Historia de la fábula greco-latina Tomo II LA FABULA EN EPOCA IMPERIAL ROMANA Y MEDIEVAL

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La fábula en época imperial romana y medieval

Francisco Rodríguez Adrados

CM

Historia de la fabula greco-latina T om o II LA FABULA E N EPOCA IM P E R IA L ROMANA Y M ED IEV A L p o r F ra n c isc o R o d ríg u ez A d rad o s

EDITORIAL DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE

ISBN: 84-7491-160-5 Tomo II ISBN: 84-7491-005-6 Tomo I (Volumen 1) ISBN: 84-7491-006-4 Tomo I (Volumen 2) ISBN: 84-7491-004-8 (Obra completa) Depósito legal: M. 7.614-1985 Impreso en Lavel. Los Llanos, nave 6. Humanes (Madrid)

INDICE

A breviaturas ................................................................................................ PROLOGO AL VOLUMEN II .............................................

9 11

PARTE I. LAS COLECCIONES HELENISTICAS COMO BASE DE LAS POSTERIORES: RELACIONES ENTRE ESTAS Capítulo I. Las fábulas helenísticas con una sola versión m étrica p rim aria ........................................................................... Capítulo II. Las colecciones helenísticas con m ás de una versión m étrica prim aria. Casos e s p e c ia le s .......................... PARTE II. C apítulo Capítulo Capítulo Capítulo Capítulo Capítulo C apítulo PARTE III.

23 87

LA FABULA EN LA EPOCA IMPERIAL ROMANA I. Fedro .............................................................................. II. B abrio .......................................................................... III. El pseudo-Dositeo .................................................. IV. A fto n io ........................................................................ V. Aviano ............... ......................................................... VI. La colección Augustana ............................. VII. Colecciones m enores y fábula-ejem plo .........

125 173 213 227 243 261 333

LA FABULA EN LA EPOCA MEDIEVAL

Capítulo I. Las fábulas del códice B rancacciano .................. Capítulo II. Las fábulas s ir i a c a s ....................

365 373

g

In d ic e

Capítulo III. Las colecciones V indobonense y Accursiana. 397 Capítulo IV.La P aráfrasis Bodleiana y los Dodecasílabos políticos ....................................................................................... 427 Capítulo V. Los tetrástico s de Ignacio Diácono y de sus im itadores ........................................................................................ 453 Capítulo VI. Las fábulas de los códices Adem ari y Wissenb urgensis y las delllam ado R ó m u lo .......................................... 473 Capítulo V II. La fábula m edieval griega y latina de tra d i­ ción o riental e influjo de la fábula griega en O riente ... 511 Capítulo V III. La re sta n te tradición m edieval griega y la­ tina ..................................................................................................... 573 CONCLUSION ................................................................................ ......... C uadros sobre la h isto ria

de la F ábula .......................................

639 653

ABREVIATURAS

Son en térm inos generales las del Diccionario Griego-Español, vol. I, Madrid, C.S.I.C., 1980. Aparte de é sta s, las p rincip ales son: Ad

Codex Ademari.

Av.

Aviano.

Aphth.

Aftonio.

B.

Babrio.

Branc.

Col. del cód ice B rancacciano.

Dod.

D od ecasílabos p olíticos b izantinos.

F. An.

Fábulas A nónim as (I: Augustana; II: V indobonense; III: A ccursia­ na; las su b coleccion es se m arcan con letras griegas y latinas).

H.

N úm ero de la ed. de H ausrath de las F. An. (no H.: fábu las que n o está n en H ausrath, con la nu m eración de m i A péndice II).

M.

Fábula m edieval (con la nu m eración de m i A péndice III). Pañcatan tra.

Pañc. Par.

P aráfrasis B odleiana.

P. Grenf.

P apiro Grenfell.

P. Ryl.

P apiro R y la n d s 493 y su colección.

Ph.

Fedro.

ps.-Dos.

pseudo-D ositeo.

Rom .

R óm ulo (g = recen sio gallicana, v = recensio vetus).

Sy. Tantr.

C onjunto de Synt. y Syr., así com o su colección b ásica (Syr. = fábu­ las siriacas traducidas por la H na Lefèvre, Synt. = Sin tip as). Tanträkh yä yik a.

T. Assend.

T ablas de Assendelft.

Tetr.

T e trástic os de Ignacio D iácono y otros.

W

Códice W issenburgensis.

PROLOGO AL VOLUMEN II

E n la organización de esta obra, el segundo volum en que ahora aparece está dedicado a la h isto ria de la fábula greco-latina a p a rtir del com ienzo de n u estra era: en la época im perial rom ana y en la E d ad Media latin a y griega o bizantina. Ahora bien, quedó ya indicado en el prólogo del volum en I que el re p arto del m aterial fabulístico a estu d iar según el criterio cro ­ nológico que seguim os, usual en estos casos, no deja de p re sen tar problem as. E n realidad, nos encontram os ante un círculo vicioso: el detalle de las colecciones de fábulas helenísticas sólo a p a rtir del estudio de las colecciones im periales y m edievales puede ser, h asta cierto punto, d esentrañado; y, a su vez, la h isto ria de la form ación de dichas colecciones tardías sólo puede hacerse sobre un conoci­ m iento de la fábula helenística, de la que arrancan. H a habido, pues, que pro ced er p o r fases y tanteos. E n el volum en I he dado ya una idea general de las colecciones de fábulas tard ía s —las que se nos han conservado— y, al h ab lar de la fábula helenística, las he utilizado constantem ente. He, pues, anticipado cosas sobre la fábula posterior. Ahora, inversam ente, al estu d iar ésta ganarem os nuevos conocim ien­ tos sobre la fábula helenística, de la que deriva. Así com o el an terio r volum en anticip ab a cosas del p resen te (cosas previas que h ab rán de ser com pletadas y, a veces, rectificadas), éste com pleta el prim ero. Ya se vio en el capítulo I, 2, de dicho p rim er volum en, titulado «Inventario general de la fábula greco-latina», el estado en que se encu en tra la investigación del origen de las diversas colecciones que se escalonan desde el siglo i d. de C. (Fedro) h asta el final de la E dad Media. E n tre estas colecciones hay que incluir las Anónim as, bien las de las colecciones principales editadas p o r H ausrath, bien las de la del pap iro Rylands: colecciones que vienen de D em etrio de Falero y han recibido aportaciones posteriores diversas, pero cuya fase accesible a nosotros (a través de dicho papiro en un caso, p o r reconstrucción de la «antigua Augustana» en el otro) hem os situado hipotéticam ente en el

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Historia de la fábula greco-latina

siglo i a. de C. Pues bien, hay que decir que la reconstrucción de esos orígenes es todavía hoy b astan te incom pleta y deficiente. Aquí no vam os a in te n ta r o tra cosa que d ar un paso m ás en el cam ino de esa investigación. Es la com paración en tre las diferentes versiones de un m ism o tem a fabulístico la que puede d escu b rir las relaciones entre las m is­ m as: cuáles derivan de cuáles o de qué «escalones perdidos» aproxi­ m adam ente reconstruibles. E sta com paración exige, en p rim er té r­ mino, la reunión de un d o ssier o inventario com pleto de datos rela­ tivos a cada fábula; en segundo térm ino, el estudio de las variantes de las m ism as en cuanto a contenido, e stru c tu ra y m etro. Es el m e­ tro, sobre todo, el hilo capaz de llevarnos a través de variantes inser­ tas en colecciones de cronología diferente h asta hacernos ver las rela­ ciones. E ste estudio no es fácil. He dado algunos ejem plos previos de él en trab ajo s ya citados en n u estro an terio r volum en, en el que se presen tab an hipótesis o conclusiones, nu estras o ajenas, sobre fábulas concretas. P o steriorm ente he publicado tres estudios de detalle sobre dos fábulas especialm ente com plejas por la riqueza de su tran sm i­ sión: una, la de «La golondrina (o lechuza) y los pájaros» (H. 39 a y b); otra, la de «El caballo, el ciervo (o el jabalí) y el cazador (o el h o m b re)» 2. Hay que ad v e rtir que, en este segundo caso, el inte­ rés se cen trab a en la reconstrucción de la fábula original de Estesíto ro a p a rtir de sus derivaciones, aunque tam bién se estudiaba la tradición p rocedente de D em etrio, helenística y m edieval. En el se­ gundo artículo se in ten tab a tam bién la reconstrucción de o tras fábu­ las p erdidas m ás. Cuando se tra b a ja en estas reconstrucciones, se ve m uy pronto que es ra ro en co n trarse con una fábula derivada directam ente de o tra conservada: caso de fábulas de B abrio que h an dado derivados en las p aráfra sis o dodecasílabos bizantinos, de fábulas del pseudoDositeo (en su versión latina) prácticam ente calcadas p o r Róm ulo, de o tras de F edro prosificadas y m ás o m enos alterad as p o r el codex A d em a ri, o W isse n b u rg e n sis o el propio Róm ulo. Incluso fábulas que se en cu en tran m uy próxim as, se deduce de un estudio detenido que no derivan u na de o tra, sino am bas de una tercera. E sto ha sido reconocido, ya lo sabem os, en el caso de Fedro y la A ugustana: Fedro deriva generalm ente de un antepasado perdido de n u estra Augustana. Y ha sido reconocido en o tro s casos m ás, hem os recogido datos e ideas en este sentido en n u estro «Inventario de la fábula greco-latina» citado. 1 «La fábula de la golond rina de Grecia a la rita 48, 1980, pp. 185-208, y «Más sob re la fábu la 1982, pp. 75-80. 2 «N eue Jam bische F ragm ente aus arch aisch er rus, S em on id es (?), auctor incertus», Philologus,

India y la Edad M edia», E m é ­ de la golondrina», E m e r it a 50, und k lassisch er Zeit. S tesich o­ 126, pp. 157-179.

Prólogo al volumen I

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Es m ás: incluso cuando las cosas parecían claras en el caso de las fábulas anónim as, en que se suponía que había una derivación de la A ugustana en la V indobonense y o tra (cuando ésta no presentaba una fábula) en la Accursiana, así com o una de la V indobonense en esta últim a, vim os en el capítulo citado que la realidad era m uchísim o m ás com pleja. Que diversos m anuscritos o grupos de ellos podían «beber» d irectam ente del m odelo sem iprosificado antiguo, que con­ tam in ab an con m odelos de las colecciones conservadas. Tenem os que convencernos de que conservam os un caudal m ínim o den tro de la vasta floración de la fabulística antigua: así lo dem uestra la reciente aparición de nuevas versiones papiráceas de fá b u la s 3. Los «eslabones perdidos» son innum erables, sólo a veces podem os acce­ d er p arcialm ente a ellos. Y a veces ni siquiera sabem os si había un «eslabón perdido»: si un au to r com o B abrio, p o r ejem plo, es el responsable de las m odificaciones que aparecen en u n a fábula suya o si algunas de ellas derivan de una fuente p erd id a in term ed ia (cuando se dan en un segundo fabulista no dependiente de B abrio ello es así, pero cuando no, queda la duda). Y u n a vez que consigam os establecer (con m ás o m enos seguridad, según los casos) la h isto ria de las fábu­ las u n a a una, queda la tare a m uy difícil de extrapolar conclusiones de carác te r general que se refieran a las colecciones. T anto a las conservadas com o a las perdidas que hipotéticam ente se recons­ truyan. C iertam ente, tengo sobre m is predecesores las dos ventajas a que antes he hecho referencia: el d o ssie r com pleto (en lo posible) de la fáb u la an tigua y el «hilo de Ariadna» de la m étrica. Dado que contam os con unas 600 fábulas antiguas (a veces es m uy subjetivo el decidir en algunos casos si se tra ta de una fábula nueva o de una varian te de u na conocida) y que la problem ática de m uchas de ellas es sum am ente com pleja, me h a parecido m ás práctico p re se n ta r el d o ssie r y el estudio de cada fábula en una serie de Apéndices que cierran la o b ra (volum en III). La exposición de ésta queda así facili­ tada, en cuanto sólo se utilizan en cada m om ento los ejem plos nece­ sarios, eventualm ente con u n estudio m ás porm enorizado que el sintético del Apéndice correspondiente. Los Apéndices a que estoy refiriéndom e son el I y II, que recogen la to talid ad de las versiones de fábulas que nos h an llegado de la Antigüedad o que, viniendo de la E dad M edia bizantina u occidental, pueden añ ad ir algo a nuestro conocim iento de la fábula antigua. E n tran , p o r supuesto, las colecciones V indobonense y Accursiana, las 3 P. Colon, 64, tem a de «La perra que parió» de Fedro I, 19, y Justin o 43.4, 3, y otra fábula nueva; P. Mich. 457 + P. Y ale inv. 1158 v., nueva versión de «La golond rina y los pájaros». N ó te se que se trata de una fábu la que se creía origi­ nal de Fedro, de otra de tem a nu evo (aunque irreconocible) y de una nueva versión m étrica de una fábula ya conocida.

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Historia de la fábula greco-latina

p aráfrasis y dodecasílabos, Ignacio Diácono, el llam ado S intipas, que son testigos preciosos que ayudan a re co n stru ir versiones de fábulas perd id as p a ra nosotros. E n tran , en Occidente, los códices de Adem ar y W issen b u rg e n sis y el llam ado Róm ulo, que, ju n to a derivaciones de Fedro, contienen m aterial fabulístico diverso de origen antiguo. E n cam bio, colecciones que incluyen derivaciones pu ram en te m edie­ vales de fábulas antiguas conocidas (de Aviano, de Róm ulo, etc.) o bien nuevas fábulas creadas a p a rtir sea de las antiguas sea de fuen­ tes europeas u orientales, las dejo p ara el Apéndice III. Tienen in­ terés p ara el estudio de la fábula m edieval, tam bién objeto de aten ­ ción en este libro, pero no p a ra el de la reconstrucción de la fábula antigua. Con esto volvemos al tem a de la reconstrucción de las relaciones en tre las colecciones conservadas y, p o r consiguiente, las perdidas. E ste es el tem a cen tral del libro y no el estudio literario o de pen­ sam iento de Fedro, B abrio, etc. Aunque hay que llam ar la atención sobre que sólo ahora, cuando las fuentes de estos autores son puestas al descubierto, puede apreciarse debidam ente su grado de originali­ dad en cu anto al trata m ien to de los tem as, a las ideas, a la form a literaria. Algo he dicho ya de esto. A ñadiré o tras cosas m ás. Pero, insisto, mi tare a fundam ental es la previa a esto, la pu ram en te filo­ lógica de establecer fuentes, alteraciones, contam inaciones, etc. Piénsese que nos hallam os ante una tare a que no se subsum e en ac la rar la historia, en cuanto es posible, de cada fábula, sino que asp ira a llegar a la h istoria de las colecciones. Y que una colección puede h ab er utilizado varios m odelos, ya alternativam ente, ya conta­ m inándolos. Ello incluso cuando una colección asp ira a lograr una cierta unidad form al, así en el caso de la del P. R ylands (sólo cuatro fábulas conservadas) o la de Aftonio: la diversidad de fuentes está, en estos casos, disim ulada. O tras veces es de e sp e rar desde el p rin ­ cipio. Piénsese en una obra com o la de B abrio, en la que hallam os fábulas que van desde las de cuatro versos h asta o tras m uy des­ arrolladas, llenas de ecp h ra seis retóricas, com o B abrio 95, fábula del ciervo, la zorra y el león. E stas discrepancias estilísticas y de contenido se añaden a las dudas que sobre la au to ría bab rian a de algunas fábulas coliám bicas m anifestaba yo en vol. I, pp. 118 y ss.; puede pensarse que incluso en el ms. Atoo, edición alfabética po ste­ rio r a la original de B abrio, pudo haberse m ezclado m aterial variado. La colección de B abrio, com o yo diría de todas las p o r nosotros conocidas, es u n a colección m ixta, que incluye fábulas tradicionales de tipos diferentes y fábulas propias (de fuentes orientales o bien creadas p o r el autor). Pero aunque es verosím il, como espero dem os­ tra r, en este caso, que una p a rte de ese ca rác te r m ixto se deba al añadido de fábulas ajenas, o tras veces es claro que el a u to r de una colección quiso ya él el carácter m ixto, p o r o tra p a rte heredado.

Prólogo al volumen I

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Esto se toca con las m anos en Fedro, que incluye fábulas de exten­ sión y tipos tan diferentes; y lo he ejem plificado en mi «Inventario de la fábula greco-latina» con el caso de las tablas de Assendelft, de Róm ulo, de las P aráfrasis, etc. Pero es que, en definitiva, las fábulas Anónim as en general y, d en tro de ellas, la Augustana, tienen tam bién ese carácter mixto, que debe atrib u irse ya a la «antigua Augustana» del siglo i a. C. C ierto que el tal ca rác te r se debe en p a rte a que consideram os com o testigos de una m ism a colección a m anuscritos o grupos de ellos que añaden fábulas o versiones p ro ­ pias (cf. vol. I, pp. 98 y ss.). Pero el núcleo últim o, com ún a toda la tradición, es igualm ente heterogéneo. E n realidad, esa heterogeneidad radical es connatural a toda la fábula, ya que desde D em etrio (para no h ablar de la fecha anterior) se h an considerado fábulas relatos agonales ficticios con protago­ nistas anim ales, otros de situación, anécdotas hum anas, relatos de H istoria n atu ral, sim ples χρεΐαι , etc. E sto es ya fam iliar a los lec­ tores de este libro. No es m enos cierto que todo ese m aterial cabía tra ta rlo con unos u otros estilos, am pliando, reduciendo, in tro d u ­ ciendo unas u o tras filosofías, prefiriendo unos u otros esquem as com posicionales, derivando fábulas nuevas. El problem a es en qué m edida las colecciones por nosotros conocidas bebían de u n a fuente igualm ente m ixta, lim itándose a elegir y a sum ar luego fábulas que ellas derivaban de o tras o inventaban; o en qué m edida usaban m ás de una de esas colecciones m ixtas o, eventualm ente, de colecciones diríam os que especializadas, p o r ejem plo, a base de las fábulas de cuatro versos an tes aludidas, ya anim alísticas, ya anecdóticas. La vasta tela de arañ a de las colecciones p rim arias y las colec­ ciones derivadas y contam inadas, ya en verso, ya en prosa, de la A ntigüedad, de la que las colecciones conservadas son algo así como la p arte saliente del iceberg, es difícil de re co n stru ir en todo su detalle. Podem os, eso sí, in te n ta r una reconstrucción de la historia de cada fábula y, a p a rtir de ahí, tra ta r de sacar conclusiones sobre las colecciones conservadas. E n cuanto a las perdidas, la investigación debe pasar, pensam os, por u n a p rim era fase: la de establecer el inventario de las que vam os a llam ar fábulas m étricas prim arias. En la m ayor p a rte de las fábulas, efectivam ente, encontram os de­ b ajo de su vestid u ra prosaica o versificada (senarios de Fedro, co­ liam bos de B abrio, dodecasílabos bizantinos, etc.) u n verso antiguo helenístico de un tipo especial que ha sido descrito en el p rim er volum en de esta obra. Decir, com o he sugerido en algún lugar, que tam bién hay fábulas cuyo prototipo, añadido secundariam ente a las colecciones, fue siem pre prosaico, es algo a lo que hoy no m e atrevo; la falta de resto s claros de verso en unas pocas fábulas es u n argu­ m ento negativo poco decisivo. Ahora bien, hay ocasiones en que no es u na sola versión m étrica la que hallam os, sino dos o m ás: de

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versos helenísticos, prebabrianos, quiero decir. P ara la fábula de la golondrina, an tes aludida, hay n ad a m enos que cu atro versiones p ri­ m arias; con frecuencia hay dos, a veces tres. Debemos, en casos com o estos, distinguir dos posibilidades: una, que haya un verso p rim ario del cual deriven los otros (o el otro), generalm ente allí donde hay cam bio profundo del tem a o bien se tra ta de u na versión resum ida o am plificada. O tra, que dos o m ás m odelos m étricos de una fábula vengan directa e independientem ente de un m odelo a n te rio r com ún, el de D em etrio de Falero u otro: tam bién en general en relación con la existencia de dos variantes de la m ism a fábula. No siem pre es fácil sep arar un caso del otro. H em os de e stu d iar este problem a en detalle. Pero en la m edida en que el problem a se resuelve, logram os esta­ blecer un inventario de fábulas en verso p rim ario, verso que hay que tra ta r de re co n stru ir p o r com paración de las diversas versiones derivadas. E ntendám onos: no es posiblo decidir, de m om ento, si to­ das las fábulas con verso prim ario figuraban en u n a m ism a colección o si, com o es m ucho m ás verosím il, se han ido adicionando m ás y m ás. En el p rim er volum en de esta obra avancé una serie de arg u ­ m entos a favor de esta últim a propuesta: hay una serie de razones ya tem áticas, ya form ales que ayudan a considerar unas fábulas m ás recientes que otras. U niendo todos estos criterios podrem os llegar a form arnos una idea de las colecciones perdidas de fábulas, lo m ism o las de la época helenística que sus co ntinuadoras de época im perial. Algunas llega­ ron intactas, pienso, a plena época bizantina, el siglo ix, y o tra s fue­ ron conocidas p o r los creadores del «Rómulo» occidental. En todas las colecciones conservadas y en la tradición in d irecta se encuentran datos p ara re co n stru ir en cierta m edida las colecciones perdidas. Con lo cual, a la vez, ganam os datos sobre el origen de las coleccio­ nes conservadas y sus características. He de in sistir en los «hábitos» de estas colecciones, en estu ­ diarlas una a una p a ra ver cóm o tra b a ja n sus au to res o redactores: qué m aterial tienen delante, cuál eligen, cuál no, cóm o contam inan o m odifican, cóm o crean o inventan tam bién. Es ésta la base, com o decía, p ara a b rir el cam ino a un estudio literario e ideológico de las colecciones. C ontribuiré tam bién a ab rirlo deteniéndom e en las fá­ bulas nuevas, aquellas que fueron creadas sin b ase en u n a versión m étrica p rim aria o secundaria o bien m odificándola de u n a m anera significativa. Conviene añ ad ir ah ora algunas palabras sobre la organización del libro. Una p rim era p arte se refiere a la problem ática general de las relaciones en tre las fábulas: estudia los tipos de relación que se rep iten y que responden, p o r tanto, a ste m m a ta característicos. E sta p a rte anticipa cosas sobre la relación en tre las colecciones, pues éstas

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ocupan con frecuencia los m ism os lugares en los s te m m a ta ; y aligera el trab a jo de análisis de las fábulas individuales que se h a rá en las o tras dos p arte s del libro. E stas dos p arte s se refieren, respectivam ente, a las colecciones antiguas y las m edievales, tan to griegas com o latinas. Ya sabem os que las colecciones m edievales ap o rtan datos de interés a la re co n stru c­ ción de las helenísticas y de edad rom ana perdidas. Pero no podem os p rescin d ir de tra z a r la h isto ria de las colecciones conservadas, por su orden cronológico. Al trazarla, se van revelando progresivam ente los hilos del tejido de colecciones perdidas de que derivan. Sólo al final del libro q u ed arán claros —en la m edida de lo posible—, p ara ser brevem ente resum idos en la Conclusión. Pero, sim ultáneam ente, las colecciones conservadas son estudiadas sobre la base de las fuen­ tes que utilizan y del trata m ien to que aplican a las m ism as: pienso que, sobre todo en el caso de las colecciones de autores individuales, se avanza así en el conocim iento de sus características lite raria s e ideológicas. La p arte II se ocupa así, sucesivam ente, de Fedro, B abrio, el pseudo-Dositeo, Aftonio, Aviano, la Colección A ugustana y las colec­ ciones m enores y la fábula-ejem plo. La razón de d e ja r p ara el final el estudio de la A ugustana, pese a que desarrolló sucesivam ente un núcleo antiguo derivado de Dem etrio, es que en el análisis de las fábulas de los otros autores y en el estudio de sus fuentes se ganan apoyos p a ra un m ejor conocim iento, precisam ente, de esta evolución de la Augustana. El estudio de las fábulas-ejem plo se re a­ liza una vez que está trazado en líneas generales el cañam azo en el cual hay que situ arlas. De todas m aneras (pese a las cosas que forzosam ente hay que ir anticipando), el estudio de la fábula de época im perial queda incom ­ pleto h asta que, en la p arte III, se realiza el de la bizantina, derivada suya y de la helenística. F undam entalm ente se tra ta de la fábula griega de tradición antigua: las fábulas del códice B rancacciano, las siriacas (de trad ició n griega y precisam ente de la línea de la Augus­ tana), las colecciones V indobonense y A ccursiana (cuyo estudio ayuda m ucho, tam bién, a co m pletar el conocim iento de la tradición central de la fábula griega, la de la Augustana), las P aráfrasis y Dodecasíla­ bos (que form an una tradición u n itaria, próxim a a B abrio, pero no siem pre derivada de él, com o ya dije), los T e trá stic o s de Ignacio Diácono (derivados de las dos líneas principales de tradición). Ahora bien, queda todavía, dentro de esta p arte del libro, un vasto cam po: el de la fabulística m edieval latina y algunos aspectos p articu lares de la griega. Pues era preciso un nuevo análisis del llam ado «Rómulo» p a ra elucidar sus orígenes y etapas de form ación; y de la fábula m edieval latin a en general, tan to la de este origen com o la de o tras fuentes. E n tre éstas, son especialm ente notables

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las orientales, que propongo que h an llegado a conocim iento de la E u ro p a latina a través de Bizancio, donde han dejado su huella, que estudio. E n definitiva, ya a través de Fedro y Aviano, ya a través de in­ fluencias que llegaban de Bizancio y que a veces procedían del O riente, la fábula antigua y aun la o riental en co n traro n un nuevo m om ento de florecim iento, m uy creativo, en Occidente. En Bizancio la trad ició n de la fábula griega fue, n aturalm ente, m ás fuerte: pero su originalidad es m enor, la fabulística bizantina es p ara nosotros, m ás que o tra cosa, u na fuente p ara el conocim iento de la antigua. Literalm ente, Bizancio ap o rtó m uy poco en este cam po. Pero a lo largo de la E dad M edia, desde el siglo ix, y luego ya en el xv, tra n s­ m itió a O ccidente la fábula griega, facilitando la reconstrucción de la antigua tradición u n ita ria de la fábula. El presen te estudio llega, en Bizancio, fundam entalm ente h asta las nuevas colecciones del siglo ix (aunque recojo m aterial p osterior, cuando tiene interés). En O ccidente llega h asta la m itad del si­ glo x i i i , aproxim adam ente, cuando las lite ratu ra s rom ances y ger­ m ánicas tom an el relevo en la ta re a creadora y las fábulas orientales son conocidas ah o ra ya a través de traducciones a lenguas m oder­ nas. Se acerca el m om ento de síntesis a que he aludido. Y se acerca el florecer de géneros m odernos, com o la Novela, el Cuento y la Picaresca, fu ertem en te influidos en su origen p o r la fábula. Con esto queda cum plido el intento de este libro: estu d iar el p uen te que la fábula greco-latina re p resen ta e n tre la fábula m eso­ potám ica y la renaciente y m oderna, incluidos géneros derivados com o los aludidos. P or supuesto, se tra ta de u n dom inio inm enso y poco explorado, com o ha podido verse: no se podía a sp ira r a o tra cosa que a tra z a r algunas líneas generales que explicaran la vida de la fábula a través de cu ltu ras diferentes y al servicio de las m ism as, d en tro de unos rasgos relativam ente constantes. Sólo queda añ ad ir que en diferentes lugares de este volum en, igual que en el I, han sido utilizadas algunas publicaciones a n te­ riores del au tor, m encionadas en sus lugares adecuados. La o b ra se co m pletará con un terc er volum en que co ntendrá los tres Apéndices a que he hecho referencia, a los que aludo constan­ tem en te y que el lector debe ten er siem pre en cuenta. Los dos p ri­ m eros contienen, com o he dicho, las fábulas antiguas que conocem os y las m edievales que son fuente p a ra re co n stru ir o tras perdidas. Cada fábula va acom pañada de un breve resum en, un esquem a es­ tru c tu ra l, u n a p resen tación de los restos m étricos m ás seguros, una indicación de su relación con o tras fábulas (derivados o fuentes) y un s te m m a p o r lo m enos tentativo. A efectos de hacer m ás cóm odo su m anejo, este co n ju nto va dividido en dos partes: el Apéndice I recoge las fábulas que tienen un re p resen ta n te en las Anónimas

Prólogo al volumen I

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(ed. H ausrath) y el II las fábulas que no están en ellas. R espectiva­ m ente van n u m erad as com o H. 1, 2, 3... (num eración de H ausrath) y com o no H: 1, 2, 3... (por orden alfabético). El Apéndice I I I re­ coge, com o queda dicho, las fábulas m edievales que no tienen las características anterio res, tam bién con indicaciones sobre su relación bien con las fábulas antiguas, bien con otras, bien en tre sí. A éstas las cito con el p refijo M. (M. 1, 2, 3..., p o r orden alfabético). En cada en tra d a se da la referencia a los m odelos H. o no H., así com o en éstos la indicación de la existencia de derivados M. Como en el volum en anterior, he de d ar las gracias a la doctora M artínez-Fresneda p o r la ayuda inestim able que m e ha prestado en las labores previas a la redacción de la obra: concretam ente, en la organización de los m ateriales en m is ficheros, que recogen la totalid ad de las fábulas que conozco y una serie de datos sobre las m ism as. Me ha ayudado igualm ente en la corrección de pruebas.

PA R TE I LAS C O L E C C IO N E S H E L E N IS T IC A S COMO B A SE DE LAS P O S T E R IO R E S : R E L A C IO N E S E N T R E ESTA S

CAPITULO I LAS FABULAS H E L E N IS T IC A S CON UNA SOLA V E R S IO N M ETR IC A PRIM A R IA

I.

I deas

generales y problem as pr ev io s

Sobre la base de los datos de nu estro s Apéndices, que serán aludidos con stan tem en te en la form a indicada en el Prólogo, vam os a establecer un estudio de las versiones m étricas p rim arias de la edad helenística, em pezando por aquellas de las que sólo hay un solo ejem p lar p o r fábula. N aturalm ente, el hecho de que sólo conozcam os una versión m é­ trica p rim aria no quiere decir que no hayan podido existir tam bién otras, p erd id as p a ra nosotros. Véase, p o r ejem plo, lo que ocurre con H. 32 «El asesino». De esta fábula, de am biente egipcio y refe­ ren te al castigo del m alvado, fábula probablem ente del helenism o tardío, p o sterio r al cinism o (cf. vol. I, pp. 651 y ss.), existen restos m étricos im p o rtan tes que llegan ya a F.An. I, ya a F.An. II (es de­ cir, a las colecciones A ugustana y Vindobonense, respectivam ente) *, ya a am bas: puede com probarse esto en el Apéndice I, igual que en iodos los dem ás casos en que, en adelante, hagam os afirm aciones de este tipo. Pues bien, si no hu b iera de esta fábula m ás que las versiones de la trad ición m anuscrita, podría pensarse que nos h alla­ m os ante u n a versión p rim aria única: Antifanes, en AP X I 348, hace referencia tam bién a esta fábula y precisam ente en la form a que p resen ta en F.An.; dado que nos hallam os ante dísticos elegiacos no es sorp ren d en te que no quede huella del verso original. Ahora bien, el P. G renfell-H unt gr. II 84 conserva la fábula, algo m u tilad a y con u n a versión un poco diferente, pero, sobre todo, con un m etro tam bién diferente. Hay dos trím etro s yám bicos iniciales y dos finales bien conservados y restos de verso en la p rosa central. Ni los trím e ­ tro s ni estos resto s coinciden con el verso de F.An., lo m ás próxim o es II ]άνέβη είς δένδρο ν , P. Grenfell, ~\άνήλ9εν εις δένδρον. Había, pues, al m enos dos versiones m étricas. 1 F. An. = F ábulas A nónim as.

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Por lo dem ás, es claro que rem ontan a u n original com ún. En él pienso que el h om bre víctim a de la ju stic ia divina era un p a rri­ cida (II, AP, P. Grenfell); que la acción tra n sc u rría ju n to al Nilo (I, II, se deduce de AP, P. Grenfell es inconclusivo p o r lo fragm en­ tario); que el p rim er anim al que atacaba al asesino era u n león (II λεοντ' ίδών con m etro, P. Grenfell; el lobo de I y AP debe de ser una innovación), el segundo un δράκων (P. Grenfell ευρών δράκοντα m étrico, cf. II εύρε δέ δράκοντα., ; son innovaciones £χις I, άσπίς AP). P robablem ente AP deriva de un original próxim o a I, que se h a alejado m ás que II del texto originario. E ste m odelo de I y II debía de conservar la calificación com o parricid a del crim inal castigado y, probablem ente, localizaba la acción ju n to al Nilo. Como se ve, suponem os dos versiones m étricas y un texto original de u na de ellas, que luego fue som etido a alteraciones en varios estadios. Pero, insistim os, n ad a de esto traslu ciría p a ra nos­ otro s si no conserváram os, p o r un p u ro azar, la versión m étrica sem iprosificada de P. Grenfell. Un caso diferente es el de las fábulas de época clásica que no figuran en n u estras colecciones. Espigando en n u estro inventario de la fábula clásica en vol. I, pp. 412 y ss., se en co n trarán fábulas que indicam os que no existen en las colecciones. E sto no es m ás que un dato de hecho: no están en n u estras colecciones, pueden h aberse perdido en ellas o h ab e r estado en o tras perdidas. Lo m ism o en lo relativo a fábulas de au to res helenísticos que no figuran en n u estra s colecciones, aludidas en p. 548. O sea: el inventario de fábulas propiam ente helenísticas y, den­ tro de ellas, el de las variaciones m étricas p rim arias (de m om ento sólo nos ocupan en el caso en que hay una sola p o r fábula) no puede ser com pleto. A las razones indicadas se añaden o tras que fácil­ m ente se d esprenden de n u estra exposición en vol. I, pp. 513 y ss., que es el p u n to de p a rtid a del estudio m ás porm enorizado que aquí hacem os. R ecordam os, p o r ejem plo, el caso de las fábulas «únicas» de au to res com o F edro o B abrio que pueden ser a veces, ciertam ente, creaciones suyas (a p a rtir de fábulas conocidas o de anécdotas di­ versas o de fábulas orientales), pero que tam bién son en ocasiones el único testigo que subsiste de u n a tradición p o r lo dem ás perdida. C itábam os ya (y aludíam os a ello en vol. I, p. 149) el caso de «La p e rra que parió» de Fedro, que ha dejado de ser un u n ic u m (la versión de Ju stin o no es suficiente p a ra establecer una tradición prefedriana) gracias a una versión papirácea griega publicada en 1978. Aludíam os tam bién a fábulas de B abrio que no encuentran paralelos en las colecciones, pero que encuentran su fuente rem ota en fábulas clásicas: es lógico p ro p o n er la existencia de m odelos in­ term edios helenísticos, conociendo com o conocem os la m anera de tra b a ja r de n u estro poeta. Igual en otros casos m ás, en que se añade

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la existencia de restos m étricos helenísticos. E sto solo b astaría p ara a trib u ir a una versión m étrica p rim aria la fábula «La serpiente y el águila» (no H. 86 = Aft. 28); pero se añade que conocem os p a r­ cialm ente, a través de Eliano (N.A. XVII 37, de C rates de Pérgam o), los restos del m odelo de Estesícoro, con fragm entos m étricos m uy d ife re n te s 2. En definitiva, en cualquier colección y, fuera de ellas, en cual­ quier cita aislada de u na fábula pueden en co n trarse huellas de una versión m étrica p rim aria de edad helenística, p o r m ás que se tra te de u na fábula aislada. Aunque no está de m ás hacer la caución de que cuando tenem os una sola versión m étrica helenística (restos de ella, m ejo r dicho) no puede excluirse que se tra te de una versión m étrica secundaria derivada de una p rim aria perdida. Sim ple hipó­ tesis que es, p o r o tra parte, im posible de dem ostrar. La verdad es que el exam en del m aterial que guardan n u estro s Apéndices nos hace llegar a u na conclusión que ah o ra adelantam os: el caso m ás frecuente es el de una sola versión m étrica prim aria, es ra ro el de dos, rarísim o el de m ás de dos; y siendo relativam ente frecuentes las fábulas de las que se creó una versión m étrica secundaria (es decir, con d iferen te verso), son, con todo, m uchas m enos que las que sólo tuvieron una versión m étrica (prim aria p o r tanto). Son, en cam bio, infinitas las versiones interm edias (m étricas p rim arias o secundarias sem iprosificadas o prosificadas del todo) que sirvieron de «puentes» en tre las m ás antiguas versiones helenísticas y las de las colecciones de época im perial y m edieval que han llegado a nosotros. P resentarem os, pues, p a ra em pezar, u n a serie de fábulas de tra n s­ m isión única, bien en colecciones, bien com o «fábula-ejem plo» en au to res diversos, que ofrecen huellas de verso helenístico y, por tanto, deben co n siderarse com o derivadas de versiones m étricas p ri­ m arias. El solo hecho de esta transm isión de cauce único, depen­ diente en definitiva de un azar, es pru eb a suficiente de que o tras m uchas versiones m étricas p rim arias deben haberse perdido, com o hem os indicado. A este pro p ó sito he de in sistir en que los au to res que nos ofre­ cen las fábulas en lengua de traducción (latín en el caso de Fedro, Aviano, etc.; siríaco en el caso de la colección vertida al francés po r la H erm ana Lefèvre y en el del llam ado Sintipas, vuelto a trad u c ir al griego, cf. vol. I, pp. 146 y ss.) están en una situación p articu larm en te difícil. Aquí el estudio m étrico no es posible, por m ás que Fedro posea fórm ulas traducidas de las fórm ulas m étricas griegas (cf. vol. I, pp. 466 y ss.) y que tam bién en las fábulas siríacas se trasluzcan fórm ulas griegas en ocasiones (véase infra, pp. 382, 391): 2 Cf. mi artículo ya citado «Neue Fragmente...», p. 173.

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efectivam ente, las fórm ulas se han m antenido vivas en el lenguaje de los fabulistas incluso cuando la p ro sa se ha im puesto, esto lo hem os visto en n u estro estudio sobre las prosificaciones (vol. I, p á­ ginas 562 y ss.). En estos casos, la atribución de una fábula o fecha helenística es p u ram en te co n jetu ral: se basa en razones de estru c tu ra y con­ tenido que no suelen ser decisivas, pues las nuevas fábulas o algunas de ellas se creaban im itando los m ism os m odelos. Algunos casos son m ás favorables: p o r ejem plo, no H. 273 «La ran a que reventó y el buey» de Fedro I 24 (del que es un derivado Róm ulo 50). Dado que esta fábula es el m odelo de no H. 308 «El sapo que se hinchó» (B abrio 28) y que este tem a está ya en H oracio, S a t. II 3, 314-320, se deduce que existía en fecha a n te rio r a Fedro. Sin em bargo, p o r prudencia, en n u estro estudio de las versiones m étricas prim ario s no acudim os a los ú n ica de colecciones tra d u ­ cidas. Las consideraciones que haya que h acer sobre ellos las h are­ mos al ocuparnos de las colecciones respectivas. En cam bio, n atu ralm ente, utilizarem os estas versiones ju n to con los dem ás m ateriales allí donde su m in istran datos com plem entarios: cuando, p o r ejem plo, una fábula se encuentra en F.An., presentando resto s m étricos helenísticos, y Fedro. La com paración puede hacer ver la presencia antigua de estos restos, pues figuran traducidos en latín; de o tra p arte, la com paración puede ayudar a re co n stru ir la versión perd id a y a hacer ver cuáles son las m odificaciones in tro ­ ducidas p or F.An. (o alguna o algunas de sus versiones) o p o r Fedro. H ablam os de F edro sólo com o ejem plo: cuantas m ás sean las ver­ siones existentes, m ás hacedero será d ese n trañ ar la tram a de las m odificaciones. N ótese, p o r o tra p a rte (y sobre esto insistirem os), que ju n to a la versión p rim aria hay u n a o m ás versiones secundarias o cuando hay m ás de una versión p rim aria es cuando m ás fácil es establecer las d istin tas líneas y, p o r tanto, tam bién la o las versio­ nes m étricas p rim arias y las derivaciones de las m ism as. Cosas parecidas deben decirse de las fábulas tran sm itid a s en verso diferente del yám bico helenístico. Por supuesto, de las tran sm itid as en dísticos elegiacos, form a tradicional ya en fábulas de época clá­ sica (antes hay la fábula hexam étrica de Hesíodo) y que luego se da con relativa frecuencia, sobre todo en epigram as de la A nthologia P alatina; dedicarem os un ap a rtad o especial a este tem a. Pero hay que decir algo parecido de las fábulas (de B abrio o no) en coliam bos babrianos. H em os estudiado que B abrio y sus im itadores se dedica­ ron conscientem ente a d estro zar el verso helenístico, pese a lo cual subsistieron fórm ulas m étricas de tipo tradicional e incluso coinci­ dencias relativam ente extensas (cf. vol. I, pp. 610 y ss.). Ahora bien, re su lta claro que cuando una fábula solam ente se encuentra en verso bab rian o (aunque se sum en derivaciones en las p aráfrasis y dodeca­

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sílabos) no puede, a p a rtir de aquí, investigarse un verso helenístico original. E sto puede hacerse sólo cuando hay un segundo testim onio con restos de verso. Igual hay que decir de los trím etro s yám bicos de Ignacio Diácono. Un buen ejem plo puede ser no H. 59 «El boyero y Heracles». Aquí todo el resto de la tradición (Dod., Aviano, Focio) deriva de B abrio 20. La fábula de éste es de situación: el boyero pide a H era­ cles que le saque el carro del barran co donde se ha caído y el dios replica que tra b a je él prim ero. La fábula, de 8 v., es de tem a (elogio del esfuerzo, b u rla de la superstición ociosa, intervención de H era­ cles) típicam ente cínicos, es m uy com parable a H. 30 «El náufrago» (de donde quizá procede). Fácilm ente es una fábula helenística que B abrio, si acaso, am plió. Pero esto no es estrictam en te dem ostrable, B abrio pudo crearla sobre m odelos helenísticos. Por ello —igual que en el caso de Fedro y las fábulas de tra d u c ­ ción—, no fundam os en fábulas únicas de estos tipos de verso nin ­ guna afirm ación sobre la existencia de versiones m étricas p rim arias, aunque al estu d iar estas colecciones hayam os de ocuparnos del p ro ­ blem a del origen y antigüedad de las fábulas. Pero, tam bién igual que en el caso an terio r, este m aterial es utilizado al lado del que ofrece resto s m étricos helenísticos directos p a ra tra ta r de recons­ tru ir, al m enos en contenido y estru c tu ra, las fábulas originarias. Un poco diferen te es el caso de los dodecasílabos bizantinos (Dod.), en realid ad com parable al de las p aráfrasis (Par.). E stos dodecasílabos, com o ya dijim os (vol. I, p. 128), son u n a derivación de los coliam bos de tipo babriano. Y adm iten fragm entos de verso yám bico antiguo, bab riano o no: n aturalm ente, siem pre que se aju s­ ten a las nuevas condiciones de este tipo de m étrica en cuanto a n úm ero de sílabas, acentuación y cesura. La m ejo r p ru eb a es que fábulas en dodecasílabos que son derivaciones de B abrio o de fábu­ las b ab rianas, conservan fragm entos literales. Pues bien, sucede que no son sólo fragm entos m étricos babrianos, sino tam bién otros no b ab rian o s (a veces coincidentes con los de las FAn. u o tras corres­ pondientes), los que se han salvado en estas fábulas. De un m odo sem ejante, en las p aráfrasis encontram os ya fragm entos procedentes de fábulas b ab rian as, ya otros de m étrica helenística; bien que la distinción en tre lo uno y lo o tro no sea siem pre fácil o posible. El problem a de los orígenes de p aráfrasis y dodecasílabos es, en efecto, com plejo. Ya en n u estro vol. I, pp. 125 y ss., apuntábam os que en estas fábulas bizantinas hay, ju n to con elem entos m étricos procedentes de B abrio (o de las fábulas babrianas), otros diferentes. H ablábam os de proxim idad, a veces, a las Fábulas Anónim as y de contam inación de éstas con B abrio. Hemos de estu d iar m ás despacio este problem a: adelantem os que, efectivam ente, en p aráfrasis y do­ decasílabos hay, a veces, p u ra derivación de B abrio, pero o tras

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derivación de p ro to tip o s m étricos helenísticos (prim arios o secunda­ rios) y o tras todavía contam inación de lo uno y de lo otro. De m o­ m ento nos in tere sa solam ente lo que sigue: que, en ocasiones, las p aráfra sis (Par.) y los dodecasílabos (Dod.) derivan de la única ver­ sión m étrica p rim aria de ciertas fábulas. Sus restos m étricos son, p o r tan to, com plem entarios de los de F.An. (y, eventualm ente, de los de o tras ram as de la tra d ic ió n )3. Por tan to , en n u e stra exposición del m aterial derivado de las ver­ siones m étricas p rim arias de edad helenística hem os de incluir aque­ llas fábulas testim oniadas solam ente en Par. y /o Dod. y que testi­ m onian ese tipo de verso, ni m ás ni m enos que fábulas de o tras colecciones que están en el m ism o caso. Y hem os de añ ad ir aquellas fábulas en que hay testim onios de varios orígenes, incluidas las versiones de Par. y Dod., que p resen tan el que llam am os m etro com plem entario: restos de una versión p rim aria que a veces coin­ ciden, son los m ism os, a veces aparecen aquí o allá pero sin c o n tra­ decirse. De todas m aneras, conviene in sistir en que no hay que tra ta r com o u n a un id ad a la totalid ad de las versiones de Par. y Dod. deri­ vadas de u na m ism a fábula. Pues igual que puede h aber una sola versión Par. o u na sola versión Dod. o dos versiones u n a Par. y o tra Dod., puede tam bién darse el caso de varias versiones Par. y va­ rias versiones Dod. Y pueden darse en tre unas y o tras m uchas dife­ rencias. El verso helenístico puede hallarse en unas u otras, solo o contam inado con el babriano, puede fa lta r tam bién enteram ente en algunas. De esto darem os detalles al h ab lar especialm ente de p a­ rá frasis y dodecasílabos. Aquí b asta d ar noticia de ello, p a ra que no cause extrañeza el que las versiones de Par. y Dod. sean o no tom adas en cuenta, según los casos, p ara re co n stru ir las versiones m étricas helenísticas (por el m om ento, las prim arias). E n ocasiones, d en tro de las versiones de Par. y Dod. las hay que se alinean con p ro to tip o s (prim arios o no) diferentes. Como tam poco es ra ro que ello o cu rra dentro de la tradición anónim a (véase, por p o n er un solo ejem plo, el caso de H. 184, donde I «El cam inante y la Fortuna» m antiene el verso p rim ario, m ien tras que hay uno secundario en II, P ar./D od. y B abrio, en que intervienen ya un «niño», ya un «labrador», ya «alguien»). Cf. p. 410. Con las versiones de Par. y Dod. sucede lo que con las de F.An., don­ de tam bién puede acontecer que u n a de ellas haya destruido el verso original o se haya lim itado a m an ten er el de su m odelo d en tro de las F.An. (I en unos casos, II en otros, por no h ab lar de la, Ib, IIIS 3 S ob re to d o esto véase ya «La trad ición fab u lística griega y su s m od elos m étricos», cit., E m e r it a 38, 1970, pp. 1 y ss. En cuanto al detalle, a veces segui­ m o s las con clu sion es de este artículo, a veces las m od ificam os tácitam ente.

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y m ss. aislados). O tra coincidencia está tam bién en el hecho de que, no sabríam os decir de m om ento si siem pre pero sí en m uchas oca­ siones, el verso antiguo ha llegado a estas colecciones (F.An., Par., Dod.) a través de sem iprosificaciones. De esto ya hablam os en el vol. I, pp. 113 y 125, e insistirem os al ocuparnos de las coleccio­ nes en cuestión. Es claro que en el caso de F.An. la versión sem i­ prosificada an tigua se contam ina a veces con los m odelos conser­ vados d en tro de la tradición anónim a. Volviendo al tem a de las fábulas con una sola versión m étrica prim aria, de que nos ocuparem os a continuación, resum im os un poco lo dicho an terio rm en te. P rim eram ente hacem os referencia a aquellas de las que sólo queda un derivado, precisam ente en las colecciones susceptibles de p re se n ta r restos m étricos fáciles de detectar. Añadi­ rem os la referen cia a aquellas fábulas que p re sen tan derivados de ese derivado que hem os calificado de único: p o r ejem plo, u n a fábula tran sm itid a sólo p o r B abrio y p o r T etr. siendo esta versión derivada de la p rim era, es, a n u estro s efectos, una fábula con u n solo deri­ vado. El procedim iento es análogo al de la e lim in a tio c o d ic u m d es­ c rip to ru m en crítica textual; aunque, ciertam ente, a veces puede qu ed ar la duda de si se tra ta de una sim ple derivación en línea recta o si am bas versiones derivadas vienen de una com ún, perdida. R ecuerdo que no incluyo en esta relación el caso de fábulas testim o­ niadas solam ente en traducción o en versiones m étricas difíciles de re d u cir al m etro helenístico: pueden ser antiguas o de creación n u e­ va, pero este es un tem a com plejo que nos desviaría ah o ra de nu estro objetivo y que reservam os, cuando es abordable (que m u­ chas veces no lo es), a los capítulos dedicados a los diversos fabu­ listas y colecciones. Una segunda relación se refiere a fábulas que suponem os con un a sola versión m étrica prim aria, pero que han producido varios testigos po steriores. Los casos m ás sim ples son aquellos en que estos testigos están d en tro de las F.An., habiendo verso com plem entario en varias de sus colecciones o m anuscritos, que p o r lo dem ás suelen p isar no sobre la versión m étrica prim aria, sino sobre una sem ipro­ sificación de la m ism a. Aquí darem os algunos ejem plos del verso, p a ra el resto el lector queda rem itido, de una vez p a ra siem pre, al Apéndice I. P aralelo a este caso es aquel o tro en que el verso com ­ plem entario se halla en varias versiones de Par. y /o Dod. Y un grado de com plejidad m ayor se obtiene cuando hay que tra b a ja r sobre F.An., Par. y /o Dod. y, eventualm ente, otros testigos (Aftonio, el pseudo-Dositeo, el cod. B rancacciano, la tradición indirecta). E n este caso, ya quedó dicho que sí incluíam os el testim onio de las fábulas de trad u cción y las m étricas no reducibles fácilm ente al m odelo helenístico: Fedro, B abrio, la AP, etc. Su testim onio no sirve, en general, p a ra d em o strar el verso, aunque pueda confirm arlo

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alguna vez; pero es m uy útil, com o ya se dijo, p ara establecer la histo ria de las fábulas en cuestión. Pues con la m ayor frecuencia hace ver que en tre la versión m étrica p rim aria y las diversas colec­ ciones hay diversos escalones perdidos, es decir, que la fábula sem i­ prosificada que está en la base de F.An. (o de Par., Dod., o de am bas líneas) no es la m ás antigua, sino una heredera de sem iprosifica­ ciones an terio res conocidas p o r Fedro, B abrio, Aftonio, etc., según los casos. Y alterad as p o r unos u o tro s en sentidos diferentes. El detalle se verá en los capítulos sobre las colecciones. E sta segunda relación n u estra de fábulas con versión prim aria única y varios derivados se refiere al caso en que, hipotéticam ente, no existen esos escalones perdidos de que acabam os de hablar: el caso en que del verso helenístico original Xv., derivan directa e in­ dependientem ente las diversas versiones conservadas. Cuando hay un escalón interm edio o varios escalones interm edios (derivación en cascada o en escalera, decim os nosotros) se tra ta de un caso aparte, el que se recoge en n u estra tercera relación. Aunque a los efectos de re co n stru ir el co rp u s de las versiones p rim arias esto es indife­ rente, no lo es, ni m ucho m enos, p ara el estudio de la h istoria de la fábula. Hay que ad v e rtir de antem ano, aunque luego volverem os sobre ello, que los diversos casos no son nada fáciles de distinguir. Por ejem plo, en H. 45 «Los bueyes y el eje» es fácil ver que F.An. I y II viene de un original en cu atro versos helenísticos, de los que quedan grandes fragm entos (hay un verso com pleto). En esta fábula, los bueyes se lam entan de que chille el eje del carro, cuando son ellos los que llevan todo el peso: es la típica fábula de situación con lam ento final del personaje principal. Pues bien, B abrio (de quien dependen Par. y Dod.) ha am pliado la fábula h asta seis versos, m ás dos de epim itio, y ha hecho que sea el boyero, no los bueyes, quien increp a al eje. Conserva algunas huellas del verso de F.An., que evi­ dentem ente ha alterado, com o no m enos evidentem ente h a in tro d u ­ cido un esquem a m ucho m ás reciente, lo tradicional es que «cierre» un perso n aje de la fábula, no un «survenant» C. Ahora bien: ¿quién ha introducido las m odificaciones? ¿B abrio o una fuente in term e­ dia? Im posible decirlo p o r conclusiones sacadas de la m ism a fá­ bula, hay que esp erar a ver si el estudio de conjunto del poeta da alguna luz. N aturalm ente, el p roblem a se resuelve cuando ciertas peculiari­ dades de la fábula de B abrio (por seguir con este ejem plo) aparecen tam bién en o tro fabulista. Así en H. 198 «El asno y el lobo», en que B abrio coincide con Aftonio fren te a la línea principal, derivada de la fábula p rim aria, que está en F.An. y otros lugares. De todas m aneras, a lo largo de este estudio se irán viendo los háb ito s de los d iferentes fabulistas o colecciones, que nos ayudarán

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a sen tar hipótesis verosím iles sobre la h isto ria de ciertas fábulas. Aunque hay que ad v ertir que el hecho generalizado de la am bigüe­ dad a la h o ra de escoger fuentes, hace que esos hábitos no dejen de en co n trar aquí y allá contradicción. Ello incluso en el caso de fab u listas que tienden a la regularidad, tal Fedro, que, cuando no contam ina o inventa, suele seguir m odelos em parentados con los de F.An.; o en el de los fabulistas siríacos (que llam am os Syr. y Synt.), muy próxim os casi siem pre (aunque no siem pre) a F.An., pero deri­ vados, tam bién ellos, de un m odelo an terio r a las fábulas que se nos han transm itido. Algunas cosas m ás hay que decir sobre el verso de las versiones prim arias y sobre el carác te r no prim ario de ciertas fábulas. En n u estro vol. I estudiam os ya las características principales del verso helenístico usado p o r los fabulistas en cuanto a pies m étricos (in­ cluida la altern an cia de trím etro s yám bicos y coliam bos), falta del acento en la penúltim a, pausas, diéresis, abreviaciones, etc. Hicim os ver tam bién que, aunque fueran m ás allá que cualesquiera otros poetas, los fabulistas de corte cínico no hicieron o tra cosa que des­ arro lla r tendencias de la m étrica contem poránea de tipo didáctico. La calificación de «bizantino» dada a veces por ciertos au to res a los rarísim os versos que en la A ugustana detectaron (cf. vol. I, pági­ nas 88 y ss.) no se tiene en pie p o r esta razón en tre o tras m uchí­ sim as: en tre ellas, la aparición de verso de este tipo en fábulas de Plutarco, Apiano, etc. (véase en este m ism o capítulo) y en fábulas papiráceas sem iprosificadas de edad helenística y rom ana; la con­ tinuación, aunque ra ras veces, del verso yám bico de la fábula clásica en sus derivados h elen ístico s4; y, en general, toda n u estra argum en­ tación en el presen te libro y en los artículos que le han precedido. E sto no obsta, sin em bargo, p ara que en las colecciones de fá­ bulas hayan podido eventualm ente introducirse algunas tardías, no helenísticas. Por ejem plo, es bien cierto que en los m anuscritos de las F.An. se han introducido fábulas de la tradición bab rian a (coliám ­ bicas, p aráfrasis, dodecasílabos): hem os hablado ya de ello. Más to­ davía: algunas de las fábulas citadas como de la A ugustana o de las o tras colecciones derivan, en realidad, de dicha tradición b a­ briana. Por poner un ejem plo especialm ente llam ativo aludirem os a varias de III (cf. III, 3, pp. 399 ss.), en que lo que ed ita H au srath como 4 Por ejem p lo, en la fábula del cab allo, el ciervo y el cazador, véase m i art. cit. en p. 12, η. 2; en la de la zorra y el m ono, H. 83, cf. su ώ πίϋηκε, συ δε τοιαύτην ψυχήν ίχων y el τοιήνδε δ\ ώ πίθηκε, τήν πυγήν εχων; de Arquíloco E p o d o VI fr. 76 de mi edición Líricos griegos elegiacos y y a m b ó g r a f o s arcaicos I, Ma­ drid, 2.* ed., 1981; en la del cam ello, el elefan te y el m ono, H. 246, derivada del m is­ m o epodo de A rquíloco, cf. su διότι χολήν ούκ έχει (cf. tam bién H. 210) y el χολήν yàp ούκ ίχεις ίφ' ήπχτι de Arquíloco, fr. 67. Cf. tam bién m i e stu d io sobre las fórm u las de la fáb u la clásica en cuanto heredadas por la posterior, su pra, vol. I, pp. 23 y ss., 383 y ss., 458 y ss., 610 y ss.

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colección A ccursiana no es o tra cosa que la tran scrip ció n de u n a versión en dodecasílabos bizantinos; o tro m ás puede ser H. 234, en que F.An. I, II y III derivan de Dod. Añadam os aún que al final de la edición de H au srath se editan com o de F.An. III (lo cual no siem pre es cierto) diversas fábulas (novelitas m ás bien) prosaicas, sin du d a bizantinas, p o r ejem plo H. 300 y 301, así com o fábulas diversas. Cf. III, 3, pp. 399 y ss. E n estas circunstancias, n ad a de extraño ten d ría que en algunas fábulas hu b iéram o s de habérnoslas con verso bizantino, puesto que en Bizancio co n tin u aron cultivándose los versos clásicos; piénsese, p o r ejem plo, en las fábulas de Ignacio Diácono. N ada m e extrañaría que éste fuera el caso, p o r ejem plo, de H. 278 «La m u jer y el m a­ rido borracho», novelita larga y caótica, de corte y contenido m uy poco clásicos. Ahora bien, esto no parece verosím il p ara la gran m asa de las fábulas, sobre todo aquellas que han producido deriva­ dos conocidos p o r no sotros desde época im perial. E n todo caso, el o n u s p ro b a n d i queda a cargo de quien eventualm ente quiera form u­ lar esta hipótesis p a ra tal o cual fábula. Problem a m ás grave, ya aludido p o r o tra parte, es el de aquellas fábulas p a ra las cuales la docum entación m étrica es escasa y am ­ bigua: no se ve bien si hay m etro y, de h ab e r éste, si es helenístico o no. E n realidad, si no tuviéram os un gran núm ero de fábulas con resto s m étricos helenísticos, no nos atreveríam os a em itir la hipó­ tesis de que estas fábulas reposan sobre originales m étricos. La em itim os p o rque son fábulas del tipo de las m étricas y se encuen­ tra n en las m ism as colecciones que éstas; cuanto m ás se estudian las fábulas m enos fácil es e n c o n trar algunas en las que no se en­ c u e n tra posibilidad alguna de restos m étricos. P or sí solos, claro está, unos restos escasos no p ru eb an m ucho, aunque los dem os en n u estro s Apéndices: queda claro cuál es el origen de la verosim ilitud de la hipótesis que apuntam os. Nos referim os a fábulas del tipo de H. 56, en que lo que encontram os (en FAn. I) son posibles fina­ les de verso είς δίκην υπήγαyov o δαιμόνων όργάς o como H. 42, en que el verso está relativam ente bien testim oniado, pero no deja ver rasgos helenísticos (lo cual no quiere decir que no los tuviera). De todos m odos, en n u estro s Apéndices señalam os unas pocas fá­ bulas p a ra las que no encontram os versos, ap a rte de aquellas en las que encontram os poco o no encontram os en él rasgos helenís­ ticos. Aun así, y p o r ra ro que pueda parecer, pensem os que, dada la situación, es sobre los que eventualm ente nieguen la existencia de verso en las fábulas o en tal o cual fábula sobre quienes pesa el o n u s p ro b a n d i de su falta aquí o allá. Aunque no excluyo, repito, que pued an hab erse in troducido fábulas sin verso o fábulas tan prosifi­ cadas que no conserven huella del verso; com o tónica general hay

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que seguir afirm ando que toda fábula de tradición antigua que nos ha sido tran sm itid a depende, en ú ltim a instancia, de un m odelo con verso prim ario, bien derivado de la colección de Dem etrio, bien pos­ terior. Son estos m odelos prim arios los que vam os a p re se n ta r en el presen te capítulo: concretam ente, aquellos que son únicos en cada fábula. D entro de ellos estudiam os sucesivam ente los distintos ca­ sos, que se refieren m eram ente al estado de n u e stra tradición: cuando hay un ejem p lar único de fábula (o único y sus derivados); cuando hay varios ejem plares con verso com plem entario; el m ism o caso, cuando se añaden fábulas de traducción o con verso m oderno; este últim o todavía, cuando hay «cascada», esto es, derivaciones con verso o p ro sa secundaria. Por lo que resp ecta a las Fábulas Anónimas hay que h acer toda­ vía o tra advertencia: pueden o frecer en las distin tas recensiones o subrecensiones o grupo de m anuscritos m ás de una versión m étrica de una m ism a fábula. E stas diferentes versiones van acom pañadas de u na m odificación de la e stru c tu ra o el argum ento, una am plia­ ción o abreviación, etc. E n el vol. I de esta obra, pp. 97 y ss. y 607 y ss., hem os dado suficientes ejem plos de estos hechos. Y verem os a lo largo del presente estudio que sucede en ocasiones que una de las versiones m étricas sea derivada de la o tra (en oca­ siones a través de una versión interm edia), y que no siem pre F.An. I conserva la recensión m ás antigua. A veces p resen ta o tra o, sim ple­ m ente, no p resen ta la fábula, que está en F.An. Ib, IIIS, etc. O sea, que a prio ri es difícil sep a rar las versiones m étricas p rim arias de las secundarias; cuando hay sólo una versión es p rácticam ente im ­ posible p o rque puede suceder que se hayan perdido otras. N ótese tam bién que en ocasiones las fábulas tran sm itid a s p o r los m anuscritos de las Fábulas Anónim as son de la tradición de las p aráfrasis: esto lo indicam os en cada ocasión adecuada en nuestro Apéndice I. Y tam bién sucede que las Fábulas Anónim as (o tal o cual recensión de ellas) p resen tan un verso secundario, allí donde el p rim ario h a dejado huella en o tras ram as de la tradición fabu­ lística. P or su ca rác te r p ráctico acom paño una relación de fábulas de las colecciones de F.An. que faltan en I, indicando las recensiones o m ss. en que aparecen. La indicación (la) quiere decir que se tra ta de fábulas sólo en la o en la y en m ss. de I que se supone han tom ado el texto de dicha versión; (la?) quiere decir que son fábulas sólo en mss. de I, con texto que se supone procedente de la. Salvo excepción, son fá­ bulas con verso claro, en principio p rim a rio 5. 5 V éase el e stu d io deten id o de estas fábu las en pp. 266 y ss. (la ), pp. 277 y ss. (Ib) (II-III). T am bién pp. 409 y ss., con fábu las de II y III con version es diferen­ tes de las de la tradición anónim a, conservada en I.

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H. 15b (Ib), 39b (la), 60d (Ib), 65 (la?), 65a (Ib), 91 (la), 106 (Ib), 114 I (la?), 141 (la?), 151a (Ib), 159 (la), 165 (la), 169 (la?), 171 (la?), 174 Ib (Ib), 190 (la), 200 (la), 204 (la?), 205 (la?), 209 (la), 214 (la), 227 (la), 228 (la), 229 (la?), 231 (la), 238 (la?), 240 (la), 241 (la), 245 (la), 247 (la), 249 (la?), 261 (la), 262-267 (Ib), 268 (II-IIIÓ), 269 (lUoißy la), 270 (II, Illyó), H. 271 (lllaßyö la Ib), 272 (IIIa/fy), 273 (Illay), 274 (Illa^y), 275 (IIIa/?y), 276 (Ulaßy), 277 (ΙΙΙα/îy), 278 (lllaßy Ia), 279 (IIIy