Crisis del Estado de bienestar. Hacia una nueva teoría del Estado y sus consecuencias sociales
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Crisis del Estado de Bienestar Hacia una nueva teoría del Estado y sus consecuencias sociales

Bob Jessop Compiladores Alberto Supelano Sarmiento Jorge Iván Bula

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Universidad Nacional de Colombia

Jessop, Bob Crisis del Estado de Bienestar: hacia una nueva teoría del Estado y sus consecuencias sociales/Bob Jessop; traductor Alberto Supelano Sarmiento; compiladores Alberto Supelano Sarmiento y Jorge lván Bula. - Santa Fe de Bogotá: Siglo del Hombre Editores, Universidad Nacional de Colombia, 1999. 214 pp; 21 cm. - (Biblioteca Universitaria. Ciencias Sociales y Humanidades. Econo­ mía Política) ISBN 958-665-022-7 1. Teoría del Estado 2. Economía Política l. Supelano, Alberto, tr. 11. Bula, Jorge lván, comp. 111. T ít. IV. Serie 320.1cd 19 ed. AGJ0017 CEP-Biblioteca Luis Ángel Arango

La presente edición, 1999

© Bob Jessop © de la traducción, Alberto Supelano Sarmiento

© Facultad de Derecho y Ciencias Políticas Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas, Universidad Nacional de Colombia, Santa Fe de Bogotá, D. C., Tel. 3165000

© Siglo del Hombre Editores Cra. 32 Nº 25-46 Santa Fe de Bogotá, D. C. Tel. 3377700 3377666 Fax. 3377665 [email protected] Diseño de colección y portada Mauricio Melo González [email protected] ISBN: 958-665-027-8 Panamericana Formas e Impresos Calle 65 Nº 94-72 Santa Fe de Bogotá Impreso en Colombia - Printed in Colombia

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida ni en su todo ni en sus partes, ni registrada en o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial.

ÍNDICE

Prólogo

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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FORDISMO Y POSTFORDISMO : UNA REFORMULACIÓ N CRÍTICA

Los cuatro niveles del fordismo .. 19 Estructura y estrategia en el análisis del fordismo 29 Problemas del concepto de fordismo 30 La transición al postfordismo ................................. 40 Problemas del postfordismo .................................... 49 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

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¿HACIA UN ESTADO DE TRABAJO SCHUMPETERIANO? Observaciones preliminares sobre ld economía política posifordista

El perfil de las cuatro afirmaciones .. 64 Cambios en la economía global y funcioues�del Estado como contexto y causa ..................... (69 ·¡ Algo más sobre el Estado de . Trabajo Schumpeteriano ..................................\'L4" El "vaciamiento" y el desarrollo del ETS . 80 El postfordismo y el ETS ........................................ 84 Estrategias alternativas del ETS ............................ 87 . . . . . . .

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DESARROLLOS RECIENTES EN LA TEORÍA DEL ESTADO Enfoques, problemas y agendas El legado marxista ............................................... La segunda oleada ........................ . ...................... Dos nuevas direcciones de investigación .............. ¿Una agenda posible? ..... ..... .. ..... ..... ...... .......... ....

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REGULACIÓN, GOVERNANCE Y POSTFORDISMO ¿Perspectivas alternativas sobre el cambio político y económico? Antecedentes teóricos de la regulación y de la govemance . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. .. . . . . . ........... . . .. Antecedentes meta-teóricos del trabajo sobre regulación y la govemance . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Diferencias básicas entre los análisis de la regulación y de la govemance . . . . . . . . ... .. . . . . . . . Fordismo y postfordismo ... .... .. .......... ........ ...... .... . Problemas en torno de la cuestión regulación-govemance........................................

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LA CIUDAD EMPRESARIAL: ¿REINVENCIÓN DE LAS LOCALIDADES, REDISEÑO DE LA GOVERNANCE ECONÓMICA O REESTRUCTURACIÓN DEL CAPITAL? Aspectos teóricos preliminares ....... .............. ........ La narración de la ciudad/región empresarial . .... . Trazando la aparición de la ciudad empresarial .... El rediseño de la govemance urbana ........ .......... .. La explicación del auge (¿y la caída?) de la ciudad empresarial.... .... .......... ......... .. ... ..

1 79 182 185 188 194

Índice analítico .. .. .... ...... ....... .. ..... ... ........ ... ....... 207 .

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Detrás de la globalización resuena un antiguo clamor: ¡El Estado ha muerto, viva el Estado! En efecto , las tendencias y las presiones ocasionadas p or las transformaciones que hoy ocurren a escalas internacional, regional, nacional y local parecen evidenciar lo que algunos autores denominan "la crisis del Estado-nación" . Los procesos económicos y políticos supranacionales - expresión que para algunos es el emblema de la globalización- y el viraje hacia la descen­ tralización, que también tiende a globalizarse , ej ercen pre­ siones sobre el Estado, desde arribay desde abaj o , que ha­ cen dudar de su pertinencia y aun de su permanencia tem­ poral y espacial como instrumento de regulación social. El margen de acción de los gobiernos para el manej o macroeconómico es cada vez más reducido . Las decisiones de otros gobiernos o de entidades multilaterales afectan sus economías y obligan a introducir ajustes para adaptarlas a los cambios provenientes del entorno . El margen de decisión se restringe aún más cuando un país participa en procesos de integración con otros países de su misma área geográfica o incluso -como se observa en la actualidad- con países de otras regiones . Esa participa­ ción impone diversos compromisos en materia de política comercial y en el m anej o de algunas variable s m a ­ croeconómicas que pueden afectar al sector externo de la economía (tasas de cambio , niveles de inflación, tasas de interés , déficits fiscales). En ciertos casos, como ocurre en la

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Unión Europea, determinan la política social y la política monetaria, dos áreas que hasta hace poco formaban parte de la soberanía de los Estados . Por su parte , la descentralización ha dado lugar a una doble dinámica : la globalización de lo local y la localiza­ ción de lo global . Las localidades buscan traspasar las fronteras nacionales a la vez que experimentan los efec­ tos de la globalización. Las economías locales s e deste rritorializan a medida que deben adaptarse a las transformaciones que ocurren en otras partes del plane­ ta, y las tradiciones y los productos locales se exportan a todos los rincones de la tierra. Como resultado de este doble proceso, muchas decisio­ nes que se adoptaban en los niveles centrales del Estado se han transferido en gran medida a las localidades (provin­ cias , departam e ntos o municipio s ) . Los m e c anismos cuasiautomáticos de transferencia presupuesta! desde el centro hacia las regiones y la delegación o el traslado de funciones que antes ejercían los gobiernos centrales son algunas de las manifestaciones de este proceso. También han surgido nuevas formas de enfrentar los pro­ blemas de las localidades, como las redes conformadas por organizaciones provenientes de la sociedad civil, que en apa­ riencia tienen autonomía frente al Estado y harían irrele­ vante su presencia, dado que tienen sus propias fuentes de financiamiento . Son las llamadas Organizaciones No Gu­ bernamentales (ONG) nacionales e internacionales . Las redes de ONG y de movimientos sociales , los procesos de integración y la interdependencia creciente de los fenó­ menos económicos a escala mundial son factores que refle­ j an la crisis del Estado-nación. Una crisis que parece estar relacionada con la crisis económica que desató los cambios que hoy percibimos , más o menos nítidamente , en los pro­ cesos de trabaj o , en las formas de organización industrial, en los mecanismos de gestión macroeconómica y, en suma, en las acciones de los agentes que intervienen en la econo­ mía. En consonancia, también han ocurrido cambios en las formas de regulación social y política y se ha producido una modificación de los paradigmas que influyen en el compor­ tamiento de los actores en las diferentes esferas de la socie­ dad. Algunos autores , entre ellos Bob Jessop, consideran que esta crisis es, en esencia, una crisis del modelo de acumula­ ción fordista.

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EL RESURGIMIENTO DEL PROBLEMA DEL ESTADO

Esta crisis del Estado-nación o, más precisamente, del Esta­ do como instrumento de regulación social no ha tocado fon­ do y quizás es una simple ilusión; en este caso, habría, más bien, una redefinición de la forma del Estado, de lo que Jessop llama la forma-Estado cuando trata de explicar el proceso mediante el que "la forma problematiza la función". Es decir, el proceso de reconfiguración del Estado y de su relación con una serie de funciones distintas de las que tradicionalmente se le atribuyeron durante el período de la hegemonía keynesiana propia del régimen de acumulación fordista. La discusión de este tema es aún más relevante por cuan­ to las agencias multilaterales parecen haber dado un giro de 1 80 grados : se les había visto (o percibido) defender al mer­ cado como el mecanismo de regulación, por excelencia, de los intercambios económicos entre los agentes , pero además como forma de regulación social en general; alentaban un Estado relegado a las simples funciones de lo que Gramsci llamaba el "Estado gendarme" , dedicado en lo fundamental a las labores de justicia y orden, y a las de garantizar un entor­ no sano para el funcionamiento de los mecanismos de mer­ caqo; es decir, lo que durante las dos últimas décadas mu­ chos denominaron el "Estado minimalista". Hoy se encuen­ tra que , en su último informe, el de 1 997, el Banco Mundial reclama y casi reivindica la importancia del Estado como me­ canismo de regulación económica y social, sin duda bajo una fuerte y coherente articulación con el mercado. Giro , por demás , paradójico, pues la nueva aproximación de esta agencia dej a sin piso las críticas y los supuestos enfoques alternativos que suscitaron las medidas promovi­ das por ella y por el Fondo Monetario Internacional en las políticas económicas adoptadas , en particular, por los paí­ ses en desarrollo. En efecto, la nueva agenda involucra problemas como la democratización del Estado a través de mecanismos de par­ ticipación democrática y de transparencia 1, la participación de organizaciones no gubernamentales, la cooperación in­ ternacional y un aspecto de la mayor relevancia, esto es, el

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Mecanismos que permitan exigir responsabilidad a las agencias del Estado , ligados al concepto d e accountability.

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reconocimiento de los problemas institucionales que impiden ( 0 posibilitan) un buen funcionamiento del Estado e incluso de los mecanismos de mercado. Por supuesto, no se abando­ nan las viejas preocupaciones de estabilidad macroeconómica y de eficiencia en la asignaci�n de recursos , ni las ya asimi­ ladas de la agenda internacional, como los problemas am­ bientales . Paradoj a, porque en este nuevo enfoque el B anco Mundial parece alinearse en la discusión que por largo tiem� po han mantenido autores marxistas en tomo de la relación entre Estado y mercado ; en ella, ciertas corrientes recono­ cen la necesaria articulación-de los dos agentes en el proce­ so de asignación de recursos , apreciación recogida de ma­ nera amplia por las teorías del desarrollo centradas en el ser humano (human centred development theories) . Este viraj e puede ser interpretado como una evidencia de la breve existencia del neoliberalismo como alternativa a la crisis , tanto de su discurso y de su lectura de la crisis , como de sus propuestas de polítiqi económica y social que pre­ tenden modelar el mundo real. De ser así, el auge y la deca­ dencia del neoliberalismo se_presentaron en un período in­ ferior al que tuvo la hegemonía keynesiana. Otros verán en estos cambios la fuerza de los hechos que obliga a reconocer que más allá de las teorías de los libros de texto hay una realidad que se impone . Según ellos , no pueden pasarse por alto las formas institucionales y su gé­ nesis en el momento de formu1ar medidas de política econó­ mica conducentes a favorecer un determinado desarrollo económico y social de los p aíses. Y también habrá quienes lean en este "nuevo" enfoque del Banco Mundial una reelaboracion discursiva que sólo reitera sus principios eficientistas en el manejo del Estado y de la economía, más allá de toda consideración ética concerniente a problemas de equidad y distribución de las riquezas . El reciente trabaj o del Banco-suscitará, sin duda, muchas más lecturas . Lo que pone de relieve, en todo caso, es que el problema del papel del Estado y las reflexiones sobre el mis­ mo tienen aún un largo trecho por recorrer. Estamos lejos de comprender y aprehender todas las dimensiones de los cam­ bios que en materia de mecanismos de regulación social han acompañado lo que más o menes de manera consensual se conoce como la flexibilización o el régimen de acumulación postfordista. Jessop reconoce de alguna manera esa situa­ ción. El propósito de los trabajos que se recopilan en esta

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edición es entregar algunos elementos de juicio y vías de aproximación acerca de-tales transformaciones . Estado minimalista; Estado neoliberal, Estado corporati­ vista, Estado regulador,. son caracterizaciones en las que se centra el debate sobre el tipo de Estado que está emergiendo con los nuevos cambios en el régimen de acumulación. Sin embargo , aún se requiere un gran trabaj o intelectual e investigativo para comprender mejor la forma de Estado que se dibuja sobre los escombros del Estado de Bienestar; y, sobre todo , para poder imaginar formas de Estado que per­ mitan incorporar a los actores sociales secularmente exclui­ dos de los beneficios de la modernidad, "las clases subalter­ nas de la sociedad" , al deCir de Gramsci, las supeditadas a los destinos demarcados por las clases hegemónicas . Los TRABAJOS DE BOB JESSOP La colección de ensayos que aquí se presenta es p arte de la prolífica producción de uno de los autores más reconocidos en el ámbito académico como especialista en Teoría del Es­ tado . La sola mención deJq. producción intelectual del pro­ fesor Jessop sobre el tema del Estado sería una tarea exten­ sa y dispendiosa, y dej aría de lado otros estudios colatera­ les que cubren una amplia gama de aspectos relacionados con el funcionamiento de la sociedad capitalista. La reseña de toda su obra es una tarea aún más compleja. Los trabaj os que aquí se presentan abordan dos proble­ máticas distintas aunque ligadas estrechamente: las trans­ formaciones recientes -del sistema capitalista, tema que Jessop aborda intentando entender y explicar las diferentes lógicas y características del régimen de acumulación postfordista, y los proble111as que plantean el estudio y la caracterización del Estado, capitalista, área en la que se ocupa de entender las nuevas formas de regulación correspondien­ tes al nuevo régimen de acumulación. El nivel de abstracción' es distinto en cada uno de los ensayos. Algunos se sitúan en una dimensión teórica y discursiva; otros , que re ftej an un esfuerzo de sistematiza­ ción empírica, intentan Sintetizar algunas tendencias ob­ servadas y observables en la dinámica de los procesos de globalización y en las nuevas formas de organización de los aparatos productivos de las sociedades industriales en par­ ticular, y del sistema capib1�i�ta en general.

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En "Fordismo y postfordismo : una reformulación críti­ ca", Jessop trata de hacer una construcción ideal-típica, a la manera weberiana, de los elementos característicos de cada uno de estos modelos de acumulación; para ello iden­ tifica cuatro niveles de análisis : el proceso de trabaj o , el régimen de acumulación, el modo de regulación y lo que se podría denominar el "modo de societalización" . Para elaborar esa construcción ideal, Jessop analiza los elementos de la producción capitalista ligados a la forma valor (la forma moneda y la forma salario) y los elementos relacionados con las farmas distintas del valor (los aspectos institucionales) que acompañan a las modificaciones de los primeros y que les son consustanciales . El profesor Jessop no se limita a construir un tipo ideal de cada una de estas formas de acumulación del capital; también intenta enten­ derlos como momentos estructurales y estratégicos del pro­ ceso de acumulación y, además , problematiza cada uno de los niveles de análisis desde los que . aborda la construcción de cada modelo, contrastándolos con la forma que estos ti­ pos ideales revisten en los procesos históricos reales . Aunque el autor no logra definir precisa y totalmente las características del postfordismo (y tampoco las del fordismo), tiene el gran mérito de organizar la discusión en torno de los elementos esenciales que permiten identificar los aspec­ tos novedosos que surgen después de la crisis del Estado de Bienestar. En su artículo "¿Hacia un Estado de trabaj o schumpete­ rjano? Observaciones preliminares sobre la economía polí­ tica postfordista" , la reflexión es más depurada y madura; su esfuerzo se dirige a establecer las diferencias entre el Estado de Bienestar que caracterizó al modo social de regu­ lación del régimen fordista de acumulación y lo que podría llegar a ser la nueva forma de regulación social del régimen postfordista de acumulación, a la que define como un "Es­ tado de Trabajo Schumpeteriano". Al categorizar de esa manera el tipo de Estado que puede emerger como forma de regulación, Jessop busca respon­ der una pregunta: ¿cuál sería el mejor marco de regulación para una forma de acumulación basada en los procesos de flexibilización que hoy se consideran característicos de la acumulación postfordista? Para responderla, el autor desa­ rrolla una elaboración teórica que parte de cuatro presu­ puestos básicos :

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1 . La tendencia existente a pasar de un Estado de Bienestar Keynesiano a un Estado de Trabajo Schumpeteriano; 2. El vaciamiento de los Estados-naciones de las sociedades capitalistas avanzadas desde tres direcciones : desde abaj o , desde arriba y hacia fuera; 3 . La conexión entre esas tendencias y la transición del fordismo al postfordismo; 4. La presunción de que el Estado de Trabaj o Schumpete­ riano "vaciado" es el mej or marco de regulación posible para el postfordismo. En su búsqueda de una definición del nuevo tipo de Es­ tado basada en las tendencias observables de la economía internacional y en las transformaciones de algunos Estados de Europa y del Sudeste Asiático , el profesor Jessop pone de presente las distintas estrategias que se articulan en el proceso conflictivo y contradictorio de conformación de este nuevo modo de regulación. Proceso en que convergen dis­ cursos y prácticas neoliberales , neocorporatistas y neoesta­ tistas , y cuya dilucidación puede contribuir a una mej or comprensión de los cambios aparentes en el discurso del Banco Mundial sobre el papel del Estado. El artículo "Desarrollos recientes en la teoría del Estado. Enfoques , problemas y agendas" presenta una revisión de trabaj os previos sobre el tema2 y ofrece una visión actuali­ zada del amplio espectro de perspectivas teóricas que abor­ dan de una u otra forma el problema del Estado en las so­ ciedades capitalistas . En esta revisión, que incluye los de­ sarrollos de las teorías marxistas y los estudios centrados en el Estado, la perspectiva foucaultiana, las interpretacio­ nes feministas y los análisis del discurso , Jessop pone de relieve las dificultades de cada uno de esos enfoques para lograr una comprensión integral del problema del Estado ; a la vez, los pone en diálogo y destaca los aportes de cada uno de ellos . Una conclusión importante d e este artículo e s que las re­ flexiones acerca del Estado deben considerarlo como un com­ ponente más de la sociedad y no como una entidad que sin­ tetiza en sí misma todo el ordenamiento societal. Además de 2

Véase, Bob JESSOP, "Teorías recientes sobre el Estado capitalista", en: Mauricio ARCHILA, comp . , La crítica marxista del Estado capitalista: del Estado-instru­ mento a laforma-Estado. Bogotá, CINEP, 1 980, y Bob JESSOP, State Theory. Putting the Capitalist State in its Place. Cambridge, Polity Press, 1 990.

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combinar las diversas perspectivas teóricas , este trabajo abre muchas opciones para desarrollos posteriores de la concep­ tualización del Estado que permitan involucrar dos referen­ tes básicos : las formas históricas que ha adoptado el Estado capitalista y la fortaleza o debilidad (le la presencia y de las acciones del Estado . "Regulación, govemance y postford�smo : ¿perspectivas al­ ternativas sobre el cambio económico y político?" es un tra­ baj o teórico con un nivel de abstrac.ción similar al del ante­ rior. En este ensayo se traza un paralelo, desde el punto de · vista de la génesis histórica y de sus obj etos de estudio, entre dos perspectivas teóricas que abordan el problema de las crisis : la escuela francesa de la r�gulación y las teorías norteamericanas de la govemance (término que tiene un al­ - obernabilidad") . Me­ cance mayor que los de "gobierno" y " g diante la articulación de esas dos perspectivas , Jessop em­ prende el análisis de la transición dd período fordista al postfordista con el fin de entender y explicar las transfor­ maciones económicas y políticas que permiten diferenciar a estos dos regímenes de acumulación. Para ello combina la perspectiva macrosocial que ofrece la teoría de la regula­ ción con la perspectiva de los mismos actores sociales , a través del análisis de sus estrategias en materia de gobernabilidad, tema de particular interés p ara las teorías de la governance . En este artículo, Jessop busca destacar los aportes de estas últimas que pueden ser aprovechados por la escuela de la regulación para ampliar y afinar el estu­ dio teórico y empírico de las transformaciones que caracte­ rizan a esta transición. Una vez más , su reflexión muestra que "la forma problematiza la función" a través de la selec­ ción estratégica de los mecanismos de regulación social que los actores sociales pueden escoger entre la diversa gama de posibilidades . En "La ciudad empresarial: ¿reinvención de las localida­ des , rediseño de la govemance econó rn.ica o reestructuración del capital?" se exponen los problemas de la globalización y de la flexibilización que para Jessop son una expresión del régimen de acumulación postfordista en el nivel de lo local. En el contexto de la lógica schumpeteriana de la innovación -que ya había abordado en su trabajo anterior para com­ pararla con la lógica del Estado Keynesiano- , el profesor Jessop muestra cómo se ha entrado en una nueva dinámica en la que diversas formas de capitalismo compiten a escala

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global, y que las ciudades hacen lecturas de sí mismas tra­ tando de encontrar su posición dentro de esa dinámica. Tam­ bién muestra cómo se articulan las estrategias y los discur­ sos en ese proceso, particularmente en el ámbito económi­ co, y argumenta que las narrativas acerca de la ciudad em­ presarial están ligadas a las nuevas formas de regulación y a los mecanismos de gobernabilidad y govemance en cuan­ to formas de imaginar el nuevo ordenamiento económico. Aquí es posible observar de nuevo las presiones que se ejer­ cen sobre el Estado desde la internacionalización y desde la localización, dos procesos que el autor intenta sintetizar con un nuevo término: la interlocalización. Los trabajos del profesor Bob Jessop que conforman este libro son un aporte importante para la comprensión de la perspectiva regulacionista de la que él es un reconocido ex­ ponente. Y en nuestro medio son de gran interés, puesto que, con muy contadas excepciones, esta perspectiva ha sido poco desarrollada para analizar nuestra propia realidad. Además, constituyen una contribución invaluable para abor­ dar los problemas institucionales y, en consecuencia, para construir un pensamiento institucionalista alternativo al institucionalismo neoclásico que viene ganando espacio en nuestros círculos académicos e intelectuales. La perspecti­ va regulacionista involucra rupturas importantes frente a la corriente principal, propone elementos significativos para entender las recientes transformaciones a escala mundial y ofrece herramientas de análisis que son más adecuadas para captar la complejidad de nuestra realidad contemporánea.

JORGE IvÁN BULA Profesor Asistente Facultad de Ciencias Económicas Universidad Nacional de Colombia

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FORDISMOY POSTFO UNA REFORMULACIÓN C

Los términos "fordismo" y "postfordismo" se han vulgarizado a medida que han ingresado en el lenguaje cotidiano; esto redu­ ce su utilidad para la comprensión teórica y el análisis empíri­ co, y genera muchas confusiones y controversias. Este artícu­ lo reelabora críticamente la terminología convencional del fordismo y del postfordismo, estableciendo cuatro niveles ana­ líticos. También muestra que hay una asimetría analítica fun­ damental entre los dos términos y sugiere utilizar en forma más cuidadosa y crítica la noción de postfordismo. Los CUATRO NIVELES DEL FORDISMO El concepto de "fordismo" fue popularizado en los Estados Unidos por el mismo Henry Ford y en los años veinte ya era parte de la conciencia científica social y popular norteameri­ cana y europea. Ya en ese tiempo tenía distintos matices y desde entonces éstos se han vuelto perturbadoramente diversos. Podemos introducir cierto orden en esta confu-

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Este artículo se benefició de las discusiones con Sirnon Bromley, Simon Clarke, Benjamín Coriat, Richard Hyman, Klaus Nielsen, Ove Kai Pedersen y Dick Walker. Las lecturas en las que está basado se realizaron casi en su totalidad cuando el autor terúa una beca de investigación personal del ESCR; el artículo se tenninó en el Center for Organization and Management (cos) de Copenhague con apoyo del Danish Social Science Research Council. El autor agradece a las tres entidades por su apoyo.

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sión distinguiendo cuatro niveles del fordismo: el proceso de trabajo, el régimen de acumulación y sus modos de re­ gulación y societalización. 1 . Como tipo específico de proceso de trabajo capitalista, el tér­ mino "fordismo" designa la configuración particular de la divi­ sión técnica y social del trabajo característica de la fabricación de grandes series de bienes estandarizados. La producción en serie fordista se basa en una división técnica del trabajo organi­ zada en forma taylorista, su fase de producción inmediata está sometida a pasos mecánicos mediante técnicas de línea de en­ samblaje, y en conjunto está organizada sobre el principio rec­ tor de la oferta segú_n el cual la producción debe ser continua y asegurar economías de escala a largo plazo. La línea de ensam­ blaje explota principalmente el trabajo semicalificado del trabajador masivo, pero también se emplean otros tipos de trabajado­ res (artesanos o trabajadores manuales no calificados, capata­ ces, ingenieros, diseñadores, etc.). Además, idealmente, el fordismo implica el control sistemático, por parte de una misma empresa, de todas las fases de acumulación, desde la produc­ ción de materias primas hasta el mercadeo [SIEGEL, 1988, 5]. Esta compleja división técnica del trabajo a veces se asocia a una división regional compleja dentro de o entre espacios eco­ nómicos nacionales: en el fordismo tardío, por ejemplo, "la inge­ niería y la actividad de concepción se pueden encontrar en la región I, la producción calificada en la región II y la producción no calificada en la región III" [LIPIETZ, 1982, 37]. En consecuen­ cia, el predominio de la producción en serie en una empresa o sector dados no excluye otros procesos de trabajo o tipos de trabajadores. De hecho, los somete a su propia lógica, pues el predominio de la producción en serie significa que, en virtud de su impacto sobre la productividad y el crecimiento de la pro­ ductividad, ésta es la principal fuente de dinamismo en una empresa o sector, y que se organizarán otros procesos y activi­ dades para apoyarla, mejorarla o complementarla2. Este nivel de análisis es esencialmente microeconómico.

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Carlota Pérez considera que la producción en serie fordista y las industrias de proceso continuo son las industrias-soporte del cuarto ciclo de Kondratieff; sus ramas motrices eran las que se dedicaban a la producción del petróleo barato y de los materiales intensivos en energía utilizados en la producción fordista; esto indujo el crecimiento de los sectores complementarios [PÉREZ, 1 983, 362-363 , 369].

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2. Como régimen de acumulación, es decir, como régimen macroeconómico que sostiene la reproducción ampliada, el fordismo implica un círculo virtuoso de crecimiento basado en la producción en serte y el consumo masivo. Muchos estudios suponen que el régimen fordista y su reproducción son autocéntrtcos, es decir, que el circuito del capital está circuns­ crito principalmente a las fronteras nacionales . Bajo estos su­ puestos, el círculo virtuoso del fordismo involucra un aumen­ to de la productividad basado en las economías de escala de la producción en serte, un aumento de los ingresos ligado a la productividad, una demanda masiva creciente debida al au­ mento de salarios_? unos beneficios crecientes basados en la plena utilización de la capacidad, una inversión creciente en ·equipo y técnicas mejoradas de producción en serte, y un au­ mento ulterior de la productividad. La aparente armonía entre las etapas de este círculo virtuoso no garantiza su realización. Por ello, algunos analistas señalan el papel de diversos márge­ nes de flexibilidad3, o "estabilizadores estructurales'', que ayu­ dan a mantener el círculo virtuoso a pesar de las inevitables tendencias a las inestabilidades y las desproporciones [BoYER y CoRIAT, 1986] . Otros señalan que esas mismas virtudes re­ quieren satisfacer al menos dos proporcionalidades básicas : a) La productividad creciente del sector I (el sector de bienes de capital) debe compensar la creciente composición técnica del capital p ara que la relación capital producto no s e incremente y deprima los beneficios4; b) Las tasas d e creci­ miento en el consumo de los asalariados y la productividad del sector II (el sector de bienes de consumo) deben moverse en un rango similar, para contrarrestar las tendencias a una crisis de subconsumo debida a una demanda insuficiente y a una compresión de los beneficios inducida por los salarios [LIPIETZ, 1 982, 1 985 ] .

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El fordismo hoy parece ser muy rígido debido a que su crisis general ha erosionado estas fuentes micro y macroeconómicas de flexibilidad. Entre las fuentes micro se encuentran los despidos, el trabajo a destajo (short time working) y las horas extras, el out-sourcing, las variaciones en el nivel de inventarios, la conmutación entre mercados doméstico y externo; las fuentes macro más importantes son las políticas contracíclicas de manejo de la de­ manda y los efectos estabilizadores de los gastos en bienestar. La composición técnica del capital se refiere a la relación entre capital fijo y capital circulante; más específicamente a la relación entre medios de produc­ ción, insumos materiales, productos en proceso y fuerza de trabajo.

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Para que se presente este modo de crecimiento no es ne­ cesario que en toda empresa o rama de la producción deban predominar las técnicas fordistas , siempre que los sectores líderes sean fordistas . En efecto, para que la producción encuentre un mercado masivo debe ajustarse el crecimien­ to de la producción de otros tipos de bienes (acero, petróleo, ferrocarriles, vivienda familiar y electricidad) y servicios (como la venta al detal, el crédito de consumo y el mante­ nimiento de los bienes durables ) . Así, algunos autores ha­ blan del predominio de un "complejo auto-industrial" para indicar que otros sectores de la producción complementan la producción en serie del sector de automotores [ PÉREZ, 1 983 , 369]. Sin embargo, pese a esos refinamientos, el tra­ bajo sobre el régimen de acumulación fordista está firme­ mente enraizado en el análisis económico . Para considerar sus bases institucionales· y organizacionales debemos pa­ sar a un tercer nivel analítico . 3 . El fordismo también se puede entender como un modo de regulación, es decir, como un conjunto de normas , institu­ ciones , formas de organización, redes sociales y pautas de conducta que sostienen y "guían" el régimen de acumula­ ción fordista y promueven la compatibilidad entre las deci­ siones descentralizadas de los agentes económicos a pesar del carácter conflictivo de las relaciones sociales capitalis­ tas [ LIPIETZ, 1 98 5 , 1 2 1 ] . El fordismo puede especificarse mediante las formas que asumen los diferentes momentos del circuito del capital, mediante los medios con que se pro­ ducen estas formas y mediante su articulación con las de­ más . Se pueden examinar, entonces , los rasgos caracterís­ ticos de la relación salarial fordista (el perfil de calificación del trabaj ador colectivo , la organización de los mercados de trabaj o y el carácter de la negociación salarial, la naturale­ za de la forma salario y el equilibrio entre reproducción pri­ vada y colectiva de la fuerza de trabaj o ) ; la empresa fordista (su organización interna, la fuente de beneficios de la em­ presa, las formas de competencia y otros vínculos entre empresas, así como los vínculos con el capital bancario) ; y los vínculos entre el circuito de capital y el Estado (las for­ mas de la intervención estatal en diferentes momentos del circuito del capital) . Este tercer nivel de análisis implica un análisis meso-económico institucionalmente orientado del circuito del capital que establece un vínculo de rango medio entre el proceso de trabaj o y las características básicas de 22

la reproducción macroeconómica y que debe ser definido cui­ dadosamente para cada momento del fordismo : a) La relación salarial gira alrededor del papel fundamental del trabaj o semicalificado en grandes plantas o estableci­ mientos5; la administración reconoce la validez de los sindi­ catos para la negociación salarial, y los sindicatos , a su vez, conceden a la administración el derecho de controlar el pro­ ceso de trabajo y la estrategia corporativa; los salarios se indexan con el crecimiento de la productividad y de los pre­ cios y se vuelven rígidos a la baj a pese a las fluctuaciones en la demanda de trabaj o ; se difunden la negociación colec­ tiva y la legislación sobre salario mínimo , lo cual aumenta los salarios de los empleados en los sectores no fordistas y, por tanto , mantiene las proporcionalidades y la demanda; y los beneficios indexados del bienestar, financiados con im­ puestos progresivos, extienden las normas de consumo masivo a los económicamente inactivos. Incluso en un régi­ men fordista ampliamente autocéntrico, este patrón es com­ patible con mercados de trabaj o duales y/ o empres as o sec­ tores no sindicalizados , siempre que haya una demanda social global adecuada para los bienes producidos en serie . b) La empresa fordista típica ideal es un gran establecimiento donde la propiedad y el control están separados. Tiene una organización característica - divisiones múltiples , descen­ tralizadas y orientadas al mercado - , supervisada por una junta central que tiene a su carg� la planeación de alto ni­ vel. Este esquema se inició en la General Motors y se convir­ tió en la norma para otras grandes empresas industriales de los Estados Unidos en los años veinte y treinta. Por otra parte , la producción en serie a menudo estuvo asociada a trusts y carteles . La principal fuente de beneficios de la em­ presa en el fordismo es la plusvalía relativa, basada en me­ joras continuas de la productividad y economías de escala. Las firmas que están a la vanguardia del proceso fordista y de la innovación de productos también pueden obtener "ren­ tas tecnológicas" . En ambos casos , la principal forma de competencia capitalista es monopolista más que liberal. En vez de participar en un sistema de precios flexibles, donde

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Es sintomático que el "día de cinco dólares" de Ford se haya introducido para detener la alta rotación de personal y las tasas de ausentismo entre los traba­ jadores de sus líneas de ensamblaj e.

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los precios varían con la demanda, las firmas están compro­ metidas en una fijación de precios basada en un margen so­ bre costos , en un comportamiento de liderazgo de precios y en la competencia a través de la publicidad. c) La moneda tiene un carácter fiduciario y nacional y no el de un dinero-mercancía internacional ; el crédito priva­ do es proporcionado por un sistema bancario organizado j erárquicamente y supervisado por un banco central ; el crédito de consumo es un factor importante en la capaci­ dad de las familias para comprar vivienda y artículos de consumo durables y, por tanto , para sostener la demanda; y las políticas de crédito del Estado tienen metas de deman­ da agregada y pleno empleo. d) El capital comercial juega un papel clave en el estableci­ miento de los vínculos entre los productores en serie y la demanda masiva a través de la publicidad masiva, la venta al detal masiva (minoristas de múltiples ramas , supermerca­ dos, ventas por correo) , el crédito masivo (contratos salaria­ les , compra a plazos , financiación hipotecaria) , la investiga­ ción del consumidor, etc. Los medios de comunicación masi­ va desempeñan un papel esencial en la difusión de las nor­ mas de consumo masivo [ BENIGER, 1 98 6 ] . El mercadeo tam­ bién necesita realimentarse con el diseño (aun a expensas de una búsqueda estricta de la lógica de la producción en serie mecanizada) para estimular la diferenciación marginal del producto, los cambios de estilo anuales , etc. El diseño se con­ vierte , entonces, en un factor esencial para vincular la pro­ ducción en serie con el consumo masivo [ SPARKE, 1 986, XXI]. e) El Estado fordista es un Estado de Bienestar Keynesiano que cumple dos funciones básicas en la promoción del círcu­ lo virtuoso del fordismo. Manej a la demanda agregada de tal modo que las inversiones intensivas en capital -relativamente rígidas- de las empresas fordistas funcionan cerca de la plena capacidad productiva, y las empresas tienen suficiente con­ fianza para emprender actividades extensas y costosas de investigación y desarrollo, así como la capacidad de hacer enormes inversiones de capital posteriores involucradas en la producción en serie compleja6 ; y generaliza las normas de consumo masivo, de modo que la mayoría de los ciudadanos

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Galbraith analiza este hecho en The New Industrial State [ 1 967], obra que anticipó muchos de los estudios posteriores sobre el régimen fordista.

pueden participar en la prosperidad generada por las eco­ nomías de escala crecientes . Allí donde la última función sólo involucra una provisión limitada del Estado p ara el consumo colectivo , el Estado debe asegurar niveles de de­ manda adecuados a través de la transferencia de ingre­ sos . Es probable que la intervención sea más intensa cuan­ do el fordismo alcanza el predominio y en sus años de decadencia. El análisis del modo de regulación se ocupa de la econo­ mía en su sentido integral, es decir, del contexto social donde ocurre la reproducción económica ampliada7. Este análisis identifica las condiciones institucionales y organizacionales que aseguran el fordismo como régimen de acumulación na­ cional y es especialmente útil para definir las peculiaridades de diferentes regímenes fordistas; pero dicho análisis no debe divorciarse del trabajo sobre la dinámica más general del ca­ pitalismo , puesto que esta última define las tendencias y contratendencias básicas , las contradicciones estructurales , los dilemas estratégicos y las restricciones globales que ine­ vitablemente dan forma a los regímenes de regulación, difi­ cultades que encuentran una solución provisional, parcial e inestable en estos últimos , y su presencia continua y des­ igual desarrollo erosionan eventualmente cualquier solución institucional y organizacional dada. En suma, aunque este nivel es característico del fordism-0 en tanto régimen de acu­ mulación, no puede entenderse adecuadamente sin conside­ rar la forma en que los modos de regulación modifican y sin embargo permanecen suj etos a las leyes generales de la acu­ mulación de capital. Otros analistas consideran el fordismo en términos de su impacto social global; van más allá de su b ase micro-eco­ nómica, de sus precondiciones institucionales a nivel mesoeconómico y de sus efeGtos macroeconómicos para exa­ minar sus repercu"siop.es generales sobre otros órdenes institucionales (como el sistema político o la vida cultural) y otros ej es de la organización social (como sus patrones es­ paciales) . Esas preocupaciones incluyen no sólo el impacto 7

El término "economía integral" es análogo al concepto de "Estado integral" de Gramsci, es decir, el Estado en su sentido incluyente, definido como "Estado sociedad política + sociedad civil". De este modo, podemos definir una eco­ nomía integral como "un régimen de acumulación + un modo de regulación" [ver también JESSOP, 1 990b]. =

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directo del fordismo sino también sus efectos indirectos . Entre estos últimos se pueden examinar, por ejemplo, las medidas adoptadas para afrontar sus efectos adversos sobre la cohesión social y la integración institucional. La investiga­ ción permanente de estos efectos y de sus repercusiones ul­ teriores no tiene límites inherentes . Por tanto, se puede estu­ diar el impacto de los gastos crecientes en bienestar social sobre el proceso de trabajo y el empleo, la estructura de la demanda, la dinámica de las relaciones entre los gobiernos central y local o la aparición de movimientos sociales orien­ tados a los temas del bienestar. Con estos efectos directos e indirectos llegamos al cuarto nivel del análisis . 4 . Considerado como modo general de societalización, es decir, como patrón de integración institucional y de cohe­ sión social , el fordismo desplaza aún más las relaciones sociales hacia una "sociedad salarial" masiva donde la vasta mayoría de la población depende de un salario individual o social para satisfacer sus necesidades desde el nacimiento hasta la muerte [AGLIEITAY BRENDER, 1 984]. Esto contrasta con el período prefordista, cuando los trabaj adores eran incorporados al capitalismo principalmente como produc­ tores y satisfacían sus necesidades de consumo con mer­ cancías inferiores o mediante canales de subsistencia. El fordismo promueve dos tendencias de consumo com­ plementarias : primera, el creciente consumo privado , por parte de hogares familiares de tipo nuclear, de mercancías estandarizadas y producidas en serie ; y segunda, la pro­ ducción de bienes y servicios colectivos estandarizados por un Estado burocrático . La primera tendencia está ligada al mercadeo estratégico de mercancías ideológicas (auto­ móviles , televisores, lavadoras , neveras , turismo masivo) , cuyo consumo individualizado se convierte e n un meca­ nismo de auto-normalización p ermanente a medida que los consumidores adoptan el " estilo de vida americano" [ HAUG, 1 98 6 ; LüscHER, 1 98 6 ; y WoLF, 1 98 7 ] . La segunda tendencia reflej a la socialización creciente de la reproduc­ ción social de la fuerza de trabaj o así como los esfuerzos p ara administrar los costos individuales y sociales del modelo fordista [ JEssoP, 1 98 6 ] . Por tanto , además del papel del Estado en actividades tales como la educación general y el adiestramiento voca­ cional, el seguro de desempleo y de vej ez, la atención médi­ ca o la provisión de vivienda, éste también se ocupa a me26

nudo de los efectos del fordismo en la demanda (o de las formas fordistas de modernización), como la caída drástica de la población rural, la destrucción del medio tradicional de la clase trabaj adora, la privatización de la vida familiar, la despoblación del centro de las ciudades o el impacto am­ biental y social del transporte motorizado. Un efecto impor­ tante del fordismo en este campo fue la expansión del Esta­ do local como vehículo p ara socializar el consumo, enfren­ tar los efectos colaterales del modo fordista de crecimiento y manej ar sus crisis locales , independientemente de que la acumulación local fuera fordista o no. Estrechamente liga­ do a esta expansión, hubo un crecimiento de las nuevas clases medias (incluyendo los empleados estatales) que ser­ vían a la expansión fordista y/ o sufrían algunas de sus re­ percusiones sociales . A su vez, este crecimiento llevó a la crisis en la medida en que esos servicios eran menos sensi­ bles a los aumentos de productividad de las técnicas fordistas. Otra dimensión de la societalización es su patrón espacial. El fordismo implica el crecimiento de las regiones industria­ les nodales que comprenden grandes áreas metropolitanas rodeadas por redes de ciudades industriales pequeñas . Es­ tas regiones fueron dominadas por las empresas fordistas líderes y sus proveedores mediante la extracción de materias primas y la migración de trabajo extranjero, a una escala creciente, del resto del mundo , y la producción de bienes masivos para los mercados extranjeros [HARVEY, 1 989, 1 3 2 ; STORPER y Scorr, 1 988, 1 0] . A medida que el régimen fordista se desarrolló, las empresas localizaron actividades, origina­ ron ofertas y buscaron mercados a una escala cada vez más global. La vida urbana también asumió características fordistas , como puede verse en la suburbanización (especial­ mente en Estados Unidos) y en la reaparición de la alta den­ sidad urbana basada en las técnicas de construcción indus­ triales (especialmente en Europa) [FLORIDA y KENNEY, 1 987; HARVEY, 1 989]. También existió una "política de localización" [politics Qfplace] centrada en "una representación consumista de la vida urbana reflej ada en los ideales de la familia nu­ clear, la vivienda suburbana y el automóvil de propiedad pri­ vada" [STORPER y Scorr, 1 988, 30]. Algo que se encuentra un tanto alej ado de su lógica eco­ nómica son las formas específicas de vida política asociadas al fordismo . La intervención del Estado fue reorganizada,

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por una parte p ara facilitar el modo fordista de regulación a través de la programación económica y social y la creciente discreción administrativa, y por otra parte para ampliar el papel del Estado local en el consumo masivo y el bienestar social. Las formas de representación y las bases sociales del Estado también fueron modificadas . Así, los sindicatos y las asociaciones empresariales jugaron un papel clave en el manej o económico y la negociación política del bienestar social; y cuando los partidos de gobierno aceptaron el com­ promiso fordista entre el capital y el trabaj o , tendieron a convertirse en partidos del pueblo , policlasistas . En Europa Noroccidental, este patrón estuvo ligado estrechamente al predominio de p artidos socialdemócratas o de trabaj ado­ res , pero , en otras partes , regímenes con partidos de gobier­ no más conservadores impulsaron políticas similares [HIRSCH y RoTH, 1 986; ROOBEEK, 1 987]. Hasta ahora no hemos cuestionado el supuesto común de que el régimen de acumulación fordista, sea autóctono o no , tiene un carácter autocéntrico , al menos esencialmente. Pero las economías pequeñas y abiertas (como Dinamarca, Suecia, Austria o Canadá) se encaminaron realmente hacia una sociedad de consumo masivo después de 1 945 , ocu­ pando nichos no fordistas crecientes de un sistema produc­ tivo supranacional emergente . En suma, baj o el fordismo global no todas las economías fueron fordistas en todos sus aspectos. Por el contrario , en una división del trabajo global cuya dinámica era determinada principalmente por los sec­ tores fordistas líderes de las economías líderes , el éxito eco­ nómico podía lograrse al menos en dos formas ; una, las eco­ nomías nacionales podían asumir una dinámica principal­ mente fordista, con un crecimiento basado ampliamente en la expansión del mercado interno; o dos , podían ocupar uno o más nichos que les permitían disfrutar de estándares cre­ cientes de consumo masivo basados en la demanda creciente de exportaciones y de beneficios en pequeños sectores no fordistas (bienes de capital en tandas pequeñas , bienes de consumo de luj o , bienes agrícolas , servicios navales o fi­ nancieros y materias primas). Sin embargo , donde la eco­ nomía no es principalmente fordista, su modo de crecimiento debe complementar la lógica fordista dominante y, en esta forma, aún puede incorporarse a la dinámica de crecimien­ to fordista en vez de ser excluida (cada vez más) de ella.

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ESTRUCTURA

Y

ESTRATEGIA EN EL ANÁLISIS DEL FORDISMO

Junto cyios diferentes niveles del fordismo también pode­ mos distinguir sus momentos estructurales y estratégicos . Los primeros se refieren a la organización real del nivel en cuestión; los últimos a las perspectivas y discursos estraté­ gicos que predominan realmente en ese nivel. La estructura es el legado de un proceso histórico complejo y a menudo incorpora importantes contradicciones estructurales ; la es­ trategia puede ser de corto plazo o efímera e incluye objeti­ vos y medios irracionales . En realidad, las estructuras rara vez tienen una relación simple e inequívoca con una estra­ tegia única y a menudo prueban ser recalcitrantes , en el corto plazo, a los intentos de recomponerlas . A la inversa, aunque las estrategias tengan un carácter orgánico y de largo plazo, puede ser que aún no estén incorporadas institucio­ nalmente en estructuras ni constituyan "nuevos mundos de trabajo" en la conciencia práctica8 . Las nuevas concep­ ciones del trabajo surgen usualmente antes de su tiempo y se vuelven hegemónicas y se incorporan en las prácticas de sentido común sólo a través de prácticas históricas comple­ j as . Eso mismo ocurre con los regímenes de acumulación y los modos de regulación. Además, por supuesto, muchas estrategias son "irracionales" , arbitrarias y voluntaristas , de modo que tarde o temprano fracasan si no se modifican9 • Esto sugiere que debemos establecer si la era fordista impli­ có realmente el predominio de estructuras fordistas o si es­ tuvo marcada por la hegemonía o el predominio de estrate­ gias fordistas que prestaron coherencia y dirección a lo que de otro modo habrían sido , más bien, cambios económicos , políticos y sociales apenas iniciados y desconectados. ¿Es esencial pero difícil separar el mito fordista de la realidad fordista? En efecto, el hecho de que los conceptos fordistas fueran a menudo hegemónicos aunque la organización y la dinámica de las economías nacionales fueran frecuentemente menos cla­ ramente fordistas es problemático. La historia de muchas eco­ nomías nacionales antes y después de la Segunda Guerra 8 9

Ver ELAM y BoRJESON [ 1 990] para un análisis de la forma en que los discursos y estrategias "reformulan" el mundo del trabajo en Suecia. Para buenos estudios ilustrativos de estos puntos , ver ELAM y BoRJESON [ 1989], JENSON [ 1 990], KR!STENSEN [ 1 990] y WILLIAMS, HAsLAM , WARDLOW y WILLIAMS [ 1 986 ].

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Mundial puede e s cribirse en términos de los sucesivos intentos de imponer principios fordistas a economías no fordistas . Esto produj o algunas economías híbridas in­ teres antes que colocaron a las economías nacionales en condiciones muy diferentes p ara explotar las oportuni­ dades postfordistas . La vitalidad de la "Tercera Italia" es citada con mucha frecuencia, aunque su realidad y per­ tinencia son también muy criticadas . Existen también muchas preguntas más generales acerca del valor heurístico del debate global sobre el fordismo y el postfordismo . En efecto , como sugieren los comentarios siguientes , existe el riesgo de caer en una discusión meramente taxonómica 1 0 • Si bien el debate puede aclarar algunos de los temas en disputa acerca del forqJsmo , no profundiza nuestra com­ prensión de la dinámica del crecimiento de la postgue­ rra, de los orígenes o de la naturaleza de las crisis que surgieron a mediados de los años s es enta, o la forma de salir de las crisis . Por ello , debemos ir más allá de la taxonomía p ara considerar los mecanismos causales y las conexiones involucradas en los diferentes enfoques del fordismo. PROBLEMAS DEL CONC ÉPTO DE FORDISM011

El proceso de trabajo La difusión del fordismo a la Henry Ford fue en realidad bastante limitada y nunca se completó del todo en las plan­ tas norteamericanas de Ford, para no mencionar las de Europa. De hecho, hay dos críticas muy comunes : 1 ) Sólo una pequeña parte de la producción manufacturera se pro­ duce en condiciones fordistas ; 2) Sólo una pequeña propor­ ción de la fuerza se emplea en la manufactura fordista. Ambas son válidas, incluso para los años dorados del fordismo, y reflejan, en parte, límites operacionales fundamentales de las técnicas de línea de ensamblaj e en el caso de los proce-

10 Richard Hyman me comentó esta preocupación que discuto más adelante. 1 1 .Ya existen muchas otras críticas a este concepto pero son muy pocas las que

primero establecen las distinciones necesarias entre los niveles posibles del fordismo y entre sus aspectos estructurales y estratégicos. Para algunas críti­ cas representativas desde perspectivas diferentes, ver FOSTER [ 1 988], HIRST y ZEITLIN [ 1 990], SAYER [ 1 989] y WILLIAMS et al. [ 1 987].

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sos de fluj o continuo y automatizado de la producción minorista, o de la producción en p equeñas tandas , o in­ cluso de la de altos volúmenes de bienes cuya composi­ ción y nivel de demanda son demasiado variados para jus­ tificar el uso de técnicas de producto específicas . Esto significa que el potencial del fordismo depende del peso de s ectores específicos y de la naturaleza de sus produc­ tos . Por tanto , antes de j uzgar la utilidad del fordismo para entender el proceso de trabajo en una economía dada, debemos examinar su p erfil industrial y su desempeño competitivo . Su fuerza explicativa debe ponerse en duda en el caso de una economía administrada p ara competir con éxito en los sectores supuestamente fordistas sin que ella misma sea fordista. Su utilidad debe s er confirmada donde el fracaso p ara adoptar técnicas fordistas está vin­ culado con la decadencia manufacturera en competencia abierta. La combinación británica del "fordismo defectuo­ so" y la continua decadencia económica podría adecuars e al modelo fordista. Así sucede con la capacidad de Ale­ mania Occidental para lograr un éxito exportador p erma­ nente en un fuerte sector de bienes de capital y en secto­ res de bienes de consumo durable con alto valor agrega­ do. Pero Japón plantea problemas . S ayer sostiene , en efec­ to , que " aunque Japón tiene formas de organización que no es equivocado describir como formas 'de especializa­ ción flexible ' , también tiene otras características que no se pueden subsumir dentro de las versiones occidentales del fordismo o del postfordismo" [ SAYER, 1 9 89, 6 6 7 ] . L a difusión limitada del fordismo también reflej a cier­ tos límites sociales que lo hacen impracticable o inacep­ table así sea aplicable , puesto que las instituciones del mercado de trabaj o y las tradiciones sociales existentes pueden impedir o bloquear la penetración del fordismo aun en el caso del s ector fordista " clásico", el de los auto­ móviles . Varios estudios recientes muestran que la pro­ ducción en s erie fordista ha sido bloqueada aquí por fac­ tores tales como la estructura de habilidades , las capaci­ dades empresariales , el tamaño del mercado , las condi­ ciones del mercado de trabaj o y la organización sindical [ TOLLIDAY y ZEITLIN, 1 9 8 7 ] . También debemos preguntarnos s i los estudios sobre el proceso de trabajo fordista se han ocupado excesivamente de la manufactura o, dentro de este sector, de los bienes

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durables en general o solamente de los automóviles y los camiones 12 , puesto que éstos desvían la atención del creci­ miento que , desde 1 945, ha sido generado por otros sectores (como la industria aeroespacial, la petroquímica y los mate­ riales sintéticos) y sesgan los estudios sobre producción en serie hacia algunos sectores manufactureros quizá atípicos. Una definición menos restrictiva de la producción en serie fordista permite encontrarla en otros sectores . D efinido como la producción de bienes o servicios estandarizados mediante una división técnica del trabaj o taylorizada, el uso de ma­ quinaria de dedicación exclusiva y el énfasis en las econo­ mías de escala13, por ej emplo , el fordismo se presenta en sectores que van de los criaderos avícolas a la recolección de impuestos , de las ventas minoristas masivas a la incine­ ración masiva, de los tests de inteligencia de elección múlti­ ple al interés masivo por el cuidado del cuerpo, de las comi­ das rápidas al transporte masivo (sobre la agricultura nor­ teamericana, ver KENNEY et al. [ 1 988], y sobre la agricultura en general, KAMPPETER [ 1 986 ] ; sobre el trabaj o de oficinas, BENIGER [ 1 986, 4 3 2 ] ) .

Con respecto al proceso de trabaj o , entonces , el fordismo puede definirse en distintas formas. Esto no es descriptivamente nocivo, siempre que cada definición sea más o menos precisa y las diversas definiciones se distingan con claridad 14• Pero en la explicación causal se presentan problemas, debido a que las definiciones más incluyentes implican diferentes cadenas de argumentos y/ o causación con respecto a las definiciones menos incluyentes. Aquí también es esencial la claridad. Puesto que para cada definición - dados ciertos supuestos sobre la relación capital-trabajo y las formas de la competencia capita­ lista - se pueden ofrecer argumentos acerca de la dinámica del conflicto de clase en la empresa y/ o el curso de la acumu-

1 2 Kaplinsky defiende esta concentración del interés en la industria automovilís­

tica con base en que , "primero, es la mayor fuente individual de empleo indus­ trial y, segundo, desde las primeras décadas del siglo XX ha establecido el patrón para el desarrollo de la forma dominante del proceso de trabajo que posteriormente se ha difundido a otros sectores manufactureros" [ KAPLINSKY, 1 988, 452 ] . 1 3 Lipietz [ 1 982] sugiere una definición aún más general del fordismo, como un

sistema que involucra "esencialmente la taylorización más la mecanización". 1 4 Algunas dificultades de la literatura fordista provienen del fracaso para satis­

facer estos criterios: y muchas críticas contra esta literatura se basan en una combinación innecesaria de las diferentes definiciones posibles.

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!ación de capital. También se necesita un conjunto más com­ plej o de distinciones que no residualice todo el conjunto de relaciones del proceso de trabajo sino apenas un pequeño subconjunto. Incluso la dicotomía entre "producción flexible" y "producción en serie" , con sus dos términos positivos, no es mucho mejor. Una tipología multivalorativa ofrecería múlti­ ples descripciones y explicaciones .

Régimen de acumulación Para poner la carreta histórica antes del caballo conceptual, debemos preguntar si hubo siquiera un régimen fordista de acumulación y cómo se lo puede identificar. Subrayar el círculo virtuoso de la producción en serie y del consumo masivo en una economía nacional autocéntrica significa que pocas eco­ nomías pueden ser consideradas fordistas . Sólo la economía norteamericana tuvo el alcance continental y la gama de re­ cursos necesarios para ser virtualmente autosuficiente y de­ sarrollar algo parecido a un verdadero régimen fordista de acumulación. En estos términos, quizá sea mejor sostener que el fordismo aparece principalmente a escala local o regional en forma de distritos industriales fordistas o a escala pan-regio­ nal o supranacional en forma de circuitos de capital fordistas15• Dentro de las fronteras nacionales pueden encontrarse econo­ mías regionales fordistas, bolsas de especialización flexible y otros regímenes locales, lo cual plantea problemas acerca de su papel en el modo de crecimiento nacional y de su inserción dentro del modo de regulación dominante. Surge una compli­ cación adicional debido a que las economías capitalistas avan­ zadas estuvieron significativamente involucradas en el comer­ cio externo desde la formación del fordismo, pasando por su apogeo hasta sus años de decadencia. Esto es válido, por enci­ ma de todo, para las economías abiertas pequeñas . En conse­ cuencia, cualesquiera que sean las virtudes de un régimen fordista ideal, típico y autocéntrico, el ideal y la realidad esta­ ban a menudo demasiado alejados. La idea de un régimen de acumulación fordista puede ser rescatada si se acepta que su círculo virtuoso no necesita pasar realmente por la unión estrecha entre producción en

1 5 Es claro que tales argumentos requieren cambios en la definición del fordismo

como régimen de acumulación, aunque sean cambios diferentes en cada caso.

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serie y consumo masivo dentro de las economías naciona­ les , sino que se puede lograr allí donde el dinamismo de una economía nacional tenga los rasgos siguientes : debe basarse en la acumulación intensiva en uno o más sectores líderes , en un aumento de la productividad debido a econo­ mías de escala u otras fuentes de plusvalía relativa, en un aumento de los salarios indexado con los aumentos de pro­ ductividad o rentabilidad, en un crecimiento correspondiente del consumo masivo , en la rápida expansión doméstica de bienes de consumo masivo y I o de los diversos bienes o ser­ vicios necesarios para disfrutarlos y, para cerrar el cir­ cuito , en unos ingresos por exportaciones suficientes para financiar la importación de bienes de consumo masivo y otros insumos necesarios para mantener el círculo vir­ tuoso en op eración . Por tanto , una economía nacional dada no necesita producir por sí misma complejos bie­ nes de consumo durable masivos en la medida en que genere los ingresos por exportaciones suficientes p ara financiar su importación y tenga un modo de regulación que generalice las normas de consumo masivo y la de­ manda efectiva. Aun así, la dinámica económica global podría diferir de la de otros tipos de regímenes , por ej em­ plo , de aquellos regímenes bas ados en la acumulación extensiva y la regulación de la competencia o en la acu­ mulación intensiva sin consumo masivo , puesto que el consumo masivo sigue requiriendo una infraestructura de apoyo y sectores de servicios complementarios y esto puede modificar los patrones sectoriales y de ocupación. Esta forma de analizar los regímenes de acumulación fordistas implica algunas maniobras teóricas complej as con implicaciones algo ambivalentes para la utilidad del fordismo como concepto . En términos positivos , descarta el análisis de las economías nacionales o regionales en aislamiento y pone en el centro las complementariedades entre los dife­ rentes regímenes de acumulación nacionales , lo cual impi­ de suponer que el fordismo surgió a través de la simple di­ fusión del modelo de los Estados Unidos y exige dar mayor atención a sus diferentes modos de regulación. También destaca la necesidad de examinar la forma en que los regí­ menes internacionales (o modos de regulación internacio­ nal) sirvieron para bloquear la explotación ulterior de las periferias dependientes y estimular el comercio entre las economías metropolitanas . En términos negativos , nos lle-

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va a preguntar si los estudios sobre el fordismo implican algo más que envasar los viej os modelos de crecimiento en nuevos recipientes terminológicos. A veces parece que una explicación de tipo Kaldor-Verdoorn (que subraya los efec­ tos virtuosos de un paso de la agricultura de baja producti­ vidad a la manufactura de alta productividad y/ o los efec­ tos potenciales autorreforzadores del rápido crecimiento de la productividad y del producto) ha sido reempacada y ven­ dida (en algunos casos erróneamente) como fordismo 1 6 • Si se mantiene este tipo de explicación, la clave del crecimien­ to del consumo masivo sería el aumento de los ingresos masivos provenientes de la rápida expansión económica más que la producción en serie como tal. A su vez, esto dirige la atención hacia las condiciones generales del crecimiento económico de la postguerra. Quizá el fordismo pueda, en­ tonces , ser replanteado como una estrategia de acumula­ ción o un mito organizador que da forma y coherencia al crecimiento económico . Pero esto llevaría a enfatizar las cuestiones estratégicas más que a describir la dinámica de crecimiento real. El origen y la difusión de las ideas , proyec­ tos y estrategias fordistas seguirían siendo campos de in­ vestigación importantes pero no deberían confundirse con los modos reales de crecimiento en las diferentes economías de postguerra. Igualmente importantes serían los estudios de las fuerzas directrices reales del crecimiento , y la compa­ ración del papel de los gastos militares 17, del gasto de bien­ estar keynesiano , etc . Aquí es valioso tener una perspectiva histórica más amplia que muestre el desarrollo experimental y accidental del para­ digma fordista dominante. Pues cuando la historia del fordismo se reduce a la consolidación doméstica del estilo americano y su difusión, se ignoran los intentos de desarrollar modelos de fordismo alternativos del p eríodo de entreguerras . Los paradigmas taylorista y fordista fueron significativos en la Unión Soviética, por ej emplo ; y, expresados en diversos pro-

16 Buena parte de la obra de Boyer es inspirada en modelos kaldorianos, por ejemplo, BOYER y PETIT [ 1 98 1 ] o BoYER y RALLE [ 1 987]. Otros regulacionistas parisinos también utilizan modelos que son similares, se basan en o desarro­ llan argumentos de tipo Kaldor-Verdoorn. 1 7 Mike D avis criticó la obra pionera de Aglietta sobre el fordismo norteamerica­ no por ignorar los " 1 , 6 trillones de dólares dedicados permanentemente a la economía de armamentos desde 1 946" [ citado en: FosTER, 1 988, 28].

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yectos productivistas , tecnocráticos y futuristas , también disfrutaron de amplia simpatía, especialmente en Europa Occidental , " donde se consideró que el gobierno represen­ tativo no funcionaba bien" [ MAIER , 1 970, 29 ] . El nazismo y . el fascismo dieron al taylo rismo y al fordismo un lustre po­ lítico característico . Propusieron una "racionalización", a cargo del Estado, de toda la vida económica y social como preludio para ganar mercados masivos en otras partes a través de acuerdos comerciales bilaterales y/ o la fuerza de las armas 18 • Como economía continental, rica en recursos y en expansión, Estados Unidos podía adoptar una posición aislacionista y buscar un crecimiento autocéntrico : las au­ toridades alemanas e italianas pensaron que sus economías debían mirar hacia afuera para realizar el potencial de la racionalización fordista [ SIEGEL, 1 988]. Sin embargo , la fas­ cinación europea con el estilo americano y el fordismo fue erosionada por la Gran Depresión y sólo revivió después de la victoria de los aliados que , a su vez, erosionó la fe en las políticas de bloques , como el Grossraumwirtschaft nazi o la Esfera de Coprosperidad Asiática del Japón. Esto contribu­ yó a que los Estados Unidos hegemonizaran la reconstruc­ ción de la postguerra y afirmaran las virtudes del fordismo y del estilo de vida americano . En la promoción de su propio modelo del fordismo, los Estados Unidos tenían, por su­ puesto , la ventaj a del predominio económico y militar. Esto permitió que influyeran en la reforma institucional de Ale­ mania O ccidental y del Japón y establecieran regímenes in­ ternacionales que estimulaban la acumulación fordista, prin­ cipalmente a través de la instalación de un régimen petrole­ ro internacional que garantizaba ofertas cada vez más b ara­ tas y abundantes de una fuente de energía esencial para la expansión fordista [ BROMLEY, 1 99 0 ] . En consecuencia, aun aceptando que el régimen de crecimiento anterior a la post- · guerra fue principalmente autocéntrico , se necesitaron di­ versas condiciones internacionales favorables para que ocu­ rriera este despegue doméstico.

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Pueden hallarse algunos paralelos entre el New Deal de los Estados Unidos y el Nuevo Orden Nazi como formas de Estado de Bienestar Internacional: don­ de el Volksempfaenger (radio), la Volkswagen y el Autobahn desempeñaban funciones equivalentes a las de los bienes de consumo durable de las familias, del modelo T y de las autopistas de los Estados Unidos [RooBEEK, 1 987, 1 34].

Modo de regulación El problema aquí es la amplia variación de los modos de regulación compatibles con el fordismo considerado como régimen de acumulación. El fordismo metropolitano se ha presentado junto con las más variadas instituciones de mercado de trabaj o . El trabaj ador fordista masivo y los sin­ dicatos masivos no fueron siempre las fuerzas pivotes de las relaciones industriales y la negociación colectiva. La for­ ma M (o compañía de divisiones sloanista) se enraizó prin­ cipalmente en Europa a finales de los sesenta más que du­ rante el despegue del fordismo [ FRANKo, 1 9 74]; y las formas de empresa j aponesas están lej os de ser sloanistas [ SAYER, 1 989 ] . Muchas economías europeas y japonesas mantuvie­ ron una pequeña burguesía numerosa y políticamente sig­ nificativa en el sector comercial mucho después de que se experimentara un cambio hacia las ventas minoristas de carácter masivo . A la inversa, el consumo masivo surgió a finales del siglo diecinueve tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos [ BENIGER, 1 98 6 ; y TEDLOW, 1 990]. Además , el fordismo metropolitano se asocia con formas liberales , corporativas y dirigistas de régimen político . La administra­ ción keynesiana de la demanda se desarrolló mucho des­ pués en la mayoría de los países y se aplicó en forma poco efectiva en casi todas las economías . Por otra parte , la se­ cuencia y el patrón de los desarrollos del Estado de Bienes­ tar asumieron formas muy diferentes en todas las econo­ mías capitalistas avanzadas . En consecuencia, más que insistir en una configuración institucional particular que comprenda el modo fordista de regulación, debe buscarse una familia de semejanzas . Pue­ den discernirse algunos patrones : un vínculo entre salarios y productividad; la difusión de la negociación colectiva; la com­ petencia monopolista; el papel creciente del crédito estatal en la inversión y el consumo ; el compromiso estatal en la generalización de las normas de consumo masivo dentro de grupos significativos , como los campesinos en Japón y los granj eros en Estados Unidos y Europa; el creciente ejército de empleados estatales y de receptores del bienestar, etc. Existe también una creciente preocupación estratégica en las economías de escala, la productividad, la planeación, la ges­ tión del crecimiento, etc. , que afectan la vida social y política así como las formas de actividad económica.

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Modo de societalización El modo fordista de regulación, si existe o existió , ha sido tan variado que sus consecuencias para la societalización también varían ampliamente . Además , puesto que los pun­ tos de partida para la expansión fordista fueron diferentes y las estructuras sociopolíticas e institucionales son difíciles de transferir entre sociedades, se pueden encontrar "fordis­ mos nacionales" bastante diferentes. Pero no siempre es claro qué tanto se deben estas diferencias a una lógica fordista genérica que funciona en circunstancias diversas o a que las diferencias estructurales preexistentes modifican fun­ damentalmente la lógica genérica para producir diferen­ tes modos de crecimiento . Esto nos lleva a otra cuestión, a saber, la periodización.

Periodización Puesto que cada uno de los elementos del fordismo tiene su propia prehistoria y muchos elementos sobrevivieron después de la época fordista, surge la pregunta crucial acerca de la iniciación exacta de esta época. Si no hay discontinuidad o ruptura a medida que el proceso de trabaj o , los regímenes de acumulación, los modos de acumulación o las estructuras sociales evolucionan, ¿es justificable hablar de una época fordista? Aun si aceptamos que la producción en serie esta­ blece una diferencia, ésta no puede ser la innovación clave para explicar el crecimiento de la postguerra. La investiga­ ción sobre los ciclos largos revela que han ocurrido más pe­ ríodos de expansión de los que cabría esperar por el simple contraste entre regímenes prefordistas y fordistas . Esto tam­ bién sugiere que el crecimiento de la postguerra estuvo basa­ do ante todo en la energía abundante y barata, en los p etro­ químicos , en los materiales sintéticos , en otras industrias de proceso y en la aviación, así como en la producción de bienes de consumo durables . De otro lado , podríamos preguntar si la línea divisoria en la transición al postfordismo es la deca­ dencia de la línea de ensamblaj e fordista (o incluso de la pro­ ducción en serie en su conj unto) o la penetración de la microelectrónica en un rango creciente de actividades econó­ micas (incluyendo la producción en serie) . Sin respuestas sa­ tisfactorias a estas preguntas , las discusiones sobre el fordismo y el postfordismo tienen poco sentido.

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Pero las respuestas satisfactorias no pueden encontrarse en la génesis de los elementos individuales del fordismo (cual­ quiera que sea la definición de éste) sino en las discontinuidades de su articulación global. Por tanto, tratamos de identificar nuevas configuraciones que han adquirido una dinámica emer­ gente y característica como resultado de esta articulación. Aquí surgen al menos dos problemas. En primer lugar, debe hacer­ se mucho esfuerzo para rastrear la larga gestación de un fenó­ meno de vida más bien corta, puesto que el auge del fordismo no cubre ni siquiera todos los treinta años del boom de la post­ guerra 19• En segundo lugar, el despegue del crecimiento fordista parece depender de una serie grande de eventos casuales, donde el fin de la Segunda Guerra Mundial sólo proporciona un pun­ to de referencia conveniente pero estereotípico para las periodizaciones posteriores . Mi conclusión personal es que ninguna discusión seria del fordismo como fase distinta de la expansión capitalista puede .realizarse tomando como ej e el modo de regulación. Los análisis del proceso de trabaj o son demasiado limita­ dos ; especialmente porque hay problemas reales para pre­ cisar el significado estricto del proceso de trabaj o fordista. El énfasis en el régimen de acumulación fordista es socava­ do por el carácter problemático de las pretensiones acerca del autocentrismo y del círculo virtuoso de crecimiento ba­ lanceado generado por la producción en serie y el consumo masivo . Pero el énfasis en la societalización, es decir, en las ramificaciones y repercusiones del fordismo sobre el patrón de integración institucional y de cohesión social, supone lo que no se puede suponer: que ya hay acuerdo en la forma de definir el fordismo . Mediante un proceso de eliminación se lo puede definir en términos de un modo específico de regula­ ción o rechazarlo como concepto carente de utilidad. Muchos críticos apoyarían la segunda alternativa, aunque haya ar­ gumentos razonables en favor de la primera. En consecuen­ cia, recomiendo que el fordismo se defina en términos del núcleo de un modo de regulación cuyas características míni­ mas comprenden: una relación salarial donde los salarios se indexan con el crecimiento de la productividad y la inflación;

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Siegel explica el abandono del fascismo en términos de "un procedimiento que reduce a una mera fase preparatoria cerca de dos tercios de los sesenta años desde el comienzo de la época fordista en los años veinte" [ 1 988, 4 ] .

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el Estado juega un papel clave en la administración de la demanda; y las políticas del Estado ayudan a generalizar las normas de consumo masivo. Trabajando con esta definición básica se pueden examinar las precondiciones económicas del modo de regulación fordista en modos de crecimiento (o regímenes de acumulación nacionales y su inserción en la economía mundial) y formas de organización del proceso de trabaj o específicas ; se puede examinar la crisis del fordismo en términos de cambios en el circuito de capital y/ o de las modalidades de lucha de clases, los cuales ayudan a erosio­ nar la efectividad del modo fordista de regulación mismo , así como en términos de la dinámica característica, sui generis, de este modo de regulación; se pueden examinar los intentos de mantener este modo de regulación frente a sus crisis y su fracaso eventual; y se pueden examinar sus precondiciones y efectos más amplios en la organización del Estado, la econo­ mía y la sociedad civil. En cada caso hay que estar atentos a las variaciones nacionales entre los diversos modos de creci­ miento y regulación así como al patrón cambiante de comple­ mentariedades y tensiones entre ellos . LA TRANSICIÓN AL POSTFORDISMO ¿Qué conclusiones · se pueden extraer del interés e n el postfordismo? Una explicación adecuada debe considerarlo en forma semej ante al fordismo; distinguiendo sus diferen­ tes niveles y adoptando el mismo espíritu crítico . Sin em­ bargo , en la turbulencia económica actual, incluso sus ras­ gos genéricos son inciertos . La asimetría entre el fordismo y el postfordismo a este respecto es sugerida incluso por el prefij o cronológico de este último término . Se debe, enton­ ces , tener cuidado. Si ese prefij o contiene realmente mucha información, términos tales como "post-liberalismo" o in­ cluso "pre-postfordismo" dirían mucho acerca del fordismo20• No obstante , incluso una especificación detallada de las dis­ tintas dimensiones del postfordismo dej a muchas cosas sin responder. Por tanto, una condición mínima para hablar de

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Este argumento fue planteado por Haug [ 1 986], quien señala que parte de la teorización postfordista también se refiere a las continuidades, al reforzamiento de tendencias y así sucesivamente; haciendo ambiguo lo que se incluye dentro del concepto de postfordismo.

postfordismo sería la de mostrar por qué éste surgió des­ pués de la era fordista. De otro modo deberíamos hablar de una variante de no fordismo21• Si el prefij o contiene un significado real en vez de servir sólo como un indicador cronológico afín al uso francés del "aprésfordisme" (literalmente , " después del fordismo"), de­ ben aducirse argumentos adicionales . Puede razonarse a lo largo de una o de las dos líneas siguientes : mostrar que el postfordismo surgió de tendencias originadas dentro del fordismo pero que establece una ruptura con éste ; y / o mos­ trar que el conj unto de elementos viej os y nuevos del postfordismo resuelve o desplaza una o más de las con­ tradicciones y crisis que debilitaron decisivamente al fordismo22 • Si se dice que el postfordismo s urgió del fordismo , también deben demostrarse las principale s discontinuidades : d e otro modo sería mejor hablar d e alto fordismo, fordismo tardío o neofordismo23 . Alternativa­ mente , se puede justificar el concepto mostrando que el postfordismo resuelve o desplaza las contradicciones y tendencias a la crisis características del fordism o . Esto no implica que el postfordismo carezca de sus propias contradicciones y tendencias a la crisis . É stas pueden darse por sentadas ; pero la partícula "post" aún tendría sentido si este nuevo régimen superara de algún modo (o se sostuviera que puede hacerlo) los problemas típicos de la era fordista24•

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Una vez más, el modelo j aponés plantea problemas: si el futuro postfordista fue liderado por el Japón y si Japón carece de un pasado fordista, ¿qué signi­ fica el concepto de postfordismo cuando se aplica al Japón? Esto presupone estar de acuerdo sobre la crisis del fordismo; bien sea como proceso de trabajo, como régimen de acumulación, como modo de regulación o como modo de societalización. Muchos de los primeros comentarios sobre la crisis del fordismo sólo previe­ ron un movimiento del fordismo al neofordismo: de acuerdo con Kenney y Florida, éste implica "el uso de nuevas tecnologías para generar una renova­ ción económica dentro del contexto general de las instituciones y relaciones sociales fordistas" [KENNEY y FLORIDA, 1 988, 1 47]. Los ejemplos típicos son el estudio pionero de Aglietta sobre el fordismo norteamericano [ 1 97 9 ] y los co­ mentarios de Palloix sobre el proceso de trabajo neofordista [ 1 976 ] . Ésta parece ser la línea de Kaplinsky cuando escribe que "actualmente existe un general reconocimiento de que hay alternativas para el sistema fordista, amplia­ mente reconocidas como más productivas". Una razón para que el JIT se desa­ rrollara como alternativa fue la pequeña escala del antiguo mercado japonés de automóviles y la necesidad de mantener bajos costos de inventario [ 1 988, 455 ].

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Los análisis serios del postfordismo deben ir más allá de señalar que éste aparece después del fordismo y mostrar cómo se relaciona con las tendencias de desarrollo y las cri­ sis específicas del fordismo. Hacer esto no sería lo mismo . que probar que el postfordismo es la mej or rúbrica para explorar y explicar los actuales cambios de las economías avanzadas o de la economía mundial capitalista como un todo . Sin embargo, esto también se supone demasiado a menudo en las perspectivas postfordistas , algunas de las cuales simplemente ignoran otras bases de periodización que no intentan j ustificarse [ BROMLEY, 1 988 ] . Aparte de estos problemas conceptuales básicos , hay sóli­ das razones empíricas para dudar del postfordismo. Es claro que hay muchos puntos de partida y trayectorias diferentes hacia el postfordismo y que la evidencia es contradictoria, incompleta o provisional, especialmente en relación con los regímenes de acumulación y el modo de regulación o de societalización postfordistas . Incluso el hecho de determinar si el nuevo paradigma hegemónico será el modelo americano, ·el japonés o el alemán, corre el riesgo de marginar otras posi­ bilidades . É stas incluyen una pax tTilateralis emergente ba­ sada en una división del trabaj o global tripolar o en una va­ riedad de paradigmas basados en elementos extraídos de cada modelo y adaptados a las circunstancias locales25• Frente a dichas dificultades , más vale maña que fuerza. Pero , como recuerda Marx, "hic Rhodus, hic salta". Después de haber escrito otros trabaj os sobre el postfordismo y te­ niendo tiempo para revisar lo que he dicho, también tengo que dar un salto . Usando como trampolín el supuesto bási­ co de que el régimen de acumulación postfordista se basará en el predominio de la producción flexible en combinación con consumos diferenciados y no estandarizados, especifi­ caré los diversos niveles del postfordismo . 1 . En tanto proceso de trabajo , el postfordismo puede definirse como un proceso de producción flexible , es decir, basado en máquinas o sistemas flexibles y una fuerza de trabaj o adecuadamente flexible . Su hardware esencial es la

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Retornando al proceso de trabajo en la industria de automóviles, por ejemplo, debemos señalar que un estudio sugiere que la industria británica se acerca al modelo alemán mientras que la industria norteamericana se acerca al mo­ delo japonés [JÜRGENS et al. , 1 988, 1 2 ] .

microelectrónica basada en tecnologías de información y comunicación. É stas son relevantes para el "trabaj o manual y el trabaj o no manual, para empresas pequeñas , medianas y grandes , a nivel corporativo , de división y de sitio de tra­ baj o , para los gerentes y para los sindicatos , y así sucesiva­ mente" [ CLARK, 1 989, 6 ] . También se pueden utilizar para "seleccionar, controlar y proporcionar una retroalimenta­ ción inmediata en una amplia gama de operaciones huma­ nas y de maquinaria. Cuando se ligan a los sistemas de telecomunicaciones basados en la electrónica, estas tecno­ logías de 'tiempo real' también pueden establecer mej ores vínculos y fluj os de información a través del espacio , inte­ grando las actividades entre departamentos y sitios de tra­ baj o , y entre individuos y organi-estaciones de diferentes países" [ CLARK, 1 989, 6 ] . Esto permitiría una especializa­ ción flexible nueva y mej orada de firmas pequeñas o redes de productores aun en la producción de tandas pequeñas y, de hecho , fuera de las manufacturas puede producir la flexibili­ dad en la producción de muchos tipos de servicios en los sectores público y privado y en el llamado "tercer sector" . D e modo que e l alcance del proceso de trabajo postfordista para modelar la dinámica del sistema económico emergente es mucho mayor del que pudo tener el fordismo. En algunas áreas postfordistas s e verá una extensión adicional del taylorismo (por ej emplo , un menor grado de trabaj o de ofici­ na y algunos aspectos del diseño) o su intensificación ulte­ rior (por ej emplo , las manufacturas duras [ sweated manujacturing] o trabaj o de ensamblaj e) . Por otra parte , puede haber una convergencia bilateral hacia una producción diversificada de calidad desde la producción en serie y la producción artesanal [ STREECK, 1 98 7 ] . Este patrón puede denominarse postfordista en l a medi­ da en que surge del proceso de trabaj o fordista y/ o se con­ sidera que responde a la crisis del fordismo . Aunque no se niega la validez parcial del primer vínculo, es más fácil de­ fender el último . El hecho de subrayar que el postfordismo surgió del proceso de trabaj o fordista dificulta su diferen­ ciación con respecto al neofordismo y, como el postfordismo se puede aplicar a ramas que previamente no estaban orga­ nizadas sobre líneas fordistas , surgen dudas adicionales sobre la validez del prefij o . Sin embargo , al mirar cómo evo­ luciona el postfordismo en respuesta a la crisis del fordismo , podemos incluir innovaciones de proceso y de producto que .

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surgieron por fuera de cualquier contexto inmediato de fordismo . Aquí pueden incluirse los complejos de especiali­ zación flexible que han coexistido largamente con la pro­ ducción en serie fordista y ahora parecen haber ganado un nuevo plazo de vida en términos materiales e ideológicos , así como el papel clave de las nuevas tecnologías (micro­ electrónica, biotecnología y nuevos materiales ) para supe­ rar algunos de los problemas del control fordista. Para apro­ vechar estas fuentes de flexibilidad nuevas o recargadas , los capitalistas esperan superar la alienación o resistencia del trabaj ador masivo , la decadente calidad de los produc­ tos , el estancamiento relativo del taylorismo y de la produc­ ción en serie, la amenaza competitiva de los productores, con baj os costos , de la "periferia fordista" o "taylorismo san­ griento" del Tercer Mundo , y la saturación relativa de los mercados de bienes estandarizados producidos en serie ; también esperan satisfacer la demanda creciente de pro­ ductos más diferenciados con medidas que quiebren los costos crecientes de los sectores de servicios no fordistas ( especialmente en el sector público) y fomenten la producti­ vidad en otros sectores manufactureros . Las nuevas tecno­ logías también pueden contribuir a resolver problemas más generales del fordismo tales como el uso excesivo de petró­ leo , energía y materias primas y su efecto nocivo sobre el ambiente natural y artificial [RooBEEK, 1 98 7 ] . 2 . Como modo de crecimiento macroeconómico estable , cual­ quier círculo virtuoso postfordista reflejará la nueva forma dominante del proceso de trabaj o así como los cambios en las relaciones económicas internacionales . Un régimen de acumulación postfordista nacional típico e ideal tendrá la dinámica siguiente : se basará en la producción flexible ; en una productividad creciente basada en las economías de alcance ; en el aumento de ingresos de los trabaj adores cali­ ficados polivalentes y de la clase de servicios ; en una de­ manda creciente de bienes y servicios diferenciados favore­ cida por el creciente elemento discrecional de estos ingre­ sos ; en los crecientes beneficios provenientes de rentas tec­ nológicas ; en la plena utilización de la capacidad; en la reinversión en equipos y técnicas de producción más flexi­ bles ; y en nuevos conjuntos de productos, así como en un impulso adicional a las economías de alcance . Comparado con el régimen de acumulación fordista típico ideal, el creci­ miento postfordista no necesita generalizar los salarios ere-

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cientes de los trabaj adores de los sectores nodales hacia otros trabaj adores y a los económicamente inactivos. Ade­ más , en tanto que la expansión fordista se basó amplia­ mente en un mercado doméstico creciente y los modos postfordistas estarán más orientados hacia la demanda mun­ dial, la competencia global puede limitar el alcance de la prosperidad general y estimular la polarización de los in­ gresos causada por el mercado . Una solución posible a este último problema consistiría en que el keynesianismo internacional administre la deman­ da global y generalice las normas de consumo elevado junto con políticas de oferta más locales para mej orar la compe­ titividad estructural de los sistemas productivos cómpro­ metidos en la carrera de modernización postfordista. Ha­ bría otra solución de tipo más " extensivo" : reintegrar el blo­ que soviético y la China comunista en un mercado mundial único para generar demanda a través de la descomposición de las relaciones - originada por la crisis - de la produc­ ción estatal socialista y de nuevas formas de comercio Este­ Oeste. Junto al surgimiento de procesos de trabaj o auténticamente postfordistas y de su organización alrededor de ellos, este nuevo régimen de acumulación puede s er considerado como postfordista siempre que resuelva (o se afirme que lo hará) las tendencias a la crisis de su predecesor fordista, entre ellas el agotamiento relativo del potencial de crecimiento proveniente de la expansión de la producción en serie, la saturación relati­ va de los mercados de bienes de consumo durables y la ruptu­ ra del círculo virtuoso de acumulación fordista debido a la internacionalización y a los problemas que ésta impuso a la regulación nacional. A estos respectos, el postfordismo trans­ forma la producción en serie y va más allá de ella, segmenta los viejos mercados y abre otros nuevos , y está menos limitado por las condiciones de demanda nacionales . 3 . Como modo de regulación, el postfordismo implicará el compromiso de introducir innovaciones y flexibilidades en el lado de la demanda en cada una de las principales áreas de regulación. Dadas las incertidumbres actuales acerca de este aspecto , sólo daré una breve y tentativa explicación de algunas de sus posibles características . a. La relación salarial postfordista puede implicar una re­ composición fundamental del trabaj ador colectivo (con una tendencia hacia la polarización entre trabaj adores califica-

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dos polivalentes y trabaj adores no calificados , en contraste con la tendencia fordista hacia la homogeneización en torno del trabaj ador masivo "semicalificado" ) ; la organización de los mercados de trabaj o internos y externos alrededor de diferentes formas de flexibilidad (funciones y habilidades , duración y forma del contrato de trabaj o , paquete salarial, etc . ) ; el paso a la negociación colectiva a nivel de empresas o de plantas ; y nuevas formas de salario social. Las estrate­ gias de relaciones industriales pueden centrarse en la inte­ gración de los trabaj adores nodales dentro de la empresa y en la movilización de la inteligencia de producción de los trabajadores, disolviendo la distinción taylorista entre con­ cepción y ej ecución. También puede haber una intensifica­ ción de la marginalización y la inseguridad de los trabajado­ res de la periferia. É stos serán pobremente remunerados, es­ tarán desorganizados y serán reclutados entre los grupos sociales políticamente marginales , como las minorías étnicas , los migrantes rural-urbanos y los inmigrantes ilegales . b . El sistema de empresa postfordista puede experimentar un cambio desde la primacía de la estructura corporativa de tipo j erárquico, numerosa [ well-staffed] , burocrática y sloanista, hacia formas de organización más planas , menos numerosas y más flexibles. Las nuevas formas de organiza­ ción entre la j erarquía y el mercado se harán mas importan­ tes en la administración de las interdependencias estratégi­ cas dentro y entre las empresas para responder más rápi­ damente a los cambios de la demanda. Se acudirá a una mayor utilización de consultores externos , de especialistas y de subcontratistas así como de círculos rotativos de tra­ baj o y de una mayor competencia interna; las empresas tam­ bién se volcarán a losjoint ventures, al licenciamiento o con­ tratación de tecnología, a las alianzas estratégicas , a la co­ laboración en investigación y desarrollo , a las sociedades de diseño , etc . Los beneficios de la empresa dependerán de la capacidad para concebir sistemas de producción flexibles que aceleren los procesos y la innovación de productos; la búsqueda de rentas tecnológicas basadas en la innovación continua de procesos y productos ; y las economías de al­ cance. La competencia se centrará en factores distintos de los precios , tales como la calidad mej orada y el desempeño de los productos individuales , la capacidad para responder a los clientes sobre pedido , y la rápida respuesta a los cam­ bios en las condiciones del mercado . Algunos comentaris-

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tas también esperan una polarización entre las firmas transnacionales gigantes que ofrecen una amplia gama de bienes y servicios en campos multifacéticos de competencia tecnológica y una multiplicidad de empresas pequeñas (pero a menudo transnacionales) que buscan nichos específicos en mercados globales u otro tipo de mercados . Otros predi­ cen una nueva j erarquía de relaciones industrial-financie­ ras , donde la cúspide será ocupada por jugadores globales con alto valor agregado y mercados de productos en expan­ sión y por los bancos internacionales orientados a satisfa­ cer las necesidades de las firmas transnacionales [ GRou, 1 984 ; AMIN y ROBINS, 1 990 ] . c. S egún las tendencias actuales , la forma dinero estará dominada por el crédito bancario privado , sin raíces , que circula internacionalmente ; se desarrollarán formas más flexibles de crédito ligadas a una gama creciente de instru­ mentos financieros ; el crédito estatal estará sometido a lí­ mites fij ados por la lógica del dinero internacional y de los mercados de dinero . Se debate ampliamente acerca de la sostenibilidad de estas tendencias. d. Con el énfasis cada vez mayor en las formas de consumo diferenciado , el capital comercial será reorganizado para crear y servir mercados crecientemente segmentados . El hipermercado , el centro comercial y la boutique se citan a menudo como formas arquetípicas de las formas de consu­ mo postfordistas en comparación con el supermercado y las tiendas de departamentos . e . La intervención del Estado s e desplazará de la preocupa­ ción fordista por la administración de la demanda nacion?-1 a través de medidas keynesianas y de Estado de Bienesta'r, pues el carácter irreversiblemente internacional del post­ fordismo tiene la consecuencia paradójica de reforzar el pa­ pel del Estado en la promoción de la competencia, no tanto de las empresas individuales o de las firmas líderes nacio­ nales sino del sistema productivo global y de sus soportes socio-políticos . Si esto reduce el papel del Estado en la ad­ ministración de la demanda nacional, también incrementa su papel en la reestructuración constante y continua del lado de la oferta [ KUNDIG, 1 984, 6 0 ] . La política de bienestar también se integrará estrechamente a este proceso de rees­ tructuración. Además , dado que los Estados-naciones indi­ viduales pueden carecer de los medios para organizar la com­ petencia, esto implica un papel mayor de los Estados conti-

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nentales o pan-regionales (como la Comunidad Europea). Durante la transición al postfordismo , este fenómeno impli­ ca no solamente el retroceso [ roll back] de las fronteras fordistas del Estado sino también el avance de las fronteras de un nuevo tipo de Estado . El mundo postfordista será estructurado por la interacción de rivalidades nacionales o regionales en la carrera por la modernización social y la di­ námica de un sistema de producción global. Consideradas globalmente , estas formas constituyen un conj unto de prácticas reguladoras que también parecen surgir de las tendencias inherentes al fordismo y resolver al menos algunas de sus tendencias a la crisis . Algunas de estas nuevas formas estructurales y prácticas reguladoras se desarrollaron a partir de los intentos de manej ar la crisis del fordismo , y otras , de los intentos por escapar a ella; al­ gunas son ante todo defensivas y otras ofensivas . Entre los problemas que contribuyen a resolver pueden mencionar­ se: el colapso de las políticas de ingresos fordistas y la crisis de las instituciones del mercado de trabaj o fordista; la con­ tradicción entre las formas de salario fordistas y la necesi­ dad postfordista de promover la autonomía responsable ; el costo creciente de la investigación y el desarrollo; el cambio rápido y el acortamiento de los ciclos de vida del producto ; los mayores riesgos de fallas del mercado ; la dificultad en la disponibilidad de tecnologías que permiten una mayor inte­ gración de las tareas ; y la implementación de una comuni­ cación entre divisiones más fácil, , etc . Políticamente , las nuevas formas de intervención del Estado responden al es­ tancamiento keynesiano , a la crisis fiscal del Estado , al menor crecimiento de la productividad del Estado de Bien­ estar en comparación con el sector privado , a las rigideces y disfunciones de la administración y la planeación burocrá­ ticas , a la creciente resistencia que presentan las fuerzas clasistas y los nuevos movimientos sociales contra las for­ mas y los efectos del Estado fordista, etc . 4 . El modo de societalización postfordista es especialmente incierto porque, en contraste con el predominio del modelo norteamericano durante la postguerra, hoy existe una fuer­ te competencia entre los modelos j aponés , germano occi­ dental y norteamericano . Al menos podemos describir los efectos de la societalización como una transición desigual hacia el postfordismo . Ya existen signos claros de reorgani­ zación en la división espacial del trabaj o y entre sistemas

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nacionales , pues la producción flexible parece estar evitan­ do los viej os centros de producción fordistas y se localiza usualmente en las extensiones suburbanas de las áreas metropolitanas fordistas , en áreas internas relativamente no industrializadas y, al menos en los servicios , en los dis­ tritos comerciales centrales [ STORPER y Scorr, 1 98 8 ] . Estos nuevos lugares de producción son rearticulados dentro del circuito global d el capital y sólo sus nodos centrales (el me­ dio primario de la innovación) pueden funcionar como po­ los integrados , aglomerados y autogeneradores de crecimien­ to ; otros lugares se volverán cada vez más fragmentados y se están localizando en puntos más baj os de la j erarquía global [AMIN y RoBINS, 1 990 ] . PROBLEMAS DEL POSTFORDISMO Existe el riesgo de que la construcción de un modelo o para­ digma del postfordismo estimule el ánálisis teleológico y/ o funcionalista. En el peor de los casos , esto implica suponer que está en marcha una transición inevitable y predetermi­ nada del fordismo hacia el postfordismo, impulsada por la lógica cambiante de las fuerzas productivas y de las presio­ nes competitivas impuestas por las fuerzas capitalistas más fuertes . Aquí, las falacias teóricas son bien conocidas pues­ to que existe un amplio margen para que las fuerzas socia­ les resistan y modelen las innovaciones técnicas y sociales . Aunque evitemos la teleología, nos podemos en¡edar en el funcionalismo. Aquí el riesgo es que , habiendo construido un paradigma del postfordismo, luego consideremos todas las cosas en términos de su papel para hacer avanzar (o bloquear) la transición al postfordismo . Pero , si aún no po­ demos decir cuál será la forma final de un proceso de trabajo, un régimen de acumulación o un modo de regulación postfordistas , es temerario y falaz sostener que ciertas es­ tructuras o estrategias específicas resultan ser funcionales o disfuncionales para la transición. Esto ayuda a explicar la asimetría fundamental entre los conceptos de fordismo y postfordismo .

El proceso posifordista de trabajo Ignoremos las numerosas limitaciones científicas , técnicas y financieras que hacen impracticable la fábrica totalmente

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autómatizada y examinemos los cambios más generales hacia la flexibilidad de la manufactura26 • É stos pueden adop­ tar dos formas principale s : estática y dinámica [ CORIAT, 1 990 ] . La primera depende de la capacidad de la empresa para ajustar, "instantáneamente" , su combinación de pro­ ductos a las fluctuaciones de la demanda y, por tanto , ope­ rar a su capacidad instalada o cerca de ella. Esto sólo es efectivo donde los bienes producidos tienen una vida corta o se vuelven obsoletos rápidamente , de modo que las econo­ mías de escala son limitadas : de lo contrario , una empresa grande equipada con maquinaria flexible superaría a las empresas pequeñas o medianas [ CoRIAT, 1 99 0 , 1 5 7- 1 59 , 1 63 ] . Por contraste , l a flexibilidad dinámica opera e n un horizonte de tiempo más largo e implica "líneas de produc­ ción capaces de evolucionar rápidamente , en respuesta a los cambios en la ingeniería de procesos o productos" [ CORIAT, 1 990, 1 6 7 ] . Esto es ideal para los nuevos productos con demanda creciente y para los productos con volúmenes de demanda estables pero con cambios periódicos en las ca­ racterísticas que se ofrecen o demandan [ CORIAT, 1 990, 1 69 ; y ELAM, d e próxima publicación] . Situada aún más allá del alcance de la especialización flexible se halla la producción de bienes de inversión grandes y masivos , tales como los sistemas públicos de conmutación y telecomunicaciones [ SAYER, 1 989, 6 75 ] . É stos se pueden beneficiar de la inte­ gración por computador de diferentes fases de la produc­ ción, pero su manufactura real estará más allá del alcance de las empresas pequeñas o medianas aunque estén orga­ nizadas flexiblemente en distritos industriales . No obstan­ te , los cambios que ocurren en el proceso de trabaj o , aun­ que tengan un alcance limitado y a menudo sólo se realicen parcialmente, parecen implicar desviaciones importantes con respecto a la práctica fordista. Aunque no se j ustifique ha­ blar de un régimen de acumulación o de un modo de regu­ lación postfordista, la evidencia indica ciertas tendencias auténticamente postfordistas en el proceso de trabaj o . El problema real es entender su significado con respecto a otras tendencias y explicaciones alternativas . 26

50

"Los sistemas de manufactura flexible son todavía demasiado costosos para las empresas pequeñas y exigen que las empresas que los utilizan arrojen mayores volúmenes y mayor variedad de productos de los que puede absorber el mercado" [SAYER, 1 989, 673; citando a SCHONBERGER, 1 987].

El régimen de acumulación Aún es demasiado pronto para definir el régimen de acumu­ lación en unos términos que sean puramente abstractos . Esto es especialmente cierto dados los cambios complej os y aún inciertos que han ocurrido en Europa del Este y la Unión Soviética así como el continuo desarrollo de la Comunidad Europea y sus asociados . En relación con los rápidos cam­ bios que se han presentado bajo la égida de las empresas transnacionales , ellos hacen prever fácilmente que no habrá un retorno al statu qua ante-fordista y hacen difícil de prever las formas precisas de cualquier régimen nuevo .

Modo de regulación Puesto que los obj etos y los modos de regulación se relacio­ nan mutuamente , sería aventurado prever las principales líneas de cualquiera de los modos futuros de regulación postfordistas . Los obj etos de regulación no se constituyen completamente antes de las luchas en torno de su regula­ ción sino que se constituyen parcialmente en y a través de esas luchas [JEssoP, 1 990a]. Los descubrimientos de opor­ tunidades y la experimentación por ensayo y error también desempeñan un papel importante en la consolidación de los modos de regulación. Dada la incertidumbre acerca de los elementos de los regímenes de acumulación postfordistas , su articulación dentro de momentos duraderos de un modo de regulación postfordista estable es doblemente incierta. Esto explica los conflictos sobre algunos aspectos claves del postfordismo : la flexibilización de la relación salarial; el sig­ nificado , alcance e importancia de la especialización flexi­ ble ; la naturaleza y el significado de los distritos industria­ les ; y la relevancia de las empresas .flexibles pequeñas en muchas áreas de producción que aún son cruciales . Tam­ bién se debate mucho acerca de si el sistema monetario in­ ternacional se ha vuelto demasiado flexible para su propia conveniencia, para no mencionar la del capital productivo . Las estrategias de nichos de mercado a menudo terminan sepultando a sus protagonistas . Y, aunque parece haber un "vaciamiento" de los Estados-naciones a medida que las fun­ ciones se transfieren hacia arriba - a cuerpos supra o transnacionales - y hacia abaj o - a nuevas formas de Esta­ do local o regional - , las formas del Estado y la intervención

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del Estado para promover y administrar la transición hacia un futuro postfordista incierto son demasiadas y muy va­ riadas para hacer una buena predicción. Tampoco es claro el grado en que los cambios actuales en las formas y funcio­ nes del Estado obedecen a la transición al postfordismo y cuántos de ellos son el resultado de otras tendencias , dile­ mas y contradicciones .

Societalización Aún no ha aparecido un régimen de acumulación postfordista viable y compatible con un modo de regulación postfordista, si ello es posible . Esto sugiere que la discusión de la societalización postfordista debe limitarse a tres áreas de in­ vestigación: a) En qué forma los cambios en el proceso de trabaj o afectan las relaciones de clase y género y otras rela­ ciones sociales ; b) Los problemas sociales debidos a la crisis del fordismo y la búsqueda de alternativas ; y c) Los procesos políticos involucrados en esta búsqueda. A lo sumo podemos describir algunas de las formas sociales involucradas en la transición al postfordismo pero igualmente en la transición a otras formas estructurales . También es demasiado pronto para hablar de un modo postfordista de societalización.

Periodización Con respecto al proceso de trabaj o podemos plantear una periodización similar a la que se encuentra en las explica­ ciones del fordismo. La pregunta que se plantea es si la in­ tegración de la producción a través de computadores desde el diseño hasta el mercado constituye realmente una ruptu­ ra fundamental en la organización industrial o si otros cam­ bios son más importantes . Esto es especialmente proble­ mático puesto que es claro que hay un papel para la pro­ ducción masiva en muchas áreas de producción. En cam­ bio , en Occidente hoy se han adoptado muchas soluciones j aponesas (como la producción JIT, realmente originada en los años cuarenta y cincuenta, antes de la crisis del fordismo) [ SAYER, 1 98 9 , 670 ] . Esto no impide insertarlas en un siste ­ ma productivo postfordista pero se requiere un análisis más matizado y equilibrado para mostrar exactamente lo que es nuevo y / o "post" en este sistema.

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C OMENTARIOS FINALES

D e esta revisión pueden extraerse muy pocos resultados sustanciales . Esto obedece principalmente a la materia pri­ ma intelectual sobre la que se ha trabaj ado : la distinción entre fordismo y postfordismo . Por tanto, mis conclusiones se limitan a reflexiones metodológicas e incluyen pocos co­ mentarios esenciales . Sugiero , en particular, que esta dis­ tinción entraña tres principales fuentes de confusión: a) El fracaso para diferenciar entre los posibles sitios donde pue­ den desarrollarse el fordismo y el postfordismo; b) El fraca­ so para distinguir entre la afirmación estratégica o retórica de uno u otro aspecto del fordismo o del postfordismo y su real inserción dentro de las características estructurales es­ pecíficas de una formación social; y c) El fracaso para reco ­ nocer l a asimetría básica entre los conceptos d e fordismo y postfordismo, el cual se debe al cierre de la época fordista y la incertidumbre futura del postfordismo . Dicho esto , en caso de usar uno y otro conceptos , yo pre­ fiero el de fordismo. En parte , porque reflej a la oportunidad de que la desaparición de la era fordista permita estudiar la transición al fordismo y las regularidades en, y a través de, diferente s áreas de fordism o cons olidado . El término "fordismo" sirve como concepto heurístico cuando se esta­ blece la especificidad histórica de formaciones particulares y, por tanto , como régimen de acumulación; es útil para definir las tendencias básicas , las contratendencias y las formas de crisis del capitalismo de postguerra. Sin embar­ go, aun así ha sido necesario cualificar significativamente la naturaleza y el significado del fordismo , proporcionando definiciones más bien laxas de su materialización a diferen­ tes niveles y/ o admitiendo una multitud de subtipos o de formas híbridas . Esto es lo que suscita lamentaciones acer­ ca de la abrumadora furia taxonómica tanto en historias detalladas como en análisis causales dinámicos de las ten­ dencias y las contratendencias . Por muy justificadas que sean estas lamentaciones en algunos casos , parece conve­ niente utilizar la noción de fordismo como parte de un siste­ ma conceptual más amplio . Estos problemas se acentúan al analizar el postfordismo . Es difícil definir un régimen de acumulación o un modo de societalización postfordista coherente como tipo ideal o como construcción heurística. También existen dudas reales acer-

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ca de que la posible trayectoria del capitalismo lleve a un futuro postfordista. Deben satisfacerse condiciones teóri­ cas y empíricas específicas antes de que se pueda hablar razonablemente de postfordismo . Además , aunque se abandonase este concepto en favor de otro que carezca de un prefij o cronológico ( c omo " acumulación fl exib le " , "fujitsuismo" o "spathkapitalismus")2 7, aún subsisten bue­ nas razones para dudar de que éste describa adecuadamente el futuro del capitalismo , pues ese futuro estará determina­ do por la lucha de clases y la competencia capitalista en todas sus farmas así como por fuerzas enraizadas en otros órdenes institucionales ; también dependerá crecientemente de fuerzas globales más que de fuerzas confinadas a los Estados-naciones particulares o a los sistemas productivos plurinacionales . Inevitablemente , esto suscita problemas tanto para quienes tratan de encontrar soluciones a los pro­ blemas del fordismo como para quienes tratan de estudiar­ los . El debate sólo ha comenzado y yo apenas he tratado de presentar algunas guías conceptuales y algunas reflexiones esenciales para ayudar a orientarlo .

27

La noción de

un juego de palabras con el concepto de ("capitalismo tardío"), se refiere a Lothar Spath, presiden­ te-ministro demócrata-cristiano modernizador de Baden-Wurtemberg y nota­ ble defensor del futuro postfordista para Alemania Occidental. "spathkapitalismus",

"spatkapitalismus"

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¿HACIA UN ESTADO D E TRABAJO SCHUMPETERIANO?*

Observaciones preliminares sobre la economía política posifo rdista

Se acepta ampliamente que los regímenes de Estado de Bien­ estar keynesianos que surgieron durante el largo auge de la postguerra se encuentran en estado terminal; p ero hay mucho menos consenso acerca de cuál será el sucesor de esos regímenes . Aunque este tema es demasiado extenso para cubrirlo en detalle , quiero presentar tres afirmaciones generales y algo especulativas sobre los cambios actuales . 1 . S e está produciendo un cambio tendencia! desde el Esta­ do de Bienestar Keynesiano (allí donde éste se estableció) hacia un Estado de Trabaj o Schumpeteriano ; 2 . Los Esta­ dos nacionales de las economías capitalistas avanzadas es­ tán sometidos a un triple y desigual proceso de "vaciamien­ to" (uneven three-way "hollowing-out"); 3 . Esas dos tenden­ cias están asociadas a la transición, en las economías oc­ cidentales, del fordismo al postfordismo. Aunque claramente ligadas a la misma dinámica económica global propuesta en

*

Tomado de "Towards a Schumpeterian Workfare State?", publicado en la re­ vista Studies in Political Economy ( 40 , primavera de 1 993 ). Ésta es una versión revisada y abreviada de un artículo presentado en la Octava Conferencia de Europeístas (Chicago, 26-28 de marzo de 1 992). El autor agradece los comen­ tarios de Bill Carroll, Des King, Colín Hay, Jane Jenson, Rianne Mahon, Klaus Nielsen, Leo Panitch, Sum Ngai-Ling y David Wolfe. Con la condensación del artículo se eliminaron muchas referencias y ejemplos ilustrativos (nota del traductor).

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la tercera afirmación, las dos primeras pueden considerarse , no obstante, independientemente. A la inversa, esas tres afir­ maciones pueden condensarse en un aforismo audaz: el Es­ tado de Trabaj o Schumpeteriano "vaciado" ( "hollowed-out" schumpeterian wor"lefare state) proporciona el mej or armazón político posible para el postfordismo . Los supuestos e ideas básicos implícitos en estas cuatro afirmaciones se sintetizan en la primera sección de este artículo. Las secciones poste­ riores contextualizan los cambios tendenciales , esbozan los mecanismos que los generan y enuncian las tres variantes típico-ideales del régimen emergente. Este trabaj o teórico tam­ bién permite concretar las afirmaciones iniciales y sugerir cómo pueden utilizarse en investigaciones posteriores . EL PERFIL DE LAS CUATRO AFIRMACIONES

Este artículo busca introducir algunas inquietudes teóricas sobre el Estado en la teoría de la regulación antes que intro­ ducir conceptos regulacionistas en los análisis del Estado . El artículo parte de la idea de que , puesto que la actividad económica está incorporada en la sociedad y es regulada socialmente , una explicación adecuada de la economía debe adoptar un enfoque integral. Por tanto, el siguiente análisis se ocupa de la reproducción económica y social ampliada del capitalismo o , parafraseando a Gramsci, de la " econo­ mía en su sentido inclusivo"1 • A su vez, ésta comprende por definición "un régimen de acumulación + un modo de regu­ lación social". El Estado es una importante fuerza estructu­ ral y estratégica a este respecto y sus principales roles son asegurar la reproducción ampliada y la regulación del capi­ talismo2 . Aquí son particularmente importantes dos funcio-

1 Aquí se hace referencia al análisis gramsciano de "lo stato integrale" (el Estado en su sentido incluyente) en términos de "sociedad política + sociedad civil" [GRAMscr, 1 97 1 ]. En JESSoP [en prensa] se compara la teoría del Estado de Gramsci con el enfoque de "economía integral" implícito en la teoría de la regulación. 2 Las formas, funciones y actividades del Estado no pueden reducirse al papel de regular la economía en su sentido inclusivo . Si se considera al Estado desde un punto de vista de economía integral, su explicación es necesaria­ mente parcial, igual que un enfoque político integral de la economía produce una explicación parcial de esta última. En el caso de Gramsci, por ejemplo, ésta se limita a asegurar el núcleo económico decisivo de un bloque histórico (para comentarios adicionales, ver JESSOP, 1 992a).

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nes : primera, ayudar a garantizar las condiciones para la valorización del capital y, segunda, ayudar a garantizar las condiciones para la reproducción de la fuerza de trabaj o . Estas dos funciones son incorporadas , d e hecho , e n las de­ finiciones de Estado de Bienestar Keynesiano y Estado de Trabaj o Schumpeteriano . Así, mientras que los términos "keynesiano" y "schumpeteriano" de cada concepto se refie­ ren a la formas de intervención económica del Estac� o ca­ racterísticas de un modo de regulación social dado , los tér­ minos "bienestar" y " de trabajo" se refieren a la forma espe­ cífica de intervención social que favorece el Estado . Desde el punto de vista de economía integral aquí esbozado , es pro­ bable que el Estado de Bienestar Keynesiano (o EBK) y el Estado de Trabaj o Schumpeteriano (o ETS) correspondan a regímenes de acumulación diferentes . Espero demostrar que , mientras que e l primero era un elemento "integral" de la reproducción ampliada del fordismo , el último puede llegar a ser igualmente "integral" para su régimen sucesor que aún está en proceso de surgimiento3• Antes de continuar, quiero sintetizar las cuatro presunciones mencionadas .

El Estado de Trabajo Schumpeteriano La primera afirmación - que está en marcha un cambio tendencia! desde el EBK al ETS - descansa en dos nociones ampliamente aceptadas : que el EBK fue un soporte estruc­ tural clave del largo auge de la postguerra, y que desde en­ tonces éste ha entrado en crisis j unto con el régimen de acumulación al que . viene asociado . En términos abstrac­ tos , los distintos obj etivos del EBK con respecto a la repro­ ducción económica y social fueron promover el pleno em­ pleo en una economía nacional relativamente cerrada, prin­ cipalmente a través del manej o de la demanda, y generali­ zar las normas del consumo de masas , a través de los dere­ chos al bienestar y de nuevas formas de consumo colectivo . Naturalmente , las formas concretas del EBK y los medios específicos para alcanzar esos objetivos variaron según fue ­ ra e l caso. N o obstante , cuando l a crisis del EBK se extendió 3

Soy muy consciente de las dificultades que implica el uso de términos tales como "fordismo" y, aún más seriamente, "postfordismo"; no obstante, para ciertos propósitos, éstos pueden desempeñar un papel teórico reaI o tener alguna relevancia empírica real (ver JESSOP, 1 992b).

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y los esfuerzos para restaurar las condiciones de la postguerra a través de la austeridad económica y el recorte social fracasa­ ron, el énfasis se desplazó a los intentos de reestructurar y reorientar el Estado a la luz de percepciones significativamente distintas de las condiciones que llevan a la expansión econó­ mica. Lo que está surgiendo, en forma vacilante y desigual, de estos intentos es un nuevo régimen que podría denomi­ narse , aunque no en forma muy elegante, Estado de Trabajo Schumpeteriano4• En términos abstractos, sus obj etivos eco­ nómicos y sociales pueden sintetizarse en la promoción de innovaciones de productos , de procesos organizacionales y de mercados ; el mej oramiento de la competitividad estructu­ ral de las economías abiertas , principalmente mediante la intervención en el lado de la oferta; y la subordinación de la política social a las exigencias de flexibilidad del mercado de trabajo y de competitividad estructural. Aunque los rasgos distintivos del ETS se perciben más claramente cuando se contrasta con el EBK, es importante señalar que la aparición del ETS no depende de la presencia de un EBK más o menos propenso a la crisis . Aunque este desarrollo puede ser típico de los casos europeos , hay importantes ejemplos del Este Asiático que no se ajustan a este patrón. Por cierto, hoy en día estos últimos a menudo se consideran como modelos para resolver la crisis en Occidente .

El "vaciamiento " del Estado nacional En cada uno de los centros de la tríada de regiones confor­ mada por Norteamérica, la Comunidad Europea y Asia del Este , el Estado nacional está suj eto a diversos cambios que llevan a su "vaciamiento" . Esto no significa que el Estado nacional haya perdido toda importancia. Lej os de ello , sigue siendo es encial como lugar institucional y entramado discursivo para las luchas políticas ; incluso aún mantiene buena parte de su soberanía, aunque principalmente como ficción jurídica que se reproduce mediante el reconocimien­ to mutuo en la comunidad política internacional. Al mismo tiempo, su capacidad para ej ercer el poder aun dentro de

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Por lo menos en opinión de A. Cochrane [ 1 992]. En un artículo anterior, yo simplemente lo llamaba Estado de Bienestar Postfordista, pero este término carece de especificidad formal y funcional (ver JESSOP, 1 99 1 ).

sus fronteras nacionales se está volviendo cada vez más li­ mitada debido a un triple y complej o desplazamiento de los poderes -hacia arriba, hacia abaj o y, en alguna medida, ha cia afuera - : algunas capacidades del Estado son trans­ feridas a cuerpos pan-regionales , plurinacionales o inter­ nacionales ; otras son devueltas a los niveles regionales o lo cales dentro del Estado nacional; y otras son asumidas por redes horizontales de poder emergentes - regionales o lo cales - que pasan por alto a los Estados centrales y unen regiones o localidades de diversas sociedades . Estos cam­ bios también están asociados al desvanecimiento de las fron­ teras del Estado y a su creciente compromiso en estrategias de orientación social descentralizada antes que en la coor­ dinación centralizada de carácter imperativo . Además , aun­ que estos cambios surgen a veces como productos coyuntu­ rales de crisis administrativas de corto plazo o de la varia­ ción de estrategias , también responden a cambios estruc­ turales de largo plazo en la economía global. Aquí no sólo está en juego una serie de cambios formales o tácticos sino también la rearticulación práctica de las capacidades políti­ cas , pues la pérdida tendencia! de la autonomía del Estado nacional crea la necesidad de coordinación supranacional y el espacio para el resurgimiento subnacional. Obviamente, la combinación precisa de las tres principales farmas de "vaciamiento" varía con el régimen económico y político exis­ tente , las restricciones estructurales que enfrenta y el cam­ biante equilibrio de fuerzas .

Del jordismo al postjordismo La coherencia general de estos cambios a través de una amplia gama de regímenes económicos y políticos sugiere que está operando algo más que meras condiciones econó­ micas y políticas fortuitas o locales . Por esto , la tercera pre­ sunción afirma que esos cambios están estrechamente re­ lacionados y fundados en un conjunto de procesos que a menudo , y quizá engañosamente , se caracterizan como la transición del fordismo al postfordismo . Esta caracteriza­ ción ha ayud ado a contextualizar y modelar las respuestas a la crisis del EBK, pero oscurece la complejidad real de los cambios agrupados baj os esa caracterización, así como los problemas qu e surgen cuando se busca una solución comprehensiva. Por tanto, se necesita examinar más de cerca

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los cambios involucrados. Además de lo que puede llamarse un cambio de paradigma tecno-económico del fordismo al postfordismo, también deben examinarse factores tales como el surgimiento de nuevas tecnologías , el acelerado ritmo de internacionalización y los é ambios básicos en las formas re­ gionales de las economías global y nacional. Esas cuatro ten­ dencias están estrechamente relacionadas ; en su conjunto, socavan la efectividad del EBK como fuerza de regulación económica y política (ver el acápite "Cambios en la economía global y funciones del Estado como contexto y causa") y fijan los parámetros dentro de los cuales deben buscarse las solu­ ciones para la crisis del orden económico de la postguerra.

¿El mejor armazón político posible? Esto lleva a la cuarta y más audaz afirmación, a saber, que el ETS "vaciado" puede ser considerado como el mej or ar­ mazón político posible para el postfordismo . Hay un riesgo obvio en esta metáfora: puede suscitar la idea errónea de que el Estado sólo es un armazón político protector dentro del cual puede germinar tranquilamente una semilla eco­ nómica. Un punto de vista económico integral, con su aten­ ción explícita al acoplamiento estructural y a la coevolución contingente de regímenes de acumulación y modos de regu­ lación social5 , excluye esa interpretación pero abre la posi­ bilidad de justificar dicha afirmación por tres vías : a) De­ mostrando que aspectos principales de los regímenes de EBK estaban estructuralmente acoplados al crecimiento dinámico del fordismo atlántico6 y que la transición al ETS ayuda a 5

El acoplamiento estructural ocurre cuando dos o más sistemas operativamente autónomos pero interdependientes coexisten en el mismo ambiente y reaccio- . nan a los cambios del ambiente y a las reacciones del otro; así interrelacionados, también coevolucionan en forma parcialmente contingente y en forma par­ cialmente dependiente de la trayectoria (para mayor información sobre estos conceptos, ver JESSOP, 1 992a, pp. 327-339).

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En este contexto, sigo a analistas tales como Van der Pijl [ 1 984], que consideran el fordismo como un régimen de acumulación cuya dinámica de crecimiento se basaba en la difusión del paradigma industrial de los Estados Unidos hacia el noroccidente europeo. Debería agregar que varias economías no fordistas, cuya dinámica de crecimiento probó ser complementaria a la del régimen fordista dominante, también pudieron ampliarse significativamente durante el largo auge de la postguerra (éstas incluyen la canadiense y varias europeas). En ambos contextos hubo un surgimiento tendencia! del modo de regulación social tipo Estado de Bienestar Keynesiano (ver EsPING-ANDERSEN, 1 985).

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resolver las principales tendencias a la crisis del fordismo at­ lántico y/ o de sus regrmenes de EBK asociados , haciendo po­ sible una nueva oleada de acumulación; b) Demostrando que los rasgos distintivos del cambiante ETS corresponden en as­ pectos cruciales al emergente crecimiento dinámico de la nue­ va economía global y contribuyen significativamente a la modelación global de esta dinámica, considerada desde un punto de vista integral; y c) Demostrando que los espacios económicos más competitivos en este orden emergente real­ mente han liderado esta forma de Estado y, por tanto, han ganado un estatus paradigmático y ejemplar para reestructu­ rar los esfuerzos en otras partes. Estas tres líneas de análisis pueden dar credibilidad a la afirmación (ahora ya redefinida, menos metafórica) de que el ETS "vaciado" está peculiarmente bien adaptado para promover y consolidar (y no sólo para encapsular) el orden económico "integral" postfordista aún en evolución, con todo lo que esto implica para los perdedores y para los que se benefician de este proceso. A continuación se intenta hacer esta triple demostración experimental. CAMBIOS EN LA ECONOMÍA GLOBAL Y FUNCIONES DEL ESTADO COMO CONTEXTO

Y

CAUSA

Esta sección sitúa las cuatro afirmaciones arriba plantea­ das en su contexto económico general -global, en efecto - , señalando las implicaciones de las tendencias menciona­ das para las funciones " económicas integrales " del Estado capitalista. Está muy lej os de mi intención afirmar que los Estados siempre pueden desarrollar (sin tocar las que ya tienen) las habilidades para reorganizarse a sí mismos y cumplir con éxito esas nuevas funciones . No pretendo su­ gerir que un régimen de acumulación postfordista con un modo de regulación adecuado siempre esté libre de proble­ mas . Por el contrario , quiero subrayar la magnitud de la tarea que enfrentan los Estados para adaptarse a las nue­ vas condiciones . Además , una vez se presta atención a los regímenes específicos , se pueden (y se deberían) realizar estudios detallados de los inevitables dilemas , contradic­ ciones , costos y tendencias a la crisis involucrados en las respuestas específicas a estas diversas tendencias . Sin em­ bargo , antes de revisar las posibles respuestas , mostraré algunas importantes implicaciones de la actual reestructu­ ración económica.

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La primera tendencia básica es el surgimiento de nuevas tecnologías nodales (core technologies) como fuerzas moti­ vadoras y portadoras de expansión económica. Estas tecnolo­ gías están creando nuevos cortjuntos de sectores industriales y, a través de la fertilización cruzada y/ o su incorporación dentro de los sectores tradicionales , contribuyendo a ampliar la gama de productos. El dominio de estas tecnologías es esen­ cial para el crecimiento continuado y la competitividad estruc­ tural. Pero muchas de ellas son tan intensivas en conocimien­ to y capital que su desarrollo exige una extensa colaboración (especialmente en las etapas precompetitivas) entre diversos intereses (empresas , institutos de enseñanza superior, labo­ ratorios de investigación públicos y privados, empresas de ca­ pital de riesgo, entidades de financiación pública, etc . ) . Este hecho es reconocido no sólo en muchas economías capitalis­ tas avanzadas sino también en muchos países recientemente industrializados (NICs). En efecto, dadas las crecientes presio­ nes competitivas de los NICs en productos de baj o costo, baja tecnología e incluso alta tecnología simple, las economías ca­ pitalistas avanzadas deben avanzar en la j erarquía tecnológi­ ca y especializarse en las nuevas tecnologías centrales para mantener el empleo y el crecimiento. Aquí los Estados tienen un papel clave en la promoción de capacidades innovadoras, competencia técnica y transferencia de tecnología para que muchas firmas y sectores se beneficien de las nuevas oportu­ nidades tecnológicas creadas por las actividades de investiga­ ción y desarrollo emprendidas en secciones específicas de la economía [ CHESNAIS, 1 986; y SIGURDSON, 1 990]. Además de las áreas de intervención u orientación específicas, el Estado debe comprometerse cada vez más en la promoción de sistemas na­ cionales y regionales de innovación efectivos . Y, dadas las pre­ siones presupuestales y fiscales que surgen cuando sus eco­ nomías nacionales se vuelven más abiertas, los Estados de­ ben superar los esfuerzos vanos de apoyo industrial para man­ tener sectores decadentes que no cambian, destinar recursos crecientes a la promoción de los denominados sectores "na­ cientes" ( "sunrise" sectors) y/ o reestructurar los denominados sectores "decadentes" ( "sunset" sectors) para que puedan uti­ lizar los nuevos procesos, actualizar los productos existentes y lanzar otros nuevos. En todos los casos, la acción del Esta­ do es esencial para orientar el desarrollo de las tecnologías centrales y ampliar su utilización a fin de promover la com­ petitividad.

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En segundo lugar, a medida que la internacionalización de los fluj os monetarios y reales avanza aceleradamente, involucrando un mayor número de firmas , mercados y paí­ ses, los Estados ya no pueden actuar como si las economías nacionales fueran virtualmente cerradas y como si su diná­ mica de crecimiento fuera autocéntrica. De un lado , las ten­ dencias a la internacionalización (y el papel líder de las cor­ poraciones multinacionales y de los cuerpos transnacionales a su cabeza) hacen que las empresas puedan escapar al control nacional y que las políticas económicas nacionales ya no funcionen adecuadamente. En particular, muchos instrumentos de política macroeconómica asociados al EBK pierden su eficacia con la internacionalización creciente y, entonces , deben ser remplazados o reforzados con otras me­ didas en caso de que se pretenda lograr obj etivos políticos de postguerra, tales como el pleno empleo , el crecimiento económico , la estabilidad de precios y una balanza de pagos sana. D e no ser así, el problema pasa a ser cómo manejar la inserción de la economía nacional en la economía global para lograr algún b eneficio neto de la internacionalización. Por cierto, las economías abiertas pequeñas ya enfrentaron este problema durante el auge de la postguerra; ahora, in­ cluso las economías más grandes y antes relativamente ce­ rradas han sido absorbidas dentro de los circuitos globales de capital a través de una combinación variable de apertura y penetración, lo cual ayuda a explicar la paradoj a de que , a medida que los Estados pierden control sobre la economía nacional como objeto de gestión económica deben involucrarse en el manej o del proceso de internacionalización, con lo cual socavan aún más la autonomía económica nacional. Ese manej o no sólo implica prever los intereses de las multina­ cionales con sede local sino también crear condiciones favo­ rables para la inversión externa. En ambos casos , debe pres­ tarse atención al impacto global sobre la competitividad tec­ nológica y económica de la nación. Además , los Estados deben involucrarse en la redefinición de la estructura inter­ nacional dentro de la cual se desarrolla ese proceso econó­ mico. Entre otros obj etivos de política, aquí pueden men­ cionarse : el establecimiento de nuevas formas legales para la cooperación entre naciones y las alianzas estratégicas ; el restablecimiento de la regulación de los sistemas de dinero y crédito internacionales ; la promoción de la transferencia de tecnología; el manej o de las disputas comerciales , la de-

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finición de un nuevo régimen internacional de propiedad intelectual; y el desarrollo de nuevas formas de regulación de la migración de trabaj adores . En tercer lugar, hay u n cambio d e paradigma desde un modelo fordista de crecimiento -basado en la producción masiva, las economías de escala y el consumo de masas ­ hacia un paradigma orientado a la producción flexible , la innovación, las economías de alcance , las rentas de innova­ ción y unos patrones de consumo que cambian y se diferen­ cian más rápidamente. Lo que hoy está a la orden del día en la competencia internacional es la habilidad para cambiar rápida y fácilmente entre productos y procesos innovadores, de modo que cada nuevo producto ofrezca mej ores cualida­ des funcionales y una mayor eficiencia en la producción. Ya no se trata de competir a través de economías de escala en la producción de bienes y servicios estandarizados que usan sistemas de producción específicos, sino de competir a tra­ vés de la capacidad para introducir sistemas de manufac­ tura o de entrega flexibles y explotar las economías de al­ cance resultantes . Este cambio tiene importantes impli­ caciones para las estrategias empresariales y sectoriales , aun allí donde el fordismo no era dominante en sectores o economías nacionales dadas . Por cierto , este cambio pro­ porciona un mej or esquema interpretativo para entender la actual crisis y dar alguna coherencia a la búsqueda de ca­ minos para salir de la crisis . É ste es el contexto en que la transición al paradigma tecno-económico postfordista lleva a reorientar las principales funciones económicas del Esta­ do, pues la combinación de la tendencia fordista a la internacionalización con el énfasis postfordista en la pro­ ducción flexible induce a quienes toman decisiones a cen­ trarse en el problema del lado de la oferta de la competitividad internacional y a subordinar la política de bienestar a las exigencias de flexibilidad : éste es el cambio del EBK al ETS . Al identificar este cambio no afirmo que la " abigarrada di­ versidad" de los regímenes políticos desaparecerá con la tran­ sición al postfordismo , aunque parezca estar surgiendo esa tendencia general tanto en el discurso oficial como en los cambios defacto en las formas de intervención del Estado . En cuarto lugar, la j erarquía macroeconómica global se está redefiniendo con una conciencia creciente de la impor­ tancia central de tres polos supranacionales de crecimien­ to , que se basan en las hegemonías regionales de los Esta-

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dos Unidos , Japón y Alemania, y se reflej an en los intentos de crear un Área Norteamericana de Libre Comercio , un Espacio Económico Europeo y una Comunidad Económica del Pacífico Asiático . Ya hay una importante base material para estos desarrollos con la creciente intensidad del co­ mercio interno de cada bloque. No obstante, el aparente­ mente inevitable surgimiento de esta "tríada de poder" en­ frenta tres importantes contratendencias : la creciente interpenetración de esos mismos tres poderes, los cambios en las j erarquías nacionales dentro de cada región de la tríada y el resurgimiento gradual de economías regionale s dentro de las economías nacionales . Lo que vemos realmente es una remodelación de la j erarquía de regiones en todas las esc alas espaciales , desde las "regiones mundiales" (tríadas) , pasando por las regiones internacionales y los Estados-na­ cione s hasta las regiones y localidades de cada Estado [TAYLOR, 1 99 1 ] . Las empresas y los bancos transnacionales son los principales actores en este proceso de remodelación, pero , como se señaló antes , a menudo éstos son ayudados y respaldados por los Estados nacionales . Sin embargo , a medida que se despliegue este proceso complej o y contra­ dictorio, los Estados también tendrán que asumir las innu­ merables repercusiones domésticas del proceso de reestruc­ turación global, lo cual exige reposicionar los Estados den­ tro del sistema internacional así como reestructurar y re­ orientar las entidades del Estado en cada país . No obstante , el "vaciamiento" del Estado nacional así generado adquiere una marcada dimensión regional a medida que los aparatos del Estado a diferentes niveles buscan ir más allá de la sim­ ple reacción y adoptar un papel proactivo (proactive role). Esto , a s u vez, indica l a necesidad d e claras estrategias d e alianzas entre Estados a diferentes escalas regionales para conformar las bases de la supervivencia económica y políti­ ca a medida que éstas se vuelven imperativas para la competitividad estructural. La naturaleza de esas alianzas variará con la posición de las economías involucradas den­ tro de la j erarquía internacional. Así, mientras que una eco­ nomía abierta pequeña puede buscar una integración más estrecha con el poder económico dominante en su polo de crecimiento triádico inmediato , ese poder dominante puede buscar no solamente atraer selectivamente a las e conomías vecinas dentro de su órbita económica estratégica sino , tam­ bién, entrar en alianzas con otros poderes dominantes de la

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tríada. Sin embargo , en este nivel de análisis no se puede determinar con precisión cómo funcionarán estas estrate­ gias , en tanto ello depende del cambiante equilibrio de fuer­ zas y de los diversos modos de cálculo estratégico . Lo cual, a su vez, afectará fundamentalmente las diversas formas que adopte el "vaciamiento" . ALGO MÁS SOBRE EL ESTADO DE TRABAJO S CHUMPETERIANO Al sugerir el término "Estado de Trabajo Schumpetertano" para

la forma de Estado emergente, he escogido deliberadamente un término que contraste tan nítidamente como sea posible con el Estado de Bienestar Keynesiano. En muchos casos , por supuesto, la oposición será menos marcada. Aun así, este con­ traste puede justificarse por razones críticas y heurísticas . Mu­ chos comentaristas sugieren que el keynesianismo interna­ cional puede restaurar las condiciones para la expansión glo­ bal y/ o que el Estado de Bienestar es un logro histórico irre­ versible7. Mi propósito es mostrar que aunque el Estado ca­ pitalista tiene el compromiso de asegurar las condiciones para la reproducción económica y social, este compromiso no exi­ ge adoptar la forma de un EBK. Por cierto , la actual reestruc­ turación de la acumulación de capital en su sentido inclu­ yente parece exigir una ruptura con el EBK. El hecho de que algunos Estados no sean capaces de efectuar los cambios necesarios sólo quitaría peso a esta presunción si pueden competir exitosamente en la nueva economía global mante­ niendo esta forma anterior . N o obstante , para evitar malentendidos , debo/ hacer dos comentarios sobre esa definición. Primero , al hablar de "schumpeterianismo" para caracterizar el nuevo papel del Estado en la reproducción económica, no quiero sugerir que Schumpeter abogara por el ETS en toda su complejidad y variedad ni, por supuesto , que Keynes abogara por el EBK. En ambos casos tratamos con autores de un conjunto de

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Así, Thernborn y Roebroek [ 1 98 6 ] analizan las variantes formas del Estado de Bienestar y luego lo declaran irreversible (bajo condiciones democráticas); sus argumentos dependen de una ecuación simple entre programas de mayor gasto público y Estado de Bienestar tout court. (Sobre el keynesianismo inter­ nacional puede verse, por ejemplo, PIORE y SABEL, 1 985).

obras emblemáticas : Keynes fue citado a menudo p ara jus­ tificar el creciente interés por el posible papel del Estado en el mantenimiento del pleno empleo; Schumpeter está sien­ do rede scubierto como teórico de la fuerza motivadora de la innovación en ciclos largos . Por tanto , el contraste entre ellos no es tan específico como el contraste entre el interés en la demanda y en la oferta, ya que el interés de Schumpeter por esta última difiere notablemente del que le concedían Hayek, Friedman o Laffer. En su análisis de la dinámica del creci­ miento capitalista, lo esencial era la oferta de innovaciones antes que las implicaciones de la libertad, el dinero o la tributación sobre la oferta, y esta competitividad estructu­ ral orientada por la innovación es lo que se está volviendo esencial para el desempeño exitoso de las funciones econó­ micas del Estado capitalista contemporáneo . En forma se­ mejante , al adoptar el término "wor�are" para identificar un segundo aspecto clave de la forma de Estado emergente , no pretendo que una precondición para mantener el bien­ estar de las personas físicamente capaces sea trabaj ar , reconvertirse o demostrar l a disposición a hacerlo . Por el contrario , quiero destacar una importante reorlentación de la política s o cial : el abandono de las preocup a ciones redistributivas basadas en la ampliación de los derechos al bienestar en un Estado-nación en favor de unos intereses más productivistas y ahorradores de costos en una econo­ mía abierta. A este respecto , el significado más usual de workfare es el caso especial, neoliberal, de la tendencia más general de la reorganización del papel del Estado p ara pro­ mover la reproducción social. Por el momento , quiero con­ centrarme en las tendencias generales y aplazar la revisión de sus diversas variantes . Los rasgos específicos del ETS son el interés en promover la innovación y la competitividad estructural en el campo de la política económica, y el interés en promover la flexibi­ lidad y la competitividad en el campo de la política social. Naturalmente , el ETS también expresa otros intereses y des­ empeña otras funciones típicas de los Estados capitalistas , pero la combinación de estos dos intereses gemelos , junto con sus implicaciones para el funcionamiento global del Estado , es lo que lo diferencia de otros regímenes c apitalis­ tas . Ambos se vuelven parte integral de su estrategia de acu­ mulación y también se reflej an en los proyectos del Estado y en los proyectos hegemónicos con los cuales está asocia-

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do . Así, aunque la mayoría de los Estados capitalistas avan­ zados tienen alguna forma de política de innovaciones , el ETS se caracteriza por su interés consciente , explícito y es­ tratégico en la promoción de innovaciones y por su amplia interpretación de los factores que llevan a la innovación exitosa. Del mismo modo , aunque muchos Estados capita­ listas avanzados tienen alguna forma de política de compe­ tencia, el ETS se distingue por su interés consciente , explí­ cito y estratégico en las diversas y variadas condiciones que producen la competitividad estructural en economías abier­ tas . En términos similares , volviendo a la política social del ETS , aunque el interés en el entrenamiento y el funciona­ miento del mercado de trabaj o ha sido un rasgo duradero del compromiso estatal con la reproducción social de la fuer­ za de trabaj o , ahora se da mayor peso a la flexibilidad y ésta ha adquirido nuevas connotaciones en ambos campos . Com­ plementando estos nuevos intereses estratégicos de la polí­ tica económica y social, otros obj etivos de política anterio­ res se han desatendido e incluso se han rechazado . Así, mientras que el EBK se empeñaba en asegurar el pleno empleo, el ETS desatiende este obj etivo en favor de la pro­ moción de la competitividad estructural. Análogamente , mientras que el EBK buscaba extender los derechos socia- · les a sus ciudadanos , el ETS se interesa en suministrar ser­ vicios de bienestar que b enefic.ien los negocios , con el resul­ tado de que las necesidades individuales pasan a ocupar un lugar subordinado . En el análisis anterior está implícito el supuesto operativo de que el ascenso del ETS se refleja en cambios de discurso económico , de modos de cálculo y de conceptos estratégicos, y es reforzado por esos cambios . Tales cambios son un im­ portante correlato de la reestructuración y reorientación del Estado nacional en el período actual, y constituyen un im­ portante vínculo mediador entre los cambios estructurales de la economía global y la transformación del Estado , pro­ porcionando un esquema interpretativo dentro del cual co­ bran sentido esos cambios , las crisis que a menudo los acom­ pañan y las repuestas adecuadas para enfrentarlos . Dos cambios discursivo-estratégicos muy dicientes en la transi. ción del EBK al ETS son el menor interés en la "productivi­ dad" y en la "planeación" y el énfasis en la "flexibilidad" y el " empresarialismo " . La articulación de estos dos cambios discursivo-estratégicos dentro de nuevas estrategias de acu76

mulación - proyectos de Estado y proyectos hegemónicos ­ y su capacidad para movilizar el apoyo y entregar políticas es tatales efectivas contribuyen a modelar la reestructura­ ción y reorientación del Estado contemporáneo y a producir diferentes regímenes de regulación (ver el acápite "Estrate­ gias alternativas del ETS"); y es precisamente la necesidad de esa mediación (igual que , por ej emplo , la variabilidad en las capacidades del Estado) la que asegura que la consoli­ dación exitosa de un ETS esté lej os de ser automática. Veamos ahora cómo se reflejan las funciones económicas y sociales respectivas del EBK y del ETS en dos importantes características estructurales (en tanto opuestas a las discur­ sivo-estratégicas ) de los dos regímenes, que conciernen a la articulación de las formas dinero , salario y Estado . Las for­ mas dinero y salario incorporan las contradicciones estruc­ turales del capital como relación social y, por tanto , dan lugar a dilemas estratégicos . En la forma dinero esto se ex­ presa en el hecho de que el dinero puede circular como moneda nacional y como moneda internacional. En el caso de la forma salario , hay una contradicción entre su función como costo para el capital y su función como fuente de de­ manda. Estas contradicciones se reflejan de modos muy diferentes en los regímenes de Bienestar Keynesiano y de Trabaj o Schumpeteriano . En primer lugar, mientras que en el EBK el dinero fun­ ciona principalmente como moneda nacional y su circula­ ción dentro de la economía nacional está controlada por el Estado nacional, esta posición es amenazada en el ETS por los crecientes flujos de capital financiero a través de las fron­ teras y sus adversas implicaciones para el control moneta­ rio por parte de los Estados nacionales8• Por cierto , la crisis de la moneda nacional es un importante factor que contri­ buye a la crisis del Estado de Bienestar Keynesiano. El re­ conocimiento de la vulnerabilidad económica nacional ante los masivos y volátiles movimientos de dinero es central para el Estado de Trabaj o Schumpeteriano , puesto que si la forta-

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Aquí existe una contratendencia: la formación de bloques monetarios en cada uno de los polos de crecimiento de la tríada. El ejemplo más obvio es la Unión Monetaria de la Comunidad Europea, donde el marco alemán se convierte de facto en el estándar monetario; el dólar de los Estados Unidos es crucial en el Área de Libre Comercio de Norteamérica y el yen juega un papel clave (junto con el dólar) en el Este Asiático.

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leza de la moneda nacional depende cada vez más de la fuer­ za competitiva de la economía nacional en una economía mundial cada vez más abierta, la intervención económica debe tomar entonces cada vez más la forma de desarrollos orienta­ dos por la oferta, en vez de tratar, en vano , de manejar el lado de la demanda. Este hecho, a su vez, refuerza la necesidad de gastar para satisfacer las necesidades productivas y com­ petitivas , aun en el antiguo Estado de Bienestar. En segundo lugar, mientras que en el EBK el salario fun­ cionó principalmente como fuente de demanda, en el ETS éste se considera principalmente como un costo de produc­ ción. En el EBK, el crecimiento de los salarios servía a los intereses del capital logrando la plena utilización de la ca­ pacidad productiva en una economía cerrada donde predo­ minaba la producción masiva. Siempre que los salarios y la productividad del sector de bienes de consumo variaran en un rango semej ante , se compensaría cualquier tendencia a una crisis de subconsumo debida a una demanda insufi­ ciente o a una reducción de los b eneficios inducida por los salarios [LIPIETZ, 1 98 2 ]9• El EBK contribuyó a este resultado legitimando la negociación colectiva, generalizando las nor­ mas de consumo masivo y comprometiéndose en un mane­ jo contracíclico de la demanda. Pero la internacionalización creciente que acompaña las etapas finales del fordismo trans­ forma esta situación: el salario se ve cada vez más como un costo de producción. Donde se ve como un costo fijo (por ej emplo, en las fuerzas de trabaj o nodales -core workforce­ de Japón y Alemania) , puede estimular la innovación y el reentrenamiento a fin de mantener una estrategia de acu­ mulación con altos salarios y alto crecimiento . A la inversa, donde se considera como un costo variable (como en los casos británico y estadounidense distintamente organiza­ dos) , el " cortoplacismo" y el " despida y contrate" ("hire-andfire") pueden suscitar la esperanza de que la flexibilidad neoliberal ayude a mantener la competitividad. Estos co­ mentarios subrayan la necesidad de discutir las variantes del ETS , lo cual se hará en la sección pertinente .

9

78

Lipietz también señala la necesidad de satisfacer otra proporcionalidad para mantener el círculo virtuoso de la acumulación fordista: que el incremento de productividad en el sector de bienes de capital compense la creciente compo­ sición técnica del capital a fin de que la relación capital-producto no aumente y reduzca los beneficios .

Permítanme terminar con dos advertencias más sustan­ cial es 10. La primera es que al identificar el ETS con la inter­ vención de la oferta, no pretendo afirmar que éste pueda ignorar, sin riesgos , el lado de la demanda. Es muy claro que la duración de la crisis del fordismo y la actual transi­ ción al postfordismo están asociadas a p�blemas del lado de la demanda. Los excesivos déficits presupuestales , las políticas monetarias excesivamente restrictivas y los frecuen­ tes y enormes desequilibrios de la cuenta corriente han ge­ nerado serios impedimentos para el surgimiento de una nueva y duradera oleada de expansión económica. Pero es­ tos problemas se acentúan por las tendencias antes señala­ das y exigen soluciones internacionales tanto como nacio­ nales : eso se refleja en los llamados a un keynesianismo internacional y en los esfuerzos nacionales para manej ar estos problemas de demanda mediante la reestructuración de la política social en concordancia con los principios del workfare. El creciente carácter internacional de estos pro­ blemas de demanda refuerza el proceso de "vaciamiento" antes mencionado , y éste , a su vez, crea espacios para la creciente intervención de la oferta por parte del Estado . Y la segunda advertencia es que , inversamente , el hecho de de­ signar la forma Estado de postguerra como "keynesiano" parecería ignorar sus contribuciones a la oferta de innova­ ciones tecnológicas a través del creciente apoyo a la ciencia, los fondos masivos para enseñanza superior y, a menudo , el enorme apoyo a la investigación y el desarrollo militares . Pero aquí también es importante recalcar que las cuatro tendencias globales ya señaladas transforman fundamen­ talmente la relación entre tales políticas de demanda y de oferta. Mientras que las políticas de oferta del EBK eran modeladas por el paradigma fordista con su énfasis en las economías de escala, la gran ciencia y el aumento de la pro­ ductividad, las políticas de oferta del ETS se orientan a la innovación permanente , a las economías de alcance y a la competitividad estructural. Esto da un premio mucho ma yor a la gestión autorreflexiva del sistema nacional de inno­ vación y a la capacidad de aprendizaj e institucional con res. pecto al que era típico en el EBK fordista.

10

Agradezco a David Wolfe por señalarme los peligros de un enfoque unilateral del EBK y del ETS en relación con el aspecto central de la intervención estatal.

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EL "VACIAMIENTO "

Y

EL DESARROLLO DEL ETS

Otro aspecto clave del desarrollo del ETS es la suj eción del Estado nacional a una serie de cambios complej os que llevan a su "vaciamiento". Este término recuerda intencionalmente las "empresas vacías" ("hollow corporations"), es decir, las transnacionales que ubican su sede central en un país y rea­ lizan sus operaciones principalmente en otros países. Por analogía, la metáfora del "Estado vacío" ("hollow state") pre­ tende indicar dos tendencias : primera, que el Estado nacio­ nal mantiene muchas de sus funciones de dirección central, incluyendo los atavíos de la autoridad ej ecutiva central y de la soberanía nacional así como los discursos que lo sostie­ nen; y segunda, que sus capacidades para traducir su auto­ ridad y soberanía en un control efectivo están limitadas por un complej o desplazamiento de poderes . Los cambios resul­ tantes en la articulación formal y en la autonomía operacio­ nal de los Estados nacionales tienen importantes repercu­ siones sobre las formas de representación e intervención, las j erarquías internas , las bases sociales y los proyectos del Es­ tado a todos los niveles de la organización estatal. Una primera repercusión es que el papel de los sistemas estatales supranacionales está aumentando . Las entidades internacionales , transnacionales y pan-regionales no son nuevas y tienen una larga historia. Lo que hoy es importan­ te es su aumento numérico , la ampliación de su alcance territorial y su adquisición de importantes nuevas funcio­ nes . Esto reflej a el gradual surgimiento de una sociedad mundial enraizada en un creciente número de sistemas fun­ cionales globales ( económicos, científicos, legales , políticos, militares) y en el mayor reconocimiento del alcance global de nuevos y viej os riesgos. Esta expansión funcional es no­ toriamente evidente en el interés que despliegan los cuer­ pos supranacionales por fomentar la competitividad estruc­ tural dentro de los territorios en que se mueven, el cual va más allá del interés por manej ar las relaciones monetarias internacionales , la inversión extranj era o el comercio para abarcar una amplia gama de factores del lado de la oferta, de naturaleza económica y extraeconómica. Este cambio es particularmente claro en la Comunidad Europea, donde , después de varios intentos relativamente poco eficaces para concertar el manej o de la crisis en diver­ sas industrias decadentes a finales de los sesenta y comien-

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zos de los setenta, la atención se ha dirigido a fomentar la oferta de nuevos productos y procesos , pretendiendo , por encima de todo, lograr la competitividad estructural. La Comisión Europea intenta crear una clase de sectores in­ tensivos en investigación y desarrollo que puedan competir mundialmente, con alto valor agregado y elevado crecimiento, no sólo estableciendo las bas es para el surgimiento de euroempresas sino también estimulando alianzas estraté­ gicas de varios tipos . Las áreas claves obj eto de interven­ ción incluyen las tecnologías informática y manufacturera, las telecomunicaciones , la biotecnología, los nuevos mate­ riales y la ciencia y la tecnología marinas . El obj etivo de la Comisión a este respecto es estimular la cooperación entre empresas , laboratorios y universidades de toda Europa para desarrollar nuevas tecnologías y nuevos productos que sa­ tisfagan las necesidades existentes o potenciales del merca­ do [EUROPEAN COMISSION, 1 986]. Tales políticas pueden tener importantes efectos "multiplicadores" e "inhibidores" en los niveles nacional, regional y local. Pueden tener un significati­ vo efecto de demostración y promover el aprendizaj e tecnológi­ co e institucional en toda la Comunidad, especialmente donde hay Estados sensibles , fondos utilizables y socios capaces a los niveles más bajos. Pero pueden absorber o eclipsar las ini­ ciativas de estos niveles , o fracasar debido a que allí no existen las "correas de transmisión" adecuadas. Además , las políticas de la Comisión Europea pueden fracasar porque están sesgadas contra "los proyectos más diversificados , de menor escala y socialmente orientados que se adaptarían mej or a las con­ diciones locales" [TóMMEL, 1 98 7 , 3 79 -380 ] . En síntesis , la coordinación a través de los territorios parece necesaria para el éxito de estas políticas del ETS . Sin ella, las políticas de nivel inferior fácilmente pueden llevar a una implementación desastrosa y las políticas del nivel superior, a un " mercan­ tilismo municipal" dilapidador e ineficaz [YouNG, 1 986; y FOSLER, 1 98 8 ] . L a segunda repercusión de los cambios e n el papel del Estado es que , junto al aumento de los aparatos estatales internacionales , se observa un papel más fuerte del Estado local. Esto reflej a la creciente internacionalización así como el retroceso del Estado-nación, puesto que la globalización significa que "la economía local sólo puede verse como un nodo dentro de una red económica global que carece de una . existencia significativa fuera de este contexto" [AMIN y RoBINS,

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1 990 ] 1 1 • Durante la era fordista, los Estados locales opera­ ron como extensiones del Estado de Bienestar Keynesiano central y la política regional se orientó principalmente a la (re)localización de la industria con el interés de difundir el pleno empleo y reducir las presiones inflacionarias debidas a recalentamientos localizados . Dichos Estados proporcio­ naron la infraestructura local para apoyar la producción masiva fordista, promover el consumo colectivo y las políti­ cas de bienestar locales y, en algunos casos (especialmente cuando se extendió la crisis del fordismo ) , ofrecer subsidios en un esfuerzo para competir con los demás para atraer nuevos empleos o impedir la pérdida de los empleos exis­ tentes . Sin embargo, tras la crisis fordista, las actividades económicas locales dan mayor énfasis a la regeneración eco­ nómica y a la competitividad. La preocupación central e s " cómo pueden las instituciones estatales modelar las eco­ nomías regionales para hacerlas más competitivas en la nueva economía mundial" [ FosLER, 1 98 8 , 5 ] . Hay un cre­ ciente interés en las políticas del mercado de trabaj o regio­ nal, la educación y el entrenamiento , la transferencia de tecnología, el capital de riesgo local, los centros de innova­ ción, los parques científicos y similares . Esto llevó a que Van Hoogstraten sugiriera que el Estado, "aunque maltre­ cho a nivel nacional debido a su compromiso fordista con el manej o de la crisis , parece haber resurgido de las cenizas a los niveles regional y local" [VAN HooGSTRATEN, 1 983, 1 7 ]12• A su vez, esto se liga a la reorganización del Estado local a medida que surgen nuevas formas de asociación local para orientar y promover el desarrollo de los recursos locales . La regeneración económica implica mucho más que una solu­ ción técnica y exige la acción coordinada en áreas tales como las políticas de educación, entrenamiento y provisión de in­ fraestructura, la disponibilidad de capital de riesgo, la polí­ tica cultural, etc . A su vez, esto lleva a la incorporación de sindicatos locales , cámaras locales de comercio , capital de riesgo local, entidades educativas locales , centros locales de investigación, y también de los Estados locales . Esta ten­ dencia se ve reforzada por la incapacidad del Estado central para ej ecutar programas suficientemente diferenciados y

QUANDT, 1 992. también, MoULAERT, SWYNGEDOUW y WILSON,

1 1 Ver MORALES y 12 Ver,

82

1 988.

s ensibles para afrontar los problemas específicos de las lo­ calidades particulares . Por consiguiente , éste devuelve esas tareas a los Estados · 1ocales y les proporciona apoyo y re­ cursos [ DYSON, 1 989, 1 1 8 ] . Las explicaciones más optimis­ tas de esta tendencia consideran que lleva a una confedera­ ción -para crear empleos y compartir riesgos locales - de los Estados locales basados en economías regionales fuer­ tes que se dan apoyo recíproco en la actual lucha para man­ tener un horizonte competitivo [SABEL, 1 989 ] . Pero los esce­ narios más pesimistas anticipan una polarización creciente en las localidades así como un incremento de las desigual­ dades regionales . La tercera repercusión consiste en que hay una creciente vinculación entre los Estados locales , fenómeno estrecha­ mente relacionado con los dos cambios anteriores . Por cier­ to, Dyson afirma que "uno de los desarrollos políticos más interesantes desde los años setenta ha sido el desplazamiento errático pero gradual de un número creciente de autorida­ des locales desde una identificación de su papel en térmi­ nos puramente nacionales hacia un nuevo interés en las relaciones transnacionales" [ DYSON, 1 989, l ] . En Europa, esto implica el establecimiento de vínculos verticales con las instituciones de la Comunidad Europea, especialmente la Comisión Europea, y de vínculos directos entre autorida­ des locales y regionales de los Estados miembros . La bús­ queda de apoyo a través de las fronteras se ve reforzada a medida que el Estado central se empeña en una estrategia más neoliberal . Pero también puede observarse en otros países 13: se perciben tendencias similares en el Este Asiáti­ co (con notables vínculos entre Hong Kong, Macao y Guang­ dong, y en el llamado "triángulo de crecimiento", conforma­ do por Singapur, Johor y Riau); aunque esta tercera ten­ dencia es menos marcada en Norteamérica (pese a que la city empresarial y el Estado local han experimentado una notoria expansión). Pero los ej emplos más notables se ob­ servan en la expansión de la cooperación transfronteriza de ciudades eslab onadas a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Incluso en los mismos Estados Uni­ dos , la ampliación de los vínculos subnacionales entre paí­ ses es tal, que , por ejemplo , Duchacek habla de la difusión

13

Ver los estudios citados en DYSON,

1 989.

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de la "soberanía perforada" a medida que los países se ha­ cen más abiertos a los contactos trans-soberanos a nivel local y regional [ DUCHACEK, LATOUCHE y STEVENSON, 1 988]. EL POSTFORDISMO

Y

EL ETS

El concepto de postfordismo sólo puede aplicarse con senti­ do si hay continuidades y discontinuidades en el desarrollo del régimen de acumulación y su modo de regulación so­ cial: sin continuidades , no puede decirse que el nuevo siste­ ma sea postfordista; sin discontinuidades , puede no ser postfordista. En este contexto , se puede considerar que las continuidades s on mediadas a través de las crisis del fordismo y que las discontinuidades son introducidas por los cambios estructurales y/ o estratégicos que pueden re­ solver, por un tiempo relativamente largo , las crisis de los modos fordistas de crecimiento y regulación y / o crear las condiciones para el éxito de la acumulación y la regulación no fordistas . Por tanto , se puede considerar que el ETS es postfordista en la medida en que resuelve (o se empeña en resolver) directa o indirectamente las tendencias a la crisis de la acumulación fordista y/ o del EBK como una de sus principales farmas de n�gulación; también en la medida en que su surgimiento (por la razón que sea) ayuda a modelar y consolidar la dinámica de la economía global emergente y, por tanto, estimula la renovación y la re-regulación del ca­ pitalismo después de su período fordista; y, por último , en la medida en que su supuesta contribución a la competitividad de algunas economías (así nunca fueran realmente fordistas) lleva a que adquieran un estatus paradigmático en otras par­ tes, como clave para la regeneración y/ o la re-regulación de una dinámica de crecimiento capitalista. El ETS parece satisfacer en alguna medida esos tres cri­ terios potenciales . No pretendo que el ETS pueda resolver todas las tendencias a la crisis del fordismo , dirigir por sí solo _el surgimiento y consolidación del postfordismo o ex­ cluir del todo a los demás paradigmas estratégicos . D e he­ cho , el concepto de modo social de regulación implica que también se necesitarían otros cambios en la forma del sala­ rio , la organización corporativa, las formas de competencia, los sistemas de innovación, etc . , para resolver las crisis fun­ damentales de los regímenes de acumulación. Así mismo , con respecto al momento estratégico de la reestructuración

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y la re-regulación, hay pocos límites para el funcionamiento del imaginario económico y político . No obstante , la rees­ tructuración y la reorientación del sistema estatal tienen que jugar un papel importante en la modelación de la tran­ sición del fordismo al postfordismo , directamente y a través de sus repercusiones sobre las transformaciones en otras esferas reguladoras . Antes de considerar las posibles razones para describir el ETS como postfordista, consideremos algunas tendencias a la crisis relevantes en el caso del modelo fordista de creci­ miento : el agotamiento gradual (y siempre relativo) del cre­ cimiento potencial que provenía de la difusión de la produc­ ción masiva hacia otras ramas ; la relativa saturación de los mercados de bienes de consumo durables ; la ruptura del círculo virtuoso de la acumulación fordista a través de la internacionalización; las crecientes incoherencia e inefica­ cia del manej o económico nacional a medida que las econo­ mías se vuelven más abiertas ; el impacto estanflacionario del EBK sobre la dinámica del crecimiento fordista (espe­ cialmente donde la intervención económica del Estado tam­ bién se interesa en mantener el empleo de los sectores de­ cadentes) ; una crisis fiscal creciente debida a la expansión en cadena de los gastos de consumo social; y la aparición de una crisis de la seguridad social debida a la expansión del empleo parcial, temporal y discontinuo a expensas de la nor­ ma fordista de empleo de tiempo completo . Puede decirse que el surgimiento de un régimen de acumulación postfor­ dista responde , de diversos modos , a estas tendencias a la crisis : transforma la producción masiva y va más allá de ella; segmenta los viej os mercados y abre otros nuevos ; está menos restringido por las condiciones de demanda nacio­ nales pero hace nuevas exigencias a los sistemas de innova­ ción regionales y nacionales ; remplaza la planeación macro­ económica en las economías autocéntricas por la flexibilidad del lado de la oferta en respuesta a la turbulencia internacio­ nal; ofrece nuevos medios para regenerar las viejas indus­ trias así como para remplazarlas ; promete nuevas formas de organización del consumo social para reducir costos y hacer­ lo más funcional para los negocios ; y puede explotar aún más la fragmentación y polarización de la fuerza de trabaj o generada por la crisis del fordismo . Esta explicación lleva a preguntar si los rasgos caracte­ rísticos del ETS se adecúan a la dinámica de los regímenes

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de acumulación postfordistas . Parece justificarse una res­ puesta afirmativa si sólo se tienen en cuenta los términos de la definición, puesto que dada la evidente crisis del EBK que acompaña a la crisis del fordismo , un ETS consolidado, tal como se define aquí, claramente se desempeñaría mej or. Se compromete a intervenir el lado de la oferta para promo­ ver la innovación permanente y mej orar la competitividad estructural; y va más allá del simple recorte del bienestar social para reestructurarlo y subordinarlo a las fuerzas del mercado . Una respuesta menos tautológica debe esperar a que se especifiquen las variantes del ETB y se analice empí­ ricamente su viabilidad en coyunturas específicas . Un segundo enfoque de la correspondencia entre el ETS y el nuevo orden global consiste en relacionar las cuatro ten­ dencias económicas antes mencionadas . La orientación es­ tratégica del ETS hacia la innovación toma en cuenta las enor­ mes ramificaciones de las nuevas tecnologías ; su interés en la competitividad estructural reconoce los términos y condi­ ciones cambiantes de la competencia internacional así como su creciente importancia; su reestructuración y reorientación de la reproducción social hacia la flexibilidad y la reducción reflejan la conciencia del giro hacia el paradigma postfordista así como el impacto de la internacionalización sobre las fun­ ciones primarias del dinero y los salarios ; y su complej o "va­ ciamiento" reflej a la compleja dialéctica entre globalización y regionalización. En suma, para todas las cuatro tendencias , un ETS "vaciado" puede ayudar a modelar y consolidar los rasgos claves del nuevo régimen de acumulación a una esca­ la mundial. Este enfoque debe aceptarse por su capacidad persuasiva hasta tanto no se examine adecuadamente la efec­ tividad de los regímenes de ETS específicos (y de los modos alternativos de regulación social del orden global emergente). Sin embargo , para el propósito actual es más promisorio un tercer enfoque , puesto que su fuerza persuasiva depen­ de del desempeño anterior más que de los posibles futuros postfordistas . Tal enfoque implicaría demostrar que aque­ llas economías que crecieron más rápidamente durante la crisis global del fordismo y se convirtieron en modelos para las que están en crisis han avanzado especialmente en el desarrollo de regímenes de ETS . Entre los ej emplos más notables pueden mencionarse Japón, Alemania, Corea del Sur, Taiwán, Brasil, la Tercera Italia y algunas de las econo­ mías regionales más exitosas que de otro modo serían pro-

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pensas a la crisis . Aunque fuera erróneo incluir literalmen­ te a todas estas economías regionales y/ o nacionales en la categoría de postfordistas (porque nunca fueron verdadera­ mente fordistas ) , su creciente papel como ej emplos de tra­ yectorias alternativas (y aparentemente exitosas) para los regímenes fordistas en crisis indica que tienen un estatus postfordista paradigmático . ESTRATEGIAS ALTERNATIVAS DEL ETS

Las diversas tendencias económicas y políticas antes seña­ ladas pueden ser (y a menudo están) integradas y expresa­ das en discursos bastante distintos , y estar asociadas a con­ clusiones estratégicas opuestas cuando las diversas fuer­ zas buscan dar sentido a las tendencias y contratendencias conflictivas que operan en la nueva economía global. En los cambios actuales hay una gran improvisación y una exten­ sa sucesión de ensayos y errores , y aún no ha surgido cla­ ramente una pauta dominante . Sin embargo , para fines heurísticos , se pueden plantear tres formas ideales típicas : neoliberal, neocorporativa y neoestatista. Al usar el prefij o "neo" para identificarlas , quiero enfatizar que todas ellas implican importantes discontinuidades con los regímenes de EBK lib erales , corporativos y estatistas asociados al fordismo ; y al identificarlas como tipos ideales , quiero su­ brayar que no es probable que se encuentren en forma pura. Las combinaciones estratégicas particulares que se obser­ ven en los casos particulares dependerán de los legados institucionales , los equilibrios de las fuerzas políticas y las cambiantes coyunturas económicas y políticas en que se han seguido las diferentes estrategias . El neoliberalismo está interesado en promover una tran­ sición guiada por el mercado hacia el nuevo régimen econó­ mico. Para el sector" pí:!blico , esto significa privatización, li­ beralización e imposición de criterios comerciales en el sec­ tor estatal que aún queda; para el sector privado , esto signi­ fica desregulación y un nueyo esquema legal y político que proporcione apoyo pasivo a las soluciones de mercado . Esto se reflej a en el favorecimiento por parte del Estado de mer­ cados de trabaj o " despida y contrate " ("hire-andfire"), de tiempo flexible y salarios flexibles ; en un aumento de los gastos tributarios dirigido por iniciativas privadas basadas en subsidios fiscales para actividades económicas favoreci- ·

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das ; en las medidas para transformar el Estado de Bienestar en un medio para apoyar y subsidiar los baj os salarios así como para mej orar el poder disciplinario de las medidas y pro­ gramas de seguridad social; y en la reorientación más general de la política económica y social hacia las necesidades del sec­ tor privado. Estas medidas se conjugan con la reprobación de la asociación social y el apoyo a las prerrogativas empresaria­ les, a las fuerzas del mercado y a un Estado fuerte . El neoli­ beralismo también implica un enfoque cosmopolita que acoge la internacionalización del espacio económico doméstico tanto en la forma de inversión hacia dentro y hacia afuera como en los llamados a la liberalización del comercio y la inversión in­ ternacionales dentro de los bloques regionales y más en gene­ ral. Se espera que la innovación siga espontáneamente a la liberación de los espíritus animales de los empresarios indivi­ duales cuando saquen ventaja de los incentivos en el nuevo ambiente guiado por el mercado y de la promoción más gene­ ral de una cultura empresarial por parte del gobierno . A su vez, la competitividad nacional es entendida como el efecto agregado de la competitividad microeconómica de las empre­ sas individuales . De modo que el Estado tiene poco interés en mantener un conjunto suficientemente profundo y cohe­ rente de competencias económicas básicas para la economía doméstica y los sistemas nacionales o regionales de innova­ ción adecuados para sentar las bases de la competitividad estructural. En este contexto, se espera que los aparatos es­ tatales locales e internacionales actúen como puntos de apo­ yo para el enfoque guiado por el mercado de la innovación y del wor"lefare. Aunque a veces se ha dicho que el neoliberalismo implica un regreso al libre mercado y al Estado liberal, eso no es realmente factible en las condiciones actuales . Por tan­ to, el neoliberalismo implica someter las empresas medianas y pequeñas a nuevas formas de competencia monopolística a escala global. Además , aunque los Estados nacional y local adopten un papel de laissezfaire con la esperanza de generar una cultura empresarial, aún deben demostrar la fortaleza suficiente para desmantelar y remplazar el viejo modo de re­ gulación social y resistir las subsiguientes presiones políti­ cas para lograr formas de intervención ad hoc y conseguir ventajas económicas o políticas de corto plazo. É stas no son tareas fáciles . El neocorporativismo confía en la institucionalización de un enfoque de negociación continua y concertada de las

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es trategias , las decisiones económicas y la conducta de los agentes económicos . Basadas en el entendimiento autorre­ flexivo de los vínculos entre sus propios intereses económi­ cos privados y la importancia de los acuerdos colectivos para la estabilidad de la economía socialmente incorporada y so­ cialmente regulada, las fuerzas económicas comprometidas en el neocorporativismo se esfuerzan por equilibrar la com­ petencia y la cooperación. Sin embargo, baj o la influencia de las cuatro tendencias antes señaladas , este sistema se dife­ rencia del corporativismo fordista basado en el predominio de la producción en serie y los sindicatos masivos y en la primacía del pleno empleo y la estanflación como preocupa­ ciones económicas . Así, el alcance de los ordenamientos corporativistas refleja la diversidad de las comunidades y re­ des políticas relevantes para un modo de crecimiento orien­ tado a la innovación, así como la creciente heterogeneidad de las fuerzas laborales y los mercados de trabajo. Los ordena­ mientos corporativistas en un ETS emergente también se orientan más directa y explícitamente a la importancia crucial de la innovación y de la competitividad estructural. Éstos pueden extenderse más allá de las asociaciones de negocios y los sindicatos de trabajadores para incluir a las comunida­ des políticas que representan a distintos sistemas funciona­ les (por ej emplo, la ciencia, la salud y la educación) ; y la implementación de políticas se hará cada vez más flexible con la extensión de la "autorregulación regulada" y de los intereses privados del gobierno, de modo que haya menos cbmpromiso directo del Estado en el manej o del "lado de la oferta" y más énfasis en las políticas industriales privadas . Los ordenamientos corporativistas también pueden volverse más selectivos (por ejemplo , excluyendo algunos intereses industriales anteriormente atrincherados y a los trabajado­ res periféricos o marginales , integrando algunos sectores na­ cientes y dando mayor peso a los trabajadores de los nodos [core workers]); y, reflejando la mayor flexibilidad y descen­ tralización de los rasgos claves de la economía postfordista, los centros de gravedad neocorporativistas se desplazarán hacia el micronivel de las empresas y las localidades a ex­ pensas de la concertación macroeconómica centralizada. Esto no es incompatible con los vínculos neocorporativistas que conectan a las empresas o localidades en diferentes espacios económicos nacionales y pasan por alto al gobierno central. Bien sea al nivel local, al nacional o al supranacional, el Es-

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tado está tan comprometido con esas estrategias neocor­ porativistas como con los enfoques neoliberal o neoestatista. Sin embargo , sus recursos y acciones son utilizados para respaldar o apoyar las decisiones logradas a través de la negociación corporativista más que para promover la falta de responsabilidad neoliberal o las iniciativas neoestatistas autónomas y proactivas . Y esto significa, a su vez, que la docilidad ante las políticas estatales es voluntaria o depen­ de de acciones adoptadas por organizaciones corporativistas , autorreguladas , dotadas de un estatus público . El neoestatismo implica un enfoque - orientado por el mer­ cado pero patrocinado por el Estado - de la reorganización económica en la que el Estado interviene para orientar el de­ sarrollo de las fuerzas del mercado . Hace esto a través del despliegue de sus poderes de coordinación obligatoria, de sus propios recursos y actividades económicas y de sus propias bases de conocimiento e inteligencia organizacional. Sin em­ bargo, al desplegar estos diversos recursos en apoyo de una estrategia de acumulación nacional, tiene plena conciencia de la naturaleza cambiante de la competencia internacional, lo que implica una combinación de desmercantilización, fle­ xibilidad patrocinada por el Estado y otras actividades del Estado encaminadas a garantizar la eficiencia dinámica de un núcleo productivo . Esto se reflej a en una política estruc­ tural activa en que el Estado fij a los obj etivos estratégicos relacionados con nuevas tecnologías , transferencia tecnoló­ gica, sistemas de innovación e infraestructura y otros facto­ res que afectan la competitividad estructural global de la economía. También favorece una política activa en el mer­ cado de trabaj o para reentrenar la fuerza laboral y estimu­ lar un mercado de trabaj o flexible en habilidades en vez de flexible en precios ; interviene directa y abiertamente con sus propios recursos económicos y políticos para reestructurar las industrias en decadencia y promover los sectores na­ cientes ; y se compromete en una gama de estrategias para guiar la sociedad, basado en su propia inteligencia estraté­ gica y sus propios recursos económicos , para promover ob­ j etivos específicos mediante la acción concertada con diver­ sas comunidades políticas que abarcan intereses públicos , mixtos y privados . Estas actividades buscan elevar la eco­ nomía doméstica en la j erarquía tecnológica creando y man­ teniendo una base productiva coherente y competitiva, y adelantando una estrategia de especialización flexible en

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sectores de alta tecnología específicos . Aunque el Estado central mantiene un papel estratégico clave en estas áreas , también permite y estimula actividades paralelas y com­ plementarias en los niveles regional y I o local . Pero su de­ seo de proteger las competencias tecnológicas y económi­ cas nodales de su base productiva viene a menudo asocia­ do con el neomercantilismo a nivel supranacional. Es cierto que pueden combinarse elementos de estas es­ trategias , como puede verse en todos los niveles de inter­ vención política. En la Comunidad Europea, por ej emplo , encontramos : a) La estrategia de mercado único, que tiene como premisa un enfoque neoliberal de la competitividad , creando un amplio mercado europeo mediante la liberaliza­ ción, la desregulación y la internacionalización; b ) Una es­ trategia neoestatista en la cual la Comisión Europea coordi­ na las redes que unen diferentes niveles de gobierno de di­ ferentes Estados , así como agencias semipúblicas y priva­ das que abarcan instituciones educativas , institutos de in­ vestigación, empresas y bancos, con el fin de promover nue­ vas tecnologías , transferencia de tecnología, etc . ; y c) Una estrategia neocorporativista orientada a una Carta Social (Social Charter) que impida el dumping social y, por tanto , que apuntale los intentos de reentrenar y readiestrar a los trabaj adores en la búsqueda de un trabaj o más fl exible y responsable [PERRIN, 1 988; y GRAHL y TuAGUE, 1 99 1 ]. Puede ser que estos enfoques no sean compatibles ; la Comisión Eu­ ropea ha sostenido incluso (no sin insinuar una razón espe­ cial y una argucia política) que los elementos neoliberales de su estrategia para la competitividad estructural pueden ser considerados como sus elementos catalizadores, y que sus elementos neoestatistas son sus aceleradores [ EUROPEAN CüMISSION, 1 99 1 , 23 ] 1 4. Esto sugiere también que algunos aspectos del proyecto neocorporativista pueden ser vistos como prerrequisitos del ajuste estructural y de la compe­ titividad estructural en la medida en que promueven la cohe­ sión económica y social . También se encuentran diferentes estrategias dentro de cada Estado europeo. El thatcherismo implica claramente el predominio de la estrategia neoliberal, pero no ha recha14

Los nombres asociados a estos elementos son míos. El Boletín de la Comisión Europea simplemente enuncia una lista de políticas y describe sus papeles respectivos.

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zado totalmente otras estrategias . Así, los programas del gobierno central (reconocidamente de pequeña escala) han sido orientados a la transferencia de tecnología y a la inves­ tigación en tecnologías genéricas ; y, no obstante la velada hostilidad hacia el corporativismo tripartito y la agrupación social a nivel nacional, han promovido el corporativismo empresarial y un "nuevo realismo" entre los trabajadores. Además , aunque el gobierno central ha estado en retroceso , ha habido una proliferación real de iniciativas de desarrollo económico local dentro de las líneas del ETS . Baj o autorida­ des locales de inclinación laborista, estas iniciativas han seguido a menudo líneas neocorporativistas o neoestatistas ; mientras que las autoridades conservadoras se han inclina­ do más al neoliberalismo o al neocorporativismo sin traba­ j adores organizados . En otros Estados europeos y otras re­ giones de la tríada también pueden encontrarse diversas combinaciones de estrategias . A menudo hay buenas razones para esta variedad, sobre todo en las diferentes condiciones locales que se entienden mej or cuanto más cerca se está del terreno . Pero la compe­ titividad económica global de la nación exige que el gobier­ no central coordine y apoye estos esfuerzos , puesto que la efectiva " descentralización territorial requiere una adecua­ da asignación de las responsabilidades entre autoridades comunitarias , regionales y nacionales así como una ade­ cuada coordinación de sus acciones" [ PERRIN, 1 988, 422]. Esto es especialmente importante allí donde las iniciativas económicas implican no sólo diferentes estratos del gobier­ no sino también asociaciones de negocios y entidades pri­ vadas , y es esencial para establecer nuevos ordenamientos institucionales y asignar roles específicos y competencias complementarias entre diferentes escalas espaciales y tipos de actores y, por tanto , para asegurar que la línea estratégi­ ca dominante se traduzca en una acción efectiva [ Fox, 1 986; PERRIN, 1 988; y KAWASHIMA y S T óHR , 1 988]. C OMENTARIOS FINALES

Este artículo ha cubierto mucho terreno moviéndose a ele­ vados niveles de abstracción teórica, generalidad y tipologías ideales . Se requiere más trabaj o para que los argumentos sean más concretos y complej os y, por tanto , para especifi­ car la naturaleza del ETS en casos particulares . A su vez,

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esto implica transformar conceptos ya introducidos a ma­ yores niveles de abstracción y simplicidad. En comentarios anteriores sobre la teoría de la regulación, ya se han dado algunos lineamientos metodológicos para hacerlo [ JEssoP, 1 990]. Sin embargo , en vez de continuar ese ej ercicio en estos comentarios finales , volveré a presentar los argumen­ tos claves a la luz de los esfuerzos de concretización y espe­ cificación hechos en secciones anteriores . En primer lugar, he sostenido que el paradigma político del Estado de Bienestar Keynesiano y su forma de Estado asociada están en decadencia terminal [ JEssoP, 1 99 1 ] ; la he vinculado no sólo con la crisis del régimen de acumulación fordista de mediados de los setenta, con la que frecuente­ mente se ha asociado el EBK, sino también con la reestruc­ turación más general de la economía mundial que ha veni­ do ganando terreno desde mediados de los setenta. Tam­ bién he mostrado que el siguiente paradigma político y su forma de Estado pueden describirse útilmente como un Es­ tado de Trabaj o Schumpeteriano . Además , mientras que el EBK se organizó típicamente como un Estado nacional con relés locales , el ETS está asumiendo una forma "vacía" , más dispersa. Adicionalmente , he sugerido por qué ésta puede ser la forma de Estado general más adecuada para un modo postfordista de crecimiento en la economía global que está emergiendo . En segundo lugar, independientemente de la fuerza de las presunciones sobre la actual transición del EBK al ETS "vaciado" , he tratado de explicar por qué pienso que el sur­ gimiento de este último es cada vez más evidente a través de la economía mundial. He relacionado este surgimiento con cuatro tende:qcias de la economía global, las cuales deben incluirse para ofrecer una explicación plausible : el cambio de paradigma del fordismo al postfordismo , por ej emplo, ig­ nora los desarrollos tecnológicos que inducen a un rol schumpeteriano del Estado ; así mismo , el postfordismo y las nuevas tecnologías , sin la creciente internacionalización, serían insuficientes para explicar el creciente énfasis en la competitividad estructural y la residualización del bienes­ tar; la regionalización agrega una dimensión adicional a la económica y a la política. Aún debe hacerse mucho esfuerzo para explorar la interacción entre estos factore s y sus implicaciones para la transformación del Estado . Un traba­ jo más detallado sobre los modos de crecimiento y los mo-

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dos de adhesión a la economía global sería de gran ayuda para saber cuáles serán las formas más probables que asu­ ma el ETS 1 5 . Pese a su carácter preliminar y algo especulativo , hay al menos tres problemas potenciales en esta línea de análisis que no se debe dej ar de mencionar: la naturaleza teórica precisa de los argumentos utilizados en defensa de la tesis del ETS , los peligros de operar con una oposición dualista simple entre el EBK y el ETS y la cuestión del alcance empí­ rico y práctico real del argumento en su conjunto. Primero , mi análisis puede ser acusado de funcionalismo, de reduccionismo capital-teórico o de estructuralismo (o de los tres) . Sin embargo , lo que hay aquí es un experimento mental suscitado por la observación de algunas tendencias generales . Trato de teorizar la forma del Estado adecuada para un futuro régimen de acumulación postfordista, a un alto nivel de abstracción. Este tipo de explicaciones tienden a ser funcionalistas , capital-teóricas y estructuralistas . Sin embargo , cuando el análisis se haga más concreto y com­ plej o , debería ser posible redefinir los términos de la argu­ mentación; se podrían examinar varias cuestiones : el aco­ plamiento estructural entre cada modo de crecimiento y su régimen político distintivo y los problemas que éste crea; las complej idades de la relación capitalista en cada tipo de ré­ gimen y sus implicaciones para las formas de la lucha eco­ nómica y política en torno de la resolución de la crisis ; la dependencia de la trayectoria para salir de la crisis que sur­ ge en esas luchas y a través de ellas ; e incluso los proble­ mas que surgen cuando el pre-ETS carece de las capacida­ des para manej ar la transición 1 6• Segundo , puesto que mi análisis ha operado principal­ mente en términos de un contraste global entre el EBK y el ETS , podría afirmarse que éste subsume demasiadas cosas dentro de un conjunto de conceptos dualistas . Sin embar­ go, mi intención no es adoptar un enfoque "subsuncionista" , y he intentado indicar las variantes de cada forma de régi­ men regulador así como el aleance limitado de cada una. En trabaj os posteriores sería interesante explorar otras for-

1 5 Un buen ejemplo de cómo puede hacerse este trabajo se encuentra en: KrrcHELT, 1 99 1 . 16 Sobre el caso británico, ver, por ejemplo: JESSOP, 1 992c.

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mas de articulación entre los papeles económico y social del Estado en relación con los diferentes modos de acumula­ ción y otros aspectos de los modos de regulación social. Finalmente , también podría decirse que el EBK no fue universal en las economías capitalistas avanzadas de post­ guerra. Esto es particularmente claro para las economías europeas que descubrieron nichos complementarios , no fordistas , en la economía global emergente y para las eco­ nomías del Este Asiático orientadas a la exportación que no pasaron por el EBK y desarrollaron regímenes de workjare orientados hacia el lado de la oferta. Pero es interesante señalar que las economías europeas con nichos no fordistas a menudo fueron obligadas , en una etapa anterior, a adop­ tar una política más rigurosamente orientada a la oferta y a manej ar sus regímenes de bienestar con una atención ma­ yor a los problemas de competitividad de lo que ocurrió en las economías fordistas de Europa y Norteamérica. En este sentido , éstas prefiguraron el ETS en aspectos cruciales . Esto es aún más obvio en el caso del Este Asiático , puesto que Japón, los cuatro tigres asiáticos y los NICs de tercera fila del Pacific Rim deben en parte su notable éxito econó­ mico a su capacidad para pasar por alto (por varias razo­ nes) los intereses del EBK en favor de estrategias de acu­ mulación que daban prioridad al lado de la oferta. A su vez, el gran éxito de la vía j aponesa está reforzando ahora las presiones sobre los otros dos polos triádicos de crecimiento para abandonar el EBK en favor de estrategias de workjare schumpeterianas . Pese a que Marx señaló que "la compe­ tencia hace que las leyes inmanentes de la producción capi­ talista sean percibidas por cada individuo capitalista como leyes coercitivas externas" [ 1 867, 555 ] , las economías indi­ viduales con sus sistemas de innovación pueden ser confor­ madas para que perciban estas leyes a través de la compe­ tencia schumpeteriana. É ste es el mecanismo clave que me lleva a creer que seremos testigos de una continua consoli­ dación del ETS "vaciado" en las e conomías capitalistas exitosas . Los espacios económicos que fracasen en una for­ ma o en otra para hacer esta transición descenderán en la j erarquía global de espacios económicos y serán marginados . Esto no excluye que haya luchas sobre las formas futuras del ETS postfordista: incluso las hace aún más imperativas .

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450.

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DESARROLLOS RECIENTES EN LA TEORÍA DEL ESTADO

Erifoques, problemas y agendas

Después de una primera e importante reanimación del inte­ rés teórico por el Estado , a mediados de los sesenta, a fina­ les de los setenta se presentó una renovación del mismo , que aún se mantiene1 • La primera fue liderada por mands­ tas preocupados por la forma y las funciones generales del Estado capitalista, mientras las feministas marxistas , que intentaban extender esas ideas al Estado capitalista patriar­ cal, jugaron un papel esencial2 . La segunda incluye más corrientes teóricas y temas sustanciales , y tiende a ser más institucionalista. Entre las corrientes más importantes es­ tán el neoestatismo , la teoría foucaultiana, el feminismo y el análisis del discurso ; entre los temas más discutidos se incluyen las variaciones históricas de la ausencia, fortaleza y debilidad de los Estados , y los futuros respectivos del Es­ tado-nación y del Estado de Bienestar. Por razones de bre­ vedad, este artículo omite muchas controversias específicas de los primeros debates y, en su primera parte , sólo revisa el legado general de la polémica marxista, lo cual permite

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Este ensayo se benefició de los comentarios de Colin Hay y Sum Ngai-Ling; la responsabilidad final es del autor. Para útiles revisiones de la teorización marxista, ver: JESSOP, 1 97 7 ; CARNOY, 1 984; CLARKE, 1 990; y ALTVATER y HoFFMAN, 1 990. Y sobre el feminismo mar­ xista, ver: MAHON, 1 992; y BURSTYN, 1 983.

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hacer una crítica más detallada de los principales argumen­ tos de la segunda reanimación teórica. Concluye con una posible agenda para la investigación sobre el Estado . EL LEGADO MARXISTA

La reanimación de la teoría del Estado liderada por los mar­ xistas decayó a finales de los setenta, baj o el peso de una plétora de premisas teóricas opuestas y del excesivo énfasis en una teorización abstracta que ignoraba la variabilidad his­ tórica de los regímenes políticos . Con sólo unas pocas y nota­ bles excepciones , las contribuciones individuales al debate marxista del Estado se perdieron en las brumas del tiempo; pero algunos de los mej ores analistas formularon dos enfo­ ques básicos relevantes para un círculo teórico más amplio. Aunque éstos no se expresaron con las mismas palabras , había una clara convergencia en los conceptos centrales im­ plícitos ; su significación general es el tema de esta sección. En primer lugar, pasando del análisis de la función al análisis de la forma, los teóricos marxistas del Estado des­ cubrieron que la forma amenaza la función; buena parte de su trabaj o inicial se dedicó a derivar la forma necesaria del Estado a partir de las diversas funciones que supuestamente debía realizar en nombre del capital. Vista en esos térmi­ nos , la forma debe seguir a la función; pero los trabajos posteriores se dedicaron a estudiar cómo la forma b ásica del Estado minaba su funcionalidad para la acumulación de capital y la dominación política de clase. Así entendida, la disfunción también podía seguir a la forma, pues la s epa­ ración institucional del Estado con respecto a la economía, un rasgo característico de las sociedades capitalistas , pro­ mueve diferentes (y potencialmente contradictorias) lógicas institucionales y modos de cálculo en la economía y el Esta- · do [ HIRSCH, 1 976; ÜFFE, 1 984; PüULANTZAS, 1 978; REUTEN y WILLIAMS , 1 989]; nada garantiza que los resultados políticos satisfagan las necesidades del capital. Esta conclusión avi­ vó el trabaj o sobre las contradicciones estructurales , los di­ lemas estratégicos y el desarrollo dependiente (es decir, his­ tóricamente condicionado) de la trayectoria de las formas específicas del Estado ; este trabaj o produj o explicaciones más detalladas de la complej a interacción entre luchas so­ ciales e institucionales antes que una teorización abstracta y a menudo esencialista.

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En segundo lugar, los marxistas abandonaron gradual­ mente la visión del aparato de Estado como cosa o suj eto simple y comenzaron a analizar el poder del Estado como una relación social compleja. Algunos de los primeros traba­ jos veían al Estado nada más que como un instrumento neu­ tral de dominación de clase; otros adoptaron una visión más estructuralista, según la cual el Estado estaba obligado a satisfacer los intereses capitalistas sin importar quiénes lo controlaban, y otros vieron en el Estado a una especie de suj eto calculador racional, un capitalista colectivo ideal, ca­ paz de identificar y realizar los intereses del capital en gene­ ral contra los intereses de los capitales individuales . Ningu­ na de estas visiones resultó satisfactoria3, y gradualmente aparecieron estudios sobre la selectividad estructural de los diferentes Estados y los factores que determinaban sus ca­ pacidades estratégicas . Por selectividad estructural designa­ ban los medios con que el Estado, como conjunto de institu­ ciones , ej ercía un impacto específico y diferencial sobre la capacidad de las diversas fuerzas políticas para realizar sus intereses y estrategias particulares mediante el acceso y el control de ciertas capacidades estatales , las cuales siempre dependen, para sus efectos, de vínculos con fuerzas y pode­ res que están más allá del Estado4• También se prestó más atención a la variabilidad, organización y ej ercicio de estas capacidades , y se dio más énfasis a la naturaleza relacional del poder del Estado y a su capacidad para proyectar su po­ der sobre campos sociales que van más allá de sus propias fronteras institucionales . Este enfoque también produjo es­ tudios más complej os de las luchas, instituciones y capaci­ dades políticas . Gramsci es casi el único teórico marxista de la primera etapa que aún disfruta de amplia aceptación crítica en los años noventa5 • No es casual que Gramsci haya estudiado las modalidades concretas del poder del Estado en vez de teorizar el Estado capitalist3c en general; analizó el Estado

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CARNOY, [ 1 984], JESSOP [ 1 977, 1 990], ÜFFE [ 1 972] y POULANTZAS [ 1 978] presen­ tan diversas críticas a estas posiciones . Sobre este concepto, ver especialmente: ÜFFE, 1 972; y PouLANTZAs, 1 978. Por supuesto, sé que Gramsci murió en 1 937. Pero sus importantes contribu­ ciones a la teoría del Estado sólo alcanzaron una amplia audiencia (especial­ mente fuera de Italia) durante los setenta y luego desempeñaron un papel vital en el resurgimiento del interés por el Estado.

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en su sentido integral (es decir, "sociedad política + socie­ dad civil") y mostró que en la sociedad burguesa su p oder descansa en la "hegemonía acorazada por la coerción" [ GRAMSCI, 1 9 7 1 ] . Además , en vez de tratar las institucio­ nes y aparatos específicos como instrumentos técnicos de gobierno , se interesó en sus fundamentos sociales y subrayó que sus funciones y efectos son moldeados por sus vínculos con el sistema económico y la sociedad civil . Junto al carácter incompleto y tentativo de su enfoque , esto lo hizo compatible con otras corrientes teóricas, en­ tre ellas la teoría del discurso , el feminismo , el análisis foucaultiano y el postmodernismo [ GoLDING , 1 99 2 ; S MART, 1 9 8 6 ; y HoLUB , 1 99 2 ] . Naturalmente , así se mantiene la vitalidad de su obra. Una fuente más reciente de interés en la teoría marxista del Estado es menos directa: la contribución de la teoría de la regulación a la economía política. Esta escuela de pensamiento surgió a finales de los setenta y se hizo notoria en los ochen­ ta. En este sentido, es adecuado considerarla como parte de la segunda oleada de interés en la teoría del Estado . Su (re)descubrimiento básico fue el de que las economías están socialmente incorporadas y son reguladas socialmente (socially embedded and social regulated). De aquí sólo había que dar un paso - más difícil para unos que para otros ­ para entender que el sistema estatal tiene que jugar un papel clave en la regulación-reproducción de la acumulación de capital, lo cual abrió el camino para análisis más concretos y complej os de la contribución del Estado a la modelación, el sostenimiento y el deterioro de los regímenes de acumula­ ción y modos de crecimiento específicos . É ste es uno de los principales temas de la segunda y la tercera generaciones de la teoría de la regulación [ HAUSLER y HIRSCH, 1 987; JENSON, 1 990; JESSOP, 1 992; NüEL, 1 98 8 ; y THERET, 1 99 2 ] . (J

LA SEGUNDA OLEADA

La corriente teórica particular que quizá más influyó en la segunda etapa fue el movimiento (muy popular en Estados Unidos) para "traer de vuelta al Estado" , como variable ex­ plicativa esencial para el análisis social. Pero este movimiento no pasó sin críticas , pues , junto a la persistente influencia de Gramsci y al variabl e imp acto de otras corrientes neomarxistas , tuvo una seria competencia de otros enfo-

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ques muy distintos . Primero , la obra de Foucault y sus se­ guidores sobre la organización disciplinaria de la sociedad, la microfísica del poder y las cambiantes formas de gobier­ no ; un enfoque cuyos efectos van contra el neoestatismo , pues tienden a excluir al Estado de una consideración teó­ rica; segundo , el desarrollo de una crítica feminista a la teo­ ría machista del Estado , enfoque que suscitó varias pre­ guntas , entre ellas la de si las feministas (y otros grupos) necesitan realmente una teoría del Estado ; tercero, el cre­ ciente interés en los discursos y las prácticas que constitu­ yen el Estado , un enfoque que oscila entre deconstruir y reconstruir el Estado como obj eto teórico . Esta lista no es exhaustiva pero sí es suficiente para ilustrar la gama de posiciones existentes en la etapa actual.

Erifoques centrados en el Estado Las llamadas para "traer de vuelta al Estado" provenían de científicos sociales que pretendían que los enfoques del Es­ tado predominantes en la postguerra estaban demasiado "centrados en la sociedad". S ostenían que esos enfoques in­ tentaban explicar la forma, las funciones y el impacto del Estado por factores enraizados en la organización, las nece­ sidades o los intereses de la sociedad. Así, el marxismo fue acusado de reduccionismo económico por su énfasis en las relaciones base-superestructura y en la lucha de clases; el pluralismo fue acusado de reducir la competencia por el poder del Estado a los grupos de interés y a los movimien­ tos enraizados en la sociedad civil y, por tanto , de ignorar el papel y los intereses de los administradores del Estado ; y el estructural-funcionalismo fue criticado por suponer que el desarrollo y el funcionamiento del Estado o del sistema po­ lítico estaban determinados por las exigencias funcionales de la sociedad en su conjunto . Según los teóricos "centra­ dos en el Estado", tales enfoques ponían la carreta delante del caballo . Sostenían, además , que las actividades y el im­ pacto del Estado se explican fácilmente por sus caracterís­ ticas específicas como órgano' administrativo o represivo o por las propiedades específicas del sistema político , el cual incluye al Estado . Los factores sociales , cuando no eran irre­ levantes , eran secundarios ; y su impacto en los asuntos del Estado siempre era filtrado por el sistema político y el Esta­ do mismo .

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En su versión más programática, el enfoque estatista de­ fiende un retorno a teóricos clásicos como Maquiavelo , Clausewitz, Tocqueville, Weber o Hintze6 • Pero, en la práctica, quienes siguen el paradigma estatista muestran poco interés en tales pensadores (para no hablar de su desconocimiento), con la parcial excepción de Weber7; pareciera que muchas ve­ ces sólo los citan para legitimar el neoestatismo, vinculándolo a una larga tradición de pensamiento centrado en el Estado. En todo caso, el interés real del trabajo centrado en el Estado es el estudio detallado de casos de construcción del Estado, de definición de políticas y de su implementación. En este contexto , sobresalen seis temas : 1 ) La posición geopolítica de los Estados modernos en el sistema interna­ cional de Estados-naciones y sus implicaciones para la ló­ gica de la acción del Estado ; 2) La dinámica de la organiza­ ción militar y el impacto de lo militar en el desarrollo global del Estado ; 3) Los poderes administrativos específicos del Estado moderno , sobre todo los que provienen de sus capa­ cidades para producir y reforzar colectivamente decisiones obligatorias en una sociedad centralmente organizada y territorialmente limitada; 4) El papel del Estado como fac­ tor especial en la modelación de instituciones , la formación de grupos y la articulación de intereses, capacidades políti­ cas , ideas y demandas que van más allá del Estado ; aspecto que a veces se denomina "tocquevilliano" ; 5) Las patologías propias del gobierno y del sistema político , como la corrup­ ción, el soborno y las fallas del Estado ; 6) Los intereses y capacidades propios de los "administradores del Estado" (funcionarios de carrera, políticos , etc . ) , que se oponen a los de otras fuerzas sociales . Los diversos teóricos "centrados en el Estado" enfatizan distintos factores o combinaciones de factores , pero comparten las principales conclusiones : hay presiones y procesos políticos específicos que modelan la forma y las funciones del Estado ; éstos procesos le otor­ gan una autonomía importante y real para enfrentar pre­ siones y fuerzas que surgen de la sociedad más amplia y, por tanto , le dan una centralidad única e irremplazable en '

Como se verá más adelante, no es casual que todos estos pensadores sean varones. 7. Aunque su obra puede interpretarse de modo diferente; es citada, por ejem­ plo, para mostrar que el Estado no existe sino que es un uso reflexivo de ideas para aumentar la legitimidad de una élite dirigente [MELOSSI, 1 990].

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la vida nacional y en el orden internacional. En síntesis , el Estado es una fuerza por derecho propio y no sirve a la eco­ nomía o a la sociedad civil [ KRASNER, 1 978 ; N ORDLINGER, 1 98 1 ; SKOCPOL, 1 979; y STEPAN, 1 98 5 ] . El enfoque centrado en el Estado lleva a que sus teóricos planteen "una visión radicalmente distinta" de la autono­ mía del Estado. Los marxistas entendían la autonomía del Estado como su capacidad para promover los intereses co­ lectivos del capital a largo plazo , incluso contra los intere­ ses de capitalistas particulares . Los neoestatistas rechazan esta explicación de clase o capital-teórica y sugieren que el Estado ej erce su autonomía por derecho propio y busca sus intereses propios y específicos . En este contexto , enfatizan la capacidad de los administradores del Estado para ejercer el poder independientemente de las fuerzas no estatales (y aun a pesar de su resistencia) , sobre todo donde hay un conj unto pluralista de fuerzas sociales que les proporciona un espacio real de maniobra; y enfatizan también la funda­ mentación de esta capacidad en los poderes " infraestruc­ turales" del Estado , es decir, en la capacidad del Estado para penetrar, supervisar, mantener el orden y disciplinar las sociedades modernas a través de sus propias capacidades especializadas [DANDEKER, 1 990; GIDDENS, 1 985 ; MANN, 1 983 ; NORDLINGER, 1 98 1 ; y SKOCPOL, 1 985 ]. Además, los neoestatistas sostienen que la autonomía del Estado no es un rasgo es­ tructural fij o de todos y cada uno de los sistemas de go­ bierno , sino que difiere entre Estados , entre áreas de polí­ tica y a través del tiempo. Esto se deb e , en parte , a los límites externos sobre el alcance de la acción autónoma del Estado y, en parte , a las variaciones en la capacidad y disposición de los administradores del Estado para empe­ ñarse en una estrategia independiente de los actores no estatales . Una variante de la teorización centrada en el Estado es la teoría del Estado centrada en la guerra. Un creciente núme­ ro de teóricos se ha dedicado a recobrar la dimensión mili­ tar de la teoría del Estado y a criticar su omisión por otras escuelas , ya sea por el exagerado interés de los marxistas en la lucha de clases o por la errónea creencia de los soció­ logos en la lógica pacífica inherente al industrialismo. Se­ gún los teóricos centrados en la guerra, su enfoque no tiene un interés arqueológico sino que es relevante para los Esta­ dos modernos . Señalan que la guerra ha dado forma al siglo

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que los Estados se preparan continuamente para la gue­ rra y han aumentado sus capacidades militares y de vigi­ lancia, y que las guerras civiles (o totales) tienen repercu­ siones en el Estado y en la sociedad [ SHAw , 1 99 1 ] . En este contexto, el Estado es un aparato para hacer la guerra y reprimir: debe defender su integridad territorial contra otras fuerzas y mantener la cohesión social dentro de su propio territorio , recurriendo a la coerción cuando sea necesario . Por tanto , el Estado es en primera instancia el sostén del poder militar en un mundo donde hay otros Estados-naciones , más que una comunidad política en la que pueden realizarse los derechos de ciudadanía [ GrnDENS , 1 98 5 ] . Para algunos teóricos centrados en la guerra, el Es­ tado plenamente conformado no sólo es un aparato militar represivo sino que el mismo proceso de formación del Esta­ do está estrechamente ligado a la guerra , puesto que , como Tilly señala enérgicamente , las guerras hacen Estados y los Estados hacen guerras . Esta afirmación va más allá de la afirmación trivial de que los Estados se forj an al calor de la guerra (ya sea en la victoria o en la derrota); también impli­ ca que el hecho de hacer la guerra puede inducir a la cen­ tralización política, estimular el desarrollo de un sistema de tributación moderno y generar otros rasgos de un Estado moderno . Además , una vez que surge el Estado (a través de la guerra o de la preparación para la guerra) , muchos . as­ pectos claves de la forma y de las funciones del Estado es­ tán determinados principalmente por el interés en la defen­ sa externa y la pacificación interna [ MANN, 1 985 y 1 987; TILLY, 1 973 ; DANDEKER, 1 990; y SHAW, 1 99 1 ] . Al neoestatismo se han opuesto cinco líneas principales de crítica8• En primer lugar, se ha dicho que ese enfoque no es novedoso y que todos sus temas básicos se encuentran en los enfoques " centrados en la sociedad" [ DOMHOFF, 1 987; y ALMOND , 1 98 8 ] . En segundo lugar, se ha dicho que el neoestatismo es unilateral porque se centra en la política del Estado y de los partidos a expensas de las fuerzas políti­ cas que están fuera y más allá del Estado . En particular, qu� sustituye "las formaciones sociales (como las de clase, génexx,

8

En mi anterior crítica al neoestatismo [JESSOP, 1 990] sólo mencioné cuatro de ellas ; la quinta, que aquí se menciona en segundo lugar, es igualmente importante.

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ro o raza) por los políticas , la política de masas por la de élites y la lucha social por el conflicto político" { GoRDoN, 1 990, 1 8 1 ]. En tercer lugar, algunos críticos pretenden haber iden­ tific ado inconsistencias empíric as en varios estudio s " estatistas" claves así como explicaciones incompletas y erró­ neas de estudios que se citan para dar credibilidad al enfo­ que estatista [ CAMMACK, 1 98 9 , 1 990; y MITCHELL, 1 99 1 ] . En cuarto lugar, se han hecho acusaciones de mala fe política. Así, Binder sostiene que el neoestatismo implica que los ad­ ministradores del Estado políticamente autónomos pueden actuar como agentes efectivos de modernización y reforma social y que deberían ser alentados para actuar de ese modo ; en apoyo de esta acusación, señala que no existe ningún es­ tudio de caso neoestatista que muestre los nocivos efectos del dominio autoritario o autocrático [ BINDER, 1 988]. Finalmente -y quizá es la línea crítica que apunta a lo más grave - el neoestatismo descansa en una falacia teórica fundamental. Supone que hay fronteras claras y nítidas en­ tre aparato de Estado y sociedad, administradores del Esta­ do y fuerzas sociales , y poder estatal y poder social. Esto implica que el Estado (o el sistema político) y la sociedad son mutuamente excluyentes y autodeterminados , que se pue­ den estudiar aisladamente y que los análisis resultantes se pueden yuxtaponer para dar una explicación completa. Esto reifica y convierte en absoluto lo que en realidad son pro­ piedades emergentes , parciales , inestables y variables ; y ex­ cluye lógicas híbridas como el corporativismo o las redes políticas , las divisiones entre administradores del Estado debidas a los vínculos entre órganos del Estado y otras esfe­ ras sociales , y muchas otras formas de intersección entre Estado y sociedad [ATKINSON y CoLE MAN , 1 99 2 ; PouLANTZA.S , 1 9 74 ; y JESSOP, 1 990 ] . Si se rechaza ese supuesto , se di­ suelve la distinción entre enfoques centrados en el Estado y enfoques centrados en la sociedad. Esto, a su vez, invalida no sólo la presunción extrema de que el aparato de Estado debe tratarse como la variable independiente en la explica­ ción de los eventos sociales y políticos , sino también preten­ siones menos neoestatistas tales como el valor heurístico de combar el palo en la otra dirección o , alternativamente , de combinar las explicaciones centradas en el Estado y en la sociedad para completar el cuadro [ JEssoP, 1 990 ] . Esto no excluye, por supuesto, el análisis teórico del Esta­ do; significa, más bien, que la teoría del Estado no puede

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darse por supuesta, pues la misma existencia del Estado es problemática. Así, Mitchell concluye su crítica del neoes­ tatismo con un llamado a estudiar "el proceso detallado de la organización espacial, el ordenamiento temporal, la especifi­ cación funcional y la supervisión y vigilancia, que crean la apartencia de un mundo esencialmente dividido entre Estado y sociedad" [ 1 99 1 , 95 , itálicas mías ] . Esta división es concep­ tualmente anterior a cualquier influencia posible del Estado sobre la sociedad o de la sociedad sobre el Estado ; y es una división que siempre se produce a través de prácticas en ambos lados de la línea divisoria entre ,Estado y sociedad [JESSOP, 1 990]. Este punto se retoma en las conclusiones pero permite acercarse a la obra de Foucault.

Enfoques joucaultianos Si los teóricos centrados en el Estado esperan lograr que el Estado regrese del frío , podría decirse que el obj etivo últi­ mo de Foucault es echarlo al tarro de la basura, puesto que entrelazó sus investigaciones históricas sobre el cono­ cimiento , el poder y la disciplina con un ataque teórico permanente a las visiones liberal y marxista de la sobera­ nía, el derecho y el Estado . Más en general, su obra tiene importantes implicaciones para todos los teóricos del Es­ tado porque lleva a dudar s eriamente de su preocupación por el Estado , ya sea como una variable independiente , interviniente o dependiente . Por cierto , Foucault compara su rechazo de los intentos de construir una teoría del Es­ tado con el rechazo a comer un alimento que no se puede digerir [ GORDON, 1 99 1 , 4 ] . Este intento de autoconservación teórica s e basa en tres argumentos . Primero , Foucault sostenía que la teoría del Estado es esencialista porque intenta explicar la naturaleza y el poder del Estado en términos de sus propiedades inhe­ rentes , dadas de antemano , cuando debería, en cambio, explicar el funcionamiento y el desarrollo del Estado como el resultado contingente de prácticas específicas no necesa­ riamente localizadas dentro del Estado mismo ni orienta­ das abiertamente hacia el Estado . Segundo , afirmaba que la teoría del Estado mantiene las nociones medievales de una soberanía centralizada y monárquica y de un poder ju­ rídico-político unificado . En vez de esas nociones , Foucault subrayaba las tremendas dispersión y multiplicidad de las

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instituciones y prácticas involucradas en el ej ercicio del poder del Estado e insistía en que muchas de ellas son de natura­ l eza extraj urídica. Tercero , sostenía que los teóricos del Es­ tado se preocupan por las formas de la soberanía política y del poder legal en la cúspide de los aparatos del Estado , los discursos que legitiman el poder en el centro y el alcance de la soberanía estatal dentro de la sociedad. En contraste , Foucault abogaba por un enfoque ascendente , desde abaj o , que procediera a partir d e las formas difusas d e las relacio­ nes de poder en los numerosos y diversos lugares , locales y regionales , donde se determinan realmente la identidad y la conducta de los agentes sociales . S e interesaba en la micro­ física del poder, las prácticas reales de subyugación, no en las estrategias macropolíticas que guían los intentos de do­ minación, pues el poder del Est�do no se deriva del control de algunos recursos materiales sustantivos , propios del Estado , sino que es el resultado emergente y provisional de la interrelación estratégica y complej a de diversas fuerzas sociales dentro y más allá del Estado. El poder es disperso , implica la movilización activa de los individuos y no una búsqueda pasiva de metas , y puede ser colonizado y articu­ lado en discursos , estrategias e instituciones bastante dife­ rentes . En suma, el poder no se concentra en el Estado , es ubicuo e inmanente a toda relación social [ FoucAULT, 1 975 , 1 980 ] . Eso no significa que Foucault rechazara todo interés en la macrofísica del poder estatal, lej os de ello . En efecto , en­ tre quienes se identifican más de cerca con el giro lingüísti­ co y el postestructuralismo, Foucault es excepcional por su interés en el Estado [ PRINGLE y WATSON, 1 99 2 , 5 6 ] . Pero no lo identificaba con la soberanía estatal del discurso jurídico­ político ; su discurso era más personal y potente : el Estado era el lugar de la habilidad política y la racionalidad guber­ namental. Estudió, entonces, cómo surgieron diversos regí­ menes políticos mediante cambios en la "gobernabilidad" (govemmentality). Lo que interesaba a Foucault era el arte del gobierno , una diestra práctica discursiva en la que las capacidades del Estado se usan reflexivamente para vigilar la población y, con la prudencia debida, para amoldarla a los proyectos específicos del Estado . En el origen del Estado foucaultiano estaba la razón de Estado , una racionalidad política autónoma, separada de la religión y la moral [ GoRDON, 1 99 1 , 9 ] . Esa racionalidad, a su vez, podía ligarse a dife-

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rentes modos de cálculo político o diversos proyectos de Estado , como los que se asocian al "Estado gendarme " , al gobierno social o al Estado de Bienestar [ GoRDON, 1 99 1 , 26-27 ] . Dentro de estas racionalidades gubernamentales o proyectos de Estado, y a través de ellas , los lugares de po­ der locales o regionales eran colonizados y articulados en torno de mecanismos y formas de dominación global más generales , y luego sostenidos por todo el sistema estatal. Foucault también insistió en la necesidad de explorar las conexiones entre estas formas de micropoder y los meca. nismos de producción de conocimiento , bien fuese para la vigilancia , la formación y acumulación de conocimientos sobre los individuos o su constitución como tipos de suje­ tos específicos. La obra de Foucault ha inspirado muchos estudios sobre el Estado y el poder del Estado que generalmente se ocupan de políticas o aparatos políticos específicos o de discursos y estrategias políticas particulares [RosE y MILLER, 1 990 ] . Al­ gunos han intentado desarrollar una explicación general de la esencia del Estado con base en las perspectivas foucaul­ tianas9. Por ej emplo , Giddens ve en la vigilancia una de las cuatro agrupaciones institucionales claves de la sociedad moderna que convergen en el Estado-nación, además del industrialismo, el capitalismo y el militarismo . A medida que progresan las técnicas de vigilancia, el control se ex­ tiende cada vez mas , en el tiempo y en el espacio , y aumen­ tan las capacidades del Estado para la pacificación interna y las operaciones militares externas . El control del Estado moderno es diferente del control de la comunidad local y de la intervención armada del Estado tradicional. Sus medios de control y castigo son la policía, el derecho codificado y el encarcelamiento ; éstos , a su vez, están ligados al predomi­ nio de las relaciones de intercambio en la producción, al control civil sobre los militares y a la ampliación de la ciu­ dadanía. Una interesante consecuencia de estos cambios es que el Estado moderno recurre menos a la violencia para controlar a la población; la vigilancia y la normalización dis­ ciplinaria realizan buena parte de la tarea de regularizar las actividades en el tiempo y en el espacio [ GIDDENS, 1 985 , 1 83-

9

Para una crítica de las pretensiones foucaultianas de Giddens, ver: 1 99 1 .

1 10

BoYNE,

1 92 ] . Estas ideas son desarrolladas por D andeker, quien presenta una tipología de los Estados basada en los meca­ nismos de vigilancia y los intereses que satisfacen [ DANDEKER, 1 9 90 ] . Entender l a obras de Foucault e s casi tan complicado como descifrar las notas de Gramsci, pues Foucault nun­ ca codificó su trab aj o y sus opiniones tendían a cambiar en cada monografía. No obstante , para nuestros propósi­ tos , deb e tenerse en cuenta que después de atacar las visiones ortodoxas del Estado y las relaciones de poder su interés se centró en el p ap el de los dis cursos políticos y del arte de gobernar en el surgimiento y la transforma­ ción del Estado moderno . C on sus ideas s obre la ubicui­ dad de las relaciones de poder, la asociación entre poder y conocimiento y la gobernabilidad , Foucault ofrece un importante correctivo teórico y práctico a los análisis más unilaterales y esencialistas de la teoría marxista del Es­ tado y a la tendencia a presuponer el Estado propia del neo­ estatismo . Pero su obra es todavía vulnerable a la crítica de que tiende a reducir el p oder a una técnica univers al (sea la vigilancia del panóptico o la normalización disci­ plinaria ) y a ignorar el m o d o en qu e las relaciones patriarcales y de clas e modelan el Estado y el ej ercicio más general del poder, así como la importancia p erma­ nente del derecho , de la violencia constitucionalizada y de la burocracia en el funcionamiento del Estado moder­ no [ PouLANTZAS , 1 9 78 ]. Además , aunque tenga el mérito de prestar atención a la ubicuidad del poder, su obra poco mencioha las bases de la resistencia (salvo un s upuesto espíritu de revuelta plebeyo) . Y, aunque Foucault después reexaminó el Estado y el arte de gobernar, los estudios foucaultianos aún tienden a ignorar el complej o carácter estratégico y estructural del Estado . É stos p oco se intere­ s an en las condiciones organizacionales que hacen posi­ ble , así sea a medias , que un Estado emprenda acciones efectivas ; al mismo tiemp o , muestran escaso interés en las diversas limitaciones de las capacidades de los Esta­ dos , aun de los mej or dotados . Ambas cuestiones exigen ocupars e de factores institucionales y organizacionales que rebasan los conceptos y supuestos típicos del foucaul­ tianismo .

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Teoría feminista del Estado Es un lugar común decir que el feminismo carece de una sólida teoría del Estado [MAcKrNNON, 1 983; y CONNELL, 1 990] . Las feministas han desarrollado sus propias teorías d e gé­ nero y de la "generización" de las relaciones sociales , pero cuando se interesan en el Estado sus ideas sobre su natu­ raleza y forma general son importadas desde fuera. Esta observación no pretende subvalorar las sólidas críticas fe­ ministas a la teoría política ni menospreciar sus importan­ tes explicaciones de aspectos de género particulares rela­ cionados con el funcionamiento y el impacto de los Estados . Por el contrario, busca mostrar las dificultades para elabo­ rar explicaciones propiamente feministas de la forma y las funciones generales del Estado . Además , no todas las feministas aceptarían que el femi­ nismo necesita, intelectual o políticamente , dicha teoría. Así , Allen sostiene que las feministas deberían dedicarse a desarrollar conceptos ajustados a una agenda teórica y política feminista, y rechazar las teorías del Estado exis­ tentes " con [ sus ] definiciones , parámetros y obj etivos ana­ líticos derivados de posiciones políticas distintas del femi­ nismo" [ALLEN, 1 990, 2 1 ] . En este contexto , convoca a las feministas para que se centren en categorías tales como el control policial, el derecho , la cultura médica, la cultura burocrática, el crimen organizado , el fraternalism o , el paternalismo, la misoginia, la subj etividad, el cuerp o , la sexualidad, los hombres , la violencia, el poder, el placer, etc . , que se relacionan más directamente con los intereses políticos feministas [ALLEN, 1 990, 2 8 ] . En otros casos, lo que suscita el rechazo de las teorías existentes no es tanto su significado irrelevante como su "sesgo masculino" ma­ ligno o , peor aún, su carácter falocrático y su efecto para­ lizante sobre el pensamiento y la movilización feministas [ MAcKINNON, 1 98 3 , 1 98 6 ] . Pero otras feministas llaman a sus hermanas para que teoricen las complej idades del po­ der del Estado justamente a causa de su difundido impac­ to sobre las relaciones de género . Así , Brown afirma que las feministas necesitan analizar el Estado porque es esen­ cial para muchos temas de las muj eres y porque muchas muj eres son dependientes del Estado [ BROWN, 1 992, 7 ; y FRANZWAY et al. , 1 98 9 , 1 2- 1 3 ] . Pero , en vez de una teoría única, válida para todo propósito , incapaz de captar la com1 12

plej idad estratégica real del Estado , sus discursos y tecno­ logías de poder, Brown sugiere desarrollar enfoques basa dos en diversas teorías del Estado , que c apten los distin­ to s rostros que el Estado presenta a las muj eres 1º. Las feministas empezaron a abordar el Estado con un intento de matrimonio entre feminismo y marxismo [ MAHON, 1 99 1 ; y PRINGLE y WATSON, 1 992]. Este intento fue una co­ rriente importante dentro del resurgimiento de la teoría del Estado en los setenta y se caracterizó por el intento de inj er­ tar una teoría de la reproducción o patriarquía en los análi­ sis marxistas de la producción, a fin de mostrar que la patriarquía era funcional para el capitalismo y que la su­ pervivencia de este sistema dependía de formas sociales es­ pecíficas de reproducción de la fuerza de trabaj o y de las relaciones de género, así como de relaciones sociales de pro­ ducción particulares [ MclNTOSH, 1 978; y EISENSTEIN, 1 98 1 ] . Durante algún tiempo, el enfoque dominante en la teorización feminista del Estado fue , de hecho , el feminismo marxista [ PRINGLE y WATSON, 1 992 ] . Quizá por esta razón los esfuer­ zos para desarrollar una teoría feminista del Estado adop­ taron a menudo métodos de construcción teórica similares a los de la teorización marxista más general. Así, se pueden distinguir tres formas principales de vincular los intereses feministas con el Estado : los métodos de subsunción, deri­ vación y articulación. Algunas teorías feministas radicales simplemente subsu­ men todos los Estados dentro de la categoría envolvente de dominación patriarcal: cualesquiera que sean sus diferen­ cias , todos los Estados son expresiones de la patriarquía o falocracia y, por tanto , deben ser impugnados . Esta argu­ mentación asimila el Estado a la patriarquía en general o identifica mecanismos de género específicos en el Estado . Para algunas feministas , la patriarquía está difundida por toda la sociedad, y el Estado sólo es otra institución que trata a hombres y muj eres en forma desigual, adopta el punto de vista masculino y sirve y refuerza los intereses de los hombres en tanto sexo . Por tanto , el Estado sólo es un lugar

1 0 Brown identifica cuatro rostros: a) Jurídico-legislativo o liberal (un tema ade­ cuado para la jurisprudencia feminista); b) Capitalista: derechos de propiedad y capitalismo; c) Prerrogativa: poder arbitrario legítimo que define al Estado como tal (policía, ejército, seguridad); y d) Burocrático [BROWN, 1 992, 13- 1 4] .

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más de dominación masculina sobre las muj eres ; en el me­ j or de los casos, sirve a la "patriarquía general" [MIES, 1 986, 2 6 ] . En sus versiones más complej as , ese enfoque ve al Es­ tado como una forma peculiar de dominación patriarcal o falocrática con efectos determinados (y específicos) sobre las relaciones de género; de modo que genera relaciones de po­ der particulares a través de la selectividad , las capacidades y las necesidades estratégicas patriarcales 1 1 • Sin embargo , en tanto consideran que la patriarquía define el núcleo del Estado y que todo lo demás carece de importancia, estas visiones son subsuncionistas12 • Otras feministas intentan derivar la forma y las funcio­ nes del Estado patriarcal de los imperativos de la reproduc­ ción (y no de la producción) , de las cambios en las formas de dominación patriarcal o de la naturaleza del modo de producción " doméstico". Estos trabaj os tienen el mismo tipo de problemas teóricos que el debate de la derivac}ón mar­ xista, es decir, el supuesto de que la forma sigue necesaria­ mente a la función, y la consiguiente negación de cualquier autonomía o contingencia real del Estado . En algunos ca­ sos, esto se traduce simplemente en una versión feminista del economicismo . En otros , en una versión más elaborada del subsuncionismo que define totalmente los mecanismos que garantizan el carácter patriarcal del Estado 13. Otros trabaj os analizan la articulación contingente de las formas patriarcales y capitalistas de dominación que se cris­ talizan en el Estado. Las mej ores obras en este campo confir­ man la importancia del método de articulación: muestran que las relaciones patriarcales y de género producen diferencias en el Estado, sin prejuzgar la forma y los efectos de estas dife­ rencias. En otras palabras, "el reconocimiento de la existencia de desigualdades de género no implica automáticamente que todos los Estados capitalistas se comprometen en la repro­ ducción de esa desigualdad en la misma forma o en el mismo grado" [JENSON, 1 986, 1 0 ; y BRENNER y LASLETI, 1 99 1 ]. Este

1 1 La posición de MacKinnon es ambivalente: para ella, el derecho es patriarcal porque ignora el género y los mismos intereses de género están dados de antemano [MACKINNON, 1 983]. 1 2 Para las críticas a las primeras teorías feministas del Estado, ver: .ALLEN, 1 990, 26-27; ANTHIAS y YURAL-DAVIS, 1 989, 6; CONNELL, 1 990, 5 1 6-5 1 7 ; y PRINGLE y WATSON, 1 992, 62-63. 13 Críticas a esta posición se encuentran en: JENSON, 1 986.

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enfoque también revela la importancia de las diferencias entre muj eres y entre grupos de género, y es un importante correc­ tivo a las formas extremas del fundamentalismo de género. Las mej ores obras académicas feministas sobre la teoría del Estado tienen profundas implicaciones , pues arroj an du­ das sobre supuestos claves de buena parte del trabajo de índole masculina. En primer término, es un lugar común decir que el Estado moderno reclama el monopolio legítimo sobre los medios de coerción. Las feministas critican esta vi­ sión convencional porque los hombres consiguen ej ercer la violencia contra las muj eres (e incluso matarlas) dentro de la familia y, mediante hechos , amenazas o el miedo a la violación, vejar a las muj eres en los espacios públicos . Esto sugiere que la ortodoxia asocia la separación de la coerción al sistema de la producción (la explotación toma la forma de intercambio , y la dictadura la forma de democracia 1 4 ) y a la centralización del poder públicamente organizado más que al ej ercicio de la coerción parental o patriarcal en la familia sobre muj eres y niños . Aun así, las feministas deben agre­ gar que esta legitimación racional-legal de la coerción del Estado es justamente la forma pública que asume la violen­ cia masculina y que es utilizada realmente para apoyar su expresión privada dentro de la familia y la sociedad civil . Este último punto lleva a una segunda contribución esen­ cial de la teorización feminista: su crítica a la distinción jurí­ dica entre "público" y "privado". Esta distinción no sólo sirve para oscurecer las relaciones de clase (como dicen los mar­ xistas) sino también, y quizá más fundamentalmente , para ocultar un mecanismo básico de la dominación masculina. Así, mientras que los marxistas sugieren que el ascenso del Estado liberal burgués y la consiguiente separación entre ciudadano público e individuo privado se basan en el desa­ rrollo del capitalismo, las feministas los ven como el pro­ ducto del ordenamiento patriarcal del Estado burgués [ ErsENSTEIN, 1 98 1 ] . Mientras que los marxistas tienden a equiparar la esfera pública con el Estado y la esfera privada con la propiedad privada, el intercambio y los derechos in­ dividuales , las feministas tienen a equiparar la primera con el Estado y la sociedad civil y la segunda con la esfera do­ méstica y el supuesto lugar de las muj eres en el orden "natu-

14 · Esta expresiva afirmación proviene de Moore [ 1 95 7].

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ral" de la reproducción. Los hombres y las muj eres tienen ubicaciones diferenciales en las esferas pública y privada: en efecto , las muj eres han sido excluidas históricamente de la esfera pública y han estado subordinadas a los hom­ bres en la privada. Incluso la independencia de los hom­ bres como ciudadanos y trabaj adores es una premisa p ara que las muj eres los cuiden en el hogar [ PATEMAN, 1 989a, 1 20 , 1 23 ; y 1 989b , 203 ] . Además , donde las muj eres tie­ nen plenos derechos de ciudadanía, su persistente opre­ sión y subyugación en la esfera privada obstaculiza el ej er­ cicio y disfrute de estos derechos [ SnM , 1 988, 1 63 ] 15• Por tanto , la distinción entre "público" y "privado " no sólo es política sino que la misma organización de la esfera "priva­ da" tiene importantes implicaciones p ara la selectividad estratégica del Estado . Una tercera área de crítica feminista se centra en los vín­ culos entre guerra, masculinidad y Estado. En términos ge­ nerales , como señala Connell, "el Estado arma a los hom­ bres y desarma a las muj eres" [ CoNNELL, 1 987, 26; y ELSHTAIN, 1 987]. En su caso más extremo , esta crítica incluye concep­ tos tales como "sado-Estado" [DALY, 1 984], la idea de que el aparato militar es una simple expresión de la agresividad y la destructividad mascu.linas o la opinión de que el milita­ rismo y el imperialismo son expresiones violentas del culto a la masculinidad [ FERNBACH, 1 98 1 ] . Lloyd afirma que "la masculinidad de la ciudadanía y la masculinidad de la gue­ rra han estado conceptualmente ligadas en el pensamiento Occidental" [ 1 986, 64]. Explicaciones históricas más mati­ zadas muestran que la legitimidad del Estado se estructura en términos de la masculinidad: mientras que el ancien régime se organizaba alrededor de nociones tales como el honor personal y familiar, el patronazgo y el orgullo militar, el Estado moderno se basa en ideas de racionalidad, cálcu­ lo , orden, j erarquía, códigos y redes masculinas informales [LANDES, 1 988; CoNNELL, 1 990, 5 2 1 ; y sobre las burocracias modernas , públicas o privadas , ver: FERGUSON, 1 984 ] . Los autores no feministas pueden adoptar tres posicio­ nes generales sobre la obra feminista: a) Considerarla total1 5 Las feministas usualmente critican los efectos opresivos de la separación en­ tre público y privado; pero Elshtain [ 1 98 1 ] sostiene que las mujeres que par­ ticipan en la vida pública deben sacrificar los valores maternales enraizados en la vida familiar.

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mente irrelevante ; b) Aceptarla como un complemento más o menos importante a las contribuciones básicas de otras explicaciones ; o c) Saludarla como un desafio fundamental al saber recibido . La primera posición es insostenible , pues - como sugiere la segunda posición - la investigación femi­ nista demuestra que las teorías restantes ignoran o margi­ nan aspectos esenciales de la forma y las funciones del Es­ tado y brindan nuevos ej emplos acerca de cómo la forma problematiza la función y crea contradicciones , dilemas y conflictos específicos . Esto es válido no sólo para el mands­ mo convencional y los enfoques neoestatistas , sino también para los recientes análisis en la línea de Foucault (para apre­ ciaciones feministas criticas de este último, ver: MARTIN, 1 982; y SAWACKI, 1 99 1 ) . Además , de acuerdo con la tercera p osi­ ción, parte de la investigación feminista revela fallas bási­ cas de gran parte de la teorización de sesgo masculino . Por tanto , una explicación adecuada de la complejidad estraté­ gica del Estado debe incluir las percepciones feministas cla­ ves sobre la naturaleza de género de la selectividad y las capacidades estructurales del Estado para la acción, así como su papel esencial en la reproducción de los patrones específicos de las relaciones de género .

Análisis del discurso

y

teoría del Estado sin Estado

La lectura de algunos recientes trabajos analíticos del dis­ curso lleva fácilmente a creer que el mayor secreto de todos los secretos oficiales es el hecho de que el Estado no existe 16, sino que es una ilusión: un producto del imaginario político . S u aparición depende de l a aceptación de los discursos es­ tatales ; el Estado aparece en la escena política porque las fuerzas que orientan sus acciones hacia el "Estado" actúan como si éste existiera. Pero , puesto que no hay un discurso común del Estado (a lo sumo hay un discurso dominante o hegemónico) y diferentes fuerzas políticas orientan su ac­ ción en tiempos diferentes con diversas ideas del Estado , es evidente que el Estado es, en el mej or de los casos , un fenó­ meno polivalente y policontextual que cambia de forma y apariencia con las fuerzas políticas que actúan hacia él y las circunstancias en que lo hacen. Esta idea aparentemente

1 6 Esto se sugiere, por ejemplo, en ABRAMs [ 1 988, 77].

1 17

herética ha sido propuesta desde diversas perspectivas y los siguientes párrafos las ilustrarán con tres ej emplos dife­ rentes . 1 . Al revisar los intentos de los marxistas y de otras co­ rrientes por definir el Estado como una entidad, un agen­ te , una función o una relación política material distinta, Abrams señala que esos intentos sólo crean dificultades, y sugiere abandonar el Estado como obj eto material de es­ tudio, pues el conj unto institucional que abarca al gobier­ no puede estudiarse sin recurrir al concepto de Estado , y la "idea de Estado" puede estudiarse , a su vez, como la (errónea) representación colectiva de las sociedades capi­ talistas que sirve p ara enmascarar la verdadera naturale­ za de la práctica política [ABRAMS , 1 98 8 ] . Los teóricos de los sistemas políticos condenan a menudo los pantanos conceptuales y los insulsos debates que acompañan a la teorización del Estado [ EASTON, 1 98 1 ] . Pero la posición de Abrams es, a la vez, más positiva y más negativa porque considera que la " idea de Estado" desempeña un papel cons­ titutivo en la modelación y el enmascaramiento de la do­ minación política. A su vez, este papel exige un análisis histórico de la "revolución cultural" (o transformaciones ideológicas) involucrada cuando se transforman los siste­ mas de Estado [ CORRIGAN y SAYER, 1 98 5 ] . 2 . Melossi hace un planteamiento similar: aboga por una "teoría del Estado sin Estado", es decir, por el reconoci­ miento de que el Estado es un concepto jurídico , una idea que permite que las personas hagan el Estado , para dotar­ se a sí mismas y a las demás de razones y fundamentos para sus propias acciones . Como tal, ésta puede ser usada reflexivamente por muy diversos tipos de funcionarios para crear un vocabulario de motivos para sus (in)acciones y explicar la unidad del Estado en una sociedad civil dividi­ da y desigual [ MELossi, 1 990, 2 , 6 , 1 5 0 ] . Esto implica, a su vez, que la autonomía del Estado no debería considerarse como una propiedad reificada de un Estado reificado ; por el contrario , varía con el grado de autonomía con que las élites se ven dotadas a sí mismas en lugares específicos y momentos particulares [ MELoss1, 1 99 0 , 1 2 8 ; y WATSON, 1 990, 7 ] . 3 . Una idea similar -la de que el "Estado" es una simple autodescripción o modelo interno del sistema político - ha sido planteada desde perspectivas teóricas muy diferentes 1 18

por los teóricos de los sistemas autopoiéticos 17. La carac­ terística esencial de los sistemas autopoiéticos es su radical autonomía operacional, que surge de su capacidad para de­ terminar sus propios códigos y programas operacionales y para reproducirse (o transformarse) a sí mismos a pesar de los intentos de control desde afuera y de otras influencias perturbadoras de su medio ambiente . Uno de esos sistemas es la economía moderna como sistema de pagos auto-organi­ zado (así como los marxistas plantean la autovalorización del capital) . Otros dos sistemas de este tipo son el sistema legal (el sistema autocontenido y automodificante asociado con las decisiones legales obligatorias) y el sistema político (un circuito de poder que une a gobernantes y gobernados y produce decisiones obligatorias para todos los participan­ tes). Puesto que el poder circula continuamente a través del sistema político, es erróneo reificar el Estado tratándolo como si fuera una entidad distinta con sus propios poderes y re­ cursos. Ciertamente , la dinámica centrífuga de las socieda­ des modernas funcionalmente diferenciadas significa que el Estado ya no puede desempeñar el p apel de orden superior (superordinate role) que le atribuía la antigua teoría política moderna. Es mejor entenderlo como el medio por el cual los participantes simplifican los problemas de la acción política, polarizándolos alrededor de la cuestión del gobierno y la opo­ sición. Y la política, a su vez, debería verse como un sistema más de una sociedad policéntrica, esencialmente anárqui­ ca. Ni la política ni el "Estado " son de orden superior o sobe­ ranos ; por el contrario , son medios para ofrecer a la socie­ dad decisiones legítimas y obligatorias sobre los bienes co­ lectivos . É stos incluyen la seguridad interna y externa (en que el poder infraestructura! para asegurar este bien colec­ tivo se basa en la violencia organizada) ; la seguridad econó­ mica y social (en que el gob¡erno juega un papel clave para controlar los recurs'bs fiscales y financieros); y, más recien­ temente, la seguridad tecnológica y ecológica (en que las capacidades infraestructurales se basan en el conocimiento organizado colectivamente) . Cada una de estas tres formas de seguridad corresponde a proyectos políticos y formas de

1 7 Es imposible dar una explicación adecuada de los sistemas autopoiéticos en este artículo; introducciones al tema se encuentran en LUHMANN [ 1 989] y JESSOP [ 1 990].

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intervención particulares . Así, la política contemporánea se ocupa ante todo de cómo "guiar" mejor los demás sistemas funcionales sin intervenir directa e infructuosamente en su funcionamiento . Se ha dicho que esto se logra mejor defi­ niendo los parámetros dentro de los que deben funcionar, produciendo conocimientos sobre las consecuencias exter­ nas no buscadas de sus acciones y procurando construir consensos sobre los proyectos sociales 1 8 • En los tres casos se observa un rechazo a la reificación del Estado , combinado con un intento de teorizar el p apel de la idea de Estado en el funcionamiento del sistema polí­ tico y de la sociedad más amplia. Este papel es definido como mistificación, automotivación o autodescripción, p ero, independientemente de la definición, los discursos sobre el Estado juegan un p apel constitutivo clave en la modelación del Estado como conjunto complejo de relaciones políticas ligadas a la sociedad como un todo . Este enfoque contrasta marcadamente con la reificación de la distinción entre so­ ciedad y Estado que propone la teorización centrada en el Estado . También ofrece una mirada diferente del rechazo foucaultiano a las explicaciones ortodoxas del Estado, acla­ rando la función de esas explicaciones dentro del sistema po­ lítico. Y, al menos en relación con la teorización autopoiética, ofrece razones adicionales , basadas en la teoría de siste­ mas , para obj etar que el Estado moderno es una autoridad superior y soberana colocada por encima de la sociedad y a la cual controla desde fuera. En las conclusiones explora­ mos con más detalle las implicaciones de esta teorización "sin Estado" del Estado .

Dos NUEVAS DIRECCCIONES DE INVESTIGACIÓN La investigación básica sobre el Estado ha experimentado un explosivo crecimiento en los años recientes y es imposi­ ble revisar siquiera una pequeña fracción de la literatura. Pero merecen mencionarse dos temas que han atraído con­ siderable atención desde diversas perspectivas y que pue­ den ser un útil punto de confrontación entre los enfoques

18 Ver: LUHMAN, 1 989; TEUBNER, 1 989; y, más importante en este contexto, WILLKE, 1 992. Sobre las capacidades y el conocimiento del Estado ver: WAGNER, 1 989; y WITIROCK, 1 989 .

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teóricos antes mencionados : la variabilidad histórica de la existencia (o inexistencia) del Estado y la fuerza o debilidad relativa de los Estados . Ninguno de ellos puede entenderse sin superar el tipo de teorización abstracta que caracterizó las primeras etapas del redescubrimiento del Estado , y am­ bos plantean un tipo de problemas teóricos y empíricos que sólo puede descifrar una estructura teórica sofisticada y bien desarrollada. El primer tema, el interés en la ausencia de Estado, ha sido suscitado por la creciente insatisfacción con el carác­ ter abstracto de gran parte de la teoría del Estado (especial­ mente con su supuesto de un Estado ubicuo, unificado y soberano) y por el creciente interés en la variabilidad histó­ rica de los Estados reales . Esto ha llevado a que algunos teóricos traten el Estado como una variable conceptual y estudien la presencia diferencial de la idea de Estado [NETIL, 1 969; DYSON, 1 982; y MELOSSI, 1 990], y a que otros analicen la presencia diferencial del Estado como forma política es­ pecífica; así, Badie y Birnbaum distinguen entre el centro político necesario para cualquier división social del trabaj o complej a y el Estado c o m o u n o de l o s p o sibles loci institucionales de ese centro . Los rasgos propios del Estado son su fuerte diferenciación estructural, su autonomía, su universalismo y su solidez institucional. Francia es el Esta­ do arquetípico de una sociedad centralizada; Gran Bretaña tiene un centro político pero no un Estado ; Suiza no tiene Estado ni centro y Alemania tiene Estado pero no centro [ BADIE y BIRNBAUM, 1 98 3 ] . Estos enfoques deberían ser bien recibidos porque historizan la idea de Estado y destacan la variedad de sus formas institucionales . Un creciente núme­ ro de estudios ha explorado estas cuestiones a todas las escalas , desde la local hasta la internacional, prestando gran atención a la variación al meso-nivel. Y respecto del segundo tema, si la ausencia de Estado como variable atañe a la institucionalización del Estado como tal, el interés en la fortaleza o debilidad del Estado atañe a los factores que contribuyen a la fortaleza del Estado. Ésta puede interpretarse de dos maneras : internamente , se re­ fiere a las capacidades del Estado para ej ercer la autoridad sobre la sociedad; externamente , se refiere al poder del Es­ tado dentro de la comunidad internacional de Estados [ HANDEL, 1 990 ] . Esta preocupación se liga a menudo con el interés en la capacidad del Estado para penetrar y organi-

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zar el resto de la sociedad, y es especialmente marcada en los trabajos recientes sobre los Estados depredadores y en desa­ rrollo (developmental state). Mientras que el Estado depreda­ dor es esencialmente parasitario con respecto a la economía y la sociedad civil, el Estado en desarrollo es capaz de desa­ rrollarse por sí mismo. Mientras que el Estado depredador posee una buena dosis de poder despótico, los Estados en desarrollo mantienen un equilibrio entre el poder despótico y el poder infraestructura!, y lo manej an en formas que se adecúan al mercado [ CASTELLS, 1 992; EVANS, 1 985; JOHNSON, 1 987; y LEVI, 1 988]. Un problema de esta literatura es que hace un marcado contraste entre Estados fuertes y débiles; además , existen diversas interpretaciones acerca de la forta­ leza (o la debilidad), que dificultan un análisis coherente19• Más seriamente , parte de esta literatura corre el riesgo de ser tautológica en la medida en que la fortaleza se define exclusi­ vamente en términos de los resultados [LAURIDSEN, 1 99 1 ; MIGDAL, 1 988]. Una posible solución consiste en permitir una mayor variabilidad en las capacidades del Estado por área de política a través del tiempo y en coyunturas específicas ; ésta, a su vez, exige un enfoque "estratégico-relacional", como se verá en la próxima sección. ¿ UNA AGENDA POSIBLE ?

La teorización reciente del Estado es más variada de lo que era en los setenta, aunque las corrientes antes mencionadas parecen haber seguido una trayectoria o curva de aprendiza­ je similar a la que recorrió el debate marxista. Este último, originado en una crítica a las supuestas ilusiones reformistas de las explicaciones socialdemócratas y pluralistas del Esta­ do e interesado en mostrar por qué el Estado en una socie­ dad capitalista era necesariamente un Estado capitalista, luego se vio forzado a reconocer cada vez más la contingen­ cia de las formas y regímenes del Estado y la variación de sus capacidades y su desempeño . Esto , a su vez, alentó el abandono de la teorización altamente abstracta con su clau-

1 9 Se ha afirmado que los Estados son fuertes porque hay un amplio sector

público, un gobierno autoritario, un fuerte apoyo de la sociedad, una sociedad civil débil y gelatinosa, burocracias cohesivas , una política intervencionista o poder para limitar las interferencias externas [LAURIDSEN, 1 99 1 , 1 1 7].

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sura prematura de muchos problemas importantes y llevó el análisis a niveles institucionales más concretos . Este én­ fasis en la contingencia ayuda a explicar el desarrollo de las dos percepciones mencionadas en la primera sección, a sa­ ber, que la forma problematiza la función y que el Estado es un conjunto institucional que tiene una selectividad estruc­ tural y unas capacidades estratégicas variables. Otras corrientes aquí analizadas tienen problemas simi­ lares, especialmente las teorías feministas del Estado, que muestran un creciente interés en la "generización" estraté­ gicamente selectiva del Estado y su acople estructural con otros órdenes institucionales de la sociedad. Y, a un nivel más práctico, las feministas han descubierto algunos de los problemas que implica trabaj ar en y contra el Estado de género [ CoNNELL, 1 99 1 ; WATSON, 1 990 ] . Así mismo, a pesar de su inclinación a reificar la distinción entre sociedad y Estado , la teorización centrada en el Estado ha subrayado la diferencia que los regímenes específicos producen en la naturaleza y el impacto del proceso político . Además , aun­ que los análisis foucaultianos han mostrado menos interés en las propiedades estructurales más abstractas del Esta do, han sido muy sensibles al papel constitutivo de las prác­ ticas políticas y del arte de gobernar en la modelación de los regímenes y sus capacidades para gobernar [ GORDON, 1 99 1 ] . Por otra parte , la teoría autopoiética, después de reducir inicialmente el Estado a poco más que una autodescripción del sistema político, recientemente ha dado énfasis a la va­ riabilidad de sus capacidades infraestructurales , a la rela­ ción problemática entre su radical autonomía operacional y la interdependencia sistémica de los diferentes órdenes institucionales y al papel "irónico" del discurso político en la orientación de la evolución social [ WILLKE, 1 99 2 ]2° . A la inversa, se mantiene y perdura la debilidad de la investiga­ ción estrictamente analítica del discurso sobre el Estado, la cual carece del aparato conceptual para entender la selecti­ vidad estructural del sistema estatal o la variabilidad de las capacidades y debilidades del Estado [JEssoP, 1 990 ] . En sín­ tesis , no obstante el debido reconocimiento de las diferen­ cias entre los enfoques teóricos aquí revisados , es posible

20 Irónico en el sentido rortyano de compromiso político consciente de su propia

contingencia y probable alteración futura; ver: WILLKE, 1 992.

1 23

identificar una notoria convergencia sobre un pequeño y sig­ nificativo conjunto de temas basados en la creciente aten­ ción a la contingencia de los aparatos y el poder del Estado2 1 • Al identificar y analizar estos temas, también se puede iden­ tificar una agenda de investigación provechosa para una ter­ cera generación de teorizaciones sobre el Estado. Este ej erci­ cio no pretende excluir agendas alternativas ni prejuzgar los resultados de la siguiente ronda de debates . Sin embargo , el hecho de señalar áreas de convergencia y divergencia puede servir para aclarar las cuestiones teóricas críticas y los te­ mas de investigación que pueden ayudar a resolver las dis­ putas entre los diferentes enfoques . En primer lugar, todos estos enfoques parecen concordar en que es necesario destronar al Estado de su posición supe­ rior dentro de la sociedad y considerarlo simplemente como un ordenamiento institucional entre otros más. Los marxis­ tas ya no lo consideran como un capitalista colectivo ideal; los neoestatistas ya no lo ven como un sujeto legal soberano; ha sido deconstruido por los foucaultianos ; las feministas ya no lo conciben simplemente como el patriarca general; y los analistas del discurso así como los teóricos de la autopoiesis consideran que se constituye , sea irónicamente o no, a tra­ vés de prácticas discursivas contingentes o comunicativas . En suma, el Estado se percibe como un sistema emergente, parcial, inestable e interdependiente de otros sistemas en un orden social complejo. Esto amplía el campo de contingencia del Estado y de sus operaciones e implica la necesidad de una investigación más concreta, históricamente específica, institucionalmente sensible y orientada a la acción. Todas las escuelas teóricas mencionadas se preocupan, en formas diversas , por elaborar tales análisis . Estas preocupaciones también animan el creciente número de investigaciones bá­ sicas sobre la ausencia de Estado y la relativa fortaleza (o debilidad) de los regímenes políticos particulares . Todo esto indica un importante avance general en la flexibilización de los discursos que equiparan el Estado a una simple cosa o

2 1 Ya había identificado estos temas en mi libro State Theory [ 1 990 ]. Es claro que

existe el peligro de leer las demás trayectorias teóricas en términos de esta convergencia pero, con las precauciones debidas, parece que los temas si­ guientes se difunden e informan cada vez más la investigación actual sobre el Estado.

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suj eto y no pueden considerar su variabilidad como una relación social complej a dentro de formaciones s ociales dad as . En efecto, los poderes y capacidades estructurales del Estado no pueden entenderse concentrándose únicamente en el Estado , y éste debe ser analizado en un contexto "es­ tratégico-relacional" [ BERTRAMSEN et al. , 1 990 ] . En virtud de su selectividad estructural y sus capacidades estratégicas siempre específicas , sus poderes siempre serán condiciona­ les o relacionales . Su realización depende de los vínculos estructurales entre el Estado y el sistema político que lo abarca, de los vínculos estratégicos entre los administrado­ res del Estado y otras fuerzas políticas , y de la complej a red de interdependencias y redes sociales que unen al Estado y al sistema político con su entorno general. Es en este punto donde el neoestatismo muestra su debilidad, debido a su tendencia a reificar la distinción entre Estado y sociedad, y donde los trabaj os de análisis del discurso a menudo igno­ ran las condiciones estructurales, profundamente enraizadas y extradiscursivas , que determinan la efectividad del poder del Estado . Aunque los demás enfoques tendrían pocas difi­ cultades para suscribir este tema. Finalmente, esto sugiere que una teoría del Estado ade­ cuada sólo puede producirse como parte de una teoría mas amplia de la sociedad. Aunque los neoestatistas rechazan por principio el enfoque centrado en la sociedad con base en argumentos relacionados con la sociedad en un sentido más amplio, ambos enfoques revelan la lógica y los intere­ ses propios del Estado y estudian las condiciones p ara su autonomía y efectividad. Los estudios foucaultianos , femi­ nistas y de análisis del discurso se orientan aún más clara­ mente hacia obj etivos más amplios : Foucault parte de una microfísica del poder socialmente dispersa, el feminismo se interesa en las relaciones de género y la teoría del Estado sin Estado parte de la constitución discursiva del Estado. Los trabajos marxistas recientes también continúan, por supues­ to, asociando el Estado con el capitalismo y la anatomía de la sociedad civil. Sin embargo , es precisamente aquí donde se encuentran muchos de los problemas no resueltos de la teoría del Estado, pues éste es el lugar de una paradoj a : por un lado , es un conjunto institucional entre otros dentro de una formación social y, por otro, tiene a su cargo la respon­ sabilidad global de mantener la cohesión de la formación

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lit '"

1.

social de la cual forma parte . Su posición paradójica como parte y conjunto de la sociedad significa que las diversas fuerzas sociales lo llaman continuamente a resolver los pro­ blemas de la sociedad y que igualmente es obligado conti­ nuamente a mostrar "la falla del Estado", pues muchos pro­ blemas de la sociedad están por fuera de su control e inclu­ so pueden ser agravados por su intervención. Muchas de las diferencias entre las teorías del Estado aquí estudiadas tienen su raíz en los enfoques opuestos sobre los diversos momentos estructurales y estratégicos de estas paradojas. Intentar entender la lógica global (o, quizá, la ilógica) de esta paradoj a puede ser la mejor vía para resolver algunas de estas diferencias así como para proporcionar un análisis más comprensivo del carácter estratégico-relacional del Es­ tado en una formación social policéntrica.

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1 34

REGULACIÓN, GOVERNANCE Y POSTFORDISMO ¿Perspectivas alternativas sobre el cambio político y económico?

El presente artículo compara y evalúa dos enfoques genera­ les recientes que son cada vez más populares en economía política comparativa e histórica: el enfoque de la regulación y las teorías de la governance 1 • Esta revisión se j ustifica al menos por cuatro razones . La primera y más inmediata es la estrecha conexión entre la supuesta transición del fordismo a un régimen de acumulación postfordista y el desarrollo de nuevas formas económicas y políticas de govemance2 • La segunda, aun sin esta conexión directa y explícitamente derivada, es que el enfoque de la regulación y las teorías de la govemance parecen tener en común sufi­ cientes (meta)suposiciones teóricas que ameritan una com-

1

2

El presente artículo surge de un proyecto de investigación sobre la govemance local financiado por el Economic and Social Research Council, ESRC, beca número L3 l l-2 53032. Estoy especialmente agradecido con Colin Hay, Gordon MacLeod, Joe Painter, Jamie Peck, Rod Rhodes, Gerry Stoker, Ngai-Ling Sum, Gunther Teubner, Adam Tickell, John Urry y Helmut Willke por discusiones anteriores y comentarios pertinentes que contribuyeron a moldear la presente argumentación. Me adhiero a los descargos habituales. Esta conexión es especialmente clara en el actual programa de investigación multidisciplinaria y multiproyecto sobre la govemance local financiado por el ESRC de Gran Bretaña. Una explicación útil de algunas ideas implícitas en este proyecto, que sugiere algunos vínculos interesantes entre el postfordismo y la nueva govemance local, puede encontrarse en Stoker [ 1 989 ].

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paración sistemática. La tercera, que además de varios pa­ ralelos implícitos y convergencias (a veces conscientes) en­ tre sus aparatos teóricos , ambas perspectivas comparten intereses prácticos o sustanciales en una amplia gama de tópicos3• Y la cuarta es que, como sabe cualquiera que haya tratado de entender las complejidades del enfoque de la re­ gulación o de las teorías de la govemance, ambos paradigmas tienen serias dificultades . De modo que es válido preguntar si esas dificultades se atenúan, subsisten sin cambios o se magnifican cuando se intenta combinar los dos paradigmas en una explicación más general de los .cambios económicos y políticos actuales . Estas cuatro motivaciones se reflej an en la argumentación del presente artículo . Primero se revisan brevemente los an­ tecedentes conceptuales del actual interés en la regulación y la govemance. Luego se consideran los (meta)supuestos teóri­ cos básicos y los conceptos nucleares de los dos p aradigmas. Esto permite identificar los principales paralelos y conver­ gencias e identificar las áreas donde hay diferencias impor­ tantes de enfoque teórico o sustantivo . Sugiero que algunas de esas diferencias están ligadas a la naturaleza relativa­ mente "pre-teórica" y ecléctica del trabajo sobre la govemance; o , por lo menos , al alcance más ancho de los estudios sobre la govemance y, por tanto, a la mayor heterogeneidad de sus diversos obj etos teóricos en comparación con los que se examinan en el enfoque de la regulación. Esto permite , a su vez, exponer algunos de los problemas de los primeros in­ tentos de combinar los conceptos y los argumentos referen­ tes a la govemance y la regulación en la investigación sobre la govemance local. Por razones de espacio y dada la temá­ tica específica de las contribuciones en este campo, me abs­ tengo de tratar la govemance y la regulación en regímenes nacionales e internacionales (para lo que remito a JESSOP [ 1 995 ]). No obstante, este artículo concluye en una vena optimista con algunas sugerencias para avanzar en los te­ rrenos empírico y teórico en una forma que sea pertinente

3

Para mencionar solamente unos pocos temas ilustrativos: las repercusiones y la naturaleza contradictoria de la globalización y la regionalización de la eco­ nomía mundial; la transformación de las economías locales y del Estado local; la naturaleza cambiante de la forma corporativa y el desarrollo de regímenes internacionales en un orden mundial post-hegemónico.

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para una amplia gama de cuestiones referentes a la regula­ ción y la govemance. ANTECEDENTES TEÓRICOS DE LA REGULACIÓ N Y DE LA

GOVERNANCE

Es esencial diferenciar entre palabras y conceptos . Esto es particularmente válido en el caso de la regulación y la governance. En términos etimológicos, las palabras "regu­ lación" y "govemance" tienen una larga vida que se remonta al latín medieval y aún más atrás4 • Sin embargo, mientras que "regulación" ha ganado amplia aceptación en diversos contextos , "govemance" cayó en desuso y fue desplazada por "gobierno" . Esto se reflej a ahora en una paradoj a. Mien­ tras que el renacimiento de "govemance" muestra sugesti­ vamente un importante cambio de paradigma en el análisis político (y económico), el mantenimiento de la palabra "re­ gulación" ha oscurecido parcialmente un importante cam­ bio paradigmático en el análisis económico (y político). Por tanto , aunque las palabras "regulación" y "govemance" tie­ nen historias antiguas y pasados no uniformes , ambas han llegado a ser conceptos importantes para narrar y analizar el mundo contemporáneo . El nuevo concepto de regulación entró al mundo de habla inglesa a finales de los setenta y comienzos de los ochenta a través de la obra de la escuela parisina de la regulación [AGLIEITA, 1 979; BüYER, 1 990 ; BüYER y SAILLARD, 1 994;; LIPIETZ, 1 98 8 ; y JESSOP, 1 990a] . La polisemia del término inglés in­ dujo a que mucha gente confundiera, al menos inicialmen­ te , el nuevo concepto con la idea más familiar de regulación jurídico-política, que corresponde mej or a la palabra fran­ cesa "réglementation" . En efecto, "regulación" podía haber sido tradu cida mejor -y menos mecánicamente - como "re­ gularización" o "normatización"5• Por tanto , aunque ya exis-

4

5

Sus raíces son la regulatio latina clásica y la gubemantia latina medieval, respectivamente, y sus etimologías se refieren a mandar-haciendo y dirigien­ do, y piloteando o guiando, respectivamente. Las normas pertinentes en este contexto son las normas de producción y las normas de consumo, para las cuales el objetivo de la regulación es asegurar su compatibilidad dentro de un régimen determinado de acumulación (ver, especialmente : AGLIEITA, 1 9 79). La adecuación de la regularización o la normatización también es señalada por los vínculos cercanos que algunos

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te una abundante literatura económica, legal y política so­ bre la coordinación y el control obligatorio de las activida­ des económicas , la teoría de la regulación definitivamente no debería ser vista como una adición a este campo espe­ cializado sino a la problemática más general de la economía evolutiva o institucionalista6 • Del mismo modo , aunque los primeros usos registrados de "govemance" se remontan al siglo XIV y se refieren principalmente a la acción o manera de gobernar, guiar o determinar la conducta, sólo hasta hace dos décadas ha habido un renacimiento en el interés teóri­ co y práctico sostenido y explícito en la govemance en con­ traste con el gobierno . En suma, en lo que atañe al mundo de habla inglesa, el renovado y reciente interés en la regula­ ción y la govemance se remonta a mediados de los. setenta. Este desarrollo tiene motivaciones teóricas y prácticas . Por un lado , proviene aparentemente del descontento cre­ ciente con los diversos enfoques dominantes en las ciencias sociales convencionalmente considerados como corriente principal de cada disciplina. Esto es válido tanto para el enfoque de la regulación como para la investigación sobre la govemance. Y, por otro lado, estos nuevos intereses coin­ ciden aparentemente, también en ambos casos , con nuevos problemas ( o , al menos , nuevas maneras de constituir discursivamente los problemas) en una gama creciente de fenómenos a muchas escalas sociales diferentes7• Con frecuencia se olvida que el trabajo francés sobré la regulación8 surgió en parte como oposición a la obsesión de los economistas neoclásicos por la tendencia orientada por el mercado hacia el equilibrio general, un proceso que supues-

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8

tratadistas encuentran entre el enfoque de la regulación y el reciente trabajo institucionalista francés sobre la "economía de las convenciones", con su marcado énfasis en la comprensión hermenéutica de la racionalidad limitada de la acción económica basada en reglas institucionales socialmente incorpo­ radas y la diversidad macroeconómica [FAVEREAU, 1 994; ÜRLÉAN, 1 994; y SALAIS y STORPER, 1 993]. El enfoque de la regulación está afiliado a la "vieja" economía institucional y evolutiva [ MJÍSET, 1 985] así como al marxismo clásico [BOYER, 1 990; LIPIETZ, 1 985] y al énfasis polanyiano más general en el carácter socialmente incorpo­ rado y socialmente regulado de las actividades económicas [PoLANYI, 1 944]. Sobre la constitución discursiva de problemas, ver: JENSON, 1 990; HAY, 1 995; y JESSOP, 1 982 y 1 990b. Esto es válido para la escuela parisina hoy dominante y para la menos famosa escuela de Grenoble . Sobre estas escuelas, ver: JESSOP, 1 990a.

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tamente fluye del intercambio económico desincorporado entre actores económicos racionales preconstituidos . Su popularidad posterior ciertamente tiene mucho que ver con el rechazo de la distinción, dada por supuesto , entre lo eco­ nómico y lo extraeconómico y con el creciente interés en lo que en otra parte he llamado "economía integral", es decir, la naturaleza socialmente incorporada y socialmente regu­ larizada de las actividades , organizaciones e instituciones económicas [JEssoP, 1 990b , 6 ; y 1 992a, 233-234] . Además , entre los marxistas que se adhirieron al enfoque de la regu­ lación, este interés fue reforzado por una reacción p aralela contra la explicación althusseriano-estructuralista de la auto-reproducción impersonal y cuasi-automática de un modo de producción determinado. Contra esta reducción estructuralista particular del papel de los agentes al de meros impulsores (o apoyos) de la reproducción capitalista, los primeros teóricos de la regulación dieron por sentado el papel clave de la lucha de clases en la modelación de la dinámica de la acumulación de capital. Sin embargo , en vez de cele­ brar en forma simplista los instintos militantes de clase o de explicar los orígenes genéricos de la lucha de clases o de las tendencias a la crisis , los regulacionistas se preocupa­ ron por los medios en que las formas estructurales o institu­ cionales particulares delimitan las formas y la intensidad de la lucha de clases durante períodos de tiempo más o menos largos . Los regulacionistas insistieron, entonces , en la naturaleza socialmente incorporada y socialmente regu­ larizada de la lucha de clases. Pero no sostuvieron, como sugieren algunos de sus críticos marxistas más vehemen­ tes9, que esa regularización eliminaría los fundamentos de la lucha de clases de la naturaleza antagónica del capital como relación social. Por el contrario, se interesaban en las formas cambiantes de esa lucha y en su impacto sobre la acumulación de capital. Aunque los estudios de la govemance tienen raíces teóri­ cas mucho más diversas , también surgieron a menudo en reacción a las insuficiencias percibidas de los paradigmas teóricos anteriores . En términos muy generales , puede de­ cirse que los diversos enfoques de la govemance comparten

9

Entre esos críticos se puede mencionar a Bonefeld, Clarke y Holloway. Para una respuesta a tales críticos, ver: JESSOP, 1 988.

1 39

11¡ '"

iill

el rechazo de la trinidad conceptual mercado-firma-sociedad . civil que ha tendido a dominar la corriente principal de análi­ sis de las sociedades modernas . En economía institucionalista y en el análisis de los costos de transacción, por ej emplo , ha habido un interés creciente en formas de coordinación eco­ nómica que no constituyen mercados puros ni j erarquías corporativas unitarias (sobre la distinción mercado-j erar­ quía en este contexto , ver: C oASE , 1 93 7 ; y WILLIAMSON, 1 9 75 y 1 985]. Esto se reflej a en estudios sobre una creciente gama de mecanismos económicos de govemance (como la contra­ tación correlativa, los "mercados organizados" en grupos de empresas , clanes , redes , asociaciones comerciales y alian­ zas estratégicas) que coordinan las actividades económicas en otras formas [ CAMPBELL et al. , 1 99 1 ; GRABHER, 1 993 ; Ho­ LLINGSWORTH et al. , 1 994b ; SALAIS y STORPER, 1 993 ; STORPER, 1 993 ; y TuuBNER, 1 993 ] . Así mismo , en el campo de las rela­ ciones internacionales , ha habido una reacción creciente contra la distinción realista convencional entre la j erarquía política doméstica organizada baj o el predominio de un Es­ tado soberano y la anarquía internacional formada a través de las relaciones interestatales [ BULL, 1 97 7 ] 1 º. Esto s e ha reflej ado en el creciente interés por una gama cada vez ma­ yor de regímenes internacionales , formas de coordinación internacional que aparentemente atenúan la anarquía in­ ternacional pero que supuestamente pasan por alto al Es­ tado-nación 1 1 . Es interesante que esos regímenes a veces sean descritos como regímenes que implican "govemance sin gobierno" [RosENAU y CzEMPIEL, 1 992]. Ha habido un cam­ bio análogo entre los científicos políticos, pues expresan una insatisfacción creciente con la distinción rígida entre lo pú­ blico y lo privado en los análisis centrados en el Estado de la política y su explicación - de arriba hacia abaj o - del ej ercicio de poder estatal. Esto se ha reflej ado en el crecien­ te interés por el papel de diversas formas de coordinación política que no sólo atraviesan la división convencional en-

1 0 Esto es especialmente marcado en el trabajo de Waltz, cuyo análogo para el

sistema internacional es un mercado [sic] donde los equilibrios de poder equi­ libran automáticamente las relaciones entre unidades funcionalmente equi­ valentes [WAL1Z, 1 979]. 1 1 Ver especialmente las contribuciones sobre transnacionales o regímenes in­ ternacionales en el diario Organización Internacional.

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tre lo público y lo privado sino que también involucran "j e­ rarquías enmarañadas", redes paralelas de poder u otras formas de interdependencia complej a entre niveles del go­ bierno o esferas funcionales diferentes . Esta reorientación a menudo se expresa en términos de un cambio de un interés estrecho por el gobierno a un interés amplio por una amplia gama de mecanismos políticos govemance sin presuponer que éstos se anclan principalmente en el Estado soberano . Además , al subrayar el papel creciente de las asociaciones , la auto-regulación regulada, el gobierno de interés privado , etc . , tales intereses desafían l a idea d e que l a sociedad civil es el lugar residual de la comunidad y / o el campo del indi­ vidualismo burgués por excelencia. Un cuarto ejemplo , más heterodoxo que los otros ejemplos citados anteriormente , puede encontrarse en la obra de los teóricos foucaultianos . Inspirado en el rechazo de Foucault al análisis de arriba hacia abajo del poder del Estado y/ o en la presunción, dada por supuesto , del burgués individual , hay un creciente in­ terés en cómo la intersección de tecnologías de poder espe­ cíficas y las llamadas "tecnologías del sí mismo" sirven para producir, c odificar o coordinar formas espe cíficas de normatización disciplinaria a través de mecanismos de go­ bierno o de govemance [ BURCHELL et al. , 1 992; DEAN, 1 994 ; y, especialmente, HuNT y WICKHAM, 1 994 ]12 • El paralelo entre regulación y govemance aparece espe­ cialmente claro en la siguiente observación de Scharpf. Aun­ que escribe sobre los mecanismos de govemance, el acertij o que identifica es parecido al que plantearon los teóricos de la regulación de la primera generación. Así, mientras que estos últimos se preocuparon por la improbabilidad de la acumu­ lación continua en el capitalismo a pesar de sus diversas contradicciones , conflictos y dilemas, Scharpf escribe: Considerando el estado actual de la teoría, parece que no es tanto el creciente desorden en todas partes lo que debe ser explicado como el grado realmente existente, a pesar de todo, de acuerdos y

1 2 Soy consciente de que la mayoría de foucaultianos sigue a Foucault cuando

escribe sobre gubernamentalidad y gubernamentalización. Pero el concepto inglés de govemance en economía industrial y ciencia política a menudo se traduce al francés como "gouvemement"; además, hay importantes paralelos en la forma como foucaultianos y no foucaultianos desarrollan estos térmi­ nos.

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expectativas, intra e inter-organizacionales, intra e inter-sectoria­ les, e intra e internacionales, con respecto a la seguridad mutua. Es claro que más allá de los límites del mercado puro, del Estado jerárquico y de los discursos libertad-dominación, hay más -y más efectivos- mecanismos de coordinación que la ciencia hasta ahora ha considerado empíricamente y conceptualizado teóricamente [SCHARPF, 1993, 57]. y si los teóricos de la regulación introdujeron el modo

social de regulación económica para resolver su aparente improbabilidad, Scharpf introduce las formas de govemance en red para explicar su propio resultado aparentemente improbable. Al destacar la explosión del interés en el enfoque de la re­ gulación y las teorías de la govemance desde los años seten­ ta, sería bastante erróneo inferir que esos paradigmas no tie­ nen ninguna prehistoria y ningún competidor actual. Des­ pués de todo, si la regulación y la govemance no se reducen a meras palabras , debe reconocerse que los conceptos a los que corresponden también pueden haberse presentado en otros términos . En este contexto, la prehistoria del enfoque de la regulación puede remontarse , con seguridad, hasta los primeros trabajos sobre economía institucional y economía evolutiva. Así mismo , aunque este enfoque es hoy popular en una gama amplia de disciplinas de las ciencias sociales, hay otras escuelas que se interesan en la complej a incorpo­ ración social de las actividades económicas . Las teorías de la governance tienen obvios precursores en la economía institucional, en los trabaj os sobre el arte de gobernar y la diplomacia, en la investigación sobre redes corporativistas y comunidades políticas , y en el interés en la "police" o bienes­ tar 1 3. Y, aunque la idea de "govemance" haya ganado amplia aceptación en la corriente principal de las ciencias sociales, no ha desplazado de ninguna manera otras investigaciones sobre coordinación económica, política o social.

13 Políce, polícey o polizeí se refieren a la govemance de la conducta en formas

que permitan que quienes tienen a su cargo los "asuntos de Estado" produz­ can un "estado de los negocios" ordenado en un territorio estatal determina­ do. Ésta es una cuestión muy debatida en las primeras doctrinas del arte de gobernar y, más recientemente, tratada en el trabajo de Foucault sobre la gubernamentalidad.

1 42

Dadas esas prehistorias teóricas y alternativas teóricas actuales, es válido preguntarse qué otros factores pueden estar detrás del interés reciente en la regulación y la govemance. Aquí seguramente se debería considerar la fuerte dimensión práctica de estos cambios de paradigma, puesto que es bien conocido que el surgimiento de la teoría de regulación está estrechamente relacionado con la crisis del fordismo atlánti­ co y la búsqueda de un nuevo modo social de regulación eco­ nómica. En este contexto, el enfoque de la regulación ofrece una poderosa narrativa 1 4 por, y a través de, la cual entender la crisis económica continua y estructurar posibles solucio­ nes a esa crisis (ver, particularmente, los artículos de PECK y TicKELL [ 1 995 ] y de HAY [ 1 99 5 ] ) . No ha dej ado de advertirse que la actual fascinación por la naturaleza y la dinámica de la govemance se liga estrechamente al fracaso de muchos mecanismos de coordinación que se daban por supuestos en el mundo de la postguerra. Aquí se podrían mencionar la amenaza competitiva al capitalismo anglo-americano plan­ teada por otros modelos de capitalismo (el europeo continen­ tal o el asiático oriental) ; la crisis de la hegemonía estadouni­ dense en un orden de Postguerra Fría y la persistente bús­ queda de soluciones post-hegemónicas y "post-Estado na­ cional" a los problemas globales ; la crisis del Estado Nacio­ nal de Bienestar Keynesiano de la postguerra y sus modos típicos de coordinación económica y política, incluyendo el macro-corporativismo tripartito y la erupción de la política de identidad y los nuevos movimientos sociales que amena­ zan las formas establecidas de dominación social y política. Es en estas circunstancias que aparece el interés en la govemance corporativa y la competitividad nacional; también el interés en el manejo de los nuevos (o nuevamente defini­ dos) peligros económicos , militares , demográficos y ambien­ tales y otras amenazas a la seguridad global; en la "buena" govemance de las políticas del Tercer Mundo, cuyos autori­ tarismo y corrupción ya no pueden defenderse simplemente como algo preferible al dominio comunista totalitario 1 5 ; en la

1 4 Para una explicación reciente y significativa de la narratividad de orden so­

cial, ver:

SOMERS,

1 994.

15 Esto es especialmente claro en el interés por la govemance en África, el cual

ha sido promovido por el Banco Mundial, entre otras agencias internaciona­ les ; ver: GHAI, 1 993; HYDEN, 1 992; y LEFIWICH, 1 994.

1 43

compensación del fracaso de la toma de decisiones jerárqui­ ca y la planeación "de arriba hacia abajo" en un ambiente turbulento marcado por una complej a interdependencia; y en resolver la crisis disciplinaria de una supuesta depen­ dencia que induce al "Estado de Bienestar" instituyendo nuevas formas de "auto-disciplina regulada" en una "socie­ dad empresarial" . Más generalmente, el descubrimiento aca­ démico de las redes y la govemance coincide con los cam­ bios económicos que han hecho que los grandes negocios y el gobierno grande parezcan ineficaces como medios de or­ ganización económica y política. En suma, sean suscitados por una percepción creciente de los problemas de la corriente principal de las disciplinas de las ciencias sociales o por los problemas para mantener los regímenes disciplinarios (y otros) de postguerra, hay notorios paralelos entre las críti­ cas respectivas y las soluciones ofrecidas por el enfoque de la regulación y las teorías de la govemance. Ambos cambios proporcionan un buen ej emplo de los vínculos estrechos y mutuamente constitutivos entre el discurso académico , la práctica política y las realidades cambiantes 1 6• ANTECEDENTES META-TEÓRICOS DEL TRABAJO SOBRE LA REGULACIÓN

Y LA GOVERNANCE

Los comentarios precedentes sugieren cierto paralelismo en­ tre el interés en la regulación y el interés en la govemance. El nexo entre dichos intereses no se limita, sin embargo, a de­ sarrollos paralelos dentro de paradigmas separados , pues diversos teóricos de la regulación han mostrado interés en la teoría de la govemance, sea de pasada o con un compromiso más sostenido e intenso . Del mismo modo, algunos teóricos de la govemance económica o política y / o de los regímenes internacionales emergentes han mostrado interés en la teo­ ría de regulación y su análisis del (y la crisis del) fordismo. Comentaré brevemente cada una de estas tres conexiones.

1 6 Atkinson y Coleman señalan que "las redes y las comunidades son las res­ puestas conceptuales naturales a los límites de los mercados y a los ordenamientos jerárquicos, a la enorme expansión de los tipos de actores sociales involucrados en el diseño de políticas y a la dispersión de recursos políticos especializados" [ 1 992, 1 62]. Este comentario vincula claramente los problemas teóricos a los prácticos e ilustra nítidamente la argumentación más general que se desarrolla en este texto.

1 44

Un destacado regulacionista ha sugerido que la gover­ nance es el equivalente paradigmático estadounidense del enfoque francés de la regulación [ LIPIETZ, 1 993 , 8 ] . Esto va demasiado lej os . Pero hay buenas razones para aceptar el paralelo que él (y un coautor) ha señalado entre la noción regulacionista de "modo local de regulación" y la noción convencionalista 1 7 de " mode de gouvernement" (modo de govemance) tal como se desarrolla en el trabajo reciente sobre mundos regionales de producción en contraste [ BENKO y LrPIETZ, 1 994] . En efecto , estos autores sugirieron antes que la govemance designa "todas las formas de regulación que no son del mercado ni del Estado : es la sociedad civil menos el mercado [ . . . ] más la sociedad política local" 1 8 • Si estos teóricos sólo han señalado los paralelos , Boyer, el decano del enfoque parisino, ha p articipado recientemente en la investigación sobre la govemance sectorial [ BoYER, 1 99 1 y 1 994a; y SWYNGEDOUW y MOULAERT, 1 992 ] 1 9 • De particular interés es su reconocimiento de que ; mientras que las teo­ rías de la govemance económica son especialmente útiles en el análisis de la govemance sectorial , es en el análisis de los estilos nacionales de regulación que se encuentra la con­ tribución distintiva del enfoque de la regulación [ BOYER, 1 99 1 , 29-4 1 ] . Viceversa, algunos teóricos estadounidenses del neo-cor­ porativismo y/ o teóricos de la govemance industrial han mostrado recientemente un verdadero interés en el enfoque de la regulación [ CAMPBELL et al. , 1 99 1 ] . De interés particu­ lar han sido las cuestiones de los modos locales de regula­ ción económica y I o de la dinámica implícita en la transfor-

1 7 Sobre el convencionalismo , ver la nota 5 anterior y las referencias allí citadas. 18 Esta definición es la que se cita en GILLY y PECQUEUR [ 1 9 94, 305 ].

19 Además de señalar las diversas semejanzas entre el enfoque de la regulación y

las teorías de la govemance en su enfoque interdisciplinario y sus visiones con­ vergentes sobre las transformaciones de las economías capitalistas avanzadas, Boyer agrega que "la govemance económica y el modo de regulación son con­ ceptos gemelos" [ 1 99 1 , 3-4]. En este contexto, define un modo de regulación como "todo proceso dinámico de adaptación de la producción y la demanda social que resulta de una conjunción de ajustes económicos, ligada a una con­ figuración determinada de relaciones, formas de organización y estructuras sociales" [ 1 99 1 , 4], y repite la idea de govemance propuesta por Hollingsworth et al. , a saber, "la totalidad de arreglos institucionales, reglas y agentes que elaboran las reglas que coordinan y regulan las transacciones dentro y entre las fronteras de los sectores económicos" [ CAMPBELL et al. , 1 99 1 , 4].

1 45

mación de los mecanismos de govemance y sus raíces en la crisis del fordismo , los cambios en la dinámica económica local-regional-nacional-global y la transición al postfordismo. De hecho, Hollingsworth y sus colegas han sugerido que un "modo de regulación" puede definirse en términos de la mezcla específica de formas diferentes de governance [ HoLLINGSWORTH et al. , 1 994a, 9 ]2° . En un comentario sobre la regulación, también agregan que "el proceso de ajustar la producción y la demanda social involucra necesariamente una gama diversa y amplia de instituciones de govemance, no sólo aquéllas que fij an los salarios y las normas de pro­ ducción" [ HOLLINGSWORTH et al. , 1 994a]. Por otra parte, en el campo de la governance política, di­ versos comentaristas han encontrado importantes conexio­ nes entre la reestructuración del Estado local (especialmente el supuesto cambio del gobierno a la govemance) y la crisis del modo social fordista de regulación económica [ CocHRANE, 1 99 1 y 1 99 2 ; ESSER y HIRSCH, 1 98 9 ; HARVEY, 1 98 9 ; PAINTER, 1 99 1 ; y STOKER, 1 989 ] . Este aspecto se discute con más de­ talle en la sección 6. Argumentos análogos se han plantea­ do en relación con la reestructuración del Estado nacional y supranacional y la transformación de los regímenes inter­ nacionales (para una discusión de la literatura y las ten­ dencias a este respecto , ver: JEssoP, 1 993 y 1 995). Sin embargo , sean paralelos o convergentes , no se debe­ ría considerar que los cambios paradigmáticos concurren­ tes , la superposición teórica o los préstamos recíprocos son una demostración auto-evidente de una relación simple entre la regulación y la govemance. El hecho de que haya esa relación es uno de los puntos básicos que se analizan en el presente artículo . En consecuencia, señalaré ahora dos se­ mej anzas meta-teóricas que pueden ayudar a explicar el paralelismo y la convergencia. Estas semejanzas se refieren a los momentos estructurales y estratégicos de la regula­ ción y la govemance. Con respecto al análisis estructural, el desarrollo de la teoría de sistemas ha sido particularmente

20 Un argumento similar, con respecto a los "sistemas de negocios" en el Este

Asiático, es desarrollado por Richard Whitley, quien identifica tres sistemas de negocios con base en la configuración diferencial del mercado, la jerarquía y las relaciones sociales preindustriales : el kaisha j aponés, el chaebol surcoreano y el sistema de empresa familiar chino [WHITLEY, 1 992].

1 46

influyente; y, sobre las cuestiones de identidad, agencia y estrategia, se puede advertir la influencia de los desarrollos en las explicaciones del discurso (y de la narratividad) y en la comprensión de la dialéctica estructura- agencia ( o estructuración) . También hay algunos vínculos interesan­ tes entre esas influencias , pues la nueva teoría de sistemas se inclina hacia explicaciones constructivistas de la auto­ organización de los sistemas sociales, y obviamente hay fuer­ tes elementos constructivistas en las explicaciones analíti­ cas del discurso acerca de la forma como las organizacio­ nes y otras fuerzas sociales , además de los individuos, lle­ gan a desarrollar identidades , intereses y estrategias espe­ cíficas . Trataré cada momento en su debida oportunidad. Una primera semejanza estaría dada en el creciente inte­ rés en la auto-organización y la auto-reproducción de siste­ mas complejos en ambientes turbulentos . É stas son cuestio­ nes para las cuales la teoría neoclásica del equilibrio en eco­ nomía, las nociones de mercado y j erarquía en economía institucional, la dicotomía Estado-anarquía en relaciones in­ ternacionales , la distinción "público-privado" en ciencia polí­ tica, el estructural-funcionalismo en política comparativa y las explicaciones de arriba hacia abaj o (o katascopic) del po­ der están, todas, de diversas maneras , mal adaptadas21 • El interés teórico por los sistemas con auto-regulación comple­ j a fue evidente en los trabajos de la primera generación de regulacionistas y ha reaparecido recientemente . El ambiente intelectual que da forma al regulacionismo francés incluye el interés en la auto-organización (ver los trabajos de Lemontowicz, Morin y Prigogine) . Lipietz encontró paralelos entre la regula­ ción y nociones biológicas tales como autopoiesis y homeóstasis [LIPIETZ, 1 985 ]. Mientras que la autopoiesis se refiere a la auto­ producción de sus propios elementos y su propia organiza­ ción mediante el funcionamiento interno de los sistemas, la homeóstasis implica la contribución colectiva de formas es­ tructurales interdependientes a la estabilización (económi­ ca). Otros regulacionistas citaban la explicación dada por Marx del papel de las crisis como un mecanismo de direc­ ción que reimpone forzosamente la unidad del circuito de capital. Más recientemente , Delorme ha ligado la regulación

2 1 Sobre las limitaciones del estructural-funcionalismo y el mayor interés en la govemance en política comparativa, ver: HYDEN, 1 992, 20.

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a conceptos pertinentes para la auto-organización de siste­ mas complej os y ha señalado los problemas introducidos por esa complejidad en el análisis de la auto-organización [ 1 99 5 ] . También ha habido una fuerte influencia de la teoría de sistemas en los estudios de la govemance realizados en la Europa continental. Esto ha llevado no solamente al recha­ zo de toda explicación estructural-funcional de la relación entre sistemas sociales , donde la operación de un (sub)sis­ tema se explica en términos de sus funciones para otro (sub)sistema o para el sistema en su conjunto ; sino tam­ bién al rechazo de un modelo insumo-producto , en que el funcionamiento de cualquier sistema determinado puede explicarse por cambios externos (incluyendo los intentos de controlar desde afuera, por ej emplo, a un Estado soberano). En cambio , hay un fuerte interés en dos aspectos : la auto­ organización de sistemas involucrados , en primera instan­ cia, en su propia auto-reproducción más que en su impacto sobre otros sistemas ; y los problemas relacionados con la "conducción" externa (gobierno , guía, administración) y/ o la coordinación estratégica de sistemas complej os que son resistentes a la intervención directa o la administración de arriba hacia abaj o pero que , sin embargo , coexisten y coevolucionan en formas complej as con otros sistemas con los cuales son recíprocamente interdependientes . Esos in­ tereses meta-teóricos fueron inicialmente menos marcados en el trabaj o anglo-americano sobre la govemance, el cual al comienzo se interesó principalmente en los problemas más sustanciales del diseño de políticas efectivas o en las cuestiones del (neo)corporativismo. Sin embargo , a medida que los estudiosos anglo-americanos de la govemance han p asado de la crítica y la solución de problemas a una teorización sui generis, el interés teórico por los sistemas también ha sido incluido en sus agendas de investigación. Y una segunda semej anza, con respecto al momento sub­ j etivo de la regulación y el de la govemance, es que hay en ambos un creciente interés en la constitución de la identi­ dad, los intereses y la acción. Los primeros trabajos regu­ lacionistas sobre el fordismo se interesaron en la manera en que los trabaj adores y los consumidores habían sido trans­ formados a través de las luchas en torno de nuevas normas de producción y consumo y del desarrollo consiguiente de un modo nuevo de societalización. Esos intereses han re-

1 48

aparecido fuertemente en los estudios del fordismo en crisis y del postfordismo , especialmente en la sugerente y original obra de Jenson [ 1 989, 1 990 y 1 993 ] . La obra de Foucault constituye una importante intersección entre el trabajo so­ bre la regulación y el de la govemance por su interés en las tecnologías del sí mismo en el "Estado de Bienestar" [ROSE , 1 99 2 ] . Otros trabaj os sobre la govemance han examinado la auto-organización de las organizaciones, la constitución de identidades organizacionales , las modalidades de coor­ dinación de relaciones inter-organizacionales (que, por de­ finición, excluyen la organización o la j erarquía) y las cues­ tiones de la inteligencia y el aprendizaj e organizacional (en­ tre las revisiones útiles del trabajo en esta área se incluyen las contribuciones de KoOIMAN [ 1 993 ] , KicKERT [ 1 993 ] , MARIN [ 1 990], MARrN y MAYNTZ [ 1 99 1 ], MATZNER [ 1 994], MAYNTZ [ 1 993 ], S CHARPF [ 1 994] y 'I'EUBNER [ 1 992, 1 993]). Estas influencias se alimentan de un argumento paralelo en los trabajos regulacionista y gubernamentalista, puesto que así como el trabajo teórico sobre la regulación implica que los obj etos de la regulación no preexisten plenamente al proceso de regulación22, los teóricos de la govemance es­ tán empezando a reconocer que "los objetos de la govemance sólo se conocen mediante los intentos de gobernarlos" [Hunt y Wickham, 1 994, 78 ]23 . En otras palabras , los procesos de regulación o govemance constituyen los obj etos que llegan a ser regulados o gobernados por, y a través de , un tipo de auto-organización autorreferencial. Una de las implicaciones es que, parafraseando a Marx sobre la producción, asícomo no hay regulación en general ni regulación general, no hay govemance en general ni govemance general. En cambio , sólo existe regulación particular y la totalidad de la regula-

22 En un artículo anterior sobre la teoría de la regulación, sugerí que "los objetos

de la regulación no preceden, y no pueden preceder, a la regulación en su plena identidad históricamente constituida [ . . . ] excepto en un sentido muy débil, no puede decirse realmente que los objetos de la regulación preexistan a la regulación. A lo sumo, pueden existir como una serie de elementos, de subconjuntos diferentes que pueden articularse en formas diferentes para producir conjuntos diferentes, cada uno con su propia unidad y estabilidad relativas" [JESSOP, 1 990, 1 86 ] . Ver, también: THÉRET [ 1 992]. 23 Por ejemplo, Campbell et al. [ 1 99 1 , 9], en su trabajo sobre la govemance sec­ torial, señalan que los "sectores se construyen socialmente mediante la auto­ organización y/ o mediante la política pública de modo que pueden adminis­ trarse efectivamente".

1 49

ción, govemance particular y la totalidad de la govemance [ MARx, 1 85 7 , 99; y JESSOP, 1 990a, 1 86 ] . En el mundo real sólo hay obj etos definidos de regulación que son conforma­ dos por, y a través de , modos definidos de regulación; y ob­ j etos definidos de governance que son modelados por, y a través de , modos definidos de govemance. Lo cual destaca, a su vez, la necesidad de estudiar las diversas y múltiples luchas en torno de la constitución de tales obj etos y los fra­ casos o incompletudes necesarias de su regularización o gubernamentalización, así como la importancia de exami­ nar los ciclos de regularización y govemance (los cuales se tratan más adelante) . D IFERENCIAS BÁSICAS ENTRE LOS ANÁLISIS DE LA REGULACI ÓN

Y

DE LA

GOVERNANCE

Sería bastante erróneo , por supuesto , inferir de estas se­ mej anzas y paralelos epistemológicos y metodológicos , que el enfoque de la regulación y la teoría de la governance tienen exactamente el mismo obj eto teórico general . Por tanto , el enfoque de la regulación y la teoría de la gover­ nance no d eben verse como simples sustitutos o equiva­ lentes funcionales en los análisis teóricos, la investiga­ ción empírica o los j uicios prácticos. Esto puede demos­ trarse haciendo referencia a la clas e de obj etos que exa­ minan los teóricos de la regulación y los estudiosos de la governance. C onsideremos primero el enfoque de la regu­ lación. El teórico pionero de la regulación, Michel Aglietta, s eñaló que la economía marxista y la economía neoclásica han tenido un interés semej ante en la relación entre la repro­ ducción simple (o repetición) y la ruptura (cambio o trans­ formación cualitativa) [AGLIEITA, 1 9 79, 1 1 - 1 2 ] . En el caso marxista, esto se reflej ó en el excesivo interés por el p apel de la forma valor para garantizar el circuito de capital; y, en el caso neoclásico, en el interés excesivo por el papel del mecanismo de precios en la consecución del equilibrio . En ambos casos , esto ocurrió mediante la omisión de otros mecanismos que contribuyen a garantizar la estabilización relativa del capitalismo o de las economías de mercado . Lo cual podría ser replanteado para sugerir que los análisis teóricos marxistas del valor y los análisis neoclásicos de los precios se han interesado principalmente en el modo eco1 50

'

nómico de regulación económica y en la ruptura de las formas de regulación dirigidas por el mercado . En contraste, Aglietta buscaba desarrollar "una teoría de la regulación social (como) una alternativa global a la teoría del equili­ brio general" [AGLIETIA, 1 9 79, 1 3 ] . Aglietta rechazó la idea de que la repro ducción de las relaciones económicas involucra " modos de coordinación entre el comportamien­ to predeterminado e inalterable de los suj etos [ económi­ cos ]" ; y propuso estudiar la regulación en términos de "la transformación de las relaciones sociales a medida que se crean nuevas formas , económicas y no económicas , que se organizan en estructuras a la vez que reproducen una es­ tructura determinante , el modo de producción" [AGLIETIA, 1 9 79, 13 , 1 6 ] . Eliminando las ambigüedades del concepto regulacionista de "modo de regulación", se puede decir que , mientras que Aglietta se interesó inicialmente en los modos económico y social de regulación económica, los regulacionistas se han interesado , creciente y unilateralmente, en el modo social de regulación económica. En este contexto , por supuesto, el término "social" funciona principalmente como lo " distinto" del modo económico (mediado por el mercado) de regula­ ción económica. É sta es una categoría sumamente hetero­ génea y, aunque se identifiquen sus distintas dimensiones , funciona principalmente como una heurística para estudiar la naturaleza socialmente incorporada y socialmente regu­ larizada de las actividades económicas . Entre otros factores que los regulacionistas han mencionado frecuentemente a este respecto se pueden mencionar: la regulación legal de la relación salarial, la articulación del capital industrial y fi­ nanciero , las formas · cambiantes de la organización corpo­ rativa, los modos de cálculo económico, el papel del Estado , los modos de societalizaciól). y los regímenes internaciona­ les . En este sentidd, s� podrían multiplicar fácilmente los modos de regulación económica de conformidad con el nú­ mero de modalidades de la llamada regulación extra-económica de la relación capital. Esta aclaración debería alertarnos sobre la necesidad de distinguir entre la modalidad de regulación y el obj eto de esa operación, en vez de confundirlos . . En este contexto, tam­ bién se pueden sacar lecciones valiosas del análisis de las teorías de la govemance. Es particularmente tentador suge­ rir que lo "distinto" de la govemance es el gobierno (qua 151

Estado o j erarquía organizacional)24• Así, las teorías de la govemance se ocupan principalmente de una gama amplia de modos "sociales " de coordinación social más que de los modos de organización social estrictamente políticos ( orga­ nizados en forma soberana, jurídico-política, burocrática o, por lo menos, j erárquica) . En este contexto, la coordinación social se refiere a las formas en que las agencias sociales dispares pero interdependientes se coordinan para lograr obj etivos sociales específicos (económicos , políticos, etc . ) . En estos términos , el campo general de los estudios sobre la govemance podría ser definido como el campo de resolución de problemas (para)políticos (en el sentido de problemas de búsqueda colectiva de obj etivos o realización de propósitos colectivos) en, y a través de, configuraciones específicas de instituciones , organizaciones y prácticas gubernamentales (jerárquicas) y extragubemamentales (no jerárquicas ) . Es cierto que hay intentos de generalizar el fenómeno de la govemance aún más allá, para cubrir la totalidad de inten­ tos de dirigir, administrar o controlar cualquier fenómeno [ HuNT y W1cKHAM , 1 994] . Sin embargo , aunque éstos son más ambiciosos que otros estudios de la govemance y, por tan­ to, revelan algunas características esenciales de la govemance que de otro modo serían pasadas por alto, no son nada re­ presentativos de la generalidad de tales estudios. D IFERENCIAS TEÓRICAS

Y

SUSTANTIVAS EVENTUALES

Aparte de estas diferencias básicas en el enfoque global, que tienen sus raíces en la genealogía específicamente marxista del enfoque de la regulación y en los antecedentes más eclécticos del enfoque, de la govemance, hay otras diferen­ cias teóricas y sustantivas entre esos dos paradigmas tal como se han desarrollado en las dos últimas décadas . En algunos casos hay diferencias totalmente fortuitas , debidas a las diversas formas en que tienden a ser aplicados más que a diferencias inherentes a la naturaleza de ambos paradigmas ; y, en la medida en que sean fortuitas , pueden

24 É sta es ciertamente la visión de Benko y Lipietz citada antes. Hollíngsworth et al. sugieren que la govemance excluye el Estado (el cual, no obstante, juega un papel clave para organizar la govemance y facilitar - o bloquear- los cam­ bios en la govemance) .

152

ayudar a identificar puntos de convergencia futura entre el regulacionismo y las teorías de la govemance. La primera es que, pese a la existencia de diversas escue­ las , la teoría de la regulación ha logrado una coherencia teó­ rica mayor que las teorías de la govemance. Esto puede rela­ cionarse, a su vez, con la mayor coherencia de los objetos teóricos que estudian los regulacionistas y con la naturaleza progresiva del paradigma de investigación regulacionista [ BOYER y SAILLARD , 1 994 ] . Pero mientras que su enfoque se unificó alrededor de una problemática común originada en el interés de explicar por qué el capitalismo puede mante­ nerse estable a largo plazo , a pesar de su tendencia a la crisis genérica y estructuralmente inscrita, desde entonces ha desarrollado una serie de temas claves en una forma bien orientada. Aunque hay cierto margen de desacuerdo sobre cómo se puede interpretar mej or el modo social de regulación económica y cómo se relaciona con el modo eco­ nómico de regulación económica, hay por lo menos un am­ plio consenso sobre la conexión de los objetos básicos de la regulación con la relación capital en su sentido económico integral. Así, aunque los regulacionistas examinen el proce­ so de trabajo, la regulación sectorial, los regímenes regionales de acumulación, los regímenes políticos, la societalización25, los sistemas productivos plurinacionales o los regímenes in­ ternacionales , es evidente que tienen las mismas preocupa­ ciones económicas generales (ver, respectivamente : CoRIAT [ 1 9 90 ] , SWYNGEDOUW y MOULAERT [ 1 99 2 ] , JESSOP [ 1 993 ] , HIRSCH y ROTH [ 1 98 5 ] , DE BERNIS [ 1 98 8 ] , y MISTRAL [ 1 986]). Por contraste , la teoría de la govemance tiende a permane­ cer en la etapa de crítica pre-teórica: es mucho más claro contra qué está la noción de govemance que en favor de qué . En términos teóricos, la govemance comprende la "otra" modalidad (o conjunto de modalidades ) para una gama amplia de paradigmas o conceptos dominantes en las ciencias sociales. En consecuencia, mientras que los regulacionistas trabaj an en una problemática relativamente bien definida, los teóricos de la govemance operan dentro de diversas pro­ blemáticas , a menudo dispersas y fragmentadas ; lo cual se reflej a en la proliferación de tipologías de mecanismos de

25 La societalización puede definirse brevemente como el patrón de integración

institucional y de cohesión social que caracteriza a una formación social.

1 53

Id

l,il

governance construidos para propósitos diferentes y en amplio margen de desacuerdo (a menudo implícito) acerca de qué incluir y qué excluir en el concepto global (ej emplos vívidos de tipologías diferentes pueden encontrarse en CAMPBELL et al. [ 1 99 1 ] , GRABHER [ 1 993 ] , KITSCHELT [ 1 99 1 ] , KoOIMAN [ 1 993 ] , TuüMPSON et al. [ 1 99 1 ] ) . E s pertinente señalar aquí que la cuestión de l a govemance se relaciona con mayor frecuencia y más directamente con la solución de problemas y la gestión de la crisis , en diversas áreas , que con el enfoque de la regulación. Aunque esto pue­ de tener efectos saludables en diversos campos , también tie­ ne el riesgo de caer en un "eclecticismo fluctuante"26 cuando se trabaja dentro y contra viejos paradigmas en una multipli­ cidad de terrenos . El riesgo de eclecticismo se refuerza en algunos casos por el interés de los teóricos de la govemance en cuestiones de diseño institucional, lo que contrasta con los análisis ex post y más estructuralistas a los que se incli­ nan muchos teóricos de la regulación. A su vez, esto ha llevado a que algunos teóricos de la govemance se centren más en la toma de decisiones colectiva o en el logro de objeti­ vos específicos que en problemas determinados (social y discursivamente constituidos.) . En este sentido , los teóricos de la govemance tienden a ser más propensos a los análisis instrumentalistas que los regulacionistas . Estos últimos , especialmente los teóricos de la primera y la segunda ge­ neraciones , estuvieron más interesados en el problema gene­ ral de los microfundamentos de la expansión macroeconómica estable y en las causas de las crisis económicas estructura­ les . Sólo más recientemente han mostrado mucho interés en el diseño institucional y aun aquí tienden a subrayar la plu­ ralidad (hasta ahora no resuelta) de escenarios . La segunda diferencia radica en que , aunque el enfoque de la regulación ha sido aplicado a una amplia gama de fenómenos económicos integrales , sus fortalezas principa­ les y sus contribuciones más características se hallan en el campo de la macroeconomía. Esto no implica que adopte una p erspe ctiva macro económica estrech a : su p oder heurístico y explicativo consiste , sobre todo, en su interés por la regularización de los ordenamientos macroeconómicos

26 Este ingenioso término fue acuñado por Robert Delorme al criticar los enfo­

ques alternativos de la economía política de la complejidad [DELORME, 1 995 ].

1 54

(regímenes de acumulación) , en los diversos tipos de cri­ sis económica y en la naturaleza y el pap el de los modos sociales de regulación económica en la estabilización eco­ nómica, la gestión de la crisis y la transición entre regí­ menes de acumulación. Además , mientras que todos los teóricos de la regulación evitan las explicaciones teleológi­ cas de los modos sociales de regulación económica y mu­ chos rechazan las explicaciones funcionalistas ex post, hay un fuerte énfasis en las complementariedades institu­ cionales emergentes en los niveles más b aj os que mantie ­ nen u n régimen d e acumulación, cuyo carácter a menudo se da por sentado (especialmente en los estudios históri­ cos más que en los prospectivos )27 • En este sentido , los regulacionistas tienden a adoptar un enfoque de arriba hacia abaj o p ara el análisis económico integral . En con­ traste , las teorías de la governance se centran más en los niveles micro o meso y, cuando se ocupan de los enlaces micro-macro , tienden a adoptar una explicación de abaj o hacia arriba ( anascopic) . Así , l a noción de governance en el análisis económico tuvo su origen en la economía in­ dustrial , con el trabaj o sobre modos de coordinación eco­ nómica dentro y entre firmas ; y desde entonces s e ha apli­ cado a los sistemas productivos regionales en espacios económicos p articulares y, en una escala mayor, a la to­ talidad de ordenamientos institucionales , reglas y agen­ tes involucrados en la coordinación y regulación de las transacciones dentro y entre las fronteras de un sector económico [ GILLY y P ECQUEUR, 1 99 4 ]2 8 . Hasta ahora no ha habido un interés verdadero en la coordinación social o política (o govemance) de los diversos modos de govemance económica que permita entender sus interrelaciones a una escala mayor (por ej emplo, nacional o supranacional) . En cambio , al centrarse en conj untos específicos de interrela­ ciones organizacionales , las teorías de la governance im­ plican que el nivel macro está marcado por una serie de sistemas de governance híbridos , ingobernados ( ungover­ ned; y quizá intrínsecamente ingobernables) que evolu-

27 Esta tendencia es criticada lúcidamente en PECK y TICKELL ( 1 995). 28 El enfoque último y más amplio es identificado por Campbell et al. en la intro­

ducción a su antología de estudios sobre la govemance [ 1 99 1 , 5, 8 ] .

1 55

cionan ciegamente29 • Ese mismo tipo de patrones se en­ cuentra en ciencia política, relaciones internacionales , eco­ nomía política internacional y análisis foucaultianos, aun­ que en otras y diferentes escalas sociales y espaciales . To­ dos se ocupan normalmente de regímenes específicos de govemance interesados en obj etos específicos de govemance, y tienden a descuidar la govemance de los regímenes de govemance. La principal excepción atañe al surgimiento de las cuestiones generales de diseño constitucional (por opo­ sición a las institucionales) ; por ej emplo , las reglas del j ue­ go que deben regir la formación de los regnnenes de govemance y/ o dirigir contextualmente las que de otro modo serían accio­ nes autónomas de jugadores claves en situaciones específicas de govemance. La tercera diferencia es que, a pesar de su énfasis en la incorporación social, la teoría de la regulación, casi por de­ finición, tiene una orientación (macro }económica, y tiende a centrarse en las complementariedades institucionales que aseguran la regularización de los regímenes de acumula­ ción. En este contexto , se puede mencionar la bien conoci­ da lista regulacionista de los cinco complej os institucionales o conjuntos estructurales que en reunidos constituyen un modo (social) de regulación (económica) : la relación s ala­ rial, la forma dinero , la competencia, el Estado y los regíme­ nes internacionales [ BoYER, 1 990 ] . Además , al examinar el espacio , el enfoque de la regulación lo considera principal­ mente como un espacio económico de acumulación que debe ser regularizado y coordinado . En contraste, las teorías de la govemance tienden a tener un alcance más meso-político o, más en general, inter-organizacional. En consecuencia, tienden a estudiar sectores, localidades o áreas funcionales específicos en lugar de sistemas más globales (economías, territorios nacionales , sociedades); y, además , tienden a cen­ trarse en la forma en que las organizaciones se relacionan

29 Puede haber sólidas razones ontológicas, epistemológicas y metodológicas para

este olvido de la "macro-govemance" , puesto que términos tales como micro, meso y macro son construidos discursivamente (por participantes o por ob­ servadores) y, lejos de constituir a la biosfera como un objeto de macro­ govemance, siempre sería posible postular algún macro-objeto de orden ma­ yor para la govemance o la regulación [WICKHAM, 1 987]. Además, puede pen­ sarse que el hecho de sugerir que el nivel macro es en principio gobernable implica que hay un sujeto-patrón capaz de lograr dicha govemance.

1 56

entre sí mediante reglas del juego que ellas mismas pueden contribuir a conformar. Las teorías más estrictamente polí­ ticas de la govemance consideran el espacio como un terri­ torio (con su población de individuos y sus ecosistemas organizacionales) que debe ser dirigido como un espacio amplio y funcionalmente definido dentro del horizonte de una formación s o cial que m antiene la neces idad d e govemance. Ya se señaló que este enfoque amplio ayuda a explicar el mayor eclecticismo de la teoría de la govemance en términos de la heterogeneidad de los objetos de govemance y sus mecanismos de govemance respectivos . La cuarta diferencia es que, a pesar de los anteriores co­ mentarios sobre la lucha de clases, es claro que los regula­ cionistas tienden a veces a ignorar los sujetos, confundiendo la pretensión de que la regulación es un proceso sin un sujeto y con la creencia en que la regulación ocurre sin sujetos . Esto se refleja en una explicación teórica, de forma y función, de la estabilización macroeconómica que requeriría una especifica­ ción más detallada antes de que pueda llegar a orientarse al suj eto y a la acción. Esta visión se refuerza cuando se conside­ ran sus excepciones principales : la influencia de la teoría eco­ nómica de las convenciones y las ideas de Bourdieu sobre los campos de fuerza y los "habitus" en niveles más micro de aná­ lisis de la regulación [BoURDIEU, 1 9 77]. La teoría económica de convenciones se ocupa directamente de las normas y las re­ glas que rigen las relaciones económicas como relaciones so­ ciales . Y los "habitus" se ocupan del acervo básico de conoci­ mientos adquiridos por los individuos a partir de su incorpo­ ración, dependiente de la trayectoria, en una serie específica de medios sociales y contextos culturales, que forman y diri­ gen sus expectativas y, por tanto, se convierten en medios de reproducción y regularización social30 • Por el contrario, la teo­ ría de la govemance se centra específicamente en los proble­ mas de coordinación de los suj etos , especialmente en relación con la coordinación y la negociación inter-organizacional. Esto se refleja en sus vínculos más amplios y directos con el análi­ sis de los costos de transacción, la teoría de la elección racio­ nal, la teoría de juegos y otros enfoques del análisis social orien­ tados a la acción.

30 Para una crítica de la pertinencia del concepto de "habitus" en la teoría de

regulación, ver, especialmente: DEMIROVIC ( 1 992].

157

Estas diferencias básicas son contingentes más que in­ herentes a los conceptos nucleares del enfoque de la govemance y de las teorías de la regulación; reflej an la tra­ yectoria del desarrollo teórico y de los intereses empírico s particulares de sus protagonistas respectivos. Esta conclu­ sión se ve reforzada por la convergencia antes señalada en­ tre los analistas de la govemance y la regulación cuando se encuentran en un terreno empírico común; lo cual sugiere que no hay buenas razones teóricas para que las diferen­ cias sustantivas continúen signando el trabajo futuro sobre la regulación y la govemance. De hecho, puede haber sólidas razones teóricas para com­ binar las dos nociones o paradigmas cuando se tratan temas específicos . Existen diversas posibilidades : pueden conside­ rarse como enfoques s emánticamente diferentes p ero conceptualmente idénticos con una cobertura exactamente igual [LIPIETZ, 1 993, 8 ] ; como enfoques conceptuales equiva­ lentes que son, sin embargo , relevantes en dominios analíti­ cos diferentes (por ejemplo, economía integral versus política integral) ; como conceptos super y subordinados dentro de una j erarquía abstracto-concreto (por ejemplo, govemance como concepto abstracto y regulación como su concretización en la esfera económica) ; como conceptos más o menos abarcadores , respectivamente , a lo largo de un continuum general-particular (por ej emplo, la visión de Benko y Lipietz acerca de la govemance local como una categoría heterogénea residual dentro del enfoque de la regulación); o como enfo­ ques conceptuales no equivalentes pero posiblemente com­ plementarios relevantes en esferas diferentes (por ej emplo, pensar que la regulación pertenece a formas estructurales y la govemance a relaciones inter-organizacionales) . Sería erró­ neo (aunque fuera factible) decidir que una de estas posibili­ dades sea adoptada por todos los comentaristas con la ex­ clusión de las demás . Sin embargo, la conciencia de la am­ plia gama de posibilidades debería prevenir contra movimien­ tos demasiado fáciles entre los argumentos acerca de la re­ gulación y los referentes a la govemance. FORDISMO

Y

POST-FORDISMO

La necesidad de esa precaución puede observarse en los intentos de utilizar el enfoque de la regulación para descri­ bir y explicar los cambios en la govemance local en térmi158

·

nos de la transición del Estado fordista a un Estado su­ puestamente postfordista (central y I o local}. Estos cambios políticos se interpretan en términos relativamente unitarios (a expensas , como señalan Painter y Goodwin [ 1 995 ] , de ignorar su desarrollo desigual); y se explican principalmen­ te en términos de un cambio en el modo dominante de cre­ cimiento económico (a expensas , como señala Hay [ 1 995], de ignorar la mediación discursiva de los fracasos , la crisis y los cambios económicos ) . El peligro del economicismo (así sea un "economicismo integral") en este contexto debería ser obvio. De modo que no es sorprendente que hasta ahora no haya ninguna explicación regulacionista adecuada de la transformación estructural y/ o de la reortentación estratégica del Estado local. A lo sumo, se dispone de contextualizaciones regulacionistas más o menos plausibles de estos cambios. Sin embargo , por detallado que sea el análisis de ese con­ texto estratégico , por sí mismo no puede ofrecer una expli­ cación adecuada para la acción estratégica. Para ello se re­ queriría, además , por lo menos una explicación de las capa­ cidades estratégicas de los actores (individuales y / o colecti­ vos) para responder a los problemas económicos, de las estra­ tegias que ellos tratan de perseguir y de la relación entre estas capacidades y estrategias y las de otros actores relevantes en ese contexto. Esto sugiere, a su vez, que una forma de vincular los intereses regulacionistas y "gubernamentalistas " consis­ te en realizar análisis más centrados en la mediación institucional, organizacional y discursiva de la regulariza­ ción económica. Pues , aunque el enfoque de la regulación ha identificado importantes farmas estructurales o regíme­ nes amplios (como el Estado Nacional de Bienestar Keyne­ siano) que juegan un papel esencial para asegurar las con­ diciones extra-económicas de la acumulación de capital, ha tendido a ignorar la manera general como l a forma problematiza la función y las formas particulares de selecti­ vidad estratégica (incluyendo las capacidades estratégicas diferenciales) de las formas específicas de coordinación. En este sentido, el enfoque de la regulación puede beneficiarse de una atención más directa a las contribuciones de las teo­ rías de la govemance. De hecho, sin considerar los proble­ mas del diseño institucional y de la coordinación inter­ organizacional, así como la constitución discursiva de los obj etos de regulación y de las estrategias de regularización, el enfoque de la regulación puede fracasar para profundizar 1 59

sus conocimientos básicos sobre el carácter socialmente in­ corporado y socialmente regularizado de las actividades eco­ nómicas 3 1 . Por contraste , las teorías d e l a transformación d e la govemance local tienden a distinguir una gama más amplia de regímenes políticos (de ninguna manera reducibles a la oposición fordista versus postfordista) y a subrayar la diná­ mica más directamente política que impulsa los cambios de régimen, lo cual p arece ser mucho más adecuado para ex­ plicar los cambios en la articulación del gobierno y la gover­ nance. Se podría examinar, entonces , la forma como los ac­ tores políticos (ampliamente concebidos) perciben el fraca­ so de las formas establecidas de govemance y/ o una emer­ gente " crisis" de govemance y cómo ello se traduce en de­ mandas de regímenes de govemance nuevos y/ o reestruc­ turados . Esto a su vez puede conducir a un proceso de in­ novación orientado a resolver los problemas percibidos de govemance en un ambiente más o menos turbulento; y pue­ den surgir nuevas formas de govemance a condición de que los problemas de acción colectiva se resuelvan mediante una (o más) de las soluciones encontradas y lleguen a ser p arte de los nuevos patrones de conducta (ver el modelo sugerido por CAMPBELL y LINDBERG [ 1 99 1 ]). Los nuevos mecanismos de govemance, como las nuevas formas estructurales de regulación, surgen de un proceso de búsqueda, basado en el ensayo y el error, que opera mediante variación, selección y retención evolutiva. Es en este contexto que las cuestio­ nes de selectividad estratégica y las capacidades estratégicas son tan cruciales y que debe prestarse atención a la adecua­ ción material y discursiva de las respuestas propuestas . Al presentar el argumento en estos términos, he separado deliberadamente las ideas de re-regularización y de "regu­ bemamentalización" . Al diferenciar las lógicas de la regula­ ción y de la govemance, puede plantearse un problema teóri­ co fundamental que es a la vez práctico: ¿en qué medida y en qué formas las soluciones a los problemas de "govemance"

3 1 No debería pensarse que esto implica una explicación voluntarista de la regu­

lación: la regulación es un proceso sin un sujeto, en el sentido de que los modos de regulación específicos son siempre emergentes, efectos evolutivos de una multiplicidad de acciones en contextos específicos y estratégicamente selectivos.

1 60

específicos pueden relacionarse con las soluciones a los pro­ blemas de "regulación" específicos? Si se acepta que la regu­ lación y la govemance no son conceptualmente idénticas y que en realidad se refieren a obj etos , procesos y prácticas diferentes , no hay razón para prever cuáles intentos de re­ regularizar un obj eto económico (integral) resuelven los pro­ blemas de gobernabilidad política (integral), o viceversa. Esto también indica posibles dilemas , conflictos y contradiccio­ nes esenciales entre una respuesta a la crisis política y eco­ nómica que se orienta más a resolver los problemas de la acumulación y una que se orienta más a las cuestiones de gobernabilidad (para)política. El hecho de que una solución a los problemas de govemance pueda ligarse a nuevos mo­ dos de regulación depende de qué tanta expresión tengan los intereses económicos (integrales) en la construcción discursiva del problema de la govemance y aseguren una base social entre los actores políticos empeñados en resol­ ver este problema. De la misma manera, el hecho de que un modo de govemance emergente se vincule posteriormente a un nuevo modo de regulación depende de la naturaleza del acoplamiento estructural entre procesos políticos y econó­ micos , es decir, de la adecuación del modo de govemance a los problemas económicos integrales y a los problemas de gobernabilidad. En este sentido, aunque los problemas de la regulación sirven de contexto para identificar y resolver los problemas de govemance, no pueden ser reflej ados di­ rectamente en el comportamiento de solución de problemas que conduce al nuevo modo de govemance (para una discu­ sión de este problema, con referencia especial a las lógicas de acumulación en competencia y a la ventaj a partidista del thatcherismo , ver: JEssoP [ l 994b ] ; una perspectiva alterna­ tiva sobre el fracaso del neoliberalismo como proyecto polí­ tico para resolver las crisis de la regulación se encuentra en el artículo de PECK y TrCKELL [ 1 995 ]). En suma, el hecho de examinar una crisis económica y política específica en términos de un enfoque regulaci0nis ta o de govemance puede implicar algo más que una cu¿stión de preferencia; también depende de la construcción del pro­ blema mismo por las fuerzas sociales , de la primacía relati­ va concedida a los diferentes ej es de la societalización y del resultado de la competencia entre las estrategias orienta­ das a esos ej es alternativos . El hecho de que los problemas de govemance política adquieran prioridad con respecto a

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la solución de los problemas económicos y, por tanto , mo­ delen la transformación de la govemance local, por ej emplo, podría tener grandes repercusiones sobre la capacidad de la economía local para competir en las economías nacional, europea y global. Un problema interesante que aún no se ha investigado suficientemente es el de si las soluciones a los problemas de regulación y govemance pueden implementarse en tándem y luego ser acopladas estructuralmente , así como las condiciones que lo hagan posible. Ese acoplamiento es posible , tal como lo ilustra (hasta ahora) la articulación de los mecanismos de govemance y de gobierno que contribuyeron a la regulación del fordismo atlántico de la postguerra y aseguraron un funcionamiento del Estado nacional de postguerra relativamente libre de crisis . En los discursos contemporáneos sobre la crisis de la política urbana y las economías locales también se encuen­ tran intentos de abordar la cuestión de las formas apropia­ das de articulación de regulación y la govemance. Esto pue­ de ilustrarse con un artículo reciente de Fosler, un asesor de desarrollo económico local estadounidense, quien se re­ fiere , como muchos otros , al paradigma del desarrollo eco­ nómico local emergente que enfatiza el papel de un sector privado revitalizado y orientado por el mercado para garan­ tizar el crecimiento económico con una dinámica de creci­ miento schumpeteriana. Aunque también señala que esto requiere el desarrollo de instituciones que modelen y ej ecu­ ten las responsabilidades del Estado a este respecto . Afir­ ma, entonces , que : Las nuevas capacidades institucionales incluyen una reorientación conceptual del papel económico de la govemance, la capacidad para generar y aplicar conocimientos a través de una amplia gama de áreas de política, el diseño de nuevos mecanismos y enfoques de liderazgo y toma de decisiones, el rediseño de sistemas y estrategias para conseguir resultados y la creación de medios más efectivos para evaluar la responsabilidad y el desempeño. [FOSLER, 1 992, 4]

Fosler también señala que esta gama de nuevas responsabi­ lidades estatales no puede ser cumplida a satisfacción por una agencia estatal única, que se necesitan diversas agencias, y que tampoco puede ser cumplida únicamente por el Estado. Por el contrario, la reorientación estratégica del Estado requiere dos

1 62

condiciones : a) Que la govemance, como instrnmento de des­ empeño económico, combine una visión estratégica de arriba hacia abajo y a largo plazo con una acción de abajo hacia arriba dirigida por el mercado y orientada al desempeño; y b) Que se desarrollen una nueva generación de inteligencia organizacional y nuevos mecanismos de coordinación organizacional y agen­ . cias que reflejen las características del mercado y proporcionen medios efectivos de evaluación de la calidad del desempeño y de la responsabilidad. Lo que se requiere, en suma, es una estrate­ gia de cambio institucional [ FosLER, 1 992, 9- 1 3 ] . Esta argumentación e s un ej emplo del creciente interés en vincular la regulación con la govemance. En ella se des­ taca el cambio de la centralidad del gobierno a formas de govemance más descentralizadas a los niveles local, nacio­ nal e internacional, en el intento de re-regularizar la rela­ ción capital. Esto implica una reorganización funcional de las actividades del Estado en el sistema político más am­ plio , caracterizada por un alej amiento de la primacía, dada por supuesta, de los aparatos estatales oficiales (típicamen­ te nacionales) hacia la necesidad, también dada por supues­ ta, de formas (y niveles) bastante diversas de asociación entre organizaciones oficiales , paraestatales y no gubernamenta..., les para el manejo de las relaciones económicas y sociales32, pues este razonamiento también implica un carnbio de la organización política j erárquica de arriba hacia abajo, que es una característica formal de los Estados soberanos, al énfasis en la promoción y orientación de la auto-organiza­ ción de las relaciones inter-organizacionales . Dentro de esta gama en expansión de redes , asociaciones y otros modelos de govemance política y económica, los aparatos oficiales s e mantendrán a lo sumo como el primus ínter pares . Pero , aunque la moneda y la ley públicas aún sigan siendo im­ portantes para mantener su funcionamiento , para su éxito también serán esenciales otros recursos (como el dinero , el

32 Antes de la expansión del Estado en el siglo :xx, había diversas formas de

asociación entre el Estado y las entidades no estatales . Pero es posible que hubiese dos principales diferencias con la situación postfordista: a) El Estado tenía una forma relativamente jerárquica en comparación con el Estado postfordista más plano y más pequeño; y b) Había menos énfasis en la asocia­ ción (ciertamente a nivel discursivo) y una tendencia mayor a dar por senta­ das una mutua indiferencia y una división del trabajo entre el Estado y la sociedad civil.

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conocimiento o la pericia privados). En este sentido, la par­ ticipación del Estado tenderá a ser menos jerárquica, me­ nos centralizada y menos dirigista. PROBLEMAS EN TORNO DE LA CUESTIÓN REGULACI Ó N-GOVERNANCE

Es en este contexto que se puede entender la difundida fas­ cinación por la auto-organización de las relaciones inter­ organizacionales y la continua experimentación con formas alternativas de govemance, sean re-descubiertas o recién inventadas . La defensa más general de este cambio en la j erarquía del gobierno y en el intercambio puro de mercado puede hacerse en términos de la ventaja evolutiva de la lógi­ ca auto-organizadora de las relaciones inter-organizacionales33, donde una pluralidad de organizaciones autónomas pero interdependientes que controlan recursos importantes nece­ sitan coordinar sus acciones para producir un resultado con­ junto que se considera mutuamente benéfico. Una solución a este problema consiste en organizar la govemance alrededor de la representación de actores (organiza­ ciones) que puedan representar la auto-reproducción y la auto­ regulación de los intereses de diferentes sistemas, así como el interés propio de los actores específicos de esos sistemas. Esto se vuelve especialmente agudo cuando se tiene en cuenta la dispersión de las soluciones de govemance y la necesidad de construir capacidades macro-organizacionales adecuadas para tratar una amplia gama de cambios estructurales a nivel interorganizacional sin socavar la coherencia y la inte­ gridad del Estado (nacional). Por otra parte, además de las dificultades para hallar soluciones colectivas a los proble­ mas de regulación individuales (es decir, a los problemas de reproducción y regulación económica) , surge la cuestión de la coherencia global del régimen de acumulación y de su modo social de regulación económica. Existe una gran ten­ sión entre estas dos formas de coherencia, pese a que las soluciones individuales de govemance también sean ade­ cuadas para un problema de regulación específico (y vice­ versa), especialmente cuando la escala territorial y la lógica

33 Esta ventaj a evolutiva debería entenderse en términos schumpeterianos: ca­

pacidad para innovar y aprender en un ambiente cambiante.

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global de la govemance y la regulación son diferentes. Esto plantea problemas de negociación intersistémica o de coor­ dinación estratégica a escalas distintas de las de los proble­ mas de govemance individuales ; y ése . es el problema de meta-govemance o gbvemance de la j erarquía en la sombra y plantea problemas de diseño constitucional. También acla­ ra los méritos relativos de las s oluciones neoliberales , neocorporativistas y neoestatistas a l a crisis de l a regula­ ción fordista, en la medida en que éstas se relacionan diferencialmente con la solución de los problemas d e govemance planteados (o reforzados) por esa crisis . Hay un problema más fundamental que no ha sido abor­ dado plenamente en los trabaj os recientes sobre la regula­ ción y la govemance (aunque debe consultarse la contribu­ ción de PECK y TICKELL [ 1 995 ]), a saber, en qué medida la forma problematiza la función. La creciente obsesión por los mecanismos de govemance como solución para las fa­ llas del mercado o las fallas del Estado no debería llevar a ignorar las fallas de la govemance. No se debería pensar que la govemance es necesariamente una solución más efi­ ciente que los mercados o los Estados para los problemas de coordinación política o económica. Otra implicación es que el creciente interés en los mecanismos de govemance puede ser una etapa específica de un ciclo establecido de modos de diseño de políticas [ ÜFFE , 1 9 75 ]34• Sin embargo, Offe advierte que, puesto que todos y cada uno de los modos de diseños de políticas estatales es propenso al fracaso, debe aceptarse que un Estado estable es imposible o que éste es posible sólo si tiene capacidad para cambiar flexiblemente los modos de diseño de políticas a medida que las fallas y las contradicciones del modo dominante (o la mezcla de di­ seños de política prevaleciente) se hacen más evidentes y amenazan la racionalidad y la legitimidad del Estado. Esto sugiere que la supervivencia a largo plazo del Estado de­ pende de las cualidades organizacionales específicas del Estado, incluyendo lo que se puede denominar "la articula-

34 Ideas similares fueron propuestas por Marx [ 1 843] y Polanyi [ 1 944], entre otros. Más recientemente, Schmitter se ha referido a la continuidad dinástica del corporativismo, la cual se extingue y resucita periódicamente [SCHMITTER, 1 989, 72]. Por su parte, Cox ha señalado una reversión de la desregulación a la re-regulación en la actual era neoliberal [Cox, 1 993].

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ción del gobierno y la govemance" . Podría esgrimirse un ar­ gumento similar para el caso de los ciclos políticos dentro de formas de organización de mercado o estructura de govemance industrial35 • Esto sugiere que la actual expansión de las redes a expen­ sas de los mercados y las j erarquías , y de la govemance a expensas del gobierno, pueden ser algo más que una etapa específica de una sucesión regular de modos dominantes de diseño de políticas. En este sentido, lo que hoy se experimen­ ta realmente es la discontinuidad en la continuidad: la osci­ lación dentro de un ciclo político repetido. Una explicación alternativa sería que, por diversas razones, ha habido un cam­ bio en el centro institucional de gravedad ( o " atractor institucional") en tomo del cual funcionan los ciclos políticos debido a cambios cualitativos en los problemas b ásicos que deben abordar las actuales políticas de regularización o gobemalización. Aquí habría continuidad en la discontinui­ dad: el renacimiento de mecanismos familiares de govemance para propósitos cualitativamente nuevos . Si hay una impor­ tante transición del fordismo al postfordismo (vinculada, ade­ más, a las nuevas tecnologías , la internacionalización y la regionalización), entonces puede estar operándose ese cam­ bio a largo plazo. Las mismas posibilidades son indicadas por la crisis del Estado nacional, con una proliferación de problemas fronterizos y multifacéticos que ya no pueden ser coordinados dentro de la j erarquía del Estado nacional o mediante la anarquía neorrealista del mercado [JEssoP, 1 995 ]. Aquí también puede preverse que la expansión de las redes y/ o de la govemance es síntoma de un cambio cualitativo más que un simple cambio pendular dentro de un ciclo polí­ tico . Sin embargo, en vez de prejuzgar esta cuestión, es más importante reconocer que puede haber diversas posibilida­ des dependientes de la trayectoria. C OMENTARIOS FINALES

Este artículo se ha dedicado a aclarar la relación teórica entre el enfoque de la regulación y los trabaj os sobre la govemance en términos metodológicos y sustantivos . En

35 Markusen sugiere un ciclo de govemance tecnológicamente orientado que pa­ rece ser paralelo al ciclo de producto [ MARKUSEN, 1 985].

1 66

consecuencia, su naturaleza es abstracta y no puede sustituir los análisis empíricos de los patrones específicos de regula­ ción y de govemance en contextos particulares. Éste es un componente importante del proyecto de investigación sobre la regulación y la govemance local que actualmente llevan a cabo Jessop y Hay. Sin embargo, espero haber mostrado que hay fuertes semej anzas meta-teóricas entre los dos enfoques des­ de el punto de vista de su común interés en la dependencia de la trayectoria y en la relación constitutiva entre modos de govemance-regulación y objetos de gouemance-regulación. Las teorías de la regulación y las teorías de la govemance no tie­ nen un carácter teleológico ni están comprometidas con argu­ mentos funcionalistas expost, puesto que ambas implican que es por, y a través de, la govemance (o la regulación) que los objetos elementales a los que prestan atención se transforman mediante una articulación compleja en momentos específicos dentro de un modo determinado de govemance (o de regula­ ción)36. Además , profundizando esta noción de articulación, debe señalarse que los mismos modos de regulación y/ o de govemance pueden configurarse dentro de proyectos econó­ micos o políticos diferentes. Así, la asociación puede ser una característica importante en la re-regularización de una eco­ nomía en crisis o una característica básica de la reguber­ namentalización de un régimen político en crisis . A veces habrá una coincidencia (temporal) de intereses entre las fuer­ zas económicas o políticas que llaman a la asociación; pero ésta puede ser seguida de luchas por "instrumentalizar" la asociación con fines económicos o políticos. En términos simi­ lares, así no sean directamente el centro de la lucha, las ex­ pectativas o inserciones contradictorias pueden llevar a con­ tradicciones en el funcionamiento de los mecanismos de govemance. Pienso que esas luchas son especialmente claras en el caso de Gran Bretaña (ver, por ejemplo: PEcK y TicKELL, 1 995) y que la primacía de lo político significa que la estrategia neoliberal inicialmente desfavorable ha sido debilitada poste­ riormente por su subversión para propósitos políticos [ JEssoP, 1 994a]. Por esta razón, si no hubiera otras, es de especial im­ portancia evitar pensar que hay un ecuación simple entre re­ gulación y govemance.

36 Sobre la distinción entre elemento y momento en este contexto, ver: JESSOP, 1 990a; y, más en general, LACLAU y MOUFFE, 1 985.

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LA CIUDAD EMPRESARIAL: ¿REINVENCIÓN DE LAS LOCALIDADES, REDISEÑO DE LA GOVERNANCE ECONÓMICA O REESTRUCTURACIÓN DEL CAPITAL?

Las formas , las funciones y los mecanismos políticos de es­ trategia económica local y regional más importantes de las sociedades occidentales capitalistas avanzadas han sufrido cambios sustanciales en las dos últimas décadas 1 • Ha habi­ do modificaciones importantes en el papel de las ciudades como suj etos , sitios y pilares de reestructuración económi­ ca y del logro de la competitividad estructural. Estos cam­ bios se reflej an en el interés y el énfasis crecientes en el "Estado de Competencia"2 a nivel nacional (y, al menos en Europa, supranacional) y en la "ciudad empresarial" a los niveles local y regional. El rasgo característico de los "Esta­ dos de Competencia" y de las " ciudades empresariales" es su autoimagen de compromiso activo en el fomento de la competitividad de sus economías respectivas ante la inten1

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El presente artículo se produjo en el curso de un proyecto de investigación del Economic and Social Research Council, ESRC, sobre la govemance local, beca número L3 1 1 253032. En su redacción, me beneficié de las discusiones con colegas de la Universidad de Lancaster, entre ellos Ufuk Cakmakci, Colín Hay, Dawn Jones , John Roberts, Andrew Sayer, Ngai-Ling Sum y John Urry, y con otros participantes en el programa de la ESRC sobre la govemance local. Las demás influencias pueden discernirse en las referencias. Me adhiero a los descargos habituales. Término introducido por CERNY [ 1 990] y difundido desde entonces en alemán (Wettbewerbsstaat).

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sa competencia internacional (y, para las regiones y las ciu­ dades, inter e intrarregional)3 . Hay muchas visiones sobre la dinámica de esa competencia, de las fuentes de ventaj a competitiva d e países , regiones y ciudades , y d e las estrate­ gias apropiadas para lograr esa ventaja. También hay va­ riantes - dentro y entre países , regiones y ciudades - sobre el ritmo y las causas de los cambios de interpretación y de política. Este artículo no analiza casos específicos4, no ofrece una tipología de las estrategias " empresariales" y no revisa las concepciones sobre competitividad correspondientes. En cambio , examina cuatro aspectos generales de los cam­ bios recientes que afectan a las ciudades : a) La reinvención de la economía local y de su Estado por, y a través de , los discursos dirigidos a la " ciudad empresarial"; b) El nexo entre esta reinvención y el rediseño de los mecanismos de governance urb ana; c ) Los vínculos entre e stas dos prácticas-cum-procesos , estrechamente ligadas , y las su­ puestas tendencias a la globalización y la triadización de la economía capitalista y al predominio de la geoeconomía sobre la geopolítica; y d) El contexto estructural general donde se presentan estas modificaciones interrelacionadas del papel económico global de las ciudad�s . Por supuesto , hay una vasta literatura sobre estos cam­ bios, escrita por académicos e investigadores , por comenta­ ristas políticos , administradores estatales , legisladores y consultores gerenciales . Esto muestra que entre discursos sociales científicos y populares hay un vínculo de alimenta­ ción recíproca: la retórica y los intereses políticos modelan la agenda y la presentación de la investigación en ciencia

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En otra parte analizo este fenómeno en términos de la transición del régimen de bienestar keynesiano al régimen de trabajo schumpeteriano (Schumpeterian workjare regime; JESSOP, 1 993 y 1 994). Desarrollo el análisis actual en térmi­ nos de "ciudades empresariales" porque esta idea ha penetrado en las explica­ ciones populares y, por tanto, se asocia fácilmente con los problemas de las formaciones narrativas y discursivas. Inicialmente, se pensó incluir ejemplos de caso y comentarios más generales sobre Gran Bretaña, pero las limitaciones editoriales no lo hicieron posible. Los resultados de mi investigación sobre la govemance local en el Thames Gateway y en el Greater Manchester, patrocinada por el ESRC, se publicarán en otra parte. Para comentarios más generales sobre el fracaso de la govemance en Gran Bretaña, ver: JESSOP, 1 994a y 1 9 94b.

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social, y la investigación en ciencia social ingresa a la esfera del diseño de políticas . Nociones tales como producción en serie , especialización flexible , postfordismo , cultura empre­ sarial, aprendizaj e social, ambiente innovador, ciudad em­ presarial, competencia del Estado , competitividad estruc­ tural, asociación, govemance o redes, circulan libremente en los dominios científico y político , y a menudo son valida­ das prima facie por esa misma circulación estructurada selectivamente . Consultores académicos empresariales , pe­ riodistas populares , tanques de pensamiento (think tanks) , entidades de investigación y d e capacitación como INLOGOV, y entidades oficiales como la Audit Commission desempe­ ñan un papel clave . Mi propósito no es reforzar diagnósticos que se validan a sí mismos ( aunque no se cumplan por sí mismos)5 sino revisar los antecedentes de los discursos aca­ démicos y populares sobre el desarrollo económico . Primero trato los aspectos discursivos de estos cambios; luego los relaciono con las tensiones y contradicciones materiales de las formas de regulación y I o govemance económica exis­ tentes que sirven de caj a de resonancia para los nuevos dis­ cursos; por último , muestro la credibilidad aparente de di­ chas narrativas , aunque esto no significa que sean verda­ deras (así estén asociadas a "efectos verdaderos") ni que los cambios en la govemance basados en ellas tengan éxito . De hecho, la producción de discursos de govemance local a veces parece ser, al menos en Gran Bretaña, sólo un sustituto ineficaz promovido por el gobierno central para desviar la atención de sus propios fracasos políticos . ASPECTOS TE ÓRICOS PRELIMINARES

Mi visión de las diversas cuestiones mencionadas en la in­ troducción se basa en tres corrientes teóricas : la visión fran­ cesa de la regulación, la teoría neogramsciana del Estado y el análisis crítico del discurso . De modo que considero la economía en un sentido incluyente , es decir, como un con­ junto de instituciones , organizaciones, fuerzas sociales y actividades socialmente incorporadas , socialmente regula-

5 Algunos críticos podrían afirmar, sin embargo, que mi trabajo anterior sobre el Estado de Trabajo Schumpeteriano seguramente reflejaba, si no contribuía directamente, a este proceso.

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das y estratégicamente selectivas6, organizadas alrededor de (o al menos involucradas en) la autovalorización del capital por, y a través de, la regulación. Esta visión tiene importan­ tes implicaciones para el análisis de la competitividad en tanto desplaza la atención de la ventaja comparativa a la competi­ tiva y amplía radicalmente los factores económicos y extraeconómicos relevantes para esta última. Con esto se extiende el alcance de la capacidad empresarial, en tanto se aplica a las ciudades y a las empresas [ BENKO y LIPIETZ, 1 994; BEST, 1 990 ; CASTELLS y HALL, 1 993 ; PORTER, 1 994; y SABEL, 1 989 ] . El Estado también se considera "en su sentido inclu­ yente" (o, como dijo Gramsci, "sociedad política + sociedad civil"). Para los propósitos actuales, éste puede redefinirse como un conjunto de instituciones , organizaciones , fuerzas sociales y actividades socialmente incorporadas , socialmen­ te reguladas y estratégicamente selectivas, involucradas en la realización de la "voluntad colectiva" de una comunidad política imaginada7• Dos importantes implicaciones teóricas de este enfoque son sus énfasis en las fronteras problemáti­ cas del aparato estatal y en la dependencia del poder estatal de fuerzas que están más allá del Estado en su sentido estre­ cho . Esto sugiere que la esfera política puede considerarse como el dominio donde se hacen intentos para (re)definir la "voluntad colectiva" y (re)articular los diversos mecanismos y prácticas de gobierno y govemance en aras de aquellos pro­ yectos que se juzgan convenientes para realizarla. Desde el punto de vista analítico del discurso, subrayo el papel constitutivo del discurso de todas las relaciones so-

En contraste con un contexto teórico del Estado, en el contexto teórico regulacionista la selectividad estratégica se refiere al impacto diferencial de los aspectos estructurales nucleares (incluidos los espacio-temporales) de un proceso de trabajo, un régimen de acumulación o un modo de regulación sobre la capacidad relativa de fuerzas particulares organizadas en formas específicas para buscar exitosamente una estrategia económica particular en un horizonte de tiempo y un espacio económico determinados, actuando solas o en combinación con otras fuerzas frente a la competencia, la rivalidad o la oposición de otras fuerzas. Se sostiene que los aspectos estructurales de las actividades económicas socialmente incorporadas y socialmente regulariza­ das privilegiarán ciertas fuerzas, estrategias, perspectivas de tiempo y espacio y planes de juego sobre otros (acerca del Estado, ver: JESSOP, 1 990, 260 y ss.). 7 Remito al trabajo de Benedict Anderson sobre la nación como una "comuni­ dad imaginada" [ANDERSON, 1 99 1 ]; los Estados, las regiones y las ciudades también pueden ser considerados como "entidades imaginadas".

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ciales vivientes . Esto tiene implicaciones obvias para la reinvención de los espacios económicos y la govemance lo­ cal. Así como los Estados nacionales pueden verse como una forma específica de comunidad política imaginada, "la economía nacional" es sólo un espacio imaginado posible de las actividades económicas . En consecuencia, en vez de buscar criterios obj etivos para identificar las fronteras ne­ cesarias de un espacio económico (a la escala funcional o territorial que sea), es más fructífero considerar esta cues­ tión desde el punto de vista de la constitución imaginaria de la economía. É sta incluye su construcción discursiva como objeto específico (de análisis , regulación, gobernación, con­ quista y otras prácticas) , con fronteras , condiciones econó­ micas y extraeconómicas de existencia definidas , agentes económicos típicos y apostadores extraeconómicos , y una dinámica global [ DALY, 1 99 3 ; JESSOP , 1 98 2 ; y BARNES y LEDUBUR, 1 99 1 ] . Esas construcciones discursivas son dis­ cutibles y su eficacia es siempre fortuita; en efecto , las eco­ nomías pueden tener geometrías variables y fronteras múl­ tiples , y pueden distinguirse ( o "figurarse" o simplemente "reflej arse") en discursos diferentes para propósitos y efec­ tos diferentes 8 • Las luchas para constituir a las economías específicas como suj etos , sitios y pilares de competencia implican usualmente la manipulación del poder y -del cono­ cimiento . De hecho , tales intentos de redefinición son, en sí mismos, ej emplos de actividad " empresarial" en un sentido amplio, en la medida en que impli