemania.

Daniel Barros Grez estrena Como en Santiago, comedia de costumbres. En Santiago, Exposición Nacional de Bellas Artes. Jorge Lagarrigue: Discurso en defensa de la filosofía positivista. Juan Rafael Allende y Buenaventura Morán fundan El padre Cobos.

J. V. L. Diario de una loca, Mercedes. Ministro de Corte de Apelaciones. Escribe artículo analizando relaciones entre Hispanoamérica y EE.UU. En base al apoyo por secularización, se organiza alianza liberal-radical. Ley de restricción a fuero militar. Población total: 2.319.260 habitantes, 26.000 extranjeros.

de las ideas y de la cultura en

1875

1874

Presidente de Argentina: Nicolás Avellaneda. Comienza período de crisis económica. Porfirio Díaz dictador en México. Convención de Bruselas: se prohíben crueldades inútiles en la guerra. José Cuervo: Notas a la gramática de Bello. Tras graduarse en España en Derecho, Filosofía y Letras, Martí viaja a Francia, donde conoce a Vacquerie y V. Hugo.

Academia de Bellas Letras: homenaje a Bello. Liberales positivistas critican el arte por el arte. Liberales y radicales impulsan educación de la mujer. J. T. Medina en Lima, reúne y publica documentos sobre historia de Chile. Poesías de la señora Doña Mercedes Marín del Solar, compilación de su hijo, Enrique del Solar.

J. V. L. Lecciones de política positiva: varias ediciones y reconocimiento internacional. Vuelve a promover reforma constitucional. Se le pide redactar Código Rural. Separación Iglesia y Estado: tema candente. Errázuriz: reformas constitucionales: leyes que garantizan la libertad de reunión y asociación, composición del Senado, incompatibilidades parlamentarias.

Historia Chile

1881

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León Mera: Cumanda. E. Zola: Naná. H. Ibsen: Casa de muñecas. En Buenos Aires se funda Teatro Politeama. Proyecto de abolición de esclavitud en Brasil. Pasteur descubre inmunización. Nacen A. Einstein y Alcides Arguedas. En Buenos Aires, Montevideo y La Habana aparecen grandes tiendas y se popularizan clubes sociales. Inglaterra establece escolaridad obligatoria: 13 años. Breuer inicia tratamiento de histeria. Nace Oswald Spengler. Ecuador: persecución a universitarios. Argentina vende a indígenas territorios patagónicos cedidos por Chile. Martí funda La Revista Venezolana. Se abren archivos del Vaticano a investigadores. Nacen Picasso y José de Vasconcellos.

Valentín Letelier defiende positivismo como doctrina que busca explicar científicamente los fenómenos. Pintor Alberto Orrego Luco aceptado en el Salón de los Artistas Franceses. Se funda Sociedad de Música Clásica. Nace Carlos Pezoa Véliz. Félix Leblanc: Vistas de Valparaíso (álbum). Barros Arana comienza Historia de la Guerra del Pacífico. Pedro Lira: Las dos hermanas. Nace Elvira Santa Cruz (Roxane) Frustrada tentativa de sectores conservadores por restablecer estudio del latín en la Universidad. Vicente Grez: Marianitas, obra en que se percibe despertar del naturalismo. Nacen Pedro Subercaseaux y Carlos R. Mondaca.

Guerra del Pacífico: Chile vs. Perú y Bolivia. J. V. L. enviado como Ministro especial a Río de Janeiro para obtener posición favorable en guerra. Muere Arturo Prat en Combate Naval de Iquique, exaltación patriótica. Se abre Confitería Torres. Nace Pedro Aguirre Cerda

Pese a levantamiento mapuche, tierras de Araucanía ocupadas. Triunfo en Tacna: Bolivia se retira del conflicto. Salitre explotado por capitales ingleses. Se estima que hay 39 mutuales o mancomunales obreras.

J. V. L. “Una hija”. Apoya candidatura liberal de Domingo Santa María, más tarde lo critica duramente. Domingo Santa María electo Presidente. Coronel inglés John Thomas North se apodera de salitrera de Tarapacá. Se funda Temuco.

En Argentina, presidente Roca presenta plan para “Conquista del Desierto”. Fin guerra de los diez años en Cuba, no logra independencia, pero sí autonomía. Edison crea lámpara eléctrica. Pasteur: La teoría de los gérmenes y sus aplicaciones en la medicina y la cirugía.

Academia de Bellas Letras sigue activa, pero discrepancias políticas amenazan su funcionamiento. Por iniciativa de Vicuña Mackenna, se publica obra de Diego de Rosales: Historia general del reino de Chile. Flandes Indiano.

J. V. L. Recuerdos literarios: relación de vida intelectual en Chile, el autor aparece como figura central. “Plan de organización del Partido Liberal”. Crisis económica: fiebre de Caracoles. Surge Asociación Católica de Obreros. Ley de inconvertibilidad de billetes.

Cuadro Cronológico

445

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1886

1885

Brasil promulga primera iniciativa legal de libertad: esclavos mayores de 60 años. Nueva York, desastre financiero. Construcción del primer dirigible por hermanos Renard. Argentina: ley de matrimonio civil. Ferrocarril Trasandino entre Argentina y Chile. Brasil: Ley Saraiva, Libertos esclavos mayores de 60. Estallan conflictos en Centroamérica. Freud conoce en París trabajos de Charcot sobre hipnosis y autosugestión. 1º de Mayo: primera huelga general en Chicago, dirigentes sindicales ahorcados. R. L. Stevenson: El extraño caso del doctor Jeckyl. E. de Amicis: Corazón. J. Moreas: Manifiesto simbolista.

Se difunden en Leipzig obras de chilenos. A. Orrego Luco: La cuestión social. Se funda Unión Artística, por P. Lira y J. M. Blanco. C. Matte: Nuevo método para la enseñanza simultánea de lectura y escritura. Barros Arana: Historia General de Chile. Valentín Letelier: De la Ciencia Política en Chile y Por qué se rehace la Historia, revolución en ambiente intelectual. Se inaugura el Partenón en la Quinta Normal. Rubén Darío llega a Chile. Sarah Bernhardt realiza breve temporada. El Positivista: periódico filosófico, literario, científico i moral, de Sociedad Escuela Augusto Comte. Muere Vicuña Mackenna.

J. V. L. funda Academia Chilena. Salvad las apariencias. Se distancia de gobierno de Santa María por ser personalista y renegar de los principios liberales. Reformas liberales: leyes de registro civil y de matrimonio civil. Agitación entre artesanos y trabajadores.

Thomas North es llamado “rey del salitre”. Comienza a edificarse el puente metálico sobre río Maule y viaducto de Conchi sobre el Loa. Censo: Chile 2.500.000 habitantes.

J. V. L. jubila como Ministro de Corte Suprema. “Estudio conmemorativo del poeta chileno José Antonio Soffia”. Guillermo Malta le dedica libro de poemas. Balmaceda electo Presidente con apoyo de liberales. Paro de fleteros.

Juan A. Pérez Bonalde: El poema del Niágara. Sarmiento: Conflicto y armonías de razas en América. F. Nietzsche: Así hablaba Zaratustra. K. Koch descubre bacilo del cólera. Muere C. Marx.

Certamen de teatro promovido por Augusto Matte. Lastarria es parte del jurado. Daniel Barros Grez: Cuatro Remos. Nace etnomusicólogo Carlos Lavín.

J. V. L. Ministro de Corte Suprema de Justicia. Lunática por deber, pieza de teatro que se le atribuye. Ejército acaba “pacificación” de la Araucanía. Fin Guerra del Pacífico.

de las ideas y de la cultura en

1884

1883

1882

Ecuador: Inicio de dictadura de Veintemilla. K. Koch aísla bacilo de tuberculosis. Silvio Romero: Introducçaõ a história da literatura brasileira.

Miguel Luis Amunátegui: Vida de Don Andrés Bello. J. T. Medina: Los aborígenes. Nacen Augusto D’Halmar y Víctor Domingo Silva.

Llega a Santiago misión de científicos franceses por avistamiento de Venus. Se crea en Viña del Mar Sporting Club. Sofocado levantamiento mapuche.

Historia Chile

ESCENARIO INTERNACIONAL En Lima, Daniel Barros Grez premiado por la revista El Ateneo, por su obra El Ensayo de la comedia. En Alemania, derogadas las leyes básicas que conforman el Kulturkampf o lucha que libró el Imperio contra la Iglesia Católica. Emilio Zola: La Obra. En Argentina epidemia de cólera morbus, se propaga a Chile

PANORAMA CULTURAL Pedro Nolasco Prendez: Siluetas de la Historia. José Abelardo Núñez dirige La Revista de Instrucción Primaria. Circula Silabario Matte. Pedro Montt, en calidad de Ministro de Educación, propicia reforma en educación para establecer sistema concéntrico. Llega a Chile Rubén Darío.

PANORAMA HISTÓRICO POLÍTICO

Culmina gobierno de Domingo Santa María, que promulgó leyes laicas (cementerio, matrimonio y registro civil). Asume José Manuel Balmaceda, candidato liberal, que contaba con mayoría del congreso al iniciar su período. John North, conocido como el “Rey del salitre”, organiza “Nitrate Company” en el norte del país.

1886

Fin de siglo: La época de Balmaceda 1886-1900

Ley Áurea, Brasil: abolición de esclavitud negra. O. Wilde: El príncipe feliz y otros cuentos. F. Nietzsche: El Anticristo. Muere Sarmiento.

Darío publica Azul con prólogo de E. de la Barra. Inicio del modernismo. Fundación de Universidad Católica y del Instituto de Ingenieros de Chile. Nace J. Edwards Bello

14 de junio muere J. V. L., sin terminar el prólogo de Azul, de Rubén Darío. Balmaceda: Política nacionalista y de obras públicas. En Lota: Unión de Obreros en Resistencia.

AÑO

1888

1887

Celebrado el jubileo de reina Victoria de Inglaterra. F. Nietzsche: genealogía de la moral. Freud comienza a utilizar la hipnosis como terapia. Rubén Darío: Abrojos. Martí en los EE.UU., sus artículos son publicados y reproducidos en más de 20 periódicos latinoamericanos.

Vicente Grez, El ideal de una esposa. E. de la Barra y R. Darío premiados en Certamen Varela. Pedro Balmaceda Toro: “La novela social contemporánea”. Eloísa Díaz se titula como doctora, primera mujer en lograrlo. Carlos Walker Martínez: El liberalismo ante los principios religiosos en Chile.

J. V. L. promueve Certamen Varela y es jurado. Redacta informe del premio y edita resultados del concurso. Intenta fundar El Ateneo. Malaquías Concha funda Partido Demócrata: pequeña burguesía artesanal y grupos desilusionados de Partido Radical. Paro de peluqueros en Santiago.

Cuadro Cronológico

447

448 En Brasil abolida la esclavitud, ley promulgada por emperador Pedro II trae como consecuencia la sublevación de dueños de grandes ingenios. Van Gogh pinta sus principales cuadros de la ciudad de Arles: Girasoles y La Arlesiana. Nicolai Rimsky Korsakov termina Sherezada. Muere Domingo F. Sarmiento. Edison perfecciona cinematógrafo empleando películas en base a nitrato celulosa. Pedro II, emperador de Brasil, es derrocado, se proclama la República. Bolivia y Argentina suscriben tratado, en que la primera cede a Argentina parte de Puna chilena. Segunda Internacional se funda en París, proclama 1o de mayo como Día Internacional de los Trabajadores en homenaje a los mártires de Chicago.

Se funda Universidad Católica. José Toribio Medina: Colección de documentos inéditos para la historia de Chile. Se organiza Club del Progreso, de marcada tendencia spenceriana. En Santiago, incendiados carros urbanos debido a precio de los pasajes, acción adjudicada al Partido Demócrata. Rubén Darío: Azul. Muere Lastarria. Vicente Grez funda Revista de Bellas Artes, colaboran Pedro Lira, Luis Orrego Luco y Nicanor Plaza. Se crea Instituto Pedagógico de Chile. Rubén Darío abandona Chile. Se funda Sociedad Protectora de la Infancia. Llega a Chile E. María de Hostos para hacerse cargo del rectorado del Liceo de Chillán. Se realiza Primer Congreso Pedagógico en el país.

Congreso ratifica reforma constitucional que extiende derecho a sufragio hasta los 21 años, consagra sufragio amplio, exigiendo como único requisito saber leer y escribir, suprimiendo definitivamente la renta. En elecciones parlamentarias triunfa sector favorable a Balmaceda. Liberales “sueltos” se alejan del gobierno.

Salvador Sanfuentes incorporado como Ministro de Industria y Obras Públicas. Presidente propone que la elección del candidato se haga en convención liberal. Parlamento desfavorable a Balmaceda, lo que limita su acción política. En octubre se forma ministerio “parlamentario”, que representa a 4 partidos políticos de corte liberal, “cuadrilátero” que jugó un rol fundamental en la oposición a Balmaceda.

de las ideas y de la cultura en

1889

1888

1887

En Estados Unidos, Congreso aprueba Ley Dawes, que autoriza al presidente Cleveland a terminar con la propiedad comunal de la tierra entre indios del país. Federico Nietzsche: Genealogía de la moral. En Estados Unidos se recuerda muerte de obreros mártires de Chicago.

Rubén Darío premiado en Certamen Varela con Canto épico a las glorias de Chile. José Toribio Medina: Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición de Lima. Epidemia de cólera causa estragos; se contabilizan 28.432 casos. Eloísa Díaz, primera mujer médico.

Abogado radical Malaquías Concha funda Partido Demócrata, congrega sectores obreros y artesanos. Se firma protocolo entre Chile y Argentina, mediante el cual se suspende la aplicación de ley boliviana de 1886. Designado Mariano Casanova como Arzobispo de Santiago por León XIII.

Historia Chile

Guillermo II, joven emperador de Alemania, destituye a Bismarck por su política hacia el Imperio ruso. En el mismo país son organizados Tribunales Industriales, para tratar conflictos laborales. Se restringe empleo mujeres y niños. Gabriel Tarde: Leyes de la imitación, estudio de sicología social. En Buenos Aires se celebra el 1o de mayo de América Latina; más de 50.000 trabajadores europeos llegan cada año al Río de la Plata. En Brasil se dicta constitución republicana, inspirada en la de Estados Unidos. Papa León XIII adopta doctrina social respecto de los problemas surgidos entre capital y trabajo. Vitalismo irracionalista en cultura europea: Nietzsche, Bergson, Wagner, Dostoievski. España: se reorganiza el movimiento anarquista. En diseño arquitectónico, se imponen en Europa artículos de consumo, el art noveau o modernismo.

José Toribio Medina: Historia del Tribunal del Santo Oficio y la Inquisición en Chile. Se funda diario La Nación, orientado a defender al Presidente de sus oponentes; lo dirige Bañados Espinoza. En julio se desarrollan huelgas generales en Antofagasta y Valparaíso con repercusiones en Santiago y Concepción. Movimientos sociales son reprimidos. Luis Emilio Recabarren comienza a trabajar como tipógrafo. Circula en Chile Encíclica Rerum Novarum, que llevará a sectores conservadores a preocuparse de la “cuestión social”. Se funda Societé Scientifique du Chili, que preside el astrónomo francés Albert Obrecht. Existen 1.176 establecimientos de educación primaria fiscal y 418 de educación particular. Luis Emilio Recabarren detenido por repartir folletos contrarios al gobierno.

La incorporación de José Miguel Valdés a Ministerio formado en enero es interpretada por adversarios a Balmaceda como provocación; aumenta conflicto político contra el Presidente. Ejecutivo clausura en octubre período extraordinario de sesiones y forma gabinete de “amigos personales”, con Claudio Vicuña en el Ministerio del Interior. En diciembre se suprime derecho a reunión. Capital inglés controla el 70% de industria salitrera.

Balmaceda prorroga la vigencia de la Ley de Presupuesto de 1890, no aprobada por Congreso. El 7 de enero se subleva la escuadra, iniciándose guerra civil. Jorge Montt encabeza Junta de Gobierno establecida en Iquique; gobierno es derrotado en Concón y Placilla. En Santiago se persigue y saquean casas y mansiones de partidarios del Presidente. Balmaceda se suicida en la legación argentina. Jorge Montt asume como Presidente.

1890

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Cuadro Cronológico

449

Cuba: Partido revolucionario. Henry Toulouse-Lautrec pinta Jane Avril entra al Moulin Rouge. Italia anexa a Somalia en el Mar Rojo. En México, Convención Nacional Liberal difunde “Manifiesto” bajo el lema “Libertad, Orden y Progreso”, impulsado por los “científicos”, seguidores de Comte. La Unión Cívica Radical de Argentina organiza y conduce revolución bajo jefatura de Leandro Alem. El presidente Sáenz renuncia a su cargo. En Estados Unidos, por primera vez se utiliza la prensa a color para el diario World, de Nueva York. Francia establece colonias en Guinea Francesa y Costa de Marfil en África. Se publica segunda edición de Atlas Geográfico de la República de Argentina: aparece desviada la ruta de Canal Beagle, dejando islas Picton y Nueva del lado argentino. Gustavo le Bon: Les lois psycologiques de l’evolution des peuples, donde sostiene que una raza presenta caracteres psicológicos tan fijos como los caracteres físicos.

Se funda la Gran Unión Marítima de Valparaíso, entidad que promueve uniones análogas en puertos chilenos y peruanos. Se establece Consejo de Higiene, cuyo objetivo es contribuir a la solución de la crisis habitacional y mejorar la salubridad pública. Valentín Letelier: Filosofía de la Educación. Juan Rafael Allende publica Poesías populares, con pseudónimo “El pequén”. En Valparaíso se estrena El rey que rabió y La verbena de la paloma. Rosa Araneda: Poesías populares, recopilación de décimas. Arturo Alessandri Palma: memoria Habitaciones para obreros. Juan Enrique Concha Subercaseaux, secretario de la Fundación León XIII, entrega primeras casas para trabajadores. Teatro Politeama ofrece “tandas de zarzuelas”. En Teatro Municipal se paga hasta 1.000 pesos por el “derecho a llave” de un “palco cueva”. En Santiago: Exposición Industrial.

Presidente Montt enfrenta dificultades, renuncia de conservadores a su ministerio por no haber acuerdo acerca de la reorganización en la administración pública. En marzo jura nuevo gabinete, con liberales y radicales. Rotativas ministeriales. En diciembre se descubre complot de ex balmacedistas contra el gobierno.

Debido a problemas de interpretación del tratado de límites de 1881 con Argentina, se firma el Protocolo y se reafirma que el divortium aquarum es la condición geográfica de demarcación. Chile no podría pretender punto en el Atlántico, ni Argentina en el Pacífico. Se forma el Partido Liberal Democrático.

En elecciones parlamentarias de marzo, nuevo Partido Liberal Democrático logra 6 senadores y 22 diputados. El Partido Demócrata obtiene su primer diputado: Ángel Guarello. En abril jura sexto ministerio de gobierno. Gobierno concede amnistía general para balmacedistas que participaron en la guerra civil, como gesto de reconciliación.

1892

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Historia

450

de las ideas y de la cultura en

Chile

1897

Alberto Blest Gana: Durante la recon- En Uruguay asesinado presidente Juan quista. Virgilio Figueroa: Parnaso Bal- Idiarte Borda, llegado al gobierno en 1894, macedista, imaginario de ex Presidente en medio de disputas de militares por el como redentor de sectores medios y poder. Leopoldo Lugones: Las Montañas populares. 109.058 alumnos primarios del Oro. Por ley autonómica, Puerto Rico en el país (aprox. el 65% de población cuenta con representación parlamentaria escolar). Revista modernista “Liras y en Cortes de España. Rebelión de Canudos Campánulas”, dirigida por Francisco en nordeste brasileño Contreras.

En diciembre se constituye 5º ministerio. Participan liberales-democráticos, lo que da cuenta de influencia alcanzada por este partido. A fines de año se impulsan medidas de carácter proteccionista con objetivo de “buscar la necesaria protección de la industria nacional”. Trabajos de demarcación de fronteras en la Puna de Atacama.

1896

Ley reorganiza en México plan de estudios de Escuela Nacional Preparatoria, se unifican estudios en la jerarquía de las ciencias ideadas por Comte. En Argentina: Prosas profanas, de Rubén Darío. Lenin es desterrado a Siberia por distribuir propaganda entre obreros fabriles. Suicidio del modernista colombiano José Asunción Silva.

Circo Océano estrena drama histórico y popular Manuel Rodríguez. Crimen de Sara Bell remece a sociedad santiaguina. Se inicia publicación de periódico socialista El Grito del Pueblo. Se funda el Liceo de Niñas No2 en Santiago. Confederación Obrera de Chile, de origen mutualista. Anarquistas forman Centro Social Obrero.

Protocolo con Argentina: se establece respecto a discrepancias sobre aplicación del tratado 1881, el arbitraje de S.M. Británica. Convención Alianza liberal: proclama a Vicente Reyes candidato; Coalición liberal: proclama a Federico Errázuriz. Después de dura y polémica contienda electoral, Montt entrega banda presidencial a Federico Errázuriz.

1895

Inglaterra: Cowper Franck: The hunting of the Aux, novela para adolescentes, trasfondo Guerra civil de 1891. Marconi inventa telegrafía sin hilos, envía mensajes a kilómetro y medio de distancia. Hermanos Lumière inventan cinematógrafo. Gustavo Le Bon: Psicología de las multitudes. Muere José Martí en expedición liberadora a Cuba.

Se publican en el país 200 diarios y periódicos. Funcionan 40 sociedades científicas y literarias, y nueve clubes sociales. Arzobispo de Santiago, Ms. Casanova excomulga al periódico radical La Ley y prohíbe su lectura. Daniel Meneses: El cantar de los cantares. Valentín Letelier: La lucha por la Cultura.

En marzo circulan pesos de plata, y meses más tarde, de oro. Los “oreros” triunfan al imponer patrón metálico, pero se mantiene durante poco tiempo. Se realiza censo general de la población. Chile tiene una población de 2.712.145 habitantes. Santiago: 256.403; Valparaíso: 122.447; Iquique: 33.031; Curicó: 12.669. 68,2% de la población es analfabeta.

Cuadro Cronológico

451

452 Mediante la firma del Tratado de París, Estados Unidos adquiere posesiones españolas de Puerto Rico, Filipinas e Islas Guam. Culmina así guerra originada por el hundimiento del Maine. Se organiza la United Fruit Company, empresa norteamericana con plantaciones en América Central. Mueren Oscar Wilde y Federico Nietzsche. En México, Porfirio Parra y Agustín Aragón fundan Sociedad Positivista. Se realiza exposición universal en París, homenaje al desarrollo de la ciencia y de la técnica. Rodó: Ariel en Uruguay. En China, “bóxers”, grupos nacionalistas, inician lucha contra dominación extranjera. Se estrena Tosca, de Puccini. Un grabado de José Guadalupe Posada celebra aparición del primer tranvía eléctrico en México.

Eduardo de la Barra: El embrujamiento alemán, discute que profesores alemanes contratados por el gobierno sean superiores a nacionales. Emilio Doyére organiza la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile. Nombramiento de destacada educadora nacional en Liceo No3 de Niñas, privilegiada por sobre los extranjeros. Enrique Mac Iver: Discurso Sobre la Crisis Moral de la República. Se ensaya telégrafo sin alambres en Escuela Militar. Se inaugura tranvía eléctrico, que cubre tramo Mapocho, Av. Brasil, Bandera y Alameda. Enrique Matta Vial funda Revista Nueva. Instrucción primaria fiscal a 114.410 niños y particular a 56.499. Pedro Bannen mantiene Escuelas de Proletarios.

Delegados de Chile y Argentina tratan asuntos de la Puna de Atacama, ambos países se atribuyen derechos. No existe acuerdo, por lo que W. Y. Buchannan, delegado mediador de los Estados Unidos, junto a Enrique Mac Iver (Chile) y José Uriburú (Argentina) fijan límites de zona en litigio. Arturo Alessandri Palma ocupa Ministerio que abandona Emilio Bello.

Se suprime Guardia Nacional y ejército profesional permanente. Reemplaza nuevo ejército, compuesto por tropa reclutada anualmente a través del servicio militar obligatorio y planta de oficiales y suboficiales permanentes. Asume vicepresidente Elías Fernández, debido a grave enfermedad de Errázuriz. Coalición Conservadora inicia preparativos para designación de candidato.

1898

1899

de las ideas y de la cultura en

1900

En febrero se hunde en bahía de La Habana barco norteamericano Maine. El hecho precipita declaración de guerra de los Estados Unidos a España. Son ocupadas isla de Cuba y Puerto Rico. En agosto se firma protocolo de paz.

José T. Medina: Biblioteca hispanoamericana: 1493-1810. Alfredo Padovani funda Academia Musical Progreso. Desde 1895 funciona Partido Socialista Francisco Bilbao. Fundadores provenían del Partido Demócrata.

Errázuriz realiza esfuerzos para liquidar secuelas de guerra civil. Ofrece cartera en nuevos ministerios a José María Balmaceda (hermano del Presidente), quien la rechaza. Cargo es ocupado por Emilio Bello Condecido, yerno del presidente Balmaceda.

Historia Chile

ESCENARIO INTERNACIONAL México: Agustín Aragón funda Revista Positiva. Venezolano M. Díaz Rodríguez: Ídolos Rotos. Fin construcción ferrocarril transiberiano con 6.000 km. Surge Federación Obrera Argentina, central sindical anarquista. Maeterlinck: La vida de las Abejas. T. Mann: Los Buddenbrook. Período Azul de Picasso. Protectorado de EE.UU. sobre Cuba. Muere Reina Victoria. G. Marconi: comunicaciones telegráficas a través del Atlántico. Sully Prudhomm, primer Premio Nobel de Literatura. Panamá: intervención de EE.UU. Ataque de potencias europeas a Venezuela por deuda: bloqueo de Alemania, Inglaterra e Italia a sus puertos. EE.UU. compra acciones francesas del Canal de Panamá. Fallece E. Zola. Leopoldo Lugones: Homenaje a la memoria de Emile Zola. Pío Baroja: Camino de perfección. V. I. Lenin: ¿Qué hacer? Debussy: Pelléas et Mélisande. Euclides da Cunha: Os Sertões. Fin ocupación de EE.UU. en Cuba. Independencia de China. Nuevo récord automovilístico por J. H. Hyde.

PANORAMA CULTURAL Agustín Cannobio: Refranes Chilenos, considera refranes como medio para desentrañar psicología popular. Domingo Amunátegui Solar: La sociedad Chilena en el siglo XVIII. José María Caro publica en diario católico El Porvenir, ensayo sobre laicismo e imposibilidad moral de un católico de favorecer su triunfo. Juan Rafael Allende: De la taberna al cadalso. Revista La juventud, participan Joaquín Edwards Bello, Alberto Díaz Rojas y Cayetano Cruz Coke. Fundación Diario Ilustrado. Augusto D’Halmar: Juana Lucero. Tomás Guevara: Historia de la Civilización de la Araucanía. Congreso Enseñanza Pública en Santiago critica adopción de modelos educacionales extranjeros. Óperas en el Teatro Municipal: Caupolicán, de Remigio Acevedo Gajardo, y Lautaro, de Eliodoro Ortiz de Zárate. Primera filmación nacional de “actualidades”: “Ejercicio general de Bombas en Valparaíso”.

PANORÁMICO HISTÓRICO POLÍTICO

Jura decimosexto gabinete, dura dos días, el más breve del período parlamentario. Muere presidente Errázuriz. Germán Riesco electo nuevo Presidente. Primer Congreso Obrero de Sociedades Mutualistas de Chile. Comienza uso de sulfato de amonio en reemplazo de salitre como abono. Mancomunal de Iquique organiza primera huelga. Carlos Fernández Peña: director Liga Nacional contra el Alcoholismo. Valparaíso: 120.000 habitantes. Diputado Malaquías Concha: Primer proyecto de Código del Trabajo.

Deterioro de Alianza Liberal, formación de coalición clerical-liberal. Pactos de Mayo con Argentina: tratado general de paz y limitación de armamentos navales. Se crea Compañía de Créditos y Construcciones para “transformar la realidad económica y moral del obrero”. Obreros del salitre solicitan aumento de jornales y abolición del sistema de fichas. Primera piedra instala Universidad Católica en Alameda. Paralizan actividades: La Sociedad de Resistencia de los Tranviarios en Santiago y luego mineros de Lota.

AÑO

1901

1902

El Centenario y las vanguardias; nacionalismo y cultura: 1900-1930

Cuadro Cronológico

453

Carlos Bunge: Nuestra América. Otto Weininger: Sexo y carácter. Panamá: Independencia, con cesión del canal y derecho de intervención por EE.UU. R. Darío: Oda a Roosevelt. J. Ingenieros: La simulación de la locura. Gorki: Los bajos fondos. Antonio Machado: Soledades. Mueren Herbert Spencer y Paul Gauguin. Hermanos Wright: primer vuelo en aeroplano. La fábrica de automóviles Ford inicia operaciones. José Batlle y Ordóñez, colorado reformista, Presidente de Uruguay. Muere pontífice León XIII, asume Pío X. Movimiento armado inicia hegemonía del Partido Liberal en Paraguay. Ataque japonés a flota rusa; se declara guerra ruso-japonesa. Congreso Socialista en Amsterdam. Theodore Roosevelt elegido Presidente de EE.UU. Asamblea de Puerto Rico vota convertirse en Estado de EE.UU. Luigi Pirandello: El difunto Matías Pascal. Jack London: El lobo de mar. Giacomo Puccini: Madama Butterfly. Anton Chejov muere.

Observatorio Astronómico en cerro San Cristóbal. Benjamín Vicuña Subercaseaux: Un país nuevo. Cartas sobre Chile. Carlos Fernández Peña: La República Escolar. En Valparaíso, Variedades, espectáculo de origen francés de múltiples números artísticos. Muere Pedro Antonio González. Rodolfo Lenz, lingüista alemán, y sacerdote capuchino Félix José de Augusta investigan mapudungún, primera gramática moderna. Tomás Guevara publica en Leipzig Republique du Chili. Nicolás Palacios: Raza Chilena. Baldomero Lillo: Sub Terra. Blest Gana: Los Trasplantados. Carlos Fernández Peña funda Asociación de Educación Nacional. Augusto D’Halmar funda, junto a Fernando Santiván y Julio Ortiz de Zárate, Colonia Tolstoyana. Nace Pablo Neruda. En Santiago se funda Club Deportivo Magallanes. Biblioteca Económica de Ateneo Obrero de Santiago publica folletos y canciones ácratas.

Elecciones parlamentarias: triunfo bicameral liberal-democrático. R. Barros Luco: Ministro del Interior y Vicepresidente. Senador Pedro Bannen, fundador primera escuela proletaria, promueve proyecto Instrucción Primaria Obligatoria. Congreso enseñanza de carácter cientificista. Fundación del Colegio Profesional Femenino María Auxiliadora. Conferencia de feminista Eva Canel. Huelgas en Tocopilla, Lota y portuaria en Valparaíso, donde se incendia Compañía Sud-Americana de Vapores, con muertos y heridos. Temporal azota Valparaíso.

Tratado de límites con Bolivia: cede provincias marítimas a cambio de ferrocarril Arica-La Paz. Argentina y Chile: demarcación eje del Canal Beagle. Tensa situación entre patrones y obreros en zona salitrera, gobierno crea Caja Obligatoria de Ahorros -con imposiciones forzosas-, obreros consiguen cambio de ficha sin descuento. Sociedad Guggenheim compra El Teniente, formando la Braden Copper Company. Se crea el Hipódromo Chile.

1903

1904

Historia

454

de las ideas y de la cultura en

Chile

EE.UU. interviene aduanas de República Dominicana. Revolución radical fracasa en Argentina. Albert Einstein: Relatividad restringida. Rubén Darío: Cantos de Vida y Esperanza. Sigmund Freud: Teoría de la sexualidad. Miguel de Unamuno: Vida de Don Quijote y Sancho. Domingo rojo en San Petersburgo: huelga general en Rusia, primer soviet, 30.000 obreros marchan pidiendo reformas sociales y políticas. Primera Revolución rusa. Separación de Noruega y Suecia. Pretensiones de Alemania sobre Marruecos llevan a Inglaterra, Rusia y EE.UU. a firmar Tratado de Algeciras. Se funda Partido Liberal Mexicano. Rebelión Partido Liberal y movilización popular en Cuba; nueva ocupación por EE.UU. Theodore Roosevelt premio Nobel de la Paz. Jung: Estudios de asociación diagnóstica. José Santos Chocano: Alma América; Fiat Lux En Brasil, Santos Dumont vuela en aeroplano. Conflictos limítrofes entre Perú y Bolivia. León Trotski, deportado a Siberia. Huelgas en Moscú.

Luis Orrego Luco: Episodios Nacionales: 1810. Memorias de un voluntario de la Patria Vieja. Luis Thayer Ojeda: Familias Chilenas. Víctor Domingo Silva: Hacia allá. Inés Echeverría (Iris), su primer libro: Hacia el oriente. Se funda revista Zig-Zag, Santiago. Comienza a publicarse periódico obrero La Alborada, aparece en Valparaíso y luego en Santiago. Comienza producción nacional de cilindros para grabación de música nacional. Se funda la Revista de Educación Nacional. Nace Pablo Garrido, compositor y folclorista. Adolfo Ortúzar: Le Chili de nous Jours. Arturo Blanco esculpe Busto del general Körner. “El copihue rojo”, canción de salón, alcanza mayor popularidad en Chile. Valentín Letelier, Rector Universidad de Chile. Durante su rectorado se crea Laboratorio de Sicología Experimental y Servicio de Sismología, cátedras especializadas, modifica programas y planes de estudio, renovando enseñanza secundaria y superior. Nathanael Yánez Silva reemplaza a Pedro Lira en El Diario Ilustrado.

Establecimiento de altos hornos en Corral. Congreso Social Obrero convoca meeting obrero: Huelga de la Carne en Santiago y Valparaíso debido a impuesto al producto argentino: manifestantes muertos. Estalla epidemia de viruela en Valparaíso, control gracias a acción estudiantes medicina de Universidad de Chile. Se consolida colonización de Magallanes. Trabajos ampliación; arquitecto a cargo, francés Emilio Doyére. Se fundan Liceo de Niñas de Antofagasta y San Fernando. Arquitecto francochileno Emilio Jecquier diseña Estación Mapocho.

Pedro Montt, Presidente de la República. Alianza de liberales y conservadores. Terremoto en Valparaíso, tres mil víctimas. Población emigra a Viña del Mar. Ley Desarrollo Urbano de Valparaíso y ley Habitaciones Obreras. Nace Federación de Trabajadores de Chile. Huelga minera en Antofagasta. Formación Federación de Estudiantes de Chile, FECH, la preside estudiante de medicina. Inicio obras ferrocarril Arica-La Paz. Se reestablecen relaciones con Perú. Se concede a Argentina explotación, por 25 años, de islas al sur del canal Beagle.

1905

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Cuadro Cronológico

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México: huelgas en centros textiles. Cuba: se funda Partido Independiente de Color. J. Ingenieros: La evolución sociológica en Argentina. R. Darío: El canto errante. M. Gorki: La madre. H. Bergson: La evolución creadora. P. Picasso: Las señoritas de Avignon. R. Kipling, Premio Nobel de Literatura. Primera exhibición cubista en París. Lumière desarrolla fotografía en colores. E. Cohl inventa los dibujos animados. Movimiento Feminista en Francia. Creación movimiento scout. Conferencia Internacional reglamenta usos a observar en guerra. Se funda Partido Democrático en México: huelgas en centros textiles. Manuel González Prada: Horas de Lucha. Bélgica anexa el Congo. Bléirot atraviesa Canal de la Mancha en avión. D’Annunzio: La nave. Revueltas antibritánicas en Afganistán. Conflictos en Marruecos. En Francia, revista L’action francais, de corte nacionalista. Uruguay: Primer Congreso Internacional de Estudiantes. Ingeniero inglés apellidado Roberts estrena vehículo blindado, base del futuro tanque.

Baldomero Lillo: Sub Sole. Francisco Contreras: Romances de hoy. Januario Espinoza: Cecilia. Rafael Maluenda: Por un Clavel. Julio Saavedra: “Nuestro idioma patrio”, conferencia dictada en la Universidad de Chile. Rebeca Matte obtiene gran éxito: primeros bachilleres fiscales de Chile. Poeta mapuche Segundo Jara Kalbum, estudiado por Rodolfo Lenz, se difunde en la capital. Pedro Navia, cantante nacional, se presenta en Teatro Municipal. Conmemoración 1° de Mayo concentra en Santiago 30 mil personas. Luis Orrego Luco: Casa grande, bestseller. Pedro Prado: Flores de cardo. Valentín Brandau: Caracteres de la mujer según la psicología contemporánea. Nicolás Palacios, Decadencia del espíritu de nacionalidad: conferencia. Congreso Científico Panamericano. Fernando Álvarez Sotomayor: director Escuela Bellas Artes, maestro de Generación del 13. Revista Peneca, Editorial Zig-Zag, semanario ilustrado, fundador Emilio Vaïsse (Omer Emeth). Muere Pezoa Véliz.

Tratados de paz y amistad con Bolivia y Perú. Producción salitrera afectada por salitre sintético. Entra en vigencia Código de Procedimiento Penal. Caja de Crédito Salitrero, principal objetivo: emitir bonos con hipotecas de propiedades salitreras. Matanza en la Escuela Santa María de Iquique, 2.500 trabajadores asesinados. Octavo Censo: 3.250.000 habitantes, 43,37% en ciudades. En Santiago se construyen colectores de agua de alcantarillado. Se inicia construcción de sede del Palacio de Justicia. Se promulga ley sobre el descanso dominical.

Oficina del trabajo registra 29 huelgas: 11 en Santiago, 3 en Antofagasta, Concepción y Lota; entre sus peticiones: condiciones de salario, sistema de pulperías y viviendas. Policía aplica dactiloscopia como medio de identificación de delincuentes y reclusos. Muere Arzobispo de Santiago, Mariano Casanova. Pedro Montt acepta propuesta francesa para construir rompeolas de mil metros en Valparaíso. Se inaugura Santuario de la Virgen de la Inmaculada Concepción en cerro San Cristóbal.

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Historia

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de las ideas y de la cultura en

Chile

1910

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En Francia, Vacher de Lapouge publica Race et milieu social. Fin de ocupación de EE.UU. en Cuba. Juan Vicente Gómez en Venezuela: inicio de dictadura. Alcides Arguedas: Pueblo enfermo. José Enrique Rodó: Los motivos de Proteo. Marinetti: Manifiesto futurista. V. I. Lenin: Materialismo y empiriocriticismo. Primeras pinturas abstractas de Kandinsky. Se funda Ateneo de México. Golpe de Estado en Perú; Leguía preso. Explorador estadounidense Robert E. Peary conquista Polo Norte. Sueca Selma Lagerlöf, primera mujer en recibir Premio Nobel. Madero inicia Revolución mexicana en el norte hablando de reforma agraria, es encarcelado tras reelección de Porfirio Díaz. Derrocamiento de Porfirio Díaz. En Argentina, grupos civiles apoyan a policía en persecución a movimiento sindical de izquierda. Franz Tamayo: La creación de la pedagogía nacional. Stravinski: El pájaro de fuego. Abolición de esclavitud en China. Se ve cometa Halley. Japón anexa Corea. Unión Sudafricana entra en Commonwealth. Cae monarquía en Portugal. Conflicto Perú- Ecuatoriano. Congreso Feminista Internacional inicia actividades en Buenos Aires. Congreso Panamericano en Buenos Aires. Celebración del Centenario

R. Maluenda: Escenas de la vida campesina. Blest Gana: El Loco estero. Valenzuela Llanos: “Riveras del Mapocho”. Amanda Labarca: Impresiones de juventud. Antonio Orrego Barros: La marejá, teatro criollo vernacular. Eduardo Pourier: Chile en 1908. Tancredo Pinochet: La conquista de Chile en el siglo XX (ensayos). Nace revista de Punta Arenas El Cinematógrafo. Luis Orrego Luco funda Selecta, revista dedicada al arte y literatura. Surge Consejo Superior de Letras y Bellas Artes y Sociedad del Folklore Chileno. Emilio Vaïsse: La vida literaria en Chile. Fernando Santiván gana el Concurso del Centenario con Ansia. Alejandro Venegas: Sinceridad. Chile íntimo. Armando Donoso: El Parnaso Chileno, antología poética. Italiano radicado en Chile, Luis Esteban Giarda, crea ópera “Lord Byron”. Eduardo Pourier: Chile en 1910. Carlos Mondaca: Por los Caminos. Rodolfo Lenz intenta probar influencia de lenguas indígenas originarias en castellano hablado en Chile. Ramón Laval, folclorista, comienza recopilación de cuentos populares en zona central. Revista La Familia (Zig-Zag). Exposición Internacional de Bellas Artes. Se estrena

Se inicia construcción de ferrocarril Arica-La Paz. Se inaugura túnel trasandino a Mendoza. En Santiago, epidemia de viruela: hospitales insalubres. Agitación estudiantil en universidad: movilización para destituir a Barros Borgoño. Presidente Pedro Montt firma decreto personalidad jurídica a Centro de Estudiantes de Medicina. Ley que norma construcción de edificios, apertura de calles, formación de parques y jardines. Fundación de la Federación Obrera de Chile. Ingeniería de Universidad de Chile mantiene escuela para obreros.

Celebración del Centenario de Independencia. Fallece presidente Pedro Montt en Alemania, su sucesor, el vicepresidente Elías Fernández Albano, fallece ese mismo año, forzando elección de Ramón Barros Luco. Perú rompe relaciones con Chile. Inauguran ferrocarril Trasandino Valparaíso-Mendoza. Con aportes franceses se comienza a producir fierro en Corral. Finalizan trabajos de instalación en Santiago de alumbrado público y alcantarillado. Publicaciones periódicas circulantes: 330; 150 diarios, 150 semanarios y 30 mensuales. Adolfo Posada dicta charla en Valparaíso sobre educación femenina. Conferencia de Emilio Recabarren Ricos y pobres a través de un

Cuadro Cronológico

457

458 Francisco Encina: conferencia titulada Nuestra inferioridad económica. Mariano Latorre: Cuentos del Maule. Víctor Domingo Silva: Golondrina de invierno. Aparece Romances populares y vulgares, recogidos de la tradición oral chilena, libro escrito por Julio Vicuña Cifuentes. Vicente Huidobro y Ángel Cruchaga Santa María fundan revista Musa Joven. Periódico El Eco, de la Liga de las Damas Chilenas. En Talca, Francisco Hederra

Elección parlamentaria: se refuerza Partido Liberal Democrático. Luis Emilio Recabarren funda Partido Obrero Socialista. Liga de Acción Cívica, ataca lacras del sistema parlamentario. Entre sus fundadores: Guillermo Subercaseaux, Enrique Mc Iver. Julio Saavedra: Reformemos nuestra enseñanza secundaria. Reestablecimiento de relaciones diplomáticas con Perú. Línea mercante Compañía Peruana extiende circuito a Valparaíso. Puerto Montt se une

Londres: Gran Congreso Internacional de Eugenesia, participaron 750 delegados. Rebelión Partido Color en Cuba, reprimida con apoyo de Estados Unidos. Billinghurst, Presidente del Perú. Jung: Transformación y símbolo de la libido. B. Shaw: Pigmalión. A. Machado: Campos de Castilla. Shoenberg: Pierrot lunar. Papini: Un hombre acabado. Hundimiento del Titanic. Revolución China: cae dinastía Manchú, comienza República China con Yuan-Chi-Kai. Huelga de

Muere Francis Galton, proponedor de la eugenesia, “arte del buen engendrar”. Triunfo de Madero: exilio de Díaz; inestabilidad debido al pacto de Ciudad de Juárez; levantamiento en Chihuahua de sobrino de Porfirio Díaz. Emiliano Zapata formula plan de Ayala, su lema es “Tierra y Libertad”. En Uruguay, José Batlle es reelecto Presidente. Manuel Ugarte: El porvenir de América Latina. Blanco Fombona: Cantos de la prisión y el destierro. D. H. Lawrence: El pavo real blanco. Pío Baroja: El árbol de la ciencia. Maeterlinck: Nobel de Literatura. Hiram Bingham descubre Machu Picchu.

Domingo Amunátegui Solar es Rector de la Universidad de Chile. Tancredo Pinochet: La obra. D. de la Vega: El terruño. Ernesto Montenegro recoge obra publicada por Carlos Pezoa Véliz y publica Alma Chilena. Vicente Huidobro: Ecos del Alma. Doctor A. Moraga Porras: Influencia de la cultura física en la formación del carácter. Educación física de la mujer. Nace Revista Chilena de Historia y Geografía. Eloísa Díaz nombrada directora del Servicio Médico Escolar de Chile, impulsa vacunación masiva, desayuno escolar y la lucha contra el alcoholismo.

Santiago: 10% de la población total del país, 400.000 habitantes. Se funda Puerto Natales, reemplazará a Puerto Prat como central administrativa de Última Esperanza. Se funda la Asistencia Pública. Dirección de Bosques, Pesca y Caza, creada por Federico Albert. Se establece primer reglamento carcelario. Se crea la Dirección General de Prisiones. Sucesos de Rupanco, se expulsa a numerosas familias mapuches de las tierras ocupadas por la Sociedad Rupanco. El convento de la orden de las Carmelitas Descalzas sufre un atentado explosivo de anarquistas, sus autores son apresados.

de las ideas y de la cultura en

1912

1911

argentino. En Rusia muere León Tolstoi. Censo en EE.UU.: población total, aproximadamente 92 millones; número de autos alcanza a medio millón.

primera película nacional “Manuel Rodríguez”, de Adolfo Urzúa Rozas. Se estrena película Magallanes ayer y hoy, de José Bohr.

siglo de vida Republicana, a propósito del centenario. Creación de la Caja Nacional de Ahorro. Ley crea Oficina de Estadística del Trabajo.

Historia Chile

ferroviarios en Barcelona, jefe conservador defiende el derecho a huelga de los obreros. Primer tanque de guerra. Rebelión militar, Madero es asesinado. Diez días trágicos de Huerta, acciones de Carranza, Villa y Obregón contra Huerta. Movimiento campesino de Zapata. Menocal presidente conservador en Cuba. J. R. Pocaterra: Política feminista. J. Ingenieros: El hombre mediocre. S. Freud: Tótem y tabú. Proust: En busca del tiempo perdido. Primera exposición de arte moderno. Se termina la construcción del canal de Panamá y primer buque cruza las esclusas de Gatún. En Europa se desata Segunda Guerra Balcánica. Primera Guerra Mundial genera expansión de exportaciones y de producción industrial en Chile. Invasión Alemana a Bélgica, batalla del Marne. Alemania bloqueada por Inglaterra. Guerra civil en México. Perú: golpe militar contra Billinghurst. Juan Ramón Jiménez: Platero y yo. Ortega y Gasset: Meditaciones del Quijote. Miguel de Unamuno: Niebla. Rubén Darío: Canto a la Argentina. Marinetti: Zang-tumb-tumb. Fallece Pío X.

gana certamen con obra teatral Vencido. Obra de teatro Carlos Mondaca y Max Jara: Durante la Reconquista. Se inaugura edificio de la Biblioteca Nacional. José Domingo Gómez: Rebeldías Líricas. Vicente Huidobro: La gruta del silencio. Pedro Humberto Allende: Escenas campesinas. Álvarez Sotomayor y generación de 1913 en pintura. Aparece la revista Pacífico Magazine. Revista santiaguina Cinema. Hernán Díaz Arrieta utiliza seudónimo Alone para escribir en la revista Pluma y Lápiz. Existen en Santiago 60 biógrafos. Margarita Xirgú visita Chile. D’ Halmar: La lámpara en el molino. P. Prado: La reina de Rapa Nui y Los pájaros errantes. V. Huidobro: Manifiesto, Las Pagodas Ocultas y Non serviam. Éxitos teatrales: Juan M. Rodríguez: La silla vacía; Aurelio Díaz Meza: Flores de campo. Compañía Dramática Chilena, participan Adolfo Urzúa R. y Antonio Acevedo H. Gabriela Mistral galardonada en Juegos Florales: Sonetos de la muerte.

a zona central, vía férrea. Conferencias de Jimeno Flaquer respecto situación de la mujer en el código civil. Muere almirante Juan José Latorre.

Inauguración Ferrocarril Arica-La Paz. Finalizan obras del ferrocarril longitudinal al ser unidas la red norte y sur del país con tres clavos de plata en Yerbas Buenas. Primer viaje Santiago-Coquimbo. Visita y conferencias de la feminista Belén de Sárraga, se forman centros femeninos en la Pampa. Crisis salitrera por la excesiva producción provoca intervención del gobierno. Manifestación estudiantil debido a llegada al país del Internuncio monseñor Enrique Sibila. Inauguración de la Oficina Feliza en Iquique.

Crisis en Magallanes por funcionamiento del Canal de Panamá. Crisis del salitre, gran número de obreros despedidos, estos llegan a Valparaíso generando conflicto social. Gran meeting organizado en Concepción por las sociedades obreras. Ley de regadío busca hacer viable apertura de nuevos cauces con financiamiento del Estado. Inauguran Asociación de Estudiantes Católicos. Extravío del teniente Alejandro Bello en raid militar.

1913

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Cuadro Cronológico

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460 Mariano Azuela: Los de abajo. Leopoldo Lugones: El payador. James Joyce: Retrato del artista adolescente. Sigmund Freud: Introducción al psicoanálisis. Ferdinand Saussure: Curso de Lingüística General. Culto dadaísta en Zurich. La artillería antiaérea hace su aparición en la guerra provocando severas bajas a la aviación. Batallas de Verdún y del Somme. Batalla de Jutlandia. Rumania en guerra. Ofensiva rusa e italiana. En Irlanda, sangrienta rebelión

Surge grupo Los Diez, presentado por Pedro Prado, al leer “Somera iniciación al Jelsé”. Tancredo Pinochet: Oligarquía y democracia. Fernando Santiván: La hechizada. Alone: La Sombra inquieta. Antonio Acevedo Hernández: Camino de flores. Vicente Huidobro: El espejo de agua, Adán. Huidobro parte a Europa. La compañía Díaz de Haza representa Los payasos se van, de Hugo Donoso. Eliodoro Ortiz de Zárate: trilogía operática La

Ley autoriza a Presidente de la República para invertir hasta diez millones de pesos en edificación de escuelas. Muere Germán Riesco. Fundación del Partido Nacional, diversos periódicos difunden su manifiesto. Preocupación por higiene pública: Mapocho contaminado con relaves y desperdicios de fábricas, se recomienda no comer hortalizas de Quilicura. Se envía a Cámara proyecto de transformación de cerro San Cristóbal. Se inicia construcción del Estadio Nacional.

de las ideas y de la cultura en

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1915

Estados Unidos ocupa Haití para reorganizar administrativamente la isla, intervención durará 19 años. El civilismo retorna al poder en Perú (José Pardo). Yrigoyen Presidente radical en Argentina. Desembarco de Marines en Santo Domingo. Se inaugura Ferrocarril del Pacífico en Colombia. En México, Obregón derrota a Villa. Alemania declara bloqueo contra Inglaterra, guerra submarina: es torpedeado trasatlántico Lusitania, barco transporta 1.900 personas. Alemanes vencen en frente ruso. Italia declara guerra a Austria. Aliados declaran guerra a Bulgaria. En Atlanta, Estados Unidos: movimiento del Ku-Klux-Klan, su dirigente es Williams Simmons, sus víctimas serán ahora católicos y judíos. Albert Einstein: Teoría de la Relatividad.

Revista Familia patrocina creación del Club de Señoras y Círculo de Lectura, la fundadora es Amanda Labarca. Se crea Sociedad de Autores Teatrales de Chile (SATCH). También la Sociedad Artística Femenina con Dora Puelma Fuenzalida como presidenta. R. Maluenda: La pachacha. Eduardo Barrios: El niño que enloqueció de amor. Gabriela Mistral publica Los sonetos de la muerte. Carlos Lavín: “Los músicos ultramodernos”, en Pacífico Magazine. Se presenta obra Chile Excelsior. Armando Moock: Isabel Sandoval Modas, critica la sobrevaloración de las profesiones universitarias y el desprecio por los oficios. Germán Márquez: Libro internacional sudamericano. Se estrena Santiago Antiguo, película costumbrista y criolla.

Juan Luis Sanfuentes, liberal democrático balmacedista, asume presidencia. Víctor Domingo Silva elegido diputado Partido Radical. Asamblea radical nortina pide a Alessandri ser candidato por Tarapacá al Senado. Se bate a duelo Alessandri Palma con el Ministro del Interior Pedro Montenegro. Se funda Partido Nacionalista. Se firma Pacto ABC entre Argentina, Brasil y Chile. Promulgación de la Ley de la Silla y descanso de empleados de comercio. Senador Claro Solar presentó proyecto de liberalización de la mujer: capacidad de la mujer casada, cuestionamiento de la patria potestad. Se funda el Instituto Médico Legal en Santiago. Comienzan los trabajos extractivos en Chuquicamata. Visita de la sufragista inglesa Christabel Pankhurst.

Historia Chile

1918

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Nueva Constitución Revolucionaria en México, Carranza elegido Presidente, nombra a Obregón Jefe del Ejército del noreste en lugar de Villa. Reelección del conservador Menocal en Cuba, luego de vencer rebelión liberal con ayuda de Estados Unidos. H. Quiroga: Cuentos de amor locura y muerte. Lenin: El Estado y la revolución. Revolución de Octubre en Rusia: abdica Zar Nicolás II, firma un armisticio con Alemania. Soviet toma el poder en Petrogrado. Jerusalén ocupada por británicos, expulsan a turcos. W. Wilson reelegido Presidente de Estados Unidos, declara la guerra a Alemania. Se retiran tropas norteamericanas de México.

Disolución paulatina del grupo Los Diez, su última edición fue Pobrecitas, de Armando Moock. Eduardo Barrios: Un perdido. Joaquín Díaz Garcés: Páginas de Ángel Pino. Armando Donoso: Pedro Antonio González. Poesías. Carlos Pinto Durán: Como se hunde el país. Darío Salas: El problema nacional. Julio Molina y Juan Agustín Araya: Selva Lírica. Adela Rodríguez de Rivadeneira: “La acción de la mujer en los destinos de la raza”, en revista Zig-Zag. Fernando Santiván funda Revista de Artes y Letras. Estrenan película Alma Chilena. Estreno de Chile Films: La Agonía de Arauco o El olvido de los muertos. Emilio Uzcate García da conferencia en Instituto Pedagógico, alabando himnos del centenario y bandera. Antonio Acevedo Hernández: Almas perdidas e Irredento. Mariano Latorre: Cuna de Cóndores. D. de la Vega: Los momentos. Alberto Romero: Memorias de un amargado. Se forma Baguena-Burhle, compañía de teatro nacional. La casa Hans Frey Film estrena Todo por la Patria, en

Arturo Alessandri Palma recibido con entusiasmo en Iquique. El papa Benedicto XV instituye el primer Nuncio Apostólico en Chile: Sebastián Nicostra. Circulan en Santiago 2.354 automóviles particulares. Doctor Carlos Fernández Peña funda Liga Chilena de Higiene Social. Grupo de diputados conservadores presenta proyecto de derechos ciudadanos para la mujer. Senadores de filiación liberal fundan La Nación, director Eleodoro Yáñez, abogado y hombre público. Carlos Nascimento funda Editorial Nascimento. Consejo Federal Femenino. Recuperación comercial e industrial luego de primera crisis del salitre.

Elecciones parlamentarias, triunfo de Alianza Liberal. Se realiza Convención Conservadora, plantea problema de la enseñanza en el país, impulsa la educación técnica. Suspensión de las relaciones Chile-Perú. Celebraciones centenario de la Batalla de Maipú. La Asamblea Obrera de Alimentación Nacional convoca a Marchas del Hambre en Santiago, termina con Huelga General. Teniente Dagoberto Godoy, primer piloto

Fin de la Primera Guerra Mundial. Desintegración Imperio austro-húngaro. Alemania y Rusia firman paz en acuerdo Brest-Litovsk. Abdicación del káiser Guillermo II, proclamación de República alemana. Rusia crea comité de campesinos encargados de dividir la tierra. Gobierno soviético nacionaliza industria. Muere en epidemia de peste G. Apollinaire. Ola de grandes huelgas en Perú. Movimiento estudiantil

contra los ingleses. En San Petersburgo asesinan al monje Grigorig Efimovich, conocido como Rasputín. Se inicia primer campeonato sudamericano de fútbol.

Araucana. Salvador Giambastiani estrena La baraja de la muerte. Teresa Wilms Montt enclaustrada en el convento de la Preciosa Sangre en Santiago.

Huelga general de dos meses en Magallanes. Promulgación de la ley de accidentes del trabajo. Conferencia de Inés Echeverría: Evolución de la mujer.

Cuadro Cronológico

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1919

en Córdoba, Argentina. México nacionaliza petróleo. Sufragistas obtienen voto femenino en Inglaterra. Gran Bretaña propone a la India un programa de autonomía. Horacio Quiroga: Cuentos de la selva. Oswald Spengler: La decadencia de Occidente. César Vallejo: Los heraldos negros. Tratado de Versalles. Balance de víctimas al fin de la Primera Guerra Mundial asciende a 10 millones de muertos. Dictadura de Leguía en Perú. Huelga y violencia en semana trágica, Buenos Aires. Benito Mussolini funda movimiento Fascista en Italia. III Internacional Comunista Moscú. Gandhi emerge como líder por la independencia de India. Conflicto colombiano-venezolano por región de Arauca. En EE.UU. se decreta ley seca. Zum Felde: Proceso histórico del Uruguay. Alcides Arguedas: Raza de bronce. Joan Huizinga: El otoño de la Edad Media. George Trakl: Poesías. Hermann Hesse: Demian. Enza Pround: Cantos. Manuel de Falla: El sombrero de tres picos.

aniversario de la Batalla de Maipú. Vicente Huidobro: Poemas Árticos. Se estrena La avenida de las Acacias, de Hans Frey Film. Gabriela Mistral: Desolación. Ranking Zig-Zag de poetas: D. de la Vega 1.152, V. D. Silva 542, G. Mistral 269, P. A. González 270. “La educación de la mujer”; “La desnacionalización de la Educación”, trabajos inspirados por la Asociación de Educación Nacional. Luis Thayer Ojeda: Elementos étnicos que han intervenido en la población de Chile. Armando Moock: Pueblecito. Alfredo Lobos: “Puesta de Sol”. Daniel de la Vega: Las montañas ardientes. Javier Fernández Pesquero: Alma Araucana. Pedro Humberto Allende: La voz de las calles. Francisco Contreras: “Mundonovismo: el movimiento que triunfa hoy”. Éxito de cantante lírica Sofía del Campo Aldunate. Salvador Giambastiani: documental Recuerdos del mineral El Teniente.

en cruzar la cordillera. Se funda Compañía Electro Metalúrgica. Desarrollo de la industria ganadera en Magallanes. Primera expedición de Martín Gusinde, sacerdote y antropólogo alemán a Tierra del Fuego. Concluyen obras de abrigo (molo) puerto de San Antonio, por la empresa Galtier.

Dictación Código del Trabajo. Ley de residencia para defender al país de “propaganda subversiva”. Socialista español Casimiro Barrios expulsado por participar en centros obreros. Graves huelgas en Puerto Natales. Epidemia de tifus exantemático causa estragos en Santiago. Asume Arzobispado de Santiago Monseñor Crescente Errázuriz. Fallecimiento de Ramón Barros Luco. Primer Congreso Araucano. Fundación del Consejo Nacional de Mujeres. Visita de la feminista argentina Violeta Santeri. Universidad de Concepción: designado rector Enrique Molina. La Asociación de Productores toma a su cargo la propaganda científica y comercial del salitre.

Historia

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de las ideas y de la cultura en

Chile

Hitler preside Partido Nacional Socialista. Primer congreso indígena en Perú. Ludwig Wittgenstein: Tractatus Lógico-Filosoficus. Ortega y Gasset: España invertebrada. Pirandello: Seis personajes en busca de un autor. C. Jung: La psicología del inconsciente. Einstein recibe Premio Nobel de Física. Nace en Buenos Aires revista Babel. Cesar Vallejo: Trilce. Henri Bergson: Duración y simultaneidad. Bronislaw Malinowski: Argonautas del Pacífico Occidental. Max Weber: Economía y sociedad. James Joyce: Ulises. Paul Valery: El cementerio marino. T. S Eliot: La tierra baldía. Fundación del Reader’s Digest. Surge movimiento estridentista en México. Benito Mussolini marcha sobre Roma, instaura el fascismo

Pedro Humberto Allende: Tonadas al estilo campesino. Pablo Neruda: La canción de fiesta. Antonio Acevedo Hernández: La raza fuerte. Hernán Díaz Arrieta analiza momento literario en Zig-Zag, autores más destacados: V. D. Silva, G. Mistral, D. de la Vega, M. Magallanes Moure, M. Latorre, A. D’Halmar. Gabriela Mistral: Desolación. Eduardo Barrios: El Hermano Asno. Ángel Cruchaga Santa María: Job. Pablo de Rokha: Los Gemidos. Joaquín Edwards Bello: La muerte de Vandervilt. Carlos Mondaca: Recogimiento. Amanda Labarca: La Lámpara Maravillosa. Víctor Domingo Silva: La pampa trágica. Armando Mook nombrado vicecónsul en París. Pedro

Elecciones parlamentarias. Unión Nacional, alianza conformada por miembros del Partido Conservador adquiere presencia en vida política del país. Déficit estatal de 280 millones de pesos, se apela crisis con empréstitos norteamericanos. Se funda Federación Obrera Femenina. Grave crisis salitrera. Matanza en oficina San Gregorio.

Convención Obrera en Rancagua liderada por Recabarren se une a III Internacional, apoya Revolución rusa. Formulan cuatro puntos: trabajar por vida material y moral del obrero, fomentar cultura en clase trabajadora, mejorar condiciones de trabajo, lucha contra el alcohol y juegos de azar, agitación y movimiento cooperativo de clase. Federación Obrera llama a paro general.

1920

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1922

Obregón Presidente en México. Carranza asesinado en México. Guatemala: Golpe militar contra dictador Estrada Cabrera. Intervención militar en Bolivia. En Estados Unidos se otorga derecho a voto a las mujeres. Nace el Partido Obrero Nacional Socialista Alemán. Guerra polaco soviética. V. I. Lenin: El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo. C. Jung: Tipos psicológicos. Valle Inclán: Divinas palabras. Primera reunión de Liga de Naciones para el mantenimiento de la paz, Ginebra.

Víctor Domingo Silva: El teatro nacional y su momento de oro. Carlos Cariola: Entre gallos y medianoche. Joaquín Edwards Bello: El roto. Semanario Claridad de la Federación de Estudiantes, dirigido por Alberto Rojas Jiménez. Se crea La Cámara Sindical Cinematográfica Chilena. Se estrena película Martín Rivas, basada en novela homónima. En música popular chilena apropiación de elementos sonoros y temáticos del mundo mapuche.

Arturo Alessandri Palma asume presidencia de la República. Fin del parlamentarismo oligárquico. Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. Estado toma medidas vinculadas al fomento del deporte. Amanda Labarca consigue primer reconocimiento a los derechos civiles de las mujeres con dictación del decreto ley Masa. La Andes Copper inicia construcción de la Planta Potrerillos. Creación Caja de Crédito Popular. Índice de alfabetismo alcanza al 50,3% de la población. Santiago: 507.796 habitantes.

Cuadro Cronológico

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464 J. L. Borges: Fervor de Buenos Aires. G. Lukács: Historia y conciencia de clases. E. Cassirer: Filosofía de las formas simbólicas. J. Piaget: El lenguaje y el pensamiento en el niño. Freud: El yo y el ello. Le Corbusier: Hacia una nueva arquitectura. Ortega y Gasset funda Revista de Occidente. Dictadura de Primo de Rivera, España. Victoria laborista en Inglaterra. Partido fascista, único en Italia. Asesinan a Pancho Villa. José Eustasio Rivera: La vorágine. André Bretón: Manifiesto surrealista. Paul Éluard: Morir de no morir. Alberti: Marinero en tierra. Josif Stalin: Los principios del leninismo. León Trotski: Literatura y revolución. Thomas Mann: La montaña mágica. Adolf Hitler: Mi lucha. Revista Martín Fierro, en Buenos Aires. Stalin y Trotski disputan el poder en Unión Soviética. Huelga en Guayaquil sangrientamente reprimida.

Eduardo Barrios: Páginas de un pobre diablo. Exponen, en la casa de remates “Rivas y Calvo”, miembros del grupo Montparnasse, influencias fauvistas y expresionistas. Pablo Neruda, Crepusculario. José Toribio Medina es homenajeado en sus cincuenta años de vida intelectual. Primera audición radiotelefónica de música chilena, se escuchó al compositor Guillermo Farr. Pedro Prado: Un Juez Rural. A. D’Halmar: Pasión y muerte del cura Deusto. P. Neruda: Veinte poemas de amor y una canción desesperada. G. Mistral: Ternura. M. Latorre critica nueva poesía (entre otros a Neruda), afirmando: “Se echa de menos la poesía varonil, con raíces en la vida, de la generación anterior”. Aparece revista Atenea. Pedro Sienna: película Un grito en el mar.

Conferencia Panamericana: Tratado de Cooperación. Anaconda Company controla Chile Exploration Company. Bolivia insiste en revisión del Tratado de 1904. Pugna entre Alianza Liberal y Unión Nacional en vista a las próximas elecciones, se critica a la Unión por impedir la inscripción de obreros y proletarios. Epidemia de gripe en Santiago. Conflicto portuario entre Valparaíso y San Antonio.

Elecciones parlamentarias: Alianza Liberal triunfa en el Congreso. Carencia monetaria en arcas fiscales. El 5 de septiembre, fuerzas armadas se toman el poder, se disuelve el Congreso y Alessandri renuncia; preocupación por la continuidad del orden republicano. Se funda Partido Demócrata Femenino. Luis Emilio Recabarren se suicida. Primera Ley General de Impuesto a la Renta.

de las ideas y de la cultura en

1924

1923

en Italia. Josif Stalin nombrado secretario partido comunista soviético. Pío XI, Papa.

Sienna produce película El empuje de una raza. Congreso Panamericano de Mujeres.

Eliodoro Yánez: proyecto de separación de bienes en el matrimonio. Se funda Partido Cívico Femenino.

Historia Chile

J. C. Mariátegui: La escena contemporánea. J. Vasconcelos: La raza cósmica. J. L. Borges: Inquisiciones. Kafka: El proceso. S. Fitzgerald: El gran Gatsby. C. Chaplin: La quimera de oro. Exposición de pintores surrealistas en París. Nace el charleston. Violencia racista en EE.UU. Leguía reelecto en el Perú. Primera asamblea latinoamericana aprista en París. Fundación Partido Comunista Cubano. Ricardo Guiraldes: Don Segundo Sombra. Roberto Arlt: El juguete rabioso. Juan Carlos Mariátegui edita Amauta. Creación del Círculo Lingüístico de Praga. Ramón Valle-Inclán: Tirano banderas. Franz Kafka: El castillo. Mao Tse-Tung: Sobre las clases sociales en la sociedad china. Teatro de Alfred Jarry, Ubu Rey. Formación de la Confederación Obrera Argentina. Guerra religiosa en México. Nicaragua: se inicia operación armada de Sandino, quien se pliega a liberales en guerra civil contra gobierno conservador fraudulento.

Pablo Neruda, Tentativa del Hombre infinito. Se filma Pueblo chico, infierno grande, con Evaristo Lillo y Nicanor de la Sota. Gabriela Mistral regresa de México y Huidobro de Europa. Aparece revista vanguardista Ariel. Jorge Délano: Luz y Sombra. Alberto Santana estrena film Como don Lucas Gómez. Se estrena película de Pedro Sienna, El húsar de la muerte. A. Latcham: Chuquicamata Estado Yankee. N. Yáñez Silva: La tragedia del arte. Marta Brunet: Bestia Dañina. V. Huidobro: Vientos contrarios. Pierden presencia cantores populares: Bernardino Guajardo, Nicasio García, el mulato Taguada, Javier de la Rosa, reemplazados por ciegos que cantan “tangos argentinos y tonadas españolas”. Compañía de Evaristo Lillo, nueva etapa en el teatro chileno con Germán Luco Cruchaga. Agua Vertiente, film de A. Acevedo Hernández (primer desnudo femenino en el cine chileno).

Golpe de Estado liderado por Ibáñez derroca a la Junta de Gobierno formada el año anterior. Preocupación por institucionalidad democrática e imagen internacional del país. Se invita a Edwin Kemmerer, experto financiero, a estudiar la cuestión económica. Reasume Alessandri y vuelve a renunciar. Nueva Constitución. Se crea el Ministerio de Agricultura. Gran huelga en la pampa salitrera de Iquique.

Se inicia aeronavegación comercial SantiagoAntofagasta con cuatro aviones que alcanzan 230 km/hr. Gran influencia del coronel Ibáñez. Se agrava crisis del salitre: en intento por paliar su impacto, la Guggenheim y Cía. construye planta en Tocopilla que reduce a la mitad el costo de producción. Movimiento estudiantil lucha por reforma integral de la enseñanza. Apertura nuevo edificio Biblioteca Nacional. Chile entra al Consejo de la Liga de las Naciones. Primera Convención de Contribuyentes en el país. Nace Federación Obrera Regional de Chile (Forch).

1925

1926

Cuadro Cronológico

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1929

D. H. Lawrence: El amante de Lady Chaterly. B. Brecht: La ópera tres centavos. García Lorca: Romancero gitano. L. Buñuel: El perro andaluz. J. C. Mariátegui: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana. Primer plan quincenal de la URSS. Trotski enviado a Siberia. Obregón reelecto y asesinado. Machado reelecto en Cuba. Se concede voto femenino en Puerto Rico. K. Mannheim: Ideología y utopía. J. Ortega y Gasset: La rebelión de las masas. R. Gallegos: Doña Bárbara. Roberto Arlt: Los siete locos. Aparece cine parlante. Crack bursátil en Nueva York, gran depresión económica. Golpe frustrado de Hitler en Alemania.

Éxito de la Compañía Lírica chilena en teatro Esmeralda. Alberto Edwards: La fronda aristocrática. Jaime Planas y Daniel de la Vega: Fanfarria. Se presenta con éxito el tenor Renato Zanelli. Pintor post-expresionista Boris Grigoriew invitado a exponer en Chile por Carlos Isamitt, lo contrata gobierno para cátedra de pintura. Jorge Délano gana premio en Festival de Sevilla con película La calle del ensueño. Creación Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Primera Orquesta Sinfónica estable de la Universidad de Chile. Rosario Films: La Envenenadora.

Restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Chile y Perú. Se crea Caja de Colonización Agrícola. Exiliados se agrupan para procurar restauración del régimen constitucional: Alessandri, Grove, Edwards y Ross, cabecillas de la conspiración. Chile comienza a exportar fruta a Inglaterra: el gobierno interesado en transformar al país en productor y exportador

Ley de Constitución de la Familia prohíbe a religiosos realizar matrimonio sin previa acreditación del matrimonio civil. Tratado de Lima: Chile y Perú acuerdan que Tacna pase a Perú y Arica a Chile. Se crea línea aeropostal que une Santiago con Arica

de las ideas y de la cultura en

1928

1927

Haya de la Torre: Por la emancipación de América Latina. Heisenberg desarrolla el principio de la indeterminación. M. Heidegger: Ser y tiempo. Herman Hesse: El lobo estepario. Franz Kafka: América. Primer film dibujos animados sonoro, “El gato Félix”. Resistencia popular contra Machado en Cuba. Intervención norteamericana en Nicaragua.

Se crean escuelas técnicas femeninas. Domingo Santa Cruz crea pieza musical expresionista Cuatro poemas. Antonio Acevedo Hernández, teatro: Árbol Viejo, Caín. F. Contreras: El pueblo maravilloso. Carlos Isamitt, director Escuela de Bellas Artes, propone reorganización sobre base de creatividad, nacionalismo y especialización.

Ibáñez Presidente de Chile. Finaliza construcción yacimiento cuprífero Potrerillos. Se producen 240.000 toneladas de cobre. Creación Departamento de Industrias. Se crea la Contraloría Nacional de la República. Gran reestructuración del aparato estatal: Ley de Ministerios. Ibáñez unifica policías fiscal, municipal y carabineros bajo mando único, surge Carabineros de Chile.

Historia Chile

PANORAMA CULTURAL Se fundan Sindicato Profesional de Actores Teatrales y Sociedad de Escritores de Chile. Es probado el primer avión “Curtis” construido en el país. Comandante Arturo Merino Benítez ejecutó primer vuelo. Se funda Asociación Nacional de Mujeres Universitarias. Participan Amanda Labarca, Elena Caffarena, Irma Salas y Elena Hott. Cesan importaciones de libros al país.

PANORAMA HISTÓRICO POLÍTICO

Presidente Carlos Ibáñez del Campo firma decreto que declara feriado 1º de Mayo, conmemorando Día del Trabajo. Tras los efectos de una profunda crisis económica y consiguientes protestas civiles, el presidente Ibáñez renuncia, siendo electo Jefe de Gobierno el radical Juan Esteban Montero. En septiembre se producen sucesos conocidos como la “Sublevación de la Escuadra”.

1931

Política y cultura: 1930-2010

Grupo Montparnasse, influenciado por Cézanne, oficializa el arte de avanzada desde sus puestos en Escuela de Bellas Artes. Pintor español Ramón Subirats visita Chile. Remodelación del Teatro Municipal, gran revuelo en ambiente operático. Armando Moock: La pasión de Francois.

AÑO

1930

Se crea Corporación de Salitre de Chile. Se organiza fábrica nacional de Loza Penco. Se dicta Ley de Caminos. Crisis económica afecta al país: con el cierre de los mercados del salitre y cobre, afectadas principales fuentes de producción. Se proclama, de acuerdo con ley electoral de 1925, a miembros del Congreso.

Rey Alfonso XIII de España abdica ante triunfo en elecciones municipales de republicanos, quienes redactarán nueva Constitución. Se proclama la II República. Estalla primer movimiento revolucionario panameño. En México se lleva a cabo Primer Congreso Iberoamericano de Estudiantes. Se firma acuerdo de Munich con objeto de poner fin al conflicto germano-checoslovaco.

ESCENARIO INTERNACIONAL

Freud: El malestar en la cultura. Faulkner: Mientras agonizo. Klee: En el espacio. S. Lewis premiado con el Nobel de Literatura. N. Guillén: Motivos de Son. Cae Primo de Rivera en España. Segundo movimiento de desobediencia civil liderado por Gandhi en la India. Creación del APRA en Perú.

Cuadro Cronológico

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Estados Unidos vive efectos sociales de la crisis económica. Miles de desocupados acampan frente a Casa Blanca. Detona disputa territorial entre Bolivia y Paraguay por sector del Chaco Boreal. En El Salvador fusilan al líder comunista Agustín Farabundo Martí y sus compañeros Mario Zapata y Alfonso Luna, por encabezar rebelión que dejó más de 30 mil muertos. Ley de divorcio en España. Finaliza guerra civil de Nicaragua, con tratado de paz firmado por Augusto César Sandino y presidente Sacasa. Franklin Delano Roosevelt asume presidencia de Estados Unidos. En su discurso propone programa “New Deal” para superar desempleo y depresión económica. Paul von Hindenburg (Presidente de Alemania) nombra canciller a Adolf Hitler. En Madrid se estrena Bodas de Sangre, de F. García Lorca. Adolf Hitler asume presidencia de Alemania en representación de nacionalsocialistas: se le otorga el título de Führer y canciller del Reich. Acuerdo francoitaliano para regular litigios fronterizos en colonias de África. Francia cede Libia y una parte de Somalia francesa a Italia. Lázaro Cárdenas electo Presidente en México. Ejército Rojo chino: “Gran Marcha”.

Manuel Rojas publica Lanchas en la bahía, inspirada en sus vivencias en puerto de Valparaíso. Vicente Huidobro regresa a Chile desde Mallorca debido a crisis económica internacional. Se crea radio Hucke, emisora asociada a los sectores obreros del país. Jaime Eyzaguirre funda revista Estudios, órgano difusor de las ideas de intelectuales católicos-conservadores. En marzo se inaugura librería de Julio Walton con apoyo de Vicente Huidobro, quien se dedica a la actividad política. Esta librería es centro de reunión de intelectuales y lugar de congregación para escritores y artistas de avanzada. Se funda Academia Chilena de la Historia. Auge del imaginismo: crítica literaria y periodística en oposición al criollismo. Se publica Revista de Arte, editada por Domingo Santa Cruz, en el marco de actividades de extensión de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Pablo Neruda es nombrado Cónsul en España. Durante su permanencia en este país, vivenció el clima político convulsionado de aquellos años.

El 4 de junio entra en acción una rebelión armada encabezada por el coronel Marmaduke Grove contra el gobierno de Montero. Tras ser tomado el Palacio de la Moneda por un grupo de soldados, se declara la República Socialista de Chile, que dura solo 12 días. Se funda Movimiento Nacional Socialista chileno, bajo dirección de Jorge González von Marées. Arturo Alessandri, Presidente de la República.

El 19 de abril se funda el Partido Socialista de Chile. Se crea Comité Nacional Pro Derechos de la Mujer por iniciativa de Felisa Vergara, Amanda Labarca y Elena Doll, para intervenir en discusión sobre sufragio femenino. Se organiza la Policía de Investigaciones de Chile. Se celebra la Conferencia Nacional del Partido Comunista. Se realiza el primer torneo oficial de la liga del fútbol chileno: la primera división.

En Ranquil, un levantamiento de campesinos indígenas rebelados contra los abusos cometidos en su contra, es reprimido salvajemente por las fuerzas policiales. Bajo gobierno de Arturo Alessandri, se aprueba Ley 5.357 de Sufragio Femenino en las elecciones municipales. Las mujeres podrán elegir y ser elegidas en este tipo de comicios.

1932

1933

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Historia

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de las ideas y de la cultura en

Chile

1937

1936

1935

Se dicta Ley Nº 5.563 de Protección Se prohíbe en Alemania difusión por raal Teatro Nacional, que contempla dio de música negra de jazz. Comienza creación de la Dirección del Teatro campaña antijudía. Victoria Ocampo: Nacional, concediendo subvenciones y Testimonios. J. L. Borges publica Historia estableciendo exoneración de impuestos Universal de la infamia. Premiere de La a toda compañía compuesta mayoritaria- feria de la vanidad, primera película en mente por actores chilenos. María Luisa colores. Carlos Gardel muere en accidente Bombal: La última niebla. En España, aéreo en Medellín, Colombia. En España, Pablo Neruda dirige la revista Caballo el general Franco es nombrado jefe del Verde para la Poesía. Estado Mayor Central. En España se firma pacto electoral del Frente Popular. El partido gana las elecciones. El 17 de julio se produce un alzamiento militar contra el gobierno republicano, evento con el que se da inicio a guerra civil española. Se firma el pacto germanoitaliano, futuro eje Roma-Berlín-Tokio. Es asesinado Federico García Lorca. La BBC realiza primera transmisión mundial de televisión. El ejército japonés invade el norte y este de China. En Francia dimite el gobierno del Frente Popular, presidido por León Blum. Se inaugura en París la Exposición Universal. Estalla el dirigible alemán trasatlántico “Hindenburg”, cuando llegaba a su base en Nueva Jersey, Estados Unidos. Se lleva a cabo Congreso de Intelectuales de Valencia. Se estrena primer largometraje de dibujos animados en color y con sonido: Blancanieves y los 7 enanitos.

En noviembre, Pablo Neruda edita revista Los Poetas del Mundo Defienden al Pueblo Español, con Nancy Cunard. En la Universidad de Chile, bajo la Rectoría de Juvenal Hernández, Amanda Labarca funda Escuelas de Temporada. Gabriela Mistral viaja a París donde es llamada a participar en una publicación sobre folclore chileno. Luisa Anabalón (Winétt de Rokha): Lenin. Nacen los escritores Poli Délano y Juan Agustín Palazuelos. Se crea de parte de la Universidad de Chile la “Alianza de Intelectuales de Chile” para la Defensa de la Cultura. Entre sus miembros destacan: Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, Volodia Teitelboim y Gerardo Seguel, entre otros. La editorial Letras publica Detrás de las barricadas de John Langdon-Davies. El Ministerio de Educación recomienda el uso del fonógrafo para la educación musical secundaria.

Elena Caffarena organiza 1er Congreso de la Mujer Chilena; lidera también la fundación del Movimiento Pro Emancipación de la Mujer, que tiene por objeto la emancipación económica, social y jurídica de esta. Bajo la dirección de Eduardo Frei Montalva se funda la Falange Nacional, partido que representa el interés de los sectores cristianos por problemas sociales. Se crea la Unión de Profesores de Chile.

Los Partidos Comunista, Socialista y Radical de Chile crean Frente Popular. El Comité de Mujeres pro Ayuda y Defensa de los Ferroviarios cumple función protagónica en las huelgas organizadas por obreros del gremio. Alessandri declara Estado de Sitio. Una epidemia de tifus exantemático deja saldo de más de 5.000 muertos. Se crea Confederación de Trabajadores de Chile.

Se aprueban leyes de salario mínimo, de medicina preventiva y de seguridad interior del Estado. Esta última es aplicada por Arturo Alessandri, dotando al gobierno de poderes que permitían controlar reuniones y publicaciones. El clima de agitación que se vive, especialmente los enfrentamientos entre jóvenes nazis y socialistas, gatilla implementación de esta ley. Se reúne en Santiago el Congreso Latinoamericano de Estudiantes.

Cuadro Cronológico

469

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1940

Se crea por decreto ley el Instituto de Extensión Musical. Oresthe Plath dicta charla sobre nuevos poetas del Perú en la casa del artista ubicada en la ciudad de Valparaíso. Gabriel Mistral es nombrada Cónsul en Niteroi; posteriormente será designada Cónsul General de Chile en Brasil. El compositor alemán Federico Heinlein se radica en Chile.

Se firma decreto bajo gobierno de Pedro Aguirre Cerda, donde se establecen límites definitivos del Territorio Antártico Chileno. Se define la filiación comercial y política de Chile a Estados Unidos, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Se crea el Movimiento Nacionalista de Chile. El censo de este año arroja una población nacional total de 5.023.539 habitantes.

La Unión Soviética es invadida por tropas alemanas dirigidas por Hitler. Se abre en Polonia el centro de exterminio nazi Auschwitz donde murieron miles y miles de judíos. Alemania invade los países bajos. León Trotsky es asesinado por Ramón Mercader, en México. En el Museo de Arte Moderno de Nueva York se crea el “Archivo Latinoamericano”. Cuba dicta una nueva Constitución.

El 1º de septiembre, tropas alemanas cruzan frontera de Polonia. Comienza Segunda Guerra Mundial. Inglaterra y Francia declaran guerra a Alemania. Italia firma tratado de cooperación política y militar con Alemania. En la Universidad de Columbia se realiza primera fusión de un átomo de uranio. Bajo dirección de Ernst Lubitsch se estrena película Ninotchka, con Greta Garbo.

Bajo el gobierno del Frente Popular nacen “teatros carpas” implementados por grupos teatrales universitarios. Entre los refugiados españoles que llegan a Chile se encuentran artistas e intelectuales que contribuyen de gran manera al escenario cultural del país. Destacan José Balmes, Roser Bru, José Ricardo Morales, Leopoldo Castedo y Antonio Romera.

Pablo Neruda es nombrado Cónsul para la migración española, sede en París. Tras sus gestiones consigue viaje del barco Winnipeg desde Francia a Valparaíso, para traer a Chile a más de dos mil españoles que escapaban de la guerra. La ciudad de Chillán sufre terremoto que deja 24.000 víctimas fatales. Se funda la Corporación de Fomento de la Producción, CORFO.

de las ideas y de la cultura en

1939

1938

En España, tropas de Francisco Franco triunfan sobre milicias republicanas. Tropas alemanas invaden Austria. Gobernante brasileño Getulio Vargas implementa el denominado “Estado Novo”, de tendencia fascista. Primer viaje aéreo alrededor del mundo, duró 91 horas, en un avión estadounidense. Se suicida el escritor argentino Leopoldo Lugones.

Revista Aurora de Chile del Partido Comunista. Revista Mandrágora: plasma postulados literarios que adhieren al movimiento surrealista internacional. María Luisa Bombal: La amortajada. La Editorial Zig-Zag publica A la sombra de las muchachas en flor, de Proust, y El materialismo histórico, de Nicolás Bujarin.

El 5 de septiembre, bajo gobierno de Arturo Alessandri, se produce masacre del Seguro Obrero, donde 63 jóvenes nacionalsocialistas amotinados fueron abatidos en el edificio de la Caja del Seguro Obrero. Frente Popular otorga apoyo a Pedro Aguirre Cerda, quien resulta electo Presidente de la República con el 50,2% de los votos. Su lema es “pan, techo y abrigo”.

Historia Chile

1943

1942

1941

Se crea el Teatro Experimental de la Universidad de Chile. En el Teatro Municipal de Santiago se realiza el primer concierto de la Orquesta Sinfónica de Chile. Muere Darío Salas, principal inspirador de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria. Braulio Arenas y Omar Cáceres organizan una exposición surrealista en la Biblioteca Nacional. Se entrega por primera vez Premio Nacional de Literatura al escritor Augusto D’Halmar. Se organiza en el país el Servicio de Radiodifusión y Cine Educativo dependiente del Ministerio de Educación. Se crea Chile Films con el respaldo de la CORFO. Se instituye en Chile el 21 de septiembre como el Día de la Radio. Un conjunto de estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica fundan el Teatro de Ensayo UC. La Universidad de Chile lleva a cabo la Exposición de Artes Populares Americanas. El Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile ofrece conciertos de música folclórica. El Partido Comunista crea la Empresa Editorial Austral.

Luego de tres años de gobierno, el presidente Pedro Aguirre Cerda, enfermo de tuberculosis, entrega el cargo a su Ministro del Interior, Jerónimo Méndez Arancibia. Socialistas y grupos pertenecientes al movimiento obrero se retiran formalmente del Frente Popular. Se lleva a cabo el Segundo Congreso del MEMCH. Se entrega el control y resguardo de los comicios electorales a las Fuerzas Armadas.

Los partidos que integraban el ex Frente Popular, junto a la Falange Nacional y los liberales, apoyan candidatura presidencial de Juan Antonio Ríos, quien resulta electo con el 57,7% de los votos, derrotando a Ibáñez, el candidato conservador. El sacerdote jesuita Alberto Hurtado se reúne en Puerto Varas con la Liga Obrera Cristiana.

Bajo el gobierno de Juan Antonio Ríos, se promulga primera reforma a la Constitución de 1925, que contempló reconocimiento de la Contraloría General de la República como organismo institucional, la restricción de la facultad presidencial para dictar decretos de instancia que consideren gastos del erario fiscal, etc. Se conforma Asociación Nacional de Empleados Fiscales.

En Argentina los militares realizan un Golpe de Estado. El entonces coronel Juan Domingo Perón se hizo cargo del Departamento Nacional del Trabajo. Desembarco de los aliados en la ciudad de Sicilia. Cae Mussolini. Churchill, Roosevelt y Stalin se reúnen en Teherán: instancia política y simbólica de cooperación entre los aliados. Se publica El Principito, de Antoine de Saint-Exupery.

Representantes de 26 naciones aliadas se congregan en Washington y aprueban “Declaración de las Naciones Unidas”, donde se comprometen a luchar contra potencias del Eje. Japón invade Indonesia. México declara la guerra a los países del Eje. Comienzan las deportaciones de judíos del gueto de Varsovia hacia el campo de exterminio de Treblinka.

La Marina Imperial Japonesa ataca Pearl Harbor. Estados Unidos ingresa a la Segunda Guerra Mundial. Alemania invade la URSS. En Bordighera, Italia, se reúnen Franco y Mussolini, para dar forma al plan de unificación de Europa. En Barcelona se inaugura el Primer Salón de la Moda Española. El compositor checoslovaco Erwin Schulhoff es enviado a un campo de concentración.

Cuadro Cronológico

471

472 El 11 de diciembre se crea Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, institución que se propone proveer alimentos, ropa y asistencia sanitaria a los niños. En Argentina, Juan Domingo Perón gana las elecciones presidenciales. Stalin anuncia nuevo plan quinquenal para la URSS, a fin de superar a las potencias occidentales en la producción de petróleo, acero y hierro. Se descubre el antibiótico contra la tuberculosis.

Presidente Juan Antonio Ríos, aquejado por un cáncer, deja su mandato en enero. Fallece el 27 de junio. El 28 de febrero, bajo el gobierno interino de Alfredo Duhalde, un mitin convocado por la Confederación de Trabajadores de Chile termina en “masacre de la plaza Bulnes”; la reunión es reprimida por tropas de infantería. Gabriel González Videla, candidato del Frente Popular, electo Presidente de la República.

1945

1946

Estados Unidos arroja bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, produciendo el rendimiento de Japón. Adolf Hitler se suicida en Berlín. Ho Chi Minh proclama la independencia de Vietnam. Nace la Organización de Naciones Unidas, ONU. Se crea la Liga de Estados Árabes. En EE.UU. fallece el presidente Franklin Delano Roosevelt.

Pablo Neruda: diputado por Tarapacá y Gabriela Mistral es galardonada con Antofagasta. Frente a costas peruanas el Premio Nobel de Literatura. Pablo se incendia buque escuela Lautaro de la Neruda recibe el Premio Nacional de la Armada Nacional, utilizado en labores de misma mención. El teatro Experimeninstrucción de grumetes y transporte de tal de la Universidad de Concepción salitre. Mueren 20 marinos chilenos. Elec- estrena obra La zapatera prodigiosa, ciones parlamentarias: Partido Radical, de Federico García Lorca. El Teatro de Conservador y Liberal son las tres primeras Ensayo UC estrena “El gran farsante”. mayorías. 60 estrenos teatrales.

1944

de las ideas y de la cultura en

Muere político y escritor nacional Domingo Amunátegui Solar. Fue Rector de la Universidad de Chile y entre sus escritos de corte histórico se encuentra “Bosquejo histórico de la literatura chilena”, entre otras. Carlos Droguett junto a Juan de Luigi funda el tabloide Extra. Fundación del Museo de Arte Contemporáneo. Ana González protagoniza el film La Dama de las Camelias.

Las tropas aliadas desembarcan en Normandía. Los aliados liberan las ciudades de París y Bruselas. La Royal Air Force, RAF, bombardea Berlín, lanzando sobre la ciudad más de dos mil bombas. El Presidente argentino, general Ramírez, dimite, siendo sustituido por el general Farell. La historieta “Batman y Robin” aparece por primera vez en los diarios.

El sacerdote Alberto Hurtado crea el Hogar Mariano Latorre: Premio Nacional de de Cristo para prestar socorro a niños que Literatura. Se publica revista América, viven en la calle. Diversas organizaciones posteriormente titulada Occidente, de mujeres celebran el 8 de marzo como dirigida por Eduardo Phillips Müller. CoDía Internacional de la Mujer y acuerdan laboraron Camilo Lamachez, Juan Luigi, convocar a congreso unitario que da origen Santiago Labarca, Armando González a Federación Chilena de Instituciones Feme- Rodríguez, Milton Rossel, entre otros. ninas, bajo dirección de Amanda Labarca. Se crea Editorial Pacífico, vinculada a la Falange Nacional.

Historia Chile

Mahatma Gandhi es asesinado en Nueva Delhi a balazos por Nathuram Godse. Se crea el Estado de Israel ante presiones internacionales del movimiento sionista. El Tribunal Supremo de Estados Unidos declara la igualdad de educación para blancos y negros. En Sudáfrica se implementa el “Apartheid” o segregación racial. Se crea la Organización Mundial de la Salud. Se aprueba la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El 4 de abril se firma en Washington el Tratado del Atlántico Norte, OTAN, proyectándose una alianza militar que asegura protección a los Estados miembros. Mediante este tratado, Estados Unidos asegura su presencia en Europa occidental durante Guerra Fría. China proclama la República Popular. Mao Tse-Tung, principal líder comunista chino.

Julio Barrenechea publica Vida del poeta. Aníbal Pinto Santa Cruz funda la revista Panorama Económico. Eduardo Anguita publica Últimos poemas. Humberto Díaz Casanueva y Antonio Acevedo Hernández obtienen el Premio Municipal de Poesía. Muere el escritor y abogado Luis Orrego Luco. Muere el poeta Vicente Huidobro. Sus restos descansan en una parcela familiar en Cartagena, frente al mar. Enrique Lihn publica poemario: Nada se escurre. Muere la pianista chilena Rosita Renard Artigas y la escritora Inés Echeverría de Larraín, Iris. Pablo de Rokha publica Arenga sobre el arte. Winétt de Rokha: El valle pierde su atmósfera. Braulio Arenas publica la revista Gradiva. El Teatro de Ensayo UC estrena Pigmalión.

Se aprueba la Ley de Defensa de la Democracia, también llamada “ley maldita”, con el voto de conservadores, liberales, radicales y un sector del socialismo. Se proscribe legalmente al Partido Comunista y el gobierno es facultado para ejercer represión sobre sus militantes, quienes se encuentran impedidos de ocupar cargos públicos y de representación sindical. La Corte Suprema aprueba desafuero de Neruda como senador.

Se promulga la ley Nº 9.292 de Sufragio Femenino Amplio, que concede voto político a mujeres en todo tipo de elecciones. Se produce estallido urbano conocido como “Revuelta de la Chaucha”, que tiene su origen en alza de tarifa de locomoción colectiva; participan estudiantes y obreros.

1947

1948

1949

La India y Pakistán declaran su independencia. Estados Unidos anuncia Plan Marshall, el que estipula ayuda económica para países de la Europa Occidental luego de la guerra. Comienza a funcionar el Fondo Monetario Internacional (FMI). Muere escritor español Manuel Machado. El Consejo de Seguridad de la ONU acuerda la creación de una comisión para el desarme mundial.

Se crea la Universidad Técnica del Estado, ex Escuela de Artes y Oficios. Se funda Liceo Darío Salas que incorpora educación mixta por primera vez en Chile. Humberto Díaz Casanueva publica La Estatua de Sal. Se funda el Teatro de la Universidad de Concepción y su primera compañía. José Bohr filma Si mis campos hablaran, inspirada en vida de Vicente Pérez Rosales.

Presidente González Videla rompe relaciones diplomáticas con Unión Soviética. Julieta Campusano, miembro del Partido Comunista, es elegida regidora por Santiago en las elecciones municipales. En Lota, mineros del carbón emprenden movimiento huelguístico. El Partido Socialista de Chile redacta un documento con las directrices fundamentales de su misión: la transformación del régimen existente.

Cuadro Cronológico

473

Investigación de campo de la tradición oral campesina por Juan Uribe, Miguel Jordá y Manuel Dannemann. El Teatro Experimental de la Universidad de Chile organiza el “Primer Festival de Teatro Universitario”. Margot Loyola recopila sus investigaciones. José Santos González Vera gana el Premio Nacional de Literatura. Pablo Neruda escribe su Canto General. Primer número del periódico La Tercera de la Hora. Gabriela Mistral obtiene el Premio Nacional de Literatura. Manuel Rojas publica Hijo de ladrón. Julio César Jobet escribe Ensayo crítico del desarrollo económico-social de Chile. Antonio Romera edita Historia de la pintura chilena. Hugo Correa: Los altísimos, obra cumbre de la literatura de ciencia ficción nacional. El padre Alberto Hurtado funda la revista Mensaje.

Muere el ex Presidente Arturo Alessandri Palma. Nace el servicio de transportes Andes Mar: une Valparaíso y Santiago. Huelga de trabajadores de Correos y Telégrafos, profesores y funcionarios del Banco del Estado. Compañía de Acero del Pacífico establece una usina en Huachipato. Se crea la Empresa Nacional de Petróleos S.A. (ENAP). Baja el precio internacional del cobre y afecta directamente a la economía nacional.

La radical Inés Enríquez es elegida como la primera diputada del país. La Falange Nacional constituye parte de la alianza de centro izquierda que propone a Eduardo Frei Montalva como candidato para las elecciones presidenciales del próximo año. Salvador Allende vuelve a las filas del Partido Socialista debido al respaldo del Partido Socialista Popular a la candidatura de Ibáñez.

1950

474

1951

Intervencionismo de los EE.UU. en algunos países de América. La cadena televisiva CBS transmite el primer programa en color. El tratado de San Francisco restaura la soberanía de Japón, aunque conserva la presencia militar estadounidense. En México se establece una sede de CEPAL para América Latina. En ese mismo país se realiza el Primer Congreso de Académicos de la Lengua Española.

Guerra de Corea. Stalin  y Mao Tse-Tung firman en Moscú el pacto de amistad entre China y la URSS. Se restablece pena de muerte en URSS. En EE.UU., el presidente Truman escapa ileso de un atentado en Blair House por portorriqueños. Violenta campaña anticomunista encabezada por el senador McCarthy en los EE.UU. Bertrand Russell obtiene Premio Nobel de Literatura. Muere George Orwell

Historia de las ideas y de la cultura en

Chile

1954

1953

1952

Implementación efectiva de la Universidad Técnica del Estado (UTE). Se crean los Centros de Educación Fundamental, destinados a la alfabetización de adultos. Volodia Teitelboim publica Hijo del salitre. Primera exposición de arte abstracto en el país. Margot Loyola estudia las danzas ceremoniales del norte de Chile. El actor y director Pedro de la Barra obtiene el Premio Nacional de Arte. Adelqui Millar filma Maridos y ocasión, con Juan José Miguez. Se crea el Premio Nacional de Periodismo. Aparece la revista Polémica. Se forma el Grupo Rectángulo. Violeta Parra debuta en Radio Chilena contratada para una serie de programas folclóricos. Primera Semana de Folklore Americano, con el auspicio del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Chile. En San Pedro de Atacama, Grete Mostny comprueba que el cunza ya no forma parte de la lengua de sus habitantes. Rafael Maluenda obtiene el Premio Nacional de Periodismo. Enrique Lafourcade propone la denominación “Generación del 50” para el grupo de escritores nacidos entre 1920 y 1934. Se funda la Universidad Austral. La Universidad de Chile se expande hacia provincias.

Carlos Ibáñez del Campo es elegido por segunda vez Presidente de la República. Las mujeres participan por primera vez en las elecciones presidenciales. Se organiza el Servicio de Seguro Social. Creación de la Corporación para la Vivienda: CORVI. Se funda el Servicio Nacional de la Salud. Censo Nacional arroja un total de 5.932.995 habitantes. La esperanza de vida para los hombres es de 52,95 años, en tanto para las mujeres es de 56,78 años.

Se crea la Dirección de Asuntos Indígenas. Se disuelve el MEMCH: Movimiento ProEmancipación de las Mujeres de Chile. Nace la Central Única de Trabajadores: CUT. Se crean el Banco del Estado, el Ministerio de Vivienda y el de Minas. Se promulga la Ley de Asignación Familiar. Son afirmados como legítimos los hijos de matrimonios anulados.

Se inaugura la Refinería de Petróleo de Con Con. Convocada por la Federación Nacional de Trabajadores Agrícolas, es realizada en Santiago la Conferencia Nacional de la Federación; sus reivindicaciones tienen que ver con reajustes salariales y jornada de ocho horas. Unilever comienza sus operaciones fabriles en Santiago. Huelga en las minas de cobre se extiende por todo el país y el gobierno implanta el Estado de Sitio.

La CIA organiza el derrocamiento del Presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz. Golpe de Estado en Irán derroca al presidente Mossadegh. La conferencia de Ginebra creó tres nuevos Estados independientes: Laos, Camboya y Vietnam. Mao Tse-Tung es electo Presidente de la República Popular China. EEUU completa su sistema de alianzas militares con la formación de la Organización del Tratado del Sudeste Asiático.

En la URSS muere Stalin y es sucedido por Nikita Jruschov. Se hace público el descubrimiento de la estructura del ADN. En Cuba un grupo armado liderado por Fidel Castro ataca el cuartel Moncada. En EE.UU., Truman es sustituido en la presidencia por el republicano Eisenhower. Se agudiza la Guerra Fría.

EE.UU. efectúa en las islas Marshall la detonación de la primera bomba de hidrógeno. EE.UU y Chile firman un acuerdo de ayuda militar. Ecuador, Perú y Chile proclaman la tesis del mar territorial de 200 millas náuticas. En Argentina muere Eva Duarte de Perón, Evita; su desaparición representa una grave pérdida para el movimiento justicialista debido a su influyente personalidad política; durante este mismo año, el Gral. Juan D. Perón es reelecto como Presidente.

Cuadro Cronológico

475

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1957

La Falange Nacional y el Partido Conservador Gabriela Mistral muere en Nueva York. Social Cristiano se unen y fundan el Partido Se crea el Departamento de Cine ExDemócrata Cristiano. Se realiza un Congreso perimental de la Universidad de Chile. de Unidad en el que participaron el Partido Marta Brunet publica María nadie, e Socialista Popular y el Partido Socialista de Isidora Aguirre, Las tres Pascualas. Chile. Pobladores ocupan el terreno de La Manuel Rojas obtiene Premio Nacional Victoria. Huelgas a nivel nacional terminan de Literatura, y el músico Alfonso Leng en la denominada ‘Batalla de Santiago’. El Hayguns, el de Arte. Aparece uno de promedio anual del IPC es de 17,3%. los primeros grupos de rock chileno: “William y sus Rockers”.

Rusia lanza el Sputnik I, primer satélite artificial. EE.UU. acelera sus esfuerzos en investigación tecnológica. Se firma el Tratado de Roma que forma la Comunidad Económica Europea; es suscrito por Francia, Italia, Alemania Federal, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. El médico inglés Alick Isaacs descubre una proteína conocida como interferon.

Se crea la Universidad de Chile zona El XX Congreso del Partido Comunista de norte. Hernán Ramírez Necochea pu- la Unión Soviética establece la doctrina blica Historia del movimiento obrero de la coexistencia pacífica. En Medio en Chile: antecedentes siglo XIX. María Oriente estalla la Guerra de Suez debido Carolina Geel escribe Cárcel de mujeres, a las restricciones impuestas por Egipto obra que se publica con un prólogo de a Israel para la navegación en el canal. Hernán Díaz Arrieta, Alone. José Caracci El congreso de la FIFA encarga a Chile la obtiene Premio Nacional de Arte, y Max organización del 7º Campeonato Mundial Jara, el de Literatura. de Fútbol. Samuel Kramer publica su obra La historia empieza en Sumer.

Se organiza el Frente de Acción Popular. El Consejo de Defensa Fiscal pasa a denominarse Consejo de Defensa del Estado de Chile y se establece su Reglamento Orgánico. El promedio anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) es de un 37,7%. Se crean las Industrias Forestales S.A. (INFORSA). El cardenal Raúl Silva Henríquez organiza y es el primer Presidente de Cáritas Chile.

de las ideas y de la cultura en

1956

1955

Francia reconoce la independencia de Vietnam del Norte y del Sur, en este último se proclama la república con Ngo Dinh Diem. Como réplica a la OTAN, los países de la órbita soviética firman el Pacto de Varsovia. Se consolida la división del mundo en bloques. En Argentina es derrocado el gobierno del general Juan D. Perón por un alzamiento cívico-militar. Se hace pública una vacuna efectiva contra la poliomielitis.

Se crea el Instituto Fílmico en la Universidad Católica. Se estrena la Orquesta Filarmónica en el Teatro Municipal. La revista Zig-Zag cumple 50 años. Nicanor Parra publica Poemas y Antipoemas; recibe el Premio Municipal de Santiago. Jorge Inostroza publica Adiós al Séptimo de Línea. Violeta Parra obtiene el Premio Caupolicán, otorgado por la Asociación de Cronistas de Espectáculos.

Se establece el salario mínimo campesino. Miles de mujeres participan en los movimientos sociales, uniéndose a la huelga general de trabajadores realizada el 7 de julio. Se pone en marcha la central hidroeléctrica Cipreses en la provincia de Talca. El promedio anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) es de un 83%. El cardenal Raúl Silva Henríquez organiza el Instituto Católico de Migración.

Historia Chile

Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara encabezan la triunfante Revolución cubana. Vietnam: guerra entre repúblicas del Norte y del Sur. Toma ribetes internacionales con apoyo de EE.UU y otros 40 países a Vietnam del Sur; la URSS y la República Popular China lo hacen a favor del Norte. Los gobiernos de Chile y Argentina firman las bases de un arbitraje por los conflictos limítrofes de Palena y el Beagle. Francia detona su primera bomba atómica. En EE.UU. es electo presidente John F. Kennedy. EE.UU. lanza su primer satélite de comunicaciones ECHO I. En Occidente se difunde entre las mujeres el uso del espiral intrauterino como método anticonceptivo.

Se crea el Consejo de Censura Cinematográfica. La PUC inicia sus transmisiones oficiales de televisión en circuito abierto. Víctor Jara dirige su primera obra, Parecido a la felicidad, de Alejandro Sieveking. Primer Festival de la canción de Viña del Mar. Se estrena La pérgola de las flores. Se publica Proceso a la Literatura Chilena, donde cinco cargos son expuestos por José Manuel Vergara, en representación de los narradores de la Generación Literaria de 1950. Se perfila la Nueva Ola de Chile. La Universidad de Chile inicia sus transmisiones de televisión abierta. Se funda la Sociedad de Arte Escénico.

Surge una nueva moneda, el escudo, que equivale a mil pesos anteriores. Los consumos industriales de energía eléctrica en el país crecen un 14,7%. El promedio anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) es de 33,3%. Se instituyen los ministerios del Trabajo y Previsión Social, y de Salud Pública.

“Gran Terremoto de Chile”: sismo que afecta considerablemente a la zona sur del país. Muere el ex presidente Carlos Ibáñez. Se crea la Empresa Nacional de Minería. Es promulgado el Decreto Fuerza de Ley 2 (DFL2) para la construcción de viviendas económicas. La desocupación llega al 6,7%. El promedio anual del IPC es de 5,4%. Los ciudadanos con derecho a sufragio son 1.679.681.

1959

1960

1958

El papa Juan XXIII inicia su pontificado e impulsa transformaciones progresistas. Boris Pasternak es presionado por la URSS y rechaza el Premio Nobel de Literatura por Dr. Zhivago. En EE.UU. entra en funcionamiento la primera central nuclear civil para la generación de electricidad. Argentina; electo presidente Arturo Frondizi. China inicia el Gran Salto Adelante, política de aceleración del crecimiento económico.

Se desarrolla el Primer y Segundo Encuentro de Escritores Chilenos en la Universidad de Concepción. Bajo el seudónimo Lukas, Renzo Pecchenino publica su primera caricatura en el periódico La Unión de Valparaíso. Roberto Parra compone El chute Alberto, inaugurando la “cueca chora”. Se transmite por radio un debate presidencial. Violeta Parra funda el Museo Nacional del Arte Folclórico Chileno.

Muere el cardenal arzobispo José María Caro Rodríguez; se decreta duelo nacional. Jorge Alessandri Rodríguez gana las elecciones presidenciales. Se crea la Cédula Nacional de Identidad. Se deroga la “Ley Maldita”. La deuda externa de Chile alcanza los US$ 531 millones. El promedio anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC) es de 32,5%. Inés Enríquez, la primera mujer diputada, presenta un proyecto de ley sobre divorcio.

Cuadro Cronológico

477

478 La presencia de misiles nucleares rusos en Cuba crea una gravísima crisis que culmina con el retiro de éstos por los rusos tras un tenso bloqueo naval de los EE.UU. a la isla. Cuba confisca bienes norteamericanos y EE.UU. responde con un embargo comercial total. En la carrera espacial, la NASA de EE.UU. coloca en órbita terrestre una nave tripulada; lanza también el satélite Telstar, para transmitir imágenes y conversaciones telefónicas. El cardenal Giovanni Montini es elegido nuevo Papa y toma el nombre de Paulo VI. Es asesinado John F. Kennedy, le sucede en la presidencia Lyndon B. Jonson, quien mantiene una política de intervención militar en los países proclives al comunismo. Martin Luther King lidera una multitudinaria marcha contra el racismo. China ingresa al “Club Atómico” haciendo estallar una bomba.

Se transmite La pérgola de las flores por Canal 13 de televisión. Los Ramblers graban “El rock del mundial”, primera canción de rock n’roll chileno que alcanza el número uno en los ranking de popularidad. Adolfo Couve obtiene la Beca Escuela de Bellas Artes de París, Francia. Radio El Conquistador es la primera en transmitir con frecuencia modulada en Chile. Se crea el Coro Filarmónico Municipal. Benjamín Subercaseaux obtiene el Premio Nacional de Literatura. Jorge Teillier junto a Jorge Vélez fundan la Revista Orfeo, ésta tuvo como finalidad la difusión de la poesía nacional y extranjera. Surge en Viña del Mar el conjunto “Los Jaivas”, con el nombre original de “High Bass”. Primer Festival Internacional de Cine Aficionado en el Teatro Municipal de Viña del Mar.

El gobierno promulga la ley de Reforma Agraria Nº 15.020. Se crea la Corporación de Reforma Agraria y el Instituto de Desarrollo Agropecuario. Raúl Silva Henríquez anuncia que la Iglesia entregará tierras al proceso de Reforma. El Episcopado da a conocer la Pastoral Colectiva “La Iglesia y el Problema Campesino”. Protestas en contra de la “Ley Mordaza” hacia la prensa. Se celebra la VII Copa Mundial de Fútbol.

En las elecciones municipales, la Democracia Cristiana logra el 22,8% de los votos, convirtiéndose en uno de los partidos más poderosos del país. Se celebra el Tercer Congreso de la CUT. Devastador brote de influenza equina. Erupción del volcán Villarrica. Los consumos industriales de energía eléctrica crecen 11,3%. El promedio anual del IPC es de 45,4%.

1961

1962

de las ideas y de la cultura en

1963

Chile acepta formar parte de la “Alianza Óscar Hahn publica Esta rosa negra; y Rusia coloca en órbita terrestre al primer para el Progreso”, propuesta por EE.UU. Mercedes Valdivieso La brecha, primera astronauta; poco más tarde, EE.UU. lanza Se forma el Movimiento de Fuerzas Revo- novela feminista latinoamericana. Tras exitosamente en su primer vuelo suborbital. lucionarias (MFR), encabezado por Clotario regresar de Isla de Pascua, Margot En Cuba, una brigada de asalto de cerca de Blest, ex Presidente de la CUT. Raúl Silva Loyola da a conocer al mundo el Sau 1.300 opositores al régimen comunista de Henríquez es designado arzobispo de San- Sau, danza tradicional pascuense de Castro desembarca en Bahía de Cochinos, tiago. La Balanza de Pagos de Chile arroja origen polinésico. Jorge Díaz estrena con apoyo financiero y militar de la CIA. un déficit que asciende a US$147 millones. Un hombre llamado isla, Réquiem por En Alemania es construido el muro de un girasol y El cepillo de dientes. Berlín. Surgen guerrillas en varios países El promedio anual del IPC es de 9,7%. de Latinoamérica.

Historia Chile

1966

1965

1964

Sudeste asiático: lanchas rápidas vietnamitas atacan con torpedos a los destructores de EE.UU. en el Golfo de Tonkín. Nelson Mandela es condenado a prisión perpetua en Sudáfrica. El proceso renovador impulsado por Jrushov en la URSS es detenido por la “vieja guardia” stalinista, su sucesor en el cargo es Leonid Breznev. La Organización para la Liberación de Palestina es creada por la Liga Árabe. El Papa Paulo VI clausura el Concilio Vaticano II. EE.UU. interviene militarmente en República Dominicana, la que se encontraba inmersa en una guerra civil. En New York es asesinado el líder negro Malcom X. Se producen graves disturbios raciales en Los Ángeles, EE.UU. Revolución cultural en China, movimiento que se basa en la recuperación de la pureza de los ideales originarios de la revolución. La Unión Soviética envía la nave Lunik IX en misión a la Luna y por primera vez se logra un descenso controlado. En EE.UU. el Congreso aprueba la legislación que obliga a las empresas tabacaleras a advertir a los fumadores en cada envase los efectos nocivos del hábito de fumar. Se crea la OSPAAL, Organización de Solidaridad entre los Pueblos de África, Asia y América Latina.

La Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales crea la Escuela Latinoamericana de Ciencias Políticas y Administración Pública. Marcela Paz asume dirección de la Sección Chilena de la Organización Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Se funda el Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad de Chile. Francisco Coloane: Premio Nacional de Literatura. Reforma educacional establece cuatro niveles: educación parvularia, básica, media y superior. Surge en la casa del pintor y cantor Juan Capra, la Peña de los Parra, centro del movimiento de la Nueva Canción. Surge el grupo Trilce, en Valdivia; entre sus miembros se encuentran los poetas Omar Lara, Federico Schopf, Juan Armando Epple y Carlos Cortínez. Sebastián Queupul publica Poemas mapuche en castellano, y Anselmo Quilaleo Cancionero araucano. Es fundado el Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile. Se realiza la última versión del Premio Atenea; reciben el galardón, entre otros: Eugenio Pereira Salas, por Historia del arte en el Reino de Chile, y Rodolfo Oroz, por La lengua castellana en Chile.

La derecha apoya al candidato DC Eduardo Frei Montalva, y éste gana las elecciones presidenciales. Se crea ENTEL Chile S.A., (Empresa Nacional de Telecomunicaciones), primera de Latinoamérica. Surgen programas nacionales intensivos de planificación familiar: píldoras y dispositivos intrauterinos. Se crea la JUNAEB. El Censo Nacional arroja una población de 8.400.000 habitantes.

Se crea el Ministerio de Vivienda y Urbanismo. En la Universidad de Concepción se crea el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), de tendencia guevarista. Un terremoto grado 7,4 en la escala de Richter sacude la zona central de Chile, su epicentro es localizado en La Ligua. El Partido Demócrata Cristiano se constituye como en el principal partido político del país.

El presidente Frei Montalva da las cifras de expropiación: 332 fundos abandonados o mal explotados. Se otorgan 304 personalidades jurídicas para los sindicatos industriales y 370 para profesionales. Ocupación de terrenos en Santa Adriana da paso a la población del mismo nombre. Se celebra el Tercer Congreso de Mujeres. Se forma el Partido Nacional. Se da marco legal a la chilenización del cobre.

Cuadro Cronológico

479

480

1969

Con el Decreto Supremo N° 2.055 culmina el proceso de reforma universitaria; son aprobados nuevos estatutos que rigen las casas de estudios superiores. La FECH ocupa la Casa Central. Aparece Árbol de Letras, revista literaria dirigida por Jorge Teillier y Antonio Avaria. Pablo de Rokha se suicida. Se funda el sello grabador Discoteca del Cantar popular, DICAP. Raúl Ruiz estrena su película Tres tristes tigres. Víctor Jara obtiene el primer lugar en el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, organizado por la Vicerrectoría de Comunicaciones de la PUC. Se estrena El Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin. Se realiza el Segundo Encuentro de Cineastas Latinoamericanos. Enrique

Es aprobado el proyecto de ley que eleva el número de tribunales del país y crea una Corte de Apelaciones en Rancagua. Se aprueban las leyes de Juntas de Vecinos y de Madres, como resultado de las políticas de promoción popular. Se reforma el Código Sanitario. En el Congreso de Ercilla se reúnen las organizaciones mapuches. El promedio anual del IPC es de 27,9%. Se implementa el Plan de Transportes de Santiago.

Nacionalización Pactada del Cobre: el Estado compra el 51% de las acciones a valor libro de Chuquicamata (manejada por la subsidiaria Chile Exploration Company) y El Salvador (controlada por Andes Copper Minning) a la Anaconda Copper Company. Los partidos Liberal, Conservador y Acción

La misión espacial Apolo XI de los EE.UU. coloca a los primeros hombres en la superficie de la Luna. En las cercanías de New York se realiza el primer megafestival de Woodstock, agrupando a la juventud bajo las consignas de amor, paz y música La Organización para la Liberación de

En EE.UU. mueren asesinados Martin Luther King y Robert Kennedy. Manifestaciones juveniles contra la guerra de Vietnam. Francia enfrenta las protestas estudiantiles en París; éstas marcan un hito en los movimientos de protesta. En Checoslovaquia, las reformas progresistas del gobierno son aplastadas por el Ejército ruso y sus aliados del Pacto de Varsovia. Este intento se conoce como la Primavera de Praga. Masacre de Tlatelolco, México.

En Medio Oriente estalla la Guerra de los 6 Días entre árabes y judíos. El líder guerrillero Ernesto ‘Che’ Guevara es capturado y ajusticiado en Bolivia. El periódico The New York Times informa que el ejército de EE.UU. está llevando a cabo experimentos secretos de guerra biológica. Bolivia solicita ayuda militar a Argentina en la lucha contra la guerrilla. En Australia, una reforma constitucional pone fin a la discriminación racial contra los aborígenes.

de las ideas y de la cultura en

1968

1967

Producto de la Reforma Universitaria en la PUC, profesores y estudiantes presentan como candidato a Pro-rector a Fernando Castillo Velasco, quien es electo, enfrentando el conflicto universitario que culminará en la toma de la Casa Central de la Universidad. Se rinde por primera vez la Prueba de Aptitud Académica. Se fundan en la Biblioteca Nacional las secciones Referencias Críticas, Archivo de la palabra y Archivo del Escritor.

Se promulga la ley N°16.625 sobre sindicalización campesina; y Reforma Agraria (Ley Nº 16.640), la que facilita la expropiación masiva de los predios agrícolas. Es inaugurado el aeropuerto internacional de Pudahuel. Se promulga la Ley de Menores que crea el Consejo Nacional de Menores y la Policía de Menores. El Partido Socialista de Chile en su XX Congreso se autodefine como marxista leninista.

Historia Chile

1971

1970

Firma del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP), propiciado por la O.N.U. Se desarrollan los misiles antitanque guiados por cable. Primer secuestro aéreo en España. Perú y Colombia dan a conocer su decisión de defender sus derechos para fijar la extensión de sus mares territoriales. En Munich se realiza con éxito el primer trasplante de nervios humanos. George Harrison anuncia la disolución de The Beatles. En el marco de la guerra de Vietnam, tropas de Vietnam del Sur invaden Laos, apoyadas por los Estados Unidos. Muere Nikita Jruschev, ex jefe del Estado soviético. Juan José Torres, Presidente de Bolivia, es derrocado por el coronel Hugo Banzer. Comienza a difundirse el video-cassette, formato para copia y reproducción. Se lanza al mercado el fax, telecopiadora capaz de enviar datos por medio de una línea telefónica.

Es asesinado el Comandante en Jefe del Se publica el último número de la reEjército, general René Schneider, por gru- vista Topaze. Se inicia movilización de pos de ultra derecha. Campaña electoral los trabajadores de la Editorial Zig-Zag caracterizada por una aguda polarización demandando traspaso de la empresa interna termina con la elección de Salvador al área social de empresas del EstaAllende Gossens, mediante una negocia- do. Surge Nueva Novela Histórica en ción en el Congreso Nacional entre la U.P. Latinoamérica; desde Chile emergen (Unidad Popular) y la Democracia Cristiana. importantes representantes. Se da a El gobierno firma un tratado comercial conocer el Manifiesto de los cineastas con Cuba. de la Unidad Popular.

En noviembre, Fidel Castro visita oficialmente el país y se reestablecen relaciones diplomáticas con Cuba. El presidente Allende decreta la nacionalización de todos los bancos privados del país, mientras el Congreso nacionaliza el cobre. En las elecciones municipales, la Unidad Popular obtiene un 49,