Las estructuras del mundo de la vida
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Las estructuras del mundo de la vida Alfred Schutz Thomas Luckmann

Amorrortu editores Buenos Aires

Director de la biblioteca de sociologia, Luis A. Rigal The Structures o/ the Life-World, Alfred Schutz y Thomas Luckmann © Ilse Schutz y Thomas Luckmann, 1973 Traducción, Néstor Míguez Revisión, Ariel Bignami Unica edición en castellano autorizada pol' Ilse Schutz, Nuev.:i. York, y debidamente protegida en todos los países. Queda hecho el depósito que previene la ley n9 11.723.@ Todos los derechos de la edición castellana reservados por Amorrortu editores S. A., !calma 2001, Buenos Aires. La reproducción total o ¡Jarcial de este libro en forma idéntica o modificada, escrita a máquina por el sistema multigraph, mimeó­ grafo, impreso, etc., no autorizada por los editores, viola derechos reservados. Cualquier utilización debe ser previamente solicitada. Industria argentina. Made in Argentina. ISBN 84-610-1065-5

Prólogo Thomas Luckmann

Alfred Schutz murió en la primavera de 1959, a los sesenta y un afios. La muerte lo sorprendió cuando estaba preparando el libro que tenía planeado desde hacía un tiempo, en cuyos preliminares habla comenzado a trabajar intensa1nente a principios y mediados del año anterior a su muerte. La intención que alentaba este pro­ yecto era reunir los resultados de sus investigaciones sobre la es­ tructura del inundo de la vida cotidiana, y presentar en una sola exposición orgánica Jo que aún se hallaba disperso eú varias pu� blicaciones. Este libro, Las estructuras del 1nundo de la vida,- fue escrito, pues, en circunstancias no habituales, Los planes trazados por Schutz antes de morir ·estaban lo bastante maduros 'como para incluir un esbozo general del contenido, referencias detalladas a su obra pu­ blicada y de qué manera integrarla en el libro, así como bocetos y aide-1ném&ires de análisis todavía no efectuados, Cuando su viu­ da examinó estos materiales conmigo, convinimos en que su pu· bHcación sería de conSiderable utilidad para quienes estudiaran la obra de Schutz, y podía ser indispensable para los investlgadores interesados en una· reconstrucción y una interpretación exactas del opus filosófico y sociológico de aquel. También comprendimos, sin embargo, que esa publicación póstuma nunca podría cumplir, ni siquiera aproximadan1ente, con los propósitos que.guiaron a Schutz en su propia concepción del libro. Pese· a ello, en mi carácter de ex discípulo d e Schutz y de persona cuyo pensamiento reroduce en una síntesis pasiva. Debe insistirse una vez 1nás en que l a coincidencia entre el tema y los elementos del conocimiento no tiene que ser «total». La coin­ cidencia «total» implicaría que el objeto es reconocido nuevamen­ te como el mismo, y de este modo requeriría una síntesis de iden­ tidad. Se trata de un caso 1Jímite que no e-a.rece, en verdad, df! importancia, pero no hace falta que lo sigamos tratando aquí. Además, el tema, como ya se dijo, puede ser pumto en coinciden­ \cia con objetos recordados del mismo tipo, con lo cual la indi­ vidualida.d de estos objetos se convierte en un futuro individual. I�a coincidencia solo concierne entonces a semejanza.s típicas. El caso más importante para nosotros es el más frecuente en la orien­ tación de la vida cotidiana: 1a coincidencia entre el tema y el tipo acu1nulado en el ace.ivo de conocimiento. La relación con experiencias específicas anteriores es, en este caso, «indirecta», eli tanto el tipo está sedimentado precisamente en esas experiencias anteriores, En todos estos casos se producen transiciones gradua­ les de la coincidencia a la coincidencia parcial y a la falta de coincidencia. La «1nedida» de la coincidencia debe bastar para el dominio de la situación reatl, como lo indica claramente el modo en que se entrelazan lru; significatlvidades inte1•pretativas y motivacionales. Si la coincidencia es suficiente en este sentido, dicha suficiencia nunca llega a ser captada como tal por la conciencia. La expe­ riencia sigue rutinariamente. Solo en el caso negativo, cuando la coincidencia es insuficiente y, por ende, cuando surge un proble­ ma, 11\ega esta eircunstancia a la conciencia. Como se mostrará nlás adelante, la medida y suficiencia de la coincidencia se cons­ ti1uyen como dimensiones más o menos expresas de los procesos de exiplicitación que son instituidos sobre esa base, De lo dicho se desprende que, en la estructura de la significativi­ dad interpretativa, la significatividad inequívoca y la no-signifi­ catividad inequívoca representan solamente casos límites. En la coincidencia rutinaria, parece no tener sentido hablar de elemen­ to.s más o menos significativos de conociiniento. Un árbol es ex­ perimentado con10 un árbol si el flujo de la experiencia sigue rutinariamente y sin interrupción. De hecho, será más fácil en el análisis de los procesos expresos de explicitaci6n desarrollar la tesis de que .Ja significatividad interpretativa puede serlo «más o menos». b. La explicitaci6n de un proble111a (significatividad interpretativa «motivada») En el análisis de la explicitación de un problc1na, podemos re­ montarnos a los resultados de diversas investigaciones anteriores. Tal es el caso, ante todo, de la descripción de l a coincidencia

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rutinar1>. En general podemos decir, por lo tanto, que la significatividad inte11pretativa, tanto «impuesta» como «motivada», conduce a la coincidencia- entre aspectos recíprocamente «activadores» de un tema y las determinaciones de ele1nentos del conocimiento, No todos los momentos temáticamente significativos son interpreta-­ tivamente significativos; en todo caso, no tienen por qué serlo. Y no todas las experiencias sedimentadas en el acervo de conoci­ miento son significativas, sino solo aquellas cuyas determinacio­ nes t1picas son compatibles con el tema, Por lo tanto, estamos en condiciones de decir ya, sobre la base de estas consideraciones, que la significatividad interpretativa es una función del acervo vigente de conocimiento y, por consiguiente, de la biografía del individuo. En cierto sentido, la signifioatividad inteipretativa se halla tam­ bién situacionalmente condicionada. Supongamos, en primer lugar, que hubo una coincidencia entre el tema y el tipo «soga enrolla· da». ¿Qué credibilidad tiene esta interpretación? Esto se vincula con las diversas significatividadcs interpretativas de «Segundo or­ den», por as1 decir, algunas de las cuales remiten a toda la si�ua. ción. Si el hombre cntl'a en la cabina de un barco, el tipo «cabina» es totalmente comrmtible con el tipo «soga enrollada». La expe· riencia «objeto en el rincón de esta cabina» puede ser interpreta­ da con suma credibilidad como una «soga enrollada»; es decir,

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co1no una «soga enrollada en la cabina». El ho1nbre del ejemplo puede haber tenido a menudo tales e�eriencias y estar totalmen­ te familiarizado con ellas. En este caso, es incluso muy probable que el objeto del rincón, aunque no sea inequivocamente deter­ minado eri. la .primera percepción (como sucedió también con los otros objetos de la habitación), sea experimentado mediante coin­ cidencias rutinarias. No habría que introducir para nada el tema de la atención. Esto es así aunque el tema, por otras razones, haya sido puesto de relieve como necesitado de explicitación. Por ejc1n­ plo, si el hombre hubiera lleVado consigo a un niño, y eate le ¡hubiera preguntado: «¿Qué hay allí?», la interpretación «una soga enrollada» se habría presentado con la mayor «evidencia». Debe observarse que, debido a la relativamente esoasa detenni­ nabilidad del objeto en -la primera percepción, está siempre pre­ sente la posibilidad de que, en el curso d·e experiencias ulteriores y con mayor determinación del tema, sea nocesario eliminar esa interpretación. Solo si la interpretación tuvo desde el comienzo una elevada credibilidad, no se presenta ocasión o motivo para una tilferior explicitación. Esto significa que, en tal caso, la in­ terpretación es eliminada solamente si se introducen significati­ vidades témáticas adicion'ales (la «soga énrollada» se ntueve) que son incompatibles con la interpretación inicial. Estudiaremos ahora la dependencia situacional de da significati­ vidad interpretativa mediante otra vai'iación del eje1nplo, Supon­ gamos que el hombre no entró en la cabina de un barco, sinc:i en 1:\ habitación de un amigo que es marino de profesión. Co1no, basándose en sus experiencias anteriores, el hombre no entra en la� habitaciones (inclusive las ocupadas por marinos) con Ja expec­ tativa automática de ha11ar una soga enrollada entro los objetos de la habitación, mesas, .sillas, etc., no se produce ninguna coin­ cidencia rutinaria. El objeto en el rincón atrae su atención. AJ advertir el tema, se produce nuevamente una coincidencia con ciertos ele1nentos del conocimiento: el tipo «soga enrollada» no contiene determinaciones que ooan incompatibles con ·las deter� minaciones realmente presentes, perceptibles e interpretativamen� te significativas del objeto. Al mismo tiempo, la determinación 'del -tipo es suficiente (no hay por qué inquietarse por una Soga enrollada) para resolver el problema presente, dando por senta­ do que la interpretación sea lo bastante creíble. ¿Qué credibilidad tiene esta? El hombre ya estuvo en esa habitación una vez, .pero no vio ninguna soga enrollada, En su experiencia, no es usual que los marinos se -lleven a casa sogas enrolladas, Por otro lado, sin embargo, muchas personas se llevan a casa todo objeto concebible; tal vez ·lleven, de vez en cuando, sogas enrolladas. Puesto que los marinos utilizan sogas enrolladas en su profesión, quizá la proba­ bilidad de que las !leven a su casa sea mayor que en el caso de otras personas. Resumiendo lo dicho: la interpretación «soga enrollada» es com­ patible con el tema, y además tiene, dentro de la situación total típica, cierta credibilidad suficiente en esa circunstancia. ¿Qué

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significa «en esa circunstancia»? Suponga1nos, un poco artif cial­ mente, que la única otra interpretación posible fuera «serpiente inofensiva» (en un país donde'nO hay serpientes venenoSas), aun­ que esta inte1,pretación parezca algo menos crcíl:J'.e (la casa está en una zona donde no hay serpientes). Así, aunque el h'ombre no esté subjetiva1nente seguro de que fuera una simple ·soga en­ rollada, ninguna de las otras posibilidades de interpretación 1ne­ nos creible es amenazadora. Aunque la interpretación resulte fal­ sa, no se requieren medidas especiales. Aun cuando la interpre­ tación «soga enrollada» contenga todavia la estipulación de que otras determinaciones del objeto podrian resultar incompatibles con el tipo «ooga enrollada», la crodibilidad de esta primera iru­ terpretación es suficiente en estas circunstancias. Variemos aún más el ejemplo. Imagine1nos que se trata de una habitación con la que un hombre ha estado familial'izado durante algún tiempo. La situación totail cambia. Sabe con absoluta certe­ za que no llevó a su casa una soga enrollada, y que es suma1nente improbable que otras personas puedan haber tenido aCC"e.So a su habitación. Esto, hasta ahora, ha sucedido una sola vez, y el in­ truso fue un ladrón, que se llevó a.!go y, seguramente, no dejó una i,oga enrollada. El tema, sin en1bargo, es compatible en su deter­ minación actual con el tipo «soga enroilada». Esto significa que esta interpretación e5 «posible» en principio, pero tiene una cre­ dibilidad muy pequeña en la ·prerente situación totat ¿Qué su­ cede ahora? Básicamente, vuelve a ser concebible que el hombre deje de lado el problema sin resolverlo. Teniendo en cuenta las circunst-ancias aducidas en la situación total (objeto no familiar en su habitación no iluminada), esta posibilidad es suma1nente im­ probable. Presumamos, con Carnéades, que el hombre es de caráct'er an­ sioso. Sería inconcebible entonces que dejase de lado el problema. La solución «soga enrollada» tuvo pooa credibilidad; por ende, el problema no está resuelto. El hombre busca otras interpreta­ ciones, que sean, al menos, igualmente compatibles con flas deter­ minaciones realmente presentes, :pero, además, posean mayor cre­ dibilidad en esta situación. Omitiremos el hecho de que si uh hombre ansioso observa la presencia de un objeto no familiar en · su habitación a oscuras, es probable que no comience con la in­ tenpretación «soga enrollada» si otras posibilidades más amena­ zadoras de interpretación son compatibles con cll tema. Oadas dos interpretaciones «igualmente compatibles» con las significatividades temáticas, la secuencia de activación mental se vincula con otra estructura de signifíootividacles todavia no exan1inada: la de la significatividad motivacional. Presumamos, por consiguiente, que el hombre no adoptaría la interpretación «soga enrollada» conio solución del problema, a causa de su escasa credibilídad. Se le ofrecen otras interpretaciones compatibles con el te1na ; por ejem­ plo, «seripiente enroscada», pero 'tampoco esta interpretaCión- tie� ne una credibilidad muy elevada ya que la habitación estab_a cerrada. Y supongamos, e.demás, que ninguna otra interpretación

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co1npatiblc· con el te1na. Reinos 'llegado así nucvan1cntc a una situación en la cual las tipificaciones «serpiente» y «soga-enroHada» son «posibl�» (nt-Ouvóv) [possible]; es decir, ambas interpreta­ ciones son compatibles con las determinaciones realmente presen­ tes' del tema. Esto corresponde a Ia situación que Carnéadcs ca­ racterizaba con la expresión ntQ(11-n:u11-roi; («torcida» o «dada vuel­ ta»). ¿Qué sucede ahora? Las ara su conducta, para su aoci6n y, finalmente, para su manera de vivir. Cuando el hombre entró en la habitación, quería irse a dormir, La necesidad del dormir le es impuesta al homb1e por su cuerpo viviente, situado en el mundo. Mientras duerme, quiere estar ruti­ nariamente .protegido de la lluvia, el frío y otras perturbaciones y peligros posibles. Por consiguiente, quiere dormir en una habitació1i. En el mo1nento en que se encuentra con un objeto no familiar es interferida la realización de su intención {más o menos)· Vital. Si solo se tratara de una soga enrdllada, no habría entonces ningu­ na razón para no llevar a cabo su intención. La consideí'aría una «falsa alarma». Si la situación hnplicara una serpiente potencial1nente peligrosa, irse e. do1mir estaría conectado con un peligro, en cuyo caso el hombre tendría que cambiar su intención. Su acto proyectado, l a decisión de actuar de tal o en¡¡;! manera, exige una decisión interpretativa. En este ejemplo, la rimportancia de la mo­ tivación para la decisión interpretativa se basa en un ·proyecto de acción futura. Podemos fo1mular esto en términos generales: la i1nportancia motivacional consiste en decisiones que están e1l el contexto de sentido de las, jerarquías del plan. O sea que la: sig• nificatividad motivacional sit(1a la conducta en·1a·situación actual en una relación significativa con los planes de vida y los planes co­ ¡tidianos, en el caso tanto de las decisiones rutinarias fillteriOre« como de las decisiones «extraordinarias». Examinemos más detenidamente Ua importancia motivacional de la decisión interpretativa en e:l ejernplo expuesto por Carnéades. De las dos interpretaciones ofrecidas cOJUo similarmente creíbles, una es motivacionalmente no significativa. En la situación actual, la soga enrollada no es peligrosa ni, por lo demás, «interesante». Si el hombre puede estar de acuerdo en que esta interpretación se

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ha'lla bien fundada, ello significaría- que la interferencia con l a intcnoi6n inicial de. dormir ( y la �nterrupci6n del flujo rutinario de la experü:ncia por el objeto no familiar) era «superflua», «in­ justificada». «Serpiente», por el contrario, significa peligro; en este· caso, la interrupción de l a rutina estaría «justificada». El hombre tendría que abandonar o, en todo caso, modificar su in­ tención inicial. Habría que elaborar otros proyectos de acto. En �a situación actual, e1np·ero, tal decisión permanece aún en el juturo. Por ahora, ambas interpretaciones son todavía igualmente posibles.06 El peligro, por el n1omento, es solo hipotético. Aquí se debe añadir otra reflexión. Naturalmente, es pos.ible conducirse, antes de una decisi6n interpretativa entre dos a'lternativas, de 1no­ do tal de evitar simplemente el peligro hipotético planteado. E l hombre podría salir de l a habitaci6n enseguida, después d e adver­ tir un objeto no familiar en el rincón. Puesto que, como sabe, tiene que dormir en alguna parte, pnede tratar de pasar l a noche en casa .de un a1nigo; pero este vive en el otro extre1no de¡ 1a ciudad, muy lejos. Y el -amigo, según sospecha, divulgarla lo sucedido. •rodas se burlarían de su temor. Este desarrollo adicional del Bjemplo basta para indicar que no se puede, sin límites, evitar simplemente peligros hipotéticos. A veces, un peligro hipotético postulado encontrará necesariam·ente un ·peligro hipotético que se postula como mayor; una inaniobra de escape chooa: con la otra. Expresado formalmente: los niveles de urgencia e hnportan­ cia y el principi9 de «lo primero es lo primero», condicionado por la situación (finitud, corporeidad, etc.) del hombre en el rilundo, determirian las jerarquías de'! plan p-ara la acción y la conducta en el curso del dia y en el curso de la vida. Dadas estas jerarquias de planes, no se pueden evitar todos los peligros posibles, meramen­ te hipotéticos (en principio, ilimitados en número), Es necesario adoptar decisiones interpretativas, guías de l a conducta, orientadas, por un lado¡ por -el ftcervo de conoci1niento; ante todo, por l' as tipificaciones que contiene acerca de la probabilidad de ciertos su­ cesos, como los peligros («el año pasado hubo tal número de vícti­ mas en 'los accidentes de tránsito») , Por otro lado, sin embargo, las decisiones son determinadas por planes sobreimpuestos («no puedo quedarme encerrado en mi habitaci6n simplemente porgue :es "peligroso" cruzar las calles») . E n general, por consiguiente, las decision-es interpretativas de este tipo adquieren gran in1portancia motivacional. Si bien esto no se aplica también a cada caso individual (es probable· que a'lgu­ na vez, al menos, se pueda escapar de serpientes simplemente hi­ potéticas) , es válido en la mayoria de los casos para las decisio­ nes rutinarias, en curso, vitales, cotidianas («¿Ya es hora de dor1nir?», «¿l-Iay en esta sopa un condimento que no me cae bien?», «En esta linea aérea hubo ya muchos accidentes; ¿debo viajar por ella?», «Uno puede arriesgarse a ·bajar por este glaciar s6ló

95 Véanse tambiéi1 las exposiciones acerca de la sign¡ficatividad_ hipoté· tica, cap. 3, B, 2, c.

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cuando hace buen tie1npo. (. Seguirá siendo bueno?», etc.) Al reali­ zarlo no hace ninguna falta formular expresa1nente que tales de­ cisiones «ocultan» j-cmrquías de planes sobrehnpuestas («Tengo que comer», «Quiero bajar», etc.) . En consecuencia, el hombre del ejemplo de Carnéades debe decidir si la posibilidad de que haya una serpi"€lnte es real. Para poder tomar una decisi6n bien fundada, debe adquirir un material. in­ terpretativamente significativo adicional. Para adquirirlo, debe nlo-· dificar la situación, vale decir, sus posibilidades de observaci6n en la situaci6n. A tal fin, tiene que influir en el objeto en cuesti6n, de mane1u que aparezcan nuevos aspectos. Esto es, debe tocar el objeto -1a S"erpiente hipotética-, puesto que sabe, sobi·e la base de la tipificaci6n sedimentada en su acervo de conocimiento, que las serpientes «reales» co1nienzan a moverse cuando se las toca. Para. , como si implicaran una variedad «más reab de «causalidad», por 'las rawnes ya examinadas (accesibili­ dad por el observador, por el científico social) .

5 . La interdependencia de }as

estructuras de significatividades Como hemos visto, las eshuctur-as de signifioatividades temática, interpretativa y motivacional son interdependientes. En las des­ cripciones particulares de estas est1ucturas, hubo que anticipar re­ petidamente los resultados de un aná:lisis sistemático de aa inter­ conexión de esas estructuras. Ahora se puede subsanar esta caren­ cia. Sirven como claves dos cuestiones relacionadas entre sí: ¿Có­ mo funcionan �as estructuras de significatividades en la constitu­ ción de una experiencia, de una conducta? Y, ,de modo cor1'Cs-

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pondiente, ¿ c6mo funcionan en la activaci6n del acervo de cono­ cimiento a mano en el dominio de una situación efectiva? Y, ade� más, ¿ có1no funcionan las estlucturas de significatividadci> en la sedimentación de una experiencia como ele1nento de la estructura del acervo de conocimiento? Una e>aperiencia se .constituye originariamente al dirigir ia propia atención a un tema bien circunscrito en la situación actual. Esta �s la condición para la adquisición de conocimiento, El análisis de la significatividad te1nática demostró que un tema puede in· traducirse en la propia atención, que se «impone» dentro de la

situación efectiva. Esto puede ocurrir cuando lo no familiar es puesto de relieve dentro del marco de lo fa1niliar, como resultado de «saltos» de uno a otro ámbito de realidad con 11$truoturas fini­ rns de sentido, como resultado de cambios en la tensión de con� ciencia en el flujo de experiencia dentro del mismo ámbito dei realidad, o cuando l a atención es impuesta socialmente.99 Po1. .otro lado, empero, la advertencia al tema puede estar «motivada». Esto sucede p · articularmente en los cambios de enfoque «abruptos», cuando se abordan situaciones más o menos no familiares, en in­ terrupciones de la rutina y reiniciaciones de los cur