Ciencia del hombre y tradici�n

  • 0 0 0
  • Like this paper and download? You can publish your own PDF file online for free in a few minutes! Sign Up
File loading please wait...
Citation preview

GILBERT DURAND

CIENCIA

DEL HOMBRE

YTRADICION

~

«EL NUEVO ESPIRITU ANTROPOLOCICO»

.....- -

-

UNAM

.

... -

-

­

1111111 1111111111 1111111111111111111 III1

157598 FCPVS

­

-



PAIDOS ORIENTALIA -



-

_.-

Las ciencias humanas est-in en crisis. La psicologia,

la sociologia, la historia y la etnologia parecen haber

perdido de vista su objetivo, el homo sapiens,

confundiendolo con un metodo unidimensional heredado

de un cierto concepto de la fisica que ya qued6 obsoleto

desde la aparici6n del «nuevo espiritu cientifico».

En este libro, Gilbert Durand constata que este fracaso

perentorio es debido a un espejismo pedag6gico, pero que,

a partir de las nuevas investigaciones antropol6gicas,

esta renaciendo una cierta esperanza de reencuentro con

el destino inmemorial del homo sapiens. Asistimos

progresivamente al resurgimiento de una «ciencia del

hombre» que, en su singularidad, retoma numerosos datos

transmitidos por los saberes tradicionales: alIi donde el

«rnetodo» ejercia su influencia totalitaria, el pluralismo de

las singularidades -el «politeismo de los valores»­ se convierte en la mejor garantia de la unidad

comprensiva del ser humano. Y asi, una «razon distinta»

reconstruye, de forma lenta pero firme, los prometedores

cimientos de un «nuevo espiritu antropologico».

Gilbert Durand es agregado de Filosofia y profesor

honorario de la Universidad de Grenoble. Tambien ha

publicado Introduction a la mythologie y

De la mitocritica al mitoanalisis.

ISBN 84-493 -0651-5

42062

9 788449 306518

I

CIENCIA DEL HOMBRE Y TRADICION

PAIDOS ORIENTALIA

UItimos tftulos publicados: 20. 21. 22. 23. 24. 25. 26. 27. 28. 29. 30. 31. 32. 33.

34. 35. 36. 37. 38. 39. 41. 42.

M. Eliade/J , M. Kitagawa - Metodologia de la historia de las religiones I. Shah - Las ocutrencias del increible Mula Nasrudin I. Shah - Reflexiones I. Shah - Aprendera aprender A. Coomaraswamy - Buddha y el evangelic del budismo J. Klausner - Jesus de Nazatet. Su vida. su epoca. sus enseiianzas A. Leisy - Los misterios paganos y el misterio ctistiano AI Sulami - Futuwah. Tratado de caballeria sufi Maestro Tazuan - Misterios de la sabiduria inm6vil Rumi - 150 cuentos sufies L. Renou - El hinduismo M. Eliade/I. P. Couliano - Diccionaiio de las religiones M. Eliade - Alquimia asiatica R. R. Khawam (comp.) - El Iibro de las argucias. 1 Angeles. pro/etas y misticos R. R. Khawam (comp.) - El libro de las atgucias. 11 Califas, visires y jueces M. Arhoun - El pensamiento aiabe G. Parrinder - Avatary encamacion M. Eliade - Cosmologia y alquimia babilonicas I. P. Couliano - Mas alia de este mundo C. Bonaud - Introduccion alsufismo 1. Burckhardt - Alquimia E. Zolla - La amante invisible

43. E. Zolla - Auras 44. C. 1. Tart - Psicologtas transpersonales 45. D. 1. Suzuki - El zen y la culturajaponesa 46. H. Corbin - Avicena y el relata visionario 47. R. Guenon - Simbolosfundameatales de la ciencia sagtada 48. R. Guenon - El reino de la cantidad y lossignosde los tiempos 49. Rumi - El Iibro interior 50. M. Causemann (comp.) - Cuentos eioticos y magicos de mujeres n6madas tibetanas 51. J. Hertel (comp.) - Cuentos hindues 52. R. Wilhelm (comp.) - Cuentos chinos[ 53. R. Wilhelm (cornp.) - Cuentos chinos II 54. E. Zolla - Las tres vias 55. M Eliade - Ocultismo. btujeria y modas culturales 56. A. K. Coomaraswamy - Hinduismo y budismo 57. M. Eliade - Lo sagrado y 10 profane 59. F. Schu on - Tesoros del budismo 60. A. Kotler (ccmp.) - Lecturas budistas I 61. A. Kotler (cornp.) - Lecturas budistas !f 62. G. Durand - Ciencia del hombre y tradicion

Gilbert Durand

CIENCIA DEL HOMBRE

Y TRADICION

«EI nuevo espiritu antropologico»

~II~

PAIDOS

Barcelona

Buenos Aires

Mexico

Titulo original: Science de I'hommeet tradition Publicado en fran ces par Edit ion s Albin Mich el. Paris Tradu ccion de Agu stin LOpez y Ma ria Tabuyo

Cubierta de Julio Vivas Obra publicada co n la ayuda del Mini sterio Frances enca rgado de la Cultura - Centre Nati onal du Livre

j' i' ..5 j , \ , I

r t.J. ~;

/ 1

~/

...

C

.oj

, ' ,' J \" -

-.

I

(J

: ':

Q uedan ngurosamente prohibides. sin la au torizac i6n escrita de los ntuleres del ,Co p;1T i ~ h LJ,

ba]o[as sanciones establectdas en las [eyes. Ja reprod uccion total 0 parcial de este obre por cua lquier media 0 procedimienr o. comprendidos la reprograh a 'j el trata rnie nto informa tica . y Ia distribucion de ejemplares de ella mediante alquiler 0 presta rno publicos.

© 1979 Editions Albin Michel © 1999 d e Ia tra ducci on, Agu stin LOpez y Maria Tobajas © 1999 de todas las ed iciones en castellano Edicione s Pa idos Iberica. SA .

Mariano Cubi. 92 - 08021 Barcelona

y Ed itorial Pa idos, SAICF .

Defensa. 599 - Bueno s Aires

ISBN: 84 -493-0651-5

Deposito legal: B-40/1999

Impreso en A & M Gra fic s.1..

08130 Sta . Perpetua de Mogoda (Barcelona)

Impreso en Espana- Printed in Spa in

Sumario

CP

Introducci6n La crisis de las ciencias humanas. El fracaso de los metodos reductivos. La esperanza mitologica. La necesaria inversion episternologica, Plan de Ia obra.

II

Capitulo 1. - La figura tiadicional del hombre Elecci6n de un terreno «occidentah. Respuesta de la «80­ tropologia» a la cuesti6n antropologica, ­ Las erosiones de la fi~ura del hombre en el pensamiento del Extremo Occi­ dente. La catastroie ~etansica del si~lo XJII . ResponsabiIidad del magisterio eclesiastico. EI establecimiento de tres ideolo~ias. Su efecto de desfi~uraci6n. La renovac ion antropo­ I6~ica - La aparicion de una antihistoria. Los marginados de la filosofia, - Psicocosmia tradicionaI contra dual ismo filos6fico. EI principio tradicional de semejanza. - Con­ ciencia modema desgarrada contra unitarismo tradicionaI. La unidad vacia del cogito contra las pluralidades del alma. EI ejemplo astrologico, El espacio y eI tiempo iormales de las filosoftas contra la ~nosis de los tiempos y los espacios multiples. Angustia y aIienaci6n modemas contra serenidad sapienciaI. EI exodo contra «el exiIio occidental». La reali­ dad arquetipo. Perennidad contra historicismo.

15

8

CIENC I A DEL HOMBRE Y TRADI CION

Capitulo 2. - Ciencia histoiica y mitologia tradicional El crepusculo del historicismo. Los fantasmas del con­ cordismo. Pensamientos salvajes y resurgencia del mito. - La incomodidad intelectual del historicismo y del cul­ turalismo. El caIIej6n sin salida de Ia «psicologia hist6ri­ cas. - El racismo espiritual de 10 Reri~matico. Levy­ Strauss contra Ricoeur y Vernant, - El nuevo espiritu antropologico, sus rakes en Cassirer y Spengler, Dicoto­ mizaci6n del tiempo humano, secundarizaci6n de Ia his­ toria, revalorizacion del mito. Sol contra Gabaon... ­ EI ancIaje sincr6nico del nuevo espiritu antropologico. La aportaci6n de la etologia y de la psicologia de las pro­ fundidades. La aportaci6n del comparatismo de Dume­ zil, Esbozo y programa de una mitocritica. Capitulo 3­ - Homo proximi orientis: ciencia del hombre e islam espititual La obra de Henry Corbin. Retorno mas aca de la catas­ trofe del si~lo XlII. Traspasar la «linea de division» de las escolasticas. Hermeneutica permanente contra aggioma­ mento sempitemo. El libro intangible, - La fabula del progreso como pecado de «asociaclon». La metahistoria. Las hojas del libro del tiempo proietico . La transcenden­ cia de Ia historia santa. Rehabilitaci6n de Ibn Khaldun. - Selle e interiorizaci6n de Ia profecia. Los profetas de tu alma. La interiorizaci6n de la ciudad perfecta. Historia en el alma y ~eo~rafia espirituaL Sociosofia y politica es­ pirituales. El caliia. el imam. Ia fotowwat. ­ La ciencia del hombre en singular, La psicologia islarnica como fan­ tastica transcendental. La onirocritica. La exploraci6n del imaginal, El metodo de la anfiboIia. Razones del co­ razon, razones del alma. ­ Principio de jerarquia y dua­ litud. El desnivelarniento. El modelo primordial y abso­ luto. La teosofia y la angeloloqta. fundamentos de Ia antropologia islarnica.

69

109

SUMARIO

')

Capitulo 4. - Hermetica ratio y ciencia del hombre EI retorno epistemologico de Hermes. Un vistazo sobre las doctrinas hermeticas. Los atributos de Hermes. EI principio de semejanza, fundamento del hermetismo. Paracelso y el hermetismo del siglo XVI. EI ejemplo de Ia medicina paracelsica, Las cuatro consecuencias del principio de semejanza: no metricidad, no objetividad, no agnosticismo, no dualidad. - EI caIIej6n sin salida de las ciencias del hombre. Las rupturas del objetivismo positivista. Sincronicidad junguiana y homologia spen­ gleriana. Fracaso de 10 unidimensional. Retorno. recu­ rrencia y Iimites sorokinianos. Guenon contra Comte. EI espesor del devenir humano. Las confirmaciones de Ia medicina contemporanea, - Cassirer contra el agnosti­ cismo universitario, Una gnosis cornprensiva. Unidad cosmica, pluralidad de estrategias. La reciprocidad de las perspectivas antropologicas. Poetica bachelardiana y simpatia scheleriana. Riqueza de las sociologias com­ prensivas alemanas. - Contra la reducci6n a la res ex­ tensa. Lo natural de Ia ciencias del hombre. Los Iimites de Ia medida en las ciencias del hombre. Necesidad de maternaticas «cualitativass. La revolucion horneopatica. EI analisis matematico de los datos y la insiqnificancia. - Contra el dualismo 16gico. El Tertium datum. lung y el principio de coincidencia de los contrarios. Las para­ dojas en Max Weber. EI diIema en Levi-Strauss. La 16gi­ ca contradiccionaL Francois Dagognet Y el estatuto con­ tradictorio del remedio. - La saturaci6n del regimen esquizomorfo de la epistemologia clasica, EI momenta hermetista del siglo xx. Conclusi6n. ­

El nuevo espititu antropologico

0

r69

el retorno

de Hermes La crisis de Ia epistemologia, sintoma de la crisis de civi­ Iizacion. La desmitificaci6n obsoleta. Los Iimites del mite

259

IO

CIENCIA DEL HOMBRE Y TRADICION

y la sed de dioses. La inversion del «triedro» del saber. El

tetraedro de Edgar Morin. La necesaria conversion del antropologo, El gueto de los cientificos. De Dionisos a Hermes. La restauracion del sapiens. Los deberes del an­ tropologo. La parte de eternidad.

Introducci6n

No 5610 es preciso soportar, y de ningun modo ocultar. 10 que es necesario -todo idealismo es la mentira ante la necesidad-. es preciso tambien amarIo ...

F. NIETZSCHE. Ecce Homo

Las ciencias sociales y humanas se encuentran en un mortal ca­ IIej6n sin salida. Es trivial constatarlo y se necesita todo el talento de Michel Foucault' para interesarnos por estes funerales de tantas pre­ tensiones y coartadas. Por mi parte. he mostrado: que los excesos del reduccionismo condenan a las ciencias humanas a perder al hombre por el camino. a trocarle por los esquemas vacios de los ior­ malismos 0 por el absurdo de la expIicaci6n causal. Como diria mas o menos Michel Foucault, las «ciencias del hombre» estan income­ damente asentadas entre los pies del tripode -el dice el «triedro»­ de nuestra episteme contemporanea. Nuestro si~lo xx esta obsesio­ nado con las ciencias del hombre. como impulsado por una nostal­ ~ia 0 remordimiento, pero, impotente, no puede sino disecar el caI. M. Foucault. Les mots et les chases. Paris. Gallimard. 1966 [trad , cast.: Las palabrasy las casas. Madrid. Siglo XXI, 1997]. 2. Vease nuestra obra L'Imagination symbolique. Paris. P.U.F.. 1964 [trad. cast.: La imaginacion simbolica. Bueno s Aires. Amorrortu, 197r].

12

CIENC IA DEL HOM BRE Y TRADICION

daver a ~randes ~olpes de experimentaIismo psicologico, de panse­ xuaIismo mas 0 menos adornado con las plumas de la Ilngufstica, de factores sociologicos dominantes -y contradictorios- y de analisis historicos 0 economicos, Estos peligrosos prcicedimientos reductores son todos monopoIi­ zadores, por tanto totalitarios, y no hacen mas que a~ravar el fraca­ so. La mixtificacion que implican consiste, como dice un celebre proverbio. en iijarse en el dedo en vez de mirar la luna que el dedo sefiala. Mas wave que la muerte de Dios --que al menos dejaba jus­ tificarse al asesino- es Ia i~norancia de los dioses. Cierto es que nuestro si~lo enloquece y que se abren ~rietas en el edificio epistemologico. Los cientificos se angustian ante el pro­ ~reso de su descubrimiento: despues de la alarma atornica, tras la experiencia de los campos de concentracion, aparece la alarma eco­ lo~ica. eEl mejor de los mundosi se reaIiza en todos los acimut ideolo­ ~icos. Y se podria creer que la profecia de Michel Foucault. a saber. el desvanecimiento del hombre por el progreso de la episteme con­ temporanea, esta en vias de cumpIirse. Pero, sin embargo, el viento ha cambiado de rumbo: la antro­ pologia de nuestro final de si~lo se desplaza en relacion al tripode en el que Foucault incornodamente Ia colocaba. Los rmodeloss psicologico, sociologico 0 linguistico estan caducos por haber sa­ crificado demasiado a la historia, a la ~enesis 0 a la forma . Un nuevo ambito episternico se ha abierto en el horizonte epistemolo­ ~ico: etologia. simbologia y mitologia, psicologia de las profundida­ des. sustituyen lentamente a las reducciones psicoanaliticas. al fac­ tor dominante de la sociologia clasica, al histaricismo. par mas dialectico que sea ... Lo que anuncia el pensamiento de Nietzsche. mas que el fin del «aseslno de Diosr, es da dispersion de la profun­ da corriente del tiempo por la que el hombre se sentia transporta­ do y cuya presion en el ser inismo de las casas sospechaba; es la identidad del retorno de 10 Mismo y la dispersion absoluta del hombre...».! 3- M. Fou cault, op. cit. pag. 397.

INTRODU CCION

Perc. 2.por que este hombre disperso seria menos hombre que la figura rigida y totaIitaria que nuestras pretenciosas «ciencias sociales» han tratado en 'llano de erigir? El retorno de los dioses «siempre los mismos» 2.no absuelve del ases inato de Dios Ilevado a cabo en este gran guinol? El retorno -el eterno retorno- de los dioses rue siern­ pre presagio de renacimiento, por tanto de humanismo. Simplemente debemos cambiar nuestra imagen del hombre. re­ ciente como un rpliegue» arqueologico, y subvertir la perspective de nuestras «ciencias humanass. Tomar en serio, y no como simple me­ taiora poetica, esta recurrencia -s-epistrophe. enantiodromia, tawil 0 exodo, no 10 se-i-. tomar la palabra a las gestas y los nombres divi­ nos a la mitologia, Por eso la verdadera ciencia del hombre. si se si­ tua en la perspective proietica de Nietzsche. rechaza totalmente --co­ mo ya hiciera el propio Nietzsche· la «modemidads del triedro episternico, Repudia especialmente las definiciones puramente cul­ turaIistas y etnocentricas con que la antropologia de nuestra civiliza­ cion asiixia al Homo sapiens. Los capitulos de este libro quieren ilustrar esa stransmutacion de los valores» epistemicos y esa episternologia de Ia recurrencia. De ahi el titulo: la ciencia de!hombre debe regularse segun eI saber tradicio­ nat del hombre sobre el hombre. Pues Foucault se engana cuando cree en «la invencion reciente del hombre». Sin duda este hombrt totaIitario. idealmente uniiicado. Ileno a Ia \7~Z de resentimientos, re­ presiones y complejos, que zozobra en la soberbia de su pecado de angelismo. es moderno. En verdad, el objeto de Ia antropologia cu­ ya precariedad y 'peligro denuncia Foucault es muy reciente, pero el objeto que redescubren -siguiendo el impulso iilosofico nietzschia­ no- etologia, psicologia de las profundidades. mitocritica, es un hombre que no ha sido distendido ni desfigurado por el lecho de Procusto del famoso striedros. Hombre «siempre el mismo» porque, precisamente. sus dioses son «siempre los mismos». Por eso. en eI primer capitulo. La figura tiadicional de! hombre. opongo justamente esta ultima a las diferentes distorsiones y desfi­ guraciones que Ie ha hecho suirir nuestra episteme. EI segundo capi­ tulo. Ciencia histotica y mitologia tiadicional. que aborda uno de los

14

~randes

CI ENCI A DEL HOMB RE Y TRADI CI O N

idolos episternicos de nuestro si~Io. muestra como. en la in­ vestigacion mas reciente, el universal modelo mitologico sustituye al modelo etnocentrico del historicismo. EI capitulo 3. Homo proximi otientis. nos muestra que en un Oriente sin embargo cercano, pero donde la armazon cultural del cristianismo fue alterada por el islam. se ha conservado una imago homini tradicional de forma mas pura que en nuestras sociedades, que han tenido la desgracia de ver su civilizacion material arrastra­ da por su cultura, a la par que esta ultima perecia ante la idolatria de los materialismos de la produccion y el consumo. EI capitulo 4. Hermetica ratio y ciencia del hombre. nos muestra precisamente este ~iro epistemico del que hablo, y la forma en que todas las ciencias humanas mas modernas, las ciencias de vanguar­ dia, vuelven mas 0 menos abiertamente a los antiguos principios del herrnetismo, traduciendose su «fiIosofia del no» en una ~i~antesca re­ currencia, mas alIa de Freud. mas alIa de Fechner 0 Ribot, mas alla de Comte, Saint-Simon. Marx. Montesquieu 0 Condorcet... Esta re­ currencia ha sido -hay que advertirlo-s- mas iacil en Alemania, donde eI pasado ~oethiano y boehmiano iavorecio eI moderno re­ encuentro de Ia antropologia y eI hermetismo. Por supuesto, soy perfectamente consciente de que para Ia rna­ sa -y Ia peor de todas, Ia masa intelectual, «masa mediatizada»­ 'estas son Cotisideraciones intempestivas. Pero me felicito de ello aI pensar que este Iibro conmemora. con un si~Io de distancia, Ia Se­ gunda cotisideracion intempestiva de 1874 para denunciar incansa­ blemente: «Lo que hay de peligroso, 10 que corroe y envenena Ia vi­ da en nuestra manera de hacer ciencia...».

Capitulo

I

-La fi~ura tradicional del hombre*

...Lo que hay de peligroso, 10 que corroe y enven ena Ia vida en nuestra manera de hacer ciencia. F. NIETZSCHE. Ecce Homo

La tesis que en primer lu~ar quiero exponer y defender en este capitulo' es Ia de que el «sentido» de Ia imagen del hombre -10 que hace que la imagen del hombre sea un simbolo, que remita a un si~ ­ nificado viV'ido- no se recupera de manera precisa mas que si se la separa de las «rneta morfosis». es decir, de las derivaciones que tuvie­ ron la arnbicion de «forzan> el sentido simbolico para sustituirlo pOI' Ia.diseccion no vivida de los conceptos. de las definiciones c1aras y distintas. de las Iargas cadenas de la razon. He elegido Occidente como Iugar de mi demostracion. Y esto par la simple razon de que demasiadas desesperanzas conternpora­ neas se afanan por encontrar al hombre en Katmandu 0 en un hi­ potetico Extremo Oriente. zen. tantrico 0 hindu. Pero yo doy a Oc­ cidente un sentido muy preciso y Iimitado en el tiempo. Si~uiendo * EI contenido de este capitulo apareci6 como articulo en Etanos Iahrbuch con eI titulo ,Figure trad itionnel1e de I'homme et deiigurat ion philosop hiques. 1. Vease 1. Rostand. ,Peut-on modifier I'homme?», en Espoirs et inquietudes de l'hamme. Paris, Gallirnard. 1956.

16

CIENCIA DEL HOMBRE Y TRADICION .

el ejemplo de O . Spengler, disociaria del Occidente rfausticm 10 que otros coniunden injustamente con el: Ia Antiguedad clasica ~reco­ latina e i~ualmente Ia intrusi6n oriental (earabes. habria dicho Spengler) que marca los si~los del hundimiento del Imperio Roma­ no y Ia progresiva conversion de Europa al cristianismo. Por tanto. 'Joy a situar mi debate en tome a los avataresde Ia imagen del hombre en el transcurso del ultimo miIenio y en Ia civilizacion sur­ ~ida de Europa. EI tema escogido es sumamente banal: la sin cesar manoseada, desde hace uno 0 dos siglos, «crisis» de la fiIosofia occidental. Esta crisis. que aparece como un Ieitmotiv del pensamiento contempora­ neo. aparece con los pensadores romanticos y prerromanticos que refIexionan sobre las «causas» de Ia ~randeza y Ia decadencia de las civilizaciones, sobre el «lesgarroi de Ia conciencia, sobre Ia «aliena­ ciom del hombre; despues se precisa tras las ultimas lIamaradas de Ia Belle Epoque y a traves de ~uerras mundiales, revoluciones, con­ quistas y reconquistas coloniales, con los pensadores de Ia angustia, del «suplemento de alma». 0 los ironizadores del rmejor de los mun­ doss. De Nietzsche a Cassirer, de Huxley a Ber~son. de Sartre a Mar­ tin Buber. de Unamuno a Marcuse. de Jean Rostand 0 Alexis Carrel a Gordon Rattray Taylor.' de Jun~ a Berdiaeff. todos se han situado en 10 que Martin Euber' I1ama «fa hora antropologicar, Ia hora que son6 con Kant, en 1793. con Ia famosa y crucial pregunta: «l,Que es el hombre?». No obstante la banaIidad. Ia frecuencia del tema y Ia dispersi6n de las respuestas a Ia pregunta antropologica planteada hace dos si­ ~Ios. me parece encontrar un renuevo de originalidad en Ia parade­ ja, sobre Ia que este libro volvera una y otra vez, que hace que el progreso reciente de las ciencias antropologicas (Io que los anglosa­ jones I1aman anthropofogy) tienda justamente a mostrar que el anthto­ pos -el Homo sapiens de Ia zoologia-> no ha evolucionado desde su aparici6n sobre la tierra. En otras palabras, el progreso de Ia anthro­ 2. G.-R. Taylor. La Revo[ution biologique. Paris. Laffont. 1968. 3. M. Buber. 1£ Probleme de l'homme. Paris. Aubier, 1962. pa~. 31.

LA FIGURA TRADI CIONAL DEL HOMBRE

17

habla en favor de Ia recurrencia y la referencia a una «tradi­ cior» de la antropologia fiIos6fica. Los magnificos trabajos de Leroi­ Gourharr y Jean Servier' muestran. en este ultimo. que el evolucio ­ nismo, y con mayor raz6n los historicismos. son mites producidos por el hombre y no productores del hombre. y. en el caso del pale­ ontologo, que la evolucion es un fen6meno muy Iento, que utiIiza una duraci6n todavia mas lar~a que Ia «Iar~a duraci6n historicai, como Ia llama el historiador Fernand Braude!. un tiempo a escala ~eoI6~ica en eI que la especie humana -desde Cro-Magnon, es de­ cir, antes de ayer- no ha cambiado. Lo que Ia anthropology cultu­ ral y paleontologies nos muestra con ~ran coherencia, esa parte de la anthropology que es la psicologia, 10 que podriamos llamar «an­ tropologia psicologicai, 10 confirma. Levi-Strauss. par una parte. que. en contra de toda Ia escuela evolucionista, afirma que «los hombres siempre han pensado asi». y el psicoanalisis, la etnologia psicologica, la psicologia de las profundidades, por otra, convergen para mos­ trarnos que los mismos deseos, las mismas estructuras aiectivas, las mismas imagenes. se refIejan en el espacio y en el tiempo de un ex­ tremo a otro de la humanidad. Y en esta afirmaci6n cientifica de la perennidad de la especie reside «el unico fin» posible de Ia utopia. la sustituci6n de los estudios -aleatorios- del progreso y la dia­ cronia por los de orden sincr6nico. Pero es preciso acIararse sobre esta paradoja de Ia anthropology: no son los progresos de Ia ciencia historica, de la paleontologia, la sociologia 0 Ia psicologia los que proponen por su propia elaboraci6n institutiva una «nueva> fi~ura del hombre. simplernente. el «progreso» de estas ciencias permite al­ canzar eI orden constante de su objeto. EI orden antropoloqico es admisible, pero no de i~ual naturaleza que los progresos de la an­ thropology. Iltilizare pues plenamente este jueqo de palabras en el pO[Ogj

4. A. Leroi-Gourhan, Le Geste et fa parole, 2 vols.. Paris. Albin Michel. 19 64' 1965 [trad ca st.: El fest0:1 fa palabia. Caracas. Llniversidad Central de Venezuela. 197 1J. 5. 1. Servier, L'ffomme et l'invisible. Paris. Laffont. 19 64 [trad, cast.: Ef hombre

:1 Io invisible. Car acas. Mont e Avila].

18

CIENC IA DEL HOMBRE Y TRA DIC I O N

que la anthropology -en tanto que balance actual de las ciencias del hombre- renueva y recuerda la antropologia tradicional. es de­ cir, una philosophia petennis del hombre. Pero mi discurso sera por 10 menos dialectico, incluso polemi­ co: a esta restituci6n de una «figuraD del hombre tradicional permi­ tida por las ciencias «de vanguardia», se oponen constantemente las «desfiguraciones». Tambien ahi hay un lugar cornun de la refIexi6n filos6fica que nos muestra que al progreso del saber se opone el fre­ nado de los oscurantismos. oscurantismos unidos por nuestra civili­ zaci6n a la carne. al cuerpo. a los instintos. Muchos fil6sofos han meditado la famosa sentencia agustiniana «conozco el bien que quiero, pero hago el mal que no quiero». Tambien ahi invertire de­ liberadamente las perspectivas. y mostrare que el saber mal elabo­ rado, es decir, impotente por su agnosticismo -y la refIexi6n filo­ soiica que de el se deri\la- es el que ha erigido los idolos (las mixtiilcaciones) desiiguradoras que confundieron la figura que el hombre se da a si mismo por instinto y por 10 que yo Ilamana un conocimiento espontaneo (Bergson habria dicho por «simpatiar). No se trata de un iacil retorno a «la Naturaleza» -al estilo de Rous­ seau e incluso de Bergson- puramente «biologico» del hombre. Pues no existe el hombre «puramente biologicos, por el hecho mis­ mo de la singularizacion de la especie zoologica. La «espontanei­ dad» en cuesti6n es espontaneidad humana, es decir, aculturada. perteneciente a 10 que lung expres6 en la diiicil noci6n de dncons­ ciente colectivo». En el hombre no se puede disociar cultura y na ­ turaleza. Pero ya estas tomas de posicion, a contrapelo perpetuo con las banalidades del filosofar occidental, son el indicio de la posici6n ri­ gurosamente subversiva (prefiero esta palabra a «revolucionaria». de­ masiado sujeta a todos los compromisos y los trapicheos occidentales) que quiero adoptar frente a 10 que considero las «malas costumbres» de Occidente. Desarticulaci6n spengleriana del esquema escolastico de la historia (Antiguedad. Edad Media. tiempos modernos), nega­ cion subversive del progreso mismo de las ciencias del hombre con­ tra la fabula progresista, aiirmacion de que el saber hipostasiado im­

LA FIGURA TRADICIONAL DEL HOMBRE

'9

pide el conocimiento (es decir, que el consentimiento a la cosa, el sentimiento 0 eI uso, es mas determinante que el analisis 0 la re­ ducci6n al valor de cambio): todas estas premisas quieren, en eiecto, ser «ofensivass. Quedaria, antes de trazar esquematicamente el plan de mi ex­ posicion, justiiicar la utilizaci6n -no ya geografica e historica, sino filos6fica- que hago de la palabra «Ocodente» Repito que no se trata en absoluto de oponer a nuestra cultura un «Oriente» mas 0 menos iantasioso, mas 0 menos «orientalistai, aunque a menudo el recurso al Oriente etnograiico y cultural haya sido de gran ayuda para marcar las caracterfsticas y las diferencias de nuestra propia cultura. Pues «OrienteD es un sfrnbolo, y su simbolizante sigue sien­ do el punto astron6mico en que el sol se levanta en nuestros map as. Pero mostrare aqui que en el mismo Occidente -en la tradici6n occidental- Occidente tiene sus propios recursos. Y ahora, debo esbozar a grandes rasgos el plan de 10 que me propongo desarroIIar. En una primera parte examinaremos de forma sumaria los puntos principales de la gran erosi6n «historicas de la fi­ gura del hombre en la filosoffa occidental, porque las «metamoriosisr y los azares permiten tomar conciencia de las constantes y las reglas que permanecen. La segunda parte. muy breve. estara consagrada al contrapunto de esta historia, a una suerte de antihistoria donde se ha conserva­ do oculta la figura tradicional ·del hombre. dejada de lado por el his­ toriador. que es una prueba de las falsificaciones y las opciones orientadas de la historia. La tercera parte. la mas importante. establecera las grandes es­ tructuras paralelas. que se contrarrestan. de la filosoffa escolastica y escolar de Ia tradici6n occidental. Sera mas que una antihistoria: IIe­ vando la subversion hasta el final, pretendera ser una antihistoria de la antiiilosoiia, Por ultimo. podremos concluir indicando que la me­ todologia de la antropologia contemporanea exige de nosotros ese desnivelamiento por el que se endereza la figura del hombre que permanece. por encima de las civilizaciones que pasan.

20

CIENCI A DEL HOMBRE Y TRAD ICIO N

Oh, hombre.

mirate,

tienes en ti

el cielo y la tierra.

H ILDEGARDA DE BINGEN

Hubo un tiempo en que. como en los tiempos edenicos, los cor­ deros y los leones. tradici6n y filosofia, vivieron en buena relaci6n. Es la epoca que nos describen los historiadores de la filosofia medieval, o mas concretamente de la filosofia romenica. EI si~lo XII 6 es para Occidente un si~lo de oro. en eI que se equilibran las trayectorias sa­ ~radas y las proianas, tal como aparece en el sistema pedagogico, donde el trivium (las voces) equilibra plenamente el quadrivium (las res). Ahora bien. poco a poco. a 10 largo de siete si~los. la peda~o~ia de Occidente vera c6mo las voces son reabsorbidas en las res. y co­ mo el Homo sapiens 0 incluso el philosophans' pierde poco a poco sus rvoces» en beneficio de las «cosas» hasta que la misma filosoffa sea eliminada del cutsus de nuestros estudios modernos. He intenta­ do describir, en un pequeno Iibro," las ~randes eta pas de este «pro­ ~reso» del estudio de las cosas, que se acompana de la regresion y fi­ nalmente de la alienaci6n del estudio del hombre. de sus rvocesi y de sus vias, Este progreso de la cosiiicacion esta bastante bien repre­ sentado en 10 que Au~uste Comte alaba con el nombre de «ley de los tres estadosi, al haber pasado la humanidad progresivamente par tres etapas de explicaci6n: la primitiva 0 «teologica», la mediana 0 «metaiis icas y. iinalmente. la que ve eI triunfo del hecho y de las re­ laciones de hechos, la «positivista». 6. Vease M.-M. Davy. Initiation a fa symbolique romane. Paris. Flammarion. 1964 [trad. cast.: Iniciacion a fa simbologia romanica, Madrid. Mal. 1996]. 7. Vease M. Sauvage, L'Aventure philosophique, Paris. Buchet-Chastel. 1966. 8. G. Durand. L'Imagination symbolique. Paris. P.U.F.. 1964 [trad . cast.: La imaginacion simbolica. Buenos Aires. Amorrortu, 1971] . Wase tambien d,e Statut du symbole et de l'imaginaire aujourd'huo, en Lumieie et vie. enero-abril de 1967. Vease i~ualmente .L·Occident iconoclastes, en Cahieis Intemationaux de Symbo­ lisme. nO 2 . 1963.

LA FIGURA TRADICI ONAL DEL HOMBRE

21

Debemos buscar aqui en que momentos exactos y repetidos el pensamiento occidental se desvta de la fi~ura tradicional del hombre y se vuelve de ese modo hacia el mundo de las cosas," se limita y se reduce -como mas tarde la Raz6n pum de Kant- al universe de los fen6menos. Parece que esta « atastrofe. metafisica haya tenido una fuente doble y confIuyente a comienzos del si~lo XIIl. por tanto mucho antes de 10 que la historia, e incluso la arqueologia de Michel Foucault," llama el «Renacimiento». al que se ha otorqado demasiado a menu­ do el papel de chive expiatorio de los males de nuestros tiempos modernos. Paradojicarnente, ha sido un eorientalistas. un especialis­ ta de fiIosofia islamica, mi colega y amigo Henry Corbin." quien ha manifestado el diagnostico mas seguro con respecto a esta fecha his­ torica, mas importante que todas las tomas de Constantinopla por los turcos. Y esta catastrofe cultural se debe. en al~una medida, a un contrasentido de la historia. I~ual que el islam habia incurrido en un primer -y beneiico-s- contrasentido al creer que Ia Teologia deAris­ toteles, libra de Ia mas pura inspiraci6n neoplat6nica. era obra del es­ tagirita, Occidente. por un contrasentido mas 0 menos diriqido, ere­ y6 -hasta nuestros modernos historiadores de la filosofia-i-" que el mensaje islarnico de la sabiduria antigua era el vehiculado por el cordobes Averroes mas que por el islam «oriental» del emigrante Ibn 'Arabi 0 el del persa Avicena. Este rcontrasentidos," esta sustituci6n del avicenisrno por Averroes, permitira en primer Iugar que la fisica 9. Vease I. A. Caruso. La psychanalyse pour la petsonne. Paris. Seuil. 1962 [trad. cast.: Psicoanalisis para la persona. Barcelona. Seix Barra!' 1965] y Le Deve­ loppementde la petsonne. Paris. Seuil, 1962. 10. Vease M. Foucault. Les Mots et Ies chases, Paris. Gallimard, 1966 [trad . cast.: Las palabras y las cosas, Madrid. Siglo XXI. 1997]. II. Vease H. Corbin. Avicenne et le tecit visionnaire. Paris. Berg International. 1979 [trad. cast.: Avicenay el relato visionatio. Barcelona. Paidos , 199 5]. 12. Vease E. Gilson. La Philosophie au Moyen Age. Paris. Payot , 1962 [trad . cast.: La filoscfia en la Edad Media. Madrid. Gredos, 1965]. 13. H. Corbin. Histoire de la philosophie islamique, Paris. Gallimard. 1964 [trad, cast.: Historia de Ia filosofia islamica. Madrid. Trotta. 1994] .

22

CI ENCIA DEL HOMB RE Y TRADIC IO N

de Aristoteles se irnponga como conocimiento precientifico de un mundo de las res separado del mundo de las voces. Como muy bien ha senalado A. 1. Festugiere," len la medida en que los antiguos y tambien los bizantinos, tuvieron desde Ia Edad Media alguna idea del metodo cientiiico. se 10 deben al estagirita y a Ia Iarga cohorte de sus comentadores, de Alejandro de Afrodisia a Filopom (anadamos, para Ia Edad Media. a Averroes). 10 que permite a GuiIIaume d'Au­ vergne, despues a Si~er de Brabant y a Ockham esbozar los ~randes rasgos del «positivismc» occidental. '5 Perc. sobre todo . Ia adopcion par Occidente del modelo averroista impedira a la reilexion sobre el hombre -es decir, eI sconccete a ti mismo» de la tradicion oriica y platonica-e- todo acceso directo a Ia trascendencia. La Idesfi~ura­ cion» primera y fundamental del hombre occidental consiste en ese primer movimiento de la fiIosofia del si~lo X!II que ptohibe al hombre ser fi~ura sin interrnediario de Dios, 0 incIuso fi~ura se~unda de esa «fi~uraD mayor que es todavia eI Cristo de Ia Imitatio. Si pienso sin embargo con H. Corbin" «que es posible discernir en Ia oposicion que llevo al fracaso del avicenismo latino... las mismas razones que habian inspirado los esfuerzos de Ia ~ran l~lesia. en los primeros si­ ~los. por eIiminar Ia ~nosis», constato que las implicaciones de esta se~unda eliminacion seran mucho mas ~ra-ves. Pues viene a confIuir con esa catastroiica fuente dogmatics del averroismo tornista, el ori­ ~en temible de las ambiciones y eI imperiaIismo temporal del papa­ do del si~Io XIII. Se podria decir que el cesarismo papal no es sino eI reverse de este rechazo del acceso directo del alma a su modelo di­ -vino. Sin duda, dogmaticamente. ninguna I~lesia puede tolerar con faciIidad el derecho, reconocido par el neoplatonismo avicen izante, de que cada individualidad espiritual posea una dnteligencia a~ente 14- A. J. Festugiere, La RiNe[ation d'Hetmes Iiismegiste. 4 vols.. Paris, 1944. 'Vol. I, pall· 194· . 15. A. Comte reclarnara por otra parte explicitamente su adhesion al estagi­ rita (Catechisme positiviste. Pechut, pall. 128). Sobre la den uncia de Siller de Bra­ bant. vease G. Mathieu, .Ceremonies comrnernorat roes de Ia condamnation de Si­ ller de Brabantl, en La ieponse a [abstraction lyrique, Paris, Table Ronde , 1975. 16. H. Corbin, op. cit., pall. 160.

LA FIGURA TRADICIONAL DEL HOM BRE

2}

separada, su Espiritu Santo. su Seizor Personal. que la une al Plero­ rna sin otra mediacion». " 10 que le permitiria, segun un celebre ver­ siculo del Cortin. «concciendose a si rnisma, conocer a su Senor». Esto seria arruinar la utilidad misma del clero, al terminar con el monopolio de mediaci6n que se atribuye. Se comprende pues que. contra el avicenismo, como antano contra la gnosis. los teologos -y Tomas de Aquino el primero- separen cuidadosamente la funcion completamente humana del conocimiento y la Pevelecion. cuyo manejo e interpretaci6n es dominio reservado a los clerigos, mientras que para la mistica -y especialmente la mistica islam i­ ca- el angel Gabriel. el angel de la humanidad, es indisoluble­ mente «angel del conocimiento y de la Pevelecion.. Sin embargo. hasta el siglo XIII. a pesar de la desconfianza del clero, la mistica unitiva de una Hildegarde de Bingen. de un Guillaume de Saint­ Thierry y. sobre todo, de un san Bernardo. no duda en comentar ese breviario de la uni6n directa que constituye El cantat de los

cantares. A partir de mediados del siglo XII. la segunda iuente. la hegemo­ nia temporal de la Iglesia. agrava la catastroie: en II59 da lucha en­ tre el sacerdocio y el Imperio transforrnara en cisma una simple division de colegio electoral»... da res sacra. que designaba primitiva­ mente la res consecrata es poco a poco asimilada a la res ecclesiasti­ ca».'8Inocencio 111. que reino de II98 a 1216. representa el apogee de esta confusion de las «los espadas». Por otra parte. no es cuesti6n de azar que el siglo que se abre con el saqueo de Bizancio por los cru­ zados (1204) -ratificando asi, en la sangre de la intolerancia, el cis­ rna dogmatico de 1054-, y que continua con el genocidio de los al­ bigenses, vea la constituci6n de la «Santa» Inquisicion. Este siglo. que se prolongara con la Iiquidacion de los templarios (el inconsciente colectivo de Occidente ha considerado siempre la destrucci6n de los cataros y los templarios como crfmenes mayores). es tarnbien el si­ 17. Ibid. 18. M.-M. Davy, op. cit . pa~. voir au Moyen Age. Paris. 1957.

22

y M. Pacant, La theocratie, rtgllie et Ie pou­

CIENCIA DEL HOMBRE Y TRADICION

~lo

del triunfo del averroismo y. a traves de el, de Aristoteles en la personalidad de Tomas de Aquino. Es necesario senalar que el cris­ tianismo Ilevaba en ~ermen. por su herencia mesianica y la rapida asimilacion de la Encarnacion a una rbajadai a la historia de los ju­ dios, la doble amenaza del alejamiento de Dios (con su corolario. el desamparo del hombre) y de la busqueda apasionada de un acerca­ miento historico con el Dios lejano, acercamiento en la persona del «Hijo de Dioss, despues en la constitucion de un cuerpo mediador y mistico de Cristo. la I~lesia. Como bien ha demostrado F. Schuon.? esta absoluta transcendencia de Dios -contrariamente al islam. donde Dios es 10 mas cercano- creo en judios y cristianos esta ne­ cesidad de una escala, de un paso historico y temporal. El Dios de los judios y los cristianos esta lejano , por tanto necesita de 10 huma­ no; el Dios del islam esta proximo (Ef qatib) y no tiene necesidad de intermediario humano. Precisemos mas: la rtrascendencias absoluta de Dios -tal como se le revelaba a C. G. Jun~ zo en el Dios celoso, feroz. terrible. de los escritos biblicos anterlores al libro de Job­ obliga al hombre al abandono desesperado 0 a Ia estratagerna «his­ torica». La proximidad de Dios, su presencia constante en sus ima­ ~enes creadas (cosmos y. sobre todo, mictocosmo humane) confunde a Dios con el deseo humano mas profundo: por el rconocimientor (gnosfs) que el hombre tiene del Cosmos y. s~bre todo, par el 1C0no­ cimiento de sis, Dios se revela y se hace uno con da misericordia y la clemenciai del deseo fundamental. La catastroie, la «desfi~uracion» inicial del hombre en el pensa­ mien to occidental tiene pues un doble origen : par una parte. el hombre privado del recurso directo de su Espiritu Santo no es mas que un alma amputada. capaz solo de volverse hacia los objetos, las res que tienden entonces a convertirse en sus duenas alienadoras; por otra, su dimension espiritual no puede mas que deformarse cuando es dispensada por la amenaza y la fuerza de una organiza­ 19. F. Schuon. Sentiers de gnose. La Colombe. 1957. pag. 13. 2 0 . c.-G. lung, INponse a Job, Paris. Euch et-Chastel. 1964 [trad . cast.: Res­ puesta a Job. Mexico. FCE. 1973].

LA FIGURA TRADICIONA L DEL HOMBRE

ci6n social monopoIista. fuera de la cual «no hay salvacion», Positi­

\7ismo-aer c6;~cimiento profane. necesidad temporal de acceso a un mas alla de este conocimiento en el seno de un eIericaIismo sociolo­ gico. estas seran durante siete siglos las condiciones mutiIadoras im­ puestas al pensamiento occidental. Ademas, se ve que Ia desgracia de Ia conciencia occidental no data del «lesgarro. Rantiano. sino de Tomas de Aquino e Inocencio III. de esa separaci6n radical. en un primer momento, del mundo profane, abierto al saber. y el mundo de Ia fe. y. en un segundo momento, de Ia subordinaci6n de estos dos mundos a las reaIidades de Ia historia, a la voluntad de los pnn­ cipes de este mundo. aunque fueses portadores de la tiara. Se puede decir que desde el siglo XIII. los juegos miticos de Oc­ cidente estan terrninados: los tres grandes «mitoss -en el sentido tri­ vial de Ia palabra- ideologicos que alienaran la figura del hombre estan planteados: el ideal de Ia ciencia profana «separada» o. como se la llama. «positivas. «objetivas. el ideal de la vinculacion del ser y el valor con los «principios» de Ia historia y el ideal redproco de la segregaci6n de 10 sagrado y los valores culturales en una casta. eIa­ se 0 sociedad privilegiada. Ahora bien. es muy significati\7o que la fiIosofia oficial de Occi­ dente, cuando se ha querido reforrnadora 0 revolucionaria. no ata­ cara mas que a uno de los tres grandes dogmas que la constituyen, teniendo buen cuidado de no tocar a los otros, considerados tanto por conservadores como por reformadores, tanto por reaccionarios como por revolucionarios. como dogmas intangibles. Este hecho de­ be ser vigorosamente subrayado: todas las IIamadas «reformass 0 re­ voluciones de Occidente han jugado siempre al juego que se podria Hamar de las «tres bazas» mayores de la psique occidental. Con mu- i cha frecuencia, el «juego» no ha hecho mas que cambiar de manos. ') Preeminencia del heche. preponderancia de Ia historia, supremada de una casta clerical. tales son los tres motores del destino iaustico de Occidente. La fiIosofia oiicial de Occidente no se ha enfrentado mas que al dogma de Ia segregaci6n del valor en una sociedad privilegiada. De ahi partieron el protestantismo y el colectivismo. orientados en con­

26

r-

CIENCIA DEL HOMB RE Y TRADI CI ON

tra de las cIericaturas temporales. Iung" comprendio perfecta mente esta ~randeza Y esta insuficiencia de Ia I- justiiica (es decir, da Ia comprensi6n de) la historia de la especie adamica. Correspon­ de a la historia, ciencia del hombre. situarse a las ordenes de esos ~randes «Iesencadenantess de la comprensi6n (gnosis 0 Verstehen. poco importa) que son los mitos. Y. mas que nunca, me parece ur­ ~ente. epistemologicarnente adecuado, anaIizar la aportaci6n que puede suponer una mitologia repensada a Ia luz de los descubri­ mientos cientificos mas recientes (un emitoanalisiss), para Ia profun­ dizaci6n del objeto de Ia antropologia. Pero, repitarnoslo por ultima vez, no se trata en absoluto de un nuevo concordismo entre fa cien­ cia y fa tradici6n . Mi profesi6n de fe epistemologica cassireriana me protege contra tal concordismo, tan frecuente en el desarroIIo actual de fa ciencia. Muchos de mis colegas, cuya fideIidad positivista se siente muy feIizmente estremecida, creerian abandonar una ventaja cierta por una esperanza varia -tan tenaz es una pedagogia que sin embargo hace agua por todas partes- al no reverenciar los dos amores comunes, fa ciencia y fas tradiciones. En cuanto a mi. realmente consciente del estallido epistemolo­ ~ico de las «objetivaclones», no tengo ninguna necesidad de buscar en una serie de objetivaciones -la ciencia positivista-e- Ia le~itima­ cion de otras series. Si la serie positivista se encuentra en al~unos puntos con los otros pIanos de investigacion y puede ayudarlos me­ todologicamente, tanto mejor: si no puede, tanto peor. Las ciencias pueden ayudar a fa tradicion, y entonces tanto mejor. Pero fa tradi­ cion preexiste a toda «formaci6n del espiritu cientificc». Es tiempo de

CIENCIA HISTORICA Y MITOLOGiA TRADICIONAL

10 7

decir no a ciertas reducciones que son las peores aIienaciones. Es tiempo de saber que el hombre vale mas que sus saberes, y que la ciencia esta subordinada -segun Rabelais- a la conciencia. Mi empresa es seriamente revolucionaria y. permitaseme parafrasear 10 que decia Baudelaire de la imeginacion." «EI mite es la mas cienti­ fica de las iacultadesi, porque es 10 unico que scomprende la analo­ gia universah, semejanza fundamental. que no es otra cosa que el «entendimiento» humano de Ia interioridad y del cosmos. de los dio­ ses y de la Umwelt.

82. C. Baudelaire. carta a TousseneI del 21 de enero de 1856. en rCorres­ pondance gener alet. Correspondencede C Baudelaire. Lausana, La Guilde du Liv­ re, 1964. I. pag. 368.

Capitulo 3

Homo proximi otietitis: Ciencia del hombre e islam espiritual *

Hemos creado al ser humano, dandole la mas bella de las esta­ turas. Caran.45.4

Me doy cuenta perfectamente de 10 que puede tener de escan­ daloso para un espiritu occidental y modemo --es decir, para una conciencia «iomprometidas. por tanto necesariamente Iimitada par el doble determinismo del momento y el medio-- el enunciado mis­ mo de este subtitulo, En el Occidente moderno, rciencia del hom­ bre» no se pone jamas en singular y se ve incluso reemplazado en nuestros dias, en las universidades, por el termino plural y parcial de rciencias socialess. Eso ya es confesar que el hombre se encuentra parcelado por metodos pluraIes de analisis, que la antropologia se ve reducida en nuestro Extremo Occidente a una dniraestructuras so­ ciaL La espirituaIidad. ya 10 he dicho en otra parte. no es sino to­ mada en desconsideraci6n por el pensarniento occidental modemo. En cuanto al islam. Occidente no refIeja de el mas que el concepto I

* La esencial de este capitulo ha sido publicado en Teheran (1975) en eI li­ bra de Melanses en homenaje a Henry Corbin. 1. vease G. Durand. L'Imagination sgmbolique. Paris. P.U.F.. 1968. '1971 [trad. cast.: La imaginacion simbolica. Buenos Aires. Amorrortu. 1971].

IlO

CIEN CIA DEL HOM BRE Y TRAD ICI O N

mas 0 menos mezquino, fiItrado por los orientaIistas de la era colo­ nial que no estuvieron en contacto -como Tartann de Tarasc6n­ mas que con el aspecto mas legalista. mas sociologico y menos ela ­ borado espiritualmente del islam arabe del Ma~hreb. el occidente del islam. Y es aqui, en la responsabiIidad rrevolucionariaa que asumo al utiIizar los terminos de ese subtitulo, donde se introduce ya el ~ran cambio de rumbo suscitado por la obra de Henry Corbin. cambio en nuestro concepto del islam. y por refracci6n en nuestros conceptos de Oriente y Occidente, y a Ia vez, por via de consecuencia, en los horizontes tradicionales tan nuevos para Occidente, de una antro­ polo~ia realmente original: par ultimo. cambio en cuanto restaura­ ci6n de una espirituaIidad plena. tan alejada de las contorsiones an­ ~ustiadas y anemicas de los escasos espirituaIismos de Occidente como de la i~norancia crasa y Ia sinraz6n de sus diversos materialis­ mos. Ademas, aun queriendo escribir un capitulo «academicr» que trate de la estrecha relaci6n entre la espirituaIidad del islam y la ciencia del hombre. no puedo evitar referir el motive de este articu­ lo a mi encuentro intimo, desde 1962. con Ia obra de Henry Corbin; obra' que reposa en los solidos y precisos cimientos de los veinte '10­ lumenes editados en persa y en arabe de Ia Bibliotheque Iranienne dirigida por mi amigo, y que se edifice entre prefacios e introduccio­ nes en Iengua francesa a esos autores «orientales». entre articulos ca­ pitales del Iahrbudi de Eranos y en las obras en frances consagradas al Sufismo de Ibn 'Arabi. aI Cuetpo espititual y (Ia) Tierra celeste. a la Histotia de Ia filosofia islamica. al Hombre de Luz en el sufismo ira­ nio, y que culmina finalmente en los cuatro volumenes de esa suma, aparecidos recientemente en Francia. En Islam itanien. aspects spiii­

tuels et philosophiques. De esta obra monumental en Ia que. sobre veinte volumenes in octavo de edici6n persa y arabe, se apoyan una treintena de titulos 2. Es casi innecesario recordar las introduccione s a esos dieciocho volume­ nes, que resumen los cuatro volumenes aparecido s en Gallimard. con el titulo de En Islam iranien, Paris. 1972.

CIENCIA DEL HOMBRE E ISLAM ESPIRITUAL

III

escritos en frances, se desprende en primer lugar Ia imagen restitui­ da y desmixtiiicada del islam. Con esta obra termina un malenten­ dido que data de Ia epoca de las Cruzadas -que fue igualmente Ia de Ia escolastica occidental- y que no ha ido sino agra\7andose al hilo de los siglos de la historia del pensamiento de Occidente. Se podria decir en Iineas generales, y para resumir las ideas magistral­ mente expresadas tantas veces por Henry Corbin, que Occidente no ha hecho sino repetir el error historico cometido par los escolasti­ cos peripateticos de Ia Edad Media, a saber, que Ia fiIosofia islami­ ca se reducia al pensamiento de los arabes del caIifato almohade y rse habia extinguido, perdida en Ia arena, en Andalucia con A\7e­ rroes (Ibn Roshd), iallecido en II98».J Esta promocion internpestiva y excIuyente del qadi de Cordoba como «selk» de Ia iilosoiia isla­ mica, haria del saverroismo latino» el simple prologo al primer po­ sitivismo de Occidente que fue la ifsica de Aristoteles retomada por santo Tomas. De este final del siglo XlI data Ia ecatastroie» metaiisi­ ca -iy el contrasentido historicol-e- de Occidente que, por una parte, no recoge sino Ia herencia mas pequena, mas extrinseca Ie­ gada por el islam almohade, a saber, el aristoteIismo averroizante, y, por otra, rechaza parcial 0 totalmente el avicenismo y los arrno­ nicos tanto misticos como platonicos del islam iilosoiico. En Gui­ llaume d'Auvergne, como mas tarde en lean de landun 0 MarsiIio de Padua, rse asiste pues a una aIianza de Ia teologia cristiana con Ia ciencia positiva, con vistas a aniquiIar las prerrogativas del Angel (hay que acIarar que se trata del Angel del Conocimiento que, pa­ ra el islam y para Avicena es tarnbien el de Ia Re\7elacion y se con­ funde con el Intellectus Agens) y del mundo del Angel en la de­ miurgia del cosmos»." 3. Vease H. Corbin. Histoire de fa philosophie islamique, Paris. Gallimard. 1964. vel, I. pags. 334-345 [trad , cast.: Historia de fa filosofia islamica. Madrid. Trot­ ta, 1994] y Avicenneet le recit visionnaire, Paris, Berg International. 1979, pags. 20 y sigs. Y II4 Y sigs. [trad . cast.: Avicena :t el relato visionario, Barcelona. Paidos. 1995]· 4. H. Corbin . Avicenneet Ie recitvisionnaiteAvicena, op. cit.. pag. II5.

II2

CIENCIA DEL HOMBRE Y TRADICION

No insistire aqui, -ya 10 he hecho en el capitulo anterior-. en las etapas de esta «catastrofei metaiisica, que acompasan los ~randes momentos del pensamiento occidental Y 10 alejan irreductiblemente de un pensamiento que permanece fiel a su «oriente» imaginario: ocahamisrno. despues cartesianismo abriendo la era de las ducess, fi­ nalmente hipostasis de la historia Y de la infraestructura econornica que rematan el ~ran ~iro metafisico con el que Occidente ha elegi­ do su destino «faustico».5 Detenqamonos en Ia otra consecuencia de este error de perspectiva que el pensamiento occidental. de los esco­ Iasticos a nuestros orientaIistas modernos, ha transmitido fielmente: a saber. la mixtiiicacion historica que Ileva a cabo al no presentar mas que una imagen filosoiica desiigurada del corpus de Ia fiIosofia islamica. La fecha de los funerales de A\7erroes (II98) ecIipsa la muer­ te de un filosofo oriental que permanecera practicamente descono­ cido para Occidente, hasta Ia edicion Y el comentario que de el hizo Henry Corbin. Sohrawardi, Y hara olvidar Ia obra decisive Y colosal del mayor iilosofo del islam, Ibn'Arabi," quien, inmediatamente des­ pues de la muerte de Averroes, deja Cordoba Y se expatria -exodo mas que exilio- «hacia el Oriente». «Por eso Ia ultima decada de nuestro si~lo XII nos muestra el nacimiento de una linea divisoria, a ambos lados de Ia cual se desarrollaran en eI Occidente cristiano eI alejandrismo Y el averroismo politico; en el Oriente islamico, espe­ cialmente en Iran, la teosofia de la Luz, la de Sohrawardi. cuya in­ fIuencia se conjuga con la de Ibn' Arabi Y se perpetua hasta nuestros dias...»7 Es posible entonces que la nocion de «Proximo Oriente» per­ manezca para siempre para el Extremo Occidente cargada de nos­ talgia, Proximo Oriente que comienza en Cordoba, se perfila hacia 5. Vease G. Durand, L'Imagination simbolique. op. cit.. cap. I, cLa victoire des iconoclastes ou I'envers des positivismess. 6. Vease O. Yahia, Histoire et classification de [oeuvre d'Ibn Arabi. Darnasco, 1964. No carece de interes subrayar que Ibn 'Arabi reposa en la mezquita de Da­ masco a algunos metros de la tumba mas reciente de ShayR Abd el Khader que Occidente no conoci6 mas que como jefe rrebelder a la colonizaci6n occidental y cuya importante personalidad mistica es ignorada por nuestros orientalistas. 7. H. Corbin. Histoiiede [a philosophie islamique, op. cit., pag. 345.

CIENCIA DEL HOMBRE E ISLAM ESPIRITUAL

113

Alepo, EI Cairo. Damasco, Bafldad. despues Estarnbul, que fue pri­ mero Bizancio. para adosarse a ese (Medio Oriente I de Arabia y Persia. Ese divorcio, digamos para simpliiicar, entre el Oriente islarnico y el Occidente cristiano, no debe ser considerado como la separa­ cion de dos corrientes paralelamente contemporaneas. puntuadas por no se sabe que historia (mica y donde los avatares de una serian poco mas 0 menos homologos a los avatares de la otra. La historia fllobal de la humanidad es uno de los flrandes mitos del Occidente del sifllo XIX... Aqui, se trata por el contrario de una divergencia fun­ damental, en la que no interiieren ni siquiera los contactos, con ire­ cuencia brutales, que, del siglo XII al XIX. enirentaron a la cristiandad con las diierentes potencias arabes y turcas. lComo caracterizar esta (linea divisoria» de la que debe alum­ brarse comparativamente la nocion de un islam autentico, desem­ barazado de las ialsiiicaciones de la orgullosa historia de Occidente? Parece que dos caracteres, unidos IOflicamente el uno al otro, se oponen punto por punto en el contexto del Occidente «ristiano» y del Oriente islamico." Primero. mientras que el Occidente cristiano opta muy pronto por una religion dogmatica y sacramental, en la que dogmas y sacramentos, dispensados por un magisterio unico y cada vez mas centralizado, a partir del cual las desviaciones conver­ tidas en herejias necesitaran una politica inquisitorial, el islam. por el contrario, pone el acento en el Libro Revelado. el Cottin. De un Ia­ do. el deber del creyente es la sumision ritual y etica a un clero: del otro, como en toda tradicion proietica, y especialmente la de los ju­ dios, el deber del creyente es la hermeneutica, el desciiramiento de las voluntades del Libro.? De un Iado, la obediencia a una sociedad humana sacralizada por el magisterio que ella ordena, la Ifllesia y su 8. Vease S. Hossein Nasr, The Encounter of Man and Nature. Londre s, 1968 [trad, cast.: Hombre y naturaleza. Buenos Aires. Kier, 1982]. 9. Vease F. Schuon, Comprendre I'lslam. Paris. Gallimard, 1969. pag. 65 [trad . cast.: Comptender el Islam. Palma de Mallorca. Olaneta, 1987]. Vease S. Hossein Nasr, Ideals and Realities ofIslam. Londres, G. Allen. 1968.

114

CIENCIA DEL HOMBRE Y TRADICION

jerarquia eclesiastica y jurfdica: del otro, la obediencia al sentido de la palabra imperative de Dios. De un lade. el acento del valor esta puesto en el exoterismo del ritual y de la sociedad eclesiastica: del otro, en la gnosis de la palabra divina." En segundo Iugar, de esta primera diferencia se sigue que el Oc­ cidente cristiano, encamado por una sociedad dogmatica, se ve es­ piritualmente abocado al estado de crisis permanente, al r~imen del «lesgarro» -iaunque sea de la conciencia!- y a los extracios del agfiomamento. " Pues el dogmatismo. sociologico en alguna medida, de la Iglesia. procediendo por definiciones rigidas de verdades que deben valer para todos, y. por otra parte. sometida a la temporaIidad -es decir, al cambia-- de toda instituci6n humana, esta obligado a revisiones, ajustes peri6dicos a los objetos del mundo y a los pro­ gresos profanos. La historia de Occidente no es mas que una suce­ si6n de conciIios y excomuniones. Por eso aparece tan facilmente a los ojos escepticos y fiIos6ficos del historiador, como dialectica: rela­ tiviza y acomoda el absoluto. EI islam no propone una historia propiamente dicha ." Cuando el historiador se incIina sobre la historia de los pueblos islamicos, arabes, persas, senegaleses, egipcios. bereberes, pakistanies 0 indone­ sios, experimenta una impresi6n de caos, de complejidades poIiticas y diplomaticas, rara vez la de una crisis espirituaI. Sin duda, el mun­ do islamico no ha estado al abrigo de rcrisisi politicas, de derroca­ mientos y tomas de poder espectaculares. de rivalidades a veces fe­ roces de clanes, tribus y razas, de las prevaricaciones de los doctores de la ley... Perc, y esto es 10 que la obra de Henry Corbin nos mues­ tra con brillantez, jamas la filosoiia islamica ha sufrido rupturas comparables a esos hiatos -esas rmutacionesr. por retomar un ter­ ro. Vease F. Schuon, Sentieis de gnose. La Colombe. 19 57 Y Comprendre I1s­ Iam.op. cit . pag. 25. Vease R. Guenon, Apercus sur Iesotetisme chretien, Paris. Ed. Traditionnelles, 1964 [trad. cast.: Sobte esotetismo aistiano, Barcelona. Obelisco, 1993]· II. F. Schuon, en Comprendre l'Islam. op. cit.. pag. 24. ha mostrado bien es­ ta diferenc ia entre la tristeza cristiana y la alegria islamica. 12. Vease F. Schuon, ibid.. pag. 26.

CIENClA DEL HOMBR E E ISLAM ESP IRITUA L

mine signiiicatrco, tan querido a nuestras elites poIiticas- espiritua­ les como los sufridos por Occidente. Nada comparable en el islam. primero a los procesos de excomuni6n de la ~nosis por la ~ran I~le­ sia, despues al affiomamento aristotelico tornista: nada comparable al corte mayor del «Renacimientol. nada comparable a las idolatrias que asocian diversamente, en el curso del siglo XIX -del econcor­ dismos del abad Moi~no aI neoconcordismo historizante del R.P. La­ ~ran~e ' J 0 de TeiIhard de Chardin- el acto divino y los datos de la ciencia y de la historia profanas, nada comparable a las teologias oc­ cidentales de la emuerte de Dioss. Pues, para el Occidente ecristia­ no». la famosa muerte de Dios" es el resuItado ineluctable de un pensamiento que «asocial ishirti) desde eI origen Ia divinidad y los avatares temporales, por tanto los del envejecimiento y la muerte. Concordismo y progresismo son las dos ~randes idolatrias del Occi­ dente cristiano. Como escribe Henry Corbin " a prop6sito de Ibn 'Arabi -pero la refIexi6n puede aplicarse a todo el teofanismo del islam espiritual-: «5u tiempo no cae en Ia historia. Dios no tiene que descender sobre la tierra. porque toma a los suyos, como arran­ c6 a Jesus al odio de aquellos que tenianIa iIusi6n de Ilevarle a Ia muerte (Corlin 4. 156). Esto 10 ha sabido siempre el esoterismo de Ia ~nosis del islam. y por eIIo Ia fatidica excIamaci6n "Dios ha muer­ to" no puede parecerle mas que la pretensi6n iIusoria de ~entes que i~noran la verdad profunda de ese docetismo del que tanto se burlan nuestros historiadoress. En otras palabras, Ia teologia encar­ nacionista. Ia «asociaciom de la divinidad a una filiacion. prologa peligrosamente para la cristiandad el a~nosticismo y el ateismo con­ 13. Hay que sefialar que la obra del abad M.-J. Moigno, Les Splendeuis de fa foi (18 78). eco tard io de Le Genie du Chiistianisme. rue calida rnente alabada por dos ~rande s papas del si~ lo X1X. Pio IX y Leon XIII. 14. Vease J. Bishop. Les Iheologiens de fa mort de Dieu, Paris. Ceri, 1967 [trad. cast.: Los teologos de fa muerte de Dios, Barcelona. Herder. 1969]. y la ed ificante bi­ bliografia que da sobre estos teologos. 15. H. Corbin. L'Im agination creatiice dans Ie soufisme d'Ibn :4rabi. Paris. Flammarion. 1958. pa~ . 68 [trad. cast.: La imaginacion creadora en el sufismo de Ibn :4rabi. Barcelona. Destine. 19931.

I16

C1ENC1A DEL HOMBRE Y TRADICION

temporaneos, Los cristianos deberian abordar el unisterio de Ia En­ carnaciom con menos desenvoltura, Es, sin duda, el misterio mayor pero que pide una refIexi6n. mas atm. una iniciaci6n docetista. La sacralizacion de Ia historia por Ia historizaci6n del kerigma. se in­ vierte muy pronto para Occidente en una profanaci6n hist6rica de 10 sagrado, Cuando el progreso material se convierte en el unico pa­ tr6n de valor. entonces es ineluctable que 10 lantiguo» -ya sea libro sagrado 0 precepto teos6fico- pase de moda en relaci6n a 10 mo­ demo y sobre todo, que la espiritualidad se disuelva en beneficio del dominio y la posesi6n temporal y material del mundo. Por el contrario, una fe como el islam. que reivindica un Libro revelado intangible. rsello de Ia profecia» y que sobrepuja todavia so­ bre esta definici6n rprincipialr pensando como el islam chitta, que la hermeneutica representada por el Hermeneuta Supremo. que es el Imam. esta rocultas y que el sello del Profeta es incIuso reforzado por el sellado del Hermeneuta Supremo. esta fe -digo- no puede en absoluto rascciarses al hilo de la historia, no puede ladaptan su mensaje a los avatares ternporales, buscar una falaz rconcordanciar entre la AbsoIuta Verdad teofanica y las verdades relativas y pasa­ jeras de las ciencias profanes, abocadas. como ha mostrado Bache­ lard. a la filosofia del no. De entrada. el Coran y su sentido trascien­ den para siempre la historia y las sociedades, y las fiIosofias que de el se originan se encadenan, sin duda, puesto que los fiI6sofos han vivido en el tiempo, pero se encadenan a la manera de un tejido, me atreveria a decir de un rmantc» (khirqalz). mucho mas que a la ma­ nera de un hilo determinista 0 de una Iarga «iadena» de razones. Los fiI6sofos del islam tejen por decirlo asi la presencia viva del Li­ bro Santo. del Coran. . Ninguna fiIosofia religiose ofrece mas nftidamente que la filosofia islamica la imagen de una Philosophic perennis. Y es esta pereiuiidad original del islam la que nos desvela de manera magistral la obra de Henry Corbin, especialmente el comentario, recientemente pubIicado en frances. bajo la direcci6n de Sayyed Jalaloddin Ashtiyani, de tex­ tos de la fiIosofia islamica unodernas. de esos textos de los contem­ poraneos de Descartes. Spinoza. Malebranche que son Mir Darnad,

CIENCIA DEL HOMBRE E ISLAM ESPIRITUAL

117

Mir Fendereshi, Molla Sadra 0 Lahiji, de esos contemporaneos de Marx. Comte 0 Levi-Strauss que son Shaykh Ahmad Ahsa'i, Mo­ hammad Khan Kermani 0 Sarkar A~ha. Se ve ahi, de entrada, que la ciencia del hombre seguira estre­ chamente €I estatuto divergente de Ia espirituaIidad en Occidente y en el islam. Por una curiosa paradoja, mientras que la cristiandad, bebiendo, por decirlo asi, en las mismas fuentes abrahamicas que la tradici6n islamica, considera, en su inicio, al hombre como dmagen de Dioss, el corte metafisico que opera entre su vida espiritual y ecIesial por una parte, y 10 profano, el cuerpo y el hombre rcaidor, fuera de la I~lesia. por otra, conduce a Occidente a una epistemo­ lo~ia materiaIista y parciaIizante de las ciencias del hombre. EI in­ telecto, bien sea «a~entet -de manera muy restrictiva, por otra parte- 0 pasivo, se encuentra del lado de la «iarnei, del pecado, de la muerte. EI corte que Descartes establece entre el cuerpo y el alma, lejos de salvar a esta ultima de Ia contaminaci6n metodolo­ ~ica del analisis de los cuerpos, alineara par el contrario la psicolo­ ~ia del si~lo XVIII sobre el modelo de la iisiologia, par sf misma cal­ cada del mecanisme de los aut6matas. Si la experimentaci6n sobre el cuerpo parece irenada en un primer momenta por un resto de pudor religiose del si~lo XVI, los descubrimientos medicos, de lJesa­ Ie 0 Ambroise Pare, a Cushing 0 Carrel. pasarido por Harvey. Mal­ pi~hi. Bichat 0 Pasteur," son descubrimientos mecanicistas de ana­ tomistas y fisiologos. Paracelso es la excepci6n que confirma la regla, La psicologia que se constituye desde el cartesiano Tiatado de [aspasiones y que se desarrolla con CondiIIac. y Iuego con los Ideo­ logos, es a la vez una psicologia de anatomia conceptual (la de las (facultadest del alma) y una psicologia caIcada cada vez mas estre­ chamente, de Broca a Ribot. de la anatornia fisiologica. En este ba­ jo nivel episternologico la encontraran, pues, nuestros psicologos conternporaneos, Pia~et, Wallon, Janet y Freud. En cuanto a la so­ ciologia, ya desde sus lejanos ori~enes del si~lo XVIII, con Montes­ 16. Vease Shry OcR. Histoire de fa medecine modeme, Paris. Colin. 1956; J. Bernard, £tat de fa medecine, Correa, 1960.

118

ClENClA DEL HOMBRE Y TRADlClON

quieu y Condorcet, y en eI XIX con su fundador oficialA Comte -sin hablar de Marx- esta caIcada sobre una derivacion ~eo~rafica, eli­ matica 0 racial. referida despues a un modelo biologico somera­ mente elaborado ofrecido sucesivamente por Bichat, Broussais y, por ultimo, Darwin.'? En otras palabras, sobre esos pIanos de desa­ rrollo esencial en el Extremo Occidente -medicina, psicologia y socloloqia-e-, Ia ciencia del hombre se encuentra siempre reducida ala ciencia de las causas, los condicionamientos, las infraestructu­ ras que escapan a la antropologia, En deiinitiva. la maquina" -y el progreso tecnologico triunfante- es 10 que sirve de modelo y refe­ rencia a la ciencia del hombre en Occidente.

La maldieion les sigue en este mundo: y el dia de la resurreccion ique espantoso presente se les daral Asi es la historia de las ciudades que varnos a eontarte... Coran

II,IOI-I02

Ademas, la iabuia del progreso de Ia antropologia, del conteni­ do del saber 0, mas ~lobalmente. de la humanidad, es la ideologia fundamental -que le~itiman todos los colonialismos, todas las cru­ zadas, todos los imperialismos, toclas las he~emonias- de Occiden­ teo Solo un occidental puede permitirse escribir Le Progres de fa cons­ cience. ? bien que existan los ejemplos de Comte, Marx, Condorcet e incIuso Bossuet. La fabula del progreso se perilla, se estructura y se excusa por la idolatria subyacente de Ia historia. Nada escapa, en Occidente, a su poder de «asociaciorn. Esa es, a los ojos del creyen­ te mu'miti, Ia blasfemia constitutiva del modernismo occidental. Se «asocias primero eI bien -el bien soberano-- aI progreso tecnico y a sus consecuencias. que se convierten entonces en modelos de 10 que debe ser todo perfeccionamiento, comprendido eI perfecciona­ 17. Vease A. Comte, Systeme de politique positive. III. cap. VII. Paris. Societe

Positive. 1929. 4 vols. 18. Vease A. David, La Cybemetique et l'humain, Paris, GaIIimard. 1965. 19. L. Brunschvicg Le ProfTes de fa conscience. Paris. P.U.F.. '1953.

CIENCIA DEL HOMBRE E ISLAM ESPIRlTU AL

119

miento moral 0 juridico: en un segundo momento, se «asociai todo fundamento de la verdad a la relatividad de la historia. a la fu~aci­ dad esencial del tiempo que pasa y sobrepasa. y esta idolatria de­ semboca naturalmente. a pesar de su soberbia seguridad, en ese a\f­ nosticismo ~enerador de angustia que tan bien conoce Occidente. Sin contar con que se trata, en este trayecto, de un circulo vicioso que querria hacerse pasar por un absolute. descansando el progreso de la maquina en Ia relatividad de Ia historia. Es eI culto del Deus in mamma. Pero esta soberbia progresista produce adernas una terri­ ble consecuencia: todo 10 pasado se coagula irremediablemente en un estatuto de inierioridad: no 5610 post hoc. ergo. propter hoc. sino tambien ergo, superior hoc. Conocida es la trampa espiritual en que ha caido la teologia de las I~lesias de Occidente: de inmediato se pa­ sa de la historizaci6n de la Revelaci6n. por un Leisy 0 por Ia Escue­ Ia de Jerusalen, al evolucionismo «ristianr» de TeiIhard de Chardin y. por ultimo. a la desesperanza de los teologos de la emuerte de Diosi. Ahora bien. para todo el islam da muerte de Dies- constituye Ia blasfemia de las blasfemias. Ni Dios, ni su Palabra -la cristologia «loceta» de un Sejestani y de toda la tradici6n islamica 10 testimo­ nian- pueden morir, puesto que son Ia vida. en su principio mismo. EI Cotan esta vivo. es la profecfa viva para siempre. Y esta aiirma­ cion, tantas y tantas veces repetida por todos los espirituales del is­ lam. incIina a toda la fiIosoffa islamica -y especialmente en su di­ recci6n «oriental» mas briIIante que culmina con Ibn' Arabi. Avicena, Sohrawardi 0 Mella Sadra Shirazl- a considerar la existencia tem­ poral como el Iugar permanente de los escIarecimientos. los desa­ rrollos, en una palabra. de la herrneneutica. Y esto 10 subraya Henry Corbin a prop6sito de un fiI6sofo contemporaneo, Sayyed Ialaloddin Ashtiyani, cuya Anthologie des philosophes iraniens depuis Ie X1711 sie­ de jusqu a nosjouis" prologa, cuando afirma: «En el sentido ordina­ rio y corriente de la palabra, Ashtiyani no es un historiador; en el 20. Edici6n de Ia BibliothequeIraiiietuie. Paris. A Maisonneuve. introducci6n de H. Corbin.

19 7 2 .

vol, I .

120

CIENCI A DEL HOMBRE Y TRADICION

sentido existeticial de Ia palabra, 10 es de manera erninente, pues da vida nueva a cada uno de los temas tratados, es el mismo su vida; hace existir en el presente 10 que. para el indiferente, no es mas que un pasado superado. sin que este indiierente se aperciba de que el pasado no esta en las cosas , y que el mismo es dejado atras por el pasado, en la medida en que. inca paz de asumirlo, es incapaz de ser su porvenir... Para la tradicion. entendida como renacimiento per­ petuo, la historia exterior no es sino Ia consecuencia, la manifesta­ ci6n 0 el simbolo invisible de una historia interior constituida por las decisiones del hombre interior que escapa a toda judicatura socio­ 16~ica».

Esta inversion deIiberada del sentido y del valor que el Occi­ dente cristiano confiere a la historia constituye la diferencia funda­ mental entre nuestra antropologia objetivista, mecanicista, y que no salva una apariencia de humanidad mas que hipostasiando la ma­ quinaria objetiva de la historia, y la antropologia islamica que se quiere «en el presenter c6smico e interiorizado del acto teoianico creador. Es 10 que dice en otras palabras Muhammad Arkoun pro­ Iogando una traducci6n francesa del Cordn:'l «La interpretaci6n po­ sitivista dira que eI islam i~nora Ia noci6n de progreso: pero. para Ia conciencia mitica, el progreso consiste en volver aI tiempo inaugu­ rah. Este pensador moderno no hace sino constituirse en eco del metodo que profesaba el VI imam. Ja'iar Sadiq. en eI si~Io \7III: «No he dejado de repetir este versiculo. hasta entenderlo de Aquel mis­ rno que 10 pronunci6 para eI Profetas." La historia se desdobla pues, par una parte. en una historia mas o menos objetiva -iy tan relativa!- que no «mira»') aI hombre y que nuestras rciencias socialess han cometido eI error de situar co­

21. Vease el preiacio a la traducci6n francesa del Cotan por Kasimirski, Pa­ ris, Gallimard, 1944 . 22. Citado por H. Corbin. Histoire de fa philosophie islamique, op. cit.,

pa~. 22.

23. Sobre la mirada del hombre y la mirada divina, vease H. Corbin.•Face de Dieu et face de I'homrnes, en Eranos Iahrbuch. XXXVI. Zurich. 1968.

CIENCIA DEL HOMBRE E ISLAM ESPIRIT UAL

121

mo fundamento de todo destino humane: por otra parte. es una historia rexistenciah 0, mejor, un destino sagrado en el que las sub­ jetividades se ajustan y predestinan en una sobredeterminacion simbolica de la que emerge el sentido. Subyaciendo a la historia cronologica, se sustituye el acontecimiento objetivable por un Ire­ citativoi interior otorgador de sentido. Sin duda, la fiIosofia occi­ dental conternporanea, en su estado de crisis interna, ha reconocido -siguiendo la estela por otra parte de Ia teoria fisica de Ia relati­ 'lidad- una duracion «ioncretai. un etiempc local». una sucesion existencial diferente del tiempo abstracto de los relojes 0 de los his­ toriadores. De Bergson y Proust a Sartre y a Ricoeur. se intenta ti­ midamente deshacerse de las aIienaciones de la singularidad hu­ mana sacrificada a las reducciones seculares. Pero esos intentos son timidos y. como ya he mostrado. " sin cesar .amenazados de captacion por la imposicion historica en Occidente del concepto mismo de historia. El islam ha podido, desde siempre, ahorrarse tal esfuerzo de dis­ criminacion" pues, para el, contrariamente a un cristianismo super­ ficial centrado en la «ionciencia historicas, el centro no es un hecho historico, aunque Ia revelacion del Coren sea datable. rsino un he­ cho de la metahistoria», al ser el mismo Cortin. al tiempo que rsellos definitive. la clariiicacion interior del desarrollo historico. la fuente metahistorica, hierogonica.. de todo sentido. Un Ipacto primordial», como escribe Mahmud Shabestari." supera el destino mortal de la historia . Que no se objete este ahistoricismo profundo del islam, con la personaIidad y Ia obra de historiadores musulmanes, como Ibn' Khaldun (siglo XW)27 que algunos occidentales querrian hacer pasar por el ancestro del positivismo historico y la sociologia materiaIista. 24. Vease nuestro articulo «Taches de l'esprit et imperatiis de I'etre•. en Em­

nos Iahrbuch. XXXIV. 1965. Vease eI capitulo 2 de este libra. 25. Vease H. Corbin. Histoire de [a philosophie islamique Historia. op. cit.. pa\5s. 15-16. 26. Comentario a La Rosemie du mystere, edicion y traducci6n a cargo de H. Corbin. Paris-Teheran. Bibliotheque iranienne, 1961. 27. Ibn Khaldun, Discours sur I'histoiie univetselle. 3 vols. Beirut. 196 7.

122

CIENCI A DEL HOMBRE Y TRADI CI ON

Aparte de que este autor -como A\Jerroes- no es sino un pensa­ dor muy secundario en la encicIopedia fiIos6fica musulmana, cuan­ do se leen atentamente los Muqaddimah (titulo que curiosamente se traduce. reiiriendolo impIicitamente a Bossuet. por «Discurso sobre la historia universals, cuando no significa sino «lntroduccior». «Prole­ g6menos» al libro de historia propiamente dicho, Kitab at Iban, se percibe como a traves de las cr6nicas y descripciones etnologicas y culturalistas que tanto han sorprendido a los occidentales, es todacia y siempre Ia verdad -la Luz- coranica la que circula, como ates­ tiguan las citas del Libra que aparecen en cada pagina, Los Muqad­ dimah terminan con su capitulo mas largo (el VI) consagrado a las ciencias y la ensenanza, donde figuran las ciencias proieticas, ange­ licas. exegeticas, teologicas, oniricas, iisicas, medicas, linguisticas... pero donde Ia historia y Ia sociologia no tienen Iugar, y que concIuye con esta perentoria aiirmacion - en las antipodas de nuestro positi­ vismo y nuestro historicisma-: «Pero la ciencia viene s610 de Dios, pues el es el Dios fuerte y sabioi." Esta profesi6n de fe gn6stica va pareja con la doxologia inicial, " que opone al «Dios vivo que no mueres y al que «Dada se resiste. al que nada escapa en el cielo y en la tierra». esta tierra en la que hemos sido colocados y donde eel tiempo nos desgastas, «Ionde el termino nos reclarna», mientras que «s610 Dios dura y persister. iCuan lejos estas aiirrnaciones que man­ tienen la trascendencia del orden como fundamento del proceso de la historia, de las puras reducciones materiaIistas y positivistas que se querria endosar al historiador tunecinol's-: Lo «primordial» que es 10 eperpetuos. 10 «sempiterno». funda­ menta y contiene las otras modaIidades del tiempo que. para Mir Damad, se escalonan entre Ia eternidad del Ser puro" isarmadi y el 28. Ibn Khaldun, op. cit. III. pag. 1.333. 29. Ibn Khaldun, op. cit.. I, pags. 3-4. 30. Vease Y. Lacoste. Ibn Khaldun, Naissance de l'histoire passee du tiers monde, Paris. Maspero, 1962 [trad, cast. : El nacimiento del tercer mundo: Ibn Ial­ dun, Barcelona. Peninsula. 1985]. 31. S. 1. Ashtiyani (comp.). Anthologie des philosophes iraniens depuis Ie XVI! steele ci nos jours. op. cit . pags, 17-18.

CIENCIA DEL HOMBRE E ISLAM EsPIRITUAL

12 3

nivel del tiempo material, de la historia objetiva y ciega de Ia dia­ cronicidad racontecimientah. EI dhar que Corbin relaciona con el ~rie~o aion y el latin aevum. es ese punto de uni6n que senalaba A'Vi­ cena entre 10 permanente y 10 mutable (motaghayyir). Es el Iugar del paso del sentido, el lu~ar donde el acontecimiento (evenement) se transforma en advenimiento iavenementi y si todo relato rnitico es, segun Ia observacion de Claude Levi-Strauss, una «herramientas 16­ ~ica que. mediante el diacronismo, reline los contradictorios de un dilema, toda «historias (historein = contar) es el recuento presente dominado por la permanencia del sentido donde se manifiesta 10 simbolizado. Otro pensador iranio, Sernnani (si~lo XIV).)2 se situaba tambien en esta perspective cuando diierenciaba un «tiempo horizontal» (zc­ man a/aq£), el etiempo iisico del c6mputo hist6rico r~ulado por el movimiento de los astros», y el zarruin an/oslo el tiempo superior. 'Ver­ tical, del alma. Estos dos tiempos son homologos, en el senti do de que es posible reconducir un acontecimiento hist6rico a su sentido, a 10 que Corbin llama su KpoloD. H Nunca se insistira demasiado en Ia importancia antropologica de esta distincion y esta correspondencia: es ella, y 5610 ella. la que fundamenta la simple comprensi6n de Ia historia. EI historiador occidental ha refIexionado poco. hasta Dilt­ hey, sobre el hecho de que la historia objetiva no adquiere sentido rna? que por una referencia subjetiva que es por 10 menos Ia del his­ toriador y los problemas de su tiempo. La historia es fundamental­ mente retrospective. y el pasado no existe mas qu~ por Ia mirada que 10 inspecciona y Ie vuelve a dar rostro y sentido, Contrariarnen­ te a Ia idolatria de Ia historia objetiva y lineal del Extremo Occiden­ te. la instituci6n del Coran invita a la meditaci6n musulmana a in­ vertir el problema; el efecto no es superior a Ia causa. el consecuente

32. Vease H. Corbin . L'Homme de lumiere dans le soufisme itanien. Cham­ bery, Presence, 1971; [a primera edicion, en eI volumen colectivo. Ombre et Lu­ miere, Desclee de Brouwer. 1961. Ilevaba eI titulo mas explicito: PhY5io{ofie de homme de lumieie dans le soufisme iranien. 33. H. Corbin. L'Homme de lumiere dans Ie soufisme itanien. op. cit, pall. 2 4 0 .



CIENCIA DEL HOMBRE Y TRADICl6N

no es superior al antecedente. Se debe introducir una desnivelacion en el hilo de la historia si se quiere que esta adquiera sentido y que el famoso rsentido de Ia historiai no sea una tautologia falsamente inductiva y todavia mas falsamente robjetivai. Como sefiala excelentemente Corbin. acontecimientos que po­ drian pasar por (procesos cronologicosi (las profecias. Muhammad como sello de los proietas, el imam como mantenedor del Libro) son en reaIidad profundizaciones. una vuelta a las fuentes absolu­ tamente sincr6nicas, puesto que Ia Luz muhammadiana esta rpor encimai del tiempo de Ia historia y las cronologias de la evolucion, EI sello de los profetas. como su sucesor, el primer imam. 'Ali Ibn Abi Talib. pueden decir que estaban ya (en iuncior» cuando (Adan estaba todavia entre el agua y Ia arcillas.> Y 10 notable es que el mismo Ibn Khaldun," en la solemne doxologfa inaugural de Ia que ya he hablado, que situa en incipit de su obra de historiador y de sociologo, haga expIicitamente alusi6n a esa perennidad muham­ madiana, Ia del Profeta mornbrado y descrito en Ia Biblia y en el Evangelic» y rpor quien el universe estaba de parto, antes incIuso que a los sabados sucediesen los domingos, antes incIuso de que el espacio separara a Saturno (el septimo cieIo. el mas alejado) de Le­ viatan (el monstruo de las profundidades abisalesb. En otras pala­ bras. lejos de no tener mas que una importancia historica para el historiografo musulman, el Profeta tiene una situaci6n original. ra­ dicalmente metahist6rica. EI «sentido de la historiai no puede ser pues mas que su significaci6n interior. homologada subjetivamente de algun modo. No podemos detenernos en las incaIculaI:lIes consecuencias teologicas y religiosas de tal perspective metahistorica: consecuencias sobre las que Henry Corbin" ha insistido repetidas veces, mostran­ 34. Vease H. Corbin. Histoire de fa philosophic islamique, op. cit.. pailS. 65-67. 35. Ibn Khaldun. op. cit. I. pall· 3­ 36. Vease H. Corbin. especialmente Histoire de fa philosophie islamique, op. cit., pailS. 24-27.

/25

CIENCIA DEL HOMBRE E ISLAM ESPIRITUAL

do que esa diferencia de nivel entre dos temporalidades, una de las cuales deviene mediadora de la etemidad, fundamenta la fiIo­ sofia proietica propia del islam. asi como la metodologia de Ia re­ conducci6n (ta 'wf!) del zahit al batin, la epistiophe (como dice Proclo) de los si~nificantes temporales y literales, a los sentidos que rse ahuecam verticalmente en Ia temporalidad comun y la cargan de signiiicado: asf, el texto literal del Coran contiene par 10 menos los «iuatro sentidoss que Ie reconoce el imam AIi.J7 0 los siete sentidos ocultos que reconocia el mismo Profeta en un cele­ bre hadith. Digamos simplemente, para no atenernos mas que a una cien­ cia del hombre -termino al que Occidente da siempre un sentido restrictive que no Ie da, ciertamente, el Oriente islamico, para el que la epiiania del Profeta de carne y hueso es Ia del Anthropos ce­ Ieste-s-," que este desdoblamiento, 0 mejor, este espesamiento exis­ tencial de la historia objetiva ~racias ala existencia en un plano su­ perior de una «historia santa». de una hierogonia que se origina en el mundo de los arquetipos. podria tener consecuencias epistemo­ Iogicas revolucionarias si Occidente Ie hiciera un Iugar en su analisis hist6rico. Invertir la problematica del progreso objetivo de la histo­ ria para hacer del tiempo humano el Iugar de Ia recurrencia meta­ iisica. es romper e invertir Ia tenaz costumbre evhemerista de Oc­ cidente. Desde ese momenta no se trata ya, como hacen algunas teologias miserables," de desmitologizar para encontrar 10 humano -y un humano irrisoriamente caIcado del objeto de producci6n mecanico y mercantiI- sino. muy al contrario, de remitificar Ia his­ taria y mostrar que 10 que adquiere un peso. una dimensi6n hist6­ rica, no es mas que 10 que tiene un sentido, es decir, 10 que se refiere a verdades primordiales, sincr6nicas, que son las del mito. Desmix­ tiiicar Ia historia -y Ia historia literaria, como intenta timidamente

37. H. Corbin. ibid.. pags. 20-21. 38. H. Corbin. ibid.. pag. 94. 39. Vease G. Vahanian. La Mort de Dieu, op. cit.. Vease supra. cap.

2.

126

CIENCIA DEL HOMBR E Y TRADICION

la Nueva Critica-40 seria devolverle su alineaci6n con el mite in­ virtiendo el evhemerismo congenito del Occidente cristiano. Asi se percibe que el advenimiento de las ~randes ima~enes his­ t6ricas es mas poderoso que el acontecimiento cronoloqico y obje­ tivable: que el mite de Napole6n es mas real -mas eficaz- que el personaje hist6rico de Napole6n Bonaparte,4 que Don Quijote cuenta mas que Cervante s." No s610 la Iiteratura, es decir, el relate, la historia contada, seria entonces susceptible de una mitocritica. si­ no que tambien la historia misma y las opciones ideologicas que suscita caerian en el campo de acci6n de una critica absoluta, examinada y juzgada por la confrontaci6n con los fundamentos ar­ quetipicos. Pemitologizer es, muy lejos de sacriiicar a los idolos, desmixtificar por fin la idolatria historicista; la bastarda idolatria histo­ ricista, podriamos decir, pues la historia es para el occidental el lu~ar ambiguo donde el humanismo trata de conserver su rostro, realizando sus sacriiicios a la maquinariade un «ievenin produci­ do por ese pequeno superhombre que es el Homofaber, por un de­ terminismo que no se atreve a reconocer su fatalidad. La historia de Occidente -y con ella los £iI6sofos de la historia- ha sido, sin du ­ da, un despliegue contra los otros dos ~randes idolos que son la cantidad y la objetividad." Pero este es un alarde falso que bien pronto transforma el absoluto de su humanismo en esas objetivida­ des y esas cuantiiicaciones no menos temibles que son la economia politica, la ~eo~rafia humana 0 la sociologia, Y es un contrasentido absoluto alabar a Ibn Khaldun por estar «muy avanzado sobre su 1

"

40. Vease S. Doubrowsbi. Pouiquoi [a nouvelle critique? Pa ris. Mercure de France. 1966; vease ya [a tentativa de Llnarnuno, Vida de Don Quijote y Sancho. Madrid. Espasa -Calpe . 1964. 41. vease 1. Tulard. Le Mythe de Napoleon. op. cit. 42. Vease G. Durand. Figures mythiques et Visages de Ioeuvre, Pari s. Berg In­ ternational. 1979 [trad. cas t.: De [a mitoattica al mitoanalisis, Barcelon a. Anthro­ pos. 1993]. 43. Vease R. Gueno n, Le Regne de [a quantite et le signe des temps. Par is. Ga­ llirnard, 194 5 [trad. cas t.: E[ reino de [a cantidad y [05 signosde [05 tiempos, Barce­ lona. Paid os. 1997].

CIENCIA DEL HOMBRE E ISLAM ESPIRITUAL

tiempos." cuando todo el pensamiento politico de este filosofo ra­ dica, por el contrario, como en el Platen de Ia Republica, el Avice­ na del Shifa y del Najat. como en Ibn Al-Athir (si~lo XIII) 0 al-5a1

7-8. Invent a la lira de Apolo 9· Tru eq ue de la siringa por el bac ulo de oro de Apolo

IL Libera

astu ta me nte a Ares de l calder o de los AJoades

rz. Interrnedia­ rio de Zeus en Ia llberacion de 10 tran sformada en becerra

'4. Ata los tendon d es de Zeus IS·

IS·

7 bis. 8 bis, 9 bis. 10 bis. Apo rta la siringa, la lira. eI co mercio. el tru eque

Inven ta la siringa 10.

0

o 0­

Z

' 3· Robo de los tendo ndes de Zeus retenidos por Tiion

IS·

Ayuda y oc ulta a Dio nisos nino. bastar do de

7 ,1' 11', \' d 4' lu n \

T

''''' 11111

r

J

r~

r

T

"

· 10

1-""

I

r

-----

16. Mediador de Zeus ante Alcmena . madre de Herades

17. Entrege

de la espada que matara a la Hidra de Lema.

I

.8. Entrega

I

19. lniciador

del casco que de la aventura hara invisible a Perseo de Perseo

20. Interrne­

diario de Zeus en la entrega del camero del toison de oro 22.

Padre d, 23. Junto a

Iadron Ant elibos

Herades en el descenso a los infiemos

(abu elo de Ulises e instructor d Heracles)

24. Interme-

diario de Zeus ante tres diosas y Paris

~

Q ~

21, Iniciador de la empresa 2 1 bis. de [as Entrega de 10 que sera el ar\lOnau tas (padre de dos tois6n de oro arllonau tas)

~

0

.-