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Spanish Pages 163 Year 2021

S_n r_tmo n_ cadenc_a Recopilación de artículos de opinión publicados por Xavi Fané en las revistas Sólo Bici y CrossCountry desde 1991 hasta 2007
Sin ritmo ni cadencia Mayo 2021
Xavi Fané ha formado parte de Sólo Bici desde el primer número. Aunque sus artículos de opinión aparecían con una frecuencia irregular, no así sus innumerables reportajes, con el tiempo se fueron consolidando hasta que finalmente se retiró en el verano de 2005. En 2007, tras la publicación de una entrevista, sus escritos sobre MTB resurgieron en la revista CrossCountry, donde mantuvo una página mensual hasta la desaparición del magazine ese mismo año. Aún fue posible “seguirle la trazada” unos años más tarde en su (abandonado) blog: https://xavifane.blogspot.com/
Junio 1991 Sólo Bici N.º 1 M.T.B. SPIRIT Después de muchas millas y magulladuras por los caminos y senderos de USA, donde he vivido y practicado el M.T.B. desde hace más de seis años, raras veces me había preguntado cuál era la auténtica razón por la que éste deporte había perdurado y magnetizado a 14 millones de americanos. Esta respuesta parece ser asumida después de mucho tiempo que tiene de vida el M.T.B. en USA y también a mi me parece obvia: "Es el M.T.B. Spirit". En nuestro país, la historia es un poco diferente; de repente, casi diría explosivamente, ha llegado el M.T.B., y con él, un torbellino de sensaciones, imágenes y colores, seduciéndonos de forma instantánea con sus máquinas de diseño casi erótico, sus fucsias y neones, aluminios, carboaluminios y titánios, "cool-brakes", "cool-tools" y u-brakes, suspensiones delanteras, traseras, hidráulicas o de polímeros, geometrías agresivas, rendimientos y capacidades cardiovasculares, zapatillas de M.T.B. con las que pasarías desapercibido bailando el ritmo del "Rap Music", lycras expresivas, cuenta kilómetros, cuenta calorías, cuenta lo que quieras, super héroes, y una lista interminable de parafernalia, técnicas y ciencias aplicadas, que comunicadas con una terminología políglota y atractiva, a través de un marketing hipnótico y feroz, puede hacer que tengamos una visión un pelo confusa, tecnocrata, del M.T.B.. Todo éste ingente despliegue sensorial, muchas veces atractivo, otras algo decadente, es también necesario y parte integral del M.T.B. pero no debería apartarnos del verdadero espíritu que le dio del nacimiento, sino exaltarlo. El Mountain-Bike fue en los USA de los 70' una respuesta lógica y coherente a las necesidades de una sociedad que pedía a gritos un retorno a la naturaleza y a lo básico. Bajo el amparo de esa cultura "hippie", el M.T.B. se convirtió en el vehículo ideal, sano y limpio, para recorrer los espacios naturales y disfrutar de ellos en harmonía. Hoy en día, y más que nunca quisiera que ésto fuese motivo de inspiración para sus miles de practicante y que reconociendo su "razón de existir", aprendamos a valorarla por encima de la cosmética y de una visión puramente del M.T.B., así evitando que se convierta en una simple moda. En resumen y como una vez dijo Gary Fischer: "¡Rayos, ¡El Mountain-Bike no se trata sólo del material, sino de los sitios a donde vas, la gente que encuentras y sobretodo, divertirte mientras haces todo ésto!". Hasta pronto. Desde Crested Butte. Xavier Fané.
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Julio 1991 Sólo Bici N.º 2 LA FIEBRE DEL TITANIO En las altas montañas de Colorado, la época de transición entre la temporada de esquí y la del Mountain Bike es a veces dura. Muchos días, la nieve y el frío frustran cualquier intento de salir a pedalear, y la verdad es que ya estás hasta la coronilla de esquiar. Solución: ir a la granja con un grupo de amiguetes deprimidos, y con sendos cafés y croissants en mano, sumirse totalmente a la monotemática de la bici. Así pues, no hace mucho, mientras el viento soplaba en el exterior, cómo no, salió a relucir el tema del Titanio o Ti 3AI-2.5V en su forma de aleación, metal de los metales, que hoy por hoy, junto con sistemas de suspensión y las fibras de carbono, es de lo que más se lleva. Algunos Pros, presentes en el diálogo, aportaron algunos detalles curiosos y al mismo tiempo útiles, como por ejemplo: - A pesar de su nombre algo marciano, el Titanio es el cuarto elemento estructural más abundante en nuestro planeta. - Su elevado precio es reflejo directo de las dificultades técnicas que supone su manufacturación y del complejo y riguroso control de calidad exigido por la industria aeronáutica, su principal usuario. - Un Boeing 747 tiene más peso en Titanio que el existente en todas las bicicletas del mundo. Así es que, sintiéndolo mucho, no creo que su precio disminuya sensiblemente por ahora, por más que aumente la demanda de bicis. - No existe otro metal que reúna las propiedades de ligereza, resistencia, absorción y anti-corrosión de forma tan equilibrada como el Titanio, pero ojo, eso no quiere decir que su uso en cualquier componente de la bici sea positivo. El aluminio es un tercio más ligero que éste y puede ser usado eficazmente en elementos que no se vean sometidos a grandes presiones con ventaja sobre el Titanio. - En cambio, el Acero (Tange, Reynolds), aunque comparable en cuanto a resistencia, pesa un 50% más que el Titanio, siendo casi siempre su substitución por este un beneficio (desde luego, no desde el punto de vista económico). El Titanio es una alternativa cara a la postura del heavy metal, pero debo añadir que desde hace unas semanas soy un afortunado propietario de una de estas joyas y que aunque ahora mi cuenta de ahorros sea nula, a mi, nadie me la quita. Desde Crested Butte, USA. Xavier Fané.
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Agosto 1991 Sólo Bici N.º 3 USA EXPERIENCE ¡¡GO WEST!!... es lo que te diría cualquier aficionado o "pro" del MTB en Estados Unidos intentando ayudarte a decidir dónde pasar tus vacaciones de Mountain Bike. Y yo también te lo digo. Hace pocos días, y en un solo recorrido de unos 30 kilómetros que discurre por los alrededores de mi hogar en Crested Butte, me tropecé con cuatro ciervos, dos caribús y un puercoespín de perezosos movimientos, al que seguí un rato hasta que decidió pasar de mi y se encaramó en un árbol. Un año atrás, y mientras pedaleaba en solitario en un paraje no muy lejos de aquí, un oso negro de dimensiones que en aquellos momentos a mi me parecieron gigantescas, se plantó frente a mi a unos 20 metros de distancia, me miró y consiguió que mis piernas se convirtieran en "apéndices" totalmente inútiles, para después, ágilmente, emprender su marcha hacia las profundidades del bosque. ¡¡UUFFF!!! Esta vez fui yo el que casi se sube al árbol. Me pasé semanas dando la paliza a mis amigos sobre mi aventura. Tampoco es inusual ver coyotes, zorros, castores, mofetas, tejones y rapaces de todo tipo. Es relamente impresionante y, a parte de ser interesante, la adrenalina bombeando en tu sistema circulatorio te da un punto curioso. La práctica del MTB por estos parajes es como una especie de "safari" cotidiano. A nosotros, los "Euros", nos es difícil imaginar las dimensiones de los espacios abiertos del "oeste" de los USA y su abundante y rica flora y fauna. Es una excitante aventura el poder efectuar itinerarios de más de 200 kilómetros sin jamás pasar por una población. Algo imposible de experimentar en nuestro atiborrado continente. De la misma manera que Europa por otro lado es un "alucine" para los "yanquis", con sus pueblecitos medievales, sus iglesias románicas y payeses con boina, a ellos eso les es algo totalmente "nouveau" y encantador. Pero ¡hey!, tu eso ya te lo conoces. Ahora te toca probar algo nuevo, vivir una "experiencia" contundentemente diferente. TRABAJA DURO, AHORRA... ¡GO WEST! Ven a visitarme. Desde Crested Butte, USA "Your friend" Xavi Fané
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Septiembre 1991 Sólo Bici N.º 4 "SUSPENSE SOBRE RUEDAS" La primera vez que pruebas unas horquillas de suspensión no deja de ser una sensación rara y diferente. Te sientes capaz de descender a velocidades que hasta entonces te parecían imposibles y llegas a los límites del terror sobre ruedas. Es como si flotaras sobre rocas y baches, o como si alguien hubiera atado una almohada a tu rueda delantera. Por lo menos eso es lo que me pareció a mí después de montarme unas Manitou en mi bici y dejar clavados a mis amigos con sus horquillas convencionales. Desde luego podríais pensar que todo eso es fruto de mi imaginación febril y dada a la fantasía, pero yo no creo que el 80% de los profesionales de USA las lleven por que queden bien, aunque algunos de ellos perciban cifras generosas por llevarlas. Ned Overend, campeón del mundo y dinosaurio del MTB, era, hasta hace poco conocido por su escepticismo y sus reservas por innovaciones no probadas. El año pasado consiguió su título sobre unas Rock Shok y esta temporada no se ha desprendido de ellas ni una sola vez. Incluso Greg Lemond, super-héroe-sobre-ruta, adoptó unas Rock Shock modificadas en la infame París-Roubaix de este año, pesadilla sobre adoquines, quedando maravillado con el potencial de éstas. Pero no confundamos chorizo con membrillo y pensemos que las suspensiones sean tan sólo un elemento dedicado a las velocidades extremas y a la competición. Probablemente la ventaja más importante de la suspensión sea el confort que nos ofrecen en nuestras salidas cotidianas. Mis brazos y espalda no se fatigan tanto y me puedo relajar más durante esos largos recorridos en los que antes acababa baldado y el frenado parece más eficaz, pues las ruedas mantienen mejor contacto con el terreno. ¿Sacrificios?... ¡claro que los hay! Desde que tengo suspensión delantera no como tantos dulces, para compensar el kilo de más que pesa. Al principio pierdes algo de precisión en virajes continuos y cerrados, pero al poco tiempo lo corriges aprendiendo a anticiparte; y un detalle importante... la mayoría de horquillas de suspensión modifican la simetría con la que tu bici fue originalmente concebida. Ahora mucho de los cuadros que se producen ya tienen en cuenta este problema y anulan los efectos de la suspensión. Las horquillas Manitou son, por ahora, las que menos afectan los ángulos de tu máquina. John Tomac y Juli Furtado las han machacado a tope y con buenos resultados. Por último, y como siempre, el precio, un elemento decisivo en nuestras decisiones. Scott fabrica una horquilla a suspensión que ha obtenido buenas críticas a un precio razonable. ...Y si eres un tipo leal a lo convencional, es perfectamente aceptable... pero no te olvides de que el Mountain Bike es un deporte totalmente... ¡¡RADICAL!! /Xavier Fané, USA
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Octubre 1991 Sólo Bici N.º 5 ¿ESTUDIAS O TRABAJAS? Si lo tuyo es pedalear, machacarte el cuerpo disfrutando de la naturaleza, alcanzar el éxtasis sobre tu bicicleta aunque tan sólo sea tres horas a la semana... o treinta, merece la pena prestar atención al elemento "clave" de tu pedaleo desenfrenado: LOS PEDALES. Una de las aportaciones más significantes, considero yo, del "ciclismo en ruta" a la "new wave" del MTB, ha sido el de los pedales automáticos. En USA, y desde hace dos temporadas, la gran mayoría de los "Pros" los han adoptado con éxito y aquellos que todavía no los llevan es, en gran parte, porque su esponsor "Sun Tour" todavía no los fabrica. Proviniendo del mundo del esquí, no puedo evitar el comparar el pedal automático con las modernas fijaciones de esquí alpino, y el pedal de rastrales con las arcaicas fijaciones de esquí, de cable y aparatosas correas. De pequeño aprendí a esquiar con estas últimas y recuerdo que aparte de ser extremadamente "patoso", tenía dificultades para conseguir transmitir los movimientos de mis pies a los esquíes debido a la holgura de tales fijaciones. El punto más importante de los pedales automáticos es que permiten al ciclista convertirse en una sola unidad con su "máquina", mejorando la precisión de movimientos, tan importante en un deporte técnico como el nuestro. Debido al sólido vínculo entre ciclista y bici, la transmisión de la energía de tu cuerpo mejora, traduciéndose en un pedaleo más cómodo y eficiente. Desde el mes de abril hasta mediados de agosto he puesto casi 5.000 kilómetros sobre el sillín de mi MTB, y millones de pedaladas con mis pedales automáticos Shimano SPD, a través de variedad de terrenos y condiciones infinitas... sólo un par de veces tuve que parar y limpiar pedales y zapatos, después de cruzar zonas de barro que me llegaban a media rueda. Pero normalmente las calas logran entrar incluso en las peores condiciones. Eso sí, es imprescindible mantener los muelles y partes móviles del pedal bien lubricados, y lo más sencillo es hacerlo con un "spray" lubricante de base sintética. Sin duda es importante concederse un periodo de "aprendizaje" para adaptarse a las sutilidades de estos pedales. En mis primeras salidas metí la pata repetidas veces al intentar salirme de ellos con la técnica tradicional de "arriba y hacia atrás", pero después de un par de tortazos aprendes a salirte "lateralmente" de maravilla. Algo que me gusta de los pedales automáticos Shimano, y que no tienen otros pedales como los "Look", los "Grafton" o los "Campagnolo", es que ambas "caras" del pedal "muerden" la cala, y por consiguiente no tienes que preocuparte de mirar en qué cara estás. Además, Shimano lanza al mercado para esta próxima temporada un modelo más asequible de pedal automático, con tan sólo unos gramos de más que el SPD. Hasta Pronto... y a pedalear, ¡que es automático! Xavier Fané, USA
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Diciembre 1991 Sólo Bici N.º 7 ¡¡TOMA TOMAC!! John Tomac aparecía hasta en la sopa, mucho antes de que se llevase ambos títulos de la Copa del Mundo Grundig y los Campeonatos del Mundo de este año, en que los europeos, a pesar de intentarlo de buena gana, no han conseguido romper el hechizo yanqui. Su imagen camaleónica, a veces disfrazada de vaquero, y otras de niño guapo o de yuppie, ha aparecido repetidamente en todas las revistas de MTB... y también en anuncios publicitarios de Nike, saltando rocas, todo sonrisas y sin bicicleta, en publicaciones deportivas que abarcan más allá del contexto del MTB. Hasta ahora, el jovenzuelo de Durango (Colorado) era, para todos los aficionados del MTB sobretodo en su país pero también en Europa, un niño prodigio, guapetón, simpático, carismático y con aire de inocentón que, aunque no participaba en todas las carreras del circuito profesional, cada vez que lo hacía, su victoria era casi invariablemente segura. Digo "hasta ahora", porque a partir de este momento, con el peso de sus últimas espectaculares victorias en la competición internacional y de algunos años de más en su cuerpo, John Tomac ya no tiene tanto de niño, y su inocencia sin duda se ha diluido algo, aunque no sea del todo, en los 250.000 dolares al año que sus victorias y contratos le han proporcionado. Tomac ha llegado a la madurez y se ha convertido en el individuo mejor pagado del MTB. Y se lo merece, de eso no hay duda. El mismo ha asegurado que la próxima temporada abandonará el equipo Motorola de ciclismo en ruta para dedicarse exclusivamente al MTB, que es su verdadera pasión, y que esto le permitirá mejorar sus marcas. ¿Mejorar? ¿Ha dicho mejorar? Si es así, mal lo tienen todos aquellos que aspiran a un título, pues Tomac ya lleva puesta el aura de imbatible y no piensa abandonarla, quizás apoyado un poco por la idea de que, según cálculos veraces, sus ganancias en el 92 alcanzarán la escandalosa cifra de 400.000 dolares (unos 40.000.000 de ptas), resultado de la suma de sus contratos con Raleigh (bicicletas), Nike (vestimenta y zapatillas), Bell (cascos), Shimano (grupo), Tioga (neumáticos, potencia, manillar), Oakley (protección ocular) y Manitou (horquillas de suspensión), y de los bonos que cada compañía le pagará por cada una de sus victorias. Pero bueno, esto no es nada, si lo comparamos con los 3.000.000 de dólares que Greg Lemond amasa anualmente pedaleando sobre asfalto. Pero, ¡Hey, por lo menos el MTB es más divertido!! Con Tomac o sin Tomac, la temporada que viene promete ser (de nuevo) la más emocionante hasta la fecha, a medida que el MTB va madurando y la afición se internacionaliza. Pero reconozcamos que la presencia de John Super-star Tomac le añadirá un puñadito de sal y pimienta al asunto. ¡¡Ahhh!!, por cierto, mis congratulations para Francesc Sala y su excelente decimocuarta plaza en los Campeonatos del Mundo. Desde Crested Butte, USA Xavier Fané
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Enero 1992 Sólo Bici N.º 8 "DO THE RIGHT THING" (HAZ LO CORRECTO) "Érase una vez", en una tierra distante de colinas verdes y bosques frondosos que se extendían sin límites al pie de una urbe carismática y progresiva, donde un grupo de amigos, de melenas largas y ropas psicodélicas, rodaban a sus anchas por los interminables senderos y sobre sus pesadas bicis de neumáticos anchos, que ellos mismos habían concebido fruto de su imaginación pueril y de unos cuantos martillazos bien colocados. La satisfacción obtenida era inmensa, podían explorar durante horas y horas terrenos inéditos, que antes permanecían inaccesibles a otros medios de locomoción, sorprendían de vez en cuando a un coyote o a un ciervo en plena naturaleza y además, con las velocidades alcanzadas, conseguían llegar a los más altos niveles de éxtasis. De vez en cuando, este estado de felicidad se veía truncado cuando de repente, y sin previo aviso, un peatón aparecía en el sitio menos esperado, y tenían que frenar algo si querían evitar un demasiado "close encounter", insultos y miradas obscenas se cruzaban entre ellos. Pero bueno, ese era un caso poco común y aislado, y los pocos "bikers" existentes no le daban demasiada importancia. Cómo no, todo esto ocurría en los alrededores de San Francisco, en pleno Marín County a finales de los ‘70, cuando solo unos cuantos "pioneros" rodaban a sus anchas. Este estado de ensueño, no duró mucho. A los pocos años, la densidad de practicantes del MTB aumentó incesantemente y los raros accidentes con viandantes aumentaron, y ante los ojos de los bien organizados grupos "ecologistas" americanos el MTB se convirtió en una máquina diabólica "born to kill" (nacida para matar) excursionistas y naturaleza. Hoy en día, es casi imposible practicar el MTB en el Marin County, siendo pocos los senderos que quedan "legalmente abiertos" para el uso de los "bikers". No pretendo pasar por profeta, pero es fácil imaginarse que esto ocurrirá, y pronto, en nuestro país, (especialmente en zonas urbanas) si no hacemos algo. La única vía activa que poseemos para defender nuestro deporte es a través del respeto a la naturaleza y a los demás que "con o sin ruedas" deambulan por los mismos caminos que nosotros. El MTB puede ser una arma peligrosa en malas manos, y depende de nosotros el que posea una vida larga y saludable. DO THE RIGHT THING!! Desde Crested Butte, USA Xavier Fané
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Febrero 1992 Sólo Bici N.º 9 "PROS, DRUGS Y MTB" Todo buen aficionado al deporte del ciclismo sabe o ha oído hablar repetidamente, sobre el uso y abuso del "dopping" en el mundo de la competición profesional y, sobre todo, de los escándalos que ocurren cada año en el seno de las grandes carreras de ciclismo sobre ruta, que son las que reciben más atención a través de los medios de difusión. A pesar de tres décadas de uso de procedimientos y controles "anti-dopping" por parte de la UCI (Unión Ciclista Internacional) el sistema todavía posee serias imperfecciones y son muchos los corredores que aprovechan esas "grietas" para seguir utilizando productos que incrementarán artificialmente sus capacidades físicas naturales. Durante ésta temporada tampoco han faltado los escándalos en el ciclismo en pista, y concretamente en los Campeonatos Mundiales de Velocidad en Italia, donde Carey Hall y Stephen Pate tuvieron que ser "desmedallados" de sus respectivas medallas de Oro y Bronce, después de descubrir la substancia "Stanozol" -la droga utilizada por Ben Johnson- en un rutinario análisis de orina. Uno de nuestros atletas más prodigiosos, José Manuel Moreno -actual Campeón del Mundo del kilómetro en Sprint- fue penalizado por abuso de "testosterona" en un "test" "sorpresa" al que fue sometido en Italia. Cuando los nuevos miembros del super-equipo PDM se retiraron del Tour de Francia con síntomas de una misteriosa intoxicación aguda, no faltaron las acusaciones que aseguraban que la deserción fue debida al abuso de una droga colectiva. Esas acusaciones fueron negadas por la dirección del equipo, que reveló que la causa del incidente fue debida a una proteína "legal" que es inyectada por vía intravenosa. Actualmente el expediente se ha abierto de nuevo, después de que la Real Unión Ciclista de Holanda exhibió pruebas científicas concluyendo en que la substancia "Intralipid" fue utilizada para "enmascarar" inyecciones de otras drogas ilegales. Después de seguir de cerca y convivir en el mundo de la competición profesional del MTB en los USA, debo admitir que nuestro creciente deporte también se ha visto infiltrado por el acoso del "dopping" y muchos son los rumores acusantes que corren entre la "Elite" de los bikers americanos y numerosas las quejas y presiones para que las medidas "anti-dopping" en el MTB sean más consistentes y efectivas. Hubieron pocos controles durante las pruebas de la "Copa del mundo Grundig" celebradas en América. De forma similar, no existieron controles en la final de la Copa Grundig en Berlin, lo cual provocó el descontento y ansiedad entre muchos corredores. También hubo problemas en los "Campeonatos Mundiales de MTB" celebrados en Lucca, Italia, que en teoría debían poseer un severo control anti-dopping. Después de ganar su medalla de oro, John Tomac se presentó al control, y allí le dijeron que no le era necesario pasar la prueba porque el día anterior ya había pasado un examen de orina. Estos fisuras o puntos débiles son los que aprovechan los potenciales usuarios de dopping. La NORBA (North American Off Road Cycling Association), ha anunciado oficialmente que en la próxima temporada del 92 se tomarán medidas anti-dopping más estrictas. El MTB ha conseguido reconocimiento y aceptación internacional, y en la competición eso representa más dinero y mejores condiciones para sus corredores. Y aunque esto sea eminentemente positivo, uno de los inevitables "efectos laterales" del desarrollo de cualquier deporte es la presencia del fantasma del dopping, ilógico por parte nuestra el ignorar tal problema. Salud y hasta pronto. Desde Crested Butte, USA Xavier Fané 8
Marzo 1992 Sólo Bici N.º 10 "LA RASKA DE ALASKA" La mayoría de la gente "normal" que vive en nuestras latitudes, durante los meses de Enero y Febrero -cuando el frío aprieta de verdad- tiende a ensoñarse, o a soñar despierto con amenas visiones de países exóticos, playas idílicas de arena blanca, cocos, papayas, piñas, loros, cuerpos morenos y batidos de frutas sabrosos; lo que sea, para evadirse, aunque tan solo sea por unos momentos, de la fría realidad que les rodea. Para algunos de nosotros la evasión está en montarnos sobre nuestras "mountain Bike" y con narices goteando y manos agarrotadas por el frío enfrentarnos a la naturaleza helada de los meses de invierno, saboreando el silencio de los bosques, rodando sobre parches de nieve y tomándonos un humeante "café con leche" en algún pueblo serrano. Y de vez en cuando apuntarnos a alguna carrera a la que solo acuden unos cuantos "curtidos" que no se dejan amedrentar por lo que dice el "mercurio". A nosotros se nos trata de "majaras" y de temerarios. Pero quienes lo hacen desconocen por completo la Iditabike de Alaska, la carrera de MTB más temible y dura del mundo. Esos sí que están locos de verdad. La Iditabike, como si se tratase de una creación producto de una mente retorcida y maquiavélica para poner a prueba los límites de la resistencia humana, se celebra en el mes más frío del Invierno, y en uno de los puntos más frígidos del Globo: en Anchorage, Alaska. Sus más de 300 kilómetros de recorrido discurren en su totalidad, sobre vastas extensiones nevadas, entre bosques donde todavía aúllan los lobos y andan los osos, cruzando lagos helados y siempre por parajes absolutamente deshabitados. Aahh si!! y además las temperaturas frecuentemente descienden a -40 grados centígrados!!!. Brutal. No se trata tan solo de un carrera, sino que es una verdadera prueba de supervivencia; a los participantes se les obliga a llevar todo el material necesario para conferirles autosuficiencia absoluta en caso de emergencia, sea a causa de una las devastadoras tormentas que barren la zona continuamente, o por problemas mecánicos, pues tan solo existe un pequeño refugio a medio camino. Pero bueno, no os lo voy a contar todo; porque dentro de un par de semanas yo mismo estar allí, viviendo en mi propia piel esa sensación de que en cualquier momento se te va a caer la nariz. Mientras tanto, abrigaros... ¡y no os quejéis! Desde Crested Butte, USA Xavier Fané
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Abril 1992 Sólo Bici N.º 11 LA PRIMAVERA LA SANGRE ALTERA Es un gustazo, esto de que los días se alarguen y el sol por fín haga sentir sus radiaciones caloríficas sobre esa piel ridículamente pálida, resultado inevitable de esos oscuros meses invernales. Yo soy uno más entre los muchos "bikers" (y probablemente habrá alguno entre los lectores) que tienen la suerte, o mala suerte (según se mire), de vivir en una estación de esquí. No fue hasta hace tan solo una semana que pude montar por primera vez sobre mi, hasta ahora, "enclaustrada" bici, después de una semi-forzada represión de casi cinco meses. Digo "semi" por que el esquí es otro deporte que practico con elevados niveles de energía. Pero bueno, lo importante es que mis ganas por salir a pedalear eran irreprimibles y poco a poco yo me había ido preparando para este momento de revelación. Durante mi primera salida de esta nueva temporada de MTB experimenté múltiples sensaciones: - Cubierto de barro de cabeza a pies y con mi bicicleta (impecable unas horas antes) absolutamente hecha una birria, todavía me las apañé para sentirme tan jubiloso como un niño estrenando zapatos nuevos. - Todos mis aburridos días pasados en el gimnasio practicando los ejercicios de preparación física de mi amigo y obseso del MTB, Kim Forteza (autor del Bici fitness), y compitiendo en el esquí de fondo, hicieron su fruto y evitaron el que sintiera como un deforme gusano al final de mi experiencia. - Aunque mi técnica probó estar algo oxidada (lo noté después de un buen tortazo), me di cuenta de que varios accesorios y partes de mi bicicleta también lo estaban, tales como pastillas de frenos, neumáticos, cadenas, etc, y necesitaban ser repuestos urgentemente; Pues cuando uno cuelga la bici después de haber puesto miles de kilómetros en ella eso es lo último en lo que se piensa. Mi conclusión fue que lo más importante es el tener una mínima preparación física y preocuparse por ese motor interno que todos tenemos. Ponte en forma y no te dejes amedrentar por esas suspensiones que valen un ojo de la cara, ese Shimano XTR que llevan los "Pros", o ese resplandesciente Titanio de tus sueños. Tan solo preocupate de los elementos básicos. Lo demás es secundario. Así pues, ese día me sentí como un principiante, ilusionado por iniciar un nuevo deporte y sin que importase mucho el material, solo con la idea en mente de poder salir al aire libre y disfrutar de ese agradable sol primaveral. Sentir mi cuerpo sanamente cansado, experimentar la adrenalina de un descenso entre árboles y flores, vadear ese riachuelo de aguas cristalinas… En fín: Otorgar a mi cuerpo y mente, esa sensación única que solo el MTB te puede dar. Desde Crested Butte, USA Xavier Fané
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Mayo 1992 Sólo Bici N.º 12 AMÉRICA VERSUS EUROPA No podemos negar que la competición del MTB ha sido, hasta hace poco, una especie de monopolio americano. Mike Kloser fue el primero en hacernos morder el polvo cuando en tierras europeas apenas teniamos idea de lo que era una Mountain Bike, Ned Overend nos mantuvo a raya un par de años, y recientemente John Tomac nos dió más de lo mismo, aplastando a todos sus adversarios en la Grundig y en los Campeonatos del Mundo. ¿Que pasará esta temporada?; ¿Romperemos el hechizo?; ¿Los yanquies se nos comerán de nuevo?. La verdad, es que los "Euros" hicieron un excelente papel y tipos como el austriaco Gerhard Zadrobilek, el británico Tim Gould, o el alemán Mike Kluge, han visto el oro muy cerca... aunque no lo suficiente. Según Rishi Grewal, uno de los líderes actuales del MTB mundial, América no posee el nervio suficiente para aguantar mucho más y además carece de una cantera de jóvenes "promesas", que parece ser mucho más activa en Europa. Por otro lado, y con las nuevas exigencias impuestas por los medios de comunicación y grandes "sponsors" recién entrados en el deporte, el formato de las competiciones parece acercarse cada vez más a los circuitos de Ciclo-Cross, y "criteriums" sobre ruta, compactos y explosivos, para la ventaja de los europeos, que poseen más familiaridad con este tipo de competición. Al mismo tiempo, en Europa, el ciclismo en ruta es un deporte profundamente enraizado en nuestra sociedad, desbordando tanto en cantidad como en calidad competitiva al existente en Estados Unidos, y aporta una fuente inagotable de "bikers" de gran nivel, que poco a poco se van "convirtiendo" al Mountain Bike. Todo parece apuntar hacia un cambio "continental" en el estrellato del MTB, pero no nos engañemos, esto es tan delicado como intentar un pronóstico del tiempo a largo plazo, y es muy posible que los "Big Boys" nos den una contundente paliza de nuevo. Pero pase lo que pase, al final, todos salimos ganando. Poniendo de lado a éste antagonismo geográfico, la nueva efervescencia de la competición del MTB, ha conseguido, y de forma acelerada, fomentar su propia expansión, rompiendo con fronteras y obstáculos, y uniéndonos a todos en la práctica de este bello, y tremendamente divertido deporte. Desde Crested Butte, Xavi Fané.
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Junio 1992 Sólo Bici N.º 13 ¿CICLISMO EN RUTA APLICADO AL MTB? Mientras uno rueda relajadamente sobre la crujiente hojarasca de un sendero que serpentea a orillas de un arroyo y bajo la sombra de un frondoso bosque, o cuando te encuentras sumido en el trance adrenalínico de un descenso tope trialero, apretando tus límites entre rocas y otros obstáculos naturales, empapado en esa tranquilidad casi espiritual que sólo puedes conseguir en los espacios abiertos, lejos de los agobios del tráfico y las atestadas calles de la ciudad, lo más seguro es que si de repente algún listorro te ofrece la posibilidad de canjear esos momentos de revelación a los que has llegado gracias al MTB, por la experiencia más "aséptica" y menos aventurera del "ciclismo en ruta", respondas que "ni hablar" sin más contemplaciones. Añadiendo que precisamente de lo que huyes es del asfalto y de sus implicaciones: coches zumbando a toda hostia a medio palmo del codo, gatos y otros bichos hechos papilla por todas partes, inhalar dosis elevadas de monóxido de carbono, contemplar paisajes al estilo "después de la bomba", etc. ¡De eso nada monada! El MTB es mucho más sano y le da 100 vueltas al ciclismo en asfalto. Paradójicamente, y en parte como resultado de las exigencias impuestas por el cada vez más duro mundo de la competición del MTB, son muchos, por no decir casi todos, los bikers que han puesto el "ciclismo en ruta" en su "menú" diario de entreno. E incluso varios de ellos combinan, y con éxito, las competiciones sobre el asfalto con las Off-Road. John Tomac, Ned Overend, Rishi Grewal, Tom Rogers, Sara Ballantyne o Juli Furtado, por mencionar los más destacados, se encuentran en esta lista de corredores polivalentes. Incluso el gigantón de Dave Wiens, que hasta ahora se había resistido a entrenar sobre asfalto, ha sucumbido esta temporada a la creciente responsabilidad de su contrato con Diamond Back, viéndose obligado a pasar más tiempo sobre neumáticos delgados. El tiempo de entrenamiento que estos corredores dedican a la ruta es impresionante, oscilando de un 80% en la pretemporada a un 50/60% durante la temporada de competición. Las razones de este fenómeno son muchas y variadas, y aquí tenéis algunas de ellas: - El ciclismo en ruta permite poner unas horas de entreno, que serían imposibles de mantener sobre la MTB, pues éste castiga mucho más al cuerpo. - Combinando asfalto y MTB, no es tan sólo una medida para conservar el físico, también lo es para la mente. "Variedad" es una palabra clave durante esos duros meses de competición. - En la pretemporada, a menudo la nieve hacen la práctica del MTB imposible; el asfalto es una alternativa perfecta para seguir poniendo esas millas de entrenamiento. - No hay nada como el rodar sobre el asfalto, libre de obstáculos, para aprender a pedalear con cadencia y redondez al mismo tiempo que trabajas esos músculos que te dan velocidad y capacidad de "sprint". La verdad es que la sensación que uno obtiene al deslizarse a toda velocidad y sin resistencia sobre una carretera de buen piso y en zonas rurales no está nada mal, y podéis sacarle mucho jugo si os proponéis entrenar para competir a buen nivel. Muchos días a mí me gusta salir a la carretera, pero nunca me olvido que lo hago para disfrutar todavía más del que es mi verdadero e incomparable deporte. Desde Crested Butte, Xavi Fané.
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Julio 1992 Sólo Bici N.º 14 "HAPPY BIRTHDAY BIKERS!!" ¿Cómo?, ¿ya ha pasado un año?; la verdad es que ni me he enterado... hum... debe de ser verdad lo de que el tiempo pasa volando cuando uno se divierte. ¿O será que el MTB posee la imposible propiedad de alterar la dimensión Espacio-Tiempo?. No exageremos, pero admitamos que esto del MTB tiene algo de "magia". Fue en 1985, poco después de haberme "mudado" a los Estados Unidos, cuando me monté por primera vez sobre una MTB, que por cierto fue una de las Specialized "Stumpjumper" originales; No me cubrí precisamente de gloria, pero de barro, que pareció infiltrarse en "casi" todos los orificios naturales de mi cuerpo. Jamás olvidaré mi primera salida, en la que una amiga algo sádica me sacó a dar un vuelta de aprendizaje, según ella "no muy lejos", y acabé casi "arrastrándome" hasta casa, con piernas de gamo jadeando como un condenado para su deleite y mi propia humillación. Pero en contra de lo que uno podría esperar después de tal experiencia, algo "misterioso" me indujo a seguir practicando y pronto me convertí en un adicto del MTB, o un "pedal-head" como se dice por aquí. En 1987 aterricé en Barcelona con la que creo sería la primera "Klein" de aluminio que tocó territorio español, despertando la curiosidad en todos aquellos que se acercaban a ver mi "monstruo yanqui". Más tarde, y después de ser "iniciado" en las altas técnicas del MTB bajo la diestra mano del legendario Joe Murray, y con la inmensa suerte de tomar residencia en uno de los mejores sitios del mundo para la práctica del MTB: Crested Butte, en Colorado, el gusanillo de la competición me picaría y ocasionalmente me apunté en algunas de las tempranas carreras que se organizaron en nuestro país, calificando mejor de lo que hubiese esperado. Por aquel entonces, nunca me imaginé que el MTB podía llegar hasta donde ha llegado hoy, y mucho menos el que yo sería portavoz de una revista especializada en el tema. Yo, un irresponsable y deportista vagabundo. Durante todo este pasado año, mi dedicación a este deporte ha sido casi absoluta: persiguiendo a los "Pros" para sacarles cuatro palabras, entrenándome para poder rodar a todo máquina con los "Big Boys" y contaros mis experiencias con ellos desde primera línea, tragando polvo en las carreras intentando tomar fotos y para informaros de las movidas que ocurren en el seno del MTB Mundial. Pero lo que es más importante es mi intención de transmitir a todos los lectores la pasión que yo mismo siento en este "mágico" deporte, que tantos momentos inolvidables me ha proporcionado y que yo procuro plasmar, tan auténticamente como puedo, en mis crónicas. Mi pasión carece de nacionalidad y, aunque vivo en los USA, yo me siento como si estuviera con todos vosotros a través de este deporte que tenemos en común. ¡Happy Birthday! a todos vosotros, que habéis convertido un sueño en realidad con vuestra contagiosa afición sin límites. ¡Hasta pronto bikers!. Desde Crested Butte, Xavi Fané
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Agosto 1992 Sólo Bici N.º 15 "ESTE DOMINGO... ¡A CURRAR!" La mañana de este domingo de junio es fresca y diáfana, todavía queda algo de nieve en las cimas más altas, y las recientes lluvias primaverales han contribuido al verde profundo que lo cubre todo. Algunas flores alpinas ya aparecen aquí y allá, alegrando el paisaje con sus colores vibrantes. Un grupo de unos diez amigos nos encontramos frente a la "bakery", nuestro habitual punto de encuentro en nuestras salidas domingueras de MTB; pero algo no encaja en este día perfecto para la práctica de nuestro deporte favorito: "¡Faltan las bicicletas!", y no tan solo eso, sino que, además, cada uno de nosotros lleva una pala o un pico en mano y parecemos dispuestos a usarlos en sacrificio de nuestras MTB. ¿Hemos perdido nuestro sano juicio? No, lo que pasa es que en un arrebato de responsabilidad y camaradería, hemos unido nuestros esfuerzos para reparar uno de los senderos favoritos que discurren por este paraíso del mountain, y que nosotros mismos, día tras día de continuo machaque sobre nuestros neumáticos gordos, hemos dañado con la ayuda erosionante de la madre naturaleza. Imaginaros (bueno… no es muy difícil de imaginar) lo que pasaría si las carreteras y autopistas no recibiesen un mantenimiento regular. Por supuesto sería un desastre, y de la misma forma, no se salvan los senderos y caminos que recorremos a diario un número creciente de aficionados al MTB. El MTB es limpio, es sano, es divertido, pero seamos realistas, también erosiona y, en muchas zonas, el desgaste y deterioro son patentes y el estado de los caminos no hace más que empeorar. No tan solo tiene sentido el que nosotros participemos en su reparación, pues siempre gozaremos más de un sendero en buenas condiciones, que al hacerlo hundidos hasta la nariz en un trinchera infernal cada vez más profunda, y además evitaremos la mala costumbre de abrir senderos secundarios que no hacen más que arruinar el entorno, pero también, y de rebote, nos ganaremos el respeto de excursionistas y otros usuarios habituales. Ese domingo de junio, mientras rellenábamos trincheras y redondeábamos "zig-zags", todos nosotros disfrutamos de la sensación de hacer algo positivo por nuestro deporte, y sin bicis. Sería ideal que Asociaciones y Clubs de MTB, pusieran programas de este tipo en su agenda, pero si eso no es posible, búscate un grupo de amigos y enróllate!!! Un mes más tarde, durante el festival de MTB que se celebrará en el pueblo, los elogios y alabanzas de cientos de "bikers" que recorrerán nuestros cuidados caminos, confirmarán el fruto de nuestros esfuerzos. Y el domingo que viene... ¡a machacar! Desde Crested Butte, Xavi Fané
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Octubre 1992 Sólo Bici N.º 17 SOBRE MUJERES Y BICIS Durante el "Festival de los Neumáticos Gordos" de Crested Butte, mis amiguetes Kim y Paco se llevaron de vuelta a us respectivos hogares de Barcelona múltiples sensaciones e impresiones, de senderos veloces y descensos sin fín; de nuevas (y no siempre buenas) experiencias gastronómicas y visiones de paisajes formidables; pero un detalle que también quedó grabado en sus mentes mediterráneas (sin segundas), fue la considerable participación femenina que tuvo este evento. No tan solo eso, porque además, dentro del ámplio programa de la semana, una variedad de actividades eran exclusivamente dedicadas a la mujer: excursiones, cursos de mecánica y de fisiología femenina aplicada al MTB, etc. Sin olvidarnos de que muchos de los Tours y excursiones mixtas, algunas de ellas entre las más duras del menú, tenían por guías a mujeres que en ocasiones harían resoplar ridículamente a cualquier macho energúmeno que se atreviese a pensar que esto del MTB es deporte de hombres. La presencia de la mujer en el MTB es patente e importante en el escenario americano y eso es algo envidiable en nuestras latitudes latinas. En forma opuesta y con la misma fuerza que las sensaciones de mis colegas, cada vez que vengo de visita a Barcelona y salgo a pedalear por los alrededores, no pasa mucho tiempo, para darme cuenta de que algo no funciona aquí, y de que raros son los "encuentros del sexo opuesto" que tan normales son en los USA. Me pregunto que es lo que ha pasado con el mensaje claramente heterosexual del MTB que se transmite desde los USA. Es una pena que un deporte con las oportunidades de disfrute para ambos sexos que posee el MTB, se haya convertido de nuevo en algo casi exclusivo para hombres, siguiendo la tónica chauvinista y segregacionistas que desde siempre ha impedido integrarnos por completo en las corrientes más progresistas. En nuestro país, y con razón, la mujer es tímida a la hora de apuntarse a actividades deportivas que normalmente han caído en el dominio masculino, tal y como lo ha sido el ciclismo en ruta durante décadas, siendo necesaria toda la ayuda por parte de Federaciones, organizadores, publicaciones, y de todos nosotros para romper con aceptación y comprensión ese maleficio bochornoso, herencia de un pasado que ya no es. El MTB es y debe de ser para TODOS. Desde Crested Butte, Xavi Fané.
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Noviembre 1992 Sólo Bici N.º 18 ¿COMO ESTA EL PATIO? Al fín, los años de aprendizaje y dedicación al MTB, junto con esa pasión casi innata que en Europa se tiene por el ciclismo en general, han conseguido hacer su impacto, permitiendo no sólo destronar al mismísimo país que hace más de 15 años inventó este deporte, dominándolo con autoridad hasta ahora, pero además haciéndolo en su especialidad preferida: la Cross-Country. Los Campeonatos del Mundo no perdonan. En una sola prueba se decide todo. Y si ese día te levantas con una jaqueca, o el maldito desviador se rompe, o tú novia te abandona el día anterior, o simplemente no es tu tipo de recorrido, despídete de cualquier posibilidad de quedar en una posición respetable. El factor suerte, siempre está presente en el MTB, pero no creo que esta vez fuese el motivo principal que llevó al danés Henrik Djernis, al suizo Thomas Frischknecht o al británico Dave Baker a cepillar las medallas de oro, plata y bronce en estos Campeonatos del Mundo celebrados en Bromont, Canadá. Por si esto no bastase, la suiza Sylvia Fuerst y la canadiense Alison Sydor arrollaron en féminas, y tan solo el bronce de la americana Ruthie Mathies salvó en algo la integridad americana. Si bien las características de la prueba no poseían la altitud y las escaladas largas y mantenidas en las que el "Clan Durango" (John Tomac, Ned Overend, Daryl Price, etc) se encuentra como pez en el agua; tampoco fue una prueba de "corte" absolutamente europeo, que se achaca normalmente a las pruebas con menor distancia, más explosivas y con tramos más parecidos a circuitos de ciclocross; digamos que fue una prueba más bien "neutral" en la que todo el "mundo" podía aspirar a la victoria. Pero, para mi gusto, como indicador y "termómetro" del estado de la competición mundial, prefiero utilizar los resultados obtenidos en la "Copa del Mundo Grundig" que por ser un "multievento" (9 carreras), ofrece una variedad de pruebas y terrenos que permiten un diagnóstico más exacto y mucho más justo. Thomas Frischkecht fue el campeón de esta edición de la "Copa del Mundo" pero hay que decirlo todo, fue por los pelos; John Tomac quedó a tan solo 4 segundos del suizo, seguido de su compatriota Ned Overend. En féminas, las americanas Ruthie Matthes y Juli Furtado quedaron por delante de la suiza Chantal Dacourt. Algo curioso es que, si bien los yanquies han quedado algo pateados en la Cross-Country, las cosas han cambiado en el Downhill, prueba en las que las apuestas parecían apuntar hacia una victoria europea y que los americanos Dave Cullinan, Jimmy Deaton y Juli Furtado probaron lo contrario en ataque sorpresa en Canadá. Felizmente, las cosas parecen estar bastante igualadas entre los dos continentes, y creo que todo esto apunta hacia un incluso más emocionante futuro en la Competición del MTB. Desde Crested Butte Xavi Fané
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Diciembre 1992 Sólo Bici N.º 19 MAS ALLA DEL MTB Era una de esas mañanas en las que, por razones más allá de toda lógica, te levantas pero sin realmente saber porqué; deseando secretamente que estuviese lloviendo a cántaros o que algún OVNI en misión de reconocimiento aterrizase en el jardín para secuestrarte impunemente; y si te llamasen tus mejores amigos para salir a hacer un recorrido de lo mejorcito, les dirías seriamente que tienes que limpiar la casa... o que tienes fiebre. Cualquier cosa menos tener que salir con la bicicleta. Síntomas característicos del que sufre de la conocida "crisis del sobrepedaleo" a finales de temporada. Pero para el colmo de mi desfalleciente consciencia, un sol radiante me saca desafiante la lengua desde un cielo azul completamente desprovisto de la más pequeña nube. Un día perfecto para el MTB. Mientras me tomo un cargado café con la esperanza e intención de disipar mi pequeña fobia por el MTB, leo una carta de mi querido amigo Xavi que está a punto de partir en expedición alpinística a una de las formidables cimas del Himalaya, y por unos momentos me veo transportado a los ya lejanos días en los que, mucho antes de que conociera el MTB, me dedicaba con gran energía a patearme las bellas cimas y picos de los Pirineos y Alpes, recordando nostálgicamente que fue este noble deporte del montañismo el que despertó mi pasión por lo espacios abiertos y que más tarde me llevaría apreciar las dotes "verdes" del MTB. De repente me invaden unas enormes ganas de trepar y subirme por las empinadas laderas de una inexpugnable cima, más allá de las posibilidades escaladoras de mi bicicleta. Con esta nueva y refrescante idea en mente, agarro sin perder tiempo mi bici para salir a pasear un sendero que me llevará hasta la base de una de las cimas más imponentes que rodean Crested Butte. Llegar hasta allí ya es una buena excursión, pero mi motivación es el poder culminar este pico que se levanta más allá de bosques y lagos hasta casi 4.000 metros de altura. Una vez escondo la MTB tras unos arbustos, inicio mi expedición a pie entre alfombras multicolores de flores alpinas y juguetones riachuelos; más tarde dejaré atrás toda vegetación para escalar una zona rocosa y empinada que me llevará a la cresta final, invadiéndome esa satisfacción incontenible que es la de hallarse en lo más alto. El retorno pasa volando y más cuando sabes que te espera tu MTB y todavía te queda la gozada de rodar en descenso hasta el pueblo. Durante los tres siguientes fines de semana, repetiría este tipo de aventura con otras de las cimas de los alrededores. Combinar el montañismo con el MTB, es una bella alternativa cuando uno se siente algo "quemado" después de haber rodado toda una temporada; todavía mantienes tus músculos pedaleantes en forma, utilizando tu MTB para hacer la "aproximación", mientras el escalar hasta la cima te ofrece la refrescante variedad de practicar otro deporte. Por supuesto, también puedes ir a buscar setas si así lo prefieres. El único límite es tu propia imaginación. Por Xavier Fané
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Enero 1993 Sólo Bici N.º 20 ¿PELUDO O DEPILADO? Es un asunto peliagudo. La decisión es comprometida; valores morales, pérdida de tiempo, miedo al ridículo... un montón de fantasmas parecen tomar forma cuando agarras la "Gillette" para afeitarte más allá de la barba. Después de vivir un tiempo con un colega profesional de la ruta, de piernas relucientes e imponentes como pistones bien aceitados, y de salir con sus amigos en su entrenamientos cotidianos, pronto me dí cuenta de que yo era el único peludo en el pelotón. Era obvio que se afeitaban las piernas, pero me daba vergüenza el preguntar porqué lo hacían, pues el acto de depilación parecía algo absolutamente natural y congénito, algo que parecía tan asumido como el afeitarse cotidianamente la barba o limpiarse lo dientes. Incluso no me parecía descabellado el que muchos pensasen que los ciclistas auténticos llegaban al mundo desprovistos de vello en las piernas. Mas tarde me enteraría de que existían un número de razones, algunas racionales, otras totalmente irracionales, por las que un ciclista optaba por erradicar el vello cutáneo de las extremidades inferiores. Las racionales eran: Por razones higiénicas; en caso de sufrir una caída con consiguiente erosión cutánea, el depilado facilita las tareas de limpiado y desfavorece la infección en la zona afectada (por lo menos no tienes que preocuparte de que el esparadrapo te arranque los pelos). También tiene su lógica, si eres profesional y tienes la suerte de recibir masajes a menudo, pues siempre es más agradable el trabajar sobre unas piernas bien aceitadas y lisas. Y quizás, aunque discutible hasta cierto punto, por razones de aerodinamismo. Los motivos irracionales son mucho más profundos y no menos importantes desde un punto de vista psicológico: algunos se lo toman como si se tratase de una ceremonia de "iniciación" comparable a los ritos religiosos y jerárquicos que algunos nativos de las selvas amazónicas efectúan al atravesarse la nariz con objetos punzantes y demás. Muchos creen, por tradicionalismo (por supuesto cada uno cree lo que quiere), que un ciclista sin depilar es como un jardín sin flores. Y por fin, la definición muscular aumenta, y aunque tan solo se trate de un efecto óptico, es a veces suficiente para incrementar la confianza del "biker". La primera vez que me depilé las piernas fue horroroso; el agua de la bañera tomó un alarmante color sanguinolento, y por unos momentos pensé que mi cuarto de baño se convertiría en el macabro escenario de una muerte ridícula. Hay que ir con cuidado. Luego, ante el espejo me sentí como un Sanson derrotado. Es una buena idea si probáis "desvirgar" vuestras piernas por vez primera, el hacerlo con una crema "antivello" para evitar tal desastre, y utilizar la Gillette en las sesiones siguientes. La verdad es que es un engorro; tu novia se quejará continuamente, ya que a menos que seas regular, te convertirás en una lija viviente; y seguirás siendo el "hazmereir" si perteneces a un grupo de "bikers" peludos, o vas a la playa y no tomas precaución de ocultar el restante vello corporal, ahora contrastando ridículamente. Simplemente debes ser sincero contigo mismo y preguntarte si las razones mencionadas (racionales o irracionales) son motivo suficiente para tomar tal acción. A menos que seas un corredor dedicado (y aún así existen profesionales de élite que no se depilan), el efecto será casi meramente cosmético y conviene que estés seguro de que lo que realmente cuenta a la hora de la verdad es tu forma física y tu ilusión. Déjate de pelos... y a montar. Por Xavier Fané 18
Febrero 1993 Sólo Bici N.º 21 EL MTB, ¿OLIMPICO? Después de la "sobredosis olímpica" a la que hemos estado sujetos este pasado verano, representa un gran esfuerzo el asimilar todavía más sobre el tema. Pero por lo menos esta vez se trata del MTB. Sí, el MTB parece tener posibilidades de formar parte del evento deportivo más prestigioso del planeta; quizás no lo haga en 1996 en Atlanta, USA, pero podemos mostrarnos optimistas de cara al 2000. Así parece pensarlo Mr. Hein Verbruggen, Presidente de la Unión Ciclista Internacional, entidad reguladora del ciclismo mundial, quién asistió a los Campeonatos del Mundo de MTB celebrados en Bromont, Canadá. La popularidad del MTB a nivel internacional, y en especial, el aumento del número de competiciones de esta modalidad ciclista, han conseguido "elevar" el deporte hasta lo más alto del seno de la UCI, siendo actualmente, después del ciclismo en ruta, la segunda rama de la organización. Pero, por supuesto, no todo es tan sencillo y según el mismo Sr. Verbruggen, "el problema no reside en admitir el MTB en las Olimpiadas, pues el Comité Olímpico se muestra extremadamente receptivo a la hora de aceptar nuevos deportes; el problema reside en que existe un número limitado de atletas que cada modalidad puede traer, con lo cual habría que suprimirse otro evento". De lo que se desprende, que si el MTB entra, algo tendrá que salir, potencialmente poniendo en peligro la integridad de los eventos de ciclismo en pista, modalidad olímpica de la que la UCI no quiere desprenderse, pues en contra de las apariencias, esta especialidad parece haber experimentado en los últimos años un sano resurgimiento. "Desde luego, la situación ideal sería salvar los eventos del ciclismo en pista e incorporar el MTB, pero para ello hemos de luchar y conseguir que se nos deje añadir más ciclismo en el formato de los Juegos Olímpicos" añadió el Presidente de la UCI. Otra posibilidad sería que alguno de los deportes que actualmente se hallan "bajo presión" por parte del Comité Olímpico, fuese o fuesen descartados del programa olímpico, consecuentemente aumentando las posibilidades de que exista una puerta abierta para el MTB. Se rumorea que las pruebas equestres y un par de otras pueden correr esa suerte debido al elevado coste de organización. Quizás y después de todo, la integración del MTB en los Juegos Olímpicos en un futuro cercano no quede del todo claro, pero lo que sí es importante y de lo que no hay duda, es que este joven deporte ha tenido un profundo impacto a nivel internacional, y su éxito ha sido absolutamente aceptado por la UCI, garantizando la colaboración de esta entidad, para conseguir que un día el MTB sea Olímpico. Así pues, no es un idea tan descabellada el que todos podamos contemplar a Ned Overend, ya bien cuarentón, ofreciendo una encarnizada lucha por el codiciado oro olímpico en el no tan lejano año 2000. Por Xavier Fané
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Marzo 1993 Sólo Bici N.º 22 LAS PERFIDAS JUGARRETAS DE LA PRIMAVERA Es una mañana cualquiera de marzo, ha llovido durante toda una semana, y precisamente cuando Juan pensaba que ya pronto le saldrían agallas de tanta humedad, se levanta ante un magnífico espectáculo de la naturaleza: nada menos que uno de esos "tan hablados pero poco vistos" días de primavera, diáfano y vibrante como ninguno, ha venido a rescatarle de su profunda depresión. De repente, su mirada se enciende con una chispa, y sin un atisbo de duda y pasando de los Donuts, Juan agarra su MTB y se larga, con potentes pedaladas y grandes desarrollos, y su cuerpo saturado con adrenalina, a dar su especial bienvenida a la recién estrenada primavera. Este perfecto día encerraba un montón de promesas y delicias, pero desgraciadamente Juan acaba el día en el hospital, donde le diagnosticaron un desgarro iliotibial en la rodilla izquierda. ¿Dónde metió la pata Juan? Aunque hipotética, tal situación es más común de lo que desearíamos, ocurriendo frecuentemente, después del clásico periodo de inactividad invernal, cuando rebosantes de energía y seducidos por ese sol radiante, salimos a rodar con más intensidad de la debida, sin dar tiempo a que nuestros cuerpos se adapten al nuevo ritmo impuesto por las estaciones. Las lesiones a la rodilla no tienen prejuicios, y seas novato o profesional, debes de tomar precauciones para evitar tal problema; el mayor número de lesiones de este tipo tienen lugar durante las semanas que siguen a un periodo más o menos largo pasadas sin haberte montado al sillín; al inicio de tu temporada, tómatelo con calma, dedicándote durante por lo menos dos semanas a poner millas sobre terreno relativamente llano y trabajando con desarrollos menores, concentrándote en tu ritmo y cadencia, antes de lanzarte a atacar terrenos de más desnivel, así "refrescarás" la "memoria" de tus músculos y formarás una base sólida desde la que gradualmente podrás alcanzar tu nivel óptimo. Y no te olvides de seguir una buena rutina de estiramientos antes y después de tus salidas. Por supuesto, si durante el "off season" has seguido un concienzudo programa de entrenamiento, sea con pesas o bien otros deportes (cross-training), eso siempre te permitirá iniciar la temporada mejor preparado, pero no será razón suficiente para omitir pasos en la programación de tu temporada sobre la bici. Otra lesión que puede conducir a lesiones de rodilla, algunas de ellas potencialmente crónicas, es el que tú máquina esté bien calibrada y ajustada a dimensiones y disposiciones físicas, en este aspecto, variaciones de milímetros pueden ser de suma importancia; la distancia sillín/pedal debe ser óptima, y si has tenido problemas con las rodillas anteriormente, asegurate de utilizar pedales que ofrezcan un margen de "flotación" que se adapte a las fluctuaciones en el movimiento de tus rodillas durante la pedalada, si tienes las piernas arqueadas, necesitarás aumentar en unos milímetros la distancia pedal/biela, interponiendo arandelas entre éstos para tal efecto. No dudes en acudir a un profesional "enterado" en la materia, para conseguir que tu bici te siente como un "guante". Esta es una de las reglas más importantes y a la vez más ignoradas del ciclismo. Con solo seguir estos sencillos consejos, puedes ahorrarte un montón de problemas y antiinflamatorios. ¡Que tengáis una buena y saludable temporada! Por Xavier Fané
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Abril 1993 Sólo Bici N.º 23 LA TRAYECTORIA ASCENDENTE DEL DESCENSO Con sus velocidades suicidas, sus reflejos felinos, sus inverosímiles piruetas aéreas, unos nervios a prueba de bomba y una formidable cantidad de sangre fría (y algo de suerte), estos "kamikazes" del MTB han conseguido hacer mella en un público ansioso por lo espectacular y atrevido. Alimentado por este explosivo combustible que es la sed por la adrenalina pura, y con la inercia propia de una bola de nieve rodando cuesta abajo, esta emocionante modalidad del MTB ha crecido hasta el punto de haberse ganado a pulso la aceptación de la UCI (Unión Ciclista Internacional). A pesar de la resistencia y oposición ofrecidas por ciertos sectores más conservadores del ciclismo "off road", el papel del descenso en el seno del MTB no deja de ser casi "estelar" en muchas ocasiones y sin duda posee una decidida importancia en cuanto a la oxigenación y regeneración del deporte se refiere. El descenso es la modalidad preferida por los medios de comunicación por su formato compacto, con la consiguiente accesibilidad y conveniencia tanto para el público espectador como para las cámaras, y por su espectacularidad, que prueba ser una fuente inagotable de imágenes "perfectas" para los propósitos comerciales de un creciente número de compañías de MTB. Por otro lado, esta formidable disciplina también ha añadido su grano de arena en la evolución técnica del MTB, originando, con sus recorridos exigentes y velocidades brutales, la necesidad por concebir y mejorar las máquinas de suspensión "total" o "dual", y acelerando su proceso de experimentación. Cosa de la que todos sacaremos beneficio. El "look" agresivo y dinámico del descenso ha conseguido "enganchar" a un público nuevo y más joven, que probablemente jamás hubiese acudido a presenciar las pruebas más ascetas y quizás menos llamativas de la disciplina del Cross Country, por lo tanto, abriendo otra puerta de entrada e introducción a nuestro deporte y añadiendo un poco de sangre nueva al asunto. El futuro del Descenso está asegurado; los premios pronto serán comparables a los de la todavía "prueba reina" de cross country y el aumento en la calidad del nivel competitivo ha iniciado una "especialización" en esta disciplina. Corredores que antes iban a caballo entre las dos modalidades, ahora ponen todos sus esfuerzos y entrenan específicamente para poder optar a colocarse entre los mejores del "downhill". En fin, el Descenso está vivito y coleando, y si tienes tus dudas, no te pierdas el ir a ver, y ponerte la "piel de gallina" en una de estas singulares pruebas, que sin duda abundarán en el calendario competitivo de esta nueva temporada. Por Xavier Fané
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Junio 1993 Sólo Bici N.º 25 LA GRUNDIG DE LLINARS, UNA INYECCIÓN REVIGORIZANTE La noche anterior a la carrera no dormí muy bien. Me hallaba algo apretujado y claustrofóbico en el reluciente y fastuoso “motor-home” de Felipe Perakis, que estaba aparcado como una gran ballena con ruedas en el amplio llano de boxes a pie de línea de meta. No es que fuese incómodo ni mucho menos, simplemente que éramos un montón de gente y además, en el exterior, estaba lloviendo a cántaros y yo no podía evitar cierta inquietud en relación a las condiciones anfibias que presentaría el circuito a la mañana siguiente. Era un verdadero desastre meteorológico. El horror más horroroso de corredores y organizadores. Justo cuando empecé a agarrar el sueño, hacia las 7 de la mañana, y todavía con el sonido de fondo de la lluvia cayendo sobre metal, a 3 horas de la salida oficial de la carrera de féminas, la interminable procesión de gente empezó a desfilar. Me levanté ante el espectáculo inédito de miles de personas con paraguas desefundados y pateando en el viscoso barro de boxes, que a veces llegaba hasta los tobillos, visitando los chiringuitos de las representaciones españolas y donde los corredores buscaban refugio. El fluir de la multitud no se detuvo, y continuó hasta la hora de las carreras. La metereología no pudo con la afición... y paró de llover. La Grundig de Llinars, la primera en celebrarse en territorio español, fue un clamoroso éxito. Prueba convincente de ello son las cifras oficiales que han roto con todas las previsiones y han pulverizado el record anterior que poseía una Grundig de Alemania a la que se presentaron 15.000 personas. Jamás en ninguna de las numerosas pruebas celebradas en los USA había visto la multitud que se congregó en Llinars. Apártate América, apártate Alemania. Aquí ha llegado España. La mayoría de corredores quedaron pasmados ante la calidad técnica del circuito y los medios de comunicación consideraron fácil el seguimiento de la evolución de la carrera. Por supuesto quedaron algunos vacíos organizativos. Demasiada gente deambulaba sin control por el circuito, más allá de los límites impuestos por vallas y cintas sin aparente vigilancia. En la zona de boxes no existía un solo cubo de basura donde desechar desperdicios. Los servicios sanitarios en el central de Can Bordoi fueron insuficientes e insalubres. Detalles, que estamos seguros se tendrán en cuenta en las próximas ediciones de pruebas de esta envergadura. La Grundig también fue una positiva lección para la representación española. Aunque sus resultados fueron modestos, la prueba fue un claro termómetro del estado actual de la competición del MTB. A partir de aquí, los corredores y sus equipos sabrán a que atenerse y a replantear sus metas. Pero quizás, lo más importante sea el grito que ésta carrera ha lanzado al aire. Es imposible ignorar el mensaje: el MTB ha conseguido los niveles más altos de aceptación en nuestro país. La excusa de que el MTB es un deporte pasajero en fase de prueba ya no existe. Si esto no abre los ojos tanto a los altos mandos federativos como a los medios de difusión, que hasta ahora solo han permanecido parcialmente interesados en las movidas de nuestro deporte, entonces, su ceguera es irreversible. Xavier Fané
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Agosto 1993 Sólo Bici N.º 27 LA DECEPCIÓN DEL TECNO-BIKER Dave es muy buen amigo mío; tiene algo más de 40 años y es una verdadera celebridad en la bien compenetrada comunidad "bikera" de Crested Butte; en realidad, lo que Dave tiene de especial es que no tiene nada de especial. Me explicaré: a Dave le puedes encontrar una tarde de un viernes cualquiera, bebiéndose una cerveza en el bar del pueblo, pantalones cortos, sandalias y sus peludas piernas al descubierto. Y jamás sospecharías que es un verdadero artista sobre la bicicleta. Muchas veces montamos una excursión en grupo, y por supuesto, Dave se apunta con nosotros: salida tras salida, yo sigo alucinando con éste hombre que es mi héroe. La mayoría de nosotros tenemos, como mínimo, diez años menos que él, y en mayor o menor grado todos hemos sucumbido a la seducción consumista de la cada día más avanzada tecnología del MTB; que si titanio por aquí, carbono por allá, suspensiones por delante o por detrás, y demás pijerías. Y aquí viene Dave con su Ibis prehistórica de cromoly, pedales sin ni siquiera rastrales (Dave había hecho mucho BMX), ni extensiones de manillar ni ningún tipo de suspensión... y para el colmo no lleva ni casco (¡Dios mío!). Todo ésto sería absolutamente irrelevante a no ser porque una vez las cosas se ponen feas y peliagudas, y todos nos ponemos chulos y agresivos, Dave, con una técnica y energía que bordea lo inverosímil, nos mantiene casi siempre a raya y además se mofa de nosotros pobres consumistas que nos hemos gastado una fortuna en una bici que a fin de cuentas es inútil a la hora de seguirle el rabo. Machacados impunemente, después de 5 o 6 horas de marcha y humillación, todos dormiremos planos esa noche, mientras Dave irá a tomarse su cerveza al bar de turno después de ponerse las sandalias, y a la mañana siguiente se largará tan fresco a Aspen a comer y llegará a Crested Butte a tiempo para cenar, después de poner 140 horrorosos kilómetros en sus peludas piernas. Con su sencillez casi espartana, Dave levanta una inevitable pregunta: ¿Tiene sentido el gastarse medio kilo o más por una MTB?. Mi querido amigo me ha enseñado una buena lección, y es obvio que acostumbramos a dar demasiada importancia a la parte tecnológica del MTB, tendiendo a olvidarnos de las admirables posibilidades de nuestro cuerpo y mente. Para disfrutar de este deporte se necesita menos de lo que imaginamos. Desde Crested Butte, Xavi Fané
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Septiembre 1993 Sólo Bici N.º 28 MTB SCHOOL Ser autodidacta es siempre una alternativa variable y al mismo tiempo fuente insaciable de satisfacción personal... pero no siempre es la forma más rápida o efectiva de llegar a tu meta. Actualmente, con el alto grado de afición y competitividad existente en el MTB, además de la "experiencia" acumulada en la corta, pero meteórica vida de nuestro deporte, han surgido nuevos programas de entreno, cada vez más sofisticados, más eficaces y muchos de ellos incorporando la utilización de alta tecnología, teniendo en cuenta, en su formato, una serie de factores con lo que parecería problable el poder sacarte un "doctorado" en Biología y Ciencia Deportiva. Toda esta súbita sofisticación, y teniendo en cuenta que si te gusta participar en competiciones de MTB, pasarás la mayor parte de tu tiempo libre entrenando, ha abierto una nueva y lógica necesidad: la "escuela". Según mis cuentas, existen en estos momentos en los USA 6 escuelas especializadas en la enseñanza del MTB (dirt camps), y 13 más dedicadas al ciclismo en ruta, o a una combinación de ambas modalidades, la mayoría de ellas poniendo énfasis en el aspecto competitivo del deporte y realizándose en forma de "campamentos" y "cursillos intensivos", con una duración que varía entre los 2 días y las 2 semanas, algunos incluyendo la supervisión de profesionales bien conocidos; es, sin duda, una manera sana, amena y educativa de poner a prueba tus dotes "pedaleras" y ampliar tus conocimientos "velocípedos", para quizás otorgarte ese segundo de diferencia entre tú y tu contrincante, y por supuesto, y lo que es más importante, conseguir que tu "rodar" por los montes sea incluso más alucinante si cabe. La lista de temas que se tocan es larga y diversa, desde arreglar un pinchazo por debajo de los 3 minutos, hasta pasar una elaborada prueba de resistencia, pasando por nociones de metabolismo, nutrición y ecología aplicada o aprender a utilizar el pulsómetro y saber a qué ritmo cardiaco morirás de infarto si 4 o cuántos kilos te sobran. En fin, te enseña lo que quieras y más. Esta nueva eclosión educativa en el MTB, junto con otros movimientos tales como los programas de competición juvenil, que han lanzado compañías tan representativas como Specialized y Shimano, enfocados a potenciar el deporte entre la generación más joven, es la faceta más actual que está tomando el MTB en su país de origen. Quizás sea, en parte, un signo de la madurez a la que está llegando nuestro deporte, a la vez que una forma de proteger sus raíces, y divulgar su filosofía para garantizar con todo ello su perpetuidad. Desde Crested Butte, Xavi Fané
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Octubre 1993 Sólo Bici N.º 29 CAZANDO SENDEROS… DESDE EL AIRE Tras sus gafas de piloto pasadas de moda, Don Cook me echa una mirada pérfida, combinada con una sonrisa burlona como quien dice: "¡Agárrate colega, que allá vamos!". En un abrir y cerrar de ojos, su mano enguantada activa una palanca de aspecto ominoso y de repente nuestro "ultraligero" inicia una espeluznante caída en picado. El estómago se me sube hasta la garganta, mientras mis desorbitados ojos contemplan con horror la cada vez más cercana faz de la tierra. Me parece imposible respirar. Me siento como Ícaro con sus improvisadas alas fundiéndose al sol. Me pregunto qué narices hago yo aquí, montado en esta especie de ala delta con motor y con este loco. Tras unos segundos interminables ¡Pum!, otra tirada de palanca, y todo parece volver a su estado normal. Volamos casi rozando las copas de los árboles y sobrevolamos un lago de aguas azul esmeralda, a tan sólo 3 ó 4 metros de su superficie. Ante tal bucólica visión, me compongo lo suficiente como para acordarme de cuál es nuestra "misión": encontrar desde nuestro artefacto volador un sendero de MTB. Digamos que era una misión de reconocimiento. Don Cook, cuando no está pedaleando las más arduas excursiones de MTB, es cazador de senderos. Durante los últimos 10 años, Don ha contribuido, con esta peculiar técnica, a hacer de Crested Butte una de las zonas de MTB de los USA con mayor densidad de senderos rodables. Los meses de otoño, cuando los abundantes bosques de abedules que cubren los alrededores de Crested Butte se han despojado de su follaje, son la temporada óptima para seguir el rastro de senderos a vuelo de pájaro. Desde el aire, uno puede avistar pequeños caminos, la mayoría de ellos creados por ciervos y vacas, que con poco trabajo pueden convertirse en excelentes rutas de MTB. También, uno puede observar claramente la topografía del terreno y hallar, siguiendo sus pliegues naturales, el trazado óptimo donde más tarde abrir otro sendero que pueda conectar con otros ya existentes. En la primavera y verano que seguirán, Don se tomará una sucesión de fines de semana, para con la ayuda de amigos equipados con pico y pala abrir o hacer transitables esas nuevas rutas de MTB. Esta es una de las razones por las que este hombre de pelo rubio, tez morena y cuerpo flaquísimo fue uno de los primeros "pioneros" que accedieron al "Mountain Bike Hall of Fame". Con su desaliñado anorak de plumas rojo, un gorro de lana mal puesto y su sonrisa traviesa, Don Cook tiene un aspecto caricaturesco. Volar con él es como vivir una aventura salida de algún "cómic" de ciencia ficción. La pasión que genera el MTB es una fuente sin límites de imaginación e inspiración. Con ella, el MTB es capaz de llevarte hasta las mismas nubes. Desde Crested Butte, Xavi Fané
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Noviembre 1993 Sólo Bici N.º 30 VICIO y BICIS EN LAS VEGAS Pues hala, ya ha pasado otra temporada y de nuevo nos hallamos al final de este pseudo-ciclo biológico que lleva a toda la industria ciclista a dar parto en masa a sus criaturas metálicas. Ha llegado la época de los "Grandes Salones". En una de esas caústicas ironías de la vida, Interbike, el primero de estos grandes salones del pedal, ha abierto sus puertas en Las Vegas, ciudad del pecado y exceso sin límites. Siguiendo una transformación inusual, la capital mundial del vicio se ha convertido, temporalmente, en la capital de la bici. ¡Toma contraste! Mis oídos todavía zumban con el tintineo metálico de las cascadas de monedas que escupen las "Slot-machines" que uno encuentra por todas partes como si fuesen prostitutas cibernéticas, mientras me paseo por las interminables millas de corredores de la Exposición, que presume ser la más grande del mundo en cuanto a representación de MTB. Este año, la Interbike celebra su 12ª edición. En 1982 hizo su debut precisamente en Las Vegas, cuando el MTB se hallaba en pañales y uno podía memorizar las compañías ciclistas y sus teléfonos en un santiamén sin tener que recurrir a un ordenador. Hoy en día, alrededor de 2.000 compañías tienen su representación en el Salón Interbike, y el dominio del MTB en la industria ciclista es irrefutable. La función del Interbike es de suma importancia en el progreso de nuestro deporte. No sólo es el primer lugar donde virtualmente todas las compañías del mundo presentan su nueva línea de productos, sino que además es como una gran fiesta de carácter internacional en la que uno tiene la oportunidad de conocer y darse a conocer, tanto personalmente como a nivel de productos, ante el resto de invitados. Colaborando, en cierta forma, a la unificación de todos los que estamos involucrados en el deporte. Conferencias y diálogos abiertos al público, así como exposiciones de "arte ciclista" fueron otras amenidades a añadir al carácter divulgador e informativo de Interbike. Bien pensado, no está mal que el Interbike se haya celebrado en Las Vegas. Al final del día, cuando uno está saturado de piñones y bielas extravagantes, fibras exóticas y titanio hasta en la sopa, uno sólo tiene que tambalearse un par de manzanas hasta cualquier casino y jugarse unas manos al póker o refrescarse en uno de sus sofisticados ¡parques acuáticos!. En las próximas páginas tenéis un gustoso aperitivo de lo que os podréis merendar en el cercano 1994. ¡La evolución de la bicicleta continúa! Desde Crested Butte, Xavi Fané
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Diciembre 1993 Sólo Bici N.º 31 YA ES OFICIAL: EL MTB DEPORTE OLIMPICO ¡Yuupiii!. El MTB es Olímpico! ¡Vaya punto! El notición pasó oficialmente a ser conocimiento público durante el Salón Inerbike de Las Vegas. Inmediatamente después de que el portavoz de la Unión Ciclista Internacional anunciase el histórico comunicado ante la excitada plebe, innumerables "microfiestas" se formaron en la enmoquetada inmensidad del Salón. El colosal pabellón de Las Vegas se estremeció bajo las exclamaciones de júbilo y las explosiones de botellas de Champagne abriéndose por doquier. No era para menos. Después de todo, buen número de individuos que participaron en el evento, siguieron los tambaleantes pasos del MTB cuando éste iba en pañales. Siendo en parte responsables por su crecimiento. Dándole del biberón al deporte. Nutriéndolo con cariño como una madre nutriría a su bebé. No sin emociones ambiguas, debidas en parte a la inevitable nostalgia que implica el ser testigo del proceso de maduración de tu propia criatura, la proclamación del MTB como deporte olímpico fue unilateralmente bien recibida. Para los atletas, la movida representa un reto deportivo fantástico y prestigioso, al tiempo que será inminente la entrada en juego de nuevos y jugosos espónsores atraídos por el súbito "alto perfil" y reconocimiento internacional del MTB. Para aquellos involucrados en la industria, el nuevo estatus del MTB asegura la perpetuación del deporte y la estabilización de su salud y viabilidad económica. Finalmente, nosotros, forofos y aficionados al MTB, deberíamos sentirnos tan eufóricos como los niñatos de un anuncio de Coca Cola. Pues en cierta forma este nuevo paso del MTB es también un homenaje en honor a la pasión y dedicación que hemos puesto en éste. El MTB ha dejado atrás su pubescencia para pasar a ser un joven fornido y apuesto con un futuro prometedor. Quizás también haya perdido su virginidad. Pero tampoco está tan clara la utilidad de tal virtud. Ni "deporte de demostración" Olímpicos de Atlanta en 1996. Pero ¡no podemos quejarnos!. quien sabe qué más en futuras
ni puñetas. El MTB tendrá absoluto peso olímpico en los Juegos Por el momento solo será en la modalidad de cross-country o rally. Seguramente también viviremos para ver el descenso, el eslálom y Olimpiadas.
Fue la UCI quien decidió sustituir el moribundo evento de los 100 km. contrarreloj por equipos por el cross-country de MTB. Sacrificio inmolador. Regeneración en el seno del ciclismo. Patada en el trasero para los ruteros. Míratelo como quieras, pero admiramos la justa decisión de la UCI. El MTB se ha currado a pulso su popularidad universal y nos alegramos de que ésta haya sido por fin reconocida de forma tan brillante. Quedan un montón de interrogantes y muchos detalles por trabajar, todavía se desconoce el sistema de eliminación que se seguirá, el número de participantes (se rumorea serán sólo 80 en la final), las características del recorrido, etc. Pero la semilla ha germinado. Congratulations MTB!. Desde Crested Butte, Xavi Fané
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Enero 1994 Sólo Bici N.º 32 HELADO EN COLORADO Hoy ha nevado todo el día. Ayer también. Dicen que mañana nevará más. Procedentes del océano Pacífico, las tormentas se suceden unas después de otras como malas películas en la tele. Todo el gran estado de Colorado, otrora paraíso del MTB, se ha convertido en un enorme carámbano de hielo, y hablar de bicicletas es un asunto nostálgico y doloroso. Típicamente, en la luminosa literatura del MTB, Colorado siempre aparece bajo un sol radiante y un verde cegador. Repleto de senderos interminables y bosques inmensos. Como si fuese una pérfida treta de marketing, todo parece ser perfecto y "tope guai" para el biker. Y la verdad es que lo es... pero sólo durante 4 ó 5 meses... si tienes suerte. Colorado es el estado que posee la elevación media más alta de los USA, cerca de los 2.500 mts. sobre el nivel del mar. Por poner algunos ejemplos, Crested Butte se halla a 2.800 mts. de altitud, Durango a 2.100 mts., Denver, la capital del estado, está a 1.600 mts. Así pues, no es de extrañar que el invierno sea el verdadero protagonista de la película. Si eres de carácter playero, ni se te ocurra venir. Una frase popular que da una buena idea del riguroso clima de Colorado dice: "Si hay suerte, este verano caerá en un fin de semana". Este año, el verano duró poco más de un fin de semana. En junio, los heleros de nieve todavía sepultaban varios de los altos recorridos que rodean Crested Butte. El 16 de octubre fue la última vez que mis piernas efectuaron ese movimiento circular que es el pedalear, por tierras de Colorado. El primer tormentón del Pacífico hizo su prematura llegada y, ¡hala!... se acabó. ¡A guardar la bici y sacar los esquís!. Esquís de fondo, esquís de pista, esquís de randoneé, de Telemark y demás parafernalia invernal. Os preguntaréis que a qué viene toda esta algarabía climatológica. Pero sin duda tiene su impacto en el estado de la competición mundial del MTB. Durango, la población donde vive la mayoría de la élite americana del MTB, tampoco se salva del invierno. Probablemente Ned Overend, Daryl Price y John Tomac están haciendo esquí de fondo en estos momentos y sólo se acercarán a la bici si el sol calienta un poco. El "cross-training" prueba ser una herramienta de gran valor en Colorado. Uno mantiene la capacidad aeróbica casi intacta practicando asiduamente el esquí de fondo y un poco de bici en ruta cuando puedes (bici estática si no puedes), mientras trabajas la potencia muscular mediante ejercicios pliométricos y de pesas. A muchos corredores profesionales les gusta el carácter regenerador del invierno. Supone un descanso físico, pero sobre todo psicológico, una oportunidad para practicar otros deportes y alejarse de las presiones impuestas por la competición. Ésta es, probablemente, una de las principales diferencias entre la élite europea y la americana. Los euros se mantienen más sobre la bici con el ciclocross y ciclismo en ruta durante los meses invernales, mientras que los USA boys dependen más del crosstraining. Ambas tácticas parecen funcionar pero, quizás, el estilo europeo sea algo más apropiado para estos días en que la competición del MTB es brutalmente exigente y no permite largos períodos alejado de la bici. 28
En Europa, cada país parece tener, más o menos organizado, un Campeonato de Ciclocross a nivel profesional y a la vez un sinfín de competiciones de MTB a nivel local. En los USA eso sólo ocurre en unos pocos Estados. Las vastas dimensiones del país y la dura climatología hace que los desplazamientos a esas carreras sean imprácticos o imposibles. La mayoría de corredores tienden a quedarse en casa y montárselo por su cuenta. Para mí, en estas latitudes, el invierno y sus implicaciones son sólo una prolongación natural de la temporada del MTB. Desde Crested Butte. Por Xavier Fané
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Febrero 1994 Sólo Bici N.º 33 VIAJAR: LA PARANOIA DEL PRO Mientras para la mayoría de nosotros la palabra "viajar" nos evoca visiones de palmeras ondulantes, bailarinas con velos, langostas a la plancha y otros enclaves oníricos y placeres tan diversos como lo pueda ser tu propia imaginación, para la élite profesional del MTB, el viajar es, más que menos, un "mal rollo" insoportable. Si a la experiencia global que normalmente asocias con el "viajar" le robas la excitación que supone el vivir otra cultura, y la satisfacción de relajarse en cuerpo y mente en un entorno diferente, lo único que queda es el interminable vuelo en avión en la infrahumana clase económica, el mal sabor de boca de café barato, pollo "al microondas"... y poco más. Despojando de todo romanticismo, el "viajar", se convierte en la aburrida definición de trasladarse de punto "A" a punto "B"... y en una de las principales preocupaciones del "biker" profesional de los '90. El strees de los vuelos trascontinentales, la inactividad obligada a la que los "pros" están sujetos, el insomnio, el cambio de dieta y horario, la vulnerabilidad a pillar viciosas gripes y el separarse de la familia o él/la colega, son algunas de las razones que hacen que la vida de los profesionales del MTB no sea tan glamorosa como podamos pensar. Cuando uno devota casi todo su tiempo a afinar el funcionamiento de cuerpo y mente, todos estos factores potencialmente afectan ese delicado equilibrio que es el rendimiento del atleta. En la actualidad, el seguir la competición Internacional del MTB supone el trasladarse más que un ministro de asuntos exteriores. La Copa del Mundo Grundig es el colofón de este nomádico estilo de vida, especialmente después de la incorporación de la prueba en Australia (8ª prueba de la Grundig) esta temporada - ¡UAU!, ¡una carrera de MTB en las antípodas!-. Pero podéis estar seguros de que pocos serán los corredores que se prestarán a este evento austral. Los organizadores de la Grundig debieron estar pensando en las musarañas cuando decidieron poner la prueba australiana a mitad de temporada -el 31 de julio-. Hubiese tenido mucho más sentido el efectuar un viaje de tales proporciones al inicio de ésta, de manera que los corredores pudieran pasar un tiempo entrenando y disfrutando de los canguros y demás marsupiales en el agradable otoño del hemisferio sur. Los riesgos e incoveniencias que implican el tener que ir hasta el fin del mundo para correr una prueba y tener que estar en Suiza (9º evento del la Grundig) el fin de semana siguiente, son suficientes para desanimar a la mayoría de la élite. Podemos estar seguros de que en un futuro cercano, con la creciente popularización del MTB, la competición internacional hará paradas en todos los continentes y hemisferios del planeta. Esa diversidad de destinos sólo será positiva si éstos se utilizan diligentemente en relación a sus climas, altitudes, etc... para crear un calendario competitivo coherente. Xavier Fané
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Abril 1994 Sólo Bici N.º 35 COMPARTIR EL POLLO CON TUS HÉROES ¿A qué ciclista mínimamente interesado en la competición no le gustaría aprender un par de trucos de los pros? Intentar emular a los mejores ha sido siempre una manera eficaz de progresar en esa, a veces ardua, escalada al dominio de un deporte. Imagínate si pudieses tener a un Ned Overend o a Thomas Frischknecht como "profes" y asesores en tu técnica y programación de entreno en el MTB. ¡Para de imaginar! eso es perfectamente posible en los USA... y quizás lo sea pronto en España. Hace tres años, Specialized, con la creación del "Supercamp", inició una pauta que hoy en día se ha expandido entre varios de los grandes equipos profesionales del globo. El Supercamp nació con la intención de fomentar la competición en el MTB y por supuesto los intereses del Team Specialized, haciendo que cualquier Martínez pudiese acceder a los conocimientos y enseñanza directa de su equipo profesional, al tiempo que atraer una siempre bienvenida atención por parte de los medios de comunicación. Otra de esas americanadas tan genuinamente atractiva y única. La mayoría de estos "training camps", o campamentos de entreno, tienen lugar en las semanas primaverales que preceden a las primeras pruebas de la temporada competitiva. En ese período pre-competitivo, los equipos se hallan sumidos de lleno en su programa de entrenamiento, y es una oportunidad impasable el poder formar parte en sus salidas cotidianas e iniciar tu forma de cara a la temporada. El Team Ritchey y el nuevo superequipo Cannondale-Volvo también ofrecen este tipo de experiencia. El Training camp de Ritchey tiene por profesores a Thomas Frischknecht, el campeón de la Copa del Mundo Grundig, y a Hendrik Djernis, el actual Campeón del Mundo, y normalmente tiene lugar en California, aunque sabemos que Tom Ritchey no ha negado la posibilidad de montar uno en España. El Cannondale-Volvo, capitaneado por Tinker Juárez, utilizará el fantástico terreno de Moab para montar su circo durante una semana en abril. Para citar un ejemplo, el Supercamp Specialized dura 5 días, durante los que sigues un programa intensivo de entrenamiento que incluye enseñanzas en los apartados de escalada, trialeras, programación de entreno, utilización básica de pulsómetro, etc, etc... e incluso puedes desvelar si Ned Overend desayuna con café, o si come bistec o acelgas hervidas para cenar, pues todas las comidas se comparten con los miembros del equipo. El precio de pasar estos días en harmonía con tus héroes favoritos es de 550 dólares USA. Todo incluido menos el viajecito. Estaría bien que los equipos nacionales hicieran este mismo esfuerzo para la afición que tanto les soporta. El beneficio es recíproco, el equipo se gana puntos populares, y nosotros podemos aprender detalles y truquillos que quizás nos iluminarán nuestro camino en el MTB. ¿Es una buena idea? ¿Vale la pena? Happy trails. Desde Crested Butte, Xavier Fané
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Julio 1994 Sólo Bici N.º 38 ENFRENTARSE A LO DESCONOCIDO Seguramente, cuando te pones a pensar en los mejores momentos que has pasado en el MTB, te vendrán rápidamente a la cabeza visiones de esas salidas largas, a menudo sobre recorridos hasta entonces inexplorados (por lo menos por ti), en los que te enfrentaste a trialeras de dificultad insospechada, pasaste las mil y una para cruzar un riachuelo de aguas furiosas y que te llevaron a rincones de belleza inusitada. Explorar, salirte de la rutina diaria y lanzarse a lo desconocido, con sus momentos comprometidos e incómodos incluidos, es la experiencia más intrínsecamente completa del MTB. Lo único que necesitas para adquirir esa experiencia vivificadora es... tiempo. Desafortunadamente, ser un "Homo Contemporaneus" tiene sus más y sus menos. Podemos acceder fácilmente a todas las golosinas materiales imaginables... pero apenas disponemos de tiempo suficiente para disfrutarlas. Como ocurre a menudo, nuestras agendas semanales supuran con citas, fechas límite y multitud de tareas horriblemente inoportunas pero necesarias que suplican nuestra absoluta e inmediata atención. Dentro de un programa tan repleto que ni Madonna... ¿dónde vamos a meter el MTB? Con la marcha que llevamos no sería de extrañar que éste quedase encasillado en algún lugar entre una visita al dentista y el cursillo intensivo de inglés... o de macramé. Probablemente serán 45 minutos, o dos horas, como mucho, el tiempo libre del que dispondrás para practicar tu deporete preferido. Limitados de esta manera, nos vemos obligados a establecer rutas y recorridos predeterminados que dejan poco espacio para improvisar y... explorar. La experiencia, en principio refrescante y supuestamente terapéutica, de rodar en tu MTB se convierte en una rutina de hámster enjaulado que acaba por tocar la moral del biker más empeñado. Encajonado entre compromisos sociales y efectuado con prisas, la práctica del MTB se asemeja más a una robótica sesión de "aerobic" que al deporte de aventura que en realidad es. Sin duda, Cristóbal Colón no se fue a descubrir las Américas con la preocupación de que al siguiente jueves tenía una cita con su abogado. Pero tú tampoco tienes que aspirar a ser un "Gran Explorador" y quizás puedas contentarte con ser un "Micro-explorador". Prueba de efectuar nuevas variaciones, incluso en tus salidas de turno, hazte el recorrido al revés, cómprate mapas precisos de la zona e intenta ese sendero apenas visible que no habías visto antes. Te sorprenderás a ti mismo con las posibilidades que te ofrece la zona. Los fines de semana, ¡aaah!, los fines de semana son sagrados. Ahí es donde tienes tu oportunidad de convertirte en pionero de lo desconocido. Con un buen colega, abundante agua, comida, mapa y brújula en mano, déja atrás tu microcosmos y lárgate en busca de esas sensaciones aventureras que en el fondo tanto anhelamos, adéntrate en esos bosques impenetrables y visita esos puebluchos perdidos en la sierra. La recompensa a tus esfuerzos pocas veces te defraudará. Explorando lo desconocido es cuando encontrarás que el MTB no sólo es un vehículo para conocer mejor tu entorno, sino también para conocerte mejor a ti mismo. Más tarde, cuando cuentes tus aventuras a tus nietos, tendrás algo mejor que contar que aburrirlos con historias de tus salidas de 45 minutos, por los descampados del barrio, rodando sobre condones usados y basura por todas partes. Desde Crested Butte, Xavi Fané
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Agosto 1994 Sólo Bici N.º 39 REFLEXIONES EN EL EQUINOCCIO Iluminada por una luna grande y pálida como de película de hombres lobo, la noche es inquieta y festiva. Grillos y ranas parecen haber enloquecido bajo la fenomenal farola celestial y un aire cálido, impregnado de fragancias de pino y flores salvajes, se desliza entre la madera de la valla de mi jardín. Los mosquitos, esos microvampiros desdentados, ya hacen estragos, seducidos fatalmente por nuestras vulnerables epidermis humanas. El verano ha llegado. Saboreando los placeres de la noche tumbados en la hierba, mis tres colegas y yo recordamos nuestros últimos días de prolífica actividad bikera. Durante un día de esos de sol magnífico, mientras tomábamos un respiro a la sombra de unos frondosos abetos y contemplábamos absortos el bello paisaje que nos rodeaba, un grupo de máquinas que costaban más que mi coche, nos pasaron, respirando frenéticamente, a tan sólo 4 metros de donde nos hallábamos, sin siquiera percibirse de nuestra presencia. Tal evento dio pie a tema de conversación. No es que quisiéramos ser percibidos o reconocidos. Ni mucho menos. Lo que sí nos importó es que esos jóvenes ni siquiera eran conscientes de la belleza que les rodeaba por todas partes. ¿Serían autistas en bici? La verdad es que cada día es más raro el encontrarse con bikers colegas que describan sus salidas en MTB con interjecciones tales como: "¡Uaah! qué vistas más guais!", o "¿te fijaste en ese árbol descomunal que pasamos?"; sino que más bien lo hacen con frases que hacen referencia a las velocidades alcanzadas, a lo radical y técnico que era el sendero, a lo bien que sus Rock Shox absorben los impactos de tipo medio, o al pulso cardíaco máximo que llevaban en esa subida a medio camino. Hablan como si tuviesen un caso serio de adicción a lo tecnológico y material. ¿Cómo es posible respetar el entorno, si uno ni siquiera levanta las narices para admirarlo? Más y más practicantes del MTB parecen preocuparse demasiado en los frenos que lleva John Tomac, en los colorines de moda, en afeitarse las piernas como las estrellas y a olvidarse de las auténticas raíces de nuestro deporte: la intimidad con la naturaleza. Sin ese vínculo espiritual o, como rayos quieras llamarle, la experiencia del MTB es más vacía que un cumpleaños sin que tu novia/o te felicite. Lo demás es secundario. Quizás nos tomamos demasiado en serio a nosotros mismos cuando deberíamos de prestar más atención a lo que nos rodea y a nuestra relación con ese entorno. Olvídate de esa seriedad estresante y preocupación material y déjala para aquellos quienes tienen que ganarse el pan de cada día corriendo carreras. Para la mayoría de nosotros, por suerte, el MTB nos ofrece enseñanzas mucho más trascendentales que la de llegar primero a la meta. Los grillos y ranas se han callado y ahora son los perros los que aullan como condenados, mientras la luna se esconde detrás de la negra silueta de una montaña; después de abusar de los "tecnos" e invidentes a nuestras anchas, yo y mis colegas hacemos planes para ir mañana en bici hasta un lago perdido en un valle alpino, nos llevaremos una caña de pescar, y si tenemos suerte, comeremos trucha para cenar. ¡Por fin ha llegado el verano! XAVI FANÉ
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Septiembre 1994 Sólo Bici N.º 40 "INDURAIN GANA, NOSOTROS GANAMOS" La confabulación en su contra no tuvo éxito. Ni Pirineos, ni Alpes "extraduros", ni el calor que fundía el asfalto, ni el palmo que le faltó para despeñarse, ni Rominger ni nadie, pudieron detener la fuerza arrolladora de Indurain. Cómo en un anuncio de pilas que nunca se gastan, "Big Mig", continuó su trayectoria imparable hacia los anales de la historia del ciclismo, mientras a derecha y a izquierda sus adversarios más imponentes caían como moscas anodadas y sus críticos más feroces hacían el ridículo agotando inútilmente todos los argumentos en su contra. En efecto, Indurain controló "Le Tour" como un maestro titiritero a sus marionetas. Con gracia y estrategia. Sin querer atraer el foco de atención y protagonismo sobre su propia persona, pero sobre el drama paternatural que él mismo generaba a su alrededor. Para poner a la altura de Anquetil y Merckx, los otros dos únicos mitos en la historia del ciclismo con cuatro victorias consecutivas en el Tour, no basta con ser un atleta colosal, sino que hay que ser un artista visionario. Indurain es, sin duda, un iluminado. "¿Ya que viene tanto Indurain en una revista de MTB?", se preguntarán nuestros asiduos lectores. Pues nada, ni traición ni puñetas, se trata tan sólo de reconocer nuestro vínculo con nuestros "brothers" del asfalto, y de pagar homenaje a quien tanto ha revitalizado el ciclismo "en general". Al igual que si autonomías se tratase, no debemos de permitir que el MTB se utilice cómo incentivo separatista, sino cómo elemento de unión entre filosofías ligeramente diferentes. Nuestra relación con el ciclismo en ruta posee clara semejanza a la relación antagónistica que a menudo ocurre entre padre e hijo, nos encanta remarcar nuestras diferencias y nos cuesta elogiar a quién debemos nuestra existencia. Aparte de estar unidos por ésa "moción circular", tan característica en ambos deportes, no debemos olvidar que los pioneros del MTB, tales como Gary Fischer, Tom Ritchey, Joe Breeze, y varios más, compusieron las primeras MTB a base de partes de bicicletas de ruta, y su motivación por originar el MTB se derivó de la pasión que éstos vivieron por el ciclismo en asfalto. La coexistencia armónica entre los dos deportes, cómo en tantas otras situaciones de nuestra vida cotidiana, nos proporcionará mucho más beneficios que no un rivalismo retardado e infundamentado. Poder admirar al prójimo siempre es un buen ejercicio de fraternidad. Quizás la admiración que podamos sentir por el "vasco de acero" sirva como "pegamento" y cohesión entre la ruta y el MTB. ¡Viva Indurain! XAVIER FANÉ CRESTED BUTTE (CO) USA
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Enero 1995 Sólo Bici N.º 44 "AMA A TU MECANICO COMO TE AMARIAS A TI MISMO" La vida del biker sería, sin duda, mucho más desenfadada, feliz y simple, si las bicis y sus componentes fuesen indestructibles, irretorcibles, y jamás, jamás, e independientemente de lo bruto o manazas que uno pueda ser, sufriesen desajuste alguno. Pero, ni de lejos ése es el caso y siempre, más tarde o más temprano, e indiferentemente de lo repipi y cuadrado que uno sea o esté, lo imprevisto ocurrirá. Algún ruidillo de origen nebuloso te volverá loco, o el desviador trasero te hará maldecir a tus mejores amigos, o esos frenos te abandonarán en ese momento crucial en que no deberían abandonarte. Es algo tan inevitable como pagar impuestos. Si además uno es mecánicamente incapacitado como yo, naturalmente perezoso, o sobre todo, si tienes una bici de suspensión dual, la cosa se pone complicada. Precisamente ahí es cuando llegan a nuestro rescate las manos salvadoras del mecánico profesional... si lo aciertas, por supuesto. Encontrar un buen mecánico puede ser una tarea tan difícil como la de encontrar un buen cónyuge, añadiendo, si cabe, que la relación biker-mecánico es más un descarado matrimonio de conveniencia que un "affaire" romántico. Pero no te olvides de que, como en cualquier relación simbiótica, la razón de su existencia es que es conveniente para los dos y, por ello, basada en las coordenadas de respeto mutuo. El mecánico se gana el pan gracias a tu ineptitud, o desinterés como tal, y tú ganas en el aumento en la calidad de tu experiencia lúdica. Por regla general, preguntando se va a Roma, y si pides referencias a amigos experimentados, probablemente te llevarán al mecánico correcto. Por suerte, malos mecánicos, como malos dentistas, no llegan muy lejos y su reputación como tales se difunde rápidamente entre el populacho. Si te diriges por primera vez a un mecánico con un problema y no sólo no te soluciona el problema, sino que además te cobra, es mala señal. Si por lo menos no te cobra y admite su derrota, puedes permitirte cierto grado de compasión y quizás puedas adjudicar esa insolvencia a un fallo humano como otro cualquiera y darle otra oportunidad. Pero si todo queda solucionado en tu primera visita, quédate con ese mecánico. Una vez ha probado su valía, mímalo, cómprale refrescos, llévale pósters de su biker preferido, lo que sea, pues no hay nada como tener a alguien competente de tu lado. Paciencia y tacto son imprescindibles en el trato con tu mecánico. Piensa que muchos de ellos han escogido esta profesión porque aman el MTB tanto como tú, y aunque reconocen que su trabajo es pasarse el día en la mazmorra del taller, engrasados hasta la coronilla, seguramente preferirían estar rodando por los montes. No necesitan que les recuerdes el magnífico día que hace para rodar. En la actualidad, la profesión de mecánico de bicicletas está viviendo un auge importante. Con la explosión del MTB, la demanda de profesionales especializados ha aumentado un montón, mientras que la sofisticación de las nuevas bicis de suspensión exige de éstos unos conocimientos técnicos exhaustivos. Escuelas y cursos profesionales para este propósito han eclosionado tanto en los USA como en Europa. Eso son buenas noticias para nosotros, quienes dependemos de ellos para poder continuar disfrutando al máximo de las sanas indulgencias del MTB. Por Xavier Fané
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Febrero 1995 Sólo Bici N.º 45 LA SECRETA VIDA DEL "KLUNKER" Otrora protagonista de la mini-revolución que acabaría por engendrar el MTB, los "klunkers", o "balloon tire bikes", o "town bikes", como otros prefieren llamarlos, han quedado relegados a un papel mucho más modesto... pero siguen fieles a nuestro servicio después de todos estos años. Durante los ‘60, la filosofía verde del movimiento "hippie" y un relativo bienestar económico estimularon un renacimiento de las bicicletas en los USA. Originalmente concebidos durante los años ‘30 como bicicletas de paseo, o de pueblo, los klunkers, por sus neumáticos sobredimensionados, sus cuadros simples y resistentes, y su precio relativamente económico, fueron escogidos por los precursores de Marin County para ser utilizados en sus primeros intentos "off road". Los trastos eran pesados como un tranvía y no tenían marchas, pero en los descensos eran mucho más estables y resistentes que sus escuálidas primas hermanas, las bicicletas de carretera. No es de extrañar, pues, que el MTB naciese en forma de deporte de descenso. ¡Era imposible afrontar una subida con uno de esos armatostes! A principios de los ‘70, el listorro de Gary Fisher sería el primero en pensar que molaría un montón el poder "subir" con los klunkers, y empezó a experimentar implantando en éstos las marchas de las bicicletas de carretera. Más tarde, en 1974, hartos de carretear cuesta arriba los pesados cuadros de tubería de fontanero, los pioneros californianos idearon sus propios cuadros "específicos" para la práctica del MTB. Con el advenimiento de las auténticas MTB, los klunkers pasaron temporalmente al olvido... menos en algunos reductos de Marin County y Crested Butte, donde continuaron siendo utilizadas en las tareas cotidianas de hacer recados por el pueblo. Hoy en día, los klunkers han vuelto a la popularidad en los USA. ¿Quién necesita 24 marchas para ir al mercado o geometría racing para subir 10 cms. de bordillo? ¿Para qué malgastar preciosos milímetros de tu "umma-gumma" para ir al kiosko de la esquina? La belleza del klunker reside en su simplicidad clásica, engrasas la cadena un par de veces al año, le pones los neumáticos ya retirados de tu MTB y... ¡hala!, ya tienes transporte barato. Después de todo, ir a buscar el pan en tu monstruo de suspensión dual y tubería exótica es algo tan disparatado como ir al Liceo en pantalones cortos y sandalias baratas. Cada cosa en su sitio. Además, te ahorras la paranoia que supone el dejar tu costosa MTB desatendida aunque sea durante un nanosegundo. Por supuesto, también hay klunkers, y klunkers. Los más buscados son los cuadros Schwinn, o Ross, que debido a su renovada demanda han vuelto a ponerse en producción limitada. Parece ser que la misma especialización que el MTB ha sufrido en su búsqueda por conceder la experiencia "off road" perfecta, ha abierto un nicho también ideal para que el klunker vuelva del olvido como la bicicleta doméstica y popular por excelencia. Por Xavier Fané desde Crested Butte
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Junio 1995 Sólo Bici N.º 49 ¿SUSPENSIÓN CORPORAL INTEGRADA? Hace unos meses que voy a clases de yoga. ¿Yo?... ¿yoga?, quizás os preguntaréis si el excesivo frío y esos días tan cortos de invierno me han llevado a tomar tan desesperada decisión, o si todos esos aterrizajes forzosos de tipo frontal me han destruido demasiadas neuronas cerebrales y finalmente he perdido mi sano juicio. Pues no, mi resolución yoguista tomó forma mientras mataba el rato montado en el telesilla de la estación de esquí de mi pueblo, de camino hacia otro descenso desvirgador. El telesilla de marras es tan lento que normalmente te da tiempo de leerte un capítulo de novela barata y comerte un bocata, pero esta vez me había olvidado el libro y ya me había comido el bocata cuando, liberado de tales nimiedades, tropecé con una teoría que a mí me parecía reveladora: Ya que tanto disfruto de la suspensión en mi bici, ¿no sería lógico mejorar las propiedades amortiguadoras de mi propio cuerpo hasta convertirlo en un elaborado sistema de suspensión orgánico y así poder disfrutar el doble? De repente me parecía haberle hallado un nuevo sentido a la palabra "suspensión dual". El reto que tenía por delante no era menospreciable, ¿podría convertir mi cuerpo, que era de una flexibilidad semejante al de un pedazo de tubería de fibra de carbono, en algo remotamente parecido a mi Judy DH? Mis primeras sesiones de yoga parecían indicar que no. Intentando emular a mi profesor en las posturas básicas del yoga, me parecía cosa segura que mi cuerpo iba a partirse por la mitad, o por lo menos iba a provocarle daños irreversibles. Me sentía como un Quasimodo en una clase de ballet. Súbitamente sentí un respeto inmenso por esos contorsionistas profesionales que se doblan como monigotes de plastilina, y esos fakires que pueden mantener las posturas más inverosímiles durante semanas seguidas y en ayuno. Sí claro, siempre había hecho estiramientos, incluso diría que soy más flexible que el ciclista medio, que no es mucho decir, pero en el yoga, a la flexibilidad se le añade equilibrio y músculo. Una postura que en principio pueda parecerte la mar de inocente, cuando te piden mantenerla durante varios minutos puede convertirse en la más elaborada tortura china... especialmente si estás aguantando la respiración como yo. Pero con tiempo y práctica me he dado cuenta de que toda esta autoinfligida penitencia no ha sido en vano. Con el yoga uno puede educar cuerpo y mente de maneras que más tarde vendrán muy a mano, en esas odiseas del singletrack por las que vives. Tu capacidad de concentración y de respiración se verán agudizadas, lograrás un cuerpo más flexible y por ello más resistente a las lesiones, y más fluido en sus movimientos. ¿Suena a pamplinas? Por si no te fías de mí, numerosos profesionales del MTB, entre ellos Ned Overend y John Weissenrider, han incorporado desde hace años la práctica del yoga a sus programas de entrenamiento con obvios resultados. Hace unos meses hubiese comparado mi grado de apreciación del yoga, al que sentía por otras actividades "narco-pasivas" tales como el golf, el beisbol y jugar a ping-pong con alguien que nunca haya jugado a ping-pong. En cambio, ahora el yoga se halla muy por encima de todas ellas en mi lista de los "40 principales". Tampoco es que me haya convertido en un "new-age-kumbaya", o que sueñe en las posturas yoguistas del día siguiente. Ni mucho menos. Cuando me encuentro en plena contorsión, sintiendo cada fibra de mi cuerpo estirándose hasta el límite de lo posible, cada célula de mi cuerpo 37
oxigenándose, sumido en ese trance entre dolor y éxtasis, me imagino rodando a velocidades inusitadas entre los apretados árboles de mi singletrack favorito, esquivando piedras y arqueando virajes con una habilidad y precisión hasta entonces desconocidas, sintiéndome extrañamente ligero sobre los tramos más retorcidamente trialeros. Ése era mi objetivo final. Namasté! Desde Crested Buttte, Xavier Fané
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Septiembre 1995 Sólo Bici N.º 50 ¡NUMBER FIFTY! Queridos lectores: Lo más seguro es que cuando tengáis en vuestras manos este flamante Nº 50 de SOLO BICI, yo estaré celebrando tan especial ocasión a mi manera: rodando y sudando a tope. Ni chin-chins con el gerente de la revista, ni canapés pringosos, ni discursos nostálgicos. Yo a rodar, que es lo mío... aunque eso sí, a vuestra salud, pues sin vuestro fiel apoyo esta publicación se hundiría irremisiblemente como un pedalier barato lanzado al mar. Y más aún, si no fuese por esa pasión visceral que siento cada vez que me pongo la bici entre las piernas, tampoco hubiese estado con vosotros todos estos años. Aunque aspecto importante e integral de nuestra misión como medio informativo que somos es "informar" sobre las novedades y tecnicidades que conforman ese montón inerte, más o menos ordenado, de plástico y metal al que llamamos bicicleta, vehículo de nuestros sueños y pasiones, la parte preferida de mi trabajo -confieso ser un "fundamentalista"- es inspirar y motivar a mis lectores con las sensaciones y emociones quizás más humanas y menos materiales del ciclismo de montaña. Cosas más relacionadas con la euforia de cruzar un prado alpino por encima de un mar de nubes o sentir tu corazón palpitando como un condenado ante la excitación de enfrentarse a un abismo desconocido, que no con el tecnocotilleo de los sistemas basculantes integrados, y las maravillas de la tensilidad y coeficiente de torsión de los materiales termoplásticos. La práctica del MTB es una estimulante actividad capaz de despertar en nosotros las sensaciones más fuertes. El sano contacto con la naturaleza, la camaradería con los amigos y el reto físico, todos ellos se mezclan armoniosamente para crear un deporte completo y carismático, lleno de substancia y color. La esterilidad no tiene lugar, o no debería tenerlo, en el MTB. Así pues, mi humilde tributo a lectores, colegas de redacción y al "Gran Manitu" del MTB es liberar mis cuádriceps a las delicias de la pedalada, exaltar mis sentidos con los olores del bosque y la adrenalina del descenso. Uauuuhh! ¿Ya han pasado 4 años? ¡El tiempo vuela cuando uno se divierte! XAVIER FANÉ
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Agosto 1995 Sólo Bici N.º 51 "Times are changing" (Seguís con interés los excitantes episodios de la Copa del Mundo Grundig? (Nooo?). Pues bueno, no sois los únicos. Debe de tratarse de una epidemia de carácter global, pues las cifras de audiencia de espectadores a estos eventos de competición profesional han menguado paulatinamente en relación a anteriores años. Y lo mismo ocurre con los Campeonatos Nacionales norteamericanos de la Norba. ¿Y porqué este decreciente interés?. Lejos de ser anodinas o insípidas, este tipo de pruebas, clásicas y profundamente integradas en el "chip" del biker común, son el "alma mater" del MTB competitivo; debe existir una muy buena razón para denegarles nuestra preciada y no dividida atención. El caso es que, por más bueno que sea un caramelo de fresa, después de chuparlo día tras día, inevitablemente acabaremos deseando probar otras esencias y sabores que sean capaces de impactar con renovado deleite nuestras exigentes papilas gustativas. Quizás esa simple lógica sensorial explique la reciente diversificación competitiva que está experimentando el MTB. Carreras como la Transpain, la Vuelta a España, el Tour, "la Volta", la Iditabike, o las "24 Horas de Canaan" -de la que os presentamos un reportaje en las siguientes páginas-, representan una nueva generación de pruebas de MTB que han irrumpido con fuerza inusitada en el panorama competitivo mundial. Unas por su carácter maratoniano, otras por su formato refrescantemente diferente, o por el entorno, a veces tremendamente duro en el que se desarrollan; todos estos eventos han demostrado ser sumamente atractivos, tanto para los bikers en busca de nuevos retos como para los espectadores en busca de nuevas emociones. Prueba de ello es que equipos de la categoría del "Team Ritchey" ya tienen en sus filas a corredores como John Stamstad, un especialista en fondo, para competir exclusivamente en este tipo de pruebas alternativas que súbitamente también están atrayendo la atención de los medios de comunicación. Al igual que el clásico sabor de fresa, la estereotípica formulación de los eventos de la Copa del Mundo Grundig y similares jamás llegará a ser "pass". Simplemente disponemos de un más amplio y diverso espectro de disciplinas que perpetuarán nuestro interés y continuarán inspirándonos en la práctica del MTB. Por XAVI FANÉ
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Noviembre 1996 Sólo Bici N.º 54 ¡Se abre la veda! ¡Ba-Banggg!, el súbito de un arma de fuego rompe violentamente con la serenidad del bosque; casi simultáneamente, oímos el inequívoco crujido del proyectil abriéndose paso a través de las copas de los arboles a tan sólo unos pocos metros por encima de nuestras cabezas. Al instante nos invade una ola de pánico -real e inminente-, que en fracciones de segundo se convierte en genuino odio hacia los energúmenos que practicaban puntería ilegalmente y en pleno bosque, ignorando que una centena de metros más allá de su diana discurría un sendero de uso público. Vociferamos blasfemias y gritamos con la rabia del capital Haddock, pero todo es inútil, lo que no debería ocurrir ya ha ocurrido. Se ha levantado la veda y a nosotros casi nos cazan. Año tras año, la temporada de caza es a menudo algunas de ellas, desgraciadamente, con un fin confundidas por ciervos, águilas por codornices, pasado, un cazador de gatillo flojo mató a su moviéndose por detrás de unos matorrales.
fuente mucho perros propio
interminable de este tipo de anécdotas, más trágico. Inocentes vacas mueren por liebres. Aquí, en Colorado, el año hijo creyendo que éste era un jabalí
Ante tan deplorables hechos, yo me pregunto: ¿cuándo se me confundirá a mí con un gamo, una codorniz, o cualquier otro bicho? Obviamente, la posibilidad de que eso ocurra es menos remota de lo que podría desearse. La caza, practicada bajo unos códigos éticos y legales sólidos, es una actividad legítimamente respetable, histórica y a la vez necesaria para mantener el equilibrio ecológico de ciertas especies en ciertos hábitats... además de representar una importante fuente de ingresos para el estado y las economías locales. Lo malo es que, a diferencia de otras actividades al aire libre, cualquier irresponsabilidad incurrida por alguno de sus participantes puede tener consecuencias letales. Tolerancia y cooperación entre todos los interesados y un esfuerzo educativo por parte de los clubs y agencias pertinentes son primordiales. Pero, como individuos de cuerpo insustancial y fofo que somos, lo mejor que podemos hacer es afinar nuestro sentido de la supervivencia y tomar precauciones extras para asegurar nuestra protección personal. Algunas de ellas son: informarse sobre el calendario de caza referente a tu zona; intentar minimizar deambulaciones por cotos de caza, sobre todo durante los fines de semana, no salirse de los senderos marcados, llevar cascabeles encima, tiras de cinta fosforescente sobre la bici y vestir indumentaria de colores hipervisibles; haz notar tu presencia en zonas espesas de bosque; y jamás se te ocurra hacer imitaciones de animales salvajes. ¡Happy trails! XAVIER FANÉ
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Julio 1996 Sólo Bici N.º 62 SIN PERDÓN No hace mucho, mis ya menguantes reservas de ingenuidad e inociencia recibieron otro revés erosivo. Admito que nunca he sido un kumbayá devoto, digamos que simplemente lo suficiente como para sentirme plenamente conmovido por las sensaciones de paz y belleza que a menudo encuentro en mis incursiones por la naturaleza... pero sin perder perspectiva con la realidad. Puesto a escoger, siempre me ha parecido muchísimo más plausible, por lo menos a estas alturas de siglo, un encuentro pastoral con psicópatas asesinos, pervertidos sexuales, bandidos enmascarados y energúmenos varios que no uno con hobbits de pies peludos o duendecillos del bosque, en una de mis salidas campestres. Por eso, cuando me encontré en la insólita situación de ver con mis incrédulos ojos cómo tres sabandijas pusilánimes robaban mi bicicleta ante mis propias narices, me pilló del todo desprevenido. Todo empezó una ventosa mañana del mes pasado. Yo y mis cuatro amigos habíamos pasado la noche en un magnífico camping libre, nuestro enclave era relativamente remoto y bien alejado de cualquier centro urbano. Sólo una señora de talla descomunal con su hijo y un perro aburrido como una ostra compartían nuestro enclave bucólico, pero sólo salir el sol empaquetaron sus cosas y nos dejaron totalmente solos. Después de desayunar, y con la perspectiva de sacarle el máximo de jugo al día, nos decidimos a hacer una excursión a pie hasta la cima de una formación rocosa que se elevaba por encima de nuestras cabezas, justo al otro lado del camping. No era nada, sólo 20 minutos o así de trepar por la roca. La idea era calentarnos un poco, volver al camping, agarrar las bicis e ir a por una buena excursión. Por supuesto, como se trataba de cosa de unos pocos minutos y estábamos más solos que la una, no se nos ocurrió ni siquiera cerrar o esconder las bicicletas ni ninguna de nuestras pertenencias. Era un día demasiado radiante para arruinarlo con vagas desconfianzas... o por lo menos así nos lo parecía. La lata vacía de Coca-Cola que salió despedida por la ventanilla del Subaru fue un mal augurio. Lo que siguió fue un mal sueño. Desde nuestra cornisa rocosa observamos boquiabiertos cómo el vehículo de marras aparcaba en el camping junto a nuestra furgona, cómo dos figuras salían de éste, se dirigían con sospechosa prisa hacia nuestro campamento y, seguidamente, volvían trotando furtivamente de entre los árboles, con mi bicicleta y otros objetos que no podíamos identificar desde nuestra situación; lo echaron todo en el coche y salieron a toda hostia sin que nosotros tuviésemos siquiera tiempo a decir: ¡Mierda, nos están robando! Varios resaltes rocosos insorteables nos separaban de la carretera y lo único que podíamos hacer era gritar y saltar estúpidamente con consternación e impotencia. En cuestión de segundos, todas mis creencias pacifistas y carácter tranquilo emigraron a alguna dimensión desconocida. De haber sido posible, habría agarrado a esos buitres flatulentos, les hubiese descuartizado las extremidades, cortado a trocitos muy pequeños y los hubiese tirado al fondo de un barranco en una bolsa de basura. Tal era mi ira. En menos de diez minutos, mis colegas y yo habíamos destrepado de nuestra atalaya, agarrado la furgona y nos habíamos lanzado en persecución de los gamberros. A pocos kilómetros encontramos una cabina telefónica, llamamos a la policía, y en uno de esos brillantes giros del destino, la pasma tuvo suficiente tiempo para bloquear las dos carreteras que eran la única salida posible para los ladrones. Los pillaron, los llevaron al cuartel, y en menos de poco más de media hora desde que empezó la debacle, yo tenía mi bicicleta y mis amigos, sus sacos de dormir y diversa parafernalia de acampada. Media hora antes, yo era la persona más deprimida del mundo y ahora mi jovialidad era rebosante. Los ladrones en cuestión resultaron ser tres imberbes menores de edad. Tuve la ocasión de encontrarme con ellos cara a cara y de hablar con sus desoladas familias (de respetable clase media), y después de haber dejado claro que había sido una suerte que los pillase la policía y no yo, intenté explicar el amor, trabajo y por supuesto dinero que había invertido en mi bicicleta y que en realidad, ésta era mi más preciada posesión en el mundo (el valor de mi bici cuadriplica el de mi coche). Las familias suplicaron llorosamente mi perdón, pero yo no 42
podía permitir que algo así pasase impunemente, y cuando me enteré de que tenía la opción de poner denuncia y hacer que los niñatos currasen 300 horas de servicio comunitario, la idea me gustó. Y me gustó más al saber que uno de los posibles programas implicaba tirar de pico y pala, creando nuevos senderos de MTB para una organización ciclista local. ¡Fantástico! Saber que mientras escribo estas líneas, es posible que los chavales estén cumpliendo condena sudando sus diluidos sesos sobre algún sendero que probablemente disfrutaré rodando en un futuro no muy lejano; esto me provoca cierta satisfacción sádica, no obstante, sigo preocupado. Sin confianza, la tolerancia, el respeto mutuo e incluso la libertad se hallan en serio peligro. Eso me entristece. XAVIER FANÉ
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Agosto 1996 Sólo Bici N.º 63 DESDE CRESTED BUTTE, USA ¡Splaaat! Salgo de una curva ciega y la rueda delantera penetra de lleno en una pila de mierda de vaca que debe de ser del día, pues de inmediato tengo la cara como si un bebé hubiese vomitado su semi-digerida papilla de espinacas sobre ella. La sensación es inmunda... pero no desconocida. Llevo horas pateándome kilómetros de cuestas diabólicas, cruzando riachuelos frígidos, flagelándome estoicamente el cuerpo con los arbustos y ramas que en ocasiones casi cierran por completo el secluido sendero, pringando cosa fina en algún que otro barrizal... unas cuantas salpicaduras de estiércol bovino aquí y allí no me detendrán. Aunque eso sí, para disipar mi ira momentánea me tomó unos segundos para maldecir a todo el ganado diarréico que anda suelto por este mundo y juro tomarme venganza poniéndome ciego de hamburguesa esa misma noche. No obstante, y contra lo que se podría suponer teniendo en consideración el abuso que me estoy dando, estoy disfrutando como un niño jugando con fuego. Hace un día de calendario, los picos todavía nevados contrastan con el ultraverde de los prados, la flora alpina empieza a hacer su aparición psicodélica después de los largos meses de invierno, y yo me hallo en uno de mis recorridos favoritos. El serpentino sendero reluce al sol como si fuese el mismísimo camino que lleva al Séptimo Cielo. Tramos insidiosamente técnicos se alternan con otros en los que uno puede relajarse por unos momentos y digerir la belleza de los alrededores. Y lo mejor de todo es que no hay nadie. Si se me antojase podría bailar desnudo, y casi seguro que los únicos ojos que verían mi inmaculado trasero serían los de una vaca, un ciervo, o cualquier otro bicho salvaje al que le importará un bledo lo que hagas. En este caso, los obstáculos naturales, en forma de raíces escurridizas, rocas, barro, rampas demasiado duras, descensos demasiado empinados, virajes demasiado cerrados y algún que otro pastel orgánico son como un dispositivo natural de autoprotección que evitarán el uso desmesurado del sendero... aumentando así la calidad de la experiencia para aquellos quienes osemos experimentarla. Cuando llego al pueblo todo feliz y voy a la tienda de bicis a buscar una cámara de repuesto, todavía oliendo a rayos y pareciéndome al monstruo del pantano, me pone muy de malhumor oír a este individuo disfrazado con una indumentaria más apropiada para el tenis que para el MTB, a quien detecto a más de 20 metros por su marca de desodorante, quejándose sobre la excesiva dificultad de nuestros senderos locales, y diciéndonos que deberíamos trabajar en ellos para que todo el mundo pueda hacerlos. ¡Será posible! Si todo el mundo pensase como ese señor, el MTB moriría de forma lenta y dolorosa, como la de un leopardo enjaulado al que se le priva de toda libertad y honor. Se convertiría en un deporte controlado y tan insípido como una horchata barata. Quizás suene a elitista, pero esto es el MTB y tiene que ver con las ansias de lanzarse a lo desconocido, de perderse en la naturaleza, encontrar unos momentos de paz, aceptar las dificultades como parte integrante de la experiencia, como un reto a nuestra habilidad y dotes de supervivencia, y no como algo que debe ser aniquilado, domesticado y esterilizado. Vivan las vacas, el polvo del barro y ese espíritu indomable del MTB. XAVIER FANÉ
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Octubre 1996 Sólo Bici N.º 65 ROMPIENDO MOLDES Quiera o no, los 10.000 km que me separan de la sede de Solo Bici y de mis lectores infiere cierto aislamiento y anonimato a mi trabajo. Debo reconocer que a veces me gustaría estar más metido en el meollo del MTB español, mantener un contacto más directo con vosotros, incluso poder chismorrear más con mis lejanos colegas de redacción. No, no me quejo ni mucho menos, sólo se trata de una simple observación. Sería injusto e insensible quejarme de mi extraordinaria situación geográfico-laboral. Vivo en un auténtico paraíso terrenal, me levanto cuando me da la gana, pongo más kilómetros en bici que el Indurain y, si me apetece, también puedo trabajar despeinado y en calzoncillos sin que el "dire" jamás se entere… un Océano Atlántico de por medio no deja de tener sus ventajas. Sólo un tonto se quejaría. Lo que pasa es que, y como decía antes, por afortunado que pueda considerarme, de vez en cuando también me entra la morriña y, figurativamente hablando, quisiera poder comer más jamón ibérico y menos hamburguesas. Por eso, cuando el otro día me topé en mi pueblo, aquí en Crested Butte, con Eduardo y su familia bilbaína, fue como un maná caído del cielo, o mejor dicho, como el jamón metafórico que yo buscaba. El caso es que Eduardo, era un joven lector de Solo Bici, y claro, había leído algunos de mis reportajes en los que mencionaba la suntuosa calidad de los recorridos de MTB que existían por estas partes de Colorado y creyó adecuado convencer a sus padres de que valdría la pena deesviarse un poco de las rutas turísticas convencionales y venirse unos días a mi remoto pueblucho del oeste. La verdad es que Eduardo y yo nos lo pasamos muy bien. Juntos nos marcamos un par de salidas que podríamos decir eran representativas de lo mejorcito que existe a este lado del Mississippi. Eduardo experimentó una buena dosis de euforia en el clásico e interminable singletrack de Crested Butte, jadeó desesperadamente en el aire rarificado que se inhala por encima de los 3000m, y yo tuve la extraña oportunidad de relacionarme, por vez primera desde hacía un montón de tiempo, con uno de mis asiduos lectores. El vínculo autor-lector por fin se había consumado. Este hecho, si bien aislado, ha despertado en mí un deseo por continuar y mejorar las relaciones con vosotros, inspirándome a tomar una decisión hasta ahora sin precedentes. Os paso mi dirección en Internet y así, aunque me reserve los derechos de contestaros, podéis ponerme al día con vuestras inquietudes, deseos, críticas constructivas y paridas varias. Prometo escucharos. La dirección es: [email protected]. Happy trails. XAVI FANÉ DESDE CRESTED BUTTE, USA
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Noviembre 1996 Sólo Bici N.º 66 EL MISTERIO FURTADO Desde que a finales del año pasado sufrió la pérdida prematura de su madre, la otrora imbatible reina del MTB parece haber cambiado. Aparte del devastador golpe psicológico que esto debió de representar. Furtado también ha tenido que topar con una serie de problemas físicos que le han impedido seguir un entrenamiento regular y suficiente para afrontar las exigencias del MTB de élite. Quizás, las palabras que nos concedió al poco de su llegada a Australia ayude a comprender los motivos de su añorada ausencia en lo alto del podio: "He tenido una temporada muy extraña. Primero iba sobreentrenada, luego, cuando llegué a Atlanta, creí encontrarme bien, pero sufrí mucho con el calor (insolación). Más tarde también tuve problemas con mi rodilla, es una cosa que nunca se acaba, y decidí limpiarme el menisco; es algo que no había hecho desde hacía mucho tiempo y me tocaba hacerlo. Ahora están cultivando un trozo de mi menisco en un laboratorio y, cuando acabe la temporada, lo reimplantarán para que se reproduzca en mi rodilla, pasaré unos 4 meses en recuperación. Todavía no sé dónde pasaré ese tiempo, seguramente en algún lugar más templado que Durango (también me he comprado un apartamento en Lake Tahoe). Un día, hará un par de semanas, cuando salí a entrenar en Lake Tahoe, me caí mal y tuve un pinchazo en la sexta vértebra, por eso no competí en la final de Hawaii. Ahora (me dice en un tono jovial y desenfadado), los Campeonatos del Mundo me son más como unas vacaciones que otra cosa. Simplemente intentaré acabar la carrera y no molestar a nadie. Me quedaré por aquí unos cuantos días después de la carrera, nadando (si las medusas lo permiten) y explorando un poco esta zona tan guapa". Efectivamente, Juli compitió en la prueba y se lo tomó como si fuesen unas vacaciones; durante las primeras vueltas rodó con un grupo de corredoras americanas perdida en algún lugar en medio del pelotón, cuando pasó cerca de mi alzó su mirada y me dio un efusivo saludo, como quien está dando un paseo por la calle. Más tarde, Juli salió de la carrera y desapareció sigilosamente hacia su hotel. Xavier Fané
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Enero 1997 Sólo Bici N.º 68 CONSUÉLATE EN MI MISERIA Cualquier estratagema psicológica es válida si os sirve para animaros a salir en pleno invierno. Aunque sólo sea para consuelo, piensa que muchos colegas ciclistas del resto de Europa, y de la mayor parte de Norteamérica, lo tienen mucho peor que tú. Yo mismo lo tengo muy negro. Cada vez que me preparo para salir en bici parezco un astronauta a punto de dar un paseo espacial. Las temperaturas por debajo de los -20° son comunes y, por regla general, los metros de nieve que lo cubren todo me impiden salir en bici de todas maneras. De vez en cuando salgo por alguna pista forestal pisada por motos de nieve y me deleito en esos momentos de gloria... pero pronto llega otra ola glaciar... y se acabó. Así de efímera es mi vida ciclista en el brutal invierno de Crested Butte. Hace poco aproveché la rara ocasión en que el termómetro ascendió hasta unos "gélidos" 0° para agarrar el coche, la bici y fugarme 50 km hasta el pueblo de abajo, donde todavía no habían llegado las nieves. Cuando llegué a mi destino, me di cuenta de que con mis prisas me había olvidado los guantes térmicos y los botines de neopreno en casa. En otra ocasión hubiese dado media vuelta y se acabó, pero llevaba días encerrado en casa, yendo de pared a pared como un leopardo enjaulado y me sentía arisco e irritable, no quería darme una excursión de 100 km en coche para nada y además no hacía un día malo del todo... las áridas colinas cubiertas de artemisa y chaparral lucían sus tonos otoñales bajo un cielo completamente azul... a no ser por unas pocas nubes grises que provenían de las cumbres nevadas que dominaban el paisaje hacia el oeste. Tres horas más tarde y contra todo pronóstico, la situación se había deteriorado de mala manera, el viento había arreciado y las nubes, antes lejanas, ahora me envolvían con su danza de nieve. Debería estar a -10°, el lado de mi cara expuesto al viento dolía como si me hubiesen echado ácido sulfúrico; mis manos, embutidas en unos insuficientes guantes finos de dedos largos, reposaban inertes sobre el manillar como merluzas congeladas, y mis pies tenían menos tacto que la pata de una silla. ¡Será posible! Cinco años repitiendo como un loro parlante a mis lectores que siempre hay que ir preparado y ser previsor, y aquí estoy yo, en medio de un temporal de miedo y prácticamente como quien dice... en bolas. ¡Vaya ejemplo! Llegué al coche hecho un carámbano y titiritando miserablemente, puse la calefacción a tope y lloré mi dolor en la intimidad de las cuatro paredes de lata. ¡No os quejéis... y a rodar! Xavier Fané
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Septiembre 1997 Sólo Bici N.º 76 INICIO ESTELAR El otro día, al llegar a casa tras una intensa jornada, recordaba el inicio de mi temporada ciclista. Majestuosa y surreal, la cola del cometa acaparaba la noche con su parábola fulgurante. Ni Sirio ni Marte ni Orión tenían nada que hacer ante la brillante luminiscencia gaseosa del Hale-Bopp. Cada uno enfundado en su saco de dormir, mis tres amigos y yo yacíamos esparcidos desordenadamente sobre una gran explanada cercana a la línea imaginaria que separa Colorado y Utah, cada uno sumido en sus fantasías nocturnas, contemplando el espectáculo sideral cual astrónautas viajando a través del espacio en extrañas cápsulas plumíferas. Aunque sólo fuese pura coincidencia cósmica, ésa era la noche perfecta para realzar la magnitud del proyecto que llevaríamos a cabo por la mañana. No, no íbamos a calzarnos unas Nike negras y darle al cianuro a cometer un suicidio en masa con la asombrosa intención de reunirnos con un mesías extraterrestre. Estaremos locos, pero todavía sentimos un decidido apego por nuestro planeta y sus placeres terrenales. Nuestro gran plan era simplemente rodar en bici por primera vez esta temporada. ¡Casi na! En la historia de la humanidad, la aparición de cometas ha estado frecuentemente asociada desde tiempos inmemoriales con el desencadenamiento de cataclismos y hecatombes varias, nacimientos de niños iluminados y otros fenómenos apoteósicos. Mirado desde este punto de vista, nuestra salida al día siguiente también podría catalogarse como "anormal". Desde siempre se nos ha inculcado como fundamental el no apretar demasiado en las primeras salidas, que hay que tomárselo con calma haciendo excursiones no muy largas y fáciles, para edificar una base sólida. Pues bien, nosotros lo hicimos todo al revés. Nos pasamos casi 8 horas en el sillín rodando por senderos estrechos y técnicos que saltaban lomo tras lomo en un espectacular e inhóspito paisaje semidesértico. Durante todo el día no vimos una sola alma, nos cruzamos con una manada de antílopes y contemplamos una bandada de centenares de garzas volando en formación, con su plumaje iridiscente reflejando las últimas luces del día. Llegamos a los coches totalmente triturados, al borde de la deshidratación y con el trasero más rojo que el de un mandril, pero totalmente satisfechos de haber culminado nuestra hazaña. ¡Al cuerno, aunque sea por una vez, con la metodología del entreno, el umbral anaeróbico y los niveles de ácido láctico! Lo más importante es pasárselo bien... y si además se tiene por excusa el actuar involuntariamente bajo la influencia de un fenómeno cósmico que sólo ocurre un par de veces cada milenio, todavía mejor! Xavier Fané Desde Crested Butte, USA
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Octubre 1997 Sólo Bici N.º 77 FREE RIDING Rodar libre, rodar con libertad, rodando libremente... ¿Y qué es eso? ¿Estoy intentando connotar algo que va más allá de lo obvio?, ¿o decir algo que no sé cómo decir? Pues no, ya es eso, la frasecilla es, de hecho, tan simple como a veces pueden serlo los mismos americanos que la han inventado. Lo que pasa es que, dicha en inglés, adquiere un significado más abstruso e implica un contenido más sustancioso, además de ser una construcción infinitamente más pegona que su versión castellanzada. Es un poco como el requetepublicitado "Just do it", que traducido al cristiano quiere decir "hazlo ya", o "simplemente hazlo", pero que en inglés significa más bien "¡hazlo de una puta vez, cobarde!". Así pues, el "free riding" es más de lo que aparenta, y mejor que lo sea, porque supuestamente es la última frasecilla americana que pretende plasmar el nuevo espíritu del mtb. De acuerdo con los amigos americanos, el free riding es una forma de mtb más "pasotera", menos estructurada y mucho más desinhibida que el precedente modelo impuesto por la escuela "racing". Repásate cualquier revista americana actualizada y en ella encontrarás un obvio predominio, tanto a título publicitario como a nivel de reportajes, de individuos despendolados de aspecto duro, con piernas peludas, que visten camisetas pachangas de poliéster a cuadros de las que se compran en almacenes de rebaja, pantalones cortos holgados y la pinta de haberse fumado un buen canuto antes de salir al campo. El estereotipo de corredor profesional que viste impecablemente y exuda eficacia y seriedad parece ir de caída. Quizás el "free riding" sea un símbolo del populismo y de la naturaleza indomesticable y eminentemente "libre" de nuestro deporte. Es, desde luego, un concepto abstracto, pues también indica, de una manera si cabe más sutil, que uno puede ser un machaca de cuidado y marcarse recorridos largos de los que jamás se pueden encontrar en una carrera tradicional sin jamás ser un corredor, a la vez que aboga por recorridos más naturales y escénicos más allá de los especializados circuitos de competición. A mí todo eso me parece muy bien, siempre he creído que todo lo "racing" siempre se había sobrevalorado y que mucha gente se pasa demasiado tiempo intentando emular a los profesionales vistiendo maillots de Ritchey o Banesto sobre sus salientes michelines, pero olvidándose de poner en práctica la parte del entreno y la ciega dedicación. Lo único es que, como con todo lo que implica dólares, los americanos son muy astutos y han encontrado en el "free riding", que probablemente es algo que tú y yo hemos venido haciendo desde que montamos en mtb, una fuente insaciable de marketing y publicidad. Los pantalones holgados y las camisetas de cuadros son ahora una moda igual que lo fueron los maillots de carreras. Con todo, creo que el free riding simboliza una filosofía más hecha a medida para el biker de cada día, más en armonía con todo lo que el mtb representa. En fin, ponte algo suelto encima y sal a rodar algo guai. Por Xavi Fané. Desde Crested Butte, USA
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Noviembre 1997 Sólo Bici N.º 78 "EL OCASO DE UNA MECA" Últimamente, las cosas han cambiado en Durango. Sólo 4 ó 5 años atrás, la mayoría de corredores profesionales americanos repetían el nombre de esta encantadora comunidad incrustada en las montañas de Colorado como gallinas hipnotizadas bajo un hechizo vudú... y ahora son éstos mismos individuos los que están abandonando el lugar al que una vez acudieron como abejas al panal. El "fenómeno Durango" empezó cuando en 1990 se celebraron en esta localidad los primeros Campeonatos del Mundo de MTB. Seducidos por la belleza natural de la zona y su aparente infinidad de recorridos, e influenciados por el hecho de que colegas, por aquel entonces tan prominentes como Ned Overend, John Tomac y Greg Herbold, tenían su morada allí, un buen número de corredores optó por seguir la corriente y mudarse a Durango. El ritmo de vida en Durango tampoco está desprovisto de su magnetismo, es una comunidad pequeña (aprox. 30.000 habitantes), pero lo tiene casi todo: cafés acogedores, restaurantes multiétnicos, excelentes tiendas de deportes, universidad, etc., etc. Al poco tiempo, gente como Juli Furtado, Ruthie Matthes, Jimmy Deaton, Missy Giove, Daryl Price, Travis Brown, Jurguen Beneke y compañías como Yeti, Barracuda y Bula, optaron por añadirse a la larga lista de nuevos residentes en Durango. En la actualidad sólo unos pocos de ellos continúan viviendo allí. ¿Cómo se explica entonces este súbito declive en la población de corredores profesionales? La principal causa es achacable a los cambios drásticos que se han producido en el seno competitivo del MTB durante los últimos años. El nivel competitivo ha aumentado inmensamente, y en la actualidad un corredor de élite debe de seguir un concienzudo programa de entreno durante los meses invernales si quiere alcanzar su más alto rendimiento en la competición internacional. Durango, situado a casi 2.000 metros de altura, posee una meteorología un tanto irregular y fría durante los meses invernales, complicando el seguimiento de un buen programa invernal de entreno sobre bici. Luego, también está el problema de aislamiento geográfico. Durango sólo tiene un pequeño aeropuerto de enlace, y cada vez que un corredor debe de atender a una prueba internacional, se ve obligado a conducir 6 horas hasta un aeropuerto internacional, so pena de depender de un vuelo sujeto a serios retrasos debido una vez más a la meteorología caprichosa de la zona. Y último, pero no menos importante, está el hecho de que los USA han perdido su hegemonía mundial en el deporte, y la atención de los corredores ahora está en otros lugares como Francia, España, Italia, etc. Con todo, y a pesar de su menguante protagonismo, éste continúa siendo uno de los destinos clásicos para el biker que desee experimentar lo mejor del MTB en los USA. Sus senderos interminables y cimas majestuosas seguirán deleitando al visitante que se tome el tiempo para llegar hasta allí. Por Xavi Fané. Desde Crested Butte, USA
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Enero 1998 Sólo Bici N.º 80 COMER EN FRÍO Aunque es sabido que la actividad en temperaturas frías exige una ingestión calórica ligeramente mayor a la necesaria en lugares cálidos (¡podemos comer más postres!), no deja de ser interesante conocer los resultados de un estudio realizado entre los participantes de la Iditabike de Alaska. Éstos son resultado de un estudio conducido durante las ediciones de la Iditabike de Alaska, probablemente la carrera de mtb más fría del mundo, en 1994, 1995 y 1996. El análisis de las dietas de los atletas durante el período previo a la competición se obtuvo durante un meeting obligatorio que tuvo lugar dos días antes de la prueba. El número total de ciclistas que se ofrecieron voluntariamente a participar en el estudio fue de 27, y éstos los resultados: La ingestión energética de los ciclistas examinados durante la Iditabike varió entre las 3.178 y las 24.646 calorías, con una media de 8.339. Sin embargo, es probable que el gasto de energía correspondiente a ese mismo período fuese considerablemente mayor que esos valores. El análisis de las dietas en relación a los nutrientes energéticos revelaron que los participantes consumieron una dieta compuesta de un 70% de hidratos de carbono, bien por encima del 55% recomendado para la población general, pero en cerca del 60-70% recomendado para atletas consagrados a los eventos de larga distancia. El contenido proteínico medio en la dieta de los ciclistas fue de un 11%, ligeramente por debajo del 15% recomendado por la mayoría de especialistas. Algo que probablemente no tendría grandes consecuencias en el rendimiento de los corredores, ya que las proteínas juegan un papel relativamente menor en la producción de energía durante el ejercicio. El contenido graso, o lípido de las dietas, fue de una media del 19%, una cifra más elevada que la incurrida por atletas compitiendo en eventos similares en climas más suaves, pero bien por debajo del recomendado 30%. Algunas autoridades, sin embargo, coinciden en que una dieta con un 10% de contenido graso es suficiente para proveer los ácidos grasos esenciales. En resumen… Los atletas de la Iditabike consumieron mayores porcentajes de energía que aquellos que compiten eventos similares en climas más cálidos. Un mayor porcentaje de su ingestión energética se derivó de las grasas. La mayoría de los participantes utilizaron suplementos nutritivos para mejorar su rendimiento, aunque esto pudo ser la fuente de los problemas gastrointestinales que varios de los sujetos experimentaron. Para terminar, hay que subrayar la importancia de una buena hidratación en aquellos corredores que deseen participar en este tipo de eventos en climas fríos. Nota: Los autores de este estudio son: Samuel Case, Byron Druzgal, Rebecca Duex, Karen Fulton, Steven Bailey y Deborah Evans. Por Xavi Fané desde Crested Butte, USA
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Febrero 1998 Sólo Bici N.º 81 AVENTURA... PERO RESPETANDO LA CULTURA El mtb debe de ser un vehículo de unión entre gente, y no de ignorancia e irresponsabilidad. "Parece imposible que un lugar como éste pueda existir…", me digo a mí mismo mientras me adentro en este profundo desfiladero cortado a tajo por la incontenible fuerza excavadora del gran río Marsyandi. A ambos lados, las paredes se elevan hasta perderse de vista entre las nubes que, de vez en cuando, en su danza constante, dejan vislumbrar esbozos cegadores de cumbres formidables y glaciares colgantes. El Annapurna II, el Annapurna III, el Manaslú, el Gangapurna… aún permanecen ocultos pero dejan sentir su presencia acongojante más allá del estruendo ensordecedor del río. No obstante, lo más increíble de todo esto es que estoy aquí con mi bici gracias al trabajo y a la experiencia de mi visionario amigo Greg Vann, que nos invitó a mí y a tres amigos más a "reconocer" el itinerario de una posible "Adventure Race" que quería organizar y fomentar a nivel mundial y que, si todo salía como estaba planeado, tendría lugar alrededor de los casi 300 km del "Annapurna Circuit". El sendero sobre el que me encuentro es una delgada cinta que serpentea entre abismos, rodeando aristas y resaltes, y que abre nuevas vistas a cada esquina mientras imita el tortuoso recorrido del río a 200 m por encima de sus aguas. Intento no mirar hacia abajo, no perder de vista ni un momento el pedazo de tierra y piedra que perpetuamente se extiende un par de metros por delante de mi trepidante rueda delantera. Es un intenso acto de equilibrio, que al cabo de unas horas te deja frito. En uno de esos recodos, mientras estoy totalmente absorto en mi tarea de mantenerme de pie sobre la bici, me topo de frente con una fila de mulos cargados con fajos de leña. Mis reflejos no reaccionan lo suficientemente rápido y ¡pum!... de repente me encuentro precariamente cortado entre precipicio y mulos, en lugar de tomar posición entre mulo y el lado del monte, tal y como las "reglas del camino" fuertemente recomiendan. Un convulsivo escalofrío recorre mi espina dorsal cuando uno de los mulos se arrima contra mi pecho haciéndome perder pie por un instante. No me despeño por los pelos de mi barba, e instantáneamente, y no sin cierto temor, pienso en lo fácil que sería encontrarse en peliagudas situaciones de este tipo en caso de hacerse una carrera en este lugar. Para la gente que habita en estos valles desde tiempos ancestrales, el sendero es su principal vía de comunicación, y por esa razón, uno se topa frecuentemente con porteadores transportando cargas imposibles, embotellamientos de rebaños de ovejas en puentes colgantes, romerías de devotos que peregrinan a templos distantes, etc., etc. En los límites superiores del valle hacen su aparición los rebaños de yaks, esos peludos e irascibles rumiantes del tamaño de un coche pequeño. No veas como te paras en seco, te bajas de la bici y te sientes encoger el esfínter mientras los dejas pasar a su aire, rozándote con su afilada cornamenta. Y luego están los miles de niños que habitan las decenas de pueblos y aldeas a lo largo del camino. Niños que te salen de todas partes a darte la bienvenida, a tocarte la bici, a pedirte limosna, a animarte con un sonriente ¡namasté!, ¡namasté!, a correr a tu lado durante kilómetros… y a darte la gran lata. Al cabo de dos semanas rodando en este paraíso terrenal, todos quedamos convencidos, y también logramos convencer de ello a nuestro exaltado líder, de que celebrar una carrera en este lugar sería un despótico acto de demencia. No sólo se pondría en peligro la vida del ganado, de los corredores y de la gente nativa, sino que también sería una grave falta de respeto a su cultura y costumbres 52
ancestrales, perturbando los hábitos de supervivencia que esta gente practican cotidianamente. El mtb debe de ser un vehículo de unión entre gente, y no de ignorancia e irresponsabilidad. Las "Adventure Races" o carreras de aventura, que normalmente corresponden a un formato multietapa-multidisciplina y se desarrollan en lugares cuanto más exóticos y remotos, mejor, están rápidamente ganando popularidad entre un creciente sector del público. Sólo la responsabilidad y la conciencia de sus organizadores pueden hacer que este tipo de eventos, y sólo unos pocos, sean una experiencia positiva para participantes y habitantes autóctonos. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Marzo 1998 Sólo Bici N.º 82 ¡INSURRECCIÓN! Todo en nuestro universo parece girar bajo el principio de la acción-reacción y de la eterna polaridad del ying y el yang. Quizás sea por eso que mientras admiro boquiabierto la sofisticada máquina de fibra de carbono y suspensión integral con cerebro electrónico integrado que los muchachos de K2 me acaban de enviar, siento surgir de mi interior una vocecilla de rebelión e insurrección antitecnológica que suplica: "¡Simplicidad!, ¡simplicidad al poder!". Sin duda, todo este formidable despliegue "hightech" me atrae y fascina, pero también debo admitir que a la vez despierta en mí cierta repugnancia y un renovado respeto por lo simple. Es esa misma dualidad de la que os hablaba antes. Siempre hemos sido una especie única a la hora de buscarle las cinco patas al gato… o tres ruedas a la bicicleta. Es como si un creador malicioso y perverso hubiese implantado en nuestros cerebros un chip de complicarnos la vida irremediablemente. Como si tuviéramos un programa enchufado en nuestra configuración genética… ¡Pum!, se dispara automáticamente cuando todo en nuestras vidas parece ser demasiado simple y placentero. La respuesta a esa inexorable "revolución" tecnológica que últimamente ha venido experimentando el mtb ha tomado la forma de una "contrarrevolución" que aboga por una vuelta a las raíces y a la simplicidad que a veces parecemos haber olvidado. Y no es para tomárselo a la ligera. En los USA, el país generador de tendencias por antonomasia, tanto los "cruisers" como las "single-speed" y las bicis de "cross" están experimentando un saludable crecimiento, especialmente en sectores del mercado ocupados por bikers experimentados de nivel medio-alto y alto. Os sorprenderíais de cuántas marcas bien conocidas incluyen en su colección modelos que caen en esta clasificación caracterizada por un denominativo común de líneas y mecanismos simples. Este pasado verano, mi amigo Wes Williams, una de las personalidades más respetadas del país por lo que se refiere a la elaboración artesana de cuadros de titanio y acero, me dijo un día así medio en broma medio en serio: "No podrás considerarte un buen biker hasta que hayas rodado en una single-speed". Una single-speed es una bici de una sola velocidad y a piñón fijo, que al igual que sus primas-hermanas de ciclismo en pista, no te permite detener el movimiento de pedalada no importa dónde ni cómo estés. Como podrás imaginarte, rodar sobre una de estas máquinas es todo un reto, exigiendo gran potencia en escalada y mucha destreza en conducción, y no es de extrañar que más y más profesionales las utilicen en sus entrenos de principio de temporada para marcar cadencia y simular escaladas a gran plato. En Crested Butte, casi cada tarde a media semana, después de trabajar, se forma una jauría de ciclistas, a menudo liderados por el mismo Wes Williams, que abordan las calles y callejones del pueblo en estilo "critérium", rodando a toda pastilla sobre sus single-speed de menos de 9kg. Es todo un fenómeno cultural que parece haber tomado raíces en muchos focos a lo largo de la amplia geografía americana. Seguramente disfrutaré muchísimo probando la exótica máquina de K2, con sus sensores electrónicos y válvulas piezoeléctricas, y su indestructible cuadro termoplástico creado por alguna marca aeroespacial en paro. Pero al mismo tiempo, cada vez me veo más cerca de tomar en serio el consejo de Wes Williams. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Abril 1998 Sólo Bici N.º 83 "EL DESAFIO DE ACABAR LO EMPEZADO" Mi inanimado cuerpo flota como una medusa a la deriva, perfectamente relajado en el cálido abrazo de esta piscina de aguas termales en la que ahora me encuentro, mientras en agudo contraste, mi mente zumba como un moscardón atrapado en una lámpara, dándole vueltas y más vueltas a los hechos que se desarrollaron el día anterior. Ayer a éstas horas yo veía todas mis ilusiones hechas añicos y me enfrentaba una vez más a un dilema que no me era del todo desconocido: "¿abandonar o continuar?". Mi agonía empezó cerca del kilómetro treinta y cinco de una maratón de esquí de fondo en la que era participante. Hasta entonces, todo había ido como la seda, encontrándome metido en un grupo de tres esquiadores que daba persecución al líder de la carrera, un "máquina" que había abierto una brecha de dos minutos entre él y nosotros. El ritmo no me parecía incómodo y durante la mayor parte de la carrera me había sentido perfectamente capaz de luchar por la segunda plaza, a la que los tres aspirábamos. La pájara me sorprendió tan súbitamente como si hubiese chocado contra una pared. A pesar de haber seguido conscientemente el correcto protocolo de ingestión de fluidos y alimentos a lo largo de la prueba, empecé a experimentar los típicos y temibles calambres musculares y seguidamente me sentí mareado como un pez. De golpe me sentía como otra persona, como un individuo debilitado, aletargado y con menos coordinación que un bebé... no, no podía ser yo, el Xavi que cinco minutos antes aspiraba al podio de una prueba de esquí de fondo de 42 kms y que ahora contemplaba impotente cómo sus oponentes se perdían en la distancia. Me sentía débil y vulnerable pero sobre todo furioso y traicionado. ¿Qué hago?, me pregunté confusamente mientras la nevada se intensificaba a mi alrededor y todavía me quedaban siete interminables kilómetros hasta meta... ¿seguir o abandonar? En el pasado, casi con certeza, mi respuesta hubiese sido: abandonar. Me parecía una resolución lógica con la que ahorrarme sufrimiento, una solución fácil e indolora que me aliviaría parcialmente la humillación y frustración que sentía en aquellos momentos. Pero en realidad, mis impulsivos abandonos, descubrí en años recientes, no eran más que una manera de engañarme a mí mismo, de evitar, por lo menos momentáneamente, el tener que enfrentarme a la decepción de no ser tan bueno como los otros. Era una forma infantil de decir "esto que me está pasando es una injusticia; a la porra con todo". Mi vanidad y sentido del ridículo eran demasiado grandes como para permitirme admitir mis propias faltas. Me aterrorizaba enfrentarme a mis debilidades. Éste era un defecto que me había repetido mil y una veces que tenía que cambiar, porque no era saludable ni honesto por mi parte. Incluso lo había identificado como un denominador común en mis relaciones personales y en mis intereses extracurriculares, pues raramente terminaba lo que había empezado. Mientras me detenía a un lado del circuito sintiéndome horriblemente pálido y listo para abandonar, un niño de unos 10 años corrió hacia mí con cara de alarma y me gritó: ¡Venga no te pares, sigue, sigue...! El crío tocó la tecla correcta y sentí una súbita ola de energía que me apremió a continuar. "¡Gracias chaval, eso es justo lo que necesitaba", pensé yo. Los últimos kilómetros fueron un verdadero suplicio y cuando sólo me quedaban 200 mts para alcanzar la línea de meta, dos tíos más me pasaron sin que yo pudiese ofrecer la más mínima resistencia... pero yo tenía claro cual era mi objetivo... no, no seré el mejor, pero por lo menos sí acabaré. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Mayo 1998 Sólo Bici N.º 84 LA RAZÓN DEL MTB No puedo evitarlo. Siempre que veo el mtb utilizado como reclamo en anuncios de colonia y de teléfonos portátiles, de esos en los que los modelos con cara de zombies invariablemente llevan zapatillas de tenis de un blanco cegador y que agarran la bici con distante flacidez, se me retuerce el estómago. No es que me moleste el uso comercial del mtb, pues después de todo, hay que mantener la economía a flote, lo que llama mi atención es la desfachatez con la que se omite su esencia. Lo mismo me ocurre al contemplar a gente montada en bicis de montaña con 15 cms de suspensión en cada rueda y cubiertas super agresivas que las únicas piedras que han visto, y que seguramente verán, son las que se utilizaron, junto con las lagartijas y palmeras de plástico, para simular un entorno salvaje de desierto en el aparador de la tienda de la esquina. También me pone los pelos de punta el tener que escuchar las interminables palizas técnicas de aquellos para quienes es más importante la marca, el peso, el look y la sofisticación de una bici que no el acto de montar en ella y perderse en el monte. Quizás me acusaréis de ser injustamente parcial, pero la deprimente sensación que me invade ante estas situaciones es similar a la que despierta en mí el ver a un tigre enjaulado o a un oso amaestrado ejecutando sus rutinarias payasadas. Animales ambos, a los que se les ha despojado de su espíritu y razón de existir. Una vez extirpado de su hipotética alma, el mtb no es más que un montón inerte de chatarra con menos significado que un cuadro de Miró, o como mucho, un mero vehículo de transporte o un artefacto que quema calorías de gimnasio. ¡Venga colegas!, echándole un poco de vidilla e imaginación al asunto, el mtb puede llegar mucho más lejos. La bici de montaña nació para sacarnos gritos de emoción y júbilo, para trascender un poco lo familiar y cotidiano y despertar en nosotros una nueva apreciación por la naturaleza y la aventura. Un mtb sin bosques umbríos, desiertos áridos y callejuelas de adoquines, sin raíces resbaladizas como el jabón, rocas puntiagudas, vistas sin fin, charcos sin fondo, senderos sinuosos, subidas extenuantes y descensos de vértigo, sin sudor, barro, aire fresco y pinchazos inoportunos, no es mtb, sino una actividad "lúdica" como otra cualquiera. Lo que hace que el mtb sea diferente es su rico contenido y sobretodo su espíritu libre... pero al igual que ocurre con las relaciones humanas, e imagínate que tú y el mtb sois una relación, sólo podrás sacar de ella lo que tú le pongas (es aquello de que hay que dar si se quiere recibir). Si de vez en cuando llegas a casa cubierto en barro hasta las pestañas, la bici hecha un asco y luces una sonrisa radiante en tu cara, es que seguramente le estás poniendo lo que debes. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Junio 1998 Sólo Bici N.º 85 SOLO Todavía es oscuro. Me despierta el indeseable sonido de las primeras gotas de lluvia repicando contra el nylon de la tienda. Vuelvo a las profundidades de mi saco de dormir y pretendo que esto no está pasando. Amanece y continúa lloviendo. Ummm. Me imagino en un batiscafo que se hunde hacia el fondo del mar a razón de 10 m/s. Una canción del álbum posnatal de Madonna se me queda pegada en la cabeza como un mantra interminable: "…We’re gonna Swim to the ocean floor/mmmm/ Crash to the other shore/mmmm/ Swim to the ocean floor/ Let the water wash over you/ Wash it all over you/ Swim to the ocean floor…" Paso media hora escribiendo en mi diario. Alucino con mi bolígrafo espacial de astronauta. Puedo escribir al revés. En mojado. Sobre superficies irregulares como una mtb. Toda una maravilla. Pienso en paellas marineras. En lo lejos que estoy de casa. Éste no es un abril normal, es un abril de lluvias diezmíl. "Er maldito Niño" ataca de nuevo. Por fin para de llover a media mañana. Asomo la nariz. Huele a tierra húmeda. El cielo es un escudo gris e impenetrable. Me visto. Desayuno mi ración de copos de avena con frutas del bosque. Voy a visitar la bici debajo del saliente rocoso donde la dejé. Buenos días bici ¿te has mojado? No, no se ha mojado. Estiro mi acartonado cuerpo sobre una gran piedra con forma de seta que me cuesta un huevo de escalar. El Río Colorado baja inmenso, marrón y sucio como si fuese la cloaca de una ciudad gigantesca que debe de existir más allá del desierto. Desmonto la tienda todavía empapada y lo pongo todo en el tráiler. Lubrico la cadena de la bici y….hala, a rodar. El día empieza con una subidilla que casi me hace perder el desayuno. Por lo menos la arena apisonada del camino ha absorbido bien el agua y no me pongo perdido. Un sol tímido rompe las tinieblas cuando alcanzo la cima. Todo a mi alrededor adquiere color. Cientos de charcos de agua de lluvia brillan sobre la roca del desierto. En ellos, la vida inicia su ciclo imparable. Larvas de insectos exóticos eclosionan, crecen y se reproducen en cuestión de días en una lucha contrareloj antes de que el sol haya vaporizado su mundo acuático. Briznas de hierba aparecen en lugares inéditos. Cactus en flor me llaman a gritos. Hay vida por todas partes. Recuerdo que, aunque parezca mentira, estoy trabajando y que tengo que sacar fotos. Preparo la bici. Preparo la cámara con el mini-trípode. Le doy al obturador y al cronómetro de mi reloj…. 20, 19, 18, 17… Corro como un tonto hasta la bici. Me monto… 10, 9, 8…. Hago mil y un equilibrios esperando a que se dispare…3, 2, 1… ¡clic!. Pienso en lo ridículo que esto parecería si alguien me viese. Pero no hay nadie. Sólo rocas, arena, cactus, algún que otro enebro retorcido y cuervos negro metálico. Quizás los cuervos se rían de mí. Por la tarde las nubes vuelven a crecer con la misma velocidad que las larvas en los charcos, arrastrando sus amenazadoras panzas oscuras por el horizonte aserrado de este desierto de piedra. Es hora de montar campamento. Llego a un lugar idílico, perfecto para plantar la tienda. Un jardín de piedras con un enebro viejo y enjuto. Se levanta un viento que rompe el silencio ensordecedor. A pocos metros de la tienda se abre un abismo que me pone la piel de gallina. Con mis pies colgando al vacío, contemplo lo que un día fue un océano de agua y ahora es un océano de roca. Llevo un par de días sin ver un alma. Pienso que muy posiblemente hay gente que jamás ha pasado dos días sin ver a otro ser humano. Es algo muy especial. Me gusta estar solo de vez en cuando. En mi caso, la soledad es como una especie de satélite Hubble que me permite ver las cosas con más detalle y sin interferencias más allá de la neblina de la sociedad. Es como un potingue mágico que me da poderes supernaturales. Soy invisible a la vez que veo más. Un cuervo vuela sobre mi 57
cabeza. Juega en el viento. Suelta un quejido gutural. No estoy seguro si dice que está de acuerdo conmigo, o si se ríe de mí. Empieza a llover de nuevo. "… Swim to the ocean floor/ mmmm/ Crash to the other shore" Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Julio 1998 Sólo Bici N.º 86 NO TE QUEJES Tolero los rayos, el barro, los pinchazos a media bajada, el frío otoñal e incluso los chistes malos, pero algo que me saca de quicio son los quejicas que no paran de compadecerse en las excursiones en bici. Es como tener que escuchar un continuo sonido de fondo de radio sintonizada entre canales, o de violines desafinados. Hay que reconocerlo, a veces las cosas no van como uno quiere que vayan. Sea porque el préstamo bancario no ha sido aprobado. Porque te has dejado el silenciador del coche en medio de la carretera. Porque el barbero te ha dado un corte de pelo de guerrero romano. Porque la merluza a la marinera que te han servido en el restaurante es más insípida que un trapo mojado… La verdad es que siempre es una cosa u otra y que raramente las cosas funcionan como se espera que funcionen. ¿Es ese eterno fastidio algo inherente e inseparable de la vida misma? ¿O es quizás el resultado de nuestra propia codicia y de nuestras expectativas irreales? Creo que es un poco las dos cosas. En algunos casos, como por ejemplo si un piano que están metiendo por la ventana de un tercer piso se te cae encima en el justo momento en que pasas por debajo, uno tiene el legítimo derecho de quejarse, pero en otras ocasiones, digamos que porque te manchas tu impecable maillot de Helados Frigo al cruzar un charco, o porque la temperatura está un par de grados por debajo de tu zona de confort, más vale callarse y así los demás no tenemos que gastar oído por tales nimiedades. Precisamente, lo más notable del mtb es quizás su habilidad por rescatarnos de esos malos rollos cotidianos y de ponernos, al menos pasajeramente, un magnífico juego en el que eres niño otra vez, donde puedes gozar sin distracciones externas de la naturaleza, de las primarias sensaciones de velocidad y de esfuerzo físico, de poder orinar bajo un pino sin que nadie te diga nada, y de la sana interacción entre amigos. En el gran esquema del universo, el mtb es un juego, no desprovisto de sus dificultades y retos, pero un juego al fin y al cabo, en el que no se tiene nada que perder, y por tanto nada de que podamos quejarnos. Si la lluvia te molesta, o el terreno no es de tu agrado, o los cambios no van finos, o la pendiente demasiado empinada, simplemente tienes dos opciones: o enfrentarte a esos problemillas y solucionarlos, o bien quedarte en casa mirando la tele y quejándote de lo injusta que es la vida. ¡Vaya, hombre!, ahora soy yo el que se está quejando de los quejicas. A callar y a rodar. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Agosto 1998 Sólo Bici N.º 87 ¡ENHORABUENA! David Fillat ya no trabaja en SOLO BICI. El hecho de que en este número ya no puedas verle haciendo alarde de su depurado estilo de conducción ni puedas leer sus precisos reportajes técnicos es, tras 7 años acostumbrados a su afable omnipresencia, una extraña anomalía. Un vacío cósmico importante. Si celebrásemos un concurso para ver quién durante todo este tiempo ha salido más en la revista, David nos hubiese puesto en ridículo a todos. En realidad, y a pesar de haber trabajado "juntos" desde aquel histórico nº 1 de SOLO BICI, yo no le conocía mucho. Había un mar entre nosotros. Habíamos salido juntos de excursión durante alguno de mis fugaces viajes a la tierra madre y ya está. Recuerdo pensar que me gustaría conocerle mejor… pero el caso es que sus inquietudes y curiosidad felina le han llevado a irse con la música a otra parte. ¿Y dónde está nuestro ilustre ex jefe de pruebas? David está aquí conmigo. Sí, aquí en mi minúsculo reducto de las Montañas Rocosas. Desde hace unos días David ha estado resollando sonoramente como un tísico en la enrarecida atmósfera que tenuemente envuelve los 3000 metros de altura de Crested Butte, sintiendo la agonía que se siente cuando a tus músculos no les llega el oxígeno que debería llegarles y mareándose como un aprendiz de marinero en su primer día de mar marejada. Al principio, después de pasarse los primeros días persiguiendo a los grupos de ciclistas locales en sus excursiones diabólicas, David, tirado en mi sofá, inerte como un calamar hervido, me suplicaba que le propinase una puñalada al corazón para acabar de una vez por todas con su miseria. Fueron unos días difíciles para él… pero dicen que el fuego purifica. David no sólo está expandiendo sus pulmones, sino también sus horizontes. En realidad se ha venido a los USA con una misión especial entre manos. Una misión disfrazada de vacaciones, pero una misión a fin de cuentas. Se ha propuesto aprender un nuevo idioma, experimentar sensaciones diferentes, adaptarse a situaciones desconocidas… devora pancakes y bocatas de peanut butter & jelly con gran fruición, le encanta el relajado campechanismo neohippie de mi pueblo, alucina con lo salvaje que el mtb es aquí y su progreso en el dominio del inglés es notable. Es más, jamás hubiese imaginado yo que alguien con un vocabulario de inglés equivalente al de un niño de 4 años fuese capaz de enrollarse largo y tendido de la manera que él lo hace con mis colegas. El tío tiene el don de comunicación de un apóstol iluminado. Egoístamente me alegro de que David haya dejado la revista, pues de un distante colega de trabajo ha pasado a convertirse en un buen amigo al que admiro. No es fácil dejar atrás la seguridad de lo mundano y de lo conocido y aceptar el reto de emprender un nuevo principio... y él lo está haciendo. Como buen biker que es, David está rodando el camino menos rodado. ¡Enhorabuena David! P.S: Esta historia no tiene fin. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Septiembre 1998 Sólo Bici N.º 88 "CLASSIC ROCK" Nunca me ha gustado que me pongan etiquetas. No es que me considere totalmente a prueba de ese tipo de encasillamiento gratuito al que cada vez parece haber más candidatos en nuestra sociedad atiborrada de clichés, pero sí que me he pasado más de media vida eludiéndolo con bastante éxito. Así pues, cuando esta pasada semana, durante una aparentemente inocua conversación de temática ciclista, dos colegas decidieron definirme como un biker "clásico", así, como si nada, yo no pude evitar el ponerme un poco a la defensiva. "¿Clásico?", respondí yo fingiendo curiosidad, mientras mi mente sucumbía a las connotaciones retrógradas que a menudo asociamos con la palabreja. Para mí, en aquellos momentos, mis colegas bien podían haberme llamado "carca", o "dinosaurio", o incluso "sentimental", y hubiese tenido un efecto idéntico. Superado el shock inicial, les apremié a que me explicasen mejor lo que querían decir y pronto descubrí que ser "clásico", de alguna manera y a pesar de su abstracción y muchos significados, en este preciso caso tenía mucho que ver con la inquebrantable fidelidad que desde hace un montón de años he profesado a mi Kona Hei-Hei de cuadro rígido (pero con horquilla de suspensión) y también por el hecho de que, al menos en éste momento, rechazaría cualquier proposición de cambiarla por una bici de suspensión integral. "Me parece mentira que puedas ir sobre una bici rígida", me decía uno. "Pues a mí me parece mentira que puedas ir en una bici de suspensión total", contesté yo. "¡¿Por qué?!", me preguntan incrédulos ante mi tozudez. "Pues porque mi Hei-Hei es simple, infalible, ágil como un gato, porque mis salidas favoritas en el mundo vertical en el que vivo empiezan con una escalada de 1000 metros de desnivel y transcurren por terreno sobre el que a menudo hay que echarse la bici al hombro durante un buen rato, porque no puedo permitirme que a tres horas de la pista más cercana un pivote se me despendule o que el amortiguador reviente, porque prefiero oír los pajaritos cantando que no el chirriar del basculante, porque soy naturalmente perezoso y no me atrae el substraer tiempo de mis excursiones para dedicarme al mantenimiento de mi bici, porque prefiero un buen plato de albóndigas en la tasca del pueblo que una decadente cena en un restaurante de postín, porque prefiero classic rock que ese adulterado de soft rock para gente guapa... y en el fondo, supongo yo, porque soy Xavi, y soy un biker clásico..." respondí con vehemencia, y justo cuando di por concluida mi lista de razones, se me pasó por la cabeza que probablemente en un día no muy lejano mi fiel montura muy bien podría ser una máquina de suspensión total y que seguramente entonces mis amigos todavía me seguirán llamando "clásico"." Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Octubre 1998 Sólo Bici N.º 89 UN CAMBIO EN EL AIRE Bajo el sostenido escrutinio de mi mirada, el suelo del bosque adquiere una complejidad arrebatora. Todas las tonalidades de amarillo, naranja, verde y rojo se unen caóticamente para crear un cuadro vivo de abstractismo insondable. Un cuadro multidimensional con fragancia a tierra húmeda y pino que palpita y se transforma día a día, hora a hora… Una voz que suena lejana pero que simplemente ha sido amortiguada por la tupidez forestal llega a mis oídos: "¡Eh Xavi, ven para acá… hemos encontrado algo!". La excitada voz pertenece a Bob Woehrne, un buen colega biker con quien durante todo este pasado verano he vivido numerosos y dolorosos episodios en bici. No muy lejos y tras unos densos arbustos, la imponente figura atlética de casi 1.90 m de Bob me espera con una sonrisa jovial y señalando con su índice un rincón a la sombra de unos abetos. Allí, delicadamente anidados en una cuna de musgo y agujas de pino, emitiendo una pálida luz dorada como la de los míticos huevos de oro, yacía el botín que los dos llevábamos buscando obstinadamente desde hacía rato: una colonia de ceps (boletus edulis), la seta reina de las Montañas Rocosas. Nuestro primer hallazgo inicia una reacción en cadena. Al poco rato yo me topo con unos cuantos y suculentos níscalos (Lactarius Deliciosus), mientras Bob añade unos "boletus edulis" más a su colección. Ahora que tenemos una imagen clara y fresca de nuestro objetivo imprimida en nuestros cerebros y que nuestra visión puede detectar más fácilmente esas sutiles formas y tonos ocultos en la penumbra que delatan a las codiciadas setas, somos imparables. En este atardecer otoñal, mientras barremos el bosque como sabuesos en busca del rastro esencial y nuestros sentidos absorben su belleza monástica con una intensidad que raramente le concedemos durante nuestros "raids" ciclistas, ambos experimentamos una sensación hilarante, nueva y refrescante que nos pone la piel de gallina. Es tarde. Empieza a refrescar y apenas distinguimos el relieve del terreno. Hacemos camino hasta nuestras bicis. Nos cargamos a la espalda las mochilas repletas de delicias del bosque y abajo. Humm… se respira un cambio en el aire. Las primeras nieves no tardarán en llegar. El otoño ya está aquí. ¿Tortilla de níscalos o sofrito de boletus?, me pregunta Bob mientras descendemos hacia las luces del pueblo. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Noviembre 1998 Sólo Bici N.º 90 LA VERDAD Y TODA LA VERDAD Mentir es cosa normal. Lo hace el vecino de enfrente, el mecánico, la señora de la pescadería, el abogado, el presidente de los Estados Unidos. Mentir es, en nuestra sociedad, un poco cómo el vino. Aceptable cuando usado con moderación. Detestable cuando abusado en exceso. Por eso no me sorprendería en absoluto que existieran lectores que pusiesen en duda mi integridad profesional como redactor ultramarino de SOLO BICI. Incluso es posible que haya algún individuo extremadamente suspicaz que crea que todo esto de Xavi Fané, corresponsal en los USA, sea una gran farándula impostora concebida por las supuestas mentes retorcidas de Alesport S.A con el sólo propósito de quedarnos con el público. Pues sí, bajo ese velo de sospecha, yo bien podría estar viviendo una existencia de clandestinidad en un sórdido ático de Badalona, dando vida sobre papel a ese biker imaginario medio español medio yanqui que vaga perpetuamente montado en su fiel Kona por las tierras salvajes del oeste americano. Sin embargo y a pesar de cuantas conjeturas puedan hacerse o de lo difuso que yo a veces pueda sentirme en mi autoexilio, mi vida en Crested Butte es tan real y auténtica como la de los olivos de Extremadura. Esta vez tengo prueba conclusiva de ello: Eduardo Rodríguez Bas, un joven y avispado lector del País Vasco, estuvo aquí unos días y yo, aprovechando su amigable presencia, le forcé a que relatase una crónica de su experiencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Diciembre 1998 Sólo Bici N.º 91 VIVA LA DIVERSIDAD En cosa de un mes tuve la suerte de poder presenciar dos sonados eventos de mtb, cada uno igualmente interesante, pero ambos de caracteres totalmente opuestos: los Campeonatos del Mundo, y Las 24 Horas de Moab. Los Campeonatos del Mundo representan la más alta expresión del mtb competitivo, un evento en el que la flor y nata del deporte se enfrenta encarnizadamente en pos del codiciado maillot arco iris. Atletas éstos que pululan por los más altos límites del rendimiento físico humano gracias a la perfectamente coordinada orquestación de una impecable preparación física y mental, una cuidada dieta, de regulares análisis y supervisiones médicas, de la meticulosa preparación de sus monturas, etc. Individuos que en algunos casos incluso son como experimentos científicos ambulantes, que parecen haber logrado esa forma magistral en un oculto pacto con un diablo que, a cambio, les ha exigido pagar con todo el sentido del humor y chispa por la vida de que disponían. Y así son los Campeonatos del Mundo, espectaculares tanto en su despliegue de capacidad y pericia atlética como de medios, pero a la vez un tanto asépticos, demasiado premeditados y, sobre todo, un poco sofocados en el enrarecido aire de un tradicionalismo, que a mí me huele demasiado a ciclismo de carretera. Por otro lado, las 24 Horas de Moab son la antítesis de todo lo mencionado. De hecho, podría tratarse de una parodia burlesca de los Campeonatos del Mundo. El ambiente de este mega-evento, que reúne a aproximadamente 2000 participantes (más o menos repartidos en 400 equipos de 4 y 5 miembros y unos pocos individuos que corren solos), en una improvisada y surreal ciudad de tiendas erigida sólo para esta gran ocasión en medio del desierto. Es totalmente de carnaval. Es un rocambolesco fin de semana en el que equipos de nombres tan intrigantes como el "Team Bettys", compuesto por chicas disfrazadas de cenicienta, o el "Team Grasas", en el que todos sus componentes son pesos pesados de más de 90 kg, o el "Team Pájara", en el que a cada vuelta sus miembros se recuperan a base de beber jarras de cerveza, y cómo no, también un puñado de individuos un tanto lunáticos que compiten en solitario, se enfrentan a un mismo objetivo: meter el mayor número posible de vueltas al técnico y difícil circuito de 16 kilómetros en un periodo de 24 horas. Corriendo día y noche sin parar. Quizás sin mucha seriedad, pero, eso sí, con todo el entusiasmo. ¿Qué cuál es mejor? Ese no es el punto. El punto es que, afortunadamente, todos tenemos una opción por la que inclinarnos cuando en otras disciplinas del ciclismo y en otros deportes esa opción no existe. O es blanco o es negro. Aunque los Mundiales sean mil veces más difundidos, reconocidos, prestigiosos y todo lo que quieras, las 24 Horas de Moab y la reciente proliferación de este tipo de carreras "alternativas" son igualmente importantes en su función de "polo opuesto" y no hacen más que poner en perspectiva la amplitud de espectro que cubre el mtb como deporte competitivo. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Enero 1999 Sólo Bici N.º 92 TODO ESTA EN EL RITMO El invierno llega con furia prematura a las alturas de Colorado. Hará cosa de un par de semanas efectué mi última salida en bici de ésta temporada en Crested Butte. Era un día radiante y transparente, de ésos que a menudo acontecen después de que una borrasca otoñal haya barrido las alturas alpinas de las Montañas Rocosas. La borraśca de marras había dejado un palmo de nieve ligera sobre la hojarasca y la tierra helada; yo salí montado en mi bici, arropado hasta las narices como un niño siberiano camino de la escuela, a remontar esa pista forestal que sale del pueblo y sube y sube, y luego a descender ese sendero empinado y marchoso que baja y baja, y que te lleva de vuelta al pueblo. Un recorrido corto y completo que se presta a hacer pruebas de bicis, y que también es ideal para salir cuando se tiene poco tiempo. Contra lo que se podía esperar, en el descenso las cubiertas agresivas de mi bici penetraban sin resistencia el etéreo manto níveo para encontrar tracción suficiente sobre la superficie terráquea helada que había debajo. Era una sensación excitante, y a la vez extraña, la de poder bajar a una velocidad respetable entre las piedras y raíces convertidas en suaves bultos apenas reconocibles bajo la capa de nieve, abriendo una traza profunda y sinuosa en el lienzo virgen del paisaje invernal, a la vez que levantaba a mi paso una estela de cristales de nieve en lugar del polvo o barro habituales. Sí, fue una salida especial y única, no sólo por lo incongruente del medio en que me movía, sino también por su condición efímera, porque sabía que con la llegada de la siguiente borrasca, pronosticada para el día siguiente, la temporada de mtb, por lo menos donde vivo, iba a llegar a su punto final. ¿Y qué voy a hacer yo ahora? Sin poder entregarme a mis sesiones habituales de cicloterapia; privado de la solaz que deriva de ese ritmo circular y repetitivo, casi meditativo, de la acción de darle al pedal. Un ritmo que penetra en tus más profundas fibras y que te alivia como un ungüento mágico antiestrés. No todo está perdido... existen opciones. Por suerte está el esquí. No, no es lo mismo. En lugar de ser un ritmo circular, es un ritmo pendular, pero bueno, funciona. Por lo menos me salva de sentirme como un mono enjaulado dándole a los rodillos con una toalla sudada sobre el manillar. Por lo menos puedo salir al monte y esquiar por los mismos lugares que rodaba, sintiendo sensaciones similares a las que en mí despierta la bici. El esquí, sea de fondo, de montaña o de pista, es para mí un inapreciable aliado sin el que el invierno sería un periodo más negro y deprimente que el que vivió Goya en sus últimos días. Por suerte también existen los aviones. Dentro de una semana me largo diez días a Méjico con mis colegas Joe Murray y "Espresso Bob", para no perder la costumbre del ritmo circular y para no tener que escribiros consejos de cómo rodar en fríos polares sin sufrir amputaciones múltiples. Podéis estar seguros de que también sacudiremos nuestros cuerpos al ritmo de los mariachis. Ya os contaré nuestra aventura en un próximo número de SOLO BICI... ¡eh!, dije que era mi última salida de mtb en Crested Butte, pero no que ésa fuese a ser mi última salida. Hay que bailar al ritmo de las estaciones, ya que, cómo intentaba decir, todo está en el ritmo. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Febrero 1999 Sólo Bici N.º 93 MI PRINCIPAL RESOLUCIÓN El inicio del año es la época de tomar resoluciones por excelencia. No me extraña. Cualquiera está dispuesto a prometer lo que sea y más, en agradecimiento y celebración de que por fin las Navidades se hayan terminado. Después de ser hostigado impunemente por el sonido anodino de diez mil villancicos, de ser bombardeado sin piedad por los millones de lucecitas multicolor y de comer las comidas más indigestas, me siento como si hubiese sido raptado por una panda de extraterrestres y sometido a un lavado de cerebro total. El Niñito Jesús nació por arte de magia y todos, queramos o no, renacemos un poco con él... ¡Aleluya! Pero a pesar de la característica confusión y ansiedad que esta época del año infunde en mí como soltero ateo y algo nihilista que soy, reconozco que no todo lo que representa es desdeñable. Bajo la densa costra de su comercialismo, de su tontería trivial y fe ciega, más allá de sus patéticos regalitos de plástico y pervertidos disfrazados de papanoeles, las Navidades esconden su buen mensaje de paz y amistad, y venga de donde venga, ese mensaje merece la pena ser escuchado. Seamos tolerantes. Mi situación es peculiar. En mi expatriación los episodios de nostalgia son frecuentes y son una consecuencia inevitable de la vida de doble nacionalidad que he escogido conscientemente. Sí, añoro muchas cosas, pero añorar es siempre menos doloroso si todavía mantienes contacto con la gente que añoras. No me cabe la menor duda de que el tenue hilillo que me une a mi país no se ha cortado gracias a la gran resistencia del pegamento de la amistad. Las paellas marineras y las butifarras de Vic no son nada comparadas con los amigos. Aparte de estar lejos de mi tierra natal, de mi familia y de algunos de mis mejores amigos, vivir en Crested Butte, que de por sí es un lugar aislado, un pequeño pueblo de fantasía en medio de una tierra salvaje y desolada, sería, si no fuese por el agradable calor de la amistad, como vivir en completo retiro monástico... y eso sin mencionar lo monótona que sería mi vida de ciclista solitario. No es coincidencia que mis mejores amigos sean en su mayor parte colegas con quien he compartido numerosas aventuras en bici. Dicen que una experiencia compartida es una experiencia doblemente disfrutada. El ciclismo es ante todo un deporte conducente a crear vínculos sólidos con el prójimo, es un deporte de camaradería y de ayuda mutua. Una cosa es salir a entrenar sólo un par de horas u ocasionalmente buscar el sosiego de la soledad, pero esas inolvidables excursiones de fin de semana y las épicas aventuras a las que nos lanzamos no serían ni la mitad de interesantes sin la trama de caracteres, personajes y colegas que las protagonizan. El mtb es como una gran obra de teatro que toma forma y agarra inercia gracias a la orquestación interactiva de sus actores. En nuestro caso, además tenemos la suerte de que el escenario en que actuamos sea el agraciado entorno natural en el que practicamos nuestro deporte. Por eso este año mi resolución principal es la de ser mejor amigo de mis amigos. Reconstruir los puentes quemados años atrás y solidificar vínculos presentes. También tomaré otras resoluciones de importancia secundaria, como por ejemplo ir al gimnasio tres veces a la semana, o anular el chocolate de mi dieta, pero lo más seguro es que acabe por romperlas sólo para darme el gustazo de romperlas. Para no perder la costumbre. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Marzo 1999 Sólo Bici N.º 94 ROLLERBALL ¿Os acordáis de Rollerball?, la clásica película de ciencia ficción dirigida en 1975 por Norman Jewison e interpretada por James Caan, cuya perturbadora trama gira entorno a la mórbida atracción que una enfermiza sociedad totalitaria, oprimida y comatosamente apática siente por un brutal y sangriento juego de equipo llamado Rollerball (que, al igual que ocurría con los sistemas de difusión del hipotético país, también era operado por el mismísimo mafioso gobierno). ¿Sí? Pues bien, dos días antes de escribir estas líneas, experimenté un curioso flash-back de este film visionario mientras presenciaba en vivo el Biker-X, uno de los requetehablados eventos que forman parte de los sobredivulgados Winter X-Games, un verdadero neo-circo romano sobre nieve, montado por ESPN (el mayor canal de deportes del mundo) y sus patrocinadores, en la estación invernal de Crested Butte (sí, donde vivo yo). Compartiendo similar formato y trazado que el Skier-X y el Boarder-X (los eventos de ski y snowboard, respectivamente), el Biker-X se celebraba sobre una pista de la estación que, gracias a las impresionantes y ultimísimas técnicas de fabricación y manipulación de nieve, había sido convertida en toda una montaña rusa de curvas matadoras, saltos inmensos, y peraltes como murallas sobre la que 6 bikers iban a descender simultáneamente en lo que sería una eliminatoria de 4 mangas (24 corredores) y la final. Desde mi posición cercana a la línea de meta, desde donde dominaba el trazado en su entereza, la carrera aparentaba ser un desmadre apoteósico y desconcertante, rozando lo violento, de corredores codeándose, saltando y dándose hostias impresionantes (dos amigos míos se rompieron los ligamentos de la rodilla en la competición de esquí), que duro menos de lo que un escupitajo tarda en llegar al suelo, un tiempo insuficiente para siquiera analizar mis sensaciones. Sólo recuerdo extrañarme ante el escaso número de espectadores que presenciaban la movida. No tardé en darme cuenta de que había incurrido en una grave falta: jamás debería haberme tomado la molestia de salir de casa. Para optimizar mi X-periencia, sólo hubiese tenido que apalancarme en la voluptuosa mullidez de mi sofá, enchufar el televisor y dejarme sucumbir ante la sincopada sucesión de imágenes tomadas por las cámaras remotas, que capturaban con inquietante detalle cada fracción de la carrera, detalle que jamás hubiese estado al alcance de mis simples ojos humanos. Seguramente, una vez aderezada, filtrada y sensacionalizada correctamente por la eficaz tecnología audiovisual, mi previa experiencia, que antes pecaba de intrascendente, se hubiera convertido en un melodrama de proporciones más grandes que la vida misma. Claro... los eventos formulados por y para la televisión deben verse por la televisión. Lo que acabó por inquietarme fue el comentario que más tarde oí de un colega involucrado en la industria ciclista: "Los X-Games representan el futuro de nuestro deporte". Si esa afirmación encierra un mínimo de verdad, tampoco sería descabellado pensar que un deporte puramente basado en la espectacularidad y en un sensacionalismo decididamente hollywoodense, bajo la presión de unos medios de difusión cada vez más ambiciosos y poderosos, y animado por un público cada vez más desensibilizado y adicto a la carnicería, acabe por evolucionar hasta convertirse en algo patético y grotesco como... como Rollerball... ¿o qui- zás será Rollerbike? Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Abril 1999 Sólo Bici N.º 95 SALVANDO EL RALLY La competición de rally en los USA es sólo una mera sombra de lo que fue en su día. Cuando la UCI dio el visto bueno al emergente deporte del mtb como merecedor de unos Campeonatos Mundiales y de una Copa del Mundo, los amigos americanos se frotaban las manos de ilusión ante la palpable oportunidad de poder por fin dominar ante los euros en una discicplina del ciclismo que ellos solitos se habían sacado de la manga. Esa proyectada hegemonía americana acabó siendo más efímera que la velada de La Cenicienta y ocho años más tarde, como pudo comprobarse en los últimos Campeonatos del Mundo en Canadá, fueron los euros de siempre quienes con sonrisa mordaz y sutil condescendencia dieron las gracias a los humillados gringos por inventar el mtb, mientras no sabían qué hacer con todos los trofeos que tenían amasados en sus manos. ¿Qué ha ocurrido con el american dream? ¿Por qué les ha salido el tiro por la culata? De unos años a esta parte, el apoyo popular y corporativo que el mtb competitivo en Estados Unidos había gozado durante su mimada pubertad ha menguado a marchas forzadas hasta haber alcanzado su punto más bajo este año. Los atletas americanos no sólo no se comen un rosco en el panama internacional, sino que, además, varios de los equipos profesionales punteros y sus patrocinadores les han girado la cara cortando contratos y sustituyéndolos por corredores de origen extranjero. Otros, como Schwinn-Toyota, han extirpado el equipo de crosscountry de su programa para poder concentrarse de lleno en el downhill, como K2-ProFlex, han decidido desmantelar por completo a todo su equipo profesional A nivel estrictamente nacional, las cosas no pintan mucho mejor. NORBA, el cuerpo federativo norteamericano, sigue experimentando un declive tanto en sus números de participación como de espectadores en los eventos de rally, mientras las pruebas de la Copa del Mundo gozan del lujo de concentrarse en la competición de élite, el circuito nacional depende en gran manera de la participación amateur… y de ahí el quid de la cuestión: en un país que carece de la tradición y cultura ciclista de que disfrutan las naciones europeas, es mucho más dificil generar el número de espectadores necesarios para soportar la organización de tales carreras. La mayoría de equipos patrocinados por la industria ciclista no pueden vender gran cosa sin espectadores. Por otro lado, a los patrocinadores de fuera de la industria les es más importante la publicidad que pueden generar a través de la prensa y de los medios televisivos… y por eso la disciplina que más sufre es el rally. Para el observador casual, las carreras de rally son aburridas. Son difíciles de seguir como espectador y todavía lo son más de filmar y de captar en la pantalla su mérito y emoción. El crosscountry probablemente siempre será un deporte apreciado tan sólo por un grupo conciso de aficionados en su mayoría practicantes del mismo y/o versados en el tema. Quiérase o no, el crosscountry no posee ni el morbo instantáneo ni el sex appeal del que disfrutan las disciplinas de gravedad, tales como el descenso, el dual-slalom y pruebas tipo Eliminator que en la actualidad son como los niños preferidos de la clase. En parte para paliar esa percepción de insipidez que sufre el crosscountry, pero principalmente para facilitar las tareas de visualización y de cobertura de los medios de comunicación, en las carreras actuales y, sobre todo, en las de la Copa del Mundo, se han reducido los porcentajes de sendero estrecho, provocando así más ataques y cambios de liderazgo, se ha disminuido la longitud de los circuitos (no el kilometraje total), facilitando su expectación, y se ha amansado el terreno en general, fomentando la formación de pelotones y posibles sprints… todo ello, para hacerlo más apetecible para el público profano y más vendible para los patrocinadores. El peligro es que poniendo en práctica tales modificaciones, podemos poner en peligro la misma esencia del deporte. Es un pez que se muerde la cola. 68
Otra posibilidad que está contemplando la NORBA para hacer sus eventos más seductores es añadir una prueba estilo critérium al formato normal de rally. El rally se celebraría el primer día, y al siguiente, los 20 primeros calificados participarían en el critérium, que entonces sería el principal foco del fin de semana....hmmm. Sí, no cabe duda de que el rally está en apuros... y lo bueno es que, como a menudo ocurre en los peores momentos de la vida, quizás la desesperación despierte la imaginación y creatividad de equipos, corredores y organismos federativos para encontrar juntos una solución a sus problemas y devolver el rally a su puesto de honor. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Mayo 1999 Sólo Bici N.º 96 PELOS AL AIRE Hace tiempo que no me depilo las piernas, y es algo que no añoro "ni un pelo". La verdad es que siempre me había sentido un tanto ridículo encerrándome en la privacidad del lavabo durante períodos de tiempo de exagerada y sospechosa duración. Autoinfligiéndome dolor, gastando más hojas de afeitar que un travestí, atascando desagües y perdiendo tiempo precioso en un ritual casi tan grotesco como podría serlo el pegarse periódicamente sanguijuelas por todo el cuerpo con la excusa de "purificar" la sangre. Es bien sabido que la depilación de las extremidades inferiores es un procedimiento generalizado entre los rangos del ciclismo profesional. Facilitar el tratamiento y la esterilización de posibles abrasiones y traumatismos varios... y también el trabajo del masajista, indispensable para acelerar el proceso de regeneración-recuperación del ciclista profesional, son los principales motivos "prácticos" que sustentan tal costumbre. Necesidades profesionales aparte y para lo que incumbe a la gran mayoría compuesta por el resto de ciclistas mortales, el afeitado de piernas es más que nada un acto puramente basado en valores estéticos y de identificación tribal. Si no te afeitas, si no llevas la "marca" de la tribu, irremediablemente estás destinado a convertirte en la oveja negra del homogéneo rebaño que es el pelotón ciclista. "¡Uh, mira, ése no se afeita!, seguro que no se toma el ciclismo demasiado en serio", piensan las mentes tradicionales y los pseudo-pros de pacotilla enfrascados en su visión de túnel y en sus visiones de grandeza. En malas manos, las tradiciones pueden convertirse en una eficaz arma de prejuicio. Por eso, ser la oveja negra del rebaño puede ser a veces todo un acto de reivindicación social. El mensaje detrás de la historia del "Patito Feo" o de la "Bella y la Bestia" es de tolerancia y aceptación. Está claro que, en el fondo, lo de depilarse o no depilarse importa un pepino. Puedes ir en bici ondeando tus velludos rizos al viento cual estandarte de liberación personal, o hacerlo con piernas de gallina desplumada y sentirte como Pantani volando hacia el cielo. Lo que te haga feliz y punto. ¡Viva el mtb libre! Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Junio 1999 Sólo Bici N.º 97 POR SI LAS MOSCAS Supuestamente, el fin del mundo esta a la vuelta de la esquina. O por lo menos eso dicen los profetas, los catastrofistas y los que venden gasolina. Según ellos, el inicio del nuevo milenio coincidirá con la Gran Tirada de Cadena en el figurativo water de la humanidad, evento que, de ocurrir, sería verdaderamente un final horrible pero digno de la carrera avasalladora de nuestra enfermiza especie. No tengo nada de supersticioso ni soy especialmente pesimista, pero he visto todas las pelis de Mad Max y creo que de una manera muy sutil han contribuido a que mi subconsciente se prepare ante el posible caos. En el fondo debe de ser ese dispositivo reflejo de autoconservación que todos llevamos incrustados en nuestro chip genético. Quizás eso explique un poco mi rechazo de lo superfluo, mi vestuario de dos pantalones y tres camisas, mi ruina de coche que apenas uso, mi suscripción a Ajoblanco. Quizás por eso prefiera el mtb que la ruta, el sendero que la pista. Lo más probable es que en el desolado mundo del Después de la Bomba, no quede asfalto que no se haya fundido o deteriorado irreversiblemente. Será entonces cuando el mtb dejará de ser un mero vehículo de ocio y se convertirá en un indispensable útil de supervivencia. También habrá que ir al loro, la gente matará por una mtb. Quizás eso también explique el que yo tenga una bicicleta de titanio y un carro monorrueda. El titanio es altamente resistente a la corrosión y sus índices de flexibilidad y resistencia estructural le aseguran una larga vida a prueba de bomba. Sólo tienes que acoplarle el carro, cargarlo de equipo y víveres, y ya estarás listo para vagar autosuficientemente por lo que quede de planeta en busca del paraíso perdido y de tu otra media naranja. Con o sin cataclismos, en el horizonte siempre había estado convencido de que ser biker iba a ser una inversión útil de cara al futuro… ya sabes, es sano, no contamina, desarrolla tu consciencia del entorno, y por todo eso y mucho más, acaba por hacerte mejor persona de lo que ya eres. Ahora, con el panorama apocalíptico que se nos pinta, parece que el mtb incluso puede ser nuestra única salvación. Podés estar seguros de que cuando estemos a las puertas del nuevo milenio, no estaré haciendo cola en la gasolinera ni comprando cajas de Coca-Cola en el supermercado. Por si todos los ordenadores se escacharran simultáneamente y todos los volcanes del planeta hacen erupción al mismo tiempo, lo que haré es comprar un montón de cámaras de repuesto, unas cuantas cubiertas del 2.1 y un tronchacadenas que funcione… por si las moscas. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Agosto 1999 Sólo Bici N.º 99 NI CHANCLA NI LIMONÁ De entrada no le di mayor importancia. Después de todo, el comentario que mi amigo tan fácilmente había exhalado llevaba la inocua e incorrupta etiqueta de "criticismo constructivo", y la verdad es que yo no tenía intención de gastar demasiada saliva en el asunto, porque ése no era el motivo de nuestro encuentro. No fue hasta unos días más tarde, mientras surcaba ensimismado en mi mtb las verdes entrañas de un bosque en pleno esplendor primaveral, cuando de repente me encontré ponderando la cuestión que aquel día se lanzó al aire. "¿Y por qué en lugar de haber sacado una revista de carretera no habéis hecho una que fuese mitad de carretera y mitad de montaña?", había inquirido inocentemente el colega, alegando a continuación: "...después de todo, casi todos quienes nos tomamos el ciclismo de montaña en serio practicamos las dos modalidades". El razonamiento tenía su lógica, ya que es verdad que muchos bikers, yo mismo entre ellos, incorporamos el ciclismo de carretera para enriquecer nuestro menú de entreno, dar un respiro a los huesos de vez en cuando y, en mi caso, horrorizar a los puristas ruteros con mis pelos y cadencia sincopada. También es cierto que muchos de nosotros seguimos con avidez las "grandes gestas" del ciclismo de carretera y que, de alguna manera, en la agonía de los puertos míticos y en sus rampas asesinas, encontramos parte de la inspiración que nutre nuestra afición general por el ciclismo. Entonces, ¿por qué no meter las dos modalidades en una misma revista y así nos ahorramos papel y tinta? La ruta y el mtb son como un par de colegas muy diferentes de carácter que a la vez tienen sus cosillas en común. Uno es bastante descontrolado y tosco y el otro es un pelo más conservador y atado a sus tradiciones, ambos son dos artistas que trabajan en diferentes medios. En un momento dado se llevan la mar de bien y al otro se dan de hostias (figurativamente hablando). El cohabitaje es posible, pero no recomendable. Por suerte, cada uno es lo bastante maduro y autosuficiente para adjudicarse su espacio propio y cocinar en su propia cocina. Visto de otra manera, meter a los dos deportes en una revista única sería conceder que el mtb no es lo suficientemente interesante como para dedicarle toda una revista. O que no tiene el carácter necesario para merecérsela. Y lo que ocurre es precisamente lo contrario, incluso nos quedamos cortos de páginas en las que plasmar su vidilla y carácter multifacético. ¿Recordáis las bicicletas híbridas?, aquel engendro mutante que se intentó vender como un compromiso ideal entre una bici de ruta y una mtb, pero que en realidad no servía ni para una cosa ni para la otra. No se ven mucho, que digamos. De forma semejante, una revista híbrida intentaría combinar ambos deportes sin lograr profundizar en ninguno de ellos. Tal actitud delataría una enorme falta de respeto y seriedad hacia ambas partes en esta era de la especialización. Lo más probable es que si montásemos una revista bitemática, para maximizar su rentabilidad me hiciesen colaborar en los artículos de carretera. No, no me imagino hablando de texturas de asfalto y coeficientes de puertos, glorificando número tras número a los mil superhéroes ruteros. Nada contra todo eso, pero lo mío es hablar de la tierra y del barro, de las sensaciones que experimento rodando por parajes inéditos y desprovistos del canceroso tráfico vehicular, de noches pasadas bajo la luna y del miedo a perderse en un lugar salvaje y desconocido. El mtb es todo un mundo y se merece una revista entera, …y más. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Septiembre 1999 Sólo Bici N.º 100 UN LARGO Y SINUOSO SENDERO Si Nacho no me llega a avisar, yo ni me entero. Dicen que el tiempo pasa volando cuando uno se divierte. Debe de ser eso. Porque si no, no se puede explicar que ya vayamos por el nº100 de SOLO BICI. Una vez advertido de la inminente llegada del celebrado número, era mi obligación moral bajar al sótano y rescatar de sus profundidades la olvidada pila de Solo Bicis arcaicos. Si quería escribir una especie de oda al nº 100 y pagar respetos a estos últimos ocho años y pico de crónicas en el mundo del mtb, quizás echar un vistazo a las polvorientas revistas me ayudaría a poner las cosas en perspectiva. A comprender mejor lo implicado por el inexorable paso del tiempo. Hojear los ejemplares sepultados en el fondo de la pila fue como hojear un álbum de fotos de la infancia. Nostálgico, a la vez que cómico. Tampoco es que hayan transcurrido tantos años desde que SOLO BICI saliera del huevo, pero en ese efímero tiempo, la bici de monte, por lo menos como deporte y tecnología, ha evolucionado a pedaladas gigantescas. Basta una mirada a esas tempranas fotos para darse cuenta de ello. Ahí estamos nosotros con esos obsoletos pedales de rastrales, horquillas rígidas a parir, luciendo cascos huevones y calcetines de futbolista en nuestros cuerpos juveniles. Casi me desgarro el diafragma de tanto reír. No cabe duda de que el tiempo es resbaladizo y caprichoso en su forma de actuar. Aunque ya no frenamos con los mismos frenos, ni cambiamos con los mismos cambios, y ni tan siquiera somos los mismos que éramos, aunque, afortunadamente, algunas cosas siguen siendo inmutables en este mundo cambiante: la descarga eléctrica que te sacude al superar ese tramo peliagudo del sendero, la sensación cálida y relajante de rodar bajo la luz dorada del ocaso, el magnetismo de la aventura y de las tierras distantes. Ned Overend todavía ganando carreras. Si no fuese por eso, el mtb sería como una supermodelo obsesionada por el dinero y las apariencias. Un zombi hueco por dentro. Plasmar para vosotros ese espíritu siempre cambiante y a la vez intemporal del mtb ha sido la principal misión de SOLO BICI durante estos últimos, humm..., 100 números, a través de los cuales hemos tratado tanto sus vanidades cosméticas como sus más profundas inquietudes metafísicas. SOLO BICI es como un adolescente, con acné incluido, que ha ido madurando a través de su corta pero palpitante vida, y este nº 100 es un pequeño homenaje a todas sus experiencias acumuladas en viajes y aventuras, y a los individuos y lugares que han edificado su carácter. Ha sido un largo, sinuoso y, a veces, extraño sendero. Y que siga siéndolo por muchos años. En las siguientes páginas encontraréis la historia de SOLO BICI resumida en sus portadas. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Octubre 1999 Sólo Bici N.º 101 REGALO DE LA LLUVIA Ha sido un verano interesante. En este caso, me permito la conveniencia de utilizar la versatilidad de la palabra "interesante" para expresar escuetamente el amplio espectro de sensaciones que este verano me ha deparado. Depende del momento en que me pilles, de la memoria que en ese instante desfile por mi cabeza, te diré que mi verano ha sido excelente... o que ha sido hórrido. Por ejemplo, mi verano fue una pesadilla cuando después de 13 horas de darle al pedal me arrastraba azotado por una tempestad de viento y lluvia en el Georgia Pass, un collado de 4.000 m que tuve que superar en mi abortado intento de recorrer los 800 km del Colorado Trail en solitario y autosuficiente. Mi verano también dejó mucho que desear cuando fui a Canmore, en Canadá, a hacer el reportaje de la 6ª ronda de la Copa del Mundo y no paraba de diluviar e incluso nevar. Después de la carrera tenía pensado quedarme unos días explorando los senderos de la zona, pero en lugar de eso acabé explorando innumerables tiendas de souvenirs mientras desesperadamente buscaba refugio de los elementos. Incluso llegué a pensar que debía alquilar unos esquís e irme a marcar unos virajes en los 60 cm de nieve fresca que habían caído en las cimas... el día 5 de julio. Aquí en Colorado hemos tenido el verano más mojado del siglo. Entre finales de junio y el mes entero de julio tuvimos 37 días consecutivos, en los que se registró lluvia en cantidades apreciables; en agosto, más de lo mismo. Era extraño pensar que al mismo tiempo que la mayor parte de los USA se asfixiaba en una ola de calor mayúscula, aquí en las montañas, nos salían agallas detrás de las orejas y hongos en los culottes. Nuestras salidas en bici han sido esporádicas, fugaces y llenas de ansiedad. Salidas que eran más bien contrarrelojes en las que medíamos nuestra velocidad contra las arrolladoras tormentas. En muchas ocasiones no se trataba de si íbamos a mojarnos, sino de cuándo nos mojaríamos. Sin embargo, gracias a esta rebelión de los elementos, este verano ha sido un verano peculiar, irrepetible y sí, también, repleto de sus momentos de excelencia. Esa misma lluvia que tanto maldecíamos fue responsable del verde profundo y exuberante que los prados y bosques lucieron durante todo el verano y de la increíble profusión de flores alpinas nunca antes vista. Si bien nuestras excursiones no fueron tan frecuentes, cuando salíamos, lo hacíamos en un verdadero paraíso terrenal en el que retozábamos como Heidis sobreexcitadas. Ahora el otoño se huele en el aire y promete cantidades infinitas de setas, un regalo más de la lluvia. ¿Qué más podría pedir?...errr... bueno... quizás un veranillo de San Martín, largo y seco como Dios manda. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Noviembre 1999 Sólo Bici N.º 102 MENOS HUMOS Últimamente se ha hablado mucho de la ciudad de Amsterdam y de los meritorios esfuerzos que ésta ha hecho en la lucha hacia la normalización de la bici como medio de transporte entre sus habitantes y visitantes. La última de sus aportaciones a esa causa ha sido el sistema de parques de bicis, que permite a los usuarios tomar prestada la bici gracias a un ingenioso sistema automatizado de dispensación activada mediante una tarjeta bancaria o de crédito. Es una versión sofisticada anti-chorizos de un concepto que ya se intentó implementar sin éxito en los años 70. En aquella ocasión, los centenares de bicis que el ayuntamiento puso a disposición del público para uso libre desaparecieron con la misma rapidez que lo haría un caramelo frente a la puerta de una escuela. El peace & love no pudo con la chusma urbana. Lo importante es que, a pesar de los obstáculos a los que se enfrenta, la idea no sólo ha sobrevivido sino que se ha extendido a otros rincones del planeta, y ha llegado hasta lugares tan remotos e impensables como: Crested Butte. Sí, este mismo verano, un grupo de adolescentes se lanzó a la ejecución de un ambicioso proyecto escolar. Con la supervisión de un experto mecánico, se reciclaron un montón de bicis abandonadas y otras que la gente dio para la causa, se pintaron de color blanco con topos negros, como las rollizas vacas que pastan por los alrededores del pueblo, y fueron distribuidas por sus calles. La única condición para acceder a su uso libre es que los usuarios las devuelvan a un lugar bien visible y preferentemente céntrico. A pesar de la ocasional desaparición de alguna de las bicis-vaca después de todo un verano en funcionamiento, el proyecto puede considerarse un éxito y ya se planea una expansión de la flotilla para el próximo año. Desde mi punto de vista, son estas pequeñas comunidades basadas en una economía de turismo, relativamente protegidas del embate de la delincuencia urbana y con un potencial usuario importante en forma de turismo, las que se prestan como laboratorio idóneo en el que llevar a cabo un experimento de este tipo. En algún sitio hay que plantar la semilla, y qué mejor que hacerlo en un entorno más fácilmente controlable, un lugar en el que seguir su crecimiento paso a paso y perfeccionarlo, para luego poder lanzarlo al resto del mundo. Somos nosotros, los amantes y practicantes de la bicicleta, quienes estamos en la mejor posición para perseguir el sueño de una sociedad más limpia y sana. Únete a organizaciones que apoyen la bicicleta como alternativa de transporte, exige a tu ayuntamiento que haga algo en ese ámbito y, a nivel personal, evita usar el coche tanto como puedas. Tal y como decía Joe Murray en el n.º 100 de SOLO BICI, "lo peor del MTB es tener que usar el coche para practicarlo". Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Diciembre 1999 Sólo Bici N.º 103 EN LA ZONA MARRÓN Entre latas de Coca-Cola blanqueadas por el ardiente sol, condones usados y trapos inidentificables, Kim y yo rodamos con brío. Entre muros caídos y sofás reventados, los dos sudamos nuestro opulento desayuno. Entre ermitas abandonadas y la terrible cicatriz de la cantera gigante, entre el marrón del suelo y el azul sucio del cielo urbano, Kim y yo nos sentimos libres. Esparcidos por la maleza, viejos buscan caracoles, señoras buscan hierbas mágicas, yonquis se pinchan y parejas se aman. Cabras flacuchas mastican plácidamente la escasa vegetación que ha logrado sobrevivir a los epetidos incendios provocados. En lo más alto del monte, junto a las ciclópeas antenas metálicas, avistamos el magnánimo Mediterráneo, ahora convertido en un borrón gris-azúl por la densa neblina de la polución. Ahhh… respiramos profundamente y luego, de nuevo zumbando a través del lacerante matorral y sobre la deslizante arenilla del anciano océano, jugamos al viejo juego del zorro y la liebre; por unos dulces momentos podríamos estar en cualquier paraíso del mtb... hasta que, al salir de una curva, nos sacude el inconfundible hedor de la muerte. ¿Será un perro?, ¿o quizás el cuerpo de un pobre desgraciado?, nos preguntamos sin la más mínima intención de indagar la respuesta. No, no estamos aquí para integrarnos en este triste paisaje, ni para romantizar sobre sus bosques, que ya no lo son. Las montañas de verdad están lejos de aquí. El aire limpio y los rios de aguas cristalinas son una memoria borrosa, y la palabra bucólico suena a enfermedad del sistema digestivo. Estamos aquí para escapar momentáneamente de la sombra de la ciudad que quiere engullirlo todo. Estamos aquí para sentirnos libres, aunque sólo sea una ilusión. Si cierras los ojos, te tapas las orejas y te metes una brizna de tomillo bajo la nariz, todavía puedes imaginarte que estás en el cielo. En la franja marrón entre la ciudad y el campo, el mtb vive. Es un nicho improbable, áspero e inclemente... un purgatorio suspendido entre cielo e infierno, pero para muchos es lo único que hay, o por lo menos lo único que hay entre semana. Quizás un día sepamos cómo guardar nuestros bosques, cómo detener nuestra senda de destrucción, cómo lograr un mejor equilibrio entre lo humano y lo natural. Mientras tanto, continuaremos vagando por esta tierra profanada con la brizna de tomillo bajo nuestra nariz y la sonrisa de la ilusión en nuestros labios. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Enero 2000 Sólo Bici N.º 104 HACIENDO EL TOMAC Hubo un tiempo en el que, cuando hacíamos las típicas excursiones épicas de fin de semana con un animado grupo de colegas, de esas en las que te picas a muerte y atacas pretendiendo ser un pro, yo pretendía ser Johnny Tomac. La misma mueca de dolor y determinación, el mismo gestio confiado, la misma mirada intensa. Johnny era el no va más, el corredor más equilibrado, polivalente y agresivo que existía; emularlo, o por lo menos visualizarlo mentalmente en aquellos momentos de agonía, era una útil herramienta de autosugestión con la que subyugar al resto del grupo. Para mi suerte, había tenido la oportunidad de ver al ídolo en acción en varias ocasiones, incluso habíamos hecho un par de excursiones juntos por su viejo territorio de Durango y, por esa razón, mi simulación era bastante lograda... por lo menos hasta que tocaba hacer una de sus inimitables acrobacias aéreas. Esa parte dejaba bastante que desear e inmediatamente esclarecía cualquier duda que pudiese existir sobre la autenticidad del piloto. Pero ahora hace años que no hago el Tomac. Cosas de la vida. Con la irrupción de los euros en el MTB competitivo, el papel protagonista de J.T. bajó un escalón. Sí, es verdad que estaba Frischknecht, Miguel Martínez, Bart Brentjens y Rune Hoydahl, todos ellos excelentes profesionales y modelos de inspiración que incluso eran más rápidos y astutos que el mismo J.T. No obstante, y por alguna razón no del todo clara, no era lo mismo imitar el aire de comadreja asesina del Petit Mig o el temperamento glacial de Brentjens. Además, en los últimos años, Tomac había desaparecido casi por completo del panorama a causa de unas desafortunadas lesiones. Dos años atrás, su temporada de descenso se fue al carajo debido a una rotura de clavícula y este año fue la muñeca. ¿Qué había sido de Tomac? Tomac está bien. Muy bien. Pude comprobarlo hace poco cuando fui a verle a su propio rancho. Un rincón retirado y rodeado de caprichosas formaciones rocosas, en la bella geografía del extremo suroeste de Colorado. Justo al llegar, Cathy, su simpática esposa, salió a recibirme y, cuando le pregunté dónde estaba J.T., me señaló hacia un punto distante de su amplia propiedad de donde surgía una enorme nube de polvo. Unos minutos más tarde, me encontraba frente a la fuente de la polvareda: una enorme excavadora con J.T. y Elías, su avispado hijo de 5 años, al mando. "Estoy haciendo un circuito de motocross alrededor de mi propiedad", me dijo, con su típico ademán sereno, y seguidamente me hizo montar en el cachivache y me dio un paseo por su loco trazado de más de 3 km, que ya casi estaba completo. Al atardecer, Johnny y yo salimos a rodar en MTB por un sendero cercano a su hogar. Me habló de lo enamorado que está de su tierra y de su vida como padre y cabeza de familia, de su vida semirretirada, de sus cacerías de ciervos, de los proyectos con su nueva compañía "TomacBikes"… y tamién de sus deseos de correr una temporada más en la Copa del Mundo el próximo año. Su última temporada como profesional. Lo dijo todo con esa misma calma y aplomo con los que un día había aniquilado a todos sus rivales. Con la modestia y sinceridad de quien se halla en paz consigo mismo. Desdpués de todos estos años, y aunque no sea el Number 1, Tomac continúa siendo un modelo de inspiración… este próximo fin de semana, cuando salga de excursión con los colegas, intentaré poner en práctica su característica e inimitable pirueta de humildad. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA 77
Febrero 2000 Sólo Bici N.º 105 EXPLORANDO UNIVERSOS Crecer con las expectativas impuestas por 2001: Una odisea del espacio no fue fácil. Influenciable como era yo, pasé mi infancia convencido de que a la vuelta del siglo me esperaban viajes interestelares a mundos distantes y que el desplazamiento a velocidades hiperlumínicas sería algo tan normal como el uso del lavaplatos. Me pasaba días enteros fantaseando aventuras siderales y encuentros con hombrecillos verdes. El mío era un caso clásico de Calvin y Hobbes. Soñar era gratis y me ayudaba a copar con las duras realidades de la vida, tales como tener que comer patatas hervidas con acelgas y salir de paseo en el ridículo Citroën 2 CV de mi padre. No obstante y a pesar de su momentánea efectividad, se trataba de una táctica que a largo plazo estaba irremisiblemente destinada a provocar decepción. Ahora, el nuevo milenio ya está aquí y la posibilidad de explorar galaxias distantes durante mi vida es tan improbable como que lleguemos a ver el fin del imperio del tabaco. Menos mal que tengo mi bicicleta. Sin ella mi vida sería mucho más difícil y, sobre todo, mucho menos divertida. Con ella viajo a rincones del planeta insospechadamente extraterrestres y a dimensiones de amistad y camaradería nunca antes conocidas. Zumbando sobre ella en los senderos más cañeros y vertiginosos consigo experimentar sensaciones extracorpóreas. Pedaleando a través de bosques y montañas aprendo a apreciar cada día un poco más el planeta en el que vivo... y más vale así porque por ahora es el único que tengo. Sí, es verdad que mi bici ha venido a sustituir eficazmente la nave espacial de mi niñez. Pero no sólo es eso; además de ser un instrumento de evasión, también lo es de conexión y de enlace con el entorno natural, del que parece que cada día nos distanciemos más y más. Lo más exótico, lo más fascinante y fantástico está justo debajo de nuestras narices. Sólo hace falta abrir los ojos y agarrar la bici. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Marzo 2000 Sólo Bici N.º 106 CON TELESILLA Un día de este pasado verano agarré una freeride de prueba que tenía por casa, y con ella me fui derecho al telesilla de la estación. Tomar el telesilla con una bici es algo que nunca había hecho, a pesar de que vivo prácticamente al lado de uno y durante el invierno lo utilizo frecuentemente para esquiar. Decidí echar una cana al aire y probarlo. Antes de subirme a la silla me puse el casco integral y las goggles con lentes de espejo. Más que por razones de seguridad, el casco lo llevaba para encubrir mi identidad. Si uno de mis colegas alcanzaba a verme subir en el telesilla con una de esas bicis para culos blandos (del inglés soft ass), me arriesgaba a ser desterrado del pueblo para siempre. Mi primera bajada fue traumática. Me lancé por una pista empinada y de piso suelto por la que nunca antes en mis salidas había pasado. Creo que, porque me sentía fresco como una rosa, me relajé demasiado. Pille un bache con fuerza tremenda y salí rebotado de él como si fuese uno de esos locos cowboys que montan toros descomunales en los rodeos. Aterricé sobre la rueda delantera y me marqué un wheelie frontal improvisado que me dejó lívido. Para más inri, al salir de una curva ciega, casi parto por la mitad a un señor que tranquilamente se paseaba cuesta abajo, como lo hacen cada día los muchos turistas que usan el telesilla para facilitar sus excursiones pastoriles. Llegué abajo hecho un manojo de nervios. En mis posteriores descensos logré mantenerme mucho mejor sobre las dos ruedas y disfruté como un enano arqueando curvas y pisando el acelerador a fondo con la mullida suspensión de mi prestada freeride. No obstante, al cabo de un par de horas haciendo el yoyo, y mientras me mecía cómodamente en el telesilla, me invadió una extraña sensación de vacío. Sentía que ese día mi experiencia sobre la bici era incompleta. Era como si una parte esencial de mi actividad favorita hubiese sido súbitamente erradicada. Agarrar el telesilla y bajar a tumba abierta una tras otra vez, más que a un deporte, de repente me recordaba más a una de esas actividades como saltar de puentes con una goma atada al tobillo o lanzarse de edificios ilustres en paracaídas. Pura descarga adrenalínica y ya está. Era obvio que lo que echaba de menos era la escalada. No sólo me refiero al sudor sobre la frente y el ardor en las piernas y pulmones, sino a la simplicidad y pureza que ésta encierra en su esencia. Para escalar no se necesitan ni suspensiones sofisticadas ni telesillas ni puñetas. Sólo una montaña, un camino, una voluntad, un cuadro con dos ruedas y nada más. La complicidad con el entorno que experimento en mis largas pedaladas tampoco tiene comparación con el momentáneo arrebato sensorial que aquí había logrado. Cuando llegué abajo y me saqué el casco, dos amigos me pillaron in fraganti, y con el pase del telesilla ondeando al aire. "Hombre, Xavi, debes de estar volviéndote viejo; tienes que agarrar el telesilla para pasártelo bien en bici", me dice uno en tono irónico. "¿Y qué tal?", me pregunta el otro curioso. Encogiendo los hombros le contesto: "Pssst... no está mal para pasar la mañana... ¿A qué hora es la excursión mañana?". Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Abril 2000 Sólo Bici N.º 107 MIS BICIS En mi garaje tengo tres bicicletas: una de montaña, una de carretera y una de cross. No es mucho si uno tiene en cuenta que llevo 15 años inmerso en el mundillo del pedal y que, en virtud de mi trabajo en la revista, las posibilidades de obtener bicis a mejor precio son mayores. Coleccionar por coleccionar no es lo mío, y prefiero limitarme a poseer lo imprescindible por razones puramente prácticas. Es por ello por lo que cada una de mis monturas juega un papel específico y sumamente importante en mi vida. Mi bici de carretera es una Centurión de tubería Tange Prestige, que me pasó el colega Joe Murray hace ya nueve años. Es vetusta, pero lleva una mezcla de Dura Ace y Ultegra de 8 piñones que le puse hace un par de temporadas. Desde luego, está mucho mejor cuidada que el Dodge Charger usado que me compré en el mismo año, un bodrio de vehículo en avanzado estado de descomposición al que mi compañera no se subiría aunque se tratase de una emergencia médica. Estoy seguro de que a mi Centurión le quedan más millas de vida que a mi pobre coche. Sobre ella pongo los primeros kilómetros de la temporada, cuando los caminos de montaña todavía yacen bajo la nieve acumulada durante los meses invernales y mis músculos todavía están más acostumbrados al movimiento del esquí de fondo que no al del pedaleo. Sobre ella me asfixio en los primeros puertos y trabo las primeras batallas con los colegas en un preludio de lo que serán nuestras épicas salidas estivales en MTB. Una vez aparecen las primeras flores y la nieve inicia su recesión anual hacia las cumbres, mi Kona Hei-Hei sale de su hibernación y toma el mando de la situación. Del trío, la Hei-Hei es la indisputable reina... y se nota. Con ella no escatimo gastos ni esfuerzos, y cada año le pongo todo lo último que he podido buitrear de las compañías punteras y más... un XTR por aquí, una SID por allá. Le saco brillo casi a diario, y la lubrico con el cariño de la madre que le da teta al bebé. Sin duda, las mejores y más memorables salidas del año las hago sobre ella. Mi MTB es ágil, ligera, duradera... y nos conocemos tan bien, que casi parece obedecer telepáticamente todas mis ordenes. Cuando me siento algo antisocial o cuando estoy harto de oír hablar y leer sobre lo último y más sofisticado en tecnología y suspensiones, me voy de paseo con mi Ibis de cross. Su desinhibida rigidez me pone de vuelta en esos días cuando todo era mucho más simple, cuando todavía nadie te miraba con desdeño si no llevabas encima una horquilla de cien mil talegos y una suspensión trasera con más recorrido que el de mi coche. Mi Ibis me hace sentir orgulloso de mis inicios rígidos en el MTB. A veces me gusta sentir el terreno que pisan mis cubiertas en lugar de flotar sobre él. Los tres platos que llevo me permiten meterme por casi los mismos lugares con los que voy con la Kona, solo un poco más lento... lo que ya me va bien de vez en cuando. Dime qué bici o bicis tienes y te diré quién eres. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Mayo 2000 Sólo Bici N.º 108 EL CÁLIDO ABRAZO DE LO FAMILIAR En un fantástico día de otoño, Patrick y yo alcanzamos el punto culminante de Strand Hill cubiertos de sudor. Justo ahí, la pista forestal que hasta entonces habíamos seguido emerge del umbrío bosque de abedules vestidos con su mejor atuendo otoñal para desembocar en un prado perfectamente idílico que a su vez marca el inicio de un sendero serpentino y descendente que debería de llevarse un premio al Mejor Recorrido de MTB. El prado es una parada obligatoria. Es el típico rincón que incita a hacer un alto, a comer una barrita, a estirar los músculos un poco y a deleitarnos una vez más contemplando el panorama de cumbres y bosques que nos es tan familiar. Y precisamente ese fue el tema de nuestra conversación mientras picábamos unos frutos secos: la cálida belleza de lo familiar. De las muchas excursiones épicas que existen en la zona, Strand Hill es más bien modesta tanto en kilometraje como en dificultad y, sin embargo, es una de mis favoritas. Sólo se necesita una hora y media para completar su variopinto bucle desde el pueblo, lo que es perfecto si no se tiene mucho tiempo o si simplemente ese día no se tienen ganas de complicarse la vida. Pero tanto Patrick como yo coincidimos en que lo que hace Strand Hill tan especial para nosotros es la intimidad que hemos logrado edificar con éste a través de años y años de rodar por sus juguetones senderos y a través de sus susurrantes abedules. Podría decirse que el camino se ha convertido en nuestro mejor amigo. A él acudimos cuando necesitamos deshacernos de nuestras tensiones, o cuando queremos jugar como niños, o cuando buscamos inspiración para tomar el siguiente paso en nuestra vida. Siempre hablamos de aventura, de lugares distantes y destinos exóticos y, a pesar de nuestra fascinación por lo desconocido, por el factor X, siempre acabamos retornando al abrazo protector de lo conocido y familiar. Desde el prado idílico en que nos hallamos, casi cada una de las cimas distantes que alcanzamos a ver evocan en nosotros alguna memoria querida. En un rincón del prado hay un abeto colosal con una brutal cicatriz de un rayo que lo recorre de arriba abajo por el que siento gran admiración. Más adelante, ya iniciado el descenso, se pasa por un trozo de sendero que domina un vallecito surcado por un arroyo en el que más de una vez he sorprendido a un ciervo que apaciguaba su sed. Luego hay un tramo trailero en el que el bosque se hace oscuro y unas retorcidas raíces sobresalen en el sendero. A veces lo supero y otras no, pero siempre es un reto que anticipo con excitación. Al final se sale del bosque y el camino ondula suavemente entre fragantes matas de salvia y pastos en los que el ganado rumia plácidamente y Mikel, el viejo ranchero, atiende sus labores agrícolas montado en su arcaico tractor. PAZ. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Junio 2000 Sólo Bici N.º 109 TRANSFORMACIÓN Empezar una excursión bajo la lluvia es algo que, como el saltar desnudo un foso de fuego, va contra mi instinto de conservación... y sin embargo ayer lo hice. Tenía mis motivos. Dos días antes, mi frágil ego había recibido un revés considerable. No pude terminar una durísima carrera de esquí de montaña para la que me había estado preparando durante meses. En algún lugar a medio camino y por razones que todavía me son un misterio, perdí mis músculos y mi razón. Por más que me repetí a mí mismo que sólo se trataba de una carrera y que cualquiera tiene un mal día, el agrio sabor de la derrota perduró. Estaba cabreado conmigo mismo y con el resto del universo, y necesitaba zambullirme en un baño purificador, sin faltar. Por eso puse la bici en el coche y no paré hasta dejar atrás nieve y montañas. Era un día verdigrís, de esos de principios de abril en los que invierno y primavera se funden para formar una criatura irreconocible que exhala un aliento saturado de humedad y de olores penetrantes. Bajo un finísimo calabobos y con la tierra escupiéndome irrespetuosamente en la cara, me adentré ya sobre la bici en las desgastadas colinas cubiertas de artemisa y romero en flor. Me movía por un paisaje desolado y fantasmagórico de brumas bajas y formas borrosas. En la distancia, un retorcido enebro esculpido por el viento se convertía en el espectro de un solitario cowboy condenado a cabalgar perpetuamente por estos espacios olvidados. Aquí y allá yacían enormes bloques de granito que temporalmente se habían transformado en dragones abatidos por guerreros invisibles. El sendero que seguía se movía por estos alrededores fantásticos con gracia y, a pesar de la persistente llovizna, yo me sentía extrañamente etéreo y animado. Contento de encontrarme metido de lleno en este mundo semianfibio que normalmente evito a toda costa. Al cabo de un par de horas, el sendero dio un bajón súbito y me llevó hasta el fondo de un protegido valle por el que discurría un arroyo ahora desbocado de su cauce a causa de las lluvias primaverales; a su vera, entre las aguas y los muros de granito que encajonaban el valle, crecían chopos, álamos, tamariscos y otros árboles fluviales. En un rellano umbrío encontré una vieja cabaña destartalada pero con un techo de lata todavía capaz de protegerme de la lluvia. Me paré un rato a reponer fuerzas mientras escuchaba el murmullo del arroyo y el canto frenético de los pájaros en las copas de los árboles. Para mi sorpresa, cuando salí dispuesto a seguir mi camino fue como si hubiese salido a otro mundo. Las brumas lloronas se disiparon y unos tímidos rayos de sol hicieron su aparición transformándolo todo a mi alrededor. El gris se convirtió en azul, el verdor de oscuro ganó en brillo y el frío dio lugar a una sensación tibia y acogedora. Llegué de vuelta al coche silbando y repleto de energía primaveral. Los negros pensamientos que me habían acosado durante los últimos días se habían desvanecido como las mismas brumas. La primavera ha llegado y es hora de hacer borrón y cuenta nueva. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Julio 2000 Sólo Bici N.º 110 CULTO AL SOL ¿Por qué nos gusta tanto el verano? Seguro que nuestra estructura genética mediterránea tiene parte de culpa. Desde siempre hemos celebrado la irreprimible vitalidad de sus días radiantes y el erotismo de sus aterciopeladas noches. Somos una cultura solar. De horchata y gazpacho. De limonada y jamón con melón. Nos gusta tomar siestas bajo pinos y hacer barbacoas al aire libre. La llegada de la estación estival es para nosotros un símbolo absoluto de plenitud y madurez. Para mí, el verano es un delicioso cocktail hecho de esas salidas tan largas como lo son las horas de luz en el día, que encierran el suspense y la incógnita de las mejores aventuras. Excursiones que parecen llevarte a través de diversas zonas horarias y en las que acabas tan hecho polvo que te sientes incorpóreo, como flotando en un trance levemente eufórico y a la vez sedante. Del desmesurado desafío que supone tener que encararse a las responsabilidades del trabajo y llevar a cabo las simples tareas cotidianas cuando, de buena mañana, por las persianas se filtra esa luz suave y dulzona que te incita al ocio y al juego infantil, a corretear y a revolcarte bajo ella. A inundar todos tus poros con el sudor del esfuerzo físico. De las tardes pegajosas pasadas delante de la tele mirando el Tour de Francia con los colegas. Sintiendo en tu cuerpo la agonía del pelotón, sintiendo tus músculos contraerse en anticipación a la salida de mañana en la que te transformarás en un Ullrich demoledor y en su peso correcto, que causará estragos en el pelotón ficticio. De las violentas tormentas con aparato eléctrico que te ponen la carne de gallina y te hacen estremecer de arriba abajo... de esas que si te pillan desprevenido empiezas a preguntarte cuál es el grado de conductividad del aluminio. De las frescas noches pasadas alrededor de una hoguera contando historias de aventuras épicas como aquella en la que mi amigo y yo fuimos atacados y perseguidos por un toro inmenso y muy cabreado que nos hizo pedalear como nunca hemos vuelto a hacerlo, y que más tarde nos llevó a considerar el tomar un curso básico de toreo. De las refrescantes zambullidas en las aguas heladas de algún perdido lago de montaña. De las siestas tomadas sobre la alfombra multicolor de los prados alpinos. Sí, el verano ya está aquí. Nuestros cuerpos han alcanzado su mejor forma y el Mtb nos ofrece su máximo potencial. ¡A disfrutarlo! Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Agosto 2000 Sólo Bici N.º 111 ¿CASTIGAR LA VERDAD? La noticia agitó las plácidas aguas del estanque del MTB cual pedrusco caído de las nubes. En una entrevista exclusiva con la revista gala Velo Vert, el ex Campeón del Mundo Jerome Chiotti admitió públicamente que había ganado su maillot arco iris en gran parte gracias al uso de EPO. Hasta ahora, el MTB había logrado mantener su imagen de chico bueno de la película, en parte porque el ciclismo rutero ha venido acaparando toda la mala prensa desde la debacle del Tour de 1998. La confesión de Chiotti es una prueba clara de que el MTB no es ni tan sano ni tan cándido como parecía, y de que, obviamente, también padecen las mismas disfunciones, tan prevalecientes en esta era en la que vivimos. El problema del dopaje está aquí, está presente entre nosotros y no desaparecerá simplemente mirando hacia otra parte. Chiotti será un tramposo, un mangui o lo que quieras llamarle, pero una cosa debe reconocérsele, y es que ha tenido el coraje de cantar la verdad y de enfrentarse a sus consecuencias inevitables. Chiotti no es un corredor retirado con nada que perder, ni ha sido presionado para prestar declaración ante un jurado, sino que se trata de un atleta que todavía goza de sus plenas facultades físicas y que sólo tres años atrás se alzaba en lo más alto del podio. Chiotti, tranquilamente, podía haberse callado, seguir chutándose EPO en las venas y continuar retozando en los laureles de sus pasadas victorias hasta que le diese un infarto; sin embargo, optó por hablar la verdad. En la infame declaración, Chiotti habla humanamente sobre las presiones y tentaciones con las que se enfrentó como profesional no sólo corriendo con GT, su equipo durante los Campeonatos del Mundo de 1996, sino también con el Festina (¿será casualidad?), equipo al que perteneció con anterioridad a su fulgurante entrada en el MTB; también sobre los remordimientos que le acosaron, sobre la esperanza de que su confesión sirva para que otros corredores sigan su ejemplo. Pero por lo que se desprende de las reacciones que han seguido a la declaración, la verdad parece ser lo de menos. La UCI sólo habla de acciones punitivas, la Federación Francesa también, el equipo de Giant, para quien había fichado esta temporada, ya le ha expulsado de su seno... ¿Hasta dónde hay que castigar? La imposición de sanciones ha probado ser ineficaz por sí sola a la hora de erradicar la droga de nuestra sociedad... y seguramente lo será también en el ámbito del deporte profesional. Chiotti ha abierto una puerta al diálogo y a la comunicación, y la reacción de los organismos reguladores es cerrársela en las narices. Mediante esta táctica, lo único que se promueve es el silencio y el secretismo, tan característicos en las filas del ciclismo profesional. Si realmente se quiere desarmar una bomba, primero hay que conocer bien su mecanismo. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Septiembre 2000 Sólo Bici N.º 112 EN SECRETO Si me preguntas dónde voy a ir mañana, probablemente te diré que si te lo digo, después tendré que matarte. Voy a ir a un sendero secreto al que no quiero que vaya nadie. Sólo unos pocos amigos conocemos su nombre y su exacta situación. Lo único que te diré es que es un sendero apenas rodado que todavía encierra el inconfundible sabor de lo auténticamente salvaje. En su contorsionada longitud cruza numerosos arroyos dificultosos, su traza desaparece en prados magníficos y aparece de nuevo, al internarse en las sombras del bosque, ramas y arbustos te latiguean sin clemencia, los descensos pasan de absoluta perfección a caos extremo con peligrosa rapidez. En fin, se trata de un recorrido a la vieja usanza, carece de buen diseño, es demasiado sucio y empinado, es basto, y romperse la crisma en él es facilísimo... y queremos que siga siendo así. Ésta es la protectora y furtiva actitud que ha emergido en la comunidad biker de Crested Butte ante la cada vez más prevaleciente política de domesticación y homogeneización que exhibe el Forest Service, el organismo administrador de las tierras públicas empeñado en hacer cada camino y sendero asequible a todo el mundo y a sus perros. En un mundo en el que cada vez es más patente el predominio de lo procesado, desnatado, descafeinado y, en una palabra, desnaturalizado, el entorno del Mtb ha sido, por lo menos hasta ahora, un reducto de lo indomado. Pero es obvio que todo esto está cambiando. Cada día más pistas forestales son asfaltadas, senderos convertidos en pistas, montañas enteras en grotescas y estériles ciudades vacacionales... es como si la gente quisiera vivir en un entorno perfectamente controlado, cómodo y despojado de todo peligro e imprevistos. ¡Qué asco!... Yo no quiero vivir atrapado en una patética página web. Son ya unos cuantos los senderos de nuestra zona que han sufrido este proceso de amansado. El 401, quizás el recorrido más emblemático de Crested Butte, ha sido el último de ellos. Hasta no hace tanto sus orgásmicos 30 km de longitud habían permanecido relativamente protegidos de las masas gracias a su brutal entrada. Una sucesión de tramos muy empinados y exigentes que obligaban a la mayoría de la gente a andar una buena media hora actuaban a modo de filtro natural. Unos meses atrás, y sin nada mejor que hacer, el Forest Service decidió rediseñar su trazado, obliterando el antiguo camino y construyendo una serie de curvas que ahora permiten un acceso mucho más fácil en plato medio. Originalmente se alegaba que el principal motivo de este retrazado era frenar la erosión provocada a causa del pobre diseño del camino. Ahora, tan sólo medio verano más tarde, varios tramos del otrora perfecto descenso exhiben, en forma de canales y baches de frenado, las obvias cicatrices del desgaste provocado por el súbito incremento de tráfico. Lo que pretendía ser una mejora se ha convertido en un nuevo problema. Estoy de acuerdo en que la mayoría de los caminos necesitan de un periódico mantenimiento para asegurar su conservación y, comprendo que en casos específicos éstos deban modificarse y rediseñarse para evitar su total destrucción. Por supuesto, también deben crearse caminos asequibles a todo biker. Pero también deben preservarse esos que son duros y difíciles... por eso no te diré dónde voy mañana. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Octubre 2000 Sólo Bici N.º 113 TREPIDANTE DESPEDIDA La fiesta de despedida de soltero de mi amigo Pat fue sonada sin ni siquiera tener que contratar bailarinas desnudas. Incluso el flujo de alcohol fue mucho más bajo que el de Coca-Cola. En un idílico claro en el bosque, no muy lejos del pueblo, montamos lo que podía pasar por un campamento de terroristas afganos. Tiendas, tumbonas y bicis yacían esparcidas en el prado. Había media docena de 4x4 polvorientos, una enorme pila de leña que parecía lista para incinerar viva a una bruja, y parapetados tras el toldo de la cocina Wes y Geo, montaban el ¿lanzapatatas? de largo alcance. El lanzapatatas era una impresionante materialización de la fértil fantasía de Wes Williams, maestro del titanio e inventor de artefactos ofensivos. Se trataba de un tubo de PC de unos dos metros que albergaba una cámara de combustión a la que se echaba un poco de fluido de mechero y un cañón en el que se cargaban a presión las patatas que servían de munición. El resultado era una pieza de artillería capaz de lanzar misiles tuberculosos con gran precisión hasta distancias de 200 m. Era diabólico. Practicamos puntería con árboles, rocas y tiendas y luego aterrorizamos a los vehículos que se aproximaban a nuestro campamento. Una familia que ya acampaba en la otra punta del claro antes de nuestra llegada, inmediatamente desmontó campamento, cargó sus bultos en el coche y desapareció como escapando de una súbita erupción volcánica. No obstante, lo mejor de todo fue que Pat decidió que su ritual de pasaje a hombre casado era un sendero que debía ser rodado en bici. Pat es un ex alcohólico que no había bebido una gota de alcohol desde hacía más de dos años, y la bici fue el tratamiento indispensable en la curación de su enfermedad. Pedalada a pedalada reconstruyó su persona y logró experimentar de nuevo la incomparable dicha de sentirse sano y fuerte. No sólo eso, sino que de ser un ciclista mediocre y resacoso a quien siempre había que esperar, pasó a ser un mutante sobre dos ruedas capaz de producir una ilimitada destrucción. Los dos días de celebración fueron una combinación de trepidantes excursiones en bici y a pie. El primer día rodamos hasta la base de una conocida montaña de la zona, dejamos las bicis en un bosquete de coníferas y a pie nos pateamos un amplio lomo hasta alcanzar su cima, que todavía ostentaba los últimos restos de nieve de un invierno frugal. Al inicio del descenso, lo que empezó como un pequeño juego de "¿a ver quién llega antes hasta las bicis?" se convirtió en una frenética carrera que nos dejaría exhaustos durante muchos días. Al llegar a las bicis, Pat se percató de que su montura había desaparecido, y sólo después de unos minutos de nerviosa búsqueda, se dio cuenta de que había estado buscando en el lugar equivocado. La bici se encontraba colgando de una de las ruedas muy por encima de su cabeza, ¡en lo más alto de la rama de un árbol! Durante la complicada operación de rescate, nadie admitió saber nada del asunto, pero todos nos conteníamos las risas. A pesar del atroz dolor de cuádriceps, a la mañana siguiente reanudamos nuestras actividades celebratorias después de un par de cañonazos patateros. Fuimos en bici más allá de la línea del bosque, hasta un lago de aguas heladas en el que Pat culminó su simbólico ritual. Por los gritos que soltó, creímos que sufriría un paro cardíaco, pero al final logró sobrevivir y emergió de las aguas heladas convertido en un hombre nuevo y preparado para todo lo que el futuro jamás pueda depararle. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Noviembre 2000 Sólo Bici N.º 114 PASIÓN Sin pompa ni pretensiones, recientemente se celebró aquí en Crested Butte, el vigesimoquinto aniversario del Pearl Pass Tour. Se trata de un evento que nació de la rivalidad existente entre las poblaciones montañesas de Aspen y Crested Butte. En 1975, un grupo de motoristas de Aspen superó el intratable collado de Pearl Pass, que con sus 4.000 m de altura separa ambos pueblos, y se jactaron de su hazaña delante de los habitantes hippies de Crested Butte. La reacción no tardó en producirse, y los muchachos de Crested Butte les devolvieron la pelota a los engreídos de Aspen saltando el mismo collado... pero sobre sus bicis de ruedas gordas. ¡Toma lección! Mi experiencia en esta actual edición fue como un viaje en el túnel del tiempo hasta los días en que todo esto del Mtb. empezaba. Tratándose de la primera travesía épica en mountain bike, el Pearl Pass Tour es un recorrido sorprendentemente duro e infame por su terreno destructor y la meteorología siempre caprichosa que domina sus alturas. En más de una ocasión, los participantes han tenido que enfrentarse a condiciones semejantes a las que encontraría una expedición en el Himalaya. Mientras uno asciende penosamente, medio en bici, medio a pie, por sus interminables pedreras y neveros, sofocándose en el aire enrarecido de las alturas, es imposible no sospechar que los primeros bikers que patearon estas cuestas arrastrando bicis que pesaban el doble que la mía utilizasen algo más que pastillitas de glucosa para llevar a cabo tal salvajada... después de todo, aquélla fue la era de la psicodelia. Por suerte, en esta ocasión pudimos gozar de un tiempo perfecto, de manga corta. Los bosques de abedul que cubren la zona inferior del trayecto ya empezaban a vestir su amarillo otoñal y las cimas más altas de las Rocky Mountains de Colorado lucían sus recortados perfiles contra un diáfano cielo azul. Yo efectué casi toda la travesía con Dave Lindsay, un viejo amigo cuya experiencia en el Pearl Pass data de 1979. Junto a él aprendí que a finales de los 70 y a principios de los 80 el Pearl Pass Tour se convirtió en un evento popular y prestigioso al que acudían hasta 400 bikers provenientes de todo el país equipados con lo último en la tecnología todavía casera del mtb. Al pasar por un bucólico claro entre los abetos, Dave me dijo: "Una vez, los de Suntour montaron aquí una parada en la que tomaban fotos de las bicis que usaban los excursionistas. Querían estar al día de las nuevas tendencias, y el Pearl Pass Tour era la mejor ocasión para ello". Más tarde, al llegar a unos amplios prados que hay al lado de un arroyo antes de iniciar la ascensión final, Dave comentó nostálgicamente: "Aquí pasamos la noche un par de veces; un Jeep cargaba hasta aquí los víveres, la mitad de los cuales eran cerveza. Por la noche nos emborrachábamos y, al día siguiente, nos tambaleábamos hasta Aspen". Dave tiene 55 tacos y sube y baja con la potencia y destreza de alguien con la mitad de sus años. En el lado de Aspen hay un tramo en el que la pista se empina y erosiona hasta convertirse en una trialera acongojante. La mayor parte del grupo ni siquiera se planteó rodar esa sección, y los que lo intentamos acabamos de morros por las piedras. Dave es el único que superó ese maldito campo de minas sin desmontar una sola vez. Una vez abajo, Dave nos esperaba con su bigotuda sonrisa de hombre Marlboro, y uno de los jóvenes del grupo, visiblemente impresionado por su destreza, comentó: "Supongo que con aquellas primitivas bicis que se usaban hace 25 años, todo esto hubiera sido imposible de rodar", a lo que Dave respondió con toda naturalidad: "No, que va, era exactamente lo mismo. Lo de menos eran las bicicletas, lo que más contaba entonces y sigue contando ahora es... ¡la pasión!". Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Diciembre 2000 Sólo Bici N.º 115 QUE SUBA LA GASOLINA Sería acertado decir que una de las virtudes más seductoras de la bicicleta, y más concretamente del mtb, es su inapreciable valor como vehículo de evasión con el que escapar de nuestras frustraciones, de nuestros cuelgues mentales e incluso de nuestras responsabilidades sociales. Mientras estoy perdido en el éxtasis sensorial, en el espacio eufórico al que me transporta mi bici, bien podría llegar el fin del mundo y yo ni me enteraría. Voy en bici, luego existo. Vale, está bien que todos nos beneficiemos de esta vertiente ¿terapéutica? y lúdica de la bici. Después de todo es más barato (a la larga), casi siempre más divertido y mucho más saludable que recurrir al psicoanálisis o a la farmacología. Pero también creo que debemos esforzarnos por salir de nuestro trance hedonístico y usar la bici como el utensilio de reivindicación social que es. Sea por pura chiripa o por acto consciente, las bicis de las que tanto disfrutamos son uno de los artefactos mecánicos más simples, eficaces y limpios que ha creado el hombre, y por ello pueden ser motivo de inspiración en nuestro camino hacia la creación de una sociedad sostenible, capaz de existir más en equilibrio con el entorno natural que no a costa de este. La bicicleta no sólo nos acerca a la naturaleza de una manera mucho más armónica que jamás pueda hacerlo cualquier vehículo motorizado, sino que también exalta nuestra apreciación y respeto por ésta. Estoy seguro de que llegará un día en el que los historiadores del futuro mirarán hacia nuestra era sintiendo gran repugnancia por la falta de respeto con que se trata la naturaleza, ante la patética dependencia por los derivados del petróleo y energías no renovables que afligían a nuestra sociedad, ante la insaciable sed material que nos consumía y sentirán cierta admiración por esos rebeldes bikers que se paseaban por los montes y las ciudades limpias y silenciosamente. No, no voy de profeta ni tampoco creo que la bicicleta sea la salvación del mundo, simplemente quería alentarlos a que utilicéis vuestra bici más que vuestro coche y a seguir subiendo montañas a golpe de pedal en lugar de hacerlo pisando el acelerador de una máquina tragasolina. Nuestro motor es nuestro corazón. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Enero 2001 Sólo Bici N.º 116 DE HIELO Y BICIS Hoy me he dado el primer hostión sobre hielo de la temporada. Gracias a la maléfica combinación de una nevada húmeda proveniente del Pacífico, seguida de un anticiclón de frío polar (estamos a 25º bajo cero), las calles del pueblo son ahora una pista de patinaje artístico ligeramente inclinada, en la que peatones, coches y ciclistas efectuamos nuestras acrobacias de turno. Esta vez ha sido una pequeña rugosidad de hielo la que me ha hecho caer de morros justo enfrente de la oficina de correos. Normalmente, mis caídas son bastante elegantes, pues tengo mucha experiencia en el tema, pero hoy la leche me ha pillado totalmente desprevenido y en menos de un nanosegundo me he encontrado despatarrado en medio de la calle con la bici por un lado y mis Oakley por el otro, en el preciso momento en que mi amiga Eliane salía de correos. "¡Xavi, vaya porrazo! ¿estás bien?", exclamó ella con visible preocupación. "Sí, no me hecho nada", le mentí desde mi contorsionada posición, físicamente ileso pero con mi ego hecho añicos. A buenas o a malas, las heladas calles de Crested Butte son ahora mi nuevo reto ciclista. Es casi siempre a estas alturas del año, entre finales de octubre y mediados de noviembre, cuando la temporada de bici de montaña llega a su ineludible fin. A veces, si el tiempo lo permite, logramos alargarla un poco, rodando sobre algunos de los senderos y pistas más frecuentados, en los que la primera nevada ha quedado compactada por viandantes o vehículos; pero más temprano que no tarde, la nieve profunda y los fríos siberianos que se abaten sobre este rincón de las Rocosas se encargan de aplastar eficazmente cualquier intentona de salir en bici. Durante casi seis meses, la montaña será asequible sólo para quienes esquiamos, y nuestra única oportunidad (a menos que nos tomemos un viaje al sur) de no perder esa sensación de reto y emoción que experimentamos en el mtb es afrontar las calles del pueblo en bici por horribles que sean las condiciones. Otro incentivo para usar la bici como vehículo de transporte en Crested Butte es que si sales a hacer un recado en coche, como ir al supermercado, que está a seis manzanas de casa o a correos, que está a cuatro, te arriesgas a que tus colegas bikers te echen bolas de nieve a bocajarro o que te abucheen en público. Ir en coche es casi un sacrilegio... incluso en invierno. Así pues, frecuentemente me veo yendo aquí y allá en bici, con sólo mi nariz asomando de entre mis múltiples capas de forro polar y chaqueta de plumas, como si fuese un explorador ártico. Dependiendo de las condiciones del día, utilizo diferentes rutas para ir a un mismo sitio. Por ejemplo, si ha nevado la noche anterior, voy por las calles más transitadas porque son las que las máquinas quitanieves limpiarán antes. Pero si hace frío y no ha nevado desde hace días, éstas deben de evitarse porque el tráfico vehicular acaba por compactar la nieve hasta convertirla en hielo, y es mejor buscar callejones o calles secundarias en las que la nieve es más blanda. Por supuesto, siempre hay que ir con ojo con las intersecciones principales, en las que las sucesivas frenadas de los coches acaban por convertir la nieve en un hielo negro en el que no agarrarían ni ruedas de clavos. La del Banco y Correos son especialmente peligrosas. Y si de día te juegas el físico, de noche no veas. Sólo hay farolas en la calle mayor y, aunque es obligatorio llevar una luz en la bici, ésta casi siempre se queda congelada si por accidente la dejas puesta en la bici una sola noche. Entonces no sólo no ves a dónde vas, sino que los otros bikers (también sin luces) tampoco te ven y tú no les ves a ellos. El mtb nunca muere en Crested Butte. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Febrero 2001 Sólo Bici N.º 117 EN EL TEMPLO DEL DOLOR Mi expresión desencajada, la nausea que me sobrecoge como una marea negra, el fuego que arde en mis pulmones y en mis músculos, el corazón palpitando contra mi pecho con la desesperada fuerza de la bestia que quiere escapar de su jaula, mi visión borrosa y desenfocada como si hubiera bebido unas copas de más. Aquí estoy una vez más en la zona del dolor, en el reino del esfuerzo máximo, en el altar del supremo sacrificio ciclista, en ese estado, ese lugar que levanta en mí intensas sensaciones de temor y respeto pero al que, sin embargo, acudo una y otra vez inexorablemente atraído por algo intangible que escapa toda lógica. ¿Por qué? me pregunto yo, ¿por qué siento ésta llamada, esta periódica inclinación al sufrimiento, a subir cuestas del 15% con el plato mediano en lugar del pequeño, a apretar los dientes en lugar de oler las flores y a entablar batallas encarnizadas con los colegas en vez de entablar conversaciones sobre temas intranscendentes e inocuos como el estado tiempo o el diámetro de los neumáticos?. El mtb es muchas cosas, es diversión pueril, es enajenación paisajística, es camaradería, es meditación y descubrimiento, ocasionalmente es el miedo a dejarse la piel al lado del camino y también el reto físico de superarse a uno mismo y de superar a los demás. Pero hay algo más, estoy convencido de que cuando alcanzo ese punto culminante de máximo sufrimiento y de insoportable esfuerzo algo diferente y mágico ocurre. La magnífica belleza que me rodea, los bosques, las montañas y los cielos azules, incluso mis pensamientos y paridas mentales se desvanecen y pierden forma, se arremolinan y son engullidos por un vértice voraz que desemboca en un diminuto punto focal de extraña calma, en un pequeño oasis que se mece precariamente en medio del caos. No es que quiera hacer puntos para ser mencionado mártir del año o algo así, pero dicen los entendidos que el dolor, como el fuego, purifica y creo que debe ser verdad. En el fondo, todos buscamos redención y tenemos nuestra propia manera de conseguirla. La mía es darle al pedal. Paradójicamente, y no sin cierto humor macabro, la duración de tu tiempo de visita a este recinto oculto de tu consciencia es directamente proporcional a lo bien entrenado que estés. O sea, cuanto más entrenes, cuanto más sacrificio hayas puesto en tu progresión física y mental, cuanto más dolor hayas experimentado, más tiempo podrás estar allí, columpiándote en ese preciso y efímero momento que refleja con fidelidad digital la esencia impermanente de nuestra propia existencia. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Marzo 2001 Sólo Bici N.º 118 SALUDOS DESDE LAS ANTÍPODAS Increíble. Hace apenas dos días que me deslizaba inmaterial como un fantasma esquiando en la etérea nieve polvo que cubre las montañas de Colorado en esta época del año, sintiendo el punzante aire invernal en mi cara, y hoy he pedaleado mi bicicleta hasta una playa semidesierta lamida por las cálidas y cristalinas aguas del mar del Coral. Tal es la magia del viaje moderno. No hace mucho expresé que uno de mis deseos a cumplir este invierno era viajar a un lugar desconocido y alejado del invierno norteño. Estoy convencido de que uno debe de perseguir sus sueños y escuchar sus pasiones, y aquí estoy ahora, con un par de bañadores, un puñado de camisetas de manga corta y mi bici por equipaje en ese lugar que durante tan largo tiempo había intentado visualizar en mi mente. La posibilidad de cumplir este preciso sueño apareció cuando yo y mi compañera Karen le propusimos a un viejo amigo suyo hacer un intercambio de casas, y de hemisferios, durante un mes. Era una idea que no podía fallar. Él se pasaría ese tiempo esquiando en las míticas nieves de Crested Butte, abrigado hasta las cejas para combatir el frío glaciar del mes de enero en las Rocosas. Y nosotros nos deleitaríamos rodando semidesnudos, comiendo mangos y papayas y haciendo vida playera en el clima subtropical de Byron Bay, una pequeña comunidad surfera emplazada en el pedazo de tierra más oriental del continente austral. Bueno, la verdad es que lo de rodar no estaba muy claro. Para nuestro amigo Philip, que no es un biker, ir en bici era montarse en su oxidada mtb del año de la pera y pedalear 5 o 10 minutos en sandalias hasta una de las varias playas que tiene cerca de su casa. Ni él ni nosotros teníamos la menor idea del potencial que la zona podía ofrecer para el mtb. Antes de llegar aquí, todos mis intentos de contactar con una tienda de bicis de la zona fueron en vano. Sólo porque un impreciso mapa que encontré navegando en Internet mostraba un vago relieve montañoso en el interior de la región, decidí que valía la pena empaquetar las bicis y arrastrarlas con nosotros a medio mundo de distancia. Era una apuesta arriesgada, pero después de todo, la persecución de sueños implica aventurarse a lo desconocido y correr riesgos, ¿no? Ahora nosotros y las bicis estamos aquí, y desde las blancas arenas de esta magnífica playa en la que nos encontramos, de espaldas a las olas que se abaten sobre ella, contemplo encantado y a la vez aliviado un horizonte de escarpadas sierras verdeantes y los jirones de nubes que danzan entre ellas. Por fin he contactado en persona con la tienda de bicis del pueblo y me han confirmado que escondida en la espesura de sus selvas existe una fenomenal red de senderos. El horizonte está lleno de esperanza. Estoy seguro de que pronto os tendré preparado un reportaje completo. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Abril 2001 Sólo Bici N.º 119 ARCAICO COMO UN ORNITORRINCO La lluvia ha llegado y lo ha hecho con malicia. Llueve como si el cielo fuese una gigantesca bolsa de plástico rebosante de agua que una mano invisible ha arrojado sobre nosotros. Los árboles se arquean peligrosamente, las ranas han dejado de croar, e incluso las babosas buscan refugio de este diluvio primordial. Arrimado a una ventana, contemplo maravillado este mundo acústico como desde la burbuja de un sumergible encallado en el fóndo del mar. Adiós electricidad, adiós teléfono, adiós vacaciones… Intuíamos que esto podía ocurrir. La amable gente de este fértil rincón subtropical de Australia nos había insinuado que "aquí podía llover mucho", con cierta gravedad en el tono de voz pero sin querer infundirnos temor, y a juzgar por la exuberancia de las selvas y el verde rico y profundo de los campos y cultivos que cubren la zona, nosotros lo creíamos. Ahora que estoy envuelto en este caos pluvioso, me doy cuenta de lo afortunado que he sido por haber gozado de unas semanas de tiempo magnífico antes de ser arrollados por la época de lluvias. De no ser así, difícilmente hubiese podido experimentar la sensación de rodar en la imponente catedral vegetal de las junglas que existían antes de que Gotswana se partiese en trozos. De respirar el penetrante perfume orgánico y almizcleño de su densa atmósfera. De moverme entre la estridente espesura jurásica sorteando sus raíces perpetuamente húmedas y piedras resbaladizas como el jabón. De sentirme observado por miles de ojillos furtivos pertenecientes a las extrañas criáturas que habitan el continente austral. De aplacar el calor sofocante en las aguas de sus ríos verdes y playas de película de náufragos. Pero sobre todo difícilmente hubiese cruzado camino con tipos tan enrollados y auténticos como Jay Carney y Norm Black. Sin estos expertos del bush austral, apenas hubiésemos rascado la superficie de este mundo arcaico y multidimensional. La esencia del MTB que se practica por estas partes es un reflejo de su entonro salvaje y hostil, y está definida por el mismo instinto animal que misteriosamente impulsa a los curtidos australianos a enfrentarse mano a mano con cocodrilos de seis metros y a manosear serpientes letales como quien juega con hámsters. No me cabe duda de que el MTB es diferente aquí. Un poco más bruto, menos sofisticado y, quizás por ello, más auténtico que el que se lleva por nuestro hemisferio. En las páginas de este número encontraréis el relato de mi experiencia con los amigos de Down Under. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Mayo 2001 Sólo Bici N.º 120 TEN YEARS AFTER Siempre me han dado un poco de corte los aniversarios. Toda esa fanfarria y tumulto a causa de una fecha marcada en el calendario me parece una chorrada y me deja sin saber bien cómo actuar. Eso es algo que me viene de lejos, porque ya de pequeño me escondía en el armario cuando el día de mi compleaños me perseguían por toda la casa con globos y dulces. Aún así, reconozco que echo un poco de menos el ser el Rey del Día, título que mis padres me otorgaban el día de mi cumpleaños y que automáticamente me daba luz verde de caprichos tales como exigir raciones dobles de calamares a la romana e ir en mi triciclo a toda velocidad por los estrechos pasillos de casa. Estamos en el décimo aniversario de SOLO BICI, y hay que admitir que una década es un segmento de tiempo considerable en la vida de un ser humano. En ese tiempo imperios nacen y desaparecen, semillas se convierten en árboles y calvicies incipientes en calvas definitivas. Diez años son muchos años para mí, muchos más para un perro, y también lo son para una revista especializada. SOLO BICI ha sobrevivido al capricho de las modas y a los coletazos de la economía y la industria, y eso solo ya merece un aplauso. Pero antes de aplaudir inopinadamente a diestro y siniestro como un fantoche, debo recapacitar sobre cuáles son mis verdaderos motivos de celebración. Sí, cómo no, debo de felicitar a los señores enfundados en trajes grises que pagan mi sueldo y que durante los últimos diez años me han permitido llevar a cabo una vida repleta de aventura y experiencias inolvidables. También debo expresar la más sincera gratitud hacia mis pacientes colegas de redacción por depositar su fe en mi trabajo y sobre todo por consentir (aunque a veces les sea duro) el que nunca aparezca por la oficina, algo que diez años atrás era un concepto laboral verdaderamente revolucionario en todo el estado español. Pero mis más efusivas felicitaciones van dirigidas a vosotros, los miles de lectores que nos han seguido durante todo ese tiempo y también a aquellos hombres y mujeres del mundillo que en un momento u otro han servido de inspiración a mis reportajes. Sin ellos, la revista sería tan inútil como una bicicleta sin ruedas. SOLO BICI es un negocio, un objeto de consumo, un boletín de noticias, un manual del manillar y también un medio infalible para transmitir emociones, sensaciones e ilusiones compartidas. Lo mejor que podemos hacer para celebrarlo es continuar dándole al pedal día a día y seguir maravillándonos ante este mundo tan fascinante y misterioso. Salud y viva el rock & roll. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Junio 2001 Sólo Bici N.º 121 HERMIDA LEVANTA PASIONES Allí está él, solo por delante de los mejores corredores del mundo. Calado por la lluvia que ha caído a ratos y cubierto de pies a cabeza por el barro fértil de estas partes de California que ahora escupen sus neumáticos. Pedalea con sus sentidos totalmente alerta y con la mirada confiada del atleta que huele su gran día. Al verlo, una sensación eléctrica me recorre el cuerpo y quiero animarlo a gritos como hacen los cientos de espectadores desperdigados por los alrededores, quiero correr a su lado vociferando como el fan más fan de Pantani, pero no puedo porque estoy paralizado en mi incómoda contorsión de fotógrafo, intentando capturar este momento grandioso. Cuando pasa por delante de mí sólo logro balbucearle un quebrado "¡vinga, Josep!" ('venga, Josep'), pero por dentro estoy a punto de explotar de emoción y alegría por este chaval de Puigcerdà que ha puesto a España en el mapa internacional del rally. ¡Alucina con lo que está haciendo! "¡Éste llegará a campeón!", me decía mi buen amigo Josep Puig refiriéndose a Hermida. Y eso era mucho antes de que hubiese ganado los Campeonatos del Mundo Júnior. Puig era el propietario de Top Bikes, la tienda de bicis de Puigcerdà por la que frecuentaba el joven Hermida a soñar y a ponerse al día de lo que ocurría en el mundillo del mtb. Desde el primer día, Puig supo verle la chispa de campeón que lucía en sus ojos y le ofreció su apoyo incondicional para proporcionarle material, haciéndole de entrenador improvisado y llevándolo a correr en las primeras carreras regionales que fueron su período formativo. Hermida y yo nos conocimos a través de Puig, y lo que inmediatamente me llamó la atención fue su carácter cordial, espontáneo y sincero. Era imposible no ser su fan incondicional aunque todavía no hubiese ganado nada. El resto de la carrera en Napa fue para mí como una desenfrenada película de suspense. Estaba aislado en la parte alta del circuito y no podía saber lo que ocurría en la carrera hasta que los corredores volvían a pasar por delante de mí. A la cuarta vuelta, Hermida ya no iba solo. Bui y Hanisch estaban con él, pero se le veía bien y pedaleaba con soltura y potencia. Tranquilo, sé paciente, vigila con las caídas,... le intentaba decir yo telepáticamente. Al final de la quinta vuelta no podía más y decidí bajar corriendo hasta la línea de meta. No quería perderme por nada el final de la carrera. Los altavoces ratifican que el trío sigue en cabeza cuando sólo faltan un par de kilómetros, y entre los fotógrafos que estamos amontonados en nuestro recinto frente a meta se lanzan apuestas de última hora. Por fin el locutor grita que algo ha ocurrido, que el trío se ha roto y que un corredor ha logrado escapar: es Hermida. Apunto la cámara hacia la línea de meta y al cabo de unos segundos allí aparece él brazos en alto, exultante y victorioso... En el caos de la posmeta, Hermida es asaltado por las hordas de reporteros y él les contesta en inglés, en italiano, en español, en francés, como si estuviese en la Torre de Babel donde se hablan todas las lenguas. Está tan contento e iluminado, que estoy seguro de que podría hablar en suajili. Los de la UCI raptan a Hermida y lo ponen delante de una cámara de televisión, y Peter, el locutor de la UCI, un hombre que lleva más de 10 años anunciando campeones y celebrando sus victorias a todo pulmón, empieza su interviú con Hermida dándole un apretón de manos y diciéndole con sincero respeto en su modulada voz: "¡José Hermida (pausa)... encantado de haberte visto ganar la carrera (pausa)... siempre he creído que eras un gran campeón! No hace falta decir nada más". Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Julio 2001 Sólo Bici N.º 122 OJO CON LA SS En el editorial del n.º 119 de SOLO BICI, Eduard Aguilera nos relató con viveza un segmento de su experiencia en bici por los agrestes espacios de Arizona, y expresó su atónita sorpresa cuando, en plena excursión, se topó con dos bikers que forzaban su marcha sobre el dificultoso terreno montados en bicis singlespeed (SS), o sea, de una sola velocidad. Y no es para menos, pues empujar un desarrollo de 32 x 17-18, que es la combinación más normal en una SS, durante una subida sostenida y encima técnica, exige una potencia y habilidad de héroe de cómic, o bien haber recibido un impacto directo y muy duro en la cabeza. Pero en lo que no estoy de acuerdo es en su posterior conclusión de que el SS es una moda y de que, además, es usada fuera de su contexto. Con todo respeto y admiración por mi colega de trabajo, su declaración me parece incorrecta e injusta. Quizás sea porque vivo en un lugar en el que el mtb en singlespeed es una cosa bien normal y asimilada, por lo que mi perspectiva es diferente respecto a este asunto. Seguro que existen adeptos a esta modalidad, como Edu ya mencionó, que han sido atraídos por ella simplemente para llamar la atención, pero lo mismo podría decirse de muchos con chorrocientas velocidades entre piernas que se dedican a marcar la diferencia comprando lo último y más caro que sale al mercado cada año aunque, a la hora de la verdad, su concepto de entreno duro sea ir hasta el bareto más cercano a por la cerveza y los berberechos. En el fondo, todos procuramos dar la nota de alguna manera, pues destacar por encima de los demás, ser diferentes, sigue siendo un comportamiento que responde a nuestros más primitivos instintos de supervivencia. Sin embargo, la mayoría de los singlespeeders practican el mtb de una velocidad por otras razones. Simplicidad y ligereza quizás sean las más obvias de todas ellas. Sácale a tu bici las manetas de cambio, el desviador trasero y delantero, dos de los tres platos y todos los piñones menos uno, y tendrás una máquina fiable y a prueba de fallos mecánicos que casi nunca necesitará mantenimiento y que puede pesar hasta un kilo menos en la báscula. Características todas ellas que la hacen ideal en el barro y en la lluvia, verdadero terror de las transmisiones. Por supuesto, el factor económico también es sumamente atractivo. Te ahorrarás dinero tanto a la hora de equipar tu bici como al hacer su mantenimiento. En la actualidad existen decenas de fabricantes (hay 38 sólo en EE.UU.) que ofrecen un modelo específico SS en su gama de mtb, entre ellas Bianchi, Kona, Ibis, Santa Cruz, Salsa y Moots. ¿Moda?... Más bien un culto underground. Salir al monte con una SS no supone ni mucho menos renunciar a tu mtb multivelocidad. Buena parte de la gente que conozco en el mundillo combina las dos modalidades y están convencidos de que con la SS logran un entreno inmejorable que luego es aplicable sobre la bici convencional. A piñón fijo, uno no tiene otro remedio que depurar la técnica y economía de movimiento en la pedalada, al tiempo que en escalada obviamente se trabaja más la potencia. Desde luego también está el atractivo que supone el experimentar una sensación diferente dentro del mtb. De vez en cuando, a mí me gusta salir al monte con la bici de cross. Te sacude los huesos cosa fina y es como usar un caballo purasangre para labores del campo, ¿qué es una tontería?, quizás... pero yo disfruto como un enano, y para mí es prueba de que el mtb se manifiesta en extrañas formas. Otros bajan precariamente palas de nieve escalofriantes sobre esquís de telemark cuando podrían hacerlo en la relativa seguridad del equipo de esquí de montaña convencional. Cada uno con su historia. ¡Ah!, por cierto, si queréis ver de qué va la cosa, no os deberíais habéis perdido los Campeonatos del Mundo de Singlespeed, que se celebraron del 1 al 3 de junio en Bristol, Inglaterra, y habríais comprobado que son bastantes los chalados que andan sueltos por ahí. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA 95
Agosto 2001 Sólo Bici N.º 123 NO TODO ES DARLE AL PEDAL Jóvenes con piernas afeitadas y tatuajes góticos, hermosas chicas en bikini, currantes de toda la vida, gente mayor con caras curtidas y manos callosas, amas de casa infatigables... gente de todo tipo esgrimieron picos y palas y trabajaron al unísono como hormigas obreras este pasado fin de semana en el que se celebraba la primera Jornada del Sendero de esta temporada. En total, los 120 individuos que acudieron a la cita, la mayoría de ellos bikers, pero no todos, representaron a un 10 % de la población de Crested Butte. Una cifra impresionante, sobre todo si se tiene en cuenta que era un día despampanante de primavera perfecto para salir de excursión al monte. El fruto de ese día de trabajo voluntario fue un nuevo sendero de 3 km de recorrido que, partiendo del mismo pueblo, permitía conectar, sin necesidad de gastar goma en el asfalto, con la extensa y creciente red de senderos que ostenta la zona. Senderos que han hecho de Crested Butte un destino emblemático en el marco mundial del mtb y a la vez un modelo de activismo popular que se ha propagado como fuego por todo el país. El programa en cuestión consta de cuatro o cinco días de trabajo, repartidos en los meses de verano, en los que participan un equipo mixto de voluntarios y miembros del Forest Service. Normalmente, en estas jornadas se tiene como objetivo un segmento determinado de sendero necesitado de mantenimiento o que debe ser retrazado por problemas de erosión o desviado para evitar algún terreno privado o, simplemente, los esfuerzos se concentran en abrir todo un nuevo sendero entero. La clave del éxito de este programa sin duda reside en la cooperación entre un organismo oficial y la comunidad biker. En este caso, el Forest Service provee las herramientas y el apoyo técnico, y los voluntarios, organizados por el club ciclista del pueblo, el entusiasmo y la mano de obra. También existe un número de espónsores locales que ofrecen la comida y bebida para los participantes y regalos que se rifan durante la fiesta que se celebra al final de cada jornada. Está claro que si queremos un futuro largo y saludable para el mtb, alguien debe acondicionar los senderos existentes en deterioro y crear otros nuevos, diseñados con el mtb en mente, que acomoden al creciente número de usuarios. De ahí que la puesta en práctica de programas como éste sea tan importante, ya que en ocasiones puede marcar la diferencia entre la decadencia del mtb o su pujanza. Participar en tales eventos es, contrariamente a lo que pueda pensarse, una actividad en la que la camaradería y diversión tienen lugar. Al final del día, normalmente a media tarde, siempre se forman grupos de amigos dispuestos a poner las primeras huellas de neumático sobre la tierra virgen. Yo me uní a uno de ellos, y en la bajada, con la sobreexcitación del día, también fui el primero en dejar la marca de mis dientes en el sendero... justo en la curva en la que tanto había estado trabajando esa misma mañana. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Septiembre 2001 Sólo Bici N.º 124 INDEPENDENCE DAY El 4 de julio es una fecha importante en los Estados Unidos de América. Fue en ese preciso día, 225 años atrás, cuando los habitantes del Nuevo Continente optaron por propinarle el gran puntapié al mismísimo trasero de Su Majestad la Reina de Inglaterra y tomar las riendas de su propio destino. Para conmemorar este histórico evento, todo pueblo y ciudad en la vasta inmensidad de este país monta su propio tinglado celebratorio y, de este a oeste, los cielos se saturan de confeti, globos, banderitas y fuegos artificiales en lo que es la mayor y más efusiva fiesta del calendario nacional. Los americanos se toman su libertad e independencia muy en serio, de eso no hay duda. Y vete a saber, si no se hubiesen constituido como nación, es muy probable que sus preciosas vidas en la cúspide de la pirámide capitalista serían muy diferentes de lo que son... y las nuestras, seguramente, también. Los americanismos que han adoptado nuestra cultura no existirían, no vestiríamos esas ridículas camisas hawaianas con estampados de flores, ni comeríamos cheeseburgers; ni iríamos a Disneylandia, ni escucharíamos a Jimi Hendrix y, aunque sólo sea una hipótesis aventurada, quizás, sólo quizás, tampoco andaríamos en bicis de monte. Sí, la misma existencia de nuestro deporte sería cuestionable de no ser por ese gran día en la historia. Cómo no, desde su encantadora guarida de las Rocky Mountains, Crested Butte también se une al jolgorio general una vez llegado el 4 de julio. Hay extrañas cabalgatas con gente disfrazada de vacas, coliflores de presidentes Bush babeando y chupándose el dedo bobamente, muchas pistolas de agua y gente empapada; hay conciertos de grupos rockeros, bellísimas chicas danzando por las calles, puestos de perros calientes y un montón de beodos que se tambalean en plena tontería etílica. Al final del día se lanzan los fuegos artificiales y yo siempre procuro tirar algún petardo. A mí, todo esto de que se celebre la libertad y la independencia me parece muy bien, pero lo que más me gusta de ese día tan especial es la excursión en bici que tradicionalmente hacemos con un grupo de amigos. Como es costumbre, salimos temprano con el fresco de la mañana y subimos por una pista que ni los 4x4 más pintados se atreven a pasar. La pista sube y sube de mala manera, y hay tramos que son auténticos pedregales en los que lo único que puedes hacer es atacar a máxima cadencia con el plato pequeño hasta que, o bien explotas, o te para en seco un pedrusco del tamaño de una pelota de fútbol. Pero luego la pista se convierte en sendero y, por fin, alcanzamos un collado tallado como un hachazo en la arista montañosa. Fin de trayecto. Al otro lado, y bajo nuestros pies, se abre un circo de crestas recortadas y pequeños lagos alpinos incrustados en un tapiz verde que se llama Democrat Basin, o 'valle democrático'. No tengo la menor idea de por qué se llama así, pero es un lugar de nombre adecuado para nuestro propósito. La cuestión es que esta pequeña peregrinación es nuestro tributo a la libertad, a la belleza que nos rodea y a las piernas y las bicicletas que nos han traído hasta aquí. Este año, Karen incluso cantó a pleno pulmón con su dulce y potente voz el himno nacional con la excusa de acelerar mi asimilación en el país. Por supuesto, siempre llegamos al pueblo a tiempo para los fuegos artificiales. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Octubre 2001 Sólo Bici N.º 125 UN CASO DE SINERGIA En circunstancias normales, el que un buen amigo tuyo venga a pasarse el verano por tu pueblo debería de ser motivo de alegría. Sin embargo, en el caso de Lou, la cosa no es tan simple y clara. Hoy me lo he encontrado por vez primera al salir de la pizzería. Si me descuido casi me rompe la mano con uno de sus hercúleos apretones. El tío lo hace todo con una vitalidad contagiosa y testosterónica que te captura totalmente. Después de ponernos al día y de hacer planes para salir en bici a la mañana siguiente, Lou se ha despedido de mí como siempre lo hace. Me ha echado una mirada desafiante llena de bestialidad primordial y me ha dicho: "¡Prepárate, Xavi,... que mañana te haré currar de verdad!". Y cuando Lou dice eso, sé que lo dice en serio y un escalofrío me recorre la espina dorsal de arriba abajo como el tacto del frío acero de la espada de un verdugo sádico. Creo que de ahí que el hecho de que pase su verano sabático en Crested Butte despierte sentimientos ambiguos en mí. De lo que no me cabe la menor duda es de que será un verano largo... muy largo. Hay individuos misteriosamente capaces de instigar en ti tus instintos más salvajes, y Lou es uno de ellos. Es imposible salir con él en bici sin acabar absolutamente destrozado y al día siguiente despertarte sintiéndote como un calcetín usado. Los dos nos conocimos hace mucho tiempo en los precipitados recorridos de Moab, lugar del desierto de Utah en el que él fundó la Western Spirits Cycling, una compañía modelo en los viajes de aventura en mtb. Desde entonces hemos tenido la ocasión de compartir unas cuantas e inolvidables aventuras por el amplio oeste americano, cada una de ellas con un denominador común: su intensidad electrificante y transformadora. Ahora, mientras estoy en casa cargando el camelback para la salida de mañana, me siento excitado como un niño el día antes de las vacaciones del cole. Pienso en lo fascinante que es el que yo pueda salir un día tan tranquilo de paseo, oliendo las flores y admirando el paisaje con apreciación de monje budista, y que al siguiente, con Lou, le esté dando vueltas a los pedales como poseído por el mismo demonio, jugándome el físico como si no existiese el futuro y estrujando hasta la última gota de energía. Es parecido al caso de Dr. Jekyll y Mr. Hide. Aquello de la doble identidad y la polaridad del universo. ¡Ufff!, tengo que irme al sobre temprano para mañana poder levantarme fresco como una rosa… creo que en el fondo me gusta que Lou haya venido a pasar el verano. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Noviembre 2001 Sólo Bici N.º 126 UNA TENUE LUZ EN LA OSCURIDAD En esta época del año, el profundo valle en el que anida la población de Vail es un mosaico caleidoscópico de bosques en pleno esplendor otoñal y de cumbres espolvoreadas por las primeras nieves, que te deja boquiabierto y te empaña de bienestar general. A nadie le cabe la menor duda de que este rincón de las Montañas Rocosas es un marco perfecto e idílico en el que celebrar la gran fiesta del Campeonato del Mundo. Sin embargo, y en agudo contraste con toda esta belleza cegadora, una sombra fría y oscura se cernía sobre las manicuradas calles pseudotirolesas de Vail y sobre todos los que logramos llegar hasta allí con ocasión de atender los Mundiales. Justo después de los trágicos eventos acontecidos el martes día 11 de septiembre, la UCI y la organización de Vail tuvieron que enfrentarse al dilema de si los Mundiales debían continuar o no. No era una decisión fácil. Después de todo, frente a la desgracia que había ocurrido, todo, incluidos los mismos Mundiales, parecía inmensamente trivial y carente de todo sentido y valor. Numerosos atletas expresaron su desgana por competir, la mayoría de la prensa mundial no iba a poder llegar a causa del caos aéreo y, por la misma razón, el número de espectadores seguramente sería una fracción de lo que podría haber sido. Quizás sería mejor dejarlo para otro año. No obstante, al final, la comisión apostó por tirar hacia delante y recomponer el calendario de actos para hacer que el viernes día 14 fuese un día completamente dedicado a la reflexión y al duelo. En retrospectiva, estoy seguro de que ésta fue la decisión más acertada. La conmovedora y bien atendida ceremonia de duelo que se celebró el viernes se desveló eficaz para dejarnos desfogar de forma colectiva nuestras emociones y miedos. Durante ésta, centenares de personas de todas las nacionalidades lloramos escuchando el mensaje de paz y esperanza, nunca de venganza u odio, que allí se nos transmitió. De hecho, para mí, y creo que para muchos más, fue esta congregación tan pacífica y fraternal la que cambió mi actitud y me permitió gozar, más o menos plenamente, del resto del fin de semana. De alguna manera, después de este evento la belleza de Vail volvió a brillar un poco más y los Mundiales no fueron simplemente un frío espectáculo de virtuosidad atlética, sino también una muestra ejemplar de unidad, deseo de paz y buenas vibraciones. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Diciembre 2001 Sólo Bici N.º 127 ¡OH, OTOÑO! Hay un montón de factores que convergen para hacer que el otoño sea, quizás, mi época preferida para salir al monte con la bici. Por supuesto, están los mil colores que salpican el paisaje, la magnífica alfombra de hojas crujientes que se desenrosca delante de mis neumáticos, y el aire fresco y revitalizante que penetra mis pulmones. Pero diría que es la naturaleza frágil y pasajera del otoño en las montañas la que me fascina y afecta más profundamente. El otoño me recuerda a una bella figura de cristal a punto de ser hecha añicos de un martillazo. En el aire flota el suspense de la inminencia del invierno, de la llegada de la primera gran nevada del año. Sabes que cualquier mañana puedes levantarte y encontrarte ante un nuevo mundo blanco y frío, y ese conocimiento te incita a saborear y apreciar intensamente esos preciosos momentos de delicada paz y calma antes de la tormenta. Creo que debe de ser por todo esto y también porque todos estamos un poco quemados después de darle al pedal frenéticamente todo el verano, por lo que las excursiones en grupo adquieren otra dimensión en esta época del año. Es realmente extraño, creedme, salir a rodar con colegas como Geo, Expresso Bob o Lou sin sentirse temeroso y preocupado como el soldado que va a la guerra. Sin que uno experimente esa jodida sensación de hallarse al borde de sufrir un derrame cerebral o un paro cardiaco a causa de los repetidos esfuerzos máximos incurridos durante los constantes ataques y contraataques del grupo. Sin que la belleza del paisaje sea un borrón multicolor en la espesa neblina del dolor. De repente, al llegar el otoño, parece como si entre nosotros se fumase una figurativa pipa de la paz, o se pactase una tregua en nuestra interminable batalla de los Cien Años. Las paradas son más frecuentes y largas, el ritmo más sosegado y contemplativo, y hasta el mismo Lou dice cosas como: "¿Habéis visto el magnífico color de ese bosquete de abedules?", y todos lo miramos como si hubiese recitado la Biblia al revés, porque eso es algo que nunca se espera oír de los labios de este hombretón que, por regla general, es tan rudo e impasible como un talador de árboles canadiense. Sí, realmente ésta es mi estación preferida, y ahora, si me permitís, dejad que ponga fin a mis divagaciones. Afuera hace un estupendo día de otoño. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Enero 2002 Sólo Bici N.º 128 PATRIOTISMO DE PACOTILLA Sobra decir que aquí, en los Estados Unidos de América, las cosas no son lo mismo desde el pasado 11 de septiembre. Por primera vez desde hace mucho tiempo, el tema del terrorismo, de la política global y de la crisis económica parece haberle robado protagonismo incluso al béisbol, al fútbol americano y a la misma Oprah Winfrey. Incluso en los días más brillantes y perfectos de este otoño, durante nuestras salidas en grupo de los fines de semana, en las que normalmente no se gastan muchas palabras y todo es acción, inexorablemente acabábamos divagando sobre el tema. Por ejemplo, este último fin de semana, entre inspiradas sesiones de singletrack serpenteante, mientras hacíamos parada en uno de los promontorios rocosos que dominan el estepario paisaje de Gunnison, maquinamos el secuestro de Bin Laden en su remota cueva himalaica. Con el intrépido Geo como comandante de nuestra invencible, si bien imaginaria, brigada de fuerzas especiales, y con la colaboración de nuestro amigo Roger, potente biker y especialista en cirugía estética, planeamos cruzar la colosal barrera montañosa de la frontera afgano-pakistaní montados en nuestras bicis de montaña. Una vez infiltrados en territorio enemigo, raptaríamos a Bin Laden y, con el material que llevaríamos en nuestros trailers para este propósito, lo someteríamos a una drástica y absoluta operación de cambio de sexo y luego lo liberaríamos como mujer en el régimen talibán. No cabe duda de que sería un castigo efectivo. Bromas aparte, también abordamos con más seriedad temas que a nosotros, como grupo más bien insurgente y pacifista que somos, nos parecen difíciles de comprender. Por ejemplo, el fascinante y extraño fenómeno del patriotismo americano. ¿Qué es el patriotismo aparte de ondear banderitas al aire y apoyar la devastadora acción militar contra un enemigo intangible como el gas sin pensárselo dos veces? ¿Es el patriotismo simplemente un acto comunal de orgullo y egoísmo nacional?, ¿o es una forma extrema de expresar el respeto y apreciación por los valores y derechos humanos que han modelado un país?… Llegamos a la conclusión de que lo mejor que podían hacer todos esos millones de patriotas de pacotilla con sed de venganza es abandonar sus apoltronados y derrochadores cochazos tragagasolina suministrada en su mayor parte (un 70 %) por los países de Oriente Próximo y montar más en bici, que es más sano. Ese sería un auténtico acto de patriotismo, no todo ese tiroteo sin sentido. La necesidad de encontrar formas alternativas, más limpias y sostenibles, al consumo de carburantes fósiles es más acuciante que nunca. Vete a dar una pedalada por la paz mundial. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Febrero 2002 Sólo Bici N.º 129 HÉROES DE CARNE Y HUESO ¿Cómo?, ¡¿que Roberto Lezáun se retira?! ¡Y yo sin enterarme! Humm... A veces las noticias parecen venir en velero hasta este rincón del mundo donde Cristo perdió las alpargatas. Por supuesto tuve que enterarme por el Solo Bici de dos números atrás, en el que se le dedicó el editorial y ese magnífico álbum de fotos retrospectivas. Disfruté un montón viendo en imágenes la progresión de su carrera en el mtb. Allí estaba él en sus primeras carreras, luego en sus memorables días de carretera y más tarde durante su larga trayectoria en la élite del mtb, imágenes que a pesar de abarcar lustros, tienen un denominador común que es esa cara de niño avispado recién salido del cole. La verdad es que no lo conozco mucho. Nos habíamos encontrado en unas cuantas carreras, más que nada de la Copa del Mundo, y aunque nuestro intercambio mutuo nunca llegó a ser íntimo, recuerdo que yo siempre que lo veía pensaba que me gustaría llegar a conocerlo mejor. Supongo que debería de ser por la mirada franca y auténtica con que observaba el mundo, o por el aire campechano y sin pretensiones que flota a su alrededor a modo de aura invisible, por lo que Lezáun siempre despertó buenas sensaciones en mí, e imagino que en muchos otros que, como yo, viven la competición del mtb un poco a través de la piel de sus héroes favoritos. Héroes de carne y hueso con quienes identificarnos, seres humanos que, como tú y yo, sacan a pasear al perrito, retozan felizmente con sus niñitos, practican bricolaje en la casa y salen a tomarse unas birras con los amiguetes. Individuos que a base de una determinación y capacidad de sufrimiento modelados han conseguido alcanzar la cumbre de su deporte, pero que a la vez han mantenido la cabeza sobre los hombros y han dejado que su identidad brille por delante de su imagen. Ése es el tipo de corredor que siempre me ha conmovido. De no ser por gente como Ned Overend, Frishknecht, Sara Ballantyne, Tomac, Hermida, Lezáun y muchos otros, el mtb correría el peligro de convertirse en un deporte demasiado desapasionado, exhibicionista, pretencioso y desprovisto de la calidez humana que por suerte continúa poseyendo. Por eso, cada vez que uno de esos monstruos se retira, inevitablemente una época, un período de la historia del mtb y, por rebote, también un poco de la historia de nuestras vidas se termina. Claro está que en el fondo me alegro por Lezáun. Estoy seguro de que tiene una lista de diez mil cosas que querrá hacer con su vida. Sólo espero, aunque sea egoísta, que entre ellas esté el tomarse unas vacaciones largas que lo traigan a Crested Butte, a perderse de excursión por sus espacios salvajes, a trepar sus cumbres rocosas sin tener que pensar en la próxima carrera. Así quizás pueda conocerlo un poco mejor y personalmente darle las gracias por los años de inspiración. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Marzo 2002 Sólo Bici N.º 130 ¡FELIZ AÑO NUEVO! No sabéis lo feliz que soy de que haya empezado este año nuevo, del que ya nos hemos comido casi dos meses. Por más que intente controlar mi cinismo, las fiestas de navidad siguen recordándome ese umbral ineludible, ese túnel caleidoscópico y mareante de las pelis fantásticas de viaje en el tiempo, por el que el científico chiflado de turno siempre tiene que pasar para alcanzar su destino. De forma semejante, para pasar de un año a otro, no hay más remedio que adentrarse en esa espiral surreal de pavos al horno, golosinas extracalóricas y villancicos hipnóticos, de lucecitas centelleantes, regalitos superfluos y vacuos deseos de paz y prosperidad. Cuando apareces al otro lado del umbral eres como una persona nueva, con unos kilitos de más y una pasta de menos, dispuesta a tomar las resoluciones y promesas que haga falta con tal de emerger de la colosal resaca posnavideña. Está claro que mi fervor navideño deja bastante que desear, pero tampoco es que sea un caso patológico. Gracias a los esfuerzos rehabilitantes a los que mi compañera me ha sometido durante los últimos años, estas navidades por fin he superado mi fobia a los arbolitos de navidad, y hemos tenido uno en casa. Era un tanto deforme y raquítico, pero creo que eso me ayudó a sentirme menos culpable de su muerte por la causa navideña. Lo que realmente aborrezco de esa época del año es ese consumismo desenfrenado e irracional que amenaza con sofocar y desfigurar hasta lo irreconocible todo lo tradicionalmente bueno, noble y auténtico que encierran esas fechas. Esta pasada noche de fin de año fue un asunto sencillo y sano entre buenos amigos. Tal y como a mí me gusta. Lou nos preparó una lasaña para chuparse los dedos. Jugamos unas encarnizadas partiditas de ping-pong repletas de maniobras cómicas y contorsiones imposibles. Y luego, durante la sobremesa, montamos un pase de diapositivas de las mejores excursiones de MTB del pasado verano. Viendo todas esas imágenes de montañas verdes, bosques en pleno esplendor otoñal y los espacios abiertos del desierto de Utah, nos sobreexcitamos en gran manera y Geo incluso empezó a sacar mapas y a proponer audaces aventuras para el próximo verano, haciéndonos babear con ganas de montar en bici. A medianoche, una imponente luna llena lo iluminaba todo con una luz fría y fluorescente. De no ser porque afuera hacía la friolera de -25 ºC y porque la nieve era indisputable dueña y señora del mundo exterior, seguramente hubiéramos salido a dar nuestras primeras pedaladas de este año nuevo, rodando entre penumbras y bajo las estrellas, como hacemos de vez en cuando durante esas magníficas noches de verano que incitan a salir a aullar con los coyotes. Al final hicimos lo más parecido a eso que podíamos hacer: salir con los esquís de fondo por el Lower Loop, uno de los famosos recorridos de MTB que hay junto al pueblo y que ahora yace bajo el grueso manto de nieve pisada y fresada de las pistas de fondo. Y así, con nuestros bigotes y cejas encostrados de hielo, deslizándonos silenciosamente, como rodando pero sin rodar, por el paisaje invernal sobrenaturalmente iluminado por una luna brillante como un cirio monumental, empezamos este nuevo año, lleno de promesas, de aventura y misterio, de sorpresa y revelación. Un fantástico año nuevo para todos. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Abril 2002 Sólo Bici N.º 131 TORTILLA DE PATATAS Hay platos infinitamente más sofisticados y complejos, incluso sabrosos, pero la tortilla de patatas es sin duda el más versátil de todos los platos ibéricos. Aceite de oliva, patata, cebolla y huevo, eso es lo que hay, y nada más. Ni ingredientes secretos ni preparaciones metafísicas. Hasta el más incapacitado culinariamente puede prepararla, apetece a cualquier hora del día, puede comerse fría o caliente y, además, es altamente nutritiva. Y todo sea dicho, también es un puntazo el que a cambio de un esfuerzo relativamente mínimo, me permita acaparar los elogios de mis comensales en este país de apetitos inmensos y gustos más bien toscos. No hay nada como la vieja y auténtica tortilla de patatas. Metafóricamente hablando, mi bici de cuadro rígido es una auténtica tortilla de patatas. Simple, honesta y sin pretensiones. Es una de esas raras creaciones de puro ingenio humano que se resisten a desaparecer porque son insustituibles y esenciales en su rotunda funcionalidad. Las máquinas de suspensión dual son tan aceptadas y han proliferado tanto como lo han hecho los locales de nouveau cuisine, esos restaurantes que sirven sofisticados manjares con nombres como poesías y seductores sabores exóticos que te dejan exhausto de sensaciones. Y a pesar de ello, la tortilla de patatas, como mi bici, sigue siendo inmutable y respetada por todos, e invariablemente sigue saciando mi apetito de forma previsible y efectiva. No sé cuántas veces me preguntan, ¿por qué no tienes una bici de suspensión?, o ¿cuándo te pasarás a la suspensión? Y yo casi siempre contesto un poco a desgana que no sé, que quizás algún día… como si dudase de mi propia palabra. Y es que en realidad dudo un poco de mi palabra porque sé muy bien que no todo son tortillas de patatas en el mundo y que ahí afuera existe todo un sinfín de nuevas sensaciones y experiencias capaces de enriquecer mi vida en gran manera. Después de todo, ¿a quién no le gusta la langosta? A través de los años, he tenido la suerte de poder disfrutar de muchas y a veces muy extravagantes máquinas de suspensión, y embelesado por su comodidad y sedosa conducción, muchas veces he llegado a pensar que quizás es hora de hacer el cambio. De saltar en el tren de la última tecnología sin mirar para atrás. De convertirme al nuevo orden del freeride de una vez por todas. Pero rápidamente, como una especie de Cenicienta cuando llega medianoche, una ola de realidad se abate sobre mí y acabo por volver, medio desencantado y a la vez medio aliviado, a mi vieja compañera de siempre. No sé exactamente el porqué de mi aprehensión, pero estoy seguro de que en parte es porque soy mecánicamente negado y no quiero complicarme la vida más de la cuenta con más válvulas que controlar y más bieletas que supervisar, porque soy más bien un existencialista sin demasiadas aspiraciones, contento y satisfecho con el simple acto de pedalear por el monte y también porque no me gusta que me digan lo que debo hacer (no me refiero al consejo de los amigos, sino a la publicidad desenfrenada). Lo que sea. El hecho es que, por razones no del todo claras y conocidas, la tortilla de patatas sigue siendo, en todo su rústico esplendor, si no mi plato favorito, que es la paella, si el más práctico y el que se prepara más en mi casa. ¡Que aproveche! Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Mayo 2002 Sólo Bici N.º 132 DESDE EL OTRO LADO DEL OBJETIVO Ahh!… ¡qué emocionante es la vida del ciclista!, ¡qué conmovedor es su dramático esfuerzo en pos de la victoria!, ¡qué vigor y sangre fría la suya! Todo el mundo admira el estoico sufrir de los corredores babeando en las rampas más destructoras, y la audacia con la que se desenvuelven en los descensos más temibles. Todo el mundo admira la vibrante y juvenil energía que emite el mtb competitivo. Pocos se fijan en mí, el fotógrafo, mientras estoy ahí, cámara en mano, esperando a los corredores agazapado entre los matorrales como un tigre que espera a su presa. Absorto en la tarea de capturar esa exclusiva imagen, de congelar ese fragmento de espacio y tiempo que plasme lo mejor posible todo aquello que tanto nos conmueve y fascina. A nadie le importa que sea capaz de mantener mi contorsionada posición mejor que un mimo de esos disfrazados de guerrero romano, que se quedan paralizados a cambio de unas monedas. A nadie le importa que mis piernas estén entumecidas y acartonadas como un bacalao salado, o que me esté atragantando con el mismo barro que escupen las cubiertas de esos corredores tan admirados por todos. A nadie le importa que un corredor de descenso salido de su trazado me pase rozando a 80 km/h, o que la misma lluvia helada que ha sorprendido a los corredores caiga sobre mí con el factor agravatorio de no poder moverme. A nadie le importa lo que yo me estrese intentando encontrar desesperadamente mi posición antes de que lleguen los corredores, o al experimentar el súbito horror de saber que me he olvidado de traer la loción antimosquitos. A nadie le importa todo esto,… y seguramente es mejor que así sea, pues, después de todo, la clandestinidad e invisibilidad facilitan mi trabajo. Por regla general, el oficio de fotógrafo de carreras es anónimo hasta que se publica, y son pocos los que conocen las vicisitudes que éste experimenta durante su implacable acecho. Los únicos que parecen simpatizar e identificarse con él son los otros fotógrafos. Parece mentira la camaradería y sentido del humor que se forjan a base de beber el mismo café barato de las salas de prensa, de usar los mismos retretes embozados, y de compartir acuclillados y codo a codo los mismos hot spots del recorrido. Grandes historias nacen de esa amistad. Es imposible no recordar aquella vez en Napa en la que mi colega Malcom Fearon, mientras corría persiguiendo al grupo de cabeza, tropezó y cayó de narices (iba en pantalones cortos y manga corta) en un matorral de poison ivy, una planta mucho más diabólica que la ortiga. El fotógrafo británico salió disparado como la Antorcha Humana. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Junio 2002 Sólo Bici N.º 133 SOÑANDO DE DÍA Llevo unos cuantos días encerrado en casa y empiezo a sentirme inquieto como un tigre enjaulado. La primavera aquí en las montañas es tan imprevisible y caprichosa como mi chica lo es en su periodo premenstrual. Un día te hechiza con unos prados verdes y un sol despampanante y al otro te da un puntapié en el culo con una tormenta de nieve y unas temperaturas de risa. Las florecillas y los pajaritos también deben de estar cagándose. Me he leído y releído todas las revistas de mtb a las que me suscribo, incluyendo la editorial del Zapata Espinoza; he bruñido mi cuadro de titanio hasta el punto de que podría afeitarme delante del tubo principal, e incluso he pasado la fregona por toda la casa. Supongo que eso es lo único bueno que tienen esos días de perros: te permiten ponerte al día y llevar a cabo todas esas odiosas tareas domésticas que nunca se hacen solas. Si tuviese tele, seguramente intentaría ver a mis ex héroes bikers compitiendo en algunas de las clásicas de carretera, porque ahora casi todos son ruteros, pero como no tengo, me quedaré con las ganas. Para matar el rato, y como soñar de día es gratis, he hecho una lista de 5 proyectos que me gustaría liquidar de cara a esta próxima temporada bicicletera. Esta de las listas es una maravilla porque pone un poco de estructura en mi caótica vida y me saca del apuro cuando no sé qué escribir. 1. Ir por lo menos a un par de zonas en las que jamás haya estado antes. Estoy convencido de que la aventura y la exploración de recorridos inéditos es una de las mejores cosas que el mtb tiene que ofrecernos y no aprovecharlo sería rechazar su misma esencia. 2. Evitar que Geo sea el líder cuando vayamos a explorar nuevos territorios, porque con él siempre acabamos más perdidos que el Dr. Livingstone. Un poco de aventura está bien pero no tiene por qué convertirse en una odisea de supervivencia. El año pasado le pusimos a hurtadillas un martillo en el camelbak para frenarlo un poco, pero la estrategia no sirvió para nada; al final de la salida dijo: "Creo que no he bebido suficiente agua porque esto todavía pesa un huevo". 3. Apuntarme a un festival de mtb. No hay nada como apuntarse a una de esas megarromerías para celebrar y recordarme a mí mismo lo ecléctico, gregario y divertido que puede ser el mtb. Es increíble la marcha que hay en algunos de estos viejos festivales americanos. Se hacen excursiones majísimas, se montan conciertos al aire libre, bailes de disfraces y se hacen extraños concursos, como a ver quién puede comer más frankfurts de una sentada y quién puede lanzar una bicicleta más lejos. 4. Hacer una excursión de varios días a un lugar remoto y apartado en solitario, a ser posible después de haber cumplido con el apartado n° 3. Parecer mentira en estos días lo difícil que es encontrar verdadera soledad, y el mtb es el medio perfecto para escapar del barullo, del ordenador, de las responsabilidades, y llevarte a esa rara comunión contigo mismo y la naturaleza. Montar el remolque a la bici, cargar un poco de comida y agua e irme hasta un lago alpino para pasar la noche bajo las estrellas es una de las experiencias que debo vivir cada verano. 5. Procurar salir más con mis amigas. Es fácil encerrarse en esa burbuja testosterónica de las salidas a muerte con los amigos; pero salir con el otro sexo aporta otras sensaciones refrescantes; el paisaje deja de ser un borrón, se montan unos picnics de órdago y uno aprende cosas interesantes, como los nombres científicos de flores y pajaritos. De momento con estos cinco tengo trabajo para rato. Yo me pasaré unos cuantos más otro día de perros. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA 106
Julio 2002 Sólo Bici N.º 134 FRAGMENTOS DE UNA INICIACIÓN Reconozco que me cuesta recordar mi época de debutante en esto del mtb, es una nebulosa memoria no mucho más nítida que las pertenecientes a mi fase lactante. Supongo que algo tendrán que ver con este estado de aparente amnesia parcial las repetidas contusiones cerebrales incurridas desde el famoso verano de 1985, pero estoy seguro de que en el fondo se trata más bien de un simple caso de bloqueo postraumático. Mi iniciación, o mejor dicho, bautismo de fuego, a la bici de montaña tuvo lugar en Crested Butte al ritmo psicodélico de los Grateful Dead y mis tutores eran un montón de hippies troglodíticos convencidos de que la mejor lección para mí era sacarme a hacer recorridos de seis horas a través de ríos caudalosos, montañas nevadas y bosques poblados por osos desde el primer día. El que mi subconsciente prefiera no recordar las incontables laceraciones de epidermis, las mil espinillas sangrantes, las varias pájaras galopantes y el sordo dolor del cansancio absoluto, no es del todo extraño. Al final aprendí… pero no por amor al deporte, sino más bien por pura sed de un día poder vengarme de mis verdugos. Todos estos fragmentos del pasado me vinieron a la cabeza el otro día, durante el festival de Mtb de la Fruita, del cual tenéis reportaje en este mismo número, cuando para calentar motores me fui a hacer un bucle de singletrack que el mapa de la zona marcaba como apprentice loop -bucle de aprendizaje-. El recorrido resultó ser una agradable sorpresa. En sus casi 6 km, que en su totalidad discurrían sobre sendero, era obvio que se habían intentado incorporar todos los elementos más característicos del mtb: curvas fluidas, subidas graduales con algún que otro repechón de plato pequeño, un par de tramos relativamente técnicos, bajadas divertidas, etc., etc. A cortos intervalos se habían plantado sendos letreros educativos con consejos técnicos y reglas básicas de comportamiento y de respeto al entorno. Me pareció fenomenal que la misma gente que había construido los recorridos más radicales y famosos de la zona, también se hubiese molestado en construir, con la ayuda de un organismo oficial, un sendero especialmente pensado para el debutante, y además haciéndolo con gracia, plasmando la auténtica esencia del mtb, sin tener que recurrir a aburridas pistas forestales o a excesivamente manicurados caminos de gravilla. Durante mi salida me encontré con neófitos de todo tipo y tamaño. Había un hombretón de carnes abundantes jadeando trabajosamente, que de no ser por este sendero quizás estaría tragando patatas fritas tumbado delante del televisor. Había una parejita parada delante de uno de los letreros educativos en la que el hombre le decía a la mujer: "Ves, yo tenía razón, hay que frenar con los dos frenos"... que de no ser por este sendero quizás estarían al borde del divorcio. Habían varias familias felices con niñitos en bicis recién estrenadas pasándoselo estupendamente, que de no ser por este sendero quizás estarían sacando de quicio a sus padres. También había un señor muy mayor dándole al pedal vestido en pantalones y zapatillas de tenis, que de no ser por este sendero quizás estaría jugando al parchís en la residencia de ancianos. Probablemente, si yo también hubiese podido dar mis primeras pedaladas en un sendero como éste, las memorias de mis días de aprendizaje serían mucho más claras y placenteras y quizás yo sería un biker más bondadoso y menos vengativo. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Agosto 2002 Sólo Bici N.º 135 TRANSPLANTE EXITOSO Uau!, impresionante el curro que Cadel Evans se marcó en el Giro. Allá en la Marmolada y el Pordoi, subiendo a ritmos escalofriantes entre las míticas cumbres calcáreas de los Dolomitas, el todavía joven australiano, enjuto y potente como nunca, se aseguró su rincón en los anales del ciclismo. Ese mismo día, después de infligir daños considerables en el pelotón y de codearse con los mismos maestros de la ruta, Evans, si bien no ganó la etapa, pues ese honor fue a parar al mejicano Julio Pérez, otro talento emergente, sí que le usurpó la codiciada maglia rosa al veterano alemán Jens Heppner. Hasta ese momento, ningún australiano la había vestido con anterioridad... y mucho menos un ‘vulgar biker’, un gusano proveniente de los oscuros dominios del mtb. Evans llegó al Giro sin muchas pretensiones. Su objetivo principal era ayudar a su jefe de equipo Stefano Garzelli y aprender lo que es una carrera por etapas de tres semanas, cosa que nunca había hecho en su vida. Si le hubiesen dicho que iba a ponerse la maglia rosa, se hubiera partido de risa y pensado que qué tonterías dice la gente. Después de que a Garzelli le propinaran el puntapié por drogadicto y el director deportivo de Mapei le diera licencia para matar, ni él mismo podía creerse lo bien que iba. No importa que al día siguiente y en la última escalada de la etapa reina del Giro, camino de la meta de Folgaria, deshecho, destrozado y descomunalmente apajarado, Evans perdiese más tiempo que un reloj sin pilas. El trabajo ya estaba hecho. Me alegro de que Evans se haya pasado a la ruta. Comprendo y respeto su curiosidad, sus ganas de probarse en una disciplina tan carismática y cargada de historia, de correr con un equipo de campeones y también de poder sacarse unas perras de más. El momento en que Evans se enfundó ese maillot rosa y recibía los cándidos besos de las azafatas fue en cierta manera como si el mtb hubiese alcanzado por fin su propia redención. Como si hubiésemos aprobado una especie de asignatura pendiente colectiva y curado de una vez por todas ese sutil, pero debilitante complejo de inferioridad que nos afectaba. El transplante de Evans y de muchos otros corredores del mtb (Michael Rasmussen jugó un papel clave en la consecución de la 2ª plaza de Tyler Hamilton) quizás pueda interpretarse como un síntoma de la depresión económica que afecta al seno del mtb, o una señal de estancamiento en las aguas del mtb competitivo, pero prefiero pensar que este hecho iniciará una nueva y más sana relación, de interacción y respeto mutuo, entre las dos disciplinas. Enhorabuena, Cadel. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Septiembre 2002 Sólo Bici N.º 136 DANZA DE LA LLUVIA Esto no es normal. Aquí en este lugar anidado entre majestuosas cumbres, los ríos jamás deberían secarse, ni las flores morir de sed, ni los prados amarillear a medio verano y, sin embargo, lo que ven mis ojos es prueba de que hasta lo más impensable puede ocurrir en cualquier momento. Qué surreal es alcanzar las alturas alpinas de nuestros recorridos y sólo alcanzar a ver un horizonte humeante de siluetas borrosas e indefinidas cuando normalmente te esperan vistas infinitas e incólumes, qué sobre natural es el sol rojo y amenazador que cuelga del cielo sucio como el ojo del jinete del Apocalipsis. Mientras escribo estas líneas, medio estado de Colorado está siendo consumido por incendios forestales del tamaño de provincias y Crested Butte, otrora un paraíso intocable y bucólico, es ahora una vulnerable fortaleza asediada por las llamas de un verano dantesco. Dicen que ésta es la sequía más severa de los últimos 100 años y que el fuego que ha arrasado cerca de Denver es el más grande en la historia de Colorado. Inevitablemente, todo este caos infernal también ha afectado nuestros hábitos y comportamiento a la hora de salir en bici. Rodar en grupo por el monte es una cosa siniestra. La polvareda que se forma es tal, que a menos que tengas la suerte de haberte colocado en cabeza, en un instante te quedas más ciego que un topo, cubierto como si te hubieran echado cubos de polvos talco encima y tosiendo como un tuberculoso al lado del camino. Será por eso que últimamente las salidas en solitario están a la orden del día. También buscamos caminos más pedregosos y con menos tendencia a transformarse en polvo, en los que hallar mejor tracción en la subida y control en el descenso. Otras adaptaciones a este verano distinto son las salidas con destinos refrescantes, en las que uno procura tener como objetivo alcanzar un lago o un río en el que zambullirse y refrescarse y, también, la práctica más frecuente de actividades de crosstraining, tales como subir picos, correr a pie y alguna que otra salida en bici asfáltica, cosa que aquí siempre supone el inconveniente de tener que agarrar el coche porque sólo tenemos una carretera y es de lo más aburrida. Sin embargo, la esperanza nunca se pierde. Ayer mismo a las seis de la mañana la comunidad convocó una danza de la lluvia en una colina que domina el pueblo. Allí acudieron todo tipo de gente dispuesta a probar lo que fuese con tal de terminar con la dichosa sequía. Había algún que otro agente inmobiliario seguramene preocupado porque las flores mustias y los cielos cenizos no atraerían suficiente turismo veraniego, rancheros agobiados por la escasez de agua, representantes del servicio forestal acongojados por la sequedad de los bosques y, por supuesto, no faltó la presencia del segmento biker... allí estábamos nosotros bailando sincopadamente al ritmo pagano de tambores y bongós como si de eso dependieran nuestras vidas... cosa que en el fondo es verdad. Mi deseo de lluvia jamás ha sido tan fuerte. Añoro el tintineo de la lluvia en el tejado, el escudo refrescante de las nubes durante el calor del día, añoro la vegetación lujuriante y colorida que es normal por estos lugares, añoro salir con los amigos sobre los caminos firmes y apalmazados por la humedad de las tormentas de verano. Seguro que nuestra danza funcionará y en mi próxima columna me quejaré del barro y del frío que hace en pleno verano, hasta entonces gracias por escuchar mis frustraciones. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Diciembre 2002 Sólo Bici N.º 137 PENSAMIENTO EN MOVIMIENTO ¿En qué narices piensas mientras le das al pedal? me preguntó hace poco mi querida compañera durante una de nuestras frecuentes salidas al monte. Ella seguramente esperaba una respuesta concisa y al punto, preferentemente limitada a aquel preciso momento en espacio y tiempo, quizás un simple pensamiento profundo, incluso romántico, algo así como "pienso en tu mirada clara y azul como el agua de los lagos que hoy hemos visto", pero a mí me salió algo mucho más rudimentario cómo "pienso en el salchichón que llevo en el Camelbak y que pronto vamos a comernos bajo un pino". En el fondo, ésta era una cuestión que merecía cierta reflexión por mi parte; al fin y al cabo, con la de horas y horas que me paso dándole al pedal, supongo que, aunque así pueda parecerlo, no siempre estoy en la inopia y con la mente en blanco. Es obvio que la bici de montaña se desarrolla a un ritmo y en un medio mucho más conducente y fecundo que, por ejemplo, el ping pong, en el que poder divagar y ponerse a rumiar libremente. Después de haber pasado una temporada prestando un poco más atención a lo que se me pasa por la cabeza mientras voy en bici, éstas son algunas de mis conclusiones sobre el tema. Cuanto más salvaje, trepidante y despiadada es una salida, más cortos, toscos y primitivos son los procesos cerebrales que me sobrevienen, ...sobre todo si éstas son salidas en grupo de tipo competitivo. En un descenso técnico, guarro y expuesto en el que voy lanzado a todo saco intentando meter tiempo a mis colegas de salida; cuando la adrenalina fluye por mis venas, uno sólo tiene tiempo para tomar decisiones a cada microsegundo. Montado sobre la bici, es lo más cerca que puedo llegar al inalcanzable aquí y ahora. Sólo pienso en mantener mi mirada hacia delante, buscando la trayectoria más rápida, escurriéndome tan fluidamente como puedo entre piedras, raíces y árboles sin perder demasiada energía, en minimizar mi frenada en los virajes y sobre todo en no perder la dentadura. En realidad lo que hago es mirar de no pensar en nada, de evitar toda distracción y dejar que los reflejos e instintos que he alimentado durante tantos años hagan su trabajo. Lo mismo ocurre cuando voy a por todas en una larga ascensión de esas en las que estás al borde del infarto y con el cuerpo pidiéndote a gritos que te detengas. No hay tiempo para componer poemas ni elucubrar ideas brillantes. Los únicos pensamientos tienden a ser obsesivos y ridículamente simples. Pienso en mantener el ritmo, en no sucumbir ante el dolor, en respirar, beber, y de vez en cuando me entrego a la sádica satisfacción de ver a mis colegas agonizando, hundidos en su propio suplicio anaeróbico y a la eufórica sensación de alivio que obtendré al alcanzar la cumbre. Es otra historia cuando salgo solo y sin prisas o con mi compañera. Entonces, abstraído en el ritmo hipnótico de la pedalada y entregado a la belleza del entorno natural, florecen pensamientos coherentes, comidas de coco e incluso reflexiones filosóficas. Pienso en lo afortunado que soy de poder usar mi cuerpo sano para propulsar mi bici. Pienso en si hay vida después de la muerte y si es mejor la suspensión o rígida. Pienso en las complejidades de mi relación personal, en lo harto que estoy de mi ordenador obsoleto, en la barbacoa que el fin de semana montaremos en casa con los amigos y en qué narices escribiré para mi próxima columna mensual de Solo Bici. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Noviembre 2002 Sólo Bici N.º 138 ARMONÍA Una de las observaciones más comunes que hacen todos cuantos pagan visita a Crested Butte provenientes del viejo país -yo a España la llamo mi viejo país, porque ahora mi país es éste- es ésta: "¡Cuántas chicas que se ven en bici por aquí!". Una vez expresado esto, algo que normalmente tiene lugar mientras hacemos paradita en algún prado bucólico, siempre hay una pausa en la que supongo que se espera a que yo haga un comentario pertinente al asunto y es entonces cuando (más o menos) yo digo esto: "Lo de topar con chicas montando en bici por todas partes, en los recorridos más duros, en los bosques más espesos, solas, acompañadas o en grupos es algo que ni siquiera me choca, pues estoy totalmente acostumbrado a ello y lo veo como la cosa más natural del mundo". En el viejo país existe la creencia, que aquí no existe, o existe en una versión mucho más descafeinada, de que hombre y mujer tienen diferentes papeles y funciones a cumplir en la sociedad. Eso no quiere decir que el hombre sea el único que impone estas reglas, si bien en muchos casos lo hace, sino que igual de culpable lo es la mujer. Por supuesto, las raíces de este condicionamiento social se pierden en la noche de los tiempos y es algo que sigue profundamente incrustado en el carácter mediterráneo a pesar de que en nuestra sociedad actual eso sólo sea un lastre psicosocial y un apéndice inútil, vestigio de un pasado cavernícola. Por regla general, la sociedad anglosajona y sobre todo la norteamericana es mucho más ‘unisex’, más tolerante e individualista. Cada uno va a su rollo, viste como quiere y hace lo que le gusta independientemente de sexo y raza o de lo que digan y piensen los demás. Por supuesto, eso se transfiere a la libre práctica del mtb y de cualquier otro deporte por parte de hombres, mujeres y de todo lo que esté por en medio. El revolucionario movimiento feminista de los 60, contra lo que podría pensarse, no sólo pretendía liberar a la mujer de la actitud machista y autoritaria del hombre; quería fundamentalmente que las mujeres se liberaran ellas mismas de las reglas arcanas que todavía dominaban sus vidas. No sin razón, pues en el fondo casi siempre somos nosotros mismos quienes nos imponemos nuestras propias limitaciones. En África todavía existen sociedades en las que se siguen practicando absurdos ritos de amputación de clítoris; en algunos países árabes la mujer no puede mirar al hombre directamente a los ojos, y nosotros seguimos creyendo, entre otras cosas, que la mujer no tiene lugar practicando deportes duros de hombre, perpetuando así la innecesaria zanja entre los dos sexos. El machismo, los prejuicios sexuales y las tradiciones obsoletas siguen vivitos y coleando. Es nuestra responsabilidad seguir erosionándolos, desgastándolos hasta su extinción; sólo de esa manera el mtb alcanzará verdadera armonía. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Diciembre 2002 Sólo Bici N.º 139 HABLANDO EN LENGUA BIKER "La jerga es un lenguaje que se arremanga las mangas, se escupe las manos y se pone a trabajar"Carl Sandburg (1878-1967), poeta norteamericano Tómate un descanso de los how are you? y los good mornings. La jerga del biker americano es mucho más útil y divertida. ¿Quién sabe? Quizás este invierno quieras venirte a los Estados Unidos a pedalear en alguna de sus mecas. O Quizás estés harto de no comprender ni jota de lo que se dice en las revistas de mtb anglófonas. En cualquier caso, probablemente no te vendría nada mal aprender un poco del argot biker que se lleva por el otro lado del Atlántico. Incluso si padeces de amnesia profunda y todo eso no te sirva de nada en el futuro, seguro que por lo menos reirás durante el proceso. Mis primeros años en la comunidad biker de Crested Butte fueron un tanto frustrantes. No tardé en percatarme de que mis nuevos amigos hablaban otra lengua de la que yo no cazaba mosca. Era una lengua vernácula que no tenía nada que ver con el mundano vocabulario y la soporífera gramática que mi esperpéntica profesora de inglés se esforzó en enseñarme en primaria, pero que sin embargo parecía transmitir con gran precisión las sensaciones, el espíritu y, cómo no, el humor de este deporte cuyas raíces se asientan en la tierra de este mismo país tan dado a la libertad expresionista del slang. Más allá de su papel puramente comunicativo y descriptivo, la jerga es una ventana abierta a la subcultura en cuyo seno se ha formado, y su conocimiento es una herramienta imprescindible si uno pretende infiltrarse en la tribu, formar parte de ella y comprender mejor la ideología y el folklore que le dan peso y carácter. Después de todo, hay que recordar que el mtb no es sólo un deporte; es también un estilo de vida, una filosofía, y como tal, éste posee una complejidad sólo expresable mediante el uso de un lenguaje denso en eufemismos, degeneraciones y derivaciones del idioma académico. De entre la larga lista de palabras que forman el argot biker inglés, éstas son algunas de mis favoritas: - Air (aire): Se refiere al espacio que hay entre las ruedas y el suelo al saltar (ambas ruedas deben estar despegadas del suelo). Big air es un salto o vuelo grande. - Anchor (ancla): Hace referencia a los niños/as, esposa/o, u otras responsabilidades sociales que no te permiten salir a pedalear. - Bacon (beicon): Son las costras en las rodillas, codos u otras partes del cuerpo, resultado de las caídas e imprevistos sufridos durante la práctica del mtb. - Bail out (achicar): Desmontada de emergencia para evitar una leche catastrófica, también se refiere a abortar una salida por mal tiempo. - Betty: Cualquier chica biker. - Biff (bofetada): Acto de darse la gran leche, hostia o castaña. - Bob: Cualquier chico biker.
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- Bonk: Pájara o acto de agarrar una pájara. Hit the wall es otra expresión usada en este caso, que literalmente quiere decir 'dar contra la pared'. - Buzz (zumbido): Sensación eufórica que comúnmente sobreviene después de superar un tramo técnicamente o físicamente exigente. Palabra indicativa de puntazo también usada por los bikers porretas después de ponerse ciegos. - Carnage (carnicería): Se refiere a las caídas y subsecuentes erosiones corporales, normalmente con pérdida de sangre, incurridas en un recorrido o tramo particularmente difícil de descenso. - Death grip: Expresión que indica agarrarse al manillar con excesiva fuerza, sobre todo cuando se pasa miedo en trialeras o tramos con un patio de miedo. - Excedrin Descent: Descenso bruto y pedregoso que te sacude los sesos de mala manera. - Face Plant (plantada de cara): Generalmente una caída que implica una eyección por delante del manillar resultando en una plantada de cara contra la superficie del camino. - Flail (golpear, azotar): Indica una conducción espasmódica, fuera de control y al borde del desastre. Frecuentemente termina en carnage. - Fred: Nombre común con que se hace referencia al típico tío que se gasta cantidad de pasta en material e indumentaria pero que sigue siendo un patata a la hora de rodar. - Gnarly (rugoso, curtido): Hace referencia a un recorrido duro y peliagudo o también a un biker igualmente duro y curtido (gnarly dude). - Gonzo: Algo extremo y peligroso, el típico descenso que te pone las manos sudorosas y produce escalofríos. - Grate (rallar) Es el acto de producir bacon, o tiras de piel, cuando uno impacta contra el suelo o los componentes de la bici. - Gripped: Es cuando uno se encuentra paralizado y confundido por el miedo. Un gripping trail es un recorrido de miedo. - Grunt: Es una escalada particularmente difícil y esforzada de las que te hacen maldecir a tus muertos. - Hammer (martillo, martillear): Rodar a gran velocidad y esfuerzo. - Hammerhead (cabeza de martillo): Es un individuo que sólo piensa en ir a tope y castigar al resto del grupo. - Pimp (macarra): El típico pacotilla que trabaja en una tienda de bicis y mira de venderte lo que puede incluso durante las salidas de domingo. - Pumped: Indica gran cansancio muscular, pero también excitación infantil ante un recorrido o un componente nuevo. - Rocket Fuel (combustible de cohete): Café solo. - Singletrack: Un sendero estrecho y sinuoso. Representa el summum del mtb.
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- Superman: Eyección por delante del manillar con vuelo de largo recorrido. Puede terminar en carnage, pero si no es así, es algo realmente gracioso para el resto del grupo. - Thrash (azotar): Causar daños ecológicos a un sendero por rodarlo en condiciones mojadas. Un sendero erosionado y dañado es un thrashed trail. - Trail Swag: Material tal como manchas, barritas, bidones, cámaras, etc., que uno se encuentra por el camino. - Wash out: Pérdida de tracción en la rueda delantera que generalmente termina en biff. - Wrench (llave): Mecánico. - Yard Sale: Gran surtido y despliegue de material desparramado por el sendero (parecidos al trail swag) como consecuencia de una aparatosa caída. - Zone out: Cuando uno deja de prestar atención. Pedalear distraídamente La principal excusa que uno alega después de darse la gran leche o biff. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Enero 2003 Sólo Bici N.º 140 ¿QUÉ MÁS DA? Por lo visto hay gente que opina que debo dar una explicación. Yo no entiendo muy bien a qué viene tanto revuelo, pues diría que más allá de lo que pueda ser considerado como simple curiosidad natural, a nadie debería importarle mucho lo que yo haga o lo que deje de hacer. Sin embargo, el que yo últimamente monte en una bici de suspensión dual ha suscitado, aparentemente, una multitud de emociones y sentimientos entre amigos y lectores diversos. Uno de ellos es mi colega interno David Fillat y máster probador de todo lo que hay por probar. El otro día, mientras charlábamos por teléfono, dejó ir un: ¡Hombre Xavi, ya era hora!, como si yo, y por el sólo hecho de haber montado en una dual durante poco más de medio verano, hubiese acabado de emerger de las profundas tinieblas después de un prolongado estado comatoso o incluso vuelto a nacer convertido a una nueva religión llena de esperanza y de redención sin límites. Por parte de algunos de mis amigos bikers de toda la vida, la reacción ha sido más de reproche y condenación "Te has pasado al otro bando", me dijo llanamente y sin rodeos uno de ellos el otro día, acusándome como si yo hubiese perpetrado un acto de traición digno de fusilamiento. Que yo recuerda (y decídmelo si me equivoco), nunca había jurado sobre la Biblia que para siempre jamás iba a ir montado en una bici rígida. Es más, tampoco he intentado en ningún momento de comerle el coco a nadie de que la bici rígida es lo mejor que hay. Durante todo este tiempo con Solo Bici he tenido la oportunidad de probar un sinfín de bicis de suspensión y muchas de ellas las he gozado como un enano. Si bien siempre he apostado fuerte por la simplicidad y fiabilidad de la máquina, no me considero exageradamente rudimentario o que forme parte de una cruzada antitecnológica dispuesta a echar a la hoguera todo aquello que sea una modificación del original. La cosa es simple y clara como el agua. Me gusta montar en mi Kona Hei-Hei de siempre y ahora también en mi Superlight de Santa Cruz, como también puede gustarme salir a esquiar con las tablas fat un día de nieve polvo o con los parabólicos otro, si quiero hacer carving a toda leche en las pistas. La cadena de circunstancias que me han llevado a añadir una dual a mi arsenal de bicicletas (también tengo una de carretera y una cross) son varias. Las principales son la evolución que han hecho este tipo de máquinas en los últimos años y la especialización experimentada dentro de las diferentes modalidades de nuestro deporte. Vale, también admito que se me hizo un buen precio. Antes lo hacíamos todo sobre una bici y ahora podemos hacerlo mejor sobre una variedad de máquinas adaptadas a diferentes tipos de modalidad ciclista, terrenos y a diversos estilos de conducción y forma física. ¿Que un día me levanto con ganas de afrontar un recorrido plan etapa del Tour con escaladas largas y sostenidas sobre superficies no exageradamente rugosas?, pues agarro la Hei-Hei. ¿que me siento un poco más freeride con ganas de poner a pruena mis dotes descendedoras y de meterme en un terreno que te sacude hasta los sesos?, entonces agarro la Superlight. Si parece que carezco de convicciones por lo que a bicis se refiere, es porque es así. Para mí, la bici no es más que una herramienta, un pincel con el que expresarme. A veces me conviene usar un pincel gordo y otras, uno fino. La bici es lo de menos. Lo que realmente importa es el mtb y las mil sensaciones que me ofrece. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Febrero 2003 Sólo Bici N.º 141 A LAS SIETE DE LA MAÑANA Ayer fui a visitar a mi buen amigo y vecino Mitch Hoffman, y eso me ha hecho pensar en muchas cosas. Mitch ha acabado de llegar a casa después de pasarse todo un mes en la unidad de cardiología del Hospital de Boulder y está tan demacrado que parece un superviviente de un campo de concentración nazi. La verdad es que me ha impactado verlo así, débil y frágil como un bebé recién nacido, cuando de siempre lo he conocido como un atleta de primera que, a sus 51 años, todavía es capaz, sobre la bici, de poner contra las cuerdas a jóvenes a los que les dobla la edad. Aparte de ser el típico vecino al que siempre que necesito voy a pedirle una pizca de sal o un huevo, Mitch y yo hemos compartido innumerables aventuras y su carácter vital e incombustible siempre ha sido motivo de inspiración para mí y para todos quienes lo conocen. Una imagen que siempre me viene a la cabeza cuando pienso en él es verlo salir montado en su Merlin de titanio cada mañana a las siete, muchas veces con temperaturas bajo cero, para meter unos kilómetros antes de ir al garaje donde trabaja de mecánico. Su regularidad es ejemplar. Pero ya ves, la vida está llena de sorpresas y, hace cosa de dos meses, Mitch salió en bici como lo hace casi cada día y al rato se sintió mareado y que algo no le funcionaba del todo bien en el cuerpo. Al día siguiente fue a ver al médico y le encontraron una válvula defectiva en el corazón. Resulta que era un defecto congénito que llevaba arrastrando toda la vida y él sin darse cuenta hasta ahora. Le dijeron que la situación era grave y que, si no se operaba urgentemente, cualquier día podía expirar. Ahora Mitch lleva puesta una válvula que, en su día, perteneció a un cerdo perfectamente saludable, tiene un fresco zurcido estilo Frankenstein en medio del pecho y la esperanza de que lo peor haya quedado atrás. Yo también lo espero así. Mientras estábamos en su casa bebiendo té, él me ha agarrado débilmente el hombro y me ha dicho: "Xavi, hay que aprovechar al máximo cada momento de la vida", añadiendo después de una pequeña pausa "y no sólo eso, hay que esforzarse en ser lo mejor que puedes ser, para ti mismo y para el resto del mundo", unas palabras que pueden sonarnos un tanto a cliché, pero que, cuando vienen de alguien que ha estado al borde de la muerte, toman un renovado y más profundo significado para él y para quienes lo rodean. Hoy lo he acompañado a pasear, ofreciéndole mi brazo en las calles cubiertas de nieve y hielo. Hemos hablado de esternones partidos por la mitad, de injertos y de enfermeras bellas como ángeles, pero también de su futuro sobre la bicicleta. Los médicos le han dicho que, cuando en cosa de medio año haya recuperado su forma, será más fuerte de lo que nunca había sido antes porque su corazón defectivo nunca le dejó alcanzar su máxima capacidad de rendimiento. Yo bromeo de que el próximo verano no habrá manera de pillarle con su nueva válvula porcina, lo que en sus ojos enciende una brillante lucecita de pasión. Pasión que revive a moribundos y que permite automejorarnos. No puedo esperar hasta verle salir de nuevo en su Merlin a las siete de la mañana. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Marzo 2003 Sólo Bici N.º 142 ENERO Es enero una vez más, un mes excepcionalmente difícil para el escritor de revistas de mtb que vive en las entrañas blancas de las montañas Rocosas. En pleno apogeo invernal, las memorias otoñales de mis últimas excursiones en bici han empezado a perder definición, y la primavera todavía queda demasiado lejos para poder estimularme de forma efectiva. No es nada fácil encontrar inspiración cuando un simple viaje de dos manzanas hasta la panadería puede resultar en congelaciones de segundo grado. Incluso entre amigos parece existir un misterioso pacto no hablado de que la palabra bici ni siquiera debe ser susurrada... como si el peso nostálgico que esto acarrea pudiese provocar una angustia insoportable. Enero es como una especie de frígido purgatorio ciclista, un lugar en el que el único contacto con el lejano mundo de las bicis son las imágenes televisivas de viejas carreras y los vídeos de freeriders adolescentes que como saltimbanquis se pasan más rato volando que rodando. Claro que está el esquí, esquiamos casi a diario sobre esquís estrechos, anchos, no tan anchos, cortos y menos cortos. Nos deslizamos cuesta abajo envueltos en nubes de nieve polvo, nos deslizamos en los llanos a todo pulmón como mitos escandinavos y cuesta arriba hasta cumbres que como pasteles de nata en un aparador nos embelesan inexorablemente. Pero eso es otra historia que en estos momentos a mí no me sirve de nada. Nothing. Estoy intentando escribir sobre bicis. Si yo fuese un gran comentarista, un crítico locuaz con gran facilidad a la hora de afrontar temas de debate y actualidad, quizás me saldría del paso disertando sobre cosas como la falta de imaginación y dinamismo de la UCI a la hora de actuar en pro de la revitalización del mtb, del porqué tanto la Federación como la UCI no dejan atrás su conservadurismo rutero y se meten de lleno en crear un mtb actualizado que ocupe el lugar que se merece. O simplemente podría buscar amparo en la densa y poco imaginativa sopa de letras de un tema monográfico como por ejemplo Vivan los botines de neopreno y el Windstopper. Pero en el fondo y como más que nada yo soy un biker al que le gusta relatar sus experiencias en carne y hueso, ahora que mi bici está allá en las frías profundidades del garaje, menos usada que la embarcación de un pescador gallego, tengo que buscarme la vida de otra manera. Ayer la nieve caía con tal intensidad, que ni podía verse la casa del vecino de enfrente. Era un día de ésos para pasarlo bebiendo chocolate caliente delante de la estufa de leña con una buena novela de misterio. Sin embargo y a pesar de las advertencias de mis colegas, en un momento de debilidad no pude más y decidí echar una ojeada a una colección de diapositivas de este pasado verano. Dicen que para añorar a tus queridos primeros tienes que alejarte de ellos, y que si realmente quieres disfrutar de algo con máxima intensidad, primero tienes que privarte de ello un buen tiempo. No podría estar más de acuerdo con eso. Las diapos me hicieron desear intensamente volver a ese mundo verde en el que no hace falta llevar encima nueve capas de abrigo, en el que las fragancias del bosque llenan el aire y las sensaciones del mtb te llenan el espíritu. ¡Qué largo es enero!. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Abril 2003 Sólo Bici N.º 143 HACIENDO LAS PACES CONMIGO MISMO Nunca me ha sido fácil competir. Así como hay individuos que parecen nacidos para llevar un dorsal tatuado en la frente, capaces de ir a una carrera como quien va al cine a ver una peli de Disney, yo, incluso a semanas vista del evento, ya sufro de insomnio y diarrea crónica. Por más que lo haya intentado, nunca he sido capaz de mantener esa valerosa compostura e imperturbable presencia que tantos atletas exudan. Desde siempre he sucumbido a la espiral descendente de mis propias incertidumbres, miedos y paranoias varias. Que si quizás no he entrenado lo suficiente, que si Pepito está más fuerte que yo, que si el resfriado de la semana pasada, que si… la lista de dudas, cuestiones y sensaciones que me asaltan con la anticipación de un evento competitivo son mil. Para mí, todo este forcejeo emocional al que me enfrento en las carreras, siempre ha sido una manifestación más de mi doble personalidad, de la eterna paradoja que domina tantos aspectos de mi vida. Por un lado aborrezco la competición y por otro la anhelo con misteriosa fruición. La fuente principal de mi problema es que siempre he creído que hay que competir para ganar, y ésta es una táctica que la mayoría de las veces sólo lleva a la decepción y sufrimiento perpetuo pues en ella sólo la victoria es permisible, un hecho que ocurre tan a menudo como las lluvias en el desierto del Gobi. En otras palabras: siempre me he tomado a mí mismo demasiado en serio. ¿Y para qué arrastrar esta cruz si ni siquiera soy un profesional ni tengo que hacer feliz a ningún patrocinador? Pues bien, ahí está el quid de la cuestión que me llevo preguntando durante hace lustros y cuya respuesta sólo ahora, precisamente cuando mis capacidades físicas han empezado a deslizarse más allá de su zenit, mi mente, como súbitamente liberada del dominio del cuerpo, empieza a vislumbrar. Este invierno, como hago casi cada invierno, he participado en varias pruebas de esquí de fondo, un deporte que, como el mtb, me chifla sobremanera. En algunas pruebas he quedado bien y en otras no tanto. Eso no ha cambiado mucho. Lo que sí ha cambiado un poco es mi actitud. Hago un esfuerzo consciente para filtrar los malos rollos de la competición y quedarme sólo con lo bueno. Una vez despojada de la obsesión por los resultados, de los rencores, comparaciones y fobias, la competición es una herramienta útil en mi crecimiento personal y un evento social en el que divertirme con mis amigos. Me ayuda a empujar mis límites, a autosuperarme, a comprender mejor mis debilidades como atleta y también como persona. Continúo sintiendo un manojo de nervios en la línea de salida, y seguramente siempre será así, pero por lo menos no tengo nada que perder y sí mucho que ganar. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Mayo 2003 Sólo Bici N.º 144 TARZANES DE LA JUNGLA DE ASFALTO A modo de alquimista medieval, el mtb es capaz de manifestarse en muchas formas y encarnaciones. Están las plácidas excursiones veraniegas entre flores y bosques olorosos, el osado dinamismo del descenso y el freeride, la brutalidad anaeróbica del XC, la aventura autosuficiente del cicloturismo, el equilibrio zen del biketrial,... pero de todas ellas, hay una apenas mencionada que despierta gran admiración y aspaviento en mí: es la cotidiana trepidación urbana del ciudadano biker que se desplaza a su lugar de trabajo en bici. Parte de esta admiración sin duda nace del abismal contraste que existe entre mi vida y la de ellos, y también porque en algún lugar de mi cerebro todavía acechan memorias de mis días en la jungla del asfalto de mi Barcelona natal. Seré el primero en reconocer que lo tengo muy bien. Vivo en un pueblecito de montaña donde no existe un solo semáforo y en el que gran parte de sus habitantes no tienen o no saben dónde tienen las llaves de casa. En este rincón al final de la carretera, buena parte del censo vehicular local se queda aparcado acumulando más polvo que el altillo de la abuela, porque el coche es prácticamente innecesario para salir de excursión en bici, y casi todas las compras, recados y desplazamientos al lugar de trabajo pueden llevarse fácilmente a cabo a golpe de pedal. En mi pueblo, el mtb alcanza los más altos niveles de bucolismo rural. Por el contrario, estoy seguro de que para la mayoría de lectores de Solo Bici la realidad cotidiana es muy distinta. A quienes deciden usar la bici como medio de transporte en el entorno hostil y poco conducente a su uso de las ciudades ibéricas, les espera una serie de obstáculos que ni el mismo Ulises hubiera superado en sus mejores días: gases tóxicos, charcos ácidos, bordillos tragallantas, taxistas homicidas, conductores ineptos, señales de tráfico ininteligibles, chorizos sin escrúpulos, excrementos del día y bazofias varias, perros lunáticos, amas de casa con carritos de la compra, etc., etc. Y luego por si esta frenética pugna fuera poco... llegan a su oficina o donde sea que trabajan y tienen que soportar la insensibilidad de sus colegas y el escrutinio intolerante de sus superiores turbados en sobremanera porque sus empleados no han llegado perfectamente peinados, con la camisa perfectamente planchada y el desodorante no acaba de enmascarar ese sano efluvio corporal resultado de la actividad física. No importa que con su coraje y dedicación hayan puesto su grano de arena para conseguir la utopía de una ciudad menos atascada y poluta, o que con su regular ejercicio logren aumentar el rendimiento laboral y hagan un entorno de trabajo más saludable. Pues bien, hay van mis saludos y ánimos a todos aquellos que se sientan aludidos. ¡Seguid así! Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Junio 2003 Sólo Bici N.º 145 LA ESCALADA: ¿UN ARTE EN PELIGRO DE EXTINCIÓN? Subir. Me encanta subir. Poner cuerpo y mente a trabajar con un único y simple objetivo: transportarme hacia arriba, hacia el cielo, tan rápido como el dolor me lo permita. Hay algo gratificante y purificador en ese máximo esfuerzo aeróbico, en ese trance circular de cadencia y respiración e incluso en la inútil lucha contra la gravedad, que me hace desear más. Que me motiva a seguir mejorando mis capacidades escaladoras como si eso fuera a llevarme a la misma salvación. ¿Soy masoquista?... diría que no, no veo la escalada como un calvario ni una forma de autoflagelación. Me gusta la forma física que me concede, me gustan los piques para ver quién llega primero arriba, y pienso que la estética del escalador sobre la bici en pleno esfuerzo es más bella y evocadora que las mejores esculturas renacentistas, y por supuesto también me gusta alcanzar la cima, mirar hacia abajo y saber que voy a bajar. Bajar con una apreciación inmensa por bajar. Sí, desde siempre he visto el mtb como un todo que incluye trepar montañas por un lado y luego bajarlas por el otro. Me parece una experiencia más completa, y supongo que por eso me sorprende el que ahora exista toda una nueva generación biker que apenas si sepa lo que es ponerse a tono en una escalada como dios manda. Debido a la proliferación de la tecnología de suspensión y su consiguiente abaratamiento, la disciplina que antes había estado restringida a los profesionales de descenso ha pasado a ser dominio popular. La suspensión ha cambiado la cultura de la bici, atrayendo con su nueva imagen joven y radical a un nuevo segmento de adeptos que no han pasado necesariamente por la escuela del XC, del ciclismo rutero o del ciclocross, sino que han llegado del BMX, el skateboard, el motociclismo, o de otros deportes en los que, por regla general, no existe el énfasis aeróbico o la mentalidad de entreno necesarias para poder disfrutar plenamente de las delicias del mtb épico. Son muchos los nuevos bikers que, armados con pesadas máquinas de largo recorrido diseñadas para bajar a velocidades lumínicas y saltar obstáculos descomunales, consideran el mtb tradicional, el cross country, como una actividad demasiado sufrida y estoica que exige demasiado tiempo para entrenar. ¿Para qué tomarse la molestia de sudar como un animal y ponerse taquicárdico, cuando uno puede ir en vehículo o montar en un telesilla hasta el inicio de un trepidante descenso?, deben de preguntarse sin saber lo que se pierden. Razonamiento este que entiendo muy bien porque después de pasar el invierno sin apenas montar en bici, me es bastante tentador saltarme todo este laborioso trámite de volver a alcanzar de nuevo mi forma y simplemente tirarme cuesta abajo sobre una bici con megasuspensión. Pero no, no voy a hacerlo, yo continuaré subiendo montañas… aunque sólo sea por preservar un arte perdido. No sea que algún día en el futuro, algún freerider quiera ir de vuelta a los orígenes. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Julio 2003 Sólo Bici N.º 146 ¡HAPPY BIRTHDAY! Dentro de unas semanas será mi cumpleaños (demasiado joven para jugar a golf y demasiado viejo para el freeride). Debo admitir que nunca he sabido muy bien qué hacer con esta fecha en la que por primera vez asomé mis narices a este mundo, pues de toda la vida he sentido una decidida repelencia a los grupos de más de diez personas encerradas en espacios pequeños, a las grandes cenas, a las fiestas con globos y a esas cosas tan formuladas. Lo que casi siempre acabo haciendo es agarrar el día libre y salir de excursión en bici con un puñado de buenos amigos. Por más que me ponga a pensar, no se me ocurre nada mejor que pasar el día en la naturaleza, montando en la loca montaña rusa del mtb, parando a contemplar las maravillas naturales y hacer el Tarzán en los bosques. No hay otra actividad al aire libre que como la bici ofrezca el nivel de diversión y tan amplio abanico de posibilidades dentro un ámbito social. Por lo menos de ninguna manera me imaginaría diciéndoles a mis amigos, "Ei, mañana es mi cumpleaños, ¿queréis venir a hacer unos largos en la piscina conmigo?" o "¿qué tal unos partiditos de petanca?". Supongo que será por eso por lo que en mi pueblo casi todos celebramos el cumpleaños con alguna excursión épica de mtb. Está Gary, que cada año organiza una romería biker en el Deer Creek, un bucólico recorrido que sube, baja y atraviesa un sinfín de prados de montaña en plan Heidi en los que retozar, comer pastelitos de cumpleaños y reír histéricamente sus chistes. El 5 de junio, el día de su cumpleaños, se ha convertido en una fiesta en el calendario por todos los bikers de la zona. Está el cumpleaños de Geo, en el que nunca se invita a chicas y que acostumbra a ser un frenesí de rodar a máxima velocidad por todos los senderos que puedan caber en las horas de luz que hay en junio, que son muchas; no es casualidad que muchos de los invitados aleguen encontrarse indispuetos ese mismo día. O el cumpleaños de Alison, la esquíadora extrema y reina del mambo, en el que cada año nos tenemos que disfrazar de algo; el año pasado íbamos de indios americanos y creo que éste hemos de llevar camisas hawaianas. El recorrido que yo tengo planeado para mi cumpleaños intentará mantener un equilibrio entre lo adrenalínico y lo contemplativo, y seguramente acabaremos subiendo hasta algún lago en el que tomar el sol y zambullirse en cueros para luego bajar a saco por alguna trialera que te despierte los sentidos. Es una buena combinación que no fallará en harcerte sentir extremadamente feliz y satisfecho de haber nacido en este maravilloso mundo. Feliz cumpleaños a todos. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Agosto 2003 Sólo Bici N.º 147 CELEBRANDO EL MTB Es probable que algunos de vosotros, hartos de leer crónicas de lugares lejanos en los que la hierba siempre es más verde (o por lo menos lo aparenta) y de vivir recorridos épicos de singletrack a través de mí, os decidáis, aprovechando la superior musculatura del euro y las vacaciones veraniegas, a lanzar una cana al aire y cruzar el océano en pos de nuevas sensaciones y experiencias. Pues bien, si ése es el caso, permitidme una sugerencia: procurad integrar en vuestras vacaciones uno de los grandes festivales de mtb que tienen lugar en Estados Unidos o en Canadá. Es una manera infalible de adentrarse en el rico y abigarrado mundillo del mtb, de ponerse de patitas en el ambiente tribal, repleto de actividades, excursiones inolvidables y carreras populares que hacen que el mtb trascienda mas allá de sus limitaciones puramente deportivas. Te aseguro que participando en ellos lograrás una desconexión total de tu vidilla real, perderás toda noción del tiempo y hasta te reencontrarás a ti mismo. Desde mi punto de vista, unas vacaciones no son de verdad hasta que hayas logrado todo eso. Aquí, en el pueblecito de las Rocosas dónde yo vivo, en Crested Butte, lleva celebrándose desde hace 21 años el Fat Tire Bike Week, el festival mas antiguo de todos cuantos existen en la historia del mtb, un evento que ya se celebraba cuando en España el mtb podía pasar perfectamente por las siglas de alguna misteriosa enfermedad respiratoria. No me cabe la menor duda de que mi forma de ver y entender el mtb se lo debo en gran parte al Fat Tire Bike Week (FTBW). Fue ahí, participando en sus cursillos de singletrack y en sus excursiones bucólicas, donde desarrollé mis dotes y respeto al entorno. Fue ahí donde hice mi primer contacto con mitos del deporte como Gary Fisher, Ned Overend, Joe Murray o Scot Nicol. También fue ahí, contemplando pruebas de limbo, descensos sin cadena, espectáculos de trial, concursos de disfraces y bebiendo cervezas al son de alguna banda en vivo, donde me di cuenta de que el mtb era algo diferente y mucho más lleno de vidilla que cualquiera de las actividades deportivas que había practicado hasta entonces. Más tarde, después de haber participado activamente cómo guía en las excursiones del FTBW y de haber viajado a diversos eventos de este tipo, estoy totalmente convencido de que los festivales de mtb vienen a ser el cemento, la materia cohesiva, de nuestro deporte, y que de alguna manera poseen la llave de su supervivencia. En ellos, todo el mundo puede escoger entre un amplio abanico de actividades y excursiones que se conforman a su edad y habilidad, a la vez que ser espectadores de otros; en ellos, uno puede compartir libremente con otros bikers esa irreprimible inquietud por salir al monte a pedalear. Hace un montón de tiempo que no había hecho reportajes del FTBW, y este año, quizás porque creo que el mtb necesita más de este tipo de eventos, estoy dispuesto a hacer un nuevo seguimiento para Solo Bici (para quien no pueda venir). Felices vacaciones y hasta pronto. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Septiembre 2003 Sólo Bici N.º 148 WHIT A LITTLE HELP FORM MY FRIENDS Últimamente mi vida ha sido frenética. No frenética porque haya hecho múltiples excursiones trepidantes y rebosantes de adrenalina o viajado a destinos exóticos en pos de un singletrack virgen, sino porque llevamos más de un mes con la casa patas arriba en plenas obras, sin gas ni agua corriente, currando como duendes bajo efectos de anfetamina y con las facturas amontonándose tan rápido como el polvo en mi bici. Encima, para añadir sal a la herida, el tiempo que lleva haciendo desde hace semanas es surrealmente perfecto, y el nuevo XTR que me envió Shimano sigue arrinconado en su caja de origen a la espera de tiempo para montarlo. Toda mi vida he evitado el estrés a toda costa como si fuese la misma peste bubónica, y supongo que será por eso por lo que mi propia persona el asomo de sus síntomas inequívocos. Mi irritabilidad ha subido un peldaño últimamente; el otro día casi le echo un cubo de pintura (color verde vómito) por la cabeza al dependiente de la tienda que me hizo la mezcla incorrecta. Siempre he dormido como un bebé, y ahora frecuentemente me despierto a media noche agobiado con problemas y decisiones caseras tales como el color de los azulejos del lavabo. Pero lo peor y más humillante de todo ha sido el insidioso afloramiento de unas… uhh... almorranas. ¡¿Almorranas!?... ¡por dios, como es posible!, yo que siempre había creído que esto era cosa de individuos de costumbres sedentarias y dietas nefastas. Por supuesto soy consciente de que la mejor manera de disipar cualquier situación de estrés sería agarrar la bici y perderme por el monte, pero hay ocasiones en las que inexplicablemente uno queda atrapado en el agujero de su propia miseria y no hay manera de salir, a menos que, como decían los Beatles, se con una pequeña ayudita de tus amigos… Pat y Rob vinieron a mi rescate. Una buena mañana se pasaron por casa y me apremiaron a colgar todo lo que estaba haciendo para poder salir con ellos. El cebo: un majestuoso recorrido que siempre ha estado en mi lista de favoritos y que por su altitud sólo puede hacerse durante unas pocas semanas al año. "Ahora o nunca, Xavi" -me dijeron con tono convincente-. Ninguna excusa me habría servido para nada, así pués, me preparé un bocata contundente y ¡hala, pal’monte!. Nuestra excursión empezó con una cruel ascensión, entre neveros en sus tramos finales, hasta los enrarecidos 3.850 m de altitud de Gunsight Pass, desde donde con las bicis al hombro ganamos el tramo de sendero más aéreo que conozco. Un precario hilillo que durante kilómetros sigue el largo y ondulante espinazo de Scarp’s Ridge, entre abismos que dominan lagos alpinos y bosques impenetrables, para luego descender vertiginosamente por una trialera que te cagas hasta la mancha azul del lago de Irwin, punto de zambullida obligada. La tunda de seis horas me dejó medio paralizado pero funcionó. A partir de ahí, decidí que lo primero es lo primero y que para mantener mi cordura debía de montármelo para tomarme el tiempo para salir cada día un rato en bici. ¡Gracias por salvarme, colegas! Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Octubre 2003 Sólo Bici N.º 149 NO SOMOS NADA ¿Te has sentido alguna vez como una colilla tirada en medio de Las Ramblas?, ¿triturado hasta el punto de ser incapaz de mover un dedo o de decir nada coherente? Si eres boxeador profesional o uno de esos bikers con una inclinación innata y misteriosa por machacarse los recorridos mas épicos del mtb, o si te has aplicado a fondo en las artes de la competición off-road, lo más seguro es que en algún momento hayas experimentado esa sensación de destrucción total, de vacío sideral y flojera infinita que se infiltra hasta lo más profundo de tu ser. Pues bien, así nos sentíamos Ramón, Roberto y yo poco después de haber completado la segunda etapa de la Transrockies, carrera de la que tenéis un reportaje en este mismo número. Los amigos mejicanos y yo estábamos ahí, patas arriba y con la espalda en el suelo, cubiertos de polvo, acalambrados de pies a cabeza y compadeciéndonos patéticamente los unos a los otros como si hubiéramos acabado de cruzar el Sahara descalzos. Había sido un grotesco etapón de más de 140 km en el que se habían superado 3000 m de desnivel positivo, y auténtico dolor aparte, nuestros lamentos eran también una elaborada forma de darnos palmaditas en la espalda, de hacernos los mártires, una manera indirecta de decirte a ti mismo: "¡Joder, cómo he sufrido y qué bueno y fuerte debo de ser por haber superado tanto sufrimiento!". En eso, Brett Wolfe y su compañera de equipo Julene Mitchell llegan a meta, y una conmoción de gritos y ovaciones se apodera de la zona de llegada. Los dos habían entrado en 8ª posición en la clase mixta, y aunque ése es un admirable resultado, nada sería muy sorprendente de no ser por un pequeño detalle: a Brett le falta una pierna. Los tres intercambiamos unas miradas atónitas y en un instante todas nuestras lamentaciones y suspiros se desvanecieron como por arte de magia. ¿¡Cómo es posible que este tío haya hecho la misma burrada de kilómetros, la misma miríada de escaladas con tramos no ciclables, los mismos descensos asesinos y cruzado los mismos ríos que nosotros… pero con una sola pierna!?, nos preguntamos incrédulos. Es más, el tío parece tan fresco y feliz que estamos seguros de que habría podido terminar también con un brazo menos. Después de ser testigo de tal gesta, a uno no le queda más remedio que prometerse a sí mismo jamás quejarse por nada. A callarse la boca y dejar de jugar a héroes de guerra. Aquí los héroes no son ni los jovenzuelos austríacos que van primeros en la general ni los pusilánimes como nosotros, aquí el héroe es Brett Wolfe, y lo mejor que podemos hacer es ser lo suficientemente humildes como para poder admitir nuestra debilidad y absorber su lección de fuerza e inspiración. Más tarde, después de la cena, nos pasaron un video de los momentos destacables del día y, por si no nos lo creíamos, allí vimos las imágenes de Brett Wolfe llevando su bici en los tramos no ciclables con una técnica increíble, empujando el sillín con su muñón, lanzando la bicicleta hacia delante con su pierna ciclópea y cruzando los torrentes crecidos sin la ayuda de su compañera. A partir de ese día, el resto de la Transrockies adquirió otra dimensión. Creo que todos nos tomamos un poco menos en serio. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Noviembre 2003 Sólo Bici N.º 150 EL DON DE LA REGULARIDAD Mis años, amontonados unos sobre otros a modo de ladrillos de experiencia, son una torre que me brinda inmejorables vistas sobre la tortuosa orografía de la vida. Desde esa atalaya, a veces me pregunto cuántos de esos jóvenes ídolos del mtb que hay sueltos por ahí, sean corredores de copas del mundo o de carreras locales, sean freeriders de lo más vertiginoso o puras bestias aeróbicas, eso no importa, seguirán dándole al pedal cuando hayan alcanzado mi edad. Cuántos de ellos, me pregunto, lograrán no sucumbir a las mil responsabilidades, compromisos y complicaciones de nuestra sociedad y no ser despojados de la llama de la pasión y del juego. Es de calle que lo que se vende es la musculatura reluciente y cincelada de la juventud, la figura potente y capaz, la actitud radical, incluso arrogante, que infunde un cuerpo que todavía desconoce la gradual erosión de una condromalacia aguda o de una tendinitis crónica. Existimos en la era del culto al cuerpo. Siempre se habla de las futuras promesas y de la nueva sangre, de sus hazañas y victorias, y pocos se fijan en el anónimo cuarentón o cincuentón curtido y un tanto encorvado, cuyas cicatrices de guerra cuentan mil historias, que ha sobrevivido a innumerables leches y lesiones debilitantes, que ha soportado incontables tormentas y frioleras, vivido extraños encuentros en los bosques y que todavía es capaz de mantener a raya a la mayoría de mancebos con la mitad de su edad. No, no estoy intentando glorificarme aunque lo parezca. Mi ocasión para eso ya ha quedado atrás. Quizás ya nunca seré primero en una carrera de categoría, ni lograré sobrepasar a piernas mas jóvenes en un sprint a máximo esfuerzo, pero qué más da, ahora mi carrera personal es la de continuar pedaleando y alimentar el fuego vital que nos hace buscar la aventura y el reto, y que nos hace estremecer frente a la visión de un paisaje de montaña. ¿Has oído hablar de Heinz Stucke (picar su nombre en www.google.com)?... pues bien, si buscas el don de la longevidad sobre la bici, ese hombre ya bien entrado en los 60 años sin duda será una fuente de inspiración, lleva más de 40 años trotando el mundo en su bici de 3 velocidades, a través de selvas, desiertos y glaciares, de guerras, sequías y tifones. Increíble. Cuando sea mayor, quiero ser como él. Quiero tomarme la vida como si fuese una Copa del Mundo. Las Copas del Mundo se ganan a base de regularidad, racionando las fuerzas y manteniendo la motivación a través de la larga temporada. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Diciembre 2003 Sólo Bici N.º 151 VIVIR MONTAÑOSAMENTE Acrofobia, claustrofobia, hidrofobia, aracnofobia,... hay nombres para todo tipo de fobias, y sin embargo no he logrado encontrar la que yo padezco en el diccionario. Pero da igual, ya me invento uno así por la cara, hummm... le llamaré llanofobia. Ya sé que no suena muy científico, pero para lo que aquí incumbe ya sirve. Llanofobia: miedo a los llanos, llanuras, planicies o cualquier área geográfica desprovista de relieves orográficos, o sea, de montañas, cerros, colinas u otras prominencias. Claro como el agua. Mi fobia se manifiesta igual que lo hacen la mayoría de las fobias. Basta con que vea algún filme de los molinillos de viento de Holanda, de los gauchos de las pampas argentinas, o de los everglades de Florida, por decir algo, o que alguien me haga la típica pregunta de "¿cuando seas viejete crees que te mudarás a un sitio menos frío, lejos de las montañas?", para que de forma automática me sienta extrañamente angustiado e incómodo. Es algo superior a mí. Tampoco me malinterpretéis, en realidad me encanta pasar una temporadilla en las playas australianas o en las selvas del Yucatán, siempre que tenga la certeza de que retorno a mi rinconcito montañero al cabo de unas semanas como máximo. Mi tendencia a gravitar hacia el monte empezó temprano. No sé, quizás provengo de una larga estirpe de pastores pirenaicos y sin enterarme, o quizás sea que en otra vida fui un rebeco o una cabra montés. El caso es que rápidamente me percaté de que cuanto más alto subía, menos idiotas había a mi alrededor, y eso fue un aliciente que me animó a hacer de las montañas mi hogar. Veo la montaña como un enorme e interminable terreno de juego, como un lienzo arrugado en el que expresarme, y a la vez como una incomparable metáfora de la vida misma. Su perpetua sucesión de valles y cimas, de agudos contrastes y marcadas estaciones, es un fiel reflejo de los altibajos, emociones y sinuosidades que bullen en mi interior. Siguiendo con esta perspectiva, el mtb no sólo me permite explorar las asperezas del planeta, sino penetrar también en las pertenecientes a las cordilleras de mi propia persona. La montaña es la antítesis de la monotonía. Es puro dinamismo geológico. Pura energía vital y adrenalina pétrea. Inquietud. Pujanza. Fuerza. No hace ni falta explicar lo que quiere decir vivir montañosamente... y lo mejor de todo es que para lograrlo, ni siquiera es un prerrequisito vivir en las montañas. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Enero 2004 Sólo Bici N.º 152 DOMINGO DE ‘TRANQUIS’ Los tres llegamos a la cumbre del puerto resollando, tosiendo y escupiendo como tísicos. Estamos totalmente pulverizados. Siento mi traquea desgarrada como si hubiera ingerido una botella de lejía y me apoyo mareado sobre la bici. Tan pronto podemos articular una palabra, las acusaciones vuelan en el fresco aire otoñal cual dardos envenenados. -"¡Yo no he sido!, ¡has sido tú el que ha atacado primero!", masculló yo. -"¡Joder, no, que yo sólo intentaba alcanzar a Geo!", argumenta Lou. -"¡Es que siempre es igual!, ¡quedamos en que hoy no habría ataques e iríamos de ‘tranquis’, y siempre hay alguien que lo echa todo al carajo!", dice con tono mosqueado Geo. Silencio. Intercambio de miradas seguido de una explosión de risas y vibraciones de camaradería. Una vez exoneradas nuestras tensiones y desbloqueado el flujo de testosterona, todo se pone en su sitio y volvemos a nuestra tarea sin titubeos. Ahora hemos dejado la pista y carraspeando como si fuésemos fumadores de toda la vida seguimos un sendero que poco despunta en un espléndido lomo. Durante un rato llaneamos a caballo entre dos profundos valles hasta que la pendiente aumenta y el sendero nos aboca hacia la empinada vertiente norte mediante unas técnicas revueltas. Tan pronto empieza el descenso, cualquier vestigio de la promesa o pacto de tomarnos el día con calma que habíamos hecho temprano esa mañana se desvanece en el cielo azul de Colorado como el polvo fino que levantan nuestras ruedas gordas, y un profundo impulso vital nos hace bajar a velocidades que van mucho mas allá de lo considerado sensato. Si fuese de noche, una estela de chispas delataría nuestra situación en la oscuridad. Al llegar abajo, al fondo del valle, los tres vibramos de euforia y una dulce ola de alivio recorre nuestros cuerpos...- "¡Ufff, todavía estamos vivos!", nos decimos a nosotros mismos maravillados. En eso que aparece Expresso Bob todo fresco y radiante. Esta mañana no pudo llegar a tiempo a nuestro punto de reunión y se ha venido a buscarnos hasta aquí siguiendo una pista mucho más directa y fácil. Expresso Bob es un verdadero animal y sabemos que esta segunda parte de nuestra excursión va a doler como una astilla clavada bajo la uña. Le decimos que esta mañana hemos pactado tomarnos el día con calma en un desesperado intento de pararle los pies. La historia cuaja hasta que a cuatro kilómetros del pueblo Bob no puede reprimirse más y ataca en un tramo de sendero que ondula arriba y abajo entre abetos y abedules. Los tres le seguimos como idiotas dispuestos a no ceder terreno acuciados por un misterioso instinto de caza. Esfuerzo máximo con mínimas fuerzas. Agonía. Bob nos destroza sin piedad. -"¡Hostia, Bob!, te dijimos que hoy era día de paz!", dice Geo. -"No teníais por qué seguirme", replica Bob. -"Eres un cabrón", le contestamos afectivamente. Silencio. Nos empapamos de esas vibraciones sólo logradas a base de años de amistad y destrucción mutua. -"¿Queréis salir el próximo fin de semana?", dice por fin Bob. -"Vale, pero sólo si prometéis que salimos en plan tranqui", contesta Lou. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Febrero 2004 Sólo Bici N.º 153 CAZANDO CAZADORES Se da por sentado que el otoño, aquí en las Rocosas, es sinónimo de policromía embriagadora, de días nítidos y noches frescas en las que las estrellas fulguran como brasas en el cielo, de charcos helados en la mañana y de largos paseos en bici. Sin embargo, pretender que el otoño sólo sea bucolismo campestre sería una verdad a medias. Desafortunadamente, también es sinónimo de olor a pólvora en el aire, de bestias abatidas, de huellas sangrientas y de hombres disfrazados con atuendos de camuflaje que, por diversión, practican la matanza. El otoño es la temporada de caza mayor, y eso no tiene nada de idílico. La caza es, en el estado de Colorado, un enorme negocio diligentemente promocionado por el Gobierno estatal que atrae a miles de elmers de todo el país que vienen a los espacios abiertos del oeste a liberar su alter ego troglodítico. Durante los dichosos días de temporada, que, por mala leche, coinciden con algunos de los mejores fines de semana del año para practicar el MTB, todos los que salimos en bici procuramos hacerlo vestidos de fosforito y con cascabeles que cuelgan del manillar para llamar la atención; pero, aun así, nos sentimos como vulnerables bambis mecánicos paseando en uno de esos chiringuitos de tiro al blanco. Aunque no sea precisamente una de mis actividades favoritas, reconozco que existen cazadores entre ellos varios colegas que también son bikers-, moralmente íntegros, que actúan respetuosamente tomando grandes medidas de seguridad para no causar daños a los demás o al entorno, y que seleccionan escrupulosamente a sus víctimas trabajando duro para abatirlas. ¡Ei! Después de todo, no hay nada de malo -a menos que seas vegetariano- en llenar el congelador de carne de ciervo sana y sin hormonas que utilizarás a lo largo del año. Lo malo es que por cada uno de estos cazadores con conciencia, hay mil que son inconscientes e irreverentes, que sólo salen al monte a disparar a todo lo que se mueve, a emborracharse con sus camaradas y a utilizar lo último en tecnología sin dar la más mínima opción a sus pobres presas. Para más inri, los organismos oficiales apenas se esfuerzan para que éstos acaten las leyes y regulaciones existentes -que además necesitan ser revisadas- por miedo a comprometer lo que es una de las principales fuentes de ingreso del Estado. En contadas ocasiones, nos hemos encontrado con grupos de cazadores que practicaban puntería medio borrachos en pasos de senderos abundantemente transitados por los bikers locales. Asimismo, en medio de hermosos recorridos, hemos hallado la basura que los muy guarros han dejado abandonada en sus campamentos de caza. Este mismo otoño, mientras Geo y yo bajábamos por uno de los senderos estrechos más prístinos y bellos de la zona, nos encontramos con las inconfundibles rodadas de un ATV -all terrain vehicle- que había intentado seguir el delicado sendero, ignorando los letreros que prohibían su uso vehicular y que desfiguraba el camino en el trayecto. - "¡Arrggg!", gritamos al aire en son de guerra, deseando, por unos momentos, tener un AK-47 y dedicarnos a la caza furtiva de cazadores. Gracias por dejarme expresar mis frustraciones una vez más. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Marzo 2004 Sólo Bici N.º 154 LA PRIMERA VEZ Ahhh, qué placer!.... de nuevo sentir tierra firme debajo de la goma de las cubiertas y la brisa cálida y fragante del desierto lamiéndome el cuerpo semidesnudo. Qué gozada pedalear a toda pastilla arriba y abajo por este insólito e ingente jardín de mil cactus y arbustos punzantes, esquivando espinas y garfios en cada viraje del estrecho sendero cual héroe ciberespacial en full action mode. Y qué contraste más radicalmente extremo, pienso yo mientras procuro no empalarme en alguno de estos pérfidos habitantes, estar aquí en pleno desierto de Sonora (Arizona) cuando hace sólo unas horas Karen y yo parecíamos unos michelines en los polares a -28°C que marcaba el termómetro en el aeropuerto de Gunnison (cerca de Crested Butte). Alucinante el hecho de que, en un flash, y gracias a una de estas tantas aerolíneas al borde de la bancarrota, hayamos dejado atrás el frígido y monocromático paisaje nival de nuestras montañas para ponernos de patitas en este enigmático mundo dominio del saguaro, ese cacto gigante con forma de candelabro. Ya antes de aterrizar en Tucson, en este magnífico día de principios de enero, las manos me transpiraban sólo de pensar que pronto estaría alegremente enfrascado en mi primera excursión en bici del año. En los últimos dos meses y medio, lo más parecido a pedalear que habíamos hecho fue darle a la manivela para accionar la centrifugadora de ensalada, y tocaba tomarse unas vacaciones semitropicales y hacer una visita a nuestros amigos Russ y Robin. Tanta nieve y tanto esquí no pueden ser buenos para la salud. La primera excursión del año, sobre todo cuando va precedida por meses de abstinencia total, como en mi caso, es siempre un evento que merece ser celebrado como si se volviera a nacer o como si se fuera a hacer el amor por primera vez: con excitación y fervor incontenibles. Lo único que se interpone entre tú y ese estado de nirvana es la musculatura inadaptada de tus piernas y la tierna piel de tu trasero. Después de perseguir por el desierto durante unas cuantas horas a Russ, que nunca para de montar en invierno, yo veía estrellitas y los saguaros empezaron a cobrar vida como lo hacen en las novelas de Carlos Castaneda. La única diferencia era que yo no había tomado peyote. Los niveles de endorfina que fluían por mis venas eran suficientes como para hacerme alucinar a lo grande. Robin y Karen, por supuesto, fueron más listas y llevaron un ritmo más asequible y sin derrochar tanta energía, parando a identificar toda planta y bicho viviente. Al llegar a la zona de parking, nuestros amigos sacaron del coche una nevera portátil con cervezas frescas, quesos y frutas deliciosas, y juntos celebramos ese día perfecto en el desierto. Nuestro primer día. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Abril 2004 Sólo Bici N.º 155 DE RADIOS Y DE BICIS Mi niñez fue la mar de simple. Estaban la radio y la bici. La radio era una caja amarillenta de la que emanaban noticias y relatos que masajeaban mi mente, incitándome a usar mi imaginación y a viajar en los espacios infinitos de la fantasía. La bici era una arcana BH de color azul, que había heredado de mi hermano mayor y que marcó un enorme paso evolutivo del famoso triciclo rojo de mi infancia. Era un hierro formidable que me infundía cierto temor. Mi buen padre se esmeraba en lubricar la vetusta cadena con chorros de aceite, pero no servía de mucho. Nunca tardaba demasiado en trabarse de nuevo y en el momento más inesperado, de modo que salía catapultado por los aires con peligrosa frecuencia. Sangre derramada aparte, la fiel BH me sirvió para explorar las inmediaciones de mi mundo físico y ponerme a tono con mi propia mortalidad. No había mucho más. Sí, estaban los patines, mi colección de cochecillos Matchbox, los tintines, y más tarde la tele en blanco y negro; pero creo que la radio y la bici son los elementos que mejor tipifican aquellos días de lozana euforia. De alguna manera y durante toda mi vida, a veces conscientemente y a veces no, he intentado conservar esa simplicidad, ese minimalismo fundamental, y casi he olvidado que está constantemente sujeto al embate de la sociedad tecnócrata y materialista en la que existo. No soy un monje tibetano, pero no tengo ni tele ni teléfono móvil, y sólo poseo un coche de segunda mano con menos potencia que un caracol tísico. Mi escaso vestuario sería objeto de risas para alguien que se considere un tanto hip y moderno, y mi corte de pelo es un tanto pasé. Seguramente si tuviese tele, móvil, un equipo estéreo con sonido surround sound y una PlayStation con mil juegos virtuales, no estaría escribiendo estas paridas en el Solo Bici, porque no encontraría tiempo para ello; seguramente también tendría unos michelines mucho más grandes de tanto couch surfing, y también sufriría de estrés crónico, sólo de pensar en los pagos de final de mes. A lo que quiero llegar es a que cada vez son más los viejos amigos que se quejan de su mala forma física y de que no tienen tiempo para salir porque tienen mil obligaciones, obligaciones que, en su mayor parte, se han creado (es algo que se olvida fácilmente) para pagar los crecientes gastos materiales en los que incurren. Cada vez son más los niños gordos y fofos que hay en nuestra sociedad, porque crecen hipnotizados delante del ordenador y de la tele, en lugar de hacerlo chutando balones de fútbol y pedaleando bicis por el barrio. Cada vez son más las cadenas de comidas rápidas y de cafés servidos en tazas de plástico, un síntoma inequívoco de que nuestra sociedad está dominada por una prisa constante y debilitante. Sumida en un frenesí de nadie sabe qué. Es el típico pez que se muerde la cola. ¿Es ésa la existencia que queremos?. ¿Es acaso imposible elegir otro camino? Yo todavía sigo con mi radio y con mi bici. Todavía estoy en forma y todavía tengo tiempo para oler las flores... y, además, sigo bien informado y amenamente distraído. No era mi intención pegaros un sermón soporífero... o, bueno, quizás lo era un poco.
Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Mayo 2004 Sólo Bici N.º 156 DE MAPAS Y MEDIO AMBIENTE Mapas. Me encanta estudiar mapas. Puedo pasarme horas y horas incómodamente encorvado sobre ellos, elucubrando itinerarios entre sus tintes multicolor y curvas de desnivel, memorizando nombres de altivas cimas y misteriosas aldeas, preguntándome si esa tenue línea discontinua es un sendero ciclable o una espantosa trialera, o si es posible saltar aquél collado sin nombre para conectar esos dos valles. Sobre el mapa inicio mi aventura, sopeso la viabilidad de mis sueños, contemplo la dura realidad de los desniveles y obstáculos que me esperan, e incluso intento vislumbrar, echándole un tanto de imaginación al asunto, la belleza de la tierra que hay representada en ese trozo de papel. La afición a los mapas me viene de lejos. De pequeño me adentraba en el Atlas del Mundo a la búsqueda de aventuras en países lejanos, a perderme en el verde oscuro e impenetrable de las junglas amazónicas, en la blanca desnudez de los casquetes polares, o en la topografía imposible de los Himalayas. Era una ventana por la que escaparme de la tediosa realidad y liberar mi rica imaginación. Más adelante, la cartografía pasó a ser una herramienta de trabajo con la que fabricar y planear las aventuras que han pasado a formar parte de mi profesión. Muchos de los reportajes que se han publicado en esta revista han empezado con unas cervezas entre amigos y un montón de mapas desplegados en el suelo del living. De todos los mapas que he tenido entre mis manos hay varios de especialmente queridos. Están los viejos de la editorial Alpina, que siempre me acompañaron en mis periplos pirenaicos; están los del grandioso desierto de Utah, los de la zona del Annapurna, y un largo etcétera. Sin embargo, es el correspondiente al territorio inmediato de Crested Butte, mi territorio, el que ocupa un lugar prioritario en la lista. No por nada es el más arrugado y descolorido de todos ellos. Sobre él y después de todos estos años todavía puedo trazar recorridos inéditos, encontrar senderos inexplorados y centenares de cumbres que todavía no he subido. Lo que más me fascina de este mapa de escala 1:100.000 es que en él predominan las zonas desprovistas de carreteras y grandes núcleos urbanos. En él los senderos son más abundantes que las pistas forestales, y las zonas despobladas lo son más que las pobladas. Claro que me gusta ver esa falta de presencia humana en cualquier mapa, pero por el hecho de tratarse del patio de mi casa todavía me gusta más. Sin embargo hay algo que me preocupa sobremanera. Estos magníficos espacios abiertos cuyo papel es tan vital para mantener mi salud física y espiritual, y a gran escala, la del planeta, se hallan en peligro inminente. Mr. Bush, junto con su mafia corporativa y su política avasalladora no sólo es una amenaza para la seguridad mundial, también lo es para la salud e integridad del medio ambiente de su propio país. Durante su mandato, leyes previamente creadas para la protección del medio ambiente han sido enmendadas para facilitar la explotación de recursos naturales en zonas antes vetadas. Las multas y penas por trasgresión ecológica han sido reducidas para que las multinacionales sigan su impune agresión al medio natural. Zonas anteriormente protegidas han sido abiertas al tráfico motorizado y los presupuestos destinados al National Forest Service, el organismo administrativo de las tierras públicas, y al National Park Service, el de los Parques Nacionales, continúan menguando. Bush juega sucio y la única manera de pararle los pies es iniciando la lucha localmente, defendiendo esos espacios abiertos que tanto amamos y ejerciendo el voto a cada oportunidad que se presente. Uhh... tengo que dejaros, en pocos minutos voy a un debate que se celebra en el ayuntamiento que trata sobre el tema de acceso motorizado en nuestros bosques. Hasta pronto. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA 131
Junio 2004 Sólo Bici N.º 157 FUERA DE TIEMPO No hace mucho leí una historia corta de Paul Theroux, el incansable trotamundos, que me dejó cavilando un buen rato. En ella narraba de esa manera que sólo él sabe, que en uno de sus viajes, durante una visita a un remoto archipiélago de islas que orbitan Papúa Nueva Guinea, una cosa que le afectó profundamente fue comprobar la diferente dimensión temporal en la que existen sus habitantes. Para los indígenas que durante miles de años han residido en ese paraíso tropical aislados del resto del mundo, pescando tranquilamente en sus aguas color turquesa y viajando a otras islas a conejear especias y alimentos, la noción del tiempo es muy diferente de la nuestra. Para ellos, el tiempo es una línea continua sin principio ni fin, cuyo paso viene medido por eventos celestiales, las mareas, las cosechas y las ocasionales muertes y nacimientos. Para nosotros es una cantidad fija, una línea fragmentada en infinitos segmentos que llamamos segundos, minutos, horas.... y que a su vez están inextricablemente fusionados con una serie de valores sociales, como son el dinero, los objetivos, las citas, las responsabilidades, etc. Allí nadie cuenta las horas que se tarda en construir una embarcación o en cincelar una escultura, ni dosifica el tiempo que se invierte con los amigos o con la familia. En esta sociedad, la realización de la tarea o actividad que se ejecuta tiene mucho más valor que el tiempo invertido en ella, y por esa misma regla y una vez liberados de la cárcel del tiempo, el esfuerzo humano y la amistad tampoco tienen límites, lo que da pie al desarrollo de una cultura de gente serena, afable, paciente y genuinamente desinteresada. ¡Qué suerte tienen! Sin embargo, yo no tengo tanta fortuna. Para bien o para mal, he nacido en una sociedad en la que el tiempo es oro, y acabar con esa noción requiere un esfuerzo consciente y tenaz. Trascender el tiempo, escapar de sus tentáculos, es algo que yo intento hacer a diario, aunque sea en dosis pequeñas, y la bici me ayuda un montón en esa tarea. Sobre ella alcanzo grados de desconexión que asustan. Pedaleando bajo el inmenso cielo del desierto y durmiendo bajo sus mil galaxias, uno se olvida de muchas cosas. Y subiendo y bajando montañas, a través de puertos formidables y profundos bosques, se aprenden nuevas. Cuanto más larga sea la aventura o el viaje, mejor. No hay mejor terapia que cargarse unas alforjas y circunnavegar una isla, o cruzar misteriosos países, o juntarse con un grupo de colegas y organizar una expedición de varios días en sierras desconocidas, buscando recorridos inéditos y acompando junto a un fuego. Al final, las líneas del tiempo empiezan a difuminarse y uno se siente ligero como si fuese a levitar. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Julio 2004 Sólo Bici N.º 158 EN MEMORIA DE… Vaya lata con el funeral del Reagan. A estas horas su féretro habrá puesto más millas que Lance en todos sus Tours, y con los océanos de lágrimas que se han derramado sobre sus restos mortales podrían abastecerse de agua varias países sub saharianos. Lo peor de todo es que esta fresca mañana de junio, viernes día 11 para ser exactos, iba camino de la oficina de correos a enviar las suscripciones a mis revistas favoritas de MTB y luego al banco a pagar los abonos correspondientes a mi nuevo grupo XTR, cuando me he topado con mi amigo Dave, que me dice que ni me moleste en ir porque hoy todo está cerrado. Cerrado porque los pegotes de la Casablanca lo dicen y porque hay que homenajear al Reagan porque sí, aunque el tío nunca te cayese bien y ni de rebote fueses partidario de su devastadora política del entorno o de sus crímenes contra la humanidad en Centroamérica. Ya tenemos suficiente con un cowboy chulo y ahora hay que llorar por otro muerto. De eso nada. Dave y yo sacamos humo por las orejas cuando se nos ocurre una brillante idea. Oye,... ¿no fue ayer que se murió Ray Charles? Si, no veas, eso sí que casi me hizo llorar. ¡Hommmbreeeee! la pérdida de un monstruo sagrado como él sí que merecería establecer el Día de Ray Charles como festividad nacional... por qué no empezamos a rumorear que han cerrado el banco y correos en memoria del Rey del Soul, seguro que en este pueblo tendría éxito. Vale, pues venga y de paso por qué no salimos de excursión a Deer Creek para pagarle ofrenda a nuestra manera… Deer Creek es en esta época del año un reocrrido del que podría escribir libros enteros. El verde de los prados es profundo y aterciopelado y el de los bosques de abedul, con su hoja incipiente, es fresco y lozano. Aquí y allá emergen las tempranas flores de altramuz, la calta y la consuelda, rebelándose contra la potestad verde. Los riachuelos bajan saltarines desde las alturas todavía nevadas que se elevan por encima de un sendero ondulante y serpentín que atraviesa todo este mundo bucólico como si fuese una cinta transportadora para bicis. Es un sendero de esos con los que los bikers sueltan sonrientes en sus mejores y más profundos sueños libidinosos. Tierra firme, curvas sinuosas, toboganes y peraltes naturales. Todo ello es conducente a una conducción cluida y veloz y a las sensaciones extracorpóreas. A medio camino, al alcanzar un repechón en un claro del bosque, una manada de majestuosos elk aparece ante nuestros ojos. En un instante nos bajamos de las bicis y nos agazapamos a ras de suelo. El aire sopla en nuestra dirección y todavía no nos han olisqueado. Debe haber veinte cabezas o más y casi podemos oírlos respirar. Y allí tumbados en esa misma tierra oscura y llena de fragancias vegetales en la que Ray Charles encontra las raíces de su música, contemplando esas bestias salvajes, nos sentimos vivos y eufóricos como nunca. Intentamos arrastrarnos hasta un árbol, para en el proceso delatamos nuestra presencia y en un parpadeo la manada se esfuma en las sombras del bosque. Unas horas más tarde volvíamos a estar en el pueblo y mientras pedaleábamos por la calle principal nos topamos con Kris. Le saludamos y él nos echa una mirada furtiva y nos dice: ¿Sabéis que hay todo está cerrado?... dicen que es para recordar a Ray Charles. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Agosto 2004 Sólo Bici N.º 159 HISTORIAS DE VERANO El fin de semana pasado me uní a un grupo de amigos y sus respectivas familias para acampar en un hermoso valle, no muy lejos de Crested Butte. El verano es, sobre todo aquí en las montañas, efímero como una estrella fugaz, y para mí, una de las mejores maneras de celebrarlo y vivirlo al máximo es compartiendo un anochecer en buena compañía, asando unas chuletas en la barbacoa, contando relatos junto a la hoguera y empezando el día con un potente desayuno seguido de una igualmente potente excursión en bici. Todos llegamos al campamento en coche y, una vez allí, instalamos nuestras tiendas, el toldo de la cocina y sacamos las tumbonas. Enseguida, unos nos pusimos a recoger leña para la noche y otros a preparar la cena. En ese momento, alguien del grupo mencionó que Rob, un buen amigo nuestro, había metido su saco de dormir y la tienda en su coche y que tenía intención de pedalear los 20 km hasta el campamento después del trabajo. Así se quedó la cosa, y no fue hasta entrada la noche cuando, alrededor de la hoguera, nos acordamos de que Rob no había llegado. Una verdadera pena, ya que Rob es un hombre que siempre tiene algún apasionante relato que contar y, por lo tarde que era, seguramente habría cambiado sus planes y se vendría por la mañana temprano para salir con nosotros de excursión. Al amanecer del día siguiente, fui el primero en levantarme y, como es costumbre, me dirigí al tenderete de la cocina para preparar el café para todos. El fresco matinal era acusado y una fina escarcha cubría los prados de hierba. Para mi sorpresa, allí me encontré con un misterioso bulto que, sobre una tumbona reclinada, se estremecía debajo de una fina manta de bebé con estampado de ositos y bambis. "Bu-buenos días", me saludó Rob con sus dientes castañeando y todavía vestido con su atuendo ciclista. Resulta que Rob no salió del trabajo (se está construyendo su propia casa) hasta muy tarde y no llegó al campamento hasta pasada la medianoche. Como nadie lo esperaba ya, su saco de dormir y su tienda se quedaron en uno de los coches y, como es un buenazo, no quiso despertar a nadie y optó por pasar la noche al raso con la manta que encontró. La verdad es que, conociendo a Rob, no me resultó del todo extraño que algo así hubiera ocurrido y, ante esta posibilidad, debíamos haber tenido presente a que esto podría ocurrir. Rob es uno de esos individuos que, de manera misteriosa, parecen nacer predispuestos a que les ocurran situaciones de todo tipo, accidentes, aventuras extrañas e imprevistos inexplicables, y que, sin que ellos quieran, pasan a formar parte de relatos legendarios en el folklore de estas montañas. Lo primero que me viene a la cabeza es la historia de su encuentro con un oso con el que tuvo que defenderse a golpe de rama y con la bici por escudo, o su despiste mayúsculo, que le llevó a vagar errante y hambriento por los bosques durante tres días, hasta que el equipo de rescate dio con él y su bici en una remota garganta, y les dijo que gracias pero que lo dejarán tranquilo, que ya saldría de allí él solito. Después del soberano desayuno y con Rob un tanto repuesto de su noche al raso, el grupo salió de excursión para realizar un fenomenal y exigente trazado de senderos que discurren por bosques umbríos y luminosos prados, saturados de flores alpinas. En la última de las duras ascensiones del recorrido, un doloroso asunto de plato pequeño, Rob se descolgó del grupo y yo decidí atenuar la marcha y esperarle. Miré atrás y le vi saltar de la bici y lanzar un despliegue de movimientos y muecas. Y es que le dieron unos calambres monumentales que necesitaban un masaje urgentemente. Mientras yo le masajeaba las piernas y él aullaba de dolor detrás de los matorrales, otro grupo de ciclistas pasó
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por allí y, por sus miradas y la aceleración de ritmo, estoy seguro de que interpretaron que lo que allí estaba ocurriendo era un explícito y descarado rito sexual al lado del camino. Al fin, Rob se recuperó y los dos proseguimos el camino hasta reencontrarnos con el grupo, que nos esperaba al final del descenso final. Después de un breve silencio alguien comentó en tono gracioso: "Eh, nos han dicho que os estabais dando un revolcón en los matorrales", y todos nos moríamos de risa. Sí, hay que disfrutar del verano a tope. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Septiembre 2004 Sólo Bici N.º 160 MENOS MAL QUE ESTOY VIVO Fue subiendo hacia el collado de Star Pass cuando empezamos a sentirnos incorpóreos. Seguro que el hecho de estar a más de 3.500m de altura tenía algo que ver con ese estado de levedad sobrenatural, aunque también había otras razones. Mi compañero y yo formábamos parte de un paisaje que parecía salido de un vaporoso sueño de unicornios y hadas mágicas. Jirones de niebla matinal flotaban a nuestro alrededor suavizando el espléndido sol de verano y dejando entrever pedazos de un cielo azul puro. Los prados alpinos por los que pedaleábamos eran de un verde ‘kodak chrome’ saturado y profundo, resultado de los frecuentes chaparrones y brillantes arcos iris con los que este año nos había obsequiado la naturaleza. El estrecho sendero por el que los dos ascendíamos a paso de oruga se hallaba en condiciones nunca antes vistas; la tierra tenía el grado de humedad perfecto y su superficie era tan firme y adherente como el mejor asfalto. No nos podíamos creer que estuviésemos subiendo las inverosímiles rampas de Star Pass, una hazaña considerada imposible por la peña más ‘hardcore’ del pueblo. Sin embargo, allí estábamos, ganando terreno centímetro a centímetro, dándole desesperadamente al 22x34 con la punta del sillín embutida en el esfínter y el sistema aeróbico a punto de estallar en mil pedazos. La llegada al collado fue un instante emotivo. Tocados por la belleza que nos rodeaba y estimulados por la realización con la que habíamos roto el mito de las rampas de Star Pass, los dos vibrábamos con una irreprimible euforia que nos hacía brincar y retozar puerilmente. Fue durante esos momentos de arrebato cuando yo dije algo así como: "Podría morirme aquí mismo y moriría satisfecho". Nunca debería haber dicho tal tontería. Tres horas después de dejar el collado de Star Pass, los dos nos estábamos hinchando de pizza en el restaurante que hay en lo más alto de la estación de esquí de Aspen, celebrando un día extático en las alturas de las Rocosas. Sólo nos quedaba el vertiginoso descenso hasta el pueblo de Aspen para encontrarnos con nuestro amigo ‘el holandés’. La pista forestal que tomamos ha sido escenario de numerosas pruebas de descenso, ya que baja 1.100 m de desnivel en apenas 4 km; así, decir que es empinada es quedarse corto, pues es casi como tirarse desde el hueco de un ascensor. Los dos bajamos a toda velocidad, dejando detrás una estela de risas y gritillos histéricos. Yo iba lanzadísimo por delante de mi amigo, y cuando ya tenía el pueblo de Aspen a tiro de piedra, salió de repente y de una curva ciega un todoterreno que ocupaba toda la pista. Tenía unos 50 m para hacer algo. A derecha, el lado de la montaña formaba un muro vertical, y a la izquierda, tenía un talud empinadísimo que quién sabe adónde iba a parar. Le di a los frenos de disco, la bici culeó de lado a lado de la pista y ya me veía incrustado en el morro del vehículo convertido en una piltrafa de carne y pizza semidigerida. En el último momento logré poner la bici de través, pero me caí sobre un lado y mientras me deslizaba sentí la grava erosionando, cual ralladora de queso, mi cadera y brazo derechos. Me detuve justo debajo del parachoques del coche y lo primero que pensé fue que, de haber muerto, no habría sido una muerte feliz. Estaba vivo, aunque un tanto maltrecho, y eso era lo único que importaba. El conductor salió a ver qué hacía allí debajo y me preguntó visiblemente afectado si estaba bien, y yo, supurando adrenalina por mis heridas sangrantes, me puse de pie y con mis brazos en alto lancé un grito triunfal a todo pulmón: "¡Estooooy mejoooor que nuuunca!". Obviamente, el tío no supo qué decir a eso y sin perder un momento se metió en el coche, seguramente pensando que yo era un loco peligroso. Mi colega se perdió todo esto porque las llantas recalentadas le provocaron un pinchazo más arriba. Pero más tarde y ya en compañía ‘del holandés’, nos tomamos unas cervezas en honor a nuestra amistad, a uno de los mejores días que habíamos tenido ese verano y, sobre todo, por lo preciosa que es la vida. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA 136
Octubre 2004 Sólo Bici N.º 161 BUSCANDO MUSAS Hay días en que uno necesita de mala manera una buena dosis de inspiración externa. Una musa que sin miramientos le dé una patada en el culo y le haga salir de casa. Sobre todo ahora que estamos a finales de este corto pero hermoso verano que ha logrado estrujar el último amago de energía que había en mí. Me siento como si hubiera acabado de pasar dos meses en un coche de rally sin frenos y con el acelerador atascado. Gracias a las frecuentes tormentas de tarde que nos han caído, las condiciones de los recorridos han sido óptimas, y después de pasar un par de años tragando polvo como beduinos, era imperativo salir a diario a disfrutar de esa tierra compactada, húmeda pero no mojada, que te permite alcanzar niveles máximos de tracción y velocidad. Era imposible resistirse al espectáculo multicolor de la alta montaña profusamente regada y alimentada. Todo esto fue la fórmula perfecta para efectuar excursiones largas y tendidas y explorar nuevos recorridos. Y también lo fue para darme unos revolcones y llevar a cabo aterrizajes forzosos como hacía tiempo que no había experimentado. Los cardenales y abrasiones de este verano tardarán en desvanecerse. Un sábado de a finales de agosto fue la puntilla de este colosal verano. Una tormenta de nieve, sí, de nieve, nos pilló en bolas en plena excursión. Por suerte, un grupo de gente que había llegado hasta allí en todoterreno tenía encendida una hoguera en la que pudimos calentarnos hasta que la ventisca amainó un poco y logramos bajar medio hipotérmicos hasta el pueblo. Tiritando en la ducha me dije que quizás era hora de tomarme un descanso de la bici. Fue en estos momentos de flojera galopante cuando José Antonio Hermida llegó a mi rescate una vez más, y esta vez lo hizo desde Grecia. Allí, y de camino a su plata olímpica, Hermida nos dio una lección más de coraje, dedicación y autodeterminación. Allí, revolcándose en el polvo griego de la línea de meta volvió a transmitirnos su genuina y contagiosa joie de vivre. Hermida es un campeón olímpico no sólo en carne y hueso, sino también en deportividad y actitud. Felicidades y gracias por la inspiración. Y no, no me tomaré un descanso de la bici. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Noviembre 2004 Sólo Bici N.º 162 REPASO DE SEPTIEMBRE Tantas cosas que contar y tan poco espacio. ¿La solución? Hacer un repaso a modo de diario con los momentos más importantes que recuerdo de este mes. Creo que voy a hacer esto más a menudo. - Vaya, hombre, hoy me entero de que han pillado a Hermida con el hematocrito por encima del límite permitido. Cuando les ocurrió a Philip Meirhaegue o a Tyler Hamilton no me sentí tan afectado. Hermida es mi amigo (y musa). Es más, tan pronto leí la noticia me vino a la cabeza que años atrás, mientras rodábamos juntos, me confesó que su hematocrito era naturalmente elevado. ¡Por Dios, Hermida!, ¿por qué en todo ese tiempo no te procuraste un certificado médico que así lo demuestre? Tendrás el hematocrito naturalmente elevado pero sé que no eres naturalmente cateto. Espero que todo esto se resuelva pronto. - Hace unos días tuvo lugar la 28ª edición del Pearl Pass Tour, la histórica megaexcursión que une Crested Butte y Aspen, saltando un brutal puerto de 4.000 m. La tradición es ir a Aspen en un día y volver al siguiente. Mi colega Kris y yo nos unimos a la romería pero a causa de compromisos sólo pudimos llegar hasta la cima del puerto y volver a casa. Nos libramos de una buena. A la mañana siguiente, mientras Kris y yo saboreábamos chocolates calientes en casa, el tiempo cambió bruscamente. Cuando el grupo estaba a medio camino de vuelta, le pilló un marrón de cuidado, con nieve y fenómenos meteorológicos varios, y llegó al pueblo al borde de la hipotermia. - ¿Cómo puede uno trabajar en casa con tanta belleza fuera? Los bosques se están poniendo su mejor indumentaria otoñal y los senderos están de ensueño. Encima, cada vez que salgo me pongo poético y me da la nostalgia otoñal. Esto es insoportable. - Mi amigo Iñigo, que ahora trabaja para los de SRAM en Alemania, me ha enviado a un colega suyo alemán (del trabajo) para que le lleve de excursión por los alrededores. Joachim (Joe para los americanos) resulta ser muy buen chaval, a pesar de que lleva Grip Shift. Le llevo a rodar por una muestra de senderos que hay por aquí. Disfruto como un enano enseñando mi territorio a amigos y visitantes. Supongo que es señal de que todavía me fascina este rincón del mundo. - Hace un frío de perros y me duele hasta la punta de la nariz. Ha vuelto a nevar en las montañas y, para no perder el ritmo, dos días antes me apunté a unas clases de Pilates, una especie de tortura aeróbica-yóguica que busca el equilibrio entre musculatura y flexibilidad. No sé si me resultará beneficioso pero estoy seguro de que seguiré adelante con el programa. La profesora está como un tren. - El debate Bush-Kerry me dejó un mal sabor de boca. Decidirse por uno de los dos es como escoger entre un zapato tres tallas demasiado pequeñas u otro tres tallas demasiado grandes. Ambos son igualmente inútiles. - Vuelve a hacer buen tiempo. El otoño es más mutable que los humores de mi compañera. Nunca sé qué ponerme. Hoy he salido de excursión con Keith hasta un pueblo fantasma que hay colgado en las montañas. Allá, en las viejas cabañas, hemos encontrado fragmentos de botellas del año de la pera, un botón de nácar y un pedazo de cuero perteneciente al zapato de algún minero que hace 100 años trabajó como un esclavo, invierno y verano, en un frío agujero excavado en la tierra. Y aquí estamos nosotros, rodando nuestras flamantes bicis, enfundados en nuestros brillantes maillots, gozando de este perfecto día de otoño. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Diciembre 2004 Sólo Bici N.º 163 RECUPERÁNDOME DE LA RAMPAGE Cada vez que vuelvo de la Red Bull Rampage me toma un tiempo recobrarme de tantos saltos escalofriantes, piruetas vertiginosas y hostiones potencialmente mortales. Y no veas la música. Esa música rabiosa y diabólica, que amplificada por la concavidad del anfiteatro natural me hacía desear tener un bazoka con el que vaporizar al Dj... y de paso también derribar al helicóptero de la tele que no paraba de revolotear sobre nuestras cabezas como si aquello fuera Faluya. Comparado con la Rampage, una Copa del Mundo de descenso parece una insípida convención de monjas. Intuyo que las causas de mi aprehensión hacia el aparato exhibicionista de este tipo de megaevento freeride tienen algo que ver con el gap generacional y mucho con mis instintos, que son más bien cumbayás. Inevitablemente, el montaje que se lleva y el espíritu que transpira me recuerda más a un evento de Fórmula 1 o de supercross que no a algo mínimamente relacionado con bicicletas o MTB. Dicho esto, debo admitir que más allá de, y una vez trascendida, la espesa neblina de adrenalina y testosterona que lo envuelve todo, hay una parte de mí que realmente disfruta del espectáculo. Creo que sería anormal no sentir sana admiración por la virtuosidad y audacia que estos atletas muestran en el pavoroso terreno que es su dominio. Son unos artistas del vértigo. El Rampage es quizás el evento que mejor ejemplifica la especialización a que el freeride se ha visto sometido en su corta vida. Lo que empezó en los espesos bosques de Vancouver como una ramificación del MTB hacia una forma más técnica y rebelde, ha evolucionado hasta convertirse, por lo menos en su forma más extrema, en una disciplina que poco tiene que ver con el entorno natural y la simple satisfacción de practicar un deporte al aire libre, y tiene mucho más que ver con la pura ejecución técnica de maniobras y piruetas aéreas que necesitan de un entorno controlado y frecuentemente prefabricado. Claro que en estos días en que la única garantía de éxito de un deporte depende de su comercialización y de su buena integración en el mundo de los medios de comunicación en masa, no es de extrañar que el freeride sea el niño predilecto del MTB. Su espectacularidad, su ritmo trepidante y su buena predisposición a ser espectado y filmado en un entorno controlado lo hacen perfectamente atractivo sobre todo a las hordas de adolescentes adictos al constante e hiperactivo bombardeo de programas tipo MTV o de sus juegos de vídeos favoritos. Me pregunto si de tener veinte años menos, abrazaría el freeride con más convicción. Es posible que sí, creo en aquello de que el carácter es en gran parte circunstancial. Pero como no los tengo, lo que mas ansío ahora es perderme en el monte, empaparme de la belleza de la menguante naturaleza en que vivimos y si puedo hacerlo integrando un poco de la osadía y el coraje que el freeride me ha enseñado en estos últimos años, mejor todavía. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Enero 2005 Sólo Bici N.º 164 UN FINAL DE TEMPORADA ABRUPTO Normalmente es la primera gran nevada o la primera gran incursión de aire polar, pero esta vez fue la Gran Hostia de Geo la que puso un punto final eficaz y contundente a la temporada. El suceso ocurrió justo en esa época del año en la que ansiosamente se espera alguna señal o intervención divina que termine con el sufrimiento, con esa manía por seguir pedaleando a temperaturas negativas, bajo vientos gélidos y sobre traidoras placas de hielo. Rodar entre la época que transcurre de otoño a invierno es como caminar en la cuerda floja; sales animado pero cuando llegas a esas frígidas alturas continentales, las salidas se convierten en un purgatorio del que se desea ser rescatado. Ese día, un grupo de amigos habíamos bajado a las desoladas colinas de Gunnison, a unos 50 km al sur de Crested Butte, a realizar un nuevo recorrido que se rumoreaba era muy técnico. Yo me lo perdí todo porque iba un tanto rezagado, pero me lo contó Lu, que casi es mejor que la propia experiencia. Los dos iban a toda pastilla por un tramo rápido del sendero cuando de repente y sin apenas aviso éste se desplomó en una trialera granítica que exigía mucho tacto, aptitud por la cual Geo no es precisamente famoso. Justo a la entrada de la trailera y cuando vio lo que se le venía, Geo echó mano a los frenos, pero la rueda delantera embistió una roca al lado del sendero y salió catapultado por los aires como un muñeco de esos que se usan en pruebas de seguridad vehicular; dibujó una bonita parábola elíptica que cinco metros más tarde terminó en seco contra un bloque de granito al lado del camino. Sus manos y sobre todo la nariz fueron las que pararon la considerable inercia generada en el proceso. Cuando yo llegué a la escena de la catástrofe, había sangre por todas partes y Geo se sujetaba la cara con apreciable dolor mientras se cagaba en todos sus muertos. Su nariz parecía un pedazo de carne picada, pero afortunadamente la cabeza y lo demás parecía funcionar. Sólo ha sido un susto, pero vaya susto. En el hospital de Gunnison, mientras le examinaban y recomponían la nariz, Lu y yo comentamos que de no ser Geo el que se da el hostión, alguien la hubiera pifiado. Es un concepto difícil de comprender a menos que uno le conozca, pero es que Geo es lo más parecido que hay a un cruce entre un humano y rinoceronte acorazado. Las leches que ha sobrevivido él no las sobrevive cualquiera. Dos días más tarde cambió el tiempo, nevó un montón y los caminos quedaron sepultados bajo una fresca y profunda capa de nieve, cerrando de una vez por todas el asunto. Pero esa no era la razón que nos paró de salir en bici. Nuestra temporada terminó dos días antes de que llegara la nieve. Han pasado un par de semanas y Geo todavía parece un mapache con sus dos ojos morados y el narigón como una patata, pero detrás de esa máscara natural, sus ojillos brillan con una luz perversa. Ha llegado la temporada de esquí y pronto volveremos a ir a saco por las pistas y montañas de Crested Butte. Si su nariz sigue así de roja en un par de semanas, tendremos al perfecto Papá Noel para estas Navidades. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Febrero 2005 Sólo Bici N.º 165 VITAL COMO EL PAN Conjunto de ropa interior térmica, pantalones resistentes al viento, pieza de forro polar, chaqueta de plumón tipo expedición, buff, y encima gorro de lana con orejeras, zapatillas cubiertas con botines de neopreno, guantes de esquí,... voy a por la bici anadeando como un pingüino. El lacerante aire exterior me hiela al instante los pelos de la nariz. El termómetro marca unos inhumanos -30ºC. Podría estar en la mítica Iditabike de Alaska, cruzando los glaciares de Islandia a ritmo de Bjork, o quizás intentando la primera travesía invernal en bici del hielo continental patagónico, pero mi realidad es mucho menos interesante: voy a buscar una docena de huevos al supermercado. Sí, el invierno se ha instalado de una vez por todas en este rincón siberiano de Colorado. Me gustaría poder relataros alguna excursión épica de singletrack o una aventurilla pedaleante en algún paraíso tropical, pero lo único, en relación a bicis, que tengo para contar son anécdotas como el monumental caderazo que me di en el hielo, para no arrollar a una señora que cruzaba la calle distraída, o la otra torta que me pegué, para evitar, esta vez, ser atropellado por el bus. En vista de todas estas cuasi tragedias, y debido a las excepcionales condiciones de hielo negro que este año tenemos en las calles del pueblo, por primera vez en mi vida le he puesto una cubierta de clavos a la rueda delantera de mi vieja bici de paseo. La verdad es que me va la marcha de los clavos. Ahora puedo doblar las esquinas a velocidades imprudentes y aterrar a las señoras que cruzan la calle, haciéndoles creer que no podrán parar a tiempo. A parte de eso, todo lo relacionado con la bici se encuentra en un profundo estado de hibernación. Eso no quiere decir que me esté tocando las narices todo el invierno. Siempre está el esquí, pero para esa historia tendréis que comprar la revista Solo Nieve, que esto es una revista de bicis. Aún así, nos ha hecho un diciembre tan frío que salir a esquiar, más que una diversión, era un acto de masoquismo extremo. Todavía no me he pasado a hacer macramé, pero casi. Durante lo peor de la ola de frío, mi amigo Gary, con quien a menudo salgo en bici en verano, se empeñó en enseñarme a hacer pan. Durante una semana y a horas intempestivas de la mañana (horario de panadero), me hacía cruzar el pueblo hasta su casa y, una vez allí, amasábamos, formábamos las hogazas de pan y las horneábamos en lo que era una ceremonia que Gary decidió llamar ‘Baking with Bob’, u horneando con Bob’, refiriéndose a Bob Dylan, porque durante nuestras sesiones solo escuchábamos su música. Finalmente hice mi primera hogaza sin supervisión y fue una especie de graduación. No salió mal del todo, quizás un pelo denso pero la corteza era crujiente y gustosa. Hacer pan me recuerda un poco a rodar en singletrack. La emoción y la aventura de moverse por terreno desconocido se juntan con diferentes variables, factores y posibilidades para crear algo sorprendentemente delicioso y sublime. No hay nada tan vital como el pan y la bici. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Abril 2005 Sólo Bici N.º 167 UN CONCURSO ASQUEROSO COMO NINGUNO El espíritu competitivo del ser humano a menudo se manifiesta de forma extraña. En ocasiones, extremadamente extraña. Hay concursos de a ver quién puede tragarse más frankfurts en diez minutos, otros en los que se comprueba quién puede lanzar más lejos un televisor o el viejísimo de a ver quién sobrevive más rato corriendo delante de un toro enrabiao. Aquí en Crested Butte también tenemos una lista de concursos y pruebas la mar de curiosos pero, de entre todos ellos, hay uno que destaca sobremanera. No sólo es extraño, sino también repugnante. Cada año, cuando el revigorizado sol primaveral por fin derrite las últimas nieves, no son todo tiernos brotes de hierba y delicadas florecillas lo que aparece tras su marcha. En las calles, en los jardines y en los parques del pueblo, los miles de excrementos expulsados por nuestros queridos canes, que durante todo el invierno han permanecido en estado de hibernación bajo múltiples capas de nieve, emergen, se descongelan y liberan sus fétidos efluvios por todo el valle. Antaño, cuando las calles todavía no se habían asfaltado y la gente era más rústica, defecaciones y tierra formaban una argamasa indistinguible y nadie se quejaba. Sin embargo, hoy en día, en esta era de turismo rural y embellecimiento postizo en la que nuestras narices se han hecho mucho más sensibles, esta eclosión masiva de boñigos es antiestética y políticamente muy incorrecta. Imagínate que, después de gastarse la pasta en una oficina inmobiliaria, un preciado inversor salga y... ¡plas!, uno de sus bruñidos zapatos italianos aterrice de pleno en un pastel pútrido, gentileza del perro del vecino. Afortunadamente, mi amiga Kate Seeley, una artista local con conexiones en la industria ciclista, tuvo la gran idea de montar un genial concurso de recogida de excrementos, acertadamente llamado Poop Fest (festival de las cagarrutas), en el que el ganador sería quien recogiese más kilos del pestilente botín. Pero aquí no se acaba la historia. El gran premio era nada más y nada menos que un cuadro de suspensión de Maverick pintado a mano por la misma Kate. Eso logró una concurrida participación, sobre todo entre el contingente biker del pueblo. Chris Ladoulis, un fotógrafo y biker del lugar, logró llevarse el valioso premio después de inclinar la balanza con 26 kg de caca. Seguro que jamás una marca de bicis había patrocinado un concurso de este tipo, pero después del inesperado éxito es posible que firmen contrato para años... Yo ya voy buscando con mi nariz los mejores terrenos de cosecha. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Mayo 2005 Sólo Bici N.º 168 ORBITANDO EL PLANETA PEDALIER Dicen, se habla, de que hay lugares lejanos en los que la hierba es verde, los árboles lucen hojas y las flores se mecen el fragrante aire primaveral. Pero aquí en este dichoso valle de las Rocosas lo único verde que hay es el del tapiz de las mesas de billar. Montañas, senderos, pistas e incluso coches y bicicletas siguen sepultados bajo una gruesa y uniforme capa de nieve que no parece tener la mas mínima intención de desaparecer. A este paso no rodaremos nuestros recorridos favoritos de montaña hasta Agosto. Aún así ya llevo unos cuantos días saliendo con la bici. No la de montaña, la de carretera claro. No podía resistirme a las tropicales temperaturas que al mediodía llegaron a alcanzar unos fantásticos 2ºC. Además, también me sentía extremadamente motivado a salir porqué en un momento de depresión invernal profunda me apunté a la Transalp, la megacarrera que cada mes de Julio cruza los Alpes de Alemania a Italia por el trazado mas bruto y perverso que los sádicos organizadores teutones puedan encontrar. No sé en que estaba pensando yo cuando me inscribí voluntariamente a tan tamaño autoflagelación, pero el caso es que sin una pizca de tierra orgánica en muchas millas a la redonda, la bici de carretera se ha convertido en mi mejor aliada, en un valioso instrumento con el que no perder la costumbre de dibujar círculos con las bielas. Círculos, que dicho sea de paso, son el movimiento base del ciclismo como el swing puede serlo en el golf o el tenis y el viraje en el esquí. Nuestro avance, nuestra capacidad de recorrer grandes distancias, de subir puertos inhumanos, de bajar a velocidades centelleantes mas allá de lo que la gravedad nos otorga y, por extensión, de divertirnos a lo grande, depende en gran parte de la cadencia, la potencia y en suma, de la eficacia con la que consumamos ese eterno molinillo. Un encanto de la bici de carretera es la oportunidad que te brinda de poder aislar limpiamente ese movimiento básico y rudimentario. Dándole a los pedales sobre un pedazo de asfalto solitario uno puede sumirse en un profundo estado meditativo difícilmente alcanzable sobre la bici de montaña, dónde uno está sujeto a las distracciones impuestas por las irregularidades del terreno y el reto técnico. Es un poco como volver a los orígenes. Hubo un tiempo en que las diferencias, por lo menos técnicas, entre la bici de montaña y la de carretera eran mínimas, habían las cubiertas gordas, las cubiertas delgadas y poco mas. Hoy en día eso ha cambiado. La bici de montaña ha evolucionado hasta convertirse en una maravilla de ingeniería con basculantes, pivotes, poleas, amortiguadores, palancas y velocidades mil. Con ello hemos ganado en confort, en capacidad técnica, en velocidad punta, pero lo hemos hecho en detrimento de nuestra conexión con aquello que es en realidad la plataforma de nuestra propulsión: la pedalada. Es un poco como ocurre con los filmes modernos de Hollywood: A base de acción incesante y bombardeo sensorial, se acaba por insensibilizar al espectador, a desconectarle de los elementos mas básicos del cine como pueden ser la actuación y el argumento. No nos olvidemos de que todo sigue girando en torno al planeta pedalier. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Junio 2005 Sólo Bici N.º 169 EN BUSCA DE UNA NUEVA IMAGEN La primera vez que me puse pantalones cortos holgados para ir en bici lo hice con poca vehemencia. Mi aspecto era bufonesco. Mis hirsutas piernas apenas si asomaban de entre las anchísimas y largas perneras, cobrando un aspecto extrañamente canijo y desproporcionado. Una vez sobre la bici, entre pliegues y material superfluo, recuerdo sentirme como si llevara unos dodotis puestos. Y más tarde, mientras bajaba una trialera bien tirado hacia atrás, casi me rompo la crisma cuando las perneras se me trabaron en el sillín. No me cabía la menor duda de que quien quiera que fuese el creador de los pantalones holgados para ir en bici, debía ser un skateboarder urbano que solo usaba su bici de BMX para ir a la pista de skating con la tabla bajo el brazo. Total, que al día siguiente volvía a lucir contento como nunca, mis culottes de licra de toda la vida. Eran eficaces, cómodos y se amoldaban perfectamente a mis glúteos y paquete como una segunda piel. En ellos me sentía como un torero enfundado en su traje de luces. Capaz de enfrentarme a cualquier peligro. Siempre he sido de la opinión de que es una mala idea el apuntarse gratuitamente a cualquier moda o nueva tendencia, sobre todo en lo que a deportes de alto nivel de acción se refiere. En primer lugar y cerciorarse de la función y eficacia de dichos chismes y prendas. Aún así, cuando me convertí en el ufano propietario de mi primera suspensión dual, pensé que quizás era hora de aprovechar y refrescar mi imagen de biker de siempre. La verdad es que estaba un tanto cansado de ser el típico individuo que va a una fiesta de disfraces para darse cuenta de que es el único que va disfrazado. Es algo que me ocurría cada vez más, sobre todo al salir con grupos más jóvenes de bikers. Allí estaban los colegas, con su indumentaria tres tallas de sobras ondeando al aire a modo de estandartes de la ‘new school’ del mtb, y yo, embutido en mi licra, bien ceñidito, con todas las pintas de un ex profesional retirado. No podía evitar sentirme como un pingüino en Torremolinos. Por más manías que tuviese, tenía que echar una cana al aire y hacer algo. Me compré una camiseta holgadísima, unas zapatillas que parecían una réplica de mis "keds" de cuando era pequeño e incluso me ponía los shorts holgados para no desentonar en las situaciones sociales. Pero sólo los usaba cuando sabía que íbamos a ir en plan paseo, a oler flores y hacer la siesta bajo un pino. Llegada la hora de la verdad, mi fiel spandex volvía a tomar el protagonismo más absoluto. Pero todavía no estaba dispuesto a claudicar en mi búsqueda del short holgado perfecto. Hace poco, mientras Karen y yo estábamos en Moab (ver reportaje ‘Como el Viento’), entramos a husmear en una tienda de bicis muy ‘hip’, y me percaté de unos shorts que colgaban de un perchero. Eran holgados pero sin pasarse, su diseño era simple, sin diez mil bolsillos y cremalleras, y eran de un color más bien orgánico la mar de discreto. Todo era prometedor. Me los probé inmediatamente, me iban un poco ceñidos pero era totalmente aceptable, de hecho me recordaban un poco a mis viejos culottes, y eso me gustaba. Era un poco extraño que no tuviesen cremallera, pero no importaba. Los compré. El tío de la registradora me echó una mirada sospechosa, pero no le hice caso. Fue ya una vez en el coche, mientras estudiaba excitado la etiqueta de mis nuevos shorts, que me asaltó la chocante realidad: había comprado unos shorts para chica. Karen se rió a carcajadas, mientras yo los sostenía en mis manos un tanto desconcertado. Al fin había encontrado los shorts perfectos y resulta que eran de mujer. Desde luego era para reírse. No, no los devolví. Ahora resulta que no sólo voy al día, sino que también paso por progre cuando les digo a mis amigos que mis shorts son de mujer, y además… me vienen la mar de bien. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Julio 2005 Sólo Bici N.º 170 VIAJE A LA REALIDAD No es ni vanidad ni prepotencia, pero después de pasar 20 años viviendo en lo que se considera un lugar privilegiado para la práctica del mtb, uno inevitablemente acaba sintiendo cierta confianza en sus habilidades sobre la bici. Con su agreste orografía, zigzagueante single track y una interminable lista de recorridos épicos, la zona de Crested Butte ha sido para mí una escuela perfecta que me ha preparado para afrontar con éxito casi cualquier reto que pueda encontrar en los lugares más dispares del planeta. No importa si mi objetivo es una travesía en la selva australiana, en las místicas alturas del Himalaya o en la espesura de Oregón, normalmente lo persigo con la conciencia segura de que he hecho mis deberes bien hechos y que sólo mediante un corto periodo de adaptación me pondré a la altura de las circunstancias y estaré listo para todo lo que la orografía y los bikers locales puedan echarme. Sin embargo, hay un lugar que escapa por completo al alcance de mis dotes, preparación y experiencia. Me refiero al North Shore de Vancouver. La cuna del freeride allá en el lluvioso oeste canadiense. Mucho antes de que la palabreja se acuñase y montando sus Konas, Brodie’s y Rocky Mountains (todas ellas marcas de la zona) rígidas, los bikers de la zona ya abrían trazas en la verticalidad musgosa de sus bosques, que incluso hoy darían escalofríos a los trialeros más consumados. Un viajecito a estas partes es todo lo que se necesita para poner las cosas en su sitio y rasgar cualquier amago de sueño de grandeza que pueda alojarse en tu persona. Fue hace poco, durante mi reciente visita a Rocky Mountain, en un apartado rincón de la arcaica masa forestal del North Shore, cuando desperté a la dura realidad. Allí, tirado boca abajo, con el costado izquierdo de mi cuerpo completamente sumergido en una ciénaga de lodo y el muslo dolorosamente incrustado en una piedra puntiaguda, todo mi orgullo y autoestima se desinflaron como una cubierta que pierde aire por un boquete de medio palmo. Encima, la única testigo de mi grotesca contorsión era nada menos que la guapa Lesley Tomlinson, que con su tierna voz de hada de los bosques me preguntaba como un disco rayado: "¿Estás bien? ¿Estás bien? ¿Estás bien?. No me era difícil adivinar que, por detrás de su máscara de cortesía social, se deleitaba viendo al pobre reportero que había osado salir con ella de excursión en tan humillante situación. No fue ni mi primera caída ni la última, ni siquiera fue la peor, pero sí que marcó un hito que cambió mi actitud durante el resto de mi estancia. A partir de ahí, no paré de reírme como un loco enano del bosque mientras me aplicaba tanto como podía a aprender la lección que los amigos canadienses estaban empeñados en enseñarme. Por fin me había despojado de mi lastre de orgullo y no iba a dejar que nada fuese a aguarme la fiesta. No estoy seguro de que no hay un lugar tan radical como el suroeste de British Columbia en todo el planeta. Y me alegro de ello. Es bueno comprobar que siempre hay algo más por aprender. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Agosto 2005 Sólo Bici N.º 172 TRANSALP EXPERIENCE Menos el cuadro de mi bici catastróficamente magullado, la pila de ropa pestilente que todavía hay delante de la lavadora y unas cuantas fotos de nuestra épica aventura, todo lo que queda de mi paso por la Transalp son memorias. Montones de memorias que, como pescado recién sacado de las redes, vivamente coletean en el caótico mercadillo de producto fresco de mi mente: allí están las imágenes tecnicolor de fantásticos paisajes dolomíticos y refulgentes glaciares, de verdes valles y encantadores pueblos, de enormes platos de pasta y deliciosa cerveza bávara, de centenares de bikers fluyendo como un río humano a través de pueblos y montañas, de brutales ascensiones que nunca parecían terminar y que cuando terminaban iban seguidas de otras ascensiones igualmente brutales, de expresiones agónicas, de gestos de compañerismo y determinación, de deslizadas por empinados neveros, de espectadores que nos animaban en extrañas lenguas, de arcaicos senderos serpenteando por las alturas alpinas, de escalofriantes descensos rompehuesos y destruyebicicletas, de cuerpos rotos al lado del camino, de gritos de horror, de mil pinchazos y cadenas rotas, de piel convertida en carne cruda de hamburguesa, de entrepiernas ulceradas, de calor que derretía, de escuelas convertidas en improvisados campamentos de refugiados, de largas colas para ir al lavabo, para ir a cepillarse los dientes, para cenar y para desayunar, de diarreas incontenibles y hedores indecibles, de noches de insomnio y conciertos de ronquidos, de la lujosa satisfacción de pasar una noche en una habitación de hotel, de cafés y gelattos italianos en la plaza de viejos pueblos a la puesta de sol, de zambullidas en fuentes públicas, del inevitable y muy anticipado baño en las refrescantes aguas del Adriático y, por fin, de la exuberante euforia que se apodera de ti al finalizar un evento de esta magnitud. Todas estas memorias y muchas más quedarán para siempre (o por mucho tiempo, espero) grabadas en el disco duro que llevo entre cejas. Sería injusto tratar a la Transalp como una carrera cualquiera y limitarse a mencionar las guerritas entre los cuatro de cabeza y comentar los resultados de los diez primeros. Por su enorme participación (512 equipos de 2), superhumana dificultad y formato de etapas, la Transalp es un intricado cúmulo de historietas y experiencias difíciles de hallar en una carrera convencional. Aunque no pretendo hacer comparaciones baratas con el evento más duro del mundo, la Transalp es lo más parecido que existe a un Tour de France en el mtb, pero mucho menos aséptico y elitista y mucho más guarro, triturador y proletario (¿cuándo has visto a Lance Armstrong deslizándose sobre un empinado nevero?, ¿haciendo cola para lograr un plato de pasta? o ¿durmiendo sobre una colchoneta en un gimnasio con 800 personas más?). Me siento orgulloso de haber participado (y finalizado) en un evento como este, con un compañero de sufrimientos tan entrañable y enrollado como Jordi Laparra y de poder relataros nuestra historia desde dentro en el próximo número de Solo Bici. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané / Desde Crested Butte, USA
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Marzo 2007 Crosscountry N.º 10 XAVI FANÉ "Del mountain bike me gusta la diversidad de experiencias y sensaciones en plena naturaleza" por Juanfran de la Cruz
El mountain bike es muchas cosas, es diversión pueril, es enajenación paisajística, es camaradería, es meditación y descubrimiento, ocasionalmente es el miedo a dejarse la piel al lado del camino y también el reto físico de superarse a uno mismo y superar a los demás". Estas palabras de Xavi Fané están incluidas en uno de sus muchos artículos sobre este deporte, "Sin ritmo ni cadencia", publicado en 2001. El mountain bike o el esquí, la montaña en general, alcanza la categoría de arte a través de la pluma y la cámara de este catalán que, desde 1984, vive al otro lado del charco. Fané, periodista y fotógrafo, gran amante de la bicicleta, ofrece a Cross Country sus impresiones sobre esta pasión del pedalear en la naturaleza. Esquí, bicicleta de montaña,... desde luego haces bueno eso de "vivir montañosamente" de lo que hablabas en uno de tus artículos ...Y la bici y el esquí son sólo la punta del iceberg. Lo que para mí simboliza esta expresión es la naturaleza pujante y siempre dinámica de la montaña, en su grandiosidad, en su carácter indómito y en su rica diversidad, todos ellos elementos que de alguna manera quisiera adoptar en mi vida. A nivel de practicantes, ¿cómo se vive el mountain bike en Estados Unidos? Por supuesto hay de todo en este enorme país, pero puestos a generalizar el mountain bike aquí se vive intensamente. La cultura norteamericana siempre ha pecado de pueril, cosa que puede tener sus pegas en una sociedad que es líder del mundo, pero al nivel del deporte creo que eso supone una ventaja. El biker americano posee un entusiasmo, una energía y una actitud que hace florecer toda una vidilla y actividad underground alrededor de casi cualquier actividad. ¿Y cómo lo vive Xavi Fané? ¿Te has contagiado del american style of life o has creado una fusión? Tu pregunta tiene dos partes. Yo aquí vivo el mountain bike a tope porque vivo en una comunidad que supura mountain bike y, puestos en ello, casi toda actividad al aire libre. Eso se contagia. En ese aspecto no existe fusión porque el mountain bike yo siempre lo he vivido aquí. En la segunda parte de tu pregunta creo te refieres más a mi estilo de vida personal. En este caso siempre existe una dualidad que jamás me dejará. Considero que estoy plenamente integrado a mi vida aquí, pero al mismo tiempo no quiero renunciar a mi pasado y a la cultura en la que crecí. A veces esta fórmula crea tensiones interiores, pero en el fondo me siento afortunado de poder vivir a caballo entre dos culturas. Mi trabajo como escritor en revistas españolas siempre ha sido un intento por crear un puente entre ambas, y eso me da gran satisfacción. Por supuesto que utilizo aceite de oliva para cocinar y escucho flamenco. ¿Qué le gusta más a Xavi Fané… una cuesta kilométrica en las Rocosas, un sendero revirado que serpentea entre árboles o un descenso kamikaze? Me gusta todo. Eso es lo que mola del mountain bike: la diversidad de experiencias y sensaciones que nos ofrece en el marco incomparable de la naturaleza. Si tengo alguna preferencia es por los recorridos tan largos y variados como sea posible.
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¿Y después? ¿un cafelito bien cargado o una refrescante birra? Depende. Pero por regla general es el cafelito por la mañana y la birra al anochecer. Procuro no mezclar la bebida con el mountain bike (aquello de no beber y conducir al mismo tiempo), no obstante hago un poco de todo sin pasarme nunca. Prefiero optar por las adicciones más sanas. El BTT es un deporte masoca. Sufres mucho en cuestas o trialeras para luego llevarte un premio tan fugaz como una puesta de sol o una panorámica. ¿Qué interpretación tiene este masoquismo? Tampoco lo tengo tan claro. En parte creo que es algo que arrastramos en nuestros genes desde tiempos inmemoriales, de cuando éramos cazadores de mamuts y nos enfrentábamos a peligros frecuentes en cacerías y luchas tribales. En aquella época la adrenalina fluía libremente a grandes caudales sin necesidad de saltar en parapente o de bajar a cien por hora por una trialera. Nos gusta correr y sufrir porque evoca una era perdida en los tiempos. Está ligado a nuestros más profundos instintos de supervivencia. Sufrir normalmente mente se veía recompensado con carne para alimentarnos, o con haber salvado a nuestras familias de las lanzas de la tribu vecina. Por el puro placer. Vives en un entorno privilegiado para la bici y el esquí. ¿Qué tiene Crested Butte que no tengan los Pirineos? Lo primero que me enamoró de Crested Butte fue su gente, el sentimiento de comunidad que aquí había y la facilidad de integración que se me ofreció. Era como vivir en una familia en la que todos compartíamos la pasión por la montaña y las actividades al aire libre y no importaba ni de dónde eras o lo que hacías. En España pasé bastantes años viviendo en pueblos y estaciones del Pirineo, y debo decir que, a pesar de tener una lengua y una cultura en común, raramente me sentí tan aceptado e integrado como aquí. Por regla general la gente de los valles pirenaicos era muy hermética, simplemente por mi condición de "urbano", en mi caso por ser de Barcelona. Se me hacía difícil penetrar en el seno de su sociedad. Pero de eso hace mucho tiempo y sé que las cosas han cambiado mucho. Otra cosa que me chocó de aquí, y que totalmente me capturó, era la abundancia de espacios naturales intactos, bosques vírgenes, largos valles y montañas totalmente despoblados, osos, pumas, alces,.... de pequeño me había chupado todos los documentales de naturaleza soñando algún día poder vivir ese tipo de experiencia,... y aquí estoy. Todos tenemos nuestro momento de gloria. En qué momento te has realizado sobre la bici después o durante una ruta (no sé un recuerdo especial, superar una dificultad de renombre….) Me resulta difícil escoger una. Hay tantas y tan buenas... mi periplo del macizo del Annapurna (en Nepal) en mountain bike fue toda una revelación. Estaban el reto físico, la belleza incomparable de los Himalayas y una cultura apasionante que me robó el corazón. Guardo memorias entrañables de la travesía del Pirineo y de correr la Transalp este mismo pasado verano con mi viejo amigo Jordi Laparra. El desierto del suroeste americano quizás sea uno de los lugares mas bellos que haya visto. Pero en general mis memorias favoritas corresponden casi siempre a largas travesías de varios días en las que convives día y noche con tus amigos, formando lazos indestructibles. Desde mi punto de vista eso es lo mejor que el mountain bike puede ofrecer. Y qué espinita tienes clavada, si es que tienes clavada alguna. La verdad es que estoy muy satisfecho con cómo he vivido el mountain bike. Siempre hay más lugares a los que quisiera ir, más travesías que quiero hacer y estoy seguro de que veré y haré muchas más. Quizás algo que siempre me gustaría haber hecho pero no tengo los cojones para ello es dejarlo todo, agarrar la bici cargada con todo lo necesario para vivir y pasar el resto de mi vida
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rodando por todo el mundo sin nunca mirar atrás. ¡Ah sí!, También me gustaría poder rodar el puto muro del recorrido de Deer Creek, sé que es posible, sé que lo es… Muchos echan de menos tus escritos, ¿te podremos leer pronto? Tampoco he dejado de escribir, sigo publicando reportajes y fotos en Solo Nieve, Barrabés y estoy haciendo cosillas con varias revistas americanas… estoy abierto a todo tipo de sugerencias o propuestas. Debo de confesar que también me gustaría escribir un libro, una novela que de alguna forma conecte mis dos vidas, la de aquí y la de allí, con cowboys y pastorcillos pirenaicos… solo tengo que esquiar y montar menos y quizás un día lo logre. Al viajar, en muchas ocasiones acabas pensando en bicicleta. Me explico. Vas con el coche y ves un sendero o un camino que se adentra en un bosque, que sube a una montaña o que baja a una ribera y piensas "si tuviera aquí la bici"…. ¿Piensas en bici o lo tuyo directamente es montar? Hombre claro que pienso en eso. Muchas veces yo y Karen salimos a hacer treks a pie de varios días y a veces ella tiene que callarme porqué no paro de decir "Hostia que bueno sería esto en bici". Lo mismo me pasa con el esquí y por qué no, también con la libido… ese verde prado sería perfecto para…". Hay cosas que se convierten en instinto y el mountain bike es una de ellas.
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Junio 2007 Crosscountry N.º 13 SIN FRONTERAS Permitidme que me presente. Me llamo Xavi Fané, llevo viviendo casi media vida en un apartado rincón de las Montañas Rocosas de Colorado llamado Crested Butte y ésta es mi primera columna bimestral para Crosscountry. Es posible (o no) que os preguntéis que de qué va este tío que nos escribe desde otro continente y que incluso a través de su pluma exuda un leve acento spanglish. Pues bien, a veces yo también me lo pregunto a mí mismo y no deja de sorprenderme mayúsculamente el hecho de que muchas lunas atrás viviese en los Pirineos, haciendo de guarda de refugio, de monitor de esquí, de guía de pistiero y de lo que hiciese falta, y que ahora esté aquí en este maravilloso rincón donde cristo perdió las sandalias, haciendo mucho de lo mismo y además escribiendo y sacando fotos para publicaciones ibéricas. Así es la vida (o por lo menos lo es para mí) y espero que no os importe este pequeño detalle. Después de todo, en estos días de comunidad global y turismo espacial en que vivimos, 10.000km son un salto de grillo como quien dice. Además, las Rocosas o los Alpes no son tan diferentes como podría suponerse. Vale que aquí no hay ni locos San Fermines ni quesos de Idiazabal como dios manda, ni tampoco hay quebrantahuesos que surquen los cielos ni rebecos que hagan piruetas en las rocas, pero por lo demás, casi todo es igual. Lo que quiero decir es que una desvirgada de nieve polvo, una excursión en esquís de fondo bajo la luna llena, un amanecer sobre una afilada arista cimera por encima de un mar de nubes, una pedalada en sendero por las entrañas del bosque o una zambullida en cueros en las frígidas aguas de un paradisiaco lago alpino, son todos ellos experiencias más universales que el esperanto. Y éste será precisamente el idioma que utilizaré en esta columna dirigida a todos vosotros, siendo de alguna manera mis relatos, historias y paridas varias, toquen esa tecla interna del buen rollo y sirvan como elemento identificador. Para mí, la oportunidad que aquí se me brinda de poder expresar mis pasiones y de poder crear un vínculo a través del océano que nos separa me excita tremendamente. Mientras escribo estas líneas está nevando con ganas. La nieve cae en copos grandes, y pesados que aquí en el pueblo, se derriten al posarse sobre la tierra que todavía irradia el calor del largo verano. Pero inevitablemente, como una bola de nieve rodante, la magia del invierno ya ha empezado a tomar inercia. Arriba en las cumbres ahora escondidas tras el velo invisible de la borrasca, la primera capa de nieve ha empezado a formarse, augurando otra deliciosa temporada en las montañas. Pronto la bici, los pantalones cortos y las zapatillas de correr, serán sustituidos por todo un arsenal de esquís; de pista, de fondo, de travesía, sobre los que nos deslizaremos, arriba, abajo y en llano por el monte en pos de ese no sé qué, de esa energía vital, de esa aventura, de ese reto físico y paz espiritual que todos tanto ansiamos y que a mí me inspirarán a seguir escribiendo. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané
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Julio 2007 Crosscountry N.º 14 EN LA VORAGINE El tiempo, la meteorología, siempre ha sido para mí un tema fascinante. Quizás es algo que viene de mi padre, un hombre trabajador y amante de las escapadas campestres, que cada noche de su vida se tragó el parte del tiempo con devoción religiosa. Era cómo si aquellos cinco minutos de mapas isobáricos, frentes borrascosos y pronósticos para el fin de semana fuesen para él una forma subconsciente de conectar con el mundo natural y con los poderes mas elementales y arcaicos que rigen el universo, a la vez que una fugaz pero eficaz evasión de su mundo de responsabilidades y agotadoras jornadas laborales. En sus pantuflas y en aquellos momentos, el viejo era feliz. Es normal que a nosotros nos interese la meteorología, después de todo, la mayoría de actividades por las que vivimos y nos desvivimos giran alrededor de éste. Nuestra seguridad y confort personales y la misma viabilidad de muchos de nuestros deportes están intrínsecamente relacionados con los caprichos y humores de la madre naturaleza. Pero si bien la ciencia pura y dura de la meteorología no deja de ser interesante, lo que de verdad me atrae es su manifestación física, real y flagelante cómo la vida misma. En lo que puede parecer (y en ocasiones lo es) una absoluta falta de sentido común por mi parte, me gusta meterme en las fauces de los elementos desencadenados. Para mí salir a correr con la amenaza de una tormenta, efectuar un recorrido por el bosque en pleno temporal de nieve o pasar la noche en un aislado refugio de montaña bajo el furioso embate de una ventisca de origen siberiano, no tiene algo de purificador y catártico. En la burbuja protectora y aislacionista de la sociedad tecnócrata en la que vivimos, los fenómenos meteorológicos siguen siendo una bestia salvaje y rebelde que escapa nuestra obsesión por controlar el universo entero. Y es por esa misma razón que tanto nos atrae y hechiza. Pienso que de la misma manera en que los lazos más potentes entre individuos se forman compartiendo los momentos más difíciles, turbios e intensos, con la naturaleza es lo mismo. La verdadera intimidad con el mundo natural ocurre cuando los bonitos cielos azules dejan paso a los elementos desencadenados. Es entonces que se inicia una sinergia especial entre hombre y naturaleza. Mientras me deslizo sigilosamente entre los enormes abetos, con la nieve ululando y arremolinandose entre sus ramas, engullendo formas y colores con su blancor puro y primordial, me sobrevienen numerosas emociones y sensaciones pero hay una que destaca de entre todas: Reverencia. Supongo que es lo mismo que llevó a nuestros lejanos ancestros a dedicar un dios para cada fenómeno en existencia. Después de mis incursiones en el vórtice de los elementos, y de vuelta en el espacio protector de mi hogar, me invade una euforia y satisfacción difíciles de explicar. En momentos y con las pantuflas puestas, soy feliz. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané
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Agosto 2007 Crosscountry N.º 15 TIEMPO DE MIL POSIBILIDADES Los oscuros días de invierno han quedado atrás y paulatinamente el sol se ha hecho más cálido, alto y brillante en su parábola celestial. Y sí, la nieve todavía cubre el paisaje montañoso, pero su tupidéz, aquella hegemonía que sólo un par de meses atrás poseía sobre todos los otros colores, se ha debilitado. Los bosques lucen un tinte más verde, las vertientes a solana empiezan a mostrar tierra desnuda y las aguas de ríos y arroyos fluyen libres y revoltosas, con esa misma energía que parece contagiarlo todo. Acostumbra a ser en esa época que una buena mañana y con el alocado gorjeo de mil pajarillos por telón de fondo, te despiertas ante todo un mundo de nuevas posibilidades y nuevos retos. El asfalto de la carretera, ahora libre de hielo y nieve, invita a estrenar mis pálidas piernas sobre la bici, a poner en marcha esa "otra" temporada que había quedado solidamente congelada por los fríos invernales. Arriba en las cimas, el manto nivoso se ha estabilizado lo suficiente como para permitir atrevidos descensos y largas travesías en esa nieve primaveral uniforme y sabrosa como el helado de vainilla. Cuarenta o cincuenta kilómetros valle abajo, donde las montañas dejan de serlo, las colinas y páramos empiezan a abrir sus senderos, perfumados por el incipiente olor de tierra y salvia, al mtb o a correr. Hoy me decido por deporte de nieve. Dentro de esa mágica transición entre invierno y primavera que ocurre en las montañas, hay una minúscula ventana de oportunidad, cuando todavía hay suficiente nieve al fondo de los valles y las temperaturas nocturnas son lo bastante bajas para formar una costra en la superficie de la nieve lo suficientemente gruesa para soportar el peso de una persona con esquís. Hoy es un día de esos y hay que aprovecharlo. Salir con los "eskatas" y aventurarse más allá de las limitaciones impuestas por las pistas de fondo es una experiencia singular. En esas condiciones todo el valle es una pista de fondo, un inmenso lienzo en el que liberar tu espíritu. Puedes seguir la orilla del río entre los sauces, remontar una vertiente del valle hasta que no puedes más y luego lanzarte hacia abajo a velocidades escalofriantes, puedes seguir las zigzagueantes huellas de un zorro que esa misma mañana pasó por aquí en busca de curiosos roedores o acercarte a admirar el enorme tronco de un viejo abeto truncado por un golpe de viento. Esquío con una dejadez con que no lo había hecho en todo el invierno. Atrás han quedado los días de entreno con propósito, los esprintes anaeróbicos, los fastidiosos intervalos a velocidad punta… ahora sólo queda esquiar porque te apetece, volver a ese estado puro de las cosas, ponerte una camisa hawaiana si te apetece y gozar de la cálida caricia del sol primaveral sobre el cuerpo, de las nuevas fragancias que flotan en el aire, sin prisas ni obligaciones. Y así, mientras me deslizo sobre esa nieve granulada y veloz, libre como un pájaro, me maravillo ante la promesa de la primavera y sus infinitas posibilidades. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané
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Septiembre 2007 Crosscountry N.º 16 YO, EL CORREDOR BIPOLAR Mi relación con la competición podría definirse como la típica relación amor-odio y, dentro de ésta, como en tantas otras experiencias de la vida, hay elementos que me atraen y otros que me repelen. Y es seguramente esa tensión entre los dos extremos, esa danza precaria y delicadamente equilibrada entre cielo e infierno lo que seguramente me ha convertido en un veterano atleta que lleva compitiendo desde hace más de 25 años. Con ese bagaje a la espalda, uno podría pensar que, a estas alturas, de alguna manera habría alcanzado una especie de "zen competitivo", un estado de paz interior, una entereza que me permitiese correr cualquier evento con una entereza indestructible y como si de un paseo por las nubes se tratara. Pero no es así. No sé como me lo hago pero casi siempre a media carrera, sea esta de mtb, de esquí de fondo o de lo que sea, me sobreviene, a veces acompañado con una ola de nausea, el típico ¿y qué narices hago yo aquí?. En ese momento agónico en el que cuerpo y mente parecen mutuamente darse de leches, flaqueo con frecuencia, siempre me entra la tentación de parar esa locura innecesaria y tumbarme bajo un pino al lado del camino y hacer ver que llevo ahí toda la carrera, de espectador. Me considero un corredor esporádico y aprensivo. Nunca he poseído ese designio y dedicación obsesa que poseen los atletas del más alto calibre. Supongo que es un reflejo de mi personalidad un tanto sincopada e inquieta, de tendencias eclécticas. Por ejemplo, no me gusta entrenar, pienso que la montaña, y la naturaleza en general, es mucho más que un simple gimnasio al aire libre donde llevar a cabo mis triviales y egoístas propósitos de alcanzar niveles de rendimiento máximo y de optimizar las contracciones de mis fibras musculares y capacidad cardio-respiratoria. Si bien reconoceré que me gusta machacar, al mismo tiempo siempre he gozado enormemente del aspecto mas contemplativo de la montaña, de admirar su belleza, de espiar a sus criaturas, escuchar el susurro del viento entre los árboles y todas esas sensaciones que piden a gritos un alto en el camino. Por regla general, valoro más una larga salida en bici con un buen grupo de amigos o una ascensión reflexiva a una cima que no sacar la lengua como un condenado con un grupo de locos. Entonces, ¿por qué temporada tras temporada sigo apuntándome a dolorosos eventos y carreras? Me imagino que la respuesta debe de hallarse en algún gen ancestral que llevamos muy adentro. El mismo que deberían de tener los cazadores del pleistoceno para poder afrontar al mamut e hincarle una lanza en el estómago. Sólo los más ágiles y astutos sobrevivían y a ellos se les rendía distinción en la tribu. Ser el mejor cazador era un honor sin precio y la misma supervivencia del clan dependía de ello. Aquello debió de generar una forma de competición entre los posibles candidatos. Así, cuando me encuentro en plena carrera, con la vista borrosa y a punto de reventar, hay algún mecanismo primordial que se pone en marcha y escapa todo intento de explicación. Corremos quizás porqué cuando lo hacemos, nada más existe, porque anhelamos elogio por parte del figurativo clan, porque añoramos la lucha de la cacería, porque compartimos un momento crucial con el resto de la jauría, los demás corredores, ... y porque, de alguna manera, ese estado nos hace sentir más vivos y conectados con el universo y eso es lo que todos buscamos en el fondo. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané
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Octubre 2007 Crosscountry N.º 17 DE VERANO, MALLORQUINES Y BUENA ACTITUD En las montañas el verano se hace esperar lo suyo, y cuando lo hace, flirtea contigo con la maliciosa travesura del adolescente en celo. Un día hace un sol radiante que te llena de gozo y al siguiente, ¡cataplas!, se pone a nevar y te encuentras titiritando debajo de un pino. No es de extrañar que en estas tierras de veranos cortos y alocados se acuñaran dichos populares como el famoso "Si hay suerte, este año el verano caerá en un fin de semana". Al escribir estas líneas estamos a mediados de Junio aquí en las Rocosas y hace solo cuatro días las temperaturas bajaron en picado y nos levantamos con una fina capa de nieve emblanqueciendo las incipientes hojas de los abedules y las primeras flores del verano. Es algo que ocurre mas frecuentemente de lo que se desea en este rincón del planeta. Mientras en el pueblo las quejas e indignaciones volaban por el aire como los copos de nieve y todo el mundo buscaba refugio en la cafetería, yo me encontré haciendo de guía improvisado con nada menos que un grupete de amigos de Mallorca que se hallaban aquí de visita. Durante su corta estancia en Crested Butte, los mallorquines experimentaron una versión "compact" de lo que aquí es el verano. Iluminados bajo un sol radiante rodamos algunos de los recorridos de mtb mas clásicos de la zona, pedaleamos entre prados y bosques preternaturalmente verdes y sudamos lo nuestro dándole al molinillo de la muerte en las cuestas mas duras. Cuando el frente frío llegó y los copos de nieve empezaron a zumbar a nuestro alrededor como avispas furiosas, buscamos trazados mas protegidos en el bosque, un poco mas cortos y que ofreciesen rápida evacuación en caso de temporal. Un día también nos fuimos valle abajo, cerca de Gunnison, a las estepas semidesérticas, hogar de ciervos, antilocapras y pumas, que se extienden mas allá de las montañas. Allí logramos hacer unos senderos de ensueño, en plan montaña rusa, rodando bajo ejércitos de nubes amenazadoras que sin hacernos mucho caso pasaban de largo, marchando hacia las oscuras montañas. A parte del frío, los mallorquines también se las vieron con el mal de altura. Acostumbrados a los aires sobreoxigenados de su isla natal, Crested Butte, dónde casi todos los recorridos transcurren por encima de los tres mil metros, fue para ellos una experiencia casi estratosférica. Solo levantar el codo para cepillarse el café de buena mañana y las pulsaciones les subían a cien!. Pero aún así, y a pesar de sus dificultades cardio-pulmonares, nunca faltaron las risas ni los chistes. Los mallorquines ya no están aquí, continuaron su periplo turístico hacía el desierto de piedra de Moab y luego a pasarse por la infame "Ciudad del Pecado" (Las Vegas) para liberar sus mas oscuros alter-egos, pero yo me he quedado con su buena disposición y entusiasmo sin límites. Este verano va a ser fantástico caiga en un fin de semana o en un día de cada día. Y es que la actitud es lo que marca la diferencia entre un buen día y un mal día. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané
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Noviembre 2007 Crosscountry N.º 18 MIÉRCOLES POR LA TARDE Hay quienes se entrenan para una gran carrera, o para una travesía particularmente épica o para cuando lleguen las anheladas vacaciones. Yo, estos días me entreno para las salidas de mtb del miércoles por la tarde. Es verano en las montañas y todo vibra con una peculiar energía vital. Quieres correr, brincar, rodar, subir montañas, nadar en lagos y montar barbacoas con los amiguetes a la puesta de sol. Quieres hacerlo todo menos trabajar pero tienes que trabajar, porqué si no lo haces no hay comida, ni casa ni desviador de recambio ni empastes dentales. El miércoles por la tarde es para el grupo de amigos que vivimos aquí en este pueblo de las Rocosas, un pequeño paréntesis en la semana laboral y familiar, un lapsus en el que aplicarse a fondo en lo que realmente nos gusta hacer. Incluso puede ser mas valioso que el fin de semana, cuando a menudo existen mas compromisos sociales y familiares. El caso es que nos encontramos a las 5 de la tarde, después del trabajo, y las pocas horas que tenemos hasta que el sol se pone lo compensamos de sobras con una intensidad sobrehumana. Es como si la misma chispa que hace que los prados alpinos brillen con los colores de mil flores y que crean esas tormentas de gran aparato eléctrico que surgen de la nada en las tardes de verano, se hubiese prendido de nosotros. Cada semana alguien diferente del grupo escoge la ruta y nos encontramos en su casa. Eso asegura cierta variedad, ya que de no ser así, siempre sería Lu, el líder nato del grupo, quién la dictaría y entonces siempre sería un recorrido lo mas duro y salvaje posible. En realidad el grupete está formado por algunos de los cuarentones mas curtidos del valle, algunos exprofesionales del mtb con un currículum casi olímpico y ya nos va la marcha pero la semana pasada Lu tenía otros compromisos y no pudo venir y un cierto aire de paz y sosiego se apoderó de nosotros. Nos hicimos un recorrido de sendero la mar de clásico, sin trialeras de miedo ni escaladas asesinas e incluso paramos a zambullirnos en las aguas heladas del lago de Long Lake a medio camino. Pero la mayoría de las veces está Lu, y entonces si además también está Geo, otra de las leyendas del pueblo e instigador por antonomasia, se crea una alocada sinergia, se dispara un extraño mecanismo, instintivo y arcaico, similar al que gobiernan las jaurías de lobos y no hay quién nos pare. Un ritmo matador se apodera del grupo y en las subidas, que por aquí son de kilómetros y en sendero, se producen ataques dignos del Alpe d´Huez y en los descensos acabas con las mandíbulas hechas polvo de apretar los dientes. Rob, otro de los frecuentes integrantes del clan, a pesar de su cincelado físico de Atila el Huno, actúa como elemento moderador del grupo, y su carácter tranquilo y afable provee al grupo con cierto equilibrio de fuerzas. Lo malo es que a él siempre le gusta salirse del camino y explorar senderos casi imperceptibles y por su culpa mas de una vez hemos acabado la excursión a ciegas en la noche (ahora siempre llevamos la frontal en el camelbak). De vez en cuando se une al grupo algún elemento mas joven que añade un poco de sal asunto. Little Billy es uno de estos. Es un chaval compacto tipo "torpedo" que no para de atacar como en su día lo hacía el Pantani. Aún así, los "diesel" del grupo casi siempre logramos neutralizarlo al cabo de un rato y luego no es muy fino en las bajadas y frecuentemente se da unos ostiones que para qué. Siempre da para hablar mas tarde, cuando nos zampamos unas hamburguesas grasientas en el bar del pueblo.
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Casi siempre acabamos volviendo a casa con las ultimas luces. Reventados, magullados y un tanto apajarados pero sonrientes. ¿A quién le toca decidir recorrido el próximo miércoles?, siempre nos preguntamos antes de despedirnos. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané
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Diciembre 2007 Crosscountry N.º 19 DESCONEXIÓN TOTAL Los tres íbamos pedaleando por el Deli´s Trail, un fácil pero estrecho sendero que sale del pueblo en dirección este para conectar con la extensa red de recorridos que cubre la zona, cuando no muy lejos por delante advertimos a una chica corriendo en la misma dirección que nosotros. Siguiendo el protocolo normal en estas situaciones, el colega Lu, que iba delante, la avisó de nuestra presencia con un "hola" potente pero cordial. No hubo respuesta alguna. A lo que lanzó un segundo hola con un tanto mas de volumen. Nada de nada, ella seguía a su rollo imperturbable. Cuando nos pusimos a solo unos metros de ella, nos percatamos de un detalle crucial: estaba enchufada a un "ipod", seguramente con el volumen a tope. Ahora nos encontrábamos literalmente encima de ella y esta vez, Lu dejó de lado toda cortesía y soltó un "¡Ehhh Tú!" que retumbó en las montañas como un trueno. Para nuestra sorpresa y cual autista profunda ella siguió sin inmutarse y Lu decidió tomar acción física. Alargó el brazo y le puso su manaza en el hombro. Eso sí funciono. Un grito sofocado le salió de la garganta, al tiempo que nos echó una mirada de espanto como si fuésemos leprosos escapados de la colonia y por fin se apartó del camino con un movimiento brusco y torpe. Casi nos damos un tortazo de tanto reír. Siempre da cierto gustazo poder sobresaltar a alguien de esa manera. Ya sé que este tipo de incidente, encontrarse por el monte a gente haciendo su actividad al aire libre con "gadgets" como ipods y teléfonos móviles es extremadamente habitual, sobretodo en el entorno urbano y sus cercanías. Pero no por ello deja de ser un tema preocupante y sin sus repercusiones sociales. Aparte de las obvias inconveniencias que esa actitud egoísta conlleva para el resto de usuarios que usan los caminos y senderos de una determinada zona, desde mi punto de vista, también supone una falta de respeto a la naturaleza, a la montaña como tal, de alguna manera, poniéndola a la altura de un macrogimnasio al que solo se va a quemar calorías al ritmo de los Chemical Brothers. En el momento que uno se pone unos micrófonos y le da al volumen, es como si se decidiese prescindir de uno de los sentidos mas importantes que tenemos con el que desenvolvernos por nuestro entorno y absorber todo lo que naturaleza tiene que ofrecernos. Seguro que los pumas que habitan la zona dónde vivo, se deben de frotar las zarpas con solo anticipar el auge de esta nueva práctica humana. La pobre presa nunca se enterará de lo que le ocurrió. Cuando yo salgo al monte a correr, a escalar, a ir en bici, a pasear o a lo que sea, tiene lugar una singular sinergia, una reacción química en la que a través de mis sentidos, viendo la luz filtrándose entre los árboles, oliendo las flores, sintiendo la brisa en mi piel y escuchando el murmullo del río y el trinar de los pájaros, me siento conectado con el medio natural... y a la vez felizmente desconectado del mundo humano y materialista en qué vivimos. Claro está que quemar un bosque por diversión o abrir una mina de carbón en un plácido valle es mucho peor que escuchar música y charlar por los codos con tus amigos por el móvil, pero por inocente que pueda parecer, el uso de gadgets en nuestras actividades al aire libre, también simboliza el insidioso e imparable proceso de desconexión con la naturaleza que poco a poco tiene lugar en nuestra sociedad. Sin ritmo ni cadencia. Xavi Fané
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Mayo 2010 xavifane.blogspot.com HEI-HEI FOREVER Carai, no me esperaba generar tanta conmoción con la última entrada del blog. Está claro que muchos de vosotros me seguisteis en Solo Bici, época durante la cuál yo era visto como una especie de Don Quijote hippy luchando los molinos del materialismo desbocado y mi Kona Hei-Hei adquirió el aura legendaria de un fiel e indestructible Rocinante. Esa fue una excelente época de mi vida, pero los tiempos cambian y si no quieres convertirte en una piedra cubierta de musgo has de rodar con las aguas del río. Sigo siendo un sentimentalista, y probablemente siempre lo seré. Es por eso que siempre vuelvo a subir a ciertas montañas, que soy fiel a mis amistades y que le tengo un apego muy especial a mi pueblo y a mi casita y mi jardinito. Es por eso que la Hei-Hei todavía corre por casa. Podría decirse que ahora se halla en un estado "semi-jubilado" dentro del cuál sigue deleitandonos con ciertas funciones utilitarias, a veces haciendo como substituta cuando una de nuestras otras bicis fallan, o de bici de emergencia cuando nos llegan visitas que necesitan una bici para acompañarnos de excursión. Esta misma primavera habíamos estado a unto de ir a Cuba a hacer unas vacaciones cicloturistas con alforjas y tal y aunque al final no pudimos ir por varias razones, de haberlo hecho, yo hubiese utilizado la Hei-Hei si pensarmelo dos veces. La Hei-Hei está bien. Gracias por preguntar. No obstante también poseo un lado práctico y cinético que me apremia a aceptar "ciertos" avances tecnológicos en el mundo de la bici (léase carbono, suspensión, frenos de disco) que, a título personal, considero incrementarán la calidad de mi experiencia lúdica o que me ayudarán a seguir capturando esa sensación de potencia y brío sobre la bici durante unos cuántos años mas. Quizás la Merida 96 del Hermida no hubiera sido la bici que yo hubiera escogido a conciencia, pero no pude resistir la oportunidad que se me ofreció y ahora, accidentalmente, soy el propietario de la bici de suspensión mas ligera del condado de Gunnison de Colorado (y quizás de mas allá) y eso es lo que hay. En realidad y para quienes os interese saber lo que monte o deje de montar, la Mérida es una montura que guardo para aquellas ocasiones en que me siento en forma y con ganas de darle al gas. Diría que la mitad de veces, o mas, sigo saliendo con una CUBE de aluminio rígida montada con un XTR viejo. Es una bici simple, no muy diferente de la Hei-Hei en cuanto a feeling, pero que cuya geometría me cuadra mucho mejor. Además, puedo rodar con mis amigos y aparcarla delante del bar sin llamar la atención ni paranoias. Seguramente pensareis que qué persona mas conflictiva y dicotómica que soy. Por un lado allá voy con esta sofisticada bici de Copa del Mundo que no me merezco y por otro, salgo a correr con estas zapatillas llamadas "five fingers" que son mas simples que unos mocasines indios. Ni yo lo entiendo. Para cambiar de tema, llevo un par de días bajando a Gunnison (el pueblo de abajo) a rodar en una zona llamada Hartman's Rocks (en las fotos), de la que ya he hablado en otras ocasiones. Se trata de un rincón de amplios horizontes semi-deserticos puntuado por islas de vistosas formaciones graníticas que posee una impresionante red de senderos, que para mi son de lo mejor que hay en todo el Oeste. Realmente ha sido todo un puntazo poner unos kilometros con los amigos sin titiritar de frío. Pero ahora mientras escribo estas líneas en Crested Butte, el termómetro marca 0ºC y se ha puesto a nevar como si acabara de llegar el invierno. Xavi Fané
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