La memoria

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PAUL C. JAGOT A u to r de L a Timidez, Vencida, L a E d u• cacióa del E stilo , Secreto» del E x ito , etc.

LA

MEMORIA METODO PRACTICO. PARA RETENER Y RECORDAR CON FACILIDAD Y EXACTITUD

Traducción directa de la última edición francesa por

G . G.

EDITORIAL IBERIA, S- A. Muntaner, 18 0

-

B ARC ELO N A

Depósito Legal: B. 4163 -1973 N.° de Registro: 10848-59 ISBN 84-7082-266-7 rústica ISBN 84 - 7082 - 265 - 9 tela

Primera edición: agosto Segunda edición: diciembre Tercera edición: marzo Cuarta edición: septiembre Quinta edición: abril Sexta edición: diciembre Séptima edición: noviembre Octava edición: enero Novena edición: enero Décima edición: diciembre Undécima edición: enero Duodécima edición: febrero Decimotercera edición: enero

1935 1939 1942 1950 1955 1957 1959 1962 1966 1969 1972 1973 1975

PRINTED IN SPAIN

Derechos literarios y artísticos reservados para todos los países. Copyright by Editorial Iberia, S. A. - 1973 Gráficas Instar. Constitución, 19 - Barceiona-14

NOCIONES PRELIMINARES 1. Importancia de la memoria. - 2. Nosotros podemos modificar cada elemento de esta fun­ ción. - 3. En ciertas condiciones psíquicas, la memoria amplía espontáneamente los límites de sus posibilidades habituales. - 4. Los esta­ dos afectivos excitadores del recuerdo. - 5. Cómo obtener una mejoría rápida y definitiva.

1.

I m p o r t a n c ia d e l a m e m o r ia

Nunca se pondrá demasiado cuidado en educar esa misteriosa función cuya incesante actividad cumple la triple tarea de registrar la multitud de nociones que afectan nuestros sentidos o solicitan nuestro entendi­ miento, de conservarlas y de hacer un llamamiento a ellas en tiempo oportuno. Obtener que tal función lleve a cabo su tarea de igual modo que un secretario dócil y ordenado, es asegurar las más agradables, las más ventajosas, las más altas posibilidades. Entonces se convierte en el íntimo y precioso auxiliar de toda rea­ lización, en la mágica evocadora de las imágenes de­ masiado fugaces, en el apoyo de las más diversas espe­ culaciones intelectuales adonde el espíritu gusta de elevarse. La mayoría de los elementos de valor personal, de los medios de conocimiento y de acción, se apoyan en la memoria: tales son la destreza, la rapidez y la seguridad de juicio, el discernimiento de los caracte­ res, el espíritu de réplica, la facilidad de elocución,

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la riqueza del estilo, la oportunidad de las decisiones, la erudición, la extensión y la multiplicidad del saber, la adaptabilidad, etc. En las profesiones liberales a que se llega mediante un examen para el que se ne­ cesita asimilarse antes una verdadera enciclopedia; en los negocios en que el íntegro recuerdo del pasado debe guiar las decisiones del presente; en las Bellas Artes que, además de facultades especiales, exigen una cul­ tura basada en mil matices que la imaginación debe retener para impregnarse de ello ampliamente; en la industria, cuyo incesante progreso debe obtener sus directivas de las fuerzas más extendidas, el que quie­ re lograr una plaza elevada y lucrativa o, incluso, más modestamente, rebasar el promedio, no podrá conseguir sus propósitos si carece de memoria. Y ¡cuántas menudas ventajas conquistadas, cuán­ to tiempo y dinero ahorrados, cuántas fértiles oca­ siones aprovechadas, cuántos descontentos, dificulta­ des y vanos esfuerzos evitado^ por las personas de tal manera organizadas que no cometen olvidos y en cualquier circunstancia sienten acudir a su memoria la síntesis de los recuerdos que pueden serles de uti­ lidad! El treinta por ciento de los individuos deploran su insuficiencia mnemónica y sufren la inercia de su “se­ cretario interior” , del que no saben obtener el menor servicio sino a costa de largos y penosos esfuerzos. Mejor que otro cualquiera, esos aprecian la impor­

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tancia de las ventajas que reporta una buena memo­ ria, y su más caro deseo es transformar la suya. Desde la antigüedad, y en todos los tiempos, se han encon­ trado hombres preocupados de proveer a sus semejan­ tes de los medios necesarios para ello. Es esa una noble tarea que el autor del presente volumen va a tratar de proseguir digna y eficazmente.

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2.

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N o s o t r o s p o d e m o s m o d if ic a r c a d a e l e m 5e n t o d e ESTA FUNCIÓN

Pero ¿realmente puede modificar cada cual su me­ moria, sobre todo luego de haber alcanzado ya una cierta edad? Sin duda alguna. Las consideraciones que siguen lo establecen sólidamente. Ante todo, permi­ tidme que os diga que la aplicación de los procedi­ mientos expuestos más adelante me ha dado la cer­ tidumbre experimental. Dados los condicionamientos actuales de vuestra memoria, parece evidente a priori que, manejándolos con método, obtendréis un resultado notablemente su­ perior. Desde Simónides hasta los recientes trabajos de Fenaigle, Pick, Carvalho, Aimé París, Loisette Chavauty, Courdavault, Guyot-Daubés, Rollin, etc., se han inspirado sistemas a fin de ayudar a la retención y a la recordación. Esos sistemas hicieron sus pruebas, y si su utilización no ha obtenido la generalización que sus autores deseaban, es porque fueron concebidos úni­

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camente para el estudio de textos literarios, históricos y filosóficos y de cronologías (1). Aun cuando faciliten tan sólo un cierto número de operaciones mnemónicas, los métodos de ese género constituyen ya una educación — parcial — de la me­ moria, una especie de disciplina intelectual apropiada para favorecer la rectitud de esa función. Los resulta­ dos obtenidos por aquellos que los han puesto en prác­ tica han demostrado que la memoria podía ser modi­ ficada. Según eso, después que se ha dejado de conside­ rar la memoria como “facultad anímica” para estu­ diar la función psiconerviosa implicada por su activi­ dad, han aparecido nuevas posibilidades modificadoras de cada uno de los elementos cuyo juego complejo almacena y restituye el recuerdo, modificable a su vez. Del uno o del otro de esos elementos depende tal o cual característica de la memoria: Ya veremos la manera de influir separadamente sobre todos sus con­ dicionamientos y llevarlos a un funcionamiento de con­ junto satisfactorio y cuidadosamente acondicionado para el fin propuesto.

(1) Los últimos perfeccionamientos de la Mnemotecnia son debidos ai abate Chavanty, que ha sabido combinar en sistema susceptible de sostener la universalidad de los conocimientos.

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Toda cualidad o característica de la memoria de­ pende de una causa accesible al esfuerzo voluntario. Así, su extensión — a la cual, torpemente, se le asig­ narían límites — se acrecienta por las costumbres me­ tódicas, de orden en las ideas, de clasificación desde el comienzo, después de reflexionar y comparar. La rapidez de registro para una materia dada es una cues­ tión de equilibrio general físico y psíquico, de ape­ tencia intelectual y de habituación. La persistencia del recuerdo es proporcionada a la agudeza y a la duración de la atención puesta al recibirlo. La exactitud y la pre­ cisión de ese recuerdo son tales cual las determina nuestra potencia de análisis. En fin, la oportunidad — esa preciosa cualidad que consiste en que, en el momento mismo en que es provechoso que nos ins­ piremos, vengan espontáneamente a solicitar la con­ ciencia todas las nociones útiles — necesita un sutil y juicioso método de asociación de ideas. La facili­ dad del recuerdo voluntario depende de las mismas condiciones unidas a una voluntad evocadora concen­ trada. La vida corriente ofrece a la observación hechos de los que se deduce que la memoria, lejos de mostrar­ se inmutable, es esencialmente variable en sus mani­ festaciones. Así, hasta la más defectuosa organización mnemó­ nica reproduce fácilmente, y con la mayor claridad, ciertos hechos, por ejemplo, que impresionan con gran

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fuerza al sujeto. A veces nos acordamos con toda vi­ veza y precisión de un detalle ínfimo conexo a un suceso medio borrado ya en nuestra imaginación, por­ que ese detalle presenta para nosotros un relieve de que el suceso, en su conjunto, carecía. Los soñadores, casi todos ellos muy impresionables, sienten con agudeza, pero conciben sin precisión. Gus­ tan de revivir imaginariamente aquello que les emo­ cionó. Poseen una rica colección de recuerdos y pue­ den, a veces veinte años después de un cierto incidente, volver a referirlo con una minuciosidad ad­ mirable; pero, en cambio, olvidan con frecuencia im­ portantes e inmediatas utilidades. Ciertos elementos de la memoria son naturalmen­ te excelentes cuando uno de los más importantes se encuentra aniquilado por cualquier causa perturbado­ ra. Para muchos sucede así porque cada cual, según su temperamento, según el género y el grado de su cul­ tura, tiene memoria para ciertas cosas y carece casi totalmente de ella para otras. Nuestras predisposicio­ nes generales nos crean apetencia de nuestro espíritu por tal o cual especie de conocimientos, e, inversa­ mente, una indiferencia total, incluso una repugnancia respecto a alguna otra. Aunque comprendiendo perfec­ tamente la oportunidad de aprender, a veces se expe­ rimenta una invencible deficultad relativa; pero si se descubre esa oportunidad, si se experimenta la necesi­ dad de saber, es posible asimilarse las ideas, las no­

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ciones y hasta las palabras, una por una, con gran facilidad. Como la voluntad, la memoria obtiene de sus motivos un vigor también proporcionado a su in­ tensidad. Cuando soñamos, no nos ocurre que revivamos una fase lejana de nuestra existencia, de la que aca­ so pudiéramos acordamos en estado de vigilia, aun­ que entonces con mucho menor precisión. Además, en el transcurso del sueño, ¡cuántos recuerdos en apa­ riencia enteramente borrados vienen a agitar nuestro espíritu! El sedimento de aquél; las regiones profun­ das en que se hunden, faltas de un punto de asocia­ ción, las miríadas de sensaciones, de impresiones y de ideas a las que no concedemos sino una fugitiva atención, toda esa olla podrida (1) parece volver de nuevo a la superficie. Surgidos por no sé qué caprichos, una multitud disparatada de individuos ya olvidados, de palabras antaño vagamente percibidas, de espectáculos que hi­ rieron nuestros ojos en un pasado a veces lejano, de pensamientos cuyo resplandor nos deslumbró durante un segundo cierto día, manifiestan la huella que han dejado en nosotros. Todo eso indica la ductilidad de la función que nos ocupa: ella se hace más lenta o se acelera, con(1) En español en el texto francés.

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serva o restituye, o se reproduce clara o confusamen­ te, según que tales o cuales palancas la accionen. Aprendamos a conocer y a manejar el mayor núme­ ro posible de esas palancas, y la máquina funcionará dócilmente.

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3.

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En

c i e r t a s c o n d ic io n e s p s íq u ic a s , l a

m e m o ria

AMPLÍA ESPONTÁNEAMENTE LOS LÍMITES DE SUS POSI­ BILIDADES HABITUALES

En ciertos estados de hipnosis (1), sobre todo en las fases frustradas y en el somnambulismo, la memo­ ria adquiere una lucidez maravillosa. Los menores he­ chos del pasado son hallados de nuevo por el sujeto hipnotizado, que percibe igualmente las' relaciones de causa a efecto que pudieron tener sobre su estado pre­ sente las impresiones ya lejanas. Esa posibilidad es utilizada en psicoterapia para ciertos diagnósticos. He aquí tres casos de ese género: —En una mujer normal de unos cuarenta años de edad, se manifiesta súbitamente una extraña fobia: la de los viajes, incluso de los más cortos trayectos y en cualquier vehículo. Esa repugnancia se hace muy pronto irresistible. Dormida por sugestión y por sua­ ve fricción del vértex, se acuerda entonces de haber (1) Véase del mismo autor y de esta Editorial. Método científico moderno de Magnetismo, Hipnotismo y Sugestión.

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sido víctima en su infancia de un accidente de vehícu­ lo, accidente que tenía absolutamente olvidado en es­ tado de vigilia. —Un niño visita con su padre la plataforma del arco de triunfo de la Estrella en París. A fin de que pueda ver el panorama, su padre le toma en brazos. El niño, presa de vértigo, comienza a lanzar gritos. Al día siguiente se le declara una ictericia. Veintiún años después, aquejado de agorafobia, consulta a un médico, que le hipnotiza; y de este modo llega a saber que la causa de hallarse el enfermo en el estado en que se hallaba, procedía de la impresión de vértigo experimentada en su infancia. — Üna mujer joven y normal, afectada de una alucinación visual intermitente, se presenta al doctor G. Durville para someterle su caso: Cada vez que ella se lavaba las manos, le parecía teñirse de sangre el agua que utilizaba. El origen ^de tal trastorno se remontaba a tres años apenas y la mujer no sabía a qué atribuirlo. Dormida por el doctor Durville y sugestionada para que percibiera los elementos de la etiología de su caso, ella se acordó de que a la edad de cinco años había asistido al acto de degollar a un volátil cuya sangre salpicó sus manos, que se lavó inmediatamente. Muy impresionable, quedó afectada tan penosamente por tal escena, que cayó enferma, y aunque, poco a poco, lo había olvidado todo, inconscientemente conservó una perturbación mental generadora de su alucinación.

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Los estados febriles que van acompañados de de­ lirio, determinan a menudo una extraordinaria hipermnesia. Con frecuencia se ha comprobado que, en esos estados, los enfemups hablan de cosas de las que no tenían ni la menorjj idea y de las que no vuelven a acordarse así que sjstán curados. Casi siempre se tra­ ta de cosas muy antiguas y cuya realidad queda a menudo confirmada por algún testigo. Coleridge cita el caso de un analfabeto que, du­ rante un acceso de fiebre, se puso a disertar en hebreo y en griego. Gracias a la sagacidad de un médico a quien esa extraña manifestación había interesado en gran manera, se logró saber que el enfermo había sido cocinero de un clérigo que, durante horas enteras, iba y venía por una habitación, a la que daba la cocina, recitando frases tomadas de los textos sagrados. Mu­ chas de esas frases habían sido registradas inconscien­ temente por el sujeto y repetidas por él, palabra por palabra, durante la fiebre. Otro ejemplo: “A la edad de cuatro años, un niño, a consecuen­ cia de una fractura del cráneo, hubo de sufrir la tre­ panación. Recobrada por él la salud, no conservó nin­ gún recuerdo ni del accidente ni de la operación. Pero a la edad de quince años, presa de un delirio febril,

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describió a su madre la operación, las personas que a ella asistieron, las ropas que vestía y otros pequeños detalles, todo con gran exactitud. Hasta entonces, ja­ más había hablado de ello ni había oído a nadie dar todos esos pormenores” (1). Como la trepanación se efectúa necesariamente con anestesia general, el ejemplo precedente muestra que la narcosis va acompañada de un estado psíquico que permite registrar un cierto número de recepciones. El sueño clorofórmico o etérico ha dado lugar a menudo a la comprobación del recuerdo de las nocio­ nes olvidadas, principalmente de dialectos aprendidos en la infancia y abandonados desde hacía mucho tiempo. “Un viejo forestal — refiere Mathias Duval— había vivido durante su juventud en las fronteras polacas y apenas había hablado el polonés. Desde entonces no había morado (2) sino en distritos alemanes. Sus hijos aseguraron que, desde hacía treinta o cuarentaaños, no había oído ni hablado una sola palabra de polonés. Pues bien, durante una anestesia, que duró cerca de dos horas, ese hombre no habló, rogó y cantó sino en dicha lengua.”

(1) Abercrombie, citado por Ribot (Les maladies de la mimoire). (2) Mathias Duval, citado por Ribot (Les maladies de la mémoire).

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Un cirujano amigo mío me comunicó una obser­ vación del mismo género. Después de haberle dormido mediante el éter, practicó una amputación a un hombre que durante la operación habló de un documento co­ locado entre la tapa y la sobrecubierta de un libro de su biblioteca. Se trataba de una carta que el operado había buscado durante mucho tiempo sin poder acor­ darse del lugar en que la había puesto. Puede decirse que todos los modificadores del es­ tado mental actúan sobre la memoria de manera que exaltan algunas de sus modalidades poco activas en estado de vigilia, y a veces obnubilan ciertas catego­ rías de recuerdos. Los estupefacientes determinan efec­ tos análogos a los de los anestésicos. La absorción de opio, de morfina, de cocaína, de haxix, modifica le me­ moria, y a tal respecto se ha recopilado un número considerable de casos de recuerdos de nociones desde largo tiempo olvidadas. “Me parece — dice Th. de Quincey, en sus Conjessiom d’un mangeur d’opium— haber vivido setenta años en una noche. Los más pequeños acaecimientos de mi juventud, escenas olvidadas de mis primeros años, eran reavivados a menudo. Puede decirse que los lla­ maba a mí, porque, si me los hubiesen referido en es­ tado de vigilia, yo no hubiera sido capaz de recono­ cerlos como formando parte de mi experiencia pasada.

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Pero colocados ante mí como lo estaban en sueños, como intuiciones; revestidos de sus más vagas circuns­ tancias y de los sentimientos que las acompañaban, yo los reconocía instantáneamente” (1).

(1) Quincey, citado por Ribot (Les maíadies de la mémoire).

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4.

LOS ESTADOS AFECTIVOS EXCITADORES DEL RECUERDO

La inminencia de un peligro mortal, una emoción intensa e imprevista, a veces incluso una circunstancia poco importante, a menudo han vuelto a traer a la conciencia acaecimientos de importancia profundamen­ te escondidos en la imaginación. He aquí algunos ejemplos clásicos: El primero lo cita Carpenter en su Mental Physiology, y es sugestivo desde el doble punto de vista del registro automático y de la restitución espontánea de impresiones que se remontaban a los primeros años de la infancia: “Un hombre dotado de un temperamento artísti­ co muy marcado (este punto es de notar), fue con unos amigos en excursión a un castillo del Condado de Sussex, del que no tenía ni la más ligera idea antes de haberlo visitado. Al aproximarse a la puerta princi­

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pal experimentó una viva impresión de haberla ya visto antes, y volvía a ver no sólo aquella puerta, sino mu­ chas personas montadas en asnos o de pie al lado de éstos, bajo el pórtico. Esa singular convicción se im­ puso en él, tanto, que interrogó a su madre a fin de obtener algunas aclaraciones acerca de tal extremo, y de labios de su madre oyó que, cuando tenía dieciséis meses había sido conducido en una partida de campo a aquel lugar, que le habían llevado metido en un ca­ nasto a lomos de un asno y que le habían dejado abajo con los criados y los borricos, mientras que las per­ sonas de más edad de la partida se habían instalado para comer encima de la puerta del castillo.” El segundo caso está tomado del Essay on intellectual power, de Abercrombie. Presenta una sorpren­ dente analogía con el precedente: “Una señora en el último período de una enferme­ dad crónica fue conducida al campo desde Londres. Su hijíta, que aún no hablaba, le fue traída y, luego de tenerla junto a sí un corto tiempo, la niña fue lle­ vada de nuevo a la ciudad. Algunos días después, la señora murió. Creció su hija sin acordarse de su ma­ dre hasta la edad madura, cuando tuvo ocasión de ver la habitación en que la señora había muerto. Aunque ella desconocía ese dato, al entrar en la habitación se estremeció y, como le preguntaran la causa de su emo­ ción, respondió: “Tengo la impresión de haber estado en otra época en esta estancia. En ese rincón estaba

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echada una señora que parecía muy enferma y que, inclinándose sobre mí, lloró.” Sabido es que numerosos individuos llamados de nuevo a la vida después de haber perdido el conoci­ miento en el curso de una inmersión accidental, han dado pruebas de la extraordinaria lucidez de los úl­ timos instantes que precedieron a su síncope. En al­ gunos segundos habían tenido una visión, vertiginosa pero muy precisa, de su vida entera, desde su infancia hasta el momento del accidente. Semejante fenómeno ocurre a veces en el momento de la agonía y hasta en los instantes de un peligro muy grave. El hecho si­ guiente dará una idea de ello: “Un hombre de imaginación en extremo despier­ ta atravesé una vía férrea en momentos en que un tren llegaba a toda velocidad. No tuvo tiempo sino para tenderse entre los dos rieles. Mientras que el tren pasaba por encima de él, la sensación del peligro que corría le trajo a la memoria todos los incidentes de su vida, como si hubiera sido abierto ante sus ojos el libro del Juicio final” (1). SE VE, PUES, QUE TODO OCURRE COMO SI NINGUN ESTADO DE CONCIENCIA, NINGUNA IM AG EN DESAPARECIERA TO TALM EN TE DE LA M EM ORIA UNA V E Z REG ISTRAD A E N ÉSTA. (1) Según Vinslow, citado por Ribot (Les matadles de la mémoire).

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5.

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CÓMO OBTENER UNA MEJORÍA RÁPIDA Y DEFINITIVA

Después de haberse formado una clara idea de la función mnemónica por el estudio de los datos conte­ nidos en el presente capítulo y en los tres siguientes, el lector aplicará las instrucciones dadas a partir del capítulo .V. Así se situará ante todo en las condicio­ nes físicas y mentales que favorecen el juego de los elementos de la memoria; después se estudiará para desarrollar cada uno de ellos. Sucesivamente apren­ derá a dirigir su pensamiento, a concebir una tabla que comporte todas las subdivisiones necesarias para clasificar las nociones que quiera retener, para regis­ trar rápida y claramente, para usar sutiles asociacio­ nes de ideas, para situarse en el estado psíquico más favorable al recuerdo, para utilizar los procedimientos mnemotécnicos en la retención de las cosas difíciles de asociar. Los primeros resultados casi siempre serán instan­ táneos en los más favorecidos y no requerirán sino al­ gunos días en las memorias más rebeldes.

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Obtenidos esos resultados, los progresos se acen­ tuarán cada vez más rápidamente y, ayudados de la perseverancia, harán retroceder cada vez más los lí­ mites de la potencia mnemónica.

PARTE TEORICA CAPITULO PRIMERO

Teoría esquem ática del mecanismo de la memoria 1. Idea de su automatismo perpetuamente ac­ tivo. - 2. Distribución. - 3. Conservación. - 4. El recuerdo espontáneo. - 5 . - El recuerdo vo­ luntario. - 6. Las asociaciones internas y sus resultados

1.

I d e a d e s u a u t o m a t is m o p e r p e t u a m e n t e a c t iv o

¿Cómo se manifiesta esencialmente la memoria? Ésta registra nuestras percepciones, recepciones y con­ ceptos; los almacena desde que desaparecen de la con­ ciencia, y los presenta de nuevo a ésta, ya sea de un modo espontáneo, ya por la acción de la voluntad. El recuerdo recorre, pues, tres etapas: adquisición, conservación y llamamiento de él. Observemos que no son sólo las cosas que tratamos de retener las que se fijan en la reserva mental, pues en ésta entran también nociones que no hemos hecho ningún esfuerzo para apropiárnoslas; se infiltra asimismo una gran propor­ ción de imágenes y de ideas sobre las cuales nuestro entendimiento ni siquiera se ha detenido el tiempo su­ ficiente para que tengamos conciencia de su irrupción. Observemos, por otra parte, que si el llamamiento del recurso es, en principio, voluntario por definición, la sucesión de los pensamientos que agitamos — o que nos agitan — a diario, tiende a volver a traer de las pro­ fundidades del subconsciente cosas conexas con su ob­ jeto. Observemos también este hecho característico,

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establecido en el curso del capítulo precedente: antes ya de hallarse en estado de comprender, el cerebro del niño puede almacenar recuerdos, de los que no tendrá conciencia sino más tarde. Debemos, pues, concebir la función que nos ocu­ pa como un automatismo cuya actividad continúa sien­ do para nosotros casi por entero inconsciente. Que pongamos o no atención, de continuo registramos no­ ciones que se distribuyen más o menos anárquicamen­ te en el primer caso, más o menos metódicamente en el segundo. Podemos, pues, definir la memoria dicien­ do que es: un automatismo inconsciente. La fisiología, base racional de la psicología, no ha adquirido aún sino datos incompletos acerca de esta función. Ella ha admitido durante mucho tiempo un paralelismo estrecho entre cerebro y memoria. En la actualidad se sabe que el dominio mental desborda considerablemente el dominio cerebral. Las teorías clá­ sicas no están en condiciones de dar cuenta de cier­ tos hechos, sobre todo del orden siempre invariable del olvido de las palabras en la afasia, cualesquiera que sean el punto del cerebro en que comience la lesión y el sentido en que ella evolucione. Un esquema muy sencillo (1), a falta de una de­ mostración más material, nos dará la idea general (I) Véase página 3*.

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que necesitamos para guiar nuestro trabajo. Compa­ raremos la memoria a un cilindro que gira de conti­ nuo alrededor de un eje central. Ese cilindro se le supondrá aislado del exterior y de la conciencia ex­ cepto por una superficie de contacto figurada por el sector BOC del disco de separación D. Por la aber­ tura BC, la cara lateral del cilindro, prosiguiendo su movimiento de rotación, coloca sucesivamente en re­ lación con Ja conciencia y con el sensorio todos los sectores que lo componen. Bien entendidos que, por esa especie de ventana, nuestros estados anímicos, intelectuales o afectivos, así como nuestras percep­ ciones sensoriales, se ponen en contacto con la me­ moria y la impresionan más o menos, según que es­ temos atentos o distraídos. Pero el registro no tie­ ne efecto en los dos casos de parecida manera.

3

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2.

D is t r ib u c ió n

En el interior del cilindro se efectúa automática­ mente una distribución de todo aquello que penetra por el triángulo BOC y, a tal propósito, diremos que el cilindro puede ser considerado como dividido en dos regiones principales: la de los recuerdos asocia­ dos, en los cuales vamos a ocupamos, y la de los recuerdos esparcidos. En esta última región figuran aquellos que, ya sea por una falta de intensidad, ya sea por un defecto de uno de los puntos de asocia­ ción con una noción definitiva adquirida, permane­ cen aislados sin ningún punto que los ligue a una cadena ideológica por medio de la cual podamos vol­ ver a traerlos a la superficie consciente. La región de los recuerdos asociados incluye todo aquello de que somos capaces de acordamos en un estado psíquico normal. Desde su entrada en el ci­ lindro por la abertura BC, toda noción tiende a aso­ ciarse a alguna otra que figure ya en él y con la cual presenta la recién llegada alguna afinidad, es decir,

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una analogía directa o inversa. Existen centros de cris­ talización hacia los cuales convergen y con los cuales quedan inmediatamente ligados, según su especie, los recuerdos de diferentes categorías. Por otra parte, ten­ gamos en cuenta que las ideas y las impresiones re­ gistradas con continuidad quedan ligadas por un a modo de hilo que permite, cuando la primera vuelve a la imaginación, encontrar sin dificultad todas las que siguen. De ese modo, los escolares pueden recitar una lección de la cual no han comprendido siquiera una palabra. La sucesión de sonidos que han repe­ tido, en alta voz o mentalmente, ha sido registrada como impresión auditiva global, o bien el aspecto grá­ fico de las palabras ha herido su visualidad como una especie de cadena mórfica continua. En el momento en que lo desean, no tienen sino pronunciar la pri­ mera palabra y el resto les sale sin ningún esfuerzo. En una memoria sin cultivar, la iniciativa de la clasificación es abandonada por entero al inconscien­ te (1). Los centros de cristalización de que ya he ha­ blado antes parecen tener su origen en las profundas idiosincrasias del individuo; esos centros se condicio­ nan bajo la influencia de las particularidades psicofisiológicas: temperamento, tendencia, aptitudes, etc... El individuo cuyo carácter manifiesta un relieve bien destacado, el literato innato, el músico innato, (1) Véase Psicología del Amor, del mismo autor y de esta Editorial.

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el calculador innato, etc., consideran desde sus pri­ meros años, con un espíritu especialmente atento, todo aquello que les parece tener álguna relación con su mayor aptitud. Se asimilan con facilidad y retienen sólidamente numerosas series de observaciones, de imágenes, de palabras, que se asocian al centro de cris­ talización representado por la tendencia principal. Las personas voluntariosas, aun cuando no expe­ rimenten ninguna afición por determinada rama del saber, tienden en absoluto a poseerla, sienten que su memoria les es reacia en los primeros esfuerzos que hacen para fijar en su imaginación lo que tratan de aprender. Pero el motivo que acciona su voluntad: ambición, deseo de evolución o cualquier otro, crea rá­ pidamente en ellas un centro de cristalización. A fuer­ za de repetirse: “Es preciso que llegue a aprender esto: es indispensable para la satisfacción de tal o cual de mis deseos”, disminuye en ellas su inercia mnemónica. Pero, faltas de método, a menudo les cuesta mucho más trabajo del necesario.

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3.

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C o n s e r v a c ió n

Un clisé mental se incrusta, si así puede decirse, sólidamente en la imaginación, ya sea porque la im­ presione vivamente cuando la recepción inicial se acompaña de un estado emocional intenso; ya sea por­ que, tan agradablemente solicitada está la atención, que queda absorbida; ya sea, finalmente, porque, por un esfuerzo voluntario, se la ha sostenido firmemente en el momento de registrarla. La intensidad y la du­ ración de la atención desempañan, pues, un papel pri­ mordial en el manejo de la función mnemónica. Más lejos veremos cómo ejercitarlas de manera que su gra­ do normal permita, sin fatiga especial, fijar fácil y definitivamente nuestras adquisiciones intelectuales. Teniendo el recuerdo como soporte la fibra nersiosa y como órgano de llamamiento el cerebro, su conser­ vación y la oportunidad de su reviviscencia dependen íntimamente de la nutrición cerebral y, por lo tanto, de la circulación. Los espiritualistas, para quienes los centros nerviosos son los instrumentos del alma, lo'

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A . — Cilindro. OO’. — Eje. BOC. — Comunicaciones de la conciencia y de la m em oria p ara la entrada de las nociones. EO F. — Comunicación de la conciencia y de la m em oria para recordar. D . — Disco aislador.

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mismo que los materialistas, cuyas singulares teorías hacen surgir la inteligencia de la materia, están de acuerdo cuando menos en un punto: que existe una higiene física de la memoria, que conviene tener en consideración. Para volver a recurrir a nuestra com­ paración esquemática, la substancia del cilindro debe ser considerada como viviente. De su vitalidad depen­ de la de los recuerdos que contiene. Además, su doci­ lidad para volver a traer a la superficie del triángulo BOC las nociones que contiene, a fin de afectar la conciencia cuando ella las solicita, exige una flexibi­ lidad que supone una potencia funcional suficiente.

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4.

E l recuerdo espontán eo

Supongamos ahora que en el disco de separación D hay una segunda abertura triangular EOF, en con­ tacto con la conciencia como el sector BOC. A me­ dida que el hilo del pensamiento se desenrolla, los diversos objetos de nuestras cogitaciones impresionan el cilindro por BOC y determinan una especie de re­ flejo más o menos rápido que conduce a EOF las no­ ciones conexas. Tal es el fenómeno del recuerdo. Su oportunidad depende evidentemente de la lógica apor­ tada habitualmente al encadenamiento de nuestras ideas y de la distribución más o menos juciosa de éstas en el interior del cilindro. Cuando la atención se detiene cautivada, en las primeras nociones de un recuerdo, el cilindro marcha más lentamente y su actividad actúa del interior al exterior para conducir al triángulo EOF nuevos ele­ mentos del recuerdo considerado. Durante el sueño, el cilindro oscila sobre su eje caprichosamente y alimenta el sueño de una manera a menudo desordenada.

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5.

El

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RECUERDO VOLUNTARIO

Toda tensión voluntaria del espíritu inmovilizada en un orden de ideas cualquiera, suspende momentá­ neamente el movimiento del cilindro o, por lo menos, disminuye considerablemente la velocidad con que gira. Esa tensión origina una abducción de las nociones co­ nexas al objeto del pensamiento. El recuerdo delibe­ rado parece, pues, influido por la intensidad de la vo­ luntad. Si es exacto que a veces no acude a nuestra me­ moria una palabra en el momento en que nos esfor­ zamos en recordarla, mientras que en cambio la recor­ damos sin ningún esfuerzo en otro instante, observe­ mos que, en el primer caso, un estado excesivamente afectivo o cualquier otra causa perturbadora de la voluntad disocia esta última de la memoria y suprime por el momento su impulso. Cuando estamos tran­ quilos, recogidos y tenemos sangre fría, sentimos con más fuerza la oportunidad de recordar una noción, y más dócilmente vuelve a presentarse ésta en nuestra conciencia. Toda mejora de la voluntad. trae consigo

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LA MEMORIA

una flexibilidad de la restitución automática y, a la menor solicitación, aporta conocimientos escondidos en nuestra reserva mental. Vuestros conocimientos de cualquier naturaleza es­ tán a vuestra disposición en esa misteriosa región, de­ signados aquí bajo la figura de un cilindro, y en ella se relegan así que dejáis de prestarle atención. Si es­ táis muy bien dotados, al menor llamamiento, la pa­ labra, el número, la imagen, la idea que os hace falta, instantáneamente son hallados de nuevo. Si, al con­ trario, os ocurre con frecuencia, a pesar de vuestros enérgicos requerimientos, que no lográis obtener en el instante oportuno el documento mental que buscáis, quizá lo poseéis sin embargo tan perfectamente preciso como lo deseáis. Propiamente hablando, no es él el que os falta, sino el mecanismo íntimo mediante el cual debiera acudir a vuestra memoria ese documen­ to mental. £1 estado de vuestra mente no acciona en aquellos momentos tal mecanismo como es debido. Pero sin duda sucederá que al día siguiente, o al cabo de ocho días, os encontraréis en una condición psí­ quica que hará posible que tenga efecto el accionamien­ to del mecanismo, accionamiento que en vano tratáis de lograr ahora. Supongamos que vuestro recuerdo cerezca de pre­ cisión: entonces es que en el momento del registro no ha sido cumplida alguna de las condiciones expuestas

MECANISMO DE LA MEMORIA

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en el apartado 3. El clisé, demasiado pálido, puede, □o obstante, acentuarse mucho más de lo que pudiera esperarse bajo el efecto de la tensión voluntaria, que entonces desempeña el papel de un poderoso revelador.

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6.

LA MEMORIA

L a s a s o c ia c io n e s

in t e r n a s

y

su s

resultado s

No es preciso creer que las diversas nociones per­ manecen estáticas en el interior del cilindro: de sus asociaciones resultan nuevas ideas que más pronto o más tarde se imponen a la conciencia, ya sea porque surjan bruscamente en la superficie del sector EOF, ya sea porque, al detenerse voluntariamente en un su­ jeto determinado que les es conexo, las conducimos a él. Tal es el principio de la sugestión indirecta, de la que ya indiqué los procedimientos en mi Método cien­ tífico moderno de Magnetismo, Hipnotismo y Suges­ tión. Inconscientemente, durante el sueño o en estado de vigilia, se efectúa en la memoria un trabajo. La edu­ cación de esta fucultad en un sentido dado propor­ ciona una rectitud muy interesante a ese trabajo criptoide. Así se conocen numerosos casos en que la aso-

MECANISMO DE LA MEMORIA

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dación subconsciente de las ideas ha proporcionado como resultante una obra de valor. Un matemático se mete en el lecho luego de ha­ ber buscado en vano largamente la solución de un pro­ blema geométrico. Se duerme y sueña con él. Al des­ pertar tiene la solución: algunos de sus elementos, que en el curso de sus pesquisas habían permanecido ocultos en las profundidades del cilindro, habían vuel­ to de nuevo a la superficie mientras dormía y se habían juntado bajo la influencia generadora de su volun­ tad (1). Schopenhauer escribió: “Mis postulados filosóficos se produjeron en mí sin mi intervención, en momen­ tos en que mi voluntad estaba como dormida y mi imaginación no se hallaba encaminada en una direc­ ción prevista de antemano. Así, mi persona era como extraña a mi obra.” Desde un cierto punto de vista, la memoria pare­ ce una especie de alambique en el que nuestros pen­ samientos, nuestros estados afectivos y nuestras im­ presiones reaccionan unos sobre otros para dar lugar a las incitaciones más o menos complejas. Ya lo he demostrado, a propósito de la génesis de los sentimien­ tos, en mi obra Psicología del Amor (2). (1) Véase del mismo autor, y de esta Editorial, £2 Poder de la Voluntad sobre si mismo, sobre los demás, sobre el Destino. (2) De esta Editorial.

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LA MEMORIA

Por eso el control de la memoria es indispensable para dominarse uno mismo para tener el sueño tran­ quilo y para verse libre de las influencias ambientales.

CAPITULO II

Los elementos de la memoria 1. 3. 5. 7. 9.

Agudeza sensorial. - 2. Agudeza motriz. Agudeza emocional. - 4. Sentido estético. Sentido analítico. - 6. Espíritu de síntesis. Sentido analógico. - 8. Noción del tiempo. Sentido topográfico. -10. Cómo se estable­ ce el diagnóstico de una memoria.

1.

A g u d e z a s e n s o r ia l

La agudeza auditiva y visual constituye un deter­ minante de importancia del funcionamiento mnemónico. El niño que prueba a hablar, trata de reprodu­ cir sonidos que ha oído emitir y que ha retenido. Más tarde, a menos de una cultura especial, su vocabu­ lario se limitará a las expresiones de uso corriente en su medio, a pesar de que lea más o menos, porque, salvo en el caso de una agudeza visual predispuesta a la retención de los grafismos, el estudiante tendrá siem­ pre más trabajo para grabar en su memoria las pala­ bras leídas que las oídas. Aquellos en quienes predo­ mina la agudeza auditiva ligan la mayor parte de sus recuerdos a sonoridades. Para acordarse de una perso­ na tratan de figurarse la tonalidad de su voz, y, por poco que ésta posea un timbre algo especial, se hallan en condiciones de repetir exactamente las conversacio­ nes tenidas con aquella persona en una época más o menos lejana. Cuando se trata de una palabra, el audi­ tivo se atiene a la desinencia de tal vocablo o a otros 4

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LA MEMORIA

análogos que se escuchan pronunciar a fin de provo­ car un reflejo mnemónico. El visual tiende a basar la mayoría de las opera­ ciones de su memoria en su facilidad para registrar las imágenes. Vuelve a encontrar así la fisonomía de las personas, el aspecto gráfico de las palabras, la ima­ gen mental de los hechos, la forma y la composición tipográfica de la cubierta del libro que necesita.

LOS ELEMENTOS DE LA MEMORIA

2.

SI

A gudeza m o t r i z

El movimiento, la cinemática, constituye un tercer elemento de la memoria en aquellos en quienes el sen­ tido muscular está en su plenitud. En el vocabulario, ese sentido condiciona ciertamente la memoria de los verbos y eso es así sin duda porque éstos constituyen la última clase de palabras que olvidan los afásicos. El hombre dotado de un sentido muscular en alto gra­ do, se acordará mejor de un individuo a quien haya visto actuar que de otros. El gesto, el movimiento, uni­ dos a la frase o a la palabra que oye, le ayudan con­ siderablemente a grabar ésta en la imaginación. Retiene con dificultad los aspectos estáticos de la Naturaleza; pero así que hay animación en tomo suyo, su memoria es activa. Entiéndase bien que, para la facilidad de nuestra exposición, suponemos que uno de los elemen­ tos de percepción predomina en gran manera. El ora­ dor que puntúa sus discursos mediante los movimien­ tos correlativos a sus palabras, ayuda a la formación de las expresiones.

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LA MEMORIA

3.

A g u d e z a e m o c io n a l

Las personas impresionables son, ante todo, recep­ tivas para sus sensaciones. Para figurarse una persona, una cosa o hasta una idea, tratan de acordarse de la impresión que ella les causó. Convenientemente ma­ nejada, esa predisposición es excelente desde el punto de vista que nos ocupa. Se ven niños absolutamente rebeldes al estudio. A pesar de sus esfuerzos, no llegan a dominar la gramática o la aritmética; pero son los únicos para darse cuenta de los actos y gestos de las personas a quienes observan, de los más nimios hechos cotidianos que por lo general pasan inadvertidos a todo el mundo. Se trata de niños emocionales a los cuales les es indispensable, para convertirlos en buenos alum­ nos, que se les exponga el interés subjetivo que para ellos tiene la materia de que se trate. Gran número de esas personillas recuperan lo perdido así que reba­ san la adolescencia; pero si su impresionabilidad va unida a una manifiesta insuficiencia intelectual, el pro­ blema de su memoria me parece insoluble.

LOS ELEMENTOS DE LA MEMORIA

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En las personas normales, la emoción excita pode­ rosamente la actividad interna y externa del cilindro. Así, la música provoca un aflujo de ideas y de recuer­ dos de toda naturaleza. Cuando la impresionabilidad se exagera, de ello se sigue un desorden continuo del pensamiento, de cuyo desorden se resiente la memoria.

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LA MEMORIA

4.

S e n t id o e s t é t i c o

Esta predisposición lleva a acordarse de todas las cosas comparándolas con su modelo ideal. Entonces, un grave defecto de proporción imprime enérgicamen­ te una imagen en el espíritu. Un objeto, una persona, quedan registrados en la memoria como presentando tal o cual defecto mórfico. Tal sentido pone en juego facultades comparati­ vas y ayuda considerablemente al desarrollo de la me­ moria visual.

LOS ELEMENTOS DE LA MEMORIA

5.

S e n t id o

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a n a l ít ic o

Es el más preciado auxiliar de la memoria. Crea, en efecto, premisas y numerosas asociaciones. Incita al examen profundo de cada noción, a la busca de las casualidades. Toda conexión presentada por el obje­ to examinado con otros ya adquiridos, es descubierta y crea un punto de ligazón en el cilindro. El análisis llevado a cabo obtiene una idea precisa de todo aquello que llama su atención. La percepción y la apreciación de los menores matices le permiten una clasificación diferente. Los recuerdos son siempre en él abundan­ tes y seguros. Sus inducciones y deducciones asimismo están afirmadas sólidamente. Puede destacarse en el co­ nocimiento del dominio concreto y adquirir una memo­ ria extraordinaria para las ideas abstractas. Reconstru­ ye fácilmente sus recuerdos con ayuda de la profusión de ideas secundarias que sabe sacar de cada objeto. Sin embargo, el exceso de la tendencia analítica condu­ ce a perder de vista el conjunto para extraviarse en los detalles.



LA MEMORIA

6.

E s p í r i t u d e s ín t e s is

Si en el estudio de una cuestión os veis conduci­ dos a buscar inicialmente la manera de condicionaros una idea general; si para vosotros es fácil el recuerdo de las nociones cuya substancia lograsteis hacer entrar en una contrafórmula, estáis dotados de espíritu de síntesis. Esta calificación, como la precedente, trae siemconsigo una notable facilidad de las operaciones mne­ mónicas. El sintético utiliza inconscientemente un ex­ celente método retentivo: crea ante todo una tabla en la cual se ordena y asocian sucesivamente todas las nociones susceptibles de entrar en ella. Y en tanto que le falte al conjunto algún pormenor, el sintético se da cuenta perfectamente de la falta de homogeneidad del contenido de su tabla. Una vez este ésta completa, ningu­ no de los elementos que en ella figuran queda olvidado, porque cada uno de ellos forma con el conjunto un bloque sólidamente construido. Los sinópticos, es decir, aquellos cuya mentalidad se destaca igualmente en el análisis y en la síntesis, son, a mi modo de ver, los que están mejor dotados.

LOS ELEMENTOS DE LA MEMORIA

7.

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S e n t id o a n a l ó g ic o

La pronta percepción de las analogias posibles en­ tre un orden de ideas por asimilar y otro ya adquirido, permite un rápido registro. El sentido analógico per­ mite también resumir en forma esquemática gráfica o mental toda especie de cosas que se desea recordar. Las figuras de aspecto extraño que se encuentran en las obras de ocultismo provienen de la costumbre, en uso entre los antiguos iniciados, de condensar en di­ bujos simbólicos ciertos puntos secretos de su sabidu­ ría. Las veintidós láminas primeras del Tarot en el Tratado de Ciencias ocultas, son otros tantos ejemplos de la aplicación de la analogía a la representación je­ roglífica de las leyes metafísicas. Los mnemotécnicos, a los cuales no les escapó el valor de la analogía, tienen como principio ciertos pro­ cedimientos que se hallarán en el capítulo IX de la presente obra.

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LA MEMORIA

8.

N o c ió n d e l t ie m p o

La apreciación mental de la duración, ya sea para localizar un recuerdo en el pasado, ya para acordarse en el momento que se desee de aquello que se tiene el propósito de llevar a cabo, corresponde a los espíri­ tus muy objetivos y bien equilibrados. Los asténicos dilatan, si así puede decirse, las duraciones reales en sus cálculos. Los hiperesténicos, por el contrario, tien­ den a acortarlas. A decir verdad, el sentido de las lo­ calizaciones en el tiempo no aparece como de utilidad esencial, aunque sea apreciable para concebir las de­ cisiones rápidas y para ordenar la actividad de los días próximos.

LOS ELEMENTOS DE LA MEMORIA

9.

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S e n t id o t o p o g r á f ic o

El sentido topográfico predispone a esa forma cu­ riosa de memoria que guía la búsqueda de un objeto material abandonado, en un momento de negligencia, entre un desordenado conjunto de otros objetos. Ese sentido facilita asimismo el recuerdo de las trayecto­ rias. Un ejemplo de ello fue dado por un hombre que secuestrado y subido a un automóvil por sus agresores, conducido en éste y con los ojos vendados a muchos kilómetros de su residencia y devuelto de igual modo al lugar de donde partiera, al día siguiente logró volver a encontrar el inmueble al que había sido llevado. Para ello se sentó en un auto al lado del chofer y, cerrando los ojos, le fue indicando el camino recorrido la víspera. Prácticamente, en la vida, el sentido topográfico tiene su utilidad cotidiana para aquellos que deben efec­ tuar toda clase de recorridos y orientarse rápidamente en lugares siempre nuevos. En el estudio de la Geogra­ fía física, ese sentido facilita igualmente la tarea.

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LA MEMORIA

10.

CÓMO SE ESTABLECE EL DIAGNÓSTICO DE UNA MEMORIA

Al sujeto a quien se examina se le hacen sufrir las pruebas siguientes: — Prueba de la agudeza auditiva: Repetir lo que se haya retenido de un verso declamado o simplemen­ te leído tres veces seguidas ante el sujeto. — Prueba de la agudeza visual: Dar a leer en si­ lencio un texto en prosa. Esta lectura durará quince minutos para cincuenta líneas. El sujeto se esforzará en seguida en reconstituir el texto por escrito. — Prueba de la agudeza motriz: La declamación acompañada de gestos; pueden ser utilizados el rela­ to de un combate de boxeo mimado ante el sujeto o, más sencillamente, el pasar ante sus ojos un álbum con figuras de baile o posturas gimnásticas. El sujeto,

LOS ELEMENTOS DE LA MEMORIA

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seguidamente, tratará de enumerar los movimientos que se le hayan mostrado. — Prueba de la agudeza emocional: Lectura de un relato trágico o emocionante desconocido del sujeto (cuentos de Edgard Poe, de De Lorde o alguna cosa ánáloga). Esa lectura será rápida e irá seguida inmedia­ tamente de un ensayo de recordación. Dígase en el acto al sujeto que exponga en su exacta forma litera­ ria un pasaje de la novela más emocionante que haya leído. — Prueba del sentido estético: Después de haber dado a examinar muchos dibujos o fotografías de ros­ tros, unos de proporciones defectuosas, otros de fac­ ciones impecables, pídasele al sujeto una descripción de ellos. — Prueba del sentido analítico: Propóngase un afo­ rismo de una concepción apropiada a la mentalidad del sujeto, rogándole que lo comente de viva voz o por escrito después de un corto instante de reflexión. — Prueba del espíritu de síntesis: Una cuestión bien conocida del sujeto, su profesión por ejemplo, habrá de ser resumida por él en forma de cuadro gráfico. Véa­ se también cuáles son sus ideas generales, su amplitud y su homogeneidad. — Prueba del sentido analógico: Trátase de obte­

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LA MEMORIA

ner la representación simbólica, bajo la forma de un esquema claramente expresivo de una noción cualquie­ ra perfectamente asimilada por el sujeto. Esa prueba debe variar según las mentalidades. Si el examinado fuera inexperto en el arte gráfico, se limitará a descri­ bir su composición. — Prueba del tiempo: Apreciación de tres duracio­ nes distintas: la de leer un texto, la de copiarlo y la de un momento de inacción entre las dos primeras. — Prueba del sentido topográfico: El sujeto des­ cribirá un trayecto establecido de antemano por el examinador y del que se complicará los meandros de una manera inversamente proporcional a la extensión de sus límites. Seguidamente, reconstitución del tra­ yecto. Damos aquí la indicación general de esas pruebas; su proceso exacto varía necesariamente según los ca­ sos. Por ese método serán conocidos aquellos elementos de la memoria cuya debilidad reclama una reeducación particularmente atenta. Una práctica especial podrá ser combinada para cada cual procurando que el sujeto compense sus puntos débiles mediante el apoyo de és­ tos en sus mejores recursos mnemónicos. Por ejemplo, compensar el defecto de agudeza auditiva mediante la agudeza emocional, rectificar el exceso de análisis por ejercicios de síntesis, etc.

CAPITULO III

Directivas de la educación razonada de la memoria 1. Aprender a conducir el propio pensa­ miento. - 2. Observar la higiene psicofísica. 3. Crear centros de cristalización. - 4. Poner remedio a las insuficiencias naturales median­ te una ortopedia mental apropiada. - 5. Ape­ lar a la potencia de los motivos. - 6. Determi­ narse al esfuerzo.

1.

A p r e n d e r a c o n d u c ir e l

p r o p io

p e n s a m ie n t o

La primera condición necesaria al desarrollo de la memoria es el mantener en el espíritu el deseo de me­ jorarla. Es preciso tomar la determinación de trabajar y ceñirse diariamente a diversos ejercicios, de esforzar­ se en pensar de cierta manera, de aportar a la tenden­ cia anárquica de la actividad intelectual el correctivo de los principios de orden de que más adelante habla­ remos. El papel de la atención, ya puesto en claro por lo que precede, erige esfuerzos para aumentar el domi­ nio de la voluntad sobre la ideación. Las primeras prác­ ticas que propondré a mis lectores tendrán como obje­ tivo el hacerles adquirir la posibilidad de pensar deliberadamente en un tema elegido y de cesar volun­ tariamente de pensar en él en el instante previsto. La disciplina mental bastará por sí sola; tan pode­ roso es su efecto directo sobre la memoria. Efectiva­ mente, permite disociarse, en el momento del estudio, de todas las impresiones exteriores y de los múltiples incidentes que hos solicitan. Cuando todo el campo 6

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LA MEMORIA

de la conciencia está acaparado, el registro se efectúa con fuerza y sin omisión ni error. La atención es el buril que graba el recuerdo en la memoria: el mane­ jarlo sin distracción asegura la formación de clisés con relieve preciso e inalterable. Para repartir juiciosamente las nociones registradas de manera que se creen excelentes asociaciones, es pre­ ciso adquirir la costumbre de regir los propios pensa­ mientos; porque es indispensable analizarlos, apreciar jarlo sin distracción asegura la formación de clisés con viene unirlos en nuestro espíritu. La recordación de un texto al pie de la letra, re­ posa por entero en la continuidad de la atención. Los extravíos de ésta traen consigo lagunas en el recuerdo del texto y hacen penoso su estudio, porque cuesta esfuerzos fatigosos cuando, separándose a cada instan­ te del tema estudiado, debe de nuevo conducirse hacia él una y otra vez la conciencia, distraída con cualquier incidente. Con el ejercicio se llega a concentrarse tan bien sobre un trabajo, que se continúa aplicado a él horas y horas, sin fatiga, así que son vencidos los pri­ meros impulsos disociadores. En el acto de recordar, la concentración de espí­ ritu acelera la actividad mnemónica. Por lo demás, sin ella, el aflujo de los elementos de un recuerdo es a menudo incompleto, lo cual da lugar a errores.

EDUCACIÓN RAZONADA DE LA MEMORIA

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Una modalidad de la memoria, para la cual es inú­ til toda demanda, tan defectuoso es en ese caso el dominio del pensamiento, es el olvido voluntario. Nada más irritante, más penoso, más avasallador, que el sen­ tirse constreñido a ceder a la obsesión del recuerdo de cosas o personas que nos es desagradable ver reapa­ recer en nuestra imaginación. Sólo la cultura psíqui­ ca proporciona la libertad interior. El olvido, es^decir, el destierro voluntario de los clisés desagradables a la región de los recuerdos esparcidos (capítulo II) se ob­ tiene con la costumbre de conducir el propio pensa­ miento. De igual modo que se crean asociaciones para retener, pueden determinarse disociaciones para olvidar.

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LA MEMORIA

2.

O b s e r v a r l a h i g ie n e p s i c o f í s ic a

El enorme desgaste de células nerviosas efectuado por el trabajo mental, trae consigo la necesidad abso­ luta de una nutrición cerebral suficiente. La higiene de la memoria consiste, pues, en ase­ gurar esa nutrición, así como en evitar los excesos de cualquier clase que agotan las energías orgánicas. En nuestra época causa estragos el artritismo, del que las primeras manifestaciones afectan el juego de las funciones intelectuales y en particular de la memo­ ria. Esta diátesis se desarrolla tan frecuentemente entre los hombres que llevan una vida tranquila, metódica, sin intemperancias aparentes ni desvíos de clase algu­ na, que se la considera como normal, como insepara­ ble de la edad, cuando no es atribuida a predisposiciones fatales. En realidad, la vida moderna engendra ne­ cesariamente el artritismo, porque comporta una ali­ mentación demasiado copiosa y una atonía funcional de los órganos de eliminación.

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Entre los alimentos que a diario injerimos, hay un gran número de ellos a los cuales se recurre de con­ tinuo como fortificantes indispensables y otros que se relegan como accesorios porque su composición pa­ rece dar aportaciones menos ricas al organismo. En este asunto se olvida una parte importante del mismo, la del desgaste interno ocasionado: 1.°, por la elabo­ ración en el seno de los órganos digestivos de los pro­ ductos útiles procedentes de un alimento cualquiera, y 2.°, por la eliminación de los residuos que el mismo desprende. No se tienen en cuenta las toxinas resultan­ tes de la fermentación intestinal, implicada por la com­ posición de nuestras minutas. También, insensiblemente, nuestros tejidos se im­ pregnan de venenos que los desorganizan, que ponen trabas a las funciones, que debilitan la resistencia de los órganos y disminuyen así todas nuestras potencia­ lidades. “Por su alimentación deplorable, escribe justamen­ te el doctor Gastón Durville, el hombre ha dilatado e inflamado su estómago, fatigado su hígado y sus riñones e irritado sus intestinos; ha hecho más lenta su cir­ culación e intoxicado su sistema nervioso; ha gastado sus reservas vitales, y ha falseado sus resistencias a la enfermedad. Sus tachas las ha transmitido a su des­ cendencia en forma de debilidad congénita, física y mo­ ral, de anemia o de ese terreno mórbido que es deno­ minado “temperamento” .

LA MEMORIA

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Como ya demostré en mi obra El Poder de la Vo­ luntad (1), ni lo físico ni la moral se fortalecen sobrea­ limentándose, sino más bien equilibrando la asimilación y la eliminación de los residuos mediante una compo­ sición juiciosa de la alimentación, por medio de una actividad respiratoria suficiente y haciendo uso frecuen­ te de reacciones circulatorias, principalmente de la hi­ droterapia. Un estado gastrointestinal perfecto que engendre sangre rica y abundantemente oxigenada, y una circula­ ción homogénea, son las primeras condiciones de la po­ tencia mnemónica.

(1) De esta Editorial.

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3.

C rear

centros

de

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c r is t a l iz a c ió n

Después de haber tenido en cuenta lo que prece­ de, se tiene lúcida y clara la imaginación para empren­ der la clasificación de la propia memoria. Ya hemos visto cómo se efectúa la distribución es­ pontánea de los recuerdos en el interior del cilindro y, principalmente, su asociación respectiva a aquel de nuestros centros de cristalización a que son referidos. Para continuar haciendo uso de mi comparación del ca­ pítulo primero, diré: fabricad con vuestro cilindro unos discos, cada uno de los cuales represente una sección de vuestros conocimientos y que gire en tomo de un centro de cristalización que figure uno de los motivos que animen vuestra vida mental. Por artificiosa que sea, esta comparación se ajusta exactamente a la realidad. En el capítulo VII veremos cómo hay que proceder exactamente para constituir un a modo de “fichero in­ telectual” tan bien clasificado y de un empleo tan sen­ cillo como el de un repertorio material.

72

LA MEMORIA

Los dos grandes principios de la conservación del re­ cuerdo son, según la opinión unánime de todos los auto­ res: la asociación analógica y la repetición mental. Si­ guiendo mi sistema, aplicaréis automáticamente esas dos leyes. Así, en el momento en que otorguéis vues­ tra atención a cualquier cosa que queráis fijar en vuestro espíritu, deberéis: 1.° Apreciar rápidamente a qué orden general de ideas pertenece esa cosa (operación previa en toda cla­ sificación); 2.° Buscar aquello que sabéis ya acerca de tal su­ jeto, a fin de encontrar la noción más análoga a aquello que deseáis fijar (dicho de otro modo: descubrir en vuestras fichas mentales aquellas entre las cuales debe situarse la nueva); 3.° Fijar un corto instante vuestro pensamiento en la noción a registrar y en sus análogas contiguas ya clasificadas (dicho de otro modo: poner la nueva ficha en el sitio que le corresponde). De ese modo, las diferentes secciones de vuestros diversos órdenes de conocimientos van pasando suce­ sivamente ante vuestra conciencia, lo cual hace más y más firme su incrustación. Así como para una biblioteca o un fichero cada cual adopta un orden combinado según los giros de

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su imaginación, la clasificación de las ideas debe ser concebida según la naturaleza del que lá practique. Sin embargo, en el capítulo VIII daremos un ejemplo que podrá servir para inspirarse.

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4.

LA MEMORIA

P o n e r r e m e d io a l a s in s u f i c i e n c ia s n a t u r a l e s MEDIANTE UNA ORTOPEDIA MENTAL APROPIADA

Ya hemos visto cómo reaccionan en la memoria los condicionamientos orgánicos. El diagnóstico de las insuficiencias puede establecerse metódicamente según los principios indicados en el capítulo III. En seguida se eligen aquellos ejercicios que damos en la parte prác­ tica, que parezcan convenir, y se llevan a cabo puntual­ mente. Otros muchos análogos serán combinados por la iniciativa del lector. Según el caso, se ejecutan prác­ ticas que ejerciten la agudeza auditiva, la agudeza vi­ sual, el espíritu analítico, el sentido del tiempo, etc. En la mayoría de los casos, no será en modo al­ guno necesario recurrir a los ejercicios: las insuficien­ cias desaparecerán por sí mismas mediante la aplicación de los principos generales de mi método, que aporta homogéneamente todos los elementos de la memoria.

EDUCACIÓN RAZONADA DE LA MEMORIA

5.

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A p e l a r a l a p o t e n c ia d e l o s m o t iv o s

El interés que se pone en una cuestión anima la actividad intelectual y crea una condición receptiva facilitando en el más alto grado la asimilación y la re­ tención. También conviene, antes de emprender el es­ tudio de una materia, meditar acerca de todos los mo­ tivos susceptibles de hacemos tomar gusto a una cosa. Esta meditación constituye la mejor forma de autosu­ gestión para desarrollar la memoria (1). En el conjunto de los conocimientos humanos, teóricos o prácticos, no existe rama alguna que sea tan árida que no pueda hallarse en ella algún placer directo. Pero a falta de este último, recurrid a la oportunidad personal de vuestros estudios. Representaos las ventajas del medio, si no podéis considerarlo como objetivo inmediato. Así aso­ ciaréis tan estrechamente la cuestión a vuestra ambi­ ción, a vuestro interés, a vuestro deseo de progreso, (1) La autosugestión convenientemente ejecutada permite obtener todas las modificaciones posibles del carácter. Si se deseara poseer a fondo la teoría y la práctica de ese medio de acción, podrá recurrirse al Método científico moderno de Magnetismo, Hipnotismo y Su­ gestión y al tratado El Poder de la Voluntad, uno y otro de esta Edito­ rial.

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de superioridad o de lucro, que no tardaréis en expe­ rimentar un ansia de asimilación que ayudará consi­ derablemente vuestro trabajo. La objetivación mental, esa práctica de cultura psí­ quica recomendada en una de mis obras (1) como fuen­ te de energía, da resultados sorprendentes. Consiste en representarse mentalmente, bajo una forma concre­ ta, todas las consecuencias de una acción o de una omisión, del control de sí mismo o de la negligencia, de la actividad aplicada y metódica o de la ociosidad. Notad que cuando falta la energía de la voluntad, in­ variablemente se descubre la causa en una mala higiene que intoxica el cerebro o en una insuficiencia de las operaciones del juicio. Esta última consiste esencial­ mente en que todos los elementos (los motivos) del juicio escapan en parte a la conciencia y no despiertan una atención lo bastante sostenida. Alguien ha dicho: “El hombre que no actúa de acuerdo con lo que piensa, piensa incompletamente” . La objetividad obliga al es­ píritu a que “piense completamente” . Ella impone poco a poco sus conclusiones a la inercia.

(1) El Poder de la Voluntad sobre sí mismo, sobre los demás, sobre el Destino, de esta Editorial.

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6.

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D e t e r m in a r s e a l e s f u e r z o

Las obras acerca de la educación mental, que eran casi desconocidas hace un cuarto de siglo, han adqui­ rido un lugar cada vez más importante en el ramo edi­ torial. Las primeras, en lengua inglesa, llegaron a Euro­ pa procedentes de Norteamérica o fueron editadas en Inglaterra, siendo inmenso su éxito. Después se escri­ bieron ya en el Continente europeo en número consi­ derable que ha vulgarizado la cultura psíquica y ha encontrado adeptos para ella en todas las clases de la sociedad. Hasta en las regiones agrarias más alejadas se han interesado profundamente en el desarrollo de la personalidad. Ese progreso, del que los psiquistas de las diferentes escuelas pueden mostrarse justamente sa­ tisfechos, sin embargo, deja lamentar, en el mayor nú­ mero de los casos, la insuficiencia de aplicación práctica de los principios cuya difusión viene asegurada por el libro. Por lo general, el lector, seducido por las posi­ bilidades prometidas, adquiere la obra, la estudia, se adhiere sin restricciones a la tesis que en ella encuen­ tra, comprende perfectamente la necesidad y la eficacia

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de los principios que de ella se desprenden, y se de­ cide... a procurarse otro tratado para conseguir nue­ vas nociones. Así se constituye una interesante biblio­ teca, a las diversas unidades de la cual consagra a veces algún momento de ocio; pero raramente sabe librarse del vampirismo o tiranía de las costumbres arraigadas en él, para aplicar prácticamente las instrucciones de autocultura psíquica. Y a pesar de eso, cada cual se imagina que está algo transformado. Algunos, incluso creen sinceramente haber obtenido resultados. En efec­ to, la autosugestión inconsciente operada por la lectura pura y simple del género de literatura en que estoy ocupándome, trae consigo a veces, automáticamente, algunas modificaciones más o menos importantes en la manera de actuar. Pero la totalidad y la plenitud de los resultados que preconizan los apóstoles del poder modificador del hombre sobre sí mismo, no podrían ser gratas espontáneamente a nadie. Vosotros, los que me leéis, no caigáis en la trampa del engranaje ruti­ nario. Determinaos a poner en práctica las indicaciones que seguirán. Empezad así que las hayáis leído. Juzgad, mediante una experiencia leal, de la eficacia de mi mé­ todo y lograréis poseer rápidamente una perfecta me­ moria flexible, rápida y exacta.

PARTE PRACTICA CAPITULO IV

El gobierno del pensamiento 1. Ejercicio fundamental indispensable. - 2. Ejercicios que desarrollan a la vez la agudeza sensorial y la atención. - 3. Cultivo de la agu­ deza emocional. - 4. Algunas palabras acer­ ca del sentido estético. - 5. Ejercicios de análisis. - 6. Ejercicios de síntesis. - 7. Cómo se reeducan la noción del tiempo y el sen­ tido topográfico.

1.

E j e r c i c i o f u n d a m e n t a l in d is p e n s a b l e

Elegid tres temas de meditación bien distintos; por ejemplo, una cuestión personal, otra prefesional y otra filosófica. Colocad ante vosotros vuestro reloj y mirad la hora que es en aquel instante. Aplicaos inmedia­ tamente a pensar tan sólo en la primera de vuestras tres cuestiones concediéndole toda vuestra atención. Si no sois ya, en cierta medida, dueños de vuestra idea­ ción, bien pronto os quedaréis sorprendidos al veros metidos en un incidente que os alejará más o menos del tema. No os desaniméis: conducid de nuevo una, dos, veinte veces vuestra conciencia a la cuestión elegida y continuad así durante diez minutos. Pasad en seguida, bruscamente, a la segunda cuestión y, en fin, diez mi­ nutos después, a la tercera. Cuanto más dificultoso en­ contréis ese trabajo, más os convendrá obstinaros en él. Cuando hayáis logrado la perfección, elegid temas ári­ dos totalmente ausentes hasta entonces de vuestras preo­ cupaciones y buscad ideas que tengan con ellos rela­ ción. Os quedaréis sorprendidos del gran número de ellas que encontraréis.

a

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LA MEMORIA

He aquí una variante del ejercicio precedente, la denominada “Ejercicio de los ficheros cerebrales” . Sólo con éste se modifica ya seriamente la memoria. Es de­ bido al doctor Gastón Durville, quien lo expone así en su obra La cure naturíste: “Durante cinco minutos, reloj en mano, pensad en un tema dado, por ejemplo, en vuestro último paseo; en esos cinco minutos, y sin toleraros un pensamiento extraño a aquél, volved a ver mentalmente lo que hayáis contemplado, observado, hecho...; no dejéis que se en­ tremezclen los recuerdos de una manera desordenada: en vuestra exposición mental debe haber orden, método; cada hecho habrá de estar en su sitio y con su verdadero valor. Al cabo de los cinco minutos cerrad bruscamente el “fichero Paseo” , es decir, arrojad de pronto lejos de vosotros todo pensamiento relativo al paseo y “echad mano de otro fichero” ; pensad, por ejemplo, en vuestro último trabajo intelectual o manual; durante cinco mi­ nutos exactamente, reloj en mano, repetios in mente lo que habéis logrado en ese último trabajo, en qué ha consistido, cómo lo habéis llevado a cabo, etc. Después, de un modo brusco, cerrad el “fichero Trabajo” y re­ currid a otro; por ejemplo, el de la mejora de vuestro carácter, y por espacio de cinco minutos no penséis más que en los progresos adquiridos, en los que os quedan por hacer, en las resoluciones tomadas y por tomar, etc.

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"Después, interrumpid la experiencia. Quince mi­ nutos en total bastan cada día. "Cuando os hayáis acostumbrado a manejar los “ficheros cerebrales” , inmediatamente sabréis pensar en lo qüe os gusta, en lo que os es útil, en lo que os es agradable. Seréis vosotros los que ordenaréis vuestro pensamiento en vez de ser gobernado éste por los acon­ tecimientos: sabréis evitar el ser invadidos por ideas parásitas, obsesionantes o por lo menos inútiles. "Sabréis librar vuestro pensamiento de las trabas que conturban la vida de tantas personas: habréis ad­ quirido el arte de saber trabajar cuando queráis hacerlo, el arte de descansar cuando deseéis parar vuestra má­ quina cerebral, el arte de dormir por la noche a pesar de vuestras preocupaciones, y el arte de arreglar las cuestiones difíciles cuando de ello tengáis necesidad.”

LA MEMORIA

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2.

E j e r c ic io s q u e d e s a r r o l l a n a l a v e z LA AGUDEZA SENSORIAL Y LA ATENCIÓN

Ejercicio n.° / (Vista). — Tomad un objeto de uso corriente, por ejemplo, una llave, que colocaréis ante vosotros sobre una mesa. Recorred con la mirada los diferentes contornos de aquéllá, y, después de haber repetido atentamente esa operación muchas veces, ce­ rrad los ojos y tratad de acordaros mentalmente, con precisión, de la forma exacta de la llave. Es probable que muchos detalles de ella serán omitidos en esta pri­ mera tentativa de llamamiento de recuerdos. Entonces os hará falta mirar de nuevo el objeto y estudiar sus detalles; después volved a cerrar los ojos y contemplad la imagen mental del objeto hasta que sea perfecta, aunque para ello hayáis de recurrir muchas veces al modelo. Cuando creáis haber retenido por entero la forma de la llave, dibujadla de memoria en un papel y comparad vuestro croquis con el original. Acaso com­ probéis entonces olvidos que necesitarán una nueva contemplación del objeto, seguida de otro dibujo del mismo. Para llegar tan rápidamente como sea posible

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a la perfección, sed metódicos. Ante todo, fijad vuestra atención en las proporciones generales del objeto. Com­ parad su longitud (después de haberla calculado) con la anchura de la parte superior y con la de la inferior. Estudiad en seguida por separado esas dos partes eva­ luando sus respectivas superficies, y, finalmente, ocu­ paos en los pormenores de la parte inferior. No es in­ dispensable llegar a dibujar el modelo a su tamaño exacto, pero por lo menos hay que ejecutar un boceto justamente proporcionado. Ejercicio n.° 2 (Oído). — Para este ejercicio, a me­ nos de disponer de un gramófono, hace falta el con­ curso benévolo de un músico cualquiera o de un cantor, a fin de que sea posible oír muchas veces un aire o un tema musical. Durante la primera audición hay que abandonarse por entero a la impresión sin hacer nin­ gún esfuerzo para analizarla o para retenerla. Algunos minutos después del fin de la ejecución, tratad de re­ petiros mentalmente o vocalmente algunos pequeños trozos. Escuchad una segunda ejecución, esta vez con el propósito de retener las primeras y las últimas notas, y, después, tratad de recordarlas. Prdcurad hallarlas. Una tercera audición os permitirá comprobar la exac­ titud de vuestro recuerdo y retener una nueva serie de sonidos; unos, a continuación de los primeros compa­ ses ya retenidos; otros, precediendo a los últimos ya registrados en la. memoria. Continuando de ese modo, lograréis fijar en vuestra memoria el conjunto del tro­ zo musical; os haréis cargo de sus matices, de los di­

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LA MEMORIA

versos movimientos, de la pausas, etcétera. Entonces os será preciso buscar la manera de procuraros la ilu­ sión de que oís una nueva ejecución en vuestro inte­ rior, recordando el sonido exacto del instrumento o de la voz del ejecutante. A falta de los medios necesarios para lo que pre­ cede, ejercitaos simplemente en recordar diversos so­ nidos: el tintineo de una moneda, el grito de un animal, la voz de una persona oída con frecuencia o algo aná­ logo. Todo eso puede ser reemplazado por el ensayo de repetición de una composición poética de versos muy musicales que se le hará leer previamente a un amigo. Ejercicio n.° 3 (Tacto). — Disponed ante vosotros, sobre una mesa, diferentes objetos constituidos de di­ versas materias: madera, metal, piedra, papel, tela, etc. Cerrad los ojos y palpad sucesivamente cada objeto sos­ teniéndolo en vuestras manos. Poned toda vuestra aten­ ción en la impresión táctil que cada contacto os deje. En seguida tratad de acordaros de las sensaciones ex­ perimentadas por vuestro tacto en lo que concierne a cada objeto por separado. Volved a efectuar muchas ve­ ces esa doble operación, esforzándoos en hacer que vuestro recuerdo se halle cada vez más cerca de la rea­ lidad. Después de haber operado con substancias muy desemejantes, utilizad una serie de objetos menos dis­

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pares. Por ejemplo, muestras diferentes de tejidos de lana, algodón, hilo, -seda, crepé, sarga, paño, etcétera. Proceded como en el caso precedente. Finalmente po­ dréis tratar de discernir, pasando vuestros dedos por la superficie impresa de un juego de naipes, el ligero relieve que queda al ser impreso cada uno de ellos. Algunos ilusionistas han llegado así a distinguir ins­ tantáneamente las cartas sacadas de una baraja. Para ello hacen que muchas personas elijan sucesivamente en ésta varias cartas, y en el momento en que se les da cada naipe para volver a colocarlo entre los demás, exploran con los dedos la superficie de él y dicen a cada cual la carta que eligió. La agudeza táctil tiene utilidad directa en un gran número de profesiones. Ejercicio n.° 4 (Olfato). — Como para los prece­ dentes ejercicios relativos al oído, será conveniente en este caso preparar un pequeño dispositivo: una docena de frasquitos conteniendo substancias de diverso olor y una segunda serie conteniendo productos de aroma análogo, pero de intensidad variable (por ejemplo, mu­ chas calidades de agua de Colonia). Naturalmente, con­ viene empezar por la serie de perfumes variados; des­ pués de haber aspirado largo tiempo cada frasquito, se repite mentalmente la operación y luego se colocan los frascos en línea, aproximando muchas veces la nariz a sus bocas, del primero al último, después de lo cual se trata de recordar los aromas de toda la serie. Hay que procurar no limitarse a la adquisición de la di­

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LA MEMORIA

ferencia de los perfumes, sino tratar de revivir ínte­ gramente la impresión obtenida al oler cada uno de ellos. La segunda serie de frasquitos se estudia de igual manera. Para terminar pueden numerarse los frasquitos o pegarles una etiqueta; y, designando uno al azar, pasar algunos minutos tratando de acordarse de la sensación olfativa producida por su contenido, comprobar luego la exactitud del recuerdo y pasar en seguida a otro para proceder con él de igual modo. Todos estos ejercicios tienen la doble ventaja de ha­ bituar las diversas modalidades de la atención y de aumentar la agudeza sensorial. Ejercicio n.° 5 (Gusto). — Lo mismo que para los otros cuatro sentidos, será ventajoso ejercitar el gusto, porque la agudeza sensorial debe ser homogénea. Por otra parte, al fijar la atención sobre sujetos u objetos diferentes, a aquélla se le da flexibilidad. En este caso no es necesario utilizar modelos, porque a menudo se tiene ocasión de comprobar el sabor de diversos co­ mestibles. Basta con redactar algunas listas de man­ jares muy diferentes, o análogos, pero de cualidades diversas. Según el método ya empleado, se “trabaja” primero con la serie más diferente, para terminar con la menos diferenciada. Ejercicio acumulativo. — Este ejercicio consiste en buscar todas las percepciones que pueden obtenerse de

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un objeto dado. Así, la llave que hemos estudiado con la vista será sucesivamente mirada, tocada, olida, arro­ jada al suelo o sobre un mármol o una superficie me­ tálica, y llevada por último a la boca. Si se experimen­ tara alguna repugnancia en llevar a cabo este último contacto, será bueno recordar que el dominio de los sentidos ayuda al desarrollo de su agudeza. Habiendo así visto, tocado, olido, oído y gustado el mismo objeto, se busca el recuerdo de las diversas sensaciones experi­ mentales y se repite todo el ejercicio hasta lograr una coincidencia exacta entre la realidad y la imaginación.

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LA MEMORIA

3.

C u l t iv o df . l a a g u d e z a e m o c io n a l

Cuando la impresionabilidad se muestra exagerada, enfermiza, su influencia altera el juego del sistema ner­ vioso, falsea el juicio, dispersa la atención y desorga­ niza la memoria. El remedio más eficaz para ese esta­ do es la gimnasia respiratoria. Esa palabra “gimnasia” no debe asustar a los dé­ biles: la práctica de la respiración profunda, asequible a todos, fortifica el físico y asimismo la moral. ¿Qué proporción de personas robustas se encuentra, por otra parte, en esos salones sobrecalentados donde la cos­ tumbre impulsa en la actualidad a las parejas a ago­ tarse durante muchas horas en bailes más o menos grotescos? He aquí cómo deben empezar los débiles: Tender­ se en el suelo, provisto, si así se prefiere, de una al­ fombra o de un colchón. Quitarse las ropas suscepti­ bles de poner obstáculos a los movimientos. Dejar que penetre el aire por el balcón o ventana abierto de par

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en par. Esperar algunos instantes, inmóviles. La posi­ ción en decúbito supino, con la cabeza a nivel del cuer­ po, regula por sí misma la respiración y procura una sensación de bienestar muy propicia al ligero esfuerzo que sigue: levantar los brazos perpendicularmente al cuerpo teniéndolos muy derechos y rigurosamente pa­ ralelos; prosígase ese movimiento hasta que las manos, extendidas sin rigidez, toquen el suelo por detrás de la cabeza. Gradualmente, repítase dos, cuatro, diez, treinta veces ese mismo ejercicio, que sin forzar la ca­ pacidad respiratoria tiende a aumentarla poco a poco. Si, contrariamente al caso precedente, se trata de aumentar la agudeza emocional, se recurrirá a la mú­ sica y á los espectáculos. Recordemos que la falta de sensibilidad perjudica siempre al intelecto. La recep­ tividad emocional es un medio de conocimiento sin el cual se está incompleto. El género de impresiones que estimula con mayor actividad y más sanamente al pen­ samiento es el que más conviene.

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LA MEMORIA

4.

A l g u n a s p a l a b r a s a c e r c a d e l s e n t id o ESTÉTICO

Ya hemos visto que este sentido sirve a veces de punto de referencia para la memoria. Unido a la agu­ deza visual y a la agudeza emocional, su educación proporcionará siempre algunas ventajas a la memoria. El plan de esta obra no me permite extenderme más acerca de ese punto secundario que, sin embargo, me he visto precisado a señalar.

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5.

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E j e r c ic io s d e a n á l is is

La habituación del sentido analítico no podría efec­ tuarse de un modo semejante para todos los grados de cultura. Cada cual debe elegir entre los ejerci­ cios que siguen: Ejercicio n.° 1. — A propósito de un objeto de uso corriente, haceos las siguientes preguntas: — ¿Qué era primitivamente la substancia de que está compuesto? —¿Por qué motivo esa materia ha sido cambiada de estado? — ¿Por qué transformaciones sucesivas ha pasa­ do el objeto? — ¿Cuáles son sus usos, sus propiedades y sus ca­ racterísticas? — ¿Qué conexiones presenta con otros objetos? —¿En qué puede ser utilizado? — ¿De qué conocimientos depende y cuáles son aquellos que puede ayudar a adquirir? — ¿En qué se convertirá en el transcurso del tiempo?

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— ¿Cuál es vuestra opinión acerca de tal objeto? Justificad esa opinión. Ejercicio n.° 2. — Observad a un individuo cual­ quiera y tratad de sacar de esa inspección vuestra el mayor número posible de indicaciones acerca de su personalidad, su carácter (1), su profesión, su objeti­ vo inmediato, etc. Ejercicio n.° 3. — Elegid al azar una palabra en vuestro diccionario y, reflexionando sobre su signifi­ cado y sobre las ideas inmediatamente conexas a éste, redactad en cien líneas vuestras consideraciones. Nada de fraseología: ideas. Ejercicio n.° 4. — Leed diez líneas de filosofía o de metafísica y apreciad su sentido durante media hora de atención solamente.

(1) Véase la obra del* mismo autor, publicada por esta Editorial: Las marcas reveladoras del carácter.

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6.

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E j e r c ic io s d e s ín t e s is

Ejercicio n.° 1. — Elegid un libro, una cuestión, una ciencia que conozcáis bien, y resumid, ordenán­ dolas convenientemente, todas las nociones que poseéis acerca del tema elegido. Ejercicio n.° 2. — Dadas muchas proposiciones, de las que habréis logrado desentrañar el sentido median­ te meditación analítica, tratad de combinar otra tan concisa como sea posible y de la cual puedan dedu­ cirse las tres primeras. Ejercicio n.° 3. — De una serie de hechos de igual orden deducid una ley general. La meditación de los símbolos de toda clase ejer­ cita a la vez el análisis, la síntesis y la analogía.

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LA MEMORIA

7.

CÓMO SE REEDUCAN LA NOCIÓN DEL TIEMPO Y EL SENTIDO TOPOGRÁFICO

El ejercicio de los “ficheros cerebrales” efectua­ do con muchos acaecimientos en diversas épocas del pasado está muy indicado en este caso. Después de haber detenido el pensamiento en cada uno de los sucesos, tratad de ver brevemente los principales hechos de vuestra vida hasta la época presente, esforzándoos en precisar su fecha. Esas rápidas miradas retrospec­ tivas, esas vistas de conjunto tomadas del tiempo pa­ sado, aunque secundarias, no deben ser descuidadas. Cuanto mejores elementos posee la memoria, más fá­ cil es su funcionamiento. Mientras trabajáis, mientras recorréis un trayec­ to, acordaos alguna vez de apreciar el tiempo que en ello tardéis y comprobadlo. Poco a poco, los errores dé vuestras evaluaciones se irán rectificando. Observad que un mismo espacio de tiempo parece más largo cuan­ do ésperamos más o menos impacientemente alguna

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cosa y más corto cuando nuestra atmósfera moral es armoniosa. En la vida práctica, cada vez que decidimos efec­ tuar en un día próximo una tarea, o tener una cita, debiéramos calcular mentalmente su duración, ver de igual modo las otras ocupaciones proyectadas para el mismo día y anotar las horas aun disponibles en aque­ lla fecha. La agenda de bolsillo sirve asimismo para ello, pero no ejercita la noción del tiempo. En El Poder de la Voluntad (1) ya he indicado los procedimientos de control del empleo de la jomada, que también sirven ventajosamente para el cultivo de la memoria. El principio de las representaciones gráficas por abscisa y ordenada tiene su aplicación en la educación del sentido topográfico. Para orientarse en una ciudad desconocida conviene examinar previamente el plano de dicha población, en el cual se trazan dos ejes per­ pendiculares uno a otro. Comparando la posición res­ pectiva de los principales arterias, monumentos y lu­ gares públicos de la ciudad con la intersección de los dos ejes en cuestión, se crea una serie de puntos de referencia cuya retención mental raramente será con­ siderada como difícil. Para orientarse hace falta, con­ trariamente a lo que hacen los que siguen el nombre de las calles en su Baedecker, esforzarse en retener en la memoria grandes subdivisiones y después subdividir aún (1) De esta Editorial.

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cada una de estas últimas basándose siempre en per­ pendiculares y paralelas. Para conocer rápidamente una localidad se reco­ rren primero las dos líneas perpendiculares, cada una de las cuales divide la superficie de la población en dos partes aproximadamente iguales. Cada una de las cuartas partes así delimitadas se estudia por separado, mediante el recorrido de los dos ejes que en ella se tracen y de la exploración sumaria y sucesiva de las dieciseisavas partes que así resultan. El registro mental contiguo de tos principales puntos de referencia y de los nombres de las vías secundarias que se encuentran, predispone a que se conserve su recuerdo en igual or­ den. Y lo que en esa atrayente exploración ejercita sobre todo el sentido topográfico es la evaluación mental de cada punto de referencia en relación con los demás. De este modo se retiene la forma del triángulo determinado por tres puntos de referencia, del cua­ drilátero formado por otro punto y los tres prime­ ros, etc. Cuando se ha convertido el plano de la ciudad en una serie de figuras geométricas cuyos ángulos indican lugares especiales (estaciones, playas, Municipio, mu­ seos, fáfricas, estatuas, edificios notables, etc.), para retener el nombre de las calles de cada sección puede emplearse el sistema de las tablas de recordación (ca­ pítulo X).

CAPITULO V

Higiene de la memoria 1. Alimentación racional.-2 . Cultura física. 3. No se haga uso de tóxicos. - 4. De los des­ cansos

1.

A l im e n t a c ió n r a c io n a l

La mayoría de los que deploran alguna insuficien­ cia intelectual o un trastorno cerebral de importancia más o menos grave, experimentan pura y simplemen­ te la consecuencia de una intoxicación alimentaria. Aun­ que en ciertos casos parece perfecto el estado general (lo cual demuestra una mejor resistencia de los prin­ cipales órganos de la vida vegetativa que de los apa­ ratos de relación), las alteraciones de la memoria están casi siempre conexas con un desequilibrio nutritivo. Se­ gún eso, prohibámonos el empleo de comestibles de detritos nocivos y embarazosos, disminuyamos la can­ tidad de las ingestiones y compensemos la atonía eli­ minadora determinada por el sedentarismo imponién­ donos un ejercicio suficiente. En El Poder de la Voluntad expongo ya en deta­ lle los principios de la alimentación racional. Demues­ tro allí claramente que un manjar cualquiera fortalece no en la medida que como alimento nutritivo indica su composición química, sino en la diferencia que exis-

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LA MEMORIA

te entre lo que aporta al organismo y lo que gasta de energía interna en el curso de la digestión y de la asi­ milación. No queriendo recurrir aquí a repeticiones inútiles, voy a limitarme a recordar la lista de los alimentos en­ tre los cuales debe estrictamente limitarse a elegir quien quiera tener en cuenta la higiene de la memoria. De todos los productos comestibles que no van designados a continuación, debe prescindirse sin ninguna excep­ ción. Lista de los alimentos que aportan al organismo un máximo de confortación y que no exigen de él sino un mínimo de elaboración. Son los que producen menos toxinas (1). Buey (filete, falso filete, rumsteack, beafsteack). Car­ nero (costillas y piernas). Conejo. Pichón. Pollo. Jamón. Pescados de río en extremo frescos. Pescados de mar: arenques frescos, lenguado, pescadilla. Hiérvanse en agua, ásense o fríanse en aceite. Caballa asada. Os­ tras (ningún otro crustáceo, sea el que fuere). Pastas para sopa. Harinas de trigo, alforfón, avena, cebada y maíz. Pan con mucha corteza.

(1) Según los trabajos del doctor G. Durville.

HIGIENE DE LA MEMORIA

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Grasas vegetales: aceite blanco, de oliva, de ca­ cahuete, de nuez. Cocosa. Manteca vegetal. Frituras al aceite. Salsa blanca. (Todas las demás grasas, inclu­ so la manteca cocida y la manteca de cerdo, quedan especialmente prohibidas.) Sal. Legumbres frescas exclusivamente: Alubias verdes (blancas o de color). Guisantes. Lentejas. Patatas. Za­ nahorias. Salsifíes. Crosno del Japón. Apio. Colirrábano. Rutabaga. Colinabo. Nabo. Remolacha. Pastinacas. Es­ pinacas (en ensalada, crudas o cocidas). Cebolla asada. Puerros en aceite. Espárragos. Alcachofas. Endivia. Pe­ rejil. Perifollo. Huevos frescos en pequeña cantidad. Manteca cru­ da. Leche cocida. Kéfir, yogurt. Quesos de Gruyere, Port-Salud, petit-suissé, doble crema, blanco, de Brie, de Coulommiers. Potajes de legumbres, de pastas, de cereales o con leche. Tartas de frutas. Cremas. Pasteles de almendra. Pan de especias. Pastelillos al aceite. Bizcochos secos. Crois­ sants, panecillos. Pasteles de arroz. Merengues. Hojal­ dres al aceite. Todas las frutas, crudas bien maduras o cocidas sin azúcar. (Ni frutas confitadas ni confitura.)

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Agua. Cerveza clara. Vino con agua. Infusiones. Café poco cargado. Malta. Más de un lector pensará que equellos que poseen excelente memoria no siempre son los más sobrios y que, verosímilmente, no en todos los casos han limitado éstos la composición de sus minutas al comer. Cierta­ mente, un hombre dotado de potencia eliminadora que arroja lejos de sí infatigablemente las toxinas alimen­ tarias, puede conservar más o menos tiempo la integri­ dad de su intelecto, a pesar de una intensa gastrolatría. Sus riñones o su hígado flojearán acaso antes que su ce­ rebro. Pero el individuo descontento de su memoria, de su actividad mental en general, debe considerarse como elaborando más detritos de los que elimina. Por consi­ guiente, le hace falta restablecer el equilibrio tal como lo indico aquí. Si la calidad de las substancias de que uno se nu­ tre tiene importancia, su cantidad debe asimismo in­ tervenirse. No es posible establecer un reglamento cuantitativo que convenga a todos los temperamentos y a todas las profesiones; pero hay una señal infalible para conocer cuándo es excesiva una comida, y es la pesadez corporal, la fatiga del estómago y la somno­ lencia que la siguen. Al levantarse de la mesa hay que sentirse tan dispuesto a todo y tan ligero como al sen­ tarse a ella.

HIGIENE DE LA MEMORIA

2.

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C u l t u r a f ís i c a

Por muy bien regulada que pueda estar la ali­ mentación, hace falta movimiento, ejercicio, para ase­ gurar la actividad funcional del intestino y del hígado, de los pulmones y del sistema vascular. Los grandes comedores que viven al aire libre hacen uso de sus músculos, andan mucho, resisten a la intoxicación por­ que eliminan vigorosamente bajo el estímulo de su esfuerzo físico. Cuanto más sedentaria sea vuestra exis­ tencia, más os importa compensar vuestra insuficien­ cia respiratoria y muscular mediante una sesión diaria de cultura física prolongada y completa; y los días de descanso, en forma de excursiones, natación, canotaje, etc. Los manuales de gimnasia sin aparatos, para lle­ varla a cabo en habitaciones, no faltan. Procuraos uno y practicad cada mañana, durante veinte minutos, al­ gunos ejercicios de acuerdo con las instrucciones que en él encontraréis.

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A menos de una constitución atlética, los depor­ tes violentos no favorecen mucho el cultivo de la me­ moria. Un desarrollo muscular desproporcionado con la potencia vital del organismo acapara su nutrición una cantidad de elementos en exceso grande.

HIGIENE DE LA MEMORIA

3.

No

107

SE HAGA USO DE TÓXICOS

Entre éstos, son los peores los estupefacientes: mor­ fina, opio, cocaína, haxix, etc. No nos extenderemos sobre este tema; pero sí diremos que todo aficionado a tales substancias deberá abandonar su uso por entero antes de comenzar a practicar la cultura físicaEn segundo lugar figura el alcohol, el desorgani­ zador cerebral por excelencia. Se llega a ser un alcohó­ lico; dicho de otro modo: se toma el camino de las formas graves del artritismo (del que la tuberculosis parece constituir una etapa y el cáncer un epifenóme­ no) por el uso habitual —no digo frecuente— de can­ tidades incluso mínimas de bebidas más o menos alcoho­ lizadas. El organismo resiste a veces largamente cuan­ do el atavismo es bueno; pero, aun en este caso, la descendencia del alcohólico tendrá tachas con toda seguridad: los hijos de los alcohólicos tienen una me­ moria de las más defectuosas; son los que más tardan en reeducarse y los más difíciles de reeducar.

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Los licores y los vinos encabezados, contrariamen­ te a la opinión vulgar, no son menos nefastos que el champaña fino o que el ron. Los trabajos publicados en estos últimos años acer­ ca de esta cuestión hacen superfluo todo desarrollo de ésta aquí. Los excitantes, tales como el café o el té. mucho menos peligrosos que los precedentes, intoxican, sin embargo, el sistema nervioso de una manera muy apreciable. Deberán ser tomadas con la mayor modera­ ción. Su absorción, al dejar en libertad una cierta can­ tidad de la fuerza nerviosa acumulada en los plexos; aumenta por unos momentos la claridad intelectual. Pero inmediatamente después sobreviene un período de depresión durante el cual el potencial de la actividad mental desciende por debajo de lo normal. Finalmente, el uso excesivo del tabaco anula la su­ tileza de imaginación. El exceso empieza así que el fumar se hace habitual y procede de una necesidad in­ coercible. La absorción intratraqueal del humo y el uso de los tabacos llamados “ingleses”, tratados química­ mente, son en gran manera peligrosos. Al mismo tiempo que se tienda gradualmente a la rigurosa observancia de las indicaciones dadas en este capítulo —porque los esfuerzos bruscos y definí-

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tivos de la voluntad no son posibles a todos— , se hará uso del sistema de las compensaciones. Así, cuando bebáis una bebida alcohólica y sobre todo con alcohol destilado, ayudad por lo menos a vuestros órganos eli­ minadores. Haced que a esa ingestión de una bebida de tal clase le siga la de un vaso de agua de Vittel, especial para la gota y enfermedades del estómago, y, si es po­ sible, media hora de ejercicio, una marcha rápida, por ejemplo. Al día siguiente de una comida abundante y cargada de manjares tóxicos, lavad vuestro orga­ nismo injiriendo agua y frutas frescas, con exclusión casi completa de otros alimentos. Y lo mismo cuando bebáis, siquiera sea una sola copita: haced que tra­ bajen vuestros músculos al aire libre.

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LA MEMORIA

4.

D e lo s desca nso s

A falta de momentos de descanso, aparece la fa­ tiga excesiva y con ella el debilitamiento gradual del sistema nervioso. No siempre se reposa porque se deje momentáneamente de trabajar. Al contrario, continúa uno fatigándose si los cuidados, las preocupaciones, las tareas en curso, obsesionan aún la atención. Considero, pues, como indispensable desde tal punto de vista la interrupción voluntaria del acto de pensar, que ya hemos practicado en el apartado 1 del capítulo anterior. He aquí un único ejercicio. Nadie ha conseguido jamás ejecutarlo impecablemente en un día, ni siquiera en un mes. Conduce a la posibilidad de llegar al vacío total del campo de la conciencia, vacuidad que proporciona el reposo más completo. Desde el día en que se prue­ ba a practicar ese ejercicio, tiene una influencia cal­ mante y reparadora que aumenta con rapidez si a la primera tentativa siguen otras a diario y puntualmente. El momento que separa el acto de acostarse de la lle­ gada del sueño conviene a todo el mundo para tal ejer­ cicio; pero para llegar a la perfección es preferible prac­ ticarlo en plena actividad mental.

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Según eso, adoptad una posición tan cómoda como os sea posible, por ejemplo, tendido de espaldas en un lecho o en un diván. Buscad para todos vuestros miembros la posición en que se encuentren más cómo­ dos. En seguida, comprobad si vuestros músculos es­ tán relajados. Los pies, las piernas y los muslos de­ ben reposar con todo su peso, así como los brazos. La caja torácica debe estar libre de opresiones suscep­ tibles de poner trabas al libre juego de los pulmones, y la cabeza y el cuello habrán de hallarse perfectamen­ te apoyados. Seguidamente, dejad que vuestros párpados se cie­ rren en sus tres cuartas partes y vigilaos a fin de con­ servar la más rigurosa inmovilidad durante cinco a diez minutos. Os vendrán diversos impulsos de modi­ ficar vuestra postura, de mover los dedos o los miem­ bros. Conteneos: repetios mentalmente: estoy inmó­ vil; me mantengo inmóvil, como si todo mi cuerpo estuviera inerte...; reposo blandamente, sin agitarme..., etcétera. Al cabo de algunos instantes, los impulsos que os incitaban a moveros cesarán definitivamente y éste será el momento de empezar el ejercicio propiamente dicho, bien entendido que sin dejar de guardar la inmo­ vilidad más completa. El ejercicio consiste en negarse a seguir una idea así que ésta se presenta en la conciencia. El campo mental debe ser mantenido hacia la noción de inmovi­ lidad, no dejando que pensamiento alguno se impon­

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ga a la atención. Sosteniendo la intención de no pensar en nada paralelamente a la inercia física completa, se va acercando uno cada vez más al objetivo final de esa habituación: la absoluta vacuidad cerebral. Al cabo de diez a cincuenta ensayos, el reposo mus­ cular se opera con una rapidez y una perfección sor­ prendentes. En algunos segundos se encuentra uno su­ mido en el más completo estado de reposo moral a que han conducido los precedentes ejercicios, y en ese estado, en gran manera agradable, se encuentra uno inefablemente descansado. La duración de las sesiones varía necesariamente con el número de las que le hayan precedido. Al principio es suficiente un cuarto de hora. Día a día se va aumentando la duración progresivamente, hasta aquel en que, no experimentando ninguna dificultad, se crea o se disipa a voluntad, tantas veces como se desee, el maravilloso estado de aislamiento psíquico. Mejor que cualquier narcótico y sin los inconve­ nientes de éste, el aislamiento psíquico facilita el sue­ ño. Ya hace tiempo indiqué eso mismo a los que pa­ decían de insomnio, en un folleto que me valió, por parte de enfermos y de médicos, cartas que confirma­ ron la certidumbre que yo tenía de ser tal folleto de utilidad para muchos. Todas las distracciones sanas, los juegos al aire li­

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bre sobre todo, reparan y disipan la fatiga mental, pero el reposo no podría ser hallado útilmente sino mediante el ejercicio que precede. Por lo demás, puede com­ binársele con las prácticas naturistas, tales como el baño de aire, el sol, etc. En principio se descansa apreciablemente de una actividad en el curso de otra, y aquellos que hayan aprendido a guiar sus pensamientos, a cambiar volun­ tariamente el curso de éstos, en una hábil disposición de su tarea diaria encontrarán un elemento suplemen­ tario de equilibrio mental.

8

CAPITULO VI

Condiciones previas p ara un buen registro mental 1. Clasificad vuestras ideas de lo general a lo particular. - 2. Estableced el mayor número posible de conexiones.

1.

C l a s if ic a d v u e s t r a s id e a s d e l o g e n e r a l a l o PARTICULAR

Una idea del conjunto absolutamente clara es in­ dispensable; una idea absolutamente clara a la que inmediatamente podáis relacionar, a ñn de que no se os extravíe, el pensamiento que os venga a la imagi­ nación o el elemento de saber que acabáis de conocer. Antes de distribuir las fichas en un fichero hay que organizar su clasificación. Estableced, pues, procedien­ do de lo general a lo particular, una serie de tablas, repartidas a su vez en secciones subdivididas ad infinitum en categorías, para establecer vuestras adquisicio­ nes intelectuales a medida que ellas se vayan presen­ tando. En el momento en que queráis fijar una noción en vuestra imaginación, habréis de hallaros en condiciones de encontrar instantáneamente el lugar que le corres­ ponde, es decir, de discernir a qué categoría de las cosas que os interesan corresponde esa noción y qué laguna va a colmar en dicha categoría.

118

LA MEMORIA

Para establecer las tablas cerebrales, adoptad el sistema de distribución más claro y más conforme con vuestra filosofía personal. Esa clasificación ideadora no debe inventarse tan sólo, sino que debe además ser definida trazándola grá­ ficamente. A manera de ejemplo en el que podáis inspiraros, a continuación doy una de las mil maneras de fijar el origen y el desarrollo. Todo aquello que pueda interesar a vuestra perso­ nalidad entra en una de las cuatro secciones siguientes: I. Lo que se refiere a sus características (consti­ tución, aptitudes, facultades, tendencias, etc.). II. Lo que se refiere a su vida y a su conserva­ ción (salud, renta, profesión, etc.). III. Lo que se refiere a sus afecciones (familia, amigos, etc.). IV. Lo que se refiere a sus conocimientos gene­ rales y a su cultura (ciencias, artes, letras). Esa primera distribución podemos expresarla de la manera siguiente:

PARA UN BUEN REGISTRO MENTAL

119

T abla n 0 1

I Sus características psicológicas

v uestra

II Su vida y su conser| vación

PERSONA- / LIDAD 1

Sus afecciones

c ■ ■ . Sus conocimientos generales y su cultura

A. — Constitución. B. — Aptitudes. C. — Facultades. D. — Tendencias. E. — Salud. F. — Rentas o Ingresos (Profesión). G . — Familia. H . — Amigos.

I I . — Ciencias. I \ 1- — Artes, (. K. — Letras.

Cada una de las subdivisiones de la Tabla I, de­ sarrollada hasta los grupos de pormenores, llegará a ser un instrumento de perfecta precisión para fijar todo aquello que acuda a la imaginación. La sección IV, I, por ejemplo, puede subdividirse, si así se desea, tal como sigue:

LA MEMORIA

120

Tabla n.° 2

E l Universt

, Teogonia Cosmogonía 1Metafísica ' Filosofía i A stronomía Cosm ografía Matemáticas ' Etc.

; L a T ierra

t Geología Topografía i G eografía | M ineralogía Botánica I Zoología | Química Física ' Etc.

Sección IV

I

3

(Ciencias)

IW

Individual

El H om bre

A natom ía, Fisiología, T era­ péutica, etc. Psicología, Psiquismo, etc. Origen: A ndrogenia, P re­ historia, etc. H istoria: U niversal, N acio­ nal.

Colectivo | A ctua­ lidad

O rganización social (constitución, de­ recho, etc.). Política (economía, sistema, etc.).

¡

PARA UN BUEN REGISTRO MENTAL

1 21

Según el caso, cada cual se limitará a distribuir, tan clara y tan completamente como sea posible, aque­ lla de las cuatro grandes secciones que más especial­ mente le preocupe. El artesano deberá seguir mentalmente todas las transformaciones que su habilidad hace sufrir, por me­ dio de sus herramientas y aparatos, a la materia que trabaja. Las fases de su tarea habitual, los diversos útiles empleados en el curso de cada una de ellas, los movimientos, etc., figurarán cada uno en una subdi­ visión que deberá detallarse minuciosamente. El empleado escindirá sus conocimientos profesio­ nales, las diversas aplicaciones que tiene como misión efectuar, las mejoras que convendría hacer, la gestión de sus ingresos, su plan para ir elevándose gradualmen­ te en la vida, etc. El industrial constituirá un esquema que conten­ ga: directiva general de su negocio, administración, oficinas, adquisiciones, fuentes de materia prima, fa­ bricación, fábrica o talleres, personal de oficinas, obre­ ros, venta, publicidad, representantes, etcétera. Bien entendido que en cada una de esas secciones puede incluirse todo aquello que con ellas tenga relación. El artista, para quien el trabajo representa el ob­ jeto y el medio de su existencia, partirá de dos órdenes

122

LA MEMORIA

principales de ideas: perfeccionamiento individual en su arte y realización de la obra, etc. El lector comprenderá que me sería necesario po­ der leer en su cerebro para concebir y trazar aquí la clasificación completa que él necesita. Ese sistema no parece presentar una relación di­ recta con el papel de la memoria en el estudio propia­ mente dicho. Más adelante, capítulo XI, indicaré cómo aplicar mis directivas al registro de cualquier rama de la ciencia. Aquí se trata de la vida práctica. Puestas perfectamente en orden vuestras ideas, todo cuanto pase por el campo de vuestra conciencia des­ pertará en ella nociones conexas que ayudarán a la rapidez de vuestra asimilación y mantendrán vuestra atención alejada de los incidentes. Fácilmente encon­ traréis las analogías indispensables para la retención mnemónica, porque la distribución de cada noción, con­ vertida en tributaria de vuestro plan clasificador, irá a ocupar su sitio de la manera más natural. Instantá­ neamente juzgaréis a cuál de las grandes categorías co­ rresponde cada noción; esto despertará infaliblemente el sentido del interés que presenta vuestra personalidad tomada como centro. Una línea de analogía será así recordada y la nue­ va noción quedará asociada a ella estrechamente.

PARA UN BUEN REGISTRO MENTAL

2.

123

E s t a b l e c e d e l m a y o r n ú m e r o p o s ib l e DE CONEXIONES

Por medio de la meditación, aplicaos a haceros car­ go de las múltiples conexiones de cada una de las subdivisiones de las Tablas 1 y 2 (páginas 119 y 120) sobre todas las demás. La utilidad de este ejercicio deberá aparecer para vosotros de manera muy clara si habéis comprendido la paite teórica. Vuestro estado de salud, por ejemplo (subdivisión II-E), presenta correlaciones múltiples: interesa a vues­ tros ingresos (II-F), vuestra familia (III-G), vuestros amigos (III-H), vuestras facultades (I-C), vuestros es­ tudios (IV-I) y vuestra cultura (IV-J y IV-K); depende en amplia medida de vuestros conocimientos fisioló­ gicos, psicológicos y psíquicos (Tabla n.° 2, VI-I). Cuando en el momento de llevar a cabo el regis­ tro veis claramente las diversas relaciones del objeto de vuestra atención y de vuestros diversos centros de cristalización, se crean tantos puntos de unión cuantas son las relaciones percibidas.

CAPITULO VII

El registro mental 1. Constitución de las fichas mentales y su clasificación instantánea. - 2. El «cajón» de las tareas urgentes. - 3. La clave de la reten­ ción por contigüidad.

1.

C o n s t it u c ió n d e l a s f i c h a s m e n t a l e s

y su

c l a s i f i c a c ió n in s t a n t á n e a

Las disposiciones precedentes tienen por objeto, como se habrá comprendido, establecer un estrecho encadenamiento análogo entre todo el contenido de la reserva mental. Cada persona y cada cosa que os in­ teresen tienen, por decirlo así, su ficha en vuestra ima­ ginación. Cuando llegáis a poseer acerca de un tema un número determinado de indicaciones agrupadas en una ficha, debéis volver a clasificar inmediatamente esas indicaciones en dos o tres secciones, de las que deduci­ réis bien las conexiones, y que formarán dos o tres nuevas unidades en vuestro clasificador. Hablemos, por ejemplo, de vuestra salud. A este respecto habéis reu­ nido cierta cantidad de informes. Si el cuadro en que los habéis colocado os parece demasiado estrecho para dejar sitio a nuevos elementos, ensanchadle.

Ejemplo :

Vuestros condicionamientos anatómicos. El funcionamiento de vuestros órganos.

128

LA MEMORIA

En qué es normal; en qué tiende a alterarse. Lo que conviene oponer a los trastornos eventuales: Preventivamente (higiene). — En caso de crisis. Efectuaréis el registro con facilidad y de un modo definitivo todas las veces que, antes de fijar vuestra atención en un objeto dado, hayáis definido claramen­ te: 1.°, qué plaza ocupa en un conjunto cuyas gran­ des líneas os sean conocidas; 2.°, lo que podéis sacar personalmente de la asimilación del sujeto en cuestión. Cuando abordéis el estudio de una rama entera­ mente nueva para vosotros, situadla previamente en el conjunto de conocimientos: 1.°, humanos; 2.°, que ya poseéis. En segundo lugar, creaos una idea gene­ ral del tema que os proponéis estudiar, ya sea median­ te una rápida lectura, ya interrogando a una persona competente. En tercer lugar, cread vuestro cuadro. De­ cid: esta ciencia tiene tal objeto. Ella estudia suce­ sivamente tales o cuales aspectos, que presentan entre sí tales o cuales conexiones. En fin, haced vibrar el centro de cristalización a que va unida la línea ana­ lógica a que vais a ligar vuestros nuevos conocimien­ tos: concentrad vuestro espíritu un instante en el interés de vuestro estudio. En el curso de una conversación, durante la lec­ tura de un artículo de una revista, ante el aspecto de

E L REGISTRO MENTAL

129

alguno de los mil objetos que se ven en la calle o en vi­ sita, se os aparece una idea útil. Para recordarla en tiem­ po oportuno, buscad su ficha mental y anotadla en ésta. — ¿A qué se refiere? —¿Qué modificaría o añadiría ella? — ¿En qué momento debe ella intervenir? La primera de esas tres preguntas os vuelve a traer a la imaginación la región de vuestra clasificación a que por analogía va unida la nueva idea. La segunda os permite daros cuenta de sus conexiones con las otras del mismo orden. La tercera os hace avanzar un instante en el tiempo: os veis en una forma concreta actuando según el recuerdo que estáis tratando de ase­ gurar. Si vuestra idea tiene analogía con alguna cosa, ved esta cosa con el pensamiento e imaginaos, en una es­ pecie de cinematografía rápida, que estáis llevando a cabo vuestra inspiración. Si se trata de una persona, evocad en imagen su aspecto actual, escuchad men­ talmente su voz sin dejar de mantener por eso fija vues­ tra atención en aquello de que acabáis de concebir la idea de manifestarle. No os olvidéis de precisar a qué modalidad de vues­ tras relaciones con dicha persona pertenece lo que te­ néis el propósito de decir o de hacer : vuestra memoria funcionará entonces con oportunidad. o.

130

LA MEMORIA

2.

El

«c a jó n »

de

las

tareas

urgentes

El plan de las menudas ocupaciones a que debéis entregaros inminentemente exige, si queréis acordaros de cada cosa en tiempo útil, que registréis cada una de ellas acompañada del sentimiento de su urgencia. Si, por ejemplo, os viene a la imaginación: “Ma­ ñana por la mañana, lo más tarde, es preciso que yo haga que me adquieran este libro” , acordaos sucin­ tamente del empleo del tiempo durante la mañana del siguiente día; asociad a ello, asignándole su hora: 1.°, la acción de encargar la compra del libro, y 2.°, la noción de desagrado o de contrariedad que el olvido de esa compra os causaría. Esta última noción cons­ tituye una especie de muesca de parada qué funciona­ rá a la hora prevista. Ya hemos visto que una idea registrada coincidien­ do con un estado afectivo impresiona la memoria y se graba en ella fácilmente. En el momento en que el recuerdo es útil, incluso cuando se trata de un re­

EL REGISTRO MENTAL

131

cuerdo periódicamente necesario, el dominio afectivo reacciona a menudo, mientras el dominio intelectual, acaparado por algún orden general de ideas, pierde de vista la utilidad inmediata. He aquí un ejemplo. En el momento de salir de vuestra casa, preocupados y “su­ midos un vuestros pensamientos” , al abrir la puerta experimentáis un malestar característico que fuerza vuestra atención y se convierte, desde que ésta se fija en aquél, en un sentimiento preciso de que os olvidáis algo. Y así os dais cuenta de que, por ejemplo, vuestro llavero, con varias llaves, se había quedado sobre vues­ tra mesa dé trabajo. Para no olvidar nada de las muchas gestiones, pa­ sos y tareas correlativos a un determinado punto de vista, cada uno de ellos debe tener su ficha mental ligada mediante alguna conexión a la siguiente, en el orden preciso en que cada cosa será llevada a cabo. Cada noche debieran prepararse las fichas de la mañana siguiente, procurando ligarlas artificialmente si son dispares. Supongamos que tenéis en proyecto muchas pequeñas preocupaciones: 1.°, ver a un eba­ nista para una reparación que hay que hacer a vuestra butaca; 2.°, adquirir tinta para la pluma fuente; 3.°, ver muestras de telas en casa de vuestro sastre; 4.°, sacar billete en la estación; 5.°, volver a estudiar el expe­ diente de un asunto del que tenéis necesidad de rea­ vivar todos los pormenores en vuestra imaginación. Ya decidido el orden en que juzgáis oportuno llevar a

13 2

LA MEMORIA

cabo esas diversas tareas, suponiendo lo que precede, proceded a ello de la manera que sigue: Primera ficha: Un ebanista en traje de trabajo sen­ tado en la butaca que hay que reparar; en tomo a su cuello ponedle un cordón que sostendrá sobre su pecho un grancartelón en que se lean en grandes letras las pa­ labras “pluma fuente” . Segunda ficha: Vuestra pluma fuente; al lado de ella una botella de tinta, volcada, cuyo contenido corre sobre unos trozos de tela. Tercera ficha: El sastre detrás de su mostrador don­ de extiende algunas muestras rectangulares de telas. La última muestra es blanca y en ella se lee la inscrip­ ción: “Ida y vuelta para tal localidad.” Cuarta ficha: La taquilla de la estación, en la cual un empleado pone ante vosotros vuestro billete colo­ cado sobre la carpeta del expediente cuyo contenido debéis examinar al regresar de vuestro viaje. Ese método ayuda considerablemente a recordar. Comporta numerosas variantes dejadas a la elección de cada cual.

EL REGISTRO MENTAL

3.

La

clave

de

la

r e t e n c ió n

po r

133

c o n t ig ü id a d

Ya sabemos que las ideas, las palabras, las imá­ genes registradas con estrecha contigüidad, tienden a formar en la memoria un bloque que fácilmente se podrá retirar si se sabe asir un fragmento de él. He aquí, por ejemplo, un niño que estudia su lección, po­ niendo toda su atención en imaginarse las asonancias de cada palabra mucho más que en penetrar el sen­ tido. Si posee suficiente agudeza auditiva, no tendrá gran trabajo en recitar palabra por palabra, a la ma­ ñana siguiente, las frases que le prescribieron que aprendiera. La condición esencial de la retención por contigüi­ dad es una atención sin lagunas. He aquí cómo hay que ejercer la modalidad atentiva que se utiliza en la retención por contigüidad: Ejercicio n.° 1. — Contad desde quinientos hasta uno, rápidamente y sin interrupción.

134

LA MEMORIA

Ejercicio n.° 2. — Contad desde uno hasta ciento teniendo cuidado: 1.°, de representaros gráficamente cada número; 2.°, de imaginaros que estáis oyendo expresarlo gráficamente. Ejercicio n.° 3. — Lo mismo que el número 2, pero en sentido inverso; es decir, de ciento a uno. Un gran número de estudiantes tienen la costumbre de silbar, mientras trabajan, o de golpear la mesa con la punta de las uñas, o de mover rítmicamente un pie, etcétera. De ese modo, la atención, que tiende siempre a desviarse, encuentra un a modo de tope continuo en esos pequeños movimientos que la captan cada vez que se separa del objeto del trabajo e impiden así una distracción de mayor importancia. En ese método, que podría ser denominado el de la atención uniformemente variada, desde que puede substituirse la atención uniformemente sostenida, se gana tiempo y se experimenta menor fatiga. Los ejer­ cicios indicados precedentemente guían la imaginación en el sentido deseado para procurarle la posibilidad de un esfuerzo sin doblegarse al cansancio; pueden ser alargados o acortados, según los casos.

CAPITULO VIII

Las condiciones de conservación y de olvido voluntario 1. Repaso de las diversas secciones de cono­ cimientos. - 2. Cómo se suprime una o mu­ chas fichas mentales. - 3. Cómo anular los efectos de la primera educación.

1.

R e p a s o d e l a s d iv e r s a s s e c c io n e s DE CONOCIMIENTOS

La costumbre, recomendada en los dos capítulos precedentes, de situar cada recuerdo en el lugar que le conviene en el conjunto de las ideas del mismo or­ den, lleva automáticamente, a aquel que aplica el pre­ sente método, a ver de nuevo sucesivamente cada una de las secciones y subdivisiones de su clasificación. En opinión de todos los psicólogos de la memoria, la es­ tabilidad de un clisé mental se afirma más y más cada vez que se piensa en ello de nuevo. La flexibilidad y la oportunidad de los recuerdos voluntarios y espon­ táneos están en razón directa del relieve de los clisés, relieve que aumenta con las repeticiones. Ved cuán obsesionantes se muestran los pensamientos en que nos hemos detenido con frecuencia y durante largo tiempo. Todas las sensaciones que presenten con ellos la menor conexión los evocan intempestivamente. La obsesión no es otra cosa que una manifestación mór­ bida de la memoria.

138

LA MEMORIA

Toda cuestión respecto de la cual tendéis a con­ servar la integridad de vuestro saber debe ser objeto de una revisión metódica a partir de la clasificación general en la que la hayáis encuadrado y hasta los mi­ nuciosos detalles correspondientes a las más pequeñas subdivisiones. Estas últimas deben ver asignarse, según el orden lógico de su distribución, un cambio total, y sufrir sucesivamente la prueba de un recuerdo todo lo completo y preciso que sea posible. En el curso de esa revisión os daréis cuenta de los puntos que tienden a borrarse y de las lagunas que se hayan producido: veréis de nuevo los primeros y colmaréis las segundas. La importancia del estado orgánico general ha sido señalada en otra parte. Ya sea considerado el cerebro como la mente o como el instrumento de ésta, su funcionamiento perfecto es indispensable en los dos casos.

CONSERVACIÓN Y OLVIDO VOLUNTARIO

2.

139

CÓMO SE SUPRIME UNA O MUCHAS FICHAS MENTALES

Ninguno de los numerosos cursos de mnemotec­ nia aparecidos hasta hoy abordan esta cuestión, con todo y ser inversamente análoga al recuerdo volun­ tario. Ella no presenta tan sólo el interés teórico de constituir una faz de la cuestión, sino que, práctica­ mente, confiere una posibilidad de la cual innumera­ bles personas han deplorado no poseer la clave. ¡Sin duda alguna se puede olvidar! Hasta diría que una memoria es incompleta si se deja constreñir a albergar indeseables imágenes. Lo mismo que se prohibe a los individuos peligro­ sos la permanencia en el interior de las fronteras, cada cual puede relegar a la región de los recuerdos espar­ cidos (veáse el capítulo I) todas las nociones o ideas que juzgue inoportunas.

140

LA MEMORIA

Ese destierro no se efectúa instantáneamente ni si­ quiera con rapidez, porque cada conexión mediante la cual un recuerdo del que se desea prescindir se asocia a otros, debe ser disuelta aisladamente. La primera condición del olvido voluntario es la adhesión entera de la conciencia, del jucio y de la voluntad a ese olvido. Semejante determinación ne­ cesita una energía psíquica cultivada y ejercitada. Pero su persistencia reclama más aún el autocontrol. De este último trato ya en El Poder de la Voluntad, donde demuestro que hasta los más débiles caracteres pueden llegar a ser enérgicos. Decididos a rechazar hacia el olvido mental — la región de los sueños dispersos — una ideación cual­ quiera, tened cuidado de negarle vuestra atención cada vez que reaparezca en vuestro pensamiento atraída por cualquier conexión con la fase inmediata de vuestro estado de conciencia. Dad un giro a vuestra imaginación, lo más rápi­ damente posible, y fijadla sobre un tema lejano. Si, no obstante, os fuera imprescindible proseguir efec­ tuando aquello que ocupaba vuestra actividad mental en el momento en que reapareció el recuerdo que deseáis eliminar, haced un esfuerzo de atención para absorberos de tal manera en los hechos principales que ningún incidente encuentre sitio donde ponerse. A ve­ ces se produce una reacción: la idea expulsada vuelve

CONSERVACIÓN Y OLVIDO VOLUNTARIO

141

a la carga y es más obsesionante cuanto más se pro­ cura rechazarla. Habiendo previsto bien esos diversos escollos, tened la certeza de que serán aniquilados si persistís. Cada vez que negáis vuestra adhesión a un pensa­ miento, incluso si hay lucha más o menos larga y pe­ nosa, hasta si por un momento logra imponerse, dis­ minuís la solidez de unos de los puntos de unión de ese pensamiento en vuestra memoria. Ningún esfuer­ zo se pierde y, poco a poco, observando lo que pre­ cede, llegaréis a romper los puntos de retención de un recuerdo, cualquiera que éste sea. Una vez diso­ ciado, irá a reunirse a la innumerable multitud de aque­ llos a quienes su evolución natural ha relegado al fondo de vuestra subconciencia. La anulación, la supresión de las obsesiones se ob­ tiene igualmente por el hipnotismo (1) y la sugestión; pero es mejor no recurrir a la hipnosis más que en caso de una gran debilidad mental, porque procedien­ do por la vía normal, la del esfuerzo de iniciativa per­ sonal, se desarrollan preciosas cualidades psíquicas. Sabido es que una mala impresión: repugnancia, temor, etc., engendra a veces un trastorno que seme­ ja un vencimiento. Conviene, pues, evitárselas a los niños y, antes de ponerlos en presencia de un hecho (1) Véase Método científico moderno de Magnetismo, Hipnotismo y Sugestión, del mismo autor y de esta Editorial.

142

LA MEMORIA

que indefectiblemente deban conocer, se les irá pre­ parando por medio de un razonamiento explicativo, a fin de que ellos interpreten lo menos desagradadamen­ te posible lo que el hecho en cuestión presenta de pe­ noso.

CONSERVACIÓN Y OLVIDO VOLUNTARIO

3.

143

CÓMO ANULAR LOS EFECTOS DE LA PRIMERA EDUCACIÓN

La memoria, desde cierto punto de vista, puede ser considerada como el infatigable pasante o auxiliar de aquellos que presidieron nuestra formación. Pasan­ te a menudo fastidioso que substituye a la conciencia psicológica y hace del individuo una unidad de un re­ baño en vez de un ser capaz de convertirse en un hom­ bre en condiciones de pensar por sí mismo. La extraordinaria tenacidad de las primeras impre­ siones constituye, hagámoslo notar, una pesada ca­ dena remachada a un eje central y que mide el estrecho dominio asignado arbitrariamente a la evolución del pensamiento. Si es provechoso proveer a una conciencia del con­ junto tradicional de los conocimientos y de los princi­ pios adquiridos por la Humanidad; si conviene des­ pertar el discernimiento para orientar las opciones y

144

LA MEMORIA

colocar ante la visión mental una pantalla que dejase pasar tan sólo determinados rayos. La libertad interior — principal objeto de la cultu­ ra psíquica — necesita la disociación del “Yo” y de esas pantallas intelectuales que imponen al individuo los prejucios, las ideas de cualquier naturaleza ya he­ chas por completo, las idiosincrasias profesionales, re­ gionales, familiares, nacionales u otras. Para responder a las tres preguntas qué siguen: ¿Es eso verdad?, ¿Es eso equitativo?, ¿Es eso saluda­ ble?, el individuo debe, en todo y por todo, buscar por sí mismo las bases de su apreciación y crear ésta en el seno de una independencia intelectual absoluta. Para librarse de las influencias de un medio depri­ mente, de la presión que ejercen en nosotros las su­ gestiones desventuradas, las afirmaciones inexactas recibidas en la infancia, hay que aplicarse ante todo a conducir el propio pensamiento (veáse capítulo III). En seguida se estará en estado de examinar de nuevo con toda libertad cada punto, de analizarlo, de dis­ cernir en-nosotros mismos las causalidades de nuestras predisposiciones y, considerándolas con mirada lúcida, entonces podremos oponerle las verdades que, debido a nuestras comprobaciones, habremos llegado a co­ nocer.

CAPITULO IX

El recuerdo 1. El recuerdo voluntario depende de la con­ centración. - 2. Ejercicios de concentración. 3. La sangre fría. - 4. El recuerdo obtenido en el curso del sueño.

10

1.

El

recuerdo

v o l u n t a r io d e p e n d e

DE LA CONCENTRACIÓN

Así como el registro mental exige un esfuerzo para pensar atentamente, el recuerdo voluntario se afectúa tanto mejor cuanto más sangre fría y calma se tiene y más recogido se está; excepción hecha, sin embar­ go, de una parte de los casos en que la exaltación men­ tal proviene del sentimiento de la importancia que para nosotros tiene el recuerdo. Según eso, trátase de con­ servar la lucidez de espíritu mientras se concentra aten­ tamente la conciencia sobre nociones capaces de des­ pertar el recuerdo buscado. Contrariamente a lo que pudiera crerse, concen­ tración y atención no son sinónimas. El pensamiento concentrado hacia un sujeto va de sus entradas a sus salidas; describe por así decirlo meandros convergen­ tes. Por el contrario, la atención supone una línea recta o el estar ñjo el pensamiento en un punto dado. Esto no pretende ser una definición rigurosa. Es simplemen­ te la imagen que nos hace falta para entendemos.

148

LA MEMORIA

Cuando tratáis de acordaros de algo, hasta sin mé­ todo, inconscientemente recurrís a una cadena de aso­ ciación. Por ejemplo, para volver a recordar ciertas circunstancias, os trasladáis in mente al lugar en que acaecieron; para descubrir algunas palabras de un vi­ sitante, de las que no notasteis la importancia hasta después de haberlas “olvidado” , reconstituís las fases de la visita, la llegada del visitante, las primeras frases cambiadas, etc. Podéis facilitar extraordinariamente vuestros recuerdos siguiendo las instrucciones dadas respecto al registro: es decir, la asociación, a medida que aparecen en vuestra conciencia, de todas las ideas e imágenes percibidas, recibidas o concebidas. Enton­ ces comprobaréis que sosteniendo fija vuestra atención, durante algunas fracciones de segundo, en un sujeto determinado, todas las nociones conexas llegarán a vo­ sotros en buen orden. Para los recuerdos más difíciles, operad exactamen­ te como para el registro: investigad el lugar que el re­ cuerdo buscado debe ocupar en el cuadro general de vuestra memoria, apreciad cuál debe ser su categoría, la sección de esa categoría o la sección o subdivisión en que le habéis clasificado y la subdivisión de esa sección en que figura su “ficha” . Esto os conducirá infaliblemente a alguna cone­ xión eficaz. El pensamiento se deja dirigir por ese hilo de Ariad-

E L RECUERDO

149

na, con tanto mayor flexibilidad cuanto más cuidado­ samente haya sido cultivado el ejercicio fundamental dado (capítulo IV, apartado 1). Véanse en el siguiente apartado n.° 2 algunos ejer­ cicios de concentración muy eficaces:

150

LA MEMORIA

2.

E j e r c ic io s

de

c o n c e n t r a c ió n

Ejercicio n.° 1. — Recostituid de memoria, y en el orden en que son expuestas, las enseñanzas de una obra que hayáis estudiado con atención. Cuando ha­ yáis terminado lo concerniente a un capítulo, releed éste y comenzad de nuevo a recordarlo colmando esta vez las lagunas y rectificando al mismo tiempo las inexactitudes. Finalmente, después de haber subdividido los capítulos en secciones, afectuad el ensayo de recordar al pie de la letra. Ejercicio n.° 2. — Si poseéis conocimientos litera­ rios suficientemente extensos, sin que eso quiera decir que alcancen una experta competencia, procuraos las obras bien conocidas de Reboux y Muller: ¿De quién es esto? y A la manera de. .. Probando a identificar los diferentes estilos, os distraeréis a la vez que se irá desarrollando en vosotros esa modalidad de la concen­ tración mental que preside al recuerdo. Ejercicio n.° 3. — Elegid una obra en extremo ári­

E L RECUERDO

151

da. Ejercitaos en asimilar su sentido. Este ejercicio, más o menos penoso según el grado de cultura de cada uno, no es inasequible por entero a nadie. Basta con no leer una frase antes de haber comprendido y ana­ lizado íntegramente la precedente. Ejercicio n.° 4. — En el curso de una discusión, acostumbraos a sostener vuestra tesis calmosamente y con cortesía, pero con una calculada insistencia. Usad de un modo exclusivo de argumentos bien sopesados, que encontraréis con facilidad si clasificáis previamente vuestras ideas sacando de cada una de ellas todo lo que pueda dar.

152

LA MEMORIA

3.

L a sa n g r e f r ía

El caso de fracasar en un examen a causa de esa perturbación mental que se denomina el trac, es noto­ rio. A pesar de una excelente preparación y, a veces, de un éxito brillante logrado en los exámenes por es­ crito, el momento del examen oral va acompañado de una angustia que entorpece fastidiosamente la función de la memoria. Por desgracia, no sólo no se tiene con­ sideración a los jóvenes impresionables, sino que mu­ chos examinadores se procuran la estúpida satisfacción de aumentar la turbación de los candidatos con su ac­ titud ceñuda. Ya que nuestros programas universitarios no contienen ni los menores elementos de cultivo del autocontrol, de la calma y de la resolución, le equidad exigiría que se modificara el sistema de los exámenes orales substituyéndolo por un segundo examen escrito en que cada estudiante debería responder rápidamente a un cuestionario, diferente para cada uno. Mientras llega esa improbable reforma, he aquí cómo paliar en la mayor medida posible el inconveniente de las emociones disolventes.

EL RECUERDO

153

Para recobrar la quietud, tratad de descongestio­ nar el plexo solar mediante la respiración abdominal. Inspirad lentamente por la nariz y llenad de aire todo el parénquima pulmonar. El primer esfuerzo debe ten­ der a dilatar la parte inferior, el vientre; el segundo a ensanchar los costados; el tercero a hinchar la parte su­ perior. Así que la inspiración parezca completa, ele­ vad la superficie del abdomen lenta, suave, gradualmen­ te, hasta que esté bien distendida; después llevadla hacia el interior, en hueco, tan perfectamente como se pueda; recomenzad de nuevo dos o tres veces con una inspiración ese movimiento alternativo. El efecto interno no se hace esperar: una relaja­ ción del estado nervioso sobreviene con rapidez, y re­ pitiendo el ejercicio diez o quince veces se encuentra uno enteramente desembarazado. En cualquier caso de perturbación emocional, se hará muy bien en utilizar el procedimiento que aca­ bamos de mencionar. Recobrada la calma, el cilindro (véase la figura de la pág. 38), antes inmovilizado por la angustia, reanu­ da su rotación, y la voluntad, un momento disociada de la memoria, recobra su imperio sobre esa función.

154

4.

LA MEMORIA

El

recuerdo

o b t e n id o

en

el

cu rso

del

sueño

Sin que se la solicite, la memoria trabaja a veces durante el sueño agrupando en torno a un centro de cristalización, creado por algo que preocupa, los ele­ mentos de una solución. Por eso se dice que “la noche aconseja” . Cada cual puede utilizar voluntariamente esa posibilidad. He aquí cómo una psiquista muy adelanta­ da, la señora Annie Besant, prescribe se proceda, en su admirable PóUvoir de la Pensée, a fin de obtener de la mente dormida una respuesta mnemónica: “Lo que hay que hacer para eso es muy sencillo. Cualquiera que sea el problema al que se desee hallar solución, debe ser tranquilamente sostenido ante la mente en el momento de dormirse; no hace falta pro­ fundizarle, buscar argumentos, con lo cual el sueño no acudirá: es preciso tan sólo exponerlo y no hace falta más. Esto es suficiente para darle al pensamiento la direción requerida: el pensador volverá a hacerse car­ go del problema y se ocupará en él cuando ya no tenga que inquietarse de su cuerpo físico. Lo más a menudo,

EL RECUERDO

155

la solución se presentará en la imaginación en el mo­ mento del despertar, es decir, que el pensador la habrá inscrito en el cerebro; también es una buena precau­ ción tener el papel y lápiz cerca del lecho, para anotar inmediatamente, al despertarse, las soluciones, porque las que así se obtienen son borradas con facilidad por la multitud de impresiones provenientes del mundo fí­ sico — y no es fácil volver a hallarlas — . Muchas de las dificultades de la vida podrían ser aclaradas fácil­ mente por ese procedimiento y así sería posible trazar un sendero por en medio de los obstáculos. De igual modo, más de un problema mental encontrará su so­ lución cuando se le someta a la inteligencia, mientras que ésta no será en modo alguno entorpecida por el cerebro físico, de naturaleza más densa.” Para la completa inteligencia de este fragmento, diremos que su autora, ardiente espiritualista, admite, según la doctrina teosófica, los destinos de la cual ella preside, que el Ego (el Pensador) es distinto de la men­ te, órgano del pensamiento. La mente sería el instru­ mento de conocimiento del Ego.

CAPITULO X

La mnemotecnia 1. El sistema de las ligazones. - 2. Las arti­ culaciones cifradas y sus aplicaciones. -3 . La alegoría. - 4. Las fórmulas rimadas y homonímicas. - 5. Las tablas de recordación. - 6. El método de las localidades. - 7. La tanda de los cuarenta nombres.

1.

E

l

s is t e m a

de

las

l ig a z o n e s

Este sistema tiene por objeto ayudar a la memoria a que retenga un texto rimado. Tiene su principal utilidad en los estudios clásicos y el teatro. Es debido a Aimé París, mnemotécnico francés del siglo xix, cu­ yas obras son muy difíciles de hallar en la actualidad. Para darse cuenta en el acto del procedimiento que vamos a explicar, hay que hacer observar previamente que un texto es tanto más difícil de retener cuanto más diferentes son sus períodos. Cien líneas de versos que desarrollan una misma idea directriz según un enca­ denamiento continuo, parecen ser más fáciles de re­ tener que ciertos poemas más breves, pero en los que cada estrofa no conduce necesariamente a la imagina­ ción al sentido de la siguiente. Un ejemplo de los dos casos: estrofas dispares y estrofas encadenadas, nos lo proporciona una misma

160

LA MEMORIA

composición poética de Baudelaire (1): la que a gui­ sa de introducción puso el autor al principio de sus Flores del Mal (2):

La sottise, l’erreur, le péché, la lésine Occupent nos esprits et travaillent nos corps, Et nous alimentons nos coupables remords Comme les mendants nourrisent leur vermine.

Nos péchés sont tétus, nos repentirs sont láches, Nous nous faisons payer grossement nos aveux, Et nous rendrons gaiment dans le chemin bourbeux Croyant par de vils pleurs laver toutes nos taches.

(1) Tratándose de un sistema mnemotécnico francés, hemos pre­ ferido no cambiar los versos, limitándonos a traducirlos. (2) He aquí- la traducción:

«La necedad, el error, el pecado, la roñería, ocupan nuestras imaginaciones y trabajan nuestros cuerpos, y alimentamos nuestros Culpables remordimientos como los pordioseros nutren su miseria.

•Nuestros pecados son testarudos; nuestros arrepentimientos cobardes. Nos hacemos pagar ricamente nuestras confesiones y penetramos alegremente en el camino cenagoso creyendo lavar con viles lloros nuestras manchas.

LA MNEMOTECNICA

161

Sur l’oreillier du mal, c’est Satan Trimmégisíe Qui berce longuement notre esprit enchanté, Et le riche métal de notre volonté Est tout vaporisé par ce savant chimiste.

C’est le Diable qui tient les fils qui nous remuent, A ux objets répugnants nous trouvons des appas; Chaqué jour vers l’Enfer nous descendons d’un pas, » Sans horreur á travers des tenébres qui puent.

Ainsi qu’un débauché pauvre qui baise et mange Le sein martyrisé d’une antique catin, Nous volons au passage un plaisir clandestin Que nous pressons bien fort comme une vieille arange.

•A la cabecera del mal está Satán Trimegisto, que mece lentamente nuestro encantado espíritu, y el rico metal de nuestra voluntad es vaporizado por ese diablo alquimista.

»Es el diablo quien sostiene los hilos que nos mueven, en los más repugnantes objetos hallamos encanto, cada día damos hacia el infierno un paso sin temer atravesar las tinieblas que hieden.

•Tal como un libertino pobre que besa y mordisquea el martirizado pecho de una vieja prostituta, queremos, al pasar, un clandestino placer que estrujamos muy fuerte como una seca naranja. U

162

Serré, Dans nos Et quand Descend,

LA MEMORIA

fourmillant comme un million d’helminthes, cerveaux ribote un peuple de Démons, nous respirons la mort dans nos poumons fleuve invisible, avec de sourdes plaintes.

Si le viol, le poignard, le poison, Vincendie, N ’ont pas encore brodé le leurs plaisants dessins, Le canevas banal de nos pitieux destins, C’est que nostre ame, hélas!, n’est pas assez hardie.

Mais parmi les chacals, les panthéres, les lices, Les singes, les scorpions, les vautours, les serpents, Les monstres glapissants, hurlants, grognants, rampants, Dans la ménagerie infáme de nos vices,

«Apretado, hormigueando como un millón de helmintos, en nuestro cerebro se agita un pueblo de demonios, y, cuando respiramos la muerte en nuestros pulmones, desciende, como río invisible, entre sordas quejas. »Si el estupro, el puñal, el veneno, el incendio no han bordado aún con sus placenteros dibujos el vulgar cañamazo de nuestros míseros destinos, es porque nuestra alma, ¡ay!, no es lo bastante atrevida. «Mas entre los chacales, las panteras, las perras, los monos, los escorpiones, los buitres, las serpientes, los monstruos aulladores, gañidores, gruñidores, rampantes en la casa de ñeras de nuestros vicios.

LA MNEMOTECNICA

163

II en est un plus laid, plus méchant, plus immonde! Quoi qu’il ne pousse ni grands gestes, ni grands cris, II ferait volontiers de la Terre un débris Et dans un báillement avalerait le monde.

C’est l’ennui!; l’oeil chargé d’un pleur involontaire, II reve d’echafauds en fumant son hourka. Tu le connais, lecteur, ce monstre délicat, Hypocrite lecteur — mon semblable — mon frére!

Las siete primeras estrofas que acaban de leerse se encadenan de una manera menos inmediata que las otras tres. Ved el último verso de la primera estrofa y e] primero de la segunda:

»hay uno más feo, más malo, ¡más inmundo! que aunque no hace grandes gestos ni lanza grandes gritos, con gusto haría de la Tierra un residuo y en un bostezo se tragaría ¿1 mundo. »¡Es el aburrimiento!; con los ojos llenos de un lloro involuntario^ sueña con patíbulos mientras fuma su houka. Tú le conoces, lector, a ese monstruo delicado. ¡Hipócrita lector —mi semejante— mi hermano!»

164

LA MEMORIA

Comme les mendiants nourrisent leur vermine Nos péchés sont tétus, nos répentirs sont laches (1). De uno a otro hay una vacilación forzada. Ved aho­ ra el último verso de la octava estrofa y el primero de la novena: Dans la ménagerie infáme de nos vices II en est un plus loid, plus méchaní, plus immonde! En este caso, la imaginación no podría extraviarse ni siquiera vacilar: la idea directriz sigue su curso; y se asocian tan bien los dos versos, que están estrecha­ mente de acuerdo. El llamado jalón consiste en encontrar una corta fórmula que cree un encadenamiento tan preciso como sea posible para ligar la última palabra .de una estrofa a la primera de la siguiente. Ejemplos: “como los pordioseros nutren su miseria ...aferrada a su piel... (2), nuestros pecados son testarudos, nuestros arrepenti[mientos cobardes” .

(1) Véase en todos los ejemplos su traducción en la que ante­ riormente damos. (2) Lo que damos de cursiva, en este y en los siguientes ejemplos, es el jalón.

LA MNEMOTECNICA

165

“creyendo lavar con viles lloros nuestras manchas ...blandamente apoyada su cabeza... a la cabecera del mal está Satán Trimegisto” . “es vaporizado por ese sabio alquimista... ...porque es él... Es el diablo quien sostiene los hilos que nos mueven” . “sin temer atravesar las tinieblas que hieden ...contra las cuales delectamos nuestra delicuescencia... Tal como un libertino pobre que besa y mordisquea” . “que estrujamos muy fuerte como una seca naranja ...la cual no podría culmar nuestra fiebre porque... apretado, hormigueando como un millón de helmintos” . “desciende, como río invisible, entre sordas quejas ...eco de los más sombríos pesares, porque confesé[moslo... Si el estupro, el puñal, el veneno, el incendio” . “es porque nuestra alma, ¡ay!, no es lo bastante atre[vida ...bajo la inspiración de infames consejeros... Mas entre los chacales, las panteras, las perras.” Desde que, al leer, se intercala la corta frase deno­ minada de ligazón, el trabajo de la memoria se encuen­ tra singularmente facilitado.

166

LA MEMORIA

He aquí, según Aimé París, otro ejemplo de jalo­ nes aplicados a un pasaje de Boileau (L’art poétique) del que también damos la traducción:

LA MNEMOTECNICA

167

I Souvent la peur d’un mal nous conduit dans un [pire: Un vers était trop faihle; et vous le rendez dur; J’évite d’étre long, et je deviens obscur; L ’un n’est point trop jardé, mais sa muse est trop nue, L ’autre a peur de ramper, i l s e p e r d d a n s l a n u e . Jalón: Si le plaisir de cet homme est de se perdre VOLEZ-VOUS le suivre? (1).

dans la

[n u e .

(1) He aquí la traducción de esos versos de Boileau y de los jalones intercalados:

I A menudo, el miedo a un daño nos conduce a otro peor, Un verso era demasiado débil, y tú le haces duro evito el ser extenso y soy obscuro; uno no está en modo alguno demasiado compuesto, pero su musa está [demasiado desnuda, el otro tiene miedo de arrastrarse y se pierde en las nubes. J alón ;

Si el placer de ese hombre es perderse en las nubes,

¿ q u ie r e s se[ g u ir l b ?

168

LA MEMORIA

II V o u l e z - v o u s du public mériter les amours? Saris cesse en écrivant variez vos discours. Vn style trop égal et toujours uniforme En vain brille á nos yeux, il faut qu’il nous endorme. On lit peu ces auteurs, nés pos nous ennuyer, Qui toujours sur un ton s e m b l e n t p s a l m o d ie r .

Jalón: J’aime á entendre p s a l m o d ie r : “BEATI PAUPERES SPIRITU” . (Heureux les pauvres d’esprit.)

n ¿Quieres del público merecer los amores? Un estilo demasiado igual es siempre uniforme. En vano brilla a nuestros ojos, es preciso que él nos duerma. Se lee poco a esos autores, nacidos para fastidiarnos, que siempre en un mismo tono parecen salmodiar. J a ló n :

A mí gusta oír salmodiar: pobres de espíritu.)

B e a ti

p a u p e re s

s p iritu .

(Dichosos los

LA MNEMOTECNICA

169

III H e u r e u x qui, dans ses vers, sait d’une voix légére Passer du grave au doux, du plaisant au sévére! Son livre aimé du Ciel, et chéri des lecteurs, Est souvent chez Barbin e n t o u r é d ’a c h e t e u r s .

Jalón: Si vous n’avez pas de réputation, votre livre ne sera jamais e n t o u r é d ’a c h e t e u r s , QUOI QUE VOUS [ÉCRIVIEZ.

ni ¡Dichoso aquel que en sus versos sabe con voz ligera pasar de la gravedad a la dulzura, de lo gracioso a lo severo! Su libro, amado del Cielo y querido por los lectores, está a menudo en casa de Bárbin rodeado de compradores. J alón :

Si no tenéis reputación, vuestro libro jamás estará rodeado de com ­ pradores,

SEA LO QUE FUERE LO QUE ESCRIBAIS.

170

LA MEMORIA

IV Quoi q u e vous é c r i v i e z , évitez la bassesse: Le síyle le moins noble a pourtant sa noblesse. A u mépris du bon sens, le burlesque effronté Trompa les yeux d’abord, plut par sa nouveauté: Que ce style jamais ne souille voíre ouvrage. Imitons de Marot l’élégant badinage, Et laissons le burlesque aux plaisants du Pont-Neuf, Mais n’allez point aussi, sur les pas de Brebeuf, Méme en une Pharsale, entasser sur les rives «De morís et de mourants cent montagnes p l a i n t i v e s ». Jalón: Pourquoi vous obstiner á chanter des romances p l a in [ t i v e s ? PREÑEZ MIEUX VOTRE TON.

IV Sea lo que fuere lo que escribáis, evitad la bajeza:

El estilo menos noble tiene con todo su nobleza. Con desprecio del buen sentido, lo jocoso y desvergonzado engaña a los ojos primero, pues gusta por su novedad: Que jamás ese estilo mancille vuestra obra. Imitemos de Marón las chanzas elegantes, y dejemos lo jocoso a los bromistas del Puente Nuevo; pero no vayáis tampoco, siguiendo los pasos de Brebeuf, ni siquiera en una Farsala, a amontonar en las orillas «de muertos y moribundos cien montañas lastimeras». J alón :

¿Por qué obstinaros en cantar romanzas lastim eras?

C oged m e jo r [ v u e s t r o ton o .

LA MNEMOTECNICA

171

V P r e n e u z m ie u x v o t r e t o n .

Sublime sans orgueil, agréable

Soyez simple avec art,

san s fa rd .

Jalón: Plutóí que d’offrir du

fard ,

N’OFFREZ RIEN.

VI N ’o f f r e z r í e n a u le c te u r q u e c e q u i p e u t lu i p la ire .

Ayer pour la cadenee une oreille sévére: Que toujours dans vos vers, le sens coupant les mots Suspende l’hémistiche, en marque le r e p o s . Jalón: Si quelqu’un aime son

re p o s,

GARDEZ-VOUS de les [troubler.

v Coged m ejor vuestro tono. Sed sencillos con arte, sublimes sin orgullo, agradables sin fingimiento. J a ló n :

Antes que ofrecer con fingim iento,

no

o f r e z c á is

nada .

VI N o ofrezcáis nada al lector

s in o a q u e llo q u e p u e d a a g r a d a r le .

Tened para la cadencia un oído severo: Que siempre en vuestros versos, el sentido al cortar las palabras sus* penda el hemistiquio y marque el descanso. J alón:

Si

a lg u n a

g u s ta

de

su

descanso,

procurad

no

tu rb a rlo .

172

LA MEMORIA

VII G a r d e z pu’une voyelle, á courir trop hétée, Ne soit d’une voyelle en so n c h e m in h e u r t é e ,

Jalón: Si une femme de la halle est par vous en so n c h e HEURTÉE, IL EST UN HEUREUX CHOIX d’epithétes empruntées au vocabulaire de sa profession dont elle vous gratifiera. m in

VIII I I e s t u n h e u r e u x c h o ix de mots harmonieux, Fuyez des mauvais sons les concours odieux. Le vers le mieux rempli, la plus noble pensée, Ne peut plaire á l’esprit quand l’oreille est blessée.

VII Procurad que una vocal, por correr demasiado precipitada, no sea una vocal en su camino tropezada. J aló n :

Si una verdulera es por ti en su camino tropezada, será u n a a fo r ­ tun ad a e l e c c ió n de epítetos tomados del vocabulario de su profesión aquello con que te gratificará. VIII Una afortunada elección puede hacerse de vocablos armoniosos.

Huid del concurso odioso de los malos sonidos. El verso mejor rimado, el más noble pensamiento, no puede gustar al espíritu cuando el oído es herido.»

LA MNEMOTECNICA

2.

173

L a s a r t ic u l a c io n e s c if r a d a s

El empleo de los siguientes procedimientos presta­ rá grandes servicios para ayudar a recordar las cifras. Con un poco de costumbre, las fechas, fórmulas, pre­ cios, etc., pueden ser registrados en el acto en la mente en forma de algunas palabras construidas de tal ma­ nera que se encuentra sin dificultad el número origi­ nal. Queremos, por ejemplo, fijar en nuestra imagina­ ción el número total de los huesos del cuerpo humano, o sea 198. Para ello, apoyándonos en el alfabeto nu­ mérico de Aimé Páris que luego damos, atribuiremos a cada una de las cifras 1 a 0 una consonante, tal como sigue: 1 lo substituiremos por t _ 2 » n 99

99

174

LA MEMORIA

Hecho esto, convertiremos 198 en sus consonantes significativas: t, b, f, y en seguida, con estas tres letras, combinaremos una frase susceptible de presentar cier­ ta relación con los huesos cuyo nombre queremos re­ cordar; por ejemplo, Todos Bien Formados. Es eviden­ te que se recordará con más facilidad la frase: “Los huesos del cuerpo humano son todos bien for­ mados.” que es esta otra: “Los huesos del cuerpo humano son en número de 198.” He aquí ahora las indicaciones necesarias para uti­ lizar el sistema de las articulaciones cifradas, empezan­ do por dar el alfabeto numérico mnemotécnico de Aimé París sin modificaciones de clase alguna, así como la tabla completa de tales articulaciones según el abate Moigne. Helos aquí: Alfabeto numérico

1

2

3

t

n

m

d

8

9

k

f

P

B di

r

4

5

6

7

r

I

i

rr

0 8 e z

LA MNEMOTECNICA

175

En este alfabeto, como puede verse, se prescinde de las vocales y de las consonantes h, w, y.

Tabla de articulaciones t

2

3

4

5

6

7

8

9

0

ve

be

ce

fe

pe

se

que te

ne

de

Rué

me

re

le

ie

lie

ge che. eche

Bue f» cue

phe

te tion

ce Ice ka

El alfabeto numérico de Aimé Paris puede ser mo­ dificado ligeramente, para su aplicación al idioma cas­ tellano, como sigue: 1

2

3

t

D

m

d

ñ

4

5

6

7

8

9

P

0

r

1

i

k

f

rr

11

8

q

V

c

b

z

di

s

He aquí ahora tres medios propuestos por los maes­ tros de la mnemotecnia para ayudar a fijar en la me­ moria la Tabla numérica descrita antes:

176

LA MEMORIA

1.° Una frase rítmica de Aimé París que indica en el orden numérico las principales articulaciones ci­ fradas:

1 Tu 4 Rends 7 que

0 Sot! 2 nous 5 les 8 fit

3 6 ments. chants 9 Pan,

que podríamos substituir en castellano por la que sigue:

1 ¿tú, 4 Recuerda 7 que

0 Sara, 2 nos 5 los 8 fueron

3 maldices? 6 juicios 9 prodigados.

2.° Una serie de observaciones del mismo autor acerca de las correlaciones de cada cifra con su prin­ cipal consonante representativa:

LA MNEMOTECNICA

177

que representa 1, no tiene más que un palote y se parece a la cifra 1. n ” ” 2, tiene dos palotes, m ” ” 3, tiene tres palotes, r ” ” 4, parece im 4 vuelto al revés. 1 ” ” 5, se parece al 5, que en la es­ critura cursiva se hace de un solo trazo de pluma, j ” ” 6, tiene abajo un bucle como la cifra 6. cok ” ” 7, parece como esta cifra una especie de potencia, f ” ” 8, tiene dos bucles, como esta cifra. p ” ” 9, tiene un bucle en la parte superior, como dicha cifra, s ” ” 0, parece formada de dos ce­ ros (1).

t

3.°

Una fórmula de Guyot Daubes:

1. — 2. — 3. — 4. — 5. —

Un TauDis deux aGNeaux Nains trois Mats quatre Roues cinq Loyers

(1) Esto dice Aimé París. 12

17 8

LA MEMORIA

6. — 7. — 8. — 9. — 0. —

six Jeunes Chats sept Ca Gots huit Féves neuf Pieds-Bots Zero CiSeau

que podemos substituir en castellano por la siguiente: 1. — Un TánDem 2. — dos aÑales Negros 3. — tres Machetes 4. — cuatro RoRRos 5. — cinco LilaLLas 6. — seis JuGuetones Chimpancés 7. — siete Kodaks Quemados 8. — ocho Bonitos Faroles Venecianos 9. — nueve Proverbios 0. — Ceromiel Sin Zumaque. Una vez dominado ese sistema, puede aplicarse a las mnemonizaciones más diversas. He aquí algunas fórmulas imaginadas para recordar los números corres­ pondientes a las consonantes indicadoras:

LA MNEMOTECNICA

179

A p l i c a c i o n e s a l a H is t o r ia

Fundación de Roma. — Roma fue fundada en las proximidades de las siete c o l in a s (K. — L. — N. = 752). Batalla de Soissons. — Después de la batalla de Soissons Clovis, humillado, tomó su r e v a n c h a (R. — V. — CH. = 486). Batalla de Crécy. — Perdida por Felipe VI de Fran­ cia, permitió a los ingleses continuar su m a r c h a (M. — R. — CH. = 346). Sitio de Calais. — Durante el sitio de Calais, Eustache de Saint-Pierre fue un hombre m uy h e r o ic o (M. — R. — K. = 347). Muerte de Juana de Arco. — Juana de Arco mu­ rió en Ruán, de quemaduras, por no disponer de t u r e m e d io (T. — R. — M. — D. = 1431). La noche de San Bartolomé. — En esa noche, los hugonotes fueron pasados a cuchillo sin d e l iq u iu m (D. — L. — Q. — M. = 1573). Batalla de Pavía. — Los soldados españoles no ol­ vidaron en Pavía la ley de Talión: lucharon, pues por así decirlo, de una manera t a l io n a l (T. — L. — N. — L. = 1525).

18 0

LA MEMORIA

Descubrimiento de América. — Las gentes de Colón ponían tanto cuidado en no desperdiciar municiones como quien a rebatiña t i r a p a n (T. — R. — P. — N. = 1492). Desembarco de Hernán Cortés en Méjico.— Her­ nán Cortés, viendo la valentía de sus soldados, se d e ­ l e i t a b a (D .— L. — T. — B. = 1519). Conquista del Perú. — Pizarro acostumbraba decir a sus soldados: Sed morales; el hombre sin moralidad pronto d e l i n q u e (D. — L. — N. — Q .= 1527). Batalla de Bailén. — Castaños, el vencedor de los franceses en Bailén, escribió a su rey antes de la bata­ lla: “Para dar a España el triunfo me son indispen­ sables t u f e y su f e (T. — F. — S. — F. = 1808). Batalla de Vitoria. — José me la debe, decía Wellington antes de la batalla de Vitoria, y quien d e b e t e m e (D. — B. — T. — M. = 1813). Batalla de Waterloo. — Para Napoleón, el día de Waterloo fue un d í a f a t a l (D. — F. — T. ■— L. = 1815). Destronamiento de Isabel II. — Cuando el pueblo español se alzó contra la hija de Femando VII, se de­ cía, convencido: Al destierro d e f i j o v a (D. — F . — J. — V . = 1868).

LA MNEMOTECNICA

181

Fin de la Guerra Mundial. — Débout les morís!, dijo un sargento francés en Verdún, y un político, pla­ giándole, exclamo en cierta ocasión: ¡d e p i e t u f e ! (D. — P. — T. — F. = 1918).

F ech a s d e la m u er te d e algunos hom bres

fa m o so s

Gutenberg. — Gutenberg, al morir, nada dejó a los suyos, porque con las pruebas de su invento todo lo d e r r o c h a d a (D. — RR. — CH. — B. = 1464). Colón. — El descubridor de América no descansó en verdad hasta que se halló dentro d e l a c a ja (D. — L. — C. — J. = 1506). Cervantes. — Al Manco de Lepanío, con la plu­ ma en la mano nadie le hubiera d e ja d o f e o (D. — J. — D. — F. = 1616). Napoleón. — El Corso, en Santa Elena, a nadie tie­ ne que le d e f ie n d a ( D. — F . — N. — D. = 1821). Prim. — El héroe de Castillejos, que tan alto se encumbrara, un d ía v i o q u e c a ía (D. — V. — Q. — C. = 1870).

LA MEMORIA

182

A lg u n a s f ó r m u l a s d e h i s t o r i a a n t ig u a

Después de haber vencido a los Curiacos, Horacio mató a su hermana, de la que encontraba las palabras demasiado c h o c a n t e s (CH. — K. — T. = 671). Cincinato fue arrancado, para revestirle la púrpura de dictador, del campo, a donde voluntariamente se r e l e g ó (R. — L. — G. = 457). Aníbal, derrotado en Zara, se envenenó, dolido de que Cartago le d if a m ó (D. — F. — M. = 183 [1]). No hay fecha que no pueda ser recordada fácilmen­ te formulándola como se ha hecho con las precedentes. Combinando por sí mismo sus frases mnemónicas, el lector se procurará un elemento de retención suple­ mentaria, porque difícilmente se olvida aquello que se inventa.

A p l i c a c i o n e s a r it m é t ic a s

Ejemplos Densidad del hierro. — Ver los hierros enemigos apuntando al pecho no es g r a t o (G. = 7).

(1) Antes de J. C.

LA MNEMOTECNICA

183

Densidad del oro. — Jamás se ve brillar el oro so­ bre el polvo del p a v é s (P. — V .— S. = 98). Densidad del platino. — El niño que patina por vez primera es dichoso al ser guiado por la mano de su p a p á (P. — P. = 99). Relación de la circunferencia al diámetro o valor de -r: 3 Muchas

1 4 tie rras

1 5 dan

los

9 pi

2 nos

A p l i c a c i ó n a l a m n e m o n iz a c ió n DE UNA DIRECCIÓN

Al escritor Romero, la historia de Hugo Morales le es cara (Romero, escritor — calle Morales, 74). A p l ic a c ió n a l p r e c io d e una fa c t u r a

El vestido de Pura es de fino tisú (el metro a 10 pesetas). 10 = T. — S. Las mercancías de Pablo son de calidad inferior (factura de Pablo: 2.844 pesetas). 2.844= N . — F . — R. — R.

184

LA MEMORIA

A p l i c a c i o n e s g e o g r á f ic a s

Altura en metros del pico más alto del Himalaya: Yendo al Everest vio f a v o p í o (V. — F. — V. — P. = 8.889). Habitantes de Buenos Aires en millares: En Bue­ nos Aires se dice: “Quien no persigue a la Fortuna n o l a CAZA” (N. — L. — C. — Z. = 2.500). Distancia en millas de Barcelona a Manila: Los ma­ nilos dicen de la gente torpe: ¡Q u é p a v i l l o ! ( Q . — P. — V. — LL. = 7.985). Si quisiera mnemonizarse una fecha que compren­ da el día y el mes, podría hacerse uso, por ejemplo, de las anotaciones siguientes: Enero Febrero Marzo Abril Mayo Junio

= = = = = =

CH F ‘ R B M J

Julio Agosto Septiembre Octubre Noviembre Diciembre

= = = = = =

L T S K N D

LA MNEMOTECNICA

18 5

Será suficiente unir esas anotaciones a las prece­ dentes: La jota = L. — J.

5 junio

Ejemplo tomado de la Historia. — Asesinato del archiduque Francisco Femando de Austria. — El ase­ sino del archiduque dudó si dar muerte con n a v a j a a aquel cuya vida creía él que era digna d e p o d a r . N.V. 28

J. junio

D.P.D.R. 1914

186

LA MEMORIA

3.

La

a le g o ría

Todo el mundo sabe lo que es un jeroglífico: una serie de dibujos o signos representativos de una frase que hay que encontrar. En nuestra juventud todos nos hemos entrenido más o menos en buscar la solución de esos ingeniosos grafismos, a los cuales la mayor par­ te de los periódicos festivos reservan una página o dos. El principio de la formación de los jeroglíficos se utili­ za en mnemotecnia, y aplicándolo se puede resumir en un pequeñísimo espacio un grupo importante de ideas o de pormenores que se refieran a un hecho determina­ do. Por ejemplo: un cuadrado dividido en cien partes iguales, de las que cada una represente un año, puede servir para fijar en la memoria los principales sucesos de un siglo. Cada hecho que se quiera retener será resu­ mido para ello simbólicamente en la casilla que indique su fecha. Una memoria visual suficiente permite mnemonizar de ese modo, de una manera muy ordenada, un gran número de conocimientos.

LA MNEMOTECNICA

4.

18 7

L a s f ó r m u l a s r im a d a s y h o m o n ím ic a s

A aquellos cuya agudeza auditiva es buena, los mnemotécnicos les recomiendan el empleo de fórmulas ri­ madas. Una de las más conocidas es la siguiente: El cuadrado de la hipotenusa es igual, si no se abusa, a la suma de los cuadrados de los otros dos lados, la cual muestra que un teorema geométrico encuentra a veces su lugar en la forma poética. Sin poseer el me­ nor talento versificador, todo estudiante algo ingenióse sabrá generalizar el ejemplo precedente. He aquí otra, relativa al descubrimiento y a las propiedades del oxígeno, tomada de Guyot-Daubés: Scheele y Priestley descubren el oxígeno, gas inodoro, incoloro, permanente, agente vital que no es en verdad patógeno

188

LA MEMORIA

y que por su virtud se nombra comburente. Vastagos de hierro, o azufre, o fósforo, o carbono se unen a ese gas y arden claramente; después, ese bello gas se transforma en ozono. Por la electricidad o lo fosforescente en un horno el oxígeno yo fabrico: se calienta al rojo vivo el cuerpo (Mn O1) o bien este cuerpo y el ácido sulfúrico. Forman sufato manganésico entre los dos o bien aún el clorato de potasa, que del oxígeno da seis equivalentes. En cuanto al empleo del más útil de los gases, él sólo hace vivir y quemar constantemente. El sistema francés llamado de los a peu prés (sobre poco más o menos), consiste en reunir en una frase las palabras iguales o parecidas a los nombres de que quie­ re uno acordarse utilizando el sentido evocado por sus homonimias. He aquí algunos ejemplos:

Una excursión La unión (La Unión) hace la fuerza, me dije, y uni­ do a mi amigo comencé a ascender por la pina ladera del monte (Belmonte). Mientras subíamos, mi compa­ ñero hablaba sin dejarme meter baza (Baza) y a mí me daban ganas de molerle a palos (Palos). Ya en lo

LA MNEMOTECNICA

189

alto, nos sentamos para contemplar el panorama, que se extendía hasta la línea (La Línea) de la costa. En ésta, un hombre llegaba al faro (Alfaro) atravesando un huerto que daba entre otras frutas la dulce granada (Gra­ nada) y sobre todo dátiles en esbeltas palmas (Las Pal­ mas). Ya .reposados, iniciamos el descenso, y poco des­ pués llegábamos a las casetas (Las Casetas) de donde habíamos partido. Para retener una serie de palabras poco utilizadas, algunos autores recomiendan se recurra a las iniciales o a las primeras sílabas de cada una, con las cuales se forma a veces un encadenamiento de asonancias que por lo extrañas se destacan y quedan fijas en la memo­ ria. Así, por ejemplo, los doce signos del Zodíaco, agru­ pados de tres en tres, dan con sólo sus primeras sílabas cuatro palabras que por lo raras se destacan. Signos de Zodíaco Aries Cáncer Libra Capricornio

Tauro Leo Escorpio Acuario

Géminis Virgo Sagitario Piscis

De sus primeras sílabas, unidas de tres en tres, re­ sultan: Ataugé,

Cánlevi,

Liessa,

Caapis,

190

LA MEMORIA

que pueden ayudar a recordar aquéllos. De igual modo, las primeras letras de los siete co­ lores del espectro solar dan la palabra viavaar, que pue­ de ayudar a retener los nombres de aquéllos: violeta, añil, azul, verde amarillo, anaranjado y rojo. Las ocho provincias andaluzas son fáciles de recor­ dar mediante las palabras Secor (Sevilla, Córdoba), Gro­ ja (Granada, Jaén), Almá (Almería, Málaga) y Huelcá (Huelva, Cádiz). A veces una frase muy sencilla es suficiente para im­ pedir radicalmente el olvido de algo que se quiere con­ servar en la memoria. Así, por ejemplo, la voz de man­ do tan vulgar en la milicia: “De frente... ¡Mar!” , permitirá que no vacilemos jamás acerca de la respecti­ va función de los dos cordones de la medula espinal, pues nos hará recordar: El cordón anterior ordena la motricidad y el otro la sensibilidad. Es fácil también para los no marinos confundir ba­ bor y estribor, es decir, no saber cuál de esas dos pa­ labras indica derecha y cuál izquierda; pero el vocablo Baes, formado con las dos primeras sílabas de aquéllas, nos lo hará recordar con sólo fijarnos en que ba está a la izquierda y es a la derecha; esto es, que babor indica izquierda de un buque cuando el observador mira hacia proa, y estribor, derecha.

LA MNEMOTECNICA

5.

191

L a s t a b l a s d e r e c o r d a c ió n

Se componen tales tablas de cien o más vocablos que, luego de aprendidos de memoria con los núme­ ros correspondientes, pueden ser utilizados para asociar a ellos un gran número de nomenclaturas establecien­ do una analogía entre cada palabra de recordación y el término correspondiente de la nomenclatura. Cito este sistema a título de curiosidad, porque la busca de ana­ logías, labor pesadísima, lo hace por lo general muy poco práctico; si bien hay que reconocer que mediante ciertos métodos, como el del abate Chavanty, se logra hacer fácil el manejo de las tablas analógicas. He aquí como ejemplo dos tablas de recordación muy utilizadas: 1.° Esta tabla ha sido denominada por selección de son: 0 1 2 3

son ton non Mon

4 5 6

ron Lyón jon

7 8 9

Kong von Bon

19 2

10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39

LA MEMORIA

tacón din-don de non Damón turón talón dajón dagón tifón tampón nación Netón Ninón nemón Nerón Nalón negón Noqueón navión nabón Masón montón miñón memón marrón melón manchón macón muflón Mopeón

40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69

razón Redón Renón Ramón rorrón rallón región Orgón orfeón arpón lacón latón linón limón lirón lelón legión Helicón aluvión lapón Chacón chatón chuñón jamón jirón jalón jergón chungón chovón chepón

70 71 72 73 74 75 76 77 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99

Quezón Gatón gañón gamón guirón galón quejón Guegón gavión Gabón facón faetón fanón flemón varón filón vagón figón fofón fabón bocón pontón piñón Bahamón parón pelón bajón pegón bufón pompón

LA MNEMOTECNICA

193

2.° Esta tabla está basada simplemente en las con­ sonantes cifradas: 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27

tea no maya rey lea Quío Goa fea pía taza teta tono dama toro tela dogo duque tifa topo nace nata nana Nemo Nora Nilo nicho niego 13

28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 51 52 53

nivea nabo masa meta mina mimo marea muela maja Moka mueve miope rosa rada reina rima raro rulo rojo Roque raña robo lacón latín luna lima

54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65 66 67 68 69 70 71 72 73 74 75 76 77 78 79

Larra lila liga Luque Liuva lampo checo jeta gana germa Chaco chal jugar jiga chavo Chiapa queso cueto cana gama cuero cuello caja kaki café caba

194

80 fusil 81 veta 82 viña 83 fiemo 84 furia 85 filón 86 ficha

LA MEMORIA

87 88 89 90 91 92 93

vega fofa Febo peso bata bono pomo

94 95 96 97 98 99 100

pera bala pegar bache bufón bombón tacuazín

Para la redacción de esas tablas nos hemos basa­ do en el sistema de articulaciones cifradas, según la Tabla de la página 175. Familiarizándose con ellas, cual­ quiera de nuestros lectores no necesitará apenas nin­ gún esfuerzo para redactar cuantas tablas de recorda­ ción quiera o para retener en la memoria cualquiera de las que aquí damos o ambas; en este último caso se utilizará la primera Tabla para las cien primeras pala­ bras de una nomenclatura y la segunda para otros cien vocablos.

LA MNEMOTECNICA

6.

El

195

m é to d o d e l a s l o c a l i d a d e s

En lugar de utilizar palabras como puntos de refe­ rencia, algunos se han servido de una serie de localida­ des conocidas cuyos emplazamientos habían fijado en su memoria. Los objetos contenidos en una habitación familiar, las estaciones y demás lugares de un trayecto, y las calles de una ciudad, pueden constituir una serie de recuerdos que se repiten siempre en el mismo orden a fin de asociar a ellos otras nociones. Por procedimientos parecidos es como los ilusio­ nistas asombran a los espectadores repitiendo cuarenta, cien, doscientas palabras sin relación que se les ha indi­ cado una sola vez.

196

LA MEMORIA

7.

La

ta n d a d e lo s c u a r e n t a n o m b res

Esa tanda, de la que la clave interesará ciertamen­ te al lector, se lleva a cabo con facilidad, de primera intención, incluso teniendo una memoria mediocre.

El operador se dirige a las personas presentes y les anuncia que él repetirá en el orden en que se le digan los nombres que le propongan. Cada espectador debe decir, a su tumo, una palabra, a su elección. Tenien­ do el cuidado de empezar por una persona situada de tal manera que pueda iniciarse a partir de ella un or­ den numérico en el cual los otros espectadores puedan figurar sucesivamente según el lugar que ocupan, el mnemotécnico pregunta y escucha las palabras que se le van diciendo. Supongamos que éstas sean las siguientes: 1 2 3 4

piano plato llave gato

5 ardilla 6 embaldosado 7 engrudo 8 péndulo

LA MNEMOTECNICA

9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24

locomotora cura taburete estómago libro billetes (de Banco) café guantes lápiz estatua ciego billar peine excursión manta tigre

25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40

197

alubias cabellos idiota tintero estañador canción portera conejo silla niño abogado ventana presidente barco electricidad veneno

Estas cuarenta palabras o designaciones son regis­ tradas en la mente, así que se oyen, por el uso de la Tabla de recordación que damos en las páginas 191194, de este modo u otro parecido: 1 tea (teas debe hacerse con un mal) piano. 2 no (se come bien cuando no se dispone de) plato. 3 maya (el gato cuando le encierran con) llave. 4 rey (el de los animales es felino como el) gato. 5 lea (tranquilo y no moviéndose como una) ardilla. 6 Quío (es ciudad que tiene en sus calles buen) em­ baldosado.

198

7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27

LA MEMORIA

Goa (la ciudad colonial portuguesa prepara muy buen) engrudo. feo (o guapa tiene un buen reloj de) péndulo. pía (fuerte la) locomotora. taza (de buen café es negra como sotana de) cura. teta (el niño mientras su madre está sentada en un) taburete. tono (no está a tono después de comer el que su­ fre del) estómago. dama (muchas damas gustan de leer un buen) libro. toro (es animal que cuesta muchos) billetes de Banco. tela (a través de tela muchos cuelan el) café. dogo (éste no podría cazar si llevara) guantes. duque (cree ser el zafio si de oro ostenta un) lápiz. tifa (con tifa o espadaña no es posible hacer una) estatua. topo (no ve, lo mismo que un) ciego. nace (de uno mismo el ser o no aficionado al) billar. nata (no es cosa a propósito para prepararla con un) peine. nena (chiquitína estorba en una) excursión. Nemo (el capitán del submarino de Julio Verne tenía) manta. Nora (no es nombre apropiado para un) tigre. Nilo (es río junto al cual no se crían) alubias. nicho (a veces al abrir uno se encuentran) ca­ bellos. niego (que un hombre culto pueda ser) idiota.

LA MNEMOTECNICA

199

28

nivea (no es precisamente la materia que contiene un) tintero. 29 nabo (tan pequeño como uno de éstos vi un) es­ tañador. 30 masa (una de éstas, coral, entonaba una) can­ ción. 31 meta (en cintura, si quiere estar tranquilo, a la) portera. 32 mina (una boca de mina puede servir para refu­ giarse un) conejo. 33 mimo (es tan insensible a él mi galgo como una) silla. 34 marea (cuando es revoltoso, un) niño. 35 muela (un sacamuelas parece un mal) abogado. 36 maja (de Goya parece una mujer asomada con mantilla a la) ventana. 37 Moka (da buen café que conviene para el) presi­ dente. 38 mueve (y zarandea a los pasajeros, si le agitan las olas, un) barco. 39 miope (no ve claro a pesar de la) electricidad. 40 rosa (aquellos que no ven la vida de color de rosa recurren a veces al) veneno.

La memoria visual ayuda considerablemente a quien es práctico. Así, a medida que se va haciendo cargo instantáneamente de cada analogía, se la representa concretamente, tal como sigue para las primeras pa­ labras antes dadas, por ejemplo:

200

1. 2.

LA MEMORIA

Un obrero haciendo teas con los tableros de piano. Varias personas comiendo sin platos, de una mis­ ma cazuela.

Etcétera.

CAPITULO XI

La memoria y los estudios clásicos 1. Examen y análisis del programa. - 2. Plan de estudios. - 3. Historia, Literatura, Filoso­ fía. - 4. Botánica, Zoología y Fisiología. - 5. Física y Química. - 6. Matemáticas. - 7. Len­ guas extranjeras. - 8. Geografía

1.

E x a m e n y a n á l is is d e l pr o g r a m a

Supongamos que en el conjunto del programa que habéis de estudiar figura un número imponente de ra­ mas científicas. Partiendo del principio expuesto en el capítulo VI para la clasificación general de las ideas, vuestro primer trabajo deberá consistir en ligar, en aso­ ciar las diferentes cuestiones a que habrá de referirse el examen que hayáis de sufrir. Sois un centro de per­ cepción, del cual cada sección de la ciencia figurará un canal por el cual adquiriréis conocimientos del Hombre, de la Naturaleza y del Universo. El objeto exacto de cada ciencia, considerado aisladamente, debe aparecérseos con claridad. La apertura de un curso deberá “abrir el espíritu” para la materia a tratar en ese curso y crear en el estudiante una apetencia intelectual, excitar su interés, mostrarle la importancia de lo que va a aprender. Si no encontráis nadie que pueda preparar así la receptividad de vuestra memoria, preparadla vosotros mismos. Fa­ cilitaréis así considerablemente vuestro trabajo futuro.

204

LA MEMORIA

Impregnaos la imaginación: 1.°, del objeto de cada rama; 2.°, de todos los elementos de conocimiento que su estudio os dará; 3.°, del interés que ella presenta en sí misma y para vosotros personalmente. En fin, con ob­ jeto de perfeccionar tal preparación, buscad y anotad los diferentes apoyos que cada sección del saber huma­ no presta a los demás.

LA MEMORIA Y LOS ESTUDIOS CLÁSICOS

2.

P lan d e

205

e s t u d io s

Aquel que puede estudiar según su plan personal, plan establecido bajo la inspiración de las propias con­ cepciones generales y teniendo en cuenta la agudeza de sus facultades, ayuda a su asimilación, porque ésta se efectúa entonces en un orden de acuerdo con la orga­ nización individual. Pero en la mayoría de los casos, es más bien un plan de trabajo horario que una clasi­ ficación lo que hay que establecer. Como la actividad mnemónica es por lo general mejor cuando el estudio se efectúa sin precipitaciones, sin alternar el trabajo in­ tenso con el abandono, hay que tender a la regularidad. Al cabo de una cierta propensión a conformaros con las reglas que permiten mejorar la memoria, aprende­ réis con mayor rapidez y más sólidamente. La airea­ ción, si así puede decirse, de vuestros períodos de tra­ bajo, mediante convenientes descansos, se ensanchará progresivamente; pero desde hoy mismo apreciad con justeza el estado de vuestras facultades y no tratéis de obtener en una hora aquello que ellas no pueden daros sino en hora y media.

206

LA MEMORIA

Procediendo como os indico, con puntualidad, de acuerdo con una distribución prevista para cada mo­ mento del día, no sólo llevaréis a cabo profundamente el registro mental, sino que desarrollaréis la potencia, la rapidez y la seguridad de vuestra memoria, y cada vez se os ira haciendo todo un poco más fácil.

LA MEMORIA Y LOS ESTUDIOS CLÁSICOS

3.

207

H i s t o r ia , L it e r a t u r a , F il o s o f ía

Las etapas de la Humanidad, la evolución de sus medios de expresión, las concepciones sucesivas que emitieron acerca de sus orígenes y de su ñnalidad aque­ llos de sus representantes a quienes sus condicionamien­ tos psíquicos llevaron a sondear los grandes problemas; esas tres líneas luminosas que parten de vosotros mis­ mos e iluminan, desde sus orígenes, el mundo a vues­ tros ojos, ¿no pueden despertar en vosotros un potente interés? En caso afirmativo, puedo aseguraros que la docilidad de vuestra memoria estará en razón directa de la intensidad de vuestra apetencia intelectual. Su­ pongamos ahora que, para vosotros, todo eso, evoca, pura y simplemente, tres caminos más o menos fasti­ diosos de los que hará falta ir ganando las etapas en vuestra imaginación para dar cuenta de ellas, antes de vuestra llegada, a un fastidioso interventor pagado para impediros proseguir vuestra ruta si dejáis de res­ ponderle de una manera satisfactoria. Tomad por lo menos las disposiciones más cómodas para el viaje: es­ tudiad según un plan preconcebido las etapas a reco­ rrer; adquirid informes acerca de las diversas regiones que aquéllas atraviesan y formaos una idea de las ca­

208

LA MEMORIA

racterísticas generales de cada una. Así, cuando las alcancéis, vuestros ojos, lejos de encontrarse desorien­ tados por un espectáculo desacostumbrado, buscarán todo aquello que deban esperar ver. La agudeza de observación a que vendrán obligados os será acaso más atrayente de lo que esperabais. Nuestros tres caminos, ya lo vimos, están trazados casi paralelamente. Desde uno de ellos podéis escrutar los otros dos y daros cuenta de la analogía de los pla­ nes sucesivos que parecen formar. Veréis que toda ca­ racterística de uno de ellos aporta alguna consecuencia a los otros dos. Llegados al término del viaje, los pormenores de vuestra investigación de los diversos territorios que re­ corren los tres senderos permanecerán grabados en vues­ tro espíritu. La cadena de los recuerdos formará una trama ininterrumpida. Las preguntas de vuestro exa­ minador os situarán en un punto de la trama, y con lúcida mirada volveréis a hallar los conocimientos que hubierais adquirido antes acerca del tema de ellas. Según eso, al principio de vuestro año escolar pro­ curaos, pues, esos memorándums (en los cuales no se piensa sino al fin de aquél) y, luego de haberos formado una idea de conjunto de cada materia, estableced un plan gráfico juiciosamente subdividido en contiguos es­ tantes destinados a llenarse cada uno en lo que le con­ cierne, con un grupo de hechos, de consideraciones,

LA MEMORIA Y LOS ESTUDIOS CLASICOS

209

de teorías, que tengan analogía con la etiqueta que cada uno de los respectivos estantes lleve. A medida que se llenen vuestros estantes, buscad una línea causal, una vía de encadenamiento para aso­ ciar estrechamente cada compartimiento a los que le siguen, a partir del origen. En el detalle, es mediante el relieve cómo obten­ dréis clisés cerebrales indelebles. Si se trata de un per­ sonaje, de muchos asociados o antagonistas, tratad, según vuestro manual, de formaros de cada uno un re­ trato mental preciso, tanto en lo físico como en lo mo­ ral; apreciad cada personaje como si realmente pudie­ rais verle y sostener relaciones con él. Cuando en la vida social se os habla de un individuo a quien no conocéis, o se os explican sus hechos y sus gestos, in­ mediatamente formuláis en vosotros mismos una opinión de lo que serían eventualmente vuestras relaciones con él, de los puntos en que no podríais estar de acuerdo. Proceded de ese modo para con los hombres de la His­ toria. En lo que a los hechos concierne, seguid el mis­ mo método: asistid a ellos con el pensamiento, seguid mentalmente sus peripecias. Remarcad el alcance de tal o cual incidente en los destinos de un pueblo, en el resultado de una batalla, en la vida económica de un país, etc... Tratad la Literatura y la Filosofía de una manera análoga y asombraréis a todo el mundo con vuestra memoria. Para las fechas, utilizad, si así lo deseáis, las articulaciones de las consonantes. 14

210

LA MEMORIA

Permítaseme que diga aquí cuán perjudicial es el error psicológico que consiste en exigirles a los niños la asimilación de materias cuyo alcance resulta inin­ teligible para ellos en sus tres cuartas partes. Abrid el espíritu de vuestros alumnos, señores profesores: de ese modo, vuestras lecciones serán menos penosas para vuestros discípulos y para vosotros mismos.

LA MEMORIA Y LOS ESTUDIOS CLÁSICOS

4.

211

B o t á n ic a , Z o o l o g ía y F is io l o g ía

A los estudiantes se les procura demasiado tarde el uso de ese precioso medio de fijación mnemónica que es la analogía, quiero decir los cursos en que son comparadas la Botánica, la Zoología y la Fisiología. A cada cual le atañe el remediar ese mal por la aplicación a esas tres modalidades del conocimiento los principios expuestos para la Historia, la Literatura y la Filosofía. Las nomenclaturas y clasificaciones, de as­ pecto bastante árido, son asimiladas tanto más fácil­ mente cuanto más en cuenta se tiene lo que sigue: 1.° Dedicar una atención sostenida a la relación de la etimología de cada nombre con las características mórficas y otras de la familia de los vegetales o ani­ males, del hueso o del músculo que designe. 2.° Unir los recursos de la agudeza auditiva y de la agudeza visual para retener las asonancias de la pa­ labra, su construcción gráfica y la imagen de lo que significa.

212

LA MEMORIA

3.° Establecer el mayor número posible de subsecciones, secciones, categorías bien encadenadas, y cada una de ellas será grabada en el espíritu por una definición exactamente sintética de todo aquello que forma parte de su dominio.

LA MEMORIA Y LOS ESTUDIOS CLÁSICOS

5.

213

F ís ic a y Q u ím ic a

También en este caso, la lectura de un memorán­ dum creará en la imaginación los cuadros receptivos de los conocimientos que tengan analogías con las diferentes secciones de la Física y de la Química. Fijad las notaciones químicas por medio de fórmulas por el estilo de la que se dio como ejemplo en el capítulo precedente, o por el análisis profundo de los elementos de donde resulta cada una de aquellas notaciones. Ha­ ced que concurran el mayor número posible de los ele­ mentos de la memoria definidos en el capítulo II. Con­ siderad los fenómenos físicos y químicos, el aspecto de los cuerpos, sus propiedades, etc. Esas ciencias encuentran por lo general buena aco­ gida, porque su exposición sigue el orden experimental, orden al cual parece mejor adaptada la mentalidad moderna. La acústica, la óptica, la hidráulica aparecen como otras tantas pequeñas ciencias distintas, de las que cada una presenta muchas series de comprobacio­ nes muy destacadas. La distribución química de los cuerpos, las propiedades comunes a cada grupo unen con bastante facilidad los detalles conexos.

214

LA MEMORIA

6.

M a t e m á t ic a s

En esta ciencia, la atención constituye el principal medio. Hace falta seguir necesariamente el encadena­ miento, de lo simple a lo compuesto, y como cada nueva parte obliga a recapitular las otras, el estudiante atento no olvida nada de lo que ha comprendido íntegramen­ te. En matemáticas es donde se ven las memorias de bronce, aquellas en las cuales el buril de la atención encuentra la mayor resistencia para efectuar un traba­ jo mejor que en las memorias de cera. Para facilitar el esfuerzo, se tendrá empero ventaja en provocar la apetencia mnemónica buscando que se despierte el in­ terés por las posibilidades que abran la adquisición de los medios proporcionados por las matemáticas. E l alumno tratará a menudo de aplicar lo que ya sabe para resolver problemas que le interesen personalmente. El punto favorable para la retención de esas cien­ cias es la inevitable acción sobre el entendimiento de las conexiones que cada una de ellas presenta con todas las demás. Esto ayuda considerablemente a la retención y debería determinar a aquellos que organizan la en­

LA MEMORIA V LOS ESTUDIOS CLÁSICOS

215

señanza a hacer que marcharan a la par los estudios de ramas paralelas. Para cada persona hay un momento de la jornada en que la atención adquiere su máximo de agudeza, su mayor potencia de trabajo, y durante el cual la arit­ mética, la geometría, el álgebra y sus desarrollos pe­ netran con mayor facilidad en el espíritu.

216

LA MEMORIA

7.

L e n g u a s e x t r a n je r a s

Lógicamente, una legua extranjera debiera apren­ derse según el mismo proceso que nos permite com­ prender y hablar nuestra lengua nacional. Las escuelas Berlitz, conocidas en el mundo ente­ ro, aplican el único sistema verdaderamente racional; es decir, ponen al alumno en presencia de un extran­ jero al que oyen enunciar en su idioma vocablos que significan los objetos que señala con el dedo, los actos que él mima, etc. Una contrapartida de enseñanza gra­ matical completa la iniciación fonética desde el punto de vista de la ortografía y de la sintaxis. A falta de ese método, he aquí lo que a mi pare­ cer conviene mejor a aquellos que deben aprender una lengua en lugar distinto del seno de la nación que la utiliza: (1.° J 2.°

Comprender lo escrito. Redactar.

LA MEMORIA Y LOS ESTUDIOS CLÁSICOS

(3.° j 4.°

217

Entender las palabras, Hablar.

Haremos notar que, normalmente, la sección A ocuparía el lugar de la sección B y, por consiguiente, el concurso de la memoria auditiva precedería al de la memoria visual. Entender lo escrito supone el conocimiento de las reglas usuales de la sintaxis y de un vocabulario sufi­ cientemente extenso. He aquí un maravilloso medio de realizar rápidamente esas dos condiciones. Elíjase, o por lo menos solicítese de persona com­ petente, un trozo de literatura extranjera en el cual es­ tén aplicadas el mayor número posible de las reglas de construcción. Después de haberse hecho explicar las principales, pruébese inmediatamente, con el auxilio de un diccionario, la traducción del texto estudiado. De ese modo podrán ser íntegramente entendidos pasajes enteros. En seguida se pasará al primer párra­ fo que haya quedado incomprendido, y recurriendo de nuevo a un especialista se le rogará que exponga las reglas gramaticales indispensables para la traducción de tal párrafo y que anote en el resto del texto aque­ llos cuyo sentido se desprenda por la aplicación de las reglas en cuestión. Un segundo trabajo personal grabará en el espíritu una segunda serie de reglas y, después de haber traducido de la misma manera todo

218

LA MEMORIA

el texto elegido, el estudiante habrá adquirido una base sólida con la cual podrá proseguir por sí solo sus es­ tudios. Después del primer texto se pasará a otro más largo, una novela por ejemplo, que se traducirá del principio al fin y en el curso de la cual se repetirán y se grabarán en la imaginación los mismos vocablos. Muy pronto se sabrá leer corrientemente la lengua es­ tudiada y se empezará a escribirla. Ya. no faltará sino ponerse en relación con per­ sonas que hablen la lengua de que se trate, para acos­ tumbrar al oído a sus modulaciones, acentos tónicos, alteraciones asuales, etc., y a fin de llegar a comprender aquello que se entiende y hallarse en condiciones de repetirlo.

LA MEMORIA Y LOS ESTUDIOS CLASICOS

8.

219

G e o g r a f ía

Por lo general, la exposición de esa ciencia va pre­ cedida de nociones cosmográficas y geológicas bas­ tante moderadas. En seguida de eso entran en juego el sentido topográfico, la agudeza visual y la memoria de las palabras. La clave del registro de los conocimientos geográ­ ficos consiste en asociar siempre las atenciones visual, auditiva y topológica. Es lo corriente estudiar por se­ parado la geografía física, la geografía económica, etc., pero el alumno inteligente tendrá cuidado de super­ poner en su espíritu todas esas diferentes subdivisiones. Para cada provincia española, por ejemplo, el alumno se construirá un clisé mental que contenga: los con­ tornos limítrofes, el recorrido de los ríos y canales que pudiera haber en ella, el tipo de las producciones mi­ neras y agrícolas, la situación de las ciudades princi­ pales, etc. Dibujando un mapa reducido de España en el cual cada provincia se destaque en él como un pe­ queño mapa separado con los puntos, líneas y signos

220

LA MEMORIA

representativos del valor económico, se constituirá una especie de ficha mental fácilmente recordada por la imaginación y descriptible como los pormenores de un cuadro.

INDICE

NOCIONES PRELIM INARES Pá|£8.

1. 2. 3.

4. 5.

Im p o rtan cia de la m e m o r ia .................................... 9 N osotros podem os m odificar cada elem ento de esta f u n c i ó n .............................................................................12 E n ciertas condiciones psíquicas, la m em oria am plía espontáneam ente' los lím ites de sus posibilidades h a b i t u a l e s ....................................................................... 18 Los estados afectivos excitadores del recuerdo . . Cómo o btener u n a m ejo ría ráp id a y definitiva . .

24 27

PARTE TEÓRICA I.

1. 2. 3. 4.

T e o r ía e sq u e m á t ic a del m e c a n is m o de la m e m o r ia

Id ea de su au to m atism o p erp etu am en te activo . . D istribución ................................ C o n s e r v a c ió n .......................................................................37 El recuerdo e s p o n tá n e o ..................................................40

5. El recuerdo voluntario 6.

31 34

................................41

Las asociaciones in tern as y sus resu ltad o s . . .

44

ÍNDICE

222

II.

Los ELEMENTOS DE LA MEMORIA P¿g".

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10.

Agudeza s e n s o r i a l .................................................................. 49 Agudeza m o t r i z .........................................................................51 Agudeza e m o c i o n a l .................................................................. 52 S entid o e s t é t i c o .........................................................................54 S entido a n a lític o . 55 E sp íritu de s í n t e s i s .................................................................. 56 Sentido a n a l ó g i c o .................................................................. 57 N oción del t i e m p o .................................................................. 58 Sentido to p o g r á fic o .................................................................. 59 Cómo se establece el diagnóstico de u n a m em oria . 60

III.

D i r e c t iv a s de la e d u ca c ió n razonada DE LA MEMORIA

1. 2. 3. 4.

A prender a conducir el pro p io pensam iento . . . 65 O bservar la higiene p s ic o fís ic a ....................................68 C rear cen tro s de c ris ta liz a c ió n ....................................71 Poner rem edio a las insuficiencias n atu rales m ediante u n a o rto p ed ia m ental a p r o p ia d a ........................................ 74 5. A pelar a la p o tencia de los m o t i v o s ..................................75 6. D eterm inarse al esfuerzo ................................. 77

PARTE PRACTICA IV. 1. 2. 3.

E L GOBIERNO DEL PENSAMIENTO

E jercicio fun d am en tal in d is p e n s a b le ................................... 81 E jercicios que d esarro llan a la vez la agudeza senso­ rial y la a te n c ió n ...................................................................84 C ultivo de la agudeza e m o c io n a l..........................................90

ÍNDICE

223

P*«». 4. 5. 6. 7.

Algunas p alab ras acerca del sentido estético . . . 92 E jercicios de a n á l i s i s ............................................................ 93 E jercicios de s í n te s i s .................................................................. 95 Cómo se reedu can la noción del tiem po y el sentido to p o g r á f ic o ................................................................................ 96

V. 1. 2. 3. 4.

H i g i e n e d e l a m e m o r ia

A lim entación r a c io n a l..................................................................99 C ultura física . 105 No se haga uso de tó x i c o s ................................................... 107 De los d e s c a n s o s .......................................................................110

VI. C o n d ic io n e s p r e v i a s p a r a u n b u e n r e g i s t r o m e n t a l 1. 2.

Clasificad v u estras ideas de lo general a lo p artic u la r. E stableced el m ayor nú m ero posible de conexiones .

V II. 1. 2. 3.

117 123

El r e g i s t r o m e n ta l

C onstitución de las fichas m entales y su clasificación i n s t a n t á n e a ............................................................................... 127 El “ca jó n ” de la s tare as u r g e n t e s ......................................130 La clave de la retención p o r contigüidad . . . . 133

V III. L a s c o n d ic io n e s d e c o n s e r v a c i ó n y d e o lv id o VOLUNTARIO

1.

R epaso de las diversas secciones de conocim ientos . 137

2.

Cómo se suprim en u n a o m uchas fichas m entales . 139

3.

Cómo an u lar los efectos de la p rim era educación .

143

224

INDICE

IX . E l

1. 2. 3. 4.

E l recuerdo v o luntario depende de la co n centración . 147 E jercicios de c o n c e n tra c ió n ...................................................150 La sangre f r í a .............................................................................152 E l recuerdo obtenido en el curso del sueño . . 154

X. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

La

m n e m o t e c n ia

El sistem a de las lig a z o n e s ...........................................159 Las articulaciones c i f r a d a s .......................................... 173 La a le g o r ía ........................................................................... 186 Las fórm ulas rim ad as y hom oním icas . . . . . 187 Las tab las de r e c o r d a c ió n ...........................................191 E l m étodo de las lo c a lid a d e s .................................... 195 La ta n d a de los c u aren ta nom bres . . . . . 196

X I. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8.

recuerdo

La

m e m o r ia y l o s e s t u d io s c lá sic o s

E xam en y análisis del p r o g r a m a ..................................... 203 Plan de estudios ...................................................205 H istoria, L ite ra tu ra , F i l o s o f í a ............................................207 B otánica, Zoología y F i s i o l o g í a ............................... . 2 1 1 Física y Q u ím ic a .......................................................... 213 M a t e m á t i c a s .............................................................................214 Lenguas e x t r a n j e r a s ................................................................216 G e o g r a f í a .....................................................................................219