El Diario De Mr Darcy

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AGOSTO

El Diario de Mr. Darcy

Amanda Grange

Agosto

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Traducido por: Malinalli Quiroz

El Diario de Mr. Darcy

Amanda Grange

Jueves 1ro. de Agosto. He traído a Georgiana de vuelta a Londres. Se quedará conmigo hasta que pueda encontrar una nueva compañera para ella. Después del problema con Mrs Youngue, temo dejarla, pero sé que debe hacerse. No puedo estar siempre en Londres, y ella no puede estar siempre viajando conmigo. Ella debe atender sus deberes. Sin embargo, deseo asegurarme que no seré engañado por una dama de compañía otra vez. No solo seguiré referencias, sino que visitaré a sus empleadores actuales y me aseguraré de su honestidad, y su futura idoneidad como compañera, antes de dejar a Georgiana a su cargo. Es un alivio para mí el saber que mientras Georgiana esté en Londres, tendrá la protección de un mayordomo y un ama de llaves leales. Ellos han estado con la familia por muchos años, y me alertarán prontamente si algo está mal. No quiero mandar a Georgiana lejos de la ciudad, a menos que yo vaya con ella.

Miércoles 14 de Agosto “He descubierto a una dama quien le podría acomodar a Georgiana” me dijo el Coronel Fitzwilliam cuando cenaba conmigo esta tarde. Como compartimos la tutela de Georgiana, le he contado lo que sucedió en Ramsgate.

“¿Quién es ella?” “Una Mrs. Annesley. Viene de una buena familia, y su tiempo con mis amigos, los Hammonds, está llegando a su fin.” “¿La haz conocido?” “Si, un par de ocasiones. Sé que los Hammonds han estado muy complacidos con ella.” “Entonces visitaré a los Hammonds mañana y veré que puede ser arreglado.”

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Jueves 15 de Agosto Visité a los Hammonds y descubrí que Mrs Annesley es una mujer gentil, y agradable de aspecto, quien me impresionó favorablemente con su clase y su discurso. Ella tomará su posición con Georgiana la próxima semana. Me quedaré en la ciudad por unas semanas para asegurarme de que sea tan competente como aparenta, y entonces me propongo hacer algunas visitas inesperadas por el siguiente mes para convencerme completamente de que todo está en orden. Mientras tanto, la amiga de la escuela de Georgiana estará llegando pronto. Le hará bien el tener compañía de su propia edad.

Viernes 23 de Agosto Mrs. Annesley llegó esta mañana. Ella y Georgiana han descubierto un cariño por cada una y pienso que su relación se convertirá en una feliz amistad. Está encantada por saber que una de las amigas de escuela de Georgiana vendrá de visita, y ha organizado una variedad de salidas para las chicas. Espero que esto complete la recuperación de Georgiana sobre el asunto de Wickham. Estoy persuadido que para Navidad ella habrá olvidado el incidente completamente.

Viernes 30 de Agosto Ahora que Georgiana está establecida me siento tranquilo de dejarla en el momento en que Bingley me necesite. Es una suerte, pues si lo dejo escoger por si solo la finca, elijará una con un rio inundado, o ratas, o de una renta exorbitante. Lo declarará primordial y cerrara el trato con el agente antes de darse cuenta de lo que está haciendo, y después vendrá a preguntarme como se puede librar del predicamento. Es mucho mejor que lo ayude desde el principio, en vez de tener que rescatarlo después.

Debo confesar que estoy ansioso de verlo otra vez. Estoy cansado de Londres, y deseo visitar el campo.

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Septiembre

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Lunes 2 de Septiembre He recibido una carta de Bingley:

Querido Darcy, He encontrado un estado en Hertfordshire que suena perfecto. Bien situado, de forma que pueda viajar a Londres cuando me plazca, o al norte de Inglaterra para visitar a mi familia, y no está muy lejos de Pemberley para visitarte fácilmente también. El agente lo recomendó mucho, pero yo sé muy poco sobre estas cosas y me gustaría tener tu opinión. ¿Me acompañarías?

Lunes 9 de Septiembre Salí de Londres hoy y me reuní con Bingley en Netherfield Park. Había olvidado que buena compañía es él; siempre listo para ser complacido y siempre alegre. Después de mi complicado verano, es bueno estar de nuevo con él.

“¡Darcy! Sabía que podía contar contigo. ¿Cómo estuvo tu verano? No tan fastidioso como el mío, apuesto.” No dije nada, lo cual lo tomó como una afirmación. “Caroline me ha estado molestando estos últimos tres meses, pero ahora que he encontrado una finca espero que estará satisfecha.” Bingley estaba, por supuesto, complacido con todo lo que veía. Decía que tan esplendida era la casa y no pregunto ninguna pregunta sensata, sino que se paseó con las manos atrás de la espalda como si hubiera vivido ahí por los últimos 20 años. Estaba complacido con la ubicación y los cuartos principales, y satisfecho con lo que el agente, Mr. Morris, decía en su alago. No pregunto nada sobre las chimeneas, o la zona de caza, o el lago, o cualquier cosa en absoluto.

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“¿Está en buenas condiciones?” Le pregunté a Mr. Morrris Me aseguró que lo estaba, pero la inspeccioné cuidadosamente de todas formas.

“¿Sera fácil encontrar sirvientes en el vecindario? Mi amigo estará trayendo algunos, pero necesitará sirvientas, jardineros, y mozos locales.” “Él no encontrará ninguna dificultad en procurar algunos de Meryton.” “¿Qué piensas, Darcy?” preguntó Bingley, cuando habíamos completado nuestro recorrido. “El precio es demasiado alto.” Mr. Morris insistió que era justo, pero fue pronto disuadido de que era excesivo, y una suma mucho menor fue acordada.

“Por mi honor, Darcy, no me gustaría tratar y ponerme en contra tuya cuando te has convencido de algo. ¡Si el pobre Mr. Norris pudiera haber convenido contigo desde un principio, se habría salvado todo el esfuerzo de tratar de discutir contigo!” dijo Bingley cuando había concluido con el agente. Puede reírse ahora, pero me agradecerá por mi diligencia cuando esté establecido.

“¿Cuándo piensas mudarte?” le pregunté. “Tan pronto como sea posible. Antes de Michaelmas, definitivamente.” “Deberías enviar algunos de tus sirvientes antes que partas, entonces ellos pueden asegurarse que la casa esté lista para tu llegada” “¡Tú piensas en todo! Los tendré aquí al final de la próxima semana.”

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Estaba agradecido de que hubiera aceptado mi consejo. Si no, estaría llegando al mismo tiempo que sus sirvientes y entonces se preguntaría porque no estaba la cena esperándolo.

Martes 24 de Septiembre “¡Darcy, bienvenido a mi finca!” dijo Bingley cuando me reuní con él en Netherfield Park esta tarde. Sus hermanas, Caroline y Louisa, estaban con él, así como el esposo de Louisa, Mr. Hurst. “La casa, el vecindario, todo es exactamente como lo había deseado” “El lugar está bien, pero el vecindario es pequeño con muy pocas familias” señalé. “Te advertí sobre ello” “Hay suficientes familias” dijo. “Suficientes para que cenen con nosotros cuando queramos.” “¿Buena compañía?” pregunto Caroline sarcásticamente. “¿Conversación entretenida?” “Estoy seguro de que encontraremos suficiente.” respondió Bingley. “Me debiste haber dejado ayudarte a escoger la casa.” dijo Caroline. “No necesitaba tu ayuda, tenía la de Darcy” dijo Bingley. “Y una muy buena. Le estaba diciendo a Louisa esta mañana que no podría haber encontrado una mejor.” dijo Caroline, sonriéndome. “Por mi honor, no puedo pensar en un campo mejor que Hertfordshire” dijo Bingley.

Él estaba deleitado con el vecindario por el momento, pero creo que lo encontrará aburrido si se queda por un periodo largo de tiempo. Lo cual no es probable. Es tan caprichoso que probablemente se irá en un mes. Esto le dije a Caroline después de la cena.

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“Es muy posible” dijo. “Hasta entonces, debemos de estar agradecidos de poder disfrutar la compañía de cada uno de nosotros.”

Miércoles 25 de Septiembre Este ha sido nuestro primer día completo en Netherfield Park. Caroline ha organizado bien las cosas, y estaba particularmente complacida cuando le comenté que nadie adivinaría que era una casa rentada. Ella ha tenido algunos problemas con los sirvientes contratados del vecindario vecino, pero es su logro el que la casa esté funcionando sin problemas.

Jueves 26 de Septiembre Las visitas del vecindario han comenzado. Es un aburrimiento, pero era solo de esperarse. Sir William y Lady Lucas llamaron esta mañana. Bingley los creyó muy corteses, debido a que Sir William hacia reverencias cada dos minutos y mencionaba que había sido presentado en St. James. Caroline sospecho que su apresuramiento en visitarnos los marcaba como los padres de una solterona poco atractiva entrada en años quien esperaban ver casada, y le dijo a Bingley tan pronto como ellos se fueron.

“Puedes estar seguro de que tienen una hija llegando a los treinta y la intentan pasar ¡como una de veintiuno!” Le advirtió Bingley se rio. “Estoy seguro de que no tienen ninguna hija, y si la tienen, ¡estoy seguro de que es totalmente encantadora!” “Caroline tiene razón” dijo Louisa. “Una de las sirvientas me dijo que los Lucas tienen una hija llamada Charlotte. Charlotte no está casada, y tiene veintisiete.” “Eso no le impide ser simpática. Estoy seguro de que será una dama encantadora” protestó Bingley.

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“Y yo estoy segura de que ella es una mujer hogareña quien está siempre ayudando a su madre con los pasteles” dijo Caroline con un tono burlón. “Bueno, yo pienso que fue muy considerado de los Lucas visitarnos, y mucho más invitarnos a la asamblea de Meryton” dijo Bingley con firmeza.

“¡La asamblea de Meryton! Dios me salve de las asambleas de pueblo.” Remarqué. “Ha sido acompañado usted por mejor compañía” dijo Caroline. “Lo he sido. Las asambleas de Londres esta llenas de la gente más elegante en el país."

Por alguna razón ella no sonrió a este comentario. No puedo adivinar el porqué. Sonríe a todas las cosas que digo, y seguramente habrá estado pensando en mis conocidos en Londres al hacer el comentario, o ¿a quién más se refería?

Sir William y Lady Lucas no fueron nuestros únicos visitantes. Fueron seguidos por un Mr. Bennet. Parece ser un hombre caballeroso. “Tiene cinco hijas” dijo Caroline, cuando se fue. “Muchachas bonitas” dijo Mr. Hurst, levantándose de su estupor, “Las vi en Meryton. Guapas, la mayoría de ellas” “¡Ahí tienes!” dijo Bingley. “Sabía que había hecho bien en asentarme en Netherfield. Habrá suficientes muchachas bonitas con quien bailar.”

“Sé lo que está pensado” remarcó Caroline, viendo mi expresión. “Está pensando que sería una tortura el soportar una moza de pueblo. Pero no necesita hacerlo. Charles hará el ridículo, no hay duda, pero no usted no lo necesitará. Nadia espera que usted baile.”

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“Espero que no” dije. “La idea de estar con personas que no conozco es insoportable para mí.” Bingley rio. “Vamos, Darcy, tú no eres así. Usualmente no eres tan terco. Es el clima. Solo deja que la lluvia pare y estarás tan dispuesto a bailar como yo.”

Lunes 30 de Septiembre Bingley y yo cabalgamos por parte de la finca esta mañana. Ha sido mantenida en buen estado, y si espera comprarla, creo que será apropiada. Pero esperaré a ver si él se queda. Es igual de probable que él decida que quiere comprar una fina en Kent, o en Cheshire, o Suffolk la próxima semana.

El pronto sugirió que volviéramos. “Pensé que tal vez podría visitar a los Bennet” dijo indiferentemente, mientras trotábamos de vuelta a la casa.

“¿Ansioso de ver a las señoritas Bennet?” le pregunté. “Sé que crees que me enamoro y desenamoro cada pocas semanas, pero es simplemente que pienso que sería educado devolver la visita a Mr. Bennet.” Nos separamos, el cabalgo hacia Longbourn, y yo regrese a Netherfield. No paso mucho tiempo para que regresase. “¿Bien, viste a las cinco bellas hijas de las que habías oído hablar tanto?” pregunté cuando regreso. “No” respondió melancólicamente. “Me senté en la librería de Mr. Bennet por alrededor de diez minutos pero nunca tuve un vistazo de las muchachas.”

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Octubre

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Martes 1ero. de Octubre. El buen humor de Bingley fue restaurado por una invitación de Mrs. Bennet, pidiéndole que acompañara a la familia para cenar.

“¡Pero no puedo ir!” dijo, cabizbajo. “Me invitaron mañana, y tengo que estar ese día en la ciudad.” “Mi querido Bingley, tanto ellos como tú sobrevivirán. Además, los veras en la asamblea de Meryton.” Bingley se animó con esto. “Sí, así será.”

Miércoles 2 de Octubre Bingley fue a la ciudad hoy. Es tal como lo pensé. Nunca se establecerá en el campo. Ya está cada vez más inquieto. No me sorprendería que dejara Netherfield antes de Navidad.

Sábado 12 de Octubre Hemos ido a la asamblea de Meryton, y fue mucho peor de lo que esperaba. No habíamos estado ahí ni cinco minutos antes de que oyera a una mujer- no me atrevo a llamarla una damasusurrando a otra que yo tenía diez mil libras por año. De cualquier cosa en el mundo, el ser medido por mi fortuna, es lo que odio más. El cuchicheo se expandió por todo el cuarto, y me encontré siendo visto como si fuera un caldero de oro. No hice nada para mejorar mi diversión durante la velada. Afortunadamente, no tuve la necesidad de mezclarme con la gente local. A pesar de que somos un grupo pequeño, Caroline, Mr y Mrs. Hurst y yo nos las arreglamos para entretenernos mutuamente.

Bingley se dedicó a impresionar como siempre lo hace. Él, claro, fue bien visto. Siempre lo es. Tiene unos modales agradables que

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lo recomiendan en donde quiera que vaya. He oído una serie de comentarios de su excelente persona y su guapo semblante. Yo, también, fui descrito como un hombre guapo, hasta que desaire a Mrs. Carlisle. Ella me hizo un atrevido comentario y fui obligado a reprenderla: dos minutos antes, ella había estado cuchicheando a su vecina que quería obtener mis diez mil libras para su hija, y entonces, cuando me presenta a su hija, tuvo la osadía de decirme en mi cara que pensaba que la riqueza era poco importante en el matrimonio, y lo que importaba era el afecto mutuo.

Bingley bailo cada baile, muy para el entretenimiento de Caroline.

“Estará enamorado nuevamente antes de que acabe la velada” ella dijo. Yo concorde. Nunca había conocido a un hombre que se enamorara y desenamorara tan fácilmente. Déjalo ver una cara bonita y lindos modales, y no le quitará lo ojos de encima.

Bailé una vez con Mrs. Hurst, pero los músicos eran tan malos que una canción fue suficiente. Rechacé el ser presentado a cualquier otra joven y me contenté con pasear por el salón hasta que Bingley bailará hasta quedar muerto. No fue fácil evitar parejas. Había varias jóvenes sentadas a los lados del salón. Una era la hermana de la joven con la que Bingley se había aficionado, y Bingley decidió que me quería ver bailar con ella.

“Vamos Darcy.” dijo, “Tienes que bailar. Odio verte ahí de pie, solo y con esa estúpida actitud. Es mejor que bailes.’ “No pienso hacerlo. Tus hermanas están comprometidas, y bailar con cualquier otra mujer de las que están en el salón seria como un castigo para mí.” “¡No deberías ser tan exigente y quisquilloso! Por mi honor, nunca había conocido a tantas muchachas bonitas en toda mi vida.”

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“Estas bailando con la única chica guapa del salón” Le recordé, mirando a la mayor Miss Bennet.

“Oh! ¡Ella es la más hermosa creatura que llamas haya visto! Pero ahí está una de sus hermanas, sentada justo detrás de ti, quien es muy linda, y apostaría, muy agradable. Permíteme pedirle a mi pareja que te presente.” “¿A cuál te refieres?” le pregunte, mirando alrededor. Noté a Miss Elizabeth Bennet, atrapando su mirada, y me vi forzado a desviar la mía. “Es tolerable,” admití, “pero no es lo suficientemente guapa para tentarme, y no estoy de humor para hacer caso a las jóvenes que son despreciadas por otros.” Caroline entendió mis sentimientos muy bien. “¡Estas personas!” me dijo. “¡No tienen estilo, ni buen gusto, y aun así están tan complacidos consigo mismos! ¿Sabes que fui forzada a sonreír educadamente mientras Mary Bennet era descrita como la chica más realizada en el vecindario? Si lo fuera la mitad, no, la décima parte de lo que lo es Georgiana estaría muy sorprendida.” “Pero eso sería muy difícil” dije. “Georgiana es inusualmente dotada.” “Sí que lo es. La adoro.” dijo Caroline. “Declaro que es casi como una hermana para mí.”

Tal vez con el tiempo ella será en verdad una hermana para Caroline. No es que diga nada de esto a ella, pero Bingley es un buen hombre con suficiente fortuna, y haría un muy buen esposo. No había pensado en arreglar un matrimonio para Georgiana antes de que cumpliera veintiuno, pero después del incidente de George Wickham, he empezado a pensar que no sería algo malo casarla más pronto. Una vez casada con Bingley, ella estará libre de los bribones de la estampa de Wickham. No estoy seguro que Meryton le acomode. Si Bingley muestra alguna inclinación para irse, lo animaré en ello. Me gustaría tenerla más cerca de casa, en Derbyshire, o en Chesire, tal vez. Entonces podría visitarme en unas pocas horas si lo deseara.

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Regresamos por fin a casa. “Nunca he conocido a gente tan amable o chicas tan bonitas en toda mi vida” dijo Bingley, mientras entrabamos a la sala. “Todos fueron muy amables y atentos. No había ninguna formalidad ni tensión. Pronto sentí que conocía a todos en el salón, y Miss Bennet; no puedo pensar en un ángel más hermoso.” Caroline me dirigió una mirada satírica. En Brighton, Bingley había dicho sobre Mis Hart que era la más embelesadora creatura que había visto jamás. En Londres había sido Mis Pargeter. Parece que en Meryton, Miss Bennet es su elección.

“Es una chica muy dulce.” Caroline admitió. “Es bonita” dije. Siempre es mejor concordar con Bingley cuando esta con estos humores. “Pero sonríe demasiado” “Ciertamente, sí que sonríe demasiado” concordó Louisa, “pero aun así es un buena chica. Creo que podríamos hacerla nuestra amiga mientras estamos aquí, ¿Caroline?” “Por supuesto,” respondió Caroline, agregando, “Debemos de tener a alguien que nos ayude a pasar las tediosas horas, y divertirnos mientras los caballeros no están”

La única cosa que acecha mi mente mientras escribo, es la mirada que vi en los ojos de Miss Elizabeth Bennet cuando mencioné que no era lo suficientemente guapa para tentarme a bailar. Si no lo supiera mejor, pensaría que había sido burlona. No estoy muy tranquilo al pensar que me hubiera podido escuchar, pero no fue mi intención que esas palabras llegaran a sus oídos. Además, sería tonto preocuparse por sus sentimientos. Su temperamento no es delicado, y si salió a su madre, no sufrirá ningún daño. Esa mujer abominable me condeno continuamente en los oídos cualquiera por mi comentario, describiéndome a todo el que la oyera como el más orgulloso y desagradable hombre en el mundo, y diciendo que esperaba que nunca volviera a ir jamás.

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Nunca pensé que concordaría con una mujer de su estampa, pero en esta ocasión encuentro que compartimos la misma opinión.

Martes 15 de Octubre Bingley y yo examinamos el bosque hoy. Mientras estábamos afuera, las Misses Bennet esperaban a Caroline y Louisa.

Viernes 18 de Octubre Mientras Bingley y yo estábamos afuera cabalgando, Caroline y Louisa tomaron el coche hacia Longbourn y visitaron a los Bennnets. Creo que se proponen hacerse amigas de las dos hermanas mayores. Dios solo sabe, hay tan poca compañía para ellas aquí.

Sábado 19 de Octubre Un día lluvioso. Después de estar confinados dentro de la casa fue casi un alivio el salir a una fiesta esta tarde. No fue mejor que la asamblea, la gente no era más elegante y la conversación poco estimulante, pero tuvo la ventaja de proveer novedad.

Bingley se sentó otra vez con Miss Jane Bennet. La ha hecho su preferida, y como sus maneras son tan naturales como las de él, forman una buena pareja. Ella no es propensa a ser herida por su atención, tomándolo y viéndolo como la diversión y entretenimiento agradable que es.

“Es una pena que las demás Bennet no tienen el rostro o los modales de su hermana mayor.” Menciono Caroline después de la cena. “Lo es,” coincidí.

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“No me sorprende que no haya podido soportar la idea de estar usted con Miss Elizabeth Bennet. No tiene ni una pizca de la belleza de su hermana” “Difícilmente tiene algún bonito rasgo en su rostro,” contesté, desviando mis ojos hacia ella y estudiándola cuidadosamente. “No, de ninguna manera.” dijo Caroline “Oh, vamos Darcy” dijo Bingley, quien se había reunido con nosotros al dejar a Miss Bennet con una de sus hermanas. “Es una chica bonita” “Ella no es admirable en ningún sentido.” respondí. “Muy bien, que sea como tú dices. No existe nada tolerable en ella.”

Se rio, y regresó con Jane Bennet.

Caroline continúo criticando a sus vecinos. Mientras lo hacía, mis ojos se dirigieron otra vez a Miss Elizabeth Bennet, y empecé a pensar que no le había hecho justicia. A pesar de que no tenía ningún rasgo hermoso en su rostro, su semblante se mostraba extraordinariamente inteligente por la hermosa expresión de sus ojos oscuros. Le daban una animación que consideré muy agradable. Me descubrí viéndola, y mientras se levantaba para dejar la mesa, descubrí que su figura era ligera y deleitable.

Aún no es lo suficientemente guapa para tentar a un hombre de mi altura, pero tiene más belleza de la que al principio creí.

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Lunes 4 de Noviembre

Otra fiesta. Fue inevitable, pero me doy cuenta que no estoy tan indispuesto a salir como antes. Proporcionan un cambio de nuestro usual círculo íntimo. La fiesta de esta noche fue en la casa de Sir William Lucas, Lucas Lodge.

“Prepárate a ser reverenciado cada diez minutos,” dijo Caroline, al entrar a la casa. “Cada cinco minutos” dijo Louisa. “Sir William es una hombre muy agradable” dijo Bingley. “Querido Charles, tú calificarías a cualquiera agradable mientras te permitieran coquetear con Miss Bennet en una de sus reuniones” Le dije. “Ella es un ángel” dijo Bingley, ni un poco turbado. Él pronto encontró a Miss Bennet. Mr. Hurst bailo con Caroline y Louisa conversó con Lady Lucas.

Me di cuenta que Miss Elizabeth Bennet estaba ahí, hablando con el Coronel Forster. Sin saber lo que estaba haciendo me acerqué, y no pude evitar oír por casualidad su conversación. Había algo en sus maneras que hacían juguetona su conversación, lo cual le daba un cierto brillo a sus ojos. Lo noté, como noté también el sonrojo de animación que le agregaba belleza a sus mejillas. Su complexión es saludable, y su piel es ligeramente bronceada. Puede que no sea tan elegante como la palidez de Caroline, pero es igual de agradable.

Ella pronto dejó al Coronel Forster y buscó a Miss Lucas. Las dos parecen ser amigas. Estaba a punto de hablar con ella, sintiendo un ansia de ver el brillo en sus ojos otra vez, cuando la dama en persona me cuestionó.

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“¿No cree, Mr. Darcy, que me expresé extraordinariamente bien justo ahora, cuando estaba persuadiendo al Coronel Forster para que diera un baile en Meryton?” “Con gran energía” respondí, sorprendido, pero no ofendido, de que me hablaran. “Pero es un tema que siempre emociona a las damas” agregué. “Usted es severo con nosotras” Lo dijo con una mirada tan pícara que me vi inclinado a sonreír. Sus modales no serían apropiados en Londres, pero en el campo no tienen ningún problema. Uno necesita variedad, después de todo. “Ahora será su turno de ser persuadida”, dijo Miss Lucas, volteando hacia mí. “Voy a abrir el instrumento, Eliza, y tú sabes que sigue” Ella se negó al principio, diciendo que no quería tocar en frente de aquellos quienes estarían acostumbrados a escuchar a los mejores músicos, pero Miss Lucas insistió hasta que ella accedió. Su ejecución fue sorprendentemente buena. No debido a la precisión de las notas; creo que la mayoría de ellas estaban equivocadas. Pero había una dulzura en el tono que sonaba bien a mis oídos.

Estaba empezando a caer por ella, estaba planeando continuar nuestra conversación, cuando ella abandonó el pianoforte y por asares del destino- afortunada o desafortunadamente, no se cualsu hermana menor tomó su lugar. Mi sonrisa se congeló en mi rostro. Nunca he oído una interpretación más desastrosa en mi vida, y no podía creer que Mis Mary Bennet estuviera exhibiendo su falta de talento enfrente de tantas persona. Si hubiera tenido que escucharlo un minuto más, creo que se lo hubiera dicho yo mismo. Las cosas empeoraron cuando las dos más menores de las hermanas se levantaron a bailar con algunos de los oficiales. Su madre miraba, sonriendo, mientras la más joven coqueteaba con todos los oficiales. ¿Cuántos años tiene? No aparenta más de

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quince. Debería de estar aún en el salón de clases, no en público donde puede desgraciarse a sí misma y a su familia. Su conducta alejó cualquier sentimiento que estuviera sintiendo por Miss Elizabeth Bennet, y no volví a hablarle otra vez.

“Que diversión tan encantadora para los jóvenes es esto, Mr. Darcy!” dijo Sir William Lucas, dirigiéndose hacia mi costado. “No hay nada como bailar, después de todo. Lo considero una de los primeros refinamientos de las sociedades civilizadas.” “Indudablemente, señor,” respondí, mientras mi mirada se dirigía a Miss Lydia Bennet, quien estaba bailando sin ninguna pisca de decoro, “y tiene la ventaja también de estar en boga entre las sociedades menos civilizadas del mundo. Cualquier salvaje puede bailar.” Sir William solo sonrió, y me atormento con una larga conversación sobre el tema del baile, preguntándome si había alguna vez bailado en St. James’s. Respondí lo educadamente posible, pero pensé que si mencionaba una vez más St. James’s, estaría tentado a estrangularlo con su propia corbata. Mientras mi mirada se paseaba por el salón, vi a Miss Elizabeth Bennet moviéndose hacia mi dirección. A pesar de las faltas de su hermana, fui sorprendido nuevamente por la gracia de sus movimientos, y pensé que, si había alguna persona en el salón a quien desearía ver bailando, seria a ella. “Mi querida Miss Eliza, ¿Por qué no está bailando?” preguntó Sir William, como si estuviera leyendo mis pensamientos. “Mr. Darcy, debe permitirme presentarle a esta joven, como una pareja muy codiciada. No puede negarse a bailar, cuando tal belleza esta frente a usted.” Tomó su mano, y me sorprendió al casi dármela a mí. No había pensado en bailar con ella, solo en verla bailar, pero hubiera tomado su mano si no me hubiera sorprendido al ella apartarla. “En realidad, señor, no tengo la menor intención de bailar. Les pido que no supongan que me dirigí en esta dirección en busca de una pareja” dijo ella. Me di cuenta de que yo no quería dejar pasar el placer presentado.

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“¿Me haría el honor de bailar conmigo?” pregunte, interesado por su renuencia a bailar conmigo. Pero nuevamente se negó. Sir William trato de persuadirla. “A pesar de que a este caballero no le gusta el entretenimiento en general, no puede tener objeción, estoy seguro, de complacernos por media hora.” Una sonrisa ilumino sus ojos, volviendo hacia mí, dijo: “Mr. Darcy es todo generosidad” Era una sonrisa desafiante; no cabía duda. A pesar de que decía que yo era toda generosidad, para ella significaba todo lo contrario. Sentí mi deseo de bailar con ella crecer. Se había puesto como mi adversario, y sentí un instinto de conquistarla aparecer dentro de mí.

¿Por qué me había rechazado? Porque me había escuchado decir que no era lo suficientemente guapa para tentarme en el baile de Meryton. ¡Claro! Me encontré admirando su espíritu. Mis diez mil libras no significaban nada para ella comparados con su deseo de vengarse. La mire retirarse, notando la ligereza de su caminar y las proporciones de su figura, tratando de recordar la última vez que me había sentido tan bien complacido.

“Puedo adivinar las razones de sus cavilaciones” poniéndose a mi lado.

dijo Caroline,

“Imagino que no” le dije. “Estas considerando que tan insoportable será el pasar más veladas de esta manera, en tal sociedad; y claro, soy de su opinión. ¡Nunca estuve más contrariada! ¡La insipidez y aun así el ruido; la nulidad y aun así la autosuficiencia de toda esta gente! ¡Que daría por oír sus censuras en ellos!”

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“Sus conjeturas son muy erradas, le aseguro. Mi mente estaba en parajes más placenteros. He estado meditando en el gran placer que un par de ojos hermosos en el rostro de una mujer bonita puede conferir” Caroline sonrió. “¿Y qué dama tiene el crédito de inspirar tales reflexiones?” pregunto, volviendo su mirada a mi rostro. “Miss Elizabeth Bennet” respondí, mientras la miraba al otro lado del salón. “¡Miss Elizabeth Bennet!” exclamó, “Estoy asombrada. ¿Desde cuándo ha sido tu favorita? Y dígame, ¿Cuándo debemos felicitarle?” “Esa es exactamente la pregunta que estaba esperando que hiciera” le dije. “La imaginación de una dama es muy rápida, pasa de la admiración al amor, y del amor al matrimonio en un momento. Sabía que me felicitaría.” “Oh, si piensa tan seriamente sobre el asunto, lo considerare como algo totalmente asentado. Tendrá una suegra encantadora, y claro, ella estará siempre en Pemberley con usted.” Dejé que hablará. Es un asunto de poca importancia lo que ella diga. Si deseo admirar a Miss Elizabeth Bennet, entonces lo haré, y ninguna de las ocurrencias de Caroline en cuanto a lindos ojos o suegras me prevendrá.

Martes 12 de Noviembre Bingley y yo cenamos con los oficiales esta tarde. Hay un regimiento establecido temporalmente aquí, y son en su mayoría hombres inteligentes y bien educados. Cuando regresamos a Netherfield encontramos a Miss Bennet en la casa. Caroline y Louisa la habían invitado a comer. Había viajado en caballo, y una lluvia repentina la había mojado totalmente. No es sorpresa que haya pescado un resfriado.

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Bingley se alarmó en ese instante, insistiendo que ella debería quedarse esa noche. Sus hermanas lo apoyaron. Ella se retiró a la cama temprano, y Bingley estuvo distraído el resto del día.

Esto me hizo recordar el hecho de que el solo tiene veintitrés, una edad inestable. En el presente está preocupado por la salud de Miss Bennet, pero para Navidad estará en Londres, donde sin duda se habrá olvidado de ella.

Miércoles 13 de Noviembre

Miss Bennet seguía mal esta mañana, y Caroline y Louisa insistieron en que se quedara en Netherfield hasta que estuviera totalmente recuperada. No insistirían tan vehementemente si no fuera por lo aburridas que están, el clima es malo, y no hay nada para ellas que hacer dentro de la casa, por lo cual estaban deseosas de persuadirla a quedarse.

Bingley se empeñó en mandar a llamar a Mr Jones, el boticario, tan pronto como se enteró de que ella no estaba mejor.

“¿Es en verdad necesario?” le pregunté. “Tus hermanas parecen pensar que no es más que un dolor de garganta y una jaqueca” “Nadie sabe a dónde un dolor de garganta y una jaqueca pueden llegar” respondió Bingley. Una nota fue enviada a Mr. Jones; y otra a la familia de Miss Bennet, y después nos sentamos a desayunar.

Estábamos todavía en el comedor cuando se presentó un disturbio en el pasillo. Caroline y Louisa voltearon desde sus tazas de chocolate, indagando en sus miradas y en la de su hermano.

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“¿Quién podría visitarnos a esta hora, y con este clima?” preguntó Caroline. Su pregunta fue pronto respondida al abrirse la puerta y al aparecer Miss Elizabeth Bennet. Su ojos estaban brillantes y sus mejillas sonrojadas. Su ropa mostraba signos de su caminata y sus botas estaban cubiertas de lodo.

“¡Miss Bennet!” exclamo Mr. Hurst, mirándola como si fuera una aparición. “¡Miss Bennet!” repitió Caroline. “¿No habrá venido a pie?” pregunto, perpleja, mirando sus botas y sus enaguas, los cuales estaban llenas de barro por seis pulgadas. “Si” respondió, como si fuera lo más natural del mundo. "¡Caminar tres millas a estas horas de la mañana!” dijo Caroline, mostrando una mirada horrorizada a Louisa. “¡Y con tan mal tiempo!” exclamo Louisa, regresando su mirada. Bingley no estaba sorprendido por nada de eso. “Miss Elizabeth Bennet, que gentil por su parte en venir” dijo, saltando hacia ella y estrechando su mano. “Su hermana está muy enferma, me temo.” Caroline se había ya recuperado de su sorpresa, cuando dijo. “Vamos, Charles, no la preocupes” y volviéndose a Mis Bennet. “No es más que una jaqueca y un dolor de garganta. No durmió muy bien, pero se ha levantado esta mañana. Aunque tiene algo de fiebre y no está lo suficientemente bien como para dejar su cuarto” “Debe de tener frio y estar mojada” dijo Bingley, mirándola con preocupación. “No es nada. Suelo caminar en las mañanas. El frio y la humedad no me molestan. ¿Dónde está Jane? ¿Puedo verla?” “Claro” respondió Bingley. “La llevaré a su habitación ahora mismo.”

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No podía evitar pensar en el esplendor que el ejercicio le había dado a su complexión, aunque me pregunte si debería caminar tal distancia sola. Si su hermana hubiera estado en peligro, tal vez, pero ¿por un resfriado?

Charles dejo el salón con Miss Bennet. Caroline y Louisa, sintiendo como obligación para ellas como anfitrionas el ir, los siguieron. Bingley regresó pronto, dejando a sus hermanas en el cuarto de la enferma. “Tenemos que irnos” le dije, mirando el reloj. Habíamos quedado de vernos con los oficiales para un juego de billar. Podía notar que Bingley no quería ir, pero lo persuadí de que se haría pasar por una ridiculez si se quedaba en casa solo porque una amiga de sus hermanas tenía un resfriado. Parecía que estaba a punto de protestar, pero tiene el hábito de escucharme y aceptar mis consejos. Estoy agradecido de ello. Coronel Forster hubiera considerado muy raro que hubiéramos cancelado nuestro compromiso por tal pretexto.

Regresamos a casa después durante la tarde, y a las seis y media todos nos sentamos a cenar. Miss Elizabeth Bennet fue parte de nuestro grupo. Se veía cansada. El color se había esfumado de sus mejillas y sus ojos estaban apagados. Pero tan pronto como Bingley le preguntó acerca del bienestar de su hermana, se presentó más animada.

“¿Cómo está su hermana?” preguntó Bingley. “Me temo que no está mejor.” “¡Que mal!” dijo Caroline “Me apena oírlo” dijo Louisa. Mr. Hurst gruñó. “Me desagrada sobre manera el estar enferma” dijo Louisa. “A mí también. No hay nada peor.” respondió Caroline.

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“¿Hay algo que pueda hacer por ella?” preguntó Bingley. “No, gracias” respondió ella.

“¿No hay nada que necesité?” “No, ya tiene todo.” “Muy bien, pero debe dejarme saber si hay cualquier cosa que pueda darle para aminorar su sufrimiento” “Gracias, lo haré.” dijo, conmovida. “Se ve cansada. Ha estado usted sentada con ella todo el día. Debe de permitirme ayudarle con un plato de sopa. No quisiera que se enfermara al cuidar a su hermana.” Ella sonrió agradecida por su consideración, y yo lo bendije. Él tiene una desenvoltura que yo no poseo, y me alegraba verlo usarla para ayudarla con lo mejor de los platillos en la mesa.

“Debo regresar con Jane” dijo, tan pronto como la cena había terminado. Hubiera preferido que se quedara. Tan pronto como se fue, Caroline y Louisa empezaron a criticarla. “Nunca olvidare su entrada esta mañana. Ella parecía casi una salvaje” dijo Louisa. “Ya lo creo, Louisa” respondió Caroline. “Espero que hayas visto sus enaguas, seis pulgadas en lodo” dijo Louisa. Con esto, Bingley explotó. “Sus enaguas sucias escaparon mi atención” dijo. “Usted las vio, estoy segura, Mr Darcy” dijo Caroline. “Me temo que esta aventura haya afectado su admiración por sus hermosos ojos” “Por el contrario” repliqué. “Fueron iluminados por el ejercicio.”

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Caroline fue silenciada. No dejaré que critiqué a Miss Elizabeth Bennet enfrente mío, aunque estoy seguro de que lo hará en cuanto le dé la espalda. “Tengo un gran interés por Jane Bennet, ella es una chica muy dulce, y deseo con todo mi corazón que estuviese bien establecida. Pero con tal padre y madre, y tan bajas conexiones, me temo que no hay ninguna posibilidad.” dijo Louisa. “Creo haberte oído decir, que su tío es un abogado en Meryton” comentó Caroline. “Si; y tienen otro, quien vive en algún lugar cerca de Cheapside” dijo Louisa. “Si tuvieran tantos tíos como para llenar Cheapside, no los harían ni un poco menos agradables” exclamó Bingley. “Pero debe disminuir en gran medida sus probabilidades de casarse con un hombre de cualquier consideración en el mundo” comenté.

No hacia ningún daño el recordarle a Bingley la realidad. El año pasado fue casi llevado por la corriente, y por poco se le propone a una joven cuyo padre era un panadero. No hay nada malo con los panaderos, pero no pertenecen a nuestra familia, ni tampoco los abogados o la gente que vive en Cheapside.

“Que bien lo expresa, Mr Darcy” dijo Caroline. “Ni yo podría haberlo dicho mejor” interrumpió Mr. Hurst, levantándose momentariamente de su estupor. “¡Cheapside!” dijo Louisa Bingley no dijo nada, pero se hundió en melancolía. Sus hermanas visitaron el cuarto de la enferma, y cuando bajaron, Miss Elizabeth Bennet estaba con ellas. “¿Se une con nosotros a jugar cartas?” preguntó Mr Hurst. “No, gracias” respondió, viendo las apuestas.

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En un principio, ella tomo un libro, pero de vez en cuando se acercaba a la mesa de cartas y veía el juego. Su figura se mostraba favorecedoramente mientras estaba parada atrás de la silla de Caroline. “¿Ha Miss Darcy crecido mucho desde la primavera?” pregunto Caroline. “¿Será tan alta como yo?” “Creo que sí. Ahora es cerca de la estatura de Miss Elizabeth Bennet, o más alta.” “¡Como anhelo verla otra vez! ¡Tal porte, y tales maneras! ¡Y tan talentosa para su edad!” “Me asombra como las jóvenes pueden tener la paciencia para aprender tanto, y ser tan talentosas” dijo Bingley. "¡Todas las jóvenes talentosas! Mi querido Charles, ¿a qué te refieres?” preguntó Caroline. “Si, todas, creo yo. Pintan, forran biombos y tejen bolsas.” “Tu lista de lo que abarcan comúnmente sus talentos, tiene mucha verdad.” dije, entretenido. Me han presentado a docenas de jóvenes como muy talentosas, solo para encontrar que no pueden hacer otra cosa que pintar bien. “No puedo jactarme de conocer más de media docena” “Ni yo, eso es seguro.” dijo Caroline. “Entonces debe de ser muy exigente su idea de una mujer talentosa” dijo Miss Bennet. Lo imaginé, o ¿se estaba riendo de mí? Tal vez si, tal vez no. Estuve obligado a responder: “Si, soy muy exigente en ello.” “¡Oh!, por supuesto” dijo Caroline.

Miss Bennet no estaba avergonzada, como lo había deseado. En realidad, mientras Caroline listaba todas las características de una mujer verdaderamente talentosa, distinguí una sonrisa dibujándose en la cara de Miss Bennet. Comenzó en sus ojos, cuando Caroline empezó a decir: “Una mujer debe tener un conocimiento profundo de música, canto, dibujo, baile, y las

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lenguas modernas…” y se había extendido a su boca cuando Caroline termino; “Debe poseer un algo especial en su aire y manera de andar, el tono de su voz, en su trato y modo de expresarse.”

El regocijo de Miss Bennet me molestaba, y agregué severamente: “A todo esto hay que agregar además algo más sustancial, el desarrollo de su inteligencia mediante una lectura abundante.” “Ya no me sorprende que entre sus conocidas haya solo seis mujeres talentosas. Lo que me extraña es que conozcan siquiera una.” dijo Miss Bennet riéndose. Debería de estar enojado por su descaro, pero de alguna forma sentí una sonrisa en contestación dirigiéndose a mis ojos. Parecía absurdo, de repente, que esperará tanto del sexo opuesto, cuando un par de hermosos ojos era todo lo que necesitaba para sentir verdadera felicidad. Es una felicidad que nunca he sentido al escuchar a una mujer cantar o tocar el piano, y dudo que jamás lo vuelva a hacer.

“¿Es usted tan severa con su propio sexo, que duda de la existencia de alguien así?” pregunto Caroline. “Nunca he visto a tal mujer” respondió Miss Bennet. “Nunca he visto tal capacidad, gusto, y aplicación, y elegancia, como ustedes describen, unidas en una sola persona.” Caroline y Louisa la desafiaron, declarando que conocían a muchas mujeres que respondían a esta descripción. Miss Bennet inclinó su cabeza, pero no en señal de reconocimiento o derrota. Lo hizo de forma que no pudieran ver la sonrisa que se estaba extendiendo en su boca.

Fue entonces cuando me di cuenta de que ellas estaban contradiciendo sus opiniones iniciales, cuando dijeron que muy pocas de tales mujeres existían. Ahora estaban diciendo que tal mujer era común. Mientras veía la sonrisa de Miss Bennet

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dirigirse a sus ojos, pensé que nunca antes me había gustado tanto, o disfrutado más una discusión. Mr Hurst pidió a su esposa y su hermana orden, volviendo su atención de vuelta al juego, y Miss Bennet regresó al cuarto de su hermana.

Me di cuenta de que existe un estrecho lazo de cariño entre ella y su hermana. No pude evitar pensar que Caroline y Louisa nunca hubieran estado tan deseosas de cuidarse una a otra, si alguna de ellas hubiera enfermado; a pesar de que ellas, también, son hermanas, muy poco cariño parece existir entre ellas. Es una pena. El cariño de mi hermana es una de los placeres más grandes de mi vida.

“Eliza Bennet” dijo Caroline, cuando Miss Bennet se había retirado del salón, “es una de esas jóvenes que busca hacerse agradables al sexo opuesto, al desacreditar el suyo propio; y con muchos hombre, me atrevo a decir, esto funciona. Pero en mi opinión, es un truco vil, un arte muy ruin.” “Sin duda alguna, siempre hay vileza en cualquier truco que las damas algunas veces se rebajan a emplear para cautivar a los hombres. Cualquier cosa que tenga algo que ver con la astucia es despreciable.” Ella se retiró del asunto, y volvió a su juego.

Regresé a mi cuarto al fin, sintiéndome insatisfecho con lo sucedido en el día. Mi usual paz mental estaba perturbada. Estuve pensando, no en lo que iba a hacer mañana, sino en Elizabeth Bennet.

Jueves 14 de Noviembre He tenido un recordatorio de lo imprudente que es dejarme llevar por un par de hermosos ojos. Elizabeth envió una nota a su madre esta mañana, pidiéndole que fuera y revisara por su misma el

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estado de salud de Miss Bennet. Después de sentarse un rato con su hija enferma Mrs Bennet y sus dos hijas menores, quienes la habían acompañado, aceptaron la invitación de acompañarnos en el salón para el desayuno.

“Espero que Miss Bennet no esté tan mal como hubiera esperado,” dijo Bingley. Ha estado preocupado por toda esta situación, y nada puede confortarlo, a excepción de una constante lista de instrucciones a la ama de llaves, para incrementar la comodidad de Miss Bennet. “En verdad que si lo he hecho, señor,” dijo Mrs Bennet. “Ella está muy enferma como para ser trasladada. Mr Jones dice que no debemos de pensar en moverla. Deberemos de abusar de su generosidad un poco más.” “¡Trasladarla!” exclamó Bingley. “Ni pensarlo.” Caroline no parecía complacida con tal comentario. Creo que la presencia de un inválido en la casa ha empezado a irritarla. Ha pasado muy poco tiempo con su huésped, y si Elizabeth no hubiera venido, su hermana hubiera pasado todo este tiempo muy sola en una casa de extraños. Aun así Caroline respondió educadamente, diciendo que Miss Bennet recibiría toda la atención que necesitará.

Mrs. Bennet nos relató cuan enferma estaba su hija, y después, olvidándose de ella, comento que Bingley había elegido muy bien al rentar Netherfield. “Espero que no pensará dejarlo repentinamente, aunque lo haya alquilado por poco tiempo.” “Cualquier cosa que hago, la hago repentinamente.” respondió Bingley. Esto llevo a una discusión acerca del carácter de las personas, en lo que Elizabeth confesó entretenerse en estudiar.

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“El campo no puede suplir de muchos sujetos para tal estudio” dije. “Pero la gente cambia tanto, que hay algo nuevo que observar en ellos siempre.” respondió. Hablar con Elizabeth es como hablar con ningún otro. No es una actividad simple; si no un ejercicio estimulante para la mente. “Si, ya la creo que si” dijo Mrs Bennet, sorprendiéndonos a todos. “Les aseguro que hay tanta variedad en el campo como en la ciudad. Por mi parte, no puede ver que Londres tenga ninguna ventaja sobre el campo, a excepción de las tiendas y los lugares públicos. El campo es mucho más agradable, o no, ¿Mr Bingley?” Bingley, tan tolerante como siempre, dijo que era igualmente feliz en cualquiera de ellos. “Eso es debido a que tiene una buena disposición. Pero ese caballero,” dijo, mirándome a mí, “Perece pensar que el campo no es nada en absoluto.” Elizabeth tuvo la bondad de ruborizarse, y decir a su madre que estaba equivocada, pero fui recordado de que no importaba el número de sonrojos, ni el que tan placenteros eran, no podrían sobrepasar la desventaja de tal madre. Mrs Bennet empeoro, y empeoro, adulando los modales de Sir William Lucas, y haciendo referencias encubiertas hacia ciertas personas que se pensaban tan importantes y que nunca habrían sus bocas, por lo cual, supuse, se refería a mí. Lo peor estaba por llegar. La más joven de las chicas dio un paso al frente y suplico a Bingley que diera un baile. Él tiene tan buen humor que aceptó de buena gana, después de lo cual Mrs Bennet y sus dos hijas menores se fueron. Elizabeth regresó al cuarto de su hermana enferma.

Caroline fue despiadada una vez ella se fue. “¡Han comido con veinticuatro familias!” dijo. “No sé cómo me contuve de reír. Y la pobre mujer cree que eso es una sociedad variada.”

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“Nunca escuche nada más ridículo en mi vida.” dijo Louisa. “O vulgar,” dijo Caroline. “¡Y la más joven de las chicas! Pidiendo por un baile. No puedo creer que la hayas animado, Charles.” “Pero me gusta dar bailes” protestó Bingley. “No debiste haber recompensado su impertinencia” dijo Louisa. “No, por supuesto que no. Solo harás que se vuelva aun peor. Aunque como podrá convertirse en algo peor, no lo sé. Kitty estuvo terrible, pero la más joven – ¿cuál era su nombre?” “Lydia” respondió Louisa. “¡Lydia! ¡Claro, ese era! El ser tan directa. No le gustaría que su hermana fuera tan directa, estoy segura, Mr Darcy,” “No, en lo absoluto,” dije, poco complacido. El comparar a Georgiana con esa niña esta sobre cualquier cosa que pueda tolerar.

“Y aun así son de la misma edad,” siguió Caroline. “Es increíble como dos chicas pueden ser tan diferentes, una tan elegante y refinada, y otra tan descarada y escandalosa.” “Es su crianza” dijo Louisa. “Con tan mala madre, ¿cómo podrían ser menos vulgares?” “Esas chicas,” dijo Caroline, sacudiendo su cabeza. “Todas han sido infectadas por la misma vulgaridad, me temo.” “¡No Miss Bennet!” protestó Bingley. “Ustedes mismas lo dijeron, es una chica adorable.” “Y lo es. Tal vez tengas razón. Tal vez logro escapar de la corrupción de mezclarse con tales personas. Pero Elizabeth Bennet esta inclinada a ser una insolente, aunque tiene unos hermosos ojos,” dijo Caroline, volteando su mirada hacia mí.

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Estuve a punto de desviar a Elizabeth de mis pensamientos, pero cambie de opinión. No la haré solo para complacer a Miss Bingley, no importa que tan sarcástica desee ser.

En la tarde, Elizabeth nos acompañó en la sala de dibujo. Me cercioré de no decirle más que un breve ‘Buenas tardes’ y después tome una pluma y empecé a escribirle a Georgiana. Elizabeth, noté, tomo una labor de aguja en el otro lado del salón.

A penas había empezado mi letra, cuando Caroline empezó a elogiarme en cuanto a la simetría en mi caligrafía, y la longitud de mi carta. Traté lo más posible en ignorarla, pero no estaba dispuesta a ser disuadida y continuo con sus elogios a cada rato. El halago es algo bueno, pero un hombre puede cansarse de ello hasta el punto que se vuelven maldiciones. No dije nada, a pesar de todo, pues no deseaba ofender a Bingley.

“¡Que encantada estará Miss Darcy de recibir tal carta!” dijo Caroline. Lo ignoré. “Escribe usted extraordinariamente rápido” Fue poco sabio el responder con, “Se equivoca, escribo muy despacio,” “Le ruego le diga a su hermana que deseo mucho verla.” “Ya lo hice una vez, por petición suya.” “¿Cómo puede lograr escribir tan uniformemente?” preguntó. Me tragué mi frustración y permanecí en silencio. Una tarde lluviosa en el campo es uno de los peores males. Lo es, especialmente, con una restringida compañía, y si respondía, me temía que sería un comentario algo grosero. “Dígale a su hermana que estoy encantada de enterarme de su progreso en el harpa…”

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Dígame, ¿de quién es la carta? por poco respondí, pero me detuve justo a tiempo. “… y déjele saber que estoy entusiasmada con el diseño de mesa que hizo, y creo que es infinitamente mejor que el de Miss Grantley” “¿Me permite que aplace su entusiasmo para otra carta? En la presente no tengo espacio para más elogios.” Vi la sonrisa de Elizabeth aparecer debido a este incidente, y hundió su cabeza en su trabajo. Sonríe fácilmente, y estoy empezando a encontrarlo algo infeccioso, pues estuve casi tentado a sonreír yo mismo. Caroline, sin embargo, no deseaba ser reprimida.

“¿Escribe siempre cartas tan largas y encantadoras, Mr Darcy?” “Son generalmente largas,” respondí, no siendo capaz de evadir su pregunta. “Pero si son siempre tan encantadoras o no, no soy quien para juzgar.” “Es un regla para mí, cuando una persona puede escribir una carta larga, con facilidad, no puede escribir mal” dijo ella. “Ese cumplido no tendrá valor para Darcy,” intervino Bingley, “Puesto que no escribe con facilidad. Estudia demasiado las palabras. Siempre busca por palabras de más de cuatro silabas. ¿No es así, Darcy?” “Mi estilo para escribir es muy diferente al tuyo,” acordé. “Mis ideas fluyen con tal rapidez que no tengo tiempo para expresarlas, por lo que mis cartas algunas veces no comunican ninguna idea a mis remitentes,” dijo Bingley. “Su humildad debe desarmar cualquier reproche” dijo Elizabeth, dejando su costura al lado. “Nada es más engañoso que la apariencia de humildad,” dije, riéndome de los comentarios de Bingley, pero por debajo estaba consciente de la irritación que sentía debido a que ella lo estuviera halagando. “Usualmente es solo falta de opinión y a veces una forma indirecta de vanagloriarse.”

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“¿Y cuál de las dos aplica a mi reciente acto de modestia?” Preguntó Bingley. “La forma indirecta de vanagloriarse,” dije con una sonrisa. “El poder de hacer cualquier cosa con rapidez es siempre muy apreciado por el poseedor, y muy seguido sin ningún cuidado a la imperfección del acto. Cuando le dijiste a Mrs Bennet esta mañana que si alguna vez decidieras dejar Netherfield, te irías en cinco minutos, lo utilizaste como un cumplido para ti mismo, pero no estuve ni un poco convencido de ello. Si, montando ya en el caballo, un amigo te dijese, ‘Bingley, deberías quedarte hasta la próxima semana’ lo harías probablemente.” “Solamente ha probado con esto que Mr Bingley no hizo ninguna justicia a su propio temperamento. Lo ha favorecido ahora más de lo que hizo el mismo,” dijo Elizabeth sonriendo. “Le estoy en verdad agradecido por convertir lo que mi amigo dice en un cumplido a mi temperamento” dijo Bingley felizmente. Sonreí, pero no estaba satisfecho, aunque la razón de esto la desconozco. Estoy seguro de que me agrada Bingley, y siempre me complace cuando otras personas lo valoran, también. “Pero Darcy pensaría mejor de mí, si bajo esas circunstancias diera una negación categórica, ¡y cabalgara tan rápido como pudiera!” agregó. “¿Entonces Mr Darcy consideraría lo precipitado de su decisión original expiada por su obstinación en seguirla?” pregunto Elizabeth juguetonamente. “Le doy mi palabra, no puedo explicar el asunto. Darcy deberá hablar por sí mismo.” Deje a un lado mi pluma, cualquier pensamiento relacionado con mi letra olvidado.

“Esperas que dé cuenta de una opinión que eliges como mía, pero que no he aceptado” dije con una sonrisa. “El ceder rápidamente a un pedido de un amigo no tiene mérito para usted” dijo Elizabeth.

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A pesar mío, fui atraído hacia su broma. “El ceder sin convicción no es ningún cumplido para la comprensión de ninguno” respondí. “Me parece, Mr Darcy, que no admite la influencia que puede tener la amistad y el cariño.” Vi a Caroline mirar horrorizada nuestra discusión, pero estaba disfrutando la estimulante conversación de Elizabeth. “¿No sería mejor especificar el grado de intimidad entre ambos, antes de decidirlo?” le pregunté. “Por supuesto,” exclamo Bingley, “Tengamos todos los detalles especificados, sin olvidar la diferencia en tamaño y altura, pues le aseguro que si Darcy no fuera un sujeto tan alto, no le prestaría ni la mitad de atención de lo que hago ahora. Confieso que no conozco nada más imponente que Darcy, en su propia casa especialmente, y en una tarde de domingo cuando no tiene nada que hacer.”

Sonreí, pero a pesar de ello estaba ofendido. Temí que hubiera algo de verdad en lo que había dicho Bingley, y no quería que Elizabeth lo supiera. Elizabeth parecía como si quisiera reírse, pero no lo hizo. Espero que no me tenga miedo. Pero no. Si me tuviera miedo, ¡no se reiría tanto de mí! “Ya veo tus intenciones, Bingley” dije, dejando su comentario a un lado. “Te disgustan las discusiones, y quieres terminarla.” “Tal vez así sea,” admitió Bingley.

La vitalidad se había ido de la conversación, y un incómodo silencio permaneció en su lugar. Elizabeth regreso a su costura, y yo regrese a mi carta. El reloj marchaba en la repisa de la chimenea. Terminé mi carta y la puse a un lado. El silencio continuo.

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Para romperlo, pedí a las damas el honrarnos con un poco de música. Caroline y Louisa cantaron, y me descubrí mirando a Elizabeth. No es como ninguna mujer que haya conocido jamás. No es hermosa, y aun así encuentro que prefiero mirar su rostro que cualquier otro. No es elegante, y aun así sus modales y maneras me complacen mucha más que los de cualquier otra persona que haya conocido. No es estudiada, y sin embargo tiene una inteligencia que la hace una debatiente hábil, y hace su conversación estimulante. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que tuve que buscar por palabras, y no estoy seguro si alguna vez lo he hecho, y aun así con ella estoy frecuentemente comprometido en un duelo de ingenio.

Caroline empezó a tocar algunas canciones escocesas, y fui movido por un repentino impulso y dije, “No le apetecería, Miss Bennet, aprovechar esta oportunidad para bailar un ´reel ?” (baile nacional escoses muy vigoroso) Ella sonrió, pero no contestó. Encontré su silencio enigmático. ¿Es acaso una esfinge, enviada para atormentarme? Debe de serlo, pues mis pensamientos no son usualmente tan poéticos. En lugar de molestarme, su silencio no hizo más que encenderme aún más, y repetí mi pregunta. “¡Oh!” respondió ella, “lo escuche antes; pero no podía determinar que decir en respuesta. Yo sé que usted desea que diga que ‘Si,’ y así tener el placer de criticar mis gustos; pero siempre me encanta derrocar tales esquemas. Por lo cual he decidido responderle, que no deseo bailar un reel en absoluto- y desprécieme ahora, si se atreve.” ¿En verdad le parezco tan perverso? Me pregunto. Y aun así no pude evitar sonreí a su ocurrencia, y a su valentía al proferirla. “En absoluto me atrevo” dije. Se veía sorprendida, como si ella hubiera esperado una respuesta cortante, y me complació el haberla sorprendido, puesto que ella siempre está sorprendiéndome.

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La encuentro sobre manera fascinante; y si no fuera por la inferioridad de su situación en la vida, creo que podría estar en verdadero peligro, puesto que nunca había estado tan cautivado por una mujer en toda mi vida.

Fue la intervención de Caroline lo que rompió el tren de mis pensamientos y me impidió decir algo de lo que me podría arrepentir luego. “Espero que su hermana no se esté sintiendo muy mal” dijo Caroline. “Creo que yo debería ir a su cuarto y ver como esta.” “Iré con usted” dijo Elizabeth. “Pobre Jane. Le he dejado sola mucho tiempo.”

Fueron arriba, y fui llevado a preguntarme si Caroline había regresado la atención de Elizabeth hacia su hermana deliberadamente, y a pensar que tan cerca estuve de traicionar mis propios sentimientos.

Viernes 15 de Noviembre.

Era una linda mañana y Caroline y yo decidimos tomar un paseo por el jardín. “Te deseo un muy feliz matrimonio,” dijo ella mientras caminábamos por el sendero. Quisiera que se olvidara de ese tema, pero me temo que no hay gran posibilidad de ello. Me ha estado molestando con mi supuesto matrimonio por días. “Espero, también, que le darás a tu suegra algunos consejos, cuando este suceso tan anhelado tome lugar, como la ventaja de permanecer callada; y si puedes lograrlo, cura a las chicas menores de su síndrome de corretear a los oficiales.” Sonreí, pero estaba irritado. Había dado en el clavo, mostrándome la razón por la cual no puedo perseguir mis intenciones. Nunca

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podría tener a Mrs Bennet como mi suegra. Sería insoportable. Y en cuanto a las hermanas menores, hacerlas hermanas de Georgiana, no, no podría ser. “¿Tienes algo más que proponer para mi felicidad domestica?” le pregunte, sin dejarle ver mi irritación, pues solo lo haría aun peor.

“Permite que los retratos de tu tío y tía Philips sean puestos en la galería de Pemberley. Y en cuanto al retrato de tu Elizabeth, no debes de intentar hacerlo, puesto que ¿cuál pintor podría hacerle justicia a sus hermosos ojos?” dijo con un tono divertido. Ignoré sus ridiculeces, y me imaginé un retrato de Elizabeth colgado en Pemberley. Imagine otro retrato colgado junto a él, de Elizabeth y yo juntos. El pensarlo era muy placentero y sonreí. “No sería fácil, ya lo creo, el capturar su expresión; pero el color y la forma, y las pestañas, tan remarcablemente finas, podrían ser copiadas,” reflexioné.

Caroline no estaba contenta, y estaba complacido de haberla molestado. Estaba a punto de responder, cuando nos encontramos con Louisa y Elizabeth que venían desde otro sendero.

Caroline estaba apenada, y bien debería de estarlo. Yo también, estaba incómodo. No pensé que Elizabeth hubiera podido escuchar algo, pero aun si lo hubiera hecho, no le habría turbado. No estuvo perturbada cuando escuchó el comentario poco caritativo de mi parte en la asamblea.

Mientras la miraba, estuve repentinamente consciente del hecho de que ella era un huésped en la casa. Había estado tan ocupado pensando en ella en otra manera, que me había olvidado de que ella se estaba quedando con Bingley. Sentí una gran angustia al darme cuenta que no había recibido ningún afecto o amistad durante su visita. En realidad, había recibido cortesía en su cara, pero esa cortesía faltaba tan pronto como ella daba la espalda. Nunca había sentido tanta antipatía hacia Caroline, o simpatía

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hacia Louisa, quien al menos se había tomado la molestia de invitar a Elizabeth a dar un paseo, lo cual yo no había hecho. Me condeno por ello. No estaba nada indispuesto a admirar sus ojos, pero había hecho muy poco para hacer su estancia en Netherfield más placentera.

Las siguientes palabras de Louisa deshicieron mis sentimientos benévolos hacia ella, pues dijo: “Nos han tratado abominablemente al irse sin decirnos que venían para acá,” tomo mi brazo libre y dejó a Elizabeth sola. Estaba mortificado, y dije enseguida: “El camino no es lo suficientemente ancho para nuestro grupo. Deberíamos mejor ir por la avenida.” Pero Elizabeth, quien no estaba ni un poco turbada al ser usada tan vilmente, solamente sonrió maliciosamente y dijo que nos veíamos tan bien juntos como grupo que sería una pena el arruinarlo con la adición de otra persona. Después despidiéndose de nosotros, huyó felizmente, como un niño que se encuentra libre de los deberes de la escuela. Mientras la veía irse, sentí que mi espíritu se elevaba. Sentí como si yo, también, era repentinamente libre, libre de mi confinada vida de solemnidad, y desee correr tras de ella.

“Miss Elizabeth Bennet se comporta tan mal como sus hermanas menores,” dijo Caroline burlonamente. “No se comporta tan mal como lo hacemos nosotros,” respondí, molesto, “Es una invitada en la casa de su hermano, por lo cual merece nuestro respeto. No tendría que sufrir tales negligencias, o sufrir de su constante crítica en cuanto nos da su espalda.”

Caroline parecía sorprendida y después displacida, pero mi expresión era tan reprobadora que se quedó callada. Bingley puede quejarse de mis terribles expresiones, pero tienen su utilidad.

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Voltee para ver a Elizabeth, pero ya había pasado el umbral de mi vista. No la vi de nuevo sino hasta la hora de la cena. Desapareció después, para ver a su hermana, pero cuando Bingley y yo nos unimos a las damas en el cuarto de dibujo, la encontramos con ellas.

Los ojos de Caroline se dirigieron directo a mí. Podía ver que estaba inquieta. Le había hablado severamente más temprano en la mañana, y no le había dirigido la palabra desde entonces. Le dirigí una mirada fría y desvié mi atención hacia Miss Bennet, quien estaba lo suficientemente bien para bajar, y quien estaba sentada junto a su hermana.

Bingley estaba encantado de ver que Miss Bennet estaba sintiéndose mejor. Iba de un lado a otro alrededor suyo, asegurándose de que el fuego fuero lo suficientemente caliente, y que no estuviera en una corriente de aire. Mi expresión se suavizó. Podía sentirlo. La estaba tratando con todo el cuidado y la atención que merecía, y recordé por qué le quería tanto y estaba feliz de llamarlo mi amigo. Sus maneras pueden ser muy confianzudas como para hacerlo un objetivo fácil para cualquiera que desee engañarlo, pero esas mismas complacientes maneras lo hacían un compañero agradable y un cálido anfitrión. Era evidente que Elizabeth también lo pensaba, y sentí que, después de nuestros pleitos, habíamos encontrado terreno común. Caroline pretendió prestarle atención a la inválida, pero en realidad estaba más interesada en mi libro, el cual tomé cuando decidimos no jugar cartas.

“¡Declaro que no hay mejor entretenimiento que leer un libro!” dijo, ignorando el suyo y favoreciendo el mío. No respondí. Estaba molesto con ella. En lugar de ello, me encomendé estudiosamente en mi libro; lo cual era una pena, pues hubiera preferido ver a Elizabeth. La luz del fuego jugando en su piel era una vista que encontraba fascinante.

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Viendo que no podía hacerme hablar, Caroline molesto después a su hermano hablando de su baile, antes de dar una vuelta al salón. Estaba inquieta, y buscando atención. Yo, sin embargo, no se la di. Me había ofendido, y no estaba listo para perdonar su ofensa. “Miss Eliza Bennet, permítame persuadirla de seguir mi ejemplo, y dar una vuelta por el salón”

No pude evitar voltear hacia arriba. Vi una expresión de sorpresa cruzar el rostro de Elizabeth, y me pregunté si mis palabras a Caroline habían hecho efecto en su comportamiento, punzando en su conciencia sobre el trato hacia el huésped de su hermano. Pero no era tal cosa. Ella simplemente deseaba mi atención, y había sido lo suficientemente lista como para averiguar que ésta era la forma de lograrlo. Inconscientemente cerré el libro.

“Mr Darcy, ¿no nos acompañaría?” dijo Caroline. Rechacé su oferta. “Hay solo dos razones por las que ustedes desearían caminar juntas, y mi presencia interferiría en ambas.” dije. Mi sonrisa no fue dirigida a Caroline, sino a Elizabeth. “¿Pero qué es lo que querrá decir?” pregunto Caroline, sorprendida. “Miss Elizabeth, ¿lo entiende usted?” “En absoluto,” fue su respuesta. “Pero le aseguro, que sea lo que sea, desea dejarnos mal, y la mejor forma de decepcionarle será no preguntarle nada.” Sentí mi sangre, fluir. Ella estaba esgrimiendo conmigo, a pesar de que estaba hablando con Caroline, y esta nueva experiencia me estaba gustando. Caroline, sin embargo, no pudo esgrimir y solo dijo: “Debo saber a qué se refiere. Vamos, Mr Darcy, explíquese.” “No tengo inconveniente alguno. Ustedes eligen este modo de pasar el tiempo o porque tienen que hacerse alguna confidencia, o porque saben bien que paseando luce mejor su figura; si es la

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primera, al ir con ustedes no haría más que importunarlas, y si es por el segundo, las puedo admirar mucho mejor sentado en el fuego” “¡Qué horror!” Exclamo Caroline. “¿Cómo podríamos darle su merecido?” “Nada tan fácil, si está dispuesta a ello.” dijo Elizabeth con un brillo en sus ojos. “Todos sabemos fastidiar y mortificarnos unos a otros. Búrlese, ríase de él. Siendo tan íntima amiga suya, sabrá bien cómo hacerlo” “¡Burlarse de una persona flemática y de sangre fría! Y en cuanto a reírse, no podemos exponernos, podría desafiarnos y tendríamos nosotras las de perder.” “¡Que no podemos reírnos de Mr Darcy!” exclamo Elizabeth. “Es un privilegio extraño. Con lo que me gusta reírme.”

Y a mí también. Pero no me gusta que se rían de mí. No pude decir esto, sin embargo. “Miss Bingley me ha dado más importancia de la que merezco” dije. “El hombre más sabio puede ser ridiculizado por una persona cuyo primer anhelo en la vida es reírse.” “Espero nunca ridiculizar lo que es sabio y bueno,” ella contestó, “Tonterías y caprichos me divierten, pero estos, supongo son de lo que usted carece.” “Quizá no es posible para nadie. Pero yo he pasado mi vida esforzándome en evitar estas debilidades que exponen al ridículo a cualquier persona inteligente.” “Tales como el orgullo y la vanidad.” “La vanidad, sí. Pero en donde hay verdadera superioridad de pensamiento el orgullo será siempre algo válido.” Elizabeth se volteo para ocultar una sonrisa. No sé por qué fue, pero su sonrisa me hirió. Creo que me hizo sentir mal-humorado, pues cuando dijo: “Mr Darcy no tiene defecto alguno. Lo reconoce el mismo claramente.” me vi obligado

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a responder: “Tengo muchos defectos, pero no tienen que ver con la inteligencia. De mi carácter no me atrevo a responder. Quizá se me pueda acusar de rencoroso. Cuando pierdo la buena opinión que tengo sobre alguien, es para siempre.”

Mientras hablaba, pensaba en George Wickham. “Ese es realmente un defecto,” dijo Elizabeth. “El rencor implacable es verdaderamente una sombre en un carácter. Pero ha elegido usted muy bien su defecto. No puede reírme de él. Está a salvo de mí.” No lo estoy en absoluto, pensé. “Oigamos un poco de música”, dijo Caroline, cansada de escuchar una conversación en la que no formaba parte. El pianoforte se abrió, y le pidió a Elizabeth que tocara. Estaba molesto con Caroline en ese momento, pero después de unos minutos, comencé a estar agradecido por ello. Le estoy prestando mucha atención a Elizabeth. Ella me hechiza. Y aun así sería una tontería el enamorarme de ella. Tengo planeado casarme con un muy diferente tipo de mujer, una con fortuna, y linaje igual al mío. No prestare más atención a Elizabeth.

Sábado 16 de Noviembre Bingley yo cabalgamos hacia el este esta mañana y examinamos más de la propiedad. Bingley estaba complacido con todo lo que veía y lo calificaba como extraordinario. Yo indique que las mallas estaban rotas y que la tierra necesitaba un drenaje, pero el solo dijo: “Si, supongo que así es.” Sé que tiene un carácter tranquilo, pero había algo más que su habitual asentimiento en sus maneras. Sospeche que en realidad no estaba poniendo atención, sino preocupándose por Miss Bennet. Es una desgracia que ella se haya enfermado mientras visitaba a sus hermanas. Ha hecho que la casa se venga de cabeza. También me ha traído en constante contacto con Elizabeth.

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Siguiendo mi propósito, no le preste atención a Elizabeth cuando entre al salón con su hermana más tarde esta mañana, cuando ya habíamos regresado de nuestro paseo. Después de los debidos saludos, Miss Bennet pidió que se le prestara el carruaje de Bingley.

“Mi madre no puede pasarse sin el carruaje hasta el Martes, pero ya estoy muy recuperada y no podemos sobrepasar su hospitalidad más tiempo.” dijo ella. Sentí una mezcla de emociones: alivio de que Elizabeth pronto se iría de Netherfield, pesar de que no podría hablar con ella más tiempo.

Bingley no compartía la opinión de Miss Bennet. “¡Es muy pronto!” exclamó. “Puede usted parecer recuperada cuando está sentada junto al fuego, pero no está lo suficientemente mejorada como para soportar el viaje. Caroline, dile a Miss Bennet que debe quedarse.” “Querida Jane, por supuesto que debes quedarte,” dijo Caroline. Detecté una frialdad en su voz, y no estaba sorprendido cuando agregó; “No podemos ni pensar en que te vayas antes de mañana” Una estadía de más de un día adicional no la complacían. Bingley parecía sorprendido, pero Miss Bennet aceptó la sugerencia. “Incluso mañana es muy pronto,” protesto Bingley. “Es muy amable de su parte, pero realmente debemos irnos,” dijo Miss Bennet. Ella es una chica dulce, pero también puede ser firme, y nada que Bingley dijera podía cambiar su decisión.

Estaba conscientemente en guardia durante el último día. Había prestado demasiada atención a Elizabeth durante su estadía, y estaba tardíamente dándome cuenta de que pude haber levantado

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alguna expectativa. Decidí aplastar cualquiera, si acaso alguna se hubiera formado. Apenas y le dirigí diez palabras en el curso del día, y cuando estuve desafortunadamente solo con ella por media hora, me apliqué a mi libro y no voltee ni una vez.

Domingo 17 de Noviembre Todos atendimos el servicio en la mañana, y después las Bennet se despidieron. “Querida Jane, lo único que me puede resignar a dejarte ir es saber que por fin estas bien,” le dijo Caroline, dándole una cariñosa despedida a su amiga. “Soy un hombre muy egoísta. Si no hubiera sido por el hecho de que te encontrabas sufriendo, estaría complacido de que tu hubiera dado un resfriado,” dijo Bingley afectuosamente, apretando la mano de Jane. “Me ha permitido tenerte conmigo todos los días por casi una semana.”

Él, por lo menos, había hecho de su estancia algo agradable, y se había tomado la molestia de entretenerla en los momentos en que podía bajar. Es fácil ver por qué Bingley la ha hecho su favorita. Ella tiene una dulzura y amabilidad en sus maneras que la hacen muy agradable, mientras que sus sentimientos no son del tipo de los que son fácilmente comprometidos. No importa que tan encantador o alegre sea Bingley, no necesita temer que sus intenciones sean mal entendidas. “Y Miss Eliza Bennet,” dijo Caroline, con una gran sonrisa. “Ha sido muy… encantador tenerla aquí.” Elizabeth notó su vacilación y sus ojos brillaron con picardía. Respondió educadamente, sin embargo. “Miss Bingley. Ha sido muy amable de su parte el permitirme quedarme.” A Bingley le dio una más cálida despedida. “Muchas gracias por todo lo que ha hecho por Jane,” dijo. “Ha hecho una gran diferencia para mí el verla tan bien atendida. Nada

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podría ser más amable que su disposición al atizar el fuego, o moviendo las mamparas para evitar cualquier corriente de aire, o sus instrucciones a la ama de llaves para preparar deliciosos platillos que tentaran el apetito de Jane.” “Solo lamento el no poder haber hecho más,” respondió, “Espero que nos veamos pronto en Netherfield nuevamente.”

“También lo espero” Volteo hacia mí. “Miss Bennet,” dije, dándole una fría reverencia. Parecía sorprendida por un momento, pero después una sonrisa apareció en sus ojos, y me devolvió una reverencia, respondiendo con tono señorial: “Mr Darcy.” Casi me tentó a sonreír. Pero mantuve mi postura con una expresión de severidad y me di vuelta.

El grupo entonces se desintegró. Bingley escoltó a las dos damas al carruaje y las ayudó a entrar. Mi frialdad no había afectado el ánimo de Elizabeth ni por un minuto. Estaba agradecido que así fuera- antes de recordarme que el ánimo de Elizabeth no eran de mi incumbencia. Regresamos al salón. “¡Bueno!” dijo Caroline. “Se han ido.” No hice ningún comentario. Ella volteo hacia Louisa e inmediatamente empezó a hablar de asuntos de la casa, olvidando todo lo relacionado con su supuesta amiga.

Mientras escribo esto, estoy feliz de que Elizabeth se haya ido. Ahora, espero, poder pensar en ella como Miss Elizabeth Bennet otra vez. Deseo pensar en cosas más sensatas, y no tener que sufrir más de las bromas de Caroline.

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Lunes 18 de Noviembre

Por fin, un día normal. Bingley y yo examinamos la esquina sur de esta tierra. Parece estar interesado en comprarla, y dice que está listo para establecerse en ella. Aun así, no ha estado aquí mucho tiempo y no creeré sus intenciones hasta que haya pasado el invierno en este lugar. Si le gusta después de eso, creo que podría ser el lugar para él.

Caroline estuvo encantadora esta tarde. Sin Miss Elizabeth Bennet en la casa, no me molesta, y pasamos una tarde placentera jugando cartas. No extrañé a Miss Elizabeth para nada. Creo que apenas y pensé en ella media docena de veces en todo el día.

Martes 19 de Noviembre. “Creo que deberíamos cabalgar alrededor de la propiedad hoy,” le dije a Bingley esta mañana. “Después, tal vez,” respondió, “Deseo cabalgar hacia Longbourn esta mañana para preguntar por la salud de Miss Bennet” “La viste solo hace dos días,” comenté con una sonrisa; Bingley cuando está en uno de sus enredos amorosos es muy gracioso. “Lo que significa que no la vi ayer. Es tiempo de que remiende mi negligencia.” respondió, igualando mi tono. “¿Vendrás conmigo?” “Está bien,” dije. Un momento después, me arrepentí, pero estaba molesto conmigo mismo por mi cobardía. Puedo sentarme con Miss Bennet por diez minutos sin caer presa de su atracción, y además, no es seguro que la vaya a ver. Puede que no esté en casa.

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Salimos después del desayuno. Nuestro camino nos hizo pasar por Meryton, y vimos el objetivo de nuestra salida en la calle principal. Miss Bennet estaba tomando un poco de aire con sus hermanas. Escuchando el trote de los caballos ella volteó hacia arriba.

“Me estaba dirigiendo a su casa, para ver cómo se encontraba, pero puedo ver que está mucho mejor. Me alegra mucho,” dijo Bingley, tocando su gorro. “Gracias,” ella respondió, con una sonrisa encantadora. “Ha perdido su palidez, y ahora tiene algo de color en sus mejillas” “El aire fresco me hace bien” respondió. “¿Caminó hasta Meryton?” le preguntó. “Sí.” “¿Espero que no se haya cansado?” agrego, frunciendo el entrecejo. “No, gracias, el ejercicio fue beneficial. He pasado tanto tiempo dentro de casa que estoy complacida de volver a salir.” “Mis sentimientos son exactamente los mismo. Si alguna vez estoy enfermo, no puedo esperar a salir tan pronto estoy mejor.”

Mientras ellos seguían con su conversación, y Bingley se mostraba tan feliz como si Miss Bennet hubiera escapado de las garras del tifus, en lugar de un insignificante resfriado, estudiosamente evite mirar a Elizabeth. Dejé que mis ojos deambularan sobre el resto del grupo. Vi a las tres menores Bennet, una de ellas cargando un libro de predicaciones y a las otras dos riendo juntas, y a un hombre corpulento a quien no había vista antes. Por sus ropas pude saber que era un clérigo, y parecía estar acompañando a las damas. Estaba reflexionando que tal vez su presencia explicaba porque Mis Mary Bennet estaba agarrando un libro de predicaciones cuando recibí una indeseada

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sorpresa, no, un terrible sobresalto. En la orilla del grupo se encontraban otros dos hombres. Uno era Mr Denny, un oficial a quien Bingley y yo ya habíamos conocido antes. El otro era George Wickham.

¡George Wickham! ¡Ese hombre odioso, quien había traicionada la confianza de mi padre y casi había arruinado a mi hermana! El estar forzado a verlo otra vez, en tal momento y tal situación… Era abominable.

Pensé que ya había acabado con él. Pensé que no tendría que volver a verlo jamás. Pero ahí estaba, hablando con Denny como si no tuviera nada de qué preocuparse en este mundo. Y supongo que no tiene, pues nunca se ha preocupado por nada en su vida, a excepción de sí mismo.

Se volteó hacia mí. Sentí como me ponía blanco, y lo vi ponerse rojo. Nuestros ojos se encontraron. Furia, aversión y desprecio irradiaron de los míos. Pero recuperándose rápidamente, una detestable insolencia irradio de los suyos. Tuvo el descaro de tocar su sombrero. ¡A mí! Hubiera volteado, pero tenía demasiado orgullo como para crear una escena, y me forcé a responder su saludo.

Sin embargo, mi cortesía no sirvió de nada. Mirando de soslayo a Miss Elizabeth Bennet, pude ver que se había dado cuenta de nuestro extraño intercambio, y no fue engañada ni por un instante. Sabía que algo estaba mal entre nosotros dos.

“Pero no debemos retenerte más,” escuche a Bingley decir. Sentí, en vez de ver a Bingley volteando hacia mí. “Vamos Darcy, debemos irnos.” Estaba demasiado dispuesto a hacer lo que me pedía. Nos despedimos de las damas y nos fuimos.

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“Se está sintiendo mucho mejor, y cree ya estar del todo recuperada.” No respondí. “Se veía bien, creo yo.” dijo Bingley. De nuevo no respondí. “¿Pasa algo malo?” pregunto Bingley, dándose cuenta de mi raro humor. “No, nada” dije cortante. “No, Darcy, no me engañaras. Algo te ha molestado.” Pero no sería convencido. Bingley no sabe nada del problema que tuve con Wickham en el verano, y no deseo revelárselo. La ingenuidad de Georgiana podría provocar una sombra en su reputación si se supiera, y estoy determinado a que Bingley nunca escuche nada de ello.

Miércoles 20 de Noviembre Salí temprano esta mañana, sin preguntarle a Bingley si deseaba venir conmigo, pues quería estar solo. ¡George Wickham, en Meryton!

Le ha quitado a mi visita lo placentero. Aun peor, me persigue el recuerdo, de algo tan fugaz que apenas y puedo estar seguro de que es real. Pero no me deja en paz y llena mis sueños. Es esto: cuando cabalgaba hacia las damas ayer, pensé ver una expresión de admiración en el rostro de Elizabeth al mirar a Wickham.

¡No puede preferirlo a él sobre mí! ¿Qué estoy diciendo? Sus sentimientos hacia mí no tienen importancia. Ni sus sentimientos por George Wickham. Si desea admirarlo, es su problema.

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No puedo creer que lo podrá seguir admirando una vez que descubra su verdadera naturaleza, y va a descubrirla. Él no ha cambiado en absoluto. Es aun el sabandija que siempre ha sido, y ella es muy inteligente como para seguir siendo engañada por mucho tiempo. Y aun así, es guapo. Las damas siempre lo han admirado. Y tiene unas maneras tan agradables y un estilo para hablar que lo hace ser agradado por todos los que lo conocen, mientras que yo… ¡No puedo creer que me esté comparando con George Wickham! Debo de estar loco. Y aun así, si Elizabeth… no debo pensar en ella como Elizabeth. Si elige compararnos a ambos, entonces que lo haga. Probará que está por debajo de mis estándares, y no estaré preocupado por ningún pensamiento relacionado con ella.

Jueves 21 de Noviembre Bingley declaró sus intenciones de ir a Longbourn para dar a los Bennet la invitación al baile. Caroline y Louisa aceptaron gustosamente el ir con él, pero yo rechacé la invitación, diciendo que tenía algunas cartas que tenía que escribir. Caroline comentó inmediatamente que ella también tenía cartas que escribir, pero Bingley le dijo que podía esperar hasta mañana para hacerlo. Estuve complacido. No quería ninguna compañía hoy. No puede alejar mis pensamientos de George Wickham. Por las pláticas del personal y de la comunidad, me he enterado de que piensa unirse al regimiento. Sin duda piensa que se verá muy bien en un saco escarlata.

Peor aún, Bingley ha incluido a todos los oficiales en su invitación a Netherfield, y me temo que Wickham podría unirse a ellos. No tengo ningún deseo de verlo, pero no evitaré el baile. No es mi posición el evitarlo. Él es una sabandija y un villano pero no importunaré a Bingley al negarme a ir a su baile.

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Viernes 22 de Noviembre Un día lluvioso. Fui capaz de salir a cabalgar con Bingley esta mañana, pero entonces la lluvia empezó a caer y fuimos obligados a permanecer dentro de la casa. Pasamos el tiempo hablando de los planes de Bingley para la propiedad. Sus hermanas le dieron sus opiniones sobre necesarias alteraciones a la casa y el tiempo se pasó rápidamente, aunque extrañé la compañía alegre de Elizabeth.

Sábado 23 de Noviembre Otro día lluvioso. Caroline está de un genio insoportable. Estoy agradecido de que Elizabeth no estuviera aquí, o hubiera hecho explotar a Caroline con una ola de mal humor. Bingley y yo nos retiramos al salón de billar. Me parece perfecto que la casa posea una, pues de lo contrario hubiéramos estado terriblemente aburridos.

Domingo 24 de Noviembre Recibí una carta de Georgiana esta mañana. Está mejorando con sus estudios, y es feliz. Está empezando un nuevo concierto con su maestro de música, un hombre de quien estoy feliz de decir que la música es su adoración, y ella se está divirtiendo enormemente. La lluvia continúo. Caroline y Louisa se entretuvieron decidiendo que ponerse para el baile, mientras que Bingley y yo discutimos sobre la guerra. Estoy empezando a encontrar el campo muy aburrido. En casa, en Pemberley, tengo muchas cosas que me ocupen, pero aquí hay poco que hacer además de leer, o jugar billar cuando el clima es malo.

Estoy interesado en ver si este periodo de mal tiempo disuade a Bingley de no comprar Netherfield. Una propiedad en el campo bajo la luz del sol es algo muy diferente a una en la lluvia constante. Lunes 25 de Noviembre

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Me alegre mucho lo del baile. Por lo menos, si tenemos otro día lluvioso mañana, tendremos algo en que ocuparnos.

Martes 26 de Noviembre La mañana fue húmeda, y me la pase escribiendo cartas. Esta tarde, Bingley y sus hermanas estaban ocupados con los preparativos finales para el baile. Tenía muy poco que hacer y estaba molesto de descubrirme pensando en Mis Elizabeth Bennet, tanto que cuando el grupo de Longbourn llegó esta noche, estuve buscándola a ella. Pensé que ya la había logrado sacar de mi cabeza, pero no le soy indiferente como había supuesto.

“Jane se ve encantadora” dijo Caroline, mientras su hermano se dirigía hacia ellos para saludar a Miss Bennet. “Es una lástima que no se pueda decir lo mismo de su hermana,” dijo Louisa, “¿Qué es lo que tiene puesto Miss Elizabeth Bennet?” Caroline la inspeccionó con una mirada inquisitiva. “Miss Eliza Bennet no se ha vestido a la moda, y está usando un vestido que es tres pulgadas muy largo y uso demasiado encaje. ¿No lo cree así, Mr Darcy?” “No sé nada de las modas de las damas,” dije, “pero para mí se ve muy bien.” Caroline enmudeció, pero solo por un momento. “Me preguntó a quién podrá estar buscando. Definitivamente está buscando a alguien.” “Probablemente esté buscando a los oficiales,” dijo Louisa. “Entonces no es tan rápida como sus hermanas, pues ellas ya los han encontrado.” dijo Caroline.

Las hermanas más jóvenes habían corrido ruidosamente a través del salón, y estaban saludando a los oficiales con risas y chillidos.

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“Si se acercan un poco más a Mr Denny, ¡seguro lo sofocaran!” comentó Louisa. “A usted no le gustaría ver a su hermana comportándose de esa manera con los oficiales, estoy segura,” dijo Caroline dirigiéndose hacia mí. Ella no intentaba herirme, y aun así su comentario no pudo haber sido mejor puesto. Mando mis pensamientos a Georgiana, y después hacia Wickham, quien estaba por portar una casaca roja. No, no me gustaría verlo, pero estaba convencido de que si no hubiera llegado a Ramsgate sin avisar, hubiera podido suceder.

Caroline parecía alarmada al ver que palidecía, pero logré responder normalmente: “¿Está comparando a mi hermana con Lydia Bennet?” “Son de la misma edad,” dijo Louisa, con una carcajada. “No, por supuesto que no,” dijo Caroline rápidamente, dándose cuenta de que había cometido un error. “No puede haber comparación. Solo trataba de decir que las Bennet son permitidas de hacer lo que les plazca.”

Incliné mi cabeza hacia ella y me alejé, esperando que la búsqueda de Elizabeth alrededor del salón fuera para encontrarme a mí. Mientras me acercaba a los oficiales, oí a Denny decir a Miss Lydia Bennet que Wickham no estaba presente y que se había visto forzado a ir a la ciudad por unos días. “¡Oh!” respondió ella, bajando su rostro. Elizabeth se unió a ellos y ella, también, parecía decepcionada. Recordé la mirada que había tenido hacia Wickham en Meryton y sentí mis manos formarse en puños mientras descubría la verdad; cuando entró al salón a quien ella estaba buscando era a Wickham, y no a mí. “No imagino que tales asuntos lo hubieran mantenido lejos esta noche si no hubiera deseado evitar a cierto caballero aquí presente” escuche por casualidad oír a Mr Denny.

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¿Así que se había vuelto un cobarde? No me sorprendía en lo absoluto. La valentía nunca fue algo que caracterizara a Wickham, engañar a los inocentes y encantadoras jovencitas, ese si era su fuerte. ¿Pero seguramente Elizabeth no era tan crédula? No. No era fácil engañarla a ella. Puede que no lo haya descubierto todavía, pero estoy seguro de que lo hará tarde o temprano. Mientras tanto, no quise perder la oportunidad de hablar con ella.

Seguí caminando hacia ella. “Me alegra verla aquí. ¿Espero que haya tenido un viaje placentero?” pregunté. “Esta vez, espero, no habrá tenido que caminar.” “No, gracias,” dijo rígidamente. “Vine en carruaje.” Me pregunté si acaso la habría ofendido. Tal vez ella sintió mi comentario como una burla a la inhabilidad de su familia de mantener a sus caballos solo para su uso en el carruaje. Traté de reparar el daño provocado por mi primer comentario. “¿Esta emocionado por el baile?” Volteó y me vio directamente a los ojos. “Es la compañía lo que hace un baile, Mr Darcy. Disfruto cualquier entretenimiento en el que estén mis amigos presentes.” “Entonces estoy seguro que disfrutará su velada aquí,” dije. Se volteo con un grado de mal-humor que me sorprendió. No pudo superarlo incluso cuando estaba hablando con Bingley, y me decidí a dejarla en paz. Dejadla darme la espalda mientras le hablo. Dejadla preferir a Wickham en lugar que a mí. No quiero nada más que ver con ella.

Ella dejó a sus hermanas y atravesó el salón para hablar con su amiga, Miss Lucas, y después su mano fue buscada por un corpulento joven párroco. Lo había visto con ella en Meryton. A pesar de mi enojo, no pude evitar sentir pena por ella. Nunca había

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visto una muestra de tan humillante muestra de baile en mi vida. Por su expresión, pude suponer que ella sentía lo mismo. Él se movía a la izquierda cuando debía ir a la derecha. Iba hacia atrás cuando debía ir hacia delante. Y aun así, ella bailaba como si su tuviera a un experto bailarín de compañero.

Cuando la vi dejar la pista de baile, sentí un impulso por solicitar el siguiente baile. Vi frustrado mi intento cuando uno de los oficiales bailo con ella, pero entonces me adelante para preguntarle por el siguiente baile. Se veía sorprendida, y yo también me sorprendí, tan pronto como le había pedido su mano me pregunte qué estaba haciendo. ¿No había decidido dejar de prestarle atención a ella? Pero ya estaba hecho. Había hablado, y no podía retirar mi proposición. Ella la acepto, pero fue más por la sorpresa que por cualquier otra cosa, me supongo. No encontré otra cosa más que decirle, y me retiré, determinado en pasar el tiempo con gente más sensata hasta que el baile comenzara.

Salimos a la pista de baile. Había muchos rostros asombrados alrededor nuestro, pero no estoy seguro del por qué. Puede que no hubiera elegido bailar en la asamblea, pero es una situación muy diferente a la de un baile privado. Traté de pensar en algo que decir, pero no encontré nada, estaba sin habla. Me sorprendió. Nunca había estado sin palabras antes. Es cierto que no me es fácil hablar fácilmente con aquellos que no conozco bien, pero generalmente puedo pensar en al menos un rompe hielo. Creo que la hostilidad emanada de Elizabeth me alteraba el sentido.

Por fin ella dijo: “Este es un baile muy agradable.” Viniendo de una mujer cuyo ingenio y vivacidad me deslumbran, era un comentario seco, y no di ninguna respuesta. Después de unos minutos, ella dijo: “Ahora le toca a usted decir algo, Mr Darcy. Yo he hablado del baile, y usted debería hacer

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algún comentario sobre las dimensiones del salón o sobre el número de parejas.” Eso era más como Elizabeth. “Diré cualquier cosa que usted desee escuchar.” respondí. “Muy bien. Esa respuesta servirá de momento. Quizá poco a poco me convenza de que los bailes privados son más agradables que los públicos. Pero ahora podemos permanecer en silencio.” “¿Acostumbra usted a hablar mientras baila?” pregunté. “Algunas veces. Es preciso hablar un poco ¿No cree? Pero en atención a algunos, hay que llevar la conversación de modo que no se vean obligados a decir más de lo preciso.” “¿Está hablando de usted misma en este caso, o piensa que está complaciéndome a mí?” “Ambos” respondió con coquetería. No pude evitar sonreír. Es esa coquetería la que me atrae. Es provocativa sin ser impertinente, y nunca he conocido a ninguna mujer que pudiera expresarse de esa forma antes. Ella eleva su rostro de cierta manera cuando hace uno de sus comentarios juguetones que me veo abrumado por el deseo de besarla. No es que vaya a rendirme a tales impulsos, pero ahí están de todas maneras.

“Siempre he encontrado un gran parecido en nuestra forma de ser,” prosiguió. “Los dos somos insociables, taciturnos y enemigos de hablar, a menos que esperemos decir algo que deslumbre a todos los presentes y pase a la posteridad con todo el brillo de un proverbio.”

Estaba intranquilo, sin saber si reír o preocuparme. Si era parte de su coquetería, entonces lo encontraba muy divertido, ¿pero si pensaba que era la verdad? Recordé la asamblea de Meryton, y los días pasados en Netherfield. No me había quizás dispuesto a encantarla, pero entonces, nunca lo hice. Quizás, haya sido cortante en un principio, pero creía haber reparado el daño los

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últimos días de su visita. Pero el último día. Recuerdo mi silencio, y mi determinación de no hablar con ella. Recuerdo el haberme felicitado por no dirigirle más de diez palabras, y permanecí totalmente callado cuando nos quedamos solos durante media hora, pretendiendo estar absorto en mi libro.

Había estado en lo correcto al permanecer en silencio, pensé. Inmediatamente me contradije, considerándolo algo equivocado. Estaba tanto en lo correcto como en lo equivocado: correcto si deseaba aplastar cualquier expectativa que se haya formado durante el curso de su visita, pero equivocado si deseaba ganar su aprobación, o el ser cortes. No suelo estar tan confundido. Nunca lo estuve, hasta que conocí a Elizabeth. Me di cuenta de que otra vez estaba callado, y sabía que tenía que decir algo si no deseaba confirmar sus sospechas de que era deliberadamente taciturno.

“Estoy seguro de que usted no es así.” Dije, mi intranquilidad reflejada en mi tono de voz, pero no sabía si estar divertido o herido. “En cuanto a mí, no sabría decirlo. Usted, sin duda, cree que ha hecho un fiel retrato de mi persona.” “No puedo juzgar mi propia obra.” Permanecimos en un incómodo silencio. ¿Acaso me juzgaba? ¿Me despreciaba? ¿O estaba jugando conmigo? No podía decidirme. Al fin, le hable sobre su viaje a Meryton, y respondió que ella y sus hermanas habían conocido a alguien ahí. Me congelé. Sabía a quién se refería. ¡Wickham! ¡Y la forma en que ella hablaba de él! No con desprecio, sino con gusto. Me temí que deseara seguir ese tema, pero algo en mis maneras la deben de haber hecho permanecer en silencio. Sabía que debía ignorar el asunto. No tenía por qué explicarme. Y aun así, dije: “Mr Wickham esta bendecido con unas maneras tan alegres que le aseguran hacer amigos a donde vaya. Si es igualmente capaz de mantenerlos es menos seguro.”

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“Él ha tenido la desgracia de perder su amistad, de tal forma que sufrirá por ello toda su vida”

¿Qué es lo que le había dicho él a ella? ¿Qué le había contado? Deseaba vehementemente decirle la verdad sobre todo lo acontecido, pero no podía hacerlo por miedo de herir a Georgiana.

Una vez más permanecimos en silencio. Fuimos rescatados de él por Sir William Lucas quien dejó escapar un comentario que alejó a Wickham de mis pensamientos. Por eso, al menos, le estaba agradecido. Nos felicitó por nuestro baile, y después, mirando a Miss Bennet y a Bingley, dijo que esperaba tener el placer de verlo repetirse cuando cierto evento esperado tomara lugar.

Estaba sorprendido. Pero no cavia ninguna duda de a qué se refería. Lo pensaba posible, no, definitivo, que Miss Bennet y Bingley se casarían. Los mire bailando, pero no pude ver nada en el comportamiento de ninguno de ellos que llevara a dicha conclusión. Aun así, si se estaba hablando de ello, quería decir que el asunto era grave. No podía permitir a Bingley comprometer la reputación de una mujer, no importaba que tan agradable fuera su coqueteo. Recuperándome, le pregunte a Elizabeth de que estábamos hablando antes de la interrupción. Ella respondió, “De nada en absoluto.” Empecé a hablar de libros. Ella no admitía que pudiéramos tener los mismos gustos, así que declaré entonces, que al menos, proporcionaría un tema de conversación. Ella declaró que no podía hablar de libros en un salón de baile, pero sospeché que ese no era lo que la estaba inquietando. El problema era que su mente estaba en otro lugar. De repente me dijo, “Recuerdo haberlo oído decir en una ocasión, Mr Darcy, que usted muy difícilmente perdonaba, que cuando había concebido un resentimiento, le era imposible aplacarlo. Supongo, por lo tanto, que será muy cauto en concebir dichos resentimientos… ”

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¿Estaba pensando en Wickham? ¿Le había contado acerca de nuestra relación y fricciones? Ella pareció realmente ansiosa de oír la respuesta, y le aseguré. “Efectivamente” dije con firmeza. Más preguntas siguieron, hasta que le pregunte las intenciones de dichas preguntas. “Conocer su carácter, sencillamente.” respondió “Estoy intentando descifrarlo.” Entonces no estaba pensando en Wickham. Me alegré. “¿Y a qué conclusiones ha llegado?” No pude evitar preguntar Meneando su cabeza dijo: “A ninguna. He oído opiniones tan diferentes de usted, que no consigo aclararme en absoluto.” “Reconozco que las opiniones acerca de mi pueden ser muy diversas” dije, pensando con un sensación de depresión en Wickham, “y desearía, que no esbozase mi carácter en este momento, porque tengo razones para temer que el resultado no reflejaría la verdad.” “Pero si no lo hago ahora, puede que no tenga otra oportunidad.” Ya había rogado por clemencia. No podía hacerlo otra vez. Respondí fríamente: “De ningún modo desearía impedir cualquier satisfacción suya”

Terminamos nuestro baile como lo habíamos comenzado, en silencio. Pero no podía estar enojado con ella por mucho tiempo. Había sido cuenteada por George Wickham, eso estaba claro, y como él era incapaz de decir la verdad, no había duda de que todo lo que ella consideraba como verdad eran un montón de mentiras. Cuando nos separamos ya había perdonado a Elizabeth, y dirigido toda mi furia hacia Wickham. ¿Qué le había dicho? Me pregunto. ¿Y qué tanto ha dañado mi imagen en su estima? Fui salvado de estas inquietantes reflexiones por la aparición de un joven hombre reverenciándome y pidiendo perdón por

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introducirse el mismo. Estaba a punto de alejarme cuando recordé haberlo visto con Elizabeth, y me dio curiosidad lo que tenía que decirme. “No está entre las formas establecidas de ceremonia entre la nobleza él presentarse a uno mismo, lo sé bien, pero me enorgullezco de que las reglas que gobiernan al clero son algo diferentes, de forma que considero el oficio sacerdotal en igualdad de dignidad con el rango más alto del reino, bajo lo cual he venido a presentarme a usted, una presentación que, estoy seguro, no será condenada como impertinente cuando sepa que mi noble benefactora, la dama que bondadosamente me otorgó un generoso beneficio, es nadie más que su estimable tía, Lady Catherine de Bourgh. Ella fue quien me dirigió a la valiosa rectoría de Hunsford, donde es mi deber, no, mi honor, el realizar las ceremonias que deben, por su naturaleza, recaer en el beneficiado,” me aseguró con una sonrisa servil.

Lo miré con asombro, preguntándome si estaba totalmente cuerdo. Pareciera que en verdad creyera que un párroco puede ser considerado como igual del rey de Inglaterra, pero no con mi tía, pues su discurso estaba lleno de efusiones alusivas a la gratitud y la alabanza de su nobleza y condescendencia. Me pareció muy excéntrico, pero mi tía, al parecer, lo había encontrado digno del beneficio, y como ella conocía mucho más que yo sobre el asunto, solo pude suponer que poseía virtudes que yo desconocía.

“Estoy seguro que mi tía nunca otorgaría un favor a alguien que no fuera digno de ello.” dije cortésmente, pero con suficiente frialdad para prevenirlo de decir algo más. Pero no fue impedido, y empezó un segundo discurso que era mucho más largo y más rebuscado que el primero. Mientras abría la boca para tomar aire, le di una reverencia y me fui. La absurdidad tiene su gracia, pero no estaba de humor para divertirme con ella, pues apenas había dejado a Elizabeth.

“Veo que haz conocido al estimable Mr Collins,” me dijo Caroline mientras nos dirigíamos a cenar. “Es otro de los parientes de los

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Bennet. En verdad, parece que tienen una muy extraordinaria colección. Creo que este supera incluso al tío en Cheapside. ¿O usted que cree, Mr Darcy?” “Todos tenemos parientes de los que no estamos orgullosos,” respondí. Le dio a Caroline un escarmiento. Le gusta olvidar que su padre hizo su fortuna por medio del comercio. “Muy cierto,” respondió. Pensé que había adquirido un poco de cordura, pero un momento después dijo, “Hace un momento estaba hablando con Eliza Bennet. Parece haber desarrollado un gran agrado por George Wickham. No sé si usted ya se había enterado, pero él planea unirse a la milicia aquí. Es de lo más frustrante, que usted tenga que verse atormentado por un hombre como George Wickham. Mi hermano no quería invitarlo, es un hecho, pero no podía invitar a los oficiales y excluirlo a él solamente.” “Hubiera parecido algo personal,” concedí. Bingley no podía ser culpado por la situación. “Sé que Charles estuvo muy complacido con la noticia de la ausencia de Wickham. Charles no desearía incomodarte en ninguna forma. Sabiendo que Wickham no es un hombre de confianza, advertí a Eliza Bennet de su carácter, diciéndole que sabía que se había portado de una manera infame en contra tuya, aunque no tenía los particulares de ello…” Se detuvo, pero si estaba esperando que le aclarara los hechos, iba sufrir una decepción. Mis asuntos con Wickham nunca serán hechos públicos, o contados a nadie quien no los conozca ya. “…pero ella ignoró mi advertencia y se lanzó en su defensa salvajemente.”

Estaba a punto de poner punto final a su conversación, pues me estaba causando no poco dolor, cuando otra voz penetró en nuestra plática. Reconocí los tonos estridentes en seguida. Eran los de Mrs Bennet. No tenía ningún deseo de escuchar su conversación, pero era imposible no oír lo que estaba diciendo.

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“¡Ah! Ella es tan bella, sabía que no podía ser tan bella para nada. Mi hermosa Jane. ¡Y Mr Bingley! Que hombre tan guapo. Que aire de grandeza. Y maneras tan placenteras. Y luego, claro, esta Netherfield. Está a la perfecta distancia de nosotros, pues a ella no le gustaría estar muy cerca de casa, no con su propia propiedad que atender, y aun así no nos tomara nada de tiempo el visitarla o que ella nos visite en el carruaje. Me atrevo a decir que tendrán un hermoso carruaje. Probablemente dos hermosos carruajes. O quizás tres. El costo de un carruaje no es nada para un hombre con cinco mil libras al año.” Me puse rígido al oírla parlotear. “Y además sus hermanas están tan encariñadas con ella”

Me alegro que la atención de Caroline hubiera sido distraída por un joven a su izquierda, por lo cual no pudo escuchar nada. Su cariño hacia Jane se evaporaría en el momento que supiera hacia donde los pensamientos de Mrs Bennet estaban tendiendo. Pero no era solo la opinión de Mrs Bennet. Sir William también había tenido una opinión parecida.

Miré a través de la mesa, y vi a Bingley hablando con Miss Bennet. Su maneras eran igual de confiadas, pero detecté algo más que su atención habitual. De hecho, entre más lo observaba, más seguro estaba que sus sentimientos estaban comprometidos. Miré a Miss Bennet, y aunque pude notar que estaba complacida al hablar con él, no mostraba ninguna señal de que sintiera algún especial cariño. Si podía sacar a Bingley del vecindario, estaba seguro de que pronto la olvidaría, y ella lo olvidaría a él.

Su hubiera sido solo por Miss Bennet, tal vez no estaría preocupado de que Bingley se casara con ella, pero no era solo Miss Bennet, sino su madre, quien era una chismosa desenfrenada, y su padre perezoso, y sus tres hermanas menores quienes eran

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tontas y sobremanera coquetas, y su tío en Cheapside, y su tío el abogado, y sobre todo, su extraña conexión con el servil párroco…

Mientras oía a Mrs Bennet, sentía que el momento pronto llegaría de poner manos a la obra. No podía abandonar a mi amigo hacia tal destino, cuando un poco de esfuerzo por mi parte podría salvarlo de su predicamento. Estaba seguro de que unas cuantas semanas en Londres, le harían encontrar pronto a una nueva chica. “Solo espero que sea tan afortunada como yo, Lady Lucas,” Mrs Bennet continuó, aunque evidentemente creía que no había posibilidad de que su vecina compartiera la misma fortuna que ella. “El tener a una hija tan bien establecida- ¡qué maravilla!”

La cena terminó. Fue seguida por una exhibición del talento de Mary Bennet, cuya habilidad para cantar era tan escaza como para tocar. Para hacer las cosas aun peor, cuando su padre al fin la hizo retirarse del pianoforte, fue de tal manera que haría a cualquier persona decente sonrojarse. “Eso ha estado muy bien, niña. Nos has deleitado ya bastante; ahora deja que se luzcan las otras señoritas.” ¿Existió alguna vez un discurso peor formulado?

La noche no terminaba lo suficientemente rápido, y por alguna coincidencia o truco del destino, no se cual, el carruaje de los Bennet fue el último en llegar. “¡Por Dios, que cansada estoy!” exclamo Lydia Bennet, bostezando violentamente, y Caroline y Louisa intercambiaron miradas insolentes. Mrs Bennet no podía estas callada ni por un instante, y hablaba incesantemente. Mr Bennet no hacia ningún esfuerzo por

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remediarlo, y fueron los quince minutos más incómodos de mi vida. Salvar a Bingley de tal compañía se volvió una prioridad. “¿Vendrá a una cena familiar con nosotros, espero, Mr Bingley?” dijo Mrs Bennet. “Nada me daría más placer,” respondió, “Tengo algunos asuntos que atender en Londres, pero los visitaré tan pronto como regrese.” Esta nueva información me alegró. Significaba que no tendría que pensar en una forma de alejar a Bingley del vecindario, pues si él permanecía en Londres, el contacto con Miss Bennet se terminaría y no pensaría más en ella.

Tengo la intención de hablar con Caroline, para asegurarme de que los sentimientos de Jane no estén comprometidos, y si descubro, como sospecho, que no lo están, entonces sugeriré que nos vayamos todos a Londres con Bingley y persuadirlo de quedarse allá. Un invierno en la ciudad lo curaran de sus amores, y lo liberaran para dirigirlos a alguien más digno de ellos.

Miércoles 27 de Noviembre “Caroline, deseo hablar contigo,” dije, cuando él se había ido. Caroline levantó la vista de su libro y sonrió. “Estoy a tu disposición.” “Es sobre Miss Bennet de quien deseo hablarle”. Su sonrisa se esfumó, y presentí que estaba en lo correcto al pensar que su cariño por su amiga estaba pendiendo de un hilo. “Hubieron varias alusiones hechas en el baile entre los nuevos vecinos de Bingley, relativas a la boda entre Miss Bennet y él.” “¡Qué!” exclamó Caroline. “Sabía que le incomodaría. No puedo ver nada en la forma de comportarse de Miss Bennet que me haga suponer que está enamorada, pero me gustaría tener su opinión. La conoce mejor

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que yo. Ha sido su confidente. ¿Acaso tiene sentimientos de amor hacia su hermano? Puesto que, si es así, dichos sentimientos no deben ser ignorados.” “Ella no los tiene en absoluto.” dijo Caroline, liberando ese peso de mis hombros. “¿Está segura de ello?” “Por supuesto. Ella ha hablado de mi hermano un par de veces, pero solo en los términos que utiliza con cualquier otro hombre que conoce. Por lo tanto, estoy segura de que nunca ha pensado en Charles de esa manera. Ella sabe que él no planea quedarse por siempre en Netherfield, y ella esta simplemente divirtiéndose mientras él está aquí.” “Es justo como pensaba. Pero los sentimientos de Bingley están mucho más que comprometidos” “Me he temido lo mismo. Si él fuera tan insensato como para unirse a dicha familia, lo lamentaría de por vida.” “Lo hará. Por lo cual debemos separarlos, antes de que su comportamiento levante aún más sospechas y expectaciones. Si esto sucediera, llegaría un punto en el que dichas expectaciones deberán ser cumplidas, o la reputación de la dama sufriría un irreparable daño.” “Está en lo cierto. No debemos dejar que la reputación de mi querida Jane sufra ninguna mancha. Ella es muy dulce. Louisa y yo estamos muy encariñadas con ella. No debe ser dañada.”

Mr Hurst interrumpió en ese momento. “¿Viene a cenar con los oficiales?” preguntó. “Ellos me invitaron a que me uniera a ellos. Seguro que lo recibirán a usted también.” “No,” dije. Quería terminar mi conversación con Caroline. Hurst solo se encogió de hombros y llamó el carruaje. “Propongo que sigamos a Bingley a Londres. Si nos quedamos con él allá, no tendrá ninguna razón por la cual regresar aquí,” dije.

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“Un excelente plan. Le escribiré a Jane mañana. No le diré nada fuera de lo ordinario, pero le haré saber que Charles no regresará este invierno, y le desearé que disfrute de las bellezas y diversiones de estas Navidades.”

Jueves 28 de Noviembre. La carta de Caroline fue escrita y enviada esta mañana poco antes de que partiéramos hacia Londres. “Escuche el caso más increíble en Meryton la noche pasada,” dijo Mr Hurst mientras el coche se dirigía hacia Londres.

No le presté mucha atención, pero mientras seguía su historia, no pude evitar escucharlo.

“¿La chica Bennet- cuál era su nombre?” “Jane” dijo Louisa. “No, no ella, la otra. La de las enaguas” “Ah, te refieras a Elizabeth.” “Esa es. Tuvo una proposición del párroco.” “¿Proposición? ¿Del párroco? ¿A qué te refieres?” preguntaron Caroline y Louisa juntas. “Una proposición de matrimonio. Collins. Ese era su nombre.” “¡Mr. Collins! ¡Exquisito!” dijo Louisa. “Parece que Mr Collins es otro admirador de hermosos ojos.” dijo Caroline observándome satíricamente. “Creo que ellos se llevarán muy bien. Uno es toda impertinencia y el otro todo estupidez.”

No había sabido, hasta que escuche esto, que tan lejos mis sentimientos habían llegado. La idea de Elizabeth casándose con Mr Collins era humillante, y dolorosa en una forma en la que

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nunca me hubiera imaginado. Pero no podía ser. Hurst debía estar equivocado. Ella no podría rebajarse tanto. El estar unida a ese zoquete por el resto de su vida…

“Debes de estar equivocado,” dije. “De ninguna manera,” dijo Hurst. “Me lo contó Denny.” “No es un mal casamiento,” dijo Louisa, considerándolo. “De hecho es uno muy bueno. Hay cinco hijas, todas solteras, y su propiedad sería heredada a otra persona, creo.” “Heredada a Collins,” dijo Mr Hurst. “Aún mejor,” dijo Louisa. “Miss Eliza Bennet no tendrá que dejar su casa, y sus hermanas tendrán donde vivir cuando su padre muera.” “Al igual que su madre,” dijo Caroline felizmente. “¡Que encantador el estar confinado con Mrs Bennet por el resto de sus vidas!”

Nunca me había disgustado Caroline más. No desearía tal destino a nadie, y definitivamente no a Elizabeth. Ella sufre debido a su madre. Lo he visto. Se sonroja cada vez que su madre muestra su imprudencia. El ser forzado a tal humillación por el resto de su vida…

“Pero me pregunto porque no se lo propuso a Jane,” dijo Louisa. “¿Jane?” pregunto Caroline. “Sí. Ella es la mayor.” Caroline me miró. Sabía lo que estaba pensando. Mr Collins no se le había propuesto a Jane, porque Mrs Bennet lo había inclinado a creer que Jane estaba pronta a casarse con Bingley. “Me atrevo a decir, con la propiedad como herencia, pensó que podía tener a la que quisiera,” dijo Caroline. “La impertinencia de Miss Eliza Bennet le deba haber atraído, aunque no estoy segura

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de que sea adecuada para la esposa de un párroco. ¿Usted qué cree, Mr Darcy?” No dije nada, por miedo de decir algo que lamentaría luego. No podía permitirme el admirar a Elizabeth, así, ¿Qué importaba si otro hombre lo hacía? Pero mis manos estaban empuñadas y, mirando abajo percibí que mis nudillos se habían puesto blancos. Me miró, esperando una respuesta, y al final dije, más para satisfacer mis sentimientos que los de ella: “Puede que no sea nada. Denny puede estar equivocado.” “No veo el cómo,” dijo Caroline. “Él y Lydia son uña y mugre. Conoce todo lo que pasa en esa casa, me atrevo a decir.” “Lydia es una niña, y puede estar equivocada,” me escuché decir. “Denny no lo escuchó de Lydia,” dijo Mr Hurst. “Se lo dijo la tía. La tía vive en Meryton. Ella misma le dijo a Denny. Toda la casa estaba hecho un alboroto, ella dijo. Primero Mr Collins se le propone a Elizabeth, después Elizabeth lo rechaza.” “¿Lo rechazó?” Sentí la esperanza en mi voz. “Lo rechazó. La madre histérica. El padre del lado de Elizabeth.” dijo Mr Hurst. ¡Bendito sea Mr Bennet! Pensé, listo para perdonar cualquier acto negligente que hubiera tenido antes. “Si ella no cambia de parecer y lo acepta, él se le propondrá a la joven Lucas,” dijo Mr Hurst. “¿Cómo lo sabe?” Preguntó Caroline sorprendida. “La tía lo dijo, ‘Si Lizzy no se aplica, Charlotte lo atrapará,’ ella dijo ‘Él tiene que casarse, su patrona se lo dijo, y una chica es igualmente buena que la otra ‘”

Respiré nuevamente. En ese momento me di cuenta de que tan profundamente había estado atraído por Elizabeth. Fue muy

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bueno que me fuera a Londres. Había salvado a Bingley de un casamiento imprudente, y no podía hacer menos por mí mismo. Una vez fuera del vecindario de Elizabeth, dejaría de pensar en ella. Me adentraría en conversaciones sensatas, con mujeres sensatas, y no pensaría más en su ingenio pícaro.

Llegamos a Londres en buen tiempo. Bingley estaba sorprendido de vernos. “No queríamos que estuvieras solo aquí, y tuvieras que pasar tus horas libres en un incómodo hotel,” dijo Caroline. “¡Pero mis asuntos solo tomarán un par de días!” dijo sorprendido. “Espero no pienses irte antes de ver a Georgiana,” le dije, “Sé que a ella le encantará verte.” “Querida Georgiana,” dijo Caroline. “Crees que podamos quedarnos en la ciudad por una semana, Charles” “No veo por qué no quedarme un día o dos más.” aceptó. “Me encantaría ver a Georgiana. Dime, Darcy, ¿ha crecido mucho?” “No la reconocerías,” respondí. “Ya no es una niña. Está en camino de volverse una dama.” “¿Pero suficientemente joven como para disfrutar las Navidades?” preguntó Caroline. Sonreí. “Creo que sí. Deben de quedarse y celebrarlas con nosotros.” “No nos quedaremos aquí mucho,” dijo Bingley. “¿Qué?, ¿y perder la compañía de Darcy y Georgiana en Navidad?” preguntó Caroline. “Pero prometí ir a cenar con los Bennet,” dijo. “Mrs Bennet me invitó personalmente, y de la manera más amable.” “¿Abandonarás a tus viejos amigos por los nuevos?” exclamó Caroline. “Mrs Bennet dijo que podrías cenar con la familia en cualquier momento. La escuché yo misma decirlo. Los Bennet seguirán ahí después de Navidad.”

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Bingley parecía indeciso, pero entonces dijo: “Está bien. Nos quedaremos en la ciudad para Navidad.” Empezaba a verse más alegre. “Me atrevo a decir que será muy divertido. Siempre es mejor celebrar la Navidad cuando hay un niño en casa.”

Esto no era un buen presagio de lo que eran sus sentimientos por Georgiana, pero me consolé con el hecho de que no la había visto desde hacía mucho, y que aunque la última vez que la vio hubiera parecido una niña, estaba ahora claramente convirtiéndose en una mujer,

“Una vez que esto termine, iremos a Hertfordshire para año nuevo,” dijo. “Le escribiré a Miss Bennet para decirle sobre nuestros planes.” “No hay necesidad de eso,” dijo Caroline. “Estaré escribiéndole a ella hoy. Yo misma se lo diré.” “Mándale mis mejores deseos,” respondió Bingley. “Por supuesto que lo haré.” “Y dile que estaremos en Hertfordshire en Enero.” “Me aseguraré de hacerlo.” “Salúdame a su familia.” “Claro” Hubiera seguido, sino lo hubiera interrumpido: “Entonces ya está arreglado.”

Caroline salió del salón para ir a escribir su carta. Louisa y su esposo se fueron también, y Bingley y yo nos quedamos solos.

“Una Navidad que espero con ansias, y un Año Nuevo que espero con más ansias.” dijo Bingley. “Te gusta Miss Bennet,” observé.

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“Nunca he conocido un chica que me guste tanto.” Me senté, y Bingley se sentó frente a mí. “Y aun así no estoy seguro de que ella será una buena esposa para ti.” dije pensativamente. “¿A qué te refieres?” preguntó sorprendido. “Sus bajas conexiones-” “¡No deseo casarme con sus conexiones!” dijo Bingley con una sonrisa. “Un tío que es un abogado, otro que vive en Cheapside. No pueden agregar nada de clase para ti, y van, al final, a disminuirla” La sonrisa de Bingley se esfumo. “No puedo ver porque importe. ¿Qué necesidad tengo yo de eso?” “Cualquier caballero necesita de categoría. Y, además, están sus hermanas.” “Miss Elizabeth es un chica encantadora.” Me había dado en mi punto débil, pero mi posición era firme y me recuperé. “Sus hermanas son, en su mayoría, ignorantes y vulgares. La más chica es una incorregible coqueta.” “No habrá necesidad de que los veamos” dijo Bingley. “Mi querido Bingley, no puedes vivir en Netherfield y no verlos. Ellos siempre estarán ahí. Así como su madre.” “Entonces no viviremos en Netherfield. No he comprado aún la propiedad. Solo es rentada. Nos estableceremos en algún otro lugar. “¿Pero Jane lo consentiría?” Su rostro se ensombreció. “Si sintiera un fuerte cariño por ti, tal vez pueda ser persuadida a dejar el vecindario,” le dije.

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“¿Crees que no lo siente?” preguntó Bingley inseguro. “Ella es una chica encantadora. Pero no mostraba ningún signo de que disfrutará más tu compañía que la de cualquier otro hombre” Él mordió su labio. “Pensé… ella parecía tan encantada con hablar conmigo… parecía tan contenta de bailar conmigo… en realidad pensé que ella se sentía mucho más feliz en mi compañía que en la de cualquier otro. Cuando bailábamos juntos-” “Bailaste solo dos veces con ella en cada baile, y ella bailaba también dos veces con otros hombres.” “Lo hizo,” admitió, “pero pensé que era solo porque hubiera sido grosero rechazarlos.” “Tal vez hubiera sido grosero de su parte rechazarte a ti.” “¿Crees que solo bailo conmigo paro no ser descortés?” preguntó con preocupación. “No iría tan lejos. Creo que disfrutaba bailar contigo, y hablar contigo, y coquetear contigo. Pero creo que no lo disfrutaba más que si lo hubiera hecho con otro hombre, y ahora que no estás en Hertfordshire-” “Debo regresar,” dijo, levantándose de su silla. “Lo sabía.” “Pero si ella es indiferente, solo te causaras dolor.” “Si ella es indiferente. No sabes que lo sea.” “No, no lo sé, pero la observé cuidadosamente, y no pude ver ningún signo de peculiar afecto hacia ti.” “¿La observaste?” pregunto sorprendido. “El que la prefirieras a ella estaba empezando a llamar la atención. Otros lo notaron, no solo yo. Si hubiera pasado más tiempo, te hubieras visto obligado a proponértele a ella.” “Me hubiera gustado el proponérmele,” me corrigió, después vaciló. “¿Crees que me hubiera aceptado?”

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“Por supuesto. Eres un buen partido para ella. Tienes una considerable renta, y una hermosa casa. Se hubiera establecido cerca de su familia. No hay duda de que te hubiera aceptado. ¿Pero te gustaría casarte por esas razones?” Parecía indeciso. “Preferiría casarme por lo que soy,” accedió. “Y lo harás, algún día.” Se volvió a sentar. “Era demasiado buena para mí,” dijo melancólicamente. “Difícilmente, pero si su afecto no estaba comprometido, ¿Cuál era el punto de casarse? Conocerás a otra chica, tan dulce como Miss Bennet, pero una que pueda responder tus sentimientos en igual medida. Londres está lleno de jóvenes damas.” “Pero no tengo ningún interés en otras jóvenes.” “Con él tiempo, lo tendrás.” Bingley no dijo nada, pero estaba tranquilo. La habrá olvidado cuando el invierno termine.

Estoy complacido de que haya expresado su deseo de ver a Georgiana nuevamente. La ha conocido mucho más tiempo que a Miss Bennet, y una nueva amistad no puede tener el mismo lugar en su afecto que una vieja amistad, particularmente cuando vea cuanto ha crecido Georgiana. La unión será aceptada por ambos lados, y estoy convencido de que será una unión muy feliz.

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Diciembre

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Jueves 5 de Diciembre. Bingley vino a cenar conmigo Hoy. Ha estado ocupado esta última semana, pero llegó puntualmente esta tarde y se sorprendió mucho al ver a Georgiana.

“Está volviéndose en una belleza,” me dijo. “Y es tan talentosa,” agregó, cuando tocó para nosotros después de cenar. Si lo es. Casi me había olvidado de lo que era escuchar una interpretación excelente, y no pude evitar estremecerme al pensar en el desempeño de Mary Bennet al tocar el piano, comparado con el de Georgiana. La interpretación de Elizabeth era dulce, ciertamente, pero no tan hábil como la de mi hermana, y aun así había una cualidad en ella que me hacía querer escucharla.

Viernes 6 de Diciembre Caroline vino a ver a Georgiana esta mañana, y la entretuve mientras la lección de música de mi hermana terminaba.

“Charles fue conquistado por Georgiana la noche pasada,” comento. “Dijo que Georgiana era una de las jóvenes más hermosas y talentosas que haya conocido.”

Estaba muy complacido. Caroline parecía complacida, también. Creo que no tendrá nada en contra de una boda entre ellos.

“¿Visitará a vuestra tía en Kent antes de Navidad?” preguntó. “No, no lo creo, aunque probablemente la visitaré en Pascuas.” “Querida Lady Catherine,” dijo Caroline, quitándose los guantes. “Cuánto deseo conocerla. Rosings es una hermosa casa, todos me han dicho.” “Si, lo es, muy hermosa en verdad.”

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“Una parte del país tan placentero.” “Lo es.” “Le sugerí a Charles que debería buscar una casa ahí. Estaría muy feliz de vivir en Kent. Pero él pensó que Hertfordshire era un mejor lugar. Qué lástima. Hubiera evitado enredarse con algunas personas si se hubiera establecida en otra parte.” “Ahora está libre de ellos,” “Si, gracias a su intervención. Es tan afortunada de tener tan buen amigo. Sentiría un gran alivio al saber que tengo a tan buen amigo cuidándome,” dijo, volteando hacia mí. “Tiene a su hermano.” Ella sonrió. “Claro, pero Charles aun es un niño. En ocasiones como esas una necesita a un hombre, alguien con intensidad y madurez, quien esté acostumbrado a las forma en que el mundo funciona y como vivir en él.”

“¿Tiene planes para casarse?” “Los tendría, si conociera al caballero ideal.” “Ahora que está en Londres tendrá más oportunidades de conocer gente. Bingley planea organizar algunos bailes. Me lo dijo. Lo he animado a ello. Entre más caras bonitas vea en las próximas semanas, mejor. Y para usted, eso logrará extender su círculo social.” “No es tan pequeño. Cenamos con más de veinticuatro familias, sabe.” comentó sarcásticamente.

Me recordó a los Bennet, como ella planeaba, pero si supiera el rumbo exacto de mis pensamientos, dudo que estuviera complacida. No importa que haga, cada conversación me recuerda a ellos de una u otra manera. Afortunadamente he dejado de pensar en Elizabeth, de lo contrario los Bennet nunca estarían fuera de mi cabeza.

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Sábado 7 de Diciembre Bingley está ocupado con sus negocios y está de buen humor, aunque de vez en cuando le veo una mirada anhelante en sus ojos.

“¿Estás seguro de que no sentía nada por mí?” me preguntó esta tarde, cuando las damas se habían retirado después de la cena. No necesitaba preguntarle a que se refería. “Estoy seguro de ello. Ella disfrutaba tu compañía, pero nada más.” El asintió. “Pensé que ella no podría… ese ángel…y aun así, yo tenía esperanzas… pero es como dices. Se casará con alguien de Meryton, supongo. Alguien que haya conocido toda su vida.” “Probablemente.” “No con alguien que acaba de conocer,” “No.” “Ella no me extrañará ahora que no estoy.” “No.” Estaba callado. “Es algo muy afortunado el casarse con alguien que se ha conocido toda la vida, o por mucho tiempo,” dije. “Si, supongo que sí,” dijo, con ningún real entusiasmo. “Conocen sus defectos, y no puede haber sorpresas desagradables.” continué. “Es como dices.” “Y es bueno el conocer, y gustar, a su familia. Georgiana se casará con alguien a quien conozca bien, espero” dije. “Si, será algo bueno,” dijo Bingley sin verdadero entusiasmo.

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Qué pena. Pensé que sus sentimientos estaban moviéndose en esa dirección. Sin embargo, he hecho la alusión a ello, y en el futuro quizás lo recuerde.

Martes 10 de Diciembre He mandado a rediseñar las perlas de mi madre para Georgiana, y deseo dárselas como regalo. Ya es lo suficientemente mayor para usarlas, y creo que se verán muy bien en ella. Mientras estaba en Howard & Gibbs, verifiqué en como remodelar el resto de las joyas de mi madre. Son de buena calidad, y de gran valor, y muchas de ellas han estado en la familia por generaciones. He arreglado que el broche y los aretes de perlas sean modificados ahora, y se los daré a Georgiana para su próximo cumpleaños. Además he arreglado que las demás joyas sean examinadas y se hagan modelos para su nueva apariencia. Los modelos pueden ser alterados para acomodarse a cualquier moda y las joyas pueden ser reajustadas cuando Georgiana sea lo suficientemente mayor para usarlas.

Jueves 12 de Diciembre. Cené con Bingley y sus hermanas. Durante el curso de la velada hablamos sobre las festividades navideñas. Habrá grandes grupos de personas que deberemos visitar, pero en los días cercanos a Navidad, me gustaría organizar algunas pequeñas fiestas privadas solo con los Bingleys, para que Georgiana pueda ir.

“Pensaba en tener un pequeño baile el veintitrés,” dije, “y después charadas ( adivinanzas con mímica, poemas, prosa u otros medios convenidos por los participantes) en Noche Buena.” “Excelente idea,” dijo Caroline. “¿He invitado al Coronel Fitzwilliam, y así seremos cuatro caballeros y tres damas. ¿Cree que debería invitar a más damas?” le pregunté a Caroline. “No” dijo efusivamente. "Mr Hurst nunca baila, lo cual nos deja con tres parejas.”

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Mi mente regresó al baile de Bingley en Netherfield, donde baile con Elizabeth.

“¿Ha decidido cuando hará su presentación a la sociedad Georgiana?” preguntó Caroline, como si leyera mi mente. “No hasta que cumpla dieciocho, tal vez después.” “Dieciocho años es una buena edad. Habrá terminado la escuela y superado su timidez, pero tendrá la frescura de la juventud. Romperá muchos corazones. “ “Espero que no rompa ninguno. Quiero que sea feliz, y si llegaré a encontrar a un buen hombre en su primera temporada, estaría encantado de verla establecida.” Caroline miró a Bingley. “En dos años, entonces, debemos esperar que ella encuentre a alguien digno de ella. Alguien con buen temperamento, que sea generoso y amable.” “Eso sería perfecto.” “Mientras tanto, será bueno para ella estar en compañía de un agradable joven, de forma que se acostumbre a la compañía masculina y no se quede callada en presencia de los caballeros. Nunca está callada con Charles, de hecho parece disfrutar su compañía,” dijo Caroline. “¿Qué están diciendo?” preguntó Bingley, quien había estado hablando con Louisa, pero volteó cuando escuchó su nombre. “Estaba diciendo que Georgiana siempre es abierta contigo. Darcy quiere que tenga algunas diversiones más adultas esta Navidad, y sé que puede confiar en ti para que bailes con ella.” “Nada me daría mayor placer. Está volviéndose una belleza, Darcy.” Estaba satisfecho.

Lunes 16 de Diciembre

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La casa se ve muy festiva. Georgiana ha estado ayudando a Mrs Annesley a decorarla con acebo, metiendo racimos y hojas atrás de los retratos y alrededor de los candelabros. Siempre la ha gustado hacer esto, desde que era una niña. Cuando llegué, la encontré adornando la ventana del salón con más hojas y racimos de acebo.

“Estaba pensando en tener un baile en un par de días.” le dije. Se sonrojó. “Solo uno pequeño, con nuestros amigos más íntimos,” le aseguré. “Quizás le gustaría un nuevo moño para adornar su muselina,” le dijo Mrs Annesley a Georgiana. “Oh, sí,” respondió, mirándome ilusionada. “Debes de comprar cualquier cosa que necesites,” respondí.

Estaba a punto de decirle que debía comprarse un nuevo abanico, cuando lo pensé mejor. Se lo compraré yo mismo y la sorprenderé.

Miércoles 18 de Diciembre. Hoy tuvimos nieve. Georgiana estaba tan emocionada como un niño, y la lleve al parque. Caminamos sobre el sendero blanco, y regresamos a la casa con rostros ruborizados y con gran apetito. No pude evitar recordar que tan encendidas estuvieron las mejillas de Elizabeth después de su caminata hacia Netherfield. Sus ojos habían estado centelleantes, y su complexión había sido iluminada por el ejercicio.

¿Dónde estará ahora? ¿Está caminando en los senderos alrededor de su hogar? ¿Está en casa, arreglando acebos, como Georgiana lo estada haciendo aquí? ¿Está emocionada por la Navidad? Si no hubiera alejado a Bingley de Netherfield, podríamos todos estar ahí, ahora… lo cual hubiera sido un grave error. Es mucho mejor para todos que permanezcamos aquí en Londres.

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Lunes 23 de Diciembre Hoy tuvimos nuestro baile, y estaba complacido de ver a Georgiana divertirse. Bailó dos veces con Bingley, una con el Coronel Fitzwilliam y una conmigo.

“Georgiana se mueve con una gracia asombrosa” dijo Caroline. Era un tema que no podía fallar en complacerme. “¿Lo cree así?” “Por supuesto. Fue una excelente idea el tener un baile privado. Es bueno para ella practicar en todas estas ocasiones. Baila usted muy bien, Mr Darcy. Usted y yo podemos ponerle un gran ejemplo. Charles y yo estamos a su disposición cuando sea que desee organizar otra velada como ésta. No puede pero beneficiar a Georgiana el ver a otros bailar, y la ayudará a tener confianza y elegancia.”

Me recordó a otra ocasión cuando ella me había elogiado, diciendo que tan bien escribía mis cartas. Recuerdo perfectamente esa escena. Había sucedido en Netherfield, y Elizabeth había estado con nosotros. Sentí una agitación dentro de mí mientras pensaba en ella. Enojo, quizás, ¿por haberme hechizado?

Nuestro baile termino. Nuestros invitados se fueron, y tuve la satisfacción de ver a Georgiana retirarse a la cama, cansada pero feliz.

Ya había olvidado completamente a Wickham, estoy seguro. Mientras nada se lo recuerde, no creo que vuelva a pensar en él otra vez.

Martes 24 de Diciembre

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Esta tarde jugamos a charadas después de comer. Estaba complacido de que Caroline pensara en sugerir que Georgiana y Bingley trabajaran en su charada juntos. Se alejaron a una esquina del salón, sus cabezas tan juntas que estaban casi tocándose. Era una muy agradable vista.

Las charadas fueron muy divertidas, y después de que todos actuamos, fuimos a cenar.

“Sabes, Darcy, pensaba que pasaríamos la Navidad en Netherfield este año,” dijo Bingley suspirando. “Ese había sido mi plan cuando tomé la casa. Me preguntó que estarán todos haciendo ahora.” Pensé que sería más sabio alejar sus pensamientos de esa dirección. “Lo mismo que nosotros estamos haciendo aquí. Toma algo de venado.” Hizo como sugerí, y no dijo nada más acerca de Netherfield.

Miércoles 25 de Diciembre Nunca había disfrutado una Navidad tanto. Fuimos a la iglesia esta mañana y en la tarde jugamos a Bullet Puding ( juego en el que se usa un plato de peltre grande lleno de harina apilada en una especie de pudín con una bala encima. Cada participante corta una rebanada del pudín hasta que la bala caiga. La persona que corte el pedazo que haga caer la bala debe hurgar con la nariz y la barbilla hasta encontrarla y sacarla con la boca.) y a Snapdragon (juego en el que se calienta Brandy en un recipiente ancho y poco profundo, uvas son colocadas en el Brandy y se le prende fuego. Generalmente las luces se apagaban o atenuaban para aumentar el efecto misterioso de las llamas azules. El objetivo es sacar las uvas fuera del fuego y comérselas, con el riesgo de ser quemado por las llamas). Mientras lo hacíamos noté un cambio en Georgiana. El año pasado había jugado como una niña pequeña, disfrutando de la novedad de poner sus manos en las flamas para sacar las uvas ardientes, y soplar en sus dedos cuando

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no era lo suficientemente rápida para sacarlos sin ser quemada. Este año, ella jugó para complacerme. Podía verlo en sus ojos.

Me pregunto si Elizabeth juega Bullet pudding y Snapdragon. Me preguntó si se quemó sus dedos al tratar de arrebatar las uvas del fuego.

Sábado 28 de Diciembre “Me preguntaba si no pensabas en casarte con Miss Bingley,” le pregunté al Coronel Fitzwilliam mientras cabalgábamos esta mañana. “¿Miss Bingley?” “Es una joven adinerada, y estas en necesidad de una heredera.” El meneó su cabeza. “No deseo casarme con Miss Bingley.” “Ella es encantadora y elegante, agraciada y bien educada.” “Ella es todas esas cosas, pero no podría casarme con ella. Ella es una mujer fría. Cuando me case, me gustaría tener una esposa con más calidez. También me gustaría a alguien que me admirara y respetará a mí, en vez de alguien que admiré mi apellido.” “No sabía que querías eso de una esposa,” le dije sorprendido. “Como el hijo más pequeño, he tenido que respetar a otros en mi vida. ¡Me gustaría vivir esa situación desde el otro ángulo!” Habló a la ligera, pero creo que había cierta verdad en lo que decía.

Cabalgamos sumidos en silencio por un tiempo, disfrutando la vista de las calles cubiertas de nieve.

“¿Hasta cuándo estarás en la ciudad?” le pregunté

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“No mucho. Tengo asuntos que necesitan mi atención en Kent. Planeo presentarle mis respetos a Lady Catherine mientras estoy allá. ¿Debo decirle que estarás visitándole en pascuas?” “Si, la visitaré como acostumbro. ¿Cuándo estarás de regreso en la ciudad?” “Pronto, espero. Antes de Pascua, definitivamente.” “Entonces debes de comer conmigo cuando lo hagas.”

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Enero

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Viernes 3 de Enero. Ha habido un incidente muy indeseable. Caroline ha recibido una letra de Miss Bennet.

“Escribe que vendrá a Londres,” exclamó Caroline. “Se quedará con su tía y tío en la calle Gracechurch. Por la fecha de su carta, creo que ya debe de estar aquí.” “Es algo que no me hubiera gustado que pasara.” dije. “Bingley parece haberla olvidado. Si la ve de nuevo, su admiración puede ser reavivada.” “No necesita saber de su visita.” dijo Caroline. Estaba de acuerdo. “Dudo que vayan a cruzar sus caminos durante su estancia.” dije. “Creo que no debo responder su carta. No estará en la ciudad por mucho, y pensará que la carta se debió haber perdido. Mejor eso, a que piense que no es bienvenida aquí. Es una chica muy buena, y no deseo herir sus sentimientos, pero el amor por mi hermano es más fuerte, y debo hacer lo que pueda para salvarlo de tan inapropiado matrimonio.”

Aplaudí sus sentimientos, pero mi consciencia no está tranquila. Cualquier cosa engañosa o deshonesta es abominable para mí. Pero Caroline tiene razón. No podemos permitir que Bingley sacrifique su vida en el altar con una familia vulgar, y es solo una pequeña decepción después de todo.

Lunes 6 de Enero Georgiana se está desarrollando justo como había querido. Sus logros, su comportamiento y sus maneras son todos como siempre he querido. No sabía cómo proceder cuando fue dejada a mi cuidado, pero me congratulo al ver que se está convirtiendo en una joven dama de la que mi madre estaría orgullosa.

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Martes 7 de Enero. Tuve un gran sobresalto visitando a Caroline y su hermana hoy, cuando fui a darles una nota de Georgiana. Mientras me acercaba a la casa, vi a Jane Bennet irse.

“¿Qué ha pasado aquí?” pregunté cuando fui recibido. Caroline se veía fuera de sí. “Lo más desafortunado que pudo haber pasado. Jane Bennet ha estado aquí. Pensé que ya se habría ido de vuelta al campo, pero parece que espera hacer una extendida visita.” “Esto es muy desafortunado. ¿Qué le dijiste?” “Apenas y sé que fue lo que dije. Me tomó por sorpresa. Me dijo que me había escrito y le dije que nunca había recibido la carta. Preguntó por Charles. Le dije que estaba bien, pero que estaba contigo tanto tiempo que apenas y lo veía. Le dije cuanto Georgiana había crecido, y que íbamos a ir a verla para cenar esta noche. Entonces le di a entender que Louisa y yo estábamos a punto de salir. Después de eso ella no podía quedarse.” “Tendrá que regresarle la visita,” le dije. “No puede ser evadido. Pero no me quedaré mucho, y espero que por mis maneras ella pueda ver que cualquier otra relación entre nosotros no puede existir. Charles ya casi la ha olvidado. En pocas semanas estará fuera de peligro.”

De eso no estoy muy seguro. Habla todavía de ella algunas veces. Se controla cuando ve mi expresión, pero no es seguro para él pensar ni en Miss Bennet ni en Hertfordshire todavía.

Martes 21 de Enero Caroline tuvo su entrevista con Miss Bennet esta mañana. Fue de poca duración, y uso su tiempo para decirle a Miss Bennet que no era seguro que Bingley regresaría a Hertfordshire, y podría incluso dejar Netherfield. Cuando se fue no hizo mención de

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volver a ver a Jane nuevamente, y me dice que está ahora completamente complacida de que Miss Bennet no volverá a visitarlos nuevamente.

Un día Bingley agradecerá nuestros cuidados. Es el único consuelo que tengo por esta duplicidad que nos hemos visto forzados a utilizar.

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Febrero

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Sábado 1ero de Febrero. “Caroline ha sugerido que vayamos a Bath en primavera,” dijo Bingley esta mañana. “Tal vez alquile una casa allá,” agregó indiferentemente.

Pensé que era una señal alentadora de que había olvidado Hertfordshire.

“Es una excelente idea,” le dije. “¿Te gustaría venir con nosotros?” preguntó. “Tengo que ir a Pemberley y asegurarme que Johnson tenga todo lo que necesita. Hay algunos cambios que deseo hacer a la administración de la granja, y algunas mejoras que me gustaría hacerle a la propiedad.” “Entonces te veré nuevamente en el verano.”

Viernes 7 de Febrero El Coronel Fitzwilliam ha regresado a la ciudad y cenó conmigo esta tarde, trayéndome todas las noticias de Rosings. Me dijo que Mr Collins había tomado a una esposa. Sostuve la respiración, esperando que Hurst hubiera estado en lo correcto cuando había dicho que Elizabeth había rechazado a Mr Collins. “Parece una chica muy buena, aunque creo que debería de decir mujer. Parece estar llegando a los treinta,” dijo mi primo. Solté el aire. “Pero esto es algo bueno,” prosiguió, “Una mujer más joven hubiera sido intimidada por mi tía y sus…” “¿Intervenciones?” “Servicialidad,” dijo con una sonrisa torcida. “Pero Mrs Collins acepta los consejos de Lady Catherine sin ningún reproche.”

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“Creo haberla conocido en Hertfordshire. ¿Cuál era su nombre de soltera?” “Lucas. Miss Charlotte Lucas” “Si, la conocí a ella y a su familia. Me alegra que este bien establecida. Mr Collins puede que no sea el esposo más sensato, pero puede darle un vida confortable.” Y yo podría darle a Elizabeth mucho más. Pero no pensaré en eso. Estoy resuelto a nunca pensar en ella otra vez.

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Marzo

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Viernes 28 de Marzo Recibí una carta de Lady Catherine esta mañana, diciendo que estaba ansiosa de verme. Estuve sorprendido al leer el siguiente pasaje en su carta.

Mrs Collins ha invitado a su hermana María a quedarse con ella, y a su amiga Miss Elizabeth Bennet.

Fue una gran conmoción el enterarme de que Elizabeth estaba en la casa del párroco.

Creo que ambas serán conocidas tuyas. Sir William Lucas también estaba ahí, pero ya ha regresado a su hogar. Miss Elizabeth Bennet tiene muchos puntos que podría mejorar, pero como nunca ha tenido el beneficio de una institutriz no es gran sorpresa. Una institutriz es necesaria en una familia de mujeres, y así se lo dije. Mr Collins estaba totalmente de acuerdo conmigo. He tenido el placer de presentar muchas institutrices a sus empleadores. Cuatro sobrinas de Mrs Jekinson están increíblemente situadas gracias a mí. Las hermanas de Miss Bennet han sido todas presentadas en sociedad. No sé en que estará pensando su madre. ¡Cinco hermanas, todas en sociedad! Es muy extraño. Y las más jóvenes en sociedad sin que la mayor este casada. Una casona muy mal regulada. Si Mrs Bennet viviera cerca, se lo diría. Le encontraría una institutriz, y ella sin ninguna duda estaría agradecida por mi recomendación. Maneja se hogar muy pobremente. Miss Bennet da sus opiniones muy decididamente para alguien tan joven. El juicio que tiene de su familia es extraordinario. Declaró que sería muy injusto para las hermanas menores el esperar hasta que sus Page 98

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hermanas estuvieran casadas antes de que pudieran tener su participación en la sociedad.

Estaba sonriendo por esto. Nunca había escuchado que alguien, hombre o mujer, replicara a Lady Catherine antes, y ¡replicarle de que manera! Pues es indudablemente duro para las jóvenes el esperar su turno para salir a la sociedad, aunque nunca lo había pensado de esa manera.

Quizás esté equivocado por conmocionarme de que Elizabeth este en la casa parroquial. Quizás debería estar agradecido. Me dará la perfecta oportunidad de demostrar que no tiene ninguna influencia sobre mí. Sera un alivio saber que puedo estar en su compañía sin ningún sentimiento impropio, y seré capaz de felicitarme por haberme salvado a mí, y a Bingley, de un muy imprudente matrimonio.

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Abril

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Jueves 3 de Abril Cené con el Coronel Fitzwillian hoy en mi club. Hemos decidido que viajaremos juntos a Rosings.

Lunes 7 de Abril Mi primo y yo hemos tenido un agradable viaje a Kent, y después de algunas generalidades, la conversación giro nuevamente al matrimonio.

“Estoy en la edad en la que siento que debería asentarme, y aun así el matrimonio es una aventura peligrosa,” dijo. “Es tan fácil dar un paso en falso y después ser forzado a vivir con él el resto de tu vida.” “Los es,” concordé, pensando en Bingley. “Recientemente he salvado a uno de mis amigos de tal paso en falso.” “¿En verdad?” “Sí. Él alquiló una casa en el campo, en donde conoció a una joven de bajas conexiones. Estaba totalmente conquistado por ella, pero afortunadamente un asunto lo obligo a regresar a Londres por un tiempo. Percibiendo el peligro, sus hermanas y yo lo seguimos a Londres y lo convencimos de quedarse.” “Entonces lo has salvado de un matrimonio muy imprudente.” “Lo he hecho.” “Te agradecerá por ello cuando todo haya acabado. No es placentero levantarse de un sueño y encontrarse atrapado en una pesadilla.”

Estoy animado por su opinión. Respeto su juicio, y es tranquilizador saber que piensa lo mismo que yo sobre este asunto.

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Llegamos a Rosings esta tarde, y la belleza del parque me sorprendió de nuevo. No es tan bello como Pemberley, pero se ve muy bien en primavera. Vimos a Mr Collins en nuestro camino a la casa, y creo que había estado buscándonos. Nos reverenció mientras pasábamos, y después se fue a toda prisa en la dirección de la casa parroquial para dar a conocer la noticia a los residentes. Me estuve preguntando si Elizabeth estaba adentro, y como se sentiría por la noticia de nuestra llegada.

Martes 8 de Abril Mr Collins nos visitó esta mañana para presentar sus saludos. Me encontró a mí con el Coronel Fitzwilliam. Mi tía estaba dando un paseo en el carruaje con mi prima Anne.

“Mr Darcy, es una honor el verlo otra vez. Tuve la fortuna de conocerlo en Hertfordshire, cuando me estaba quedando con mis lindas primas. No estaba casado entonces, pues mi querida Charlotte no había aun consentido en ser mi esposa. Desde el primer momento en que la vi supe que no sería una deshonra para la casa parroquial de Hunsford, y encantaría a mi estimada patrona, Lady Catherine de Bourgh, quien tiene el honor y distinción de ser su más venerada tía, con su humildad y simpatía. En verdad, Lady Catherine fue tan amable al decir-” “¿Volverá a la casa parroquial?” pregunté, cortando su perorata. Se detuvo un momento, y después dijo, “Por supuesto.” “Es una linda mañana. Caminaremos con usted. ¿Qué dices?” le pregunté al Coronel Fitzwilliam. “Claro que sí.”

Salimos. Mr Collins nos relató las bellezas del parque, intercaladas con expresiones de humilde gratitud por nuestra condescendencia de visitar su pobre hogar. Mi mente empezó a divagar. ¿Habrá Elizabeth cambiado desde el otoño? ¿Estaría sorprendida de verme? No. Ya sabía de mi visita. ¿Estaría

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contenta o lo contrario? Contenta, claro. El reencontrarse con un hombre de mi posición debe ser muy deseable para ella.

Nuestra llegado fue anunciada por la campanilla de la puerta y poco después entramos al cuarto. Le ofrecí mis saludos a Mrs Collins, y ella me dio la bienvenida. Elizabeth hizo una cortesía.

Esta igual que siempre, pero el placer que sentí al verla me tomó por sorpresa. Pensaba que ya había conquistado mis sentimientos por ella, y claro, lo he hecho. Solo fue el hecho de verla de nuevo por primera vez lo que me desconcertó.

“¿La casa es de su gusto, espero?” Le pregunté a Mrs Collins. “Si, por supuesto que lo es.” respondió. “Me alegra. Mi tía ha hecho algunas mejoras últimamente, me ha dicho. ¿Y el jardín? ¿Le gusta su aspecto?” “Es muy placentero.” “Bien” Hubiera dicho más, pero mi atención se fue desviando hacia Elizabeth. Estaba conversando con el Coronel Fitzwilliam en su usual franca y desenvuelta manera. No podía decidir si me gustaba o no. Estaba en plena libertad de hablar con mi primo, claro, y de encantarlo si deseaba, pero me sentí insatisfecho de ver como él disfrutaba de su compañía, y aun peor, el ver cuánto disfrutaba ella de la suya. Poco después me di cuenta de que estaba perdido en mis pensamientos, e hice un esfuerzo por sor educado.

“Su familia está bien de salud, espero, ¿Miss Bennet?” pregunté. “Si, gracias,” respondió. Hizo una pausa y después dijo, “Mi hermana Jane ha estado en la ciudad estos tres meses. ¿La ha visto por casualidad?”

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Estaba desconcertado, pero respondí calmadamente. “No, no he sido tan afortunado.” Volví a sumirme en silencio, insatisfecho del giro que la conversación había tomado, y poco después mi primo y yo nos retiramos.

Día de pascua, Domingo 13 de Abril. No he visto a Elizabeth desde mi visita a la casa parroquial, pero la vi esta mañana en la iglesia. Se veía muy bien. El sol mañanero le había dado color a sus mejillas, e iluminado sus ojos.

Después del servicio, Lady Catherine se detuvo para hablar con los Collins. Mr Collins sonreía de alegría al acercarse ella. “Tu sermón fue muy largo,” dijo Lady Catherine. “Veinte minutos es tiempo suficiente para instruir a tu rebaño.” “Si, Lady Catherine, Yo -” “No hiciste ninguna mención de la sobriedad. Deberías de haberlo hecho. Ha habido mucha embriaguez últimamente. Es el trabajo de un rector el atender tanto el cuerpo de sus feligreses como sus almas.” “Por supuesto, Lady -” “Fueron demasiados himnos. No me gustan más de tres himnos en un servicio de Pascua. Me encanta la música y cantar es mi gozo, pero tres himnos son suficientes.”

Comenzó a caminar hacia el carruaje, y Mr Collins la seguía. “Si, Lady Catherine, yo -” “Uno de los bancos tiene polilla. Lo noté mientras pasaba cerca de él. Tendrás que verificarlo.” “Inmediatamente, Lady -” dijo.

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“Y vendrás a cenar con nosotros esta noche. Mrs Collins vendrá contigo, así como Miss Lucas y Miss Elizabeth Bennet. Pondremos una mesa de juego. ” “Es tan buen -” dijo, inclinándose y frotando sus manos juntas. “Enviaré el carruaje por ustedes.” La seguí dentro del carruaje y el lacayo cerró la puerta.

Estaba ansioso por la llegada de Elizabeht a Rosings, pero rápidamente aplasté ese sentimiento.

Su grupo llegó puntualmente, y debido a que conocía el peligro de hablar con ella, pasé el tiempo conversando con mi tía. Hablamos sobre nuestros familiares y relaciones, pero no podía evitar desviar la mirada hacia Elizabeth. Su conversación era mucho más animada. Estaba hablando con el Coronel Fitzwilliam, y mientras veía la viveza de sus rasgos, me fue difícil quitarle los ojos de encima. Mi tía, también, volteaba seguido hacia ellos, hasta que al final preguntó: “¿Díganme, de que están hablando? ¿Qué le está diciendo a Miss Bennet? Déjeme escuchar lo que estaban diciendo.” El Coronel Fitzwilliam respondió que estaban hablando de música. Mi tía se unió a la conversación, alabando las habilidades en el pianoforte de Georgiana e invitando a Elizabeth a practicar con el pianoforte en la habitación de Mrs Jekinson, ¿Invitar a un huésped a tocar en el pianoforte de la habitación del servicio? Nunca pensé que mi tía podría ser tan mal educada. Elizabeth parecía sorprendida, pero no dijo nada, solo su sonrisa mostraba lo que en verdad pensaba.

Cuando el café se terminó, Elizabeth empezó a tocar, y recordando el placer que sentí al escucharla tocar antes, caminé hacia su lado. Sus ojos estaban iluminados por la música, y me desplacé a una

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posición en la que pudiera ver fluir sus emociones en su semblante. Ella lo notó. En la primera pausa en la música volteo hacia mí con una sonrisa y dijo: “¿Pretende asustarme, Mr Darcy, al venir a escucharme con esa seriedad? Yo no me inquieto, aunque su hermana toque tan bien. Hay una especie de terquedad en mí, que nunca permite que me intimide nadie. Mi coraje siempre crece con cada intento de intimidarme.” “No le diré que se ha equivocado” respondí “porque no cree usted sinceramente que tenía intención alguna de alarmarla, y he tenido el placer de conocerla lo bastante para saber que se complace a veces en sustentar opiniones que en realidad no son suyas.”

De donde salió este discurso, no lo sé. No estoy acostumbrado a hacer este tipo de réplicas picaras, pero hay algo en el carácter de Elizabeth que aligera el mío.

Elizabeth se rio abiertamente, y sonrió, sabiendo que ambos estábamos disfrutando de la conversación. Tanto me estaba divirtiendo que olvide mis precauciones por ese momento. “Su primo pretende darle a usted una linda idea de mi enseñándole a no creer palabra de cuanto le diga.” dijo al Coronel Fitzwilliam. Volteando hacia mí, dijo: “Es muy poco generoso por su parte revelar las cosas malas que supo usted de mí en Hertfordshire, y permítame decirle que es también muy indiscreto - pues esto me podría inducir a desquitarme y saldrían a relucir cosas que escandalizarían a sus parientes.” Sonreí. “No le tengo miedo.” Sus ojos se iluminaran con mi respuesta. Coronel Fitzwilliam suplicó que se le dijera como me comportaba entre extraños. “Se lo diré” dijo Elizabeth, “pero prepárese a oír algo espantoso. Ha de saber que la primera vez que le vi fue en un baile, y en ese baile, ¿Qué cree usted que hizo? ¡Pues no bailo más de cuatro piezas!”

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En su opinión, mi indisposición a bailar se volvía ridícula, y lo vi yo mismo por primera vez. El andar encajonada en todo mi orgullo, en lugar de divertirme como cualquier otro bien comportado caballero lo habría hecho. ¡Absurdo! No hubiera ordinariamente tolerado cualquier broma de ese tipo, y aun así había algo en su forma de decirlo que le quitaba cualquier resquemor, y lo hacía en su lugar una razón para reír.

Fue en este momento que me di cuenta de que había habido muy pocas risas en mi vida últimamente. Había asumido la responsabilidad de un hombre cuando mi padre murió, y me había enorgullecido de desempeñarlas muy bien, tal como mi padre lo hubiera hecho. Había tenido que atender mi propiedad, procurar el bienestar de mis arrendatarios, proveer la salud, bienestar, felicidad y educación de mi hermana, cuidar el beneficio del párroco, y desempeñar mis negocios fielmente. Eso había sido suficiente, hasta que conocí a Elizabeth; pues ahora veo cuan aburrida mi vida había sido. Había sido muy ordenada. Muy bien organizada. Solo ahora empezaba a verlo, y a sentirlo, pues los sentimientos dentro de mí eran tan diferentes de los que jamás había conocido. Cuando reía, mi humor mejoraba.

“No tenía en ese momento el honor de conocer a ninguna de las damas de la reunión, a no ser las que me acompañaban.” señalé usando su mismo tono. “Cierto: y en un baile nuca hay posibilidades de ser presentado” “Puede que me habría juzgado mejor si hubiese solicitado que me presentaran. Pero no sirvo para darme a conocer a extraños.” Se burlaba de mí, preguntándose cómo era posible que un hombre de talento y bien educado no podía hacerlo, y el Coronel Fitzwilliam se unió a ella, diciendo que no me tomaría la molestia.

“Reconozco que no tengo la habilidad que otros poseen de conversar fácilmente con las personas que jamás he visto. No puedo hacerme a esas conversaciones y fingir que me intereso por sus cosas como se acostumbra.” acepté.

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“Mis dedos no se mueven sobre este instrumento del modo magistral con que he visto moverse los dedos de otras mujeres, pero siempre he creído que era culpa mía, por no haberme tomado la molestia de practicar.” Sonreí. “Tiene usted toda la razón. Ha empleado el tiempo mucho mejor.”

En ese momento, Lady Catherine nos interrumpió. “¿De qué están hablando, Darcy?” “De música,” respondí. Lady Catherine se nos unió en el pianoforte. “Miss Bennet no tocaría incorrectamente, si practicara más, y pudiera tener la ventaja de tener un maestro de Londres.” declaró mi tía. “Tiene una muy buena noción de la posición de los dedos, aunque sus gustos no son iguales a los de Anne. Anne hubiera sido una estupenda interprete, si su enfermedad le hubiera permitido aprender.”

Apenas y la oía. Estaba viendo a Elizabeth. Ella soporto los comentarios de mi tía con una remarcable cortesía, y por la petición del Coronel Fitzwilliam y la mía, permaneció en el instrumento hasta que el carruaje estuvo listo para llevarlos a casa.

Pensaba que me había desmenuzado mi admiración por ella. Pensaba que la había olvidado. Pero estaba muy equivocado.

Lunes 14 de Abril. Estaba tomando una caminata alrededor de la propiedad esta mañana cuando mis pasos me llevaron inconscientemente a la casa parroquial.

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Estando afuera no podía, por toda educación, pasarla por alto, y entonces toque para presentar mis saludos. Para mi horror, encontré a Elizabeth sola. Parecía tan sorprendida como yo, pero no estaba, creo, disgustada. ¿Por qué debería de estarlo? Debe ser satisfactorio para ella el pensar que me ha cautivado. Me invitó a tomar asiento, y no tuve otra opción que sentarme.

“Perdone por esta intrusión” dije, sintiendo la contrariedad de la situación, y queriendo asegurarme de que supiera que no había sido mi plan. “Tenía por seguro que todas las damas estaban en casa.” “Mrs Collins y María han ido a atender un asunto en el pueblo,” respondió. “Ah” “¿Lady Catherine se encuentra bien?” pregunto por fin. “Si, gracias. Lo está.” Volvió el silencio. “¿Y Miss de Bourgh? ¿También se encuentra bien, espero?” “Si, gracias. Está bien.” “¿Y el Coronel Fitzwilliam?” preguntó “Si, él también se encuentra bien.” Otro silencio. “¡Que repentinamente se fueron todos ustedes de Netherfield el pasado Noviembre, Mr Darcy!” Dijo por fin. “Debió de ser una sorpresa para Mr Bingley verles a ustedes tan pronto a su lado, si mal no recuerdo, él se había ido un día antes. ¿Esperó que tanto él como sus hermanas estuvieran bien cuando salió usted de Londres?” “Perfectamente, gracias.”

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“Tengo entendido que Mr Bingley no piensa volver a Netherfield.” “Nunca le he oído decir tal cosa; pero es probable que no pase mucho tiempo allí en el futuro. Tiene muchos amigos y está en una época de la vida en que los amigos y compromisos aumentan continuamente.” “Si tiene la intención de estar poco tiempo de Netherfield, sería mejor para la vecindad que lo dejase completamente, y así posiblemente podría instalarse otra familia ahí. Pero quizá Mr Bingley no haya tomado la casa tanto por la conveniencia de la vecindad como por la suya propia, y es de esperar que la conserve en virtud de ese mismo principio.”

No me gustaba el rumbo de la conversación, pero respondí tranquilamente. “No me sorprendería que se desprendiese de ella en cuanto se le ofreciera una compra aceptable.”

Debí de haber dejado la casa en ese momento. Lo sabía. Y aun así no podía salir de ahí. Había algo en la forma de su cara que invitaba mi mirada a seguirla, y algo en la forma en que su cabello caía que me hacía querer tocarlo. Ella no dijo nada, y una vez más hubo silencio.

No podía decir que es lo que pasaba en mi cabeza, y aun así se me hacía difícil el dejar el lugar.

“Esta casa parece muy confortable.” dije. “Si, lo es.” “Tiene que ser muy agradable para Mrs. Collins vivir a tan poca distancia de su familia y amigos”

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“¿Poca distancia le llama usted?” preguntó sorprendida. “Son cerca de cincuenta millas” “¿Y que son cincuenta millas de buen camino? Poco más de media jornada de viaje.” “Nunca habría considerado que la distancia fuese una de las ventajas del matrimonio.” exclamó Elizabeth. “Eso demuestra el apego que tiene usted a Hertfordshire. Todo lo que esté más allá de Longbourn debe parecerle ya lejos.” “No quiero decir que una mujer no pueda vivir lejos de su familia.” Ah. Conocía las desgracias de sus familiares y no se lamentaría el escapar de ellos. Cuando se casara, los dejaría atrás.

“Pero estoy segura de que mi amiga no diría que vive cerca de su familia más que si estuviera a la mitad de esta distancia.” continuó. “No tiene derecho a estar tan apegada a su residencia. No siempre va a estar en Longbourn.” Ella parecía sorprendida, y fui detenido. Fui casi llevado por la admiración y tentado a decir que no tendría objeción alguna en vivir en Pemberley, pero había ido muy rápido y estaba agradecido por ello. Su semblante sorprendido me salvó de cometer un curso de acción que seguramente lamentaría. Alejé mi silla, y tome un periódico. Le di una ojeada.

“¿Le gusta a usted Kent?” pregunté con suficiente seriedad para despistar cualquier esperanza que pudiera haber surgido por mis maneras mal juzgadas. “Es muy placentero” dijo, mirándome perpleja. Me embarqué en una discusión de sus atracciones, hasta que fui salvado de buscar mayor conversación por la llegada de Mrs Collins y María. Estaban sorprendidas de verme ahí, pero explicando mi error me quedé algunos minutos más y regresé a Rosings. Martes 15 de Abril

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Elizabeth me ha embrujado. Estoy en mucho más peligro aquí de lo que estuve en Hertfordshire. Ahí, tenía a su familia frente a mi constantemente, recordándome lo imposible que era la una unión entre nosotros dos. Aquí, solo la tengo a ella. Su vivacidad, su alegría, su buen humor, todos me tientan a abandonar mi autocontrol y declarármele; pero no debo hacerlo. No solo estoy yo, también tengo que considerar a mi hermana.

El exponer a Georgiana a la vulgaridad de Mrs Bennet sería un acto de crueldad, y ninguna devoción fraternal lo puede permitir. Y presentarle a Georgiana, como hermana, a Mary, Kitty y Lydia Bennet sería repulsivo. Dejarla ser influenciada por ellas, forzarla a estar en su compañía – pues no podría ser de otra forma si hiciera a Elizabeth mi esposa – sería imperdonable. Peor aún, puede verse forzada a escuchar de George Wickham, quien es un favorito de las hermanas menores. No. No puedo hacerlo. No lo haré.

Debo de tener cuidado, entonces, de no dejar salir una palabra en compañía de Elizabeth. No debo dejarle saber cómo me siento. Lo sospecha parcialmente, estoy seguro. En realidad, con su naturaleza vivaz, la ha estado animando, y no hay duda de que está esperando a que hable. Si se casara conmigo sería sacada de su esfera social y elevada a la mía. Se uniría en matrimonio con un hombre de carácter e inteligencia superior, y sería la señora de Pemberley. Un hombre de mi estampa y reputación, riqueza y posición tentaría a cualquier mujer. Pero no deber ser nunca.

Jueves 17 de Abril No sé qué me ha pasado. Debería de estar evitando a Elizabeth, pero todos los días cuando Coronel Fitzwilliam va a la casa parroquial, voy con él. No puedo negarme el placer de verla. Su rostro no es hermoso pero me acecha constantemente.

He tenido la suficiente voluntad para no decir nada, por miedo a decir demasiado, pero mi silencio ha empezado a ser notado.

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“¿Por qué estás tan callado cuando vamos a la casa del párroco?” preguntó Coronel Fitzwilliam mientras regresábamos a casa hoy. “No es tu forma de ser, Darcy” “No tengo nada que decir.” “¡Vamos! Te he visto hablar con obispos y aradores. Siempre puedes pensar en algo que decirles a ellos, no importa cuánto digas que se te dificulta el conversar con extraños. Y aun así, cuando vas a esa casa, no abres la boca. Es muy poco educado de tu parte. Lo mínimo que podrías hacer es preguntar por las gallinas de Mrs Collins, y preguntarle a Mr Collins sobre el desarrollo de sus sermones, y si no puedes pensar en nada que decirles a las damas, siempre puedes acudir al tema del clima.”

“Me esforzaré en hacerlo mejor la próxima vez.” Pero mientras decía esto, me di cuenta de que no debía ir a la casa del párroco otra vez. Si hablo con Elizabeth, no hay garantía de adonde pueda llegar. Me mira expectante algunas veces, y estoy seguro de que espera que me le declare.

¿Sería un matrimonio entre nosotros en verdad imposible? Me pregunto a mí mismo, pero incluso cuando lo hago, una imagen de su familia se me presenta, y sé que lo sería. Así que estoy decidido a permanecer en silencio, pues si me someto a un momento de debilidad, lo lamentaré por el resto de mi vida.

Sábado 19 de Abril He permanecido fiel a mi resolución de no visitar la casa parroquial, pero mis buenas intenciones se han visto frustradas por mi tendencia de caminar en el parque, y ya van tres veces ahora que me he encontrado con Elizabeth. La primera vez fue una coincidencia; la segunda y tercera, pareciera que me adentraba en sus rumbos lo quisiera o no. De no hacer nada más que quitarme el sombrero y preguntar por su salud en la primera

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ocasión, he llegado a decir más, y esta mañana traicione mi resolución en un grado alarmante.

“¿Está disfrutando de su estancia en Hunsford, espero?” Le pregunté al encontrarla. Era una pregunta inocente. “Si, lo estoy, gracias.” “¿Encuentra a Mr y Mrs Collins en buena salud?” “Sí.” “¿Y felices, espero?” “Creo que sí.” “Rosings es una hermosa casa.” “Lo es, aunque me es difícil encontrar mi destino. Me he perdido en una o dos ocasiones. Cuando trataba de llegar la biblioteca, llegué al salón en su lugar.” “No es de esperarse que pueda orientarse fácilmente la primera vez. La próxima vez que visite Kent tendrá una mejor oportunidad de conocer Rosings mejor.” Parecía sorprendida por esto, y me reprendí para mis adentros. Me habían traicionado mis sentimientos, quienes en esa incauta frase habían sugerido la idea de que la próxima vez que ella visitara Kent, se alojaría en Rosings, y ¿Cómo podría hacer eso a menos que fuera mi esposa? Pero, en verdad, se vuelve más difícil el ser prudente. Debo irme en seguida, y alejarme del peligro. Pero si lo hago, provocará habladurías, así que debo soportarlo un poco más. El Coronel Fitzwilliam y yo nos iremos pronto, y entonces estaré a salvo.

Martes 22 de Abril. Estoy en un suplicio. Después de todas las promesas que me hice a mí mismo. Después de todas mis resoluciones, esto - ¡esto! – es el resultado.

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No puedo creer todo lo que pasó en las últimas horas. Si solo pudiera descartarlas como resultado de una fiebre o alucinación, pero no hay duda de que pasaron. He ofrecido mi mano a Elizabeth Bennet.

No debí de haber ido a verla. No tenía necesidad de hacerlo porque no nos había acompañado a tomar el té. Ella tenía una jaqueca. ¿Qué dama no sufre de una jaqueca? Al principio tomé mi té con mi tía, mis primos y Mr y Mrs Collins, pero todo el tiempo mis pensamientos eran de Elizabeth. ¿Estaba sufriendo? ¿Estaba en verdad enferma? ¿Podía hacer algo para ayudarla?

Al final no me pude contener más. Mientras los otros hablaban de la parroquia, comenté que necesitaba algo de aire fresco y exprese mis intenciones de tomar un paseo. Apenas y se si planeaba visitar la casa parroquial o no cuando salí de Rosings. Mi corazón me dirigía allí, pero mi razón me presionaba a regresar, y mientras tanto mis pies me llevaron hasta que estaba enfrente de la puerta. Preguntando si Miss Bennet estaba en casa, fui llevado al salón, en donde ella volteó sorprendida al verme entrar. Estaba yo también sorprendido.

Empecé sensatamente. Pregunte por su salud, y me respondió que no estaba tan mal. Me senté. Me levanté. Caminé alrededor del salón. Al final no pude contenerme más. “He luchado en vano.” Las palabras habían salido antes de que pudiera detenerlas. “Ya no puedo más” Seguí. “Soy incapaz de contener mis sentimientos. Permítame que le diga cuanto la admiro y la amo apasionadamente.” Listo. Ya lo sabía. El secreto que había cargado por tanto tiempo había encontrado su voz, y buscado su camino hacia la luz del día.

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Ella me miró fijamente, se ruborizó, y permaneció en silencio. ¿Cómo no podría estarlo? No había nada que ella pudiera decir. Solo tenía que escuchar mi declaración y luego aceptarme. Sabiendo que había caído bajo su hechizo, sabía perfectamente que la puerta de Pemberley estaría abierta para ella, y el mundo de sociedad seria suyo. “No deseo parecer ignorante de su clase baja o de sus conexiones, de la inferioridad y falta de valor,” dije, creyendo escasamente que había dejado que mi amor por ella hubiera superado tales sentimientos tan naturales, pero sobrellevados por emociones que eran imposibles de controlar. “Habiendo pasado varias semanas en Hertfordshire, seria deshonesto el pretender que no sería una degradación el unirme con tal familia, y solo la fuerza de mi pasión me ha permitido el dejar esos sentimientos a un lado.” Mientras hablaba, una imagen de los Bennet se presentó frente a mis ojos, y me di cuenta de que no le estaba hablado tanto a Elizabeth, sino a mí mismo, pensando en voz alta todos los pensamientos que me habían envuelto por las últimas semanas y meses. “Su madre, con su vulgaridad y lengua desenfrenada; su padre con su deliberada privación de enderezar los excesos salvajes de sus hermanas menores. ¡Unirse a tales muchachas!” dije, mientras recordaba el canto de Mary Bennet en la asamblea. “La mejor de ellas, una aburrida, esforzada niña con ningún gusto o sentido, y la peor de ellas tonta, malcriada y egoísta, quien no encuentra nada mejor que hacer con su tiempo que correr tras los oficiales,” continúe, mientras recordaba a Lidya y a Kitty en el baile de Netherfield. “Un tío es un abogado y el otro viviendo en Cheapside,” proseguí, mis sentimientos saliendo en un torrente. “He sentido la imposibilidad de tal unión todas estas semanas. Mi razón me rebela contra ella, no, mi propia naturaleza me niega a hacerlo. Sé que me estoy rebajando al hacer tal proposición. Estoy hiriendo tanto a mi familia como a mi orgullo familiar. El tener tales sentimientos por alguien que esta tan por debajo de mí es una debilidad que detesto, y aun así no puedo conquistar mis sentimientos. Me dirigí a Londres y me sumergí en negocios y en placeres, pero ninguno de ellos removían el recuerdo de usted de mi mente.” dije, volteando para verla y dejando que mis ojos se templaran en su rostro. “Mi cariño ha sobrevivido todos mis argumentos racionales, ha sobrevivido una larga separación, que,

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en vez de curarlo, solo lo ha hecho más fuerte, y ha resistido mi determinación de arrancarlo de raíz. No importa cuáles sean mis sentimientos más sensatos, esto no puede ser negado. Es tan fuerte que estoy preparado a pasar por alto las faltas de su familia, lo bajo de sus conexiones y el dolor que se debo infligir en mis amigos y familia, al pedirle que se case conmigo. Solo espero que mi lucha sea ahora recompensada.” dije. “Rescáteme de mi dolor. De mis ansiedades. Dígame, Elizabeth, que será usted mi esposa.”

Mi discurso había sido apasionado. Había hecho lo que nunca había hecho por otro ser humano; había mostrado mi alma. Le había mostrado todos mis miedos y ansiedades, mis debates y luchas, y ahora esperaba por su respuesta. No podía tardar en llegar. Ella había estado esperando por mi declaración; aguardando; estaba seguro de ello. No podía ser ignorante de mi atracción, y cualquier mujer estaría exaltada de haber ganado la mano de Fitzwilliam Darcy. Solo faltaba que ella dijera la palabra que nos uniría, y todo estaría hecho.

Y aun así, para mi asombro, la sonrisa que había esperado ver en su rostro no apareció. Ella no dijo: “Me ha honrado inmensamente, Mr Darcy. Estoy halagada, no, complacida por su declaración, y estoy agradecida por su condescendencia. La situación de mis parientes, sus tonterías y vicios, no pueden ser motivo de regocijo, y estoy consciente del honor que me ha hecho al pasar por alto sus deficiencias al pedirme el ser su esposa. Es por lo tanto que con un humilde sentido de obligación que acepto su mano.”

No dijo siquiera un simple “Si”. En su lugar, el color se elevó a sus mejillas, y con la voz más indignada posible dijo: “En estos casos creo que se acostumbra expresar cierto agradecimiento por los sentimientos manifestados, aunque no puedan ser igualmente correspondidos. Es natural que se sienta esta obligación, y si yo sintiese gratitud, le daría las gracias. Pero no puedo; nunca he ambicionado su consideración, y

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usted me la ha otorgado en contra de su voluntad. Lamento haber hecho daño a alguien, pero ha sido inconscientemente, y espero que ese daño dure poco tiempo. Los mismos sentimientos que, usted me dice, le impidieron darme a conocer sus intenciones durante tanto tiempo, vencerán sin dificultad ese sufrimiento. ”

Le mire con asombro. ¡Me había rechazado! Nunca había imaginado que lo hiciera. Ni una vez en todas esas noches cuando me había mantenido despierto, recordándome la imposibilidad de tal unión, nunca había imaginado este resultado. ¿Este iba a ser el final de todas mis preocupaciones? ¿Ser rechazado? ¡Y de esta manera! ¡Yo! ¡Un Darcy! Ser tratado como su fuera un caza-recompensas o un pretendiente indeseable. Mi asombro dio paso rápidamente a resentimiento. Tan disgustado me sentía que no abriría mis labios hasta que creyera controladas mis emociones. “¿Y esta es toda la respuesta que voy a tener el honor de esperar?” dije por fin. “Quizá debería preguntar por qué se me rechaza con tan escasa cortesía. Pero no tiene la menor importancia.” “También podría yo preguntar” replico Elizabeth apasionadamente, “por qué con tan evidente propósito de ofenderme y de insultarme me dice que le gusto en contra de su voluntad, contra su buen juicio y hasta contra su naturaleza. ¿No es esta una excusa para mi falta de cortesía, si es que en realidad la he cometido? Pero, además, he recibido otras provocaciones, lo sabe usted muy bien. Aunque mis sentimientos hubieran sido contrarios a los suyos, aunque hubiesen sido diferentes o incluso favorables. ¿Cree usted que habría algo que pudiese tentarme a aceptar al hombre que ha sido el culpable de arruinar, tal vez para siempre, la felicidad de una hermana muy querida?”

Sentí que mi color cambiaba. Entonces había escuchado sobre eso. Hubiera deseado que no fuera así. No podía esperar hacerla pensar bien de mí. Pero no tenía nada de que estar avergonzado. Había actuado con las mejores intenciones para mi amigo. “Tengo todas las razones del mundo para pensar mal de usted. No hay nada que pueda excusar su injusto y ruin proceder.” Siguió.

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Sentí mi expresión endurecerse. supuesto que no.

¿Injusto? ¿Ruin? No, por

“No se atreverá usted a negar que fuera el principal si no el único culpable de la separación del señor Bingley y mi hermana, exponiendo al uno a las censuras de la gente por caprichoso y voluble, y al otro a la burla por sus fallidas esperanzas, sumiéndolos a los dos en la mayor miseria.”

No podía creer lo que estaba oyendo. ¿Caprichoso y voluble? ¿Quién juzgaría a Bingley de caprichoso por irse a Londres cuando tenía asuntos que atender? ¿Burlas por fallidas esperanzas? Miss Bennet no había tenido ninguna esperanza, a menos que hayan sido plantadas en su mente por su madre, quien no podía ver más allá de las cinco mil libras por año de Bingley. ¿La mayor de las miserias? Sí, eso sería lo que Bingley hubiera sufrido si hubiera expresado sus sentimientos. Él se hubiera unido a una mujer por debajo de su estatus.

“No tengo ningún deseo de negar que hice todo lo que estuvo en mi poder para separar a mi amigo de su hermana, ni que me alegro del resultado. He sido más amable con el que conmigo mismo.” Elizabeth ignoró mi comentario y dijo, “Pero no solo en esto se funda mi antipatía. Mi opinión de usted se formó mucho antes de que este asunto tuviese lugar. Su modo de ser quedo revelado por una historia que me contó Mr Wickhman hace algunos meses. ¿Qué puede decir de esto? ¿Con que acto ficticio de amistad puede defenderse ahora? ¿Con que falsedad puede justificar en este caso su dominio sobre los demás?”

¡Wickham! No pudo haber encontrado un nombre mejor calculado para herirme, y al mismo tiempo, disgustarme.

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“Se interesa usted muy vivamente por lo que afecta a ese caballero” comenté agitado.

Me lamente por mis palabras tan pronto las dije. ¿Qué me importaba si mostraba algún interés por George Wickham? Después de su rechazo, nada sobre Elizabeth tenía ningún derecho de ser de mi interés otra vez.

Y aun así sentí intensificarse mi mortificación, y descubrí una nueva emoción en mi pecho, una muy indeseable. Celos. ¡Era intolerable que ella prefiriera a George Wickham que a mí! Que fuera incapaz de ver a través de su sonriente exterior hacia el negro corazón debajo.

“¿Quién, que conozca las penas por la que ha pasado, puede evitar sentir interés por el?” “¡Las penas que ha pasado!” repetí. ¿Qué historia le había estado contando a ella? Wickham quien tenía todo. Quien había sido mimado y consentido en su infancia y, a pesar de eso, se había convertido en uno de los más viciosos, libertinos jóvenes que había conocido.

Mientras pensaba en el dinero que mi padre había gastado en él, las oportunidades que había tenido, y la ayuda que yo mismo le había procurado, no pude evitar que mis labios se ondularan. “Si, en verdad sus penas han sido inmensas” “Y por su culpa” dijo enojada. “Usted lo redujo a su actual relativa pobreza. Usted le negó el porvenir que, como bien debe saber, estaba destinado a él. En los mejores años de su vida le privo de una independencia a la que no solo tenía derecho sino que merecía. ¡Hizo todo esto! Y aun es capaz de ridiculizar y burlarse de sus penas.”

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“¡Y esa es,” exclamé, alterado por encima de mi resistencia, comencé a dar zancadas por el salón, “la opinión que tiene de mí! ¡Esta es la estimación en la que me tiene! Le doy las gracias por habérmelo explicado abiertamente. Mis faltas, según calculo, son verdaderamente enormes. Pero puede que estas ofensas hubiesen sido pasadas por alto si no hubiese herido su orgullo con mi honesta confesión de los reparos que durante largo tiempo me impidieron tomar una resolución. Pero aborrezco todo tipo de engaño y no me avergüenzo de los sentimientos que he manifestado, eran naturales y justos. ¿Cómo podía suponer usted que me agradase la inferioridad de su familia y que me congratulase por la perspectiva de tener unos parientes cuya condición están tan por debajo de la mía?”

La irritación de Elizabeth crecía a cada instante, pero logro controlar su temperamento para responder. “Se equivoca usted, Mr Darcy, si supone que lo que me ha afectado es su forma de declararse; si se figura que me habría evitado el mal rato de rechazarle si se hubiera comportado de modo más caballeroso.”

Sentí un intenso sobresalto. ¿Si me hubiera comportado de modo más caballeroso? ¿Cuándo había sido otra cosa más que un caballero?

“Usted no habría podido ofrecerme su mano de ningún modo que me hubiese tentado a aceptarla.” dijo.

No podía creerlo. ¿Ella nunca hubiera podido aceptar mi mano? ¿Nunca hubiera aceptado una conexión con la familia Darcy? ¿Nunca aceptaría todos los beneficios que se le presentarían como mi esposa? Era una locura. ¡Y el culparlo, no por mis manera, sino por mi persona! La mire con obvia incredulidad. ¡Yo, quien había sido cortejado en salones alrededor de todo la tierra!

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Pero ella aún no había terminado. “Desde el principio, casi desde el primer instante en que le conocí, sus modales me convencieron de su arrogancia, de su vanidad y de su egoísta desdén hacia los sentimientos ajenos; me disgustaron de mal modo que hicieron nacer en mi la desaprobación que los sucesos posteriores convirtieron en firme desagrado; y no hacia un mes aun que le conocía cuando supe que usted sería el último hombre en la tierra con el que podría casarme.”

Sentí como la incredulidad daba paso al enojo, y el enojo a la humillación. Mi penitencia estaba ahora completa. “Ha dicho usted bastante, madame.” Le dije cortésmente. “Comprendo perfectamente sus sentimientos y solo me resta avergonzarme de los míos. Perdone por haberle hecho perder tanto tiempo” – y para probar que era, incluso ahora después de tales insultos, un caballero, agregué- “ y acepte mis buenos deseos de salud y felicidad.” Entonces, habiéndome entregado a mi final orgullosa declaración, deje el salón.

Regresé a Rosings, caminando ciegamente, sin ver nada a mí alrededor, solo viendo a Elizabeth. Elizabeth diciéndome que había arruinado la felicidad de su hermana. Elizabeth diciéndome que había arruinado las esperanzas de George Wickham. Elizabeth diciéndome que no me había comportado como un caballero. Elizabeth, Elizabeth, Elizabeth.

No dije ni una palabra en la cena. No veía nada, no escuchaba nada, no saboreaba nada. Pensaba solo en ella. A pesar de mis esfuerzos, no podía sacar sus acusaciones fuera de mi cabeza. El cargo de que había arruinado la felicidad de su hermana podría tener algún mérito, pero había actuado para el beneficio de todos. La acusación de que había arruinado las esperanzas de Wickham era de otro tipo. Negaba mi honor, y no podía dejarlo así.

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“¿Un juego de billar, Darcy?” pregunté el Coronel Fitzwilliam, cuando Lady Catherine y Anne se retiraron por la noche. “No. Gracias. Tengo que escribir una carta.” Me miró con curiosidad pero no dijo nada. Me retiré a mi cuarto y tomé mi pluma. Tenía que exonerarme. Tenía que responder su acusación. Tenía que mostrarle que estaba equivocada. ¿Pero cómo?

Mi querida Miss Bennet Mire las líneas tan pronto las había escrito. Ella no era mi querida Miss Bennet. No tenía ningún derecho de llamarla querida. Arrugué la hoja de papel y la tiré.

Miss Bennet El nombre me traía a la mente una imagen de su hermana. No funcionaba. Tiré una segunda hoja de papel.

Miss Elizabeth Bennet. No. Traté de nuevo.

Madame, me ha recriminado con No lo leerá.

No se alarme, madame, al recibir esta carta, ni crea que voy a repetir en ella mis sentimientos o a renovar las proposiciones que le molestaron anoche. Mejor.

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Escribo sin ninguna intención de afligirla ni de humillarme yo insistiendo en unos deseos que, para la felicidad de ambos, no pueden olvidarse pronto.

Sí. Las maneras eran formales pero, me enorgulleció, no rígida. La aliviare de sus preocupaciones inmediatas y la persuadiré de seguir leyendo. ¿Pero qué escribir ahora? ¿Cómo expresar en palabras lo que tengo que decir?

Solté mi pluma y camine hacia la ventana. Miré el paisaje mientras organizaba mis ideas. La noche estaba inmóvil. No había nubes, y la luna podía verse brillando en el cielo. Debajo de esa misma luna, dentro de la casa parroquial, estaba Elizabeth. ¿Qué estaba pensando? ¿Estaba pensando en mí? ¿En mi proposición? ¿En mis pecados?

¡Mis pecados! No tenía ningún pecado. Regresé a mi escritorio y releí lo que había escrito. Tome mi pluma y continué. Mis palabras fluyeron fácilmente.

Ayer me acusó de dos ofensas de naturaleza muy diversa y de muy distinta magnitud. La primera fue el haber separado a Mr Bingley de su hermana, sin consideración a los sentimientos de ambos; y el otro que, a pesar de determinados derechos y haciendo caso omiso del honor y de la humanidad, arruinar la prosperidad inmediata y destruir el futuro de Mr Wickham.

¡Destruir el futuro de esa sabandija! Le había dado todo beneficio, y me había pagado buscando la ruina de mi hermana. Pero el primer cargo debía ser tratado primero.

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Recordé el otoño, cuando había llegado por primera vez en Hertfordshire. Fue hace apenas algunos meses, y aun así pareciera todo una vida de distancia. No hacía mucho que estaba en Hertfordshire cuando observé, como todo el mundo, que Mr Bingley distinguía a su hermana mayor mucho más que a ninguna de las demás jóvenes de la localidad. Observé cuidadosamente la conducta de mi amigo y pude notar que su inclinación hacia Miss Bennet era mayor que todas las que había presenciado antes. Que no haya ningún engaño. Ya me había cansado de falsedades. Había visto una parcialidad en Bingley, y no lo oculté.

También estudie a su hermana. Su aspecto y sus maneras eran francas, alegres y atractivas como siempre, pero no revelaban ninguna estimación particular. Mis observaciones durante aquella velada me dejaron convencido de que, a pesar del placer con que recibía las atenciones de mi amigo, no le correspondía con los mismos sentimientos. Si usted no se ha equivocado respecto a esto, será que yo estaba en un error. Como usted conoce mejor a su hermana, debe ser más probable lo último; y si es así, si movido por aquel error la he hecho sufrir, su resentimiento no es infundado. Era caritativo, permitiéndole a Elizabeth expresar sus sentimientos, su natural defensiva en torno a su hermana, pero debo ser caritativo conmigo mismo.

…la desproporción de categoría no sería tan grave en lo que atañe a mi amigo como en lo que a mí se refiere; pero había otros obstáculos.

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Dudé. Había expresado estos sentimientos antes, en persona. Las palabras de Elizabeth se presentaron nuevamente. ‘Si se hubiera comportado de modo más caballeroso’ ¿Era poco caballeroso enlistar los defectos de su familia? Mi furia se agitaba. No, no era nada más que la verdad. Y diría la verdad. Ya le había dado razones para aborrecerme. No tenía nada que temer.

Debo decir cuáles eran, aunque lo haré brevemente. La posición de la familia de su madre, aunque cuestionable, no era nada comparado con la absoluta inconveniencia mostrada tan a menudo, casi constantemente, por dicha señora, por sus tres hermanas menores y, en ocasiones, incluso por su padre. Perdóneme, me duele ofenderla.

¿Poco caballeroso? Pensé mientras escribía estas líneas, le había rogado su perdón. ¿Qué podía ser más caballeroso que eso?

… consuélese pensando que el hecho de que tanto usted como su hermana se comporten de tal manera que no se les pueda hacer de ningún modo los mismos reproches, las eleva aún más en la estimación que merecen.

No solo caballeroso, magnánimo, pensé, satisfecho.

Bingley se marchó a Londres al día siguiente, como usted recordará, con el propósito de regresar muy pronto.

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Me detuve un momento. Aquí mi consciencia no estaba tranquila. Me había comportado de una manera encubierta. Me había preocupado en ese momento, pues el engaño es repugnante para mí, y aun así lo había hecho.

Falta ahora explicar mi intervención en el asunto

Me detuve otra vez. Pero la carta tenía que ser terminada.

El disgusto de sus hermanas se había exasperado igualmente que el mío, y pronto descubrimos que coincidíamos en nuestras apreciaciones. Vimos que no había tiempo que perder si queríamos separar a Bingley de su hermana, y decidimos irnos con él a Londres. Nos trasladamos allí y al punto me dediqué a hacerle comprender a mi amigo los peligros de su elección. Se los enumeré y se los describí con empeño. Pero, aunque ello podía haber conseguido que su determinación vacilase o se aplazara, no creo que hubiese impedido al fin y al cabo la boda, a no ser por el convencimiento que logré inculcarle de la indiferencia de su hermana. Hasta entonces Bingley había creído que ella correspondía a su afecto con sincero aunque no igual interés. Pero Bingley posee una gran modestia natural y, además, cree de buena fe que mi sagacidad es mayor que la suya. Con todo, no fue fácil convencerle de que se había engañado. Una vez convencido, el hacerle tomar la decisión de no volver a Hertfordshire fue cuestión de un instante. No veo en todo esto nada vituperable contra mí.

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No, en verdad. Le evité un destino, el cual yo mismo no evité, y aun así no estaba tranquilo. Había actuado mal, debía confesarlo. Mi honor me lo demandaba.

Una sola cosa en todo lo que hice me parece reprochable: el haber accedido a tomar las medidas procedentes para que Bingley ignorase la presencia de su hermana en la ciudad. Yo sabía que estaba en Londres y Miss Bingley lo sabía también; pero mi amigo no se ha enterado todavía. Tal vez si se hubiesen encontrado, no habría pasado nada; pero no me parecía que su afecto se hubiese extinguido lo suficiente para que pudiese volver a verla sin ningún peligro. Puede que este disimulo sea indigno de mí, pero creí mi deber hacerlo. Sobre este asunto no tengo más que decir ni más disculpa que ofrecer. Si he herido los sentimientos de su hermana, ha sido involuntariamente, y aunque mis móviles puedan parecerle insuficientes, yo no los encuentro tan condenables.

Había escrito la parte fácil de la carta. Lo difícil estaba aún por venir. ¿Tenía el derecho de seguir? Los incidentes que habían ocurrido no solo me involucraban a mí, sino a mi hermana, a mí querida Georgiana. Si llegaran alguna vez a hacerse públicos… pero no tenía ninguna preocupación de ello. Elizabeth no le hablaría de ellos a nadie, definitivamente no si le pedía discreción, y lo tenía que saber.

¿Pero tenía que saberlo todo? ¿Tenía que conocer la debilidad de mi hermana? Tuve una lucha interna. Regresé nuevamente a la ventana. Vi la luna moverse sobre el cielo sin nubes. Si no le

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informaba de la debilidad de mi hermana, entonces no podría entender la perversidad de Wickham, reflexioné, y era para explicarle esto por lo que había empezado a escribir la carta.

Podía pretender que había sido para defenderme de la acusación de ser la causa de la infelicidad de su hermana, pero sabía en mi corazón que era porque quería exonerarme de todo la culpa que existía en relación con mi conducta hacia George Wickham.

No podía soportar la idea de que él fuera su favorito, o la idea de no valer nada a su lado. Seguí con mi carta.

Con respecto a la otra acusación más importante de haber perjudicado al señor Wickham, sólo la puedo combatir explicándole detalladamente la relación de ese señor con mi familia. Ignoro de qué me habrá acusado en concreto, pero hay más de un testigo fidedigno que pueda corroborarle a usted la veracidad de cuanto voy a contarle.

“Coronel Fitzwilliam me avalará” dije en voz baja.

¿Pero cómo iniciar la historia? ¿Cómo organizar los incidentes de la vida de Wickham en algo coherente? ¿Y cómo escribirlo para evitar que mi enemistad no marcara cada palabra? Pues deseaba ser justo, incluso con él. Pensé un momento. Por fin seguí escribiendo.

Mr Wickham es hijo de un hombre respetabilísimo que tuvo a su cargo durante muchos años la administración de todos los dominios de Pemberley, y cuya excelente conducta inclinó a mi padre a Page 129

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favorecerle, como era natural; el cariño de mi progenitor se manifestó, por lo tanto, generosamente en George Wickham, que era su ahijado. Costeó su educación en un colegio y luego en Cambridge. Esperando que la Iglesia pudiera ser su profesión, procuró proporcionarle los medios para ello. Yo, en cambio, hace muchos años que empecé a tener de Wickham una idea muy diferente. La propensión a vicios y la falta de principios que cuidaba de ocultar a su mejor amigo, no pudieron escapar a la observación de un muchacho casi de su misma edad. Ahora tendré que apenarla de nuevo…

¿Qué tan profundos eran sus sentimientos? Me pregunté. Apuñalé el papel con mi pluma y manché la página. Estaba lleno de tachones y adiciones, que sabía que tendría que rescribirla antes de presentársela a Elizabeth, y no le di importancia a la mancha.

… hasta un grado que sólo usted puede calcular, pero cualesquiera que sean los sentimientos que Mr Wickham haya despertado en usted, esta sospecha no me impedirá desenmascararle, sino, al contrario, será para mí un aliciente más.

Un aliciente para mantenerte a salvo, querida Elizabeth.

Me entretuve pensando en lo que pudo haber sido. Si me hubiera aceptado, podría estar durmiendo profundamente, con la expectativa de levantarme a una feliz mañana en su compañía. Pero en realidad, era incapaz de dormir, escribiendo bajo la luz de una vela y el brillo de la luna que entraba por la ventana.

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Tomé mi pluma, diciéndole como mi padre, en su testamento, había deseado darle a Wickham un valorable sustento, que Wickham había decidido que no quería entrar a la iglesia y que me había pedido dinero a cambio.

Pensaba seguir la carrera de Derecho, añadió, y que debía hacerme cargo de que los intereses de mil libras no podían bastarle para ello. Más que creerle sincero, yo deseaba que lo fuese; pero de todos modos accedí a su proposición. Sabía que Mr Wickham no estaba capacitado para ser clérigo; así que arreglé el asunto. Él renunció a toda pretensión de ayuda en lo referente a la profesión sacerdotal, aunque pudiese verse en el caso de tener que adoptarla luego, y aceptó tres mil libras. Todo parecía zanjado entre nosotros. Yo tenía muy mal concepto de él para invitarle a Pemberley o admitir su compañía en la capital.

Razonablemente expresado. No podía ponerle obstáculos esta moderación, aunque tuve que escribirlo cinco veces para lograr este resultado.

Estuve tres años sin saber casi nada de él, pero a la muerte del poseedor de la rectoría que se le había destinado, me mandó una carta pidiéndome que se la otorgara. Me decía, y no me era difícil creerlo, que se hallaba en muy mala situación. Creo que no podrá usted censurarme por haberme negado a complacer esta demanda e impedir que se repitiese. El resentimiento de Wickham fue proporcional a lo calamitoso de sus circunstancias, y sin duda habló de mí ante la gente con la misma violencia con que me injurió directamente. Después de esto, se rompió todo tipo de relación entre Page 131

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él y yo. Ignoro cómo vivió. Pero el verano pasado tuve de él noticias muy desagradables.

Si, el verano pasado. Fui a un lado de la habitación. Había traído una licorera y un vaso conmigo. Serví un poco de whisky y lo tomé. El fuego había sido encendido contra el frio de las pascuas, pero hacia mucho que se había apagado y necesitaba whisky para calentarme.

No quería escribir la siguiente parte de la carta pero tenía que hacerse. Traté de dejarlo para después, pero el reloj estaba avanzando y sabía que tenía que terminar lo que había empezado. Debo, aun así, pedir por su reserva. No tenía duda de que la concedería. Tenía una hermana a quien amaba. Entendería el amor y el cariño que tenía por la mía.

Le conté el encuentro de Georgiana con Wickham en Ramsgate, y la forma en que él había jugado con sus sentimientos, persuadiéndola de fugarse con él.

El principal objetivo de Mr Wickham era, indudablemente, la fortuna de mi hermana, que asciende a treinta mil libras, pero no puedo dejar de sospechar que su deseo de vengarse de mí entraba también en su propósito. Realmente habría sido una venganza completa.

Me senté. Había terminado. Ahora todo lo que quedaba por hacer era desearle felicidad.

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Ésta es, señorita, la fiel narración de lo ocurrido entre él y yo; y si no la rechaza usted como absolutamente falsa, espero que en adelante me retire la acusación de haberme portado cruelmente con Mr Wickham. No sé de qué modo ni con qué falsedad la habrá embaucado; pero no hay que extrañarse de que lo haya conseguido, pues ignoraba usted todas estas cuestiones. Le era imposible averiguarlas y no se sentía inclinada a sospecharlas. Puede que se pregunte por qué no se lo conté todo anoche, pero entonces no era dueño de mí mismo y no sabía qué podía o debía revelarle. Sobre la verdad de todo lo que le he narrado, puedo apelar al testimonio del Coronel Fitzwilliam, intentaré encontrar la oportunidad de hacer llegar a sus manos esta carta, en la misma mañana de hoy. Sólo me queda añadir: Que Dios la bendiga.

Fitzwilliam Darcy

Estaba hecho.

Miré el reloj. Eran las dos y media. Tenía que copiar la carta en una letra legible, una que pudiera leer, pero estaba cansado. Decidí descansar.

Me desvestí lentamente y me fui a la cama.

Miércoles 23 de Abril

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Esta mañana me levanté con el amanecer. Me volví a dormir, hasta que mi criado me levantó. Me levanté rápidamente, y después hice una copia limpia de mi carta. Me dirigí al cuarto del Coronel Fitzwilliam. Estaba todavía en bata cuando llegué, su criado a punto de afeitarlo.

“Necesito hablar contigo” le dije. “¿A estas horas?” preguntó, riéndose. “Necesito tu ayuda.” Su semblante cambio. Pidió a su criado que se retirará. “La tienes” respondió. “Necesito que hagas algo por mí.” “Dime.” “Necesito que te presentes como testigo de los eventos relatados en esta carta.” Me miró sorprendido. “Contiene detalles de la relación entre Wickham y mi hermana.” Frunció el entrecejo, “No creo que debas divulgarlo a nadie.” “Las circunstancias han hecho imperativo que lo haga.” Brevemente le dije lo que había pasado; que me le había propuesto a Elizabeth y que había sido rechazado.

“¿Rechazado?” Interrumpió. “Por Dios, ¿Qué pudiste haberle dicho que la hizo rechazarte?” “Nada. Solo dije lo que cualquier hombre sensato hubiera dicho,” respondí. “Le conté sobre mi lucha interna para ignorar la inferioridad de sus conexiones, el comportamiento objetable de su familia, la inferioridad de su situación en la vida-” “¿Solo lo que cualquier hombre sensato hubiera dicho?” pregunto sorprendido. “Darcy, tú no eres así. No pudiste haberlo manejado

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peor. ¿Insultar a una mujer y después esperar que se case contigo?” Estaba sorprendido por su reacción. “No dije nada más que la verdad.” “Si todos habláramos solo con la verdad, habría mucha infelicidad en el mundo, y particularmente, en tales momentos. Algunas cosas es mejor no decirlas.” “Aborrezco el engaño” dije. “¡Y yo aborrezco un cabeza dura!” respondió, la mitad de él sonriendo y la otra exasperada. Entonces se puso serio, “Pero ofrecérselo a Miss Bennet… confieso que me has tomado por sorpresa. No tenía ni idea de que tus sentimientos estaban comprometidos.” “Puse mucho cuidado en que no lo supieras. No quería que nadie lo supiera. Pensaba que podría vencerlos.” “¿Pero eran demasiado fuertes para ti?” Asentí, y aunque no lo admitiría enfrente de nadie, aun lo eran. No importa. Los conquistaría. No tenía otra opción.

“Entonces, ¿te presentarás como testigo de lo que digo?¿Estarás a su disposición, si ella lo llegaré a desear?” le pregunté. “¿Estas aseguro de que ella no dirá nada de esto a nadie?” “Estoy seguro.” “Muy bien, Entonces sí, lo haré.” “Gracias. Y ahora debo irme. Espero poner esta carta en sus manos esta mañana. Ella camina por el parque después del desayuno. Espero encontrarla ahí.”

Lo deje con su criado y fui al parque. No tuve que esperar mucho. Vi a Elizabeth y camine hacia ella. Ella dudo, y creo que hubiera

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dado la vuelta si hubiera podido, pero sabía que la había visto. Camine hacia ella intencionalmente. “He estado caminando por la alameda un tiempo con la esperanza de encontrarla. ¿Me haría el honor de leer esta carta?” La puse en su mano. Y después, antes de que pudiera devolvérmela, hice una pequeña inclinación de cabeza y me fui.

De mis sentimientos mientras regresaba a Rosings, no diré nada. Apenas y sé lo que eran. La imaginé leyendo la carta. ¿Me creería? ¿Pensaría mejor de mí? ¿O lo calificaría como un invento mío? No tenía forma de saberlo.

Mi visita a mi tía está casi llegando a su fin. Me voy mañana con mi primo. No podía irme sin despedirme de los habitantes de la casa parroquial, pero estaba temeroso de mi visita. ¿Cómo se vería Elizabeth? ¿Qué diría? ¿Qué tendría yo que decir?

Por designio de la casualidad, Elizabeth no estaba ahí. Dije todo lo que era debido a Mr y Mrs Collins y me fui.

El Coronel Fitzwilliam fue después, quedándose una hora para que Elizabeth tuviera la oportunidad de hablar con él si lo deseaba, pero ella no regresó. Solo puedo esperar que ella haya aceptado lo que le había dicho como verdad, y que sus sentimientos hacia mía sean ahora menos hostiles. Pero cualquier otro tipo de sentimiento… he perdido toda esperanza de ello.

Jueves 24 de Abril. Estoy nuevamente en Londres. Después de todos los inesperados sucesos en Rosings, encuentro que, por lo menos aquí, las cosas siguen siendo iguales. Georgiana ha aprendido una nueva sonata y ha tejido una bolsa. También ha hecho un retrato de Mrs Annesley. Pero aunque Londres no ha cambiado, veo que yo sí. Ya

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no soy feliz aquí. Mi casa parece solitaria. Nunca me había dado cuenta de lo grande que es, o lo vacía que esta. Si las cosas hubieran sido diferentes… pero no lo son.

Tengo mucho que hacer, y pronto estaré muy ocupado como para pensar en el pasado. Durante el día, tengo pendientes que deben ser atendidos, y en la noche planeo asistir a cada fiesta y baile al cual haya sido invitado. No dejaré que los sucesos de las últimas semanas me descompongan. He sido un tonto, pero no lo seré más, y estoy resuelto a olvidarme de Elizabeth.

Viernes 25 de Abril. “¡Mr Darcy! Que gentil es usted por haber venido a nuestra pequeña reunión.” dijo Lady Susan Wigham mientras entraba a su casa esta tarde.

Era agradable estar de vuelta en un mundo de elegancia y buen gusto, con ninguna persona vulgar que pudiera mortificarme. El salón de baile estaba lleno de gente refinada, muchos de los quienes había conocido toda mi vida.

“Permítame presentarle a mi sobrina, Cordelia. Me está visitando del campo. Es una chica encantadora, y una bailarina agraciada.” Me presentó a Miss Farnham, una belleza rubia de diecinueve o veinte años de edad. “¿Le gustaría bailar, Miss Farnham?” pregunté. Se sonrojó y murmuró: “Gracias. Sí.”

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Mientras la dirigía a la pista de baile, mis pensamientos se dirigieron a el baile en Netherfield, pero rápidamente los controle y me forcé a pensar en Miss Farnham. “¿Ha estado en la ciudad desde hace mucho?” le pregunté. “No, no mucho” dijo. Al menos, eso es lo que creo que dijo. Tiene la costumbre de murmurar que hace muy difícil oírla.

“¿Está disfrutando su visita?” “Si, gracias.” Volvió el silencio. “¿Ha hecho algo interesante?” pregunté. “No, la verdad no.” respondió. “¿Ha ido al teatro, quizás?” “Sí.” No dijo nada más. “¿Qué obra fue la que vio?” la animé. “No puedo recordarlo.” “¿Ha ido a alguno de los museos, quizás?” Pregunté, pensando que un cambio de tema podría animarla. “No lo sé. ¿El museo es el edificio grande con columnas afuera? Si es así, he ido ahí. No me ha gustado. Era muy frio y con muchas corrientes de aire.” “¿Quizás prefiera leer libros que visitar museos?” le pregunté. “No especialmente” murmuró. “Los libros son muy difíciles, ¿no lo cree? Tienen tantas palabras.” “Es una de sus principales defectos.”

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Elizabeth hubiera sonreído por eso, pero no había ninguna gracia en la voz de Miss Farnham cuando murmuró: “Eso es exactamente lo que pienso.”

Permanecimos en silencio, y al darme cuenta que mis pensamientos empezaban a incluir a Elizabeth, me propuse el perseverar. “¿Quizás le gusta dibujar?” le pregunté. “No precisamente.” “¿Hay algo que le guste hacer?” pregunté, notando un tono de exasperación en mi voz. Voltio hacia mí con mayor entusiasmo. “Oh, sí, claro que lo hay. Me gusta jugar con mis mininos. Tengo tres de ellos, Mancha, Lunar y Raya. (Spot, Patch y Stripe.) Mancha tiene una mancha negra, si no la tuviera, sería completamente blanco. Lunar tiene un lunar blanco en su espalda, y Raya -” “Permítame adivinar. ¿Tiene una raya?” “¿Cómo, lo ha visto?” Preguntó asombrada. “No.” “Debe de haberlo visto, si no, ¿Cómo podría saberlo?” dijo, con los ojos como platos. “Creo que mi tía debe de habérselos mostrado a usted cuando estaba afuera.” Siguió hablando de sus gatitos hasta que el baile termino.

No permití que la falta de éxito en mi primer intento influenciara mi resolución de divertirme, y bailé cada baile. Regresé a casa complacido de no haber pensado en Elizabeth más de dos o tres veces en toda la velada.

¿Piensa ella acaso en mí? ¿Piensa, quizás, en mi carta? Estoy satisfecho de que me haya creído acerca de lo de Wickham, pues

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no pregunto a mi primo sobre eso, ¿pero acaso entiende porque le hable de la manera en que lo hice cuando me le propuse? Debe de. No puede ser inconsciente de su posición inferior, y reflexionando debe indudablemente haber decidido que no fue una forma poco caballeroso en la que le hable. Debe de haberse dado cuenta que estaba en lo correcto al hacerlo. ¿Y que con sus sentimientos en cuanto a la forma en que lidié con las afecciones de su hermana? Ella ve ahora, espero, que actué en busca de lo mejor. No puede evitar comprender, o aceptar, que lo que hice estuvo bien.

En cuanto a George Wickham, conoce ahora lo sabandija que es. ¿Pero todavía tiene sentimientos por él? ¿Prefiere todavía su compañía a la mía? ¿Está riéndose en este momento con él, en la casa de su tía? ¿Cree que es mejor hablar con un hombre que tiene la apariencia de gentileza, que con el que en verdad vale? Si se casara conmigo… No pensaré en ello. Si lo hago, me volveré loco.

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Mayo

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Miércoles 7 de Mayo. Me encontré con Bingley esta tarde en el baile de Lady Jessop. Ha estado en el norte, visitando a su familia, y ha regresado a la ciudad.

“¡Darcy! No esperaba encontrarte aquí.” “Ni yo a ti.” “¿Cómo estuvo tu estancia con tu tía?” “Estuvo bien.” respondí. “¿Te divertiste en el norte?” “Si” respondió, pero faltaba animo en su voz.

¿Había hecho mal al separarlo de Miss Bennet? Me pregunto. No ha encontrado una nueva enamorada desde entonces, y aunque bailó toda la noche, nunca pidió a una dama el bailar más de un baile.

Mi velada no fue más placentera. Fui solicitado por Mrs Pargeter tan pronto llegué. “¡Darcy! ¿Dónde se ha estado escondiendo usted? Debe de venir al campo para vernos. Y ver al semental. Margaret se lo mostrará. ¡Margaret!” llamó. Margaret se nos unió. Recordé el comentario de Caroline Bingley que hizo el año pasado, diciendo que Miss Pargeter pasaba tanto tiempo con caballos, que había empezado a parecérseles. “Debería de estar pensando ya en salir a la caza, Darcy”, dijo Mrs Pargeter. “Margaret tiene líneas puras. Excelente pedigree. Buena provisión para la crianza.” Margaret me miró con interés. “¿Alguna demencia en su familia?” me preguntó. “Ninguna que conozca.”

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“¿Alguna enfermedad?” “Mi prima tiene pulmones débiles,” respondí. “Es cierto, Anne de Bourgh. Lo había olvidado.” dijo su madre. “Mejor seguimos buscando, Margaret.” Seria superfluo después de eso solicitarle a Margaret un baile. Invite a varias jóvenes quienes eran suficientemente divertidas, pero como Bingley, no pedí a ninguna un segundo baile.

Jueves 15 de Mayo. Bingley ceno con Georgiana y conmigo esta tarde. He abandonado cualquier pretensión de alentar una unión entre ellos. Ella se vuelve más encantadora cada día, pero estoy seguro que sus personalidades no combinarían. Hay otros impedimentos para ese emparejamiento. Bingley estuvo distraído toda la tarde. ¿Será que todavía no ha olvidado a Miss Bennet?

¿Qué le había dicho a Elizabeth, acerca de su hermana? No puedo recordarlo. Me esfuerzo en acordarme de las palabras. ¿Fui muy arrogante? ¿Rudo? ¿Poco caballeroso? No, seguramente no. Y aun así el pretender que su hermana no era digna de ser la esposa de Bingley… estoy empezando a pensar que estaba equivocado.

No hay nada en contra de ella. Tiene una bondad en su carácter y una dulzura en su disposición que igualan las de él. Pero sus parientes…no, no hubiera podido ser. Y aun así yo estaba preparado para ignorarlos en mi propio caso. Lo había admitido enfrente de Elizabeth. Si, y ella me había criticado por ello. Me abstraje de mis pensamientos.

“Georgiana y yo organizaremos un picnic el próximo mes, Bingley” dije. “Eso suena excelente.”

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“¿Estarás aún en la ciudad?” “Sí.” “Entonces debes venir” “Si, Mr Bingley, eso sería muy agradable,” dijo mi hermana tímidamente. “Estaré encantado. Caroline y Louisa estarán en la cuidad también, para entonces, y Mr Hurst. ” Traté de ocultar mi falta de entusiasmo, y dije: “Debes de traerlos a ellos contigo.”

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Junio

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Sábado 7 de Junio Tuvimos un bien tiempo para nuestro día de campo. Comimos debajo de las grandes ramas de un antiguo roble.

Georgiana estaba muy cohibida al principio, pero les dio la bienvenida a sus invitados con cortesía y poco a poco se fue desenvolviendo más. Después del almuerzo, me complació ver a Caroline acercarse a Georgiana para platicar, mi hermana estaba sola en ese momento. Fui con ellas y felicité a Georgiana por su éxito.

“Estoy contenta por haberte complacido” dijo. “Le estaba diciendo a Georgiana lo bien que se ve,” dijo Caroline. “Usted también, se ve muy bien, Mr Darcy. El clima más cálido le sienta bien.” Por alguna razón sus elogios me molestaban. Solo dije: “Nos sienta bien a todos.” “Georgiana me ha estado contando que usted visitó Rosings estas pascuas. Miss Eliza Bennet estaba en el grupo, he escuchado.” “Si, lo era.” “¿Y cómo estaban sus hermosos ojos?” preguntó Caroline. “Tan brillantes como siempre” Ella sonrió, pero mi respuesta no parecía complacerla. “Tengo entendido que hubo algunos inconvenientes durante los últimos días de su visita.” No pudo haber escuchado nada de Georgiana, pero me pregunto si el Coronel Fitzwilliam dijo algo indiscreto. No satisfice su curiosidad. “No. Nada en absoluto.”

Después de un rato, empezó otra vez.

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“Pase por Longbourn hace poco.” No dije nada, pero me interese por lo que tenía que decir. “Es por eso que pensé que había habido algunos inconvenientes” dijo. Ah, Entonces no fue mi primo. Ya sabía yo que no podría haber sido él. “Tome el almuerzo en el hotel, y los criados estaban comadreando, como los criados siempre hacen. Mr Collins había escrito a Mr y Mrs Bennet. Les había escrito sobre su sorpresa al verle a usted en Rosings, y su carta decía algo sobre Miss Eliza Bennet poniéndose enferma.” “No pudo haberse sorprendido por mi visita. Visito seguido Rosings. Y por la enfermedad de Miss Elizabeth Bennet, no recuerdo nada más que una jaqueca.” dije. “¿Llamaron al doctor?” Su sonrisa se desvaneció. “No, creo que no.” “Entonces no puede haber sido nada de gran importancia,” observé. Volvió a tratar. “Escuché que George Wickham está comprometido…” Sentí mi semblante empalidecer con el sonido de su nombre, y aún más al saber que estaba comprometido. No pudo haberse comprometido con Elizabeth. Seguramente, después de todo lo que le dije, ¿no podría aceptar su mano en matrimonio? No después de haber rechazado la mía. A menos que no me hubiera creído. “… a una heredera,” siguió Caroline.

Sentí que mi color empezaba a regresar. Si estaba comprometido con una heredera, entonces mi temor de que estuviera comprometido con Elizabeth era infundado. Sentí un alivio fluir por mi cuerpo. Pero mi alivio fue de corta duración.

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"Pero su familia la retiro de su cercanía,” dijo Caroline. “¿Me pregunto por qué será?” Esperó a que yo hablara. Ella solo sabe que Wickham se había portado vilmente contra mí, y estaba esperando que le dijera más, pero no lo hice. Me sentí mal al ver a mi hermana, quien estaba moviéndose incómodamente a mi lado. El ser recordada de Wickham era algo muy desafortunado.

“Miss Howard no tiene a nadie con quien hablar,” le dije a Georgiana. “Creo que debes ir y preguntarle cómo se encuentra.” Georgiana se fue complacida. “Que chica tan hermosa,” dijo Caroline, viéndola irse. “Y tan elegante. Tiene la misma edad que Miss Lydia Bennet, y aun así son dos chicas muy diferentes. Lydia ira a Brighton, he oído decir,” Caroline agregó burlonamente. “Está determinada a perseguir a los oficiales, y si son enviados a Francia, ella probablemente tome el primer barco.”

Deseaba que ella no hablara de los Bennet, pero no podía detenerla sin parecer afectado particularmente por ese tema. No me gustaba escuchar críticas de Miss Lydia Bennet, sin importar que tan justificada fuera su censura. Criticar a alguien nunca es bien visto. Mientras pensaba esto, me sentí cada vez más intranquilo. Había criticado a Lydia de una manera atroz, y en frente de su hermana. No era de asombrar que a Elizabeth no le hubiera gustado escucharlo. Me había felicitado en ese momento por mi honestidad, pero empezaba a estar de acuerdo con mi primo, en que algunas cosas, no importa que tan verdaderas, es mejor no decirlas.

“Su padre sin duda siente que el aire de mar le hará bien a la familia.” comenté.

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Pero Caroline no iba a ser reprimida. “Su padre no la llevará. No le gusta tomarse ninguna molestia en cuanto a lo que su familia se refiere.” “¿La ha dejado ir a Brighton bajo el cuidado de su madre?” Pregunté, antes de poder detenerme. “Lydia no va con su madre. Se va sola, en compañía del Coronel y Mrs Forster.” No podía creer que incluso Mr Bennet pudiera ser tan negligente como para dejar que una chica del carácter de Lydia fuera a un lugar de esparcimiento sin su familia. Ella seguramente los deshonraría, y por lo tanto deshonraría a Elizabeth. ¡Mi pobre Elizabeth! Como lo lamentaba por ella, y como arremetía contra la injusticia de su situación. Su nombre sería manchado por una hermana sobre quien no tenía ningún control. Y aun así, injusto como era, ¿no la había marcado con las faltas de su familia, y no le había dicho que ella estaba por debajo de mi merecimiento porque sus hermanas se portaban mal?

Encuentro difícil de creer que haya sido tan poco generoso, pero sé que ese fue el caso. ¿Qué es lo que ella había dicho de mí? ¿Qué fui poco caballeroso? Me merecía esa crítica y más. Si hubiera ido a decirle que deseaba no volverla a ver jamás, entonces hubiera habido alguna excusa para mostrarle en que tan baja estima la tenía, pero decirle que no era mi igual, decir que me estaría rebajando al conectarme con ella, y ¡después tener la audacia de pedirle su mano! ¡Y pedírselo de tal manera, con la seguridad de que sería aceptado! No puedo creer que yo, quien siempre me he enorgullecido de mi buen y justo juicio, pudiera portarme de esa manera.

Para distraer a Caroline de cualquier otra discusión relacionada con los Bennet, le pregunté sobre su hermano. Me dijo de sus asuntos en el norte, y dijo que tan complacidos estaban de ser invitados a Pemberley nuevamente en el verano.

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Mire a Bingley mientras hablábamos de temas de carácter general, interesado en ver si prefería a cualquier joven en sus atenciones. De nuevo, no lo hizo. Hablaba con cada joven dama presente, reía y era jovial, pero aun así había algo en sus maneras que era de carácter reservado, como si estuviera reteniendo una parte de sí mismo.

“¿Tu hermano tiene alguna preferida en el norte?” le pregunté a Caroline. “No. Ninguna le ha llamado la atención” “¿No crees que todavía siente algo por Miss Bennet?” “Para nada, tenlo por seguro,” respondió decididamente.

Pero creo que está equivocada. Estoy resuelto a observarlo y asegurarme de ello, pero una vez que esté convencido, deseo hablar con él y decirle que estaba equivocado acerca de que Jane era indiferente. Debo de reparar el daño que he hecho.

Lunes 23 de Junio. Le regale a Georgiana un nuevo parasol esta mañana, y estuve complacido al ver cuánto placer le procuro el regalo. Un poco de color empezaba a marcarse en su tez. Mientras pensaba esto, no pude evitar pensar en Elizabeth. Su semblante siempre era saludable. Le gustaba estar al aire libre, y siempre estaba caminando, lo que iluminaba sus ojos y hacia que su rostro brillara. ¿En dónde está ahora? ¿Está en Longbourn? ¿Piensa en mí? ¿Me detesta, o me ha perdonado?

Miércoles 25 de Junio.

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Estoy ahora convencido que Bingley está todavía enamorado de Jane Bennet. Lo he observado por más de seis semanas, y sé que está cercano el día en que debo confesarle lo que he hecho. Pensar que puedo decirle con quien debe o no debe casarse fue un acto de arrogancia, y usar el arte del engaño para hacer lo que deseaba fue una impertinencia del peor tipo.

“Pareces pensativo, Darcy” dijo el Coronel Fitzwilliam, acercándose hacia mí. “¿Ha hecho Bingley algo malo?“ “No. Soy yo quien ha hecho algo para angustiarlo.” “¿Oh?” “Creo haberte contado una vez de un amigo a quien había salvado de una matrimonio desastroso. Estoy empezando a creer que fue una interferencia equivocada.” “Me parecía que le habías hecho un favor.” “Y también yo lo pensaba así, pero él ha perdido todo interés en las jóvenes desde entonces.” “Ese joven amigo era Bingley, ¿No es así?” Lo admití. “Es joven. Pronto encontrará a alguien más.” “No estoy tan seguro. Es ese momento pensé que actuaba por amabilidad, pero ahora lo veo todo diferente. Fue entrometimiento.” “¡Entonces coincides con Miss Bennet!” “¿Miss Bennet?” pregunté. “Sí. Miss Elizabeth Bennet. Era de la opinión de que era entrometimiento también. Oh, no temas.” dijo, al ver mi expresión. “No le di ningún detalle, solo que tu habías salvado a Bingley de un desastroso matrimonio. No mencione el nombre de la dama, pues claro, no lo conocía. No necesitas temer que pueda conocer a la familia.”

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No dije nada. La verdad, estaba muy alterado como para hablar. Entonces Elizabeth había escuchado de mi intervención, y lo había escuchado de una forma congratulatoria, de parte de mi primo, quien en toda su inocencia, le dijo que tan útil había sido. No es sorpresa que haya estado tan enojada conmigo en la casa parroquial. Solo me pregunto cómo no pudo estar aún más enojada. Empezaba a ver claramente porque me había rechazado. Y veía ahora que, por medio de mi propio orgullo, arrogancia y locura, había perdido a la mujer que amo.

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Julio

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Viernes 4 de Julio. No estoy seguro de cómo actuar. Si le digo a Bingley que Miss Bennet siente algo por él, entonces podría hacerle más daño que bien. Han paso más de dos meses desde que hable con Elizabeth sobre el tema, y es posible que en ese tiempo, Jane haya encontrada a otro hombre a quien amar. He decidido que no le hablaré sobre los sentimientos de Miss Bennet, pero lo animaré a regresar a Netherfield después de su visita a Pemberley. Si ella tiene algún sentimiento por él, Bingley pronto lo descubrirá.

Cuando Elizabeth me culpó por la infelicidad de su hermana, lo califiqué como un cargo menor que el de ser culpable de los infortunios de Wickham, pero empiezo a pensar que no era así. Ahora conozco un poco del sufrimiento de Jane, sintiendo yo mismo el dolor del rechazo. Si le he causado sentir el vacío que he sentido por los últimos dos meses, entonces estoy verdaderamente arrepentido.

Lunes 7 de Julio “Que callados estamos ahora que Mr Bingley y sus hermanas se han ido a visitar a su primo,” dijo Mrs Annesley mientras nos sentábamos juntos después de la cena esta tarde. “Los veremos otra vez en poco tiempo” dijo Georgiana, mientras se sentaba cerca de la ventana con su trabajo de aguja. “Vendrán a Pemberley con nosotros.” “No puedo esperar a ver Pembereley,” dijo Mrs Annesley. “Tengo entendido que es una hermosa finca.”

Mediante esta generosa frase persuadió a mi hermana de cantarle sobre Pemberley, y pensé en lo afortunado que había sido al encontrarla. Le ha ayudado a Georgiana a crecer con confianza y mediante la ayuda de ambos, le dirigiremos a una adultez segura y feliz.

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Martes8 de Julio. Regresé a Pemberley hoy, pues deseaba darle a Mrs Reynolds los detalles de mi próxima visita, e informarle cuantos invitados estaría trayendo. Pude haberle escrito, pero nuestra conversación de anoche me llenó con una necesidad de volverlo a verla.

Mientras daba vuelta sobre el pabellón y cabalgaba por el parque, no pude evitar pensar: 'Aquí pude haber traído a Elizabeth.' Cabalgue por el bosque, siguiendo el sendero ascendentemente hasta que llegue a la cima. Tire de las riendas de mi caballo y deje mi mirada reposar en la casa de Pemberley, en las lejanías del valle. Mi mirada recorrió toda la casa, el color de sus piedras que marcaban el paso del tiempo, brillando con la luz del sol sobre el arroyo enfrente de ella; y el canto de madera en la parte trasera. De todo esto Elizabeth pudo haber sido señora. Pero había rechazado mi mano. No había permitido que ninguna consideración de posición o riqueza la influenciara, y la honré por eso. No conocía a otra mujer que hubiera actuado de esa manera.

Sentí otra vez toda la miseria y el dolor de haberla perdido. Seguí mi camino, descendiendo la colina y cruzando el puente antes de llegar a la puerta. Mientras desmontaba, y esperaba frente a la casa, me di cuenta de cuanto la hubiera valorado como esposa; como la viveza de su carácter hubiera suavizado el mío, y su falta de impropio orgullo hubiera moderado el mío.

Entré. Encontré la casa bien cuidada, y Mrs Reynolds estaba complacida en saber que estaría visitando con un grupo de amigos en Agosto. “Será un gran places el ver a Miss Georgiana nuevamente, señor.” “Ella está ansiosa por venir aquí. Extraña mucho Pemberley.” Si Elizabeth hubiera aceptado mi mano, Georgiana estaría viviendo aquí otra vez, no sola, sino con una familia. Ella y Elizabeth hubieran sido hermanas… pero no debo torturarme con eso.

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Fui a darle un vistazo a la granja con Jonhnson, y vi las reparaciones que le había comisionado. Él es un bien activo para la propiedad, y estoy agradecido de tenerlo.

Cuando regresé a la casa, Mrs Reynolds había sacado un plan para el acomodo de los invitados, dejándoles a Bingley y a sus hermanas sus usuales habitaciones. Ellos se quedaran conmigo en mi regreso. También sacó una selección de menús, les di mi aprobación, y pase la tarde tratando con ella algunos cambios que me gustaría hacer en el ala este, antes de retirarme a la cama.

Viernes 18 de Julio Regresé a la ciudad, y espero terminar todos mis asuntos de negocios antes de pasar el resto del verano en Pemberley

Sábado 19 de Julio Me sorprendió ver a Bingley hoy, cuando estaba cabalgando por el parque. “Pensé que estabas visitando a tu primo” le dije. “Estaba, pero regresé una semana antes. Tenías razón sobre mi temperamento, no tengo perseverancia.” Me alegraba que se me presentara esta oportunidad. “Pensé que, en algo por lo menos, si tenías algo de perseverancia” aventuré. “¿Oh?” No dijo nada más, pero podía ver hacia donde sus pensamientos se estaban dirigiendo.

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“¿Te había contado que visité Rosings estas pascuas?” pregunté. “Fui a ver a mi tía, Lady Catherine de Bourgh.” “Sí, creo que escuche algo sobre eso,” respondió Bingley sin interés. “¿Espero que Lady Catherine este bien?” “Si, gracias. Estaba de muy bien humor y bien de salud. Tenía algunas visitas quedándose con ella, un grupo de Longbourn.” Cambió de color con esto. “¿Longbourn? No sabía eso. ¿Qué estaban haciendo en Kent?” preguntó, mientras entrabamos al parque. “Estaban visitando la rectoría. Tal vez recuerdes a Mr Collins, un hombre corpulento quien era el rector de la capilla de mi tía.” “No, no creo recordarlo.” “Se estaba quedando en Longbourn antes de Navidad. El asistió al baile en Netherfield, con los Bennets.” “Ah, ahora recuerdo. Había un rumor de que iba a casarse con Elizabeth Bennet.” “No era nada más que un rumor.” Gracias a Dios, pensé. “Pero si encontró una esposa, y se casó con Charlotte Lucas.” “¿La encantadora hija de Sir William?” preguntó Bingley, volteando hacia mí. “Sí.” “Un buen partido,” dijo, complacido. “Sé que ella quería su propia casa. Estoy feliz por ella. ¿Estaba feliz cuando la viste?” “Sí. Tenía todas las razones para estarlo. Su familia la estaba visitando. Su padre y su hermana se estaban quedando con ella. Sir William se quedó solo una semana, pero su hermana María se quedó más tiempo.” Me detuve. “Tenía otra acompañante, Miss Elizabeth Bennet.” Se sorprendió, pero solo dijo. “Sí, creo que eran amigas,” Después de un momento dijo: “¿Se encontraba bien?” “Sí.”

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“Me agrada Miss Elizabeth Bennet mucho. Era una chica alegre como la que cualquiera quisiera conocer. Y sus padres, ¿estaban bien?” “Si, eso creo.” “¿Y su…s hermanas?” estudiadamente.

preguntó,

ignorando

mi

mirada

“Estaban bien, aunque me temo que Miss Bennet no estaba feliz” “¿No?” preguntó, dividido entre esperanza y preocupación. “No.” Dije firmemente. “Extrañaba a su hermana, quizás. Era muy apegada a ella, y no quisiera estar separada de ella.” “Ella había estado triste antes de que su hermana se fuera.” “Extrañaba a Caroline, entonces. Se veían muy seguido cuando todos estábamos en Netherfield, y éramos amigos. ” “Quizás, pero no es común que una joven este infeliz solo porque su amiga se haya ido.” “No.” Dudo un momento, y dijo: “¿Qué crees, Darcy? ¿Debería dejar Netherfield?” “¿Es lo que deseas hacer?” “Estoy indeciso. Es una hermosa casa, y un hermoso condado, y la gente era buena compañía – aunque, tal vez, no es a lo que tú estás acostumbrado.” dijo, con un rastro de ansiedad. “Quizás no, pero había varias personas quienes hacían el vecindario muy placentero.” “Claro, Sir William había sido presentado en St James’s” “No estaba pensando en Sir William.”

Aunque estaba ayudando a mi amigo, no pude evitar ver la imagen de Elizabeth enfrente de mis ojos.

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“Tal vez vaya por un par de semanas al final del verano. ¿Tú qué dices?” preguntó. “Creo que es una excelente idea.” “Entonces creo que iré después de mi visita a Pemberley.” No dije nada más. No deseaba darle muchas esperanzas, menos si Jane había dejado su dolor a un lado y había empezado a interesarse en un joven del vecindario. Pero si regresa al vecindario, entonces un poco de tiempo les mostrara si deben de estar juntos, y esta vez, no seré tan impertinente como para interferir.

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Agosto

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Domingo 3 de Agosto Bingley y sus hermanas se nos unieron a Georgiana y a mi justo después del desayuno, y partimos rumbo a Pemberley. Para empezar, Caroline habló de su visita a su primo, pero después la conversación se volvió en una ola de halagos.

“¿Qué hermoso coche tiene usted, Mr Darcy?” ella dijo, mientras transitábamos por las calles. “Charles no tiene ninguno como éste. Le sigo diciendo que debería comprar algo de este estilo.” “Mi querida Caroline, si comprará todo lo que quisieras, estaría en bancarrota al final del año.” dijo Bingley. “Tonterías. Todo caballero debe tener su carroza, o usted qué opina, ¿Mr Darcy?” preguntó. “Es ciertamente muy útil.” admití. “¡Darcy! ¡Confiaba en ti para estar de mi lado! Estaba seguro que lo calificarías como una extravagancia.” “Si esperas viajar mucho, entonces es más barato que alquilar un coche.” “Ahí lo tienes” dijo Caroline, dirigiéndome una sonrisa. “Mr Darcy está de acuerdo conmigo. Que afable es cuando dos personas piensan igual. Debes de tener respaldos en justamente este color, Charles,” dijo, volteando hacia los asientos. “Me aseguraré de que sean de un color totalmente diferente” respondió, “de otra forma, no sobria si es mi coche o el de Darcy.” “Que cómodo es,” dijo Caroline. “No es así, ¿Georgiana?” pregunto, recurriendo a mi hermana. “Si, lo es.” dijo Georgiana. “Y tan bien moldeado. Charles, debes de asegurarte que tu coche tenga estos mismos resortes.” “Si lo hago, el coche de Darcy será muy incómodo sin ellos.” “Y tendrás que mandar construir un escritorio para escribir en el coche.”

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“Me disgusta escribir cartas cuando estoy quieto, y no tengo ninguna intención de hacerlo mientras soy sacudido por cada raíz y hoyo.” “Pero tus compañeros de viaje podrían disfrutarlo. ¿Qué dices Georgiana? ¿No sería útil?” “Sí.” mi hermana aventuró. “Ahí lo tienes, Charles. Georgiana piensa que sería útil, y no solo para escribir, tenlo por seguro. También sería útil para dibujar. ¿Cómo está tu progreso con el dibujo?” le preguntó a Georgiana. “Bien, le agradezco.” “Mi hermana me dio un dibujo de Hyde Park la semana pasada.” dije. “¿Estaba bien hecho?” preguntó Caroline. “Estaba muy bien hecho.” dije con una cálida sonrisa. “Recuerdo mis propios días de escuela. ¡Cómo me encantaba dibujar! Debe dejarme ver ese trabajo, Georgiana.” “Lo dejé en Londres” respondió mi hermana. “No importa. Lo veré la próxima vez que nos encontremos.”

Viajamos en paz y sin problemas y nos detuvimos para pasar la noche en el Black Bull (toro negro). Era una respetable hostería. La comida era buena y los cuartos cómodos. Le había dicho a mi criado que me despertará temprano. Tenía algunas cartas que escribir antes de que siguiéramos nuestro viaje.

Martes 5 de Agosto No puedo creerlo. He visto a Elizabeth. Apenas y sé que estoy escribiendo. Fue tan extraño.

Estábamos de camino a Pemberley; Bingley, sus hermanas, Mr Hurst, Georgiana y yo, cuando nos detuvimos para la merienda en

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una posada. El día era caluroso y las damas estaban cansadas. No deseaban viajar más lejos, y de hecho, le había dicho a mi ama de llaves que no llegaríamos sino hasta mañana. Pero estaba inquieto. Decidí adelantarme, deseando ver a Johnson y poner algunos asuntos del cuidado de la propiedad fuera del camino antes de que mis invitados llegaran.

Cabalgué a Pemberley. Era una tarde hermosa, y disfruté del paseo. Estaba saliendo de los establos, y caminando hacia el frente de la casa cuando me detuve en corto. Me pregunté si estaba alucinando. El día era caliente, y dudaba si me había afectado el sol. Pues estaba enfrente de mí una figura que conocía bien. Era Elizabeth. Estaba caminando por el prado hacia el rio, en la compañía de dos personas a quienes no conocía. En ese momento ella volteó para ver hacia atrás. Me vio. Me quede plantado en el suelo. Estábamos a veinte yardas (18.28 metros) de cada uno. No había forma de evitarla, aunque lo hubiera deseado. Nuestros ojos se encontraron y la vi sonrojarse. Sentí mi propio rostro ponerse rojo.

En fin, me recuperé. Caminé hacia el grupo. Ella había instintivamente volteado hacia otro lado, pero deteniéndose con mi cercanía, recibió mis saludos con gran azoramiento. Me sentía mal por ella, y lo habría hecho más fácil para ella si hubiera podido.

Mientras le hablaba no podía evitar preguntarme qué estaba haciendo ahí. ¡Estar en Pemberly! Parecía tan extraño, pero al mismo tiempo tan correcto.

“¿Espero que este bien?” pregunté. “Si, gracias.” respondió, ruborizándose, e incapaz de verme a los ojos. “¿Y su familia?”

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Tan pronto como lo dije, la vi ruborizarse aún más, y sentí un sonrojo en respuesta en mi rostro. No tenía ningún derecho de preguntar por su familia, habiéndolos criticado tan tajantemente en su cara, pero respondió educadamente.

“Están bien, gracias.” “¿Hace cuánto que dejó Longbourn?” “Casi un mes.” “¿Ha estado viajando?” “Sí.” “¿Está disfrutando el viaje, espero?” “Sí.” Repetí lo mismo tres veces, preguntándole si se había divertido, hasta que pensé que era mejor permanecer en silencio, pues no tenía nada sensato que decir. Después de un momento me repuse y me despedí.

Encontrar a Elizabeth, aquí, ¡en Pemberley! Y encontrarla dispuesta a hablar conmigo. Había estado avergonzada, pero no me había ignorado. Había contestado cada pregunta que le hice con más educación de la que merecía. ¿Qué estaba pensado? Me pregunté. ¿Estaba complacida al haberme encontrado? ¿Mortificada? ¿Indiferente? No, no lo último. Se había sonrojado cuando me acerqué. Había estado enojada, tal vez, pero no indiferente. La idea me dio esperanzas.

Entre a la casa, pero en lugar de dirigirme al cuarto del mayordomo, me vi yendo al salón. No había estado tranquila, al menos eso estaba claro, y no había hecho nada para ayudarla. Había estado envuelto en sorpresa, y en

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un montón de otras emociones a las que no me atrevo poner nombre, y había sido incoherente.

Un caballero la habría calmado. Un caballero la habría hecho sentirse en casa. Un caballero le habría pedido que le presentara a sus compañeros. ¡Qué tan lejos de ser un caballero estaba yo! Me decidí a remendar mis errores pronto.

Saliendo a los jardines, le pregunté a uno de los jardineros en qué dirección se habían ido los visitantes, y fui en busca de ellos. Los vi abajo, cerca del río. Me fui acercando. Nunca se me había hecho una caminata más larga. ¿Estaría complacida de verme? Yo esperaba, por lo menos, que no estuviera disgustada.

Me acerqué a ella. Ella empezó a hablar, con un poco más de tranquilidad que en nuestro previo encuentro. “Mr Darcy. Usted tiene una hermosa propiedad aquí. La casa es encantadora, y los jardines son muy placenteros” Parecía que iba a seguir, pero entonces se sonrojó. Creo que ambos pensamos lo mismo: la casa podría ser ahora suya, si hubiera aceptado mi mano. Para ayudarla en su apuro, dije: “¿Me haría el honor de presentarme a sus amigos?” Parecía sorprendida, y entonces sonrió. Había un rastro de travesura en su sonrisa, y me di cuenta de cuanto la había extrañado. “Mr Darcy, permítame presentarle a mi tía y mi tío, Mr y Mrs Gardiner,” dijo.

Entendí la razón de su traviesa sonrisa. Estos eran los parientes a quienes había criticado, y había estado equivocado al despreciarlos. Ellos no eran las bajas conexiones que me había

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temido. En realidad, antes de que me los presentara, los había tomado como gente elegante.

“Estábamos regresando hacia la casa” dijo Mr Gardiner. “La caminata a cansado a mi esposa.” “Permítanme caminar con ustedes.” Tomamos camino. “Tiene una hermosa propiedad aquí, Mr Darcy” “Gracias. Creo que es una de las más hermosas en Inglaterra – pero mi juicio es parcial.” Mr y Mrs Gardiner se rieron. “Su criado nos ha estado mostrando los truchas en el rio” dijo Mr Gardiner. “¿Le gusta la pesca?” “Si, cuando tengo la oportunidad.” “Entonces debe de venir aquí tanto como usted desee.” “Es muy amable de su parte, pero no he traído mi caña para pescar.” “Hay suficientes aquí. Puede usarlas cuando venga.” Me detuve. “Ese es un buen trecho del río.” dije, apuntando uno de los mejores tramos para pescar la trucha.

Vi a Elizabeth y a su tía intercambiando miradas, y no pude evitar darme cuenta de la mirada de asombro de Elizabeth. ¿Me creía incapaz de ser educado? Quizás. Había dado muy poca muestra de ello en Hertfordshire. No pude evitar mirarla, aunque hablara con su tío. Su rostro, sus ojos; su boca, todo me cautivaba. Pensé que se veía bien, y aunque parecía avergonzada, no vi ningún rastro de hostilidad en su expresión.

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Después de un tiempo, Mrs Gardiner tomo el brazo de su esposo, y fui mandado a caminar con Elizabeth. “No sabía que usted estaría aquí,” dijo inmediatamente. “Mi tía tenía el antojo de ver Pemberley. Vivía en el vecindario cuando era una niña. Pero nos habían dicho que no regresaría usted sino hasta mañana.” Entonces había descubierto eso, y solo había venido bajo el conocimiento de que no me vería. Mi ánimo se hundió, pero se volvió a levantar al darme cuenta que el destino había jugado sus cartas a mi favor. Si no me hubiera decidido a atender los asuntos de mi propiedad, estaría con Georgiana en la posada, en lugar de aquí con Elizabeth.

“Esa era mi intención, pero un asunto que tenía que arreglar con mi mayordomo me trajo aquí unas cuantas horas antes de mis acompañantes. Se me unirán mañana temprano, entre ellos hay algunos que usted conoce – Mr Bingley y sus hermanas.”

No pude evitar pensar en todo lo que había pasado en relación con Bingley, y supuse que sus pensamientos se dirigieron en la misma dirección. Me pregunté si debía decir algo; darle algún indicio de mi cambio de opinión en el tema; pero no sabía cómo empezar.

En lugar de eso, dije: “¿Me permitiría, o pido mucho, el presentarla a mi hermana durante su estancia en Lambton?” “Me encantaría.”

Había una calidez en su voz, y en su sonrisa que acompañaron esa expresión, que alivio mis temores.

Seguimos caminando en silencio, pero más tranquilos que antes. El ambiente no estaba tan tenso, y había, sino una confianza entre nosotros, por lo menos no más azoramiento.

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Llegamos al carruaje. Si tío y su tía estaban atrás. “¿Le gustaría entrar a la casa? ¿Le gustarían algunos refrigerios?” “No, gracias” respondió. “Debo de esperar a mi tía y tío.” Estaba decepcionado, pero no la presioné. Traté de pensar en algo que decir. Quería decirle lo equivocado que había estado. Ella, también, parecía que quería decir algo, pero que era, no lo sabía.

Al fin ella comenzó, pero solo para decir: “Derbyshire es una región muy hermosa.” “¿Ha visto mucho de ella?” “Sí. Hemos estado en Matlock y en Dove Dale.” “Vale la pena verlas.” Mi conversación era fútil. La suya era mejor. Había tanto que quedaba sin expresarse entre nosotros, pero no había tiempo. Quizás, en unos días, cuando nos conociéramos un poco mejor…

Su tía y tío se acercaron. Los invité a tomar algunos refrigerios, pero rechazaron la invitación. Ayude a las damas a subir al carruaje y se fueron. Los vi irse por el mayor tiempo posible, evitando que mi atención pareciera especial, y entonces caminé lentamente hacia la casa.

No dije ninguna de las cosas que quería decir, pero saber que vería a Elizabeth otra vez me animaba. Estaba de mucho mejor humor del que había estado en mucho tiempo.

Miércoles 6 de Agosto

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Me levanté de la cama muy temprano. No podía dormir. Busqué a Georgiana y por fin llegó, con Bingley y sus hermanas. Los recibí afectuosamente, y después, diciéndole a Georgiana que quiera mostrarle un nuevo espécimen de árbol en el jardín la invité a tomar un paseo. Ella fue conmigo enseguida. Cuando estábamos a alguna distancia de la casa, le dije: “Georgiana, hay alguien a quien me gustaría que conocieras.” Me miró inquisitivamente. “Cuando estaba en Hertfordshire el otoño pasado, conocí a una joven llamada Elizabeth Bennet. Me agrada mucho.” Georgiana parecía sorprendida, y después complacida. “Está visitando Derbyshire, y se está quedando en una posada cerca de aquí. Si no estás muy cansada, me gustaría que la conocieras esta mañana.”

Sabía que era algo repentino, pero ahora que había encontrado a Elizabeth, no podía esperar el presentársela a mi hermana. “No, no estoy muy cansada. Me gustaría conocerla.”

Regresamos a la casa. Caroline y Louisa estaban arriba, y Georgiana las siguió, prometiendo bajar cuando se hubiera lavado la mugre de las manos y de la cara, y hubiera cambiado su vestido. Bingley estaba en la biblioteca.

“Hay alguien quien se está quedando cerca de aquí, a quien creo te gustará ver.” “¿Oh?” volteó. “Miss Elizabeth Bennet. Ha estado viajando con su tía y tío. Por casualidad estaban visitando la casa ayer, justo cuando llegué. Prometí que los visitaría esta mañana. Estaré llevando a Georgiana conmigo, y pensé que te gustaría venir.”

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Parecía sorprendido, pero dijo: “Claro, Darcy. Me encantaría volver a verla.” Dudó un momento y dijo: “¿Será mejor si no pregunto por su hermana? ¿O parecería eso muy particular?” “Creo que deberías preguntar por ella.” Sonrió, y yo estaba complacido por el rumbo que la situación había tomado.

Georgiana regresó al salón. Ordené que la calesa fuera traída y viajamos a Lambton, con Bingley siguiéndonos en caballo. Esperaba que Elizabeth no hubiera salido. La vi en la ventana y me tranquilicé.

Creo que estaba tan nervioso como Georgiana cuando fuimos admitidos en la posada. Elizabeth parecía azorada, pero tan pronto como le presenté a Georgiana, ella recobró su compostura. Entre ambas parecía haber un real cariño. Georgiana estaba cohibida al principio, pero Elizabeth persistió, haciéndole preguntas y guiándola gentilmente a que hablara. Georgiana cada vez era más abierta en su conversación, y poco después estaban sentadas juntas.

“No debe olvidar que prometió pescar en mi río.” le dije a Mr Gardiner. Parecía sorprendido, como si pensara que ya habría cambiado de opinión, pero acepto rápidamente.

No pude evitar desviar mi mirada hacia Elizabeth, y creo que se hubiera mantenido ahí si no hubiéramos sido interrumpidos por Bingley. Afortunadamente sus hermanas no habían bajado durante el tiempo en que nos preparábamos para partir, o habríamos estado obligados a invitarlas a venir con nosotros.

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Los rasgos de Elizabeth se suavizaron al verlo. No consideraba su inconstancia como algo en contra suya, entonces. Estaba agradecido. Yo había sido la causa de ello, no él. Si no hubiera sido por su natural modestia, hubiera seguido su propio deseo en lugar de escucharme a mí.

“Su familia está bien, ¿espero?” dijo. “Si, muy bien, gracias.” “¿Su madre y su padre?” “Están bien de salud.” “¿Y sus hermanas?” “Si, están todas bien.” “Perfecto.” Se detuvo, tan avergonzado como yo había estado el día anterior. “Ha pasado un largo tiempo desde la última vez que tuve el placer de verla.” Ella abrió la boca para responder, pero él siguió: “Han pasado alrededor de ocho meses. No nos hemos visto desde el 26 de Noviembre, cuando todos estábamos bailando juntos en Netherfield.”

Que tan lejano parecía. Y cuanto drama se había desarrollado desde entonces.

“¿Cuándo planea regresar a Longbourn?” preguntó Bingley. “Pronto. En un poco menos de una semana.” “Estará encantada de ver a sus hermanas otra vez.” Elizabeth sonrió. No podía ignorar la razón detrás de toda esta charla acerca de sus hermanas. “Sí.” “Y ellas de verla.” “Estoy segura que lo estarán.”

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“Estoy pensando en regresar a Netherfield yo mismo,” dijo indiferentemente. “¿Oh? Había escuchado un rumor que deseaba dejarlo.” “Para nada. Es la casa más placentera con la que me he topado.” “Y aun así, ha estado mucho tiempo lejos.” “Tenía asuntos que atender,” dijo. “Pero ahora soy el dueño de mi destino.”

Los ojos de Elizabeth se toparon con los míos, y sonreímos. Estaba seguro de que ella sabía a lo que Bingley se refería cuando decía que ahora era el dueño de su destino.

Me di cuenta de que su tía volteaba en nuestra dirección, pero no disfrace mi admiración por su sobrina. Que lo supiera. Me gustaría decírselo a todo el mundo. Estoy enamorado de Elizabeth Bennet.

Me estuve preocupando por ser agradable. No fue difícil. Simplemente pretendía que había conocido a los Gardiners toda mi vida. Es increíble la fácil que es ser abierto con los extraños ya que le encuentras la maña. Y la motivación, tenía que admitir. No me hubiera tomado la molestia antes. Ahora, hacia un esfuerzo para ser agradado.

Nos quedamos alrededor de media hora, pero no podía irme. Al fin me di cuenta que Mrs Gardiner miraba seguido el reloj, y sabía que debíamos retirarnos. “Espero que nos acompañen a cenar antes de que se vayan del vecindario,” dije, mirando a Georgiana para que se me uniera en la invitación. “Si, nos encantaría tímidamente.

que

nos

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pudieran acompañar.”

dijo

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Mire a Elizabeth, pero ella rehuyó mi mirada. No estaba preocupado. Había un rastro de incomodidad, pero no hostilidad en su rostro, y espero que con el tiempo nos conoceremos mejor y esa incomodidad se esfumará.

“Estaríamos encantados,” dijo Mrs Gardiner. “¿Qué tal el día después de mañana?” “El día después de mañana será.” “Estaré esperándolo con ansias,” dijo Elizabeth.

Se topó con mi mirada mientras lo decía, y sonreí. Vi una sonrisa como respuesta elevarse en sus labios, y estuve satisfecho. “Yo también lo espero con ansias,” dijo Bingley a Elizabeth. “Tenemos mucho de qué hablar. Me gustaría escuchar sobre todos mis amigos en Hertfordshire.”

Nos retiramos, y regresamos a Pemberley.

Georgiana se retiró a su cuarto para quitarse su boneta y su pelliza. Entre al salón con Bingley, y encontramos a Caroline y a Louisa ahí.

“¿Han estado fuera?” preguntó Caroline. “Si, visitando a Miss Bennet” dijo Bingley. “¿Jane Bennet está aquí?” preguntó Caroline sorprendida. “Debía haber dicho, Miss Elizabeth Bennet.” Aún peor, decía la expresión de Caroline. Pero pronto la suprimió. “Dios mío, pero que coincidencia que ella resulte estar en Derbyshire justo cuando usted regresa, Mr Darcy”

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“Si, es afortunado ¿no lo cree?” pregunté. Ella parecía querer decir algo sarcástico, pero reflexionó. “Me gustaría verla otra vez. Creo que le brindare una visita. ¿Qué dices, Louisa? ¿Vendrías conmigo? ” “No hay necesidad,” dijo su hermano. “Ella vendrá aquí.” “¿Aquí?” Caroline sonaba horrorizada. “Darcy la invitó a comer.” “Con su tía y su tío,” agregué. “¿No el abogado de Meryton?” preguntó con un tono burlón. “No, el tío que vive en Cheapside,” respondí, removiendo su aguijonazo. Parecía molesta. “¿Y es él muy vulgar?” preguntó. “Debe serlo. ¡Querida! Cheapside,” dijo Louisa estremeciéndose. “Es de hecho un hombre muy caballeresco, y su esposa una dama elegante.” “¿Y vamos a conocer a estos dechados?” Dijo Caroline, “Que entretenido.”

La escuche con condescendencia mientras seguía hablando de la misma manera. Nada que dijera podría perturbar mi felicidad. Pensé solo en Elizabeth. No me había repudiado. No me había hablado con desagrado y desprecio. Había sido cortés, y agradable, y había algo en sus maneras que me hacían tener esperanzas de que no me era indiferente.

Cuando pienso que una vez había tomado por hecho que ella se casaría conmigo... Que no hubiera ni siquiera considerado la posibilidad de que me fuera a rechazar. Y ahora, aunque sentía la esperanza crecer en mí, me precavía de que mis sentimientos podrían no ser devueltos.

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Pero no pensaré en algo tan lejano. La veré el día después de mañana. Eso es suficiente.

Jueves 7 de Agosto. Mr Gardiner llegó temprano esta mañana y lo lleve colina abajo hacia el rio, junto con algunos de mis otros invitados. Tiene conocimientos de pesca, y le preste una caña de pescar para que pudiera probar su suerte en atrapar algo. Mis otros invitados habían traído los suyos. Estaba por unírmeles cuando un comentario de Mr Gardiner me hizo cambiar de parecer.

“Fue muy cortes de su hermana el visitarnos ayer, Mr Darcy. Mi esposa y mi sobrina estaban muy sorprendidas por tal atención.” dijo “Estaban decididas a regresarla esta mañana.” “Es muy amable de su parte,” dije, cuando pude dominar mi sorpresa. “No quieren ser faltas de ninguna atención.” “Espero que disfruten su pesca,” les dije a los caballeros. “Si me disculpan, debo volver a la casa.”

Mis invitados murmuraron despedidas, asumiendo que tenía algún asunto de negocios que atender, pero vi la mirada de comprensión en el rostro de Mr Gardiner. Él lo sabía. No estaba asombrado. No había tomado ninguna molestia en esconder mis sentimientos cuando visité a su sobrina. No piensa fingir una falta de interés.

Regresé a la casa y entre al salón. Mis ojos fueron directamente a Elizabeth. Sabía instantáneamente que ella pertenecía a este lugar. Mientras la miraba, visualice un futuro, un futuro en el que veía a Elizabeth y a mí viviendo en Pemberley. Lo deseaba más que cualquier cosa, y solo puedo tener esperanzas que ella quiera lo mismo.

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“Miss Bennet, Mrs Gardiner, es muy gentil de su parte el regresar la visita a mi hermana tan pronto,” dije. “Oh, sí, muy gentil,” dijo Georgiana, ruborizándose. “No lo esperaba.” “No podíamos actuar de otra manera, después de su amabilidad en darnos la bienvenida,” dijo Mrs Gardiner a Georgiana. Georgiana se ruborizó nuevamente, pero solo tenía ojos para Elizabeth. Su mirada se topó con la mía. Desvió la mirada, avergonzada, y aun así pensé ver una aceptación en sus ojos antes de que volteara.

Caroline y Louisa estaban sentadas silenciosamente, sin hacer ninguna contribución a la conversación y dejando a Georgiana realizar los deberes de anfitriona sola.

Mrs Annesley la ayudó, diciendo a Elizabeth: “Los jardines de Pemberley son muy hermosos, ¿creo que los vio hace unos días?” “Si, disfrutamos mucho caminar por ellos,” dijo Elizabeth. “Los árboles son muy hermosos.” Miro hacia la ventana, a algunos ejemplares. “Son arboles de castañas españoles,” dijo Georgiana dulcemente, complacida de poder hacer una contribución a la conversación. “¿Han estado ahí mucho tiempo?” preguntó Elizabeth, volteando hacia ella, alentándola. “Oh, sí, son muy viejos.”

Georgiana se giró hacia mí buscando mi probación y le sonreí. No tiene mucha experiencia recibiendo a invitados, y ninguna en recibir a personas que no conoce, pero se ha adaptado muy bien.

Caroline evidentemente pensó que había permanecido en silencio suficiente tiempo.

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“Dígame, Mis Eliza, ¿los soldados no han sido removidos de Meryton? Debe de ser una gran pérdida para su familia.”

Nunca la había escuchado hablar con tanto veneno. Sus comentarios sarcásticos eran expresados con una pequeña sonrisa, pero no había nada jocoso en ellos hoy, y me di cuenta por primera vez de lo venenosa que Caroline puede ser. Vi a Elizabeth angustiarse. Centenares de recuerdos llenaron mi mente. Mis propios comentarios poco generosos relacionados con sus hermanas menores; su rostro al acusarme de arruinar a Wickham; mi furiosa respuesta; y mi carta.

Me sentí mal por ella, pero no necesitaba mi ayuda en repeler el ataque. Después de un momento de angustia, respondió: “Siempre es triste perder la compañía de gente inteligente y bien educada. Hay algunos que entran en un vecindario con la intención de burlarse de todo lo que ven, o con la intención de formar falsas amistades para pasar el rato, y no tienen ninguna consideración de los sentimientos de los que se quedaron una de vez se hayan ido. Pero fuimos afortunados con los oficiales. Eran corteses y bien educados. Nos procuraron placer cuando estuvieron con nosotros, y no dejaron más que recuerdos placenteros detrás suyo.”

Atrapé la mirada de Elizabeth y sonreí. Caroline fue silenciada, y mi hermana fue aliviada de la vergüenza que había experimentado cuando las palabras de Caroline le recordaron a George Wickham. Estaba liberado de un gran agobio. Por su conducta calmada creo que la admiración de Elizabeth hacia Wickham había terminado.

La visita llego a su fin, pero no pude soportar el dejar a Elizabeth irse. “Debe permitirme llevarla al carruaje,” le dije, mientras Mrs Gardiner se levantaba para irse. “Gracias,” respondió.

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Caminé con ellas, agradecido por la oportunidad que me daba de estar con Elizabeth. Su tía camino un poco más adelante, para que pudiera hablar a solas con ella.

“Espero que haya disfrutado su mañana.” “Si, gracias, lo he hecho.” “Espero verla otra vez aquí.” Habíamos llegado al carruaje, y no podía decir más. Pero mis sentimientos estaban en mi mirada. Ella se sonrojó, y bajó su mirada, con confusión, espero. Hay aun algo de incomodidad entre nosotros, pero ya pasará, y entonces descubriré si sus sentimientos siguen siendo los mimos que en Pascua.

Ayudé a subir al carruaje a Mrs Gardiner. Después a Elizabeth, y el carruaje se fue.

Nunca sospeché cuando llegué a Pemberley que encontraría tantas cosas de mi interés. Pronto tendría una nueva dueña, esperaba. Miré al otro lado de las amplias colinas e imaginé a mis hijos yendo colina abajo hacia el río a pescar. Miré hacia la casa y vi a mis hijas regresando de un paseo, sus faldas cubiertas en lodo. Si estuviera seguro de que eso pasaría, sería muy afortunado, en verdad.

Estaba poco dispuesto a regresar al salón, pero sabía que debía hacerlo. No podía dejar a Georgiana sola con Caroline y Louisa. No habían hecho nada para ayudarla durante la visita de Elizabeth, y en cambio no hicieron más que angustiarla. Si era posible invitar a Bingley a Pemberley sin sus hermanas, lo haría deseosamente.

“Que mal se veía Miss Eliza Bennet esta mañana,” dijo Caroline, tan pronto como entre a la habitación. “Se ha puesto tan quemada

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y tosca. Louisa y yo congeniábamos de que no la hubiéramos reconocido.” Estaba claro que los comentarios de Caroline estaban inspirados por los celos. Me había preguntado, en ocasiones, si ella se imaginaba como la siguiente Mrs Darcy, pero siempre lo negaba. Ahora estaba seguro de ello. Esta dispuesto a no dejar que sus comentarios de mala naturaleza arruinaran mi felicidad.

“No vi nada diferente en ella, excepto que estaba algo bronceada, lo cual no es ninguna sorpresa al haber estado viajando en verano.” “Por mi parte,” prosiguió maliciosamente, “debo confesar que nunca vi ninguna belleza en ella.”

Mientras seguía criticando la nariz, el mentón, la complexión y los dientes de Elizabeth, me molestaba más y más, pero no dije nada, incluso cuando dijo: “Y en cuanto a sus ojos, que algunas veces has sido llamados bellos, nunca pude percibir nada extraordinario en ellos.”

Me miró retadoramente, pero permanecí en silencio. “Recuerdo especialmente una noche, después de que ellos cenaran en Netherfield, usted dijo: “¡Ella una belleza!- Primero llamaría su madre un genio”” “Sí” repliqué sin poder contenerme más tiempo. “Pero eso fue cuando empezaba a conocerla, porque hace ya muchos meses que la considero como una de las mujeres más bellas que he visto.” Y entonces, salí de la habitación.

La impertinencia de Caroline sobrepasa todo límite. Si no fuera la hermana de Bingley, le diría que se fuera. ¡Insultar a Elizabeth enfrente mío! Ella debe de estar inundada por celos.

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Pero no puede quitarme mi felicidad. Amo a Elizabeth. Ahora solo falta ver si Elizabeth me ama.

Viernes 8 de Agosto. No pude dormir la noche pasado, pero esta vez fue causado por felicidad. Creo que Elizabeth no siente aversión hacia mí. Con el tiempo, creo, puedo llegar a gustarle. Creo que fue el feliz destino quien la trajo a Derbyshire, y quien me incitó a adelantarme al resto de mi grupo, para encontrarla. En Londres, traté de olvidarla, pero era imposible. Ahora, debo tratar de ganarla.

Fui a la posada, por lo tanto, esta mañana, esperando sentarme con ella. Fui invitado a la sala por el sirviente. Mientras íbamos escaleras arriba, me pregunté cuál sería su expresión cuándo entrará a la habitación. A partir de eso, podría saber. Una sonrisa mostraría que era bienvenido. Un sonrojo me daría esperanza. Una mirada fría me acabaría completamente.

La puerta se abrió. Pero en lugar de ver a Elizabeth sentada con su tía, la vi saliendo disparada hacia la puerta, su rostro pálido y sus maneras agitadas. Pensé que una gran calamidad le había pasado para producir esa apariencia, pero antes de que tuviera la oportunidad de hablar, volteo sus ojos angustiados hacia los míos y exclamó: “Le ruego que me disculpe, pero debo dejarlo. Debo de encontrar a Mr Gardiner en este momento, es un asunto que no puede ser demorado; no puedo perder ningún instante.”

“¡Dios mío! ¿De qué se trata?” pregunté, esperando ser de ayuda. Tan pronto como las palabras salieron, sabía que poco consoladoras habían sido. Recuperándome, dije: “Permítame que sea yo, o mande un criado a buscar a los señores Gardiner. Usted no está en condiciones.” “Oh, sí, el criado.” La llamó y le dijo con voz apagada: “Debe encontrar a mi tío. Tráigalo pronto. Es una cuestión de la mayor

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urgencia. Mande a un chico. Dígale que su sobrina lo necesita inmediatamente. Dígale a mi tía. Ella debe venir, también.” El criado prometió hacerlo así, y se fue.

Vi las rodillas de Elizabeth temblar y me moví hacia adelante, listo para prestarle mi asistencia, pero ella se sentó antes de que pudiera alcanzarla, viéndola tan descompuesta, no hubiera podido irme, incluso si lo hubiera querido.

“Permítame llamar a su doncella,” dije suavemente, sintiéndome repentinamente inútil. No sabía nada sobre ayudar a las damas en tales circunstancias. Repentinamente se me ocurrió. “Una copa de vino, ¿le traigo una?” “No, gracias,” respondió. La vi luchar consigo misma y controlando lo peor de su agitación. “Yo estoy bien. Lo único que pasa es que estoy desolada por una horrible noticia que acabo de recibir de Longbourn.”

Rompió a llorar. Deseaba acercarme y consolarla. Deseaba poner mis brazos alrededor suyo y calmar su sufrimiento. Por primera vez en mi vida condenaba la civilidad, los modales y la clase. Siempre habían parecido tan importantes para mí, pero ahora eran de poco valor porque me estaban separando de Elizabeth.

Un momento más y creo que hubiera aventado los modales al aire, pero ella se recuperó y dijo: “He recibido una carta de Jane y me da noticias espantosas que a nadie pueden ocultarse. Mi hermana menor nos ha abandonado, se ha fugado, se ha entregado a… Wickham. Los dos se han escapado de Brighton. Usted le conoce demasiado bien para comprender lo que eso significa. Lydia no tiene dinero ni nada que a él le haya podido tentar… Está perdida para siempre.” No podía creer lo que está escuchando. Esto era pérfido en verdad. Robar a una joven lejos de sus parientes y amigos. Y aun así él ya

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lo había hecho antes, o al menos lo había tratado, y hubiera tenido éxito de no haberlo detenido en el intento.

“¡Cuando pienso que yo pude haberlo evitado! ¡Yo que sabía quién era!” exclamó.

No, quería decirle. Usted no tiene la culpa. Yo debí haber hecho saber su naturaleza. Pero las palabras salían de ella como un torrente, y no podía hacer otra cosa que dejarla hablar. Al final, su corriente llago a su fin.

“¿Pero es seguro, completamente seguro?” pregunté. Las noticias viajan rápido, especialmente las malas, pero es común que sean distorsionadas en el camino. No podía pensar que Wickham se fugará con Miss Lydia Bennet. No tenía nada que lo tentará, y él no tenía deseos de establecerse con los Bennets. Él debe de saber que tal comportamiento lo haría un prófugo. Era un precio muy alto por el placer de casarse con una chiquilla sin ningún nombre ni fortuna. Y entonces, en verdad, ¿Cómo podría el casarse con ella? Ella era menor de edad. Podría llevarla a Gretna Green, pero el viaje costaría mucho, y yo sabía bien que no podría gastar ni la mitad de esa cantidad a menos que su novia fuera una heredera de considerable fortuna. “Dejaron Brighton juntos el Sábado en la noche y fueron rastreados casi hasta London, pero no más lejos; definitivamente no han ido a Escocia.

Estaba empezando a darme una idea de lo que debía haber pasado. Wickham conocía Londres. Sabía que podría permanecer oculto. Y cuando él hubiera obtenido su placer, podría abandonar a Miss Lydia Bennet con impunidad.”

Todo esto había surgido por mi insufrible orgullo. Si hubiera hecho público el carácter de Wickham, nada de esto hubiera

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pasado, pero había despreciado el hacerlo, y en consecuencia había herido a la mujer que amaba.

“¿Y qué se ha hecho, que han intentado hacer para encontrarla?” pregunté. Necesitaba saberlo, para así saber cómo usar mi tiempo, y como llevar a cabo mi propia búsqueda. No descansaría hasta que la hermana de Elizabeth regresará con ella.

“Mi padre ha ido a Londres, y Jane ha escrito solicitando la inmediata ayuda de mi tío: espero que nos vayamos en media hora.”

¡Media hora! A pesar de todas mis esperanzas, perder a Elizabeth tan pronto, pero claro, debía de hacerse.

“¿Pero cómo convencer a un hombre semejante? ¿Cómo descubrirles? No tengo la menor esperanza. Se mire como se mire, es horrible.”

No podía decir nada, ni hacer nada, solo darle mi simpatía y esperar que la fortaleciera. Deseaba abrazarla, pero su tío estaría de regreso en cualquier momento, y hacerlo empeoraría la situación.

“¡Oh, sí cuando abrí los ojos y vi quién era Wickham hubiese hecho lo que debía! Pero no me atreví, temí excederme. ¡Qué desdichado error!“

Sabía que ella deseaba que me fuera. Era yo quien la había instigado en secrecía; yo quien le dijo que no debía decirlo a nadie. Y este había sido el resultado. Una hermana arruinada, una familia

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en disturbios… No me voltearía a ver. No estaba sorprendido. Logré algunas palabras incoherentes, diciéndole que no había nada que disculpara mi presencia, pero que me había quedado por verdadero aunque inútil interés.

“Creo que este desdichado asunto va a privar a mi hermana del gusto de verla a usted hoy en Pemberley”

Tan pronto como las palabras salieron de mi boca, pensé en lo ridículas que eran. Por supuesto que la privaría. No parecía importarle a ella, pues me respondió directamente.

“¡Oh, sí! Tenga la bondad de excusarme ante Miss Darcy. Dígale que cosas urgentes nos reclaman en casa sin demora. Oculte la triste verdad, tanto como sea posible, aunque sé que no será por mucho.” “Puede confiar en mi discreción. Lamento que haya llegado a esto – Le deseo una mejor conclusión de estos eventos de la que ahora parece posible.”

Porque si una mejor conclusión es posible, la haría suceder de alguna manera, pensé. Dicho esto la dejé en su soledad y regresé a Pemberley.

“Ha estado afuera desde temprano” dijo Caroline mientras entraba al salón. “Ha estado visitando a Miss Eliza Bennet, ¿quizás?” Vi los celos en sus ojos, y lo oía en su voz. No me había percatado hasta ese momento de cuanto me deseaba. O tal vez sería más acertado decir, cuanto deseaba Pemberley. Sin eso, me hubiera visto como un don nadie. Mi caligrafía podría ser la más alineada del mundo y no hubiera pensado adecuado el comentarlo.

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“Si, lo he hecho.” respondí. “¿Y cómo ha estado esta mañana?” “Está muy bien.” “¿Y la estaremos viendo después, supongo? Como esta gente del campo aburren con sus visitas.” “No, ella no estará viniendo.” “No son malas noticias de su hogar, ¿espero?” preguntó Caroline. “¿Lydia Bennet no se ha fugado con uno de los oficiales?”

Me sorprendí, pero enseguida me controle. No pudo haber escuchado de ello. Elizabeth no le había dicho a nadie, excepto a mí. Las palabras de Caroline eran el resultado de desprecio, y su acierto no era nada más que suerte.

“O tal vez su talentosa hermana – Mary, ¿no es así?- visitó a Lydia en Brighton y atrajo la atención del Príncipe de Wales? Tal vez él ha invitado a toda la familia a quedarse con él, para que pudieran compartir el triunfo de Mary mientras lo entretiene en el Marine Pavilion” dijo con un tono burlón. “Su tío ha tenido que llevarla a casa. Se ha visto forzado a acortar sus vacaciones, pues un asunto urgente de negocios lo requiere de vuelta en Londres.” “Estos hombres de ciudad y sus asuntos urgentes de negocios,” dijo Caroline, convenientemente olvidando, como es su costumbre, que su padre hizo su fortuna mediante el comercio. “Esto es lo que pasa al tener un tío en Cheapside,” dijo Louisa, “Compadezco a Miss Eliza Bennet. Debe de ser mortificante el acortar unas vacaciones por razones de trabajo.” “Me recuerda que yo también tengo asuntos que atender en Londres, que he procrastinado demasiado,” dije cortantemente. “Me permitirán ausentarme por algunos días, estoy seguro.”

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“¿Vas a ir a Londres?” preguntó Bingley. “Si” “Que buena idea. Me encantaría pasar algunos días en Londres,” dijo Caroline. “¿Con este calor?” preguntó Louisa. “El calor no es nada,” respondió. “¿No pueden esperar tus pendientes?” me dijo Bingley, “Yo también tengo que ir a Londres al final del mes. Podríamos ir juntos.” “Desafortunadamente es algo urgente. Quédense y disfruten Pemberley. Hay mucho que ustedes pueden hacer aquí, y mi hermana se asegurará de que sean bien atendidos. No me ausentaré por mucho.” “Creo que aprovecharé la oportunidad de ir a Londres con usted y hacer algunas compras,” dijo Caroline, levantándose. “Llamaré a mi modista. No puede objetar el llevarme con usted en el carruaje, estoy segura.” “No deseara dejar a Georgiana,” dije, “Yo sé cuánto disfruta de su compañía.”

Caroline quedó muda. Ella le tenía cariño a Georgiana, o eso es lo que le gustaba decir, y no podía seguirme sin revelar que su amistad era falsa. Ella puede traicionar a Miss Bennet, pero no se atrevería a traicionar a Georgina, particularmente por el plan implantado en su mente, uno similar al que yo una vez tuve, en el que Georgiana se convertía en su cuñada.

Sentí una punzada de remordimiento por abandonar a mi hermana en compañía de tan mal talante, pero recordé que tendría su música y sus dibujos para entretenerla, y tendría a Bingley para divertirla, al igual que a Mrs Annesley, así que no sería tan molestada. Además, no tenía opción. Debo de encontrar a Wickham y reparar el daño que ha hecho.

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Quería irme de inmediato, pero varias preparaciones debían hacerse, y me dispuse a partir a primera hora de la mañana.

Sábado 9 de Agosto. Llegué a Londres hoy y sabía en dónde empezar mi búsqueda: Mrs Younge. Tuve suerte de haberla despedido y echado sin darle la oportunidad de empacar sus cosas, porque significaba que tenía que dejar una dirección a la cual pudieran ser enviados. La encontré muy pronto, una gran casa en Edward Street.

“¡Mr Darcy!” Dijo sorprendida cuando abrió la puerta. Entonces se volvió cautelosa. “¿Que está haciendo usted aquí? Si es para acusarme de haberme llevado las cucharas para servir de plata cuando me fui de Ramsgate, entonces es una mentira. Nunca las toqué. Tengo mis sospechas sobre Watkins-” “Mi visita no tiene nada que ver con las cucharas para servir,” dije, agradecido de que este era un problema domestico del cual me había zafado. “¿Puedo entrar?” “No, no puedo,” respondió, inclinándose hacia atrás y poniéndose su chal sobre sus hombros. “Tengo suerte de tener un techo sobre mi cabeza después de que usted me echó tan cruelmente, sin siquiera una referencia. No tenía donde ir –” “Pero parece que lo ha hecho bien por sí misma,” comenté. “Dígame, Mrs Younge, ¿Cómo logró costearse una casa como ésta?” Se lamió los labios. “Me dejaron una legacía,” dijo. “Y una muy buena, después de-” “Estoy buscando a George Wickham,” dije, no queriendo perder más tiempo escuchando sus mentiras y decidiendo que sería inútil el tratar de persuadirla en dejarme entrar. Parecía sorprendida. “¿Mr Wickham?” “Sí. George Wickham.”

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Se puso aún más reacia. “No lo he visto,” dijo. Era obvio que estaba mintiendo, pero sabía que no obtendría nada más de ella en ese momento.

“Dígale que lo estoy buscando. Regresaré luego. Buen día.”

Sabía que, eventualmente, la avaricia la convencería de buscarme. Y con eso regresé a Darcy House.

Lunes 11 de Agosto Mrs Younge vino a verme esta mañana, como sabía que lo haría.

“¿Usted dijo que estaba buscando a Mr Wickham?” preguntó, al presentarla mi mayordomo. “Si, así es.” “Sé dónde está. Pasa que lo encontré por casualidad en el parque ayer,” dijo. “Le mencione que usted estaba en la ciudad, y dijo que estaría encantado de que lo visitará.” Él piensa que puede sacarme dinero, sin duda. “Muy bien. ¿Cuál es su dirección?” “Pues, ahora, déjeme pensarlo. Era un nombre gracioso,” dijo, extendiendo su mano. Puse un soberano (moneda inglesa de oro con un valor nominal de una libra esterlina) en ella. “Si pudiera solo recordarlo.” Me tomó cinco soberanos, pero al final descubrí lo que quería saber.

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Fui inmediatamente a la dirección que me había dado, y encontré a Wickham esperándome.

“Mi querido Darcy,” dijo, volteando hacia mí al entrar. “Qué amable de tu parte el encontrar tiempo para visitarme.”

Miré alrededor a su habitación Era pequeña y humilde, lo que me dijo que su situación era desesperada. Estaba complacido, pues sabía que lo haría más complaciente.

“Por favor, siéntate.” dijo. “Prefiero permanecer de pie” “Como desees.” Él se sentó y pendía en su silla, descansando sus piernas sobre el brazo.

“¿Qué te trae por aquí?” preguntó, sonriéndome. “Sabes bien que me trae por aquí.” “Confieso que estoy perdido. ¿Has decidido darme una manutención, quizás, y has venido a darme las buenas noticias?” Su insolencia me enfurecía, pero mantuve la calma.

“Vine a decirte lo que tu propia conciencia debería haberte dicho, que nunca debiste haber secuestrado a Miss Bennet” “¿Miss Bennet?” preguntó, fingiendo sorpresa. “Pero no he visto a Miss Bennet. He estado en Brighton, y ella permaneció en Longbourn.” “Miss Lydia Bennet.”

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“Ah, Lydia. No la secuestré. Ella vino conmigo por su propia cuenta. Estaba partiendo de Brighton pues mis acreedores se estaban poniendo algo bruscos, y Lydia sugirió el venir conmigo. Traté de inducirla a que se quedará. Para ser honesto, Darcy, ella me aburré. Es una conquista muy fácil. Ella se convenció a si misma de que soy el hombre más apuesto del regimiento y todo estaba hecho. Le dije que no tenía dinero, pero a ella no le importó. ‘Estoy segura de que lo tendrás algún día.’ dijo. ‘Dios, que gracioso’. Estoy tan cansado de sus suplicas que fue más fácil el dejarla venir conmigo que el hacerla quedarse. Además, tiene sus usos,” dijo descaradamente.

En ese momento la puerta se abrió, y la mismísima Lydia entró. “¡Dios, que sorpresa! ¡Mr Darcy!” dijo, dirigiéndose hacia donde estaba Wickham. Se paró detrás de su silla y descanso una mano sobre su hombro. “Mr Darcy ha venido a reprenderme por haberte secuestrado,” dijo Wickham, cubriendo su mano con la suya. Ella se río de mí. “¡Mi querido Wickham no me secuestró! ¿Por qué habría de hacerlo? Estaba muy dispuesta a ver Londres. Le dije que debía llevarme con él. ¡Qué divertido ha sido!” “¿No le tiene consideración a su familia?” le pregunté fríamente. “Han estado preocupados por usted desde que dejo la protección del Coronel Forster. No tienen ni idea de donde está.” “¡Dios! Olvidé escribirles,” dijo Lydia. “He estado tan ocupada con mi querido Wickham, ¡Nos hemos divertido tanto! Pero no importa. Les escribiré tan pronto nos casemos. ¡Qué divertido será, el firmar mi nombre, Lydia Wickham!” Ella apretó la mano de él, y él, el insolente perro, la jaló hacia su regazo y la besó, y después sonrió mientras la acariciaba.

“Entonces ya ves, Darcy, tus preocupaciones son infundadas,” dijo él.

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Las palabras de Lydia me habían dicho una cosa: que al menos ella esperaba casarse. Sentí que ella estaría menos dispuesta en quedarse con él si supiera que Wickham no tenía tales intenciones. No pensé que se lo hubiera dicho, pues- ¿Por qué desperdiciaría a una dispuesta compañera? – y entonces sentí necesario el hacer algo.

“Me gustaría hablar con Miss Bennet a solas,” le dije a Wickham. “Muy bien,” respondió, aventándole lejos de sí. “Trata de convencerla de regresar a casa si deseas. Ella es una ramera. Pero no sé porque su destino pueda importarte a ti,” agregó mientras se ponía de pie. “Importa porque pude haber hecho tu comportamiento público en Meryton y no lo hice. Hubiera sido imposible para ti el comportarte de esta manera si tu verdadero ser fuera conocido.” “Quizás,” dijo, “Pero no creo que esta sea la razón. Dudo que me hubieras buscado si me hubiese fugado con María Lucas”

No dudé. Si le dejaba adivinar que tenía una razón personal para buscarlo, se me haría muy difícil el comprarlo a cualquier precio.

“Quédate” dijo Lydia, tomando su mano al caminar él hacia la puerta. “Mr Darcy desea hablar contigo a solas. Temé que te esté forzando a quedarte aquí, y quiera darte la oportunidad de ir a casa con él.” “Como si quisiera regresar al mal ventilado y viejo Longbourn,” dijo, enredando sus manos alrededor de su cuello y besándolo en los labios. Él puso sus brazos alrededor de ella y le regresó el beso, después volteó hacia mí retadoramente antes de irse de la habitación.

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“¿No es guapo acaso?” preguntó Lydia, mientras la puerta se cerraba detrás de él. “Todas las chicas estaban locas por él en Meryton, y Miss King se hubiera casado con él si su guardián no la hubiera detenido. Fue lo mismo en Brighton. Muchas de las chicas hubieran escapado con él. Miss Wenchester -” “Miss Bennet, no puede quedarse aquí,” la interrumpí. “Esta en un mal estado el lugar, es seguro, pero tendremos algo mejor poco a poco. Me gustaría su ayuda en algo, Mr Darcy.” “¿Si?” dije, esperando que hubiera visto la luz al fin. “¿Usted qué cree? No puedo decidirme. ¿Mi querido Wickham se ve mejor en su saco rojo o en el azul?” “¡Miss Bennet!” exclamé violentamente. “No puede quedarse aquí con Wickham. Él no tiene ninguna intención de casarse con usted. Sé que él ha dicho que lo haría, pero era una mentira, para hacerla fugarse con él.” “Él no me hizo fugarme con él, fui yo quien lo hizo fugarse conmigo. Brighton estaba volviéndose aburrido,” dijo con un bostezó. “El Coronel Forster era tan molesto. Él no me dejaba ir a la mitad de los lugares a los que yo quería, y tuve que escaparme del campamento en dos ocasiones para atender las fiestas de Wickham. Denny me ayudo. Me vestí como un hombre. Debería haberme visto. Mi propia madre no me hubiera reconocido.” “¡Su reputación quedará en ruinas! Él la abandonará tan pronto como se canse de usted, y usted será dejada en Londres sin ningún protector, sin dinero y en ningún lugar para vivir. Vuelva conmigo ahora, y haré lo que pueda para persuadir a su familia que la reciban de nuevo.” “¡Dios! ¡No quiero ir a casa! Moriría de aburrimiento. Estoy segura de que de un tiempo a otro nos casaremos, y si no, no significa mucho,” dijo.

Era inmovible. No lo dejaría. Puesto que estos eran sus sentimientos, no podía hacer otra cosa que tratar de asegurar que el matrimonio tomará lugar.

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Wickham regresó al cuarto, cargando una licorera en una mano y un vaso en la otra. Puso su brazo alrededor de Lydia y ella volteo para besarlo inmediatamente. “¿Bien, Darcy? ¿La has persuadido de que me deje? ” Preguntó cuándo había acabado. “Ella ha perdido todo sentido común” dije furiosamente, “pero puesto que ella no te dejará, debes casarte con ella.” “Vamos Darcy. Sabes que no puedo hacer eso. Mis bolsillos están muy vacíos. Tengo deudas por todo el país. Hay cuentas sin pagar en Meryton, y peores en Brighton. Necesito demasiado a una heredera.” “¿Está escuchando esto?” le pregunté a Miss Bennet. Ella solo se encogió. “No significa nada. Una heredera podría darnos algo de dinero, entonces podríamos tener una mejor casa,” dijo.

Era solo por Elizabeth que me quedaba. Mi deseo era salir de ahí y dejar a su hermana en la vida que había elegido para ella. Pero el recordar el rostro pálido de Elizabeth me sostenía.

“Reúnete conmigo en mi club mañana,” le dije a Wickham. “Mi querido Darcy, sabes que no soy bienvenido ahí.” “Me aseguraré de que seas admitido.” Parecía sorprendido, pero dijo: “Muy bien.”

Mientras me alejaba de la casa, el recuerdo de su insolente sonrisa estaba presente.

Jueves 14 de Agosto.

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Me reuní con Wickham en mi club y las negociaciones comenzaron. “Debes de casarte con ella,” le dijo cortante. “Si hago eso, perdería la oportunidad de hacer mi fortuna mediante el matrimonio.” “La has arruinado,” dije. “¿Eso no significa nada para ti?” Cruzó un tobillo sobre otro y se recargó en la silla. “Ella misma se arruinó.” dijo.

Un mesero paso, y él pidió un whisky. No reaccioné, sabiendo que solo deseaba molestarme.

“¿Cuánto debes?” le pregunté, yendo directamente al grano. “Varios cientos de libras.” “Si esos es cierto o no, no puedo saberlo, pero lo sabré pronto. Si le das tus cuentas a mi agente, él las pagará por ti. A cambio, te casarás con Lydia.” “Vamos, si estas tan ansioso de verla casarse, ella vale mucho más que eso. ¿Es Miss Bennet quien ha acaparado tu atención, o es la linda Elizabeth?” “Estoy haciendo esto por mi propio consciencia” le dije. Se rio en mi cara. “Ningún hombre va tan lejos para aliviar su propia consciencia. Déjame adivinar. Es la hermosa Jane Bennet. Con su naturaleza dulce. Haría una espléndida adición a Pemberley. Te felicito, Darcy.” “No tengo ninguna intención de casarme con Miss Bennet.” “Entonces es Elizabeth.”

No dije nada, pero debió de haberlo adivinado por mi expresión.

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“¡Ah! ¡Acerté! Su vivacidad te ha atraído. Nunca lo hubiera pensado. Eres tan ceremonioso, Darcy, pero dicen que los opuestos se atraen.” Él tenía la ventaja y estaba disfrutando en utilizarla. “Ten cuidado,” le advertí. “Haré mucho para salvar a Lydia Bennet de su desgracia, pero si vas muy lejos, en vez de pagar tus deudas y algo más, te encontraras perseguido por todos tus acreedores en Brighton, y tal vez el ejército, pues les daré a todos tu dirección.” “Puedo ir a Bath, o a Lyme, al distrito del Lago,” dijo. “No tengo por qué vivir aquí.” Pero podía ver que no tenía las agallas para seguir su vuelo. “Entonces hazlo” dije, respondiendo su engaño. Me levanté y camine hacia la puerta. “Espera” dijo. Me detuve. “Me casaré con ella -” “Bien” me volví a sentar “- por treinta mil libras” “¿Qué?” exclamé. “Es la suma que hubiera tenido por Georgiana.” Controlé mi furia con dificultad. “No te daré nada por el estilo.” “Muy bien, entonces, veinte mil” Me levanté y me fui del club.

Regresará pronto. No tiene a donde ir. No me complace verle, pero saber que esto aliviara los temores de Elizabeth me recompensa por cualquier problema o pérdida de tiempo que tenga, y espero que, antes de mucho tiempo, la vea feliz nuevamente.

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Viernes 15 de Agosto. Wickham me visitó esta tarde, como sabía que lo haría. Su situación es desesperada, y no puede permitirse el despechar cualquier ayuda. Solo el pensar en la felicidad de Elizabeth me sostuvo en esta prueba, la cual fue tan poco placentera como nuestro último encuentro. Si no fuera por ella, hubiera abandonado todo el asunto. Por fin llegamos a un acuerdo en mil libras para pagar sus deudas y otras mil. “Y una comisión” “No creo que seas bienvenido en el ejército.” “Tienes algunas influencias ahí. Vamos, Darcy, necesito tener algo para vivir. ¿De qué otra forma mantendré a mi esposa?”

Al final accedí, con la condición de que se uniera a un regimiento en el norte. No quiero verlo cuando Elizabeth y yo estemos casados. Si Elizabeth y yo nos casamos. Ya cometí el error una vez al pensar que ella deseaba que me le propusiera, pero estaba equivocado. No cometeré el mismo error otra vez.

Habiendo fijado todo con Wickham, decidí llamar a Mr Gardiner para dejarle saber lo que se había decidido. Pronto encontré su casa, pero cuando pedí verlo me percate por la charla de los criados que Mr Bennet estaba con él. Dudé. Si Mr Bennet lo supiera, temí que haría algo precipitado, al estar tan estrechamente involucrado en el incidente. Investigando un poco más descubrí que Mr Bennet estaría regresando a casa mañana. Por esto juzgué más conveniente esperar, pensando que sería más fácil hablar con Mr Gardiner que con Mr Bennet. Mr Gardiner está menos involucrado, y será probablemente más racional.

Sábado 16 de Agosto. Visité a Mr Gardiner y esta vez lo encontré solo. Estaba sorprendido al verme, pero me recibió cordialmente.

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“Mr Darcy. No sabía que tenía planeado visitar la ciudad tan pronto. ¿Cómo está su hermana? ¿Bien, espero?” “Muy bien.” “Estábamos encantados de conocerla en Derbyshire. Ella es una hermosa joven.” “Gracias. Es muy amable. No es sobre mi hermana por quien he venido a hablar con usted, sino acerca de su sobrina.” Lo vi cambiar de color. “¿Desea sentarse?” “Gracias. Fui a visitarla después de que la carta de su hermana hubiera sido recibida.” dije, “y me reveló la desafortunada realidad. Me siento responsable por la situación, pues conocía el carácter de Wickham y aun así permanecí en silencio. Ya había hecho algo similar antes, pero no lo mencione porque quería proteger la reputación de la joven. Si lo hubiera hecho público, entonces ninguna mujer habría sido capaz de amarlo, y Miss Lydia hubiera estado a salvo.” Su expresión decía que nada hubiera mantenido a salvo a una chica tan inmadura como Lydia. Pero solo dijo: “No es en absoluto su culpa.” “Aun así, tomé como mi obligación el rastrearlo. Conocía sus amistades, y sabía cómo descubrir el lugar en donde podría estar. Lo he visto, y lo he persuadido de que una boda debe llevarse a cabo.”

Cada vez parecía más y más sorprendido mientras desvelaba los detalles. Se negó a dejarme asumir cualquiera de los arreglos financieros, y mientras discutíamos sobre esto, una expresión pensativa empezó a cubrir su rostro. Sospechaba la naturaleza de mis sentimientos por Elizabeth. Estoy seguro de ello, pero no dijo nada. ¿Cómo podría? Al fin él dijo que habíamos hablado suficiente, y me invitó a presentarme mañana nuevamente. Creo que desea consultarlo con su esposa sobre si debería permitirme ayudar.

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Lo dejé y me retiré a mi club. Todo estará pronto arreglado, tengo confianza en ello. Tan pronto como Elizabeth escuche de esto, estará muy aliviada, y esa idea es la que me sostiene. Sera capaz de reír otra vez, y molestarme, y se olvidará de todo lo concerniente con su hermana.

Sábado 17 de Agosto. Visité nuevamente a Mr Gardiner, y esta vez Mrs Gardiner estaba con él. Me recibieron calurosamente, y después de intercambiar los debidos respetos, dije que deseaba arreglar las deudas de Wickham. Aceptaron esta parte del trato, pero no accedieron en permitirme arreglar nada más. Hay algunas otras cosas que falta pactar, y me esforzare en convencer a Mr Gardiner mañana, hasta que me permita resolver yo mismo todo el asunto.

Lunes 18 de Agosto Todo se ha arreglado al fin. He logrado obtener lo que quería. Mr Gardiner ha enviado un telegrama a Longbourn, y me satisface en gran medida el saber que Elizabeth estará libre de sus preocupaciones. Mr y Mrs Gardiner ofrecerán a Lydia su protección hasta que la boda sea arreglada. No los envidio. No siente ningún remordimiento por lo que ha hecho, y parece que lo ve como una gran broma. Ella es la muchacha más indigna e impertinente que he conocido. Martes 19 de Agosto Regresé a Pemberley, y estaba complacido de encontrar que mis invitados no habían notado nada extraño sobre mi ausencia. Si supieran que estaba arreglando una boda, en lugar de atender algunos negocios, ¡que sorprendidos estarían!

Sábado 30 de Agosto Viajé de regreso a Londres, y mañana tengo la poco placentera tarea de asegurarme de que Wickham asista a su propia boda.

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Septiembre

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Lunes 1ero de Septiembre Hoy Lydia se casó, y su reputación fue salvada. La mañana comenzó mal. Me reuní con él en sus aposentos a las diez y media y lo encontré a medio vestir.

“¿Qué significa esto?” le pregunté. “Tienes que estar en la iglesia en media hora.” Se sirvió una copa y se la tomó de un sorbo. “Solo nos tomará diez minutos el llegar a la iglesia. Hay suficiente tiempo.” “Si llegas después de la hora, no será posible que te cases hoy.” le dije. “Sabes, Darcy, si me hubieras dado el sustento que quería cuando te lo pedí, todas estas displicencias nunca hubieran pasado.” No le respondí. “Me hubiera quedado mejor el casar a otras personas en lugar de casarme yo mismo. Estoy empezando a creer que no quiero casarme para nada.” comentó. “Entonces debes encarar a tus acreedores.” “Ah. Eso me gusta mucho menos.” Puso su copa a un lado y recogió su abrigo. Se lo puso y ato su corbata, entonces salió hacia el carruaje que esperaba afuera.

“Esto es como nuestra camaradería de antes” me dijo, mientras nos subíamos al carruaje. “Los dos juntos. Siempre pensé que estarías a mi lado en mi boda. Últimamente empezaba a dudarlo, pero ya ves, aquí estamos, amigos otra vez.” “Tú no eres mi amigo.” le dije. Sonrió tentadoramente. “Si mis sospechas son ciertas, pronto seremos algo más que amigos. Seremos hermanos.” Se reclinó en el respaldo. “Que felices hubiera hecho esto a nuestros padres, el

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saber que seriamos tan cercanos. Íbamos a ser casi hermanos el año pasado…” se detuvo, y me tomo todo mi control el no responderle. “Pero, bueno, el destino tenía otras ideas. O al menos, tú las tenías. ¿Cómo esta Georgiana?” “Mucho mejor al estar lejos de ti.” “Que pena. No pensé que me olvidaría tan pronto. Aun pensaba que estaba enamorada de mí. Estoy ansioso por verla otra vez, cuando Lydia y yo visitemos Pemberley.” “Eso es algo que nunca harán.” le dijo con finalidad.

El viaje a St Clement’s era corto. La iglesia había sido elegida por estar cerca del lugar en donde se alojaba Wickham, y por qué el rector estaba dispuesto a llevar a cabo la ceremonia. Él no sabía nada de lo que había sido necesario para lograr este matrimonio, solo que una joven pareja deseaba casarse. Él nos recibió con una sonrisa mientras entrabamos a la iglesia y esperábamos a que Lydia llegara.

“Tal vez ella cambio de parecer.” dijo Wickham. “No puedes culparme. A pesar de esto tienes que pagar mis deudas.” “Ella estará aquí. Su tía y su tío se aseguraran de ello.”

En ese momento Lydia entró en la iglesia. Miró hacia el altar y explotó en un ataque de efusividad cuando vio que Wickham ya había llegado. Su tía y su tío le hicieron recordar en donde estaba, y caminaron con ella hacia el altar.

“Estaré más que agradecido cuando todo esto terminé.” me dijo Mr Gardiner en voz baja. “Yo igual,” dijo su esposa. “Traté de hacerla comprender las preocupaciones y temores que le había causado a sus padres, la desgracia que podría haber traído a su familia y la gratitud que le

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debía a aquellos que la habían rescatado de la ruina, pero sin ningún resultado. No me prestaba ninguna atención y en su lugar hablaba constantemente de Wickham, con una queja de vez en cuando de tener que estar encerrada en la casa.”

La ceremonia inicio, y la boda que había tomado tanto tiempo en lograr fue rápidamente consumada.

“Espero que agradezcas a Mr Darcy por todo lo que ha hecho,” le dijo Mrs Gardiner a Lydia cuando todo había terminado. “Mrs Wickham. ¡Qué bien suena!” dijo Lydia, ignorando a su tía y mirando al anillo en su dedo.

Algunos curiosos habían entrado a la iglesia, y Lydia les mostro el anillo, diciéndoles que debían felicitarla y ser los primeros en llamarla por su nuevo nombre. “Cuanta envidia me tendrán mis hermanas,” dijo, mientras dejábamos la iglesia. “Ninguna de ellas está casada, y eso que todas son más grandes que yo. Me avergonzaría el tener más de veinte y no estar casada aun. Jane se está volviendo rápidamente en una solterona. Ella tendrá que cederme su lugar en la mesa, pues ahora soy una mujer casada. ¡Qué divertido será! ‘Jane’ diré. ‘Ahora yo tomo tu lugar, y debes de ir abajo, porque soy una mujer casada.’” Mr y Mrs Gardiner intercambiaron miradas. “Todos estarán tan celosos de mí y mi guapísimo esposo. Estaba tan preocupada esta mañana, cuando llegamos a la iglesia. Me temía que estuviera de negro, pero mi felicidad fue completa cuando vi que había elegido su abrigo azul.”

Sentí un deje de satisfacción al darme cuenta que Lydia será tan tonta como su madre, y disfrute el saber que Wickham sería, después de todo, castigado por sus maldades, porque tendría que vivir con ella por el resto de su vida.

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Martes 2 de Septiembre Cené con los Gardiner esta tarde. Estábamos todos aliviados de que todo hubiera salido bien. Las últimas semanas habían sido duras, pero todo había salido de la mejor manera.

Son una pareja muy agradable. Mr Gardiner es inteligente, y Mrs Gardiner tiene un gran sentido común. Son cultos y bien educados, y pasé una muy placentera tarde en su compañía – tan placentera que había olvidado que estaba en Gracechurch Street. He pasado muchas veladas peores en mejores lugares.

El pensar que alguna vez los había juzgado sin siquiera conocerlos, y había rechazado a Elizabeth porque sus parientes no eran lo que yo deseaba que fueran. Si hubiera volteado una mirada crítica a mis propios parientes y relaciones, tal vez me hubiera dado cuenta de que ella no era la única que tenía conexiones indeseables. Lady Catherine, con toda su elegancia, se degrado al sugerirle a Elizabeth - ¡su invitada! – que practicara en el piano del cuarto de la ama de llaves, algo que estoy seguro que Mrs Gardiner nunca hubiera hecho. Y los parientes de Bingley son difícilmente mejores. Caroline Bingley puede ser una mujer de clase y elegancia, pero es también una mujer que esta carcomida por los celos y el odio.

Miércoles 3 de Septiembre Regresé a Pemberley para encontrar que Caroline y Louisa estabas emocionadas por visitar Scarborough.

“Venga con nosotras, Mr Darcy,” dijo Caroline. “Scarborough es tan revitalizante en esta temporada del año.”

“Tengo muchas cosas que hacer en mi propiedad.” le dije.

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“Pero sería muy bueno para Georgiana. Creo que ella no ha visto el mar desde el verano pasado, cuando se quedó en Ramsgate. Ella debe de estar ansiosa por ir.” Ella volteó hacia Georgiana. “¿No te gustaría volver a verlo?”

Georgiana se sonrojó, y dijo que no tenía ningún deseo en hacerlo. Caroline volteo hacia mí. “Regresaría a Pemberley renovado, y podría manejar el doble de trabajo que si no hubiera ido.” comentó. “Mis intenciones son fijas. Pero ustedes deben ir,” mientras abría la boca para cambiar de opinión. “El aire de mar les vendrá de maravilla” “Aire de mar,” dijo Mr Hurst, después volvió hacia su estupor.

Jueves 4 de Septiembre Caroline, Louisa y Mr Hurst se fueron a Scarborough. Trataron de persuadir a Bingley de ir con ellos, pero les dijo que no tenía ningún deseo de ser arrastrado y que se quedaría en Pemberley. Caroline alentó la idea. Ella todavía cree que Bingley se casará con Georgiana, y quiere que se vean con mayor regularidad, aunque es obvio para cualquier mirada imparcial que él nunca lo hará.

Lunes 8 de Septiembre “Creo que iré a Netherfield otra vez,” dijo indiferentemente mientras cabalgábamos esta mañana.

Bingley

“Es una buena idea. Si deseas quedarte con la casa, debes de hacer uso de ella de vez en cuando.” “Eso es exactamente lo que pienso. ¿Vendrás conmigo? Me gustaría pagarte tu hospitalidad.”

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Mi espíritu se levantó. Si iba a Netherfield, entonces tendría la oportunidad de ver a Elizabeth otra vez.

“¿Cuándo piensas ir?” le pregunté. “En una semana. Pensaba mandar a los sirvientes mañana, para que prepararan la casa.” “Si, te acompañaré.” Parecía complacido. “Es casi un año desde el día en que la alquile. Y un poca menos desde…” Su voz se desvaneció poco a poco, y no era difícil adivinar qué rumbo habían tomado sus pensamientos. No dije nada más, y lo deje perderse en sus ensoñaciones. Quizás se vuelvan realidad después de poco. Y mis sueños… ¿Qué pasara con ellos?

Miércoles 17 de Septiembre Llegamos a Netherfield esta tarde. Bingley declaro su intención de cabalgar hacia Meryton tan pronto como llegáramos, fue la lluvia la que lo hizo cancelar su visita.

Jueves 18 de Septiembre Sir William Lucas nos visitó esta mañana, para darnos la bienvenida en nuestro regreso al vecindario.

“Mr Bingley” dijo con una pequeña reverencia, “nos hace un gran honor al regresar a nuestro humilde vecindario. Pensábamos que no teníamos suficientes diversiones para mantenerlo aquí, y aun así aquí esta, fresco de sus triunfos en la ciudad, y honrando nuestro humilde pueblo con su presencia. Mr Darcy,” dijo, con una baja inclinación. “Parece que fue ayer cuando estábamos tomando el té con Lady Catherine en su hermoso salón en Rosings Park. Disfruto su estancia, ¿espero?”

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¿Disfrutarlo? Difícilmente describiría mis sentimientos durante esas turbulentas semanas así, pero el tomo mi silencio como una afirmación.

“¿Ha visitado a su estimable tía desde entonces?” “No,” dije cortante. “Espero visitar nuevamente a mi hija en poco tiempo.” dijo. Se embarcó en un enmarañado discurso, exaltando las virtudes de la posición de su hija. ¡Que tanto hubiera seguido si Mr Long no nos hubiera visitado después,¡ no lo sé!

Cuando nuestros huéspedes se habían ido, Bingley dijo: “Fue después de la visita de Sr William que Mr Bennet vino el año pasado. ¿Crees que lo hará otra vez?”

Pensé en los indolentes hábitos de Mr Bennet y dude. “Tal vez pueda visitar a los Bennet sin tanta ceremonia,” sugirió Bingley. “Espera y ve si él visita mañana” fue mi consejo.

Sábado 20 de Septiembre Mr Bennet no nos visitó nuevamente ayer, y esta mañana Bingley decidió ir a visitar Longbourn.

“Ven conmigo Darcy,” dijo.

Convenciéndome de que iría con él solo para ver si Miss Bennet aún tenía algún interés en él, acepté, pero mi verdadero motivo

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era ver a Elizabeth. Estaba ansioso por verla como Bingley lo estaba por ver a su hermana, y estaba tan nervioso como él.

Partimos. Bingley estaba callado, y yo también, perdido en mis pensamientos, preguntándome como sería recibido. Si Elizabeth me culpaba por ser la causa de la ruina de Lydia no podía culparla, y sobre todo porque ella no sabía que había ayudado para resolver el problema.

Había estado especialmente preocupado porque no lo supiera. No quería su gratitud. Si había desarrollado algún sentimiento afectuoso hacia mí, quería que fuera por amor, y nada más.

Llegamos. Los sirvientes nos llevaron adentro. Inmediatamente vi a Elizabeth bajas su mirada, avergonzada, y se ocupó de su labor de aguja. ¿Qué significaba eso? Ojala lo supiera. ¿Significaba que estaba consciente de la rareza de la situación, o no podía soportar mirarme?

“¡Oh, Mr Bingley!” exclamó Mrs Bennet, levantándose con una sonrisa. “Qué placer es verlo de nuevo en Longbourn. Como lo hemos extrañado. ¡Nos dejó muy apresuradamente el año pasado y no tuvo tiempo de decirnos adiós! ¿Espero que no esté pensando en dejarnos otra vez tan rápido?” “No, espero que no.” dijo Bingley, mirando a Miss Bennet. La observé sonreír, y bajar su mirada. Ella, al menos, era fácil de leer, y estaba claro que las esperanzas de Bingley no serían decepcionadas. “Y Mr. Darcy,” dijo Mrs Bennet con un tono malhumorado, volteando hacia mí. No le preste atención a su humor, y me fue difícil creer que hace algunos meses lo había pensado suficiente razón para no proponérmele a Elizabeth. ¿Que importaba si su madre era tonta y vulgar? No quería casarme con Mrs Bennet.

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No pude tomar asiento al lado de Elizabeth, sus hermanas menores tomaron ese lugar, pero le pregunté cómo estaban su tía y tío. Respondió cortésmente, pero entonces volvió su atención a su labor.

Por fuera estaba calmado. Por dentro, era todo lo contrario, pero no podía hacer nada. No estaba tan cerca de Elizabeth como para continuar la conversación sin parecer algo particular, y que le diría, bajo la mirada de su madre, ¿de lo que quería decir?

Para distraer mis pensamiento, mire a Miss Bennet y me pregunté cómo no había visto su parcialidad hacia Bingley el año pasado. Los sentimientos que ella sentía por él estaban en cada movimiento, cada expresión, cada mirada y cada sonrisa. ¿Me había cegado, esperando casar a Bingley con Georgiana? No lo había pensado entonces, pero ahora me daba cuenta que lo había hecho.

Miré otra vez a Elizabeth, deseando poder leer sus pensamientos. Después de un rato, ella dijo: “Miss Darcy se encuentra bien, ¿espero?” “Si, gracias.” respondí, complacido de escuchar el sonido de su voz. No hubo oportunidad para nada más. Su madre empezó a hablar de la boda de Lydia. Elizabeth no volteaba. ¿Sabía que yo estaba involucrado? No, estoy seguro que no lo sabía. Los Gardiners me habían jurado secrecía, y sabía que no me traicionarían. Su confusión provenía del mismo tema, conociendo mi relación con Wickham.

“Es algo maravilloso, el tener a una hija bien casada,” dijo Mrs Bennet, un comentario que me hubiera disgustado algunos meses antes, pero que ahora no tenían ningún efecto. No me importaba Mrs Bennet. Dejadla ser la mujer más tonta en la cristiandad si

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ella lo deseaba. Eso no me prevendría de casarme con Elizabeth, si ella me aceptaba. Mrs Bennet continuo hablando sobre Wickham, diciendo que había entrado en el ejército, y agregando: “¡Gracias al cielo! Él tiene algunos amigos, aunque no tantos como mereciese.”

El rostro de Elizabeth se puso completamente rojo, y sus ojos brillaban con mortificación. ¡Como deseaba ayudarla! Mientras pensaba como hacerlo si color natural volvió. Después levantó si cabeza y habló. “¿Piensa quedarse en el campo, Mr Bingley?” ella preguntó. Deseé ser Bingley en ese momento, para ser al que le hablará. ¿Por qué favorecía a mi amigo? ¿Por qué no me miraba? ¿Acaso no lo deseaba? Estaba destrozado.

Al fin, la visita llegó a su término. Me hubiera quedado todo el día si pudiera, pero era imposible.

“Me encantaría que viniera a cenar con nosotros el Martes, Mr Bingley” dijo Mrs Bennet mientras nos levantábamos. Volvió sus ojos fríos hacia mí, añadiendo despectivamente: “Y usted también, Mr Darcy.” ¿Y qué me importaban sus malos modales? Vería a Elizabeth otra vez.

La próxima reunión me dirá si acaso ella siente algo por mí, si ella pueda perdonar mis horribles errores que he cometido hacia su familia, y si acaso puede amarme. Me encontraré en tormento hasta entonces.

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Domingo 21 de Septiembre “Creo que Miss Bennet se veía muy bien la noche pasada,” me dijo Bingley esta mañana. “Si, así fue.” “Creo que se veía muy bien” dijo un poco después. “Si, así fue.” “Y de buen humor. Ha disfrutado el verano, supongo,” dijo nostálgicamente. “Era de esperarse. ¿No hubieras deseado que fuera infeliz?” “Por supuesto que no,” respondió rápidamente. “Pienso que no se veía tan radiante cuando entramos” le dije. “¿No?” pregunto esperanzado. “No. Pero su semblante floreció cuando te vio.” Bingley sonrió. “Mrs Bennet es una maravillosa mujer. En verdad encantadora. Y tan educada. No esperaba que me invitara a cenar tan pronto. Es una atención que no merezco. ”

Cualquiera que puede pensar que Mrs Bennet es una mujer maravillosa está más que cegado por el amor. ¡Está enamorado! Me alegro por Bingley, y solo espero que mi propia fortuna pueda ser tan buena. Martes 23 de Septiembre Bingley estaba preparado para ir a Longbourn media hora antes de nuestra cita.

“No podemos ir tan pronto” le dije, aunque yo estaba tan ansioso como él de partir. “Algo podría retrasarnos en el camino” dijo.

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“No en un viaje tan corto” respondí. “Jennings no querrá hacer a los caballos correr tan rápido.” “Llegaremos a Loungbourn muy pronto, incluso si caminan todo el camino.” “Puede que haya una rama en el camino” “Podemos manejar alrededor de ella” “O el carruaje puede perder una llanta.” “No podemos irnos hasta que pase media hora,” dije, sentando con un libro en mano.

Deseaba sentirme tan calmado como aparentaba. Estaba tan ansioso como Bingley por irme, y aun así me sentía renuente a ir. Él tenía la certeza, y la felicidad que esta le daba de que sus sentimientos eran correspondidos. Yo no tenía tal seguridad. ¡Ver a Elizabeth nuevamente! Apenas y me atrevía a pensar en ello. Si ella sonreía, ¡qué alegría! Si evitaba mi mirada, que miseria.

Bingley caminó hacia la ventana. “Deberías hacer como yo, y escoger un libro,” dije. Caminó hacia mí y tomó el libro de mis manos, después lo volteo antes de devolvérmelo. “Lo leerás mejor si está del lado correcto.” me dijo. Me miro con curiosidad pero no le aclaré la razón de mi distracción. En lugar de eso, mantuve mis ojos en el libro, pero no veía nada. Por fin el tiempo acordado llego, y nos dirigimos a Longbourn. Todo el camino nos mantuvimos ambos en silencio. Llegamos. Entramos. Mrs Bennet saludo a Bingley con un exceso de civilidad, y me dio una fría reverencia. Nos dirigimos al comedor. Miss Bennet voltio el momento en que entramos y Bingley tomo su lugar junto a ella. ¡Afortunado Bingley! Yo no tuve tal fortuna. Estaba tan lejos de Elizabeth como era posible. Aun peor, estaba sentado al lado de su madre.

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Mrs Bennet se había esforzado mucho para arreglar esta cena, y no era difícil el adivinar porque. Sus atención constante hacia su hija mayor y Bingley mostraban en qué dirección sus pensamientos se estaban dirigiendo. La sopa estaba buena, y fue seguida por perdices y venado.

“¿Esperó que encuentre la codorniz bien cocida?” Mrs Bennet me preguntó. “Remarcablemente,” respondí, haciendo un esfuerzo por ser agradable. “Y el venado. ¿Ha visto alguna vez una pierna más gorda?” “No” “Probara algo del gravy, ¿espero?” me presiono. No tenía mucho apetito, y decline su oferta. “Supongo que usted está por encima de un simple gravy,” dijo. “Estará acostumbrado a una variedad de salsas en Londres.” “Lo estoy” respondí. “Ha cenado con el Príncipe de Wales, ¿supongo?” “He tenido el honor” “Algunas personas piensan que ese tipo de glotonería es refinada, pero confieso que siempre la he clasificado como vulgar. Nosotros no tenemos veinte salsas con cada platillo. No somos tan despilfarradores en el campo.”

Volvió su atención hacia Bingley, y yo me dedique a comer mi comida. Mire a Elizabeth, deseoso de una mirada en mi dirección, pero no voltio hacia mí.

Las damas se retiraron. Los caballeros nos sentamos en el pórtico. No preste atención a la conversación. Las injusticias de los

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franceses no me interesaban. Las tonterías del Príncipe de Wales no podían mantener mi atención. Mire al reloj, y después al resto de los caballeros. ¿A caso nunca dejarían de hablar?

Nos reunimos con las damas y me dirigí hacia Elizabeth, pero no había lugar alguno cerca de ella. Los reunidos para la cena eran muchos, y mientras ella servía el café, no pude acercarme a ella. Lo intente sin embargo, pero una joven que será por siempre un estorbo en mis ojos se acercó a ella y la comprometió en una conversación.

¿A caso estaba Elizabeth molesta por esto? Pensé que así era, y el pensarlo me dio esperanzas. Me aleje, pero tan pronto como termine mi café, el cual quemo mi boca por la rapidez con la que lo tome, lleve mi taza hacia ella para que me volviera a servir.

“¿Esta su hermana todavía en Pemberley?” preguntó. Parecía tranquila, distanciada. “Si, ella permanecerá ahí hasta Navidad,” respondí. Pregunto por los amigos de Georgiana, y no dijo nada más. No sabía si hablar o permanecer en silencio. Quería hablar, pero tenía tanto por decir que no sabía por dónde empezar, y reflexionando me di cuenta que nada de eso podría ser dicho en una habitación ten engentada.

Mi silencio llamó la atención de una de las damas y estuve obligado a retirarme, maldiciéndome por no haber aprovechado mi oportunidad.

Las cosas del te fueron removidas y las mesas de cartas acomodadas. ¡Esta era mi oportunidad! Pero Mrs Bennet pidió mi

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presencia en la mesa de whist, y no podía negarme sin ofenderla. Casi lo hice. Por poco y decía: “Preferiría hablar con su hija.” ¿Qué hubiera respondido? ¿Ella me hubiera dicho que no tenía ninguna intención de infligir tan desagradable hombre a Elizabeth, o hubiera estado sorprendida, y hubiera callado dichosamente? Estuve tentado a tratar, pero no podía avergonzar a Elizabeth. No podía mantener mi atención en el juego, perdí repetidamente. Esperaba una oportunidad para hablar con Elizabeth antes de irme, pero no pude encontrar ninguna, y regresé a Netherfield con un humor sombrío.

Bingley, por el contrario, estaba rebosante de felicidad. He decidido que, mañana, tengo que decirle que Miss Bennet estaba en la ciudad, y que lo mantuve lejos de ella. No estará complacido con la noticia, pero el engaño ha durado ya demasiado.

Miércoles 24 de Septiembre “¿No es Miss Bennet la más hermosa joven que jamás hayas visto?” Bingley me preguntó esta tarde mientras jugábamos billar. “Lo es.” “Creo que tal vez haya esperanzas” dijo. “Estoy seguro que las hay.” dude, pero tenía que hablar. “Bingley, hay algo que tengo que decirte.” “¿Oh?” “Te he hecho un gran perjuicio. La primavera pasada, Miss Bennet estuvo en la ciudad” “¡Pero no la vi!” dijo sorprendido. “No. Lo sé. Debí habértelo dicho, pero pensé que la habías olvidado. No, permíteme ser honesto, esperaba que la hubieras olvidado, o que la olvidaras, si no la volvías a ver otra vez. ”

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“¡Darcy!” Sonó herido. “Lo siento. No tenía ningún derecho de meterme en tus asuntos. Fue impertinente de mi parte.” “¿Así que ella me siguió a Londres?” dijo, olvidando mi engaño por la alegría que le causaba el pensar que ella lo había seguido. “Ella fue para quedarse con su tía y tío, pero trató de verte. Le escribió a Caroline.” “¡Caroline! ¿Ella también lo sabía?” “Sí. Me avergüenza decir que Caroline corto toda relación con Miss Bennet, y que yo la animé.” “¡Darcy!” Estaba enfadado. “Me porte de la peor manera, y ruego tu perdón.” “Si ella acepta ser mi esposa, lo tendrás. Pero tal vez en el futuro consideraras que puedo manejar mis propios asuntos.” “Lo hare, y mejor de lo que manejo los míos” Me miró inquisitivamente. No dije nada más. No puedo hablar de mi amor por Elizabeth hasta que sepa que es reciproco. Si es que lo es.

Jueves 25 de Septiembre Me he visto obligado a regresar a la ciudad. Que tanto permanezca allá dependerá de las circunstancias.

Martes 30 de Septiembre Recibí una carta de Bingley esta mañana, evidentemente escrita precipitadamente. Estaba manchada y tan mal escrita que era casi ilegible. Pero por fin pude descifrarla.

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Mi querido Darcy, ¡Felicítame! ¡Jane y yo nos casaremos! ¡Ella es el más dulce y adorable ángel! No puedo creer que haya sido tan afortunado como para ganarla. Su madre está emocionada. Su padre complacido. Elizabeth está encantada. No tengo tiempo para más. Caroline me pide que te mande sus saludos. Ella está ya planeando su vestido como la dama de honor, y espera verte en la boda. Charles Bingley P.S. Olvide preguntarte. ¿Estarás conmigo? C.B. Le escribí, enviándole mis más afectuosos felicitaciones y diciéndole que por supuesto estaría con él. Me vi tentado a regresar a Netherfield y darle mis mejores deseos personalmente, pero Georgiana se siente mal y planeo quedarme en la ciudad hasta que se sienta mejor.

Mientras estoy sentado junto a ella, no puedo evitar pensar en Elizabeth. Las dos serían amigas si Elizabeth consiente en ser mi esposa. Es de todas maneras una conclusión de todo lo que ha pasado tan esperada, y aun así estoy inseguro. No he visto ninguna señal en las palabras o en las maneras de Elizabeth que me hagan pensar que mis sentimientos son correspondidos. Y aun así no vi nada que me hiciera pensar que ella esta irrevocablemente en contra mía. Tengo miedo de regresar a Longbourn. Mientras estoy con Georgiana, sigo teniendo esperanzas, pero una vez que regrese a Longburn pueden hacerse trizas para siempre.

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Octubre

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Martes 2 de Octubre El coronel Fitzwilliam nos visitó hoy para ver cómo estaba Georgiana. Ella está muy recuperada, y pronto seré capaz de regresar a Netherfield.

“¿Tengo entendido que has ido recientemente a Netherfield?” él dijo. Estábamos comiendo en el comedor. Georgiana, todavía indispuesta por su enfermedad, prefirió la cena en su cuarto. “Sí.” Le conté sobre el compromiso de Bingley. “¿Y te molesta?” “No. Estoy muy feliz por él. Estoy feliz por ambos.” “¿Acaso Miss Elizabeth Bennet te habló sobre tu carta? ¿Ha aceptado que tu no fuiste la causa de la ruina de Wickham?” preguntó vacilante. “Ella no ha dicho nada, pero creo que lo ha aceptado.” “¿Y eso ha endulzado sus sentimientos hacia ti?” No supe cómo responder. “Estos asuntos son dolorosos mientras duran, pero no deben de permitirse durar para siempre.” Dijo. “Es tiempo de que vuelvas tu mirada al futuro nuevamente, Darcy. Debes de casarte. Sería bueno para Georgiana el tener a un mujer en la casa” Tomó un bocado de rodaballo, y dijo. “Anne ha estado esperando tu proposición por varios años.” “¿Anne?” pregunté sorprendido. “Vamos Darcy, sabes cómo Lady Catherine ha tomado su matrimonio como algo decidido desde que su cuna. Estaba sorprendido cuando le ofreciste tu mano a Elizabeth, pero como no era de mi incumbencia. Mantuve la calma. Ahora que te ha rechazado, creo que deberías formalizar tu compromiso con Anne.” “No tengo ninguna intención de casarme con Anne.” Dije.

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“Pero Lady Catherine lo espera. Ella y tu madre los prometieron a ella y a ti en sus cunas.” “¿Ella no piensa en serio en eso? La he escuchado decirlo muchas veces, pero lo tomaba como una vana fantasía, tal como: Cuando eras un bebe, mi hermana y yo decidimos que irías al ejército, o cuando eras niño, yo decidí que te adentraría a la política.” “Te lo aseguró, ella lo dice en serio” “¿Y Anne?” pregunté. “Sí. Ella también lo espera. Es por eso que nunca se ha casado.” “Yo pensaba que era porque aún era joven…” “Ella tiene veintiocho, como tú. ¿Has olvidado que estuvieron en sus cunas juntos, y que los tres jugábamos juntos cuando éramos niños?”

Lo había olvidado. Ella solía perseguirnos a mi primo y a mí. No, no perseguirnos. Ella podía correr igual de rápido que yo. Mi primo, siendo cinco años más grande que yo, podía superarnos a los dos.

“¿Recuerdas como solía retarnos a subir a la cima del roble?” él preguntó. “Ella no debía subirlo. En su intento rompió su vestido, y fue confinada al vivero con pan y leche por una semana.” “Lo recuerdo. También recuerdo como le llevaste una sándwich frio de res y una rebanada de pay, envueltos en un pañuelo. Pensé que seguramente caerías al subir por el techo a su ventana. ¿Acaso alguna vez fuiste atrapado robando de la cocina?” “No. Mrs Heaney siempre culpaba al perro.” “¡Pobre Ceasar! Había olvidado las hazañas de Anne. Era mucho más vivaz como niña, cuando su salud era buena.” Comenté. “Y cuando tenía a Sir Lewis para defenderla. Él se enteró de las ordenes de Lady Catherine de tenerla confinada al vivero, y fue el mismo a darle medio soberano.”

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“¿En verdad?” dije con una sonrisa. Podía imaginarlo. Sir Lewis había querido siempre mucho a Anne, y ella también había querido mucho a su padre. Había sido un golpe muy fuerte para ella su muerte,

“Siempre me he preguntado….” Empezó mi primo. “¿Si?” “Has notado que su toz es siempre peor cuando su madre está cerca.” “No.” “Y no solo su toz, también su timidez. Ella es mucho más vivaz cuando está conmigo.” “Ella nunca muestra mucho espíritu cuando está conmigo.” “Pero es que te tiene cierto pavor.” “¿A mí?” “Eres todo un personaje, Darcy, particularmente cuando estas fuera de quicio. Deja que el clima sea malo, y el aburrimiento te vuelve un ogro.”

Estaba a punto de decirle que estaba diciendo tonterías, cuando recordé que Bingley me había dicho algo similar. “Lamento esto. Pero Anne no necesita sufrir más. Visitaré Rosings y le diré que un matrimonio entre nosotros dos está fuera de toda posibilidad” “No hay necesidad. Lady Catherine está en Londres, y Anne esta con ella. Las vi a ambas esta tarde, antes de venir aquí. Lady Catherine desea visitarte antes de regresar a Rosings.”

Terminamos nuestra comida, y después de sentarse conmigo una hora, el Coronel Fitzwilliam se fue. Se quedará en Londres por las

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próximas dos semanas, y me ha prometido visitar a Georgiana todos los días para asegurarse que este bien y feliz.

Sábado 4 de Octubre. Lady Catherine vino esta mañana, trayendo a Anne con ella. Estaba a punto de preguntar por su salud, cuando mi tía empezó su discurso sin más preámbulo.

“Debes de poner un fin a estos sinsentidos de una vez, Darcy” dijo, tan pronto como se había sentado. No sabía de qué estaba hablando, pero antes de que pudiera decir algo, prosiguió:

“He escuchado de Mr Collins que estabas a punto de proponerle matrimonio a Miss Elizabeth Bennet. Siéntate Anne.” Anne prontamente se sentó.

“Sabiendo que tal reporte debía de ser una grotesca falsedad, visité Longbourn en orden de hacer que Miss Elizabeth Bennet lo negarla. ¡La audacia de esa muchacha! ¡Qué perversidad! ¿Aunque, que más podrías esperar con una madre como esa, y un tío en Cheapside? Se negó a darme la negativa de tal reporte, aunque yo sabía que era falso. Nunca he conocido a una chica más insolente en toda mi vida. Se burló de mí en la manera más vulgar. Cuando le dije que debía contradecir el reporte, me replico que, si había declarada que era imposible, entonces no había necesidad de contradicción. Eres un hombre muy orgulloso como para ser influenciado, cualesquiera sean las artes que ella utilizó. ¡El aliarte con tal familia! Y mediante ellos, el relacionarte con George Wickham, el hijo del mayordomo de tu padre. Él, ¡nombrarte su hermano! No debe siquiera pensarse. Que pusiera un fina sus artimañas, le dije que estabas comprometido con Anne, y ¿sabes lo que me dijo? ”

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“No.” Respondí, no sabiendo que esperar del discurso de Elizabeth, esperanzado – por primera vez tenía una razón de tener esperanzas – de que no estuviera firmemente en contra mía. “Que si era así, ¡no hubieras podido hacerle ninguna oferta a ella! Ha perdido cualquier sentido de propiedad. Honor, decoro y modestia, ¡todos prohíben tal alianza! Y aun así ella no podía decirme que el rumor era falso. No tomaba en cuenta de ninguna forma la desgracia que traería al honor de nuestro apellido, o la contaminación que infringiría a la ¡sombra de Pemberley! ¡Cuando pienso en una chica tan ignorante en Pemberley! Pero claro que es imposible. Tú y Anne están hechos el uno para el otro. Descienden de la misma línea noble. Sus fortunas son esplendidas. Y aun así esta chica presuntuosa, sin familia, conexiones o fortuna, no podía asegurarme que nunca se casaría contigo.”

Mis esperanzas se dispararon. ¡No estaba totalmente en contra mía! Si hubiera sido así, se lo hubiera dicho a mi tía. Entonces había aun una oportunidad para mí.

“¿Bueno?” Demando Lady Catherine. “Mama -” empezó Anne tímidamente. “Guarda silencio, Anne.” Comandó mi tía. “Dime, Darcy” “¿Si?” pregunté. “¿Me asegurarás que tú nunca le pedirás a esta mujer el ser tu esposa?” “No tía, no lo haré.” Me miró furiosa. “¿Entonces están comprometidos?” “No tía, no lo estamos.” “Ah, eso pensé. No podías estar tan perdido en lo que es correcto y propio, y a cualquier sentido común.” “Pero si ella me acepta, deseo hacerla mi esposa.”

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Su silencio fue horrible, y fue seguido por un torrente de palabras. “Ni siquiera pienses que serás bienvenido a Rosings si te casas con esa pretensiosa mujer. No traerás tal vergüenza y degradación a mi propia casa, aun si eres capaz de traerla en tu propia persona. Tu santa madre estaría perpleja al descubrir que esa mujer es su sucesora en Pemberley.” “Mi madre estará orgullosa de que haya elegido tan bien.” “Debes de tener una fiebre. Es la única explicación,” dijo. “Si te casas con esa muchacha serás desterrado por tu familia y amigos.” “Ellos no te visitarán, ni te invitaran a visitarlos en respuesta. Serás condenado al ostracismo, marginado. Te daré una semana para que vuelvas a tus cabales. Si no escucho de ti de ahora a entonces, diciendo que has estado totalmente equivocado en este prepostero plan, y si no me ruegas por mi indulgencia, entonces ya no seré tía vuestra.” Le di una fría reverencia y ella salió de la habitación. Ana se rezagó.

“Lo siento” le dije a ella. “Nunca supe que tomabas nuestro matrimonio como algo asentado hasta que mi primo me hablo de ello, de lo contrario, me hubiera asegurado de que supieras que no me veo como prometido tuyo.” “No hay ninguna necesidad de que te disculpes. No quería casarme contigo” dijo. Ella sonrió, y fui tomado por sorpresa. No había ninguna timidez en su sonrisa, y mientras caminaba hacia mí, ella se veía confiada y segura. “¿Soy acaso tan terrible?” Pregunté. “No, eso no. Como una amiga y una prima te quiero en verdad y me agradas – siempre y cuando el clima sea bueno, y no te veas forzado a quedarte en casa – pero no te amo, y la idea de casarme contigo me hacía miserable. Me alegra que vayas a casarte con Elizabeth. Ella está enamorada de ti. Ella te sacará de tu rigidez, y seremos todos amigos.”

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“¿Ella está enamorada de mí? Me gustaría poder estar tan seguro” “Una mujer enamorada reconoce a otra” dijo. Volvió a sonreír y después siguió a Lady Catherine fuera de la habitación.

Lunes 6 de Octubre Estoy nuevamente en Netherfield. Llegué aquí con más esperanzas de las que haya sentido jamás, pero aun así no me atrevo a tomar el amor de Elizabeth como algo asegurado. Bingley y yo dejamos Netherfield temprano y llegamos pronto a Longbourn. Miss Bennet estaba llena de sonrojos y nunca había lucido más favorecida. Elizabeth era más difícil de entender. Ella, también, se sonrojó. ¡Ojalá supiera la causa!

Bingley sugirió una caminata. “Iré por mi boneta” dijo Kitty. “He estado esperando ver a María. Podemos caminar hacia con los Lucas” Mrs Bennet frunció el entrecejo para mostrarle su desaprobación, pero Kitty no lo notó. “No soy una buena caminante, me temo,” dijo Mrs Bennet, volteando hacia Bingley con una sonrisa. “Deben disculparme. Pero Jane ama caminar. Jane, mi querida, ve por tu chaqueta. Ese hombre, supongo, ira también,” ella dijo, volteando hacia mí como si fuera un insecto desagradable. Elizabeth se sonrojó. Ignoré el comentario lo mejor que pude, pensando que solo mi amor por Elizabeth podría inducirme a volver a poner un pie en esta casa nuevamente. Bingley parecía desvalido.

“Lizzy, corre y trae tu abrigo también. Debes de hacerle compañía a Mr Darcy. Estoy segura de que el no estará interesado en nada que Jane diga.”

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“Estoy muy ocupada como para caminar,” dijo Mary, levantando su cabeza de su libro. “He frecuentemente observado que aquellos que son mejores caminantes son esos que carecen de la capacidad intelectual de instruirse en los asuntos serios de la vida.” “¡Oh, Mary!” dijo Mrs Bennet impacientemente. Mary regresó a su libro.

Elizabeth y su hermana regresaron, y habiéndose puesto sus abrigos nos fuimos. Bingley y su amada pronto se rezagaron. Kitty, sabía, nos dejaría pronto para visitar a su amiga. ¿A caso Elizabeth también iría? Esperaba que no. Si ella se quedaba conmigo, entonces sería capaz de hablar con ella. Y hablar con ella debía.

Llegamos al retorno hacia la casa de los Lucas. “Puedes seguir tu sola,” dijo Elizabeth, “no tengo nada que decirle a María.” Kitty corrió hacía la vereda, dejándonos a Elizabeth y a mi solos. Voltee hacia ella. Elizabeth, estaba a punto de decir, cuando ella me detuvo al hablar ella. “Mr Darcy, soy una criatura muy egoísta que no me preocupo más que de mis propios sentimientos, sin pensar que quizá lastimaría los suyos”

Sentí como me ponía helado. Todas mis esperanzas parecían ahora como mera vanidad. Ella iba a herir mis sentimientos. Había estado equivocado al esperanzarme con su negativa de refutar el reporte de nuestro compromiso. No había significado nada, excepto que ella no se dignaría a negar un tonto reporte para beneficio de mi tía. Ella estaba obviamente encontrando difícil el continuar.

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Ella me dirá que no vuelva nunca a Longbourn otra vez, pensé. No puede soportar verme. Su disgusto hacia mí es tanto que no puede superarlo. No he usado mis oportunidades. He visitado Longbourn con Bingley y no he dicho nada, porque tenía tanto que decir. Aun así nada podía ser dicho en frente de otros. Y ahora es muy tarde. Pero no dejaré que sea muy tarde. Le hablaré y se lo diré, le guste a ella o no.

Pero entonces ella continuó, después de que todos estos pensamientos pasaran por mi cabeza. “Pero ya no puedo pasar más tiempo sin darle a usted las gracias-” ¿Darme las gracias? ¿No culparme, pero darme las gracias? No sabía que pensar. “- por su bondad inigualable con mi podre hermana “

¿Bondad inigualable? ¡Entonces ella no me odia! La idea hizo que mis ánimos aumentarán, pero cautelosamente, pues no sabía que hubiera podido oír del asunto, o que más iba ella a decir.

“Desde que lo supe, he estado muy ansiosa por demostrarle cuan agradecida me siento. Si el resto de mi familia lo supiera, no tendría solo mi gratitud por expresar” Gratitud. No quería su gratitud. Gusto, sí. Amor, sí. Pero no gratitud.

“Siento muchísimo” dije “que haya sido usted informada de una cosa que, mal interpretada, podía haberle causado alguna inquietud. No creía que Mrs Gardiner fuese tan poco reservada.” “No debe de culpar a mi tía” respondió. “La indiscreción de Lydia fue lo primero que me descubrió su intervención en el asunto; y, como es natural, no descansé hasta que supe todos los detalles. Déjeme que le agradezca una y mil veces, en nombre de toda mi familia, el generoso interés que le llevó a tomarse tanta molestia y

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a sufrir tantas mortificaciones para dar con el paradero de los dos.”

Generoso interés. Pensaba bien de mí, pero ¿de qué forma? Era un suspenso agonizante. “Si quiere darme las gracias, hágalo sólo en su nombre.” Dije. Mi voz era baja y apasionada. No podía esconder mis sentimientos. “Les tengo un gran respeto, pero no pensé más que en usted.”

Paré de respirar. Había hablado. Había expresado mis sentimientos. Se los había ofrecido a ella, y solo podía esperar y ver si ella los lanzaría de vuelta en mi cara. Pero ella no dijo nada. ¿Por qué no hablaba? ¿Estaba sorprendida? ¿Horrorizada? ¿Feliz? La esperanza se avivo en mi pecho. ¿Tal vez se encontraba muda por la felicidad? Tenía que saberlo. “Es usted demasiado generosa para burlarse de mí.” añadí “Si sus sentimientos son aún los mismos que en el pasado Abril, dígamelo de una vez. Mi cariño y mis deseos no han cambiado, pero con una sola palabra suya no volveré a insistir más.” Parecieron años antes de que ella hablara.

“Mis sentimientos son tan diferentes…” comenzó. Volví a respirar. “… que me siento muy honrada de pensar que usted pueda aun amarme…” Empecé a sonreír. “… ahora recibo con placer y gratitud sus proposiciones.” “La he amado por tanto tiempo” dije, mientras ella pasaba su mano por mi brazo y ya lo cubría con la mía. El reclamarla era un placer. “Pensé que era imposible. Traté de olvidarla, pero sin ningún resultado. Cuando la vi de nuevo en Pemberley estaba inundado de sorpresa, pero rápidamente bendije mi buena fortuna. Tenía una oportunidad para demostrarle que no era un malvado de

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espíritu como usted me pensaba. Tenía una oportunidad para demostrarle que podía ser un caballero. Cuando usted no me evitó, cuando aceptó mi invitación, me atreví a tener esperanzas, pero los problemas de su hermana la alejaron de mí y no la vi más. No podía dejar que las cosas quedarán así. Tenía que ayudar a su hermana, y lo hice sabiendo que al hacerlo estaría ayudándola a usted. Entonces, cuando ella estuvo debidamente casada, tenía que verla. Estaba igual de nervioso que Bingley cuando llegué a Longbourn. Era claro que su hermana era una mujer enamorada pero no podía decir nada de sus maneras o su cara. ¿Acaso me amaba? ¿Le gustaba? ¿Podía siquiera tolerarme? Pensé que si, después que no. Decía tan poco -” “Lo cual no estaba en mi naturaleza” dijo con una amplia sonrisa. “No.” Respondí, con una sonrisa. “No sabía si era porque estaba disgustada por verme o meramente apenada.” “Estaba apenada,” ella dijo. “No sabía por qué había venido. Tenía miedo de mostrar demasiado. No quería exponerme al ridículo. No podía creer que un hombre de orgullo como el suyo pudiera ofrecer su mano cuando ya había sido rechazada.” “Su mano no, pero su corazón sí. Usted es la única mujer con la que he querido casarme, y al aceptar mi mano me ha puesto en deuda con usted para siempre.” “Se lo recordaré, juguetonamente.

cuando

este

enojado

conmigo.”

Dijo

“No podría estar nunca enojado con usted” “Piensa ahora que no, pero cuando contamine las sombras de Pemberley, es posible que lo esté.” Reí. “Ah, sí, mi tía se expresó enérgicamente con ambos.” “Ella me dijo que nunca viviría en Pemberley” dijo Elizabeth. “Debo de aborrecerla por ello, pero esto en deuda con ella. Es su visita la que me trajo con usted” “¿Fue a verlo?” “Lo hizo. En Londres. Ella estaba muy enojada. Me dijo que había ido a verle, y que le había exigido que contradijera el rumor de

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nuestro inminente matrimonio. Su negativa de satisfacer sus deseos la pusieron tristemente fuera de sí, pero me permitió albergar esperanzas”

Hablé de mi carta. “¿Acaso,” dije. “la hizo pensar mejor de mí? ¿Dio, al leerla, crédito de su contenido?” “Me hizo pensar mucho mejor de usted, y tan inmediatamente, que me sentí profundamente apenada de mi misma. La volví a leer otra vez, y otra vez, y al hacerlo, cada uno de mis prejuicios fueron desvaneciéndose.” “Sabía que lo que estaba escribiendo podría causarle dolor, pero era necesario. Espero que haya destruido la carta.” “La carta será quemada, si cree que es esencial para la preservación de mi aprecio; pero, como ambos tenemos razones para pensar que mis opiniones no son totalmente inalterables, no son, espero, tan fácilmente cambiantes” “Cuando escribí esa letra, me creí a mí mismo en calma y serenidad, pero desde entonces estoy convencido que fue escrita esa carta en una terrible amargura de espíritu.” “La carta, tal vez, comience con amargura, pero no termino así. El adieu es caridad en sí mismo. Pero no piense más en la carta. Los sentimientos de la persona que la escribió, y la persona que la recibió, son ahora inmensamente diferentes de lo que fueron, así que cualquier circunstancia desagradable debe ser olvidada. Debe de aprender de mi filosofía. Piense solo en el pasado cuando el recuerdo le procuré placer.”

No podía hacerlo. No podía dejar el pasado ir sin contarle a ella sobre mis padres, buenas personas que me habían alentado a pensar bien de mí mismo y mezquinamente de los demás. Le dije que era el único hijo varón, e hijo único durante gran parte de mi vida, y como había aprendido a valorar solo a los de mi círculo familiar. “Por usted, fui propiamente humilde. Me presente con usted sin ninguna duda de mi aceptación. Usted me mostro lo insuficiente que eran todas mis pretensiones de complacer a una mujer digna de ser complacida.”

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Hablamos sobre Georgiana y de Lydia, y del día en el hotel cuando la carta de Jane llegó. Hablar de Jane naturalmente nos llevó a hablar sobre su compromiso. “¿Debo de preguntar si estaba usted sorprendido?” preguntó Elizabeth. “Para nada. Cuando me fui, presentí que pronto sucedería.” “Eso quiere decir, que ya había dado su permiso, me atrevo a adivinar” Para entonces ya habíamos llegado a la casa. No fue hasta que entramos que me di cuenta del tiempo que habíamos estado afuera.

“Mi querida Lizzy, ¿en dónde pudiste haberte ido a caminar?” preguntó su hermana, mientras nos sentamos en la mesa. Elizabeth se sonrojó, pero dijo: “Nos paseamos por ahí, sin poner atención de a dónde íbamos, y nos perdimos.” “Ten seguro que me apena sobremanera,” dijo Mrs Bennet, susurrando lo suficientemente fuerte para que lo escuchara “Debe haber sido un gran suplicio para ti, tener que hablar con ese antipático hombre.” Elizabeth estaba mortificada, pero atrape su mirada y sonreí. Su madre puede ser la mujer más espantosa que mi desgracia me haya hecho conocer, pero toleraría una docena de madres como ella por el bien de Elizabeth.

No podía hablar con ella como deseaba durante la tarde. Jane y Bingley se sentaron juntos, hablando del futuro, pero hasta que le pidiera a Mr Bennet la mano de Elizabeth, ella y yo no podríamos consentir en tales discusiones.

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Era tiempo de que Bingley y yo regresáramos a Netherfield. Fue capaz de desahogar mis sentimientos un poco en el carruaje al dirigirnos a casa.

“Ya te he deseado felicidad,” dije. “Ahora tú debes hacer lo mismo.” Bingley parecía sorprendido. “Me casaré con Elizabeth.” “¿Elizabeth?” “Sí. Me le propuse durante nuestra caminata. Ella ha aceptado casarse conmigo.” “¡Estas son grandiosas noticias! Casi tanto como las mías. Ella es la esposa perfecta para ti. Es la única persona que he conocido jamás que puede enfrentarte. Nunca olvidaré la forma en que te burlo cuando se quedó con nosotros en Netherfield, cuando Jane estaba enferma. Estabas aburrido y en uno de tus augustos humores. Caroline estaba admirando todo lo que hacías y decías. Recuerdo haber pensado que sería una tragedia que te casarás con ella. Ella te convencería de que estabas por encima de todos en todos los aspectos. ¡No es que necesites mucho convencimiento sobre eso!” Me reí. “¿En verdad era tan arrogante?” “Lo eras,” dijo Bingley. “¡Sabes que lo eras! Pero Elizabeth se asegurará de que no lo vuelvas a ser. ¿Cuándo planean casarse?” “Tan pronto como sea posible. Elizabeth necesitará tiempo para comprar los vestidos de novia, y si desea hacer cualquier alteración a Pemberley antes de su llegada, entonces necesitare tiempo para hacerlo. De otra forma, me gustaría casarme ya.” “¿Alteraciones a Pemberley? Debe de ser amor,” dijo Bingley. “Estoy seguro de que serán muy felices.”

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“Estábamos hablando sobre ello, Elizabeth y yo. Hemos decidido que tú y Jane serán felices, pero que nosotros seremos aún más felices.” “Oh no, en eso nunca acordaremos.” El carruaje paró.

“¿Le dirás a Caroline, o se lo diré yo?” preguntó Bingley mientras entrabamos. Inmediatamente prosiguió: “Tal vez sea mejor que me permitas decírselo, o es posible que diga algo de lo que se arrepienta al escuchar las noticias.” “Como desees.”

Al entrar a la casa, me retiré a la librería, para pensar en Elizabeth, y en el futuro.

Martes 7 de Octubre Me encontré con Caroline en el desayuno, y estaba complacido por la forma en que ella se comportaba, educadamente.

“Me he enterado de que debo felicitarle,” comentó. “Si, me voy a casar.” “Estoy encantada” dijo ella. “Ya era tiempo de que tomará a una esposa. ¡Quién hubiera pensada que cuando venimos a Netherfield el año pasado, ambos, usted y Charles encontrarían amor verdadero!” Ignoré su tono chusco.

“Tal vez algún día sea usted tan afortunada como yo.” “No creo que me vaya a casar nunca” declaró. “No tengo ningún deseo de dejar a nadie controlarme. ¿Cuándo será la boda?”

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“Pronto.” “Entonces debo de ver a mi modista. Dos bodas en tan poco tiempo requerirán de una planeación cuidadosa.” “Oh, sí” dijo Louisa. “Debemos de tener algo nuevo.”

Después del desayuno, Bingley yo nos dirigimos a Longbourn. “Caroline se portó muy educadamente,” le dije. “Creo que tomo bien las noticias.” “No fue tan educada cuando se lo dije,” comentó Bingley. “pero le recordé que si no era cortés contigo se vería excluida de Pemberley.”

Llegamos. Mrs Bennet estaba llena de sonrisas mientras saludaba a Bingley, y llena de gestos al saludarme. ¿Cómo reaccionará cuando sepa que estoy por ser su yerno?

Bingley miró a Elizabeth cálidamente, así que estoy seguro que ella adivinaba que ya se lo había contado, cuando él dijo: “Mrs Bennet, ¿No tendrá otros caminos por aquí en los que Lizzy pueda perderse nuevamente?”

Mrs Bennet estaba lista para aceptar su sugerencia, ansiosa por permitirle un poco de privacidad con Jane. Ella sugirió que camináramos hacia el monte Oakham. Bingley, en un tono brillante, dijo que estaba seguro de que sería demasiado para Kitty, y Kitty concordó que prefería quedarse en casa. ¡Es un gran cambio el tener a Bingley ordenando mi vida por mí! Pero no podía quejarme, pues unos minutos después ya estaba fuera de la casa, libre de hablar con Elizabeth.

“Debo de pedir el consentimiento de su padre para nuestro matrimonio” comenté, mientras vagábamos por el monte.

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“¿Y si él no lo da?” ella preguntó con una amplia sonrisa.

“Entonces tendré que llevármela sin su consentimiento,” dije. “¿Cree que me lo negará?” le pregunté más seriamente. “No. No le temo a lo que él pueda decir. Por lo menos, no una vez que lo haya conocido mejor, aunque, al principio creo que estará sorprendido. Cuando la carta de Mr Collins llego…” Se detuvo. La miré inquisitivamente. “Mr Collins le escribió, diciéndole que no debía casarme con usted, pues molestaría a Lady Catherine” “¿Y qué fue lo que su padre respondió?” “Está muy ocupado disfrutando la ridiculez del asunto como para responder aún.” “Puedo ver que tendré una entrevista difícil con él. ¿Pensará que estoy bromeando cuando le pida por su mano?” “No creo que se atreva a hacerlo.” Respondió. Ella hablaba alegremente, pero podía notar que estaba preocupada. “Me esforzaré por conocerlo” dije. “Él y yo nos entenderemos mejor, y me aseguraré de que no se arrepienta de haber dado su consentimiento.” Seguimos caminando. “Y además está mi madre.” “¿Cree que dejaré de ser ‘ese hombre’ en sus ojos?” le pregunté con una sonrisa. “Ni lo mencione” dijo ella con un escalofrío. “Si supiera cuantas veces me he apenado por ella, o cuantas veces he deseado que se quede callada. Creo que se lo comentaré cuando este sola” prosiguió. “Entonces tendrá la oportunidad de sobre pasar la

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primera impresión, y posiblemente racionalmente hacia usted.”

le

hará

hablar

más

“¡Exactamente los pensamientos de Bingley, cuando decidió que sería mejor darle la noticia a Caroline el mismo!” “¿Me preguntó si ella seguirá pensando que su caligrafía es tan uniforme una vez que este casado?” “Me temo que no. Ella probablemente extraordinariamente desordenada.”

la

encuentra

Alcanzamos la cima del monte. “Y bien, ¿qué le parece la vista desde aquí?” Elizabeth me preguntó. Voltee a verla a ella. “Me gusta mucho” respondí.

Ella se veía tan hermosa que le cedí el paso a la necesidad de besarla. Ella estaba sorprendida al principio, pero después respondió tiernamente, y supe que nuestro matrimonio sería muy feliz en todo sentido.

Seguimos caminando juntos, hablando del futuro. Estoy ansioso por mostrarle a Elizabeth Pemberley, no como una visitante, pero como su futura dueña.

“¿No le importará que mi tía y tío nos visiten?” ella preguntó. “Por supuesto que no. Me agradan.” “¿Y mis hermanas?” “Jane y Bingley estarán con nosotros seguido. Sus hermanas más jóvenes son bienvenidas de visitarnos cuando gusten, o cuando usted lo desee- Pero no recibiré a Wickham.”

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Nos reunimos con Jane y Bingley mientras regresábamos a Longbourn. Durante el resto del día, Elizabeth no estaba tranquila. Deseaba liberarla de sus preocupaciones, pero no podía hablar con Mr Bennet sino hasta terminada la cena. Tan pronto como lo vi retirarse a la biblioteca, lo seguí.

“Mr Darcy” dijo sorprendido, mientras cerraba la puerta de la biblioteca detrás de mí. “Me gustaría hablar con usted” dije. “Estoy a sus órdenes. Ha escuchado, supongo, del rumor que dice que usted está por casarse con Elizabeth, y desea que sea detenido, pero le sugiero que disfrute de su absurdidad, en vez de preocuparse por una inofensiva tontería.” “No la encuentro ni remotamente absurda,” le dije. “La encuentro altamente deseable. Lo he seguido con el fin de pedirle la mano de Elizabeth en matrimonio.” Quedo boquiabierto. “¿Pedirme la mano de Elizabeth en matrimonio?” repitió por fin. “Sí.” “Pero debe de haber algún error” “No hay ningún error.” “Pero yo pensé… eso es, ¡Mr Collins es un tonto! Él está siempre deleitándome con alguna noticia o historia absurda, y estaba seguro de que debía haber cometido algún error. Usted, ¡quien jamás había puesto ojos en Elizabeth en su vida! Y aun así me dice ahora que desea casarse con ella.” “En verdad la amo, y de haberla elegido para mis atenciones, he hecho más que eso. Usted no ha estado ahí, sin embargo, así que no puedo culparlo por su sorpresa. Cuando ella estaba en Netherfield, y tuve el placer de disfrutar de su compañía por casi una semana, pase la mayoría de mi tiempo con ella. La vi nuevamente en Kent, cuando fue a visitar a Mrs Collins, y

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llegamos a conocernos mejor. La encontré más recientemente en Derbyshire, y cada vez que la encontraba, la amaba aún más. Mis sentimientos no son de corta duración. Son duraderos, y no cambiaran.” “¡Pero ella siempre lo ha odiado!” respondió. “Cualquier hombre que persista en contra de esta obvia aversión debe de sufrir locura.” A esto sonreí. “Puedo asegurarle que estoy suficientemente cuerdo. Su aversión ha sido superada hace mucho. Ya le he pedido que se casará conmigo, y me dio el sí.” “¡Dijo sí!” exclamó Mr Bennet débilmente. “Y como los dos estamos de acuerdo, necesitamos solo su permiso para fijar la fecha.” “¿Y si no la doy?” “En ese caso, me temo que tendré que casarme con ella sin él.”

Me miro como si estuviera decidiendo si estaba hablando en serio. Después, recuperando su ingenio, dijo: “Si es como dice, y Elizabeth en verdad desea casarse con usted, entonces ustedes tienen mi consentimiento y mi bendición. Pero quisiera oírlo de sus labios. Mandela conmigo.” Lo deje y fui con Elizabeth. Ella vio por mi rostro que su padre había dado su consentimiento.

“Él desea hablar contigo.” Ella asintió, y dejo la habitación. Mrs Bennet, quien había estado hablando con Jane y Bingley, notó su partida.

“¿Ha donde ha ido Lizzy?” le preguntó a Jane.

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“No lo sé,” respondió Jane, aunque por su expresión podía ver que lo había adivinado. “Supongo que ella ha logrado crear una excusa para salir de la habitación, estando ya cansada de tener que hablar con ese displicente caballero.” Dijo Mrs Bennet, sin tomarse la molestia de bajar el tono de su voz. “No la culpo. Ahora, Jane, debes de tener un nuevo vestido para tu boda. ¿Qué color crees que debe ser? Yo me case de azul.” Ella dijo. “en uno de los vestidos más hermosos, no como las modas de ahora. Tenía una falda amplia, y una blusa en punta. Debemos de asegurarnos que tú tengas algo igual de fino. Satín, creo, o encaje Bruges.”

Jane me miro disculpándose al inicio de este discurso, y después atendió a su madre, pero apenas y escuche la efusiva charla de Mrs Bennet. Me estaba preguntando qué estaba pasando en la biblioteca. Elizabeth parecía hacerse ido ya mucho tiempo. ¿Qué le estaba diciendo su padre? ¿Acaso le estaba tomando tanto tiempo el convencerlo de sus sentimientos por mí?

“He notado frecuentemente, que el lujo de la boda no tiene ninguna relación con la felicidad del matrimonio” dijo Mary, saliendo de su libro. “Tales cosas son mera vanidad, dispuestas para atrapar a la incauta mujer y dirigirla por el camino de la tentación.” “Oh, hush Mary, guarda silencio, nadie te pregunto” dijo Mrs Bennet, molesta “Cuando encuentres a un esposo, puedes decir tanto como quieras acerca de la naturaleza de los vestidos de novia.” Mary fue silenciada. “Cuando me case, tendré una falda de satín cubierta por una capa de encaje,” dijo Kitty, “Y no me escapare con mi esposo a vivir en Londres primero.” “Kitty, guarda silencio” dijo Mrs Bennet. Ella volteo hacia Bingley con una sonrisa. “¿Qué es lo que usted se pondrá Mr Bingley? ¿Un saco azul o uno negro? Wickham se casó en su saco azul. ¡Mi

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querido Wickham!” dijo con un suspiro. “Que hombre tan apuesto. Pero no tan apuesto como usted.” Capte la mirada de Bingley. Era probable que, si Wickham hubiera tenido cinco mil libras por año, habría sido tan apuesto como Bingley. “Me pondré lo que Jane desee.” Respondió. ¿En dónde estaba Elizabeth? Sentí que mi impaciencia crecía. Al fin regresó a la habitación y sonrió. Todo estaba bien. La velada pasó tranquilamente, recibí una fría reverencia por parte de Mrs Bennet cuando me fui, y me pregunté cuál sería mu recepción la mañana del día siguiente. Vi líneas de preocupación en la boca de Elizabeth, y sabía que no estaba feliz por lo que le esperaba en la entrevista con su madre.

“Para esta hora mañana, todo habrá terminado” dije. Ella asintió, y entonces Bingley y yo nos fuimos. “¿Su padre dio su consentimiento?” preguntó Bingley mientras regresábamos a Netherfield. “Lo hizo.” “Jane y yo ya hemos fijado una fecha para nuestra boda. ¿Nos estábamos preguntando qué pensarían tú y Elizabeth de una boda doble?” Me sorprendió mucho la idea. “Me agrada. Si Elizabeth acepta, entonces eso es lo que haremos.”

Miércoles 8 de Octubre. “Mr Bingley” dijo Mrs Bennet, jugueteando mientras lo saludaba. Volteo hacia mí, y vi a Elizabeth ponerse tensa. Pero su madre simplemente me miro con asombro y dijo: “Mr Darcy.”

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No había frialdad en su tono. En realidad parecía sorprendida. Le hice una reverencia y me dirigí al lado de Elizabeth.

La mañana paso tranquila. Mrs Bennet llevo a las jóvenes arriba con ella mediante cualquier pretexto, y Elizabeth y yo nos vimos libres de hablar. Cuando el almuerzo fue servido, Mrs Bennet se sentó a un lado mío, y Elizabeth en el otro.

“¿Un poco de salsa holandesa, Mr Darcy?” dijo Mrs Bennet. “Tengo entendido que le gustan las salsas.” Pase mi mirada por la mesa, y vi nada más que seis salseras. Estaba por rechazar la salsa holandesa cuando vi la expresión mortificada de Elizabeth y me decidí a devolver la nueva civilidad de Mrs Bennet con civilidad de mi parte. “Gracias.” Tome un poco de salsa holandesa. “Y b arnaise? La mande hacer especialmente para usted.” Dude un poco, pero puse un poco de salsa b arnaise junto a la salsa holandesa. “¿Y un poco de salsa de vino de Oporto?” dijo. “Espero que pruebe un poco. El cocinero la hizo especialmente.” Me serví un poco de salsa de vino de Oporto y mire mi plato en consternación. Mire a Elizabeth y la atrape riendo. Me serví un poco de salsa de b chamel, salsa de mostaza y salsa de crema también, y después me dispuse a comer mi extraña merienda. “¿Está disfrutando su almuerzo?” preguntó Mrs Bennet solícitamente. “Si, gracias.” “No es a lo que está usted acostumbrado, supongo.” Podía decir honestamente que no lo era. “¿Tendrá usted dos o tres cocineros franceses, me supongo?”

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“No, solo tengo una cocinera, y ella es inglesa.” “¿Es su cocinera en Pemberley?” “Si, lo es.” “Pemberley,” dijo Mrs Bennet. “Que imponente suena. Me alegra que Lizzy haya rechazado a Mr Collins, pues una casa parroquial no es nada comparada con Pemberley. Imagino que la chimenea será aún más grande que la de Rosings. ¿Cuánto ha costado, Mr Darcy? ” “No estoy seguro.” “Seguramente mil libras o más.” “Debe ser difícil mantenerlo” dijo Mr Bennet. “Incluso en Longbourn, es difícil sustentar todos los mantenimientos”

Nos adentramos en una discusión acerca de las propiedades, y encontré que Mr Bennet es un hombre sensato. Puede ser negligente en lo que concierne a su familia, pero sus deberes en otras áreas son llevados a cabo responsablemente.

Debo de perdonar su presente negligencia, pues gracias a ella Elizabeth es como es. Su vivacidad y energía habrían sido aplastadas bajo una crianza ordinaria.

He decidido que Georgiana debe de tener un tiempo sin una institutriz o acompañante, para que pueda desarrollar su propia personalidad. Estoy segura que Elizabeth estará de acuerdo. Viernes 10 de Octubre. Elizabeth me ha preguntado cómo me había enamorado de ella.

“¿Cómo pudo haber iniciado?” preguntó- “puedo entender como fue avanzando encantadoramente una vez comenzado; pero ¿Qué pudo haberte inclinado hacia ello?”

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Lo pensé. ¿Qué pudo haber sido lo que me llevo a enamorarme de ella? ¿Fue cuando me miro satíricamente en la asamblea? ¿O cuando había caminado sobre el lodo para ver a Jane? ¿O cuando se negó a alagarme, al no decirme cuán bien escribía? ¿O cuando se había negado a tratar de atraer mi atención?

“No puedo decidir la hora, o el momento, o la mirada, o las palabras que cimentaron la base. Fue hace mucho. Estaba en la mitad del camino, antes de darme cuenta que había comenzado.” Ella me molesto, diciendo que había resistido su belleza, y por lo tanto debía haberme enamorado de su impertinencia. “Es seguro, que usted no conocía nada bueno sobre mí – pero nadie piensa en eso cuando está enamorado.” “¿Acaso no había bondad en su comportamiento afectuoso hacia Jane, mientras ella estaba enferma en Netherfield?” “¡Mi querida Jane! ¿Quién podría haber hecho menos por ella? Pero vuelve mi comportamiento una virtud sin falta. Mis cualidades están bajo su protección, y podrá exagerarlas tanto como sea posible.” “No se ofende fácilmente. No pudo haber sido fácil para usted estar en Netherfield – no fue muy bien recibida – y aún sí estaba divertida, más que nada por nuestra rudeza.” “Me gusta reír” admitió. “Y usted le es leal a sus amigos. Me reprendió por mis comportamiento con Wickham -” “¡No hable de él!” me suplicó. “Apenas y puedo soportar él pensar en ello.” “Pero yo sí puedo. Él es un individuo detestable, pero no lo sabía en ese momento, y lo defendió. No hay muchas mujeres que defenderían a un podre amigo contra un rico y codiciable soltero.” “Sin importar que tan indigno sea el ´amigo´” dijo tristemente.

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“Y no temió el cambiar de opinión una vez que supo la verdad. No se aferró a sus prejuicios, tanto de Wickham como míos. Usted admitió la justicia de lo que dije.” “Si, acepte que un hombre que no le da una vivienda a un derrochador no es un bruto. ¡Ese es un signo de gran bondad, en verdad!” “Ayudó con todo lo que estaba en su poder para ayudar a Lydia, a pesar de que sabía que ella era salvaje y descuidada” remarqué. “Ella es mi hermana. Difícilmente podría abandonarla a su suerte con un truhan.” Replicó. “Pero tengo el permiso de exagerar sus cualidades” le recordé“Usted misma lo dijo” Ella se rio. “Pobre Lydia. Pensé que ella había arruinado la posibilidad de mi felicidad con usted para siempre. No podía imaginar cómo podría usted desear estar conectado con una familia en la que una de las hermanas se había fugado, especialmente por ser su mayor enemigo con quien se había escapado.” “Nunca pensé en eso. Usted me había enseñado para entonces que tales cosas no importan.” “Le he enseñado más cosas de las que había notado, entonces. Cuando vino usted a Longbourn, después de la boda de Lydia -” “¿Si?” “Hablo tan poco. Pensé que yo ya no le interesaba.” “Puesto que usted estaba seria y callada, y no me daba ningún aliciente.” “Estaba apenada” ella dijo. “Y yo también.” “Dígame, ¿Por qué regresó a Netherfield? ¿Era simplemente para poder cabalgar a Longbourn y estar avergonzado? ¿O planeaba algo con más consecuencia?”

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“Mi verdadero propósito era el verla, y juzgar, si podía, si acaso podría tener esperanzas en enamorarla. Lo que declaraba, o lo que me declaraba a mí mismo, era que venía a ver si su hermana estaba aún interesa en Bingley, y si lo estaba, confesarle a Bingley mis intervenciones en ese asunto.” “¿Tendrá alguna vez el valor para anunciarle a Lady Catherine lo que le espera?” “Creo que necesitó más tiempo que valor, Elizabeth. Pero debe de hacerse, y si me proporciona una hoja de papel, lo haré ahora mismo.”

Mientras yo escribía mi carta para Lady Catherine, Elizabeth escribió una carta a su tía y tío en Gracechurch Street. La suya era mucho más fácil que la mía, puesto que proporcionaría placer, mientras que la mía daría angustias. Pero debía realizarse.

Lady Catherine, Estoy seguro de que deseará desearme felicidad. Le he pedio a Miss Elizabeth Bennet su mano, y ella me ha dado el gran honor de cedérmela en matrimonio. Su sobrino, Firtzwilliam Darcy.

Y ahora escribiré una más placentera, me dije. Tomé otra hoja de papel y le escribí a Georgiana.

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Mi querida hermana,

Sé que estarás encantada de escuchar que Elizabeth y yo nos casaremos. Te lo contaré todo cuando te vuelva a ver.

Tu amoroso hermano, Fitzwilliam

Era corta, pero no tenía tiempo para más. La releí, la sellé y dirigí el sobre.

“¿Le importaría tener otra hermana?” le pregunté a Elizabeth. “De ninguna manera. Lo espero con ansias. ¿Vivirá con nosotros en Pemberley?” “¿Si no tiene usted ninguna objeción?” “Ninguna.” “Ella podrá aprender mucho de usted.” “Y yo de ella. Podrá contarme todo lo referente a las tradiciones en Pemberley.” “Puede alterar cualquier cosa que no le agrade.” “No, no alteraré nada. Mi tía y yo estamos de acuerdo en esto. Pemberley es perfecto tal y como es.”

Martes 14 de Octubre

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Amanda Grange

Elizabeth esta deleitada con la letra de Georgiana, la cual llegó esta mañana. Estaba bien escrita, y en cuatro páginas expresaba el placer que sentía Georgiana de tener una hermana.

Menos bienvenida fue la carta de Lady Catherine.

Fitzwilliam, No te nombro sobrino, pues ya no eres sobrino mío. Estoy sorprendida y ofendida de que pudieras inclinarte a ofrecer tu mano a una persona de tan bajo rango. Es una mancha en el honor y crédito del apellido Darcy. Ella no te traerá más que degradación y pena, y reducirá tu hogar a un lugar de impertinencia y vulgaridad. Sus hijos serán salvajes e indisciplinados. Sus hijas se escaparan y sus hijos se convertirán en abogados. Nunca serás recibido por ninguno de tus conocidos. Serás desgraciado en los ojos del mundo, y te convertirás en una figura de desprecio. Te arrepentirás amargamente de este día. Recordarás que te advertí de las consecuencias de tan desastroso acto, pero para entonces será muy tarde. No terminaré esta carta deseándote felicidad, pues ninguna felicidad puede seguir tan desastrosa unión. Lady Catherine de Bourgh.

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Amanda Grange

Miércoles 15 de Octubre Cene con Elizabeth esta tarde, y me sorprendió el encontrar un grupo grande, consistente de Mrs Philips, Sir William Lucas y Mr y Mrs Collins. La visita inesperada de los Collinses fue pronto explicada. Lady Catherine había estada últimamente tan enfadada por nuestro compromiso que pensaron más sabio el irse de Kent por un tiempo y retirarse a Lucas Lodge. Elizabeth y Charlotte tenían mucho que discutir, y mientras las dos hablaban después de la cena, me vi consignada a las gratificaciones de Mr Collins.

“Estaba deleitado al saber que usted le había ofrecido su mano a mi querida prima, y que ella, en su sabiduría femenina y agraciada, lo había aceptado.” Dijo, radiante. “Ahora comprendo la razón por la cual ella no podía aceptar la propuesta que yo tan imprudentemente le había hecho el otoño pasado, cuando yo no conocía nada de los presentes felices acontecimientos. Pensé en esos momentos que era extraño que una joven tan amable rechazará la nada excepcional mano de un estimable caballero, particularmente uno que poseía una viviendo tan ventajosa, y quien, si me permite mencionarlo, tenía las virtudes de su profesión que ofrecerle ,así como las virtudes de su persona. Su negativa parecía inexplicable para mí en su momento, pero ahora la entiendo completamente. Mi querida prima había ya perdido su corazón por alguien quien, si me permite mencionarlo, es por virtud de su posición, mucho más digno incluso que un párroco, pues él tiene el destino del mismo en sus manos.”

Vi a Elizabeth mirar satíricamente hacia mi dirección, pero soporte su conversación con compostura. Puedo incluso, con el tiempo, empezar a entretenerme con ella. “Admirablemente expresado” dijo Sir William Lucas, mientras se nos unía. Me hizo una reverencia, y después a Mr Collins, y a mi nuevamente. “Solo ese valor podría resignarnos al hecho de que usted se estará llevando la joya más brillante del condado cuando se lleve a Elizabeth a Derbyshire,” continuó con otra reverencia.

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“Espero que todos nos encontremos frecuentemente, ya sea en Longbourn o en St James´s.”

Afortunadamente nos retiramos a cenar, y aunque me había librado de la compañía de Mr Collins y Sir William, me encontré sentado al lado de Mrs Philips. Ella parecía muy sorprendida como para decir mucho, pero cuando hablo, fue todo muy vulgar.

“¿Entonces, Mr Darcy, es cierto que usted tiene diez mil libras al año?” ella preguntó. La miré inquisitivamente. “Estoy seguro de que debe ser así, pues lo he oído decir en todas partes. ¿Y es Pemberley más grande que Rosings?” Cuando no respondí, ella volvió a hacer la pregunta. “Lo es” dije. “¿Y cuánto vale la chimenea? Mr Collins estaba contando que la chimenea en Rosings había costado ochocientas libras. Supongo que la chimenea en Pemberley debió costar alrededor de mil libras. Mi hermana y yo hablamos sobre ello el otro día.” “Téngalo por seguro” dije. “debió de haber sido más de mil libras” “Es muy seguro que costó más de doce mil libras” respondió. “Es algo muy bueno que Lizzy no se casará con Mr Collins, después de todo, aunque mi hermana estaba muy disgustada con ella en su tiempo, ¿pero qué es Mr Collins enfrente a Mr Darcy? Incluso Lady Lucas concuerda que él no es nada. Diez mil libras por año. Los vestidos, los carruajes que ella tendrá.”

Soporté sus comentarios lo mejor que pude, y esperé con ansias el día en el que tendría a Elizabeth conmigo en Pemberley, libre de todas sus relaciones.

Martes 28 de Octubre

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No sabía que podía sentirme tan nervioso, pero esta mañana me sentí casi tan nervioso como el día en que le pedí a Elizabeth que se casara conmigo. Bingley y yo nos dirigimos a la iglesia juntos. Creo que él estaba aún más ansioso que yo cuando fuimos y tomamos nuestros lugares en el frente.

Los invitados comenzaron a llegar. Mr Collins fue el primero. Su esposa no estaba con él, pues ella era la dama de Elizabeth. Mrs Philips lo siguió. Los Lucas llegaron, después una cantidad de conocidos de Elizabeth. Por mi parte, de familiares solo estaban el Coronel Fitzwilliam y mi hermana Georgiana. Lady Catherine y Anne no asistieron. No lo esperaba, y estaba aliviado de que mi tía decidiera permanecer alejada, pero me hubiera gustado ver a Anne, y sospecho que a ella le hubiera gustado verme seguramente casado con Elizabeth.

La iglesia estaba llena. Los invitados tomaron sus asientos. Bingley y yo intercambiamos miradas. Miramos hacia la puerta. Nos volvimos a voltear a ver. Mire mi reloj. Bingley miró el suyo. Él sonrió nerviosamente. Yo sonreí tranquilizadoramente. El asintió. Junte mis manos. Y entonces escuchamos un suspiro y, volteando alrededor, contemplé a Elizabeth. Estaba caminando hacia el altar en el brazo de su padre, con Jane en el otro brazo. Pero no tenía ojos para Jane. Tenía solo ojos para Elizabeth. Ella se veía radiante. Sentí mis nervios y angustias dejarme mientras ella se me unía, tomando su lugar junto a mí, como Jane tomaba su lugar junto a Bingley.

El servicio fue sencillo pero me conmovió profundamente. Al intercambiar los votos Elizabeth y yo, pensé que no podía existir un hombre más feliz en toda Inglaterra.

Partimos de la iglesia, y mientras miraba a Elizabeth, sabía que ella era ahora Mrs Darcy.

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“¡Mrs Darcy!” dijo su madre, repitiendo mis pensamientos. “Que bien suena. ¡Y Mrs Bingley! ¡Oh! Si pudiera ver a mis otras dos hijas tan bien casadas, no tendría nada más que pedir.”

Regresamos a Longbourn para el desayuno de la boda, y después Elizabeth y yo nos dirigimos a dar un paseo por Lake District. Jane y Bingley fueron con nosotros. Nos detuvimos en la noche en una pequeña posada y estoy haciendo lo mejor con esta oportunidad de escribir en mi diario, pues no tendré tiempo después. Estoy ansioso de que llegué la tarde. Después de la cena, nuestro verdadero matrimonio comenzará.

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Noviembre

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Martes 11 de Noviembre Hoy regresamos a Pemberley, después de nuestra luna de miel en los lagos. Elizabeth se veía feliz y saludable. La mire mientras el carruaje seguía cuesta arriba por el camino, admirando su asombro en su rostro al contemplar su nuevo hogar.

El carruaje se detuvo fuera de la puerta. Entramos. Mrs Reynolds había llamado a asamblea a todo el personal, y nos dieron la bienvenida. Mrs Reynolds, lo sé, está encantada en ver a una señora en Pemberley nuevamente.

Nos dirigimos a nuestras recámaras. Me adentre en su suite junto con ella. Eran las únicas habitaciones que ella quería cambiar, y habían sido decoradas tal como ella deseaba.

“¿Te gustan?” pregunté. Ella mira alrededor apreciándolo. “Es perfecto.” Fui hacia ella y la bese. “¿Te gustan a ti?” preguntó, mirando alrededor de la habitación nuevamente. “No importa si me gusta o no.” “Yo creo que sí,” inició. “Después de todo, tú serás un frecuente visitante.” Sonreí y volví a besarla.

Fueron algunas horas después que volvimos a bajar. “¿Estás segura de que no deseas ninguna de las otras habitaciones redecorada?” le pregunte, mientras entrabamos en el comedor. “No, me gustan tal y como están. Me recuerdan mi primera visita a Pemberley.” Caminó hacia la ventana y miro hacia afuera. “Es una hermosa vista.”

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Concordé. La colina frondosa era hermosa, y el rio centellaba al fluir en su camino por el valle. Amo cada árbol y cada estrecho de pasto, y me conforta el saber que ella también los ama.

“¿Qué fue lo que pensaste la primera vez que los viste?” le pregunté. Sonrió juguetonamente. “Que hubiera podido ser la señora de todo esto, ¡si te hubiera aceptado!” “¿Y te arrepentiste de haberme rechazado?” “Por un minuto – hasta que recordé que no se me hubiera permitido invitar a mi tía y tío aquí.” “No puedo creer que haya podido ser tan orgulloso. Si no hubiera sido por tus tíos, tal vez nunca nos hubiéramos visto nuevamente. Serán bienvenidos en cualquier momento en que lo desees.” Puse mis brazos alrededor de ella. “Debemos de invitarlos pronto. Le he prometido a mi tía el pasearla por el parque en un faetón y un par de ponies” Ella giró dentro de mis brazos y acarició mi mejilla. “Pero por lo pronto, aún no los invitaremos.”

Martes 18 de Noviembre Hemos estado en Pemberley por una semana, y Elizabeth y Georgiana se están llevándose tan bien como pude haberlo esperado. Georgiana está empezando a perder un poco de su timidez mediante su interacción con Elizabeth, y aunque ella no es tan juguetona como Elizabeth, se ha aventurado a bromear conmigo en una o dos ocasiones. Por fin siento que puedo ser un hermano para Georgiana otra vez, y no un padre o madre. Ella está creciendo ahora, y con Elizabeth guiándome, ya no me preocupo por los asuntos de las damas que quedan fuera de mi conocimiento. Si en algún momento entro en duda, solo tengo que preguntarle a Elizabeth.

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La vida es mucho más sencilla para Georgiana también, pues ahora tiene tanto una hermana como una confidente en Elizabeth.

Jueves 20 de Noviembre Elizabeth recibió una carta de Lydia esta mañana, pidiéndole ayuda con algunas cuentas. Me la encontré por casualidad mientras estaba leyéndola en su habitación. Me miro con un semblante culpable mientras entraba.

“¿Secretos?” Parecía pesarosa. “Es de Lydia. Ella es tan extravagante que ha excedido sus ingresos otra vez. Me escribe que debe ser lindo ser rico, y pide por mi ayuda.” “¿No se la darás?” examiné su rostro. “Si, lo harás.” “Es mi hermana después de todo.” Respondió. “Déjala acudir a Jane.” “Ya le ha pedido ayuda a Jane.” Respondió Elizabeth, su coquetería devuelta. “Presiento que planea pedirnos a cada una en turnos.” “Debes de decirle no entonces. Entonces ella aprenderá a moderarse-” “¡Imposible para Lydia! Ella acumulará deudas hasta que los comerciantes pidan su pago, y entonces ella y Wickham tendrán que cambiar de alojamiento y empezar todo de nuevo. Piénsalo de esta manera, no estoy ayudando a Lydia, estoy ayudando a los comerciantes a los que está estafando.”

Con este argumento, ella sabía que no podía decir no.

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“Nunca dejo de preguntarme como es que tú y Jane se convirtieron en tan buenas mujeres, mientras que tus otras hermanas resultaron todo lo contrario.” Dije, yendo directo a su lado y besándola en la mejilla. “Kitty no es tan mala” dijo Elizabeth. “Estaba pensando en tenerla con nosotros un tiempo. Después de la fiesta de Navidad el próximo mes, voy a invitarla a quedarse. Un poco de compañía superior servirá para influenciarla a mejorar.” “Si debes de hacerlo, adelante. Aunque preferiría tenerte solo para mí.” “Ella no estará dentro de la casa todo el tiempo. Ella saldrá a dar caminatas largas con Georgiana.” Dijo Elizabeth. “O largos paseos en el carruaje” dije, besándola en los labios. “O días de campo” dijo Elizabeth, regresándome el beso. “Mi amor, mejor cierro la puerta.”

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Diciembre

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Viernes 5 de Diciembre Elizabeth ha ordenado un faetón de dos para Navidad. Su tía y tío se unirán al grupo, y llegarán en un poco más de quince días. Elizabeth me ha convencido de que debo de invitar a mi tía también. Es tiempo de poner el fin a las hostilidades, me ha dicho, y tiene la razón. No puedo permanecer en malos términos con Lady Catherine por siempre.

Jane y Bingley se quedarán con nosotros, y traerán a Caroline y a Louisa con ellos. Mr y Mrs Bennet también vendrán junto con Mary y Kitty, y Lydia los estará acompañando. He accedido renuentemente a acogerla, pero bajo la condición de que Wickham no viniera con ella. No lo tendré en Pemberley, ahora o nunca. Elizabeth lo comprende. Ella no tiene ningún deseo de verlo tampoco, y ambos sabemos que sería mortificante para Georgiana.

A las dos personas que no veremos son a Mr y Mrs Collins. Charlotte está en una interesante condición y no puede viajar. Elizabeth me ha recordado buscar una mejor vivienda para Mr Collins de la que tiene en este momento.

"Una casa más grande para Charlotte", me dijo Elizabeth, "y una con suficientes distracciones para mantener a Mr Collins ocupado. Con algo cerca que pueda hacer él afuera de la casa, tal vez algunas casas de caridad que administrar, sería mucho mejor. Y asegúrate de que la casa tenga dos habitaciones placenteras, para que Charlotte pueda tener una al igual que su marido." "Esta hecho, pero no los tendré dentro de un perímetro de menos de una hora de viaje de Pemberley. Me agrada Charlotte lo suficiente, pero ni su amistad contigo puede conciliarme con su esposo. " Y en esto, Elizabeth y yo somos uno.

Sábado 13 de Diciembre

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Nuestros invitados llegarán el Lunes. Uno más se ha sumado al grupo. El Coronel Fitzwilliam vendrá junto con Lady Catherine y Anne.

Lunes 15 de Diciembre Al fin ya están aquí. Bingley y Jane fueron los primeros en llegar, trayendo consigo a Caroline y Louisa.

"Mrs Darcy" dijo Caroline, con un exceso de cortesía. "Qué encantada estoy de volverla a ver." Ella sonrió como si ella y Elizabeth hubieran siempre sido las mejores amigas, y después volteo hacia mí. "Mr Darcy, que bien se ve usted," dijo, "Y Georgiana. ¡Cómo has crecido! Debe ser por el aire de Derbyshire. Es tan vigorizante."

Louisa fue menos verbal pero nos saludó amablemente. Mr Hurst solo gruño antes de retirarse a la sala de billar. Caroline y Louisa subieron a las alcobas superiores, guiadas por Georgiana, y Elizabeth y yo fuimos libres de hablar con Jane y Bingley. "Así que, ¿Lydia vendrá?" preguntó Bingley, mientras todos nos sentábamos en la sala. "Si; ella vendrá, aunque no junto con su marido" dijo Elizabeth. "¿Crees que es incorrecto que no lo allá invitado?" le preguntó a Jane. "Querida Lizzy, por supuesto que no. No es cómo si él y Lydia no tuvieran a otro lugar a donde ir. Han venido a quedarse con nosotros dos veces. Les es mucho más barato quedarse con nosotros que vivir por su cuenta. Dejaron de alquilar su vivienda antes de venir con nosotros, de manera que no tuvieran que pagar ninguna renta, y después alquilaron otra cuando regresaron." "Qué penoso," dijo Elizabeth. "No para Lydia. Ella es la misma de siempre, exuberante y con buen humor. Ella medra con el cambio"

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"La próxima vez que vengan, creo que les diré a los sirvientes que digan que no estamos en casa," dijo Bingley. "Estamos muy convenientemente alocados en Netherfield, ese es el problema" dijo Jane. "Visitan Longbourn, y después vienen con nosotros cuando ya han sobrepasado su recepción ahí. Y no es solo Lydia quien nos visita. Parece que todos los días mi madre encuentra una razón para visitarnos. Estamos pensando en tomar una casa en otro lugar." "¡Pobre Jane! Debes de venir y vivir en Derbyshire" dijo Elizabeth. "Hay algunas muy hermosas propiedades por aquí" dije yo. "Creo que lo haremos," dijo Bingley.

Un coche acercándose a la entrada nos alertó del hecho de que Lady Catherine había llegado. Ella descendió con todo refinamiento y entró a la casa. Unos minutos después entró dentro de la sala sin esperar a ser anunciada. Ella miró alrededor con una mirada ictérica.

" Puedo ver que los muebles no han sido remplazados, " dijo ella, sin saludarme ni a mí ni a Elizabeth. "Pensé que usted pondría los muebles de mi hermana en el ático y los remplazaría con algo de muy inferior calidad." "Su señoría no puede pensar que yo arruinaría mi propia casa." dijo Elizabeth. "¡Su casa! ¡Ha!" exclamó mi tía.

Elizabeth me lanzó una mirada burlona, pero haciendo un esfuerzo, les dio la bienvenida a Lady Catherine, Anne y al Coronel Fitzwilliam. "Nos volvemos a encontrar" dijo él. "Así es"

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"Y en felices circunstancias. Darcy es un hombre muy afortunado" le dijo. "Darcy no es tal cosa" dijo mi tía. "Él debió de haberse casado con Anne." Anne mandó su mirada al suelo. "¿Ha tenido un buen viaje, espero?" le preguntó Elizabeth. Anne levantó la mirada un poco, pero no respondió. Estaba sorprendido por la diferencia en su comportamiento desde la última vez que la había visto, y pensé en lo que mi primo me había dicho, que ella tenía mucha más energía lejos de su madre.

"La salud de Anne es delicada. Ella nunca viaja bien" dijo mi tía. "Pero el viaje fue bueno" dijo el Coronel Fitzwilliam. "El carruaje de Lady Catherine es cómodo, y las carreteras no estaban mal." "Permítanme llevarlos a sus habitaciones" dijo Elizabeth. "Ese es el trabajo de la ama de llaves," dijo Lady Catherine despectivamente. "Entonces le pediré a Mrs Reynolds que le muestre el camino" dijo Elizabeth. Ella volteo hacia Anee. "Permítame llevarla a su habitación" dijo. "Es la habitación que siempre le es provista. Le pregunte a Mrs Reynolds cual era la suya."

Anne miró preocupadamente a su madre, pero permitió a Elizabeth que la guiara al piso superior. Jane fue con ellas, mientras que mi tía tuvo que esperar por Mrs Reynolds.

El Coronel Fitzwilliam río. "Elizabeth no le teme a nadie" dijo, cuando Mrs Reynolds había llevado a Lady Catherine arriba. "Por supuesto que no" dijo Bingley. "¡Se casó con Darcy! Aunque creo que él ya no es tan terrible como antes. El matrimonio le ha sentado bien."

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"Les favorece a ambos. Tal vez deba de pensar en tomar yo mismo ese paso." dijo el Coronel.

Elizabeth se nos unió nuevamente, y pronto el resto de las damas habían encontrado su camino hacia la sala de estar. Mi tía y Anne ya conocían a Caroline y a Louisa, y una vez que las cuatro habían intercambiado saludos, mi tía comenzó a hablar, solo para detenerse una vez que escuchó otro carruaje acercándose.

"¿Quién es?" ella preguntó, mirando fuera de la ventana. "¡Mi tía y tío!" exclamó Elizabeth, brincando. "¿El tío que es un abogado, o el tío que vive en Cheapside?" pregunto Lady Catherine desdeñosamente. Elizabeth no respondió, pero fue a recibir a sus invitados tan pronto como entraron a la habitación.

"¡Elizabeth! Qué bien te ves" dijo Mrs Gardiner. Ella estaba vestida elegantemente, y tenía un porte refinado. "Positivamente floreciente" agregó Mr Gardiner. Vi a Elizabeth satisfecha con la cara de sorpresa de Caroline. Intercambiamos miradas, y nuestros pensamientos regresaron a cuando conocí por primera vez a los Gardiners, cuando yo también, había sido placenteramente sorprendido.

De ahí siguió la usual conversación acerca del viaje, y el hablar sobre el carruaje de los Gardiner dio a que Elizabeth dijera. "Tengo el faetón y los caballos listos para ustedes, tal como me lo pidieron. Tan pronto como se sientan listos para viajar nuevamente, lo llevaremos al rededor del parque." “¿Faetón y caballos? ¿Qué significa esto? ¿Un equipamiento para una salida? Debo de ser parte de dicho placer. Me gustan sobremanera los paseos alrededor del parque. Hubiera aprendido a

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manejar si Sr Lewis me hubiera enseñado, y estoy segura que hubiera sobresalido en ello”, dijo Lady Catherine. “Sr Lewis me lo dijo el mismo. Debe decirme cuando piensa ir. Iré con ustedes, al igual que Anne.” “Pero solo hay dos asientos.” Elizabeth remarcó. “Entonces Anne y yo tomaremos el carruaje.” “Estoy convencida que ha su señoría no le agradará la expedición”, dijo Elizabeth. “No solo iremos por el rio, también pasaremos por el bosque.” “¿Qué significa esto?” preguntó Lady Catherine. “El bosque es uno de mis grandes placeres. Cuando mi hermana estaba viva, nos paseábamos seguido por ellos. “Pero, como su señoría me informó en nuestro último encuentro, mi presencia los has contaminado.” dijo Elizabeth maliciosamente. Mi tía no pudo pensar en una respuesta. Nunca la había visto quedarse sin palabras, fue una grata experiencia.

Pero ella no iba a ser superada, y después de unos minutos se sobrepuso a su sorpresa y dijo: “Su madre y sus hermanas vendrán, tengo entendido.” “Si, así es.” “¿Todas ellas?” “Si, todas.” “¿Qué, incluso la que se escapó con el hijo del mayordomo de Darcy?” “Si, incluida Lydia.” dijo Elizabeth seriamente, pero con una sonrisa en sus ojos. “He oído que su madre la ha recibido en Longbourn, después de su escandaloso comportamiento. No puede ser cierto, por supuesto. El reporte debe de ser falso. Ninguna madre podría aprobar tal infamia por parte de una hija. Ella debería excluirla inmediatamente y dejarla sufrir las consecuencias de sus actos.”

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En la estimación del carácter de Mrs Bennet, no podía estar más equivocada. Mrs Bennet llegó poco después que su hermano y su esposa, y no solo aprobaba el comportamiento de Lydia, lo vanagloriaba.

“Lady Catherine, que bueno es verla nuevamente,” dijo ella mientras hacia una reverencia. “Parece que fue ayer cuando nos visitaba en Longbourn, trayéndonos noticias de Charlotte en su camino por el pueblo. Si me hubiera dicho entonces lo que se ahora, no lo hubiera creído. ¡Mi Lizzy, casándose con Mr Darcy! Por supuesto, que no se debe de dudar. Ella siempre ha sido una chica muy buena, la favorita de su padre, y aunque Jane tiene mayor belleza, Lizzy tiene mayor ingenio, aunque claro, ya no debería de decirle Lizzy, debo llamarla ¡Mrs Darcy! Que bien suena. ¡Y pensar que ella es la señora de Pemberley! Sabía que no podía ser tan energética por nada. Pemberley es una hermosa vivienda. No tenía idea de que sería tan fina. Lucas Lodge no es nada comparada con ella, y es aún mejor que la gran casa en Stokes. “ “Y en cuanto a Purvis Lodge, tiene las más horribles buhardillas, pero Lizzy- Mrs Darcy- me asegura que las buhardillas en Pemberley son las mejores que ella haya visto.” “Estoy seguro de que ella te dará un tour en ellos, si se lo pides amablemente,” dijo Mr Bennet secamente, mientras entraba y besaba a Elizabeth. “¿Cómo estas Lizzy? Te ves bien.” “Estoy bien Papá.” “Darcy te está tratando bien” “Si, así es” “Bien. Entonces no tendré que retarlo a un duelo.” “Espero que venga conmigo a pescar en su lugar,” dije. “Estaría encantado.” “Y usted también está incluido en la invitación por supuesto” le dije a Mr Gardiner.

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“Será todo un placer.”

“¿Qué te parece mi boneta Lizzy?” Preguntó Lydia, acercándose, “¿No es encantadora? La compré ayer.” “Pensé que necesitabas economizar”, dijo Elizabeth. “Lo hice,” respondió Lydia, “Había tres bonetas en la tienda que me gustaban, y solo compré una.” “Por todo lo que he leído, la práctica de la economía no se da naturalmente en las mujeres,” dijo Mary. “Deben de estudiarlo diligentemente si no desean dejar que sus gastos excedan sus ingresos.” “Bien dicho Mary, muy bien planteado”, dijo Mrs Bennet. Ella volteo hacia el Coronel Fitzwilliam. “Una chica tan talentosa. Ella lee no sé cuántos libros. Será, para un afortunado soldado, una excelente esposa.”

Por primera vez en mi vida, vi a mi primo desconcertado. No se vio obligado a responder, pues mientras Lydia fue al espejo y empezó a admirarse, Mrs Bennet siguió su conversación. “Cuando usted se fue después de su visita a Longbourn, Lady Catherine, hubiera creído más probable que un gato fuera a ver a la reina, que nosotras fuéramos a ser parientes, pero ahora somos familia.” “Por supuesto que no lo somos” dijo mi tía indignada. “¡Pero lo somos! Su sobrino está casado con mi hija. Eso nos hace primas de alguna manera. Mi prima, ¡Lady Catherine! Qué envidia tenía Lady Lucas cuando se lo dije, pues ella no es una verdadera "Dama", solo le fue dado el título cuando a Sir William le fue dado su título de caballero, a cuenta de un favor que le hizo al rey. Ella era simplemente Mrs Lucas antes de eso, y su esposo era comerciante en Meryton. Él dejo el trabajo cuando fue ascendido a Sir William, pero el linaje se nota.” “Eso es seguro”, remarcó Lady Catherine.

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“Y esta es la muchacha que se fugó con el hijo del mayordomo”, preguntó, volteando hacia Kitty. “No, no lo soy”, dijo Kitty sonrojándose. “Ella es mi segunda hija más joven, Kitty.” dijo Mrs Bennet. “¡Una chica tan buena! ¡Tan buenos modales! Y en el camino de volverse toda una belleza. Ella estará volteando cabezas antes de que sea más grande, marqué mis palabras. No es que no lo haya hecho ya. El capitán Denny estaba muy atraído por ella, y había otros dos oficiales que la preferían a ella, aunque aún fuera joven, pero –“ “No puedes ser tú”, dijo Lady Catherine, atravesando a Mrs Bennet y volviéndose a Lydia. “Eres una niña.”

Lydia no volteo, pero habiéndose quitado la boneta, esponjo sus rizos enfrente del espejo. “¡La! ¡Qué tonterías habla usted! declaró. He estado casado estos cuatro meses. Mi querido Wickham y yo nos casamos en Septiembre. Soy toda una matrona.” Se volteo y encaró a Lady Catherine. “Estoy encantada de conocerla”, ella dijo, extendiendo su mano como si fuera una duquesa y mi tía una esposa de un granjero. “Mi querido Wickham me ha contado muchas cosas sobre usted.” “¡Sí que lo ha hecho!” dijo Lady Catherine, ignorando su mano. Lydia la bajo, nada perturbada, y volteo hacia el Coronel Fitzwilliam, yendo hacia él con la mano extendida.

“¡La! Un oficial. Le hace bien a mi corazón ver una casaca roja. Me recuerda a mi querido Wickham.” “Siempre me han gustado los hombres en casaca roja”, dijo Mrs Bennet a Lady Catherine. “Lydia se parece a mí en eso.” “Desafortunadamente para quienes nos gusta una conversación racional”, dijo Mr Bennet. “Darcy, ¿tendrá un salón de billar aquí?” “Si lo tengo, Señor. Permítame mostrárselo, ¿Caballeros?”

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Y diciendo esto, los rescate de las damas. “Mi esposa es una fuente constante de diversión para mí.” dijo Mr Bennet mientras salíamos de la habitación, “y Lydia aún más. Tenía grandes esperanzas en Mary, pero se ha vuelto menos tonta ahora que sale un poco más, y no sufre en comparación de sus hermanas, aunque su arrebato del día de hoy me da esperanzas de que su estupidez no haya desaparecido completamente. Kitty, también, parece decepcionarme. Se ha convertido en una criatura tan racional desde que pasa dos días de cada tres en Netherfield que me temo que se convertirá en una sensata joven dama después de todo.”

Todavía me siento incómodo con la manera de hablar de Mr Bennet acerca de sus hijas, pero como su frivolidad ayudo a crear el carácter juguetón de Elizabeth, supongo que no puedo quejarme.

Martes 16 de Diciembre Elizabeth llevó a su tía por los prados en el faetón hoy como prometido, y las dos regresaron con ojos brillantes y un brillo saludable en sus mejillas.

“¿Y, le gusta Pemberley tanto como la última vez que lo visito?”, le pregunté. “Mucho más”, ella respondió. “Antes era simplemente una hermosa casa. Ahora es el hogar de Elizabeth.” “Debe de ser una forma muy placentera de ver el prado.” dijo Anne. Había un rastro de nostalgia en su voz. Elizabeth lo escucho y dijo, “Debe usted tomar un paseo conmigo esta tarde.” La bendecí por eso. Anne tenía muy poca diversión en su vida.

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Se fueron después de la merienda, y aunque su viaje fue más corto que el anterior, regresaron muy alegres. “Creo que he juzgado mal a Anne”, dijo Elizabeth después, “Yo que me vanaglorio con mi habilidad para juzgar a las personas en base a primeras impresiones, creo haber cometido puros errores este año. Cometí un terrible error contigo, y creo haberlo también cometido con Anne. La tomaba por alguien enfermiza y enojona, y pensé –“. Ella se detuvo abruptamente. “Si, ¿qué fue lo que pensaste?” “Pensé que ustedes dos se merecían el uno al otro”. Dijo ella pícaramente. “Es una pena que no supiera esto antes, pues pudiera haberte complacido al casarme con ella.”

Nunca antes había sabido que era el burlarse de alguien, o ser el objetivo de burla hasta que conocí a Elizabeth, pero ahora estoy aprendiendo. “Ella no es ni tan enfermiza ni tan enojona como suponía. De hecho, entre más nos alejábamos de la casa, más vivaz ella se convertía.” “Ella solía ser mucho más alegre cuando éramos niños, hasta el invierno en el que ella se resfrío, y la tos se quedó en su pecho. Mi tía la saco del internado y dijo que no estaba lo suficientemente bien como para regresar.” “Ah. Entonces, ¿ella estuvo sola en Rosings con Lady Catherine desde entonces?” “Ella tenía su acompañante.” “Deberá de ser una acompañante muy valiente para soportar a Lady Catherine? Concordé. “¿De qué hablaste con Anee?”

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“Para empezar, hablamos sobre el parque. Tiene muy buenos recuerdos de él de cuando era niña, y me señalo el lugar en donde perdió su muñeca, y el lugar en donde el Coronel Fitzwilliam la encontró - aunque él no era Coronel en ese entonces. Pero parece haber sido un buen chico. No pudo haber sido cómodo el tener a una pequeña niña correteando detrás de él, y aun así parece que él le mostro gran amabilidad.” “Él siempre le tuvo mucho afecto a Anne.” “Y después hablamos sobre libros. Ella ha leído una gran cantidad, y disfrutamos de un debate amistoso. Creo que ella se siente mucho mejor lejos de su madre. Le pediré a tía Gardiner que la lleve en el faetón mañana. Entre nosotras dos, podremos separarla de Lady Catherine durante la mayor parte de su visita.”

Jueves 18 de Diciembre La visita dentro de la casa está probando ser sobremanera placentera. Mrs Bennet es feliz con caminar a todo lo largo y ancho de Pemberley, memorizando sus detalles para así poder contarle a sus vecinos de sus esplendores en su regreso a Longbourn. Lydia pasa su tiempo coqueteando con los jardineros. Es inútil tratar de detenerla, y por lo menos eso la mantiene fuera de la casa. Mr Bennet se sienta en la biblioteca la mayor parte del tiempo, saliendo solo para los viajes de pesca.

Lady Catherine se ha tomado la libertad de instruir a Kitty y a Mary en la conducta correcta que debe tener una joven dama, y Kitty le tiene tal admiración a mi tía que se sienta y la escucha con halagadora atención por horas seguidas. Mary, también, se siente y escucha, interviniendo con sus profundas opiniones de sus lecturas. Caroline y Louisa se entretienen con revistas de moda, mientras que Mr Hurst duerme la mayoría del tiempo. Anne ha aprovechado al máximo su oportunidad para escapar de la atención de su madre, y ha comenzado a caminar por los prados, donde es regularmente acompañada por el Coronel Fitzwilliam. Su tos parece molestarla mucho menos que antes, y ella dice que es el ejercicio lo que le está haciendo bien.

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Cuando los demás están ocupados, es con Jane y Bingley, Georgiana y Mr y Mrs Gardiner con quienes Elizabeth y yo pasamos la mayor parte del tiempo.

Sábado 20 de Diciembre Elizabeth y yo salimos con Jane y Bingley esta mañana para ver una propiedad a diez millas de Pemberley. Es una hermosa casa, con muy buen paisaje. Miramos alrededor y Jane y Bingley estaban muy complacidos con lo que vieron.

"Si no encontramos nada mejor, creo que lo compraremos" dijo Bingley. "Empiezo a creer que estas aprendiendo a ser precavido," le dije a Bingley. "Hace un año la hubieras tomado sin pensarlo." "Es imposible para mi hacer eso ahora," dijo, sacudiendo la cabeza, “Si he aprendido algo de ti, Darcy, es que no debo de tomar una casa sin saber antes el estado de las chimeneas" "Regañé a Bingley por no hacer ninguna pregunta sensata cuando rentó Netherfield," expliqué, cuando Elizabeth me miro desconcertada. "Fue buena fortuna que no haya preguntado," dijo Elizabeth. “o tal vez nunca nos hubiéramos conocido"

Regresando a la casa, encontramos a Mrs Bennet sumida en conversación con Mrs Reynolds, averiguando cuanto habían costado las cortinas, y cuáles eran las dimensiones exactas del salón de baile. Anee estaba en la sala de estar con Mrs Gardiner, y sus risas nos llegaron cuando entrabamos a la habitación. Anne se ve mucho mejor que antes, Hay una vivacidad en ella que faltaba completamente cuando estaba confinada con Lady Catherine, y debo admitirlo, cuando pensaba que se casaría conmigo.

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"¿Les gustó la casa?" pregunto Mrs Gardiner. "Si, mucho" dijo Jane. "Es un poco más pequeña que Netherfield, pero sigue siendo de un buen tamaño" "¿Más pequeña que Netherfield?" preguntó Mrs Bennet, entrando a la habitación. "Eso no funcionará." "Pero está a una corta distancia de Pemberley," dijo Jane. "Pero por supuesto, eso es un punto a su favor. Entonces podría visitarlas a ambos al mismo tiempo. Puedo quedarme con Lizzy primero y después, querida Jane, me puedo quedar contigo. Es un viaje muy largo para visitar a una hija, pero una corta distancia para visitar a dos. Me atrevo a decir que estaré aquí todo el tiempo." "Creo que el parque era algo pequeño" dijo Bingley, mirando a Jane. "Y las buhardillas en mal estado" dijo ella. "Oh, si las buhardillas están en mal estado, no la tomaría en cuenta" dijo Mrs Bennet. "Deberían mejor quedarse en Netherfield."

Lunes 22 de Diciembre Fue un día lluvioso ayer. Después de la cena, Lady Catherine se retiró temprano. Kitty y Lydia estaban ocupadas en adornar una boneta, y Mrs Bennet estaba diciéndole a Kitty que cuando se casara debía de asegurarse de tener una casa tan bella como Pemberley. Mr Gardiner y Mr Bennet estaban jugando ajedrez, mientras Mrs Gardiner miraba un libro de grabados. "¿A alguien le gustaría una partida de billar?" preguntó el Coronel Fitzwilliam "Darcy jugará con usted, y yo observaré" dijo Elizabeth. "Anne, ¿nos acompañaría?"

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Anne aceptó, y los cuatros nos dirigimos a la sala de billar. A penas habíamos entrado, cuando Elizabeth se excusó debido a una jaqueca, y me pidió que la ayudara a volver a la sala de estar.

Al cerrarse la puerta de la sala de billar tras de nosotros, su jaqueca parecía haber desaparecido. "Pensé que Fitzwilliam y Anne estarían mucho mejor sin nosotros" dijo ella. La miré sorprendido. "Él solo necesita un poco de estímulo para darse cuenta de que está enamorado de ella" "¿Fitzwilliam y Anne?" "Creo que se ven bien. Sus ojos lo siguen siempre que está él en la habitación, y ella apenas puede hablar de otro tema sin de alguna manera mencionarlo. Por su parte, él siempre ha sentido cariño por ella, y sería un casamiento apropiado, así como por amor. Él necesita casarse con una heredera, y Anne está por heredar Rosings y una considerable fortuna." Estaba aún más sorprendido. "¿Cómo sabes que debe casarse con una heredera?" "Él me lo dijo" "¿Cuando hizo eso? "En Rosings, cuando estábamos todos juntos las pascuas pasadas. Sospecho que era para ponerme en guardia, y advertirme que no debía de esperar una oferta de su parte." "¡Qué arrogantes hombres somos! ¡Los dos pensando que deseabas una oferta por nuestra parte!" "Tal vez si deseaba una oferta por parte del Coronel" bromeo. "Mi amor, te advierto que soy un esposo celoso. Exiliaré a mi primo de Pemberley, si no me dices en este instante que no deseabas una oferta suya,"

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"Muy bien, No la deseaba. Pero creo que Anne si la desea." "Puede que no sea una mala idea" dije. "De hecho, entre más lo considero, más me agrada la idea" "Lady Catherine también, estaría complacida" "¿Así que los estas alentando para complacer a Lady Catherine?" le pregunte inocentemente. "Mr Darcy, se está volviendo tan impertinente como su esposa" bromeo. "Pero no estoy seguro de que Lady Catherine lo apruebe" dije pensativo. "No puedo poner queja alguna acerca de su linaje" "Tal vez no, pero es el hijo menor, y empobrecido" le recordé. "Pero la fortuna de Anne es suficiente para dos" "Mi primo no tiene propiedades" "Él vivirá en Rosings" respondió. "Mandando a Lady Catherine a la casa de retiro" "Mientras que, si te hubiera casado con Anne, ella hubiera sido la señora de Pemberley, y Lady Catherine hubiera seguido siendo la señora de Rosings."

Ambos nos imaginamos como Lady Catherine reaccionaría cuando se enterará de que debía de moverse a la casa de retiro. "¿Crees que Anne encuentre el coraje para enfrentarse a su madre?" pregunté. "Será interesante verlo"

Jueves 25 de Diciembre

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Nunca hubiera pensado, cuando celebraba la Navidad con Georgiana en Londres el año pasado, que la siguiente vez que la celebrará estaría casado. Pemberley se ve muy festivo. Vegetación esta entrelazada en las barandillas, mientras acebo, grueso con bayas rojas, adornan los retratos y muérdago cuelga de los candelabros.

Nos despertamos con un olor a comida, y después del desayuno, fuimos a la iglesia. El clima era tan bueno que Elizabeth, Jane y Bingley y yo decidimos caminar a la iglesia mientras que el resto del grupo fue llevado en carruaje.

"Esto me recuerda a las caminatas que tomábamos cuando Jane y yo estábamos recién comprometidos" dijo Bingley, mientras crujía la escarcha bajo nuestros pies. "Aunque no hacia tanto frio" "Tú y Jane estaban en la feliz situación de ser reconocidos como pareja. Ustedes podían pasar el tiempo hablando entre ustedes e ignorando al resto, mientras que Elizabeth y yo no podíamos ni sentarnos juntos." "Pero se las arreglaron para perderse en las veredas del campo siempre que estábamos afuera de la casa" dijo Bingley con una sonrisa. "Las veredas fueron muy útiles" dijo Elizabeth. "Y nuestra madre los ayudo sobremanera, al insistir que mantuvieras ocupado a ese hombre" dijo Jane. "Nunca en mi vida he estado tan mortificado" dijo Elizabeth, pero estaba riendo al decirlo.

Llegamos a la iglesia y entramos. Nuestros invitados ya estaban reunidos, y tan pronto tomamos nuestros lugares, el servicio comenzó. Fue vivaz e interesante, lleno de buen ánimo para la ocasión. Lady Catherine se quejó de los himnos, el sermón, las velas y el libro de oraciones, pero estoy persuadido de que todos los demás fueron animados por el servicio.

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Tuvimos una espléndida cena, y después de ella jugamos charadas. Caroline eligió al Coronel Fitzwilliam como su pareja, pero Elizabeth frustró sus tentativas de llamar su atención más tarde en la noche al invitarlo a abrir el baile junto con Anne. Hicieron una muy vivaz pareja desmintiendo las advertencias de Lady Catherine sobre Anne sufriendo un ataque de toz.

Kitty bailo con Mr Hurst, e incluso Mary fue convencida de pasar a la pista, aunque protesto diciendo que el baile no era una actividad racional y declaro que preferiría sobre manera leer un libro.

Cuando todos nuestros invitados se habían retirado, nos dirigimos arriba. "¿Cansada?" pregunté. Como respuesta, ella levanto su mano sobre su cabeza, y vi que estaba sosteniendo una rama de muérdago.

Lunes 29 de Diciembre Nuestro grupo se separó esta mañana. Lady Catherine y Anne fueron las primeras en irse, acompañadas del Coronel Fitzwilliam. Elizabeth esperaba escuchar sobre su compromiso, pero aunque Fitzwilliam y Anne habían pasado gran parte del tiempo en compañía del otro, nada había sido dicho.

Los Bennets fueron los siguientes. Por último fueron Jane y Bingley. "Deben de venir y visitarnos en Netherfield" dijo Jane. "Y traigan a Georgiana " dijo Bingley. Prometimos ir y verlos dentro de poco.

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Al fin teníamos nuestra casa para nosotros. "Es muy placentero tener invitados" dije, mientras el ultimo carruaje se alejaba. "Pero es mucho mejor el verlos partir"

Regresamos a la sala de estar. Georgiana y Elizabeth pronto iniciaron a revivir la visita, hablando sobre quienes habían visto. Georgiana se aventuró a hacer un comentario chistoso acerca de Lady Catherine, y después me miro para ver si había sido ofendido. Al ver mi cara, la suya se relajó. Había perdido ya mucha de su timidez, y estaba en camino de convertirse en una joven dama segura y confiada. Por esto, y por muchas otras cosas, tenía que agradecerle a Elizabeth.

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Marzo

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Miércoles 4 de Marzo

Mr y Mrs Collins llegaron esta mañana, y se quedarán por una semana. Pensaron que era mejor irse de Kent ahora que Lady Catherine está llena de ira. Se ha enterado de que Anne se casará con el Coronel Fitzwilliam.

"Su señoría no estaba infeliz con la idea al principio, aunque ella indulgentemente me confió que hubiera preferido tener a un hombre de fortuna como nuero. Pero el estimable Coronel tiene un antiguo nombre, y ella magnánimamente lo considera digno de poder aliarse con su propia, más estimada, línea de familia. Ella fue lo suficientemente condescendiente para dar su consentimiento, y decir que Anee sería la novia más elegante del año. Fui capaz de complacer a su señoría al mencionar que Miss de Bourgh engraciaría a cualquier iglesia en la que eligiera casarse. "Pero su señoría cambió de parecer cuando Anne le aclaró que ella pensaba vivir en Rosings, y que deseaba que su madre se mudará a la casa de retiro" agregó Charlotte. “Lady Catherine muy educadamente lo declaro imposible. Ella me honró con la más complaciente confidencia, diciendo que ella no se movería de su casa para acomodarse a las conveniencias de un irreflexivo muchacho, y prosiguió a confiarme amablemente que Anne era una chica cabeza dura, quien no tenía el debida sentido de gratitud.” “Anne señalo que, si ella fuera un hombre, su madre debería dejar la casa después de su matrimonio, a lo cual su señoría respondió que Anee no era un hombre, y que por lo tanto ella debía permanecer ahí.” “Esperaba que Anne cediera ante esto,” dijo Charlotte, “pero no fue el caso. El amor la ha hecho más fuerte.” “La atmosfera no ha sido desafortunadamente de lo más armonioso. De todas las cosas, me disgusta más el aire de discordia. Ofende a un hombre de mi profesión de una forma que no puedo describir. Trate de ofrecer una rama de olivo, señalando que la casa de retiro era un edificio muy hermoso, con

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apartamentos elegantes y jardines suntuosos, pero Lady Catherine me miro con tal mirada de desaprobación que mi coraje enflaqueció, y estuvo forzado a añadir, ‘pero no tan hermoso como Rosings’, creo que eso le agrado a su señoría.” “Pero no a su hija,” remarqué.

El rostro de Mr Collins se ensombreció. “No, me temo que es imposible mantenerse en buenos términos con ambas, y por lo tanto sentimos que era mejor venir aquí.”

“Y hay también otra razón por nuestra visita. Deseaba que vieras a Elinor,” dijo Charlotte.

La enfermera trajo a Elinor. Nunca había tenido ninguna atracción hacia los bebes, pero Elizabeth estaba encantada con la pequeña niña, y la tomo de los brazos de la enfermera. Al acurrucar al infante en sus brazos, me miro de una manera que hizo mi corazón parar, y repentinamente los bebes se convirtieron en la cosa más interesante en el mundo para mí.

Pensé que este último año había sido el más feliz de mi vida, pero creo que éste será aún mejor.

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