Cartas Sobre El Capital

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CARTAS SOBRE “EL CAPITAL” CARLOS MARX FEDERICO ENGELS

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EDITORA POLITICA/La Habana, 1983

La presente edición de Cartas sobre "E l Capital" ha tenido como base la publicada por la Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, Cuba, en el año 1976,

Edición al cuidado de: Anoian Águila Diseño de cubierta: ¡nana Ccüarraga

® Sobn: ía presume edidón: Editora Polistas, 1983

EDITORA POLITICA, Avenida 41 No. 2202, Playa, La Habana, Cuba.

NOTA A LA EDICIÓN CUBANA La correspondencia de Marx y Engels es profusa y hetero­ génea; más de tres m il cartas de gran extensión sobre las más variadas temáticas. La présente selección incluye las cartas referidas a los problemas económicos, escritas para­ lelamente a la elaboración de El capital y a la documenta­ ción e investigaciones que éste suscita, a la vez que abarcan, prácticamente, todo el período activo de las vidas de Marx y Engels. Si bien la mayoría de las cartas fueron escritas originalmen­ te en alemán, también algunas lo fueron en francés e in­ glés. Los criterios de selección utilizados siguen básicamente la edición alemana de Dietz Verlag de 1 9 5 4 , tomados a s u vez por la edición francesa de Editions Sociales, París, 1964. Es preciso añadir que en la presente edición e n c a s te lla a » se ha destacado lo subrayado en las cartas o rig in a le s utili­ zándose letras mayúsculas f,o versalitas) y q n c las e x p re ­ siones en inglés, francés, latín, etc., aparecen con su corres­ pondiente traducción entre corchetes, a fin de dar el tono más aproximado posible a las versiones de origen. Para ei mejor manejo y lectura de este libro, * le ha adi­ cionado un índice de los nombres que aparecen en las car­ tas y que se basa en el de la edición francesa antes citada. EL EDITOR.

Prólogo

Cartas sobre El capitel es una selección de la corresponden­ cia de Karl Marx y Friedrieh Elígela, que abarca el largo periodo que se extiende desde 184S hasta 1895. Lo corres* pendencia seleccionada se refiere fundamentalmente al conte­ nido de El capital, aún cuando se trata también acerca de Otra» obras Importantes. La economía política constituye el núcleo central de las cartas, en ellas se aprecia la naturaleza de la concepción materialista aplicada al estudio de la so* ciedad. Precisamente, la economía política tiene como objeto de estudio aquella* relaciones sociales que pueden calificarse como materíala», es decir, las relaciones sociales de produc­ ción. El haber logrado identificar dentro del conjunto de relaciones sociales, aquellas que constituyen su sustento ma­ terial, creé las bases teóricas para fundamentar la existencia de leyes objetivas en los fenómenos y procesos sociales, 7 la posibilidad real de descubrirlas. También se percibe en las cartas que, justo al estudio de estas relaciones sociales materiales, principalmente el sis* tema de relaciones de producción capitalistas, se abordan el resto de los nexos sociales, ya sean éstos de carácter po­ lítico, jurídico, cultural, etc. v Ésta corres pond enci a refleja el camino difícil y tra­ bajoso que siguió el desarrollo de la teoría marxista, asi eomo la estrecha vinculación entre Marx y Engels en la elabora­ ción de la misma, Estamos, pues, en presencia de un taller de trabajo de dos hombres geniales, cincuenta años de pen­ samiento, de hacer, elaborar, comprobar y relaborar p a ra llegar, más exactamente a la realidad.

6 Conviene tener presente que, históricamente, Marx no orienta su quehacer teórico, en un inicio, hacia los fenó­ menos de carácter económico. En 1843 se refiere a la teoría revolucionaria del proletariado y la identifica con la filo­ sofía. Por ejemplo, en la’ Contribución a la crítica del de­ recho de Hegel, señala que la única clase revolucionaria en Alemania capaz de realizar la crítica de la sociedad alemana, par medio de las armas, és el proletariado. En la introduc­ ción a esa obra nos (Mee: Así como la filosofía e n c u e n t r a e n el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la filo­ sofía sus armas espirituales.» Más adelante expresa: La emancipación del alemán es la emancipación del hombre. La cabeza de esta emancipación es la filosofía su corazón, el proletariado-..1 Sin embargo, en ese mismo año inicia el estudio de la economía política en París, a través de las obras de las economistas clásicos. Friedrieh Engels alude, en la carta del 20 de enero de 1845, a la primera proyección de una obra sobre eco­ nomía política: los- Manuscritos monómim’fihsóficos de 1844, Muchos años después, e n carta a R. Fischer, del 15 de abril de 1895, afirma: Siempre he oído decir a Marx que fue precisamente el haberse ocupado de los robos de madera y de la situa­ ción de los campesinos m osel anos, lo que le hizo pasar de la política pura, a las relaciones económicas y así fue como pasó al socialismo. Sus objetivos políticos de lucha, su afán de encontrar un camino para transformar Jla sociedad lo llevaron a inves­ tigar los hechos económicas de su época. 1 £1 subrayado es de Mar*.

? En caria a su editor Lecke, de fecha 1? de agosto de 1846, Marx le expone por qué ha tenido que interrumpir U elaboración de so libro de economía política: Me parece, en efecto, muy importante publicar pri­ mero un escrito polémico contra la filosofía alemana y contra el socialismo alemán, que es su consecuencia, antes de abordar exposiciones positivas. Esto es nece­ sario a los efectos de preparar al público para com­ prender el punto de vista de mi Economía Política que se opone diametralmente a la ciencia alemana do. minante hasta hoy. Se trata de un nuevo libro que llevó el título de La ideología alemana.2 En 1847 publica Miseria de la filosofía, en la cual enfrenta la crítica del proudhonismo y le permite esclarecer algunas de las principales cuestiones acerca de ca­ tegorías tan importantes c o m o ; v a lo r , dinero, renta, t r a ­ bajo asalariado, capital, etc. Puede realizarse un paralelo teórico entre esta obra y la a c a rta s «pie la preceden, a s í como aquellas otras que se refieren a la misma obra, pero que fueron escritas años, después.* I a carta a Ánnekov de fecha 28 de diciembre de 1846 permite apreciar que ya está presente en su metodología el construir su sistema de categorías económicas como reflejo de las relaciones sociales de producción existentes y en su carácter histórico. En la carta de Engels, de fecha 26 de noviembre de 1869 se hacen evidente laa vicisitudes por las cuales tiene que pasar su propia teoría en el desarrollo de las categorías económicas, pues reconoce que cuando escribía Miseria de 2 En el prólogo a la ContrlbucMin a la crítica de la econo­ mía política, Marx afirma quOi con la ekboracián de La ideolo­ gía alemana, Engels y él lograron ver clara en clias mismos y que, por ello, na lea importó entregarla a la ucrítiea roedora de ios ratonesa. J Ptrdímns tneB.eiíjn#r lile cartas siguientes: Engeh a Mar*, 18 de «eplwmbre ressure ja­ más se ha producido hasta el presente. En mi opinión, la

51 pressurs1 actuaría de inmediato sobre los depósitos y, muy rápidamente, no sólo restablecería el equilibrio entre los de­ pósitos y el bullion, sino que obligaría fll banco a elevar su tasa de descuento a fin de que t í bullion no caiga por de­ bajo de la tercera parte del monto de los depósitos. En la misma proporción en que aumente la pressure ae frenan la circulación del capital y el movimiento de las mercancías. Mas, las letras de cambio Juradas llegan a su vencimiento y deben ser pagadas. Por consiguiente, es preciso poner en movimiento al capital de reserva, los depósito!. Tú com­ prendes, no qua [como] currency, sino qua capital. Y ®sí sólo la drain of bullion [salida de oro], unida & la pressure, bastará para eliminar el bullion excedente del banco. Para ello no es preciso que el banco reduzca su tasa de interés, en condiciones que hacen subir simultáneamente la tasa ge­ neral de interés en el conjunto del país, 2? En un período de dificultades económicas crecien­ tes, creo que el banco debería (a fin de evítor el riesgo de una situación embarazosa) elevar la relación entre bullion y depósitos en la misma proporción en que aumente la pre­ ssure. Esos cuatro millones excedentes le vendrían como caídos del cielo y se desharía de elle» lo más lentamente posible. En la hipótesis que tú adelanta®, en (aso de difi­ cultades crecientes, una relación bullion J depósitos de 2 /5 : 1 , 1/2: 1 y asimismo 3/5: 1 no sería en nada exagerada y tanto más fácil de rcaláar por cuanto con la reducción de los depósitos, la bullion reserve [reserva de aro] dismi­ nuiría absolutamente, aun cuando aumentara relativamente. El run [presión ejercida sobre el banco para el pago de- sus obligaciones] bancari© es del todo posible en este caso, tanto como con el papel moneda, y puede ser provocado por con­ diciones comerciales enteramente normales, sin que el cré­ dito del banco sea afectado. 3? Tú dice»; «Lo ú l t i m o en ser afectado es la curreracy». Tus propias suposiciones, es decir, que la currency es afectada por la parálisis de los negocios y que, por con­ 1 En la continuación de k cario, no liemos creído indi» peuMhle traducir cada ves los vocablos en ingiés bullion y preemre, que ae suceden conlimiarntute y cuyo sentido e t hia» don»,

53 siguiente, es natural que sea necesario un monto menor de la misma, llevan a la conclusión de que la circulación mo­ netaria disminuye al propio tiempo que disminuye la acti­ vidad eomercial, y que una parte resulta superflua en la medida en que aumente la pressure. Esta disminución por cierto no SE s i e n t e sino al fin, cuando la pressure es grande pero, en total, este proceso se desenvuelve sin embargo desde el comienzo de la pressure, aun euando, efectivamente, no se pueda demostrar en detalle. Pero en la medida en que este superseding [desplazamiento] de una parte de la currency es una c o n s e c u e n c i a de las otras condiciones comer* ciales, de la pressure independientemente de la currency, y donde todas las otras mercancías y los otros elementos de la situación comercial son afectados a n t e s que la misma, e igualmente en la medida en que dicha reducción de la currency es p r á c t i c a m e n t e perceptible en ultimo extremo, en esta medida es cierto, es lo último en ser afectado poi la crisis. Estos comentarios, como puedes ver, se limitan estricta­ mente a tu modus illustrandi [forma de exposición]; la cuestión en sí es perfectamente correcta.

Marx a Engels

2 de abril de 1851 ...Lo peor es que súbitamente estoy paralizado en mis estu­ dios en la biblioteca. He avanzado tanto que, dentro de cinco semanas, habré terminado con toda esta porquería de la economía. Et cela fait [Una vez hecho esto], es en casa donde redactaré la Economía política,1 mientras que en el 1 Alude a Ib Contribución a lo crítica de la economía po­ lítica que M a n no publicaría sino en 1859.

53 Museum [Museo] 1 me dedicaré a otra ciencia. Qa commence a m ’enuger [Esto eomienza a aburrirme], A u fond [En el fondo], esta ciencia, desde A. Smith y D. Ricardo, no ha progresado más, a pesar de todas las investigaciones parti­ culares y a menudo sumamente delicadas a que se la ha sometido: Contéstame sobre la pregunta que te hice en mi última carta...

Engels a Marx

3 de abril [1 8 5 1 ] ...En lo que concierne a la cuestión que expones en tu pe­ núltima carta, la misma no es del todo clara. No obstante, pienso que lo que sigue te será suficiente: El negociante1 como empresa, persona que realiza ga­ nancias, y el mismo negociante como consumidor son en el commerce [comercio] dos personajes enteramente distintos, dos enemigos que se enfrentan. El negociante, como empresa, tiene un nombre; es la cuenta: capital, o ganancias y pér­ didas. El negociante, comedor, bebedor, inquilino y hacedor de niños se llama: cuenta de gastos doméstieos. La cuenta capital adeuda a la cuenta de gastos doméstieos cada centime [céntimo] que pasa del bolsillo comercial al bolsillo pri­ vado, y como la cuenta de gastos doméstieos tiene débitos y 2 Alude al British Museum [el Muaeo británico], la gran biblioteca londinense a donde Marx iba a trabajar. 1 Por negociante (Kaufmann), Engels entiende aquí em­ presario en general; cualquiera que invierte su capital en una empresa determinada. En efecto, en la carta de Marx, del 31 de m ano de 1851, no se trata solamente de comerciantes, sino también de fabricantes, ^tc.

54 no tiene créditos (es pues uno de los peores deudores de !a empresa), el total de cargos de la cuenta de gastos domés­ ticos al final del ano no es sino una pérdida pura y simple que se deduce de las ganancias. Sin embargo, en el balance y el cálculo de porcentaje de ganancias se tiene la costum­ bre de considerar las sumas gastadas para el sostenimiento de la casa como todavía existente» y parte integrante de las ganancias. Por ejemplo, si un capital de 100 000 táleros arroja ganancias de 10 000 táleros, pero de los cuales se han gastado alegremente 5 000, se considera entonces haber lo* grado un 10 % de ganancias, y después que todo ha sido bien contabilizado, la cuenta de capital para el año siguiente muestra un caigo de IOS 000 táleros. El procedimiento es en realidad un poco mas complicado de lo que lo he ex­ puesto aqui: en efecto, la eucnta de capital y la cuenta de gastos domésticos entran raramente en contacto, o sólo en el balance de fin de año donde el asiento de gastos domés­ ticos figura generalmente eomo deudor del asiento de caja, que desempeña eí papel de agente comercial; pero, en re­ sumidas cuentas, todo ello se reduce a lo que ya he dicho. En el'caso donde existen varios amociés [socios]), la cosa es muy simple. Por ejemplo: A tiene una participación de SO 000 táleros en el negocio y B igualmente 50 000; tienen 10 000 táleros de ganancia y gastan cada uno 2 500 táleros. Al final del año, el balance es el siguiente (en conta­ bilidad simple, sin cuentas ficticias): Suido acrecdcT de A respecto a A y B — Aporte de capital: SO 000 táleros Saldo acreedor de A respecto a A y B — Parte de ganancias: 5 000 talaras 55 000 tálero* Saldo deudor respecto a

A y

B —

Recibido en electivo:

Saldo acreedor de A para el año siguiente:

2 500 tákw» 57 500 táleros

De la misma manera para B. Pero no por ello la so­ ciedad deja de calcular que ha tenido una ganancia del 10 % . En una palabra: los negociantes ignoran, en el cálculo t

ss de porcentajes de ganancias, los gastos de subsistencia de los aasooiés; por el contrario, los hacen figurar en el cálculo de aumento del capital que resulta de las ganancias... Me alegra «pie oí fin hayas terminado la Economía política: venia llera mente la cosa tardaba demasiado, y mientras tienes ante ti un libro considerado importante que no has leído, no llegas a escribir...

Marx o Engels

14 de agosto de 1851 Dentro de uno o dos días te enviaré la ohra de Proudhon ,1 pero devuélvemela en cuanto la hayas leído. Quiero en efecto — por una razón financiera— hacer imprimir dos o tres páginas acerca de dicho libro. Me comunicarás pues tu opinión más en detalle que lo que acostumbras hacerlo en tus carlitas apresuradas. La astucia proudhoníana —y el conjunto es ante todo una polémica contra el comunismo, a pesar de todo lo que plagia del mismo, y aunque el comunismo aparezca en la versión adulterada de Cabet y de Blanc— se reduce, CDEBÍ opinión, al razonamiento siguiente: El verdadero enemigo a combatir es el capital. La fifir* rnación pura del capital, en el plano económico, es el ínte­ res. Lo que se denomina ganancia no es sino una forma particular de salario. Suprimimos el interés al transformarlo en una annuité [anualidad], es decir, una amortización 1 ri£ K H E j o s k p h p k o u b h o n : Idée ginérah de la rét»o* ¡ution ou dix-neavSsme niitcle (Idea general de la mvolueiéa en el sigla x ix ), París, 1851. £! contenido de k obra es expoesto en detalle en is curta de Mar* a Engels del 8 da agosto de 11151. Ver igualmente la respuesta de Engels del 11 de agosto de 11151.

56 anual del ctipilal. Y he aquí la preminencia asegurada para siempre a la clase obrera— entiéndase la clase in d u s tr ia l— y la clase capitalista propiamente dicha, condenada a una desaparición progresiva. Las distintas formas de intereses son: el interés del dinero, el alquiler, el arrendamiento. Así la sociedad burguesa se mantiene y sé la despoja solamente dt' su mauvaise U-ndance [tendencia perniciosa]. La liquidalian tociale [liquidación social] no ea sino el medio que permite inaugurar la sociedad burguesa «sana», liápida o lentamente, peu nom importe, [Poco nos im porta]. En primer lugar quiero tener tu opinión acerca de los contradicciones, las ambigüedades, los puntos obscuros sobre dicha iiqmdaüon [liquidación]. Pero la panacea ver­ daderamente infalible para esta sociedad que se reanuda en cero, es la abolición del interés, es decir, la perpetuación del interés bajo la forma de una unnuité, De esto, represen* lado no como un medio sino c o m o l e y e c o n ó m i c a de la so­ ciedad burguesa reformada, resultan naturalmente dos cosas: 1? Transformación de los pequeños capitalistas no in­ dustriales en capitalistas industriales. 2? Perpetuación de la clase de grandes capitalistas, pues oa fonds [en el fondo] por término medio, la sociedad jamás paga EN BRUTO (ex­ cluyendo la ganancia industrial) olfa cosa que Vmmuké. Si lo contrario fuera cierto, el cálculo del interés del doctor Priee sería una realidad y todo el globo terráqueo no seria suficiente p a p a p a g a r l o s i n t e r e s e s del más pequeño c*> pita] desde la época de Jesucristo. Se puede en efecto afirmar con certera que, por ejemplo en Inglaterra — el país más burgués del mundo— el capital invertido desde hace 50 ó 100 años, ya sea en tierras u otra forma, no ha sido to­ davía amortizado, al menos en cuanto al precio, que es de lo que se trata aquí. Pongamos por ejemplo la evaluación más elevada de la riqueza nacional de Inglaterra, par ejem­ plo 5 mil millones. Inglaterra produce 500 millones por año. Toda la riqueza de Inglaterra es igual solamente al trabajo anua] de Inglaterra multiplicado por diez. Así pues, no solamente el capital no se amortiza, sino que ni siquiera se reproduce, en cuanto al valor. Y esto en virtud de una ley simple. El valor se establece originalmente por los cos­ to* de producción inicíales, de acuerdo con el tiempo ori­ ginariamente necesario para fabricar el producto. Ppro tina

s? vez que el producto ha sido fabricado, su pierio es deter­ minado por los costos necesarioa para KEJPROBDClBto. 'Y los gastos ue reproducción disminuyen constantemente tanto mᣠrápidamente cuanto la época es más industriallíada, de ahí pues la propia ley de depreciación permanente del va­ lor-capital, que limita la ley de la renta y del interés, que de lo contrario conduciría al absurdo. Esta es asimismo la explicación de la proposición que has establecido: ninguna fábrica cubre sus costos de producción. Proudhon no puede pues renovar la sociedad introduciendo una ley que, au fond [en el fondo] continua desde ahora sin sus consejo». El medio por el cual Proudíion obtiene todos esto» re­ sultados es ia banca. II y a íes un qui pro q m , [Tenemos aqui un qui pro quo].2 Las operaciones trancarías deben estar divididas en dos partes: 1, T ransformación d e l ca­ p i t a l bn NDMEBABIO. Aquí, y© ofrezco simplemente Kt DINERO confia e l c a p ita l, lo que por cierto puede produ­ cirse en los gastos de producción y nada más: luego, en 1J2 o 1/4%. 2. Anticipo be c ap ital bajo la forma de dinero; aqui el interés dependerá del monto de capital. La única cosa que puede hacer el crédito, en este caso, es transformar, por concentración, etc,, etc., una riqueza existente, pero improductivo, en capital real y activo, Proudhon considera el punto No. 2 tan fácil eomo el No, 1 y au bout du compte [en fin de cuentas], encontrará que al asignar a un monto ficticio de capital la forma monetaria, él no ha hecho, en el mejor de loa cosos, sino reducir el interés , del capital para elevar s u precio en las mismas proporciones. Lo que tiene como único resultado el de desacreditar su papel. Te dejo el placer de saborear en su texto original las relaciones de la bo ü a n í [aduana] y el ínteres. La cuestión era demasiado deliciosa para correr el riesgo de echarla a perder mutilándola. El señor Proudhon no explica con cla­ ridad ní su posición concerniente a la participación de la comunidad en las edificaciones y la tierra — y esto es pre­ cisamente lo que debió hacer frente a los comunistas— ni sobre la manera mediante la cual los obrero» entran en po­ sesión de las fabricas. El quiere, en todo caso, «des com1 Expresión latina; ana cosa por otra- Se utJUwi pira ex­ presar: una «mfostán, un error. (N . é la I . )

18 pagnies ouvrieres puissantes» [é compañías obreras podero­ sa»»], pero tiene un temor tal sobre dicha» «corporaciones» industriales que él no reserva al Estado, ea cierto, sino a la «ocíete [sociedad], el derecho de d i s o l v e r l a s . En buen fran­ cés, él limita l’associaíion [la asociación] a la fábrica, por­ que él no conoce ni a Moses and Son (e H ijo )/ ni al Midlotkian4 farmer [agricultor escocés]. El campesino fran­ cés y el zapatero francés, el sastre, el merekant [comer­ ciante] son para él donñées étemelles et gu’il faui accepter [ nociones eternas que ea preciso aceptar], Pero mientras méa me adentra en esta basura ,5 más me convenzo de q«te la re­ forma de la agricultura, al igual que esta porquería de propiedad que se basa en ella, es el alfa y omega de la transformación futura. Sin lo cual, e l padre Mallhus tendría razón. Respecto a Louia Blanc, e te ,, l a obra ea preciosa, espe­ cialmente a causa de petulancias acerca d e Rousseau* Robes* pierre, Dios, la fraternité [ f r a t e r n i d a d ] y otras pamplinas. En lo concerniente al N&w York Tribune* es preciso que me ayudes, ahora que estoy tan ocupado con la Econo­ mía Política. Escribe una serie d e artículos en relación con A l e m a n i a a partir de 1848. Llenos d e sutileza y en un tono muy libre. Esos señores manifestan gran o s a d í a cuando se trata de asuntos extranjeros,,.

1 Moses and San, gran banco de Londres, * Midlothian es un condado de Escocia. 5 Es decir, mientra*» mi» avanzo en el estudio de la eco­ nomía política. 6 Se sabe que durante varios años Marx sostuvo una co­ rrespondencia regular con dicho periódico norteamericano.

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Marx a Engels

13 de octubre de 1851 ...Por otra parte, es preciso que me envíes por fin tus vues [opiniones] acerca de Proudhon, por breves que sean- Las mismas me interesan tanto más por cuanto c?toy redactando la Economía Política. Además, últimamente he continuado ¡asistiendo a la biblioteca sobre todo para recabar datos sobre la tecnología y su historia, así como acerca de la agronomía, a fin de hacerme una especie de idea general de todo este embrollo, Qu’ esí-ce «jue fait la crisc commerciah? [¿Qué hay de la crisis comercial?] El Economíst está lleno de los con­ suelos, las seguridades y las pandes peroratas que por lo regular preceden a las crisis. Se nota a pesar de todo su propio temor, en loa esfuerzos que hace por ahuyentar con su verborrea el temor ajeno. Si tropiezas con el libro de Johnston: Notes on North America, 2 volúmenes 1SS1,* en­ contrarás en el mismo toda clase de informaciones interesan­ tes. Este Johnston es el liebig inglés. Quizás pudiera en­ contrarse en una de las bibliotecas de préstamo de Manchester un atlas de geografía física de Johnston (no confundirlo con el primero). El mismo contiene un resumen de todas las investigaciones modernas y antiguas en ese campo. Cuesta 10 guineas. No está, pues, destinado a particulares. No se sabe nada del dear [estimado] Harney. Parece que sigue en Escocia. lo s ingleses reconocen que los norteamericanos se lle­ varon la palma en la exposición industrial, y que los han batido en todos los puntos. 1ro. Gutapercha; nuevo material 1 jam es f. jOMNSTOm ¿Votes on ¡North America Ágriculiural, Economical and Social {Obsttrveciúnm ecanémicas, agrícolas y sociales ¡obre la América d e l Norte) 2 volúmenes, Edimburgo y Landres, 1851.

m y nuevas producciones. 2 do. Armas: revólveres. 3ro. Má­ quinas: segadoras, sembradoras, máquinas de coser. 4 lu. Da­ guerrotipia utilizados por primera vez en gran escala. Sto. Navegación, eon su yate. Y en fin, pora demostrar que pueden igualmente proveer artículos de lujo, presentaron un enorme bloque de mineral de oro californiano y a su lado un juego de vajilla de oro virgin [puro].

Marx a J. W eydem eyer

5 de manso de 1852 ...En fin, si yo fuera tú, le diría e los señores demóeratas, en gémral [en general], que harían mejor en familiarizarse con la literatura burguesa.antes de permitirse ladrar contra lo que es lo contrario. Esos señores deberían, por ejemplo, estudiar las obras de Tbierry. Guizot, John Wade, etc., y adquirir algunas nociones sobre «la historia de las clases» en el pasado. Deberían íatnilarizarse con los rudimentos de la economía política antes de pretender entregarse a la crí­ tica de la economía política. Es suficiente, por ejemplo, abrir la gran obra de Ricardo1 para desde la primera página, tro­ pezar con las líneas con las cuales comienza el prefacio: «The produce of tbe earth— all that is derived from its surface by the united application of labour, machinery and capital, ia divided among three classes of the comm€mty; namely, the proprietor of the land, the owner of the stoek or capital necessary for its cultivation and the tabourers by whose mdustry it is cultivated,» 1 DAVID ricahdo; Or the Principies o f Pvliiiail Economy emd Tuxmion (Principias de ectmomia política 6 impoticián /is*

coi], Lemán*, 181?.

61 «[El producto de la tierra —todo lo que se deriva de su superficie medíante la aplicación conjunta de trabajo, ma­ quinaria y capital, se divide entre tres clases de la comuni­ dad; a saber, el propietario de la tierra, el dueño del capital necesario para su cultivo y los trabajadores por cuya indus­ tria es cultivada.»] Hasta qué punto la sociedad burguesa de los Estados Unidos carece todavía de la madurez necesaria para sentir y comprender la lucha de clases, lo demuestra de la manera más evidente C. H. Carey (de Filadclfia), el único econo­ mista importante en Estados Unidos de América. Ataca a Ricardo — el representante (interprete) clásico de la bur­ guesía y el adversario más estoico del proletariado— eomo un hombre cuyas obras servirían de arsenal a los anarquis­ tas, a los socialistas, y a todos los enemigos del orden burgués. No es solamente a él, sino también a Malthus, Mili, Say, Torrens, Wakefield, MairCulloch, Sénior, Whately, R. Jones * etc., todos estos líderes de la ciencia económica en Europa, que él acusa de desgarrar la sociedad y de preparar la guerra civil al demostrar que las bases ©«Gnómicas de las distintas clases sociales no pueden sino suscitar entre las mismas un antagonismo necesario y continuamente creciente. Él intenta refutarlos, no por cierto como ese imbécil de Heinzen, haciendo depender la existencia de las clases de la existencia de privilegios POLÍTICOS y de MONOPOLIOS, sino queriendo exponer que las condiciones e c o n ó m i c a s : renta (propiedad territorial), GANANCIA (capital) y salario (tra­ bajo asalariado), lejos de representar condiciones para ía lueha y el antagonismo, son más bien condiciones para la asociación y la armonía. Naturalmente, sólo tiene éxito en probar que las relaciones «todavía no completamente desa­ rrolladas» de loa Estados Unidos representan para él «re­ laciones normales». Ahora, en lo que a mí concierne, no me corresponde el mérito de haber descubierto la existencia de clases en la so­ ciedad moderna, ni la lucha que en la misma se libra. Mucho antes que yo, los historiadores burgueses habían expuesto ía 1 Salvo Jéan-Baptisie Say (¡¡ue ara lr#nees), ecenoraÍBUs y e